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sábado, 19 de abril de 2025

EL CONSUELO DE MARÍA EN LA PASIÓN DE SU HIJO ERA VER LA REDENCIÓN DEL MUNDO


«“¡Oh Señora!”, dice San Buenaventura dirigiéndose a esta Virgen bendita, “¿por qué quisísteis ir Vos también a sacrificaros en el Calvario? ¿Acaso no bastaba para nuestra redención un Dios crucificado, sin que su Madre fuese crucificada con él!” ¡O Dómina! ¿cur ivísti immolári pro nobis? ¿Númquid non sufficíebat Fílii Pássio nobis, nisi crucifigerétur et Mater?(Stímulus Divíni Amóris, parte 1, cap. 3) ¡Oh! la muerte de Jesús bastaba ciertamente para salvar al mundo, y aun a infinitos mundos; pero esta buena Madre, llena de amor por nosotros, quiso con los méritos de sus dolores que ofreció por nosotros en el Calvario, concurrir a la obra de nuestra salvación. Por esta razón, dice San Alberto Magno, que “así como estamos obligados a Jesucristo por la Pasión que sufrió por nuestro amor, así también estamos obligados a María por el martirio que en la muerte del Hijo quiso padecer voluntariamente por nuestra salvación”  Sicut totus mundus obligátur Deo propter passiónem, sic obligátur Dóminæ propter compassiónem (Sobre Missus Est, cap. 20, cuestión 150, respuesta a la objeción 148). He añadido voluntariamente, porque según el Ángel reveló a Santa Brígida, “esta buena y tierna Madre nuestra prefirió sufrir toda especie de tormentos, antes que ver las almas sin redimir y sumidas en su antigua perdición” Sic pia, et miséricors est, et fuit, quod máluit omnes tribulatiónes súfferre, quam quod Ánimæ non redimeréntur (Revelaciones, lib. 3, cap. 30). “El único consuelo de María”, dice Simeón de Casia, “en medio del gran dolor que le causaba la Pasión de su Hijo, era el ver al mundo perdido redimido con su muerte, y reconciliados con Dios los hombres sus enemigos”  Lætábatur dolens, quod offerebátur sacrifícium in redemptiónem ómnium, quo placabátur irátus (De las gestas del Señor, lib. 2, cap. 27)».
   
SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIOLas Glorias de María, segunda parte, Discurso IX “Los dolores de María”, punto 2.

jueves, 14 de marzo de 2024

NOVENA EN HONOR A SANTA CATALINA DE SUECIA

Novena publicada en Vitoria a expensas del convento de la Magdalena de la orden brigidina de dicha ciudad por Tomás de Robles y Navarro hacia 1776.
  
NOVENA A LA ESCLARECIDA Y NOBILÍSIMA VIRGEN SANTA CATALINA DE SUECIA, HIJA ILUSTRE DE SANTA BRÍGIDA Y RELIGIOSA DE SAN SALVADOR
  

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido, y propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta; y ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados: y como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis por los merecimientos de vuestra Sangre y Pasión, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.

ORACIÓN PREPARATORIA
Gloriosa Santa Catalina de Suecia, Virgen purísima en el estado conyugal y ejemplar de Esposas de Jesús en el de Religiosa, si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro y provecho de mí alma que se consiga lo que deseo y pido en esta Novena, alcanzadme de Jesús vuestro Divino Esposo esta gracia: y si no, dirigid mi petición y pedid para mí a Dios aquello que más me conviene para gloria suya, honor vuestro y provecho de mi alma. Amén.
    
DÍA PRIMERO – 15 DE MARZO
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la Ilustrísima Virgen Santa Catalina, a quien desde los primeros años de su dirección iluminasteis con las luces de todos los Misterios de nuestra Santa Fe, los cuales creía y amábale todo su corazón: suplicoos, Jesús mío, por la iluminada Fe de vuestra amada, me concedáis una Fe semejante a la suya, y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro y bien de mí alma. Amén.

Rezará aquí tres Padre nuestros y tres Ave Marías en reverencia de la Santísima Trinidad.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Oh Virgen Ilustrísima y purísima Santa Catalina, que con asombro de celestial pureza conservasteis la azucena de la Virginidad en el estado del matrimonio, viviendo con vuestro castísimo esposo Edgardo como dos Ángeles terrenos. Virgen prudentísima desde los tiernos años de la niñez, en que, corregida severamente de vuestro Divino Esposo Jesús, aprendisteis a tener horror a los juegos pueriles de aquella edad. Virgen modestísima hasta en el vestido, en que, renunciando a la pompa de las galas propias de vuestro noble estado, inspirasteis con el ejemplo y persuadisteis con las razones a otras Señoras que desafíen la superfluidad de galas y atavíos. Perfecta imitadora de las Virtudes de vuestra Madre Santa Brígida, siendo su compañera inseparable en las trabajosas peregrinaciones y que emprendió su celo para gloria de Dios y bien de las almas, hasta que con espíritu de verdadera Hija la asististeis en la hora de su muerte; y después con singular piedad llevasteis sus sagradas reliquias a Suecia, vuestra patria, Virgen religiosísima, que, cerrada después en un santo Monasterio de Religiosas, las guiasteis a la perfección con vuestro ejemplo y con las reglas de vuestra Santa Madre, Suplícoos, Virgen Ilustrísima, que me alcancéis la gracia de vivir con la perfección del estado en que Dios me ha puesto y la gracia que os pido en esta Novena si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro y bien de mi alma. Amén.
   
Después pedirá a la gloriosa Santa Catalina la gracia que desea, alentando la confianza con todo fervor de espíritu.
  
GOZOS DE LA ILUSTRÍSIMA VIRGEN SANTA CATALINA DE SUECIA
   
Pues el Rey más soberano
Para su Esposa os destina,
Dadnos, oh bella Catalina,
En tanto fervor la mano.
   
Suecia tu patria a tu nombre
La distinción señaló,
Y tu nombre a Suecia dio,
Y está dando más renombre,
En ti su sueño no en vano
Aspira a esfera Divina:
Dadnos, oh bella Catalina,
En tanto fervor la mano.
   
De tus Padres la Nobleza
En la Santidad fundada,
En ti logró vinculada
Con mejoras su pureza.
Este esplendor soberano,
Es el que más te ilumina
Dadnos, oh bella Catalina,
En tanto fervor la mano.
   
Tu Castidad misteriosa
Aun al mamar se mostró:
Y en su Esposo duplicó
Con voto su flor hermosa:
De tálamo más que humano
El tuyo es copia muy fina,
Dadnos, oh bella Catalina,
En tanto fervor la mano.
   
Del Mundo la pompa vana
Tu piedad se desnudó,
Y a la Nobleza vistió
De la modestia Cristiana,
Pero vano y cruel tu hermano,
En ti esta virtud refina:
Dadnos, oh bella Catalina,
En tanto fervor la mano.
   
De Brígida con Fe llana
Sigues las inspiraciones,
Y en las peregrinaciones
Eres de tu Madre Hermana,
Tu virtud aun más temprano
En todo fue peregrina:
Dadnos, oh bella Catalina,
En tanto fervor la mano.
   
Con prodigios tu belleza
Libró tu Divino Esposo
De mil riesgos, que es celoso
Guardia fiel de la pureza.
En vano el amor villano
Su ardor contra ti fulmina:
Dadnos, oh bella Catalina,
En tanto fervor la mano.
   
De tu Esposo la Pasión
Meditas con tal afecto,
Que en tu corazón su efecto
Era ya una compasión.
Si su Pasión le hizo humano,
Tu compasión fue Divina.
Dadnos, oh bella Catalina,
En tanto fervor la mano.
   
Créditos de mujer fuerte
Son tus milagros en vida;
Pues te obedeció rendida
La enfermedad, y aun la muerte,
Es tu amparo soberano
De favores rica mina:
Dadnos, oh bella Catalina,
En tanto fervor la mano.
   
Pero el milagro mayor
Es tu heroica Santidad,
Donde fue la Caridad
Copia del Divino Amor,
Por esto el Orbe Cristiano
Todo a ti humilde se inclina:
Dadnos, oh bella Catalina,
En tanto fervor la mano.
   
Antífona (Del himno de Vísperas)Oh bendita esposa de Cristo, Catalina, que mereciste que el Rey de los ángeles te haga resucitadora de los muertos; Feliz es tu depresión, que se convierte en represión del soberbio y la fuerza de los humildes. Tú, virgen piadosa, ruega por nosotros ante el Rey de todas las cosas, para que nos sea dado el eterno gozo después del presente exilio.
℣. Ruega por nosotros, Santa virgen Catalina.
. Para que seamos dignos de la gracia divina.

ORACIÓN
Oh Dios, que adornas a tu Iglesia con los ilustres méritos de la bienaventurada virgen Santa Catalina, y la alegras con gloriosos milagros: concédenos a nosotros tus siervos, que seamos reformados para mejor con sus ejemplos, y que por su patrocinio seamos protegidos de toda adversidad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
    
CONMEMORACIÓN DE LA GLORIOSA MADRE SANTA BRÍGIDA
Antífona (De la secuencia Insisténtes cantilénæ): Oh Brígida, madre piadosa, da remedio pía a cuantos están tristes por este camino; y después de surcar este mar tenebroso, condúcenos para que podamos claramente ver el Cielo.
℣. Ruega por nosotros, Bienaventurada Madre Santa Brígida, predilecta esposa de Cristo.
. Para que por recto camino, nos lleve a la Patria celestial.
   
ORACIÓN
Oh Dios, que quisiste iluminar a tu Iglesia con los consejos y ejemplos de Santa Brígida, concédenos propicio, que por su intercesión, llevemos a cabo con espíritu devoto lo que bondadosamente has revelado para expiar nuestros excesos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO – 16 DE MARZO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la Ilustrísima Virgen Santa Catalina, que, amparada con la esperanza de vuestro infinito poder, se libró de repetidas asechanzas en que hubiera peligrado su castidad a no ser socorrida de vuestro poderoso patrocinio: suplícoos, Jesús mío, por la esperanza firme de vuestra amada Esposa, que me concedáis una firmísima esperanza que me asegure en todos mis peligros, especialmente en los de mi alma, y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro y bien de mi alma. Amén.
  
Tres Padre nuestros y tres Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA TERCERO – 17 DE MARZO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la Ilustrísima Virgen Santa Catalina; cuyo amor a vuestra Majestad fue tan ardiente que la hizo dejar los regalos de su palacio y Esposo, por buscar trabajos con que mostrar lo mucho que os amaba: Suplícoos, Jesús mío, por el ardentísimo amor de vuestra amada Esposa, que me concedáis un amor a vuestra Majestad, no solo de afectos y palabras, sino también probado con obras y trabajos por vuestro amor; y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro y bien de mi alma. Amén.
  
Tres Padre nuestros y tres Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA CUARTO – 18 DE MARZO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la Ilustrísima Virgen Santa Catalina, a quien disteis una Caridad tan compasiva con los pobres enfermos, que iba a los Hospitales a servirlos, curarlos y regalarlos, manejando sus llagas podridas como si fueran rosas: Suplícoos, Jesús mío, por la compasiva Caridad de vuestra amada Esposa, que me concedáis una Caridad semejante para con mi Prójimo, especialmente pobres y enfermos; y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloría de Dios, honor vuestro, y bien de mi alma. Amén.
  
Tres Padre nuestros y tres Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA QUINTO – 19 DE MARZO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la ilustrísima Virgen Santa Catalina; la cual, siendo rica, se hizo pobre por Vos, vistiéndose con ropas groseras, viejas y remendadas, y teniendo por lecho un jergoncillo de paja: Suplícoos, Jesús mío, por la santa pobreza de vuestra amada Esposa, que me concedáis la gracia de ser pobre por vuestro amor, gozándome de la pobreza de mi estado en vestido, comida y cama; y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloría de Dios, honor vuestro, y bien de mi alma. Amén.
  
Tres Padre nuestros y tres Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA SEXTO – 20 DE MARZO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la Ilustrísima Virgen Santa Catalina, que conservó su virginal pureza entre los muchos riesgos en que la puso la persecución lasciva de hombres perdidos, y con mayor asombro aun entre los halagos lícitos del estado conyugal: Suplícoos, Jesús mío, por la celestial pureza de vuestra amada Esposa, que me concedáis la castidad purísima que me pide mi estado a pesar de todas las asechanzas de los espíritus impuros, y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro, y bien de mi alma. Amén.
  
Tres Padre nuestros y tres Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO – 21 DE MARZO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la Ilustrísima Virgen Santa Catalina, a quien adornasteis de una singular Obediencia a su Madre cuando niña; a su Esposo Edgardo, cuando casada; a sus Superiores, cuando Religiosa; y a Dios en todas las inspiraciones de cosas muy arduas: Suplícoos, Jesús mío, por la rendida Obediencia de vuestra amada Esposa, que me concedáis una Obediencia humilde a todos mis Superiores en todos los estados de mi vida, y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro, y bien de mi alma. Amén.
  
Tres Padre nuestros y tres Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA OCTAVO – 22 DE MARZO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la Ilustrísima Virgen Santa Catalina, que se gozaba de ser tenida en poco, depreciada como gran pecadora, y de ejercitar oficios humildes en los Hospitales sirviendo a los más desvalidos: Suplicoos, Jesús mío, por la profunda humildad de vuestra amada Esposa, que me concedáis una humildad verdadera, que no contenta con palabras y deseos, se abrace con los desprecios y humillaciones, y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Días, honor vuestro y bien de mi alma. Amén.
  
Tres Padre nuestros y tres Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA NOVENO – 23 DE MARZO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la Ilustrísima Virgen Santa Catalina, que tuvo la dicha de tener por Madre a vuestra Madre Santísima, a cuyo obsequio se consagraba todos los días con afecto de verdadera hija: Suplícoos, Jesús mío, por el filial amor de vuestra amada Esposa a vuestra Purísima Madre, que me concedáis una devoción tierna y obsequiosa a vuestra Madre Santísima, y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, honor vuestro, y bien de mi alma. Amén.
  
Tres Padre nuestros y tres Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

viernes, 24 de marzo de 2023

SANTA CATALINA DE SUECIA, HIJA DE SANTA BRÍGIDA


En Suecia, hoy día, no sólo son luteranos casi todos sus habitantes, sino que también la cultura y la vida llevan impreso el sello del protestantismo; los católicos representan sólo una exigua minoría. Sin embargo, el país de Gustavo Adolfo ha pertenecido a la Iglesia romana durante seis siglos (del X al XVI) y en aquella época produjo admirables frutos de fe, de devoción y de santidad.
   
Santa Catalina de Suecia, llamada también Santa Catalina de Vadstena, nació hacia 1331, de padres nobles y cristianos. Era la cuarta entre los ocho hijos del príncipe Ulf Gudinarsson y de su esposa Birgitta Birgesdotter, que no es otra que Santa Brígida, cuya festividad celebra la Iglesia el día 9 de octubre. De niña fue confiada para su educación a la abadesa del monasterio cisterciense de Riseberga. Por decisión paterna se casó a los dieciséis años con el linajudo y virtuoso conde Egard Lydersson van Kyren. De común acuerdo, los dos esposos decidieron vivir en virginidad a imitación de la Santísima Virgen y San José, y entregados a la plegaria, los ayunos y las obras de caridad. El hermano mayor de Santa Catalina, Carlos, príncipe ligero y mundano, hizo todo lo posible por apartar a su hermana de esta vida de perfección, mas en vano; en cambio, Santa Catalina, con sus exhortaciones y su ejemplo, consiguió que su cuñada Gyda, la esposa de Carlos, renunciara a la vida lujosa y disipada que llevaba.
   
La madre de Santa Catalina, Santa Brígida, después de la muerte de su marido se encontraba en Roma. A Santa Catalina le entró un ardiente deseo de ir a reunirse con su madre. Con permiso de su marido (pese a los intentos de su hermano Carlos para que no se lo concediera), Santa Catalina emprendió el largo viaje a Roma en el año santo de 1350. Cuando en el verano de dicho año Santa Catalina llegó a la Ciudad Eterna, su madre estaba fuera de Roma; sólo después de algunos días, y gracias a haberse encontrado de manera providencial en la iglesia de San Pedro con el obispo Pedro de Skänninge, uno de los acompañantes de Santa Brígida, pudo ir a reunirse con ésta, que se encontraba en el monasterio de Farfa, en el Lacio.
   
Después de haber pasado junto a su madre unas semanas en Roma, disponíase Santa Catalina a regresar a Suecia. Santa Brígida, entre tanto, había tenido una revelación divina: que era precisamente su hija la compañera y colaboradora que Dios le había designado para dar cima a la obra que traía entre manos, es decir, para la fundación de la Orden del Santísimo Salvador. Santa Brígida le preguntó entonces a su hija si estaba dispuesta a pasar por Jesucristo penas y contrariedades; Santa Catalina le contestó afirmativamente, añadiendo que estaba dispuesta a seguir la voluntad divina, aunque para ello tuviera que dejar, no sólo su patria, amigos y parientes, sino a su mismo marido, a quien —son sus palabras— amaba más que a su propio cuerpo. Poco después Santa Brígida tuvo otra revelación: que su yerno, el conde Egard Lydersson van Kyren, había fallecido en su castillo de Suecia.
   
Santa Catalina entonces fue invadida por una gran depresión de ánimo; en medio de su tristeza sentía un gran amargor y desaliento, viéndose obligada a permanecer en casa mientras su madre y sus acompañantes visitaban las iglesias romanas para ganar indulgencias. Apareciósele entonces la Virgen María, ordenándole la obediencia a su madre y a su director espiritual, y que abandonase la nostalgia de su tierra y amistades; al mismo tiempo, la Santísima Virgen le prometía su poderosa protección si permanecía junto a su madre. Santa Catalina así lo hizo.
   
En Roma vivían Santa Catalina y su madre en la más estrecha pobreza voluntaria, ganándose el sustento con el trabajo de sus manos, visitando las iglesias, dedicándose a rudas penitencias y ayunos sin abandonar por ello los ejercicios de piedad, especialmente la meditación en la Pasión del Señor, y practicando la caridad: repartían limosnas a los menesterosos y enseñaban la doctrina cristiana a los pobres extranjeros. En medio de esta vida de santificación y mortificación, los biógrafos nos cuentan un hecho por el que se pone de relieve la ternura filial de Santa Catalina. Ella y su madre dormían siempre sobre el santo suelo; pero cuando Santa Brígida se había dormido, su hija procuraba poner una almohada bajo la cabeza de su madre.
   
Santa Catalina era joven y hermosa, y ambas cosas iban a acarrearle una serie de dificultades por parte de los numerosos pretendientes que surgieron entre los nobles romanos. Ella había confiado a San Sebastián la salvaguardia de su virginidad, y precisamente un día en que iba a la iglesia de este Santo, salió a su encuentro un conde con intención de raptarla: la aparición inesperada de un gamo, al que sin más pensar intentó darle caza, distrajo al raptor. Este mismo conde intentó repetir su fechoría otro día en que la Santa se dirigía a la iglesia de San Lorenzo extramuros: en esta ocasión fue víctima de una ceguera repentina de la que curó después sólo gracias a las plegarias de Santa Catalina. Un día, desesperada ya, quiso estropear la belleza de su rostro por medio de un ungüento repugnante y venenoso. Cuando, oculta en el jardín de la casa romana en que vivía con su madre, iba a poner en obra su intención, le cayó sobre la cabeza una piedra de la pared hiriéndola gravemente. Dios, que la había creado tan hermosa, no permitió que su belleza fuera destruida. Pero Santa Catalina hubo de permanecer encerrada en casa hasta curarse, mientras su madre y sus amigos iban a visitar las iglesias: era una prueba más para la Santa, pero también uno de los medios de que se valía el Señor para su santificación.
   
Santa Catalina y su madre realizaban peregrinaciones por Italia con el fin de visitar los más famosos santuarios, estos viajes en aquellos tiempos no estaban exentos de peligros. Por ejemplo, encontrándose en Asís para visitar la iglesia de San Francisco, fueron atacadas por una partida de bandidos, de los que milagrosamente consiguieron huir. También, juntamente con su madre, hizo Santa Catalina la peregrinación a Tierra Santa.
   
Poco después de haber regresado a la Ciudad Eterna, Santa Brígida, que ya se había sentido enferma en Jerusalén, fallecía en 1373, siendo enterrada provisionalmente en la iglesia de San Lorenzo in panisperna. Algún tiempo después, Santa Catalina, en compañía de su hermano Birger Ulfsson y sus amigos y compatriotas los obispos Pedro de Skänninge y Pedro de Alvastra, trasladaron a su tierra los restos mortales de Santa Brígida. A su paso por los diversos países de Europa, el fúnebre cortejo iba cumpliendo una verdadera actividad misionera: Santa Catalina dirigía a los pecadores saludables instrucciones, procuraba con sus hechos y palabras inspirar por doquier el santo temor de Dios, y al mismo tiempo daba a conocer las predicciones y revelaciones de su santa madre. Después de haber atravesado toda Europa, embarcaron en Danzig para Suecia, adonde llegaron, tocando tierra en Söderköping, a mediados de junio de 1374. El paso de los restos mortales de Santa Brígida a través de Suecia fue una procesión triunfal: los milagros florecían a su paso y las gentes acudían de todas partes a oír los sermones de Pedro de Alvastra. Santa Brígida fue enterrada en Vadstena el 4 de julio de aquel año con gran solemnidad.
   
Después de haber enterrado a su madre, Santa Catalina se encierra en el monasterio de Vadstena, pintorescamente situado a orillas del gran lago Vättern, viviendo bajo la Regla que durante nada menos que veinticinco años había practicado en Roma junto a su madre. Poco tiempo después, y a pesar de no ser ése su deseo, Santa Catalina era elegida abadesa, pero tampoco ahora iba a poder disfrutar de una existencia tranquila: el constante peregrinar era el sino de su vida. En efecto, en 1375 emprende de nuevo el largo y, en aquel tiempo, dificultosísimo viaje a Roma, esta vez con una doble finalidad: poner en marcha y activar el proceso de canonización de Santa Brígida, y conseguir del Papa la aprobación de la Orden del Santísimo Salvador. En esta ocasión Santa Catalina permaneció en Roma cinco años. La canonización de su madre se vio retrasada por el cisma de Occidente, que entonces desgarraba a la catolicidad: Santa Brígida fue elevada a los altares por el pana Bonifacio IX en 1401, mas esto ya no alcanzó a verlo Santa Catalina; en cambio, consiguió del sumo pontífice Urbano VI la constitución apostólica de 3 de diciembre de 1378, por la que se aprobaba la Orden del Santísimo Salvador y al mismo tiempo se concedían a Vadstena las mismas indulgencias que las que podían lucir los peregrinos que visitaban la iglesia romana de San Pedro ad vincula.
   
En 1380 Santa Catalina estaba otra vez en su amado retiro de Vadstena, donde murió el 24 de marzo de 1381, después de nueve meses de penosa enfermedad, contra la cual no quiso tomar ninguna clase de medicinas, y en cuyo largo desarrollo dio numerosos ejemplos de humildad, mortificación y paciencia. Santa Catalina recibía a diario, durante los últimos veinticinco años de su vida, el sacramento de la penitencia, y lo mismo continuó haciendo en su última enfermedad; pero a causa de los vómitos de que iba acompañada la dolencia, se veía privada de la comunión dominical (pues la costumbre de comulgar a diario no existía en la Edad Media), si bien pudo recibir la comunión antes de morir.
   
El final de su vida no fue el final de su influencia. Apenas había exhalado la Santa el último suspiro, se vieron sobre su cuerpo luces que lo iluminaban maravillosamente, y durante varios días estuvo luciendo una brillante estrella sobre la casa donde estaban sus restos mortales, y en su entierro aparecieron innumerables luces delante y detrás del sarcófago, pero quienes las trajeron no se mostraron visibles, De esta manera, en los funerales de Santa Catalina, solemnemente celebrados por el arzobispo Birgen de Upsala y por los obispos Nicolás de Linköping (después también elevado a los altares) y Tord de Strägnäs, y honrados por la asistencia del príncipe Erik, hijo del rey de Suecia, así como por los más importantes personajes del reino, se dio un hecho milagroso que fue como la coronación de los muchos milagros de la vida de la Santa, continuados después de su muerte.
   
En efecto, se nos dice en su Vida que ya al nacer no quiso mamar la leche de su nodriza, que era una mujer de vida mundana, mientras tomaba muy bien el pecho de su madre y de otras mujeres honestas.
   
En una ocasión salvó a Roma de una inundación que se presentaba devastadora: las aguas del Tíber se retiraron milagrosamente al meter en ella los pies Santa Catalina.
   
Estando también la Santa en Roma, cayó enferma la hermana de uno de sus conocidos, llamado don Latino; esta mujer había llevado una vida pecadora, y ahora, a pesar de estar enferma de muerte, no quería arrepentirse ni confesarse. Santa, Catalina se postra de rodillas ante su lecho y pide a Dios que conmueva el duro corazón de la pecadora. De pronto, empieza a subir gran cantidad de humo desde el río, Desencadenándose al mismo tiempo un violento huracán y una gran tormenta; todo lo cual produjo el efecto de ablandar el corazón de aquella mujer, que acabó haciendo una humilde confesión que le permitió tener una muerte cristiana.
   
En Nápoles rogó Santa Catalina por una posesa, con el resultado de que el espíritu inmundo abandonó a la mujer.
   
Viajando por Prusia Santa Catalina, uno de sus criados se cayó del coche, pasándole por encima las ruedas del mismo y resultando gravemente herido; pero gracias a las plegarias de la Santa sanó en el acto.
   
En Vadstena sanó también a un hermano lego que se hirió gravemente al caerse de un lugar elevado.
   
También curó a una muchacha tullida, llamada Cristina Persdotter, que fue luego monja de Vadstena.
   
En Vadstena los piojos no aparecían nunca, y el hecho se creía allí un milagro de la Santa. Un hombre incrédulo, llamado Clemente, no quiso dar crédito a esto, y entonces se vio acometido por los piojos de una manera tan furiosa que no pudo verse libre de ellos sino después de rezar devotamente a Santa Catalina para que le librase de tan inmundos animalejos.
   
Después de su muerte, y el mismo día en que años más tarde se sacaban sus restos para cambiarlos de sitio, hizo otro milagro. Un muchacho de Mjölby, ciudad sueca hoy día populosa, se cayó en la presa de un molino; pero salió sano y salvo merced a la ayuda de una mujer vestida de blanco, que no era otra que Santa Catalina.
   
También Santa Catalina, como su madre, tuvo el don de las revelaciones y predicciones. Predijo, por ejemplo, la muerte en Noruega del rey de Suecia Magnus Eriksson en 1374, muerte que fue comprobada seis semanas más tarde, al regresar a Suecia los servidores que acompañaban al rey.
   
Otros numerosísimos milagros hechos por Santa Catalina, son enumerados por sus biógrafos y certificados con fidedignos testimonios en el proceso de canonización. El proceso fue iniciado por el obispo Enrique Tidemansson de Linköping en 1469 y después proseguido en Roma: pocos años más tarde, en 1484, el papa Inocencio VIII permitía festejar la festividad de Santa Catalina como una segunda fundadora de los monasterios brigidinos.
   
Y no sin razón. Pues si bien fue Santa Brígida la autora de la Regla de la Orden y su comentarista, fue su hija quien de veras la puso en práctica en Vadstena, organizando conforme a ella el primer monasterio, y quien trabajó lo indecible hasta verla canónicamente aprobada. Efectivamente, la gran obra de Santa Catalina fue dejar asegurada la fundación de la Orden del Santísimo Salvador (Ordo Sanctissimi Salvatoris), de monjas y frailes, bajo la jurisdicción de la abadesa de Vadstena. Su finalidad principal era y sigue siendo alabar al Señor y a la Santísima Virgen según la liturgia de la Iglesia, ofrecer reparación por las ofensas cometidas contra la majestad divina y llevar, en la oración y la meditación (sobre todo en la meditación de la Pasión del Señor), una vida perfecta para el honor de Dios y la salvación de las almas. La Orden llevó también a cabo, sobre todo al final de la Edad Media, una brillante obra cultural: los brigidinos tradujeron la Biblia a los idiomas escandinavos, y los monjes de Vadstena tuvieron la primera imprenta de Suecia. En el siglo XVI, una dama española, Marina de Escobar, da impulso a la rama española de la Orden, que perdura en España y en Méjico. En Europa, por el contrario, la Orden sufrió mucho a consecuencia de la Reforma, primero, y de la Revolución Francesa, después, si bien sobrevivió en el monasterio bávaro de Altomünster.
   
Pero la actividad exterior de Santa Catalina, de fundadora tenaz y de incansable peregrina, cuya influencia se dejaba sentir incluso en la corte de los Papas, no era otra cosa que la manifestación de un alma ardiente llena de fe, de piedad y de fortaleza. Su figura se nos presenta en su juventud llena de encanto, lo mismo que resulta atractiva su figura de joven virgen y viuda decidida a llevar en Roma, mediante la obediencia y la oración, una vida nada común de gran humildad y pobreza. Y más todavía, si cabe, nos admira la nueva Catalina que sale a luz después de la muerte de Santa Brígida: la hija devota y decidida, que sin regatear esfuerzos traslada de Roma a Vadstena, el cuerpo de su santa y admirada madre; la organizadora vigorosa y resuelta que dirige la suerte de Vadstena durante los primeros y más difíciles años de la fundación, que viaja a Roma y remueve incesantemente los estorbos que a su actividad se oponen; que lucha y vence; que nos da ejemplo de superación de la dureza de esta vida. Sin duda todo, porque hizo de la meditación en la pasión del Señor, el centro de su vida, y porque, como dice una secuencia medieval de la Santa: «Con alegría abrazó voluntariamente la cruz del Señor».
   
Para terminar diremos que la Orden del Santísimo Salvador, cuya fundación definitiva en la Edad Media fue la gran obra de Santa Catalina, ha sido restaurada en nuestros días, e incluso ha sido construido un nuevo monasterio en Vadstena, a la sombra misma de la famosa «Iglesia Azul» (Blakyrka), la primera de la Orden, gracias a los infatigables desvelos de otra tenaz mujer sueca, la madre Isabel Hesselblad, fallecida en 1957. En Suecia, su amada tierra, y en otros países, las hermanas brigidinas continúan caminando sobre las huellas de las santas fundadoras. El espíritu de Santa Catalina no ha muerto.

VIRGILIO BEJARANO SÁNCHEZ (Año Cristiano, Tomo I. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966).
  
ORACIÓN
Oh Dios, que adornas a tu Iglesia con los ilustres méritos de la bienaventurada virgen Santa Catalina, y la alegras con gloriosos milagros: concédenos a nosotros tus siervos, que seamos reformados para mejor con sus ejemplos, y que por su patrocinio seamos protegidos de toda adversidad. Por J. C. N. S. Amén.

martes, 29 de septiembre de 2020

NOVENA EN HONOR A SANTA BRÍGIDA DE SUECIA

Novena compuesta por un devoto de la santa y publicada originalmente en Cádiz en 1742, con licencia eclesiástica. Los Gozos son tradicionales, sin autor ni fecha conocidos.
   
NOVENA A LA ESCLARECIDA SANTA BRÍGIDA, MADRE Y FUNDADORA DE LOS RELIGIOSOS Y RELIGIOSAS DE SAN SALVADOR



Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mio, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Gloriosa princesa y Madre Santa Brígida, modelo perfectísimo de todas las mujeres en los estados de virgen, casada, viuda y religiosa; si es para mayor gloria de Dios y de mi alma que yo consiga lo que deseo y pido en esta Novena, alcanzadme de vuestro Divino Esposo esta gracia, sino, dirigid mi petición y pedid para mí a Dios aquello que mas convenga para gloria suya, honor vuestro y provecho de mi alma. Amén.
   
DÍA PRIMERO – 29 DE SEPTIEMBRE
FE DE SANTA BRÍGIDA.
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la gloriosa princesa y Madre Santa Brigida, que fue ilustrada desde sus tiernos años con una fe vivísima en los misterios que debemos creer y os sirvió de celestial oráculo, por donde inspirabais muchos misterios y verdades de nuestra santa fe a los Reyes, Obispos y Sumos Pontífices: suplícoos, Jesús mío, por la esclarecida fe de esta nobilísima esposa vuestra, me concedáis una fe viva, que gobierne todas las acciones de mi espíritu y la gracia que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma, Amén.
  
Se rezará después tres Padre nuestros y Ave Marías en reverencia a la Santísima Trinidad, de quien fue la Santa devotísima y de quien recibió singulares favores.
   
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Con el corazón lleno de confianza, recurrimos a vos, gloriosa Santa Brígida, para implorar, en estos tiempos de tinieblas y de incredulidad, vuestra intercesión en favor de que aquellos que se hallan separados de la Iglesia de Jesucristo. Por aquel conocimiento tan claro que tuvisteis de los crueles padecimientos de Nuestro Salvador Crucificado, precio de nuestra redención, os suplicamos que obtengáis la gracia de la fe a los que están fuera del único redil a fin de que las ovejas dispersas puedan volver al único verdadero Pastor. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
 
Santa Brígida, intrépida en el servicio de Dios, rogad por nosotros.
Santa Brígida, admirable en el amor de Jesús y María, rogad por nosotros.
Un Padre nuestro, Ave María y Gloria.
 
GOZOS
 
Pues os miráis rodeada
De goces celestiales:
Brígida, en vos los mortales
Hallemos firme abogada.
   
Desde el vientre maternal
Ya una maravilla rara
Al universo declara
Vuestra virtud especial;
Pues de un naufragio fatal
La madre es por vos salvada.
Brígida, en vos los mortales
Hallemos firme abogada.
     
Desde vuestros tiernos años
Tanto en santidad crecéis,
Que de Jesús merecéis
Favores ya muy extraños,
Y del mundo los engaños
Huís por Él avisada.
Brígida, en vos los mortales
Hallemos firme abogada.
       
En una aparición
Llagado se os presentó,
Y tan honda se os grabó
Su vista en el corazón,
Que por ninguna afición
De él llegó a ser borrada.
Brígida, en vos los mortales
Hallemos firme abogada.
       
Al príncipe de Nericia,
De Suecia princesa hermosa,
Sois vos dada por esposa,
Y vuestra santa pericia
De él e hijos una milicia
De santos vio bien formada.
Brígida, en vos los mortales
Hallemos firme abogada.
       
Cuando en el Císter murió
Monje santo vuestro esposo,
Jesús con lazo amoroso
Dulcemente os cautivó;
Fundadora os eligió
De una orden muy celebrada.
Brígida, en vos los mortales
Hallemos firme abogada.
      
Estando en oración
Cristo os viene a visitar,
Y se os digna revelar
Lo amargo de su Pasión;
De tanta revelación
Una obra dejáis formada.
Brígida, en vos los mortales
Hallemos firme abogada.
       
Siendo tal vuestra inocencia
Que no conocéis el vicio,
Ceñís un duro cilicio
Y hacéis mucha penitencia;
De enfermedad la inclemencia
Cual oro os deja probada.
Brígida, en vos los mortales
Hallemos firme abogada.
       
La Palestina y a Roma
Con gran fervor visitáis,
Y por doquier exhaláis
De virtud precioso aroma;
La que aun creces toma
Cuando huís el ser honrada.
Brígida, en vos los mortales
Hallemos firme abogada.
       
Del Cielo a la posesión
Jesucristo os convidó;
Roma vuestro cuerpo honró
Con singular devoción;
Y Suecia su traslación
Logró ver verificada.
Brígida, en vos los mortales
Hallemos firme abogada.
       
Haced, oh Santa gloriosa,
Que la Iglesia que os venera
De tanta chusma altanera
Que la ataca furiosa,
Quedando victoriosa
Sea por fin libertada.
Brígida, en vos los mortales
Hallemos firme abogada.
       
Pues del Señor sois premiada
Con luces celestiales:
Sed, Brígida, a los mortales
Continua y fiel abogada.
   
℣. La gracia fue difundida en tus labios.
℟. Porque Dios te bendijo eternamente.
   
ORACIÓN
Señor Dios nuestro, que por medio de tu Hijo unigénito revelaste a Santa Brígida los secretos celestiales, danos por su piadosa intercesión a nosotros tus siervos, gozar dichosos de la revelación sempiterna de tu gloria. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
DÍA SEGUNDO – 30 DE SEPTIEMBRE
Por la Señal,...
Acto de contrición y Oración inicial.
   
ESPERANZA DE SANTA BRÍGIDA.
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la gloriosa Princesa Madre Santa Brígida, que abrazada con una firmísima esperanza emprendió largas peregrinaciones por mar y tierra, entre trabajos y riesgos de la vida, insoportables a otro espíritu menos gigante o que no estuviese animado de la heroica esperanza en un Dios omnipotente; suplícoos, Jesús mío, por la esperanza de esta amabilísima esposa vuestra, me concedáis una esperanza cierta de vencer cuantos trabajos y molestias puedan retar mi perfección y salvación eterna y la gracia que os pido, en esta novena, si es para mayor gracia de Dios y bien de mi alma. Amén.
     
Rezar tres Padre nuestros y Ave Marías en reverencia a la Santísima Trinidad. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
   
DÍA TERCERO – 1 DE OCTUBRE
Por la Señal,...
Acto de contrición y Oración inicial.
   
AMOR A DIOS DE SANTA BRÍGIDA.
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la gloriosa Princesa Madre Santa Brígida, que vivió tan abrasada en los incendios de Vuestro amor, sin otro abrigo resistía los rigurosos fríos de Suecia, de suerte que no causaba en su penitente y delicado cuerpo las destempladas impresiones de aquel helado clima: suplícoos, Jesús mío me concedais, por el amor de esta nobilísima Esposa vuestra, un amor a vuestra Majestad, tan inflamado que abrase mi espíritu y penetre todo mi corazón, de suerte que no puedan enfriarla las destempladas miserias del mundo y me sirva contra la frialdad de mis culpas y tibiezas, como también la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gracia de Dios y bien de mi alma. Amén.
        
Rezar tres Padre nuestros y Ave Marías en reverencia a la Santísima Trinidad. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
   
DÍA CUARTO – 2 DE OCTUBRE
Por la Señal,...
Acto de contrición y Oración inicial.
   
AMOR AL PRÓJIMO DE SANTA BRÍGIDA.
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la gloriosa Princesa Madre Santa Brígida, cuyo ardiente amor al prójimo y celo de la salvación de las almas muestran los innumerables trabajos que padeció, los cuidados que empleó con cuantos podía contribuir a este santo fin y la orden Santísima que fundó para formar en ella varones Apostólicos y mujeres que aspirasen a ser espíritus seráficos: suplícoos, Jesús mío, me concedaís, por este ardiente celo de vuestra Nobilísima Esposa, un amor a mi prójimo tan perfecto, que procure la savación de todos con mis oraciones, solicitud y ejemplo y también la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gracia de Dios y bien de mi alma. Amén.
     
Rezar tres Padre nuestros y Ave Marías en reverencia a la Santísima Trinidad. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.

DÍA QUINTO – 3 DE OCTUBRE
Por la Señal,...
Acto de contrición y Oración inicial.
   
PACIENCIA DE SANTA BRÍGIDA.
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la gloriosa Princesa Madre Santa Brígida, a quien adornásteis con una paciencia invicta en los muchos trabajos a que la expuso la variedad de estados en que la quiso perfectísimo ejemplar vuestra Providencia, ya que la guió, siendo ya religiosa, vuestro Soberano Espíritu, inspirado las prolijas peregrinaciones y negocios arduos sobre el estado y sexo de una mujer: suplícoos, Jesús mío, por la invencible paciencia de esta nobilísima Esposa vuesta, una paciencia constante, que me fortalezca en las penalidades de esta vida y combates interiores de mi espíritu y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gracia de Dios y bien de mi alma. Amén.
     
Rezar tres Padre nuestros y Ave Marías en reverencia a la Santísima Trinidad. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.

DÍA SEXTO – 4 DE OCTUBRE
Por la Señal,...
Acto de contrición y Oración inicial.
   
HUMILDAD DE SANTA BRÍGIDA.
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la gloriosa Princesa Madre Santa Brígida, que aun entre las grandezas de su palacio se humillaba y abatía hasta los pies de los pobres, lavándoselos y besándoselos con profundísima humildad, después de haberles servido la comida que les preparaba como si fuese esclava de los mendigos más desvalidos: suplícoos, Jesús mío, me concedáis, por la humildad de esta nobilísima Esposa Vuestra, una humildad sólida y sincera, que me haga practicar los oficios humildes de mi estado y más propios de verdadero siervo de Jesucristo y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gracia de Dios y bien de mi alma. Amén.
     
Rezar tres Padre nuestros y Ave Marías en reverencia a la Santísima Trinidad. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.

DÍA SÉPTIMO – 5 DE OCTUBRE
Por la Señal,...
Acto de contrición y Oración inicial.
   
ORACIÓN DE SANTA BRÍGIDA.
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la gloriosa Princesa y Madre Santa Brígida a quien favorecisteis con el don de una oración altísima desde los años de su discreción tierna por todos los estados de su vida, y en los últimos de viuda la elevaste a una contemplación sublime, en que descubrió maravillosos secretos, con portentosas revelaciones, aprobadas para mayor seguridad por los Concilios de Constanza y de Basilea: suplícoos, Jesús mío, me concedáis, por esta perfecta oración de vuestra nobilísima Esposa, el don de una oración perfecta en aquel grado que me conviene para mi salvación eterna, y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gracia de Dios y bien de mi alma. Amén.
     
Rezar tres Padre nuestros y Ave Marías en reverencia a la Santísima Trinidad. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.

DÍA OCTAVO – 6 DE OCTUBRE
Por la Señal,...
Acto de contrición y Oración inicial.
   
PENITENCIA DE SANTA BRÍGIDA.
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la gloriosa Princesa Madre Santa Brígida, que con asombro pocas veces visto en los palacios, ejercitó entre las delicias que lisonjean y halagan la de delicadeza de una princesa ilustre, los rigores de las penitencias más asperas que se admiran en los anacoretas de los desiertos y siendo Madre de las Religiosas, sirvió, con sus mortificaciones, de admiración y ejemplo a sus hijas: suplícoos, Jesús mío, me concedáis por la rigurosa penitencia de esta nobílisima Esposa Vuestra, que yo trate mi cuerpo con los rigores que merecen mis culpas, sin excusarme con el pretexto de la edad, estado, sexo o delicadeza y la gracia que os pido en esta Novena, si es para mayor gracia de Dios y bien de mi alma. Amén.
     
Rezar tres Padre nuestros y Ave Marías en reverencia a la Santísima Trinidad. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.

DÍA NOVENO – 7 DE OCTUBRE
Por la Señal,...
Acto de contrición y Oración inicial.
   
DEVOCIÓN A MARÍA SANTÍSIMA DE SANTA BRÍGIDA.
Jesús mío dulcísimo, Esposo Divino de la gloriosa Princesa Madre Santa Brígida, que siendo niña mereció ver a vuestra Santísima Madre, que vestida de gloria, la llamaba y le ofrecía la celestial corona que en la mano llevaba y en fin le hacia el inestimable favor de coronarla con ella y después, en el resto de su vida, recibió frecuentes visitas y singulares regalos de esta benignísima Madre de almas puras: suplícoos, Jesús Mío, me concedaís, por la fervorosa devoción de esta nobilísima esposa vuestra, a vuestra Santísima Madre, que yo sea tan verdadero y sólidamente devoto de Nuestra Madre Purísima, que merezca ser coronada por su Majestad en el cielo con la inmortal corona de la gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.
     
Rezar tres Padre nuestros y Ave Marías en reverencia a la Santísima Trinidad. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.

martes, 3 de marzo de 2020

MES DE MARZO EN HONOR A SAN JOSÉ - DÍA TERCERO

PREPARACIÓN PARA CONSAGRARSE COMO ESCLAVO DE CONFIANZA AL CASTO CORAZÓN DE SAN JOSÉ
   
La verdadera devoción a San José consiste esencialmente en la confianza ilimitada en la intercesión de este Santo Varón, en la imitación de sus virtudes y en el amor filial que se le profese. Ser su devoto quiere decir tratar de amar al Padre Celestial como él lo hizo; y poner la vida, los bienes y todos los actos del día bajo su paternal patrocinio.
  
Los que quieran ser fieles devotos del Padre Protector de la Iglesia, y verdaderos servidores de su culto, deben consagrarse a él como sus esclavos. Pero como se ama lo que se conoce, es fundamental para esta alianza admirarse con su vida a través de la Vida y Mes del glorioso patriarca San José que escribiera el Padre Antonio Casimiro Magnat, incluido a continuación.
   
La esclavitud del santo exige recitar una fórmula que indica la dedicación de la vida entera al servicio de su piedad. Significa alabar al benditísimo Patriarca desde que aparece la primera luz del día hasta que se va al lecho, para lo cual, también el último día de este mes, entregaremos una pequeño Devocionario Josefino con las oraciones del cristiano al amparo de San José.
   
Quienes deseen manifestarse como verdaderos devotos del Castísimo Esposo de Nuestra Santa Madre, deben luchar por ser almas de oración que frecuenten los sacramentos, amantes del silencio, la pureza, modestia y humildad, tener una encendida caridad y una vida que se realice en la laboriosidad y el ocultamiento. Y para alcanzar tan altas aspiraciones, es que a él recurriremos diciendo cada día en el Acordaos: “que nunca se ha oído decir que ninguno de los que ha invocado vuestra protección o implorado vuestros auxilios, hayan quedado sin consuelo”.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
¡Oh, Dios Omnipotente!, arrepentido por las muchas culpas que he cometido contra vuestra divina majestad, vengo a solicitar de vuestra misericordia infinita generoso perdón. Por la valiosa intercesión del Santísimo Patriarca Señor San José os suplico humildemente que me concedáis nuevas gracias para serviros y amaros, a fin de que después de haber combatido denodadamente en esta vida, tenga la dicha de alcanzar el galardón eterno a la hora de la muerte. Así sea.
   
DÍA TERCERO — 3 DE MARZO
  
CATECISMO DE SAN JOSÉ
4. ¿Qué significa el nombre de José?
Este augusto nombre, según san Anselmo y san Juan Damasceno, quiere decir en hebreo abundancia, fecundidad, y ambos significados convienen de tal modo a san José y se han cumplido en él de una manera tan admirable, que muchos padres de la Iglesia juzgan que fue el mismo Dios quien le dio este nombre bendito, y que inspirándole a sus padres, José quiere decir abundancia, y en efecto, bajo los auspicios de este santo Patriarca debía creer el Dios niño que debía venir a visitar la tierra estéril, herida con anatemas y a esparcir en ella la abundancia de sus gracias y liberalidades. José quiere también decir fecundidad, aumento, porque fue por el niño Dios relevado de la humillación y del olvido, y por consecuencia ante de los ángeles y los hombres apareció con un aumento de gloria y, de merecimientos.
   
El nombre de José encierra, pues, un compendio histórico de este santo Patriarca. Tenemos por consecuencia un poderoso motivo para que le supliquemos nos otorgue lo que su santo nombre significa. ¡Roguémosle, pues, que vea con lástima a nuestra alma pobre y estéril, y que para ella solicite el rocío celeste para que se enriquezca y se fecunde! ¡Supliquémosle que por sus cuidados el padre de familia logre una abundante cosecha y que no falten obreros para recogerla! ¡Pidámosle también que por su poderosa intercesión vea la santa Iglesia el aumento de su imperio y su dominación maternal, y que cuanto antes, por su abundancia de misericordia y por el rápido progreso de la sociedad cristiana, no haya más que un rebaño y un sólo pastor!
   
SAN JOSÉ, HONRADO POR LOS SANTOS
San José, por sus relaciones con Jesús y la parte que tuvo en el misterio de la Encarnación, es superior a los Ángeles y a los demás bienaventurados que se complacen en reverenciar al padre adoptivo de Jesús, al casto esposo de la Reina del cielo y de la tierra. Su incomparable grandeza fue representada por las once estrellas con el sol y la luna a sus pies, que vio el primer José en un sueño misterioso. Según los comentadores de la Sagrada Escritura, aquellas estrellas representaban los santos que brillan en el Cielo como astros y cuya claridad, dice el Apóstol, es proporcionada al mérito. Estas once estrellas figuraban los Apóstoles del acompañamiento de Jesucristo, a bien los nueve coros de los Ángeles con los santos del antiguo y nuevo Testamento, o todos los santos, cuyo número puede sólo conocer Dios, que llama las estrellas por su nombre. Todos los bienaventurados están sometidos a José desde que Jesús el divino Sol de justicia, y María, bella como la Luna le sirvieron y honraron durante treinta años.
   
Los más célebres doctores honraron y celebraron a porfía las sublimes prerogativas de este gran Patriarca: –San Agustin ha manifestado la excelencia de su unión con María; –San Juan Crisóstomo ensalzó las virtudes admirables que le hicieron ser escogido entre los hombres para padre adoptivo del Hijo único de Dios; –San Jerónimo ha defendido contra los heréticos su perpetua virginidad; –San Bernardo le ha asociado a los elogios tan patéticos y tan llenos de celestial suavidad que hace de María; –San Bernardino de Sienna ha exaltado en magníficas frases su ascensión gloriosa al Cielo en cuerpo y alma; –Santo Tomás de Aquino ha dicho las cosas más admirables sobre la eminencia de los títulos y gracias privilegiadas que le han sido concedidas; –Santa Brígida, cuyas revelaciones han sido aprobadas por la lglesia, nos ha dejado como procedente de María misma, un compendio magnífico de la vida de este santo Patriarca:
«José, le dice la santísima Vírgen, me consideraba como su soberana, y yo por mi parte llenaba respecto a él todos los deberes de la más humilde sierva.
  
En medio de estos servicios y cuidados mutuos nunca vi salir de sus labios una palabra ligera de murmuración de impaciencia. Sufría la pobreza con admirable resignación; en la necesidad, se entregaba sin descanso a los más rudos trabajos; se manifestaba lleno de dulzura y mansedumbre con los que le ofendían. Me servía con tanta fidelidad como cariño; era el fiel guardián de mi virginidad y el irrecusable testigo de las maravillas que Dios habia obrado en mí; estaba enteramente muerto para las afecciones de la carne y del mundo, y sólo suspiraba por el Cielo. Tenía una confianza tan firme en las promesas divinas, que muchas veces le oí exclamar: ¡Ah! si deseo vivir, sólo es por ver cumplida la voluntad divina. En efecto, todos sus designios, todos sus esfuerzos se reducían a hacer esta admirable voluntad, y por esto es tan grande la gloria de que está rodeado en el Cielo».
Pero ¿qué diremos de Santa Teresa, que tan poderosamente ha contribuido a extender la devoción a San José por todo el mundo, y que tan bellas páginas le consagró en sus inmortales escritos? Sus sentimientos por San José eran superiores a todo lo que se puede decir, así que, en lugar de describirlos, dejemos que los revele ella misma:
«Al verme paralítica de todos mis miembros tan joven aún, nos dice esta gran santa, y viendo que los médicos de la tierra me hacían más mal que bien, recurrí a los médicos del Cielo para obtener mi curación. Tomé por intercesor y abogado al glorioso San José cuyo poder adivinaba; me encomendé mucho a su caridad y no fue en vano. En esta ocasión y en otras muchas en que se trataba nada menos que de mi honor y mi salvación, su bondad sobrepujó a mis deseos y a mis esperanzas. Además, no recuerdo haberle pedido nunca nada sin haberlo obtenido; y cuando me pongo a reflexionar en todos los favores que Dios me ha hecho, de todos los riesgos de que me ha libertado por su intercesión, no puedo menos de admirar su poder. Si los demás Santos pueden también socorrernos en algunas de nuestras necesidades, sé por experiencia que José nos socorre en todas. Consiste esto en que Nuestro Señor que siempre le estuvo tan sumiso en este mundo, nada puede negar a sus súplicas. Todas las personas a quienes he aconsejado que se encomienden a él, han experimentado como yo su poderosa intercesión, así que le han consagrado una devoción tierna y confiada. Yo misma reconozco todos los días lo bueno que es acudir a él. Desde los primeros beneficios que se dignó concederme, nada he omitido de cuanto dependía de mí para procurar que se celebrara su fiesta de una manera solemne, que era lo menos que podía hacer para manifestar mi gratitud a sus beneficios. He aprovechado todas las ocasiones para hacer a los demás que participasen de mi devoción, tanto por honrar a este gran santo, cuanto por su bien. Mis esperanzas no han sido ilusorias, porque de todos los que me han creído, no he visto uno siquiera a quien no haya valido grandes progresos en la perfección».
Todo el mundo sabe el celo con que San Francisco de Sales se aplicaba a hacer que amasen y reverenciasen a San José todas las almas que dirigía. No tenía en su breviario más que una imagen, la de San José, y hablando cierto día a sus religiosas de la Visitación del padre adoptivo del Salvador, exclamaba:
«¡Oh! ¡cuán santo es el glorioso esposo de la santísima Vírgen; no es solo Patriarca, sino el corifeo de los Patriarcas; es más que confesor y aún más que mártir, por que la fidelidad de los unos y la generosidad de los otros, se encuentran en él en grado eminente! ¡qué santo puede comparársele en virginidad, en humildad y en constancia! ¿Quién puede dudar despues de esto de la influencia que goza en el reino de los cielos? Tengamos, pues, confianza en él, y recurramos a su poderosa intercesión».
Pero véase cómo este gran santo no se descuidaba en hacer lo que recomendaba a los demás, y cómo fue uno de los discípulos más adictos a este Santo Patriarca. Todo el mundo sabe en efecto, que dedicó su bello Tratado del amor de Dios, no solo a María sino a José su fiel esposo; que los dio por patronos a la iglesia del monasterio de Annecy; que ordenó que en todas las casas de la orden se celebrará solemnemente su fiesta; y por últímo, que prescribió atodos que le tuvieran una tierna devoción.
   
¿Pero qué diremos de los sentimientos del fundador de la compañía de Jesús respecto de este santo Patriarca? El precioso libro de sus Ejercicios es una especie de monumento para atestiguar su devoción y su confianza en este gran Santo. Sólo añadiremos un hecho referido en los anales de la Compañía de Jesús. San Ignacio tenía en su oratorio una imagen de San José; en presencia de este gran maestro de la vida interior le gustaba hacer oración y celebrar el santo sacrificio de la Misa; a los pies de este director por excelencia de las almas piadosas, depositaba por escrito sus dificultades más graves para obtener la solucion. Dirigido por él es como llegó a ser tan hábil en el discernimiento de los espíritus y en la direccion de las almas.
   
San Vicente de Paúl puede ser citado también como un perfecto servidor de San José. Tenía un gran placer en proponerle a sus sacerdotes como un modelo perfecto del sacerdocio. Dio por patrón a sus seminarios a este glorioso Patriarca, que después de haber tenido la dicha de educar él mismo al Hijo de Dios, ha obtenido una gracia particular para proteger a los que se preparan en la soledad al ejercicio del santo ministerio: Vicente felicitó al superior de su comunidad de Génova, que había recurrido a la intercesión del casto esposo de la Madre de Dios, para proporcionarse obreros llenos de un santo celo y capaces de cultivar y fecundar la viña del Señor, que estaba entonces cubierta de espinas y maleza. Le aconsejó dijera o hiciera durante seis meses la misa en honor de san José en la capilla que le estaba dedicada.

A estos ejemplos tan edificantes podríamos añadir un gran número de otros; podríamos hablar de la dicha y de la piedad con que San Alfonso Ligorio celebraba las alabanzas de San José; compuso una novena en honor suyo y le declaró patron de su instituto; solemnizaba todos los años su fiesta en sus diversas casas; le invocaba frecuentemente él mismo, y nunca comenzaba ningun escrito, carta, ni aun una simple nota sin poner a la cabeza las iniciales de Jesús, María y José. Unamos, pues, almas cristianas, nuestros respetos y nuestras alabanzas a los que la Iglesia militante y triunfante ha tributado al Santo Patriarca que Dios mismo ha elevado por encima de todos los Santos, y le ha hecho en el Cielo su primer ministro y distribuidor de sus gracias. 
  
COLOQUIO
EL ALMA: Prosternada al pie de vuestro altar, permitidme, ¡oh mi glorioso padre!, expresaros toda la satisfacción que acabo de experimentar al ver cuánto os han amado todos los justos, y en qué términos han hablado de vos. ¡Oh!, yo quisiera también hablar tan admirablemente de vos, de vuestras grandezas y méritos, pero ya que no puedo, quiero al manos amaros y haceros amar cuanto me sea posible.

SAN JOSÉ: Recibo con placer, hija mía, las promesas que me haces de amarme y de extender mi culto cuanto puedas. Estoy seguro de tu buena voluntad, ¿pero cumplirás tu promesa? ¡Oh!, quiero creer que sí; así que me apresuro a decirte que si la cumples, con fidelidad serás recompensada superabundantemente por las gracias y favores que obtendré para ti. Mucho deseo, hija mía, que mi culto se extienda cuanto sea posible, y esto por grandes razones; pero antes de exponértelas, déjame te diga algunas palabras sobre el culto que se debe a los Santos, y sobre las ventajas que los hombres pueden sacar en recompensa.
 
La Iglesia al colocar los Santos sobre los altares y proponerlos a la veneración de los fieles, ha obrado muy prudentemente y de un modo enteramente conforme con las intenciones de Dios y los más caros intereses de los hombres. ¿Cuál es, en efecto, hija mía, el fin de todos los cristianos en la tierra? Tú sabes que es el de dirigirse hacia su patria, hacia el Cielo; pero el camino del Cielo ya sabes que es penoso y difícil, puesto que está sembrado de espinas y abrojos; y es preciso ganarle, merecerle, y sólo los que reprimen le obtienen. Ahora bien, en medio de los riesgos y tropiezos que los hombres encuentran en el camino de la vida, ¿qué mejor estímulo que el ejemplo de los Santos? Puesto que los Santos han pasado en la tierra por las penas, aflicciones, sufrimientos y pruebas de todas clases, ¿cuál es el cristiano que se desaliente o que en algunos momentos de debilidad no tome nuevo ardor al ver que otros, más débiles tal vez que él, pasaron por el mismo camino y alcanzaron el fin? –¿Si lo han hecho los santos, por qué no lo haré yo mismo? –Puesto que ellos sufrieron sin quejarse, ¿por qué no he de sufrir yo con la misma resignacion? –Puesto que han vencido los mismos obstáculos que se oponen en mi camino, ¿por qué no he de superarlos yo tambien? –Puesto que ellos han llegado al Cielo, ¿por qué no he de llegar como ellos, seguro de que nunca me faltará la gracia de Dios? He aquí, hija mía, y con mucha razón, lo que el ejemplo de los Santos debe hacer pensar a cada cristiano en la tierra.
   
Una de las principales razones por las que los hombres deben honrar a los Santos, es porque estos son los amigos de Dios. En efecto, si los Santos están en el Cielo, es porque Dios los ha llamado a Él; si poseen una dicha incomparable y sin fin, es porque Dios se la ha dado; si gozan de una gloria sin igual, aunque diferente para cada uno de ellos, es porque Dios ha querido dársela para recompensarlos de la gloria que le han procurado sobre la tierra. Los Santos, son, pues, evidentemente amigos de Dios, y como son amigos de Dios, son muy influyentes con él. Pero si Dios los recompensa con tanta grandeza de lo que han hecho sobre la tierra, es porque sus vidas fueron conforme a su divina ley. Ya ves, hija mía, que el honor que los hombres tributan a los Santos es muy natural, porque esta veneración sólo consiste en imitarlos e invocarlos, y la vida de los Santos ha sido conforme a la ley de Dios, por cuya razón los ha recompensado: que los hombres obren como ellos, los imiten y obtendrán la misma recompensa.
   
He dicho antes que mucho deseaba que mi culto se extendiese cuanto fuere posible, y voy ahora a darte la razón. Cuando yo vivía en la tierra con Jesús y María, estuve dedicado enteramente a ellos; alimenté a ambos con el sudor de mi frente; los protegí contra sus enemigos; fuí el fiel custodio de los dos; y finalmente, los amé con el cariño más entrañable que pude. Ahora bien, Jesús y María, queriendo recompensarme por todos estos cuidados, me colmaron de gracias de inestimable valor, proporcionándome al mismo tiempo todas las ocasiones posibles para crecer en gracia y en méritos. Pero el reconocimiento de Jesús y María no se limitó al tiempo en que vivía en la tierra, continúa aún, y en grado más eminente, ahora que estoy en el Cielo, y lo que es más misericordioso todavía, que Dios Padre participa también de esta gratitud en recuerdo del puesto que ocupé en representación suya respecto a Jesús como su padre adoptivo, y también el Espíritu Santo por haber sido su representante sobre la tierra como esposo de María. Para que comprendas toda la extensión de este reconocimiento, me bastará decirte, que siempre que se ha pedido una merced al Cielo por mi intercesión, ha sido inmediatamente concedida con placer. Dios la concede como autor de la gracia, y en reconocimiento de las funciones que he desempeñado en representacion suya respecto a Jesús y María. María la concede como canal de la gracia y en recuerdo de mi amor y bondades para con ella, y también porque su mayor deseo es que yo sea amado y reverenciado en la tierra. Jesús por haber merecido la gracia por su pasión y muerte, concede también la merced que se le pide, con bondad, y en recompensa de mi abnegación por él sobre la tierra, así como por agradar a María.
  
Santa Teresa ha escrito, hija mía, que yo la había concedido grandes mercedes, y es muy cierto; la misma ha dicho también que siempre que ha pedido a Dios alguna cosa por mi intercesión ha sido oída favorablemente, y también es verdad. Aconseja fervorosamente a los que lean sus escritos a que me tengan una tierna devoción, asegurándoles que serán favorablemente oídos en todo lo que me pidan, y Santa Teresa tiene razón.

Ya lo ves, hija mía, si deseo que mi culto se extienda cuanto sea posible por la tierra, no es seguramente por la gloria que pueda yo reportar, puesto que este honor y esta gloria se la cedo a Dios, á quien se deben. Si tengo este deseo vehemente es solo por el interés que me inspiran los hombres, y de mi grande amor hacia ellos. ¿Quieres agradarme, hija mía, y complacerme singularmente? Sé muy devota mía, ten en mí una confianza ilimitada, y pide a Dios cuanto necesites por mi intercesión. Me has dicho que quieres servirme: pues bien, trabaja porque me conozca el mayor número posible de gentes: díles como Santa Teresa, cuán grande es mi influencia para con Dios en premio de las sublimes funciones que he desempeñado en representación suya y del Espíritu Santo respecto de Jesús, y extiende mi culto lo lejos que puedas y por todos los medios que estén a tu alcance. ¡Oh, hija mía, cuán agradable serás, obrando así, a las tres Divinas Personas, a la santa humanidad de Jesucristo y a María la Reina de los Ángeles! ¡Oh!, cuán agradable me serás también, y cómo te recompensaré de todos tus esfuerzos por mí. Tú sabes que soy el abogado de la buena muerte, ¡pues bien!, te prometo en recompensa protegerte durante tu vida como he protegido la vida de Jesús; te prometo también, cuando se acerque el momento de tu muerte, ir a visitarte, consolarte, ayudarte a soportar tu enfermedad con resignación, ofrecer tus sufrimientos a Dios, y echar los demonios que acudan a perderte; y te prometo además, cuando dés el último suspiro, tomar tu alma, y presentarla acompañado de María a nuestro divino Hijo Jesús, quien pronunciará en tu favor una sentencia absolutoria, y te colocará para siempre en la morada de la gloria.
  
RESOLUCIÓN: Hacer que amen a San José el mayor número posible de personas, y en particular nuestros padres, amigos, conocidos y parientes. Extender también por todos los medios posibles el culto de este gran Santo, y principalmente por la novena que precede a su fiesta, por los piadosos ejercicios del mes de Marzo y también por la devoción de los siete domingos.
   
LETANÍAS DE SAN JOSÉ.
  
Señor, tened piedad de nosotros.
Jesucristo, tened piedad de nosotros.
Señor, tened piedad de nosotros.
  
Jesús, óyenos.
Jesús, acoge nuestras súplicas.
  
Padre celestial, que sois Dios, tened piedad de nosotros.
Hijo redentor del mundo, que sois Dios, tened piedad de nosotros.
Espíritu Santo, que sois Dios, tened piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, tened piedad de nosotros.
   
Santa María, Madre de Dios, Esposa de San José, ruega por nosotros.
San José, nutricio del Verbo encarnado, ruega por nosotros.
San José, coadjutor del gran consejo, ruega por nosotros.
San José, hombre según el corazón de Dios, ruega por nosotros.
San José, fiel y prudente servidor, ruega por nosotros.
San José, custodio de la virginidad de María, ruega por nosotros.
San José, dotado de gracias superiores, ruega por nosotros.
San José, purísimo en virginidad, ruega por nosotros.
San José, profundísimo en humildad, ruega por nosotros.
San José, altísimo en contemplación, ruega por nosotros.
San José, ardientísimo en caridad, ruega por nosotros.
San José, que habéis sido declarado justo por el Espíritu Santo, ruega por nosotros.
San José, que fuisteis instruido divinamente en el misterio de la Encarnación, ruega por nosotros.
San José, que tuvísteis bajo vuestra protección y vuestra obediencia al Señor de los señores, ruega por nosotros.
San José, que tuvísteis durante tantos años la vida del mismo Dios por regla de la vuestra, ruega por nosotros.
San José, que vísteis con María, en las acciones de Jesús, tantos secretos ignorados de los duros hombres, ruega por nosotros.
San José, fidelísimo imitador del gran silencio de Jesús y María, ruega por nosotros.
San José, que fuísteis ignorado de los hombres y conocido sólo de Dios, ruega por nosotros.
San José, que ocupáis el primer puesto entre los Patriarcas, ruega por nosotros.
San José, que habeis muerto santamente en los brazos de Jesús y de María, ruega por nosotros.
San José, que anunciásteis la venida de Cristo a los limbos, ruega por nosotros.
San José, a quien se cree resucitado con Jesucristo, ruega por nosotros.
San José, que habeis sido recompensado en el Cielo con una gloria especialísima, ruega por nosotros.
San José, padre y consolador de los afligidos, ruega por nosotros.
San José, protector de los pecadores arrepentidos, ruega por nosotros.
San José, poderosísimo para socorrernos en los peligros de la vida y en la hora de la muerte, ruega por nosotros.
  
Por vuestra infancia, escúchanos Jesús.
  
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, acoge nuestros ruegos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.

℣. Ruega por nosotros, bienaventurado San José.
℞. A fin de que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.

ORACION
¡Oh Dios! cuya bondad y sabiduría son infinitas, y que al elevar al justo José a la dignidad de esposo de María, le dísteis los derechos y autoridad de padre sobre vuestro único Hijo, haced que, imitando el respeto, la sumision y el cariño que el mismo Jesucristo y su santísima Madre tuvieron a este gran Santo, le veneremos tambíen con piedad filial, a fin de obtener por su intercesion, la gracia de amaros y serviros en este mundo, en espíritu y verdad, para tener la dicha de poseeros.

¡Jesús, María y José, os doy mi corazón, mi espíritu y mi vida!
¡Jesús, María y José, asistidme en vida y en mi última agonía!
¡Jesús, María y José, haced que expire en vuestra compañía! (Cien días de indulgencias cada vez que se recite cada una de estas invocaciones. Pío VII, 28 de abril de 1803).
   
MEMORÁRE
Acordaos, ¡oh castísimo esposo de la Virgen María, San José, mi amable protector!, que nunca se ha oído decir que ninguno de los que ha invocado vuestra protección o implorado vuestros auxilios, hayan quedado  sin consuelo. Lleno de confianza en vuestro poder, llego a vuestra presencia, y me recomiendo con fervor. ¡Ah! No desdeñéis mis oraciones, oh vos, que ha­béis sido llamado padre del Redentor, sino escu­chadlas con benevolencia, y dignaos recibirlas favo­rablemente. Así sea. (Trescientos días de indulgencias, una vez por día, apli­cables a los difuntos. Breve de Nuestro Santo Padre el Papa León XIII).

viernes, 24 de agosto de 2018

MES DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA (DÍA 24)

Basado en el libro “El Corazón Admirable de la Madre de Dios”, de San Juan Eudes.

   
CONDICIONES
En uno de los días del mes de agosto, se ha de confesar y comulgar con la mayor preparación y disposición que fuese posible; y será bueno ayunar algún día a la honra de Nuestra Señora. Y procure mantenerse con una gran pureza de cuerpo y alma, andando con especial cuidado de evitar toda culpa y particularmente contraria a la castidad, que es virtud angélica. Quien fuera de esto hiciere limosnas y otras buenas obras en reverencia a esta gran Señora, la obligará más a que interceda ante Dios para que alcance lo que desea, si conviniere para su salvación, y sino le alcanzará de su Majestad otra cosa mejor y más conveniente para la Bienaventuranza eterna.
 
ACTO DE REPARACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARIA (Para todos los días)
¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro Santísimo nombre y vuestras excelsas prerrogativas!, aquí tenéis, postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas, dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados. Deseo reparar, con este acto de amor y rendimiento que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.
 
Aceptad, ¡oh Corazón Inmaculado!, esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, ¡oh Corazón amabilísimo!, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.
 
Rezar tres Avemarías en honra del poder, sabiduría y misericordia del Inmaculado Corazón de María, menospreciado por los hombres.
  
JACULATORIAS
¡Oh Corazón Inmaculado de María, compadeceos de nosotros!
Refugio de pecadores, rogad por nosotros.
¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
  
MEDITACIÓN DEL DÍA VIGÉSIMOCUARTO - Oración divinamente inspirada a Santa Brígida, en la que se honran y veneran de modo admirable los santos miembros del Sagrado Cuerpo de la Virgen Madre, y el santo empleo que de los mismos hizo (Fin):
Bendito sea, oh María, Virgen gloriosa, gloriosísima Reina mía, bendito sea vuestro precioso pecho, más puro que el oro fino; pues que vivió oprimido bajo el dolor de violentísimos dolores, cuando en el Calvario, escuchabais los golpes de los esbirros con el martillo sobre los clavos con que taladraban las manos y pies de vuestro amadísimo Hijo. Y, aunque tan ardientemente lo amabais, preferisteis sin embargo sobrellevar aquel terrible suplicio y verle morir por la salvación de las almas, antes que verle vivir dejando morir a las almas con muerte y perdición eternas. Por lo cual permanecisteis firme y constante en medio de los más crudos tormentos, con una plena conformidad con la divina Voluntad.
   
Amo, venero y glorifico, Virgen incomparable, amabilísima María, vida y alegría de mi corazón, con toda mi alma, vuestro dignísimo Corazón, tan encendido en ardentísimo celo de la gloria de Dios, que las llamas celestiales de vuestro amor se elevaban hasta el Corazón del Padre eterno, atrayendo a su Hijo unigénito, con el fuego del Espíritu Santo, a vuestras purísimas entrañas, quedando no obstante, en el seno del Padre.
   
Alabanza y bendición eternas, oh María, adorabilísima Señora, Virgen a la vez purísima y fecundísima, a vuestras benditas entrañas que produjeron el fruto admirable, que da infinita gloria a Dios, y es la incomprensible alegría de los Ángeles y la vida eterna de los hombres.
   
Alabanza inmortal, sapientísima Virgen, Soberana Señora mía, alabanza inmortal a vuestros sacratísimos pies, que llevaron al Hijo de Dios, y Rey de la gloria en el período en que vivió encerrado en vuestro virginal vientre. ¡Oh! ¡Qué hermoso sería contemplar la modestia, majestad y santidad con que Vos caminabais! Sin duda que no disteis paso alguno que no contribuyese a contentar de modo especialísimo al Rey del cielo, y a llenar de dicha a la celestial corte.
   
Adorados, alabados y glorificados sean, ioh admirable María, divina Virgen, Amabilísima Madre!, adorados sean el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, en su incomprensible majestad, por cuantos favores dispensaron a vuestro santísimo Cuerpo, agradabilísima morada del que alaban los Ángeles todos en el Cielo y venera la Iglesia entera sobre la tierra.
  
Honor por siempre, alabanza perpetua, bendición, gloria e infinitas acciones de gracias a Vos, mi Señor, Rey y Dios mío, que creasteis esta nobilísima y purísima Virgen, y la hicisteis vuestra digna Madre, por todas las alegrías con que, por su medio, habéis colmado a los Ángeles y Santos del Cielo, por todas las gracias que habéis distribuido a los hombres en la tierra, y por cuantas consolaciones habéis departido a las almas que penan en el Purgatorio.
    
Se piden las gracias que se desean alcanzar durante este mes.
  
DEPRECACIONES (Para todos los días)
  1. Oh Corazón de María, compadeceos de los incrédulos; despertad a los indiferentes; dad la mano a los desesperados; convertid a los blasfemos y profanadores de los días del Señor. Ave María.
  2. Oh Corazón de María, aumentad la fe de los pueblos; fomentad la piedad; sostened las familias verdaderamente católicas; apagad los odios y venganzas en que se abrasa el mundo. Ave María.
  3. Oh Corazón de María, convertid a los mundanos, purificad a los deshonestos, volved al buen camino a tantas víctimas del vicio y del error. Ave María.
  4. Oh Corazón de María, convertid a todos los pecadores de la Iglesia; dirigid a patronos y obreros; iluminad con luz celestial a los malos escritores y gobernantes para que vengan a la luz de Cristo; convertid y santificad a los malos católicos. Ave María.
  5. Oh Corazón de María, suscitad muchos y santos Sacerdotes y Misioneros que trabajen en la conversión de los pecadores y en la salvación de las almas de todo el mundo, y dadnos a todos la perseverancia final en el santo amor y temor de Dios. Así sea. Ave María.
  
ORACIÓN FINAL
Oh Inmaculado Corazón de María, en Vos confiamos; no nos dejéis en este valle de lágrimas hasta vernos seguros junto a Vos en el Cielo. Así sea.