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martes, 2 de marzo de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA ÚLTIMO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN TRIGÉSIMO DÍA: LA SANTA FAZ EN EL ÚLTIMO DÍA.
Oh, Faz adorable, que aparecerás en los aires con gran poder y majestad, ten piedad de nosotros.
     
No hay nada tan terrible, y nada tan consolador como la aparición de la Santa Faz al final de los tiempos, con gran poder y majestad. ¡Qué diferente tipo de expresiones contiene! ¡Qué felicidad para el justo contemplarlo! ¡Qué desesperación para el malvado, verlo terrible y airado!
           
1º PUNTO – LA SANTA FAZ, TERRIBLE PARA EL MALVADO.
Después de la resurrección de los cuerpos, y de la separación de los buenos de los malvados, se mirará aparecer en el aire el estandarte del Juez Soberano, la señal del Hijo del hombre, la Cruz (Tunc parébit signum Fílii hóminis. (Matth. XXIV, 30). Siguiendo la Cruz, Jesucristo aparecerá en su momento, llevado sobre los querubines, rodeado por miles de millones de ángeles que forman su corte. Con una sola mirada lee el libro de las consciencias.
  
¿Cómo podrá el malvado soportar el ojo del Juez? Mirarán las heridas de sus pies y manos, las cicatrices de sus mejías, las señales de la corona de espinas, que serán como muchas voces acusadoras: «Videbunt in quem transfixérunt» (Mirarán las heridas de aquel a quien ellos traspasaron con sus pecados. San Juan XIX, 37).
   
«Mirad vuestra obra, dirá el Padre Eterno, después de mis profetas, envié a mi propio Hijo, y lo tratasteis como al último de vuestros esclavos; lo crucificasteis y lo entregasteis a la muerte». Ellos invocarán su misericordia, pero para ellos la hora de la justicia ha caído. Jesucristo hace tiempo tan paciente, tan generoso, lanzará sobre ellos una de aquellas terribles miradas que dijo David: «Miró sobre la tierra y la hizo temblar; tocó las montañas y se hicieron humo» (Salmo CIII, 32), y con su mirada las secará de miedo. Desearán apartar sus ojos, y sepultarse por cuenta propia en los más profundos abismos de la tierra: que los ojos del Soberano Juez, se hará escuchar, y de la boca del Juez saldrán esta terribles palabras: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles» (Matth. XXV, 41)
     
Oh mi Dios, ¿cuál será mi destino? ¡Dónde está mi fe, dónde está mi razón si no tiemblo ante el pensamiento de este terrible drama, si no me esfuerzo por enmendar mi vida, a fin de no ser encontrado entre el número de los malditos!
      
2º PUNTO – LA SANTA FAZ, DULCE Y BENEVOLENTE CON EL JUSTO.
Ya la sentencia de los buenos ha sido pronunciada. Jesús mismo se ha inclinado hacia ellos. Los ha reconocido como sus ovejas que han sido separadas y colocadas a su derecha. Oh hermoso día de triunfo, en el que el Justo juez quien ha recibido en depósito las buenas obras, ha venido a dar su paga y a devolver a cada uno lo que le pertenece.
    
Ellos no tiemblan en presencia de su Faz. ¡Es tan dulce; tan benevolente, tan misericordioso, tan bueno! Sostienen su mirada, están contentos de contemplarlo en su gloria; Él sobre cuyos sufrimientos hicieron hábito de meditar. Sus heridas son como muchos soles que inundan sus almas con gozo y felicidad. Su Faz adorable, resplandeciente de gloria, es el más hermoso de esos soles brillantes.
   
La boca divina del Salvador de repente se abre, y de ella salen las hermosas palabras que deleitan los oídos de los santos y hacen palpitar sus corazones de gozo: «Venid vosotros, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo, porque tuve hambre y me diste de comer, sediento y me diste de beber; era forastero y me hospedasteis, enfermo y me visitasteis, estuve en prisión y vinisteis a verme» (Matth. XXV, 34). Y Jesús alzando vuelo hacia la estancia de la gloria eterna, con su Santa Faz invita al justo a seguirlo hacia una eternidad feliz.
   
¡Oh qué gozo y qué éxtasis inundará las almas de los santos! ¡De ver a Dios! De ahí en adelante sin ningún temor a nunca perderle; de cantar sus alabanzas, sentarse a la mesa del Cordero y compartir la fiesta que Él ha preparado para sus elegidos. Oh, ¡cuán apropiados son estos pensamientos a fin de excitar en nuestros corazones el amor por Jesús pobre, humillado, crucificado, y para inducirnos a contemplar a menudo su Faz desfigurada sobre la tierra, a fin de verle después de la muerte en el cielo, en el esplendor de su gloria y majestad!
             
Ramillete Espiritual: Vidébimus adorábimus laudábimus. (Veremos a Dios, le adoraremos y cantaremos para siempre sus alabanzas. San Agustín).
       
LA CAUSA DEL SR. LEÓN PAPIN DUPONT EN ROMA.
Después del cierre de las investigaciones preliminares puestas en marcha por el Ordinario referentes a la reputación de santidad, la vida, las virtudes y milagros atribuidos al sr. Dupont, dos miembros del tribunal eclesiástico instituido en Tours fueron delegados a Roma, para que presentaran al Santo Padre los documentos relacionados con la causa. Estos documentos están conformados por dos cuartillas de volumen, que primero fueron colocados sobre la tumba del Siervo de Dios y delante de la Santa Faz.
   
Fu el 29 de junio, fiesta de San Pedro, que se concedió el favor de una audiencia a los dos sacerdotes. El Papa los recibió con bondad, se puso al tanto con el objeto de su viaje, y escuchándolos mientras ellos hablaban de la canonización del Sr. Dupont, levantó sus ojos al cielo, y con un acento lleno de gozo, que emocionó los corazones de todos presentes: «El Sr. Dupont, dijo, ¡oh! El Sr. Dupont pronto será Venerable. Yo bendigo su obra, bendigo la Archicofradía de la Santa Faz, su director y a todos sus asociados».
    
Durante este tiempo, los fieles en Tours, quienes se habían reunido en el oratorio, en la antigua salita, del siervo de Dios, estaban celebrando la fiesta de San Pedro, el Patrón del Archicofradía. ¡Cual no fue su felicidad al escuchar las palabras dichas por el Vicario de Cristo, y al recibir por telégrafo su bendición paternal!
   
El proceso de la causa fue entonces llevado a la Cancillería, y entregado a Monseñor Ponzy, el sustituto de la Congregación de los Ritos, para aguardar el momento, cuando plazca a Dios ordenar por boca de su Vicario, que se abra el proceso y continúe el trabajo. Se nombrarán comisionados apostólicos para examinar si se han cumplido todas las formalidades al respecto y para interrogar de nuevo a los testigos.
Sólo hasta entonces el sr. Dupont será declarado Venerable.
   
Se requiere un lapso de diez años, de acuerdo con las reglas ordinarias antes de tomar de nuevo la causa, pero a fin de acortar este período de tiempo, nada es más necesario que la Santa Faz conceda una dispensa. Esperamos que esta dispensa se conceda cuando las oraciones de los amigos de la Santa Faz y el Sr. Dupont hayan ascendido al cielo con bastante fervor para obtener este favor para nosotros.
   
Mientras tanto, amemos para consolarnos y reanimar nuestras esperanzas trayendo a la mente las palabras del Santo Padre: «El Sr. Dupont pronto será Venerable».
   
ORACIÓN DEL PAPA PÍO IX
¡Oh, Jesús mío! miradnos con ojos de compasión; volved tu Rostro hacia cada uno de nosotros como lo hiciste con Verónica, no para que te veamos con los ojos corporales, pues no lo merecemos, sino volvedlo hacia nuestros corazones, a fin de que, acordándonos de Ti, podamos siempre sacar de este manantial de pureza el vigor necesario para librar los combates que debemos aún sostener. Amén.

lunes, 1 de marzo de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA VIGESIMONOVENO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN VIGESIMONOVENO DÍA: LA SANTA FAZ Y LA EUCARISTÍA.
Oh, Faz adorable, oculta en la Eucaristía, ten piedad de nosotros.
     
¿Está la Santa Faz de Jesús en la Eucaristía? Sor María de San Pedro, iluminada por la luz de lo alto, contestó a esta pregunta en la hermosa invocación contenida en nuestras letanías. Santo Tomás afirma que en este adorable sacramento Jesús posee la facultad de ver con los ojos de su cuerpo. Oh alma mía, estudiemos este misterio.
           
1º PUNTO – CÓMO LA SANTA FAZ ESTÁ PRESENTE EN LA EUCARISTÍA.
En la santa y divina Eucaristía, Jesús está presente con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad; su cargo cuerpo está ahí contenido y también su Santa Faz. Es el mismo cuerpo que fue magullado por nuestros crímenes, el mismo corazón que fue traspasado sobre la cruz, la misma Santa Faz que fue cicatrizada en el pretorio, y a la que se le ofreció beber hiel y vinagre.
  
Puedo contemplarla a través del velo que la cubre, ahí puedo adorarla, ciertamente sin dejar de estar acompañada de los accidentes de tamaño, de forma y de tono (color), pero en realidad y sustancia. Los ojos divinos de Jesús se encuentran con los míos, cuando postrado a los pies del tabernáculo, levanto mis ojos hacia Él y le ruego se compadezca de mi miseria; sus oídos escuchan mi voz cuando se alza para cantar sus alabanzas, y si nos fuese permitido escuchar la suya, sería realmente de su boca que saldrían las palabras que se dignara dirigirme.
   
El piadoso Cardenal Juan Bautista Franzelin SJ atribuye al Salvador, en la santa Eucaristía, el uso de sus sentidos externos. La Faz de Jesús está realmente en la Eucaristía. Está oculta bajo los accidentes del pan y del vino, pero verdaderamente está ahí, verdaderamente y en substancia.
   
Adorad, oh alma mía, la bondad de Dios, quien ha querido dejarnos a perpetuidad, el memorial de su Pasión en este sacramento.
       
2º PUNTO – CÓMO MANIFIESTA JESÚS SU SANTA FAZ EN LA EUCARISTÍA.
Cuando Yahvé, estaba a punto de dar su Ley a Moisés en el Sinaí, admitido a su presencia, Moisés le dijo a Él: «Si he encontrado favor ante tus ojos, mostradme vuestra Faz, para que os conozca». Y dijo el Señor: «No puedes ver mi Rostro, porque el hombre no me puede ver y vivir» (Éxodo XIII, 20). Es lo mismo en la Eucaristía.
   
Jesús tampoco manifiesta la gloria del esplendor de su Rostro (Faz), las especies del pan que velan la divinidad y la santa humanidad están inanimadas, y Jesús se ha condenado a sí mismo a no tener externamente tampoco el habla, o movimiento, o acción. Recibe el homenaje de los buenos, los insultos de los malvados; permanece en silencio, y parece insensible (sin sentidos).
  
Y todavía el Salvador manifiesta su santa Faz. Él mira a nuestra alma, y un rayo de sus ojos basta para derretir el hielo de nuestro corazón, para conmoverlo, suavizarlo y encenderlo. Él habla a nuestra alma, y nuestra alma escucha su voz cuando el pecado no le pone obstáculo a ella. Nosotros, sentimos, en una palabra, la presencia de Jesús, de su corazón, y de su Faz, y todavía no lo vemos, a Él, «porque ningún hombre puede ver a Dios y vivir».
   
Oh alma mía, escucha en silencio y en soledad, apartada del mundo, la voz de Jesús. Deja que el fuego de su amor penetre en las más ocultas profundidades de vuestro corazón; que salga a menudo el amor y de rienda suelta a todos vuestros sentimientos delante del más augusto de los sacramentos; para hablar de corazón a corazón, con el más tierno y devoto de los amigos, y siempre os llevareis contigo un nuevo aumento de luz, de fortaleza, de valentía y de amor.
          
Ramillete Espiritual: Vere tu est Deus abscónditus, Deus salvátor. (Verdaderamente Tú eres un Dios escondido, el Dios de Israel, el Salvador.. Isaías XLV, 15).
       
RETRATO DEL SR. LEÓN PAPIN DUPONT POR EL SR. HENRI LESERRE.
El Sr. Dupont se encontraba en casa cuando llamé a su casa de habitación. Se me pidió que esperara un momento, en una gran habitación de la planta baja. Mientras el sirviente fue a informar a su maestro de mi visita, mi atención fue naturalmente atraída por los alrededores. El cuarto estaba amueblado de forma sencilla, por aquí y por allá colgaban ex-votos de la pared.
    
A un lado de una oficina cargada de papeles se encontraba un escritorio semejante a un aparador de música, que soportaba un gran volumen, de folio. Inmediatamente reconocí la Biblia. Pero lo que atrajo de manera especial mi mirada y mis pensamientos, estaba suspendida por encima de una tabla de escribir, una entronización de la así denominada “Santa Faz, que reproduce la Faz de Nuestro Señor, a como fue impreso sobre el velo de Verónica.
  
Delante de esta Santa Faz ardía una lámpara, o en su lugar una luz de noche, la suave llama que flotaba sobre el límpido aceite contenido en el vaso de cristal. Se abrió la puerta, e hizo su aparición el Sr. Dupont. Él era por entonces un caballero guapo y alto, alrededor de los sesenta o sesenta y cinco años de edad. Lleno de vida y de vigor.
   
Mis ojos se elevaron hacia él con religiosa curiosidad. El primer aspecto de este hombre cuyas manos habían curado a tantas personas, y aliviado tanta miseria, tenía una mirada de austeridad casi rozando la severidad. Su fisonomía estaba investida de una dignidad augusta que infundía respeto, y los rasgos principales de su rostro, tenían una expresión más bien de una rectitud reticente, que causa un cierto sentimiento de temor que se mezclaba con la veneración que él inspiraba. Sus ojos eran finos, calmos y poderosos, y a la vez vivos y agudos; pero si mi memoria no me falla, las cejas espesas y tupidas que ayudaban a acentuar su expresión.
    
Una nariz bien formada, más sin embargo larga, una boca de contorno muy puro y firme, una frente amplia, alta suntuosa y normalmente moderada, añadida al aspecto de autoridad regia que el hombre mayor poseía. 
   
Este personaje imponente se paró frente a mí.
   
Traté de vencer mi agitación.
   
Apenas había empezado a hablarme de cosas espirituales cuando la expresión rígida de su aspecto cambió repentinamente, tal como la cara de la naturaleza cambia, y las frías neblinas de las noches se disipan cuando el sol de mayo se alza sobre las montañas. La apariencia severa que me había intimidado desapareció por completo.
   
El Sr. Dupont habló de la manera más franca, abierta y generosa posible. Tenía el encanto de la amabilidad de un anciano y el candor de un niño. Fue sólo con dificultad que pude percibir la expresión de fuerza magisterial que a primeras me habían estremecido tanto. Su severidad se había transformado por completo en gracia.
   
El pensamiento, y la vida oculta del corazón, que animaron a levantar esos frunces y aquellos rasgos fuertemente pronunciados, arrojaron reflexiones de bondad celestial. Fue como un pensamiento que el alma de San Vicente de Paul había repentinamente transformado el rostro de un José de Maistre, como el pensamiento de la misericordia había de repente aparecido y estaba mostrando su divina benignidad a través del rostro marmóreo de la justicia. Sí, cuando lo vi entrar por primera vez en la habitación, viéndole señorial y dignificado, me dije a mí mismo: «Él es un hombre justo». Después me dije: «Él es un santo».
   
ORACIÓN DEL SR. LEÓN PAPIN DUPONT
Oh Rostro adorable de mi Jesús, míranos con compasión:
  
¡Oh Salvador Jesús! Al ver tu Faz Santísima desfigurada por el dolor, al ver tu Sagrado Corazón tan lleno de amor, lloro con San Agustín: «Señor Jesús, imprime en mi corazón tus Sagradas Heridas, para que yo lea al mismo tiempo tu dolor y tu amor; tu dolor, para sufrir por ti cualquier dolor; ¡Tu amor, para despreciar de ti todo otro amor!».
  
Oh Rostro adorable de mi Jesús, tan misericordiosamente inclinado al Árbol de la Cruz en el día de la Pasión, por la salvación del mundo, incluso hoy, por compasión, inclínate ante nosotros, pobres pecadores; danos una mirada compasiva y recibiremos el beso de la paz. Que así sea.

domingo, 28 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA VIGESIMOCTAVO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN VIGESIMOCTAVO DÍA: LA SANTA FAZ DESPUÉS DE LA RESURRECCIÓN.
Oh, Faz adorable, resplandeciente de gloria y belleza el día de la resurrección, ten piedad de nosotros.
     
Tres días después de su muerte, Jesús se levanta triunfante del sepulcro, como lo había anunciado. Se aparece a María, a los apóstoles, a Magdalena, y sus ojos no se ciegan por el esplendor de su Faz adorable que brilla con belleza y gloria. ¿Cuál es este misterio? Dígnate enseñárnoslo, oh buen Jesús.
           
1º PUNTO – BELLEZA DE LA SANTA FAZ RESUCITADA.
La resurrección es la hora del triunfo, mas todavía no es la hora de la gloria celestial. Jesús no nos muestra sus heridas (llagas) sangrantes como en el día de la Pasión, las cubre con sus rayos, que pueden cegarnos. Conserva la marca de ellas como una prueba irrefutable de que Él verdaderamente ha sufrido, que Él realmente murió por nosotros, como testimonio de victoria sobre el infierno, como una lección de sufrimiento y de amor. Permitidme, oh divino Salvador, reconoceros por encima de todo por las heridas de vuestra Santa Faz.
  
A vuestra voz, Magdalena se arrojó a vuestros pies gritando con voz fuerte: «Rabboní» (Maestro, San Juan XX, 16) Por mi parte, postrado delante de vuestra augusta Faz, cuento sobre vuestra frente las cicatrices infringidas por las crueles espinas, y sobre vuestras mejillas, hace tiempo tan inflamadas, la marca de las bofetadas y del guante de hierro del soldado inhumano (cruel). Vuestros labios ya no están inflamados, pero todavía podemos ver los trazos de las bofetadas que le dieron los verdugos.
   
Oh adorables heridas de la Faz de Jesús, yo os venero y os amo. Vos deseáis que os contemple mi Salvador, como lo hizo Magdalena; Os contemplo con deleite. Ma habéis enseñado lo que os ha costado el pecado, pero también me decís cuales son los frutos de la expiación y la felicidad de encontraros después de haberos perdido.
   
Volved, oh, Jesús, vuestros ojos iluminados por la gloria de la Resurrección sobre mi alma, anteriormente desfigurada por la iniquidad, pero ahora, oh Dios mío, resucitada espiritualmente por vuestra gracia cuando sea resucitado contigo en el esplendor de los santos, y brille por una eternidad bendita con los rayos de una gloria que nunca se marchita.
       
2º PUNTO – LA SANTA FAZ RESUCITADA, FUENTE DE FE, ESPERANZA Y CARIDAD.
¡Jesús ha resucitado, qué consolación! Tengo una prueba evidente y palpable de ello: los apóstoles han visto su Santa Faz, María Magdalena le ha reconocido. Su augusta Madre ha recibido su primera visita. ¿Quién no creería testimonio tan ocular? Él está resucitado, es por lo tanto cierto que Él es en verdad mi Salvador y mi Dios.
   
Su evangelio es divino; su Iglesia es divina. Creyendo en su palabra y escuchando su enseñanza, estoy seguro de caminar por las pisadas de mi jefe (cabeza) infalible, por el sendero de la salvación. Jesucristo ha resucitado, ahí yace el fundamento de mi esperanza. «Yo sé que mi redentor vive, dijo Job, y que seré revestido de mi piel, y que el último día me levantaré de la tierra, y en mi carne veré a Dios. Yo mismo le veré, mis ojos le contemplarán, y no otro; esta es mi esperanza, que guardo en mi seno» (Job XIX, 25).
   
Sí, un día yo veré su Santa Faz, como lo contemplaron los apóstoles y las santas mujeres; la veré en un estado aún más brillante; más deslumbrante y más gloriosa. Veré a mi redentor cara a cara. «Si Cristo no hubiera resucitado, como dicen alguno de entre vosotros, ¿No existe la resurrección de los muertos?» (I Cor. XV, 12).
   
Pero Jesús resucitado, por encima de todo, me incita a amarle, porque es a causa del amor hacia mí que Él ha muerto, es por amor a mí que salió del sepulcro y se mostró durante cuarenta días. ¿Quién no iría hacia Él, que tan grandemente nos ha amado? ¿Quién renunciaría a la felicidad de contemplarle, cuya Faz adorable ilumina el cielo y es el deleite de los elegidos?
   
Oh Jesús, yo creo en Vos, espero en Vos y os amo; y esta Fe, esta Esperanza, este amor, es por contemplar vuestra Faz triunfante y resucitada, que las aumentaré por siempre jamás.
          
Ramillete Espiritual: Gavísi sunt discípuli, viso Dómino. (Los discípulos se alegraron cuando vieron al Señor. San Juan XX, 20).
       
REMEMBRANZA DEL SR. LEÓN PAPIN DUPONT.
La excelente viuda del Sr. d’Avrainville nos escribió, el 25 de abril de 1884, las siguientes líneas:
«Creo que es mi deber informarles de un milagro del que fui testigo en el mes de agosto de 1865, durante la sema o diez días que mi marido y yo pasamos con el siervo de Dios.
   
Una obrera cuyo nombre y dirección fueron dados en el certificado que el Sr. d’Avrainville redactó en su presencia, y que fue agregado a los ya numerosos testimonios de gracias recibidas, vino a dar las gracias a la Santa Faz por la cura de una espantosa molestia interior que causaba exhalase un fétido olor de su cuerpo, un olor que obligaba a sus amigos y conocidos a alejarse de ella. Sólo uno de ellos permaneció fiel a ella, y dándole una botella que contenía aceite de la lámpara que arde delante de la Santa Faz, le rogó se volviese a la Faz de Jesús, debido a que sus amigos se apartaban de ella.
   
Se inició una novena, y al final de los nueve días, empezó a mejorar; disminuyeron sus dolores, y el fétido olor desapareció. Ella estaba tan feliz que prometió a la Santa Faz darle las gracias por su cura, en su santuario, en presencia del Sr. Dupont, algo que ella se encontró incapaz de realizar en un lapso de siete años, cuando había ahorrado suficiente dinero para el viaje.
   
Estaba a punto de retirarse, cuando el Sr. Dupont notó que tenía en su brazo un cabestrillo, preguntada de lo que sufría; respondió que era panaris (Panoriquia), lo que le causaba gran dolor y le quitaba el sueño, pero que podía sobrellevar fácilmente el sufrimiento, de gratitud, por la cura maravillosa que la Santa Faz le había otorgado siete años atrás, y que no se atrevía a pedir una segunda cura. “Señora, eso nada tiene que ver con eso, replicó el Sr. Dupont; si Dios quiere curarla, él es el Señor”. El Sr. d’Avrainville, al escuchar estas palabras, dejó la sala de estar, subió rápidamente las escaleras y entró al cuarto donde yo estaba, contándome todo de una vez, porque el Sr. Dupont parecía prever un milagro.
    
Animados por este presentimiento, examinamos cuidadosamente el dedo de la mujer: estaba muy inflamado, la última juntura estaba llena de sustancia.
   
Después de una breve oración ofrecida por el Sr. Dupont, y una primera unción hecha sobre el dedo, percibimos inmediatamente un cambio; después de la segunda oración y la segunda unción, la inflamación había desaparecido; finalmente después de la última oración ofrecida delante de la Santa Faz, el Sr. Dupont, mientras hacía la tercera unción, apretó ligeramente el dedo entre sus dedos, en el lugar donde estaba el panaris, y en el mismo instante, todo había desaparecido, el dolor, la inflamación y la sustancia.
   
El dedo y la uña se habían vuelto saludables y de buen color, la uña perfectamente adherida a la carne. La mujer sobrecogida de gozo, me dijo: “Señora, mi dedo está curado por completo, así que le ruego me permita darle varios golpes en la palma de su mano; podría hasta hacerle daño, si lo intentara”.
  
De hecho me golpeó con el mismo dedo, que cinco minutos atrás, era tan triste de mirar. Quedé tan conmovida y emocionada por este cambio milagroso, que me cogió un temblor en la mandíbula que me afectó el habla, pero que felizmente sólo duró tres minutos. Había sentido un toque invisible del poder de Dios, manifestado en las manos de su siervo fiel, el Sr. Luis Dupont».
   
ORACIÓN DEL SR. LEÓN PAPIN DUPONT
Señor Jesús, al presentarme delante de vuestra Faz adorable, para rogar de Vos las gracias que necesitamos, te pedimos, por sobre todas las cosas, nos concedas una disposición interior de nunca rechazar cualquier cosa que nos pidas a diario, por medio de Tus santos mandamientos y vuestras divinas inspiraciones. Amén.

jueves, 25 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA VIGESIMOQUINTO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN VIGESIMOQUINTO DÍA: LAS ÚLTIMAS PALABRAS QUE SALIERON DE LOS LABIOS DE LA SANTA FAZ.
Oh, Faz adorable, cubierta por las dolorosas sombras de la muerte, ten piedad de nosotros.
     
Todavía unos pocos momentos, y el gran sacrificio será consumado, el amor satisfecho, el rescate de la humanidad completamente pagado a la divina justicia. Trasportémonos en espíritu al Calvario, contemplemos por última vez los lívidos y sangrientos rasgos de la Santa Faz. Escuchemos sus últimas palabras, acojamos su última mirada.
           
1º PUNTO – LAS ÚLTIMAS PALABRAS DE LA SANTA FAZ.
Siete palabras fueron pronunciadas por Jesús sobre la Cruz. Meditemos en ellas con sentimientos de compunción, de gratitud, de contrición y de amor. «Señor acuérdate de mí cuando llegues a tu reino», dijo el buen ladrón. Y Jesús volviendo hacia él, su mismo Rostro, el semblante que había conmovido a la nueva oveja encontrada, respondió: «En verdad, Yo te digo, este día tú estrás conmigo en el Paraíso» (Amen tibi dico: Hódie mecum eris in Paradíso. Luc. XXIII, 43). Entonces viendo a su madre y al discípulo a quienes amaba, les dirigió las palabras sobre las que ya hemos meditado: «Mujer, he ahí a vuestro hijo» (Múlier, ecce filius tuus. Joann. XIX, 26), dijo a María, y a San Juan: «He ahí a tu madre» (Ecce Mater tua. Joann. XIX, 27). Y desde ese momento Juan recibió a María como su madre, y María miró a Juan como a su hijo.
  
Entonces el final del drama que se acercaba, la naturaleza misma asoció su duelo con el duelo de los amigos de Jesús. Las tinieblas cubrieron la tierra entera. El sol se oscureció. Jesús ve que pronto todo será consumado, y aún, todavía Él está sediento, después de sufrir, por la salvación de las almas.
  
Tiene sed por la salvación de las almas. «Sitio» (Tengo sed. Joann. XIX, 28), grita. Durante tres horas las tinieblas han envuelto al Calvario y a la ciudad en una misteriosa oscuridad, cuando repentinamente un grito fresco irrumpe y despierta los ecos del Calvario: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Deus meus, Deus meus, ut quid derilquisti me? Marc. XV, 34). Ellos, mientras tanto, le han dado a beber, y cuando sus labios estaban saturados de amargura, ve que ahora nada puede ser añadido a sus sufrimientos.
   
«Consummátum est» (Todo está consumado, Joann. XIX, 30), y dando un grito que rasga en dos partes el velo del templo de Jerusalén, desgarra la peña del calvario, hace que la tierra tiemble y los muertos se levanten de sus sepulcros. «Padre», dice, «en tus manos encomiendo mi espíritu» (Pater, in manus tuas comméndo spíritum meum. Luc. XXIII, 46). Se cierran los labios de la Santa Faz, caen sus párpados, inclina su cabeza; todo está consumado.
  
Contemplad, alma mía, la Faz del Salvador, cubierta por las tristes sombras de la muerte; adorad y comprended este misterio de perdón y salvación.
       
2º PUNTO – LECCIONES OBTENIDAS DE LAS SIETE PALABRAS DE JESÚS.
«Padre, perdónales porque no saben lo que hacen». «Este día estarás conmigo en el Paraíso». ¿Quién se atrevería a creerlo, oh Jesús, si vuestra boca no lo hubiera afirmado? ¡Qué bondad y qué excesiva misericordia! Perdonar a aquellos que os habían clavado en la cruz, perdonar a un ladrón, y en consideración a un momento de arrepentimiento, absolver toda una vida de crímenes, ¡y de culpa! ¿Cómo fue que obtuvo para él gracia tan grande? ¡Una mirada de vuestra Faz, y de su parte un atisbo de dolor y arrepentimiento!
  
¡María es de ahora en adelante mi madre, es Jesús quien me la dio a mí en la cumbre de la Cruz! ¿Qué puede desproveerme de su tierno amor? Una cosa, sólo, oh, mi Dios, el pecado, del cual huiré imitando la inocencia del discípulo amado, mi modelo y mi hermano.

¡Padeciste de sed!, ¿qué significa esto, oh, Jesús? Sed por sufrir, sed por las almas. Y yo, vuestro hijo, temo el sufrimiento, soy indiferente a la condenación de las almas que se arrojan así mismas al infierno como las hojas que el viento del otoño desprende de los árboles y ruedan hacia el abismo. Oh mi Dios, que mis labios estén sedientos de expiación; que mi corazón esté sediento por la salvación de los pecadores.

«¿Por qué me has olvidado?», dijiste a vuestro Padre. También yo, con frecuencia repito estas palabras, pero con sentimientos distintos a los vuestros, con desaliento y desesperanza, cuando pareciera que Vos me habéis abandonado por un momento. Pero todavía estáis muy cerca de mí, y a la hora señalada por la providencia, aparecerás de repente. Mandaste al mar, dijiste una palabra, y se hizo gran calma (bonanza).

«Consummátum est». Oh mi Salvador, después de haber meditado sobre vuestra Pasión, que todo sea consumado para mí, con respeto al pecado y al mundo, tenga un único deseo, después de una vida de penitencia, especialmente encomendar como Vos, sin lamento y sin debilidad, mi alma en las manos de vuestro Padre, mientras repito estas palabras de la Sagrada Escritura: «Muera mi alma con la muerte de los justos, y sea mi final sea como el suyo» (Moriátur ánima mea morte justórum. Num. XXIII, 10)
    
Ramillete Espiritual: Et hæc dicens, expirávit. (Y diciendo esto, entregó el espíritu. San Lucas XXIII, 46).
       
SANACIÓN DE FRANCES CHEVALIER (DECLARACIÓN DIRIGIDA AL OBISPO DE BLOIS POR EL PADRE GRANDJEAN).
«Frances Chevalier, de veintidós años de edad, empleada en el cuarto de trabajo de San Nicolás, durante el otoño de 1855, sintió que su vista se había debilitado. A inicios de diciembre, la afección continuó incrementándose, ella consultó a un médico, cuyas instrucciones siguió fielmente. A pesar de todo el cuidado que se prodigó a Frances Chevalier, su vista disminuía día a día.
  
 El 2 de enero de 1859, perdió el sentido de la vista cerca de media hora. El médico, habiendo sido consultado, declaró después de examinarla cuidadosamente, que se trataba de un ataque de amaurosis congestiva, una afectación que él temía y esperaba de antemano. Con excepción del 4 y 5 de enero, los ataques llegaron a ser más graves y frecuentes, a pesar del tratamiento enérgico prescrito por el doctor, que le llevó a decirme varias veces que la vista de la joven estaba completamente en peligro, y que el temía que ella muy pronto quedara absolutamente y sin esperanza, ciega.
    
En el intervalo de sus ataques, estaba tan debilidad su vista, que con dificultad podía distinguir los objetos que se encontraban muy cercana a ella. Frances Chevalier, perdió completamente la vista, la luz más fuerte no produjo en ella el más leve efecto sobre sus ojos. No obstante la muy cuidadosa atención de enfermería, y el tratamiento más activo, continuó en el más absoluto estado de ceguera, y el 13 de enero, después de un minuto de examinación, el doctor declaró que consideraba su vista completamente perdida, que quedaría ciega de por vida y que el tratamiento médico no podía hacer nada por ella. Entonces, viendo que toda esperanza humana había llegado a su fin, resolví pedir a Dios por la cura de nuestra pobre muchacha ciega.
   
Luego de haber orado, ungí ambos ojos con el aceite que arde delante de la Santa Faz, en la casa del Sr. Dupont, haciendo la señal de la cruz sobre ellos. Escasamente había terminado la última unción cuando Frances Chevalier dio un grito muy fuerte, diciendo que estaba curada y que podía ver perfectamente. De hecho, la cura fue tan completa, que, a pesar del estado absoluto de ceguera, que había durado cuatro días, Frances Chevalier era capaz de soportar la luz más fuerte, sin sentir dolor alguno y sin que sus ojos se cansaran.
     
El Viernes, día 14, por la mañana, vino a verla el doctor. Asombrado y deleitado por un cambio tan repentino e inesperado, declaró, después de un examen serio, que la cura fue completa, y que no podía atribuirla a sus remedios.
     
El hecho, Monseñor, que he relatado a vuestra Gracia, está confirmado por la declaración del doctor, y por la firma de la joven; podría ser testificada además por varias de las señoras del cuarto de trabajo, que estaban presente cuando tuvo lugar la cura».
   
INVOCACIÓN
Oh, Jesús Salvador, que dijisteis «Pedid y recibiréis; tocad a la puerta y se os abrirá», concédenos la salud del cuerpo, y concédenos la más preciosa salud de nuestras almas, para que os sirvamos con todo nuestro corazón, y sea nuestro único deseo obedeceros por la práctica de vuestros divinos mandamientos y de vuestras divinas inspiraciones. Amén.

miércoles, 24 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA VIGESIMOCUARTO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN VIGESIMOCUARTO DÍA: LA SANTA FAZ Y NUESTRA SEÑORA DE LOS SIETE DOLORES.
Oh, Faz adorable, convertida como la de un leproso, ten piedad de nosotros.
     
Transportémonos en espíritu junto a María a los pies de la Cruz. Saludemos a la Madre de los dolores, esforcémonos por comprender los dolores que soportó su alma al contemplar la Faz de su divino Hijo sobre la Cruz. Exclamó: «No me llaméis Noemí, que es hermosa, sino llamadme María, que es amarga; porque el Altísimo me ha llenado de amargura» (Ne vocétis me Noëmi, id est pulchram; sed vocáte me María, id est ámaram. Ruth I, 20).
           
1º PUNTO – SUFRIMIENTOS DE MARÍA AL PIE DE LA CRUZ.
Las torturas que sufrieron los mártires son nada en comparación con las angustias que sufrió María. En María, está el alma traspasada por la espada del sufrimiento. ¡Y qué sufrimiento! Es el sufrimiento el que eleva la naturaleza y la gracia a su grado más alto. La naturaleza nos muestra en Jesús, al más perfecto de los hijos, el más bello entre los hijos de los hombres, y ahora su Faz está más desfigurada que la de un leproso; es esa la de un varón de dolores que ha probado todo tipo de sufrimientos.
  
La Gracia se revela a Ella en su Hijo, Dios infinitamente bueno, infinitamente poderoso, el Creador del universo y el Salvador de la raza humana. Y ella le mira sobre la cruz, puesto entre criminales, burlado y maltratado por su pueblo, lleno de ultrajes, por los sirvientes y verdugos. ¿Reconocéis, oh María, la Faz graciosa que adorasteis con tan profundo respeto en el establo de Belén; la Faz que con un dardo de amor hirió en el Templo el corazón del santo anciano Simón y el de Ana la profetisa; que llenó de admiración a los doctores de la Ley?
   
Mirad ahora sobre la cruz, y puesto que una Madre siempre reconoce a su hijo, reconoced a vuestro Jesús y a vuestro Dios, pero también reconoced mi obra y la obra del pecado, y permitidme llorar de dolor, por un momento, y arrepentirme a la vista de sus sufrimientos y de los vuestros.
       
2º PUNTO – LAS PALABRAS DICHAS POR JESÚS A MARÍA.
Pero los ojos de Jesús se encontraron con los de María; Él también ve, de pie, junto a Ella, al discípulo amado, y sale de sus labios moribundos, que Él pueda dejar caer de ellos, su sagrado testamento: «Mujer, le dijo, he ahí a vuestro hijo; Hijo; he ahí a vuestra Madre» (Múlier, ecce fílius tuus, Ecce mater tua. Joan. XIX, 26). «¡Qué intercambio!, exclama San Agustín, en lugar del más amable de los hijos, del Dios hombre, María recibe a la humanidad culpable».
   
Y ella acepta el intercambio. ¡Ah! ¡Si yo pudiera al menos asemejarme a San Juan! ¡Si yo pudiera, como él, unirme inseparablemente a mi augusta madre, seguir sus pasos, vivir su vida, amar y sufrir con ella! María es mi madre, Jesús lo dijo sobre la cruz. Por lo tanto, diré con la Iglesia: «Oh Madre, fuente de amor, hazme sentir tu dolor, para contigo llorar. Santa Madre de mi Salvador, imprimid profundamente en mi corazón las heridas de mi Jesús crucificado. Dejadme llorar contigo, dejadme compadecer los sufrimientos del divino crucificado, tanto cuanto yo viva en esta tierra de exilio y sufrimiento» (Secuencia “Stabat Mater dolorósa”).
    
Ramillete Espiritual: Ecce Mater tua. (He ahí a tu Madre. San Juan XIX, 16).
       
SANACIÓN DE UNA JOVEN INSTITUTRIZ.
El siguiente hecho fue relatado ante el tribunal eclesiástico en la causa del Sr. León Papin Dupont, por tres testigos: la persona sobre la que fue obrado el milagro, su hermano, quien al momento presente es cura, y su hermana, de quien tomamos prestado de forma más detallada el siguiente relato.
«En el mes de agosto del año 1863, mi hermana, quien entonces era una institutriz, y tenía cerca de doce años de edad, fue de repente atacada por una afectación muy severa en el cerebro. Las noticias que recibió su familia estaban desprovistas de toda esperanza, me puse a lamentar, y mi padre hizo todos los preparativos para traer el cuerpo a casa. El médico, auxiliado con nitrato de plata, sin embargo, tuvo éxito en salvarla, cuando toda esperanza de lograrlo parecía llegar a su fin; pero no tuvo éxito en restaurar su salud. Cuando mi padre la trajo a casa con nosotros, sufría tanto de su cabeza y de agotamiento del cerebro, que sus ideas estaban en un estado de confusión.
   
Añadido a esto, no era capaza de tomar nada, o comer algo con mucha dificultad. Tenía palpitaciones terribles, que eran tan fuertes, que levantaban las sobrecamas. No podía por así decirlo, caminar, mucho menos subir las escaleras. Esta situación duró alrededor de tres meses, no dejo esperanza alguna de alguna cura posible.
    
En el verano de 1867, una de nuestras amigas, una dama, propuso llevar a mi hermana con ella con ella a Tours, para ver al Sr. Dupont. Mis padres vieron este viaje como algo imposible; pero, sin embargo, temiendo decepcionar a la paciente, le permitieron llevarlo a cabo, y fue capaz de viajar, ciertamente con dificultad, pero sin ningún percance.
   
Mi hermana nos dijo que en cuanto llegó a la casa del siervo de Dios, experimentó una sensación indescriptible. Después de haber sido ofrecidas oraciones y hechas las unciones, el Sr. Dupont le dijo que fuera escaleras arriba. Ella obedeció, pero subió a pasos muy lentos. El siervo de Dios le dijo que subiera por segunda vez y más rápidamente; así lo hizo y se dio cuenta que estaba curada.
   
Fue capaz de caminar desde la casa del Sr. Dupont hasta el hotel, no sólo sin fatiga, sino sintiendo tales punzadas de hambre que se vio obligada a comer una pieza de pan, a pesar de que durante cuatro años no había tenido el más ligero apetito.
  
El regreso a casa se realizó con facilidad. Cuando la vimos aquella misma tarde, su contextura había recobrado su tonalidad rosada, y había perdido el tinte oliva que había tenido por tres años. A la mesa, comió con excelente apetito, caminó y fue escaleras arriba sin la mínima dificultad. Sus palpitaciones habían desaparecido. Su cura fue instantánea y completa».
   
INVOCACIÓN
Oh adorable Faz de Jesús, que amorosamente os inclináis sobre los enfermos, objeto de vuestra paternal ternura, mirad también favorablemente a los que recurren a vuestro poder y a vuestra bondad. Líbranos, por sobre todas las cosas, del pecado, y concédenos que nuestras frentes y nuestros corazones estén siempre puros y vueltos hacia Vos, fuente de toda gracia y de toda santidad. Amén.

martes, 23 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA VIGESIMOTERCERO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN VIGESIMOTERCER DÍA: LA SANTA FAZ SOBRE LA CRUZ.
Oh, Faz adorable, levantada por el instrumento de más vergonzoso castigo, ten piedad de nosotros.
     
Mirad, hemos llegado a la cumbre del Calvario, oh, Jesús; os extendéis valientemente sobre el árbol de la Cruz. Vuestros pies y vuestras manos son como muchas fuentes por donde la gracia está a punto de fluir al mundo. De una vez, los verdugos, cogen la cruz y la levantan en lo alto. Amigos de la Reparación, aferrémonos especialmente a la contemplación de los sufrimientos de la Santa Faz.
                            
1º PUNTO – SUFRIMIENTOS DE LA SANTA FAZ SOBRE LA CRUZ.
La divina cabeza viste la corona de burla que vuestros verdugos enemigos entretejieron. Atado a un lecho de sufrimientos, no supiste donde reposar vuestra cabeza sin aumentar vuestros crueles sufrimientos. Vuestros ojos están llenos con lágrimas de sangre.
   
Llorasteis, Oh Jesús, llorasteis por nuestros pecados, a la vista de los cuales, como una terrible nube, obscurece la incomparable belleza de vuestra augusta Faz. Vuestros oídos están destrozados por las blasfemias de la gente: «Dejad que Cristo Rey de Israel descienda ahora de la Cruz, para que veamos y creamos» (Christus rex Ísraël descéndat nunc de cruce. Marc. XV, 32).
  
Vuestros labios están ardiendo, vuestro Corazón está sediento de hacer expiación por la salvación de nuestras almas, ¡y Vos gritáis en voz alta: «Sitio!» (Tengo sed. San Juan 19, 28). Y de inmediato os dan hiel mezclada con vinagre para apagar la sed de vuestra boca divina.
  
Todos vuestros sentidos están repletos de torturas y oprobio, y en verdad podemos repetir con vuestra piadosa sierva Sor María de San Pedro: «Oh Faz adorable, que has venido a ser como un leproso, ten piedad de nosotros. Imprimid en mi corazón vuestras sagradas heridas, para que ahí pueda leer vuestros sufrimientos y vuestro amor: vuestros sufrimientos para sentir dolor por ellos; vuestro amor, a fin de despreciar por vuestro amor todo otro amor».
   
2º PUNTO – LECCIONES OBTENIDAS DE LOS SUFRIMIENTOS DE LA SANTA FAZ.
Debemos amaros, oh Dios, con un amor penitente. Es con frecuencia que el demonio entra en nuestras almas, a través de los sentidos, es por ellos que debe realizarse su reparación. A la vista de vuestra frente humillada, coronada de espinas, quien no estaría pronto a inclinar su orgullosa cabeza, por debajo de las pruebas que Vos nos enviáis para nuestra salvación, bajo una humillación y penitencia voluntaria.
  
A la vista de vuestros oídos destrozados por las blasfemias, ¿quién no se apresuraría a poner fin a su propia adulación, a las conversaciones licenciosas, a la murmuración, a las calumnias, a las críticas contra su prójimo? A la vista de vuestros ojos, apagados por la sangre, ¿quién no consentiría en cerrar sus ojos a las vanidades de este mundo, a fin de fijarlos únicamente sobre vuestra Faz divina, desfigurada por el pecado? Finalmente, a la vista de todos vuestros sentidos triturados por el sufrimiento, ¿quién no renunciaría al pecado, y rehusaría cada ocasión de este?
   
Oh, amable Faz de mi Jesús, Os adoro y Os amo, Detesto mi orgullo, quien os ha coronado con espinas; mi sensualidad que os ha despedazado por manos de vuestros verdugos; mi amor propio, que durante tres horas os tuvo atado a la cruz. Dadme el valor para seguiros fielmente a lo largo del camino de la expiación, atraedme más y más hacia Vos, para que no cese de contemplaros, de amaros, de asemejarme a Vos con la práctica de toda virtud.
    
Ramillete Espiritual: A planta pedis usque ad vérticem cápitis, non est in eo sánitas. (Desde la planta de los pies hasta la cabeza, no hay parte sana en Él. Isaías I, 6).
       
CONVERSIÓN DE UN VIAJERO COMERCIAL COMO CONSECUENCIA DE UNA CURA REALIZADA EN LA CASA DEL SR. DUPONT.
El venerable decano de la Diócesis de Tours relató el siguiente suceso, que certifica de una vez y al mismo tiempo, la cura de una persona enferma, y la conversión de un alma. «Un día, alrededor de 1856, dice, un viajero extranjero, de apariencia y modales distinguidos, quién yo no conozco, me llamó. “Sr. Cura”, dijo al acercarse, “¿tiene usted conocimiento del Sr. Dupont?”. – “Sí, ciertamente”. – “Él me ha convertido y vengo a suplicarle me confiese”. Me dijo entonces lo que sucedió.
   
Pasando por Tours, en una calle que estaba en la vecindad de las vías del tren, vio una cantidad de gente apresurándose por entrar a una casa. Hizo indagar hasta saber qué es lo que les había atraído hasta ahí. “Es”, le dijeron, “porque un caballero que vive ahí realiza milagros”. Al escuchar estas palabras, se sintió impelido a entrar con ellos para satisfacer su curiosidad.
   
Era la casa del Sr. Dupont. Al verlo, el siervo de Dios se inclinó cortésmente hacia él. “¿Cuál es el motivo, señor, que me da la oportunidad de veros?”. El viajero ingeniosamente afirmó lo que había sucedido y lo que se le había dicho. “Sí, señor”, contesta el Sr. Dupont, “han tenido lugar milagros por la gracia de Dios, y además suceden cada día”. Viendo el asombro evidente del visitante, añadió: “No es difícil para un cristiano obtenerlos, basta que los pida, y si Vd. lo desea, tendrá una prueba de ello. Aquí está una mujer casi completamente ciega, vamos a orar por ella, y espero que esté a punto de recobrar su vista”.
   
Me arrodillé, continuó el viajero, con todas las personas que estaban presente, y empecé a rezar, a pesar de que durante los últimos diez años no había realizado ningún acto religioso. Los ojos de la mujer casi ciega fueron ungidos. Al principio ella declaró que no podía leer ni una palabra de un libro que le fue presentado; sin embargo, al ser ungida varias veces con el aceite de la Santa Faz, ella empezó a ver y a distinguir a las personas que la rodeaban, y por último recobró su capacidad de ver; entonces empezó a leer en un libro que le fue presentado.
   
Tocado por lo que había visto y especialmente conmovido por las palabras del Sr. Dupont, el extraño sintió que no podía permanecer más en la posición en la que estaba respecto a su consciencia y a Dios. Se dirigió hacia un sacerdote que no conocía, y le pidió lo confesara. 
   
Y, de hecho, agregó el Decano de Ligueil, se confesó con signos de la mayor sinceridad y arrepentimiento. Fue para él el punto de inicio de una conversión completa y duradera; por último, conozco que, durante muchos años, continuó haciendo la Comunión de Pascua».
   
INVOCACIÓN
Oh Señor Jesús, que en el Camino del Calvario recibiste la ayuda de un cirineo, permitidme unirme a este hombre piadoso para seguiros a lo largo del camino del dolor, a fin de cargar vuestra cruz contigo. Concededme, oh Señor Jesús, que en el sufrimiento no me separe de Vos, a fin de que no sea separado de Vos en vuestra gloria. Amén.

lunes, 22 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA VIGESIMOSEGUNDO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN VIGESIMOSEGUNDO DÍA: LA FAZ DE JESÚS, VERÓNICA Y LAS SANTAS MUJERES.
Oh, Faz adorable, limpiada con un velo por una piadosa mujer camino al Calvario, ten piedad de nosotros.
     
Estamos a punto de meditar sobre la materia de la cual los amigos de la Santa Faz aman con especialidad. Verónica y las santas mujeres nos enseñarán como consolar, regocijar la adorable Faz de Jesús. ¡Oh! Que pudiéramos participar de los sentimientos de esas piadosas mujeres, y con ellas seguir al Salvador a lo largo del sendero de la reparación, y ofrecer a Jesús el piadoso homenaje que Él aguarda de sus más fieles discípulos.
                            
1º PUNTO – VERÓNICA ENJUGA LA FAZ DE JESÚS.
Con mucha dificultad se había levantado el Salvador de su primera caída, cuando una piadosa Israelita, quien le había seguido y estaba llena de compasión por sus sufrimientos, no pudo contener el impulso de su amor generoso y fiel. Pasó por en medio de la fila de los soldados, despreció el sarcasmo de la muchedumbre, y por último alcanzó a su Maestro.
   
No tenía ya la apariencia de un hombre, convertido en gusano, como si lo fuera, y como los despojos de la humanidad. Bajo estas apariencias, Ella adora a su Dios, voluntariamente desfigurado por nuestros pecados, y desprendiendo el precioso velo que cubría su frente, puesta de rodillas, se lo presenta, a su Salvador, Él toma el velo de Verónica, lo aplica a su Faz divina, le muestra a la piadosa mujer el verdadero alivio que su acto de caridad le ha provisto.
   
Y le deja a ella la prueba milagrosa de ello. Y la perdurable recompensa que el mundo entero venera en San Pedro, Roma, que guarda para siempre preservada en los rasgos del Hombre Dios sufriendo por sus criaturas en testimonio de su amor.
   
Oh, Jesús, permitidme reparar, en unión con Verónica, los sacrilegios, las impiedades, la indiferencia y la frialdad de la que sois objeto cada día. Imprimid vuestra Faz en mi corazón, y por este símbolo (señal) reconocedme como vuestro hijo y vuestro discípulo.
                    
2º PUNTO – LA SANTA FAZ Y LAS SANTAS MUJERES.
Verónica no estaba sola, había una multitud de personas y mujeres que lloraban y se lamentaban por Jesús (Sequébatur autem illum multa turba pópuli, et muliérum quæ plangébant et lamentábantur eum. Luc. XXIII, 27). Ellos también tienen su recompensa. El Salvador se detiene, vuelve su Santa Faz sobre ellos, y deja caer de sus labios estas palabras consoladoras: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras mismas y vuestros hijos».
   
Estas palabras del Salvador han resonado por todos los siglos en los oídos de las piadosas mujeres, de las viudas, de todas las mujeres cristianas, que se han puesto a meditar la Pasión de Cristo, para seguir el doloroso camino del Viacrucis, y también expresar los sentimientos de dolor con el cual el lamentable estado al que ha sido reducido su maestro les inspira, la instrucción que siempre reciben es la misma.
   
Antes de compadecerse de los sufrimientos de su Dios, tratan de poner un alto al torrente de iniquidades que engullen por las impiedades y blasfemias de sus hijos, de sus maridos y de sus padres. Es por vosotras y por ellos que debéis llorar, en lugar del sufrimiento del Salvador.
   
Oh, Jesús, dadme la gracia de hacer de corazón este piadoso deber, y por mis expiaciones, mis suspiros y mis lágrimas, ganar corazones para Vos.
        
Ramillete Espiritual: Nólite flere super me, sed super vos ipsas, flete et super fílios vestros. (No lloréis por mí, sino llorad por vosotras y vuestros hijos. San Lucas XXIII, 28).
       
LA PRESENTACIÓN DEL ESTANDARTE DEL SAGRADO CORAZÓN POR EL SR. LEÓN PAPIN DUPONT AL GENERAL CHARETTE.
Son conocidos los hechos que tuvieron ocasión de este episodio de la historia nacional de Francia durante el año de 1871. A nuestros lectores, sin embargo, permitidme, traerlos a memoria. Fue durante los días más amargos de nuestras desgracias. Nuestro ejército había sufrido varias derrotas sangrientas; a la vergüenza de la capitulación se habían añadido las torturas infringidas sobre el país: la capital estuvo a punto de ser sitiada por un ejército veinte veces superior al de sus defensores. Toda esperanza parecía perdida.
   
Durante el mes de octubre de 1870, el Sr. de Montagu, un caballero atacado por hidropesía del corazón, y el Sr. padre Víctor de Musy, un joven sacerdote que era paralitico y casi ciego, quien estaba destinado más tarde a ser uno de esos privilegiados a recibir gracias y la mano de Nuestra Señora de Lourdes, conversaban juntos respecto a las desgracias de Francia y buscaban los medios como remediarlas.
   
Ya por entonces un laico, oriundo de Poitiers, había hecho el voto de levantar un santuario al Sagrado Corazón en el medio de París. Una vez que el anciano le dijo a su interlocutor: «Santa Margarita de Alacoque escribió estas palabras consoladoras: “El Sagrado Corazón salvará a Francia”. Esforcémonos para poner en manos de nuestros soldados el verdadero estandarte cristiano bordado sobre sus pliegues, la imagen del Sagrado Corazón. Enviemos este estandarte a París, y que ondee como
testimonio de la fe de Francia sobre los muros de la capital asediada».
   
El padre de Musy acogió la idea, e inmediatamente escribió a sus superiores de la Visitación en Paray-le Monial. A los pocos días fue bordado el estandarte. Quedaba entonces la dificultad de hacerlo llegar a manos del General Luis Julio Trochu, Comandante de París. Se había roto toda comunicación con la capital, y el Gobierno de la Defensa Nacional se había instalado en Tours. El padre de Musy tenía en ese pueblo un amigo devoto, el Sr. Dupont. Le envió el estandarte con estas palabras: «Si puedes, debes enviárselo al General Trochu. Si no, confíalo a uno de nuestros heroicos cruzados, Charette de La Contrie».
   
Por una coincidencia providencial, Atanasio Charette acababa de llegar a Tours para organizar su batallón de voluntarios del Oeste. El Sr. Dupont lo llamó al Hotel de Londres, y se arregló una reunión delante de la Santa Faz para la mañana siguiente. Ahí, en presencia de un pequeño grupo de amigos, se abrió la caja que contenía el estandarte. Este estandarte, una copia auténtica del que ha sido visto en el Oratorio de la Santa Faz, representa al Sagrado Corazón, y tiene la siguiente leyenda sobre él: «Corazón de Jesús, salvad a Francia». Se ofrecieron oraciones por la salvación de Francia, y se decidió que el estandarte fuese colocado por el Rev. Padre Rey hasta el siguiente día sobre la tumba de San Martin, y que al lado reverso se agregaran estas palabras: «San Martín, proteged a Francia». El bordado diseñado por las damas que estaban presentes fue elaborado por las Carmelitas.
   
Charette recibió entonces, de las manos del hombre santo de Tours, y en medio de la emoción de todos los ahí presentes, el lábaro, que estaba destinado a distinguirse en los campos de Patay y Loigny. Esta escena conmovedora ha sido representada, en un vitral del Santuario de Notre Dame de Graçay (Diócesis de Bourges). Se ve ahí al Sr. Dupont, de pie delante de la Santa Faz, con una mano alzada hacia el cielo, como en actitud del cumplimiento de un acto solemne; con la otra mano, sostiene el estandarte del Sagrado Corazón, el cual, el Coronel Charette, arrodillado sobre una rodilla, recibe con fe y reverencia.
   
Los peregrinos que visitan este santuario, y quienes admirarán esta obra de arte, no fallarán en hacer la reflexión que la devoción al Sagrado Corazón y la devoción a la Santa Faz, están inseparablemente unidas. Dios ha levantado ambas, la una sobre la otra, para ser en estos últimos días, poderosos medios de regeneración y salvación.        
   
INVOCACIÓN
Oh Señor Jesús, que habéis dicho: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón», y que manifestaste sobre vuestra augusta Faz los sentimientos de vuestro divino Corazón, conceded que nosotros amemos y lleguemos con frecuencia a meditar sobre vuestros rasgos divinos, que podamos leer ahí vuestra gentileza y vuestra humildad, y aprendamos como formar nuestros corazones con la práctica de estas dos virtudes que deseáis ver resplandecer en vuestros siervos. Amén.

domingo, 21 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA VIGESIMOPRIMERO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN VIGESIMOPRIMERO DÍA: LA SANTA FAZ EN EL POLVO DEL CAMINO.
Oh, Faz adorable, cubierta con sudor y sangre, cayendo en el polvo bajo el peso de la cruz, ten piedad de nosotros.
     
Transportaos alma mía, al lugar del sufrimiento, donde vuestro Dios está a punto de beber hasta la inmundicia, del cáliz del oprobio. A su Santa Faz no le será perdonada la vida; es por encima de todo esto que sus enemigos estarán más enfurecidos. Y harán hasta el último esfuerzo para desfigurar, manchar y oscurecer este espejo de la divinidad encarnada. Pero antes de contemplar tan aterrador espectáculo, entrad en vosotros mismos, recogeos y guardad silencio, y llenaos de una dulce compunción. Que el Espíritu Santo os inspire y dirija en esta piadosa meditación.
                            
1º PUNTO – EL OPROBIO INFLIGIDO A LA SANTA FAZ.
¡Pero qué! ¡Este poderoso conquistador, quien ha resistido con impasibilidad los golpes multiplicados de sus numerosos enemigos, parece ahora estar a punto de caer sobre el camino que conduce a una victoria segura! La carga de su cetro le aplasta, está apoderado por un ataque de aturdimiento y debilidad; y en medio de gente que hierve de furia y gozo brutal, miradle, postrado y extendido en el suelo, con su frente sobre el polvo.
   
Su dulce y gracioso rostro, todavía cubierto de sangre, ensuciado por el polvo, han desaparecido su belleza y esplendor, más ya no puede ser reconocido. Quiere imprimir sobre Su adorable Faz, esta nueva ignominia, sin duda porque desea de este modo dar una lección a nuestra piedad. ¿Cuál es este Misterio, oh, divino Salvador? Permitid que mi alma os pregunte la explicación de ello, después que me detenga por unos pocos instantes para que pueda contemplar vuestros sufrimientos y humillaciones.
                       
2º PUNTO – LECCIONES OBTENIDAS DE ESTA CAÍDA.
Esta caída, oh, hijo mío, os enseñe a compadeceros por aquéllos que caen, no permitáis desalentaros por vuestras propias caídas, sino a levantaros pronto por medio de la penitencia. No fue sólo una vez, sino tres veces, que quise someterme a esta humillación, para enseñaros cuán grande es vuestra debilidad, cuán grande debe ser vuestra falta de confianza en vosotros mismos, y la gravedad de la recaída en el pecado.
   
Este pecado os debilita, os disminuye el horror hacia el mal, debilita vuestras fuerzas, y os acostumbra, cada vez, a sentir la inmundicia en la que caéis, menos repugnante. Aprended también de esta manera, de qué negra ingratitud os volvéis culpables. Os he perdonado y levantado de nuevo.
  
Cuanto deberías haber apreciado mi generosidad, y mi gracia que ha borrado vuestras culpas en mi sangre y ha reestablecido vuestros derechos en el Paraíso. Mirad, en lugar de agradecerme, renováis vuestras ofensas, y os permitís arrastrar vuestras almas y ensuciarlas por el camino del polvo. Mi rostro es más reconocible a los ojos humanos de lo que es vuestra alma a los ojos de Dios. Reconoced vuestro estado, lamentad vuestras caídas, y haced resolución de ahora en delante de llevar una vida mejor, y por encima de todo, evitad el más peligroso de todos los pecados, principalmente, es decir, el de la recaída y abuso de la gracia.
        
Ramillete Espiritual: Non avértas fáciem tuam a me. (Señor, no apartes Tu Rostro de mí. Ps. CXLII, 7).
       
SANACIÓN Y CONVERSIÓN DE PROTESTANTES
Citamos de los testimonios, de Monseñor Monsabré, Cura de Vendôme, en la Diócesis de Blois; del Sr. Dejours, también cura de en la Diócesis de Blois, y de la persona sobre la que tuvo lugar el milagro, el siguiente hecho, extraído del proceso (causa) de canonización del Sr. Dupont.
  
En consecuencia con una sanación que había tenido lugar a una persona perteneciente a Aunay, de nombre Julie Gautier (febrero de 1852), el Sr. Dupont informó al padre Dejours que fue necesario orar fervientemente, y que algunos protestantes que solían estar en su parroquia se convertirían y harían su primera comunión de Pascua ese mismo año.
      
El buen cura miró esas noticas como una profecía, porque no había apariencia, hasta donde se podía ver, que las palabras del Sr. Dupont llegaran a realizarse... Algún tiempo después, Louis Cosson, un protestante perteneciente a Aunay, un hombre recto y temeroso de Dios, y además que frecuentaba las iglesias católicas, vino donde el Sr. Dupont, y le rogó sanara a su esposa, Catherine Marette, quien había estado sufriendo de una afección seria por dos años y medio, la cual había sido considerable incurable por varios doctores.
   
No se atrevió a confesar al siervo de Dios qué religión profesaba, pero el Sr. Dupont lo previó a lo inmediato, y contentándose con hacer prometer al hombre que si su esposa era sanada, él daría su primera comunión el día de Pascua. Se ofrecieron oraciones delante de la Santa Faz, y en respuesta, Louis Cosson se dio cuenta que a la misma hora cuando se ofrecieron estas oraciones, su esposa había sido consciente que alguna mejoría había tenido lugar en su estado de salud. La sanación completa siguió a la conversión de toda la familia.
   
En el Domingo de Quasimodo (Octava de Pascua), el cura de la parroquia recibió la abjuración de Louis Cosson y de sus hijos, quienes al Domingo siguiente dieron su primera comunión, juntos. La mujer que había sido sanada milagrosamente imitó sus ejemplos el 25 de abril. Desde entonces ha estado en excelente estado de salud, y ha seguido siendo buena católica.
  
Varios de sus sobrinos y cuñados, también, desde entonces, hicieron su sumisión a la Iglesia. Además, ella afirma que, habiendo venido varias veces como un acto de gratitud a ofrecer oraciones delante de la Santa Faz, había sido sacudida por la santidad manifiesta en el Sr. Dupont, y reconocía en él «un santo, y un gran santo». Estas son sus propias palabras.
        
INVOCACIÓN
Oh Jesús Salvador, que llamaste de la oscuridad de la herejía al seno de la verdadera Iglesia las ovejas que se habían extraviado del rebaño, concedednos que siempre permanezcamos unidos a la fe que hace santos y al divino Pastor, solo el cual puede conducirnos a los prados de la salvación. Amén.

sábado, 20 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA VIGÉSIMO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN VIGÉSIMO DÍA: LA SANTA FAZ EN PRESENCIA DE SUS VERDUGOS.
Oh, Faz adorable, cuya frente fue coronada de espinas, ten piedad de nosotros.
     
Transportaos alma mía, al lugar del sufrimiento, donde vuestro Dios está a punto de beber hasta la inmundicia, del cáliz del oprobio. A su Santa Faz no le será perdonada la vida; es por encima de todo esto que sus enemigos estarán más enfurecidos. Y harán hasta el último esfuerzo para desfigurar, manchar y oscurecer este espejo de la divinidad encarnada. Pero antes de contemplar tan aterrador espectáculo, entrad en vosotros mismos, recogeos y guardad silencio, y llenaos de una dulce compunción. Que el Espíritu Santo os inspire y dirija en esta piadosa meditación.
                            
1º PUNTO – EL OPROBIO INFLIGIDO A LA SANTA FAZ.
Los sumos Sacerdotes se han retirado y han abandonado al inocente Jesús a manos de los soldados y serviles. Estos hombres crueles están a punto de infringir heridas sobre cada parte de su cuerpo. Su Sagrada Faz se volverá irreconocible por las ignominias y los golpes infligidos sobre Él.
   
Ya antes uno de ellos se atrevió a levantar su mano contra el autor de la naturaleza, y a lastimar su divina mejilla con una infame bofetada. Y este es sólo el preludio de lo que el Hombre Dios tendrá que soportar de esta impía y sacrílega raza. Se ha llamado a sí mismo Dios e Hijo de Dios, y por este título está a punto de ser el objeto de su brutalidad.
   
Primero sus ojos son cubiertos con una pieza de material deshilachado; escupen sobre su Rostro y las blasfemias hieren sus sagrados oídos; los malvados se le acercan y le dan duros puñetazos. Maniatado y esposado por las morbosas manos de los sirvientes. Las bofetadas de los puños con guantes de acero de los soldados llovían sobre sus mejillas y le hacían sangrar sus labios, mientras se alzaban gritos de ironía: «Profetízanos, Oh Cristo, ¿quién te ha golpeado?» (Tunc expúerunt in fáciem ejus, et cólaphis eum cecidérunt; álii autem palmas in fáciem ejus dedérunt, dicéntes: prophetíza nobis, Christe, quis est qui te percússit. Matth. XXVI, 67).
   
Pero esto no ha sido todo: en la casa de Pilato, en la presencia de una cohorte de soldados, Jesús será vestido con un manto púrpura, a la manera de un manto real; se le colocará una caña en su mano, una corona de espinas será entretejida y colocada sobre su frente, será arrojado hacia abajo sobre ella con durísimos golpes, la Faz de Jesús quedará por completo irreconocible.
   
Qué horrible visión tuvo vuestro profeta, oh, mi Dios, cuando exclamó: «Le hemos visto, y no había belleza que encontráramos en él, castigado por Dios y afligido, humillado y despreciado de los hombres, herido por nuestras iniquidades, y por su sangre hemos sido rescatados». Deteneos, alma mía, contemplad este lamentable espectáculo, y preguntaos a vos misma cuál podría haber sido la causa de los sufrimientos infringidos a la Santa Faz.
                       
2º PUNTO – SILENCIO Y SERENIDAD DE JESÚS.
En el primer día de la creación, sólo se necesitó de una palabra del Señor para hacer que el mundo saliera de la nada, un acto de la voluntad de Jesús sería suficiente para hacerlo volver al caos. Tus labios, Oh mi Salvador, ¿están a punto de abrirse, para pronunciar el anatema que al menos arroje a vuestros enemigos, aún vivos, al infierno?
   
¡Pero no! El tiempo de la justicia no llegado; es el tiempo de la expiación y del sacrificio. Jesús calla. Se entrega por completo a merced de sus verdugos. Como una oveja ante el esquilador, no abre su boca para quejarse. Su Santa Faz no está perturbada, conserva su serenidad, cuando Pilatos, coronando la medida de sus iniquidades, pronuncia la sentencia en nombre de todos los presentes.
   
¿Acaso tengo yo el derecho de rebelarme contra las injusticias de los hombres, para permitir que mi rostro se cubra con el sonrojo de la indignación y permitir que amargas palabras escapen de mis labios cuando mi Dios se queda en silencio en presencia de aquéllos que le ultrajan?
   
¡Oh Faz divina! Me uno a vuestras humillaciones y sufrimientos. Deseo compartirlas, y hacer reparación por ellas, con mi delicadeza, mi paciencia, mi fortaleza cristiana. Inclino mi cabeza, cierro mis ojos, y acepto los golpes a través del amor y de la imitación. Humilde y dulce Jesús, tened piedad de mí, ayudadme. De ahora en adelante yo renuncio, a fin de complaceros, a todas las pretensiones de orgullo, de amor propio, a todos los movimientos de vanidad.
        
Ramillete Espiritual: Tamquam agnus coram tondénte se obmutéscet. (Enmudecerá como un cordero ante su trasquilador. Isaías LXIII, 7).
       
CAUSA DE CANONIZACIÓN DEL SR. LEÓN PAPIN DUPONT: SANACIÓN DEL GENERAL LANGAVANT
La sanación del General Cléret de Langavant, contada por su hijo, un escolástico de la Sociedad de Jesús, ante el tribunal instituido para la causa de canonización del Sr. León Papin Dupont, está acompañada de circunstancias extraordinarias.
   
El Sr. Cléret de Langavant, relacionado por matrimonio con el Sr. Dupont, fue el segundo oficial al mando a bordo del navío Jena estacionado en el puerto de Tolón. Fue herido gravemente, durante una maniobra. Lo que le ocasionó un flemón en la rodilla. Una predisposición a la disentería dio lugar a temer que la gangrena ya hubiera alcanzado los intestinos.
   
Una fiebre ardiente, sumada estos síntomas, habían hecho una amputación imposible. Sin embargo, los doctores afirmaron que era la única posibilidad de salvar la vida del paciente. Se decidió que se intentaría la operación. Se envió un telegrama a la Sra. Cléret, quien estaba en Brest, y quien temía no ser capaz de llegar a tiempo, para recibir la última mirada de su marido.
   
Cuando ella llegó a Tours, como tenía que esperar ahí por tres horas, pensó en su pariente Louis Dupont, y decidió visitarlo para que orara por él. Después de recitar juntos las letanías de la Santa Faz, el siervo de Dios le dijo a ella: «Es posible que su marido mejore a partir de hoy, tomaré nota de ello. Tan pronto llegue a Tolón, me escribirá. Mañana por la tarde, en la adoración nocturna, rezaremos por él, y la comunión general, que tiene lugar a las cuatro, y que termina con la adoración, será hecha por su intención». Esto sucedió un Jueves, a las dos de la tarde.
   
La Sra. Cléret, tan pronto llegó a Tolón, vio a un oficial naval acercársele, y él dijo: «Señora, su marido se encuentra mucho mejor». Ella se dio cuenta que la tarde del martes, inmediatamente después de la recitación de las Letanías en la casa del Sr. Dupont, el cirujano que estaba a cargo se enteró que había habido un cambio en la herida, y a la mañana siguiente, durante la visita oficial (de los médicos), el doctor en jefe, habiendo quitado las vestiduras, exclamó: «No sólo se salvó su vida, sino también su pierna». La gangrena casi había desaparecido por sí misma, y otro doctor declaró que el hecho es milagroso.
   
Esta sanación, fue, como se dijo, la cusa de muchas conversiones. El General Cléret de Langavant llevó las cicatrices de su herida, pero fue capaz de continuar su carrera, y su hijo afirma que, hasta el día de su muerte, era capaza de hacer largas caminatas. La Sra. de Langavant no tiene miedo de declarar que ella atribuye su cura a la santidad y oraciones del Sr. Dupont.
     
INVOCACIÓN
Oh Jesús Salvador, que quisiste curar el cuerpo, a fin de curar las heridas del alma arroja sobre nosotros una mirada de tu Faz divina, y concede a nuestras oraciones perseverantes, ofrecidas con fe y fervor, las gracias espirituales y temporales que imploramos de Tu misericordia. Amén.

viernes, 19 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA DECIMONOVENO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN DECIMONOVENO DÍA: LA SANTA FAZ ANTE LOS SUMOS SACERDOTES.
Oh, Faz adorable, que por nosotros fuiste humillada ante los tribunales de Jerusalén, ten piedad de nosotros.
   
Sigamos a Jesús a lo largo del camino que conduce al Calvario. Vamos a contemplar a la Santa Faz saturada de ignominias y ultrajes en presencia, primero de Anás, y luego de Caifás; por todas partes admiraremos su dulzura, su serenidad, su radiante y divina majestad.
                         
1º PUNTO – LOS ULTRAJES INFLIGIDOS A LA SANTA FAZ.
El Pontífice pregunta a Jesús sobre su doctrina y sus discípulos. Y la boca divina quien ha ahecho las montañas y planicies de Judea resuena con las palabras de vida eterna, que el pueblo recibió con avidez, una vez más habla. Escuchemos sus respuestas: «He hablado abiertamente al mundo, siempre he enseñado en la sinagoga y en el Templo, donde los judíos siempre se reúnen, y nada he hablado en secreto. ¿Por qué me preguntáis? ¡Preguntadle a los que me han escuchado! ¡Mirad, ellos saben que cosas he dicho!» (San Juan XVIII). Tal es la respuesta llena de sabiduría que sale de los labios del Salvador. ¿Y cuál fue su recompensa? Cuando dijo estas cosas, uno de los sirvientes que estaba de pie, le dio a Jesús una bofetada. «¿Por qué no estuve ahí con mis Francos?», exclamó el joven rey Clodoveo al escuchar este pasaje cuando lo leyó por primera vez. Oh, Jesús, ¿por qué no estuve yo ahí también, para borrar la marca infame causada por la bofetada que te dio el sirviente?
   
De Anás pasemos a Caifás. Calumnias y blasfemias se acumulan sobre el Salvador: «Él ha dicho: Puedo destruir el templo del Señor y levantarlo de nuevo en tres días». Jesús guardó silencio. El sumo sacerdote está enfurecido en contra de Él y grita: «En el Nombre del Dios vivo, te conjuro que nos digas si eres el Cristo». «Tú lo has dicho», respondió Jesús, «y un día veréis al hijo del hombre sentado a la derecha del Padre, viniendo en las nubes del cielo».
   
Admiremos la dulzura, la serenidad, la sabiduría de las palabras divinas de Jesús. Oh Faz adorable, enseñadme a practicar las mismas virtudes en medio de las pruebas y dificultades de la vida.
                     
2º PUNTO – LAS RESPUESTAS QUE JESÚS DIO A SUS DISCÍPULOS.
Anás y Caifás pertenecen a todas las épocas, siempre ha habido obscuros perseguidores y también perseguidores vestidos de púrpura sentados sobre tronos de orgullo y crueldad. Hubo mártires durante tres siglos, y todavía habrá. Al día presente existen tantos enemigos del nombre Cristiano.
   
¿Cómo le reprochan a vuestra Iglesia, Oh Dios mío, ¿su doctrina y sus discípulos?, De igual manera que su divino Fundador, responde: «Siempre he enseñado en público. Preguntad a quienes me han escuchado; ellos os dirán las verdades que Yo he proclamado, las virtudes que les he enseñado practicar». Y en retorno a esta respuesta, recibirá la bofetada de un sirviente.
  
Pero mirad, se acerca el turno de Caifás. Ninguna acusación fundamentada sobre la verdad puede ser descubierta contra ella. Entonces deben inventarse las calumnias: «¿Sois divina? ¿Es vuestro Cristo, Dios?». Vosotros lo habéis dicho, y llegará un día cuando la Esposa ultrajada vendrá de la mano derecha de su Amado a juzgar a los perseguidores y verdugos.
  
Sacerdotes de Jesucristo, fieles a la Santa Iglesia, ofreced vuestras mejillas, porque también vosotros debéis atreveros a hablar la verdad a los poderosos de este mundo. Preparaos entonces para los golpes. Pero regocijaros que participáis de las ignominias de vuestro Salvador, ¿acaso no es una gloria que así sea?, Es una gloria que ansío, oh, mi Dios, para que un día sea asociado a vuestros triunfos inmortales.
        
Ramillete Espiritual: Unus assístens ministrórum dedit álapam Jesus. (Uno de los sirvientes que estaba de pie, le dio una bofetada a Jesús. San Juan XVIII, 22).
       
CAUSA DE CANONIZACIÓN DEL SR. LEÓN PAPIN DUPONT
La historia de los santos no termina con sus vidas, el día de sus muertes es llamado por la Iglesia dies natális, el día del nacimiento. La veneración sentida por el que fue llamado el Santo varón de Tours continuó después de su muerte. Monseñor Colet, no contento con haber declarado que el siervo de la Santa Faz había muerto en olor de santidad, no hizo demora para comenzar un proceso de examinación de las virtudes y milagros atribuidos a él.
   
El padre Pedro Desiderio Janvier, quien fue hecho postulador de la causa, dirigió una petición al Arzobispo, rogando que le permitiera, para la mayor gloria de Dios, quien se muestra admirable en sus santos, para hacer uso de su autoridad como ordinario, de la reputación por la santidad, las virtudes, y los milagros del siervo de Dios, según el tenor de los antiguos y modernos decretos, de la sagrada Congregación de Ritos.
  
En respuesta a esta petición, el Arzobispo constituyó un tribunal eclesiástico, conformado por un postulador, tres jueces, un promotor de la fe, de dos notarios, etc. La obligación del postulador es convocar las reuniones del tribunal, citar a los testigos que han tenido conocimiento del siervo de Dios, juntar y administrar las cantidades requeridas para los gastos del proceso.
  
El presidente del tribunal, que es el mismo obispo, comúnmente es reemplazado por uno de sus Vicarios generales. Él dispone de dos jueces auxiliares. El deber que incumbe al promotor de la fe es el más importante. Tiene que velar que todo se realice conforme a las formalidades prescritas por la Sagrada Congregación de los Ritos; el mismo tiene que interrogar a los testigos, y dictar sus respuestas a los notarios. También tiene que redactar la lista de preguntas que deben ser cuidadosamente puestas bajo sello.
  
Los notarios redactan las citaciones y registran los juramentos y respuestas de los testigos, llamados a dar su testimonio. Los testigos, son presentados ya sea por un postulador, o si no, ex oficio, por el fiscal
promotor.
  
La siguiente es la fórmula de juramento que están obligados a tomar:
«Yo el abajo suscrito, tocando los santos evangelios de Dios, ante mí colocados, juro y prometo hablar la verdad, ambas, con vistas a los interrogatorios y a las cláusulas de las que seré examinado en la causa de Beatificación y canonización, del siervo de Dios, León Dupont, juro y prometo religiosamente guardar secreto y no revelar cualquiera que sea la naturaleza de los interrogatorios, o las respuestas y testimonios que haré en estos mismos interrogatorios y cláusulas, y no hablar de ellos a nadie, con excepción de sus Señorías, el juez y sus auxiliares, el procurador fiscal, y el notario comisionado a llevar el proceso, bajo pena de perjurio, del cual no puedo ser liberado, excepto por el Soberano Pontífice. Ni siquiera aún por el Gran Penitenciario, a menos que esté a punto de morir. Y esto juro y prometo, que Dios y sus santos evangelios así me ayuden».
El tribunal, habiendo terminado de preguntar a los testigos, lee el registro una y otra vez, una copia de el se guarda entre los archivos del arzobispado, y otra copia se envía a Roma.
  
Culminaremos esta noticia con algunos detalles respecto a lo que se ha hecho por el proceso del Sr. Dupont.
   
El examen preliminar por el ordinario empezó el 2 de octubre de 1883. Finalizó el 6 de junio de 1888. Se sostuvieron 500 sesiones y se interrogaron cerca de sesenta testigos. Fue el viernes 1 de junio, que se sostuvo una sesión pública en el oratorio de la Santa Faz, para la apertura del proceso y su liberación del juramento de secreto. El postulador habiendo declarado que no tenía más testigos que citar, solicitó la clausura (cloture), que inmediatamente fue otorgada por los jueces y aceptada por el promotor. Luego los notarios trajeron los dos volúmenes que contienen los testimonios de los testigos, y deshicieron la cinta que habían colocado alrededor de las preguntas. Desde ese momento la ley del secreto impuesta expiró.
  
El mismo Arzobispo presidió la última sesión sostenida el 6 de junio, y el proceso se depositó en un cofre destinado a ser llevado a la sagrada Congregación de los Ritos, por dos miembros del tribunal eclesiástico.
     
INVOCACIÓN
Oh, adorable Faz de Jesús, fuente de toda gracia, de luz y de paz, concedednos que caminemos con paso firme por el camino de la santidad, y por la frecuente contemplación de vuestra Imagen, se imprima en nuestras almas la semejanza divina a ella, la cual Vos deseáis ver brillar en vuestros Santos. Amén.

jueves, 18 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA DECIMOCTAVO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN DECIMOCTAVO DÍA: LA SANTA FAZ Y PEDRO.
Oh, Faz adorable, cuya divina mirada traspasó el corazón de San Pedro con una flecha de dolor y amor, ten piedad de nosotros.
   
Es en compañía del apóstol escogido por Nuestro Señor para ser el fundador de su Iglesia sobre la tierra, que estamos a punto de admirar el poder de los ojos de Jesús. Fue aquél que llamó a Pedro a seguir a Jesús, quien lo levantó después de su caída y le dio la fortaleza de un mártir. Contemplemos en estas distintas circunstancias, lo que la Santa Faz hizo por Pedro y lo que Pedro hizo por su maestro.
                         
1º PUNTO – VOCACIÓN DEL APÓSTOL SAN PEDRO.
Jesús se encontraba a orillas del lago de Genesaret, y Andrés vino y dijo a sus hermanos: «Hemos encontrado al Mesías», de inmediato le condujo a Jesús, habiendo visto a Simón: «Intúitus autem eum Jesus» (Joan I, 42), en el mismo instante le dijo: «Tú eres Simón, hijo de Juan, de ahora en adelante te llamarás Cefas, que quiere decir piedra».
     
Admiremos el poder y la eficacia de la mirada de Jesús. Él vuelve su Santa Faz sobre un pobre pescador, y descubre en él lo que hasta entonces nadie había visto, un alma elegida, un futuro pescador de hombres, él quien estaba destinado a ser la piedra angular sobre la que habría de edificar su Iglesia. Esta mirada penetró tanto el alma de Pedro, que inmediatamente abandonó sus redes y su familia, y siguió a su maestro.
   
¿Acaso no fue también una mirada de los ojos del Salvador, que cayeron sobre mi alma, en el instante en que quizás me encontraba lejos de la grey celestial, y que, iluminándome con un rayo de gracia, me capacitaron para comprender la nada de las cosas creadas, y la felicidad de seguir al divino Maestro? Oh, Señor, obra vuestra tierna mirada para que brille una vez más, y señaladme el camino que debo seguir, a fin de que de ahora en adelante evite las sendas del vicio y el error.
                     
2º PUNTO – CAÍDA DEL APÓSTOL SAN PEDRO.
«Aunque todos se escandalicen de Ti, Yo nunca me escandalizaré» (Étiamsi opórtuerit me mori tecum, non te negábo. Matth. XXVI, 33), replicó el apóstol a su maestro en la víspera de su Pasión; y como castigo de su arrogante confianza en sí mismo, Jesús permitió que las palabras dichas por una sirvienta hicieran que su vicario le negara por tres veces y afirmara con juramento que no conocía al hombre.
   
¡Oh, Jesús, qué lección! ¡Pero, ved! apenas se había consumado la caída antes que el Salvador piense en nada más que en levantar de nuevo a su apóstol. Se olvida de sus propios sufrimientos e ignominias, y vuelve hacia él su Faz adorable; un rayo de luz de amor, proveniente de los ojos del Maestro, penetra el corazón del discípulo infiel, y Pedro confiesa su culpa. Flevit ámare, dice el Evangelio: «lloró amargamente» (Matth. XXVI, 75), y tan amargamente, que un riachuelo de incesantes lágrimas trazó sobre la cara de Pedro un surco imborrable.
   
¿No es la historia de vuestro apóstol de alguna manera la mía? ¿Cuántas veces nos he negado por el pecado? ¡Cuántas me habéis levantado de nuevo con una mira tierna de vuestros ojos! Pero, Oh mi Jesús, ¿se ha asemejado mi contrición a esa del apóstol penitente? Dadme su verdadero dolor por mis culpas, y que aprenda, contemplando vuestra augusta Faz, desfigurada por mis pecados, de aquí en adelante a llevar una vida de reparación y amor.
        
Ramillete Espiritual: Convérsus Dómini respéxit Petrum, egréssus foras, Petrus flevit ámare. (Y el Señor, volviéndose, miró a Pedro, y Pedro, saliendo, lloró amargamente. San Lucas XXII, 61).
       
EL ORATORIO DE LA SANTA FAZ
Después de la muerte del Sr. León Papin Dupont, los fieles acostumbraban a ir y orar ante la Santa Faz unida a un interés particular en su lugar de habitación, donde se habían concedido tantas gracias, tantas sanaciones extraordinarias realizadas ante sus ojos, y establecido tantas buenas obras.
   
A fin de que la casa del santo varón de Tours no se convirtiera en propiedad privada, Mons. Carlos Teodoro Colet, quien había declarado en un documento que el Sr. Dupont había «muerto en olor a santidad», permitió que la propiedad fuese comprada por una comunidad perteneciente al pueblo. Se estableció un oratorio público allí, el 29 de junio, el Arzobispo la inauguró solemnemente y fue el primero en celebrar la Santa Misa en la capilla.
   
El oratorio se compone de lo que inicialmente era la salita del Sr. Dupont, a la que se añadieron dos capillas laterales, de estilo bizantino, una de las cuales está consagrada a Nuestra Señora de los siete Dolores, y la otra a San Pedro penitente. La Imagen de la Santa Faz, permanece en el lugar que siempre ha ocupado, ha sido adornada con un hermoso cuadro dorado en bronce, decorada con piedras preciosas, el obsequio de las madres Cristianas de Tours.
   
La lámpara de cristal, encendida por el Sr. Dupont, continúa ardiendo delante de ella. El alto altar, cubre la pieza de mármol de la chimenea, y la piedra del fogón, donde el Sr. Dupont se arrodillaba para orar. Por encima de este altar está colocada una imagen del Ecce Homo. Del lado donde se lee la epístola, se exhibe un estandarte del Sagrado Corazón, un duplicado del que condujo al campo de honor en Patay a los heroicos cruzados de Charette y Cathelineau. Cercano a el, sobre un alto escritorio para leer, está el libro de la biblia, en la cual el Sr. Dupont buscaba textos para comentar a sus amigos. Cerca, al lado, se encuentra la lámpara, que perpetuamente arde en honor a la Palabra de Dios.
   
Las paredes del oratorio, dividido en paneles, contienen oraciones piadosas pintadas sobre ellos e inscripciones conmovedoras que guardan relación con las virtudes del siervo de Dios, y a algunas situaciones de su vida. Numerosas muletas colocadas cerca del altar atestiguan las sanaciones obtenidas ante la Santa Faz durante la vida y después de la muerte del Sr. Dupont.
   
Sanaciones y gracias de toda clase, de hecho, no cesan de ser concedidas a las oraciones de los peregrinos. El Oratorio de la Santa Faz, se ha convertido más que nunca en el centro de las verdaderas obras de reparación. Una atracción irresistible atrae a las personas al piadoso santuario, y sería imposible enumerar las almas que se han sentido a sí mismas consoladas, fortificadas y con un bien devuelto, después de haber orado y meditado por algún tiempo en un lugar todavía impregnado por las virtudes de tan gran cristiano.
   
Todos los días se celebran numerosas misas, y en verdad se podría decir que la oración es ininterrumpida.
     
INVOCACIÓN
Oh, adorable Faz de Jesús, que buscasteis la soledad y el silencio del huerto de la agonía, para prepararos a los misterios de vuestra dolorosa Pasión, permitidme meditar, lejos de los inútiles rumores del mundo, sobre el oprobio que tuviste que padecer por amor a mí, para que así pueda fortalecer mi alma para el gran combate que tengo que llevar a cabo, antes de llegar a la gloria celestial. Amén.