miércoles, 3 de agosto de 2016

LA ESTAFA MÍSTICA DE MARTA ROBIN

PRÓLOGO
Este artículo del Hermano Felipe de la Faz de Dios, de la Liga de Contra-reforma Católica (congregación que otrora fue pionera en el tradicionalismo, pero que tan prontamente volvió a la conciliar), fue publicado primero en LA CONTRE-RÉFORME CATHOLIQUE el 4 de Abril de 2015, y una semana después en LE CATHOLICAPEDIA BLOG.

Marta Robin puede calificarse como una mística “conciliar, carismática, ecuménica y partidaria de la salvación universal”. Ejerció influencia en la iglesia conciliar, especialmente sobre Pablo VI, vía Jean Guitton, autor del libro “Retrato de Marta Robin”. Incluso, sin equivocarnos, las ideas de Marta Robin sobre la instauración de la nueva Misa, le dieron a Montini la convicción de que sus propósitos eran aprobados “por el cielo”. Por eso es que Francisco la declaró venerable, y pronto será beatificada, engrosando las filas de Non-sanctos que respaldan al Conciliábulo y sus dañosos frutos.

El artículo revela los fraudes de Marta Robín (como la tan publicitada inedia), su carácter heterodoxo, el apoyo a los mejores sacerdotes franceses impidiéndoles así salir de la “barca conciliar”, sus criterios laxistas en el tema de la salvación… so capa de unas “gracias” extraordinarias impresionantes (“conversión”, rosarios, ayunos, vocaciones “sacerdotales”, confesiones, etc.), que muestran los alcances de satanás el maldito en estos nuestros tiempos, que son apocalípticos: apariciones (Medjugorje, El Escorial, Bayside, Peñablanca, Betania, Soracá...), místicos, y escritos -automáticos o no- de estos. 
 
Recomendamos este artículo a los asiduos de algunas célebres apariciones modernas cuyo argumento más socorrido por éstos son las gracias de “conversión”, rosarios, ayunos, vocaciones “sacerdotales”, confesiones, etc. Marta Robin hace recordar a otras falsas místicas en la historia de España:
  • Magdalena de la Cruz: la monja que confesó su pacto con el demonio en su juventud y que arrastró incontables peregrinaciones de toda España, hasta de la realeza. (San Ignacio de Loyola castigó severamente a un jesuita que fue a verla) 
  • Una monja agustina en el convento de Nuestra Señora de Gracia, en Ávila, que recibía a muchos peregrinos y que deslumbraba a los teólogos de Salamanca por sus conocimientos escriturísticos (sin maestro alguno), pero que fue desenmascarada por San Juan de La Cruz.
  • María de la Visitación, la “monja de Lisboa”, que llegó a convencer a Fray Luis de Granada para escribir un opúsculo hagiográfico sobre ella (hecho que amargó su vejez) y que engañó a los mejores teólogos de su tiempo incluido el Papa entonces reinante (sólo San Juan de la Cruz supo de su falsedad).

¡Cuánta falta nos hace la Santa Inquisición! ¡FORTALÉCENOS, SEÑOR JESÚS, EN TU VERDAD!

JORGE RONDÓN SANTOS
Agosto 3 de 2016
Invención de San Esteban
 
TODA LA VERDAD SOBRE MARTA ROBIN, MISTERIO DEL APOCALIPSIS
Felipe de la Faz de Dios, CRC.
  
Marta Robin, fundadora de los «Foyers de charité»
 
Un dossier de 17.000 páginas concerniente a la vida y obras de la célebre mística francesa nacida en 1902 y muerta en 1981 fue analizado por las autoridades romanas. Finalizado este estudio, los teólogos emitieron un decreto proclamando la "heroicidad" de sus virtudes. El "papa" Francisco firmó el decreto el 7 de noviembre de 2014. Un milagro ha sido aceptado, nada se opone más a su "beatificación".
 
Independientemente de éste o de cualquier otro milagro futuro, todos palidecen ante el milagro permanente que fue su vida.
  
LA SANTA MÁS GRANDE DE TODOS LOS TIEMPOS…
Marta Robin supera, y con creces, a los más extraordinarios de nuestros místicos católicos.
  1. Ella no podía comer ni beber (inedia) ¡durante más de cincuenta años! Su sólo alimento fue la Eucaristía, que ella recibía una sola vez a la semana (dos, excepcionalmente), y de una manera milagrosa, porque físicamente no podía deglutir.
  2. Estigmada después de 1930, ella revivirá cada semana la Pasión de Cristo. Sucedáneo a ésto, presenta un período de éxtasis, que no puede confundirse con el sueño, porque Cristo en persona le impuso la penitencia de no dormir jamás.
  3. Esta mística es también una enferma crónica. Luego de contraer una encefalitis letárgica en 1918, ella quedó con parálisis en las piernas (1928) y en los brazos (1929). 
  4. En 1940, ya tetrapléjica, incapaz de comer, y también privada del sueño (agripnia), ella pide hacer el sacrificio de sus ojos en expiación de los pecados del mundo. El Padre Finet, su director, acepta. Marta deviene en ciega. Con todo, sus ojos quedaron muy sensibles ante la luz, por lo que ella vivirá después en la oscuridad, sin jamás asistir al Santo Sacrificio de la Misa. 
  5. Marta Robin tuvo apariciones de la Santísima Virgen durante sesenta años. La tierna intimidad de sus relaciones con Nuestra Señora está más allá de todo parangón con los más célebres videntes: Santa Catalina Labouré, Santa Bernardita o los niños de Fátima. La Virgen Santísima la cuidaba a menudo y la llamaba «mi tesoro», Ella le ayudó a terminar sus bordados; Ella encendía una vela en los días tormentosos para que no se asustara, etc.
  6. Los combates del Cura de Ars con el “patas” no son nada en comparación a los tormentos que el Diablo le hace padecer a Marta durante toda su vida, cada semana... Y cuando el demonio la arroja al suelo, la Santísima Virgen la levanta y la conduce a su cama, etc.
  7. Todo ello dispuso que esta pobre chica ciega y tetrapléjica para una vida de soledad absoluta en la sola consolación de la unión con Dios. Ese no fue su caso, porque mediante el oído y sus palabras, ella pudo nuevamente romper récords. Más de cien mil personas entraron en su oscura habitación y recibieron consejos de parte de ella. Marta Robin está en el origen de numerosas conversiones, y sobre todo participó en la vida de la Iglesia en una época crucial de su historia… 
 
¡PRECURSORA DEL CONCILIO MÁS GRANDE DE TODOS LOS TIEMPOS!
En efecto, todas las extraordinarias gracias místicas de la que se nos impone como la santa más grande de todos los tiempos no son más que medios tendientes a un fin. Ellas son garantes de una misión que se resume en tres puntos que son uno y el mismo: la preparación y la promoción del «concilio más grande de todos los tiempos»: EL VATICANO II.
 
Su fundación de los «Foyers de charité» (Hogares de Caridad) reposa en la promoción de un laicado consagrado y enviado en misión para una nueva evangelización...
 
«El Pentecostés de amor» que debía resultar del Vaticano II, fue profetizado por Marta mucho tiempo antes de los papas Juan XXIII y Pablo VI. Ella fue una profetisa poderosa en palabras y en obras. El fruto del Concilio, es ella misma; porque fue la inspiradora de la mayor parte de las comunidades carismáticas, más conocidas ahora bajo el término de “nuevas comunidades”...
  
Su devoción a la Santísima Virgen está a la vanguardia respecto de la del Vaticano II. Con Marta, la Santísima Virgen descendió de ese Empíreo donde la habían encumbrado la teología del Concilio de Trento y la piedad popular después de las grandes apariciones marianas del siglo XIX. Ya se acabó la “Divina María”; con Marta, la Virgen María deviene nuevamente a ser más cercana y más humana que celestial y lejana, más Madre que Reina, Ella es «Mamita María»...
 
El odio del demonio hacia ella refuerza el carácter sobrenatural y auténtico de su misión. Por eso, cuando ella murió en la noche del 5 de febrero de 1981, «asesinada por el demonio» y cuando la encontraron a los pies de su cama con sus zapatillas desgastadas, nadie se soprendió. Marta murió librando un úlltimo combate contra “el Adversario”, como la hija de la Iglesia que siempre ha sido.
  
Ni los obispos de Valence ni los curas de Châteauneuf-de-Galaure dudaron de sus visiones o de su vocación providencial en la Iglesia. Sus funerales ya están perfilando la gloria de los altares: cuatro obispos, más de doscientos presbíteros, seis mil personas y asistentes. 
  
LA BIOGRAFÍA DEL POSTULADOR.
He aquí lo esencial de lo que se sabía sobre Marta Robin antes de la publicación de la biografía realizada por el postulador de su causa, el P. Bernard Peyrous, sacerdote de de “El Emmanuel”, y la vicepostuladora, Marie Thérèse Gille, miembro de los “Foyers de charité”. Esta biografía de 400 páginas: Vie de Marthe Robin (Vida de Marta Robin), publicada en 2006, es una obra de referencia. Uno bien puede señalar sus lagunas, sus omisiones calculadas, puede sorprenderse ante el retrato de una Marta Robin «lejana a los excesos atribuidos a los místicos», «encantadoramente simple», que nos quiso imponer, pero no puede recusar los hechos nuevos que ella revela bajo pretexto de que sus autores no citan sus fuentes. Si el postulador no los menciona, es porque en 2006 el expediente estaba aún en estudio, bajo el secreto pontificio.
  
1902-1921: UNA PAISANA CASI ORDINARIA
  
Marta nació el 13 de marzo de 1902 en Châteauneuf-de-Galaure en la Drôme, una gran ciudad muy trabajada por el anticlericalismo, y hasta por la francmasonería. Los Robin eran unos paisanos de buena condición, creyentes, pero no muy de iglesia.
 
Marta fue la sexta y la última hija de la familia, que ya tenía cuatro niñas y un varón. En 1908, su hermana mayor se casó; Marta se afectó mucho por esto, y quedó celosa de su cuñado durante mucho tiempo. De un temperamento alegre, muy pícaro, ella pasó mucho tiempo enferma, tanto que su escolaridad se resintió por ello.
  
Con la diferencia de su hermano Henri, Marta fue a las clases de Catecismo; pero «Marta estaba muy avergonzada cuando debía recitar sus lecciones de memoria, como se hacía entonces». (Peyrous p. 29; edición de bolsillo) Confirmada en 1911, ella hizo su primera comunión el 15 de agosto de 1912.
  
Marta Robin no se distinguía por su piedad… El postulador está muy presionado para presentarnos un hecho edificante, sobrenatural, objetivamente constatado por las gentes del lugar o por su cura párroco. En la villa, las hijas Robin tenían la reputación de ser muy frívolas, complacientes, les gustaba mucho bailar al atardecer con los chicos invitados para la ocasión; la abuela Robin les habla sobre su estado de ánimo. Marta amaba bailar y reír a carcajadas, sobre todo cuando contaba historias…
  
Los primeros dieciséis años de su vida son mundanos, mediocres, honestos de todos modos, como podría ser la vida de una campesina de la época, en una familia con poca fe o piedad. Si en algo se destaca Marta es en su frágil salud, y puede decirse en una palabra, “está muy delgada”: tiene una propensión a la anorexia, porque ella come muy poco. También es muy sensible, el más mínimo cambio en su universo emocional le llena de ansiedad. Lo vimos en la boda de su hermana mayor, y se producirá la misma situación, pero en grande, luego de la partida de su hermano Henri para la guerra, en mayo de 1918.
  
1918-1921: LOS GRANDES SUFRIMIENTOS DE UNA ENFERMEDAD EXTRAÑA
Este fue un shock emocional para Marta. Ella responde a la situación con la anorexia. Ella come muy, muy poco, pero esta vez, los límites son traspasados. El 1 de diciembre de 1918, ella se cae y nunca más podrá levantarse. Es verdaderamente el mayor sufrimiento: Ella no soporta más la luz, y padece una fuerte cefalea que la hace gritar de dolor día y noche. Ella le dice a su sobrina: «Si tú me zambulleras en lejía hirviente, yo no sufriría más». (p. 33) Los médicos piensan que están ante un tumor cerebral, después creen que tiene una encefalitis letárgica; el Dr. Modrin de Hauterives, diagnostica inmediatamente histeria, y se lo hace saber…
  
La vida en el campo es dura. Marta era una boca que alimentar que no «gana ni el agua que bebe», como dicen su padre y su hermano. Ella ve bien que su padre tiene más consideración por su perro que por ella, y sufrió fuertemente por esto. Sin embargo, su madre y sus hermanas ayudan mucho, y algunos amigos también. Durante este tiempo de gran sufrimiento intercalados con remisiones, sigue estando muy sola, sin apoyo espiritual. Esta es una pobre muchacha que sufre como un animal, sin tener ni idea del valor redentor que podría tener su sufrimiento. Por el momento, no podemos decir que se trata de una santa, pero sin duda sufre un gran mal, muy castigada…
  
1921-1936: LA MÍSTICA DE MÍSTICAS

El 25 de marzo de 1921, según ciertos autores, en mayo de 1921 o el 25 de marzo de 1922, según Peyrous, Marta Robin es súbitamente sumergida en otro universo por la irrupción en su vida de una persona, de un espíritu, de alguien. «Alice, su hermana, que duerme en su recámara, es despertada por un gran ruido y ve una gran luz. “Sí, la luz es bella, le responde Marta, mas yo he visto también a la Santísima Virgen”».
  
Cuando se recibe una aparición del Cielo, aunque no hayan palabras expresadas, ella infunde gracias, luces espirituales, un entusiasmo en el corazón que determina al alma tomar una acción resuelta, un cambio de camino, una conversión radical. ¿Qué puede observarse en la vida de Marta? Aparentemente nada de eso. Una cosa cambia; todos los autores lo mencionan, pero su ahijada, Bernadette Galichet, tiene el mérito de no mentir sobre la cronología. Es a partir de 1921 que «Marta lee mucho» de autores espirituales, de vidas de santos, sobre todo de místicos. «En 1921, ella quedó impactada por una revelación recibida de Jesús por una visitandina italiana, sor Benigna Consolata Ferrero, fallecida en 1916:
«“Estoy preparando la obra de mi Misericordia; quiero un nuevo resurgimiento en la sociedad, quiero que éste sea realizado por el amor… No puede ponerse límites a esta fe en mi amor… Es a través del sacrificio que tú puedes darme almas. El mundo corre hacia un precipicio. Yo lo detendré en su curso vertiginoso por este pequeño batallón de almas generosas que luchan bajo mi liderazgo”». (Vénérable Marthe Robin, des témoins réagissent et parlent, p. 48)
 
Estas palabras, de hecho, tendrán una gran repercusión en la vida de Marta Robin. Ella, pobre pequeña hija del campo, que no tuvo certificado de estudios, que no se aprendió bien su catecismo, ella que, a los ojos humanos, no tenía ningún futuro, se verá impulsada de una aparición del otro mundo, puesta a devorar, en forma autodidacta, los hechos, los gestos, los dicho de los más extraordinarios místicos de la Iglesia Católica. Peyrous nos da la lista impresionante de las obras que ella pudo consultar en la biblioteca parroquial, sin contar los que pudo obtener por otros.

Son estas lecturas, que durante los diez años por venir, transformarán poco a poco a «Marta la pobre campesina enferma» en «Marta la mística de místicas». Milagro de la gracia, dirán unos; ¡no! objetarán los otros, es por una reacción histérica que ella las asimilará, los incorporará a su propia personalidad… Hay que reconocer el hecho, y tener en cuenta que dicha transformación se produce al comienzo sin director espiritual, laboriosamente, como cuando dijo ver a la Virgen María en 1921, como también le confió al Dr. Assailly que los años 1923-1925 fueron dificiles: «He luchado con Dios». (Marthe Robin, témoignage d’un psychiatre, p. 70)… Dirá también a dos muchachas: «Todo el mundo puede y debe cumplir su vocación, pero yo no… He luchado con Dios… yo no le deseo a alguno de vosotros que tengan que luchar con Dios». (Peyrous p. 55)
  
1921-1930: VIDA OCULTA.
  
En 1921 Marta sueña con entrar en el Carmelo. Su padre se opone y abandona desde entonces toda práctica religiosa. Marta no insiste más y renuncia. Durante el verano, recupera el uso de sus piernas y hace una peregrinación a Nuestra Señora de Châtenay el 15 de agosto y a Nuestra Señora de Bonnecombe, el 8 de septiembre.
  
LOS “ BUENOS SAMARITANOS” DE MARTHA ROBIN
La Providencia, sin embargo, no la abandona. En 1923 Marta conoce a dos, o mejor, tres santas personas. «La primera es madame Du Baÿ, baronesa de Alboussière, en la Ardèche, que es una mujer de fe; con una bella biblioteca religiosa. Madame Du Baÿ fue ciertamente tocada por esta chica enferma, un poco perdida, que sabe cómo “integrar” su enfermedad en su vida de fe. Ella le habló sobre la Pasión de Jesús. Eso le dará a Marta una clave para comprender y sin duda influirá sobre ella. La segunda amiga fue madame Delatour de Saint-Claude, en la Jura, con quien sostuvo una muy privada correspondencia entre 1923 y 1928». (Peyrous, p. 44-45)
 
Si Marta encontró en madame Delatour una consolación humana a su soledad, un oído atento a sus grandes penas y a su llanto, madame Du Baÿ será para ella una compasiva, pero avisada primera “directora espiritual”… Ella no la guía estrictamente hablando, pero será la orientadora, la contención de su afecto sobrenatural. Las dos la ayudarán materialmente.
  
No hay que olvidar que el instrumento providencial fue el padre Faure, párroco de Châteauneuf-de-Galaure desde 1923. Los biógrafos de Marta concuerdan en juzgarle como un “hombre santo”, pero sin mucho juicio espiritual; él mismo tendrá la humildad de reconocer su incapacidad y su poca aptitud para todo lo que salga del “camino común”. Sin embargo, desde 1923 hasta 1930, ejercerá cierta paternidad sobre Marta, a pesar de ello. Si alguien se atrevía a decirle unas cuantas verdades –porque ella se lo permitía–, ese era el padre Faure. Entonces veremos en qué circunstancias se producirá el cambio de roles que lo convertirá en el secretario de las visiones y elevaciones de Martha…
 
¿Las suyas o las de los místicos que plagió? Todos se formulan la pregunta. Este es un punto espinoso del expediente.
 
ENFERMA Y MÍSTICA, ¿VERDADERA O FALSA?
El Padre Peyrous tiene en la mano la carpeta romana que trata del dramático estado psicológico de Marta Robin, y que explica su pasión por la lectura y la mística:
«Marta, dice, sufre un dolor terrible y una enfermedad terriblemente desestructurante. Su personalidad estaba a veces en gran tensión. Probablemente podemos decir que estaba entonces como perdida, rota por dentro. Ella podría haber caído en la locura o en la muerte. Ella tuvo que luchar para no hundirse, para controlar su persona, e incluso para recomponer su yo». (p. 98)

¿Dios era el medicamento útil, indispensable para la recomposición del «yo» de Marta Robin? Peyrous prevé el peligro de esta explicación. Buenamente nos afirma que la pobre falta de vocabulario para dar cuenta de las obras efectivas de Dios en ella. Es por esta razón que Marta pide prestado, sin falsificar ni mentir, precisa trabajosamente Peyrous, las experiencias de los santos. Ella es por ello una auténtica mística. Quod erat demonstrándum. (Como se quería demostrar).
  
El postulador se torna más serio, y nos pone en vías de una comprensión más profunda de la personalidad de Marta, apelando al doctor Cuvelier, neurosiquiatra especialista en literatura mística:
«Marta Robin pasa de la memorización a la memoración (evocación de recuerdos recientes), es decir que por medio de su enfermedad, ella incorpora en su personalidad los recuerdos aceptados como realidad actual. Un tal proceso debería llevar a la confusión mental en este caso, en que el “yo” sale fortalecido. He aquí, en nuestra opinión, que cómo se manifiesta la intervención de la gracia». (Peyrous, p. 102)
  
La opinión médica es muy pertinente. De hecho, hay una intervención de un espíritu superior que la dirige y la guarda de perder la cabeza en el dédalo de las experiencias místicas que ella integra e incorpora a medida que realiza las lecturas, sin estar preparada por una vida cristiana de piedad y de virtud, ni en tener prueba entonces, o en algún momento.

¿UNA NUEVA SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS?
Marta Robin señala el año 1925 como el fin de un tiempo de prueba para ella… ¿Es aquí cuando ella no lucha más con Dios? ¿Ella cedió? El 15 de agosto de 1925, ella fue en pererinaje a Lourdes; para sorpresa de todos, deja finalmente su lugar a una joven de la región… Todos los autores admiran la renuncia, pero Peyrous nos revela el descontento del padre Faure, y la desobediencia subyacente en el origen de este aparente acto de caridad. Tres años más tarde, otra oportunidad se presenta; ella rechaza; ella siempre se negará a ir a Lourdes. Esto es un tanto extraño, máxime cuando ella pretenda  comprender mejor la Inmaculada ­Concepción que cualquiera… Este rechazo, sea cual sea la interpretación que se dé, guiará a Marta sobre un “camino nuevo”; ella se dejará conducir y comienza un “carrera de gigante”…
  
El 15 de octubre de 1925, está en la creencia de que pronto va a morir, Marta escribe un acto de abandono y de Ofrenda al Amor y a la voluntad de Dios. Antes de la biografía del postulador, todos se extasiaban ante tanto fervor. Peyrous nos revela que esto es literalmente copiado de un escritor espiritual. Ella lo romperá para escribir un segundo, más místico, plagiado de Santa Teresa del Niño Jesús… Ésta fue canonizada en 1925, por lo que entonces se hablaba mucho en la Iglesia de ella. Marta lee la “Historia de un alma” y se impregna de ella, cree que pronto se convertirá en otra Santa Teresa.
   
El 3 de octubre de 1926, fiesta de la santa, Marta cayó en coma por tres semanas. Es durante ese estado patológico que santa Teresa del Niño Jesús se le aparece por tres veces para asegurarle que ella no morirá, porque ella, Marta, debe prolongar su misión, y hacer así amar el Amor en el mundo entero. Pero no es fácil, porque el “mundo” es furiosamente anticlerical, y Marta lo tendrá que experimentar.
  
Un día en que el padre Faure le llevó la communion a Marta, su hermano Henri explotó: «Si el cura ese vuelve aquí, le dispararé…» Peyrous nos revela que este hombre no es solamente el tímido que se presentaba ordinariamente, sino que era peligroso. Alcohólico y anticlerical también, a menudo golpeaba a su hermana. En 1951, se pegó un tiro en la cabeza con su escopeta; su cuerpo fue encontrado en el primer escalón, y Marta no supo nada al respecto. Estas extrañas circunstancias fueron y son actualmente uno de los puntos negros del dóssier “Marta Robin”. El doctor Assailly testifica que «Marta no se inquietó por su eternidad, porque él prácticamente jamás comulgó en su vida». Henry a nadie le importa, ni tampoco Marta … El hecho es que, por ahora, Marta cede a la presión de su hermano y le pidió al sacerdote que no vuelva. Seguirá durante mucho tiempo sin comulgar, semanas, meses, no está claro…
  
En 1927, tras un año de gracias místicas, vuelven de nuevo las apariciones de la Virgen María y de Santa Teresa, Marta Robin casi no come. Ella también ve al demonio [Teresita le hizo huir], a veces con los ojos del cuerpo; él está desnudo. A menudo Marta haría la confidencia: “¡Si supieras lo hermoso que es!” Pero el diablo, insensible al cumplido, la golpea y la lanza fuera de la cama…
  
Es en esta época de “gran fervor místico” que ella le escribe a madame Delatour: 
«La vida no es más que una negra pesadilla para quien sufre (…) Qué puedo decirte de mí y sobre mí, la vida siempre es así, gris y monótona, que trae más tristeza que alegría; pero creo que nada me afecta ahora, veo que estoy destinada a beber a grandes tragos todos los cálices amargos». (Peyrous, p. 51)
  
«Este es más, hace remarcar justamente Peyrous, un lenguaje de una resignación extremadamente dolorosa que una ofrenda decidida». Volvamos a esta manifiesta indiferencia, pero antes de hundirnos más en las profundidades del misterio de Marta Robin, respiremos un poco el aire fresco del aroma de Cristo en su pequeña Teresa: «El dolor se convirtió en mí una vocación con encantos que me habían deleitado… me sentí con el deseo de amar a Dios, al no encontrar gozo en Él». Así, ¿quién es la santa más grande de los tiempos modernos, Teresa o Marta?
 
En 1928, Marta queda definitivamente paralizada de las piernas, y el año siguiente, de los brazos. Ella acepta este estado serenamente. Semejante indiferencia al sufrimiento puede ser el indicio de una eminente santidad, como también una clara reacción histérica, muy conocida por los siquiatras: «Marta vio en los accesos sucesivos de parálisis una especie de tranquila felicidad: “Todo ocurrió por así decirlo, con una sonrisa”. Esto no es resignación, sino el reconocimiento de un evento que está en la naturaleza de las cosas que deben suceden, que es próximo de la indiferencia de los histéricos para los cuales la limitación de sus posibilidades corporales es vivida con desapego». (cf. doctor Gonzague Mottet: Marthe Robin, la stigmatisée de la Drôme, p. 44)
  
MARTA Y SAN FRANCISCO DE ASÍS
El 3 de diciembre de 1928, dos capuchinos, el Padre Marie-Bernard y el Padre Jean predicaron un retiro; y fueron a visitar a Marta Robin. Ellos regresan entusiastas y le dicen al padre Faure que tiene una santa en su parroquia. Peyrous nos cuenta que el padre Faure les respondió con toda naturalidad: «No sé de quién me habláis»
 
Marta está subyugada por el padre Marie-Bernard. Peyrous nos dice que esto alterará la vida religiosa de Marta. Él le ofrece entrar en la Tercera Orden de San Francisco. Ella acepta.
    
Se puede adivinar lo que sucederá en proporción a dos choques que ha recibido, con las dos personas que la impresionaron: Padre Marie-Bernard y San Francisco de Asís. Dos días después, Jesús se le aparece y le pregunta si quiere sufrir por la conversión de los pecadores. Él también quiere que el padre Faure se convierta en su director espiritual, y tenga con él una gran unión de almas. Todo esto es sólo el eco fiel de la sabia dirección del Padre Marie-Bernard. Cada respuesta positiva de Marta, se hunde como una espada en su corazón… El Padre Faure quien no se hizo ilusiones sobre su feligresa y se siente halagado por la invitación. Y aunque al principio se mostró reacio y serio, se convertirá poco a poco en el secretario de las revelaciones de Martha, pierde su buen sentido, pero no su humildad, aunque confesando que está «superado por los acontecimientos».
   
¡ESTIGMATIZADA POR CRISTO EN PERSONA!
A comienzos de octubre de 1930 (la fiesta de San Francisco se celebra el 4 de octubre), Jesús le preguntó: «¿Quieres ser como Yo?» Ella dijo que sí, y fue Cristo en persona quien la estigmatizó. Ella relató cómo. Jesús estaba delante de ella en su Humanidad doliente, y le pidió que le ofreciera sus pies. Ella dobla sus piernas paralizadas que se encuentran enroscadas bajo su persona y las coloca en la misma posició que la del Crucificado. Entonces del Corazón de Jesús salen saetas que los traspasa; igual que a las manos. Marta está con los brazos en cruz, y las piernas extendidas: «Jesús me invita a presentarle mi corazón, o mejor, mi seno (sic)...» y la traspasó de nuevo.
   
La señora Robin, quien no se sorprende por la relación cercana de su hija con la Santísima Virgen, esta vez se alarma (o parece estarlo), a causa de la efusión de sangre. Nadie quiere que se sepa la noticia, Marta es la primera, pero la noticia se riega como pólvora.
   
Desde entonces, ella revivirá la Pasión de Cristo cada semana. Jesús le dijo: «Tú eres la que Yo escogí para vivir más plenamente la Pasión después de mi Madre [sic]. De otro lado, después de ti, nadie más la vivirá totalmente, y para que puedas sufrir [sic] día y noche, ¡tú no dormirás jamás!» (L’Alouette -La Alondra, marzo de 1986, p. 30)
  
Ella no se alimenta más que de la Hostia consagrada que recibe solamente una vez por semana. Peyrous tranquiliza a sus lectores y se atreve a mencionar un tema tabú: ¡¿Por más de cincuenta años, Marta no asiste al Santo Sacrificio de la Misa?! «Ella es intransportable. En esa época, nos explica, solamente los padres Camilos tienen el derecho de decir misa en la recámara de los enfermos. Y de esos no hay en la región». ¡¿Y nadie, ni antes, ni durante, ni después del concilio Vaticano II, se animó a pedir la dispensa? ¿Dispensa que obviamente se hubiera concedido si la hubiesen solicitado?!…
  
Consiguientemente, los estigmas tomarán el lugar de la virtud, Marta es otro Cristo; ¿la Misa? Es ella quien la revive, le parece muy poco para oponerse a la ley de la Iglesia. Desde San Francisco de Asís, los estigmas han fascinado a los fieles cristianos ávidos de ver para creer. Mas en estos dominios, y sobre todo en este, los engaños diabólicos son abundantes.
   
Es de saber que  que solamente los estigmas formados por «excrecencias cutáneas» o las llagas profundas que traspasan los miembros de lado a lado, como las de San Francisco de Asís, dejan a los médicos sin palabras. Nada que ver con «los estigmas superficiales o sangrados sobre piel sana».
    
Los autores, afirma el doctor Mottet, todos están de acuerdo en reconocer la existencia de una sugestibilidad anormal...» Es la misma que aparece en los histéricos. Los estigmas de Marta son de esta última clase, y este es el por qué no impresionan del todo al amigo de Marta, el psiquiatra Paul-Louis ­Couchoud. Cuando besó la frente de Marta antes de despedirse, él observó que una gota de sangre brotó poco después. Eso no le impidió dormir, su amiga estaba gravemente enferma, eso es todo. Ignorante de las cosas religiosas, él no sospechaba que esas enfermedades mentales eran también terreno propicio para el demonio.
   
Lo veremos trabajando en sus pequeños trabajos sucios, los que son muy conocidos de todos, mas veamos qué tan lejos podrá conducir a la pobre Marta, y a su paso, nuestra desdichada Iglesia, en su cabeza y en sus miembros. Esto no es otra cosa que la desorientación del dogma de la fe y de la pastoral de la Iglesia Católica que él busca en este respecto...
  
1930-1936: VIDA PÚBLICA
        
La noticia de su estigmatización y de las Pasiones que se renuevan cada semana se difundirá, y traerá a Moïlles multitudes de personas. La intuitiva Guitton caracteriza perfectamente la ipseidad (el ser por el devenir) de la situación. Afluye la gente a Marta con la misma ilusión que los Griegos tenían al consultar la Pitia... Como en Delfos, Marta estará rodeada de un ritual, de una liturgia doméstica, de una gran simplicidad aparente, pero que contiene muchos aspectos sorprendentes.
   
Estas visitas devienen en una empresa familiar, porque es la señora Robin quien organiza las visitas, y quien recogerá los pequeños regalos que la gente deja. Como Marta no come, esos regalos no consisten en comida... Eso es llamado eufemísticamente la “canasta de Marta”, porque obviamente esos regalos son enviados a los pobres. Peyrous es más explícito, él dice la verdad desnuda y escandalosa, pero siempre encuentra las palabras necesarias para revestir de gala esta caridad. Este buen presbítero se excede en ésto, y no deja de sorprendernos:
«¿Cómo encontrar algunos recursos, al menos para hacer la caridad, para ayudar a los prisioneros o a los misioneros, que pronto se convirtieron en el centro de su atención? Ella se dedica entonces, por algunos años, a un pequeño negocio de piedad que le producirá algunos ingresos» (p. 81)
  
LOS PRIMEROS OPOSITORES
Demasiado, es demasiado, y si el Padre Faure es cambiado por Marta hasta el punto que a partir de 1931, nadie puede verla sin su permiso, entonces hay alguien que tiene miedo y se siente responsable de todo, es el Padre Marie-Bernard. Él pide consejo a Mons. Saudreau, capellán de las Hermanas del Buen Pastor de Angers, conocido por el discernimiento de espíritus.
   
«Para comprobar su vanidad, relata el Padre Marie-Bernard, yo le aconsejé que se hiciera fotografiar: fueron impresas dos fotografías. En una salió horrorosa, en la otra, revestida su frente con un velo de encaje de Valenciennes, ella más parecía Sarah Bernhardt que la pobre chica campesina que era. La tentación de vanidad y coquetería prevaleció: ella me ofreció a Sarah Bernhardt y olvidó darme su verdadero retrato». Peyrous se sonríe de la ingenuidad de este proceso, mas la simplicidad del test estaba perfectamente adaptada para la que iba a revivir la Pasión de Cristo cada semana, en la oscuridad de su habitación, pero también bajo los flashes de los fotógrafos...
    
El Padre Marie-Bernard desaprueba a Marta Robin, abandonándola igual que la señora Du Baÿ, y probablemente la señora Delatour. Pero ello no impedirá que las multitudes acudan a ella.
  
CUANDO LOS CURAS DEMÓCRATAS DISCIERNEN LOS ESPÍRITUS
En menos de diez años, Marta Robin ha construido una impresionante red de relaciones. A causa de su enfermedad que con justa razón movía a piedad, y sobre todo a causa del aura que se emanaba de ella en razón de su promoción autodidacta en «mística superior». Ella se impuso, sobre todo en Lyon, en el medio de las personas devotas y místicas. Marta se convirtió poco a poco en una autoridad religiosa que todos consultaban. Sacerdotes y teólogos también iban; al comienzo, con sospechas, pero luego volvieron entusiastas, y contaban a sus superiores lo que habían visto y oído...

El Padre Betton, por ejemplo, profesor en el seminario de Saint-Paul-Trois-Châteaux: «Es un intelectual versado en la teología mística [un discípulo entusiasta de Bergson]. También es un alma espiritual, que tiene “antenas” en este dominio». (Peyrous, p. 81-82) El Padre Betton sabe lo mismo que nosotros sabemos, la vez que entró en la habitación de Marta: «“Vine a esta habitación y de inmediato sentí como una presencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que me sentí muy pequeño, muy pequeño”». En su primera conversación con Marta, él le mostró un error teológico en una de sus descripciones, y ella se sometió a su juicio con humildad. Con esta humildad, el Padre Betton juzgó a Marta como una auténtica mística. Él se convertirá en el profesor “sabelotodo” y le enseñará los diferentes tipos de visiones: «intelectuales, imaginativas, corpóreas». Marta le escuchará con un arrobo semejante al del Burgués gentilhombre que descubre que lo que no es verso es prosa y viceversa... Ella aprenderá muy bien la lección. Estamos confundidos ante  tanta puerilidad de parte de un hombre de Iglesia, y lo que es más, de un profesor de seminario...
  
François de Muizon en su libro Marthe Robin, le mystère décrypté (Marta Robin, el misterio descifrado), nos informa que «el obispo de Valence le pidió a un cura del valle, de formación filosófica [¿pudo ser este el Padre Betton?], que le hiciera un informe. Será favorable. No encontrará ningún exceso. Ni de Marta, ni de parte de su familia, ni de los sacerdotes que la rodean. El obispo está tranquilo». ¡Uno cree soñar!
  
Entre las prominentes personas consultadas y que después jugaron un rol determinante, señalemos algunos que menciona Peyrous: «El ilustre jesuita, Albert Valensin, una de las cabezas pensantes de la Compañía en Francia». Famoso por la certitud de su teología mística, este buen sacerdote es más conocido por su feroz oposición a  la Action française; esto lo omite el postulador.
  
Peyrous nos habla del Padre Charles Thellier de Poncheville (1875-1956): «Uno de los sacerdotes más conocidos de Francia, redactor en el diaro católico La Croix, él es uno de los fundadores de las Semanas sociales, y un orador apreciado y demandado donde vaya, predicando una religión de amor, de esperanza y de paz, de inspiración salesiana». Él agrega que era cercano al padre Finet, mas Peyrous no menciona que Thellier era mejor amigo e incondicional partidario de Marc Sangnier. Es con «Marc» y de renombrados curas y laicos comprometidos, todos apóstoles de la democracia cristiana, que continuarán con el manto de L’âme française (El alma francesa), a esparcir en la Iglesia la ideología democrática sillonista que fue luminosamente condenada por San Pío X en 1910 (cf. Ernest Pezet, Chrétiens au service de la cité, p. 70).
  
No podemos hacer aquí, en el marco de este estudio, un análisis más profundo y exhaustivo de las ideas eclesiales de los clérigos entusiastas de Marta Robin. Pero no encontrareis aquí a ningún discípulo de San Pío X con inteligencia penetrante, sabiduría consumada y celo apostólico esclarecido. Todos son democristianos. Estas son sus ideas, condenadas por San Pío X, que se impondrán por medio de la Acción Católica especializada de Pío XI. Este es el partido, los hombes y las ideas de este partido, que prevalecerán en el Concilio Vaticano II, manejados por un Espíritu común que les guiará con poder, encabezados por Marta Robin, a la más grande desorientación de la Iglesia.
  
1933-1981: FUNDADORA Y MEDIADORA
 
Después de la lectura de los místicos, los encuentros providenciales, las gracias místicas y sobre todo la estigmatización, la «mecánica-mística Marta Robin» está perfectamente a punto. Pero a este bólido le falta un piloto que sea capaz de conducirla adonde quiere el Espíritu que la anima, esto es, a una renovación de la Iglesia por medio de un Pentecostés de amor.
  
LOS FOYERS DE CHARITÉ
Para esto, una etapa preliminar. Jesús se le aparece en 1933 para instruirla. El Cristo le demanda fundar los «Foyers de charité» (Hogares de caridad). Esto no es nada menos que tener viviendo en un mismo complejo de edificios a laicos, hombres y mujeres, en familia o célibes, deseosos de imitar el ejemplo de los primeros cristianos y de formar entre ellos una comunidad. Ellos serán dirigidos por un sacerdote: «el Padre». Bajo su dirección el foyer deberá convertirse en un hogar de caridad, de luz y de amor...
  
Jesús llama a esto la «gran obra de su amor». Es en Châteauneuf donde se fundará su primer foyer, empezando por la creación de une escuela libre para niñas.
  
François de Muizon subraya con razón algo que Peyrous no menciona (ya comprenderemos del todo la razón):
«Jesús insiste en su mensaje a Marta sobre la originalidad de los lazos del Moviemiento con Marta y Él mismo: “¡Yo quiero hacer aquí algo nuevo y muy grande para nuestra Gloria, por causa tuya... A causa de todo esto es que hago y quiero hacer contigo, y por ti, en lo cual Yo quiero glorificarme infinitamente!
 
¡Yo quedé interdite! (dice Marta)… Apenas podía creer a las divinas palabras del Señor, tanto era el miedo de que fuera a equivocarme, adivinando toda la gravedad y las consecuencias inauditas de semejante communicación. Y lo que no podía llegar a comprender del todo, era la participación directa que me era impuesta ante todo esto. Mas yo no iba a discutir las órdenes de Dios, no tenía más que inclinarme y obedecer porque yo debía hacer todo lo que me había sido dicho. ¡Qué martirio y qué suplicio era esto para mí!... Tanto era el miedo que tenía que ahogaba de angustia de solo pensar lo que iba a responder. Pero el Señor había insistido con tanta autoridad esta vez, que no podía diferirlo más.
  
En ese momento Jesús abre los brazos en un gesto glorioso de bendición y de amor, mirando hacia la tierra que cubría majestuosamente con su sombra (¡sic!) considerándola con una ternura y complacencia inefables. Después de un momento en esa posición, Él me señala el lugar preciso donde quiere su Obra, y que la haga adquirir». (de Muizon, p. 111-112)
  
Marta confía esta misión al padre Faure, quien se sorprende. Él consulta con sus colegas, y todos, menos uno, le dicen que es una tontería. A pesar de esto, se lanza a la aventura: compra y restaura el castillo en ruinas de Châteauneuf-de-Galaure.
  
LA SEÑORITA ÉMILIE BLANK
Esta señorita, que en 1935 tenía sesenta años, va a tener un papel discreto, pero muy importante, y sobre todo inquietante, de lo que uno pensaría. Ella pertenecía, nos dice Peyrous, a este «ámbito místico» sobre el cual «el clero lionés tenía desconfianza» a causa de su «gusto por las cosas extraordinarias» (p. 115). Ella dirige la obra de propaganda del Sagrado Corazón y tiene vínculos con las Visitandinas de Côme donde vivió Consolata Ferrero. Tal como Marta, ella aspira al reinado del amor misericordioso del Sagrado Corazón, y Peyrous añade que quería «fundar alguna cosa». Ella pasará varios días con Marta, que califica dicha estadía como una «divina impresión».
 
Marta estaba tan (patológicamente) subjugada que ella misma reconocerá finalmente que la idea de los Foyers de charité «vino de la señorita Blank», y que esta le propuso su ayuda (?!)... Marta había olvidado las palabras de amor de Jesús, la voluntad de su Señor? Peyrous atenúa la extraña impresión que uno siente ante tanta indiferencia, atribuyéndola a su humildad; otros ven en cambio un signo de su enajenación mental.
 
De hecho, Peyrous revela, aunque tratando de disimularlo, que ellas conversaban de que algo importante le hacía falta a la obra y Marta: un hombre que sea de una envergadura mística y administrativa diferente a la del pobre padre Faure. Él le había dicho en confianza a la señorita Blank que era incapaz de dirigir espiritualmente a Marta, la señorita se comunica con su pequeño grupo de amigos, y su elección recae sobre el padre Finet, director espiritual y asistente de superintendente de la enseñanza cristiana de la diócesis de Lyon. ¿Pero cómo llegar a él? Peyrous responde ingenuamente: «Es posible que en esta ocasión haya sido montada una pequeña operación». (p. 120)
 
«La ocasión» es el cuadro de María Medianera que Marta quería instalar en la escuela de Châteauneuf. Mas como ella tenía ideas muy particulares sobre esta representación, la señorita Blank se encargaría: «Tengo lo qur tú quieres». Uno de sus amigos tenía una copia, y le fue pedido al padre Finet, gran devoto de la Virgen María, llevarla a una pobre enferma, y además estigmatizada. Él no se rehúsa.
  
EL PADRE FINET
(6 de septiembre de 1898 – 14 de abril de 1990)

Georges Finet (izquierda), junto a sus padres
  
Las páginas (p. 121-136) que el postulador le consagra fuerzan a la admiración. Todo lo que nos dice de su familia, de su infancia, de la eclosión de su vocación; del oficial de artillería durante la Gran Guerra; del joven sacerdote tan preocupado por la salvación de las almas de los más pobres y de la mejor manera de hacerse amar de ellos; de su carrera eclesiástica que se desarrolló sin ambición, en la obediencia y en perfecta concordia con sus hermanos; de su devoción a la Santísima Virgen, todo ello rinde homenaje a ese catolicismo generoso que se vivía en la Iglesia de Francia antes de la Segunda Guerra mundial. Georges Finet es entonces un hijo de la gran burguesía de Lyon, pero demócrata-cristiano, no lo olvidemos, lo que significa una ruptura con la sabiduría eclesial de San Pío X, una apertura a las modas del mundo y a sus desorientaciones...
«Cuando el padre Finet conoce a Marta Robin, él ya tenía una personalidad rica y bien desarrollada. Él ya había recibido mucho de su familia. Por el sacerdocio, y luego de su pertenencia a los Sacerdotes del Sagrado Corazón, él hace una decisión de vida radical. Su amor a María [imitando a San Luis María Grignion de Montfort] le dio un camino espiritual fructífero. Él se benefició del ejemplo de hombres y mujeres renombrados. Él comienza a tener la experiencia de las almas. Poco a poco elabora una doctrina teológica alegre y liberante, donde Dios es presentado como un Padre, Cristo como un hermano, un pariente y un amigo. Sus responsabilidades en el ejército y en la enseñanza cristiana le dan cualidades de liderazgo.
 
Tenía un temperamento entusiasta y confiado, que conserva y desea mantener toda la vida algunos aspectos del espíritu de niño. Era una persona vivaz, optimista, que veía el lado positivo de las cosas y de las personas, dotado de una excelente capacidad de adaptación (…). La mente y el corazón estaban bien equilibrados. Rechazaba cualquier repliegue: quiere construir y avanzar. Era el hombre indispensable para una fundación. Él lo haría hasta el final.
 
Los defectos son el otro lado de las virtudes. Cuando se involucra totalmente, intelectual y emocionalmente en una empresa, puede perder la perspectiva, y ser poco crítico de sí mismo y de los demás. Difícilmente se atribuye la culpa».
  
EL PRIMER ENCUENTRO
El 10 de Febrero de 1936, este hombre se dirige a Châteauneuf-de-Galaure. Primero pasa por el presbiterio del padre Faure, piensa dejarle el cuadro y partir. El cura le persuade de ir con Marta, el padre Finet se deja convencer, pero no demasiado. El padre Faure tiene una plática con él, luego se levanta y se dirige a su colega: “Marta quiere que le lleves personalmene el cuadro”. Primer encuentro; entre entre él y ella, esa extraña pintura; un gracias, una oración, y un encuentro posterior se agenda para la tarde. Luego, “el fuego prendió” durante tres horas de conversación. 
 
Una hora sobre la Santísima Virgen: “Yo, que hago conferencias marianas, quedé maravillado de su manera de hablar de la Santísima Virgen. Ella la llama su “mamita querida”. Supuse que ellas se conocían muy bien” (p. 138). Una hora sobre el nuevo apostolado de los laicos: “Ella me dijo que la Iglesia será totalmente rejuvenecida por el apostolado de los laicos (…). Esto será una cosa nueva en la Iglesia; algo que nunca antes se había hecho. Ésta será de laicos consagrados, no una orden religiosa”. Durante la tercera hora, ellos hablarán del Pentecostés de amor: “El mundo será salvo, le dijo Marta, porque el Buen Dios intervendrá por la Santísima Virgen y el Espíritu Santo”, a fin de cumplir la profecía de Isaías sobre “la unión de los corazones y la unidad de los pueblos”». (François de Muizon, p. 101).
 
Después Marta le presenta su demanda con un tono de autoridad:
«“Tengo un mandato que comunicarte de parte de Dios. Eres tú quien debe venir aquí a Châteauneuf para fundar el primer foyer de charité” (…).
–“¿Para hacer qué?”, contesta estupefacto el padre Finet.
–“Sobre todo, para predicar los retiros. ¡Dios lo quiere!”
 
El padre Finet protesta, él es de la diócesis de Lyon, no de la de Valence.
  
Responde Marta: “No te preocupes, ¡la Virgen lo verá!”, y sin más preámbulo, fija la fecha del 7 de Septiembre para el primer retiro.
  
«Finet está conquistado, y sorprendido también: “Le comunicaré a mis superiores”». (cf. de Muizon, p. 101)
 
LA DIVISA DE LA MAFIA DEMOCRISTIANA
Mons. Bornet, director de las Escuelas Cristianas de la diócesis de Lyon, le escucha atentamente y le responde: «¡Debes aceptar!» La misma opinión del vicario general, Mons. Rouche.
  
El muy demócrata jesuita, Albert Valensin, su Padre espiritual, le afirma: «Marta Robin es Catalina de Siena. ¡Ella jamás nos engañará, ella es de la Iglesia! Debes hacer todo lo que ella te dirá, ella nunca te engañará. Siempre estaré contigo para ayudarte, sostenerte, y en la ocasión, defenderte, ¡adelante!» Él también pasó tres horas en compañía de Marta, llevado allí por el propio obispo de Valence, Mons. Pic. En cuanto a este último, es obvio que bendijo el proyecto; ¡el mismo, sin embargo, que el cardenal Louis-Joseph Maurin –que solo tuvo unos pocos meses de vida– consideraba una «locura»! El antiguo arzobispo de Lyon, discípulo de San Pío X y simpatizante de la acción francesa, era «escéptico sobre Marta» (p. 183).
   
EL ENTUSIASMO DE LAS PRESENTACIONES
El padre Finet se involucra como cofundador de los Foyers de charité con la capacidad de trabajo y el entusiasmo conocido en él. El primer retiro que predica en Châteauneuf-de-Galaure del 7 al 13 de septiembre de 1936, se desarrolla sobre el modelo que predicaba anteriormente, todo mariano y enfático en la consagración a Jesús por María.
   
Pero es sobre todo por su predicación sobre el amor del Padre Celestial, tan bueno, tan tierno, tan maternal, etc., que el padre toca los corazones, mientras que Marta hace descubrir a todos, en el curso de las visitas que algunos le hacen, «el lado tan maternal y maravilloso de María». Nunca faltan las dificultades. Manifestaciones diabólicas durante las noches; al día siguiente, el padre está a punto de ser estrangulado por una histérica, nada le sorprende, él está todos los días de buen humor. Se ocupa de todo, como tamborilero: la dirección de la escuela, el reclutamiento de las institutrices, la construcción del primer foyer de charité, en plena guerra, aunque no tenía un solo céntimo. El padre se oscurece. Una imprudencia semejante conllevaría una certera bancarrota. Un gran cheque llega a tiempo. Al padre jamás le faltará el dinero. Uno vería esto en la vida de los santos… pero desgraciadamente, ¡no es lo único!…
  
EL IDILIO
Châteauneuf en esos años de pre-guerra, es el idilio galileo… El padre Finet es, después del primer retiro, «el Padre» de Marta, dándole a todas horas el espectáculo del más puro amor filial y paternal. Se escuchan desde los lados de la granja horribles gritos y gemidos, pero se dice que es el demonio atormentando a Marta, o incluso que Marta revive la Pasión de Jesús, ese es el orden de las cosas, nadie se asusta… La vida se desarrolla así, apacible, feliz, a veces perfumada de suaves olores que se difunden misteriosamente; buen olor celestial que sobrepasa el de las canastas de frutas que se encuentran en la habitación de Marta. Es sobre todo por la palabra, y una palabra penetrante de sabiduría, de fineza, de simplicidad, o de alta consideración filosífica, con que Marta y el Padre tocan los corazones. ¡Todos dos son, cada uno a su manera, rebosantes de inteligencia, verdaderamente muy simpáticos!
  
Sin embargo, sabiendo que «nadie es profeta en su tierra», no es sorprendente constatar la profunda hostilidad de los lugareños de Châteauneuf hacia la familia Robin y a Marta en particular. Ninguna persona le presta atención a sus alegatos. Por eso mismo, los mejores y más cristianos entre los campesinos de los alrededores jamás se sintieron cómodos en Châteauneuf con la compañía de esas gentes de la “ciudad”, esas gentes de la “alta” que vienen de Valence o de Lyon, e incluso de París...
  
EL DÍA Y LA HORA DE LA VERDAD
De 1936 a 1944-1945, los arzobispos de Lyon, Maurin y Gerlier, exigirán al Finet que pase al menos dos días por semana en Lyon. Por eso él no puede consagrarse totalmente a la obra de los Foyers de Charité, pero él se entrega a fondo. Hasta noviembre de 1940, es la señora Robin quien monta la guardia sobre su hija. Después de dicha fecha, el Padre Finet va a velar por ella, día y noche, por decirlo así, gracias a dos misteriosas y muy discretas señoritas: Henriette Portier y Thérèse Rissoan. Ellas son las «guardianas» de Marta, ellas son de la devoción del Padre Finet y le obedecerán religiosamente…
 
En 1942, el Padre Finet, por razones de comodidad, nos dicen, decide hacer construir una nueva recámara para Marta, más tranquila. El 7 de agosto de 1943, una hábil advertencia de Mons. Pic, decepciona por igual a los detractores y los seguidores fanatizados de Marta Robin, al no pronunciarse a favor de nadie. El obispo no quiere que de vulgares panfletos se establezcan «implicaciones a los más respetables teólogos y los mismos cardenales».

«Por eso, nos explica François de Muizon, el Padre Finet aseguró un dispositivo muy estricto de difusión de la información, convirtiéndose, bajo autoridad del obispo, en el único portavoz de Marta. Todos los visitantes que son autorizados para reunirse con Marta Robin en su habitación tienen prohibido hablar de ella o de su familia. La ley del silencio se impone. Esta sería la regla hasta la muerte de Marta». (de Muizon, p. 137) 
   
¿Qué tuvo lugar aquí? François de Muizon nos relata estos hechos en un capítulo cuyo título sorprende, pero es evocador: “La tentación de lo sobrenatural”.
  
EL ENGAÑO «FINET-ROBIN»
  
El 10 de febrero de 1936, no fue la primera tentación, la del “demonio del mediodía” que el padre Finet encontrará, sino la segunda, la de la extravagancia, de lo extraordinario. Con Marta,comenzará a atraer multitudes a los Foyers de charité, para enseñarles cómo el Buen Dios es bueno y cómo nosotros debemos amarle… Y a partir de la renovación de la Francia, recomponer el tejido de la Cristiandad. Todas estas teorías de apostolado, que tanto conversaba con su celoso hermano el canónigo Joseph Babolat, tomarán forma, y espíritu después que, con Marta, el Señor estará con él. sin duda alguna... Bella perspectiva de carrera para un apóstol hiperactivo y generoso. Pero tendrá que pagar un precio por su compromiso en ello, y el Padre Finet no se daba cuenta de ello, parece ser.
  
Un buen día, él no podrá menos que descubrir esta terrible verdad escrita en negro sobre blanco en la posítio, bajo la fe de los testigos. El Padre Peyrous la ha revelado al mundo, casualmente, encubriéndola lo mejor que pudo. Esta verdad es la mentira de Marta Robin sobre su inedia y su parálisis, sin mencionar la cruda realidad de su histeria:
«La enfermedad de Marta está hecha de evoluciones, pero también de involuciones, de períodos de recuperación. Aunque sus piernas están paralizadas, es cierto que Marta intenta desplazarse cuando sus brazos le responden (…). Ella se arrastra sobre el piso de su habitación para satisfacer sus necesidades íntimas. Ella no está en un ambiente favorable: ella actúa de esta manera durante la noche, en los períodos en que le es posible. Ella mantiene de esta laya con sus movimientos, aunque muy limitados, parte de su libertad. Es probable que ella recuperara esta posibilidad, en ciertos períodos al mes, hasta el fin de su vida».
  
Dicho de otra manera: Marta se alimentaba, justo lo necesario para asegurar un mínimum vital.
   
EL DILEMA DEL PADRE FINET
El Padre Finet se encuentra en una encrucijada, de esas que te definen para toda la vida y comprometen la eternidad. En los años cuarenta, todo era posible todavía. Finet hubiera podido advertir a sus superiores, enviar a Marta Robin a una casa de reposo, tender “el manto de Noé ” sobre todo ese asunto que ya estaba oliendo mal… Pero, ¡¿el rubor sobre él y su familia?! Para un burgués lionés, eso cuenta…
 
Georges Finet, sobre todo, estaba tan comprometido con la obra de los foyers de charité que el defecto dominante de su rico temperamento, muy bien descrito por Peyrous, prevaleció: «Cuando se involucra totalmente, intelectual y emocionalmente en una empresa, puede perder la perspectiva, y ser poco crítico de sí mismo y de los demás. Difícilmente se atribuye la culpa».
  
EL ENGAÑO ROBIN-FINET ANTE LA CIENCIA MÉDICA
En la vida de Marta, encontramos tres clases de médicos. Los desdichados que se alarman por los síntomas de la enfermedad, y el por qué de estos. Los psiquiatras renombrados, unos católicos convencidos, y otros no. La mayoría diagnosticó histeria, y por consiguiente, concluyeron que las apariciones de Marta eran superchería, pero nadie osó denunciarla. El único examen oficial ordenado por Mons. Pic tuvo lugar en 1942 por médicos amigos o parientes a la familia del Padre Finet. Ellos auscultaron a Marta, y analizaron su caso durante algunas horas solamente; examen y observación que no arrojó alguna conclusión, dando por sentado lo que su paciente les decía. Entre esos médicos amigos, hay que señalar a un siquiatra poco convencional, el doctor Alain Assailly. Él llegó a Châteauneuf en 1949, con la firme resolución de rebatir a un colega, católico, que le había dicho: «¡No te involucres en este asunto, te harás cómplice de una superchería magistral y nuestra Iglesia no ganaría nada con ello!»
 
Para mostrarle a su amigo que estaba equivocado, Assailly quiso hacer examinar a Marta en un hospital por un mes a propósito de estudiar su inedia, el hecho de que ella podía vivir sin comer ni beber. Esta vez, las cosas están serias. Marta lo eludirá con una habilidad prodigiosa, que supone también una gran complicidad del Padre Finet…
  
Marta le juró a Assailly que estaba presta para todo, que su regla era la obediencia, y que haría lo que su confesor, su obispo o el Santo Padre le dijeran.
  
El médico, que es un buen católico, baja la guardia, ¡está delante de una santa! Marta le explica que no logrará convertir a su amigo, más que los milagros de Lourdes en convertir a los médicos ateos…
«– ¿Los conoces?
– No, señorita.
– Llámame Marta, y me gustaría… que me colabores…»
 
De hecho, ellos colaboran. Para este neurosiquiatra católico que debe tratar casos de posesiones diabólicas, esto se revela muy interesante. Assailly olvida esta petición, y en cambio le envía pacientes. Marta les ayudó y participó remota, pero más eficazmente, a su recuperación, a su exorcismo inclusive… Pero en el ínterim, ella escapó por un mes del hospital de alta seguridad… Martita es muy, muy fuerte…
 
¡¿Comprendemos por qué el Padre Finet jamás quiso hacer verificar la inedia de Marta, por qué en el decreto promulgatorio de la heroicidad de sus virtudes, y que tampoco se le dé importancia?! ¿Los teólogos romanos de hoy habrán perdido completamente el sentido?
    
MARTA Y EL ESPÍRITU QUE LA DIRIGÍA
Por consecuente, el Padre Finet y Marta fueron cómplices en vida y en muerte. Es en vano el intentar disertar sobre la influencia que el uno ejercía sobre otro, sobre todo cuando se conoce la hipersensibilidad de Marta a la menor palabra de una persona que estimaba como enviada de Dios.
  
Pero el espíritu que manejaba a Marta modulaba sus efectos por medio de su voz, voz que tanto le encantaba a Guitton: «Voz juguetona, a veces traviesa. Voz discreta, voz siempre afectuosa (…). Pero de pronto y sin previo aviso, esta voz enclenque adquiría volumen: se hacía fuerte, capaz de llenar toda la habitación, como si Marta estuviera predicando la Cruzada. Entonces era una voz firme, voluminosa, oracular». (Jean Guitton: Retrato de Marta Robin, p. 30)
  
He aquí tres ejemplos escogidos entre tantos.
  
El Padre Finet no estaba del todo opuesto al reconocimiento canónico de los Foyers de Charité, lo había conversado mucho antes con el canónigo Babolat. Las fundaciones se multiplicaron a una velocidad vertiginosa, Finet, hombre de Iglesia, comprendía bien que había que asegurar la continuidad de la obra, inclusive viendo futuros inconvenientes de carácter personal. Marta se opuso categóricamente a esta medida. En 1952, el canónigo Raoul Naz, célebre canonista, propuso a los Foyers de Charité el estatuto de instituto secular, que asimila a sus miembros casi en el estatus de los religiosos, sometidos a la jurisdicción de la Congregación de los Religiosos. Marta guarda silencio por mucho tiempo, y después explota:
«Un Foyer de charité, no es una máquina ajustada a otra. Es una cosa lo más de nueva en la Iglesia. Es la Iglesia la que debe aceptarnos tal y como somos. Jamás habrá constituciones en los Foyers. Las Cons­tituciones nos limitarían y nos asimilarían a las órdenes religiosas». (cf. Peyrous, p. 291-292)
  
Si Marta puso objeciones sobre este asunto puramente canónico, nuestra mística campesina fue mucho menos escrupulosa para sustraer el “querido dinero” de los Foyers de charité a los controles del fisco. ¿Quién le devolvía ese “querido dinero”? ¿Quién los exoneró de impuestos? (cf. Marthe Robin, Le mystère décrypté, p. 154) ¡Ese fue Edmond Michelet! Un futuro “beato”, Dios no lo quiera, por la sangre que carga sobre su conciencia: purgador en 1944, y ministro barbouze de justicia del general de Gaulle durante la guerra de Argelia (cf. Il est ressuscité, n° 149, marzo de 2015, p. 35-36). «Marta lo amaba bien»…
  
A inicios de los cincuenta, Mons. Urtasun, sucesor de Mons. Pic, se inquietó de ver a esta mística en perpetua oscuridad, y estaba resuelto a no dejarse engañar. El futuro de la obra está en peligro. El Padre Finet y Marta lo comprenden. El obispo sube a La Plaine, y vio a Marta a plena luz, con las ventanas abiertas. Esta vez, como excepción, Marta no grita de dolor. François de Muizon, ese gran estúpido, se pregunta por qué nadie pensó en darle lentes para el sol… Marta, perfectamente poseída por el espíritu que la dirige, le hace ojitos a Monseñor y le ofrece la suavidad de una conversación que lo hace regresar radiante de la granja, conquistado…
  
EL PADRE FINET, EL DIRECTOR MANIPULADO
El vino fue descorchado, y hay que beberlo. El Padre Finet no tenía otra alternativa que tomar los libros de cabecera de Marta: Catalina Emmerick, Gemma Galgani, Dina Bélanger, Lucie-Christine (Mathilde Boutle), etc., y reescribir con ella el romance seudo-místico de su pobre vida. ¿Quizá se lo terminó creyendo? En todo caso, en 1949, esto es lo que le predica a setenta sacerdotes que vinieron a escucharlo (cf. Vénérable Marthe Robin, p. 129)… y en la prolongación de esta vida, la fundación de los Foyers, una nueva de vivir y de pensar, que los dos iniciarían en la Iglesia antes que ella recibiera sus cartas de nobleza y obediencia luego del Vaticano II.

Desde noviembre de 1940, es Finet quien organiza las visitas, y preside las “pasiones” de Marta. Él solo es quien será capaz de hacerla venir de sus éxtasis o de expulsar al demonio… Él predicará los retiros en Châteauneuf, y presidirá la fundación de nuevos foyers de charité, más de sesenta a la muerte de Marta. Verdaderamente es una gran empresa.
 
En sus retiros, el Padre Finet insistiría a menudo sobre el amor misericordioso y casi incondicional de Dios… Es muy piadoso, muy chorreante de amor; el menor deseo de penitencia, de austeridad, es tachado de jansenismo, etc. Ellos seducirán a los buenos católicos tradicionalistas, desorientándolos y volviéndolos insensibles a los apelos de Nuestra Señora de Fátima.
 
Es esta religión radical, evangélica, tradicional qu aún era predicada por los Padres de ­Chabeuil (Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey), en la proximidad de Châteauneuf-de-Galaure. Nuestro Padre, el Abbé Georges de Nantes, que les conocía muy bien, nos decía siempre que esos buenos padres realizaron numerosas y sólidas conversiones, y que los retiros de Châteauneuf les había causado detrimento en su apostolado, sin producir los mismos buenos frutos…
  
AMBOS FUERON PRECURSORES DEL VATICANO II
Gracias a las relaciones del Padre Finet, la influencia de Marta tomará una dimensión nacional de alto nivel… Docenas de obispos, centenares de sacerdotes, teólogos, filósofos van a visitar a Marta, y entusiastas salen de la entrevista. El Papa Pío XII se interesa en su caso, y envió al Padre Garrigou-Lagrange. Ella le habla de la Santísima Virgen, y el buen padre sale con lágrimas en los ojos, confundido por su propia ignorancia, y admirado de la sabiduría de Marta.
  
La estigmatizada de Châteauneuf será sobre todo la inspiratriz de numerosas comunidades carismáticas… Si algunas causaron (y siguen causando) escándalo, no es a causa de la sola debilidad humana… sino a causa de una concepción quietista del amor de Dios y del prójimo aprendida en los retiros de Châteauneuf. El padre Marie-­Dominique Philippe predicó en Châteauneuf, y es amigo de Marta y del Padre Finet. Ella lo convencerá de fundar la Comunidad de San Juan. Tanto las conversiones hechas en Châteauneuf, como en estas comunidades nuevas, ellos participan de la misma “debilidad”...
 
Durante el Vaticano II y los desórdenes que le siguieron, Marta y el Padre Finet adoptan el partido del orden, pero el orden conciliar. No son los progresistas los que van a Châteauneuf, sino los católicos más o menos tradicionalistas, como los de la tendencia “Homme Nouveau”, y autoridades morales en la Iglesia como los padres de Fontgombault, que le consultaron a propósito de la reforma litúrgica. Marta incluso alentó a Mons. Lefebvre en sus comienzos… Por cierto, ella sostiene las apariciones de Garabandal, aunque fueron condenadas por la Iglesia.
 
Marta practica a su manera un ecumenismo singular; la unidad de los cristianos, como la entiende el Concilio, ella la entendía mucho antes de éste. Peyrous nos revela que ella disuadió a los pastores protestantes que tenían la intención de convertirse al catolicismo. Ellos tenían rosarios en sus manos, y querían abjurar solemnemente su herejía. Esto pasó estando el papa Pío XII, antes del Concilio. Marta les dijo: «Este no es el momento». Después del Concilio, ella cambia de parecer. Cuando fue a visitarla el pastor Gérard ­Croissant, más conocido como Hermano Efraín, le dijo que no había problema: «El momento llegó». (p. 377)
  
¿MARTA ROBIN ES RIVAL DE LA INMACULADA?
   
Relatemos la historia de la singular relación de corazón a corazón que tenía Marta y su «mamita María» a la luz de los hechos objetivos que la puntualizan, debidamente constatados por testigos. De esta gran luz de 1921 o 1922, y de las dos peregrinaciones que ella hizo posteriormente, no sabemos nada; sabemos solamente que ella rechazó ir dos veces a Lourdes, en 1925 y 1928. Extraño. Inquietante. Sólo en 1935 pudo expresar un deseo de los más laudables. Su corazón latía de amor por María Medianera, ella quiso por tanto tener un cuadro que representara este privilegio de Nuestra Señora. Pero ella añadió inmediatamente: «No como la que vemos en todas partes...»
  
¿Con aquello de “como la que vemos en todas partes” hace alusión a la gran aparición mariana del siglo XIX: la Inmaculada Concepción, tallada en el anverso de la Medalla Milagrosa? Toda la luz de la gracia viene de Dios y se reparte sobre la tierra pasando por los brazos distendidos y las manos tendidas de una grande y toda celestial Virgen María, mientras que su pie aplasta la cabeza de la serpiente.
  
La señorita Blank comprendió perfectamente a Marta: «Tengo lo que necesitas». Y ella le hizo llegar, por el padre Finet, un cuadro que ella conservará siempre en su recámara. Una enorme inscripción bajo el cuadro inspira confianza: Marie Médiatrice (María Medianera).
 
El cuadro de Marie Médiatrice, que tanta devoción inspiró a Marta
  
Este cuadro representa una Virgen Santísima muy grande coronada que tiene la tierra bajo sus pies, pero no pisa la cabeza de la serpiente. La Virgen tiene una posición orante, de suplicante, como era representada en tiempos antiguos. Lo más sorprendente es que de la tierra, o de la serpiente surge un lirio surmontado de una hostia que se eleva hasta el corazón de la Virgen.
  
Guitton estuvo intrigado por este retrato que Marta persistía misteriosamente en considerar hermoso. El cuadro no pudo ser pintado, como lo señalara Muizon, por el pintor Elis Romagnolis, porque ese cuadro tenía diez años en 1935...
   
FÁTIMA SUBSUMIDA Y ANTICUADA
  
El 1 de agosto de 1942, el año de la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María por Pío XII, una visión le dio a Marta una representación distinta de la Santísima Virgen. Ella describirá la visión con una precisión de costurera, pero he aquí lo esencial de la misma:
«Esta Virgen cierra una etapa y abre otra. Ella cierra la etapa de las advertencias suplicantes, de las amenazas de Dios en el curso de sus múltiples apariciones en Francia y otras partes, en los últimos siglos. Ella abre los tiempos del desbordamiento de la misericordia de Dios en favor de sus hijos que no comprenden ni sus advertencias ni sus amenazas. No escuchamos las advertencias divinas, por eso sufrimos los castigos advertidos por la Virgen. La misericordia es inagotable, y la Virgen, sin tener en cuenta nuestras faltas, se hace la expresión, incluso el sacramento de la misericordia de Dios».
  
La visión de Marta nos transporta muy hábilmente a un mundo que no es el de Fátima. Hábilmente, porque ella incorpora todas las apariciones marianas, e incluso los castigos de Dios, pero para integrarlas mejor en su síntesis carismática, que rechaza la santidad de la justicia de Dios y que trivializa sus santidad de misericordia...
 
Marta Robin es la anti-Lucía de Fátima, y su pretendida Virgen es una rival de Nuestra Señora de Fátima, la “medianera” de un amor carismático que no viene de Dios. Nos vemos confrontados ante una desorientación del Dogma de la Fe que ultraja lo más sagrado de la Revelación, el amor de Dios en sus Sagrados Corazones de Jesús y de María. Precisamente para prevenir esta desorientación que Nuestra Señora de Fátima bajó a la tierra, que Ella se apareció a tres auténticos niños santos: Jacinta, Francisco y Lucía.
  
ROMA ES INFORMADA DE LA VERDAD
  
Sabemos que el promotor de justicia, “el abogado del diablo”, Mons. Pierre Bouvier hizo bien su trabajo: compiló escrupulosamente las objeciones que pudieran poner obstáculo a la beatificación de Marta Robin. Este dossier fue confiado a los teólogos romanos que prometieron analizar una a una las cuestiones surgidas. El resultado es que en la posítio sobre Marta (2.000 páginas) «la parte reservada tradicionalmente para las objeciones es tres veces más larga que la que se halla habitualmente en los expedientes de beatificación, lo que significa claramente que los interrogantes suscitados son numerosos» (de Muizon, p. 20). La posítio fue publicada en 2010, el promotor de justicia no fue puesto en conocimiento de ello (¡¿?!), el obispo de Valence, el ordinario del lugar, lo tuvo en sus manos solamente pocas semanas (¡¡¿?!!), Todo lo relativo a la vida de Marta es decididamente atípico.
  
LOS AMIGOS DE MARTA VEN FINALMENTE LA VERDAD PLENA
   
En diciembre de 2014, fue publicado un libro: “Vénérable Marthe Robin, des témoins réagissent et parlent” (La venerable Marta Robin: los testigos reaccionan y hablan). Fue escrito por varios autores, los amigos de Marta escandalizados por las alegaciones de Peyrous. Ellos inmediatamente vieron el problema: 
«Si Marta Robin satisfacía su cuerpo alimentándose y disimulaba este hecho mintiendo, ella no vivía de la Hostia, ni Cristo, que mora en ella según la fe católica, la mantenía con vida. Consecuentemente, ella no tuvo ninguna misión verdadera para fundar los Foyers de Charité. No me parece que sean poca cosa las conclusiones de una obra que estudia la biografía de una mujer con reputación de santidad justificada a los ojos de las autoridades ecclesiásticas que quieren se le abra un proceso de beatificación ante los tribunales de Roma».
  
Para refutar a Peyrous, estos autores apelaron a un personaje central en toda esta historia: el Demonio. De hecho, lo era. Fue el demonio que tomaba las apariencias de Marta y que se desplazaba por su recámara... Ellos nos dan acceso a ciertos documentos, ¡pero que finalmente son más incriminatorios! Aquí algunos ejemplos:
  1. El informe de los exorcistas señala que «durante la vida de Marta... el pestillo interior de su cuarto estaba ¡a 40 centímetros del suelo!» (p. 76), y por ello, a su alcance.
  2. Interrogada su familia, contesta: «Marta conocía bien los cajones de su cómoda. Cuando uno buscaba, entre la semioscuridad, ella decía: No, está en el otro...» (p. 184) Para una persona ciega y sobre todo paralizada después de más de cincuenta años, si es verdadera, ¡esto es “ heroico”...
  3. Este libro nos muestra algunos testimonios de una guardiana, Thérèse Rissoan: «...Marta pudo estar molesta porque la descubrí»… «Tuve la impresión que yo la estaba molestando, me retiré luego de un momento»... «No me turbé por ello». Tan devotas al padre Finet, las «guardianas» (p. 77) no dirán nada. Ellas ejercieron confianza en el padre Finet y a lo que les decía, de que ellos veían al diablo en la apariencia de Marta...
 
EL MISTERIO DE LA RECÁMARA DE MARTA
  
En esta habitación, es revivido el capítulo 12 del libro del Apocalipsis, el único con una mujer y el Dragón. El penetrante espíritu de Jean Guitton capturó a esta mujer en una prodigiosa instantánea. Ella no gime con los dolores de parto, pero ella no sale de esa posición extraña... Ella da a luz así, a su manera. Guitton observa la posición de sus piernas paralizadas, enroscadas, los talones reposan sobre lo alto de sus muslos, en forma de una M invertida, anotó. Marta representa de esta guisa, el impresionante icono de la inversión diabólica del reverso de la Medalla Milagrosa, y del misterio eucarístico y mariano que representa, mientras que la pintura de María Medianera representa el anverso.
   
Esta recámara da testimonio del engaño de toda una vida, pero también sobre dos homicidios: El de su hermano Henri, que extrañamente ella no escuchó, y el suyo propio, algunos meses antes de afrontar un examen médico a profundidad, por orden de su obispo. Un grito interrumpe la noche del 5 de febrero de 1981, era el de Marta, que murió «sin derramamiento de sangre», en condiciones sórdidas, sobre el suelo, con la boca abierta, desesperada, como la serpiente de nuestra Inmaculada Concepción. Si ella fue «asesinada por el demonio» que le había prevenido: «¡Te tendré hasta el final!», o bien murió de muerte natural, poco importa. Dejemos los detalles de esto a la policía...
 
EL MISTERIO DE LA TUMBA DE MARTA ROBIN
  
Esto es escalofriante como lo atinente a su habitación, y se funda sobre la roca del testimonio. Durante la exhumación de su cadáver, «Marta Brosse, su sobrina, observó que el ataúd estaba al fondo de la bóveda, por tierra, aunque había sido puesto en alto el día de la sepultura, el 12 de febrero de 1981» (cf. p. 190). Señal fuerte y severa advertencia para los postuladores de su causa...
  
VERDAD – CARIDAD – CONTRARREFORMA CATÓLICA
  
La revelación de la más grande impostora mística y apostólica de todos los tiempos, y que ello sea por el postulador encargado de probar la santidad de aquella quien lo perpetró, es la señal obvia de que el Buen Dios aún obra en su Iglesia. Aunque hayan grupos de presión que dominen la Curia romana, y aquellos de la Renovación Carismática no sean los menos, la luz de la verdad disipó las tinieblas de la cámara oscura de Marta Robin, ella es conocida por todos los hombres de buena voluntad, nadie puede acallarla más.
 
Los hombres de Iglesia no pueden prescindir del gran juicio doctrinal demandado por nuestro Padre fundador, el abbé Georges de Nantes. Por la desorientación, y los escándalos sexuales y de dinero generados por el carismatismo, procedente de un espíritu diabólico de cisma y herejía que entró en la Iglesia a partir del Vaticano II. Cuando el papa Francisco se dé cuenta de toda su magnitud, no dudará en tomar los medios apropiados para liberar a su carísima Santa Madre, la Iglesia “Católica y jerárquica”.
  
¡Oremos, oremos mucho por el Santo Padre!

1 comentario:

  1. CONCLUSIÓN:

    *Una «ciega»… que conoce perfectamente las medidas de los cajones y prefiere un retrato al otro...
    *Una «paralizada»… que se arrastraba con sus brazos y murió con los pies calzando pantuflas...
    *Una «inédica»… que necesitaba satisfacer sus necesidades naturales comiendo de noche...
    *Una «vidente»… que rechazó peregrinar a Lourdes, contradecía a Fátima y La Salette; y jamás asistió al Santo Sacrificio de la Misa.

    Breve: todas las pruebas de «la autenticidad»…

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