jueves, 31 de agosto de 2017

LUTERO SE CONTRADICE A SÍ MISMO

Conferencia presentada por Ángela Pellicciari, historiadora, profesora y ensayista italiana, el 28 de Agosto de 2017 en el marco del curso La Reforma protestante 500 años después, realizado en la Residencia La Granda en Avilés (Asturias, España).
   
LUTERO Y SUS CONTRADICCIONES
  
Lamento no poder hablar español. Siento también el no poder hablar libremente, como siempre hago, y estar obligada a leer con dificultad lo que he escrito en vuestro bello idioma.
   
El título de la conferencia que se me ha pedido es muy acertado: en el sentido que el pensamiento de Lutero es una constante contradicción. Lutero parte de algunos principios que después, sistemáticamente, niega.
  
Me he preguntado: ¿por qué? ¿Por qué Lutero teoriza ideas y sugiere acciones que están en contraste radical con los fundamentos de su doctrina?
  
Me parece que la raíz, la razón de sus continuas contradicciones hay que buscarla en un sentimiento que lo domina: el odio.
  
Odio a Roma
Odio a Roma, tanto la Roma cristiana como la pagana (es suficiente ver el modelo utilizado para caracterizar el soldado ejemplar del ejército luterano: Felipe de Hesse, el bígamo Felipe de Hesse, a quien Lutero define como el “nuevo Arminio”). Odio que consigue hacer extraordinariamente eficaz gracias a las desagradables imágenes que, durante todos los años de su vida pública (del 1520 al 1545), Lutero va elaborando obsesivamente junto con su amigo Cranagh sobre papas, curas, monjes y cardenales. Xilografías que los jesuitas Grisar y Heege consiguieron recuperar con mucho trabajo y que publicaron al inicio del siglo XX (veinte) en una serie de folletos.
  
El odio contra Roma tiene como consecuencia pretender sustituir a Roma en lo que tiene de único: la universalidad. Comporta querer que Alemania tome el lugar ocupado por Roma durante dos mil años. Lutero separa a una parte importante de Alemania de la comunión con Roma, es decir de la universalidad cristiana, que lleva a cumplimiento la universalidad greco-romana, la cultura greco-romana. El daño al pueblo alemán, implícitamente abandonado a la soledad de su propia mitología pagana y al pensamiento gnóstico, es incalculable.
   
Voluntad de poder
El resultado natural del odio de Lutero es su ilimitada voluntad de poder. Voluntad de poder que lo lleva a escribir de nuevo no solo la historia de la Iglesia, sino también toda la historia de la salvación tal como nos ha sido revelada.
  
Analicemos algunas expresiones de A los príncipes cristianos de la nación alemana de 1520, título que vuelve a evocar casi literalmente el masón Fichte en 1808 en el Discurso a la nación alemana (sirva esto como ejemplo para subrayar la importancia de Lutero a la hora de forjar la identidad de la nueva Alemania anti-romana): “Despertemos, mis queridos alemanes”, “en esta batalla no luchamos contra los hombres, sino contra el príncipe de los demonios”, “hasta ahora los papas y sus seguidores con la ayuda del diablo han podido confundir al rey”.
  
De esta premisa brota el imperativo dado a los príncipes para ir a la batalla contra el anticristo que está en Roma. ¿Por qué los príncipes tienen que combatir contra Roma y tomar su lugar en la guía de la Iglesia? Porque Dios, por boca de Lutero, así lo quiere: “Por ello digo: como la autoridad ha sido instituida por Dios para castigar a los malos y proteger a los buenos, se le debe dar la libertad para su función, a fin de actuar sin obstáculos dentro de todo el cuerpo de la cristiandad sin mirar a la persona, aunque caigan el Papa, los obispos, los curas, los monjes, las monjas o lo que sea”; “Deben [los príncipes] ejercer libremente su función y su obra, que tienen de Dios sobre todo el mundo, allí donde sea menester y útil desempeñarlas”, “Por tanto el poder secular cristiano ha de ejercer su función libremente y sin obstáculos”, “Debemos llegar a ser audaces y libres y no dejar que las falsas palabras del Papa mortifiquen el espíritu de libertad”.
  
Libertad y libre albedrío
Nos encontramos de este modo con la primera gigantesca contradicción de Lutero: el monje agustino usa como un mantra la palabra libertad, pero ¿qué entiende por libertad? Entiende sólo y exclusivamente la libertad respecto a Roma. Una libertad además que vale para los príncipes y sólo para los príncipes. Libertad que comporta un totalitarismo desconocido en el ámbito cristiano: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21) se convierte en dad al César lo que es del César y dadle también lo que es de Dios. Dad al César tanto el poder temporal como el poder espiritual. De un plumazo Lutero borra las interminables batallas libradas por el poder espiritual para ser autónomo respecto a la autoridad temporal. La libértas Ecclésiæ que la Iglesia ha reivindicado y defendido durante quince siglos, incluso con la sangre, es así destruida.
  
Las revueltas campesinas
Cuando el odio hacia Roma –y la santificación de la revolución que comporta– inducen a caballeros y campesinos a rebelarse contra los príncipes para participar también ellos en la repartición de los bienes de la Iglesia, que Lutero ha asignado sólo a los príncipes (un tercio de la riqueza nacional alemana está en manos de la Iglesia…), Lutero invita a combatir a los campesinos sin piedad (1525, Contra las hordas ladronas y asesinas de los campesinos). ¿Por qué? Porque han robado y saqueado “con impiedad conventos y castillos que no eran suyos”; han cubierto “con el Evangelio sus crímenes” y querían “convertir en propiedad común los bienes de los demás, sin dejar de tener los suyos”. En la práctica, porque han hecho las mismas cosas que Lutero ha teorizado para los príncipes.
   
¿Con qué argumentación justifica el monje agustino un uso tan desvergonzado de dos varas de medir? Con la siguiente consideración: “El bautismo no hace comunes el cuerpo y los bienes, sino sólo el alma” ya que “Cristo pone cuerpo y bienes bajo el emperador y la ley secular”: la obediencia que Lutero reclama al poder temporal independientemente de cualquier valoración de méritos, exigida además en nombre de Dios, llega a niveles de despotismo que pueden parecer inhumanos.
   
Gnosticismo
Niveles que descansan sobre la distinción-contraposición de alma y cuerpo que tiene en cuenta la posible existencia de un hombre dividido en dos, dividido entre el espíritu, que se considera libre, y el cuerpo, considerado como un esclavo. Por otro lado, ya en el 1520, en La libertad cristiana, Lutero había teorizado sorprendentemente la coexistencia de dos naturalezas en el hombre: “Todo cristiano posee una naturaleza espiritual y otra corporal”. En estas afirmaciones parece que Lutero comparta la visión gnóstica del hombre, que desprecia el cuerpo y exalta el espíritu (que se supone que culmina en los príncipes: Hegel no está lejos). Concepción radicalmente antitética a la revelación bíblica: “Y todo estaba muy bien”.
  
Predestinación
El odio a Roma comporta la negación del sacramento del Orden, la anulación del magisterio, la revisión de los novíssimi: ¡los hombres no son libres! Pero si no son libres no pueden realizar ninguna obra buena. Por tanto, Dios no los premia con el paraíso y no los castiga con el infierno, sino que es Dios mismo el que, desde la eternidad, con una doble predestinación, destina a unos a la felicidad eterna y a otros al sufrimiento eterno.
  
Cuando Lutero, en polémica con Roma, afirme ‘Sólo Escritura’, en nombre de esta ‘Sólo Escritura’ negará toda la visión de Dios mostrada por la Sagrada Escritura: toda la Biblia niega que la voluntad del hombre sea esclava (desde la alianza de Moisés hasta la de Josué, el hombre es presentado siempre como libre de escoger entre la vida y la muerte, el bien o el mal), como niega también la terrible visión de un Dios que cree a alguien sólo para enviarlo al infierno (el Dios bíblico es Padre, esposo, amante de la vida y de su criatura hasta promover su rescate con la muerte de su único hijo).
  
Libre examen
Son numerosísimas las contradicciones entre la ‘Sólo Escritura’ y la Escritura, comenzando por la que se refiere al ‘libre examen’ que Lutero reivindica mientras que San Pedro lo niega expresamente en su Segunda carta (“Sabiendo, sobre todo, lo siguiente, que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia, pues nunca fue proferida profecía alguna por voluntad humana, sino que, movidos por el Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios”). Del ‘libre examen’ derivará un sectarismo extremo (un caso límite será el del sastre de Leiden), para canalizarlo Lutero impondrá en el 1535 a todos los pastores que salen de la facultad de Wittenberg el juramento de seguir la doctrina que se enseña en la universidad local, la llamada “Iglesia Católica de Cristo” (en las Charlas de sobremesa, Lutero dice: “El que desprecia la escuela de Wittenberg es un hereje y un mal hombre, porque Dios ha revelado su Palabra en esta escuela”). Diez años antes, en 1525, Lutero había teorizado justo lo contrario: “Las autoridades no pueden impedir que cada uno enseñe y crea lo que quiera”.
  
Apología de la mentira
El Jesús que Lutero ama no repudia la mentira, al contrario, en algunos casos la santifica. Cuando se viene a saber que el segundo matrimonio de Felipe de Hesse, todavía en vida de la primera mujer, es celebrado en presencia de Melanchton, y que también Lutero había pretendido dar su consentimiento, como el escándalo suscitado es enorme, el “Moisés alemán” no tiene dudas: hay que negarlo todo: “Decir una mentira necesaria, útil y que te ayuda, no va en contra de Dios, al contrario, Él la acoge voluntariamente sobre sí”. Y: “Ella [la mentira] es una virtud si su objetivo es alcanzar un fin que resista a la malicia del demonio y salve el honor, la vida, el beneficio para el prójimo”.
  
El matrimonio para Lutero no es un sacramento, tampoco se pueden emitir los votos religiosos, al menos para siempre, (“Yo hago un voto de castidad hasta que pueda, pero si no puedo mantenerlo, que se me permita casarme”, De votis monásticis judícium, 1522): dado que no somos libres, nuestras elecciones no pueden ser absolutas, hechas en vista del cielo. La Iglesia católica, por el contrario, siempre ha afirmado que no sólo es posible, sino también necesario escoger y elegir «para siempre» confiando en la libertad de la voluntad humana y la ayuda que Dios da a los que invocan su misericordia. Esto es cierto en todos los estados de vida, sea sacerdotal, religioso o matrimonial.
  
Antisemitismo
Una última, dramática, consideración: a pesar de la proclamada ‘Sólo Escritura’ Lutero no reconoce el valor, no sólo de la Carta de Santiago que trata de la necesidad de las obras, sino también de la misma Carta a los Romanos: basta con ver los “consejos saludables” que Lutero da a los príncipes con respecto a los hebreos. Cito tres de los siete que da:
  • primero: “Lo que es útil es quemar todas sus sinagogas, y si alguna ruina se salva del incendio, hay que cubrirla con arena y barro, para que nadie pueda ver ni siquiera una piedra o una teja de esa construcción”;
  • segundo: “Sean destruidos y devastados también sus hogares. De hecho, las mismas cosas que ellos hacen en las sinagogas, también las hacen en las casas”;
  • séptimo: “Sea impuesto el trabajo duro a los judíos jóvenes y fuertes, hombres y mujeres, para que ganen el pan con el sudor de su frente” (La referencia a Lutero y a su séptimo consejo en la puerta de entrada de Auschwitz es evidente).
   
Las contradicciones innumerables en las que Lutero se debate tienen su origen en haber separado la libertad de la verdad.
  
Dos siglos más tarde los frutos del relativismo absolutista considerado como libertad, serán recogidos por la masonería, cuyas constituciones fueron escritas por el pastor presbiteriano James Anderson.

miércoles, 30 de agosto de 2017

ORACIÓN PARA CONOCER Y SEGUIR LA VOLUNTAD DE DIOS

Dios mío y Salvador mío, mi esperanza, mi vida, concededme conocer vuestro consejo, y dadme la fuerza para seguirlo totalmente. Haced que conozca siempre lo que os agrade más y lo más útil, y que tenga siempre el coraje de cumplirlo. Amén. (San Fulberto, obispo de Chartres)

martes, 29 de agosto de 2017

NUESTRA VOCACIÓN MARTIRIAL Y CO-REPARATRIZ

«Somos víctimas de nuestro siglo, y debemos sacrificarnos para que éste sea reconciliado con Dios. Una eternidad de felicidad espera por mí. Apresurémonos, corramos hacia ese fin y suframos decididamente durante los breves momentos de esta vida. La tormenta arrecia hoy, pero mañana hemos de llegar a puerto».

Palabras de la Beata sor Julia Luisa de Jesús OCD a sus hermanas de religión, momentos antes de ser guillotinadas en Compiègne (Francia) el 17 de Julio de 1794.

lunes, 28 de agosto de 2017

PÍO XII Y LA JUVENTUD

 
Amadísimos jóvenes, peregrinos de Compostela:
  
Es propio de la juventud evocar las hazañas de sus mayores para repetirlas luego, mejorándolas, si posible fuera. Vuestra presencia de hoy en Santiago —entusiasta, numerosa, ferviente— lo está demostrando de una manera admirable.
  
Efectivamente, Compostela había sido durante siglos como la resonancia viva de una historia desde los días obscuros y heroicos de un Alfonso II hasta los esplendorosos de un Carlos V y sede de prelados insignes, como un Diego Gelmírez y un Pedro Muñiz, que dejaron escritas sus crónicas con las piedras graníticas de esa catedral incomparable; pero había sido sobre todo el rincón escogido por la Providencia entre las dulces y verdes colinas de esa «terriña meiga» para hacer de ella uno de los más potentes centros de atracción para la fe, para la piedad y para el espíritu generoso de aquella Cristiandad en pleno fervor de vida.
  
Reyes y plebeyos, obispos y monjes, santos y pecadores, caballeros y pecheros, artistas y sabios, juglares y trovadores, fluyendo y refluyendo como aluvión incontenible y constante a lo largo del «Camino de Santiago», no sólo aceleraron y profundizaron el ritmo de la historia, sirviendo de crisol a la elaboración de las ciencias y de las artes, sino que desparramaron por el mundo un anhelo de purificación y esparcieron por todas partes aquellas ansias de pacificación y de fraternal unión de los espíritus que han sido y seguirán siendo siempre la única segura base de la paz.
  
Desde el Monte del Gozo a la Puerta de los Perdones era la coronación de un anhelo, que acaso había tenido antes sus fases íntimamente dolorosas; bajo las bóvedas severas y en la mística penumbra alumbrada día y noche por centenares de blandones, el ritmo arcaico de las chirimías y el balanceo grave del «botafumeiro» abrían las puertas al estupor; el abrazo a la pétrea y hierática imagen ascendía a la categoría de gesto de reconciliación y purificación, simbolizada acaso en la venera, que el peregrino no dejaba de prenderse al pecho; las últimas hilachas del pardo sayal, abandonadas sobre la «Cruz dos farrapos» venían luego a ser el símbolo de una vida que quedaba cada vez más lejana; y, finalmente, la estática contemplación del Pórtico de la Gloria representaría como un anticipo de aquel paraíso, cuyas puertas se iban a abrir para él gracias a las magnánimas indulgencias de Compostela, ampliamente otorgadas por los Sumos Pontífices, Nuestros Predecesores.
   
Pero ¿habría de quedarse todo en recuerdos añejos o en memorias muertas?
  
Y he aquí que vosotros, hijos amadísimos, jóvenes españoles de Acción Católica —para quienes está reservado todo el mérito de la iniciativa y de la imponente y cuidadosa organización—, juntamente con vuestros hermanos de las Congregaciones Marianas y con toda la juventud española, a la que se han querido unir, con edificante y fraternal concordia, los representantes de casi todas las naciones de América; he aquí que vosotros, para mostrar vuestra juventud intacta, para proclamar la sublime locura de un Dios crucificado y para forjar en vosotros mismos una Cristiandad ejemplar, habéis respondido rotundamente que no. Los añejos recuerdos y las vetustas memorias, al conjuro de vuestro vibrante entusiasmo juvenil, se han convertido de nuevo en realidad.
  
Y así tenía que ser; porque si el peregrino fue pieza indispensable en el tablero del mundo medieval, si el peregrinar tuvo entonces la noble función de consolidar la fe del pueblo, de acercar entre sí a las más diversas naciones, de aliviar a los desgraciados y consolar a todos, hoy, entre las enormes dificultades y dolores de la hora presente, siguen siendo una bendición para el mundo.
  
El peregrino vive de fe y por esta fe lo deja todo arrastrado por aquella luz que atrae su alma para purificarla; «credídit Abraham Deo», «creyó Abraham a Dios, lo cual le fue imputado a justicia» (Rom 4, 3); el peregrino es una llama viva de piedad, cuyo ardor ha de consumar la escoria de sus pecados; el peregrino es generosidad y, arranque que quiere ir siempre adelante y figurar en vanguardia; el peregrino es amor, respeto y adhesión a la Iglesia, a cuyas penitencias se somete y cuyas gracias busca, es amplia y cristiana universalidad, que no resiste estrecheces de estirpes, de patrias o de fronteras, sino que se lanza resuelta al ancho cauce de la catolicidad.
  
Espíritu de fe y de sacrificio; vida de piedad y de continuo progreso en vanguardia; adhesión, respeto y amor a la Iglesia; corazón ancho como el mundo: eso sois en estos momentos, jóvenes católicos de todo el mundo; y si en otros tiempos al grito irresistible de «¡Santiago y cierra España!» se rompió con los enemigos de la fe, si ayer todavía el Apóstol no abandonó a quienes le invocaban, estad ciertos de que hoy y siempre su espíritu y su protección os conducirán de nuevo a la victoria en las espirituales batallas y os harán superar los lazos que por todas partes se os tienden, especialmente a vosotros, a la juventud, porque saben que sois una potencia poderosa y gallarda del presente y una promesa radiante y segura del porvenir.
  
«Ígitur via peregrinális est res óptima sed angústa» «La vía peregrinális es cosa óptima, pero estrecha» —dice el conocido sermón del Códice Calixtino (Codex Calistinus l. I c. XVII, Sermo beáti Calíxte Papæ, fol. 80º; mas sería la primera vez que la dificultad habría espantado, desarmado y hecho retroceder a la juventud, y más todavía a una juventud como la vuestra, nutrida en la fe sólida y crecida en el ardiente clima del sacrificio.
  
¡Adelante, pues, juventud brillante, creyente y peregrina! Adelante con vuestra venera y vuestro bordón, que hay mucho que peregrinar hasta dar todo el corazón a Dios y todas las almas a Jesucristo, ¡hasta el cielo, que es nuestra meta!
  
O beáte Jacóbe! —cantaban vuestros antepasados peregrinos— O beáte Jacóbe! / virtus nostræ vere. / Nobis hostes remóve / tuos ac túere. / Ac devótos adhíbe / nos tibi plácere.
  
¡Oh, sí, apóstol santo, predilecto del Señor, alma de fuego, capitán invencible: aparta de nuestro camino a los enemigos nuestros y tuyos, haz que te sirvamos siempre y sigue protegiendo a España y al mundo entero, concediéndole el beneficio de una paz sólida y duradera, fundada en la justicia!
   
Con estos sentimientos y estos deseos, recreando todavía una vez más Nuestro espíritu con la contemplación de tan florida juventud de tantas naciones —símbolo de esa unión fraternal de todos los fieles en Cristo, que es una de Nuestras ansias más vivas— os bendecimos efusivamente: a Nuestro dignísimo Cardenal Legado, a los Arzobispos, Obispos y autoridades presentes con cuantos han contribuido al éxito de la peregrinación, a la juventud católica española, a los jóvenes de todas las naciones representadas, a sus respetiva patrias y, de modo muy especial, al pueblo de la católica España, objeto siempre de amor para el Vicario de Cristo.
   
PÍO XII, Radiomensaje a los jóvenes participantes en la peregrinación a Santiago de Compostela, 28 de Agosto de 1948

domingo, 27 de agosto de 2017

CANADÁ: REFUGIADOS HAITIANOS, PROPAGANDA Y NOTICIAS FALSAS

Columna de Luis Rivas para SPUTNIK MUNDO.
  
La llegada masiva de inmigrantes haitianos en las últimas semanas ha disparado las alarmas en Canadá. El supuesto paraíso del refugiado se tambalea.
 
Un haitiano esperando para cruzar la frontera EE.UU.-Canadá
    
Ciertos medios europeos, en su campaña/cruzada político/periodística contra Donald Trump publican estos días fotos de familias haitianas intentando cruzar la frontera entre Estados Unidos y Canadá. Los pies de fotos son sucintos: “refugiados que huyen de la política de inmigración del Presidente Trump”. La cuestión es mucho más delicada y no basta con presentar los hechos como un debate entre “buenos y malos”.
  
En 2010, tras el terremoto que asoló Haití, Barack Obama creó el Estatuto de Protección Temporal (TPS, en su acrónimo inglés) que permitía la instalación en suelo norteamericano de 60.000 ciudadanos de ese país. El TPS estaba previsto que durara hasta 2018. Donald Trump afirmó el pasado enero que cumplirá la fecha y que no lo renovará.
 
A partir de ese momento, redes sociales, medios de comunicación haitianos en EEUU e iglesias sin ningún escrúpulo lanzan mensajes a su comunidad para convencerles de que Canadá les acogería sin problema.
 
Trudeau, “mercader de ilusiones”
Esta falsa propaganda se construyó en parte tras las palabras del Primer Ministro canadiense, Justin Trudeau, que en un ejercicio de comunicación calificado ahora de insensato, tuiteó mensajes como este: “A todos los que huyen de la persecución, el terror y la guerra, sepan que Canadá les acogerá independientemente de sus creencias. La diversidad es nuestra fuerza”.

Trino de Justin Trudeau, Primer Ministro de Canadá (28-I-2017)
   
Estas bellas palabras, acogidas por la supuesta progresía mundial con loas y festejos —en plena campaña de prensa anti-Trump— están siendo desmentidas por la realidad y han hecho surgir, por primera vez en el país, enfrentamientos políticos y encontrofnazos callejeros entre partidarios de regular la inmigración con la ley en la mano y defensores de la generosidad sin límites.
 
Entre la propaganda errónea y la demagogia de ciertos políticos, miles de haitianos intentan llegar a Canadá por puestos oficiales y por pasos clandestinos.
 
El problema se complica porque Estados Unidos y Canadá suscribieron en 2004 la “Entente entre terceros países”, un acuerdo por el que los refugiados deben pedir asilo en el primer país al que llegan. Si un refugiado que se encuentra en territorio de Estados Unidos quiere trasladarse a Canadá, este pacto lo impide.
 
Aún así, la oposición, tanto a nivel federal como en la provincia francófona de Quebec, acusa al gobierno de incumplir esta norma y define la frontera entre los dos países como “un coladero”. Así lo hace el jefe de la “Coalición Porvenir de Quebec”, François Legault.
  
El ejército está encargado de ayudar a los más de 7.000 haitianos que han llegado a Canadá desde el mes de julio. Campamentos improvisados con tiendas de campaña forman ya parte del paisaje en algunos puntos del territorio quebequense.
  
De la seducción a la decepción
Desde enero de 2016 Canadá ha acogido 40.000 refugiados. Pero, para los haitianos que prefieren no volver a su país y seguir buscando un futuro “al Norte”, los trámites administrativos de acogida pueden suponer un suplicio.
 
El efecto llamada de Trudeau, al que algún opositor califica de “mercader de ilusiones”, se topa con la realidad de un elevado índice de rechazo en las peticiones de asilo. La tasa de aceptación de candidaturas varía según el comisario encargado del dosier. Para la Comisión de Investigación del Estatuto de Refugiado, se trata en realidad de “una lotería”, tal es la falta de objetividad del sistema.
 
Jean François Lisée, jefe del independentista Parti Québécois, insiste sobre el engaño al que se ven sometidos los haitianos: “Primero se les seduce; después vendrá la decepción. No es una política respetable”.
  
Otras figuras políticas insisten en la crítica a Trudeau y alertan sobre el sentimiento creciente de inseguridad y la preocupación ciudadana respecto a un sistema de acogida hasta ahora vendido como modelo: “toda esta situación favorece que la extrema derecha ocupe el espacio político y muestra la desconexión entre las élites políticas y la ciudadanía”, afirma el alcalde de la ciudad de Quebec, Régis Lebeaume.

LA VERDADERA MISIÓN DE LA COMISIÓN Ecclésia Dei

Tomado de NON POSSUMUS.
  
Cobertura noticiosa de Alberto Escala de la consagración de Écône, y la “excomunión” subsiguiente (Diario La Vanguardia, Barcelona, viernes 1 de Julio de 1988, pág. 23).

LA VERDADERA MISIÓN DE LA COMISIÓN Ecclésia Dei
  
El 22 de noviembre de 1989, Mons. Lefebvre dijo, en una entrevista con François Brigneau en Radio Courtoisie: “A pesar de las persecuciones, podemos decir violentas, de parte de Roma y de la comisión romana (Ecclésia Dei, ndlr) que está encargada de la recuperación de los tradicionalistas para someterlos al Concilio […] la situación es más estable, más fuerte, más dinámica que nunca” (Mes derniers cahiers, première série, nº 1, Pour saluer Mgr Lefebvre, par François Brigneau, Publication FB, p. 35).
 
Ya lo dijo justamente Mons. Lefebvre: La comisión Ecclésia Dei “está encargada de la recuperación de los tradicionalistas”. Hoy en día, esta misión no ha cambiado. Esto lo debemos demostrar. Para hacerlo, es necesario recorrer las grandes etapas que han hecho y hacen la historia de la mencionada comisión. Cuatro documentos se deben tomar en cuenta:
  1. La Carta del 3 de octubre de 1984;
  2. El Motu proprio del 2 de julio de 1988;
  3. El Motu proprio del 7 de julio de 2007;
  4. El Motu proprio del 2 de julio de 2009.
La carta del 28 de octubre de 2013 del Nuncio a la Fraternidad San Pedro servirá de confirmación de la tesis.
 
1) La Carta circular Quáttuor abhinc annos de la Congregación para el Culto divino dirigida a las conferencias episcopales el 2 de octubre de 1984.
Este documento es anterior a la creación de la comisión Ecclesia Dei, pero es extremadamente importante. En efecto, éste permanecerá como el documento fundamental que informará el espíritu de la futura comisión que se referirá a éste.

En 1980, Roma pidió a todos los obispos del mundo hacer un reporte sobre la aplicación de la reforma litúrgica querida por el papa Paulo VI. Este reporte debía, entre otras cosas, expresarse sobre “las dificultades encontradas en la realización de la reforma litúrgica” y “las eventuales resistencias” que se debían “haber superado”.
 
Después de las respuestas enviadas a Roma, parecía que el problema de los sacerdotes y los fieles apegados al rito tridentino estaba, por así decirlo, arreglado.
  
En realidad, el problema de la misa antigua subsistía completamente. La Roma modernista dándose cuenta que no podía asfixiar el movimiento en favor de la antigua misa, decidió tratar de tomar el control:
 
“El soberano pontífice, deseando dar satisfacción a estos grupos” concedió la celebración de la misa tridentina “pero observando las siguientes normas”, siendo la primera: “Que quede muy claro que estos sacerdotes y estos fieles no tienen nada que ver con aquellos que ponen en duda la legitimidad y la rectitud doctrinal del Misal Romano promulgado por el papa Paulo VI en 1970, y que su posición sea sin ninguna ambigüedad y públicamente reconocida”.
  
Por lo tanto quedó bien establecido que un sacerdote no podía beneficiarse de la misa antigua más que a condición de abandonar el combate contra la misa de Paulo VI, y que esta posición fuera pública y conocida de todos.
  
Por otra parte, esta concesión debía “ser utilizada sin perjuicio de la observancia de la reforma litúrgica en la vida de las comunidades eclesiales”. Quedaba claro también que esta concesión no podía tener la pretensión de suplantar la misa de Paulo VI y que ésta debía conservar todos sus derechos de “primacía” litúrgica.
  
Hay que sacar varias conclusiones de este indulto:
  1. Su publicación hizo creer al mundo entero que la misa de San Pio V estaba prohibida, siendo que no lo estaba ni podía estarlo (el documento del 7 de julio de 2007 de Benedicto XVI lo confesó);
  2. Hizo creer, en consecuencia, que era necesario un permiso especial para celebrar la misa antigua;
  3. Lejos de ser liberada, la misa antigua estaba, en razón de las condiciones a cumplir para beneficiarse de ella, instrumentalizada para lograr la aceptación de la nueva misa de Paulo VI.
  
Este indulto fue entonces una “trampa doctrinal”. Así, aquellos que pretendieron gozar de la misa de San Pio V “legalmente” hicieron, en realidad, una profesión “legal” de aceptar oficialmente la nueva misa que ellos habían rechazado hasta ese momento. En consecuencia, este Motu proprio, lejos de ser una victoria para los sostenedores de la liturgia antigua, fue en realidad una victoria de la Roma modernista en favor de la reforma litúrgica conciliar. Estaba claro entonces que la FSSPX no podía de ninguna manera valerse de tal indulto. Los sacerdotes de esta Fraternidad no debieron pedir nunca el permiso de celebrar su misa en una iglesia o un santuario con base a este indulto. Las condiciones impuestas les prohibieron, de todas maneras, la obtención de esta facultad, pues su posición respecto a la nueva misa no les permitió cumplir con los requisitos.
  
2) La Carta apostólica Ecclésia Dei del 2 de julio de 1988, en forma de motu proprio del papa Juan Pablo II.
Ecclésia Dei son las dos primeras palabras de un texto publicado por Roma el día siguiente de la pretendida excomunión de Mons. Lefebvre. En efecto, el 30 de junio de 1988, el obispo procedió a lo que llamó “la operación supervivencia de la Tradición” consagrando cuatro obispos a los cuales no les dio jurisdicción. Éstos, apoyados en los principios del Derecho canónico de la Iglesia, debían asegurar una suplencia (prevista por la ley eclesiástica en varias materias) en el seno de la crisis conciliar por la predicación de la fe, la administración del sacramento de la confirmación y del sacramento del orden.
  
La excomunión, si bien existente en el papel, estaba en realidad desprovista de fundamento. Mons. Lefebvre, antes de consagrar, estudió e hizo estudiar el antiguo Derecho canónico para asegurarse que actuaba según el Espíritu de la Iglesia contenido en este axioma: Supréma lex, salus animárum. Una tesis del P. Murray tuvo incluso, en 1995, la audacia de probar que, según el nuevo derecho de Juan Pablo II, ¡la excomunión no estaba fundada!
  
La excomunión del 1º de julio de 1988
El 1º de julio de 1988, el decreto Dóminus Marcéllus Lefebvre excomulgaba injustamente, tanto desde el punto de vista del Derecho canónico de 1917 como del nuevo de 1983, al obispo consagrante y los cuatro obispos consagrados.
  
Excomunión nula y sin efecto, excomunión fantasma, excomunión de papel haciendo el papel de espantapájaros para causar temor a la pobre gente que había reencontrado la esperanza en la Iglesia gracias al Atanasio del siglo XX.
 
El Motu proprio Ecclésia Dei del 2 de julio
El espantapájaros iba a cumplir su papel eficaz para precipitar a la gente buena, los formalistas y los temerosos en los “brazos abiertos” de la Roma conciliar: la amenaza de cisma y por lo tanto el temor de la pérdida eterna de su alma. Todo iba entonces para apartarlos eficazmente de la Fraternidad de Mons. Lefebvre y llevarlos para siempre hacia la Iglesia conciliar.
  
Es así que Juan Pablo II decretó la institución de una comisión para aquellos “que desean permanecer unidos al sucesor de Pedro en la Iglesia católica, conservando sus tradiciones espirituales y litúrgicas”.
  
Por lo tanto se trataba absolutamente de una comisión de recuperación de los fieles y sacerdotes que habían frecuentado la FSSPX.
  
Los efectos no se hicieron esperar: clérigos, más formalistas que canonistas, creyeron ser su deber el abandonar la Fraternidad de Mons. Lefebvre para fundar la Fraternidad San Pedro con el fin de estar “en la legalidad”. Legalidad conciliar, no hace falta decirlo.
  
Ellos fueron acogidos por una comisión que llevaba un nombre compuesto de las tres palabras del principio de la carta que era el origen de esta comisión: Ecclésia Dei afflícta. Es decir: La Iglesia de Dios está afligida… ¿Afligida por qué? Por el pretendido cisma de Mons. Lefebvre, cisma que nadie nunca pudo probar ni demostrar, y que muchos especialistas han desmentido.
  
Fue, para estos sacerdotes, aceptar someterse a una comisión conciliar y, de este hecho, ir contra el espíritu de la ley: “Aquel que, por conservar la letra de la ley, va contra el espíritu de la ley, ha pecado contra la ley” (Régula juris 88). Por formalismo, cometió una especie de “pecado jurídico”: un pecado contra la ley bajo pretexto de estar en regla con ella.
 
Disociarse de la FSSPX
No pretendo hacer aquí un análisis completo de este Motu proprio de 1988. Todos los párrafos merecen, no solamente un comentario, sino una severa crítica, tanto la presentación que hacen de los hechos es contraria a la realidad.
  
Yo quisiera simplemente llamar la atención sobre el llamado que hace Juan Pablo II a disociarse de la FSSPX en este documento: “En las presentes circunstancias, deseo sobre todo dirigir una llamada a la vez solemne y ferviente, paterna y fraterna, a todos los que hasta ahora han estado vinculados de diversos modos con las actividades del arzobispo Lefebvre, para que cumplan el grave deber de permanecer unidos al Vicario de Cristo en la unidad de la Iglesia católica y dejen de sostener de cualquier forma que sea esa reprobable forma de actuar. Todos deben saber que la adhesión formal al cisma constituye una grave ofensa a Dios y lleva consigo la excomunión debidamente establecida por la ley de la Iglesia” (§ 5, c).
  
Como se explicó anteriormente, en compensación por esta separación “se constituye una Comisión, con la tarea de colaborar con los obispos, con los dicasterios de la Curia Romana y con los ambientes interesados, para facilitar la plena comunión eclesial de los sacerdotes, seminaristas, comunidades, religiosos o religiosas, que hasta ahora estaban ligados de distintas formas a la Fraternidad fundada por el arzobispo Lefebvre y que deseen permanecer unidos al Sucesor de Pedro en la Iglesia católica, conservando sus tradiciones espirituales y litúrgicas” (§6, a).
  
La misión de la comisión Ecclésia Dei es por lo tanto muy clara: combatir la obra de salud espiritual del obispo fundador de la FSSPX. Entonces él tenía razón de decir que la comisión Ecclésia Dei estaba “encargada de la recuperación de los tradicionalistas”.
 
De 1984 a 1988: mismo combate
Otro punto extremadamente importante: el Motu proprio del 2 de julio de 1988 precisa en el punto 6 c: “se habrá de respetar en todas partes, la sensibilidad de todos aquellos que se sienten unidos a la tradición litúrgica latina, por medio de una amplia y generosa aplicación de las normas emanadas hace algún tiempo por la Sede Apostólica, para el uso del Misal Romano según la edición típica de 1962”.
 
Este párrafo envía a la nota 9 de pie de página, la cual hace referencia al documento del 3 de octubre de 1984: Cf. Congregación para el Culto Divino, Carta Quáttuor abhinc annos, 3 de octubre de 1984: AAS 76, 1984, 1.088-1.089. Está claro entonces que la comisión Ecclésia Dei continuaba en su línea original: sólo estarán en la legalidad si ya no combaten la misa de Paulo VI, si no causan perjuicio a la reforma litúrgica conciliar y si su posición es conocida públicamente por todo el mundo.
Así que la comisión Ecclesia Dei tenía como finalidad:
  1. Marginalizar la obra de Mons. Lefebvre y volverla inaccesible;
  2. Alejar de ella a los sacerdotes y los fieles;
  3. Hacer aceptar la nueva misa a todos los recalcitrantes;
  4. Ya no permitir a nadie la exclusividad de la antigua misa;
  5. Y finalmente, hacer cesar el combate de la Tradición. Ecclésia Dei se convirtió en el refugio de los católicos que “prefieren la antigua misa” por gusto personal, pero que han cesado el buen combate que consiste en rechazar la nueva misa por motivos de fe y conservar la antigua por la misma razón.
 
Por o contra la FSSPX
Desde entonces se planteó la cuestión de una “opción Ecclésia Dei” que, finalmente, se tradujo en un dilema “por o contra Mons. Lefebvre” o “por o contra la FSSPX”. De manera más general, aparece ahora un falso problema: “en la Iglesia con Ecclésia Dei, o fuera de la Iglesia con la FSSPX”. Todavía más simple: católico o excomulgado. Allí había un falso dilema en conciencia y, al parecer, un dilema en materia grave, que comprometía lógicamente la salvación de los que elegían con conocimiento de causa. No se trataba, en realidad, más que de un escrúpulo de conciencia inventado por los hombres de Iglesia conciliares para llevar a buen puerto su revolución litúrgica y hacer desaparecer para siempre la obra de Mons. Lefebvre.
 
3) La Carta apostólica Summórum pontíficum del 7 de julio de 2007 en forma de Motu proprio de Benedicto XVI.
Este documento es el que condujo a muchos católicos a creer que la misa de San Pio V había sido “liberada”. Merece un comentario integral. Sin embargo es necesario, en este artículo, limitarse a lo que sigue.
 
Después de aplicar falsamente a la nueva misa de Paulo VI todo lo que pudiera decirse con toda verdad del rito de San Pío V, el papa recuerda que: “En algunas regiones, sin embargo, no pocos fieles adhirieron y siguen adhiriéndose con mucho amor y afecto a las anteriores formas litúrgicas, que habían impregnado su cultura y su espíritu de manera tan profunda, que el Sumo Pontífice Juan Pablo II, movido por la preocupación pastoral respecto a estos fieles, en el año 1984, con el indulto especial «Quáttuor abhinc annos», emitido por la Congregación para el Culto Divino, concedió la facultad de usar el Misal Romano editado por el beato Juan XXIII en el año 1962; más tarde, en el año 1988, con la Carta Apostólica «Ecclésia Dei», dada en forma de Motu Proprio, Juan Pablo II exhortó a los obispos a utilizar amplia y generosamente esta facultad en favor de todos los fieles que lo solicitasen”. La línea de pensamiento es clara: la Roma conciliar siempre está en la vía trazada por el documento del 3 de octubre de 1984.
  
Vienen enseguida doce artículos, de los cuales el primero finaliza en estos términos: “Por eso es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que nunca se ha abrogado, como forma extraordinaria de la liturgia de la Iglesia. Las condiciones para el uso de este misal establecidas en los documentos anteriores «Quáttuor abhinc annos» y «Ecclésia Dei», se sustituirán como se establece a continuación”. Siguen 11 artículos que enuncian las nuevas condiciones para beneficiarse de la antigua misa.
 
Se podría creer que todo había cambiado, que la antigua misa era definitivamente libre, pues las facultades acordadas parecían verdaderamente más “amplias”. En verdad no es así, pues el artículo 11 del documento afirma sin rodeos: “La Pontificia Comisión «Ecclésia Dei», erigida por Juan Pablo II en 1988, sigue ejerciendo su misión”. Y remite a la nota 5 que dice: “Cf. JUAN PABLO II, Lett. ap. en forma de Motu proprio Ecclésia Dei, 2 julio 1988, 6: AAS 80 (1988), 1498”. ¿Cuál es esta misión? La que se encuentra fijada en el documento de 1988 ya citado: alejar a los fieles de la obra de Mons. Lefebvre y, en referencia al documento del 3 de octubre de 1984, no conceder el rito Tridentino más que a los que no cuestionan la nueva misa, sin perjuicio de la reforma litúrgica y cuya posición es públicamente conocida.
  
El artículo 12 prevé que “La misma Comisión, además de las facultades de las que ya goza, ejercerá la autoridad de la Santa Sede vigilando sobre la observancia y aplicación de estas disposiciones”. Y de hecho, los artículos 7 y 8 remiten a la mencionada comisión en caso de litigio en las peticiones de celebrar el antiguo rito.
 
La línea es por lo tanto siempre la misma y el Motu proprio de 2007 no hace más que ampliar materialmente la facultad de utilizar el rito antiguo.
  
Pues, formalmente, su uso es siempre condicionado por los mismos principios y el mismo espíritu: los formulados en el documento del 2 de julio de 1988 que se refieren al documento del 3 de octubre de 1984. A pesar de las apariencias, la misa antigua no fue liberada, sigue estando cautiva de la reforma conciliar y finalizada por una renuncia: cesar el combate de la Fe en lo que concierne a la misa de Paulo VI y aceptar en principio la reforma litúrgica conciliar. El artículo de Wikipedia al respecto no se equivoca: “Las disposiciones presentadas en esta carta siguen la lógica de los textos anteriores Quáttuor abhinc annos y Ecclésia Dei”.
 
4) La Carta apostólica Ecclésiæ unitátem del 2 de julio de 2009 en forma de motu proprio de Benedicto XVI.
En este documento, el sucesor de Juan Pablo II recuerda el párrafo 6 a del documento del 2 de julio de 1988 que quiere “facilitar la plena comunión eclesial de los sacerdotes, seminaristas, comunidades, religiosos o religiosas, que hasta ahora estaban ligados de distintas formas a la Fraternidad fundada por el arzobispo Lefebvre y que deseen permanecer unidos al sucesor de Pedro en la Iglesia católica, conservando sus tradiciones espirituales y litúrgicas” (n° 2). Haciendo esto, el papa quiso “ampliar y actualizar… la indicación general contenida en el motu proprio Ecclésia Dei” (n° 3).
 
Es útil subrayar aquí dos puntos significativos:
  1. La comisión conserva su nombre de origen y por lo tanto conserva como texto fundante el Motu proprio del 2 de julio de 1988, con todo lo que comporta, especialmente su referencia al indulto del 3 de octubre de 1984. Ella continúa entonces con su misión original: apartar a los católicos de la obra de Mons. Lefebvre;
  2. El párrafo 2 remite explícitamente al documento de origen: Juan Pablo II, motu proprio Ecclésia Dei, 2 de julio de 1988, n° 6: AAS 80 [1988] 1498. Así que este nuevo documento permanece en la línea de 1984 y 1988. Es siempre la misma guerra contra la Tradición.
 
Por otro lado, en este documento, Benedicto XVI toma una decisión de grandes consecuencias. Quiere “reformar la estructura de la Comisión Ecclésia Dei, uniéndola de manera estrecha a la Congregación para la doctrina de la fe”. He aquí el objeto de la carta: unir la comisión Ecclésia Dei a la Congregación para la doctrina de la Fe. El objetivo de esta maniobra se indica en el n° 5: “Precisamente porque los problemas que se deben tratar actualmente con la Fraternidad son de naturaleza esencialmente doctrinal, he decidido —a los veintiún años del motu proprio Ecclésia Dei y de acuerdo con lo que me había reservado hacer (cf. motu proprio Summórum Pontíficum, art. 11)— reformar la estructura de la Comisión Ecclésia Dei, uniéndola de manera estrecha a la Congregación para la doctrina de la fe”. Con el pretexto de centrar las discusiones sobre el plano doctrinal (lo que es justo), Benedicto XVI toma una medida que obligará a la FSSPX a tener por interlocutor, ya no a la Congregación para la doctrina de la Fe, ¡sino a una comisión que fue fundada para hacerla desaparecer! ¿Cuál es esta comisión? Ecclésia Dei.
 
A partir de aquí, la FSSPX será obligada a dialogar con su enemigo jurado desde el 2 de julio de 1988: la comisión Ecclésia Dei. Y esta comisión, hay que recordarlo, reposa, como sobre su piedra fundamental, en la excomunión de Mons. Marcel Lefebvre.
 
5) La bendición del papa Francisco con ocasión de los 25 años de la fundación de la Fraternidad San Pedro.
Los hechos vienen a demostrar que la comisión Ecclésia Dei y el Vaticano II siguen llevando a cabo el mismo combate. En su carta del 28 de octubre de 2013, el Nuncio apostólico de París, Luigi Ventura, aseguró a los miembros de la Fraternidad San Pedro que “el papa Francisco se une a la acción de gracias de sus miembros por la obra cumplida en el curso de un cuarto de siglo al servicio de la comunión eclesial cum Petro et sub Petro”. ¿De qué obra eclesial se trata? La que ha consistido, como lo indica el Motu proprio del 2 de julio de 1988, en apartar a los fieles de la FSSPX para llevarlos a la Iglesia conciliar. El papa, por otra parte, hace referencia a los acontecimientos que le dieron nacimiento, es decir, las consagraciones de 1988 y la excomunión de Mons. Lefebvre: “Es en un momento de gran prueba para la Iglesia, que nació la Fraternidad San Pedro”.
 
Enseguida Francisco los alienta “a continuar su misión de reconciliación entre todos los fieles, sea cual fuere su sensibilidad”. No se puede tratar, lógicamente, más que de reconciliación con la Iglesia conciliar y el nuevo rito. He aquí la prueba: “Que celebrando los Misterios sagrados según la forma extraordinaria del rito romano (Misa de San Pio V) y las orientaciones de la Constitución sobre la Liturgia Sacrosánctum Concílium (surgido del Vaticano II), así como transmitiendo la fe apostólica tal cual es presentada en el Catecismo de la Iglesia católica (conciliar), contribuyan, en la fidelidad a la Tradición viva de la Iglesia, a una mejor comprensión y aplicación del concilio Vaticano II”.
 
Conclusión
Mons. Lefebvre tenía toda la razón al afirmar que la comisión romana (Ecclésia Dei) está encargada de la recuperación de los tradicionalistas para someterlos al Concilio.
 
La misión de la comisión Ecclésia Dei, desde el 2 de julio de 1988, es entonces reconciliar a los sacerdotes y fieles apegados a la obra de Mons. Lefebvre con la Iglesia conciliar.
  
Con este objetivo, ella continúa su misión todavía ahora: la “recuperación” de los sacerdotes y fieles de la FSSPX y de sus comunidades amigas para hacer cesar el combate de la Fe.
  
Que todos los que se imaginan que hay identidad de vocación entre los institutos Ecclésia Dei y la FSSPX abran los ojos. La comisión Ecclésia Dei y los institutos unidos a ella son un gran peligro para la obra fundada por Mons. Marcel Lefebvre. Ellos tienen por vocación neutralizarla, paralizarla y disolverla.
 
Esto está inscrito claramente en los textos fundadores de esta comisión. Contra factum, non fit arguméntum. Contra los hechos, no hay nada que replicar.
  
P. Guy Castelain (FSSPX), Revista “El Combate de la Fe”, Marzo de 2016.

sábado, 26 de agosto de 2017

TESTAMENTO DEL PADRE JOSEPH VÉRITÉ

Padre Joseph Marie Gabriel Vérité (15 de Septiembre de 1919 - 26 de Agosto de 2010)
  • Sed fieles a la fe enseñada por nuestro Señor Jesucristo y Su Santa Iglesia, la fe que nunca puede cambiar;
  • Sed fieles a los sacramentos de nuestro Señor Jesucristo, impartidos por la Santa Iglesia desde hace 2000 años;
  • Sed fieles al catecismo de la Santa Iglesia, a las enseñanzas de los papas católicos, a las enseñanzas de los santos de siempre;
  • Sed fieles a la Santísima Virgen María, asegurándoos de tener su verdadera devoción y evitando las siete falsas devociones de que nos habló San Luis María Grignon de Montfort;
  • Manteneos fieles en todo, no cambiéis nada, rechazad las novedades, rechazad por entero el Vaticano II, rechazad sus falsos papas, sus falsos obispos, sus falsos sacerdotes, sus falsos sacramentos, sus catecismos, sus enseñanzas erróneas. La Religión establecida por Nuestro Señor Jesucristo no puede cambiar. La Santísima Virgen María un día no lejano triunfará, el error será aplastado, la verdad triunfará.
  • Tenéis el derecho, un derecho estricto, de exigir de vuestros sacerdotes que os enseñen lo que la Santa Iglesia Católica enseña. Orad por vuestros sacerdotes, porque ¡LLEGARÁ EL DÍA EN QUE NO HABRÁ SACERDOTES!

UN BREVE ANÁLISIS DEL INDULTO “Quáttuor abhinc annos” PARA LA MISA RONCALLIANA

Tomado de APOSTOLADO CABALLERO DE LA INMACULADA
  
Es sabido que el Concilio Vaticano II ha significado la demolición de la Tradición a nivel institucional, mediante la adopción de doctrinas llamativas y extrañas fundadas en el modernismo, el protestantismo y la Nueva Teología, que se reflejó en el Novus Ordo Missæ creado bajo la dirección del lazarista masón y modernista Aníbbale Bugnini. Con todo, para los años de 1980, la jefatura conciliar estaba apurada, porque muchos de sus clérigos y fieles (sobre todo en Estados Unidos, Inglaterra y Francia) prefirieron continuar con el Misal Roncalliano de 1962, mediante peticiones dirigidas al Vaticano para que por vía de concesión les permitieran celebrar con esa liturgia. Ya en 1974 se le otorgó a los sacerdotes ancianos continuar con el Misal de 1962, pero como Mons. Lefebvre y Mons. Ngô-dinh-Thuc estaban con mucho auge, la conciliar Congregación para el Culto Divino les concedió a esos grupos el Indulto en 1984, queriendo evitar las adhesiones al Sedevacantismo y darle algún contentillo a los perplejos que habían en el seno de la FSSPX.
SACRA CONGREGÁTIO PRO CULTO DIVÍNO
EPÍSTULA PRÆSÍDIBUS CONFERENTIÁRUM EPISCOPÓRUM MISSA, DE USU MISSÁLIS ROMÁNI JUXTA EDITIÓNEM TÝPICAM ANNI MCMLXII
  
Eminentíssime Dómine, 
  
Quáttuor abhinc annos, jubénte Summo Pontífice Joánne Paulo II, univérsæ Ecclésiæ Epíscopi invitáti sunt ad relatiónem exhibéndam: 
  • Circa modum, quo sacerdótes et christifidéles in suis diœcésibus Missále auctoritáte Papæ Pauli VI promulgátum recepíssent, statútis Concílii Vaticáni II rite obsequéntes; 
  • Circa difficultátes in litúrgica instauratióne exsequénda eveniéntes; 
  • Circa renísus forte superándos. 
  
Éxitus consultatiónis notus factus est ómnibus Epíscopis (cf. Notítiæ, n. 185, decémbris 1981). Eórum responsiónibus atténtis, fere in totum solútum visum est probléma illórum sacerdótum atque christifidélium, qui ritui «Tridentíno» nuncupáto inhæréntes mansérant. 
  
Cum autem probléma idem perdúret, ipse Summus Póntifex, cœ́tibus istis obsecundáre desidérans, Epíscopis diœcesánis facultátem concédit uténdi Indúlto, quo sacerdótes et christifidéles, qui in petitióne próprio Epíscopo exhibénda explícite indicabúntur, Missam celebráre váleant Missále Románum adhibéndo juxta editiónem týpicam anni 1962, servátis autem normis, quæ sequúntur:
a) Sine ambigüitáte étiam públice constet talem sacerdótem et tales fidéles nullam partem habére cum iis qui legítimam vim doctrinálemque rectitúdinem Missális Románi, anno 1970 a Páulo VI Románo Pontífice promulgáti, in dúbium vocant.
b) Hæc celebrátio fiat tantum modo ad utilitátem illórum cœ́tuum qui eam petunt; item in ecclésiis et oratóriis quæ Epíscopus diœcesánus deputáverit (non autem in templis parœciálibus, nisi Epíscopus in cásibus extraordináriis id concessérit); iísque diébus atque condiciónibus ab ipso Epíscopo, sive per modum consuetudúnis, sive per actus, adprobátis.
c) Hujúsmodi celebrátio secúndum Missále anni 1962 fiat et quidem língua latína.
d) Nulla habeátur commíxtio inter ritus et textus alterútrius Missális. 
e) Unusquísque Epíscopus hanc Congregatiónem certiórem fáciet de concessiónibus ab ipso datis atque, expléto anno ab hoc Indúlto tribúto, de éxitu quem ejus applicátio obtínuerit. 
  
Concéssio hujúsmodi, sollicitúdinis signum qua Pater commúnis omnes suos proséquitur fílios, adhibénda erit sine ullo præjudício litúrgicæ instauratiónis observándæ in vita uniuscujúsque Communitátis ecclesiális. 
  
Juvat me vero hac uti opportunitáte me Emminéntiæ Tuæ Reverendíssimæ addictíssimum in Dómino profiténdi. 
 
Ex ǽdibus Congregatiónis pro Cultu Divíno, die 3 Octóbris 1984. 
  
✠ AUGUSTINUS MAYER, O. S. B., Archiepíscopus títulus Satrianénsis, Pro-Præféctus
  
✠ Vergilius Noè, Archiepíscopus títulus Voncariénsis, a Secrétis
  
SAGRADA CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO
EPÍSTOLA DIRIGIDA A LOS PRESIDENTES DE LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES SOBRE EL USO DEL MISAL ROMANO BAJO LA EDICIÓN TÍPICA DEL AÑO 1962. 
  
Eminentísimo Señor, 
  
Hace cuatro años, por voluntad del Sumo Pontífice Juan Pablo II, se invitó a todos los Obispos de la Iglesia a presentar un informe sobre: 
  • El modo en el cual los presbíteros y los fieles en sus diócesis, cumpliendo adecuadamente los estatutos del Concilio Vaticano II, adoptaron el Misal promulgado por el papa Pablo VI;
  • Las dificultades sobrevinientes a la aplicación de la reforma litúrgica; 
  • Las resistencias que hubiere que superar. 
  
El resultado de la consulta fue conocido por todos los Obispos (cf. Notítiæ, n. 185, Diciembre de 1981). Atendiendo a sus respuestas, parecía resuelto el problema de los sacerdotes y fieles que mantenían el llamado «Rito Tridentino». 
  
Pero como el problema ha perdurado, el Sumo Pontífice, deseando ayudar a estos grupos, concede a los Obispos diocesanos la facultad de conceder el Indulto a los sacerdotes y fieles, que expresamente estén suscribiendo la petición al Obispo, para que puedan seguir celebrando la Misa con el Misal Romano en su edición de 1962, guardando las siguientes condiciones: 
a) Debe constar sin ambigüedades que los tales sacerdotes y fieles no tienen parte con los que dudan de la legitimidad y rectitud doctrinal del Misal Romano promulgado por el Romano Pontífice Pablo VI en 1970. 
b) Esa celebración sólo será útil para los grupos que la pidieron; en las iglesias y oratorios que el Obispo diocesano señalare (no así en templos parroquiales, a no ser que el Obispo lo conceda para casos extraordinarios); en los días y condiciones que el mismo Obispo estableciera por costumbre o por una eventualidad. 
c) Deberán celebrar siguiendo el Misal del año 1962 y en latín.
d) No deberán mezclar los ritos y los textos de ambos Misales. 
e) Cada Obispo reportará a esta Congregación sobre las concesiones que otorgue, y al culminarse el año de la concesión del presente Indulto, dará cuenta de los resultados obtenidos con su aplicación. 
  
Esta concesión, signo de la solicitud del Padre común para con todos sus hijos, habrá de usarse en tal manera que no ocasione perjuicio alguno a la observancia fiel de la Reforma litúrgica en la vida de cada una de las comunidades eclesiales.
  
Aprovecho la oportunidad para reiterar a tu Eminencia Reverendísima mis afectos en el Señor.
    
En el edificio de la Congregación para el Culto Divino, a 3 de Octubre de 1984.
  
✠ AGUSTÍN MAYER, OSB, Arzobispo titular de Satriano, Pro-Prefecto
  
✠ Virgilio Noè, Arzobispo titular de Voncaria, Secretario

Este indulto fue ampliado por Ecclésia Dei (que acogió a los que se separaron de Mons. Lefebvre escandalizados a causa de la Operación “Supervivencia de la Tradición”) y luego derogado por el Motu Próprio Summórum Pontíficum, que significó para muchos la "liberación” de la Misa Roncalliana. Nada más lejos de la realidad en uno y otro caso:
  • Sólo se permitió el Misal, quedando los demás sacramentos sujetos a las rúbricas del Vaticano II (especialmente el del Orden).
  • En todos los escenarios se favorece a las congregaciones que se acogen al Vaticano II y reconocen la legitimidad del Novus Ordo.
  • Al estarse dicha concesión sujeta a la discrecionalidad del obispo diocesano, la incertidumbre para los beneficiados es de si el obispo concesionista, o su sucesor, revocaría la facultad otorgada. En el caso de las congregaciones acuerdistas, la venia la daba el presidente de la Conferencia episcopal (luego de Summórum Pontíficum, se dijo que no había impedimento alguno, toda vez que “La Misa Tridentina nunca fue abrogada”, pero aún así hay “obispos” resistentes a ello). Sobra decir que desde que Bergoglio subió, los acuerdistas la ven “color de hormiga”: Rebelión en el Instituto Buen Pastor, perseguidos los Franciscanos de la Inmaculada, el Motu desaparecería una vez la FSSPX capitule, y el 24 de Agosto de 2017, en su discurso a los participantes en la Semana Litúrgica Nacional italiana, Bergoglio aseguró ex cáthedra (iniquitátis) que “después de este magisterio [del Vaticano II], después de este largo camino podemos afirmar con seguridad y con autoridad magisterial que la reforma litúrgica es irreversible”.
  • Para el Triduo Sacro, deben emplear la forma del Misal Montiniano en su culto público (y eso que la reforma a la Semana Santa de 1955, inserta en el Misal Roncalliano, es modernista también).

El Indulto (ampliado por la Ecclésia Dei) fue una estrategia conciliar para atraer a los débiles, pero con todo y haber caído algunos “tradicionalistas escrupulosos” (como los de la FSSP, el Instituto Buen Pastor y los traidores de Campos), falló miserablemente, ya que el problema no es tanto el Rito como sí lo es el Dogma (porque Roma apostató de la Fe y se convirtió en la sede del Anticristo). Aúnase a ello el que quienes hacen el “ensayo” (la palabra no se ajusta, pero es mejor que decir “el performance”) de la “Misa indultada” son simples ministros instalados con el rito montiniano de ordenación, que dicho sea de paso, es idéntico al anglicano (y como éste, también está afectado por la misma nulidad de Apostólicæ Curæ), por lo tanto, usurpan el sacerdocio.

Finalmente, la Misa roncalliana es una mala imitación de la Misa Romana Tradicional y un anticipo de la Misa montiniana. Así, es crucial que el verdadero Católico deba evitarla, para no caer en la secta conciliar.