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jueves, 30 de julio de 2020

NOVENA EN HONOR DEL BEATO PEDRO FABRO

Tomado del libro Vidas de los Santos de la Compañía de Jesús, publicado en Madrid por la librería de Miguel de Olamendi en 1877. Imprimátur otorgado por Mons. Giuseppe Angelini, Obispo Auxiliar de Roma y Arzobispo titular de Corinto. Los Gozos fueron publicados en 1880 por la imprenta de Valentín Torrás en Barcelona.
  
NOVENA DEL BEATO PEDRO FABRO DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS
   
   
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y digno de ser amado sobre todas las cosas, me pesa en el alma de haberos ofendido, y propongo firmemente la enmienda, ofreciendo confesarme y apartarme de las ocasiones de ofenderos, y espero me perdonareis por los infinitos méritos de vuestra preciosa Sangre, dándome auxilios para perseverar en gracia hasta la muerte. Amén.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Eterno Dios y Señor mío, que os complacéis sobremanera en manifestar vuestra gloria, adornando a vuestros escogidos de excelsas virtudes y ricos méritos; dignaos concederme luz y acierto para honrar al Beato Pedro Fabro, y darle aquel culto que agrade a vuestra Divina Majestad, y nos obtenga de vuestra infinita bondad, por su intercesión poderosa, las gracias que necesitamos para que, siguiendo sus pasos en la vida, lleguemos al término deseado de la gloria. Amén.
  
DÍA PRIMERO – 30 DE JULIO
ORACIÓN

Bondadosísimo Señor, que a vuestro querido siervo el Beato Pedro Fabro, desde sus más tiernos años, le previnisteis con copiosas bendiciones de gracia manifestadas en su angelical vida y santas prácticas; concedednos a nosotros gracias eficaces que nos hagan caminar por la senda de la virtud y perfección cristiana hacia la patria común del cielo. Amén.

Aquí se rezará un Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri al Beato Pedro Fabro.
   
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios y Señor mío, que para recompensar aun en esta vida mortal las virtudes de vuestros siervos, os agrada dispensar vuestras gracias y favores a los que aún peregrinamos por este valle de lágrimas; por la intercesión y méritos de estos héroes gloriosos que invocamos en nuestras necesidades, dignaos escuchar las súplicas que os dirigimos por vuestro querido y regalado siervo el Beato Pedro Fabro, que tan fervorosamente os sirvió en esta vida, para que merezcamos acompañarle en la gloria. Amén.
   
GOZOS
  
De Jesús soldado fuerte
Contra el vicio y el error:
Danos, oh Pedro Fabro, favor
En el trance de la muerte.
   
En el Saboyardo suelo
Humilde cuna tuviste
En Vinaret, y fuiste
Educado con desvelo;
Pues Dios quiso enriquecerte
Con talento superior.
Danos, oh Pedro Fabro, favor
En el trance de la muerte.
   
En París estudiante,
Para ganar qué comer,
De Loyola y de Javier
Se te elige por pasante:
El Cielo al primero advierte
Te tome por coadjutor.
Danos, oh Pedro Fabro, favor
En el trance de la muerte.
   
Para la gran Compañía
De Jesús pronto te gana
Ignacio, y tú la sotana
Vistes siguiendo a tal guía,
Para ser su brazo fuerte
En las lides del Señor.
Danos, oh Pedro Fabro, favor
En el trance de la muerte.
   
La cátedra de Escritura
Te encarga Paulo Tercero
En Roma, y con el acero
De tu predicación pura
Logras allí que despierte
Del letargo el pecador.
Danos, oh Pedro Fabro, favor
En el trance de la muerte.
     
De Parma en la Legación,
De Worms en las conferencias,
Derrotas las eminencias
De luterana facción;
En ti la Alemania advierte
Un muro contra el error.
Danos, oh Pedro Fabro, favor
En el trance de la muerte.
   
Con apostólico celo
La Alemania recorriendo,
Vas por doquier recogiendo
Los frutos de tu desvelo,
En tu Orden al conocerte
Entran muchos con fervor.
Danos, oh Pedro Fabro, favor
En el trance de la muerte.
     
En España y Portugal,
Por San Ignacio enviado,
Tu Instituto has propagado
Con aplauso general,
En todos puntos al verte
Renace de fe el ardor.
Danos, oh Pedro Fabro, favor
En el trance de la muerte.
    
En Ratisbona y Maguncia,
En las Dietas de Spira,
Tal celo el Señor te inspira,
Tal fuerza tu voz anuncia,
Que en clero y pueblo se advierte
Luego el cambio mejor.
Danos, oh Pedro Fabro, favor
En el trance de la muerte.
   
Tu caridad, tu dulzura,
Tu gran desprecio del mundo,
Y tu saber tan profundo
Y el candor de tu alma pura,
De todos hacen quererte,
Son del sectario el terror.
Danos, oh Pedro Fabro, favor
En el trance de la muerte.
   
Con cilicios y abstinencia
Tu cuerpo ya extenuado,
A Roma habiendo llegado
Preso de grave dolencia,
Te llama Dios a la suerte
Del goce del eterno honor.
Danos, oh Pedro Fabro, favor
En el trance de la muerte.
    
De tu virtud en abono
Y prodigios singulares,
Te colocó en los altares
El gran Papa Pío Nono,
Para, cual dique, oponerte
A este siglo corruptor.
Danos, oh Pedro Fabro, favor
En el trance de la muerte.
    
Pues tú del protestantismo
Fuiste el terrible martillo,
Alienta, fuerte caudillo,
Contra el furor del abismo
Nuestra fe, y a ella convierte
Al que es presa del error.
Danos, oh Pedro Fabro, favor
En el trance de la muerte.
    
Ya que logra enternecerte
De tu devoto el clamor:
Danos, oh Pedro Fabro, favor
En el trance de la muerte.
        
Antífona: Como un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca.
℣. Lo amó el Señor, y lo adornó.
℟. Lo revistió con una estola gloriosa.
  
ORACIÓN
Atiende, oh Señor, nuestras súplicas, y ya que quisiste asociar en tu bienaventurado confesor Pedro el asiduo deseo de la oración y el infatigable celo por las almas, concédenos por sus méritos e intercesión, que merezcamos estar continuamente adheridos a Ti, y amar y ayudar a nuestro prójimo en obra y verdad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA SEGUNDO – 31 DE JULIO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
ORACIÓN
Redentor amorosísimo de las almas, que, abrasado en vivo celo de la gloria de vuestro Eterno Padre, y de la salvación de los hombres, comunicasteis este fuego santo al corazón del Beato Fabro en tan alto grado, que ya desde niño juntaba a sus iguales en el mayor número que podía, y les enseñaba vuestra celestial doctrina, inspirándoles al mismo tiempo sumo horror á la culpa, y grande amor a la virtud; suplicoos, Jesús mío, me deis un vivo celo por mi propia salvación y la de mis prójimos, que me estimule a obrar cuanto bien pueda para lograr tan alto fin. Amén.
   
Un Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri al Beato Pedro Fabro. Las Oraciones y Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO – 1 DE AGOSTO
Por la señal...
      
ORACIÓN
Gloriosísimo Beato Pedro Fabro, que deseoso de mortificar vuestras pasiones sujetasteis vuestro cuerpo a rígidos ayunos y ásperas penitencias, y declarasteis guerra incesante á vuestras inclinaciones naturales, aunque inocentes y lícitas; alcanzadnos del Señor odio santo de nosotros mismos, y amor grande a la cruz, que es camino de la gloria. Amén.
   
Un Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri al Beato Pedro Fabro. Las demás Oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA CUARTO – 2 DE AGOSTO
Por la señal...
         
ORACIÓN
Amabilísimo protector mío, Beato Fabro, que teníais tan íntimo trato con Dios, que pasabais largas horas de la noche en profunda oración, haciéndoos insensible al frío y demás molestias de la estación; obtenednos del cielo amor a la oración, y fijeza y devoción en ella, de modo que por este medio logremos las gracias que a la misma están vinculadas, especialmente la de nuestra felicidad eterna. Amén.
   
Un Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri al Beato Pedro Fabro. Las Oraciones y Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA QUINTO – 3 DE AGOSTO
Por la señal...

ORACIÓN
Protector mío amantísimo, Beato Fabro, cuyo amor a la cruz de Cristo fue tan grande, que todos los días al ofrecer la Hostia santa en el altar, os ofrecíais como víctima al martirio que deseabais con ardor; haced que nosotros también amemos la cruz, llevando por lo menos nuestros trabajos con resignación y constancia hasta la muerte. Amén
   
Un Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri al Beato Pedro Fabro. Las Oraciones y Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SEXTO – 4 DE AGOSTO
Por la señal...

ORACIÓN
Suavísimo Beato Fabro, que, habiendo tenido la dicha de nacer pobre a imitación de Cristo, quisisteis serlo toda la vida, aunque vuestros talentos y prendas naturales os brindaban con posiciones cómodas y ventajosas, siendo vuestro gusto y placer sumo experimentar los efectos más duros y ásperos de la pobreza; alcanzadnos del Señor horror grande a las comodidades de la vida, y tierno amor a la desnudez y pobreza de Cristo, para que por esta virtud lleguemos a la posesión del reino prometido a los pobres de espíritu. Amén.
   
Un Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri al Beato Pedro Fabro. Las Oraciones y Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO – 5 DE AGOSTO
Por la señal...

ORACIÓN
Amadísimo Beato Fabro, que amasteis tanto la humildad, que buscabais ávidamente vuestro propio desprecio, poniendo vuestra gloria en veros pospuesto y humillado a todos; haced que yo lleve siquiera con tranquilidad y paz de espíritu, todo lo que mortifica mi amor propio, y humilla mi soberbia. Amén.
   
Un Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri al Beato Pedro Fabro. Las Oraciones y Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA OCTAVO – 6 DE AGOSTO
Por la señal...

ORACIÓN
Ardentísimo ángel de caridad. Beato Pedro Fabro, que, abrasado en este divino fuego, todo trabajo por los prójimos, por duro y repugnante que fuese, se os hacia dulce y suave, y ganasteis miles de almas para Dios con vuestras tareas apostólicas, y raros ejemplos de virtudes heroicas; ojalá logre yo una centella siquiera de ese fuego divino que ardía en vuestro pecho, y a imitación vuestra socorra a mi prójimo en sus necesidades, ya espirituales ya temporales, y asegure así con la pureza de alma mi eterna salvación. Amén.
   
Un Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri al Beato Pedro Fabro. Las Oraciones y Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA NOVENO – 7 DE AGOSTO
Por la señal...

ORACIÓN 
Dulcísimo Beato Fabro, que tuvisteis la feliz suerte de morir por obedecer, como el divino Maestro, así como a imitación suya vivisteis siempre obedeciendo, por lo cual gozáis hoy de gran gloria, como vos mismo lo revelasteis; haced que yo ame tan preciosa virtud, contrariando mi voluntad, y gozándome de hacer la de aquellos que el Señor me ha puesto por representantes suyos en la tierra. Amén.
   
Un Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri al Beato Pedro Fabro. Las Oraciones y Gozos se rezarán todos los días.

sábado, 4 de enero de 2014

BERGOGLIO: “CANONIZO A PEDRO FABRO, PORQUE ÉL DIALOGABA CON LOS PROTESTANTES”

Traducción del artículo original publicado en TRADITIO
 
BERGOGLIO ABANDONÓ TODA PRETENSIÓN DE LEGITIMAR A LOS SANTOS: SE LEVANTÓ Y DECLARÓ UN “SANTO” DEL NOVUS ORDO SIN INVESTIGACIÓN PREVIA ¡PORQUE “DIALOGABA” CON LOS HEREJES!
 
¿El jesuita Pedro Fabro (beatificado en 1872 por el Papa Pío IX), un santo? ¿O no lo es? Los miembros de la nueva iglesia nunca lo sabrán, porque Wojtyla destruyó el proceso de Canonización en 1983.
Ahora Bergoglio ha establecido el fraude del Novus Ordo Canonizatiónis: un paso de gigante sin tener en cuenta las investigaciones o milagros.
Simplemente se levantó y declaró a Fabro un “santo” del Novus Ordo porque como él, Bergoglio está “dialogando” con los herejes.
   
Cualquiera que piense que la iglesia del Novus Ordo se ciñe a cualquier regla, debe tener hace ya mucho tiempo que desengañarse de esta noción falsa. La iglesia deuterovaticana NO SIGUE NI LA BIBLIA NI LA TRADICIÓN. Los papas conciliares simplemente se levantan y hacen con su religión lo que les dé su real gana. No siguen ni su propia “ley canónica”. Y Bergoglio Sívori/Francisco I, es el más arbitrario y anticatólico de todos los antipapas. Esentialmente ha negado la Doctrina, la Moral y la adocración Católica en favor de un recalentado modernismo marxista que pusiera orgullosos tanto a el padre del comunismo como al archi-heresiarca Martín Lutero.
 
La canonización de los santos es un asunto que la verdadera Iglesia toma muy en serio. Después de todo, si la Iglesia llegase a proclamar a un farsante como santo, millones de Católicos estarían venerando a un fraude. Por ello, los requisitos que tradicionalmente fueron impuestos y las investigaciones más estrictas, podían tardar hasta siglos antes de poder canonizar al candidato. Algunos teólogos incluso se han atrevido a argumentar que tales canonizaciones eran expresión de la infalibilidad pontificia, algo sobre lo cual el mayor teólogo de la Iglesia, el angélico Santo Tomás de Aquino, discrepa.
  
Santo Tomás de Aquino considera que las canonizaciones no entrañan la infabilidad pontificia, pues en ella no se confirma una verdad de Fe
 
Todo fue cambiado el 25 de Enero de 1983, cuando Wojtyla/Juan Pablo II, abandonó cualquier traza de verdad o de justicia en el actual proceso de canonización de la iglesia conciliar para destruir el cuidadoso proceso vigente por siglos. Wojtyla fue un modernista típico, un destructor de la Sagrada Tradición. El nuevo proceso creado por Wojtyla no es religioso, sino político. Los candidatos no serían juzgados por su santidad tradicional, sino por su “corrección política” para los tiempos modernos. Incluso, durante el falso Jubileo del año 2000, Wojtyla pretendió canonizar al heresiarca Martín Lutero.
 
Wojtyla, entre sus muchas abominaciones, pretendía canonizar a Martín Lutero (aún cuando, con toda evidencia, está en el Infierno por pretender acabar con la Iglesia Católica)
 
Wojtyla eliminó el cargo del Advocátus Diáboli (Abogado del diablo) o promotor de la Fe, cuyo trabajo era presentar los contrargumentos más contundentes contra la santificación de una persona, todo para que las evidencias contrarias fueran develadas y para que un fraude no fuera elevado al honor de los altares. Wojtyla permitió al promotor de las canonizaciones rechazar de plano cualquier testimonio o evidencia “inconveniente”. Esta práctica ha causado que los médicos más reconocidos sobre los casos de “milagros”, lleguen a ser desechados si ellos no apoyan la canonización. Este fraude ha dado lugar a una ola de falsos milagros, insostenibles para el testimonio de los médicos especialistas en estos casos, para asegurar la canonización por parte de la secta vaticana, de candidatos indignos pero “políticamente correctos” como Teresa de Calcuta y Wojtyla mismo.
 
El proceso de canonización conciliar ha favorecido, entre otros, a Teresa de Calcuta (ecumenista confesa), Juan Pablo II (continuador de la demolición de la Iglesia), y José Mª Escrivá de Balaguer (fundador de la sociedad secreta Opus Dei).
 
Antes de que Wojtyla pervirtiera la doctrina Católica, la Iglesia declaraba santos ÚNICAMENTE a cuantos mostraban un grado HEROICO de santidad (no uno común, que consiste en el Estado de Gracia). Este grado especial y eminente es llamado Estado de Perfección, cuanto esta alma es movida por el Espíritu Santo. Wojtyla abandonó esta exigencia tradicional de la perfección heroica, siguiendo el documento anticatólico del concilio deuterovaticano Lumen Géntium, en su capítulo V.
 
Otra consecuencia del relajado proceso de 1983 es que los nuevos antipapas básicamente han renunciado a su función papal de mera confirmación de la sentencia del obispo local en nombre de la "colegialidad" del conciliábulo. Ese obispo local, por supuesto, se beneficiará financieramente de los santos canonizados de su diócesis.
 
Ahora Bergoglio ha dado un nuevo paso de gigante en el Novus Ordo Canonizatiónis. Él no acepta ni investigaciones, milagros ni documentos de ninguna clase. El 17 de Diciembre de 2013, simplemente se levantó y declaró santo al jesuita Pedro Fabro. Fabro pertenecía a la orden Jesuita de la que Bergoglio blasona ser miembro. A Bergoglio le gusta el modernismo de Fabro: dialogaba con todos, “hasta con sus oponentes”, los herejes protestantes de la Pseudo-Reforma. En Septiembre de 2013, Francisco I claramente violó el tradicional proceso de canonización al promover la causa del masón Roncalli Marzolla/Juan XXIII (el que convocó al Vaticano II), aunque a él no pudo reconocese siquiera los dos milagros necesarios.
 
Una razón por la que Francisco I decidió canonizar a Juan XXIII es ¡PORQUE NO ALCANZÓ A TENER LOS MILAGROS NECESARIOS, NI PARA EL PROCESO CONCILIAR!
 
¡Es claro que la secta de Bergoglio es tan falsa como sus seudo-santos!

jueves, 11 de agosto de 2011

BEATO PEDRO FABRO, PRIMER DISCÍPULO IGNACIANO

Beato Pedro Fabro
  
Refiere el padre Diego Laínez que cuando, en 1535, San Ignacio salió de París para atender en España a su salud quebrantada, dejó “al buen maestro Pedro Fabro como hermano mayor de todos los compañeros de un mismo ideal”, consagrado meses antes con voto, en la colina de Montmartré. Este era el Beato Fabro: el primer sacerdote de la Compañía, ordenado tres semanas antes de aquel voto, y el primer miembro de aquel grupo estable de hombres excepcionales que, con San Ignacio a la cabeza, habían de fundar una nueva Orden.
   
Oriundo del pueblecito de Villaret, parroquia de San Juan de Sixt, situado en las faldas del Gran Bornand en el ducado de Saboya, donde había visto la luz primera durante las alegrías pascuales de 1506, aquel sencillo y humilde pastorcito ya a los diez años había sentido una atracción irresistible hacia el estudio. Sus padres, movidos por las lágrimas del niño, se vieron obligados a modificar los planes que sobre él tenían y ponerle a estudiar, primero en el vecino pueblo de Thónes y a los dos años en La Roche, bajo la dirección del piadoso sacerdote Pedro Velliard, que le educó no menos en la doctrina que en el temor de Dios.
   
Siete años permaneció en aquélla escuela, hasta que a los diecinueve de edad, en 1525, se dirigió a París para empezar el curso de artes o filosofía en el colegio de Santa Bárbara. La Providencia guiaba sus pasos para que, sin él preverlo ni pretenderlo, se fuese encontrando con sus futuros compañeros. En aquel colegio tuvo como maestro al español Juan de la Peña, el cual, a su vez, cuando encontraba alguna dificultad en la lectura de Aristóteles, se la consultaba a Pedro Fabro, porque “era buen griego”. Maestro y discípulo compartían una misma habitación, en la que también por aquel mismo tiempo encontró alojamiento un condiscípulo de Fabro y de su misma edad, nacido solamente seis días antes que él: el navarro Francisco Javier. Más adelante, en octubre de 1529, se les juntó un tercer compañero, quince años mayor que ellos, destinado por Dios a ejercer un influjo decisivo en su vida: era Ignacio de Loyola. Esta convivencia y comunidad de estudios no podía menos de acercar a estos tres nobles espíritus; pero mientras Javier tardó todavía varios años en dejar sus planes de mundo; el dulce saboyano se rindió más fácilmente al ascendiente que sobre él ejercía Ignacio. Dios se valió de un difícil período de escrúpulos y luchas interiores para que Fabro se pusiese bajo la dirección de Ignacio, ya por entonces hábil maestro de espíritus. Cuatro años duró esta íntima comunicación, pero dos bastaron para que Fabro se decidiese a seguir a su compañero en una vida de pobreza y apostolado. Decisiva influencia ejercieron los ejercicios espirituales, que Fabro hizo con tanto rigor que estuvo seis días sin comer ni beber nada, y sin encender el fuego en el crudo invierno de París. Más adelante, según el testimonio del mismo San Ignacio, había de tener el primer lugar entre los que mejor daban los ejercicios.
   
Mientras se iba desarrollando esta transformación en el interior de Fabro avanzaban también sus estudios teológicos, hasta que el 22 de julio, fiesta de Santa María Magdalena, celebró su primera misa. El 15 de agosto siguiente, en la fiesta de la Asunción de María al cielo, pudo celebrarla cuando, junto con Ignacio, Francisco Javier, Nicolás de Bobadilla, Diego Laínez, Alonso Salmerón, Simón Rodrigues, hizo el voto de vivir en pobreza y de peregrinar a Jerusalén, y, en caso de resultar esto imposible en el espacio de un año, ponerse en Roma a la disposición del Papa; voto renovado en los dos años sucesivos, cuando, si bien estuvo ausente San Ignacio, se asociaron a los anteriores en 1535 el compatriota de Fabro Claudio Jayo y en 1536 los franceses Juan Coduri y Pascasio Broet.
   
Desde el voto de Montmartre las vidas de Ignacio y de sus compañeros se funden en una sola, aun cuando el curso de los acontecimientos iba a conducir a unos y a otros por caminos del todo distintos. En noviembre de 1536 Fabro y los demás se encaminaban a Venecia con intención de poner en práctica su voto jerosolimitano. Allí se reúnen con Ignacio, que les espera, según lo convenido. Mientras aguardan el tiempo en que debía hacerse a la vela la nave peregrina, se reparten por los hospitales de la ciudad y se ejercitan en las obras de caridad y de celo. Obtenido el necesario permiso de Roma, asisten con los demás peregrinos a la procesión del Corpus el 31 de mayo. En el mes de junio de aquel año 1537 reciben todos los que no eran sacerdotes las sagradas órdenes. Todo estaba preparado para la partida cuando un hecho inesperado se la impidió. Ante el peligro inminente de una guerra entre Venecia y el Turco no salió ninguna nave para Tierra Santa, hecho éste que no había ocurrido desde hacía años y tardó mucho tiempo en volver a repetirse. Los primitivos historiadores hacen constar esta circunstancia, haciendo ver en ella la mano de la Providencia, que tenía otros designios sobre aquel puñado de hombres dispuestos a las más grandes empresas.
   
Mientras los demás se repartieron por diversas ciudades en espera de nuevos acontecimientos, Ignacio, Fabro y Laínez en el otoño se encaminan a Roma. En el camino, poco antes de entrar en la Ciudad Eterna, Ignacio recibió la célebre visión, que, por el lugar donde ocurrió, suele ser llamada de La Storta. En ella Dios le prometió para él y los suyos una especial protección en Roma. Bien pronto el Papa Pablo III se sirvió de aquellos hombres que se habían puesto a su servicio directo. A Fabro le confió la enseñanza de la Sagrada Escritura en la universidad de La Sapienza (noviembre de 1537 a mayo de 1539). A partir de esta fecha comienza para Fabro la serie ininterrumpida de sus misiones apostólicas, que le obligaron a recorrer en un sentido u otro casi toda Europa, de Roma a Colonia, de Ratisbona a Lisboa.
   
En la trama complicada de sus viajes continuos hay dos hilos orientadores que señalan una doble dirección. Ignacio quería que Fabro diese impulso a la Compañía, sobre todo en Portugal y España. El Papa y el mismo San Ignacio querían valerse de su poder de atracción para salvar a las ovejas perdidas en las regiones protestantes. Un breve recorrido sobre los hechos externos de su vida nos presenta el siguiente cuadro de actividades: en octubre de 1540 parte hacia Alemania como teólogo del doctor Ortiz, consejero del emperador, acompañándole en los coloquios de Worms y de Espira y en la Dieta de Ratisbona. Allí le llega la orden de San Ignacio de encaminarse a España. Parte el 21 de julio de 1541, y, atravesando Baviera, el Tirol, su tierra saboyana, en la que se detiene diez días de intenso trabajo apostólico, por Francia entra en España. Cuatro meses han sido necesarios para este viaje de Ratisbona a Madrid. Apenas han pasado cinco meses, y le llega la orden de regresar nuevamente en compañía del cardenal Morone a Alemania. Seis meses se detiene en Espira. El cardenal Alberto de Brandeburgo le invita a Maguncia y allí conquista para la Compañía a Pedro Canisio, joven entonces de veintidós años y futuro apóstol de Alemania. En agosto y septiembre de 1543 le encontramos en Colonia. Pero no podía permanecer mucho tiempo en un mismo sitio. Esta vez le llega la orden de partir para Portugal; pero, cuando se dispone a emprender el viaje, pierde la ocasión de embarcarse en Amberes. En Lovaina cae enfermo. El nuncio en Renania, Juan Poggi, recibe la autorización para retenerle en Colonia, y en esta ciudad permanece seis meses, parte trabajando para desarraigar la herejía, parte dedicando su apostolado a los católicos y en íntimo trato con los cartujos colonienses. Por todo ello se aficiona a la ciudad del Rhin más que a ninguna otra. Pero Portugal sigue reclamándole, y en agosto de 1544 llega por mar a Lisboa, de donde pasa a Evora y a Coimbra. En mayo de 1545 se traslada por segunda vez a España, visitando Salamanca, Valladolid, Madrid, Toledo y otras ciudades de Castilla. Por entonces su salud empieza a debilitarse y se ve forzado a guardar cama en Madrid. Una nueva llamada parte desde Roma el 17 de febrero de 1546, la última de todas. Es menester que se ponga en camino para ir a Trento y juntarse con los padres Laínez y Salmerón, que trabajan en el concilio. Esta vez hace el viaje pasando por el reino de Valencia, llegando hasta Gandía, donde puso la primera piedra del colegio de la Compañía fundado por el duque Francisco de Borja. En Barcelona vuelve a sentirse enfermo y se ve forzado a detenerse tres semanas. Pero era necesario obedecer a la orden del Papa. Se embarca y llega a Roma cuando los calores son más intensos. A los pocos días sus fuerzas sucumben, y el 1 de agosto de 1546, fiesta de las cadenas de San Pedro, ve romperse las que a él le tenían atado a la tierra. Contaba entonces cuarenta años y cuatro meses de edad, y expiraba exactamente diez años antes que San Ignacio.
   
Pero en el Beato Fabro, más que la sucesión de los hechos externos, cautiva el encanto que emana de toda su persona. Los testigos del proceso de 1596 nos lo presentan como de mediana estatura, rubio de cabello, de aspecto franco y devoto, dulce y maravillosamente gracioso. Ejercía sobre todos los que le trataban un extraordinario poder de captación. A esto se añadía un talento, que era una especie de carisma, en el arte de conversar. Más que en los púlpitos le vemos actuar en el trato penetrante y espiritual con las más variadas personas, desde los grandes de la tierra y los dignatarios eclesiásticos hasta la gente sencilla, que le recordaba su origen montañés. Por su hablar y su obrar parece un precursor de su compatriota San Francisco de Sales, que tanto le estimó, y que dejó de él un hermoso elogio en su Introducción a la vida devota. Por su mansedumbre y caridad ha sido también comparado con San Bernardo. “¿Es un hombre, o no es más bien un ángel del cielo?”, dirá de él San Pedro Canisio.
   
No todo en él era efecto de un natural excepcionalmente dotado. Por encima de sus cualidades descuella una virtud aparentemente sencilla, pero en la que es fácil encontrar rasgos de verdadero heroísmo. Su alma de niño no excluyó durante la infancia y juventud las luchas de la pasión. De ahí más adelante la angustia en que le sumergieron los escrúpulos. Su misma atracción hacia los ideales más elevados no excluye que sintiese la inclinación hacia una carrera seglar en el mundo. Pero él resistió a todo. Ya a los doce años consagró a Dios, con voto, su castidad. Más adelante hizo aquel otro tan revelador de su fina sensibilidad: el de no acercar jamás su rostro al de ningún niño; que eso pudiese ocurrirle con personas mayores, ni pensarlo siquiera. No es de maravillar que un alma tan pura sintiese como nadie el atractivo de la oración.
   
Su Memorial, o diario espiritual, en el que durante los últimos cuatro años de su vida dejó un reflejo de su alma, nos descubre con una ingenuidad espontánea su intensa vida de oración. Todo le sirve para elevarse a Dios, En todas las partes por donde pasa encuentra objetos de culto. Venera con singular devoción las reliquias de los santos -y esto es en él característico- venera con singular devoción a los ángeles de los poblados por donde pasa y de las personas con quien trata. A todos encomienda a Dios en sus oraciones, y la oración, junto con su trato exquisito, se convierte en su principal arma de apostolado. Oraba especialmente por ocho personas, y esta oración es significativa porque nos revela hacia dónde convergían los anhelos de su alma apostólica: el Sumo Pontífice, el emperador, el rey de Francia, el rey de Inglaterra, Lutero, el sultán de Turquía, Bucero y Melanchton. A estos dos últimos herejes había tenido ocasión de combatirlos en Colonia. Como, entre todas, le atraían especialmente las almas más necesitadas, de ahí sus ansias por la salvación de Alemania, su voto de ofrecer todas sus energías por aquel país: punto éste que le acerca a su hijo espiritual San Pedro Canisio.
    
En un alma tan privilegiada no podía faltar la característica del sufrimiento. En el Beato Fabro la ocasión de su dolor radicaba en su temperamento, extremadamente sensible. Era una lira que vibraba al menor roce, y las impresiones le llegaban hasta lo más hondo del alma. En un sujeto así pueden imaginarse las luchas interiores que tuvo que sostener. En su juventud fueron las intranquilidades de conciencia y los estímulos de la pasión. Más adelante fue la oscilación constante entre los planes que soñaba y el abatimiento al ver que no podía realizarlos. Versátil, de humor desigual, creyendo a veces haberlo conseguido todo, otras teniéndolo todo por irremisiblemente perdido. Tremendamente irresoluto, sufrió el tormento de la indecisión. Reconocía en sí mismo el defecto de querer abrazar demasiado, no sabiendo aferrar las cosas y las situaciones conforme aconsejaba la razón. De ahí un complejo de pusilanimidad, matizado de melancolía. Pero el Beato no se dejó arrastrar por sus tendencias temperamentales. Procuró combatir la desconfianza con el recurso constante a Dios. San Pedro Canisio nos dirá que luchó contra el espíritu de temor y desconfianza que le atormentaba. Meta suprema para él, la estabilidad del corazón, estorbada tanto por la tristeza infundada como por la vana alegría. La sensación de insuficiencia quedó en él transformada por la gracia en una maravillosa humildad, y esta virtud, a su vez, animó los demás aspectos de su espiritualidad: su caridad, su celo de las almas, pero, sobre todo, su oración. Además del recurso a Dios, su salvación fue la obediencia a sus superiores. La carta ignaciana de la obediencia se hizo letra viva en el Beato Fabro.
   
Obediencia la suya que llegó al heroísmo. Cuentan que, al salir de Barcelona con el cuerpo enfermo, a quien le disuadía de emprender semejante viaje le respondió: “No es necesario que yo viva, pero es necesario que obedezca”. Y por obediencia murió, a semejanza de Jesucristo.
   
Años después San Francisco de Sales se mostró maravillado de que su compatriota no hubiese sido honrado como otros. Pero tampoco al Beato Fabro le faltó este tributo de la veneración y aun del culto; culto que, aunque muy tarde, reconoció finalmente la suprema autoridad del Papa Pío IX el 5 de septiembre de 1872.
  
CÁNDIDO DE DALMASES SJ. Año Cristiano, tomo III. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.
  
ORACIÓN (Del Misal Propio de la Compañía de Jesús)
Atiende, oh Señor, nuestras súplicas, y ya que quisiste asociar en tu bienaventurado confesor Pedro el asiduo deseo de la oración y el infatigable celo por las almas, concédenos por sus méritos e intercesión, que merezcamos estar continuamente adheridos a Ti, y amar y ayudar a nuestro prójimo en obra y verdad. Por J. C. N. S. Amén.