lunes, 7 de diciembre de 2020

BULA SABATINA DEL ESCAPULARIO CARMELITA

Aparición de la Virgen del Carmen a Juan XXII pidiéndole confirmar el Privilegio Sabatino y proteger a los Carmelitas (Retablo de Santa María del Río, San Luis Potosí, México)
  
Tomado del Tesoro del Carmelo. Traducción propia.
   
LATÍN
Alexánder epíscopus, Servus servórum Dei, univérsis et síngulis Christi fidélibus, tam præséntibus quam futúris, præséntes lítteras inspectúris salútem et apostólicam benedictiónem:
   
Tenóre cujúsdam privilégii a felícis recordatiónis Joánne XXII prædecessóre Nostro, diléctis filiis prióri generáli et frátribus et diléctis in Christo filíabus, soróribus, confrátribus et confrátriæ fratrum dicti Órdinis Carmelitárum concéssi, per Nos visi et diligénter inspécti de dicto origináli sumpto, ut de ipso in postérum certitúdo plénior habeátur, præséntibus fécimus adnotári, quod tale est:
Joánnes epíscopus, servus servórum Dei, univérsis et síngulis Christi fidélibus, tam præséntibus quam futúris, præséntes lítteras inspectúris salútem et apostólicam benedictiónem: Sacratíssimo ut in cúlmine paradísi angelórum tum suávis et dulcis repéritur melodía modulámine visiónis, dum Jesus patérno nutu admirátur, circumspícitur ad humanitátem dicéndo: Ego et Pater unum sumus, et qui videt me, et meum videt Patrem, et angelórum non desínit chorus dicere: Sanctus, Sanctus, Sanctus, ita sýnodus non cessat láudes effúndere celsæ Vírgini, dicéndo: Virgo, Virgo, Virgo, sis spéculum nostrum páriter et exémplum (quóniam múnere múnitur gratiárum, sicut sancta cantat Ecclésia, María grátia plena, et mater misericórdiæ). Et sic iste ille Mons reputátur de Carmélo órdini cántibus extolléndo, et hanc gratiárum Genitrícem commendándo, et dicéndo: Salve, Regína, Mater misericórdiæ, et hanc gratiárum Genitrícem commendándo, et dicéndo: Salve, Regína, Mater misericórdiæ, et spes nostra; sic mihi flexis génibus supplicánti Virgo visa fuit carmelíta sequéntem affáta sermónem:
O Joánnes, o Joánnes vicári mei dilécti Fílii, velúti a tuo te erípiam adversário, te papam fácio, solémni dono vicárium, meis coadjuvántibus supplicatiónibus a dulcíssimo Fílio meo petens, quod gratióse obtínui: Istam grátiam et amplam meo sancto ac devóto Carmelitárum Órdini confirmatiónem débeas præconcédere per Elíam et Eliséum in monte Carméli inchoáto; quod unusquísque professiónem fáciens, Régulam a meo servo Albérto patriárcha ordinátam observábit, et inviolátam obtinébit, et per meum diléctum fílium Innocéntium approbátam. Ut veri mei Fílii vicárius débeas in terris assentíre, quod in cœlis meus státuit semel et ordinávit Fílius. Quod qui in sancta perseveráverit obœdiéntia, paupertáte et castitáte; vel qui sanctum intrábit Órdinem, salvábitur: et si álii devotiónis cáusa in sanctam ingrediántur Religiónem, sancti Hábitus signum feréntes, appellántes se Confrátres et Consoróres mei Órdinis prænomináti, liberéntur et absolvántur a tértia eórum peccatórum portióne, a die quo præfátum Órdinem intrábunt; castitátem, si vídua est, promitténdo; virginitátis, si est virgo, fidem præstándo; si conjugáta, invioláti conservatiónem matrimónii adbibéndo, ut sancta mater ímperat Ecclésia. Fratres proféssi dicti Órdinis supplício solvántur et culpa: et a die, quo isti recédunt ab hoc sæculo, et properáto gradu accelérant ad Purgatórium, ego Mater gratióse descéndam sábbato post eórum óbitum, et quot in Purgatório invenéro liberábo, et ad montem sanctum vitæ ætérnæ perdúcam. Verum quod isti Confrátres et Consoróres teneántur horas dícere canonicáles, ut opus fúerit, secúndum Régulam datam ab Albérto. Illi qui ígnari sunt, débeant vitam jejúnam dúcere in diébus quos sacra jubet Ecclésia, nisi necessitátis cáusa alícui essent tradíti impediménto; mercúrio et sábbato débeant se a cárnibus abstinére, prætérquam in mei Fílii Nativitáte. Et hoc dicto evánuit hæc sancta Virgo.
Istam ergo sanctam indulgéntiam accépto, robóro, et in terris confírmo, sicut propter mérita Vírginis Matris gratióse Jesus Christus concéssit in cœlis.
   
Nulli ergo omníno hóminum liceat hanc páginam nostræ indulgéntiæ, seu statúti, et ordinatiónis irritáre, vel ei ausu temerário contraíre: si quis autem hoc attentáre præsúmpserit, indignatiónem omnipoténtis Dei, et beatórum apostolórum Petri et Pauli se novérint incursúrum.
   
Data Avignóne tértia die mártii, Pontificátus nostri anno sexto.
    
Nulli ergo omníno hóminum liceat hanc páginam nostræ indulgéntiæ, seu statúti, et ordinatiónis irritáre, vel ei ausu temerário contraíre: si quis autem hoc attentáre præsúmpserit, indignatiónem omnipoténtis Dei, et beatórum apostolórum Petri et Pauli se novérint incursúrum.
  
Datum Romæ séptima decémbris apud sanctam Maríam Majórem, pontificátus nostri anno primo.
   
TRADUCCIÓN
Alejandro Obispo, Siervo de los siervos de Dios, a todos y cada uno de los fieles de Cristo, tanto presentes como futuros que vieren las presentes Letras, Salud y Bendición Apostólica.
   
Al tenor del siguiente privilegio concedido por Nuestro predecesor de feliz memoria Juan XXII a los amados hijos el prior general y los hermanos, y a las hijas, hermanas, Cofrades y Cohermanas de dicha Orden Carmelita, por Nos visto y diligentemente inspeccionada de dicho original recibido, para que haya plena certeza de él para los venideros, la hicimos anotar, tal cual es:
Juan Obispo, Siervo de los siervos de Dios, a todos y cada uno de los fieles de Cristo, tanto presentes como futuros que vieren las presentes Letras, Salud y Bendición Apostólica.
   
Así como en la cumbre sacratísima del Paraíso se escucha una melodía angélica tan suave y dulce, cual compete a la visión de la Humanidad de Jesús resplandeciente con la gloria del Padre, conforme Él dice: “Yo y el Padre somos una misma cosa”; y: “Quien me ve, ve al Padre”; por lo cual el coro de los ángeles no cesa de decir: “Santo, Santo, Santo”. “Así también el Sínodo no cesa de decir alabando a la excelsa Virgen: “Virgen, Virgen, Virgen, sed nuestro espejo y a la vez nuestro modelo”. Ella, en efecto, goza del don de las gracias, como la santa Iglesia canta: “María, llena de gracia y Madre de misericordia”. Por lo que es digno de estima el monte de la Orden del Carmen, que con cánticos enaltece y recomienda a esta Madre de las gracias, diciendo: “Salve, Reina de misericordia y esperanza nuestra” así a mí estando suplicando arrodillado se mostró la Virgen carmelita diciéndome el siguiente discurso:
«Juan, Juan, vicario de mi amado Hijo, como yo te libraré de tu adversario, te hago Papa vicario con la ayuda de mis súplicas dirigidas a mi dulcísimo Hijo, lo que yo obtuve graciosamente: tú debes conceder la gracia y la confirmación amplia para mi santa y devota Orden de los carmelitas comenzada por Elías y Eliseo en el monte Carmelo: que quienquiera que haga la profesión de la regla entregada por mi siervo San Alberto patriarca, la observe y mantenga inviolada y aprobada por mi amado hijo Inocencio y que el vicario de mi Hijo en la tierra debe aprobar lo que en los cielos ordenó una vez mi Hijo: que quien persevera en santa obediencia, pobreza y castidad, o que entrara en la Santa Orden se salvará; y si a otros por devoción entren en la santa religión, llevando el signo del santo habito, llamándose Cofrades o Cohermanas de mi citada Orden, sean liberados y absueltos de la tercera parte de sus pecados desde el día que entraran en la predicha religión, prometiendo castidad si es viuda, virginidad si es Virgen, y si es casada conservando las obligaciones del santo matrimonio, como manda la Santa madre Iglesia, los hermanos profesos de dicha Orden serán absueltos del suplicio y de la culpa. Y el día en que tales partan de este mundo y vayan al Purgatorio, yo, como Madre, descenderé graciosamente el sábado después de su muerte y los que encuentre en el purgatorio los libraré y los llevaré al monte santo de la vida eterna. Pero que estos Cofrades y Cohermanas han de decir las horas canónicas, según la regla dada por San Alberto. Los que no sepan decirlas deberán observar el ayuno en su vida los días en que lo manda la Santa Iglesia, a no ser que tengan algún impedimento, los miércoles y sábados deben abstenerse de carnes, menos el día de la Natividad de mi Hijo».
Y dicho esto, esta Virgen Santa desapareció. Por eso acepto, ratifico y confirmo en la tierra esta santa Indulgencia, así como por los méritos de la Virgen Madre la concedió benigno Jesucristo en el Cielo.
   
A ninguno le sea lícito irritar o contrariar temerariamente esta página de nuestra Indulgencia o Estatuto y Ordenación: si alguno presumiere atentarlo, sepa que incurrirá en la indignación de Dios omnipotente y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.
   
Dado en Aviñón el 30 de Marzo, año sexto de nuestro Pontificado.
    
A ninguno le sea lícito irritar o contrariar temerariamente esta página de nuestra Indulgencia o Estatuto y Ordenación: si alguno presumiere atentarlo, sepa que incurrirá en la indignación de Dios omnipotente y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.
  
Dado en Roma el 7 de Diciembre, junto a Santa María la Mayor, año primero de nuestro Pontificado.

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