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domingo, 30 de noviembre de 2025

EVITAR LA GULA Y LA PREOCUPACIÓN MUNDANA, PARA NO SER SORPRENDIDOS EN EL DÍA DEL SEÑOR


«Cuando el Salvador instruía a sus discípulos sobre el adviento del reino de Dios y el fin del mundo y de los tiempos, y enseñaba en aquellos Apóstoles a toda su Iglesia, dijo: “Velad, pues, sobre vosotros mismos, no suceda que se ofusquen vuestros corazones con la glotonería y embriaguez, y los cuidados de esta vida” (Luc. XXI, 34). Este precepto, carísimos, reconocemos que se refiere en modo especial a nosotros, a los cuales el día anunciado, si bien escondido, no hay duda que esté cercano. Es oportuno que todo hombre se prepare a su advenimiento: a fin que no encuentre a ninguno dedicado al vientre o atrapado en las preocupaciones mundanas. Porque, carísimos, la experiencia cotidiana demuestra que la agudeza de la mente es ofuscada por la saciedad de la bebida, y el vigor del corazón es debilitado por el exceso de comidas; así que el placer de comer es contrario incluso a la salud del cuerpo, a menos que la razón de la templanza se oponga a la atracción y sustraiga al placer lo que será una carga. Porque aunque la carne no desea nada sin el alma, y de ella recibe los sentidos de los cuales toma también el movimiento, es tarea del alma negar algunas cosas a esta sustancia que le está sometida, y con un juicio interior frenar los excesos exteriores; a fin que, más a menudo libre de los corpóreos deseos, pueda atender a la divina sabiduría en el aula de la mente: donde, acallando todo estrépito de las preocupaciones terrenas, se deleite en las meditaciones santas y en las delicias eternas».
   
SAN LEÓN MAGNOSermón 8.º sobre el ayuno del mes décimo. En Migne, Patrología Latína LIV, cols. 185-186. Traducción propia.

miércoles, 18 de diciembre de 2024

LAS TÉMPORAS DE ADVIENTO, ANTÍDOTO CONTRA LA FALSA NAVIDAD MUNDANA

Traducción del artículo publicado en WM REVIEW.
   
El mundo anticipa despiadamente su falsa Navidad a lo largo de Diciembre, insistiendo que participemos en ella, y el ayuno de las Témporas de Adviento ofrece un antídoto.
    
Las Témporas de Adviento nos ofrecen el antídoto a la despiadada anticipación de la Navidad en el mundo moderno.

Se supone que el Adviento sea un peíodo grave de oración, penitencia y preparación. Pero entre el ajetreo de las compras navideñas y las reuniones familiares, y la insistencia de todos en que comencemos a celebrar la Navidad temprano, puede ser una verdadera lucha pasar el Adviento con algún tipo de recogimiento.

En Adviento, estos tres días caen en el miércoles, viernes y sábado después de la fiesta de Santa Lucía (13 de Diciembre), y nos ofrece la oportunidad para restablecer nuestro enfoque hacia la temporada de preparación, que puede haberse relajado en medio de tanto caos.

También pueden servir como testimonio católico contra la invasión de la Navidad secular en la santa temporada de Adviento. Como suelen caer alrededor del 17 de Diciembre (y el comienzo de las Antífonas de la Oh), podemos usar las Témporas como un momento para centrarnos nuevamente en la verdadera cuenta regresiva hacia la Navidad y la venida de Cristo.

Pero ¿de dónde surgen los Días de las Témporas y qué significan?
  
Historia y analogías de los días de las Témporas
La liturgia romana conmemora las Témporas con ayuno y penitencia cuatro veces al año, en cada estación o trimestre.
  
Los judíos también observaban algo similar: ayunaban en el cuarto, quinto, séptimo y décimo mes (Tamuz, Av, Tishri y Tevet; en julio, agosto, octubre y enero respectivamente). Estos ayunos marcaban los siguientes acontecimientos:
  • Shivá Asar BeTamuz (שִבְעָה עָשָׂר בְּתַמּוּז, el 17 de Tamuz): la ruptura de las tablas de la Ley por parte de Moisés y la ruptura de los muros de Jerusalén por parte de Roma y Babilonia (aparentemente en la misma fecha del calendario).
  • Tisha b’Av (תִּשְׁעָה בְּאָב, el 9 de Av): Destrucción del Templo por Nabucodonosor (Nabucodonosor) y por Tito, así como el decreto de Dios de que la generación de israelitas en el desierto no entraría en la Tierra Prometida (porque se resistieron al relato de los espías de Josué). Al parecer fue también la fecha de la derrota del pseudomesías Simón bar Kojba, y de varias otras dificultades para el pueblo judío (como su expulsión de Inglaterra en 1290 y de España en 1492).
  • Tsom Guedaliá (צוֹם גְּדָלִיָּה, el 3 ó 4 de Tishrei, el día después de Rosh Hashaná): La muerte del gobernador Gedalías y la dispersión de los judíos restantes en la Tierra Santa mientras la mayoría estaban en el exilio en Babilonia.
  • Asará b’Tevet (עֲשָׂרָה בְּטֵבֵת, el 10 de Tevet): Los cautivos con Ezequiel al enterarse de la destrucción del Templo [1], así como la traducción de la Septuaginta (lamentada por algunos rabinos) y la muerte de Esdras el escriba.
Sin embargo, por más interesantes que sean estos paralelismos, la Iglesia —y particularmente la Iglesia romana— celebra las Témporas en diferentes momentos del año y por diferentes razones.

Las estaciones y la agricultura
Esto se puede deducir de su nombre. El inglés “Ember” es una corrupción del latín témpora (tiempos) y los ayunos se denominan “Quáttuor Témpora” en latín, que significa “los cuatro tiempos”. Están vinculados a las cuatro estaciones:
  • Adviento (Invierno, para sembrar)
  • Cuaresma (primavera)
  • Pentecostés (Verano, para la cosecha)
  • Septiembre (Otoño, para la cosecha del vino)
Más precisamente, caen los miércoles, viernes y sábados…
  • Tras la fiesta de Santa Lucía (13 de diciembre)
  • En la primera semana de Cuaresma [2]
  • En la Octava de Pentecostés
  • Después de la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre) [3].
Estas fechas se resumen en dos pintorescas rimas folclóricas:
«Lent, Penty, Crucy, Lucie».
O más dramáticamente:
«Días de ayuno y de reposo durante
la Cuaresma, Pentecostés, Santa Cruz y Santa Lucía».
(Junto con estas rimas, he incluido algo más de folclore sobre los Días de Témporas al final de esta pieza).

El propósito inmediato e histórico de las Témporas puede haber sido implorar la bendición de Dios sobre el ciclo agrícola, mediante la observancia del ayuno y la penitencia. La Enciclopedia Católica ofrece la siguiente posible explicación:
«El fin de su introducción, además del general que toda oración y ayuno pretende, fue agradecer a Dios por los dones de la naturaleza, enseñar a los hombres a utilizarlos con moderación y ayudar a los necesitados.

La causa inmediata fue la práctica de los paganos de Roma. Los romanos se dedicaron originalmente a la agricultura y sus dioses nativos pertenecían a la misma clase.

Al principio de la época de la siembra y la cosecha se celebraban ceremonias religiosas para implorar la ayuda de sus deidades: en junio para una cosecha abundante, en septiembre para una vendimia rica y en diciembre para la siembra; de ahí sus fériæ sementívæ, fériæ messis y fériæ vindimiáles.
  
La Iglesia, al convertir a las naciones paganas, siempre ha tratado de santificar cualquier práctica que pudiera utilizarse para un buen propósito» [4].
Como sugiere esta sección, la celebración de estos ayunos es una práctica muy particularmente romana.

Románitas de los Días de Témpora
Antes de Gelasio (492-496) las témporas sólo se conocían en Roma, pero después de su época su observancia se extendió.
   
Fueron traídas a Inglaterra por San Agustín; a la Galia y Alemania por los carolingios. España las adoptó con la liturgia romana en el siglo XI. Fueron introducidas en Milán por San Carlos Borromeo. La Iglesia Oriental no las conoce [5] (esta mención de San Agustín de Canterbury debería recordar a los ingleses que las Témporas fueron parte de la vida de nuestra nación desde sus inicios).

El Liber Pontificális (siglo IX) los atribuye al Papa Calixto (217-222), pero Merhsman afirma que probablemente sean anteriores [6].

Sin embargo, aunque su observancia es esencialmente romana, varias autoridades importantes sostienen que en realidad son de origen apostólico. Dom Próspero Guéranger OSB escribe:
«Su introducción en la Iglesia cristiana parece haber tenido lugar en los tiempos apostólicos; tal es, al menos, la opinión de San León, de San Isidoro de Sevilla, de Rábano Mauro y de varios otros escritores cristianos antiguos» [7].
Dada su naturaleza romana, presumiblemente se refiere a San Pedro en particular. Pero, ya sea que hayan sido instituidas por los Apóstoles, sean antiguas costumbres del pueblo romano que han sido santificadas por la Iglesia, o ambas cosas, la observancia de las Témporas es un privilegio particular de los católicos romanos, del rito latino.

Es una gran vergüenza que la observancia de estos antiguos días de ayuno haya llegado a ser vista como una debilidad o irrelevancia hoy en día, incluso por algunos tradicionalistas.

Lo mismo podría aplicarse al tiempo de Cuaresma y a las vigilias de las fiestas principales, que (junto con las Témporas) Santo Tomás señala como los tres períodos de ayuno para la Iglesia romana.

El ayuno de las Témporas como ayuda para revisar nuestras vidas
Un punto central del Adviento es la venida de Cristo en gloria para juzgar a todos los hombres al final del mundo. Un corolario de esto es que Cristo juzgará a cada uno de nosotros individualmente en el momento de nuestra muerte. El ayuno es una preparación crucial para ese momento, tanto en términos de expiación y reparación por nuestros pecados, como en términos de una creciente conciencia de nuestro estado.

Por eso el ayuno es un mandamiento de la ley natural y la Iglesia lo codifica a través de la ley eclesiástica positiva. Josef Pieper escribe:
«Leemos en Santo Tomás de Aquino, “maestro universal” de la Iglesia, que el ayuno es un mandamiento de la ley natural, destinado específicamente al cristiano medio.

En este punto es importante recordar que para Santo Tomás la “ley natural” es la fuente fundamental de la obligación. La ley moral natural es el “deber” último, dado y establecido directamente en la naturaleza de la realidad creada, y como tal dotada de supremo poder vinculante.
    
Por tanto, las normas del ayuno se remontan a esta obligación fundamental y constituyen sólo una forma más precisa definida, modificada según las circunstancias temporales y las costumbres predominantes» [8].
El ayuno es bueno para nosotros en muchos sentidos. Pieper añade que sin el ayuno, nadie que no sea ya perfecto es incapaz de preservar «ese orden interior en virtud del cual se mantiene bajo control la turbulencia de la sensualidad y se libera el espíritu para que pueda elevarse hacia la zona de su adecuada realización y satisfacción» [9].
  
Un objetivo fundamental de este ayuno es poder ver con claridad; en concreto, poder ver la realidad, el orden de la razón y las cosas como realmente son. Es un lugar común que todas las formas de intemperancia nos impiden ver con claridad y nos ciegan a la realidad y a la razón. El ayuno es parte del intento de deshacer este efecto nocivo.
  
Pero además de santificar las estaciones y el año agrícola, las Témporas nos dan la oportunidad de reflexionar sobre el pasado, es decir, sobre los últimos tres meses.

Son nuestra oportunidad de hacer alguna penitencia por los pecados que hemos cometido durante la temporada anterior, y también de hacer alguna penitencia en acción de gracias por las diversas bendiciones de estos meses.

Los Días de Témporas son también una oportunidad para pensar en el presente y dónde estamos ahora.

También nos dan la oportunidad de pensar en el futuro y en los próximos tres meses. ¿Qué queremos lograr en este tiempo y dónde queremos estar? ¿Qué pecados no queremos expiar la próxima vez que lleguen los ayunos?

Estos tres días son quizás un buen momento para hacer el primer y segundo ejercicio de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, y colocarnos al pie de la cruz con las siguientes preguntas:
  • ¿Qué he hecho por Cristo?
  • ¿Qué estoy haciendo por Cristo?
  • ¿Qué debo hacer por Cristo?
El Papa San León Magno en las Témporas
La propia Liturgia Romana nos ofrece los siguientes textos del Papa San León Magno, particularmente para las Témporas de Adviento, aunque sus palabras se aplican a cada una de las cuatro estaciones:
«Queridos hermanos, con el cuidado que nos corresponde como pastores de vuestras almas, os exhortamos a la estricta observancia de este ayuno de diciembre. El mes de diciembre ha llegado de nuevo, y con él esta devota costumbre de la Iglesia.

Ya hemos recogido todos los frutos del año que está por terminar, y es muy oportuno ofrecer a Dios nuestra abstinencia como sacrificio de acción de gracias. ¿Y qué puede ser más útil que el ayuno, ese ejercicio mediante el cual nos acercamos a Dios, nos oponemos al diablo y vencemos las tentaciones más suaves del pecado?

El ayuno ha sido siempre el pan de la fortaleza. De la abstinencia proceden los pensamientos puros, los deseos razonables y los consejos sanos. Por las mortificaciones voluntarias la carne muere a la concupiscencia y el alma se renueva en fuerza. Pero como el ayuno no es el único medio por el que obtenemos salud para nuestras almas, añadamos a nuestro ayuno obras de misericordia. Gastemos en buenas obras lo que tomamos de las indulgencias. Que nuestro ayuno sea el banquete de los pobres.

Defendamos a la viuda y sirvamos al huérfano; confortemos al afligido y reconciliemos al alejado; acojamos al errante y socorramos al oprimido; vistamos al desnudo y acariciemos al enfermo. ¡Y que cada uno de nosotros que ofrezca al Dios de toda bondad este sacrificio de Adviento de ayuno y limosna sea por Él apto para recibir una recompensa eterna en su reino celestial!

Ayunamos el miércoles y el viernes, y el sábado tenemos vigilia en la iglesia de San Pedro, para que, por sus buenas oraciones, obtengamos más eficazmente lo que pedimos, por nuestro Señor Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina, Dios por los siglos de los siglos. Amén» [10].
Al predicar en las Témporas de Otoño, el mismo santo Pontífice subrayó la importancia de la penitencia corporativa y comunitaria:
«Aunque sea lícito a cada uno de nosotros castigar su cuerpo con castigos autoimpuestos y reprimir con mayor o menor severidad las concupiscencias de la carne que batallan contra el espíritu, es necesario, sin embargo, que en ciertos días se celebre un ayuno general por todos.

La devoción es tanto más eficaz y santa cuanto toda la Iglesia se dedica a las obras de piedad con un solo espíritu y una sola alma. En efecto, todo lo que es de carácter público es preferible a lo privado, y es evidente que tanto mayor es el interés en juego cuanto más se comprometen todos.

En cuanto a los esfuerzos individuales, que cada uno mantenga su fervor en ellos; que cada uno, implorando la ayuda de la protección divina, tome para sí la armadura celestial, con la que resistir las trampas puestas por los espíritus de maldad; pero, el soldado de la Iglesia, (el soldado que tiene el espíritu de la Iglesia, ecclesiásticus miles), aunque pueda actuar valientemente en sus propios combates privados (speciálibus prœ́liis), sin embargo luchará, con mayor seguridad y con mayor éxito, cuando se enfrente al enemigo en un combate público; porque en ese combate público, no solo tiene su propio valor en el que confiar, sino que, bajo el liderazgo de un Rey que nunca puede ser conquistado, está en la batalla peleada por todos sus compañeros soldados, y, al estar en su compañía y filas, tiene una comunidad de ayuda mutua» [11].
Otro año, predicó en la misma ocasión:
«El pueblo de Dios nunca es tan poderoso como cuando los corazones de todos los fieles se unen en la unidad de la santa obediencia, y cuando, en el campamento cristiano, hay una misma preparación hecha por todos y un mismo baluarte que nos cubre a todos. […]

Elevemos nuestros corazones, retirémonos de las ocupaciones mundanas y robemos algún tiempo para fomentar nuestros bienes eternos. […]

La remisión más plena del pecado se obtiene cuando toda la Iglesia está en la misma oración y en la misma confesión; porque si el Señor promete que cuando dos o tres, con una santa y piadosa unanimidad, se pongan de acuerdo para pedirle cualquier cosa, les será concedida (Mt. 18, 19-20), ¿qué hay que se le pueda negar a un pueblo de muchos miles, que están todos igualmente comprometidos en observar una misma práctica de religión, y están, con un común acuerdo, orando con un mismo espíritu?

A los ojos de Dios, mis amados, es un espectáculo grande y precioso cuando todo el pueblo de Cristo se dedica seriamente a los mismos oficios y, sin distinción alguna, hombres y mujeres de todo grado y orden trabajan todos juntos con un solo corazón. 

Apartarse del mal y hacer el bien (Sal. 33, 15), esa es la única y misma determinación de todos. Todos dan gloria a Dios por las obras que realiza en sus siervos. Todos se unen para dar gracias de corazón al Dador amoroso de todas las bendiciones. Los hambrientos son alimentados; los desnudos son vestidos; los enfermos son visitados; y nadie busca su propio beneficio, sino el de los demás. […]

Abracemos, pues, esta bendita solidez de la santa unidad, y con un solo acuerdo de la misma buena voluntad, entremos en este solemne ayuno» [12].

Este aspecto de la penitencia comunitaria como medio para obtener el bien común nos señala un elemento final de las Témporas más allá de la consagración de las estaciones y los ciclos agrícolas.

Ese elemento, tan relevante en nuestro tiempo, es la concesión del Orden Sagrado.
  
Conclusión: Las Témporas, el Orden Sagrado, las Vocaciones y los Sacramentos Válidos
Toda la conversación sobre agricultura debería dirigir nuestra mente a la cosecha espiritual, por la cual Cristo nos dice que oremos para que Dios envíe obreros.

Santo Tomás de Aquino escribe:
«Además, es costumbre en la Iglesia que las órdenes sagradas se confieran cada trimestre del año […] y entonces tanto el ordenante como los candidatos a la ordenación, e incluso todo el pueblo, para cuyo bien son ordenados, necesitan ayunar para prepararse para la ordenación.

Por eso se refiere (Luc. 6, 12) que antes de escoger a sus discípulos, nuestro Señor “se fue al monte a orar"; y Ambrosio, comentando estas palabras, dice: “¿Qué debes hacer cuando deseas emprender alguna obra piadosa, ya que Cristo oró antes de enviar a sus apóstoles?"» [13].

Se pueden ver vestigios de este vínculo con las ordenaciones en las liturgias del Sábado de Témpora, en las que se confería un orden determinado entre las lecturas. Guéranger sugiere que durante mucho tiempo, diciembre fue el único momento en que se impartían las Órdenes Sagradas en Roma, el Sábado de Témpora de Adviento, el único sábado de Témpora que tiene siete lecturas en lugar de seis.

Como hemos visto más arriba, el Papa San León decía que la oración y la penitencia que ofrece toda la Iglesia en las Témporas y otros días semejantes son especialmente eficaces ante Dios.

En este tiempo que vivimos, no hay duda de que necesitamos orar para que el Señor envíe obreros a la mies y pastores a las ovejas.

Debemos orar para que nos envíe sacerdotes, muchos sacerdotes y muchos sacerdotes santos. Como dice la oración:
Oh Señor, concédenos sacerdotes
Oh Señor, concédenos sacerdotes santos
Oh Señor, concédenos muchos sacerdotes santos
Oh Señor, concédenos muchas y santas vocaciones religiosas.
San Pío X, ruega por nosotros.

Desgraciadamente, en esta fase de crisis de la Iglesia, parece necesario también que le pidamos que nos envíe sacerdotes válidamente ordenados, cuyas órdenes no dependan en absoluto de los nuevos ritos (en el mejor de los casos) dudosamente válidos de Pablo VI.

También debemos orar y hacer penitencia por los sacerdotes que tenemos y que ofrecen sus vidas por nuestra enseñanza y santificación.

Por último, algunas palabras para los jóvenes católicos de mente sana y de buena salud física y moral.

Dejemos de lado la introspección propia del discernimiento vocacional moderno y la espera de que aparezca una voz interior. Es perder el tiempo.

Muchos de nosotros hemos conocido a personas que pasan años en la “cultura del discernimiento público” y se han convertido en protagonistas de su propia telenovela dramática. A veces, incluso tienen un interés romántico a cuestas. Nada de esto conduce a nada en absoluto.

En todo caso, la vocación se discierne fundamentalmente en el seminario (o en el monasterio) y no fuera de él. Sin duda, incluso encontrar una institución adecuada puede resultar difícil en nuestra situación actual; pero si perseveramos en la oración, entonces estoy seguro de que Dios proveerá.

Procura obtener una copia del libro La vocación religiosa: un misterio innecesario del padre Richard Butler (o algo similar) y, si las condiciones lo permiten, toma medidas concretas para ingresar en el seminario. Lo mismo se aplica a los hombres y a las mujeres en lo que respecta a la vida religiosa.

Contrariamente a lo que te hayan podido decir, no hay vergüenza en dejar el seminario o el monasterio si se decide que no tienes vocación.

También, contrariamente a lo que quizás le hayan dicho, el matrimonio no es en modo alguno una vida de ocio ni una forma de evitar el sacrificio. No hay forma de evitar el sacrificio en esta vida.

Así que, si podéis probar una vocación, entonces —por amor a Dios y a su santa Iglesia— ¡hacedlo!

Y mientras tanto, escuchemos nuevamente las palabras de Pieper sobre el ayuno, y apliquémoslas a la observancia de las Témporas de este Adviento:
«Hiláritas mentis – alegría de corazón».
El dogma cristiano relaciona esta noción más estrechamente con la forma primitiva de ascetismo, el ayuno. Esta conexión se basa en el Nuevo Testamento, en la advertencia del Señor, proclamada por la Iglesia todos los años al comienzo de la Cuaresma: «Cuando ayunéis, no os mostréis con semblante triste» (Mt 6, 16) […].

Sin embargo, la alegría de corazón es la marca del altruismo. Con esta señal y sello uno puede reconocer con seguridad que se ha acabado con la hipocresía y con todo tipo de egocentrismo tenso [14].

***

Folklore divertido sobre los días de las Témporas
Con un agradecimiento a Tim Goodwin de Almanac.com, las siguientes máximas y supersticiones se encuentran en Beliefs and Superstitions of the Pennsylvania Germans de Edwin Miller Fogel:
11 – Las personas nacidas en días de las Témporas pueden ver fantasmas.
571 – Si te lavas el miércoles más cercano a un día de las Témporas y te enfermas, nunca te pondrás bien.
950 – El grano tendrá un precio alto si los días de las Témporas llegan tarde en el mes.
1195 – La lluvia en un día de las Témporas es seguida por tres semanas de lluvia.
1196 – El clima tres días antes del día de las Témporas predice el clima para el siguiente trimestre.
1305 – No debes descuartizar carne en un día de las Témporas, pero puedes cortarla.
1306 – Lavar en un día de las Témporas es de mala suerte.
1307 – Nunca cures carne en un día de las Témporas.
1308 – Nunca sacrifiques ganado en un día de las Témporas.
1309 – Te enfermarás si lavas en un día de las Témporas.
1310 – Si te lavas en un día de las Témporas, una cabeza de ganado morirá.
1311 – Si lavas un día de Témporas, ninguno de tus ganados morirá hasta el siguiente día de Témporas.
1312 – Morirán durante el año tantas reses como las que se sacrifiquen en cualquier día de Témporas.

NOTAS
[1] Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-IIæ, cuestión 147, art. 5.
[2] En un principio, parece que sólo había tres grupos de Témporas, en verano, otoño e invierno, y que la cuarta ya estaba en vigor a más tardar en el siglo V. En cualquier caso, las Témporas de primavera se encuentran ya en el período de ayuno de la Cuaresma, como explica Dom Prosper Guéranger:
«Debemos recordar que en primavera, estas Jornadas caen siempre en la primera semana de Cuaresma, período ya consagrado al más riguroso ayuno y abstinencia, y que, por consiguiente, nada podrían añadir a los ejercicios penitenciales de esa parte del año» [Dom Prosper Guéranger, El Año Litúrgico, para el Miércoles de Témporas, Adviento.
[3] Ahora, tras una reforma del calendario llevada a cabo por Juan XXIII, existe cierta confusión sobre cómo se debe calcular este dato. A veces, los cambios de Juan XXIII colocan las Témporas de otoño una semana después de lo que hubieran sido antes. Es interesante que incluso el Vaticano moderno, al instituir el calendario para los Ordinariatos Anglicanos, haya vuelto al antiguo método de calcular la fecha de las Témporas de otoño.
[4] Mershman, F. (1909). Voz “Ember Days”. En The Catholic Encyclopedia. Nueva York: Robert Appleton Company.  http://www.newadvent.org/cathen/05399b.htm
[5] Ibídem.
[6] Ibídem.
[7] Guéranger, Témporas, Adviento.
[8] Pieper, Las cuatro virtudes cardinales, págs. 180-181.
[9] Ibíd., 181.
[10] Lecciones IV-VI, Tercer Domingo de Adviento
[11] Guéranger, Témporas de septiembre.
[12] San León Magno, Sermón III, Del ayuno del mes séptimo. Ibíd.
[13] Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-IIæ, cuestión 147, art. 5.
[14] Op. Cit., págs. 184-185.

domingo, 17 de diciembre de 2023

LA CAPILLA PAPAL EN EL GAUDETE

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
   
CAPILLA PAPAL DEL III DOMINGO DE ADVIENTO, LLAMADO GAUDÉTE
    
Ornamentos en color rosa seca (capa pluvial, tunicela, dalmática y casulla).
   
Siempre se celebra en la casa del Pontífice, aunque anteriormente se celebraba en la basílica de Santa Cruz en Jerusalén, como el cuarto de Cuaresma. Esto también lo confirmó Sixto V. En la antigüedad el altar estaba adornado con ocho estatuas de plata de los apóstoles con la cruz y los candeleros más nobles, para los cuales ahora se usa la cruz con los candeleros de oro; así el trono y el dosel del altar estaban hechos de telas de color rosado o rosa seco y ahora son de color púrpura.
   
Los Cardenales van allí con capas de color púrpura, pero vestidos con enaguas, fajín con lazos de oro, muceta y capa de color rosado, que no es ni violeta ni púrpura; y el Pontífice con capa rosada o de rosa seca y con mitra de hoja de oro, como también se practica el dicho domingo Lætare de Cuaresma.
   
Este domingo desde el Introito Gaudéte in Dómino semper, íterum dico gaudéte, tiene algo de particular alegría de la que toma el nombre de Gaudete y la Iglesia lo demuestra con la variedad de colores y otros ritos. El diácono y el subdiácono, en lugar de las casullas dobladas delante del pecho, llevan dalmáticas y tunicelas rosas, de cuyo color son el frontal, la capa del vicario y las vestiduras del celebrante, que es cardenal del orden presbiteral.
   
Este domingo fue tan famoso que el Sumo Pontífice cantaba allí misa y rezaba el Glória in excélsis Deo, además de la asistencia que le prestaba el sábado antes de vísperas, en la que colocaba una moneda de oro que le regalaba el cardenal camarlengo de San Pedro, en boca de quien entonaba la quinta antífona, como se lee en el códice 4737 publicado por el padre Juan Bautista Gattico, Acta selécta cæremoniália Sanctæ Románæ Ecclésiæ, página 79:
“In III domínica de Advéntu, quæ dícitur domínica de Gaudéte, in quo die est V antíphona Juste, in qua antíphona Dómino Papa facit quámdam solemnitátem quæ talis est … Primicérius prænúntiat primam antíphonam Papæ; álias vero tres dicunt scholénses canónici Sancti Petri, quíntam quæ est Juste prænunciátur Papæ et idem Dómino Papa post talem prænunciatiónem áccipit monétam áuream de manu camerárii et ponit in ore ipsíus prænunciántis eódem prænunciatóre tenente os apértum. Et hoc facto ipse Papa íncipit solémniter Juste“. [En el III Domingo de Adviento, que se llama domingo Gaudéte, en cuyo día se dice la 5.ª antífona ‘Juste’, la cual antífona el Señor Papa hace alguna solemnidad, que es tal… El primicerio anuncia al Papa la primera antífona; otras tres las dicen tres escolenses de los canónigos de San Pedro, y la quinta que es ‘Juste’ la pronuncia el Papa, y el mismo Señor Papa después de tal pronunciación, recibe del mano del camerario una moneda de oro y la pone en la boca del mismo pronunciante, teniendo el mismo pronunciador la boca abierta. Y hecho esto, el Papa inicia más solemnemente ‘Juste’].
Actualmente la Capilla se realiza con las ceremonias habituales de los demás domingos de Adviento, menos las particularidades descritas anteriormente. El motete del ofertorio Veni Dómine, que es uno de los más armoniosos y se puede cantar fácilmente, es de Palestrina. Es hora de dar el discurso del p. procurador general de los Ermitaños Agustinos en el hábito de su religión, quien en su tiempo promulga la indulgencia de veinticinco años concedida por el Papa.

Caballero GAETANO MORONI, Las Capillas papales, cardenalicias y prelaticias.

domingo, 4 de diciembre de 2022

LA SAGRADA COMUNIÓN, ALIMENTO ESPIRITUAL EN LA ESPERA DE NUESTRO SEÑOR


Ánimæ nostræ, quǽsumus, omnípotens Deus, hoc potiántir desidério, ut a tuo spíritu inflamméntur: et divíno múnere satiáti, ante conspéctum veniéntis Christi Fílii tui, velut clara luminária fulgeámus. Per eúndem Christum Dóminum nostrum [Suplicámoste, Dios omnipotente, que nuestras almas estén llenas del deseo de ser inflamadas por tu espíritu; y que, saciados por este don divino, resplandezcamos como luminosas antirchas en presencia de Cristo tu Hijo, que vendrá. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor]. Amén. (MISAL AMBROSIANO, Oración post-comunión del IV Domingo de Adviento).

domingo, 1 de diciembre de 2019

LA “CORONA DE ADVIENTO”, SÌMBOLO PAGANO

Junto con el “Árbol de Navidad” y el “Papá Noel” (“Santi Cló”, “Viejo Pascuero” o como se llame y/o quien haga sus veces), otro símbolo de origen alemán ha irrumpido en muchos hogares para el tiempo de Adviento y Navidad. Nos referimos, pues, a la Corona de Adviento. Frente a la difusión que éste ha tenido en estos tiempos, principalmente en el ámbito conciliar, cabe preguntarse si es una costumbre que puede adoptarse por un Católico, y es el tema de nuestro artículo presente.

Corona de Adviento
 
Antes de abordar el tema central, es oportuno dar un repaso histórico del tiempo de Adviento. La celebración de este tiempo litúrgico tiene su origen en la tradición bizantina como un período de ayuno de cuarenta días que comienza el 15 de Noviembre, el día posterior a San Felipe Apóstol –en el calendario bizantino, ya que en el Romano es el 1 de Mayo con San Santiago el Menor– (de ahí que se le llame también Ayuno de Felipe) y acaba el 24 de Diciembre. Se cree que esta celebración fue importada por San Gregorio Magno –que antes de ser Papa fue legado apostólico en Constantinopla– a la Iglesia occidental. Inicialmente se observaban seis semanas de preparación, comenzando el Domingo posterior a la fiesta de San Martín de Tours –práctica aún conservada en el Rito Ambrosiano donde, si el 24 de Diciembre cae en Domingo, se le considera como domínica aparte–; y en el Rito Hispano-Mozárabe de Toledo, el domingo más cercano a San Acisclo Mártir (fiesta litúrgica: 17 de Noviembre), entre el 13 y el 19 de Noviembre. Un siglo después, se recortó en dos semanas, quedando así su inicio en el Domingo más cercano a San Andrés Apóstol, como es la práctica en el Rito Romano.
   
Según el criterio de muchos historiadores y eruditos, el concepto de la Corona de Adviento tuvo su origen entre los luteranos alemanes del siglo XVI, aunque sus raíces remotas están en el paganismo nórdico, que siguiendo el esquema cíclico de las estaciones y la creencia de la muerte y renacimiento del sol durante el invierno, cortaban ramas de árboles perennifolios que eran dispuestas en forma circular y encendían fuego con la esperanza de que su dios solar Balder, asesinado por su hermano ciego Höðr con un dardo de muérdago fabricado por su tío malvado Loki, retornara con la fertilidad de los campos en la primavera. Y en ese sentido, la fiesta del Yule, en el solsticio de invierno boreal, simboliza el renacimiento del Dios solar después de su muerte en Samhain (31 de Octubre) las hojas han caído y la vida espera bajo la tierra esperando a renacer.
     
En la religión wicca existe el llamado tronco de Yule, sobre el cual se ponen cinco velas que se encienden en el siguiente orden:
  • La primera vela (que representa a la conciencia), es de color negro, ya que contiene a todos los demás colores, simboliza un comienzo nuevo y de un principio de vida tanto física, espiritual así como mental. Representa todo lo básico para ser, es la substancia y de ahí parte todo, tiene que ver el amor a la vida y al encender su luz, simbólicamente disipa cualquier oscuridad existente. En algunos lugares, en vez de velas, se prendían las hogueras y al encenderlas y estando en circulo todos, oran por el bienestar pidiendo lo básico para subsistir y más adelante poder a la vez darlo en ofrenda de vuelta.
  • La segunda vela (que representa el principio masculino, y el número dos), es de color amarillo, simboliza el pan y fruto de la cosecha. Representa la voluntad, la substancia materializada en energía, dándole capacidades como el de la voluntad e imaginación. Con ella se piden estas cualidades y la fuerza necesaria para la vida... y en su llama se quema la falta de voluntad, la cobardía, la falta de acción así como las omisiones que no han hecho bien a nadie.
  • La tercera vela (que representa lo femenino y el mar como principio de la vida, y el número tres), es de color rojo. Al encender esta tercera vela, se pide por la protección, salud, la comida y la economía del hogar, el consuelo, el descanso, la restauración, y la fuerza constructiva y destructora de aquello que no nos conviene. Simbólicamente se puede quemar en un papel todo lo que no hemos asimilado y no hemos desechado de nosotros, todo lo que hemos guardado y almacenado y no conviene más a nuestro ser.
  • La cuarta vela (que representa la gracia, la armonía y el equilibrio, y el número cuatro), es de color verde. Se le atribuyen poderes sanadores, y se considera el que se transforma, el que instruye, es maestro y discípulo a la vez, pues usa los elementos, el que llama, el que consagra, el que porta el cetro y ejerce la autoridad, el que dinamiza, el que festeja, el que maneja la energía, el que programa, así que al encender esta vela, se quema todo lo que impide recibir estos poderes y se pide la restitución de los mismos.
  • La quinta vela (que representa la unificación y la conexión, y el número cinco) es de color blanco, representa la unión espiritual y la conexión con la divinidad, al encender esta vela reiteramos nuestro compromiso con la tradición y nuestro sendero, así damos la bienvenida de nuevo a la luz. Esta vela se enciende la noche de Yule (21 de Diciembre).

Representación artística de un tronco de Yule
   
Ahora bien, la forma más contemporánea de este paramento se adoptó tres siglos después de la rebelión de Lutero (que por alguna razón conservó el temporal del calendario litúrgico de esa “Römisch-kirche” que tanto satanizaba –otra prueba de la hipocresía de los “reformadores”–), por parte del pastor y misionero urbano Johann Hinrich Wichern, fundador de la Misión Interna de Alemania, un movimiento de apostolado social dedicado a la atención de los niños pobres y abandonados. Winchern, ante la continua pregunta de los niños de su escuela misional Rauhes Haus en la ciudad de Hamburgo de si ya había llegado la Navidad, en  el año 1839 hizo construir un gran anillo de madera a partir de una vieja rueda de carreta, sobre la cual dispuso 24 velas pequeñas de color rojo y 4 grandes de color blanco, encendiendo cada día una (las rojas de lunes a sábado, y las blancas el Domingo). A esto se le dio el nombre de Adventskranz.

Ejemplo de Adventskranz (Bundestag, año 2017)
  
Hacia 1860, se adaptó una reforma: en los hogares, escuelas, orfanatorios e iglesias luteranas que acogieron esa práctica, remplazaron la rueda de carreta por una corona con ramas de abeto (es de saber que ya el Árbol de navidad era popular en ese entonces, a partir de la difusión entre la realeza europea), y con el fin de economizar consumibles, se decidió emplear cuatro velas que se encendían cada domingo de Adviento, como se estila en la actualidad: Los colores pasaron a significar los de los ornamentos empleados en este tiempo litúrgico: tres velas moradas (entre los anglicanos y los ordinariatos creados a raíz de Anglicanórum Cœ́tibus, algunos usan velas azul índigo –un color popularizado como Azul Sarum para el Adviento, aunque el Uso de Sarum no tenía colores litúrgicos definidos hasta el siglo XV, cuando se estableció para la Cuaresma y el Adviento el color blanco apagado– y otros moradas) y una rosada que se enciende el tercer Domingo de Adviento (algunos incluso disponen una última vela blanca para el centro de la corona, que se enciende el 25 de Diciembre). Por otro lado, los miembros de la Hermandad Morava (la segunda denominación pre-protestante más antigua) usan velas del color natural de la cera de abejas, en tanto que algunos protestantes en el Reino Unido emplean el color rojo en todas las cuatro velas (en ese país es un color tradicional en la decoración festiva).
 
Ejemplo de Corona de Adviento con velas Azul Sarum –un color popularizado en medios anglicanos, pero no acorde al antiguo Uso de Sarum del que dicen descender–.
 
Como dato curioso, fue uno de los símbolos adoptados también para el Festival Yule en la Alemania nazi, con el cual pretendían remplazar la Navidad, que consideraban superpuesta a la tradición pagana germánica. La Adventskranz devino en el Sonnwendkranz (corona del solsticio) o Lichterkranz (corona de luz), que en su centro tenía el Sol Negro (símbolo nórdico del fin del mundo, y adoptado por las SS en su culto esotérico). Otra variante era el Julbogen (Arco de Yule), adornado con runas, y que se conserva aún en el neopaganismo nórdico para las fiestas del solsticio.

Arco de Yule (fuente: Partido Nacionaldemócrata de Baden-Wurtemberg, Alemania)
    
Supuesto lo anterior, ¿Cuándo se introdujo la práctica en la iglesia conciliar? Si bien se debate cuando sucedió, lo cierto es que en ella es una práctica muy arraigada junto con el Árbol en la Plaza de San Pedro Vaticano, y en el año 2006, Ratzinger Tauber/Antipapa Benedicto XVI fue noticia porque utilizó una corona con cuatro velas rojas (quizá comenzó a adoptarse en tiempo de Wojtyła, pero Ratzinger quiso plasmarle su gusto personal). Incluso existe un ceremonial específico para la bendición y posterior encendido de la corona en el templo, que llega al punto de ser insertado por algunos presbíteros entre el Acto penitencial y el Gloria en el servicio Novus Ordo [Anécdota personal: cuando estaba en la iglesia conciliar –sobre todo cuando fui monaguillo–, ése era uno de los momentos más sufridos: tener que estar de pie con la tortura que representaba escuchar la entonación de un himno (“La corona de Adviento” de Bernardo Velado Graña, o “Ven, ven, Señor, no tardes” de Cesáreo Gabaráin Azurmendi) por parte de una señora con una voz horrorosamente destemplada y sus dos hijas, que más parecían ser forzadas a interpretar música religiosa]. Y aun entre los conciliares tampoco hay acuerdo entre los colores, porque hay quienes usan una vela morada (penitencia), una verde (esperanza), una rosada (alegría por la pronta llegada del Señor), una roja (caridad) y la infaltable vela blanca para el 25 (el nacimiento de Jesús) –incluso hubo quien sustituyera el morado por el amarillo y el verde por el azul celeste, significando la fe y la aceptación de la justicia de Dios respectivamente–.

Ejemplo de una Corona con cinco colores
  
Dado que es una práctica nueva, ciertos autores modernos han hecho circular que esta costumbre de la Corona de Adviento fue cristianizada en la Edad Media, o que fue compartida por los católicos alemanes del siglo XVII (lo que hace que la disposición según los colores litúrgicos expuesta arriba tenga algún sentido). Históricamente no puede ser cierto tal argumento, sobre todo si se tiene en cuenta que la Corona de Adviento sólo se comenzó a adoptar en las regiones católicas de Alemania a partir de 1920 (Colonia: 1925; Múnich: 1930), en la región de Alsacia durante el período de entreguerra, y que en Austria la primera Adventkranz apareciera en 1945 (en todos estos casos, por proselitismo protestante). Por otra parte, en los Estados Unidos esta práctica llegó con la inmigración alemana, que alcanzó su máximo entre 1840 y 1880. Y como es de esperarse, en un país tan pluralista en cuanto al origen de sus habitantes, los católicos estadounidenses lo adoptaron.
  
Otros aseguran que procede de la Cristiandad oriental, basándose en una miniatura medieval representando a San Gregorio Magno con una corona pendiendo en alto sobre su cabeza. Primeramente, el objeto pendiente sobre la cabeza de San Gregorio puede ser una lámpara o una corona votiva que se hacía colgar del baldaquino sobre el altar. En ese último caso, la donación de coronas votivas fue una práctica habitual especialmente entre los reyes y nobles desde Constantinopla hasta Toledo, siendo ejemplo de ello la famosa Corona del rey visigodo Recesvinto (conservada actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid), y posiblemente también la Corona de Hierro de Lombardía.

San Gregorio Magno dictando una carta a su secretario (Miniatura del Regístrum Gregórii, Biblioteca de Trier, Alemania)
  
Y por otra parte, la costumbre de la Corona de Adviento es muy rara entre los ortodoxos y católicos de rito oriental que viven en Europa y Estados Unidos (para no hablar de los países con importante presencia ortodoxa), y en todo caso es de muy reciente adopción. Sobre todo, teniendo en cuenta que muchos católicos de rito oriental no ven con buenos ojos la latinización litúrgica, no es de extrañar que éstos no acogen pacíficamente la Corona de Adviento.
  
En síntesis, es posible afirmar que la costumbre de la Corona de Adviento no es conveniente que sea acogida por ningún Católico verdadero, no sólo por su origen pagano-protestante, sino también porque no le favorece el hecho de haber sido precisamente adoptada por la iglesia deuterovaticana.
 
Que la Paz de Dios Uno y Trino, que supera todo entendimiento, nos acompañe siempre, y la Virgen Santa María interceda por nosotros para perseverar en la Sana Doctrina y la Espiritualidad Auténtica del Catolicismo Tradicional.

JORGE RONDÓN SANTOS
1 de Diciembre de 2019
Domingo I de Adviento Romano, fiesta de San Eligio Obispo y Confesor.

sábado, 1 de diciembre de 2018

SECUENCIA «Mœsta Sion muta vocem», DEL PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

La Anunciación (Miniatura perteneciente al Codice Corale 2, siglo XIV)
  
Secuencia tomada del antiguo Eucologio de Lisieux, año 1818. Traducción nuestra.
    
LATÍN
Mœsta Sion, muta vocem,
Sume psalmum, et felícem
Dic vicem mortálium.
  
Lapsus homo suspirábat,
Cœlo pulsus exulábat;
Fert Deus auxílium.
  
Quem Prophétæ prædicárunt,
Quem tot annos expectárunt,
Justum pluunt sídera.
  
Radix Jesse mittit florem:
Terra profert Salvatórem:
Virgo fit puérpera.
   
Hic languóres nostros suscípiet;
Hic ætérnam pacem stabíliet,
Omne scelus ábluet.
   
Hic decrétum nobis contrárium,
Quo peccáti fit mors stipéndium,
Immolátus díluet.
  
Qui Redémptor expectáris,
O spes rebus in amáris!
Instant mala, quid moráris?
Veni, lapsos érige.
 
Et tu, Virgo paritúra,
Dei mater mox futúra,
Mater virgo permansúra,
Invocántes prótege. Amen.
  
TRADUCCIÓN
Sion afligida, cambia tu voz,
Toma los salmos, para cantar
El retorno de la felicidad a los mortales.
   
El hombre caído suspiraba,
Llamando a la cerrada puerta del Cielo,
Ahora Dios le da sus auxilios.
 
Los astros hacen descender al Justo
Aquel que predijeron los profetas,
Aquel a quien esperaron por tantos años.

La rama de Jesé produjo una flor:
La tierra manifiesta al Salvador:
La Virgen ha dado a luz.
 
Vino a tomar nuestras debilidades;
Vino a establecer la paz eterna;
Vino a lavar todos los crímenes.
 
Por su inmolación diluyó
El decreto que nos era contrario,
Por el cual la muerte era el pago del pecado.
   
Tú que eres esperado como Redentor,
¡Oh esperanza de todas las amarguras!
Preguntan los malvados, ¿por qué tardas?
Ven, levanta a los caídos.

Y tú, Virgen que darás a luz,
Pronto serás la Madre de Dios,
Madre que permanece Virgen:
Protege a los que te invocan. Amén.