lunes, 31 de mayo de 2021

AMÓRIS TRISTÍTIA: TERCER “MATRIMONIO” DEL PRIMER MINISTRO BRITÁNICO

Elementos tomados de distintas fuentes. Caricatura tomada de GLORIA CARTOON.
       
   
El primer ministro del Reino Unido y criminal de guerra, Alexander Boris de Pfeffel Johnson Wahl, de 56 años, “se casó” el 29 de mayo con su concubina “católica” Carrie Symonds McAffee, de 33 años, en una ceremonia nupcial no anunciada en la capilla de la Virgen, en la catedral católica de Westminster.
   
Downing Street (donde queda la residencia del Primer Ministro británico) pertenece a la parroquia de la catedral. Según las reglas inglesas del Covid, estuvieron presentes no más de 30 invitados, incluido su hijo Wilfred Lawrie Nicholas, de 1 año, nacido fuera del matrimonio, amigos cercanos y familiares.
   
La catedral se vació de visitantes poco después de las 13:30 horas. Treinta minutos más tarde, una limusina que transportaba a Symonds entró en la plaza, frente al edificio. La ceremonia duró media hora. La policía estuvo por todas partes.
   
La pareja fue casada por el presbítero Daniel Humphreys, sacerdote asistente de la catedral, quien el año pasado bautizó a Wilfred en la misma capilla de la Virgen.
   
Este fue el tercer “matrimonio” de Johnson. Sólo en 2020 se divorció de su segunda esposa, Marina Wheeler Singh, con la que tiene cuatro hijos (el divorcio comenzó en 2018). Johnson tiene hijos con tres mujeres (Wheeler, Symonds y Helen MacIntyre), pero no con su primera esposa Allegra Mostyn-Owen Servadio (con la que se casó en 1987, divorciándose seis años después). Incluso, tuvo una relación extramatrimonial con Petronella “Petsy” Aspasia Wyatt Racz entre 2000 y 2004, relación que terminó con un aborto provocado y una pérdida, y que le costó a Johnson el puesto en el “gabinete en la sombra” [Oposición a los ministerios en un gobierno parlamentarista, N. del E.]. Renunció al catolicismo de su madre cuando se confirmó en la fe anglicana mientras estaba en el exclusivo Eton College (1977-1982).
   
Para poder casarse en una iglesia católica, Johnson podría haber anulado sus dos matrimonios anteriores. Por otra parte, algunos especulan que estos matrimonios podrían haber sido inválidos porque Johnson fue bautizado como católico y nunca solicitó una dispensa para casarse en un entorno no católico.
   
Dado que el Derecho Canónico es utilizado por los antipapas conciliares y los obispos para promover la injusticia y la apostasía, casi cualquier truco puede haber sido lo suficientemente bueno para hacer que la ley se ajuste al crimen.
  

A CRISTO SE LE CAE LA CORONA EN ALTÖTTING

  
El sábado 28 de Mayo, el turno de rosarios de la “maratón mariana” de Bergoglio para presuntamente acabar con el coronavirus wuhanense, le correspondió al santuario de Nuestra Señora de las Gracias de Altötting (Alemania), donde se presenció el siguiente incidente:
  
Cuando el obispón de Passau Stefan Oster SDB (que, inter ália, promueve el presbiterado casado y los matrimonios mixtos –aunque a diferencia de sus pares, no apoya que los protestantes reciban la galleta ni el Kool Aid en el servicio novusordiano–) intentó impartir la bendición con la milagrosa imagen de la Virgen, la corona del Niño Jesús se cayó al suelo produciendo un vergonzoso simbolismo. Oster tuvo que pedir a un presbítero que recogiera la corona del suelo y la devolviera, y para más inri, ¡le tapó la cara al Niño Jesús! mientras daba la bendición.
   

En lugar de tomar nota de la inequívoca señal, al día siguiente Oster divagó en su cuenta de Facebook que sólo se había caído la corona de Cristo, no su cabeza (aunque es de advertir que la imagen, proveniente de Auvernia de Francia hacia el año 1330, está bastante deteriorada), añadiendo que el Señor “también podría haber renunciado a la corona en persona” porque “su gloria brilla desde dentro” (a diferencia de los prelados del Novus Ordo, cuya dudosa gloria se mantiene o cae con su mitra).
   
COMENTARIO: La divagación de Oster (que bien pudo reservarse para sí), solo puede provenir y ser aplaudida por aquellos que han destronado a Nuestro Señor Jesucristo y desterrádolo de Su Iglesia. Y aunque era previsible tal accidente al intentar bendecir con una imagen de la Virgen, no con ello se debe ignorar esta señal y menos por parte de los conciliares, que piden en sus servicios novusordianos saber “discernir los signos de los tiempos a la luz de la Fe” («Ut omnes Ecclésiæ fidéles, témporum signa lúmine fídei perscrutántes», Plegaria eucarística III para diversas circunstancias “Jesús, Camino hacia el Padre”).

ALEMANIA: COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA DEL PRIMER TEMPLO ECUMÉNICO

El jueves 27 de Mayo de 2021 se realizó en Berlín la colocación por parte de una coalición de “cristianos”, “judíos” y “musulmanes” de la primera piedra de “The House of One”, el primer templo ecuménico del mundo.
    
   
La ceremonia se había programado para el 14 de Abril de 2020, en el 273.º aniversario de la presentación en el teatro Döbbelin de la obra ideológica “Natán el Sabio” del dramaturgo prusiano Gotthold Ephraim Lessing Feller y cuyo protagonista se basa en el filósofo judío Moses Mendelssohn Wahl (Moshé ben Menájem de Dessau), uno de los principales pensadores de la Haskalá (en hebreo הַשְׂכָּלָה, la “Ilustración” judía) de Berlín, pero se aplazó debido a las restricciones del gobierno alemán por el coronavirus wuhanense.
   
El edificio proyectado por el arquitecto Wilfried Kuehn, de 50 millones de euros, es de una fealdad sorprendente. Será financiado por el Estado alemán, la ciudad de Berlín y una campaña de recaudación de fondos, y se construye sobre los cimientos de la iglesia luterana de San Pedro, dañada durante la Segunda Guerra Mundial tras la “liberación” de la ciudad por el Ejército Rojo y demolida por la Alemania Oriental comunista en 1964.
   
Así, “The House of One” se adelanta a la “Casa de la Familia Abrahámica” en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos). Para L’Osservatore Romano, es un “proyecto innovador que crea un espacio común para las tres grandes religiones monoteístas”. Sin embargo, más allá de la ideología del Vaticano, la realidad es más compleja.
   
La parte musulmana del templo pertenece al movimiento Hizmet de Fethullah Gülen, al que se oponen muchos musulmanes turcos en Alemania y que es considerado como organización terrorista por los gobiernos de Turquía y Pakistán y por el Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo. Ellos adhirieron al proyecto luego que ninguna de las agrupaciones musulmanas de Alemania aceptara participar en él.
   
La parte judía está representada por la Conferencia General Rabínica de Alemania, donde es mayoría el judaísmo reformista (de hecho, su presidente, Andreas Nachama Schlochauer, es rabino de la sinagoga reformista Sukkat Shalom), un grupo teológico marginal que es rechazado por los judíos observantes por sus ideas y prácticas modernistas.
   
Por último, “los cristianos” están representados por el pastor luterano de San Pedro-Santa María Gregor Hohberg, miembro de la “Iglesia Evangélica en Alemania”, que promueve el aborto, el homosexualismo y la ideología de género. Si bien la archidiócesis modernista de Berlín aprobó el proyecto y su ordinario Heiner Koch (pro-gay, inmigracionista y que equiparó a la ecologista Greta Thunberg con Jesús -incluso antes que sus pares luteranos-) hace parte del Consejo de Administración, esta no aportó ni un céntimo al mismo.
   
    
En noticias relacionadas, el 22 de Abril se puso una cápsula del tiempo para la construcción de la Sinagoga de la Paz en Tiflis (Georgia), en ceremonia realizada por el arzobispo primado de la Unión Evangélica Baptista de Georgia Malkhaz Songulashvili, el embajador israelí en Georgia Ran Gidor y la cónsul Smadar Zemach-Razabi, como parte de un complejo similar al de Berlín.
   

EL CENTENARIO DE LA MISA DE MARÍA MEDIANERA

Traducción del artículo publicado en LA PORTE LATINE (Fraternidad Sacerdotal San Pío X – Distrito de Francia).
   
El 12 de enero de 1921 la Congregación de Ritos aprobó la celebración de la fiesta de la Santísima Virgen María bajo el título de Medianera de todas las gracias, devoción cuyo principal propagador fue el cardenal Joseph Mercier. He aquí las principales etapas que llevaron a esta aprobación.
   
Todo comenzó en 1906: una religiosa carmelita, la madre Magdalena de Jesús (en el siglo Palmyre Ryckaert), priora del Carmelo de Argenteuil cerca de Waterloo (Bélgica), tuvo revelaciones que manifiestan el deseo de Dios en cuanto a la glorificación de la Virgen por la definición dogmática de su Mediación universal. Luego se estableció un intercambio epistolar entre la monja y el cardenal Mercier. Esta experiencia mística marcó al prelado, que después se compromete a «pensar el asunto». Lo comenta con San Pío X.
   
PRIMERAS ETAPAS
En 1914, el cardenal predica un retiro a sus sacerdotes sobre María, Madre de la Iglesia: luego evoca la mediación de María por el género humano, y se pronuncia a favor del dogma.
    
Numerosos eventos marcan al año 1915. El cardenal publica una carta pastoral sobre la «Devoción a Cristo y a María, Madre suya y Madre nuestra». Cita la definición por promover y pronuncia una oración indulgenciada: «María Madre de Cristo, María Madre de la Iglesia, María Medianera universal de los hombres, rogad por nosotros». Fue en este momento que aprobó una asociación de oraciones en el Seminario de Malinas, la Sociedad de los Siervos de María Medianera. Hizo también un voto privado para obtener de la Santa Sede la fiesta litúrgica de María Medianera de todas las gracias. Además, envía una circular a todos los religiosos, y a todos los superiores religiosos de Bélgica una petición a favor del dogma de María Medianera. Por su parte, el clero de Malinas envió al Papa una petición concerniente a la proclamación dogmática, la fiesta de María Medianera y la inserción de este título en las Letanías de la Santísima Virgen.
  
El 27 de Agosto del mismo año fue enviada una petición al Papa Benedicto XV. También la facultad de teología de la Universidad Católica de Lovaina envió una el 9 de Noviembre de 1915.
  
Se sucedieron las etapas. El 16 de Enero de 1916, el cardenal tuvo una audiencia con el Papa Benedicto XV. El 8 de Septiembre de 1918 publicó su carta pastoral Homenaje a María Medianera. El 31 de Mayo de 1919, la madre Magdalena de Jesús escribió a Benedicto XV. El 8 de Abril de 1920 se envió a Roma una petición para demandar la fiesta litúrgica de María Medianera.
   
LA APROBACIÓN
Pocos meses después, el 12 de Enero de 1921, la Congregación de Ritos dio su aprobación. El cardenal Mercier escribió a todos los cardenales y obispos del mundo para alentarlos a pedir esta fiesta para sus diócesis. El 15 de Mayo, el cardenal publicó una carta pastoral por la introducción de la fiesta de María Medianera en su diócesis. La fiesta, fijada para el 31 de Mayo, es concedida a las diócesis que lo solicitan. En un año, 450 diócesis, casi un tercio del episcopado, obtuvieron esta gracia. Alla vigilia del Vaticano II, la fiesta se celebraba casi en todas partes…
  
Sucesivamente prosiguió la acción a favor de María Medianera. En Marzo de 1921, los monfortinos fundaron el Convento “María Medianera” en Lovaina. El 18 de Abril de 1921 una Comisión episcopal [Jacques Bittremieux, Benoît-Henri Merkelbach OP, Joseph-Martin Lebon, François-Xavier Godts C.Ss.R y dom Columba Marmion OSB] estudió la cuestión de esta definición dogmática a la cual Benedicto XV es favorable. En Septiembre de 1921, en el Congreso Mariano de Bruselas, el obispo Mercier alentó los esfuerzos a favor del nuevo dogma. El 6 de Febrero de 1922 fue elegido el Papa Pío XI, que habló con el cardenal sobre esta cuestión. Siguieron otras relaciones orales y epistolares: en Noviembre de 1922, en Abril de 1923, en Noviembre y Diciembre de 1924, y en Mayo de 1925. El cardenal mantuvo informes a favor del dogma con el episcopado alemán. En 1922 fue consagrado el primer santuario dedicado a María Medianera. El padre José María Valente Bover Oliver SJ pidió la elaboración de un Catecismo popular sobre la mediación universal de María (Lérida: Gráficos Academia Mariana, 1927). El 25 de Diciembre de 1922 fue nombrada una comisión papal en Bélgica [Camille van Crombrugge, Lebon y Merkelbach], donde el cardenal participó en sus labores. Una comisión similar es nombrada en España [Ángel María José Amor Ruibal, Isidoro Gomá y Tomás, José María Bover Oliver SJ; que llegó incluso a proponer la definición dogmática “Beátam Vírginem Maríam, Matrem Dei et Salvatóris nostri Jesu Christi, cum si mater grátiae et mater hóminum, quos in Christo generávit, in quórum salútem est cum Christo cooperáta, pro quíbus apud Christum perpétuo intercédit, esse vere et próprie divinórum ómnium munerum dispensatrícem atque universálem gratiárum mediatrícem”] y en Roma [conformada por Réginal Garrigou-Lagrange OP por el Angélicum, Silvio Fabri SJ por la Gregoriana, y un profesor de historia de la Iglesia del Lateránum y otro de Teología positiva de Propaganda Fide].
   
El 6 de Enero de 1923 Mons. Mercier publicó la carta pastoral “Magníficat” en la cual escribe: «Nunca en mi vida he gustado tal alegría espiritual». El 23 de Enero de 1926 entregó su alma.
   
VÍNCULO CON LA CANONIZACIÓN DE SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONFORT
El 16 de Agosto de 1924, el cardenal Mercier participó en el Congreso mariano de Anvers. Llegado allí no obstante su estado de sufrimiento, declaró a una gran e ilustre asamblea en la cual se destacaban obispos, abades mitrados, ministros de estado y demás dignatarios: «Vine a pediros un servicio: querer practicar y difundir la verdadera devoción a la Santísima Virgen según el Beato Grignion de Montfort».
  
En esta ocasión, el prelado estableció el vínculo que existe entre la santa esclavitud y la mediación universal de la Virgen. Según él, la verdadera devoción a María es el medio práctico para vivir el dogma de María Medianera. Este discurso de Anvers será retomado en su carta pastoral sobre la mediación universal de María y la verdadera devoción según el espíritu del beato Luis María Grignion de Montfort.
    
El 23 de Enero de 1925, el cardenal escribió una oración indulgenciada [1] para pedir la canonización del beato Luis María Grignion de Montfort y por la definición dogmática de la mediación universal. En esta ocasión el cardenal lanzó este apelo: «Invitamos a los fieles, y sobre todo las almas consagradas, a hacer esta oración para obtener del Cielo la proclamación dogmática de la Mediación universal de María y la canonización de su gran apóstol. No tengáis miedo de solicitar a este poderoso Beato los favores más señalados, porque la Santísima Virgen querrá recompensar la confianza que habrá puesto en Ella su más fiel esclavo de amor. Actualmente, esta oración ha recibido las aprobaciones de diez cardenales y más de trescientos obispos».
   
A la muerte del cardenal, en 1926, llegaron más de 400 firmas de obispos en apoyo de esta petición, y uno de los primeros en sostenerla fue el nuncio papal en Múnich (el futuro Pío XII). La canonización fue celebrada el 20 de Julio de 1947 por Pío XII, pero la definición dogmática nunca se obtuvo. El cardenal Mercier estará consolado por haber obtenido la misa de María Medianera, porque la liturgia es maestra de fe: Lex orándi, Lex credéndi!
   
NOTA
[1] La oración, que se rezaba en forma de novena y contaba con 200 días de Indulgencia, dice: 
ORACIÓN PARA OBTENER DEL CIELO LA PROCLAMACIÓN DOGMÁTICA DE LA MEDIACIÓN UNIVERSAL DE MARÍA Y LA CANONIZACIÓN DE SU GRANDE APÓSTOL EL BEATO LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT
  
Señor Jesús, Sabiduría eterna y encarnada, que fuisteis concebido por obra del Espíritu Santo en el seno de la Bienaventurada Virgen María, haced, os suplicamos, que iluminada por este mismo Espíritu, vuestra santa Iglesia defina y proclame como dogma para la gloria del Padre (de Montfort) la doctrina de la Mediación universal de la Virgen Madre.
   
A este fin, Señor, os ofrecemos voluntariamente nuestros sacrificios, nuestras oraciones y nuestros trabajos; rogando de vuestra inmensa bondad querer conceder al beato de Montfort, ilustre predicador y eximio doctor de esta Mediación, el supremo honor de la canonización.
   
En efecto, ¿no fue sino él quien puso a la luz este gran Misterio de amor de vuestra divina Sabiduría: María, la inefable Medianera, vuestra Madre y la nuestra?
   
Penetrando, cual nuevo Juan, en los profundos secretos de vuestra Encarnación, de vuestra Cruz, de la santificación de nuestras almas e incluso del fin de los tiempos, él contempló a María, asociada con Vos en todas vuestras obras. Medianera universal de todas las gracias, verdadera Reina y Maestra de los corazones, Exterminadora de los demonios, Introductora en el Cielo de sus verdaderos hijos, Camino querido por Dios para nuestro retorno hacia Él.
   
Esto es porque, él nos atrae hacia la cálida atmósfera de amor y de vida familiar donde Vos habéis vivido y donde Vos queréis que nosotros vivamos. Él nos enseñó el camino simple y perfecto de la Esclavitud de amor, que nos libera por entero: cuerpo y alma, como niños pequeños, a todas las influencias maternales y medianeras de María, a fin que por Ella, seáis Vos formado en nosotros, ¡oh Jesús!, según toda la extensión de vuestro amor, y que nosotros vivamos en Vos y como Vos para el Padre, propter Patrem.
  
Oh Jesús, oh María, escuchad nuestras oraciones. Sea para vuestra común gloria y la del Padre. Y más honrado será Monfort en la Iglesia, y más almas se volverán hacia Vos y hacia el Dios de amor para amarle, servirle y cantar la eterna «alabanza de gloria» a la Trinidad Santa. Así sea.
    
María, Madre de Cristo, rogad por nosotros. María, Madre de la Iglesia, rogad por nosotros. María, Medianera universal del género humano, interceded por nosotros. Beato Luis María de Montfort, devoto esclavo de Jesús y de María, rogad por nosotros.

MES DE MARÍA, POR EL PADRE FRANCISCO PALAU - DÍA ÚLTIMO

Dispuesto por el Bienaventurado Francisco de Jesús, María y José (en el siglo Francisco Palau y Quer) OCD, Misionero Apostólico, y publicado en Ibiza por la imprenta de Ramón Vidal en 1861. Licencia otorgada por D. Rafael Oliver y Rivas, Gobernador Eclesiástico y Vicario capitular de Ibiza, el 23 de Septiembre de 1861.
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN.
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador Padre, Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
   
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS.
Bellísima y habilísima Jardinera, aquí tenéis a vuestros pies un corazón convertido por sus culpas en bosque lleno de espinas y abrojos, donde tienen sus madrigueras y hacen sus crías las pasiones más feas y vergonzosas: a vuestras órdenes están millares de operarios pendientes de vuestros labios, que esperan les mandéis arrancar de él todo lo malo y todo lo vicioso, y sembrar y plantar lo santo, lo bueno y lo virtuoso. Yo os entrego, yo os doy el terreno de mi alma; mandad, Señora del mundo, mandad, Reina de los Ángeles, y será transformado en un paraíso de delicias para Vos y Vuestro Hijo; mandadlo, y vuestras órdenes serán fielmente ejecutadas. Yo os prometo que cooperaré a mi conversión con santos propósitos y firmes resoluciones; mas ¡ay! éstas serán estériles si Vos no las fecundáis. Yo soy una tierra árida, seca, consumida y abrasada por los ardores de mi concupiscencia; en vuestras manos están las llaves de aquella fuente cristalina y pura cerrada por mis culpas… abrid los favores y las gracias y los dones del cielo correrán a torrentes sobre mí. Yo soy un huerto sin muros abierto a todas las ilusiones del ángel malo, al mundo y a sus vanidades. Yo os constituyo su guardiana, protegedme y amparadme. 
   
Vos, oh amabilísima Hortelana, me pedís durante todo este mes flores y yerbas aromáticas, ramilletes, guirnaldas y coronas, ¡ay de mí! En mi alma no hay otra cosa que confusión, desorden, vergüenza, espinas y un bosque desarreglado. Señora, ordenadle, cultivadle, sembrad en él la semilla de todas las virtudes; plantad en él esas flores que buscáis, ponedlas en orden según sus especies. Aquí estoy, vuestra propiedad soy, no me opondré, no resistiré, sino que cooperaré a la obra santa que en estos días, dedicados a vuestra gloria y al bien de mi alma, Vos os proponéis hacer; principiadla, perfeccionadla y acabadla. Yo os ofrezco estos ejercicios a honra vuestra y a la gloria de vuestro Hijo. Amén.
  
DÍA ÚLTIMO
    

MEDITACIÓN
  
I. La gran corona de todas las flores del mes de mayo
Hemos terminado ya nuestra obra. Están ya en el círculo circunscrito por el dedo de Dios todas las flores del mes de mayo. Examinemos hoy nuestra obra y contemplémosla. ¿Hemos tenido algún descuido? ¿Hay en los campos y en los valles, en los montes y collados, en los prados y en las huertas; hay en nuestros jardines y terraplenes alguna de las flores de esta risueña estación que no embellezca, adorne, vista y perfume nuestra gran corona? Si la veis, si la encontráis, cogedla hoy y agregadla a uno de los treinta ramilletes que la cierran y completan. Celebremos hoy el complemento de nuestra obra.

II. La corona de la gloria debida al mérito de las virtudes.
La corona que ciñen los Santos en el cielo es debida y se les da en correspondencia a la que forman en la tierra sus virtudes. Las flores de esa corona son el emblema de nuestras virtudes. Todas están atadas al círculo de oro formado sobre nuestras cabezas por manos del supremo artífice, Dios, al anunciarnos la ley de gracia: amarás a Dios, amarás a tus prójimos. El círculo sale de un punto, marcha formando su curva y vuelve allá de donde salió. El precepto del amor y la caridad, que es su observancia, sale de Dios que es amor, Deus est cáritas; describe al pasar por nuestros corazones su curva, nos toma todos los afectos y los ata a ella, y al volver a Dios, de donde procede, los deja allí satisfechos. Toda virtud que lo sea de veras procede de la caridad, crece en la caridad y con la caridad, y vive ligada a ella y con ella.
   
III. La corona de María en la gloria
La corona que ciñe María en la gloria le fue dada como premio de todas sus virtudes. Mientras vivió no hubo ninguna que no estuviese en su corona: las tuvo todas en su plenitud: Ave, grátia plena; sí, llena de gracias, llena de dones; sí, llena de dones, llena de virtudes.

IV. Nuestra corona alrededor de María
Contempla atentamente esta corona que acabamos de vestir y adornar; son todas nuestras virtudes simbolizadas en las flores. ¿Falta alguna? ¿Están todas? ¿Todas sin faltar una? ¡Ah! Si pierdes una, se pierden todas y donde va una, van todas, porque todas están ligadas a un mismo y solo círculo; y doquiera que se coloque el círculo van ellas todas, y si éste se mueve, se mueven todas. Vamos a presentar hoy, por manos de nuestra Reina, ante el trono de Dios, nuestra corona: nos la pide adornada, enriquecida, vestida y embellecida por las virtudes todas, y no puede faltar ni una sola flor: ¿lo has dado ya todo? ¿Todo? ¿Nada te has reservado para ti? Piénsalo bien: hoy termina con el mes de mayo nuestra obra: tienes tiempo, examina tu alma, y da a María si algo has olvidado o descuidado. Preséntale hoy no una flor sino la corona entera y completa, y al ofrecérsela le dirás:

PRESENTACIÓN DE LA CORONA
ORACIÓN. Reina de los cielos: Os he dado en este mes con sagrado a Vos cuanto he hallado en mi jardín de más bello y fragrante; os he dado cuanto tenía de mejor, y os lo doy de nuevo. No hay más, Señora, no hay más: ¡ay! es cosa poca; pero no tengo más. Os he dado votos, promesas, propósitos, resoluciones, y os los he dado tan firmes y eficaces como me ha sido posible formar: ¡Ay!, no puedo más; no tengo mejores. Me los habéis pedido y os los he dado tales como Vos veis están en esa corona.

Señora: estos propósitos, que, por la misericordia de Dios y favor vuestro, yo he formado en estos ejercicios, a Vos los he ofrecido, y en vuestras manos están. Fomentadles, dad les actividad, firmeza, constancia, perseverancia, eficacia y fortaleza. Yo me ofrezco de nuevo a ponerlos por obra, yo los fío a vuestra maternal solicitud Bellísima, amabilísima, habilísima jardinera, en vuestras manos dejo mi corona; en vuestras manos sagradas encomiendo mis virtudes. Guardadlas, protegedlas, regadlas, cultivadlas y perfeccionadlas.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 30 de mayo de 2021

NOVENA EN HONOR A SANTA DIMFNA

Traducción y adaptación de la novena publicada en inglés por el padre Matthew Herttna Stochl, con Nihil obstad de Mons. George M. Dennerle, censor diocesano, e Imprimátur por Mons. James Augustine McFadden Cavanagh, obispo de Youngstown, el 11 de Mayo de 1946. El Acto de contrición es tomado del Manual de Oraciones del III Concilio de Baltimore; los Gozos fueron publicados en Barcelona por la imprenta del hijo de Pablo Riera en 1880.
   
LA DEVOCIÓN EN HONOR A SANTA DIMFNA
El nombre de Santa Dimfna es objeto de veneración en todas partes, pero especialmente lo es en la ciudad de Geel, donde la devoción a la santa es tan natural para los habitantes que no necesita ser aumentada. La razón es claramente evidente. Santa Dimfna vivió en la ciudad de Geel hasta el tiempo cuando ella santificó el suelo geelense con el derramamiento de su sangre. La suya fue la primera en derramarse por Jesucristo y Su Fe en territorio brabantino.
   
Los Soberanos Pontífices y los Obispos siempre han mostrado su veneración por Santa Dimfna, y han favorecido con indulgencias la iglesia que fue construida sobre la tumba de la santa; la tumba que Dios ha favorecido con tantos milagros por su intercesión. En medio de sus alrededores, la gente de Geel no puede permanecer indiferente ante su santa virgen y mártir. En las antiguas letanías, Santa Dimfna es mencionada no solo bajo el título de Patrona de Geel, sino también como Patrona de Brabante.
  
Los afligidos, que han invocado el nombre de Santa Dimfna no han encontrado su ausencia. Puesto que ella resistió valientemente al insano y furioso amor de su padre, Dios la ha hecho especial protectora de todos los que están afligidos con desórdenes nerviosos y las muchas curaciones milagrosas en Geel la han establecido en ese título.
      
Debemos invocar la poderosa ayuda de Santa Dimfna con fe y confianza. Debemos celebrar su fiesta, honrar sus santas reliquias, atender las devociones realizadas en su honor, y visitar sus Santuarios. Debemos rezarle diariamente, y sobre todo nuestra generación más joven debe imitar sus virtudes, particularmente su pureza.
  
NOVENA EN HONOR A SANTA DIMFNA, PARA PRESERVACIÓN DE LOS DESÓRDENES NERVIOSOS POR SU INTERCESIÓN, Y POR LA VERDADERA SABIDURÍA A TRAVÉS DE LA IMITACIÓN DE SUS VIRTUDES
   
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Oh Dios mío, de todo corazón lamento haberte ofendido, y detesto todos mis pecados, porque temo la pérdida del Cielo y las penas del Infierno, pero más que todo, porque ellos Te ofendieron, mi Dios, que eres el Sumo Bien y merecedor de todo mi amor. Firmemente resuelvo, con el auxilio de Tu gracia, confesar mis pecados, hacer penitencia, y enmendar mi vida.
     
ORACIÓN INICIAL
Oh Dios, que diste a Santa Dimfna como perfecto modelo de virtud para tu Iglesia y te dignaste que tu sierva sellase con su sangre inocente y con numerosos milagros la enseñanza de los Santos Evangelios para que la Religión verdadera pudiese propagarse más rápidamente, Te suplicamos que concedas especialmente tu protección a cuantos honran sus reliquias, para que sean fortalecidos en la Fe verdadera y que, imitando gratamente todas sus virtudes, podamos darle mayor gloria a tu Suprema e Infinita Majestad. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
    
DÍA PRIMERO – 6 DE MAYO
MEDITACIÓN: FE
Oh Dios, fuente de nuestra salvación, en medio de un pueblo pagano, Tú que iluminaste a Santa Dimfna a la luz de la verdadera fe, que profesó bajo la guía de su santo confesor, Gerebran, con tal constancia que sufrió el martirio. Por la intercesión de estos dos santos, te imploramos que fortalezcas la fe que nos has dado, para que con sabiduría sometamos nuestras almas a tu autoridad suprema, ajustemos con fidelidad nuestras vidas de acuerdo con nuestra fe y podamos honrarte con todo nuestro corazón y alma hasta la hora de nuestra muerte. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
   
Rezar cinco Padrenuestros, con Avemaría y Gloria.
   
GOZOS
   
Santa Dimfna, compasión
Implora de ti el demente,
Que des luz a nuestra mente
Y nos vuelvas la razón.
   
Santa angelical y pía
Que en el empíreo eternal
Con la gracia celestial
Lograste reinar un día,
Hoy te pide compasión
A tus pies triste el demente.
Que des luz a nuestra mente
Y nos vuelvas la razón.
      
Escucha nuestros dolores
Y la súplica sentida
Que nuestra alma rendida
Implora con tus loores,
Pidiendo de corazón
Alcances de Dios clemente,
Que des luz a nuestra mente
Y nos vuelvas la razón.
   
De nuestro mal por favor
El rigor duro e insano
Calma tu piadosa mano,
Tu no desmedido amor;
Muéstranos tu compasión,
Al rogarte reverente
Que des luz a nuestra mente
Y nos vuelvas la razón.
   
Tuviste un padre, ¡horror!,
Que tu honra ambicionaba;
Tú huiste de su morada
Por no mancillar tu honor;
Y por odio a tal pasión
Implora de ti el demente,
Que des luz a nuestra mente
Y nos vuelvas la razón.
   
Y cuando él hallarte pudo
Era tanta su fiereza,
Que te cortó la cabeza
Él mismo, cruel verdugo.
Compasión, sí, compasión,
Y logra del Dios potente,
Que des luz a nuestra mente
Y nos vuelvas la razón.
   
Unos locos que esto vieron
Quedaron horrorizados,
Inmóviles y encantados
Luego a la razón volvieron.
De milagros un millón
Se te pide, y solamente,
Que des luz a nuestra mente
Y nos vuelvas la razón.
   
Mártir fuiste, Dimfna hermosa;
Tú abrazas la bella palma;
Devuélvenos, pues, la calma
Compasiva y generosa.
Acude a tu corazón
En ruego el pobre demente
Que des luz a nuestra mente
Y nos vuelvas la razón.
       
Gran favor de ti esperamos
Dimfna, santa y poderosa:
Sé a nosotros bondadosa,
¡Por piedad! ¡Te lo rogamos!
Un grito es del corazón
Que te pide humildemente;
Que des luz a nuestra mente
Y nos vuelvas la razón.
   
Santa Dimfna, compasión
Implora de ti el demente,
Que des luz a nuestra mente
Y nos vuelvas la razón.
   
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Dimfna.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
   
ORACIÓN
Dios, amador de la pureza, te pedimos suplicantes, que por los méritos y oraciones de tu bienaventurada Virgen y Mártir Santa Dimfna, cuya solemnidad hoy celebramos, consigamos tu favor. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO – 7 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración inicial.
   
MEDITACIÓN: ESPERANZA
Dios todopoderoso e infinitamente bueno, que has prometido la salvación eterna a quienes obedecen tus mandamientos y aprovechan con diligencia tus gracias. Por la intercesión de Santa Dimfna, que huyó del peligro del pecado abandonando el palacio de su padre, y quien, deseosa de obtener la salvación eterna, huyó a Bélgica para vivir en la pobreza, te suplicamos que también nos concedas a nosotros, que luchamos por la felicidad eterna, podamos vencer todos los obstáculos en el camino de la virtud y alcanzar la salvación eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
   
Rezar cinco Padrenuestros, con Avemaría y Gloria. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA TERCERO – 8 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración inicial.
   
MEDITACIÓN: CARIDAD
Dios de amor, Tú eres el Ser más perfecto, y el Creador de todo lo que es bueno y hermoso. Por la intercesión de Santa Dimfna, que en su juventud te amó sobre todas las criaturas y por Ti amó a su prójimo como a sí misma, como a imagen y semejanza de Ti, como al precio de la Sangre de Jesús y como coheredera del cielo, ten la bondad de ayudarnos a través de Tu poderosa gracia, para que cumplamos fielmente los dos grandes mandamientos de la caridad, no sólo de palabra, sino también en obras y en la vida. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
   
Rezar cinco Padrenuestros, con Avemaría y Gloria. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA CUARTO – 9 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración inicial.
   
MEDITACIÓN: PIEDAD
Dios, Creador nuestro y supremo Maestro, Santa Dimfna te sirvió con gran celo incluso en su infancia, escuchando Tu palabra con deleite, asistiendo a la Santa Misa con gran fervor y recibiendo con tierna devoción la Sagrada Comunión de la mano de San Gerebran. Por su intercesión te rogamos que nos concedas la misma virtud de piedad para que, después de haberte honrado durante esta vida como nuestro Creador, podamos alcanzarte en el más allá como nuestra recompensa final. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
   
Rezar cinco Padrenuestros, con Avemaría y Gloria. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA QUINTO – 10 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración inicial.
    
MEDITACIÓN: PRUDENCIA
Oh Dios, regidor del universo, Tú que permitiste que Santa Dimfna descubriera un modo provechoso para evitar las malas intenciones de su padre. Por los méritos de tu santa sierva, concédenos que nos hagamos, según las palabras de Jesús, sencillos como palomas y sabios como serpientes, para que a través de un prudente consejo y un sensato juicio reconozcamos lo que debemos hacer para conseguir la gran obra de nuestra salvación. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
   
Rezar cinco Padrenuestros, con Avemaría y Gloria. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA SEXTO – 11 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración inicial.
   
MEDITACIÓN: JUSTICIA
Oh Dios, fuente de justicia eterna, Tú inspiraste a Santa Dimfna a huir de su patria y de su padre para entregarte lo que era Tuyo. Por su intercesión te suplicamos que nos hagas buscar justicia para que podamos cumplir con nuestros deberes hacia Ti como es debido. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
   
Rezar cinco Padrenuestros, con Avemaría y Gloria. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO  – 12 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración inicial.
   
MEDITACIÓN: FORTALEZA
Oh Dios, que premias a los que se mantienen firmes en sus buenos propósitos, diste a Santa Dimfna tal amor a la virtud que tuvo el valor de sufrir privaciones, persecuciones y hasta el martirio. A través de sus oraciones te suplicamos que nos concedas fortaleza para que podamos con valentía y perseverancia, vencernos a nosotros mismos y, finalmente derrotar al enemigo de nuestra salvación. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
   
Rezar cinco Padrenuestros, con Avemaría y Gloria. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA OCTAVO – 13 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración inicial.
   
MEDITACIÓN: TEMPLANZA
Oh Dios, que has hecho resplandecer a Santa Dimfna en la virtud de la templanza para que dominase las inclinaciones sensuales y utilizase con prudencia los bienes temporales. Con templanza combinó las bellas virtudes de la modestia, la docilidad y la humildad. Concédenos que no olvidemos que la humildad es llamada el fundamento de toda virtud porque destierra del alma el orgullo, el obstáculo a la gracia. Por la intercesión de Santa Dimfna, Te rogamos que nos guíes y dirijas, para que, preservados del mal y de los desórdenes nerviosos, podamos obedecer hasta la muerte los mandamientos y consejos que Tú nos has dado. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
   
Rezar cinco Padrenuestros, con Avemaría y Gloria. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA NOVENO – 14 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración inicial.
   
MEDITACIÓN: CASTIDAD
Oh Dios, amante de las almas inocentes, Tú diste a Santa Dimfna la virtud de la pureza angélica que la hizo reservada en todas sus acciones, modesta en su vestido, atenta en su conversación, recta en su carácter, de modo que incluso derramó su sangre para preservar esta preciosa virtud. Por la intercesión de Santa Dimfna, te rogamos que nos concedas la virtud de la castidad para que podamos disfrutar de la paz de la conciencia en esta vida y en el futuro de las alegrías eternas y puras del cielo Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
   
Rezar cinco Padrenuestros, con Avemaría y Gloria. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.

SECUENCIA “Profiténtes Unitátem” EN HONOR A LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Santísima Trinidad (Taller de Jaime Baçó Escrivà y Juan Reixach).
     
Secuencia compuesta por el himnógrafo Adán de San Víctor, chantre (maestro de coro) de la Catedral de París.
 
LATÍN
Profiténtes Unitátem
Venerémur Trinitátem
Pari reveréntia.
Tres Persónas asseréntes
Personáli differéntes
A se differéntia.
  
Hæc dicúntur relatíve,
Cum sint unum substantíve,
Non tria princípia.
Sive dicas tres, vel tria:
Simplex tamen est usía,
Non triplex esséntia.
  
Simplex esse, simplex posse,
Simplex velle, simplex nosse,
Cuncta sunt simplícia.
Non uníus quam duárum
Sive trium personárum
Minor efficácia.
  
Pater, Proles, Sacrum Flamen,
Deus unus: sed hi tamen
Habent quǽdam própria.
Una virtus, unum numen:
Unus splendor, unum lumen:
Hoc una quod ália.
  
Patri Proles est æquális,
Nec hoc tollit personális
Ambórum distínctio.
Patri compar Filióque,
Spiritális ab utróque
Procédit connéxio.
  
Non humána ratióne
Capi possunt hæ persónæ,
Nec harum discrétio.
Non hic ordo temporális,
Non hic situs aut locális
Rerum circumscríptio.
  
Nil in Deo præter Deum,
Nulla causa præter eum
Qui creat causália.
Effectíva vel formális
Causa Deus, et finális,
Sed numquam matéria.
  
Digne loqui de persónis
Vim transcéndit ratiónis,
Excédit ingénia.
Quid sit gigni, quid procéssus,
Me nescíre sum proféssus:
Sed fide non dúbia.
  
Qui sic credit, ne festínet,
Et a via non declínet
Insolénter régia.
Servet fidem, formet mores;
Nec atténdat ad erróres
Quos damnat Ecclésia.
 
Nos in fide gloriémur,
Nos in una modulémur
Fídei constántia.
Trinæ sit laus unitáti,
Sit et simplæ Trinitáti
Coætérna gloria. Amen.
  
TRADUCCIÓN
Confesemos la Unidad divina,
Veneremos a la Trinidad
Con un culto igual:
Reconociendo tres Personas
Que distingue
Una personal diferencia.
  
Ellos reciben su nombre de su relación,
Siendo uno sustantivamente,
Y no tres principios.
Empleando para ellos el número de tres,
Debes reconocer que su sustancia es simple,
Que su esencia no es triple.
  
Simple el ser, simple el poder,
Simple el querer, simple el saber,
Todo en ellos es simple;
El poder de una de estas Personas
No es menor que el de dos
Ni el de tres.
  
El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,
Un solo Dios; pero cada uno
Posee lo que le es propio.
Una sola virtud, una sola divinidad,
Un solo esplendor, una sola luz;
Lo que el uno posee lo posee el otro también.
  
El Hijo es igual al Padre,
Pero esta igualdad no disminuye
La distinción personal de ambos.
Igual al Padre y al Hijo,
El Espíritu es el vínculo
Que procede del uno y del otro.
  
La razón humana no sabría
Comprender estas tres personas,
Ni la disparidad de estas.
Allí no hay orden temporal,
Ni hay sitio o lugar
Para circunscribir las cosas.
  
En Dios, nada sino Dios;
En él, ninguna causa sino
Aquella que produce las otras.
Causa efectiva y formal,
Causa final es Dios,
Pero nunca materia.
  
Hablar dignamente de las divinas personas
Trasciende las fuerzas de la razón
Y sobrepasa el ingenio.
Confieso desconocer
La generación y procesión de la divina esencia,
Pero la fe no lo duda.
  
El que crea no se apresure,
Y no tenga la insolencia
De declinar del camino real.
Que conserve la fe, que regle su vida,
Y no se incline hacia el error
Que la Iglesia condena.
  
Gloriémonos en nuestra fe,
Inspírenos cantos melodiosos
Nuestra constancia en la fe única:
Alabanza y coeterna gloria
Sean a la trina unidad,
A la Trinidad simple en su esencia. Amén.

MES DE MARÍA, POR EL PADRE FRANCISCO PALAU - DÍA TRIGÉSIMO

Dispuesto por el Bienaventurado Francisco de Jesús, María y José (en el siglo Francisco Palau y Quer) OCD, Misionero Apostólico, y publicado en Ibiza por la imprenta de Ramón Vidal en 1861. Licencia otorgada por D. Rafael Oliver y Rivas, Gobernador Eclesiástico y Vicario capitular de Ibiza, el 23 de Septiembre de 1861.
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN.
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador Padre, Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
   
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS.
Bellísima y habilísima Jardinera, aquí tenéis a vuestros pies un corazón convertido por sus culpas en bosque lleno de espinas y abrojos, donde tienen sus madrigueras y hacen sus crías las pasiones más feas y vergonzosas: a vuestras órdenes están millares de operarios pendientes de vuestros labios, que esperan les mandéis arrancar de él todo lo malo y todo lo vicioso, y sembrar y plantar lo santo, lo bueno y lo virtuoso. Yo os entrego, yo os doy el terreno de mi alma; mandad, Señora del mundo, mandad, Reina de los Ángeles, y será transformado en un paraíso de delicias para Vos y Vuestro Hijo; mandadlo, y vuestras órdenes serán fielmente ejecutadas. Yo os prometo que cooperaré a mi conversión con santos propósitos y firmes resoluciones; mas ¡ay! éstas serán estériles si Vos no las fecundáis. Yo soy una tierra árida, seca, consumida y abrasada por los ardores de mi concupiscencia; en vuestras manos están las llaves de aquella fuente cristalina y pura cerrada por mis culpas… abrid los favores y las gracias y los dones del cielo correrán a torrentes sobre mí. Yo soy un huerto sin muros abierto a todas las ilusiones del ángel malo, al mundo y a sus vanidades. Yo os constituyo su guardiana, protegedme y amparadme. 
   
Vos, oh amabilísima Hortelana, me pedís durante todo este mes flores y yerbas aromáticas, ramilletes, guirnaldas y coronas, ¡ay de mí! En mi alma no hay otra cosa que confusión, desorden, vergüenza, espinas y un bosque desarreglado. Señora, ordenadle, cultivadle, sembrad en él la semilla de todas las virtudes; plantad en él esas flores que buscáis, ponedlas en orden según sus especies. Aquí estoy, vuestra propiedad soy, no me opondré, no resistiré, sino que cooperaré a la obra santa que en estos días, dedicados a vuestra gloria y al bien de mi alma, Vos os proponéis hacer; principiadla, perfeccionadla y acabadla. Yo os ofrezco estos ejercicios a honra vuestra y a la gloria de vuestro Hijo. Amén.
  
DÍA TRIGÉSIMO
        

MEDITACIÓN
  
I. Las adormideras, espuelas y capuchinas
Las adormideras, las espuelas, las capuchinas y otras muchísimas flores que dejamos para ponerlas adjuntas a las treinta especies ya indicadas, sirven para embellecer nuestros jardines con su variedad de colores y formas. Las adormideras son flores de primera magnitud, bellas por su forma y variedad de colores, y suben muy altas en sus tallos; pero cuidado que nadie las toque: no tienen olor.

II. La eutropelia, o buen modo en los gestos exteriores
La templanza ha de poner orden no sólo a los movimientos internos del ánimo, sino a los externos, como son todos los gestos del cuerpo, los saltos, los bailes y danzas, los juegos de gimnástica, modos, maneras y formas en el vestir. En todo esto se han de guardar las leyes de la decencia, del decoro, de la honestidad, del pudor y de la modestia y gravedad.

III. Esta virtud en María
María fue tan compuesta en su exterior cual correspondía a su ordenación y gravedad interior. Nadie la vio jamás hacer un gesto desaliñado y, tanto en el vestir como en el andar y en toda su actitud exterior, fue un modelo de decoro y de moderación.

IV. Esta virtud a María
La descomposición interior sale a fuera en los modos y gestos exteriores. El desorden del ánimo está luego marcado en el frontispicio del corazón, que es el cuerpo. ¿Tienes en tu exterior compostura? ¿Guardas orden y moderación? Recoge estas flores y, porque les falta fragancia, únelas con las yerbas aromáticas de tu jardín y con otras flores que perfumen tu ramillete, y al presentarlas dirás a María:

PRESENTACIÓN DE LA FLOR
ORACIÓN. Yo os ofrezco moderación en todos mis gestos, acciones y movimientos exteriores. Recibid mis propósitos, y dadles fuerza y eficacia.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 29 de mayo de 2021

LA “COMUNA DE PARÍS”, O EL ODIO A LA IGLESIA COMO UNIÓN ENTRE REPUBLICANOS Y COMUNISTAS

Traducción de los artículos publicados por Anne Bernet para ALETEIA (Parte 1, Parte 2 y Parte 3).
   
Una barricada levantada por la “Comuna”
   
Violentamente reprimidas en 1848, sofocadas el 4 de septiembre de 1870 en la proclamación de la III República, las aspiraciones sociales del proletariado, en la primavera de 1871, cuando después de cuatro meses de asedio, bombardeo, las privaciones y el sufrimiento en vano, París tuvo que capitular, solamente aspiraron al colapso. La proclamación de la Comuna en la capital, y la retirada del gobierno de Adolphe Thiers a Versalles, abrió un paréntesis político de apenas siete semanas, durante las cuales se mezcló con las legítimas aspiraciones del pueblo humillado la violencia orquestada por la extrema izquierda.
   
La Iglesia, considerada comprometida con la burguesía y el Segundo Imperio, es una víctima designada. Veinticuatro eclesiásticos, incluido el arzobispo de París, Georges Darboy, y algunos laicos, pagan con su vida, a menudo en condiciones atroces, el odio activo de una minoría contra el catolicismo.
    
El pueblo se alzó contra el clero
Las ejecuciones y masacres de la Semana Sangrienta, a finales de mayo, represalias oficiales por la violencia del gobierno de Thiers contra los presos federados, sin embargo no fueron nada improvisadas y fueron precedidas, durante toda la primavera, por una campaña de prensa y una opinión bien orquestada. Antes de matar sacerdotes, algunos habrán despertado hábilmente al pueblo contra un clero presentado como criminal y arrastrado a todas las profanaciones. Difamar a los hombres, destruir los edificios: todos los regímenes enemigos de Cristo conocen el proceso… Es eficaz.
    
Si la descristianización parisina, antigua porque data de principios del siglo XVIII y del escándalo provocado entre la gente por la persecución episcopal contra los jansenistas, era real, no estaba tan extendida como deseaban los líderes de la Comuna, afiliados a la masonería. Los incesantes esfuerzos caritativos de la Iglesia, la ayuda a los más desfavorecidos, la evangelización con el ejemplo de los barrios obreros han permitido gradualmente volver a tejer fuertes lazos entre un catolicismo social y los suburbios parisinos. La acción de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, del cual sor Rosalía Rendu, en el distrito de Mouffetard, es un buen ejemplo, como lo es el dispensario y el comedor del convento de Reuilly, el de la conferencia de San Vicente de Paúl, bajo la dirección de Federico de Ozanam y de sus amigos, del padre Henri Planchat, en Grenelle y Javel, luego en Charonne, revelan a los obreros y artesanos parisinos el verdadero rostro de la fe. Bajo su influencia se producen conversiones duraderas, retornos a la práctica religiosa y respeto por la moral cristiana. Todo esto, los que se proclaman “sin Dios” lo saben y se enfadan. Los proletarios deben ser separados de una vez por todas de la religión, que Marx llamó “el opio del pueblo”.
    
Las monjas deben dejar el hábito
Desde el 2 de abril de 1871, los federados denunciaron unilateralmente el Concordato, proclamaron la separación de la Iglesia y el Estado, abolieron el presupuesto para los Cultos, tomaron el control de la propiedad del clero, prohibieron la educación confesional, cerraron y confiscaron los santuarios parisinos, transformados según las necesidades, en clubes políticos, talleres o cárceles. Excepcionalmente, en ciertos barrios de clase media, el culto permanece autorizado, pero solo en ciertos momentos, de modo que se ve una sucesión de predicadores de Cuaresma y tribunos revolucionarios en el púlpito.
  
Los comuneros reunidos en la iglesia de San Eustacio de París
  
Se realizan pesquisas en las sacristías y conventos, copones, cálices y patenas se incautan si tienen algún valor de mercado. En las escuelas católicas, los religiosos y religiosas son reemplazados en poco tiempo por maestros improvisados ​​que a veces apenas saben leer y no pueden enseñar nada, para disgusto de los padres de los alumnos que, incluso en los suburbios, quieren que sus hijos se beneficien de una educación sólida y una buena formación moral. En Reuilly, el descontento de estas trabajadoras llega a presentar una denuncia contra las nuevas “maestras”, sospechosas de ser mujeres “de mala vida” a las que se niegan a confiar a sus hijas... Esto no evita que las tensiones se agraven. A principios de abril, los sacerdotes, si quieren seguir ejerciendo un ministerio cada vez más clandestino, deben quitarse la sotana y vestirse de civil. Las monjas, incluidas las Hermanas de la Caridad, reconocidas sin embargo como de utilidad pública y, como tales, relativamente protegidas, deben abandonar el hábito. El clero se resuelve, con la muerte en el alma, a continuar con sus actividades y protegerse de los insultos y la violencia.
   
Una máquina de matar
El 4 de abril, en respuesta a la ejecución sumaria de los federados atrapados en un combate en Châtillon, la Comuna realizó detenciones preventivas: oficiales, gendarmes, magistrados, pero también el arzobispo de París, Mons. Darboy, preso en la prisión de Mazas con su Vicario general, Mons. Auguste-Alexis Surat, y el promotor diocesano, el Padre Baye. Estas figuras emblemáticas son las primeras víctimas de lo que un dignatario de la comuna, Prosper-Olivier Lissagaray, califica, para denunciar su absurdo, como una “incursión de sotanas”. Al día siguiente, se promulgó una “ley de rehenes”: «Todos los acusados ​​de complicidad con el gobierno de Versalles serán rehenes del pueblo de París. Cualquier ejecución de un prisionero de guerra o de un partidario del gobierno regular de la Comuna de París será seguida inmediatamente por la ejecución de un triple número de rehenes detenidos que serán designados a suerte».
     
Más tarde se afirmó que se trataba de una medida “de intimidación”, sobre la que nadie tenía intención de actuar. Lo cierto es que este texto, en el trágico clima que se avecina, se convierte en una máquina de matar, y ese es el deseo de los más extremistas.
   
Los rehenes no valen nada
Después del arzobispo y sus ayudantes, las detenciones se multiplican. En pocos días apresaron al párroco de Santa María Magdalena, al anciano sacerdote Gaspard Duguerry, a los jesuitas de la calle Sèvres y el colegio Santa Genoveva, a doce sacerdotes de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María, conocidos como padres de Picpus, a los sacerdotes de San Eustacio y San Severino, al superior del seminario de San Sulpicio, el padre Henri-Joseph Icard, se unieron rápidamente siete de sus seminaristas, que habían tenido la ingenuidad de ir, en sotana, a reclamar al Ayuntamiento el salvoconducto para volver a las provincias... Pronto, trescientos eclesiásticos se agolparon en las cárceles parisinas, y algunas decenas de monjas, empezando por las maestras dominicas del colegio San Alberto de Arcueil y las Damas Blancas de Picpus.
   
Todos estos rehenes constituyen una moneda de cambio pero no representan absolutamente nada a los ojos del poder de Versalles, tan anticlerical como los Comuneros, la prueba es que no tardará mucho en retomar buena parte del programa anticristiano de la Comuna. Permitir que los federales asesinen a sus presos eclesiásticos matará dos pájaros de un tiro: deshacerse de algunos sacerdotes, y desacreditar definitivamente en la opinión pública las ideas generosas defendidas por la izquierda, permitiendo una represión despiadada. El secretario de Thiers, Jules Barthélemy-Saint-Hilaire, resumiendo la opinión de su jefe, respondió a los preocupados por la negativa de Versalles a intercambiar setenta y cuatro rehenes, incluido el arzobispo, contra el líder revolucionario Louis Auguste Blanqui: «¿Los rehenes? ¡Qué lástima para ellos!». Políticamente, su muerte será un buen negocio.
  
Acusaciones inverosímiles
A finales de abril, los federados empezaron a entenderlo, pero, aunque se escucharon algunas voces a favor de los rehenes, permitiendo por ejemplo la liberación del párroco de San Severino a petición de sus feligreses, sobre los Comuneros, cedieron en la sobreoferta y la provocación. Después de una gran manifestación de la masonería frente a la iglesia de Santa Genoveva, nuevamente retirada del culto y convertida nuevamente en el Panteón, cuya apoteosis era mutilar la cruz, se lanzó una vasta campaña de prensa contra el clero. El 26 de abril, Le cri du Peuple publica un artículo increíble, resultado de una supuesta “investigación”, que pretendían la gente tomara en serio. Según este diario, se habrían descubierto en las inmensas criptas de la iglesia de San Lorenzo los cuerpos horriblemente torturados de mujeres jóvenes encadenadas, “muertas de hambre” en estos “subterráneos”; estas desafortunadas mujeres habrían servido como esclavas sexuales del clero y, según los periodistas, no serían las únicas. Las excavaciones en las iglesias parisinas sacarían a la luz a decenas de otras víctimas de una práctica que duraría mucho tiempo: «El sacerdote trabajaba solo a sus anchas en la oscuridad. Aquí, el catolicismo está en acción… ¡Contempladlo!».
    
Ahora es el momento de la persecución abierta
Aumentan los ataques contra el celibato sacerdotal que (según la prensa anticatólica) serviría de tapadera para toda depravación hipócrita. La técnica no es nueva, ya se ha utilizado y se volverá a utilizar siempre que quieran socavar a la Iglesia. No sabemos si muchos creen en esta fábula y en estos crímenes de los que evidentemente no se aporta prueba alguna, razón por la cual, además, ante la ausencia de los improbables cadáveres de San Lorenzo, partieron en busca de restos humanos susceptibles de fundamentar los cargos. No es muy difícil. Hasta la década de 1780, era costumbre enterrar a los notables y benefactores bajo las losas de su iglesia parroquial y, incluso si, por razones higiénicas, Luis XVI prohibió esta práctica, a veces todavía se otorgan algunas exenciones con respecto a las personalidades.
   
El Ayuntamiento recuerda por cierto que una derogación de este tipo se concedió unos años antes, cuando falleció el párroco de Nuestra Señora de las Victorias, el padre Charles-Éléonore Dufriche-Desgenettes, fundador de la archicofradía de fama internacional. Por tanto, van a desenterrar al venerable sacerdote, arrastrar sus restos, prueba de los crímenes del clero, a la plaza pública, y finalmente tirarlo a la calle. Uno de los antiguos vicarios del fallecido, el padre François Amodru, quien el 17 de enero de 1871, en el púlpito, hizo un voto en la basílica, “inspirado del Cielo” para el fin de la guerra, que quedó memorable porque correspondía extrañamente a la aparición de Nuestra Señora en Pontmain, intenta intervenir y prevenir esta profanación, y la de las reliquias de Santa Aurelia. Lo arrestan y lo llevan a un tribunal popular. Cuando se le pregunta por su identidad, responde: «Sacerdote de Jesucristo», uno de los “jueces” improvisados ​​responde: «¡No! ¡Ese es el delito!». Esta “farsa” está tomada de Antoine Quentin Fouquier de Tinville, presidente del tribunal revolucionario durante el Terror. Tal como está, marca la pauta.
    
«Osaron tocar a Nuestra Señora»
Ahora es el momento de la persecución abierta. Cuando se enteró de la profanación de Nuestra Señora de las Victorias, Santa Catalina Labouré, la vidente de la rue du Bac, dijo muy emocionada: «Los desgraciados… ¡Osaron tocar Nuestra Señora de las Victorias! No llegarán más lejos». Como suele ser el caso, la antigua religiosa tiene razón, pero antes de que se cumpla su profecía, todavía se derramará mucha sangre.
        
La noche del 19 de julio de 1830, la Santísima Virgen se apareció por primera vez en la calle de Bac. La Santísima Virgen le revela a Santa Catalina Labouré, joven novicia de las Hijas de la Caridad, algunas visiones sobre el futuro, a veces muy cercanas desde la caída de Carlos X, que ella anuncia, ocurrirán diez días después, otras mucho más lejanas. Es porque “la cruz será volcada” que “los tiempos serán malos y la sangre correrá” una vez más en Francia. Al rechazar a Dios y su ley, la sociedad está condenada a una gran desgracia. La Iglesia, blanco habitual de los revolucionarios, pagará el precio. Nuestra Señora advierte: habrá muertes en el clero parisino, pero no en las congregaciones fundadas por el padre Vicente (San Vicente de Paúl), porque Ella las protegerá especialmente. Finalmente, muy conmovida, al borde de las lágrimas, agrega: «El señor Arzobispo morirá». Catalina, alterada, se atreve a preguntar: «¿Cuándo será?». María Santísima responde: «Dentro de cuarenta años».
   
Un obispo bastante galicano
Esta profecía es conocida por el obispo Darboy. Se cruza con otra, que, sin que él la reconozca, lo marcó fuertemente. Si bien duda fuertemente de la realidad de la aparición de La Salette, el 19 de septiembre de 1846, el 4 de diciembre de 1868 aceptó recibir a uno de los dos videntes, Maximino Giraud. Un poco empujado por el prelado, el adolescente acaba despejando sus dudas: «¡Tan cierto es que hemos visto a la Santísima Virgen como que Vd. acabará fusilado por la canalla!», Georges Darboy había fingido reírse de ello pero no lo olvidó. En realidad, eso no le molesta mucho. Hace mucho tiempo, cuando fue elevado al episcopado, cuando dejó su parroquia, les dijo a sus fieles su secreto deseo de ser juzgado digno de morir por la fe. Ser llamado al martirio es el fin de los predestinados. ¿Se lo merece? Algunos en Roma probablemente habrían dicho que no…
   
Georges Darboy, arzobispo de París
   
Nacido en 1813, Georges Darboy pertenece a la última generación de sacerdotes franceses formada por maestros todavía imbuidos del antiguo galicanismo de antes de la Revolución. Un galicanismo ciertamente suavizado, mitigado, teñido de ultramontanismo y respeto por el Soberano Pontífice, pero aún fuerte como para negarse a abandonar en favor del uso romano las costumbres francesas, los misales diocesanos y todos los particularismos nacionales. Esto irrita bastante a Roma y explica por qué, al convertirse en arzobispo de París en 1863, Mons. Darboy nunca recibió el capelo cardenalicio que acompaña sistemáticamente a la sede de la capital. Si está herido, no lo demuestra y se afirma en sus posiciones. La convocatoria del Concilio Vaticano I en 1870 no le varió un ápice y el obispo Darboy inmediatamente se puso del lado de los oponentes decididos a promulgar el dogma de la infalibilidad papal. Incluso logró ganarse para sus opiniones a una buena parte del episcopado francés. La declaración de guerra de Francia a Prusia en julio permitió a los obispos franceses salir de Roma a toda prisa, sin esperar la votación, lo que les permitió no ofender a Pío IX, a quien aman, con su negativa pública. Es cierto que, en cuanto se proclama el dogma, Mons. Darboy y los demás hacen un acto público de sumisión, pero, en el Vaticano, eso no se olvida… El arzobispo encuentra la capital mientras la guerra da un mal giro. El 19 de septiembre de 1870, aniversario de la aparición de La Salette, detalle que no se le escapará, los soldados prusianos asedian París. 
   
Anteriormente, el obispo Darboy era, en la medida que sus deberes lo requerían, un amigo íntimo del poder imperial y un asiduo de las tardes en las Tullerías. Recordamos la noche en que, habiendo pisado inadvertidamente el fondo de la crinolina de una invitada y desgarrándola, éste replicó a los irritados reproches de la dama, después de una mirada de desaprobación a su escote: «¡Ah, Madame, si solamente se la hubiese puesto un poco más arriba y un poco menos abajo!». Este no fue el comentario de un mundano, sino la actitud del arzobispo enfrentado al peligro. 
   
Solo toma su breviario
Cercano a su pueblo, el obispo Darboy no lo abandonó en sus desgracias y, durante todo el asedio, estuvo presente para aliviar el sufrimiento, ayudar, consolar lo mejor que pudo. Nadie le agradeció. A los ojos de muchos, seguía siendo un hombre del régimen caído. Tampoco lo hizo el 18 de marzo de 1871, cuando el gobierno de Thiers prefirió abandonar el París insurgente, optando por marcharse el mayor tiempo posible. Él se quedó. Por su cuenta y riesgo. Ser arzobispo de la capital no ha estado exento de peligros durante varios años: en 1848, Mons. Denis-Auguste Affre fue herido de muerte en una barricada, mientras intentaba intervenir entre los beligerantes y, el 3 de enero de 1857, Mons. Marie-Dominique-Auguste Sibour fue asesinado a puñaladas por el sacerdote expulsado Jean-Louis Verger en el atrio de San Esteban del Monte, en protesta contra el dogma de la Inmaculada Concepción, una ironía cuando se sabe que el prelado era uno de los pocos en condenar como inoportuna la iniciativa de Pío IX…
   
«Habrá muertes entre el clero. El señor Arzobispo morirá. En cuarenta años». Tocamos la fecha anunciada. «¡También es cierto que Vd. acabará fusilado por la canalla!». El obispo Darboy no intenta escapar de su destino. Su arresto el 4 de abril de 1871 no lo sorprendió. Autorizado para hacer algunos asuntos, se llevó, además de su breviario, solo la cruz pectoral del obispo Affre, la que lució el día de su muerte, y el anillo pastoral del obispo Sibour. Todo un símbolo. 

¿Se da cuenta de la pesadilla en la que se está hundiendo? Pertenece a un mundo que no es el de sus perseguidores. Les da la bienvenida llamándolos «mis hijos», ellos replican que no lo son. En el registro del penal de Mazas, citado para revelar su identidad, mencionó su título episcopal; uno inscribe: «Georges Darboy, que dice ser arzobispo de París», y, cuando el padre Duguerry, el sacerdote de Santa María Magdalena, encarcelado al mismo tiempo, al verlo estar enfermo, ruega que «se lleve rápidamente a Monseñor a una habitación», le respondieron, sin siquiera darle una silla a este anciano enfermo: «¡Aquí no hay señores, solo ciudadanos!».
   
En el odio de la fe
Si todavía puede dudarlo, Mons. Darboy, ahora, lo ve claramente: de hecho, es por odio a la fe que es arrestado, encarcelado y que corre el riesgo de morir. Es su carácter sacerdotal lo que lo expone a los golpes de los federados. Lo dice, durante los pocos recreos que se les conceden, a los miembros del clero encerrados con él, algunos de los cuales se preguntan si su posible ejecución sería considerada como un ajuste de cuentas político o como un testimonio sangriento: «No vamos a ser asesinados porque yo soy Mons. Darboy y vosotros don Fulano o Zutano de tal, sino porque soy arzobispo de París vosotros sois mis sacerdotes. Es por nuestro carácter religioso que vamos a ser inmolados. Nuestra muerte es, por tanto, un martirio».
     
Debería ser un consuelo, pero muchos de estos hombres todavía esperan que no llegue a esto. No pueden creer que la Comuna lleve a cabo sus amenazas matando a sus rehenes, permaneciendo convencidos de que Thiers negociará, o que las tropas de Versalles intervendrán a tiempo para salvarlos. En lo cual se equivocan. Al señor Thiers no le gustan los sacerdotes y, sobre todo, necesita, para aplastar definitivamente cualquier deseo de justicia social en el país y justificar la despiadada represión que está preparando contra París, que los federados se hagan odiosos a toda la Francia. Por eso, lo mejor es que masacren a sus prisioneros. La conmoción provocada en la opinión pública permitirá todos los abusos. Aún habrá que dar tiempo a los comuneros para que hagan esto.
   
«Los rehenes morirán con nosotros»
A primera hora del 21 de mayo, el Ejército de Versalles entró en París a través de la Puerta del Amanecer, que no estaba vigilada. No encuentran resistencia y avanzan sin dificultad por los distritos del oeste de París. Este éxito no es asunto del gobierno. ¿Se dieron órdenes para frenar el avance de las tropas de Versalles tanto como fuera posible y dar tiempo a los federados para organizarse, defenderse y cometer los crímenes que se esperaban? A veces se dirá. Lo cierto es que no tienen prisa y, por más precauciones, los primeros combatientes parisinos que se encuentran, en la plaza de la Concordia, son fusilados sin juicio, mientras se rendían. Así están seguros de provocar las esperadas represalias… No tardarán en llegar. El prefecto del París Comunero, Raoul Rigault, un extremista que, con algunos de sus compañeros, ha jurado esconderse bajo las ruinas de la capital, da instrucciones sencillas: «Los rehenes, los llevaremos con nosotros y morirán con nosotros». Esto tiene el mérito de la claridad.
   
Los presos, dispersos en todas las cárceles de la capital, se agrupan para ser trasladados a La Roquette, en el este de la capital, estos barrios periféricos que son el núcleo duro de la Comuna. Por descuido voluntario o falta de tiempo, las monjas detenidas en la prisión de la Conserjería no son evacuadas con los hombres. Las tropas de Versalles las liberarán sanas y salvas. Los carros celulares avanzan con dificultad, ante los aullidos de gente excitada que exige que se les entregue a los prisioneros. Dentro de los furgones, indiferentes a las amenazas, los eclesiásticos, reunidos, aprovechan para confesarse. Algunos, con la ayuda de las esposas de los carceleros, que son buenos cristianos, han logrado obtener hostias consagradas. Han pasado semanas desde que han podido celebrar la Misa y tomar la Comunión. Se reparten las sagradas especies, a fin de conservar con ellos, en caso de urgencia, una reserva eucarística.
     
Pacto con el diablo
Durante unos días, la vida se reanuda, con alternancias de esperanza y angustia mientras, desde las ventanas de sus celdas, ven arder París, incendiada por los comuneros. Todavía se les permite salir a dar un breve paseo por el patio, pueden intercambiar algunas palabras entre ellos, y con los federados encargados de su vigilancia, no siempre muy satisfechos con el trabajo que se ven obligados a hacer y que a veces toman la oportunidad de poner, también a ellos, sus asuntos en orden. Otros son menos complacientes. Uno de los jesuitas detenidos en la calle de Sèvres, el padre Pierre Olivaint, uno de los fundadores, durante su juventud como estudiante, de la Conferencia de San Vicente de Paúl, luego ingresó en la Compañía de Jesús y se convirtió en un predicador famoso, parece atraer especialmente el resentimiento de una joven vestida de hombre, Louise-Félicie Gimet, que se hace llamar Capitana Pigerre, por el nombre de su amante Élie Jean-Baptiste Pigerre. Una verdadera furia, a veces descrita por testigos como verdadera, que los testigos a veces describen como “poseída” (en lo que no se equivocan porque una vez, luego de su afiliación a la masonería, hizo un pacto con el diablo) acosó al padre Olivaint, lo insultó y lo golpeó sin motivo. Él responde a este maltrato solo con gentileza, incluso cuando ella lo amenaza con la muerte. «¿Está bien seguro de ir al Cielo?», le pregunta ella. Y, cuando responde afirmativamente, pregunta: «Cuando llegue allá, ¿volverá a buscarme?». El jesuita le dijo que sí, arrancando un grito exasperado de la comunera. Ella aún no sabe que él mantendrá su palabra y la liberará del poder del demonio.
    
Dignos de sufrir por Cristo
Entre los presos se encuentran el superior del seminario de San Sulpicio, Icard, y siete de sus seminaristas, todos jóvenes provinciales que, apoyándose en los anuncios de la Comuna, fueron, a principios de abril, a pedir al Ayuntamiento pasaportes para volver a casa. Están en sotana y son arrestados de inmediato. El obispo Darboy quiere estar seguro de que no atacarán a estos niños, que hasta ahora solo han recibido órdenes menores y pide su liberación. En vano. Las luchas y los incendios se acercan. Ya no hay duda de que la Comuna, ya aplastada militarmente, vive sus últimas horas. El sentido común, y algunos lo piden, sería liberar a los rehenes, pero los intransigentes se niegan a hacerlo y, como asustan a los moderados, ganan el caso.
   
Alrededor de las 20 horas del 24 de mayo decidieron, por ejemplo y para demostrar que no estaban bromeando, fusilar inmediatamente a seis rehenes entre los presos de La Roquette. Y no a cualquiera. Sacan de sus celdas a un alto magistrado, el presidente del tribunal Louis-Bernard Bonjean, único laico de esta trágica tanda, monseñor Darboy, el padre Duguerry, párroco de Santa María Magdalena (que sin duda paga por haber estado al frente de una parroquia demasiado mundana), dos de los jesuitas detenidos en el colegio Santa Genoveva, calle de Postes, los padres Alexis Clerc y Léon Ducoudray, arquetipos de estos “hombres negros” que odia la izquierda anticlerical. Cuando fueron detenidos, el padre Ducoudray exclamó en latín: «Et gaudéntes ibant» (Y gozosos iban) de haber sido hallados dignos de sufrir por Cristo, cita de los Hechos de los Apóstoles que recuerda la flagelación de los apóstoles Pedro y Juan. Es en estas disposiciones que marchará hacia la muerte.
   
El sexto, el padre Jean-Michel Allard, no es una personalidad. Con veintiséis años, ordenado sacerdote el verano anterior, este joven de Anjou, sin asignación, se alistó durante la guerra como capellán de ambulancia. Una vez finalizado el asedio, se negó a abandonar a sus heridos y continuó sus servicios a las víctimas de los combates y bombardeos de Versalles. ¿Por qué culparlo, si nunca ha hecho nada más que el bien, si no porque los “sin Dios” no soportan que vaya a hablar con los moribundos sobre un paraíso en el que ya no deberían creer?
   
El tiempo ha llegado
Cuando escuchan su nombre, nadie se hace ilusiones sobre el destino que les espera. El obispo Darboy lo repitió nuevamente el día anterior a quienes lo colgaron con una próxima liberación: «No… me fusilarán. La Santísima Virgen me hizo la advertencia hace mucho tiempo». El tiempo ha llegado. Si el Arzobispo y los demás sacerdotes se tardan un poco, no es por miedo a la muerte sino porque quieren recibir la Comunión por última vez y consumir las reservas eucarísticas que tienen en su poder. Los seis hombres son empujados a los pasillos. De hecho, realmente no saben qué hacer, o si realmente quieren hacerlo. Todavía dudan pero los exaltados no retroceden. Los rehenes son conducidos a la muralla de la prisión, alineados contra una pared y fusilados.
  
Fusilamiento de los rehenes de Roquette
    
¿La actitud muy digna del anciano prelado impresionó a los verdugos a los que dio una gran bendición? ¿Se negaron a fusilar al arzobispo o, por el contrario, se complacieron en prolongar el calvario? Si la primera ráfaga deja muertos a sus cinco compañeros, el arzobispo sigue de pie, ileso. Con voz descarada, una mujer exclama: «No, ¡pero ese de allá está blindado!» Fue nuevamente la capitana Pigerre quien, decidida a «pagarse del cura», logró colarse en las filas del improvisado pelotón de fusilamiento. En poco tiempo, se jactará de que ya tiene seis sacerdotes en su tablero de caza y promete agregar más. Sin inmutarse, el obispo Darboy vuelve a levantar la mano en un gesto de perdón. Entonces la capitana Pigerre se adelanta y apunta con una pistola a la sien del prelado. «¡Me valen tus bendiciones!». Ella se burla y dispara con frialdad. El arzobispo de París se derrumba. Los cuerpos, llevados apresuradamente, serán arrojados a la fosa común.
   
En unos días, las tropas de Versalles habrán retomado París. Thiers había tenido la oportunidad de salvar al arzobispo de París y otros 74 rehenes con él cambiándolos por Auguste Blanqui, pero tuvo cuidado de no hacerlo. Hará que al obispo Darboy le den un solemne funeral nacional. Por ahora, el anuncio del asesinato del arzobispo es pan comido. Ahora los comuneros no tienen más piedad de esperar; todos están condenados a muerte, los verdaderos culpables como los inocentes, los idealistas como los asesinos.
   
Los comuneros se matan entre sí
Esta certeza exacerba el enfado de los líderes extremistas y el de una pequeña base militante pero que hace reinar el terror en distritos enteros. En algunos lugares, los federados que, por humanidad, se niegan a obedecer órdenes de crueldad sin sentido, son asesinados a tiros en el acto por sus camaradas. Es el caso de la Barrière d’Enfer (Puerta del Infierno) donde un comunero, entendiendo la imposibilidad de las Hijas de la Caridad de evacuar en menos de una hora la guardería y el orfanato que allí regentan, que acogen a recién nacidos y niños discapacitados, no resuelve sacrificar a los 700 pequeños del establecimiento, renuncia a volarlo y, al mismo tiempo, socava las defensas de este arrabal, delito que le merece ser fusilado de inmediato por alta traición. Este tipo de ejemplos, que se multiplican en esta Semana Sangrienta de fines de mayo, da mucho qué pensar e incluso los que desaprobaban las violencias de sus camaradas no se atreven a decir nada… Así se explican las masacres del 25 de mayo en la avenida Italia y el 27 en la calle Haxo.
   
Durante el asedio, la escuela de San Alberto Magno de Arcueil, dirigida por religiosos dominicos, sirvió de ambulancia. Ha quedado así ahora que el París insurgente está bajo el fuego de las tropas de Versalles que bombardean la capital y causan muchos heridos. Deberían estar agradecidos a los religiosos por su ayuda. Este no es el caso. El barrio está bajo el control de un tal Jean-Baptiste Marie Sérizier, miembro fundador de la Internacional Socialista, anticlerical y brutal alcohólico que hasta sus asistentes temen. El hombre puso el XIII distrito bajo el acero. Quiere la piel de los dominicos de Arcueil y no lo esconde, repitiendo a quien quiera escuchar: «¡Todos estos sacerdotes no son buenos sino para ser quemados!».
    
Un subterfugio de siniestro recuerdo
Las delirantes acusaciones de la prensa comunal sobre los supuestos “crímenes” del clero permiten pesquisas y visitas domiciliarias en santuarios y presbiterios de todo París. A falta de cadáveres, de los que los extremistas entendieron que no encontrarían rastro, queda, y esta es por supuesto, la acusación de traición, y que, recurrente porque se ha utilizado desde la revolución de 1830, de la existencia de escondites de armas destinadas a los enemigos del pueblo en casas religiosas. También se dice que habría pasajes secretos y pasajes subterráneos que, excavados bajo la capital, permitirían salir de ella y comunicarse con los versalleses. Puro delirio, pero hay gente que se lo cree.
   
La existencia de tales pasajes justifica la excavación de San Alberto de Arcueil, estando el establecimiento relativamente próximo a las líneas gubernamentales. Por supuesto, Sérizier y sus secuaces no descubrieron armas ni pasadizos secretos, pero, con la ayuda de algunos falsos testigos, afirmaron que los dominicanos le dieron señales de humo a los versalleses desde su jardín. No hace falta más para justificar el encarcelamiento de todas las personas presentes en la casa. El 19 de mayo, cinco monjas, cinco mujeres empleadas como sirvientas y el hijo de una de ellas fueron detenidas y llevadas a la Conserjería. También llevamos a 22 hombres adultos, religiosos y laicos, y nueve estudiantes mayores, todos llevados a Bicêtre. Se extraen el 25 de mayo, luego que las últimas barricadas del barrio amenacen caer en poder de las tropas gubernamentales.
   
Mientras son arrastrados hacia la Plaza de Italia, sede del poder comunal del distrito, asegurándoles que serán liberados, uno de los dominicos, el padre Antoine Rousselin, presa de un mal presentimiento, logra desprenderse del convoy de prisioneros, y, con la complicidad de comerciantes y vecinos que le dan ropa para esconder su vestido y un gran sombrero para esconder su rostro, se pierde entre la multitud. Los demás, confiados, llegaron a la Plaza de Italia. Los llevan al ayuntamiento. Afuera, algunos gritos emocionados: «¡Mueran los bonetes!». Una apariencia de comisión que pretende sentarse les asegura que son libres. Solo es aconsejable, como precaución, sacarlos uno a uno. Un subterfugio similar, de triste memoria, ya se ha utilizado, el 2 y 3 de septiembre de 1792, durante las grandes masacres en las cárceles parisinas, para enviar a la muerte a personas que, convencidas de que no estaban arriesgando nada, no se rebelaron contra su destino… Es, de hecho, una reedición de estos hechos lo que se está presenciando a finales de mayo en París.
     
Disparados como conejos
Empujado hacia la salida, el prior, el padre Raphaël Captier, al llegar al umbral y al ver a los hombres afuera con sus armas, comprende lo que les espera. Después de haber firmado en gran parte él mismo, el religioso se dirigió a sus compañeros y les dijo sonriendo: «¡Por el Buen Dios, amigos míos!». Apenas está afuera cuando le disparan. Los padres Henri Cotrault, Pie-Marie Chatagnaret, Thomas Bourard y Constant Delhorme son a su vez arrojados a la calle y, en palabras de los testigos, «perseguidos y disparados como conejos». El personal laico de la escuela sufrió la misma suerte: Antoine Gauquelin, profesor de matemáticas, Hermand Voland, supervisor, Sébastien Dintroz, enfermero, Joseph Petit, quien, a los 22 años, sería el más joven de los mártires, subdirector, los sirvientes Aimé Gros y Joseph Cheminal son abatidos unos después de otros.
   
Martirio de los dominicos de San Alberto de Arcueil (reconstrucción histórica)
   
En unos días, el barrio liberado, los cuerpos de los religiosos serán devueltos a San Alberto para ser enterrados allí en la capilla. El padre Rousselin, por su parte, soportará el “estigma” de su fuga durante el resto de su vida, objeto de las despiadadas burlas de los estudiantes, incapaces de admitir que escapó del martirio… pero sus hermanos y superiores le estiman como “el mártir truncado”, muriendo en España a los 74 años, luego de ser regente de Arcueil y Sorèze, prior en Saint-Brieuc y en el colegio argentino de Córdoba Por sórdido que sea, el el fin de los dominicos de Arcueil y su personal no es nada comparado con el calvario que aguarda a otros rehenes retenidos en La Roquette.
     
Un nombre para que le corten el cuello
A media jornada, el 26 de mayo, se ordenó a los guardias penitenciarios entregar sesenta presos a los federados que se presentaron en los mostradores. El director de La Roquette habla y consigue reducir la lista fatal a cincuenta nombres. En el desorden del momento, nadie comprende cómo opera la elección, si no tal vez de acuerdo con el odio o los prejuicios personales. 39 rehenes son soldados, diez clérigos. Entre estos tres jesuitas de la casa de la calle de Sèvres se encuentran los padres Anatole de Bengy, Jean Caubert y Pierre Olivaint. Como los padres Clerc y Ducoudray, sus colegas de Santa Genoveva, fusilados dos días antes con el obispo Darboy, encarnan para la izquierda anticlerical y masónica un catolicismo combativo, contrarrevolucionario, con el que hay que acabar de una vez por todas. Durante su encarcelamiento, fueron catalogados como «siervos de un nombrado Dios, en estado de vagancia», lo que podría ser una broma de mal gusto si no se hubiera agregado esta acusación más grave: «cómplices de los versalleses». El nombre de la partícula del padre de Bengy despertó la ira de los federados: «¡Ése es un nombre para que le corten el cuello!». El jesuita responde: «No se mata a las personas por su nombre…». En ese sentido se equivoca. A medida que va disminuyendo su edad, 47 años, otro silba: «¡Bueno, viejo, has vivido lo suficiente así!».
    
Pierre Olivaint no tiene un apellido aristocrático, pero hay otros cargos en su contra. Cuando todavía era estudiante, fue, junto a Federico Ozanam, uno de los fundadores de la Conferencia de San Vicente de Paúl y este papel de evangelizador de los barrios obreros enfureció a los “sin Dios”, al igual que sus éxitos como predicador, uno de los más talentosos de la Compañía de Jesús. Merece la muerte. En cuanto al padre Caubert, ser hijo de San Ignacio es suficiente para condenarlo.
    
El hombre que destruir: el padre Henri Planchat
El padre Henri Planchat, primer sacerdote de la joven congregación de religiosos de San Vicente de Paúl, también cercana a Ozanam, se ha dedicado, desde su ordenación en 1850, a recristianizar a la clase obrera, primero en los suburbios De Grenelle y Javel, luego en medio de inmigrantes italianos, recordando a las personas a tiempo y destiempo que, a veces ni siquiera lo saben, “que existe un Dios”. Indigente, entregado todo a Dios, se ha convertido en una figura popular y querida. No se pueden contar las conversiones que obtuvo, las parejas ilegítimas que casó, los niños y adultos que bautizó. Este apostolado de “la canalla” trastornó al clero diocesano que multiplicó los ataques venenosos contra él, hasta el punto de que su superior, Léon Le Prévost, tuvo que sacarlo durante un tiempo de París para salvarlo de la calumnia. Nombrado director de un orfanato en Arrás, Henri Planchat regresa a la capital para tomar el patronato de Santa Ana de Charonne, que se ocupa de los jóvenes aprendices, en un espíritu similar a las obras salesianas de San Juan Bosco en Turín. Siempre preocupado por el destino de los trabajadores transalpinos, fundó una asociación que se convertiría en la Misión Italiana.
   
Si su inagotable devoción lo hace amar, también se ganó el odio de aquellos a cuyos ojos un verdadero sacerdote constituye el obstáculo más formidable para la descristianización orquestada de las masas proletarias. Planchat es un hombre para ser destruido. Ya ha sido tentado durante el asedio de París, al intentar intimidarlo para que deje de ayudar a los pobres, a los enfermos, a los heridos. Al final de su entrevista, el oficial encargado de asustarlo cayó de rodillas y confesó, luego volvió a pedir matrimonio religioso… ¡Esta es la prueba de que el personaje es peligroso! A principios de abril de 1871, su nombre estaba en la parte superior de la lista de detenciones de rehenes, pero no se encontró ningún voluntario que asumiera la tarea. Desesperada, la Comuna ofreció cinco francos a un padre desempleado si arrestaba al cureta. Indignado, el trabajador respondió: «¡Cinco francos para arrestar al hombre que, ayer, sin conocerme, vino a darme veinte para pagar mi alquiler! No, eso no es asunto mío».
   
Se niega a abandonar a los pobres  
Buscaron activistas en otra parte para hacer el trabajo. Advertido de su próximo encarcelamiento por amigos que tiene en el ayuntamiento, el padre Planchat se negó a abandonar a sus pobres y a sus hijos. Sólo alejó a su asistente, el joven padre de Broglie, porque él también tenía «un nombre para hacer que le corten el cuello».
    
El 6 de abril, a pesar de las protestas de las mujeres del distrito que reclaman la libertad de «aquel que alimentaba sus hijos», Henri Planchat es apresado en Mazas. Tiene redes activas que lucharán para que lo liberen. En vano… Ni los pasos de su madre, que recorre a los funcionarios de la Comuna, repitiendo: «¿Habéis encontrado a un curita con una sotana raída, con agujeros en los zapatos, muy pobre porque lo da todo? Si lo has conocido, ciudadano, ¡es mi hijo!». Ni las peticiones, que, sin embargo, liberarán a algunos sacerdotes, ni las solicitudes de un aprendiz de sastre, el pequeño Hurbec, que se priva de llevar todos los días a comer a su benefactor, desdeña los golpes, las amenazas, los insultos, replicando audazmente que es «normal que alimente por unos días al hombre que lo ha alimentado durante años», no permitirá la ampliación de este formidable «enemigo de la humanidad»… Durante el traslado de Mazas a La Roquette, el padre Planchat tuvo la alegría de estar en el mismo furgón que su amigo de la infancia, el padre Olivaint. Los dos religiosos se confesaron y se exhortaron mutuamente a morir. 
   
El coraje del seminarista Paul Seigneret
En una celda de La Roquette, Henri Planchat se hizo amigo del prisionero de la celda vecina, Paul Seigneret, uno de los seminaristas de San Sulpicio. De 25 años, nacido en Angers, el joven tuvo que abandonar la vida monástica y dejar Solesmes por problemas de salud. No sin dificultades, logró ingresar al seminario de San Sulpicio donde estudia desde hace cuatro años. No pudo regresar al establecimiento al comienzo del año escolar, debido al asedio de París. Luego se alistó como conductor de ambulancia en el Ejército del Loira. El armisticio de finales de enero de 1871 y el fin del asedio llevaron a creer en la reanudación de la vida normal. Paul y algunas decenas de sus compañeros, deseosos de reanudar sus estudios, regresaron al seminario. Fue unos días antes del levantamiento parisino.
      
Estos muchachos vieron, estupefactos, la intrusión de los federados en el seminario, el registro de la casa, siempre en busca de «pasajes subterráneos que comunicaran con los versalleses» y el saqueo del sótano del establecimiento. Al final de estas investigaciones, llevaron al padre Icard, el superior. Entonces, los profesores pensaron que era más seguro enviar a los seminaristas de regreso a sus familias. Para los provinciales, se necesitaban pasaportes. Paul Seigneret y otros seis fueron detenidos cuando iban a reclamar algunos en el Ayuntamiento, en sotana.
  
Fusilamiento en la calle Haxo (recreación histórica)
             
Le escribe a sus padres
Las protestas del obispo Darboy, que intentó obtener su liberación, fracasaron. Desde entonces, el seminarista Seigneret ha rezado y escrito mucho. Estas cartas, destinadas a sus padres en Angers y a algunos de sus compañeros de seminario, expresan su resignación a la voluntad de Dios, su aceptación del martirio que lo amenaza, su esperanza de que su posible sacrificio salve la vida de los demás seminaristas detenidos con él, y, muy humanamente, el miedo atroz que experimenta, no a la muerte, sino a los sufrimientos que podrían acompañarlo y que humildemente suplica al Cielo que le perdone, temiendo no tener fuerzas para soportarlos.
   
¿Fue para evitar esta angustia que pasaba los días y las noches de prisión en la ventana de su celda, rezando el rosario alternativamente con el padre Planchat? ¿Es esto también lo que llamó la atención de los carceleros y lo que llevó, el 26 de mayo, a agregar su nombre a la lista de rehenes designados para ejecución? Puede ser. Salvo que sólo sea necesario hacer números… Los últimos cinco eclesiásticos condenados a muerte son cuatro padres de los Sagrados Corazones de Jesús y María, más vulgarmente llamados padres de Picpus, los padres Ladislas Radigue, Polycarpe Tuffier, Marcellin Rouchouze y Frézal Tardieu, quienes, todos, ocuparon cargos importantes en la Orden, por lo que no han salido de la casa, y un sacerdote de Auvernia, natural de Saint-Flour, el padre Noël Sabatier, vicario de Nuestra Señora de Loreto.
   
Los 49 rehenes están reunidos
Desde la ejecución del obispo Darboy y los otros cinco rehenes el 24 de mayo, los eclesiásticos, conscientes de que el avance de las tropas de Versalles hacia el este de París marca su sentencia de muerte, se han mostrado extrañamente serenos. La proximidad del martirio no les asusta. Su única preocupación es morir bien y salvar, si es posible, algunas almas más. El padre Olivaint se dedicó, misión imposible, a la conversión de la “Capitana Pigerre”, esta niña disfrazada de hombre que parece albergar un odio especial al catolicismo y se jacta de haber “derribado al arzobispo”. Henri Planchat, menos ambicioso, se limita a exhortar a los federados a los que conoce un poco, y consigue confesar discretamente a uno de ellos.
   
Finalmente, se reúnen los rehenes. No son 50, como acordaron, sino 49, un detalle que parece escapar de la escolta, con ganas de acabar de una vez. ¿Qué quieren hacer realmente con estos hombres? Incluso dentro del Municipio, y las autoridades de este distrito de Belleville, no todos están de acuerdo. Hay quienes no ven la necesidad de volver a matar, ahora que han entendido que esto no hará retroceder a Thiers, y esperan, perdonando a los rehenes, la clemencia del vencedor, y quienes, por el contrario, en una escalada de odio, quiero matar todo, quemar, destruir antes de morir. Estas contradicciones explican las vacilaciones y contracciones que seguirán, lo que se sumará al sufrimiento de los rehenes.
   
El calvario de los condenados
En una puesta en escena digna de los grandes días del Terror, los prisioneros, rodeados por la Guardia Nacional a la cabeza de los cuales desfila la Capitana Pigerre a caballo, ascienden lentamente, de dos en dos, rezando en voz alta, la larga calle de los Pirineos que conduce a Belleville. Muchos transeúntes se horrorizan al reconocer al padre Planchat. Los residentes locales abren las puertas de sus edificios o de sus tiendas y susurran: «¡Pero salvaos, veamos!» Ningún preso se atreve a hacerlo: sed de martirio entre los sacerdotes que no quieren dejar pasar tan hermosa oportunidad de llegar a su paraíso, miedo atroz, en los demás, haciendo un gesto de huida, de dedicarse a una muerte más dolorosa que el tiroteo.

Una guardia nacional, exasperada por las reacciones compasivas de los transeúntes, gritó: «¡Son prisioneros de Versalles!". Esto es falso, pero hace que una parte de los curiosos se enfurezca y se abalancen sobre los desafortunados y los golpean. El padre de Bengy se cae y se rompe un brazo. Se plantea sin rodeos. Se ve obligado a reanudar sus Estaciones de la Cruz. Señalando al padre Tuffier, el mayor del grupo, que ya se arrastra y ralentiza a los demás, un vendedor de periódicos grita: «¡Qué me gustaría pagarme ese viejo!». La capitana Pigère, enfurecida, empuja al padre de Picpus con un culatazo; el seminarista Seigneret, que quería ayudar al anciano, fue golpeado a su vez. El camino se convierte en Gólgota. Hay quien golpeará, golpeará, morderá a los prisioneros con sangre, les arrancará los cabellos. Junto a ella, se encuentran quienes solicitan una última bendición de los mártires, como la obrera que extiende llorando a su bebé hacia el padre Olivaint.
   
La señal de la masacre
Se detienen en el ayuntamiento de Belleville, con el pretexto de dar tiempo a los condenados para que escriban su testamento. En realidad, a algunos oficiales federados les gustaría perdonar a los rehenes, o mantener una moneda de cambio y eso, los intransigentes no lo quieren. Los prisioneros son devueltos a la rue de Belleville. Entre la multitud, las mujeres exigen que las fusilen aquí mismo, pero los federados prefieren continuar hasta la ciudad de Vincennes, en el 83-85 de la calle Haxo, la actual Villa de los rehenes. Los empujan al patio. El anciano padre Tuffier tropieza y cae, a pesar de la ayuda de Seigneret, que se derrumba a su vez. Al verlos en el suelo, la multitud se apresura a entrar, golpeándolos con patadas y puñetazos. Son pisoteados. Antes de perder el conocimiento, el seminarista gimió: «Oh mis queridos padres…». luego, con un sobresalto final: «¡Perdono a mis torturadores! ¡No quiero que sufran ningún mal!» Estas serán sus últimas palabras. Lo mataron con una bala que le atravesó el corazón.
     
Rogó que perdonaran a los padres de familia
Aún vacilantes, los federados no decidieron dar la señal de la masacre. El padre Planchat se acerca a un responsable, implora que se salve a los laicos y, en primer lugar, a los padres de familia. Furiosa, la capitana Pigerre le descarga la pistola y le grita: «Me valen los padres de familia». El sacerdote resultó levemente herido pero el disparo sirvió de señal y los prisioneros fueron empujados de espaldas a la pared, empezando por los soldados. El juego deja de ser divertido rápidamente y, para colmo, un bromista sugiere «dispararles en vuelo, como palomas», exigiéndoles que salten por encima de un pequeño muro. El padre Olivaint mira al hombre: «Quiero morir por mi religión pero quiero que sea con dignidad». Como él, todos los eclesiásticos se niegan a cumplir. Así que los mataron al azar cada uno disparando como en feria como mejor podían. Henri Planchat recibe siete u ocho balas, que no lo matan. Cayendo de rodillas, se endereza, antes de que un último proyectil, probablemente disparado por la capitana Pigerre, que presumirá «de haber matado a trece sacerdotes», le rompa el cráneo.
    
La masacre continúa durante otra media hora. Luego, para asegurarse de haber completado la tarea, los cadáveres son ametrallados y apuñalados con bayonetas. Se encontrarán cuarenta y siete en el cuerpo del padre de Bengy. Al día siguiente, los arrojarán desnudos a un pozo ciego.