domingo, 15 de septiembre de 2013

JESÚS Y MARÍA: UN SOLO CORAZÓN Y UN SOLO DOLOR

Se dice que el amor hace que la persona sienta como suyo propio el dolor de aquello que es objeto de estimación. ¿Y qué podemos decir de la Santísima Virgen María, que en su corazón ardía la Llama del Amor Santo, y que amó a su Hijo Jesús de modo más excelente y sincero que todos los ángeles y santos juntos? Por ello, podemos estar seguros que Ella sufrió también durante la Dolorosa Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz. Y en este orden de ideas, así le habló Nuestra Señora a Santa Brígida, manifestándole además que el primer paso para renunciar al mundo y a sus vanos placeres es la meditación en la Pasión de Cristo y los Dolores de María Santísima.

Revelaciones de Santa Brígida, Libro I, cap. 12: "La Virgen explica su dolor en la pasión de Cristo, y cómo el mundo fue vendido por Adán y Eva y recuperado mediante Cristo y su Madre la Virgen.".

"Una espada traspasará tu corazón". (San Lucas II: 35).

Habló María: “Considera, hija, la pasión de mi Hijo. Sentí como si los miembros de su cuerpo y su corazón fueran los míos. Lo mismo que los otros niños son normalmente gestados en el útero de su madre, igual ocurrió en mí. Sin embargo, Él fue concebido por la ferviente caridad del amor de Dios, mientras que otros son concebidos por la concupiscencia de la carne. Así, su primo Juan dijo rectamente: ‘El Verbo se hizo carne’. Él vino y estuvo en mí por el amor. El verbo y el amor lo crearon en mí. Él fue para mí como mi propio corazón y, por ello, cuando di a luz sentí que la mitad de mi corazón había nacido y salido de mí.

Cuando Él sufría, sentía cómo sufría mi propio corazón. Cuando algo está mitad fuera y mitad dentro, si la parte de fuera es dañada, la parte de adentro siente un dolor parecido. De la misma manera, cuando mi Hijo fue azotado y herido, era como si mi propio corazón estuviera siendo azotado y herido. Yo era la persona más cercana a Él en su pasión, y nunca me separé de Él. Estuve al lado de su cruz y, como quien está más cerca del dolor lo sufre más, así su dolor fue peor para mí que para los demás. Cuando Él me miró desde la cruz y yo lo miré, mis lágrimas brotaron de mis ojos como sangre de las venas.

Cuando Él me vio desbordada de dolor, se sintió tan angustiado por mi dolor que todo el dolor de sus propias heridas se amainó al ver el dolor en mí. Por ello puedo decir que su dolor era mi dolor y que su corazón era mi corazón. Igual que Adán y Eva vendieron el mundo por una sola manzana, puedes decir que mi Hijo y Yo recuperamos el mundo con un solo corazón. Así, hija mía, piensa en cómo estaba yo cuando murió mi Hijo y así no te resultará difícil prescindir del mundo”.

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