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sábado, 26 de agosto de 2023

MUTILACIÓN LITÚRGICA EN EL NOVUS ORDO: CASO DE SAN LUIS REY DE FRANCIA

Por Matthew Hazell (Fuente: Twitter/X).
   
Algunos cambios intrigantes pos-Vaticano II a la colecta de San Luis:
   
Hubo algunas leves alteraciones a esta oración que fue llevada a los libros litúrgicos romanos desde los franciscanos: una reducción del paralelismo «terréno ac temporáli… cœléstis et ætérni», y se acortó la última línea…
   

Y lo que es tal vez interesante, en el borrador del Propio de los Santos en el Schema 287 (De Missáli, 50), del 11 de Abril de 1968 (imagen: pág. 27), el Consílium había optado tomar como “correcciones” elementos de la antigua colecta franciscana («tui nos coherédes effícias»).
   

Por supuesto, la colecta en el Schema 287 no está “corregida”: el Cœtus XVIII bis solo prefirió el elemento final de la antigua oración franciscana sobre la que fue llevada al Missále Románum de 1570 (mientras también eliminaba “méritos” y la descripción de San Luis como “confesor”).
   
¡Y luego, de todos modos, el final de la colecta fue cambiado a algo totalmente en el último minuto!
   
Para más información sobre la razón (tal como es) detrás de tales cambios, ver mi traducción del artículo escrito por el padre Carlo Braga Bramini CM en 1970: https://www.newliturgicalmovement.org/2022/07/the-post-vatican-ii-reform-of-proper-of_01513578390.html

miércoles, 24 de agosto de 2022

ORACIÓN A SAN LUIS REY DE FRANCIA Y SANTA ISABEL DE HUNGRÍA, COPATRONOS DE LOS FRANCISCANOS SEGLARES

DEVOCIÓN A SAN LUIS IX, REY DE FRANCIA Y A SANTA ISABEL, PRINCESA DE HUNGRÍA Y GRAN CONDESA DE TURINGIA, PATRONOS DE LOS FRANCISCANOS SEGLARES
  

ADVERTENCIA
Los Hermanos Franciscanos Seglares tienen por singular Patrona a la Inmaculada Concepción de la Virgen Santísima, que lo ha sido siempre y es, de toda la Orden Franciscana, más que de ninguna otra asociación o corporación, porque es un misterio que nos pertenece, en cierta manera. Además tiene al Santo Patriarca San Francisco, cuya Regla profesan y cuyo estandarte siguen; pero para que tengan más protección y amparo en el cielo, la Santa Iglesia les propone por especiales protectores y patronos, también a San Luis IX, Rey de Francia, y a Santa Isabel, Princesa de Hungría y Gran Condesa de Turingia, cuya intercesión se implora el día en que se entra en la Orden Franciscana Seglar y cuando se profesa. Ténganles, pues, los Franciscanos Seglares mucho amor y devoción, y encomiéndense a ellos con la siguiente
  
ORACIÓN
Glorioso San Luis, Rey de Francia, e ínclita Santa Isabel, Princesa de Hungría, ornamentos bellísimos de la Iglesia y de la Orden Franciscana, que tan fielmente supisteis seguir el espíritu del Seráfico Patriarca San Francisco, conservando el mayor desprendimiento en las mayores riquezas, la más profunda humildad en las mayores elevaciones, y el más encendido amor a Dios en medio de los cuidados de las criaturas; ejemplares principales y protectores insignes de la Orden Franciscana Seglar, profesada por vosotros, con tanta gloria; dirigid una mirada de compasión sobre nosotros, pobres y miserables, rogad por la Iglesia, que tanto amasteis, por la Orden Santa que honrasteis con vuestra Profesión, y por todo el pueblo cristiano, en quien tantos rasgos de caridad y beneficencia derramasteis, a fin de que, todos, disfrutemos aquí de santa paz, y en el cielo de eterna felicidad. Amen.
  
(Ob. Cit. “Devocionario Manual del Terciario Franciscano”, por el Padre Esteban Pérez, Misionero Franciscano, 2.ª Edición Reformada por el mismo Autor, Con licencia Eclesiástica y de la Orden, Págs. 376-377 / Establecimientos Benziger & Co. S. A., Tipógrafos de la Santa Sede Apostólica. EINSIEDELN, SUIZA 1909).

sábado, 26 de febrero de 2022

BEATA ISABEL DE FRANCIA, VIRGEN Y FUNDADORA

   
La princesa Isabel era hija de Luis VIII de Francia y Blanca de Castilla, y por lo tanto hermana de San Luis y prima de San Fernando. A su rango y fortuna se añadían una gran belleza y una inteligencia excepcional. La pompa y el lujo atraían tan poco a Isabel, que confesó a una monja que, si algunas veces se vestía ricamente, era sólo por complacer a su madre, pero que ello no le producía el menor deleite. Siendo todavía niña, entró varias veces en éxtasis mientras oraba. Además de los ayunos ordinarios, solía dejar de comer tres veces por semana. Su madre le prometió que daría limosnas a los pobres, si interrumpía el ayuno, pero la princesa le rogó que no pusiera tal condición. Isabel era muy inteligente y tenía verdadera sed de aprender; decidió incluir el latín entre sus estudios para poder leer los oficios de la Iglesia y los escritos de los Santos Padres. Los ayunos y el esfuerzo nervioso de la vida que llevaba le produjeron una grave enfermedad; se hicieron oraciones públicas por su salud y su madre fue a consultar en Nanterre a una mujer con fama de santa, a quien se atribuía el don de profecía. La mujer anunció que la princesa recobraría la salud, pero que no había que contarla ya entre los vivos, porque en adelante estaría muerta para el mundo. La verdad de esta predicción se hizo patente cuando se presentaron los pretendientes que aspiraban a la mano de la princesa. Isabel desechó al conde Hugo de Austria y a Conrado, rey de Jerusalén, a pesar de que el papa Inocencio IV le había escrito, urgiéndole para que aceptara al conde por el bien de la cristiandad. La respuesta de Isabel al Sumo Pontífice fue tan humilde y prudente, que éste no pudo por menos de aplaudir su decisión de servir a Dios en virginidad perpetua.
      
Todos los días, Isabel acostumbraba recibir, antes de comer, a un buen número de pobres, a los que ella misma atendía. Después de esto, iba a visitar a los enfermos. Para participar en la Cruzada, pagaba los gastos de diez hombres de a caballo en Tierra Santa. Sufrió de varias enfermedades largas y dolorosas; pero el fracaso de la Cruzada y la captura de su hermano San Luis, fueron pruebas todavía mayores para ella. Después de la muerte de su madre, decidió fundar un convento de religiosas franciscanas, con la aprobación de San Luis, quien le prometió su ayuda material. El siguiente paso consistió en ordenar que se redactaran unas reglas, basadas en las de Santa Clara; los más famosos franciscanos de la época, entre los cuales se contaba a San Buenaventura, participaron en ese trabajo. Tales fueron los comienzos del famoso convento franciscano de Longchamps, en el actual Bosque de Bolonia, en París. El convento se llamó «Monasterio de la Humildad de la Santísima Virgen María».
   
La beata Isabel nunca habitó dentro de la clausura; sus departamentos se hallaban en una ala del edificio, separados de las celdas de las religiosas. La princesa no vestia el hábito; esto se debía, en parte, a que su salud no le permitía seguir exactamente la regla y a su temor de ser elegida abadesa. Además, conservando sus riquezas, pudo ayudar al mantenimiento del monasterio y continuar haciendo limosnas a los pobres. La beata no abandonaba sus ayunos y disciplinas, y observaba casi constante silencio. Antes de acercarse a comulgar, acostumbraba pedir perdón de rodillas a los pocos sirvientes que conservaba consigo. Así vivió diez años. Poco antes de su muerte pasó varias noches en contemplación sin tomar ningún descanso. Su confesor y sor Inés, quien más tarde escribió su vida, la vieron transportada en éxtasis. Su culto fue aprobado en 1521.
   
En Acta Sanctórum se habla de la beata el 31 de agosto (agosto, vol. IV); pero los franciscanos celebran su fiesta el 8 de junio, con las beatas Inés de Harcourt y Bautista Varani. Nuestra principal fuente es la biografía escrita por Inés de Harcourt, abadesa de Longchamps, bajo cuya dirección pasó la beata sus últimos días. Ver también Léon Vieu de Clary OFM, Auréole Séraphique, vol. III, pp. 91-96; y el breve estudio de Albert Garreau, Bienheureuse Isabelle de Franee (1943).
   
ORACIÓN (del Misal Romano-Seráfico)
Oh Dios, que enseñaste a la bienaventurada virgen Isabel a posponer por la mortificación y humildad de la cruz las delicias reales y la gloria del mundo: concédenos por sus méritos y oraciones, superar los encantos de este mundo, y en el abrazo de tu cruz encontrar la gloria. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 16 de agosto de 2019

NOVENA A SAN LUIS REY DE FRANCIA

Novena compuesta por el padre Leopoldo Jerónimo de Puig, capellán real y administrador del Real Hospital de San Luis de los Franceses en Madrid, y con licencia otorgada por el vicario de la villa de Madrid en el año 1744. Los Gozos, de origen valenciano, son sin fecha ni autor conocidos.
  
NOVENA EN HONOR A SAN LUIS REY DE FRANCIA

  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de haberos ofendido: propongo, con vuestra gracia, nunca más pecar, y espero en vuestra misericordia, que me habéis de perdonar y salvar. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Omnipotente Dios y Señor nuestro, Rey Supremo de los Cielos y la tierra, que con vuestra palabra habéis sacado a todas las criaturas del profundo abismo de la nada, y formasteis al hombre a vuestra imagen y semejanza, haciéndole complemento de vuestras maravillas: pues vuestro Hijo Santísimo nos enseñó a llamaros Padre, dándonos confianza para invocaros, hacednos dignos hijos vuestros, santificando en nosotros vuestro excelso Nombre: dadnos celo de vuestra honra y de la salvación de las almas redimidas con la preciosa Sangre de vuestro Hijo Jesucristo, para que nuestra única gloria sea el que Vos seáis reconocido y adorado, y que todos pertenezcamos al Reino de vuestra Justicia por la gracia y la caridad. Atended, Señor, a la flaqueza y miseria de nuestro ser, y concedednos que, fortificada nuestra alma por la participación de los Sacramentos, solo suspire por Vos, único objeto de su amor, y que ilustrada por medio de vuestra palabra comprenda los Misterios altísimos que el mismo Jesucristo se dignó revelarnos. Dadnos un corazón dócil a vuestras inspiraciones, piadoso para con los prójimos, paciente en las tribulaciones, humilde en las prosperidades, y mortificado para no dejarse vencer de las aficiones terrenas. Recibid benigno el sacrificio de nuestras oraciones, y purificad nuestra conciencia, dándonos la fuerza y aliento que nuestra debilidad necesita para la perfecta práctica de vuestra Santa Ley; y concedednos el favor que ahora os pedimos, y la perseverancia en vuestra gracia. Por el mismo Jesucristo Hijo vuestro, nuestro Señor, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
    
DÍA PRIMERO - 16 DE AGOSTO
DEL GRANDE AMOR QUE SAN LUIS TUVO A DIOS.
Desde su infancia puso San Luis su principal cuidado en arreglar su corazón a la Divina Ley. Habíale criado su madre Doña Blanca de Castilla en el temor de Dios, repitiéndole muchas veces que antes elegiría verle muerto que en pecado mortal. Conservó toda su vida la gracia del Bautismo, y entre los cuidados del gobierno y las distracciones y ejemplos de la Corte mantuvo su espíritu puro de todo afecto terreno, dirigiendo siempre sus acciones a la mayor gloria de Dios. Este deseo de agradarle le hizo resolver a la heroica y gloriosa acción de conquistar la Tierra Santa: y sin que los muchos trabajos que allí padeció entibiasen su fervoroso celo, se avivaron más sus deseos de restablecer la Fe de Jesucristo en el África; en cuya costa, consumido más del fuego del Amor Divino que de la peste, dio su alma al Señor entre afectuosos actos de Religión y de celo por la propagación de su Santo Nombre.
  
REFLEXIÓN
Dios siempre rico en misericoridas, que nos creó de la nada, y conserva liberal y piadoso, no sació la excesiva caridad y amor que nos tiene, sino enviándonos su Unigénito Hijo para nuestra Redención, adoptándonos por hijos suyos y preparándonos una eterna felicidad. En recompensa solo quiere de nosotros que empleemos nuestro corazón en amarle únicamente, observando su Santa Ley. Consagrémosle, pues, todas nuestras acciones, y reconocidos a la honra y utilidad, que logramos en ser amados de su Bondad, aspiremos en todo tiempo a cumplir sus preceptos, no llevando otro fin que el de agradarle y glorificar su Santo Nombre.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor nuestro, que en muestra del amor que nos tenéis, enviásteis al mundo a vuestro Unigénito Hijo Jesucristo para que se ofreciese Hostia pura e immaculada en el Ara de la Cruz por la remisión de nuestros pecados: admitid estos humildes ruegos, unidos a los méritos del mismo Jesucristo, y por ellos, y la intercesión de vuestro Siervo San Luis, concedednos un corazón puro y fervoroso, con que despreciando todo lo terreno, os amemos y apreciemos únicamente. Confesamos que nuestra indignidad no merece la excelente prerogativa de ser amados de Vos, origen de todo bien, y de que nos mandéis emplear en vuestro amor: pero Vos, Señor, que podéis hacer justos y santos a los inmundos y pecadores, purificaréis nuestro espíritu, haciéndole sentir la dulzura de vuestra suave presencia, para que amándoos únicamente, solo anhelemos agradaros y cumplir vuestra Santa voluntad. Así lo esperamos por el mismo Jesucristo Hijo vuestro nuestro Señor, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
   
Se rezará tres veces el Padre nuestro y Ave María, con Gloria Patri; y se concluirá con los siguientes Gozos, Antífona, Versículos y Oración.

GOZOS
Ejemplar esclarecido
De reyes, de Francia honor:
Seais nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.
   
De niño fuiste criado
En temor santo de Dios;
De virtudes fuisteis vos
Desde muy niño adornado;
En amor santo encedido,
Con la edad creció el ardor:
Seais nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.
   
Admirable en abstinencia,
En oración fervoroso,
Del honor de Dios celoso,
De cilicios la frecuencia
Os ha hecho esclarecido
Santo de marca mayor:
Seais nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.
   
Los pobres y desvalidos
Fueron vuestros cortesanos,
Les lavábais pies y manos,
A más de bien socorridos,
Darles alivio cumplido
Procuraba vuestro amor:
Seais nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.
   
Del gran Serafín llagado
Hijo, en su Orden Tercero,
Ilustraste al mundo entero
Habiéndole despreciado,
Y aunque de él escarnecido,
Despreciáis tal burlador:
Seais nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.
   
Con católico valor,
Procurásteis conquistar
La tierra en que quiso obrar
La salud el Redentor;
Con ejército lucido
Fuiste del turco terror:
Seais nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.
   
Vuestro ejército infectó
La peste, plaga cruel;
Y aunque fuisteis del infiel
Prisionero, no logró
El pacto, que envanecido
Os propuso su furor:
Seais nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.
   
Segunda vez embestís
Al turco, que tanto infesta;
Pero herido de la peste
Vuestro fin no conseguís:
Sobre Túnez de ella herido
Volvéis el alma al Redentor:
Seais nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.
   
Lamparones, que es mal fiero,
Curáis con facilidad,
Y a cualquier enfermedad
Remedio dais por entero;
Atento está vuestro oído
A quien os pide favor:
Seais nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.
   
Miradnos siempe propicio
En cualquier tribulación,
Y con vuestra intercesión
Libradnos de todo vicio;
Con vuestro favor vencido
Sea el pecado y error:
Seais nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.
   
Pues que ejemplar habéis sido
De reyes, de Francia honor:
Seais nuestro intercesor,
San Luis de Dios querido.
   
Antífona: Este gran Rey sustentó en su vida la Casa del Señor, y fortaleció en sus días el Templo: miró por la felicidad de su Pueblo, y le libró de sus enemigos.
℣. El justo florecerá como la palma,
℞. Y se multiplicará como el cedro del Líbano.
  
ORACIÓN
Dios, que del Reino de la tierra trasladasteis al Bienaventurado Confesor San Luis a la Gloria de la Celestial Patria: concedednos por su intercesión y méritos, que logremos igual suerte en la compañía del Rey de los Reyes, Jesucristo Hijo vuestro. Atended propicio a los deseos de nuestro Rey Católico, concediéndole feliz y tranquilo gobierno, y victoria contra los enemigos de vuestro Santo Nombre, para gloria vuestra y beneficio de su pueblo. Por el mismo Jesucristo Hijo vuestro, nuestro Señor, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina, Dios, por los siglos de los siglos. Amen. 
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO - 17 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
DE LA FERVOROSA ORACIÓN DE SAN LUIS.
Reconociendo San Luis que toda gracia viene de Dios, que promete conceder sus dones a quien humilde y confiado se los pidiere: empleaba el Santo Rey todos los días muchos ratos en asistir al Sacrificio de la Misa o a los Sermones, y rezar el Oficio Mayor, el de Nuestra Señora y el de los Difuntos. Se hallaba, siempre que podía, a todas las horas del Oficio Divino que se celebraba en su capilla; y mientras se lo permitió su salud, se levantaba a media noche a los Maitines, retirándose después a su cuarto a orar a solas, ofreciendo a Dios el sacrificio de sus lágrimas por la salud de su pueblo. Introdujo, entre otras piadosas costumbres que hoy observa la Iglesia, la de inclinarse profundamente al cantar el coro: «Et homo factus est», y la de orar un corto espacio, cuando al concluir las Pasiones en la Semana Santa se hace en ellas mención de la Muerte de Jesucristo. En esos días, y otros consagrados a la memoria de los Misterios de nuestra Redención, se entregaba a la más humilde y tierna meditación de los celestiales beneficios, atrayendo a todos con su ejemplo a tan necesario ejercicio.
    
REFLEXIÓN
Aprendamos de este Santo Rey a desechar la pereza y fastidio que tenemos a la Oración, y conozcamos la necesidad en que estamos de valernos de este poderoso medio para alcanzar y no perder la gracia, que es la vida del Alma. La Oración nos ilumina el entendimiento, nos consuela en las aflicciones, nos alivia en los trabajos, destierra la pereza, vence las tentaciones, conserva la devoción, alienta la confianza, y obliga a Dios a que nos conceda el don que le pedimos. No dejemos de la mano las armas de la Oración, para vencer con ellas los vicios que nos oprimen, y conseguir de Dios el remedio de nuestras necesidades.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor nuestro, Padre de misericordias y dador de todo consuelo, que ponéis vuestras delicias en comunicar con los hombres: A Vos recurre nuestro atribulado corazón, exponiéndoos las muchas angustias y necesidades que nos cercan, seguros de conseguir más prontamente vuestra protección, cuando nos hallamos destituidos de humano socorro. Y pues Vos solo inspiráis lo que os debemos pedir para el logro de nuestra eterna salud, dignaos de ilustrar nuestro corazón para que acertemos a suplicaros con humildad y confianza lo que conviniere al remedio de nuestras aflicciones. Dadnos perfecto conocimiento de vuestra Santa Ley, fuerza y acierto para cumplirla enteramente, y un espíritu dócil y resignado a vuestras disposiciones. Y por la intercesión de vuestro Siervo San Luis, comunicadnos los consuelos que le hicisteis gustar en la Oración, para que se calmen y serenen las tempestades que en nuestra alma levantan las pasiones y aficiones terrenas, se disipen las nieblas de nuestra ignorancia, y alumbrados con las luces de vuestras inspiraciones, solo nos ocupemos en amaros y alabar vuestras misericordias. Así lo pedimos por vuestro Hijo Jesucristo nuestro Señor, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
  
Rezar tres veces el Padre nuestro y Ave María, con Gloria Patri. Los Gozos, Antífona, Versículos y Oración se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO - 18 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
DE LA MORTIFICACIÓN DE SAN LUIS.
Aunque no perdió San Luis la inocencia del Bautismo, temeroso de arriesgar tan precioso tesoro, imitaba el ejemplo de San Pablo y de los demás Santos, que con la continua mortificación de su cuerpo sujetaron sus pasiones, para no hallarse vencidos de los incentivos de la carne. Toda la vida de este Santo Rey fue una continuada penitencia, practicando rigurosos ayunos los Viernes, Adviento, Cuaresma, Vigilias de Nuestra Señora, y muchos Lunes y Miércoles entre año. Usaba de un áspero cilicio, se confesaba todos los Viernes, recibía después la disciplina, y hubo de moderarle su confesor muchas austeridades que dañaban notablemente su salud. Entre las muchas tribulaciones que padeció, coronó su paciencia la de ver malograda la empresa de conquistar la Tierra Santa; y adorando los secretos de la providencia Divina, sufrió las amenazas, insultos y trabajos de la prisión con tal constancia, que admiró al Sultán la grandeza de ánimo con que rehusó cuanto no le parecía convenir al honor de la Iglesía, exponiéndose a los tormentos y a la muerte.
    
REFLEXIÓN
Gran cuidado debemos poner para dominar nuestras pasiones, en mortificar los apetitos, despreciar los deleites, refrenar la sensualidad, y tolerar los trabajos y tribulaciones, para que mitigadas todas las aficiones terrenas, podamos elevar nuestros deseos a Dios con puro y resignado corazón. El ejemplo de este Santo Rey debe alentarnos a sufrir las calamidades que Dios nos enviare, y adorar sus ocultos juicios; y reconociendo cuánta más pena merecen nuestros pecados, consolarnos con la brevedad del tiempo de nuestras aflicciones, y la abundante recompensa que está preparada a nuestra paciencia.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor nuestro, que por medio de la mortificación y penitencia recibís a vuestra gracia a los que ha separado de ella su corrompida voluntad: romped con vuestros auxilios la dureza de nuestro corazón, para que compungidos, acertemos a sentir la malicia de nuestros pecados y borrar las manchas que han impreso en nuestra alma, con las lágrimas de una sincera penitencia. Concedednos el espíritu mortificado, que disteis a vuestro Siervo San Luis, para que a su imitación refrenemos las pasiones, y reconozcamos el especial cuidado que, como Padre amoroso, tenéis de avisarnos por medio de las adversidades, para que corrijamos nuestra malicia. Sírvanos este piadoso recuerdo que nos hacéis, de que confusos y avergonzados con la multitud de nuestras culpas, nos convirtamos a Vos, para que como fuisteis Autor de nuestra vida, lo seáis también de la renovación de nuestro espíritu por medio de la gracia. Así lo esperamos por nuestro Señor Jesucristo Hijo vuestro, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
  
Rezar tres veces el Padre nuestro y Ave María, con Gloria Patri. Los Gozos, Antífona, Versículos y Oración se rezarán todos los días.
  
DÍA CUARTO - 19 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
DE LA PUREZA DE SAN LUIS.
La cuidadosa y santa educación que la Reina Doña Blanca de Castilla dio a su Santo hijo, produjo en él grande amor a la pureza y castidad, de que dio admirables ejemplos, no permitiendo discursos indecentes en su palacio, y publicando severas leyes contra los escándalos y disoluciones. Precisado a casarse por el bien de su Reino, observó exacta continencia, y de consentimiento de la Reina su esposa, se abstenía del comercio conyugal en el Adviento, Cuaresma, y demás Vigilias, Fiestas solemnes, y algunos días antes y después del día en que comulgaba, según la práctica que entonces observaba la Iglesia: virtud que premió Dios, concediéndole la fecunda sucesíon de seis hijos y cinco hijas, que hoy dura y se mantiene llena de bendiciones para apoyo de la Cristiandad. Para conservar el precioso tesoro de la pureza, huía San Luis los regalos y placeres del cuerpo, mortificaba sus sentidos, comía parcamente, y alimentaba su alma con la Oración y Lección Espiritual, para cuyo fin juntó en su palacio una copiosa librería de Santos Padres, siendo su delicia conferir lo que leía con algunos varones doctos y santos que siempre tuvo en su Corte.
    
REFLEXIÓN
Los Santos, para conservar la pureza, redujeron su cuerpo a dura servidumbre, negándose a los placeres y deleites, huyendo la ociosidad, mortificando sus sentidos con ásperas penitencias y útiles ocupaciones, clamando a Dios con fervorosa oración, y meditando siempre en la Pasión de su Santísimo Hijo. Este es el único y verdadero camino de no dejarse vencer de las aficiones terrenas, y confervar puro el corazón. Dios nos habla por la lectura de los buenos libros: nos instruye, consuela, corrige, y excita nuestros deseos de anhelar a la perfección, siendo el medio más útil para resistir la distracción que nos causan las tentaciones.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor nuestro, que con tan abundante liberalidad concedéis vuestra gracia a quien humilde os la pide: reconociendo nuestra debilidad, recurrimos a Vos, suplicándoos abraséis nuestro corazón con el fuego de vuestro Divino Espíritu, para que conservemos la castidad y continencia a imitación de vuestro Siervo San Luis, y os procuremos agradar, refrenando los sentidos, y apartando de nuestro espíritu todo afecto impuro y sensual. Concedednos resolución para mortificar nuestras desordenadas pasiones, y que el justo temor de nuestra fragilidad sujete la carne al espíritu, por medio de la penitencia. Dadnos el gustar de Vos, para que saciados con la suavidad de vuestras delicias, despreciemos los regalos del cuerpo, y os amemos con puro y casto corazón. Y pues Vos solo dais esta preciosa virtud, enviadnos el rocío de vuestra gracia, para que nuestro espíritu reflorezca con el vigor de la pureza, y limpios de toda mancha, y libres de las tentaciones sensuales, consigamos los Dones eternos. Por Nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
  
Rezar tres veces el Padre nuestro y Ave María, con Gloria Patri. Los Gozos, Antífona, Versículos y Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA QUINTO - 20 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
DE LA HUMILDAD PROFUNDA DE SAN LUIS.
No ensoberbeció al corazón de San Luis el extendido y poderoso Reino que poseía, y el obsequio de sus vasallos; antes, penetrado del más vivo reconocimiento a la Piedad Divina, que le había elevado a esta dignidad, usaba del poder solo para beneficio de los pueblos, y humillaba su alma bajo la poderosa mano del Señor, recibiendo todos los sucesos con igual semblante. Lejos de admitir los vanos aplausos de los aduladores, tenía prevenido a los que le asistían que le advirtiesen de los defectos que cometía, para corregirlos. Usaba de gran moderación en su vestido, comida y muebles: apreciaba más llamarse Luis de Poissy, porque en este lugar había recibido el Santo Bautismo, que todos los honores de Rey de Francia. Cuando entró victorioso en Damieta, no quiso hacerse un trofeo de los vencidos y obstentar la gloria de vencedor, admitiendo las apariencias brillantes del triunfo, e hizo su entrada como penitente, desnudos los pies, pobremente vestido, llevando en la mano un Crucifijo, a quien quería se atribuyesen únicamente los honores de la victoria. Toleró resignado el rubor de verse vencido y prisionero de los Infieles, y las amenazas e insultos con que probaron su constancia. Sufrió con igualdad de ánimo las injurias que le hicieron, y jamás quiso vengar ofensa cometida contra su particular persona.
   
REFLEXIÓN
El que reconoce que todos los bienes que tiene son Dones de Dios, humilla su corazón, huye la vanidad, jactancia y orgullo: ama el silencio, desprecia las cosas temporales, conserva la paz, admite con gusto las advertencias y consejos, y se hace amable a Dios y a los hombres. El ejemplo y doctrina de Jesucristo y de sus Santos, nos convencen de la necesidad que tenemos de adquirir esta preciosa virtud de la humildad, primero y principal fundamento de la vida Cristiana.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor nuestro, que para ejemplo y remedio de los hombres enviásteis al mundo a vuestro Santísimo Hijo Jesucristo, semejante a nosotros en todo menos en el pecado: dadnos, Señor, un perfecto conocimiento de nuestras miserias y defectos, para que reconociendo que cuanto hay bueno en nosotros es Don de vuestra poderosa mano, humillemos nuestro corazón y huyamos de la vana complacencia y estimación propia, y de la ambición de las cosas terrenas. Y pues nos dejásteis tan admirables ejemplos de esta virtud en vuestro Siervo San Luis, os suplicamos por su intercesión nos concedáis un espíritu contrito y humillado, que no se envanezca con la alabanza ni se deje vencer de la presunción, sino que imitando la humildad de vuestro Santísimo Hijo, vivamos sobria, justa y piadosamente, y merezcamos ser consolados de Vos, logrando el descanso y quietud de nuestro espíritu, la facilidad en cumplir vuestros Santos preceptos, y el premio que tenéis preparado a los verdaderos humildes. Así os lo rogamos por el mismo Jesucristo, Hijo vuestro, nuestro Señor, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
  
Rezar tres veces el Padre nuestro y Ave María, con Gloria Patri. Los Gozos, Antífona, Versículos y Oración se rezarán todos los días.
    
DÍA SEXTO - 21 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
DE LA CARIDAD DE SAN LUIS CON SUS PRÓJIMOS.
La misericordia y compasión acompañaron a San Luis desde sus tiernos años, y solo descansaba su corazón cuando se empleaba en remediar las necesidades de sus súbditos. Además de la ternura, exactitud y cuidado con que atendía a los pobres y desvalidos, defendiéndolos de los insultos y agravios de los poderosos, eran sus delicias consolar a los atribulados, servir a los pobres la comida, lavarles los pies, curarlos con sus propias manos, y darles todos los alivios que su ingeniosa caridad le sugería. Repartía copiosas limosnas, y a los que le representaban que se empobrecía el Erario, respondía que nunca estaba más seguro de tener en abundancia lo necesario, que cuando distribuía sus rentas a los pobres de Jesucristo. Para tener más que repartir a estos, y dotar los Hospitales y Casas que en su beneficio había erigido, evitaba todos los gastos posibles, especialmente en su persona y vestidos. Después de las batallas asistía a la curación de los Soldados heridos, y a la sepultura de los muertos, haciendo algunas veces por sí mismo estos piadosos oficios. Ordenó en su testamento se distribuyesen muchas limosnas; y a su hijo y sucesor encargó tuviese siempre el corazón compasivo y pronto para remediar a los pobres.
    
REFLEXIÓN
La prueba de que amamos a Dios es emplearnos en el socorro de nuestros prójimos. Sacrifiquemos alguna parte de nuestra comodidad y descanso al alivio de los necesitados, imitando a Jesucristo, que se ejercitó toda su vida en el beneficio de los hombres. No nos fastidie la compañía de los enfermos, concurramos al consuelo de los afligidos, y expendamos los bienes que Dios nos hubiere dado, partiéndolos con sus hijos y nuestros hermanos los pobres, animados con la abundante recompensa que su Majestad nos tiene preparada.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor nuestro, que con tanta liberalidad os comunicáis a todas las criaturas, dándoles el ser y el obrar, y sin que nuestros delitos suspendan el curso de vuestras misericordias, llovéis abundantes gracias y beneficios sobre justos y pecadores: dignaos de concedernos el espíritu de caridad que disteis a vuestro Siervo San Luis, para que a su imitación nos consagremos a la utilidad de nuestros prójimos, asistiéndolos con el socorro temporal, consejo y buen ejemplo. Dadnos un corazón blando, liberal y compasivo, con que fácilmente movidos a ejercitar la misericordia y celo de su eterna salud con los necesitados, se glorifique vuestro Santo Nombre. Y, pues vuestro Hijo Jesucristo nos dejó tan admirable ejemplo de caridad muriendo en la Cruz para satisfacción de nuestras iniquidades: alentad nuestro espíritu con la fortaleza necesaria, para que perdonemos las injurias con que nuestros prójimos nos agraviaren, y dadnos a todos un corazón unido en perfecta caridad, para que seamos dignos hijos vuestros, y consigamos el perdón de nuestros pecados, por el mismo Jesucristo Hijo vuestro, nuestro Señor, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
  
Rezar tres veces el Padre nuestro y Ave María, con Gloria Patri. Los Gozos, Antífona, Versículos y Oración se rezarán todos los días.
      
DÍA SÉPTIMO - 22 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
DE LA VIGILANCIA Y JUSTICIA DE SAN LUIS.
Convencido San Luis de que la cualidad de Rey le obligaba a atender únicamente al beneficio de sus pueblos, sacrificó su reposo a los cuidados del gobierno y a la administración de la justicia. Para facilitar la brevedad del despacho a todo género de personas, y especialmente a los pobres, acostumbraba salirse al bosque de Vincennes, acompañado de algunos señores, y debajo de un árbol, sin que lo impidiesen las guardias, daba audiencia a cuantos se presentaban: oía y examinaba por sí mismo sus pretensiones, y con el consejo de aquellos señores, expedía los negocios, cuidando de que a ninguno se hiciese vejación. Encargaba a los Gobernadores y Bailíos que enviaba a las provincias de su Reino, y a otras personas Religiosas, que inquiriesen si se hacía algún daño a los vasallos, y examinasen si sus antecesores habían defraudado a alguno, para recompensar y satisfacer todos los perjuicios. Ordenó santísimas leyes contra las blasfemias y escándalos, y para el mejor gobierno de su Reino. Vivió con gran moderación, evitando todos los gastos superfluos para no gravar a sus pueblos con tributos. En el cuidado de su Casa y Familia fue extremado, haciendo criar a sus hijos en el temor de Dios, y exhortándolos a huir las vanidades del mundo: la admirable instrucción que en su última enfermedad dictó para Felipe su hijo y sucesor, manifiesta la pureza de la vida de este Santo Rey, y la vigilancia con que gobernó su familia, para beneficio de su Reino.
    
REFLEXIÓN
Todos nos hallamos a proporción igualmente precisados a cuidar del adelantamiento y utilidad espiritual de las personas que Dios ha puesto a nuestro cargo, y del cumplimiento exacto de las obligaciones que se incluyen en el estado o empleo en que la Divina Providencia nos ha colocado. El ejemplo de este Santo Rey debe excitar nuestro deseo de satisfacer a todo cuidadosamente; y de emplear los talentos que su Majestad nos ha dado, en utilidad de los prójimos, segurós de que no dejará Dios sin abundante premio nuestra vigilancia.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor nuestro, que con tan admirable sabiduría gobernáis todas las cosas, disponiéndolas para gloria de vuestro Poder, y utilidad de las criaturas: reconociendo nuestra insuficiencia e ignorancia clamamos a Vos, origen de todo bien, suplicándoos nos iluminéis, para que conozcamos lo que es más agradable a vuestra voluntad y conducente al cumplimiento de los cargos que nos ha fiado vuestra Providencia. Dirigidnos por la intercesión de vuestro Siervo San Luis, a quien disteis gracia para que acertase a gobernar su Reino, desterrase abusos, reprimiese vicios, y adelantase la gloria de vuestro Santo Nombre con sus ejemplos y exhortaciones. Dadnos, Señor, el mismo Divino Espíritu que dirigió sus acciones, para que corrijamos las nuestras, sepamos agradaros, y viviendo honestamente, hagamos recomendable vuestra Santa Ley, animando a nuestros prójimos a su más exacta observancia, para que empleados en vuestro servicio, sea vuestro Nombre santificado. Así os lo pedimos por Jesucristo Hijo vuestro, nuestro Señor, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
  
Rezar tres veces el Padre nuestro y Ave María, con Gloria Patri. Los Gozos, Antífona, Versículos y Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA OCTAVO - 23 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
DE LA MODERACIÓN Y MAGNANIMIDAD DE SAN LUIS.
Dotó Dios a San Luis de un corazón lleno de modestia y moderación, con que libre de dar entrada a la ambición de dilatar sus Estados, valiéndose de las desgracias de sus vecinos, mostró un espíritu magnánimo, rehusando las reiteradas ofertas que le hicieron de la Corona del Imperio, de la de Nápoles, y de otros Reinos que se quisieron poner bajo su justo y suave gobierno. Inclinado a la paz, jamás emprendió guerra alguna, si no es precisado de la necesidad de defenderse: y habiéndole Dios dado victoria del Conde de Tolosa, del de la Marcha, y otros que sostenidos del Rey de Inglaterra habían movido una civil y peligrosa guerra, usó de tanta moderación con los vencidos, que les concedió libertad y paz muy ventajosa. Muchos Príncipes, por la reputación de su prudencia, le hicieron Árbitro de sus diferencias, que logró componer, extinguiendo los odios y disensiones que los dividían. Hizo muchas diligencias para reconciliar al Emperador Federico II con los Papas, por el bien de la Iglesia: mantuvo en paz y justicia sus Reinos, y tenía encargado a sus Ministros, que en caso de duda juzgasen a favor de sus vasallos las pretensiones que tuviesen contra el fisco; lo que también encomendó a su hijo y sucesor en la instrucción que le dejó a la hora de la muerte.
    
REFLEXIÓN
La mansedumbre y moderación hacen recomendable la Religión Cristiana; y manifiesta señales de verdadero hijo suyo el que fácil a perdonar a sus enemigos se esfuerza a ganarles el corazón por toda suerte de buenos oficios, imitando a Jesucristo que con sus acciones y advertencias nos anima a desechar la ambición, raíz de todos los males, y a abrazar la modestia y sobriedad con que adquiriremos la paz interior, y la confianza y amor de nuestros prójimos.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor nuestro, que con el ejemplo de vuestro Hijo Jesucristo y de los Santos, nos enseñáis a desechar los terrenos honores, y a solo anhelar por la posesión de la Celestial Patria: admitid nuestros humildes ruegos, acompañados de la interposición de vuestro siervo San Luis, y concedednos un corazón desprendido de los atractivos de la tierra, para que no dejándonos vencer de la ansiosa solicitud de poseer las honras, riquezas y abundancias con que el mundo convida a sus seguidores, moderemos nuestros deseos, y usemos parcamentee de los bienes presentes, sin ofensa ni daño de nuestros prójimos. Y pues Vos, Señor, conocéis cuánto agravan a nuestro corazón las necesidades temporales, atendednos con piadosa providencia, librándonos de la angustia que nos causan, para emplearnos con más libertad en vuestras alabanzas, y suspirar por las felicidades eternas; Así os lo suplicamos por Jesucristo, Hijo vuestro y nuestro Señor, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
  
Rezar tres veces el Padre nuestro y Ave María, con Gloria Patri. Los Gozos, Antífona, Versículos y Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA NOVENO - 24 DE AGOSTO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
DEL CELO QUE TUVO SAN LUIS DE DILATAR LA FE.
El ardiente amor que tenía San Luis a Dios, y el celo de dilatar la Fe de Jesucristo, y hacerle adorar de las Naciones que ocupaban el precioso terreno en que se obraron los Misterios de nuestra Redención, impelió al Santo Rey a emprender el peligroso viaje de la Siria, animando con su ejemplo y exhortaciones a muchos señores y príncipes que le acompañaron y fueron testigos del ardor con que se expuso a todos los peligros y fatigas para lograr tan piadoso designio. Aunque los efectos no correspondieron a sus deseos, permitiendo Dios que el Santo Rey y mucha parte de su ejército quedasen prisioneros de los Bárbaros, no descaeció su celo, y todo el tiempo que estuvo en la Siria se empleó en propagar la Religión, haciéndola recomendable su purísima vida y admirables ejemplos, con que convirtió a muchos Infieles. Vuelto a su Reino, perseveró en su ansioso deseo de extender el conocimiento de Jesucristo, a cuyo fin se embarcó para Túnez, en donde segunda vez frustradas sus esperanzas por alta providencia de Dios, fue victima de la Religión, muriendo de peste, después de haber manifestado un sufrimiento y constancia invencible, y una conformidad humilde con las Divinas disposiciones.
    
REFLEXIÓN
Si tuviéramos celo de la gloria de Dios, y del bien espiritual de nuestros prójimos, sentiríamos gran dolor al ver tan dilatadas regiones en que se carece del conocimiento de Jesucristo, y sacrificaríamos nuestro descanso porque tantas almas se aprovechasen del fruto precioso de su Sangre. Mas ya que no tenemos ánimo para ofrecernos a la muerte, como este Santo Rey, por la conversión de los Infieles, procuremos con los buenos ejemplos y exhortaciones atraer a nuestros prójimos a que santifiquen el Nombre de Dios con la observancia de su Divina Ley sin descuidar de nuestro propio aprovechamiento, peleando contra nuestras pasiones, seguros de que este dilatado martirio nos adquirirá los consuelos y premios que Dios nos tiene prevenidos en su Celestial Reino.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor nuestro, abundante en misericordias, que adornáis a vuestros Santos con el celo ardiente de extender la noticia de vuestro Nombre entre las Naciones que no os conocen para mayor gloria vuestra y utilidad de las Almas: comunicadnos por la intercesión de vuestro siervo San Luis, fervoroso deseo de la conversión de los Infieles, y aplicad a estos el infinito precio de los tormentos y Pasión de vuestro Santísimo Hijo, para que convertidos a Vos, logren participar del estimable tesoro de los Sacramentos, y unidos con nosotros por la Fe y Caridad, gocen también de la felicidad eterna que nos tenéis prometida. Enseñadnos a venerar vuestros justos juicios, y rendidnos a vuestras disposiciones; y pues nos amáis con tanto exceso, enseñadnos a cumplir vuestros preceptos, y dirigid nuestras obras, palabras y pensamientos a vuestra mayor gloria, para nuestra eterna salud. Así os lo suplicamos por el mismo Jesucristo Hijo vuestro, nuestro Señor, que con Vos y el Espíritu Santo vive y reina, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
  
Rezar tres veces el Padre nuestro y Ave María, con Gloria Patri. Los Gozos, Antífona, Versículos y Oración se rezarán todos los días.

viernes, 25 de agosto de 2017

TESTAMENTO ESPIRITUAL DE SAN LUIS REY DE FRANCIA

Refiere el señor de Joinville, biógrafo de San Luis Rey de Francia:
  
Muerte de San Luis Rey de Francia (Escuela francesa del siglo XIX)
  
“Conociendo el Santo Rey que había de pasar bien presto de esta vida a la otra; llamó a Felipe su hijo, y le encargó guardar como testamento todos los documentos que le dejó, que están abajo escritos, los cuales el Rey escribió de su santa mano, y le dijo así:
«Amado hijo: la primera cosa que te enseño es que emplees tu corazón en amar a Dios, porque sin esto nadie puede salvarse. Guárdate de hacer cosa que disguste a Dios, es a saber, pecado mortal, porque primero has de sufrir cualesquiera injurias y tormentos, que cometer un pecado mortal. Si Dios te envía trabajos, recíbelos con paciencia, dale gracias, y piensa que le has ofendido, y que los convertirá en provecho tuyo. Si te da fortuna, agradéceselo humildemente, para no perder por soberbia o por otra parte, lo que te ha de hacer mejor, pues no debe uno abusar de los dones de Dios.
 
Confiésate a menudo, y que el confesor sea prudente, que sepa enseñarte lo que has de hacer y de lo que has de huir; y te has de portar de modo que tus confesores y amigos no reparen en advertirte tus defectos. Asiste a la Iglesia con devoción interior y exterior, especialmente en la misa cuando se hace la consagración.
 
Que tu corazón sea blando y caritativo con los pobres, con los flacos y con los atribulados; anima y ayúdales cuanto puedas. Conserva las buenas costumbres de tu Reino, y quita las malas. No codiciarás los bienes de tu Pueblo, y no lo oprimas con impuestos ni tributos.
 
Si sientes en tu corazón alguna pena, dila a tu confesor o a algún hombre prudente que te hable con claridad, y la llevarás más fácilmente. No tengas en tu compañía sino hombres prudentes y sin ambición, sean Religiosos o Seculares; habla con ellos a menudo; desvíate y huye de la compañía de los malos.
 
Oye con gusto la palabra de Dios, guárdala en tu corazón, y busca de tu voluntad oraciones e indulgencias.
 
Estima tu honra y provecho, y aborrece lo malo, sea lo que fuere. Que nadie en tu presencia se atreva a hablar palabra que incite a pecado, y que nadie hable mal de otro. No consientas que nadie hable con poco respeto de Dios en tu presencia; dale gracias muchas veces de los beneficios que te ha hecho, para hacerte digno de recibir otros.
  
Haz justicia a tus vasallos con rectitud, bondad y constancia sin inclinarte a un lado ni a otro; defiende la justicia y la causa del pobre, hasta que se vea la verdad clara.
 
Si alguno tuviere algún derecho contra ti, no te preocupes hasta que conozcas la verdad: así tus Consejeros juzgarán con más libertad a tu favor o contra ti. Si tienes algo de otro, o por ti, o que ya lo tuvieron tus predecesores, cuando la cosa sea ciertamente suya, devuélvesela sin dilación: si está en duda, haz que te informen luego hombres doctos.
 
Has de procurar que en tu Reino tus vasallos vivan en paz y anden rectos. Conserva tus Ciudades grandes, y guarda las costumbres de tu Reino en el estado y franquicias, que lo han hecho tus antecesores: si hay alguna cosa digna de reforma, enmienda y corrígela. Tenlas a tu devoción unidas; porque las fuerzas y riquezas de las Ciudades grandes estorbarán a los particulares y a los extranjeros, y sobre todo a tus Pares y a tus Barones, el que se rebelen contra ti.
 
Honra y estima a las Personas de la Santa Iglesia: cuida que ni se las quiten ni se las disminuyan las donaciones, ni los bienes que tienen de tus predecesores. Cuentan del Rey Felipe mi abuelo, que una vez uno de sus Consejeros le dijo que los Eclesiásticos le causaban mucho perjuicio, porque le quitaban sus derechos y le menoscababan su justicia; y que era de admirar cómo lo sufría. A el cual el Rey le respondió: Que él creía que era así, pero que estimaba en tanto las misericordias y beneficios que Dios le había hecho, que más quería ceder de su derecho, que tener pleito con las Personas de la Santa Iglesia.
 
Honrarás y respetarás a Padre y Madre, y harás lo que te manden.
 
No des los Beneficios de la Santa Iglesia sino a sujetos de buena vida y costumbres; y no nombres por Consejeros sino a hombres sabios y de bondad. Guárdate de hacer guerra contra los cristianos sin gran necesidad, y si es necesario que se haga, conserva a la Santa Iglesia y a los que no han hecho daño. Si se mueven guerras o discordias entre tus vasallos, apacígualos lo antes que puedas.
 
Has de ser exacto en tener buenos Gobernadores y Regidores: infórmate de su conducta y de los de tu Casa Real, si son codiciosos, ladrones o tramposos. No sufras vicio alguno afrentoso en tu Reino, y mucho menos las blasfemias y las herejías. Que los gastos de tu Casa sean moderados.
 
Por fin, ¡oh muy amado hijo!, yo te encargo me hagas decir misas y oraciones en tu Reino por el descanso de mi alma, y que me hagas participante de una buena parte de todas las buenas obras que hicieres.
 
Amado hijo mío, yo te doy todas las bendiciones que un Padre puede dar a su hijo: que la Santísima Trinidad y todos los Santos te guarden de todo mal: que Dios te dé la gracia de hacer siempre su voluntad: que sea honrado de ti, y que podamos después de esta vida estar con Él, y alabarle sin fin. Así sea».
 
FUENTE: Instrucciones de San Luis Rey de Francia a su familia real, a las personas de su corte, y a otras. Puestas del francés en español por Don Joaquin Moles, presbítero. En Madrid por Andrés Ramirez, año de 1767. Págs. 3-9.

lunes, 25 de agosto de 2014

ORACIÓN A SAN LUIS REY DE FRANCIA, POR UN "HIJO DE FRANCIA"

Los "Hijos de Francia" ("Fils de France") son los hijos legítimos del Rey y los del Delfín (Príncipe Heredero) de Francia. Uno de ellos dirigió esta oración a San Luis IX, Patrono de Francia y de la Casa de Borbón, para que le concediese sabiduría y rectitud en el gobierno:
 
San Luis, Rey de Francia
    
"Señor mi Rey San Luis, que partiste con los más valientes caballeros al frente del ejército cristiano, dígnate atender la súplica de un hijo de Francia que quisiera como tú levantarse para servir mejor al Señor mi Dios y a su Esposa, la Santa Iglesia. Dame horror hacia el pecado mortal, aún más que el que tenía Joinville, quien sin embargo fue buen cristiano; y consérvame puro como las lises de tu blasón. Tú que mantuviste siempre tu palabra, aún si la dabas ante los infieles, haz que la mentira jamás pase por mi garganta, aunque mi franqueza deba costarme la vida. Hazme incapaz de retroceder, ciérrale el puente a mis debilidades, y que marche siempre a lo más duro. ¡Oh tu, el más valeroso de los barones franceses!, inspirame el desprecio a los pensamientos de los hombres y concédeme el gusto de comprometerme y de tomar partido por el honor de Cristo. Finalmente, oh Príncipe, Príncipe de gran corazón, no permitas jamás que yo sea mediocre, mezquino o vulgar, antes bien, obtenme un corazón real y que a tu ejemplo sirva a los franceses, realmente. Así sea".
  
¡San Luis, Ruega por la Francia! (Tres veces)

SAN LUIS, REY DE FRANCIA

"Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios". (San Mateo, 22, 21).
   
San Luis Rey de Francia
   
San Luis, rey de Francia, fue dotado de todas las cualidades que hacen a los reyes grandes y a los santos ilustres. Nacido para gobernar a los hombres, fue un héroe en la paz y en la guerra. En toda su vida, según testimonio de su confesor, no cometió ni un solo pecado mortal. De ordinario llevaba un cilicio, y cuando se lo sacaba, daba cuarenta escudos de limosna. El viernes de cada semana ayunaba, se disciplinaba con cadenillas de hierro y servía a los pobres con sus propias manos. Dos veces salió de su reino a fin de conquistar Tierra Santa, y en esas expediciones mostró tanta piedad como coraje. Murió en 1270, en África, a la edad de 55 años.
   
MEDITACIÓN SOBRE SAN LUIS, EL REY CRISTIANÍSIMO
   
I. San Luis fue verdaderamente rey, pues supo mandar a sus pasiones, sujetar su cuerpo a la razón, y su razón a Dios. Ayunar, llevar cilicio, vivir en medio de la corte una vida tan santa como la de un cenobita, ¿no es acaso ser dueño de sí mismo? Mira a este santo, mira si lo imitas, si tus pasiones están tan sometidas como las de él a la razón. "¿Qué hay más real que un alma sometida a Dios y dueña de su cuerpo?" (San León).
  
II. San Luis fue el padre de su pueblo. A todo el mundo amaba, hasta a sus enemigos; no podía tolerar a los detractores; él mismo juzgaba en los procesos de los pobres, nada tomaba más a pecho que el trabajar en la salvación de sus súbditos. Agradece a Dios, si te ha dado superiores semejantes a este santo rey. Si tú mismo eres superior, acuérdate que debes ser el padre de tus inferiores. ¿Cómo ejerces la caridad con tu prójimo?
   
III. Es preciso ser servidor de Dios para ser buen rey. La piedad de San Luis, la honra que tributaba a las santas reliquias, el celo que lo inflamaba por la conversión de los bárbaros, la generosidad cristiana y heroica que puso de manifiesto combatiendo contra los enemigos de Jesucristo, muestran que olvidaba su título de rey para no acordarse sino del de servidor de Dios. Príncipes de la tierra, si no servís a Dios, ¿qué provecho obtendréis en la otra vida de haber aquí empuñado el cetro? La muerte os arrebatará todas vuestras dignidades: la sola gloria que sobrevive a la tumba es la de haber servido bien al Señor. "Servir a Dios es reinar".

La piedad. Orad por los jefes de estado.

ORACIÓN
    
Oh Dios, que hicisteis pasar al rey San Luis de un reino temporal a la gloria del reino eterno, haced, os lo suplicamos, que, por sus méritos y su intercesión, participemos un día con él de la gloría del Rey de reyes, vuestro Hijo Jesucristo, que vive y reina con Vos en unidad con el Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.