miércoles, 31 de mayo de 2023

PRESBÍTERO CRITICA AL NOVEL ARZOBISPÓN BONAERENSE (Y ANTE LA POLÉMICA, SE RETRACTA)

Noticia tomada de GLORIA NEWS, ampliada en algunos detalles.
  

Un audio enviado en un grupo de WhatsApp de presbíteros conciliares por el presbítero argentino Rodrigo Vázquez, párroco de Santa Julia en Pergamino (diócesis de San Nicolás de los Arroyos) y ex capellán castrense, donde este critica el nombramiento de Jorge Ignacio García Cuerva como arzobispón de Buenos Aires, ha causado polémica:
«Muy buenos días a todos, queridísimos amigos, camaradas de este grupo tan distinguido. No soy de escribir ni hablar mucho, pero participo asiduamente de este grupo, escuchando y rezando por las intenciones de cada uno de ustedes, la Santa Misa y el Santo Rosario, bueno, mis sacrificios diarios. 
   
Con García Cuerva fuimos compañeros de seminario. Él estaba 2 años más adelantado que yo, pero lo conozco bastante. Se ordenó en el año ’97 y yo en el 99. Soy exalumno del colegio Marín de San Isidro, hice todo el seminario allí y después terminé como alumno externo en Devoto, en el Seminario Metropolitano, viviendo en el Colegio Militar de la Nación, porque después me ordenaron allí en el obispado castrense Monseñor Martina. Entonces, lo conozco a él, fuimos compañeros.
   
Primero, es una persona gay, que apoya el LGTB, toda esa porquería; además apoya el terrorismo, es kirchnerista, peronista y es recontrafrancisquista. Así que no se ilusionen, es lo peor que nos pudo pasar. Lo peor de lo peor, eligió para ponerlo allí. Estaba entre él y Víctor Manuel Fernández, que es el de La Plata. Otro gay, otro afeminado, y que además no sigue la doctrina de la Iglesia de siempre, que están destruyendo la Iglesia continuamente, diciendo que es bueno lo que es malo y malo lo que es bueno. ¿Es antimilitar? Por supuesto. ¿Amigo de las Abuelas de Plaza de Mayo? Por supuesto que sí, así que no se ilusionen para nada. No recuerdo bien su pasado, si tiene algo que ver con la fuerza que pusieron acá del Aviador, pero lo que sí les puedo asegurar es que es lo peor que puede haber sucedido. Así que, a rezar mucho y bueno, a pedirle al Señor que con su providencia nos acompañe. Que viva Cristo Rey, viva María Reina y el glorioso Patriarca San José».
  
El audio se hizo viral, atrayendo la polémica de los sectores de siempre y el anuncio de una investigación canónica por su obispón Hugo Norberto Santiago Terrero (ante lo cual consultó al presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, el obispón conspiracionista de San Isidro, Óscar Vicente Ojea Quintana), por lo que se viró para atrás con otro audio diciendo:
«Hermanos, les habla el padre Rodrigo Vázquez, y bueno, quiero pedir disculpas por los dichos manifestados por WhatsApp en relación al nuevo nombramiento del arzobispo de Buenos Aires, ~monseñor García Cuerva, designado por el Santo Padre, el Papa Francisco. También por lo referido al señor arzobispo de La Plata, Fernández. Así que, bueno, manifiesto que mis dichos son mendaces, y no se corresponden con la realidad. Solamente fue un comentario sin sentido, solicito a todos el perdón. Me arrepiento de todo el contenido del audio que hizo circular. Además quiero dejar en claro que no tengo nada en contra de las personas de orientación gay, para nada, no es una actitud de Cristo. Quiero decirlo claramente, pedir disculpas si alguno se sintió herido y a todos los que haya podido escandalizar. Desde ya pido el perdón y la bendición del Señor y su misericordia».
Lo irónico en el asunto es que García Cuerva reconoció en una entrevista que había trabajado con personas LGBT y que es francisquista, pero negó ser kirchnerista y apoyar el terrorismo (dijo que su padre fue miembro de la Fuerza Aérea y un tío murió en la guerra de las Malvinas). Algo de verdad había.

BERGOGLIO DEJA EN RIDÍCULO Y SIN TRABAJO A SUS “APOLOGISTAS”

Traducción del artículo publicado en NOVUS ORDO WATCH. Textos bíblicos tomados de la versión de Mons. Félix Torres Amat.
  
FRANCISCO BERGOGLIO LO DEJA CLARO: ¡ÉL ENTIENDE EL PROSELITISMO COMO CONVERTIR A LAS PERSONAS, Y ESO ESTÁ MAL!
Mira que te lo dijimos…
  
   
Durante los últimos 10 años y contando, los apologistas novusorditas se han esforzado al máximo tratando defender la condena constante que hace Jorge Bergoglio del “proselitismo”. Nos dijeron que no se refiere a que la gente se convenza de la Fe verdadera, y mucho menos a que se convierta. No, él se refiere a presionar a la gente a que se convierta, usar medios engañosos para convertirlas, matonearlas hacia la conversión, y amenazarlas con la condenación si no se convierten.
    
Te dijimos desde el vamos que definitivamente no es eso a lo que Bergoglio se refiere, y esto es evidente por el contexto en que habla, por las otras cosas que ha dicho, por su rechazo general a buscae la conversión de alguno, por su mínimo común denominador del ecumenismo, y por el hecho que de todos modos virtualmente nadie en la Iglesia Novusordita presiona o matonea a nadie para que se convierta, así que ¿dónde está la necesidad de estas tiraderas incansables contra un problema fantasma?
  
Aquí unos cuantos enlaces que muestran lo obvio:
El 19 de Enero de 2023, Francisco Bergoglio recibió una delegación ecuménica de Finlandia y una delegación budista de Camboya. A los fineses, él les comunicó claramente que ellos eran hijos de Dios, verdaderos creyentes, y justificados ante el Altísimo y en camino a la salvación eterna. Las herejías fueron asombrosas, pero nada inusual para el pseudopapa:
Ese mismo día, Bergoglio se dirigió a una delegación de budistas, y les habló de la conversión. Por supuesto, no de la conversión a Jesucristo o al catolicismo, sino de la conversión ecológica por un planeta más saludable. Él alabó las «profundas riquezas» del budismo a ese respecto, específicamente invocando las enseñanzas de Buda, «entre ellos la práctica llamada “mettā”, que consiste en no dañar a los seres vivos (cfr. Mettā Sutta, Sutta Nipāta 1.8), y viviendo un estilo de vida sencillo…» (fuente).

Advierte cómo Bergoglio no tiene ningún problema proselitizar sobre su agenda ambientalista. Solamente del catolicismo es que él no quiere que la gente se convenza, para que pueda tener la salvación eterna:
«La conversión ecológica sucede cuando se reconocen las raíces humanas de la actual crisis ambiental; cuando el verdadero arrepentimiento lleva a frenar o detener tendencias, ideologías y prácticas nocivas e irrespetuosas de la creación y cuando las personas se comprometen a promover modelos de desarrollo que curen las heridas infligidas por la avaricia, la búsqueda desmedida de ganancias económicas, la falta de solidaridad con el prójimo y la falta de respeto por el medioambiente» (Antipapa Francisco Bergoglio, Discurso a la delegación de monjes budistas de Camboya, 19 de Mayo de 2023).
Mira eso, ¡Bergoglio hablando a los budistas sobre el “verdadero arrepentimiento”! Lo bueno es que en el contexto en que está hablando no es el del catolicismo, porque de lo contrario ¡él estaría cometiendo «el pecado más grave que un misionero podría cometer»!
    
El 29 de Mayo de 2023, el pseudopapa confirmó una vez más que cuando él condena el proselitismo, se refiere a convertir a la gente al catolicismo instruyéndoles de su verdad con argumentos, con evidencias, usando la razón y la divina revelación. Básicamente, lo que los apologistas novusorditas han estado haciendo. ¡Epa!

He aquí lo que dijo el gárrulo apóstata bonaerense:
«¡Nuestro anuncio misionero no es proselitismo –destaco tanto esto– sino el compartir de un encuentro personal que ha cambiado nuestra vida! Sin esto, no tenemos nada que anunciar, ni un destino hacia el cual caminar juntos.
    
En esto he tenido una experiencia fea, en un encuentro juvenil hace algunos años. Salía de la sacristía y había una señora, muy elegante, se veía también que era muy rica, con un chico y una chica. Y esta signora, que hablaba el español, me dice: “Padre, estoy contenta porque he convertido a estos dos: este viene de tal puesto y esta viene de tal otro”. Me dio rabia, ¿sabéis?, y le he dicho: “¡Tú no has convertido a nadie, [sino que] le has faltado el respeto a estas personas: no los has acompañado, has hecho proselitismo y esto no es evangelizar!”. ¡Estaba orgullosa por haber convertido! Estad atentos a distinguir bien la acción apostólica del proselitismo: nosotros no hacemos proselitismo. El Señor nunca hizo proselitismo» (Antipapa Francisco Bergoglio, Discurso a la Congregación de Clérigos Regulares de San Pablo –Padres Barnabitas–, 29 de Mayo de 2023)
Mirar, ¡todo se basa en el encuentro! Sobre una experiencia subjetiva que supuestamente debes compartir. Por supuesto, el problema con eso es que los musulmanes también tienen sus propias experiencias, como también los hindúes, zoroastrianos, judíos, protestantes, testejehovistas, mormones, y otros.
   
Como escribió el Papa San Pío X en su encíclica insignia condenando el modernismo:
«Desde luego, es bueno advertir que de esta doctrina [modernista] de la experiencia, unida a la otra del simbolismo, se infiere la verdad de toda religión, sin exceptuar el paganismo. Pues qué, ¿no se encuentran en todas las religiones experiencias de este género? Muchos lo afirman. Luego ¿con qué derecho los modernistas negarán la verdad de la experiencia que afirma el turco, y atribuirán sólo a los católicos las experiencias verdaderas? Aunque, cierto, no las niegan; más aún, los unos veladamente y los otros sin rebozo, tienen por verdaderas todas las religiones» (Papa San Pío X, Encíclica “Pascéndi Domínici gregis”, n. 13).
Entonces, según el ‘Papa’ Francisco, el Señor Jesús nunca proselitizó. ¿En serio? ¿Y los discípulos y los Apóstoles tampoco? Veamos. A continuación, algunos ejemplos:
  • «Le respondió Jesús [a Tomás]: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida: Nadie viene al Padre sino por mí”» (Joann. XIV, 6).
  • «“Pero cualquiera que oye estas instrucciones que doy y no las pone por obra, será semejante a un hombre insensato que construyó su casa sobre arena: y cayeron las lluvias y los ríos salieron de madre, y soplaron los vientos y dieron con ímpetu contra aquella casa, la cual se desplomó, y su ruina fue grande”. Al fin, habiendo Jesús concluido este razonamiento, los pueblos que le oían no acababan de admirar su doctrina; porque su modo de instruirlos era con cierta autoridad soberana, y no a la manera de sus escribas y fariseos» (Matth. VII, 26-29).
  • «Habiendo ido [Jesús] a Nazaret, donde se había criado, entró, según su costumbre, el día de sábado en la sinagoga, y se levantó para encargarse de la leyenda e interpretación. Le fue dado el libro del profeta Isaías. Y abriéndolo, halló el lugar donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor reposó sobre mí, por lo cual me ha consagrado con su unción divina, y me ha enviado a evangelizar, o dar buenas nuevas, a los pobres; a curar a los que tienen el corazón contrito; a anunciar libertad a los cautivos, y a los ciegos vista; a soltar a los que están oprimidos; a promulgar el año de las misericordias del Señor o del jubileo, y el día de la retribución” (Isa. LXI, 1-2). Y arrollado o cerrado el libro, se lo entregó al ministro, y se sentó. Todos en la sinagoga tenían fijos en él los ojos. Su discurso le comenzó diciendo: “La Escritura que acabáis de oír hoy se ha cumplido”» (Luc. IV, 16-21).
  • «Por último, les dijo [a sus discípulos]: “Id por todo el mundo; predicad el mensaje de salvación a todas las criaturas; el que creyere y se bautizare se salvará; pero el que no creyere será condenado”» (Marc. XVI, 15-16).
  • «Y Jesús proseguía diciéndoles [a los judíos]: “Vosotros sois de acá abajo, yo soy de arriba: Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados; porque si no creyereis ser yo lo que soy, moriréis en vuestro pecado”» (Joann. VIII, 23-24).
  • «Otras muchísimas razones alegó [Pedro], y los amonestaba, diciendo: “Poneos en salvo de entre esta generación perversa”. Aquellos, pues, que recibieron su doctrina, fueron bautizados; y se añadieron aquel día a la Iglesia cerca de tres mil personas» (Act. II, 40-41).
  • «Mientras [Pedro y Juan] estaban hablando al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes con el magistrado o comandante del templo y los saduceos, no pudiendo sufrir que enseñasen al pueblo, y predicasen en la persona de Jesús la resurrección de los muertos» (Act. IV, 1-2).
  • «Por tanto [Pablo] disputaba en la sinagoga con los judíos y prosélitos, y todos los días en la plaza, con los que allí se le ponían delante» (Act. XVII, 17).
  • «Predica la palabra de Dios con toda fuerza y valentía, insiste con ocasión y sin ella, reprende, ruega, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo en que los hombres no podrán sufrir la sana doctrina, sino que, teniendo una comezón extremada de oír doctrinas que lisonjeen sus pasiones, recurrirán a un montón de doctores propios para satisfacer sus desordenados deseos, y cerrarán sus oídos a la verdad, y los aplicarán a las fábulas» (2.ª Tim. IV, 2-4).
¿Por qué Bergoglio está haciendo esto? ¿Por qué está distorsionando tan descaradamente la verdad sobre la evangelización y el proselitismo? ¿Por qué él condena convertir a la gente por medio de la apologética católica tradicional?
   
La razón es simple: No puedes facilitar la construcción de la religión mundial masónico-humanista de la fraternidad mientras el Catolicismo afirme ser la única religión verdadera y pueda además probarlo. Según el sistema modernista al que adhiere Bergoglio, toda religión debe estar basada en la experiencia subjetiva, porque entonces cambiará con el tiempo, entonces podrá ser ajustada a las necesidades y contingencias del momento, entonces la verdad objetiva será defenestrada y podemos todos ser justo una familia humana “feliz” y apóstata donde el Camino, la, Verdad y la Vida (cf. Jn. XIV, 6) puede existir en nuestra experiencia personal, mas no en la realidad objetiva que obliga a todos por igual.

Que Dios ponga pronto fin a esta Gran Apostasía que sin duda estamos afrontando justo ahora; puesto que, si no es así, simplemente no quedará nada de qué apostatar.

CARTA APOSTÓLICA DE LEÓN XIII CONDENANDO EL PROSELITISMO PROTESTANTE EN ROMA

Después de la toma de Roma por los bersaglieri del masón José Garibaldi al servicio de la Casa de Saboya, las sectas protestantes hasta entonces proscritas del territorio de los Estados Pontificios empezaron a propagarse por la misma Ciudad, amparadas por las leyes de tolerancia religiosa del novel Reino de Italia y con el patrocinio de sociedades de misiones y/o de los gobiernos de Inglaterra y Alemania (y en una época posterior, de los Estados Unidos).
  
Para hacer frente a esta situación, León XIII inspiró en 1899 la Obra de la Conservación de la Fe en el Vicariato de Roma (obra que ya existía en otras diócesis de Italia) a fin que se prevenga a los fieles sobre los peligros de las sectas, que se estaban empezando a propagar valiéndose de la ignorancia, la pobreza y la debilidad de muchos. Y con el propósito de impulsar esta obra de defensa precisamente en el centro del mundo católico, el papa Pecci le escribe la carta Già fin dagli esordi (en latín Inde Nos a Pontificátus exórdiis) [publicada en Acta Sanctæ Sedis XXXIII (1900-1901), págs. 194-198], que hoy tenemos la oportunidad de traducir al español.
  
Esta carta contrasta en forma radical con el proceder de los usurpadores modernistas, particularmente con Francisco Bergoglio, que condena el proselitismo católico mientras que él mismo defiende el de las falsas religiones y le hace proselitismo a causas mundanas como el ecologismo, la ideología de género, la coronavacuna y la Agenda 2030.
   
CARTA APOSTÓLICA DE NUESTRO SANTÍSIMO SEÑOR LEÓN, POR LA DIVINA PROVIDENCIA PAPA XIII, SOBRE EL PROSELITISMO PROTESTANTE EN ROMA
  

Al Señor cardenal Pedro Respighi, Nuestro Vicario General.
   
Señor Cardenal,
   
Casi desde el comienzo de Nuestro Pontificado, Nos debimos señalar al activo proselitismo de la herejía y el consecuente peligro al que era expuesta la fe de Nuestro pueblo como uno de los daños más deplorables que el cambiado orden de cosas trajo a esta Capital del mundo católico. Y con tal próposito, dirigiéndonos a Nuestro Cardenal Vicario (Cartas Apostólicas a Rafael Monaco La Valletta, Cardenal Vicario de Roma, 26 de Junio de 1878 y 25 de Marzo de 1879, hemos impartido repetidamente a los fieles exhortaciones, consejos y advertencias, poniéndolos en guardia contra las múltiples tentativas que sectas de todo tipo, venidas del extranjero, estaban trabajando aquí, bajo la tutela de las leyes públicas, por esparcir en las almas de los creyentes, el veneno de la negación y del error.
  
Pero si por un lado nos alegramos de reconocer que Nuestra palabra, fortalecida por atención ininterrumpida, no fue carente de buenos resultados; por el otro nos vemos obligados a confesar que por la pertinacia de los enemigos de la católica religión, redoblada por los poderosos auxilios que les llegan del extranjero, el mal, lejos de disminuir, fue aumentando, especialmente en estos últimos tiempos.  Por esto Nos es necesario, Señor Cardenal, volver sobre este penoso e importante argumento, que se conecta tan íntimamente con los derechos y deberes de Nuestro Apostólico Ministerio y con el amor tierno y paterno que tenemos a Nuestra población se Roma.
    
Es actualmente notorio a cualquiera por la evidencia de los hechos, que el designio concebido por las sectas heréticas, emanación multiforme del protestantismo, es el de plantar la bandera de la discordia y de la rebelión religiosa en la Península, pero sobre todo en esta alma Urbe, en la cual el mismo Dios, con admirable disposición de los acontecimientos, fundó el centro de aquella fecunda y sublime unidad, que fue el objeto de la oración dirigida por nuestro Divino Salvador a suo Padre celestial (Joann. XVII., 11, 21), y que los Papas conservaron celosamente aun a costa de su vida, y a despecho de las oposiciones de los hombres y el discurrir del tiempo.
   
Después de haber destruido en sus respectivas patrias, con discordes y opuestos sistemas, las antiguas y veneradas creencias que formaban parte del sacro depósito de la revelación; después de haber infundido en las almas de sus secuaces el hálito glacial de la duda, de la división y de la incredulidad (ruina inmensa, que desde el fondo del corazón deploramos y Nos mueve a compasión, reconociendo en todas estas criaturas los hijos del mismo Padre y redimidos por la misma Sangre), las antedichas sectas se han introducido en esta Viña electa del Señor a fin de continuar su obra destructora y funesta. No pudiendo contar con la fuerza de la verdad, ellos se aprovechan de la indefensa ternura de los años, de la insuficiencia de la cultura, de las aflicciones de la indigencia, y de la simplicidad de muchos, accesible a las lisonjas, los engaños y las seducciones, para extinguir o al menos reducir la fe católica en las almas.
    
Ante todo, Nos sentimos frente a esto la necesidad de declarar públicamente, como hemos hecho tantas veces, cuán penosa es la condición hecha al Jefe de la Iglesia  Católica, constreñido a observar el libre y progresivo desarrollo de la herejía en esta Ciudad santa, de la cual debe expandirse por todo el mundo la luz de la verdad y del ejemplo, y que debería ser la sede respetada del Vicario de Jesucristo. Como no bastase para corromper la mente y el corazón del pueblo el torrente de malsanas doctrinas y de depravaciones, que irrumpe diaria e impunemente por los libros, por las cátedras de enseñanza, por los teatros, y los periódicos, debía agregarse a todas estas causas de perversión el insidioso trabajo de hombres heréticos, los cuales luchando entre sí, están de acuerdo únicamente en vilipendiar el supremo Magisterio pontifìcio, el Clero católico y los dogmas de nuestra santa religión, de los cuales no comprenden el significado y mucho menos la augusta belleza. De ahí que los fieles, los cuales desde todas las regiones, aun las más remoras, afluyen peregrinando a Roma para encontrar descanso a su piedad y a su fe, deben permanecer profundamente entristecidos al ver este suelo, bañado como está de la sangre de los mártires, invadido por sectas de toda especie, encaminadas únicamente a arrancar de las almas aquella religión, que sin embargo fue declarada religión del estado, y que forma el objeto principal de su amor y de su culto.
   
Vuestra Excelencia comprenderá fácilmente, Señor Cardenal, cuán doloroso es a Nuestro corazón este estado de cosas, y cuán vivo es Nuestro deseo de ver adoptados remedios oportunos que valgan, si no para remover enteramente el mal, al menos para mitigar su gravedad y aspereza. Y es por eso que Nos fueron de no poco alivio la fundación de una Obra egregia, a la cual Nos mismos demos inspiración e impulso, que se intitula de la Conservación de la Fe, y más todavía por los satisfactorios resultados que ella ha comenzado a obtener mediante el celo infatigable de aquellos que la dirigen y hacen parte de ella.
   
Nos queremos, Señor Cardenal, contando con Vuestra conocida y acostumbrada diligencia, que esta saludable obra, tan adecuada a la presente necesidad, se sostenga, se refuerce y se propague hasta constituir una defensa eficaz y gallarda contra el señalado peligro. A ella debe proporcionar un válido y constante apoyo, en primer lugar el Clero parroquial de Roma, aquel Clero laborioso, celoso y modesto, al cual incumbe principalmente el cuidado y la responsabilidad de la salvación de las almas; a ella debe agregar vitalidad, fuerza y extensión el laicado católico de esta ciudad, el cual está siempre pronto para aportar su inteligente y caritativo concurso donde lo requiera el interés de la religión y el bien morale y material del prójimo.
    
A todos pues corresponde corroborar el carácter del pueblo católico, inspirándoles nobles y santos propósitos y previniendo al mismo tiempo a los incautos que bajo las inocuas apariencias de reuniones para jóvenes, de educadoras de señoritas, de escuelas de lenguas extranjeras, de aumento de cultura, de subsidios a familias indigentes se cela el reo designio de insinuar en las mentes y los corazones las máximas reprobadas de la herejía. Que todos los fieles sean penetrados de esta verdad, que nada puede haber de más valioso y más precioso que el tesoro de la fe, por la cual sus padres afrontaron impávidos no solo las privaciones y miserias, sino frecuentemente persecuciones violentas y la misma muerte. Y tal sentimiento de fortaleza no puede ser sino natural y profundo en el alma de esta Nuestra población, la cual bien sabe que la Iglesia Católica no solo posee notas divinas que la distinguen como la única verdadera y la única que ha recibido las promesas de la vida inmortal; sino también que ha derramado, en todo tiempo, beneficios incomparables sobre Roma, sobre la Italia y sobre el mundo, domando la barbarie con la justicia de las leyes y la dulzura de las costumbres, extendiendo como bien dice San León Magno (Sermón I en la fiesta de San Pedro y San Pablo), el dominio de la paz cristiana mucho más allá de los confines explorados por las águilas romanas, salvando las letras, las bibliotecas, la cultura y los monumentos; inspirando todo orden de ciencias y artes; viniendo en ayuda de los débiles, de los pobres y de los oprimidos con la generosidad de los afectos y la magnanimidad del sacrifìcio y del heroísmo.
   
Alimentamos por tanto la confianza que ninguno de los romanos, que son los hijos más privilegiados de la Iglesia Católica, querrá nunca, por ningún interés humano, separarse de esta ternísima madre, que después de haberlos parido a la gracia, no ha cesado de rodearlo con sus afectuosas solicitudes; como estamos también persuadidos que aquellos católicos generosos, los cuales fundaron y promovieron la mencionada obra de la Conservación de la Fe, no se darán tregua ni reposo mientras pueda estar en peligro la salvación eterna aunque sea de una sola alma, mostrándo así con hechos que, si los enemigos de la religión son más poderosos por la cantidad de riquezas, ellos los vencen con la amplitud de la caridad.
   
Suplicando por tanto el divino favor para bien conducir la gravísima empresa, impartimos de todo corazón a Vos, Señor Cardenal, a los Promotores de la pía Obra y a cuantos la favorecerán, la Apostólica bendición. 
    
Dado en el Vaticano, el 19 de Agosto de 1900. LEÓN PAPA XIII.

LA EXTINCIÓN DE LA MISA: LO QUE ELIMINARON PARA CREAR LA “NUEVA MISA”

Traducción del artículo publicado en INTROIBO AD ALTARE DEI. 
  
Servicio Novus Ordo en el salón de la iglesia Nuestra Señora de los Ángeles de Belfort (Francia).
  
Se ha escrito mucho sobre la diferencia entre una Verdadera Misa Católica y la “Cena feliz” de la secta del Vaticano II, el servicio neoprotestante del pan y vino. En este artículo, no discutiré las diferencias per se. En cambio, señalaré las admirables oraciones y partes de la Verdadera Misa que fueron abolidas. Todo lo que los modernistas removieron fue una obra maestra de la teología católica, perfectamente adecuada para ofrecer el Sacrificio Incruento del Calvario. Afortunadamente, servirá como otro recordatorio de lo que nos fue quitado, y nos hará siempre más determinados para sostener la Fe de la Única Iglesia Verdadera.
   
(Presentaré muchas fuentes en la compilación de este artículo, incluyendo mis notas de las discusiones con el Padre DePauw. No tomaré crédito para mí sino en poner todas las fuentes en una publicación concisa ---Introibo)
   
De las Oraciones al pie del altar hasta el Credo
   
Debe recordarse que la razón para cambiar la Misa fue para hacerla ecuménica. Todos los errores de la secta modernista proceden de la herética eclesiología del Vaticano II. En el abominable documento Lumen Géntium, pár. #8 enseña:
«Esta Iglesia [de Cristo], establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él, si bien fuera de su estructura visible se encuentren muchos elementos de santidad y verdad».
Desde Su fundación por Cristo en el año 33 A.D., la Iglesia de Cristo siempre ha profesado que Ella, la Única Iglesia Verdadera de Cristo, es idéntica con la Iglesia Católica Romana. En el Vaticano II, se hizo una división. Hay una entidad llamada “la Iglesia de Cristo” cual es distinta de la Iglesia Católica Romana, pero subsiste allí en plenitud con todos los “elementos de verdad”. El Concilio dirigido por modernistas también afirma que la Iglesia de Cristo subsiste en otras religiones, en mayor o menor grado, dependiendo de cuántos “elementos de verdad” tiene cada una.
     
Tener todos los elementos es mejor, pero tener solo algunos es también bueno y conduce a la salvación. Por tanto, para unir todos los elementos, debe haber una “mínima denominación común”, una Única Secta Mundial que haya abandonado todas las diferencias en aras de una falsa y vacía “unidad” donde todos los “elementos” puedan al menos alabársele de dientes afuera, aun si no están presentes. La “misa” Novus Ordo es, primero y sobre todo, ecuménica para lograr este objetivo. Para el resto del artículo, la Misa Latina Tradicional recibirá las iniciales “MLT” y la cena Novus Ordo recibirá las iniciales “NO”

La remoción de lo verdadero, lo bueno y lo bello de la MLT es abrumadora. Ella consiste en 4.420 palabras. El NO tiene aproximadamente 2.240 palabras; casi el 50% de la fraseología fue abolido (digo “aproximadamente” 2.240 por todas las “opciones” del Novus Ordo que el “presidente de la asamblea” o “presbítero” puede usar). Las redacciones han resultado en defectos graves, culminando en la eliminación o puesta en segundo plano de:
  • La naturaleza sacrificial de la Misa.
  • La Presencia Real.
  • El carácter teocéntrico de la Misa.
  • La importancia de la Santísima Trinidad.
  • La indignidad de la humanidad ante Dios.
  • La enseñanza de las verdades católicas.
  • El verdadero sentido de las Escrituras.
   
No se estudiarán todas las partes de la Misa; ello requeriría muchos artículos. Solo se considerarán algunas de las mutilaciones más significativas. Teniendo en cuenta estos puntos preliminares, puede comenzar el examen de las omisiones.

ORACIONES AL PIE DEL ALTAR
La Misa Latina Tradicional comienza así:
[Inclinándose ante el altar, el sacerdote (S)  hace la señal de la cruz, diciendo:]
S: En el nombre del Padre, (✠) y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

S: Entraré al altar de Dios.
M: Hasta Dios, que alegra mi juventud.

SALMO 42
[El sacerdote y el ministro responden alternados:]

S: Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa contra la gente malvada: del hombre perverso y engañador líbrame.
M: Siendo Tú, oh Dios mi fortaleza, ¿cómo me siento yo desamparado, y por qué ando triste al verme molestado por mi enemigo?
S: Envíame tu luz y tu verdad: ellas me han de guiar y conducir a tu santo monte, y a tu morada del Cielo.
M: Y entrare al altar de Dios: hasta Dios que es la alegría de mi juventud.
S: Y te alabaré con la cítara, oh Dios, Dios mío: ¿por qué estás triste, alma mía, y por qué me turbas?
M: Espera en Dios; pues aún he de celebrarle como a mi Dios y Salvador.
S: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
M: Como era en un principio, y ahora y siempre  y en los siglos de los siglos. Amén.

S: Entraré al altar de Dios.
M: Hasta Dios, que alegra mi juventud.

S: Nuestro auxilio ✠ está en el nombre del Señor.
M: Que hizo el cielo y la tierra.
  
Lo que fue eliminado:
Después de hacer la señal de la Cruz (porque la Misa es el mismo Sacrificio de la Cruz, en una manera incruenta), el sacerdote dice que se acercará al altar de Dios y dice el Salmo 42. El Salmo 42 nos recuerda nuestro infeliz estado en un mundo caído donde el mal abunda, y nuestro deseo de estar a salvo con Dios en Su templo. El salmo nos habla de un mundo lleno de hombres injustos y engañadores, y confiamos en Dios como nuestro Protector y Consolador. El modernismo considera prejuiciosos estos sentimientos, y «¿Quién soy yo para juzgar?».

Lutero, en particular, odiaba el Salmo 42, y él (junto con la secta anglicana) lo eliminó por sus ideas de un sacrificio, un sacerdote, y un altar de sacrificio. La luterana “Cena del Señor” tuvo cuidado de eliminar todo esto y remplazar el altar de sacrificio por una mesa de comedor. Los modernistas de la secta del Vaticano II hicieron otro tanto. 

EL CONFÍTEOR
Sigue en la MLT:
[Inclinándose, el sacerdote dice:]
S: Yo, pecador, me confieso a Dios todopoderoso, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos y a vosotros, hermanos; que pequé gravemente con el pensamiento, palabra, y obra, (El sacerdote se da tres golpes de pecho diciendo:) por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel arcángel, al  bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos, y a vosotros, hermanos, que roguéis por mí a Dios nuestro Señor.
M: Dios todopoderoso tenga misericordia de ti, y perdonados tus pecados, te lleve a la vida eterna.
S: Amen.

[Ahora dice el ministro:]
M: Yo, pecador, me confieso a Dios todopoderoso, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos y a vos, Padre; que pequé gravemente con el pensamiento, palabra, y obra, (El ministro se da tres golpes de pecho diciendo:) por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel arcángel, al  bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos, y a vos, Padre, que roguéis por mí a Dios nuestro Señor.
S: Dios todopoderoso tenga misericordia de vosotros, y, perdonados vuestros pecados, os lleve a la vida eterna.
M: Amén.

[El sacerdote se signa, diciendo:]
S: El Señor todopoderoso y misericordioso nos conceda la indulgencia ✠, la absolución y la remisión de nuestros pecados.
M: Amén.

[Nuevamente inclinándose ligeramente, el sacerdote sigue:]
S: Oh Dios, vuélvete a nosotros y nos darás la vida.
M: Y tu pueblo se alegrará en Ti.
S: Muéstranos, oh Señor, tu misericordia.
M: Y danos tu salvación.
S: Señor, escucha mi oración.
M: Y mi clamor llegue hasta Ti.
S: El Señor sea con vosotros.
M: Y con tu espíritu.

[Yendo hacia el altar, el sacerdote dice en silencio:]
S: Borra, oh Señor, nuestras iniquidades, para que merezcamos entrar con pureza de corazón al Santo de los Santos, por Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.

[Se inclina sobre el altar, que besa, diciendo:]
S: Rogámoste, Señor, que por los méritos de tus Santos, cuyas Reliquias están aquí, y por los de todos los Santos, te dignes perdonarme todos mis pecados. Así sea.

Lo que fue eliminado:
El Confíteor reconoce nuestra pecaminosidad individual y suplicamos a Dios que tenga misericordia de nosotros. El sacerdote, haciendo la señal de la cruz, usa las palabras del sacramento de la Penitencia: «El Señor todopoderoso y misericordioso nos conceda la indulgencia ✠, la absolución y la remisión de nuestros pecados. Esto está lleno de significado y simbolismo católico. Indulgencia, absolución, y remisión no son solo tres sinónimos usados para ser repetitivo. Cada término tiene un significado único y bello en la teología católica usada en la Misa Tradicional. 

El perdón (indulgencia) es asociado con la intercesión de Cristo, los santos, y la Iglesia, cuyos méritos mueven a Dios a mostrar Su misericordia. La absolución tiene la connotación del juicio y la purificación. En el sacramento de la Penitencia, Cristo actúa a través de Su sacerdote para purificarnos sacramentalmente, restaurándonos a un estado de gracia santificante. La remisión tiene la connotación de expiación, para la cual necesitamos de los dones del Espíritu Santo. El sacerdote hace la señal de la cruz para asociar la indulgencia con Dios Padre, la absolución con Dios Hijo, y la remisión con Dios Espíritu Santo. Todo esto riñe con la teología protestante, y los modernistas lo consideran “teología negativa” con excesivo énfasis en la pecaminosidad y la idea católica de la justificación. Tenía que irse. Advierte, también, la mención de las reliquias de los santos en el altar de piedra. Reverenciar las reliquias y los santos mártires no es ecuménico, porque los protestantes y los modernistas lo rechazan como “superstición”. Esto fue expurgado, y muchas mesas de la secta del Vaticano II no tienen siquiera un altar de piedra con reliquias. 

EL KÝRIE
De la MLT:
[El sacerdote regresa al medio del altar y dice alternado con el ministro:]
S: ¡Señor, ten piedad de nosotros!
M: ¡Señor, ten piedad de nosotros!
S: ¡Señor, ten piedad de nosotros!
M: ¡Jesucristo, ten piedad de nosotros!
S: ¡Jesucristo, ten piedad de nosotros!
M: ¡Jesucristo, ten piedad de nosotros!
S: ¡Señor, ten piedad de nosotros!
M: ¡Señor, ten piedad de nosotros!
S: ¡Señor, ten piedad de nosotros!

Lo que fue eliminado:
Aquí se implora misericordia a la Santísima Trinidad. Tres veces Kýrie, eléison (¡Señor, ten piedad de nosotros!) en honor a Dios Padre; tres veces Christe, eléison (¡Señor, ten piedad de nosotros!) en honor a Dios Hijo; tres veces más Kýrie, eléison en honor a Dios Espíritu Santo. Esto es muy trinitario. Muchas sectas que se autodenominan “cristianas” no creen en la Trinidad (v. g., los unitarios), por eso era menester que esto se fuera porque no era lo suficientemente ecuménico. Ahora, cada invocación se ha reducido a dos veces, lo que no tiene un significado simbólico y ni siquiera tiene sentido.. 

El Ofertorio hasta el fin del Canon
   
De la MLT:
S: Recibe, oh Padre Santo, omnipotente y eterno Dios, esta que va a ser Hostia inmaculada y que yo, indigno siervo tuyo, te ofrezco a Ti, mi Dios vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias, y por todos los circunstantes, así como también por todos los fieles cristianos vivos y difuntos; a fin de que a mí y a ellos nos aproveche para la salvación y vida eterna. Así sea.

[El sacerdote va al lado de la epístola y vierte el vino y el agua en el cáliz].
   
[El diácono, o el sacerdote, vierte vino y un poco de agua en el cáliz, diciendo en silencio:]
S: Oh Dios, ✠ que maravillosamente formaste la naturaleza humana y mas maravillosamente la reformaste: haznos, por el misterio de esta agua y vino, participar de la divinidad de Aquel que se dignó hacerse participante de nuestra humanidad, Jesucristo, tu Hijo Señor nuestro, que, Dios como es, contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Así sea.

[En medio del altar, el sacerdote dice:]
S: Te ofrecemos, Señor, el Cáliz de salvación, implorando de tu clemencia que llegue en olor de suavidad hasta el acatamiento de tu Divina Majestad, para nuestra salvación y la de todo el mundo. Así sea.

[Después de esto, el sacerdote, inclinado profundamente, dice en silencio:]
S: Recíbenos, Señor, animados de un espíritu humilde y de un corazón arrepentido: y tal efecto produzca hoy nuestro sacrificio en tu presencia, que del todo te agrade, oh Señor y Dios nuestro.

S: Ven, ¡oh Dios santificador, omnipotente y eterno!, y ben ✠ dice este sacrificio preparado para gloria de tu santo nombre.

Lo que fue eliminado:
Estas oraciones tienen la idea de una ofrenda sacrificial. Ellas prefiguran la Transubstanciación al llamar a la hostia «inmaculada», como la Víctima inmaculada del Calvario, y el «cáliz de salvación» que tendrá Su Preciosa Sangre: «… produzca hoy nuestro sacrificio en tu presencia, que del todo te agrade, oh Señor y Dios nuestro. Ven, ¡oh Dios santificador, omnipotente y eterno!, y ben ✠ dice este sacrificio preparado para gloria de tu santo nombre». Además, se ofrece tanto por los vivos como por los difuntos (Purgatorio). 

Lo que más desprecian los protestantes es la idea de la Misa como un sacrificio. ¿A alguien sorprende que Lutero hiciera burla de estas oraciones porque «apestan a sacrificio»?  La doctrina del Purgatorio (también universalmente rechazada fuera de la Única Iglesia Verdadera) se hace clara al ofrecer la Misa por los difuntos. 
   
El NO remplazó este Ofertorio con palabras tomadas de la cena de Séder judía. La cena del Séder es conmemorativa, no sacrificial. Esta también fue una apertura ecuménica para con la raza deicida. El término sacrificio se conservó esta vez (en el contexto de la cena judía) significando «alabanza y acción de gracias», no realmente como ofrecer una Víctima a Dios. Se removió toda mención del Purgatorio.
   
El Canon de la Misa
  
(a) El Te Ígitur en la MLT
[El sacerdote ora en silencio]
S: Te pedimos, pues, y humildemente te rogamos, oh Padre clementísimo, por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que recibas y bendigas estos ✠ dones, estas ✠ ofrendas y estos ✠ santos y puros sacrificios; que te ofrecemos, en primer lugar, por tu Santa Iglesia católica, para que te dignes darle la paz, guardarla, unificarla, y gobernarla en toda la redondez de la tierra, juntamente con tu siervo el Papa N., nuestro Prelado N., y todos los que profesan la verdadera fe católica y apostólica.
Lo que fue eliminado:
Aquí, una vez más, es inequívoca la naturaleza sacrificial de la Misa. Se bendicen tres veces el pan y el vino en honor de la Santísima Trinidad, y se ofrece por todos los que son ortodoxos en la creencia, y quienes se oponen a ella son heterodoxos, implicando que no se puede ser hereje y miembro de la Iglesia. El NO removió dos de las tres señales de la cruz y la referencia a ser ortodoxos en la fe (Ortodoxo como adjetivo (Fe verdadera), no como sustantivo para los cismáticos orientales). El Canon, una regla invariable de Fe, fue remplazada en el NO por cuatro opciones de “Plegarias eucarísticas” de las cuales solo la #1 si quiera remotamente recuerda el Canon fijado desde el año 604 AD. 

(b) La conmemoración de los vivos
S: Acuérdate, Señor, de tus siervos y siervas N. y N.…, y de todos los circunstantes, cuya fe y devoción te son conocidas; por los que te ofrecemos, o que ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, por sí y por todos los suyos, por el rescate de sus almas, y por su salud y bienestar corporal; y que también te tributan sus homenajes a Ti, Dios eterno, vivo y verdadero.
Lo que fue eliminado
Aquí la palabra devoción era un problema para los reformadores de la secta del Vaticano II, porque tiene la connotación de celo y piedad. La idea de la devoción es anatema para los modernistas que creen que Dios «nos ama tal como somos», y tuvo que irse.

(c) El Communicántes
S: Unidos por la comunión de los Santos y honrando, primeramente, la memoria de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, Señor y Dios nuestro, y la de tus bienaventurados Apóstoles y Mártires: Pedro y Pablo, Andrés, Santiago, Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo, Lino, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián, y de todos tus Santos; te pedimos, por sus méritos e intercesión, nos concedas ser fortalecidos en todo con el auxilio de tu protección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Así sea.

Lo que fue eliminado:
Los protestantes rechazan la invocación de los santos. Todos los santos mencionados aquí fueron “hechos opcionales” excepto San Pedro, San Pablo y San Andrés. En la Misa Tradicional hay 62 nombres de santos, muchos de los cuales son papas. El NF tiene 41 santos mencionados, pero 32 son opcionales, dejando una mención obligatoria de solo nueve santos. 

(d) El Hanc Ígitur y Quam Oblatiónem  
S: Por lo mismo, Señor, te rogamos te dignes admitir favorablemente esta oblación en testimonio de nuestra dependencia y de toda tu familia: y hacer que pasemos, en paz contigo, los días de nuestra vida, que nos veamos libres de la condenación eterna y seamos por Ti incluidos en el número de tus escogidos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Así sea. [Aquí la campana suena una vez].

S: La cual oblación, suplicámoste, oh Dios, te dignes ordenar sea ben ✠ dita, adscri ✠ ta, ratifi ✠ cada, racional y agradable: de suerte que se convierta, para nuestro provecho, en el Cuer ✠ po y San ✠ gre de tu muy amado Hijo Jesucristo, Nuestro Señor.
Lo que fue eliminado:
La palabra devoción, que significa celo y piedad, fue removida una vez más. La palabra oblación, que significa sacrificio ofrecido a Dios, ha sido remplazada en el Novus Ordo por la palabra ofrenda, la cual no está unida definitivamente a un sacrificio, ni necesita referencia a Dios (uno puede hacer una ofrenda de dinero a una caridad seglar). La palabra consagrar, que trae a nuestra mente la Transubstanciación, fue removida, y las cinco señales de la Cruz (por las Cinco Llagas de Cristo) se reducen a una sola.

(e) La Consagración del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
No se discutirá la Forma del Sacramento. Aun con materia y forma correctas, no hay sacerdote válido. Si el sacerdote fuera válido, seguiría siendo un servicio inválido porque han removido la Intención al volver esta parte en el Novus Ordo un Relato de la Institución.

Las Palabras de la Consagración son llamadas ahora las Palabras de la Institución, y recitadas dentro de un “Relato de Institución” en la “Plegaria Eucarística”. En el Canon de la Misa, el sacerdote debe detenerse, inclinarse sobre la hostia o el cáliz que será consagrado, y hablando en una voz secreta (baja), debe decir atenta y devotamente las palabras sin interrupción. Esto es para mostrar que el sacerdote no está simplemente repitiendo las Palabras de Nuestro Señor dichas hace casi 2000 años en alguna narración de un evento histórico, sino que planea realizar la acción de la Consagración efectuando la transubstanciación aquí y ahora.
   
Al recitar las Palabras de la Institución en un Relato de Institución, el presbítero hace exactamente lo contrario. Él lee como si se tratase de un gran relato histórico, viciando así su intención de consagrar, según algunos teólogos como el rubricista John Baptist O’Connell. Es análogo a bautizar un bebé dentro del contexto de leer el capítulo 28 del Evangelio de San Mateo (¿es el intento de bautizar aquí y ahora, o estás simplemente recitando lo que tuvo lugar en tiempos de la vida de Nuestro Señor en la Tierra? ¿El resultado? Aun asumiendo que haya sacerdote válido, materia válida y forma válida, el defecto de intención lo hace inválido.

El Pater Noster hasta el fin de la Misa
   
De la MLT:
S: Oremos. Teniendo en cuenta la orden del Señor y aleccionados por el divino Maestro, nos atrevemos a exclamar:
S: Padre nuestro, que estás en los cielos. Santificado sea el tu nombre. Venga a nos el tu reino. Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación.
M: Mas líbranos del mal.
S: Así sea.

S: Líbranos, sí, Señor, de todos los males pasados, presentes y futuros; y por la intercesión de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Dios, y de tus bienaventurados Apóstoles San Pedro, San Pablo y San Andrés, y todos los demás Santos danos bondadosamente la paz en nuestros días; a fin de que, asistidos con el auxilio de Tu misericordia, estemos siempre libres de pecado y al abrigo de cualquier perturbación.

[El sacerdote parte la Sagrada Hostia, diciendo:]
S: Por el mismo Jesucristo, Señor nuestro e Hijo tuyo, que, Dios como es, contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo. Por los siglos de los siglos.
M: Así sea.

S: La paz ✠ del Señor ✠ sea siempre con ✠ vosotros 
M: Y con tu espíritu.

[El Sacerdote deja caer en el Cáliz la partícula de la Hostia]
S: Que esta mezcla de los elementos consagrados del Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, nos aproveche a quienes la recibimos, para la vida eterna. Así sea.

Lo que fue eliminado:
El Pater Noster (Padre nuestro) se dice como fue enseñado. Toda la atención está puesta en la Divina Víctima presente en el altar. El NO añade la doxología protestante (Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre), quitando la atención de Cristo hacia un “signo de la paz”, que incluye apretones de manos, abrazos, besos, etc., porque Cristo está tan presente en “la asamblea” como en aquello que aún llaman la Eucaristía. Desapareció la invocación de la Santísima Virgen María, los Apóstoles San Pedro, San Pablo y San Andrés, y todas las tres señales de la Cruz fueron suprimidas.

EL AGNUS DEI
De la MLT:
[Inclinándose, el sacerdote dice:]
S: Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo ¡ten misericordia de nosotros! Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo ¡ten misericordia de nosotros! Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo ¡danos la paz!

S: Señor Jesucristo, que dijiste a tus Apóstoles: Mi paz os dejo, mi paz os doy; no te fijes en mis pecados, sino en la fe de tu Iglesia, a la cual dígnate pacificarla y unirla conforme a tu voluntad. Tú que vives y reinas por todos los siglos de los siglos. Así sea.

S: Oh Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que, por voluntad del Padre y con la cooperación del Espíritu Santo, diste la vida al mundo por tu muerte: líbrame, por tu sagrado Cuerpo y Sangre de todas mis iniquidades y de todos los demás males, y haz que cumpla siempre tus mandamientos y no permitas que jamás me aparte de Ti, quien siendo Dios, vives y reinas con el mismo Dios Padre y con el Espíritu Santo, Por los siglos de los siglos. Así sea.
   
S: La comunión de tu Cuerpo, Señor Jesucristo, que yo indigno me atrevo a recibir ahora, no se me convierta en motivo de juicio y condenación; sino que, por tu misericordia, me sirva de protección  para  alma y para cuerpo y de medicina saludable. Tú, que siendo Dios, vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Así sea. 
   
Lo que fue eliminado:
Las tres oraciones después del Agnus Dei tenían que irse, porque sufrían de mucha teología negativa. Las “iniquidades” (las inclinaciones pecaminosas, como también el pecado), “que cumpla siempre tus mandamientos” (buenas obras), y “no permitas que jamás me aparte de Ti” (pecado mortal), son todas contrarias al modernismo y ofensivas a los protestantes. La oración final hace que el sacerdote se refiera a sí mismo solamente (sacerdocio sacrificial) aparte de la “asamblea”.

COMUNIÓN DEL SACERDOTE
De la MLT:
[El sacerdote hace genuflexión, se levanta y dice:]
S: Recibiré el Pan celestial, e invocare el Nombre del Señor.

[Tomando la Sagrada Hostia con su mano izquierda, el sacerdote golpea su pecho tres veces, diciendo (aquí la campana suena cada una de las tres veces que el sacerdote dice):]
S: Señor, yo no soy digno de que entres en mi pobre morada, mas di una sola palabra y mi alma será salva. (tres veces).
    
[Tomando la Sagrada Hostia en su mano derecha, el sacerdote hace la señal de la cruz con ella y dice:]
S: El Cuerpo de Nuestro Señor ✠ Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna. Así sea.

[El sacerdote recibe la Sagrada Comunión y después de una breve meditación continúa:]
S: ¿Con qué corresponderé yo al Señor por todo cuanto Él me ha dado? Sumiré el Cáliz de salvación e invocaré al Señor con cánticos de alabanza, y me pondré a salvo de mis enemigos.

[El sacerdote toma el Cáliz en su mano derecha y hace la señal de la cruz diciendo:]
S: La Sangre de Nuestro Señor ✠ Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna. Así sea.
   
[Aquí se dicen el segundo Confíteor, y las oraciones Misereátur e Indulgéntiam].
  
[El sacerdote entonces se vuelve a los fieles con el Ciborio y, sosteniendo una de las Sagradas Partículas ante los comulgantes, dice:]
S: Ved aquí el Cordero de Dios, ved aquí al que quita los pecados del mundo.

[El sacerdote dice en voz alta:]
S: Señor, yo no soy digno de que entres en mi pobre morada, mas di una sola palabra y mi alma será salva. (tres veces)
Lo que fue eliminado:
«Tuyo es el reino». Es reducida de tres recitaciones por el sacerdote y tres por el ministro a solamente una por la “asamblea”. La indignidad es negativa. El segundo Confíteor, y las oraciones Indulgéntiam y Misereátur fueron suprimidas (el Misal roncalliano de 1962 los suprimió también).  

COMUNIÓN DE LOS FIELES
De la MLT:
[El sacerdote da la Sagrada Comunión a cada comulgante diciendo:]
S: El Cuerpo de Nuestro Señor ✠ Jesucristo guarde tu alma para la vida eterna. Así sea.

Lo que fue eliminado:
En la MLT, el sacerdote hace la señal de la cruz con la Sagrada Hostia sobre cada comulgante antes de colocarla en la lengua de la persona mientras están arrodilladas. Mientras hace la señal de la cruz, el sacerdote entona el efecto del Sacramento si este es recibido dignamente, esto es, la gracia para preservar el alma, que cooperando con dicha gracia, la persona pueda morir en estado de gracia y heredar el Reino de los Cielos (la vida eterna). TODO esto fue eliminado como “rémoras de teología católica”.
   
El NO tiene la hostia no consagrada manipulada por laicos de uno y otro sexo (los denominados “Ministros Extraordinarios de la Eucaristía (sic)”). Ellos sostienen la galleta frente al receptor (que está de pie) y dicen: «El Cuerpo de Cristo» y a lo cual él o ella responde «Amén». Tú puedes entonces tomar la galleta en tu mano y ponerla en tu boca, o tenerla puesta en tu lengua. Todo esto es lo que los luteranos y anglicanos hicieron para destruir la creencia en la Presencia Real, y los modernistas han hecho exactamente lo mismo. No hay manos sacerdotalmente consagradas para sostener la hostia, no hay distinción entre laicos y clérigos, no hay señal de la cruz, no hay mención de los efectos del Sacramento, y el receptor debe afirmar su creencia, mientras que la teología católica no tiene a los laicos diciendo «Amén» antes de recibir la Hostia. Cristo está realmente Presente creas o no en ello.

EL ÚLTIMO EVANGELIO
En la Misa Tradicional, el sacerdote lee el Evangelio de San Juan I, 1-14 (a menos que el propio de la Misa disponga que se lea otro).

Lo que fue eliminado:
Todo. Esto es antiecuménico porque dice que Jesucristo es Dios, el cual vino Encarnado, y que no hay salvación para el que Lo rechace. 

ORACIONES DESPUÉS DE LA MISA REZADA
La MLT tiene tres Ave Marías, la Salve Regína, una oración por la Iglesia, y la Oración a San Miguel Arcángel, y finaliza con la triple invocación por la misericordia del Sagrado Corazón de Jesús.

Lo que fue eliminado:
Todo. El Papa Pío XI dispuso que el objeto de estas oraciones fuera la conversión de Rusia. Por Bergoglio sabemos que «el proselitismo es un solemne sinsentido». Implorar el auxilio de la Inmaculada Madre de Dios, San José y los Santos, y pedir por «la conversión de los pecadores y la libertad y la exaltación de la Santa Madre iglesia» es más de lo que cualquier modernista puede tragar. Añade a eso la oración a San Miguel, que nos recuerda nuestra batalla contra satanás, que también es muy real, y la invocación al Sagrado Corazón, despreciado por los protestantes, hizo que todo esto acabase arrojado en la basura de la secta del Vaticano II.

CONCLUSIÓN
   
Tú puedes felizmente ver las sólidas doctrinas católicas que fueron eliminadas o puestas en segundo plano en la “Cena feliz” del Novus Ordo, donde el entretenimiento de la gente y hacerla sentir bien es la principal prioridad. Este es un circo ecuménico de tres pistas para destruir la Fe e inculcar el modernismo. Debes estar más resuelto que nunca para sostener la Única Fe Verdadera, la Verdadera Misa y los verdaderos sacramentos. No permitas nunca que nadie te convenza de disminuir o (Dios no lo quiera) eliminar de tu corazón y tu alma la Fe verdadera, porque sin ella nadie puede ser salvo.

MES EUCARÍSTICO DE SAN JOSÉ - PREFACIO

Tomado del Mes de San José, el primero y más perfecto de los Adoradores, Santiago de Chile, Pequeña biblioteca eucarística, 1911. Imprimátur por Mons. Manuel Antonio Román Madariaga, Vicario general del Arzobispado de Santiago de Chile.
  
Así como el jardinero diligente sostiene con un rodrigón, contra su propia debilidad y contra los caprichos del viento y de la borrasca, la flor que cultiva con celoso cuidado; Dios, en su misericordia, prepara, para las obras que él inspira y que funda en su Iglesia, apoyos, “rodrigones” que los sostengan y les permitan alcanzar, sin peligro, la edad de su fuerza y de su madurez. Bajo la benévola protección de los señores obispos de Tours, de Carcasona y de Arras, los humildes volúmenes de la Biblioteca del Santísimo Sacramento hicieron su aparición en el mundo, y queremos consignar aquí, en nombre de nuestros lectores, nuestra gratitud a Sus Señorías. Pero una mano que nunca se ha cansado de bendecir, una voz que ha alentado con bondad constante a todo recién llegado, es la mano, es la voz de Monseñor el Obispo de Tarbes. Enteramente consagrado a la gloria de la Eucaristía, como él mismo lo ha proclamado en su Evangelio de la Eucaristía, el venerado prelado parecía complacerse en bendecir todo lo que podía, hasta en la más pequeña medida, servir para manifestar más claramente, para hacer amar más el Misterio de amor.
   
Y hoy, ¿cómo expresaremos nosotros nuestro agradecimiento? Monseñor Pichenot no se contenta ya con alentarnos con una benévola carta: nos permite enriquecernos con sus tesoros y beber en su abundancia para ayudar nuestra escasez.

Fiel a nuestras promesas, nos preparamos a publicar los piadosos pensamientos de nuestro venerado Padre Eymard sobre San José, el más perfecto y el primero de los adoradores. Aquí, como en el Mes de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, convenía sostener con algunas razones teológicas y testimonios de los santos Padres, lo que sólo su fe y su amor le mostraban de las virtudes que hacen de San José el perfecto modelo de la vida adoradora: nuestro trabajo está hecho, y mucho mejor sin comparación de lo que hubiéramos podido pretender hacerlo.

Con su fe, su ciencia y su piedad, unidas a la autoridad de Pastor y de Doctor de su pueblo, Monseñor el Obispo de Tarbes nos dice que somos deudores a San José del trigo divino que nos es ofrecido en la Eucaristía; nos muestra que participando de él en el Sacramento de vida nuestra felicidad iguala y aun sobrepasa en cierto modo a la felicidad del Padre nutricio de Jesús; y en fin que sus ejemplos nos enseñan del mejor modo posible como debemos prepararnos a recibirlo bien y aprovecharlo.

Cuando se hayan saboreado esas bellas enseñanzas, se estará más apto para reunir a San José y la Eucaristía en un mismo amor, y se estudiará con más fruto, bajo la disciplina del Padre Eymard, las virtudes admirables, la vida de adoración de San José.

Una aspiración hacia Jesús-Eucaristía termina la lectura de cada día; recordemos bien durante todo este mes y siempre que los pastores, los Magos, y todos los que quieren hallar a Jesús, deben buscarlo con María su madre y José (Invenérunt Maríam, et Joseph, et infántem pósitum in praesépio, Luc. II, 16); que la Trinidad terrestre, creada en Belén en la pobreza y reconstituida en el cielo en los esplendores de la gloria, no se debe separar tampoco en nuestro amor y en nuestro culto; en fin, que sobre el Niño-Dios del tabernáculo, más débil en la hostia que en sus pañales, velan el amor y las solicitudes de María y de José, al mismo tiempo que sus adoraciones se elevan hacia el Corazón de Jesús para indemnizarlo del olvido y de la ingratitud de los hombres.
   
___________________
  
He aquí la benévola carta por la cual Monseñor el Obispo de Tarbes nos autoriza para publicar, a la cabeza del Mes de San José del Padre Eymard, su Pastoral sobre el Santísimo Sacramento y San José.
   
Tarbes, Diciembre, 21 de 1872.
   
Mi Querido Padre:
   
Consiento complacido en que insertéis mi Pastoral sobre el Santísimo Sacramento y San José en el libro que vais a publicar. Tendré el placer de poder contribuir así por mi parte a la devoción a San José, al culto y a la gloria de la Santísima Eucaristía.
    
Recibid, querido Padre, la nueva seguridad de mi afectuosa estimación.
 
† P. A., Obispo de Tarbes
  
EL SANTÍSIMO SACRAMENTO Y SAN JOSÉ
  
Desearíamos, amadísimos hermanos, haceros comprender dos cosas respecto al glorioso Patriarca San José: la primera es que a él debemos, en cierto modo, el trigo de los elegidos, la Sagrada Eucaristía; segundo, que en la santa Comunión nuestra dicha iguala y aún supera la suya.
  
I. EN PRIMER LOGAR, EL GLORIOSO PATRIARCA NO ES EXTRAÑO AL MISTERIO EUCARÍSTICO
1.º En efecto, nosotros poseemos en nuestros tabernáculos, ofrecemos en el altar y recibimos en la Sagrada Mesa, el cuerpo nacido de la Virgen María; así lo canta la Iglesia: Ave verum corpus, natum de María Vírgine. Este cuerpo sacrosanto fue concebido, es verdad, por obra del Espíritu Santo; pero fue formado, sin embargo, en las castus entrañas y de la substancia misma de una Virgen, que ya no se pertenecía, puesto que había escogido un esposo; y ya bajo este respecto, San José tenía sus derechos sobre el Niño Jesús. Escuchad cómo razona sobre este punto el bienaventurado Obispo de Ginebra: “Si una paloma, dice, llevando en su pico un dátil, lo dejase caer en un jardín en el cual echase luego raíces, ¿á quién otro pertenecería el árbol que naciese de él, sino al dueño del jardín? Puesto que el propietario de la finca lo es también de los frutos que produce: Res fructíficat Dómino. Ahora bien, el Espíritu Santo, la dulce paloma del Jordán, dejó caer ese dátil inmortal, el Verbo increado, en el seno de María, que Él mismo compara a un huerto cerrado: hortus conclúsus, soror mea sponsa, hortus conclúsus; y allí ha crecido el Justo por excelencia, allí se ha desarrollado y se ha vuelto grande cual esbelta palmera: justus ut palma florébit. Pero la Santísima Virgen pertenecía a San José, como pertenece la esposa a su esposo, y por consecuencia de ello, el fruto bendito do sus entrañas le pertenecía también: quod náscitur in agro meo, meum est, dicen los jurisconsultos. Es como si fuera su hijo; es una dorada espiga que lia crecido en su campo; es un racimo purpúreo que ha brotado de las ramas de una vid que es suya: por consiguiente, suyo es también “el trigo de los elegidos, el vino que engendra vírgenes”.
 
2.º Hay más aún: San José fue el guardián del Hijo de Dios; él conservó cuidadosamente este depósito sagrado y lo sustrajo a la persecución con riesgo de su propia vida. Apenas nacido Jesús, el cruel Herodes lo busca para darle la muerte; la guadaña mortífera de ese tirano ambicioso quiere segar el trigo misterioso que ha germinado en el seno de María, como en un terreno virgen. Levántate, José, toma el niño con su Madre y huye para salvarle; cuida de Él, guárdale bien, que es nuestra única esperanza: Él debe alimentar un día al mundo entero con su propia substancia. Si la tempestad de la persecución hubiese tronchado entonces la naciente espiga, no tendríamos hoy el Pan Sagrado que da la vida eterna.
  
Fue en Egipto donde el antiguo José acumuló en inmensos graneros, durante los siete años do abundancia, el trigo de que debían alimentarse los súbditos de Faraón y la casa de Jacob, durante los siete años de escasez. Fue en Egipto primero, luego en Nazaret, donde el nuevo José refugió largo tiempo a Aquel que, abriendo sus tabernáculos en la víspera de su muerte, dijo a los judíos y gentiles: Tomad y comed, éste es mi cuerpo; tomad y bebed, esta es mi sangre; mi carne es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida. Con mas razón pues que el Virrey del Nilo puede ser llamado nuestro José: Salvador del mundo. En estos tiempos de esterilidad después de transcurridos diez y nueve siglos, todavía vivimos del trigo por él recogido y depositado en esos vastos graneros que llamamos los Santos tabernáculos.
  
3.º Y falta tod avía algo sobre el punto primero: si bien es cierto que José fue ajeno a la formación del cuerpo do Jesús, no lo fue a su desarrollo y crecimiento; él no le dio el ser, es verdad, pero sí se lo mantuvo y conservó á costa de sus fuerzas; él era su padre nutricio, carnis suae nutrítium dice San Bernardo, ganando por un trabajo asiduo la vida a Aquel por quien todo vivo y respira. De sus sudores, y ¡ay!, muchas veces de sus lágrimas se alimentaba el niño do Nazaret.
    
Ved ahí pues el tercer argumento que nos permite decir que en cierto modo nuestro gran santo tiene parte en el sagrado misterio de la Eucaristía. El pan ganado por él fue lo que sustentó la sangre adorable derramada en el calvario y convertida en nuestro alimento en el Altar. Ese mismo pan, cambiado en la carne del Hijo del Hombre, es lo que nos hace vivir; puede decirse que la Santa Hostia llega hasta nosotros empapada en los sudores de San José, y el cáliz nos trae con la sangre divina, las lágrimas del carpintero de Nazaret, si así me es dado expresarme. ¿No es éste acaso el sentido y aún la expresión de uno de los pasajes del Decreto de Pío IX, declarando a San José Patrono de la Iglesia universal?…
   
¿No se dice acaso de él: Solertíssime enutrívit quem pópulus fidélis uti panem de coelo descénsum sumeret ad vitam aetérnam consequendam? “Alimentó con la mayor solicitud a Aquel a quien debía recibir un día el pueblo fiel, como pan de vida para llegar al Cielo” 
II.
Hemos dicho, en segundo lugar, que POSEYENDO LA SANTA EUCARISTÍA, NADA NOS QUEDA QUE ENVIDIAR AL GLORIOSO PATRIARCA, SIENDO NUESTRA DICHA IGUAL POR LO MENOS A LA SUYA. El mayor privilegio de San José fue el de ser elegido entre todos los hombres para tutor y custodio del Niño Jesús.
  
Ahora bien, por este doble título, fue testigo de su nacimiento y de sus primeros misterios; vivió largos años bajo el mismo techo y en la más dulce intimidad con Él y murió en fin bajo sus ojos y entre sus brazos. ¡Y bien! gracias al sacramento de la Eucaristía, nadie hay que no pueda ser tan favorecido como San José.
   
l.º Si él, en el establo de Belén asiste al nacimiento del Redentor, si lo adora envuelto en pañales y puesto en un pesebre, sl oye los cánticos do los ángeles, ve llegar a los pastores y contempla con admiración a los Magos: ¿no asistís vosotros, cuantas veces lo queréis, a la santa Misa, donde el Hijo de Dios vuelve a nacer cada día y cubierto por la envoltura eucarística descansa sobre el altar? ¿No cantáis el Glória in excélsis Deo? ¿No veis cómo ricos y pobres, grandes y pequeños, sabios e ignorantes, prosternándose a sus pies le ofrecen allí el oro de la caridad, el incienso de la plegaria y la mirra del ayuno y de la penitencia?
 
El día de la purificación, José acompañó a Jesús al templo y oyó las palabras del santo anciano que profetizaba la gloria del recién nacido, al par que las persecuciones y dolores que debía sufrir. Con frecuencia, duraute el Sacrificio, ¿no oís vosotros la voz de vuestros amados Pastores que se eleva desdo la cátedra sagrada para expresaros las grandezas y humillaciones de Jesús Sacramentado, y enseñaros a conocerle, amarle y servirle para tener parte en su reino?
   
2.º San José vivió mucho tiempo en compañía del niño Jesús. Cuando pequeñito, ¡cuántas veces lo tuvo sobre sus rodillas, lo llevó entre sus brazos, y lo estrechó sobre su pecho, cubriéndole con sus besos y bañándolo con sus lágrimas! Más tarde, ¡con qué familiaridad se entretenía con Él en deliciosos coloquios!… Y vosotros, decidme: ¿no compartís la morada del Hijo de Dios cuando os halláis en el templo?… ¿no vivís en su santa compañía, al lado suyo? ¿Acaso no es esto de nuevo Nazaret y sus privilegios? Del fondo del Tabernáculo, del medio del altar, de lo alto de la custodia ¿no hace descender Jesús hasta vosotros su luz y su calor, la verdad y su caridad ardiente? En ciertos días lo encontráis, como José, en el templo enseñando a los doctores y sacerdotes. Pero, ¿qué digo? vuestra dicha no se reduce a ver cerca de vosotros y estrechar en vuestros brazos al Hijo de Dios, sino que lo poseéis dentro de vosotros mismos, en lo más íntimo de vuestra alma. Quizá esta misma mañana, salvando la barrera de vuestros labios, haya tomado un pequeño descanso en vuestra lengua trémula de emoción y descendido luego hasta el fondo de vuestro pecho santificado. Así ha encontrado Él, el medio de unirse con vosotros más estrechamente aún, que lo que lo hizo con su padre adoptivo. San José no comulgo nunca; sois pues en cierto modo más felices que él.
   
Este misterio fue traducido con admirable maestría por un artista cristiano en una pintura al fresco. Representa un grupo de la Sagrada Familia. El Niño Jesús tiene su brazo izquierdo pasado familiarmente por el brazo derecho de San José. Su actitud indica que le habla: se trata de una revelación. Con esa mano que tan amorosamente ha pasado por el brazo de su padre nutricio Jesús le señala unas espigas maduras pendientes de un haz de trigo que lleva bajo su brazo izquierdo, mientras que con la otra mano el bello adolescente le indica una cepa, de cuyas ramas cuelga un racimo de magníficas uvas. Le revela el misterio eucarístico. Una lágrima brilla en la mejilla de San José: es la expresión de mi pesar que parte del fondo de su alma. ¡Oh hijo mío! parece decirle, y ¿yo quedaré privado de ese manjar?
  
3.º San José tuvo en fin la dicha de morir entre los brazos de Jesús, que, enjugando sus lágrimas y hablándole del cielo, recogió su último suspiro. Por el Santo Viático, Nuestro Señor se transportará también al lado vuestro y estará a la cabecera de vuestro lecho de dolor para consolaros y bendeciros; inclinándose sobre vuestra frente. Él enjugará también los sudores de vuestra agonía y os dirá: ¡Ánimo!, siervo bueno y fiel; hoy estarás conmigo en el Paraíso! San José no hizo su entrada al cielo hasta el día de la Ascensión. Jesús lo dejó partir solo al limbo: a vosotros os acompañará en el largo viaje del tiempo a la eternidad. Puede decirse en cierto modo que le llevaréis con vosotros al Purgatorio, si es que os veis en la necesidad de pasar por él antes de entrar en la gloria.
   
¡Ah!, bien podemos aplicar aquéllas palabras que el Evangelio decía de San Juan Bautista: José fue uno de los santos más grandes y favorecidos sobre la tierra, non surgent major. Pero, el último de los cristianos, el más pequeño en el reino de Dios, después del Evangelio y la Eucaristía, es aún más grande que él en cuanto a los favores: Major est illo.
   
III Solo me resta ahora demostraros cómo el insigne Patriarca nos enseña, con su ejemplo la manera de prepararnos para recibir las gracias del Señor y de conducirnos en nuestras relaciones más íntimas con la Divinidad. Por su fe, su pureza y su recogimiento habitual, fue como mereció San José la dignidad de ser Padre adoptivo del Salvador:
 
1.º Su fe.— San José creyó ciegamente en el misterio de la Encarnación en la virginal fecundidad y en la maternidad divina de María. Él reconoció y adoró en el recién nacido del pesebre, en el aprendiz de Nazajet, en el humilde artesano que trabajaba bajo sus ordenes, al Eterno, Criador del universo. Y, sin embargo, ninguno de los prodigios que habían de llenar un día toda la Judea con la fama de su nombre, se había realizado aún. El testimonio del Ángel bastaba al glorioso Patriarca, y sin temor de engaño, adoraba a su Dios y Señor en aquel que, por inescrutables designios de la Providencia, se hollaba sometido a su autoridad paterna.
   
Ante la débil Hostia de nuestros altares nuestra fe, como la del glorioso Patriarca, se halla sometida a prueba. Más oculto aún que en el niño de Belén, más anonadado que en el taller de Nazaret, se encuentra Jesús en la divina Eucaristía. Él lo ha dicho, sin embargo, y eso debe bastarnos. Nada hay más cierto que las palabras de la Verdad increada: adoremos pues ciegamente al Hijo de Dios, cuya real presencia se halla oculta en el Santísimo Sacramento del Altar. 
  
2. ° La pureza . — La virtud de la pureza nos acerca a Dios. Jamás hubiera consentido Nuestro Señor en recibir las caricias de San José, en descansar sobre su corazón y ser mecido entre sus brazos, si el virginal esposo de María no hubiese sido un ángel de inocencia y de pureza. Supliquémosle, pues, que nos obtenga y conserve esta hermosa virtud; que plante en nuestras almas la embalsamada azucena que lleva en su mano, a fin de que la suavidad de su perfume atraiga a ellas al Esposo de las almas castas y haga huir de ellas al enemigo infernal.
  
3.º El recogimiento. — A la par que la pureza, es necesario el espíritu interior para acercarse con fruto al Altar de Dios. Un alma ligera, disipada, no saca ningún provecho. Todo lo malgasta. Ya en los tiempos preevangélicos lo decía el Profeta: La tierra está desolada porque no hay nadie que reflexione en lo interno de su corazón”. La comunión frecuente, hecha con perfección, es poco menos que imposible, si no va unida con la práctica de la meditación. San José es patrono de la vida interior; en medio de las ocupaciones más vulgares y fatigosas, él se mantenía siempre unido íntimamente con Dios. Mientras sus manos manejaban las herramientas de su oficio, su corazón se elevaba al cielo; estando siempre pronto a escuchar la palabra de Jesús y recibir sus gracias.
  
Debemos persuadirnos de que no son los trabajos ni las ocupaciones lo que nos disipa; sino nosotros que desgraciadamente nos disipamos por ellos. Pidamos al gran San José se digne revelarnos el secreto de la vida interior; y esforcémonos en hermanar siempre el trabajo con la plegaria; la Vida activa con la contemplativa, a fin de que nuestras acciones todas reciban su mérito por el espíritu interior que las anime.
  
Para terminar esta instrucción y resumirla, permitidme que os recuerde un sueño que el antiguo José narraba a sus hermanos. Me parecía ver, decía el hijo de Jacob, que nos encontrábamos reunidos en un campo ligando haces de heno; y que mi haz se mantenía erguido, mientras los vuestros, encorvándose, lo adoraban. La visión del antiguo patriarca tiene su realización y se renueva en los días de adoración y de bendición. El haz divino que el nuevo José ha cosechado en el campo de María, se mantiene firme y erguido en el altar, y cual otros tantos haces de heno, todas las almas piadosas, grandes y pequeños, sacerdotes y seglares, se inclinan en su presencia y rendidamente lo adoran. ¡Alabado sea Dios! Regocijémonos; estos días han de ser para vosotros nueva fuente de gracias y prosperidad.
   
A vosotros, amados comulgantes, quiero legaros también un recuerdo del Génesis: Cuando el ministro del Señor ha depositado en vuestros labios el trigo de los elegidos, en esos momentos en que en vuestras almas rebosan las gracias del Dios de la Hostia, id a llevar presurosos el grana bendito a vuestro querido padre, a aquel abuelo venerable, que quizá, como el anciano Jacob, perece de hambre, alejado de los Sacramentos de la Iglesia. ¡Ojalá el poder de vuestras plegarias y ejemplo y el buen olor de Jesucristo que habéis de esparcir en torno vuestro, logre atraerlos, y les haga venir al encuentro de José, para solicitar el sustento que sus almas necesitan! Quizá tengáis hermanitos pequeños, que aún no han hecho su primera comunión, traedlos con vosotros; preparad para el Señor esos tiernos Benjamines que desea abrazar en el fuego de su caridad.
   
Cristianos, redoblemos todos juntos nuestro fervor y piedad hacia San José en la persona de Aquel, con quien tuvo tan estrechas relaciones. Él fue el siervo fiel y prudente de que nos habla el Evangelio, a quien el Señor estableció en su casa, para que diese a cada uno la medida de trigo en tiempo oportuno: fidélis servus et prudens quem constítuit Dóminus super famíliam suam, ut det cibum in témpore. No parece sino que el Señor hubiese querido, en tal pasaje, hacer la historia de San José, hallándose como estereotipada en esa lacónica parabola la misión temporal que tuvo que desempeñar eu vida el padre nutricio del Salvador, y aquella otra misión sobrenatural que, después de su gloriosa muerte, está desempeñando incesantemente en nuestro favor.
   
+ Pedro Anastasio Pichenot, Obispo de Tarbes.

martes, 30 de mayo de 2023

OTRA VEZ EL ANTISEDEVACANTISMO DE SCHNEIDER (y esta vez llevándose a Santo Tomás de Aquino)


El obispón auxiliar de María Santísima en Astaná (Kazajistán) Atanasio Antonio Schneider Trautmann ORC, participó el 14 de Marzo en la conferencia en vivo de la Confraternidad de Nuestra Señora de Fátima fundada por Christopher P. Wrent.
   
Ante la pregunta «¿El Papa Francisco ha perdido su oficio porque siempre enseña herejía y va contra la Fe Católica?», Schneider respondió con esta parrafada:
«Primero, yo diría que la cuestión de la pena de muerte todavía no ha sido procmamada como un dogma de fe de manera infalible, por tanto formalmente, aun si el Papa Francisco negase la verdad de la legitimidad de la pena de muerte, él no cometió herejía formalmente, es solo una cuestión técnica.
   
La otra cuestión, más de principios, es que es imposible que un Papa pierda automáticamente su oficio por enseñar herejía. ¿Por qué? Porque, nuevamente, somos una estructura jerárquica. No somos una comunidad democrática que puede deponer a su líder, como las comunidades protestantes, o los partidos políticos, o las comunidades ortodoxas de los obispos ortodoxos que no tienen lo que yo llamo una “estructura jerárquica”, una cabeza visible, sino un colegio, la sinodalidad. Y entonces, cuando hay solamente el principio de la sinodalidad, como en los ortodoxos, ellos pueden deponer a su patriarca, pueden deponer a su cabeza. Y por tanto, ya hay un error: la sinodalidad como el único principio. La sinodalidad también es válida en la Iglesia Católica, pero no es el único principio ni el más importante: El más importante es el primado de Pedro. Por supuesto, claro está, junto con la sinodalidad de los obispos.
   
Esto llevaría a la herejía del Conciliarismo, que fue condenada por la Iglesia en el siglo XV, que dice que hay en la Iglesia un cuerpo, digamos, el concilio o un grupo de obispos o cardenales, que pueden pronunciar un juicio definitivo sobre la cabeza de la Iglesia. Esto es contrario, es ilógico, de nuestra estructura, la estructura católica del primado, que fue dada por Dios. En este caso, iríamos a la estructura del conciliarismo, la sinodalidad o el episcopalismo. Esto es muy peligroso, y por tanto es imposible deponerlo. ¿Por qué? Repito, por la estructura divina de la Iglesia.
  
Y en segundo lugar, también porque el Papa no recibió su oficio de los cardenales –ellos solo lo eligieron–, sino que lo recibió inmediata y directamente de Dios, y solo Dios puede removerlo, o él mismo cuando renuncia o cuando está muriendo. Quiero decir, en este caso, Dios lo remueve.
   
A veces, Dios puede removerlo antes, para librar a la Iglesia de otros males, pero esa es decisión de Dios y de Su providencia. Y así, detrás de todas estas teorías, incluso las de San Roberto Belarmino, [Tomás de Vío] Cayetano, y demás, estas son solo teorías, no son enseñanza de la Iglesia, nunca. ¿La Iglesia ha enseñado esto? Nunca. Incluso los Santos Doctores de la Iglesia pueden tener errores, y cometieron errores. Incluso el mayor Doctor de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino, cometió errores en doctrina, porque él rechazó la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, él negó el carácter sacramental de la consagración episcopal, por ejemplo, y estaba convencido que la materia de la ordenación es la transmisión del cáliz al sacerdote. Estos son errores objetivos, así que Santo Tomás de Aquino cometió estos errores, y sin embargo siguió siendo un hombre santo y un doctor confiable, porque Tomás de Aquino no tenía el don de la infalibilidad. Es solamente la Iglesia la que tiene totalmente este don, y el Papa bajo circunstancias muy estrictas.
  
Y el mismo San Roberto Belarmino cometió aquí un error cuando promovió esta hipótesis, o Cayetano, o digamos, San Francisco de Sales, y otros. Esto no es una demostración de la Tradición constante e inmutable de la Iglesia, por tanto, no es para mí una autoridad en este caso, quiero decir. Tengo mucho respeto a San Roberto Belarmino, por supuesto, pero no en este punto.
   
Y entonces, ¿qué hay detrás de todo esto? Bueno, también tenemos que declarar que un Papa no es capaz de cometer herejía cuando está enseñando ex cáthedra, quiero decir, cuando está enseñando en una forma definitiva, final. Es imposible, porque está definido dogmáticamente por el Concilio Vaticano I, que dice que en estos casos, la Divina Providencia, la asistencia del Espíritu Santo está protegiendo al Papa, está guardándolo, de que no cometa un error. Así, él no puede cometer herejía cuando está enseñando definitivamente. En otras palabras, cuando el Papa no está enseñando definitivamente, no está enseñando ex cáthedra, él puede cometer errores, inclusive una herejía. Y esto no significa, quiero decir, con esto no está perdiendo automáticamente su oficio porque no está enseñando definitivamente.
  
Así, detrás de todas estas teorías de la pérdida automática del oficio papal y luego juzgar al Papa y deponerlo, y demás, para mí, detrás de todo esto hay una falta de confianza en que Dios está guiando a Su Iglesia. Es un atentado implícito de que nosotros tomemos la Iglesia en nuestras manos y resolvamos el problema. Es demasiado humano. Y también está detrás de todo esto un remplazo implícito de la cruz, del momento del Gólgota de la Iglesia que tenemos que soportar y aceptar, creyendo que Dios acabará con este tiempo de confusión con un Papa que está promoviendo errores. Así que debemos tener una visión sobrenatural más profunda».
   
Si nos tomamos el marrón de transcribir todo esto que acabas de leer, fue porque es necesario para refutar los errores de Schneider, que como el cabestro (buey manso adiestrado para dirigir la manada de los toros de lidia), a los que se suma el llevarse por delante esta vez a Santo Tomás de Aquino en un juicio injusto, deshonesto y anacrónico, a saber:
  • Contrario a la vulgáta posterior, Santo Tomás de Aquino postuló que la Santísima Virgen María fue concebida sin mancha de pecado original. Las afirmaciones de que él no aceptaba esta doctrina (que entonces era una cuestión disputada) no podían nacer sino de falsificadores posteriores como Juan de Monzón OP († 1412), cuyas vicisitudes y polémicas refiere San Juan Eudes y que provocaron no solo la excomunión a De Monzón, sino que la orden dominica fuese proscrita de la Sorbona y la diócesis de París entre 1387 y 1403.
  • Del Suplemento a la Suma Teológica, cuestión 37, art. 2, y del Compendio Moral Salmaticense, se concluye que para Santo Tomás de Aquino, la materia del Orden era tanto la transmisión del cáliz lleno de vino y la patena con la hostia como la imposición de manos por el obispo. Por otra parte, la CONSAGRACIÓN (no Ordenación) episcopal significa la promoción a la plenitud del sacerdocio a fin de ejercer algunas funciones de carácter jerárquico (Suplemento a la Suma Teológica, cuestión 40, art. 3), y el tema de si esta es un sacramento o no era algo discutido incluso en fechas recientes (León XIII ni siquiera quiso abordar el tema en “Apostólicæ Curæ”, ¿ahora Schneider, que no es sino un laico a la luz de esta última encíclica, viene a pontificar sobre ello? Lo que hay que ver…)
Como buen neocón que está bajo sospecha por su postura ambivalente y camaleónica, Schneider necesita siempre defender que está en conexión canónica visible con el Papa Francisco Bergoglio, conexión que expresa por «la aceptación pacífica y moralmente universal del nuevo Pontífice por parte del episcopado y del pueblo católico» (argumento que actualmente se verifica falaz e inútil), aun cuando ello le lleve a calumniar a los Santos y Papas verdaderos (como es tradición en él) y a desconocer de manera hortera y flagrante que esa «teoría» como él la llama está basada en un dogma de Fe católica cual es que los herejes, cismáticos y apóstatas están fuera de la Iglesia y en consecuencia no puede pretender ser cabeza quien está fuera del Cuerpo Místico; y se refleja en el derecho canónico, como quiera que el canon 188 § 4 pío-benedictino (e incluso el canon 194 §1, 2º del código wojtyliano) están influidos por la Bula “Cum ex Apostolátus Offício”, que establece claramente (sin perjuicio de la infalibilidad pontificia) que la asunción de un jerarca incurso en herejía, apostasía o cisma, es nula e inválida, sin necesidad de declaración o juicio alguno:
«si en algún tiempo aconteciese que un Obispo, incluso en función de Arzobispo, o de Patriarca, o Primado; o un Cardenal, incluso en función de Legado, o electo Pontífice Romano que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía, o incurrido en cisma, o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto; y de ningún modo puede considerarse que tal asunción haya adquirido validez, por aceptación del cargo y por su consagración, o por la subsiguiente posesión o cuasi posesión de gobierno y administración, o por la misma entronización o adoración del Pontífice Romano, o por la obediencia que todos le hayan prestado, cualquiera sea el tiempo transcurrido después de los supuestos antedichos. Tal asunción no será tenida por legítima en ninguna de sus partes, y no será posible considerar que se ha otorgado o se otorga alguna facultad de administrar en las cosas temporales o espirituales a los que son promovidos, en tales circunstancias, a la dignidad de obispo, arzobispo, patriarca o primado, o a los que han asumido la función de Cardenales, o de Pontífice Romano, sino que por el contrario todos y cada uno de los pronunciamientos, hechos, actos y resoluciones y sus consecuentes efectos carecen de fuerza, y no otorgan ninguna validez, y ningún derecho a nadie. Y en consecuencia, los que así hubiesen sido promovidos y hubiesen asumido sus funciones, por esa misma razón y sin necesidad de hacer ninguna declaración ulterior, están privados de toda dignidad, lugar, honor, título, autoridad, función y poder» (Papa Pablo IV, Bula “Cum ex Apostolátus Offício”, 15 de Febrero de 1559, n. 6-7).
Y desde luego, ante el Magisterio, la “teoría” de Schneider nada puede hacer, y tanto él como quienes lo siguen, quedan corridos.