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jueves, 6 de agosto de 2026

INTELIGENCIA CHINA CREE QUE EL MOSAD METIÓ MANO EN LA CRISIS DE CEUTA

Noticia tomada de EL MUNDO (España).
  

POR QUÉ LA INTELIGENCIA CHINA CREE QUE EL MOSAD PUEDE ESTAR DE LA CRISIS MIGRATORIA EN CEUTA
Pekín observa la crisis migratoria de la ciudad española desde el prisma de la geopolítica y la guerra híbrida, mientras consolida a Marruecos como uno de sus principales socios estratégicos en África.
  
Lucas de la Cal, corresponsal en Pekín
Actualizado: Jueves, 6 agosto 2026 - 02:08

El primer ministro Benjamín Netanyahu cuando Israel normalizó las relaciones con Marruecos en el año 2021.
  
¿Y si la llegada masiva de migrantes a Ceuta formara parte de una operación de Inteligencia impulsada por Marruecos e Israel para desestabilizar a España? Ésta es la teoría que se abre paso estos días en algunos círculos académicos y de Inteligencia chinos. Así lo trasladan funcionarios de Pekín en conversaciones con este periódico sobre cómo se ha visto en la segunda potencia mundial la crisis migratoria en la ciudad autónoma española.

Esta semana, la politóloga egipcia Nadia Helmy, especialista en política china y en relaciones chino-israelíes, recogía abiertamente esa tesis en un artículo publicado por Modern Diplomacy, una revista internacional especializada en análisis geopolítico. La autora sostiene que algunos informes elaborados en Pekín interpretan lo sucedido en Ceuta como una operación de guerra híbrida destinada a aumentar la presión sobre el Gobierno de Pedro Sánchez. Según esa lectura, la maniobra habría contado con la participación del Mosad, el servicio de Inteligencia israelí, interesado en promover una campaña de desestabilización contra España.

Helmy contrapone esa interpretación a la cobertura realizada por los principales medios oficiales chinos, como CGTN o Xinhua, centrada sobre todo en el despliegue del Ejército español y en las implicaciones de la crisis para las fronteras exteriores de la Unión Europea.

«Los centros de análisis de Inteligencia chinos han examinado la escalada de las tensiones diplomáticas y políticas entre España e Israel. Desde esa perspectiva, el deterioro de las relaciones bilaterales podría haber motivado al Mosad a involucrarse en la crisis migratoria entre Marruecos y España, exacerbando la situación e infiltrando agentes para fomentar el descontento y el caos entre la población marroquí», cuenta Helmy.

En conversaciones privadas, algunos diplomáticos y analistas próximos a los círculos políticos de Pekín también se preguntan si el asalto a Ceuta guarda alguna relación con el progresivo deterioro de las relaciones entre Madrid e Israel, marcado por las críticas del Gobierno español a la masacre en Gaza y el reconocimiento del Estado palestino.

«Desde la normalización de relaciones en 2020, Marruecos e Israel se han convertido en aliados y han estrechado su cooperación defensa e Inteligencia», comenta un diplomático.

La teoría también ha encontrado eco fuera de China. El presidente colombiano, Gustavo Petro, señaló directamente al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, como responsable último de la crisis migratoria en Ceuta. Aseguró que el dirigente israelí «paga para que los pobres arriesguen su vida para llegar a España» y que Marruecos «se ha entregado al designio de un genocida prófugo», vinculando la avalancha migratoria con la estrecha relación que mantienen Rabat y Tel Aviv. Petro también acusó al primer ministro israelí de promover campañas de desestabilización contra gobiernos que cuestionan su política en Oriente Próximo.

En China, un país donde el control fronterizo constituye uno de los pilares de la seguridad nacional, las imágenes de miles de personas cruzando hacia territorio español provocaron una mezcla de asombro e incredulidad entre muchos usuarios de las redes sociales chinas. «¿Cómo es posible que crucen la frontera con tanta facilidad?», era una de las preguntas que más se repetían.

La prensa oficial también puso el foco en las consecuencias políticas para Europa. «La crisis de Ceuta ha puesto al descubierto las deficiencias de las reformas migratorias de la UE posteriores a 2015 y evidencia las dificultades del bloque para construir una respuesta unificada», afirmaba Cui Hongjian, profesor de la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, en declaraciones al diario Global Times, que dedicó un amplio análisis a las tensiones abiertas dentro de la Unión Europea tras los acontecimientos en la frontera española.

Más allá de la dimensión migratoria, funcionarios y diplomáticos chinos explican que en Pekín la crisis se observa sobre todo desde una óptica geoestratégica. Ceuta aparece como una pieza más del complejo tablero del Mediterráneo occidental, una región donde convergen rutas marítimas esenciales, infraestructuras portuarias, suministros energéticos y una presencia económica china cada vez mayor.

La estrecha relación entre los gobiernos de Pedro Sánchez y Xi Jinping ha quedado escenificada con las cuatro visitas del presidente español a Pekín, más que las realizadas por cualquier otro líder europeo, consolidando a España como uno de los interlocutores más receptivos hacia China dentro de la Unión Europea. Sin embargo, para el régimen comunista, Marruecos se ha convertido en uno de sus socios con mayor proyección estratégica en África.
  
Marruecos, un socio comercial para China
En apenas cinco años, Rabat y Pekín han estrechado de forma notable sus relaciones económicas mediante grandes proyectos de infraestructuras y acuerdos comerciales que sitúan al reino alauí como una de las principales puertas de entrada de China tanto al mercado africano como al europeo.

La apuesta se aprecia especialmente en el sector manufacturero. Decenas de empresas chinas han anunciado inversiones multimillonarias para levantar fábricas de componentes de vehículos eléctricos, baterías y materiales estratégicos en territorio marroquí. La elección responde a varios factores: estabilidad política, acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y Estados Unidos, abundantes reservas de fosfatos —clave para la fabricación de baterías— y una ubicación privilegiada, a apenas 14 kilómetros de Europa.

Desde Pekín se considera que Marruecos puede desempeñar un papel similar al que Vietnam ha asumido en Asia: una plataforma industrial desde la que abastecer a los mercados occidentales sorteando parte de las crecientes barreras comerciales que afectan a las exportaciones procedentes directamente de China.

A ello se suma una cooperación cada vez más intensa en infraestructuras. Empresas estatales chinas participan en proyectos ferroviarios, energéticos y portuarios, mientras que el puerto de Tánger Med —el mayor del Mediterráneo y uno de los principales del mundo por tráfico de contenedores— se ha consolidado como un nodo logístico de enorme valor para las cadenas de suministro chinas. Desde allí, las mercancías pueden distribuirse con rapidez hacia Europa y África occidental, reforzando el papel de Marruecos como plataforma logística de alcance continental.

Por eso, cada vez que estalla una crisis en Ceuta o en cualquier punto del norte de Marruecos, en Pekín se calcula el posible impacto sobre uno de los socios económicos cuya importancia estratégica no deja de crecer.

domingo, 2 de agosto de 2026

LA “MARCHA VERDE 2.0” Y EL DOBLE RASERO INTERNACIONAL

Tomado de GUERRAS Y GEOPOLÍTICA.
  
CRISIS DE CEUTA – MIGRACIÓN, INTELIGENCIA Y LA AMENAZA DE UNA “MARCHA VERDE 2.0”
   
  
La crisis migratoria que estalló en la frontera de Ceuta durante la última semana ha dejado tras de sí un reguero de evidencias que apuntan a una operación orquestada por el Estado marroquí, y no a un movimiento espontáneo de migrantes. Se estima que entre 50.000 y 60.000 personas lograron cruzar o intentar cruzar hacia el enclave español, superando con creces la crisis de 2021, que rondó los 8.000 migrantes.

Existen numerosos vídeos verificados por medios como Newtral y geolocalizados en localidades como Ain Mulalzén (provincia de Tetuán) donde se observa a agentes de la Gendarmería Real marroquí abriendo puertas en la valla fronteriza, permaneciendo pasivos mientras camiones descargan a decenas de migrantes y señalándoles la dirección exacta hacia la frontera española. Además, fuentes del Mando General de la Guardia Civil, citadas por El Español, confirman que agentes de inteligencia marroquíes (Dirección general de Estudios y Documentación) se infiltraron entre la masa de migrantes y fueron detectados por las cámaras de vigilancia realizando labores de reconocimiento de las defensas del enclave: evaluando tiempos de respuesta, puntos ciegos de los sensores y vulnerabilidades de la valla.
  
La crisis actual no es un hecho aislado, sino la segunda fase de una estrategia documentada. En 2021, Marruecos relajó los controles fronterizos después de que España acogiera al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, para recibir tratamiento médico. En 2026, el detonante ha sido las conversaciones energéticas de España con Argelia y su postura sobre el Sáhara Occidental, contraria a los intereses marroquíes. En ambos casos, se ha documentado la infiltración de agentes de inteligencia, lo que confirma un patrón recurrente.

Uno de los aspectos más reveladores del conflicto es la disparidad de reacciones internacionales ante acciones idénticas. Bielorrusia fue objeto de amplias sanciones de la UE y de un aislamiento diplomático total por supuestamente utilizar la migración como arma contra Polonia y Lituania. Marruecos, sin embargo, no enfrenta tales consecuencias por orquestar una oleada migratoria de mucha mayor escala contra un Estado miembro de la UE. La diferencia radica en su estatus geopolítico: Marruecos es socio estratégico de Estados Unidos (que reconoce su soberanía sobre el Sáhara Occidental) y de Israel (tras los Acuerdos de Abraham), lo que le otorga un margen de impunidad del que Bielorrusia, aislada, carece.

Más allá de la presión inmediata, existen indicios sólidos de que esta crisis forma parte de una estrategia de mayor alcance cuyo objetivo final es reclamar la soberanía de Ceuta y Melilla. El precedente de la Marcha Verde de 1975, que forzó la retirada española del Sáhara Occidental mediante una presión civil masiva, ha sido invocado abiertamente por figuras influyentes como Michael Rubin, exasesor del Pentágono y analista del American Enterprise Institute, quien ha instado a Marruecos a organizar una “Marcha Verde 2.0” y ha pedido a EE.UU. que reconozca ambas ciudades como “territorio marroquí ocupado”. Estas declaraciones han ganado tracción en un contexto de tensiones entre España y la administración estadounidense por la postura crítica de Sánchez con Israel y su negativa a facilitar el uso de bases militares para la guerra contra Irán.

En este escenario, la crisis migratoria y la infiltración de agentes de inteligencia deben leerse como un “ensayo general”. Su misión era cartografiar las defensas de Ceuta: evaluar la capacidad de respuesta de la Guardia Civil, identificar puntos débiles en la valla y los sistemas de vigilancia, medir los tiempos de reacción de los refuerzos y recabar información sobre protocolos de interceptación. No solo sirvió como presión diplomática, sino también como operación de inteligencia táctica para preparar futuras acciones de mayor envergadura.

La reacción de España revela la fragilidad de su posición. La UE ha externalizado el control de sus fronteras a terceros países como Marruecos, pagándoles para que impidan las salidas, lo que crea una dependencia asimétrica: la seguridad de la frontera sur de Europa depende de la voluntad política de un actor externo. Las declaraciones oficiales españolas han evitado cualquier crítica directa a Rabat, optando por agradecer su “colaboración” en la repatriación, una postura criticada internamente como un sometimiento que valida la estrategia de presión marroquí. Si la UE no establece consecuencias claras, se sienta un precedente peligroso para otros actores como Turquía o Libia.

En definitiva, la crisis de Ceuta de 2026 no es un problema migratorio, sino un acto de geopolítica aplicada por parte de Marruecos que opera en tres capas: una presión migratoria visible para forzar a España a renegociar su postura sobre el Sáhara Occidental y su alianza con Argelia; una capa intermedia de pasividad de la Gendarmería que humilla a España al demostrar que Marruecos controla quién entra y quién no; y una capa oculta de infiltración de inteligencia para preparar futuras acciones de presión, incluida la eventualidad de una “Marcha Verde 2.0”. Marruecos, respaldado por EE.UU. e Israel, ha demostrado que puede utilizar la migración como arma de disuasión sin enfrentar consecuencias significativas. La pregunta no es si volverá a usar esta carta, sino cuándo y con qué intensidad.

viernes, 17 de julio de 2026

¿HACIA UNA REVOLUCIÓN EN ESTADOS UNIDOS?

Noticia tomada de RUSSIA TODAY.

El periodista explicó que es un resultado lógico cuando la esperanza de vida disminuye, la gente muere más joven y la clase media desaparece.
  

Publicado: 17 jul 2026, 09:30 GMT
  
El periodista estadounidense Tucker Carlson cree que existe riesgo de revolución en Estados Unidos debido a la actitud desdeñosa de las autoridades hacia el pueblo, según afirmó en una nueva entrevista con Bloomberg.

«Tenemos líderes que nos desprecian, que nos dan por sentado, que nos usan, que nos mienten, a quienes realmente no les importamos en absoluto, y lo sabemos porque cuando la esperanza de vida disminuye, cuando la gente muere más joven, cuando la clase media desaparece como ocurrió hace once años y nadie dice nada al respecto, así que simplemente estoy buscando una alternativa a eso. No es difícil, deberíamos poder encontrarla», expresó.
  
«Es un panorama realmente sombrío el que usted pinta de Estados Unidos en este momento», dijo la entrevistadora, Mishal Husain.

«No es un panorama sombrío. Es un panorama humano normal», respondió Carlson. «No quiero una revolución, pero vamos a tener una revolución si esto continúa», añadió.

Sin embargo, hizo hincapié en que rechaza la violencia política. «Lo que digo es que si se les transmite a las personas que su voto no importa, que no hay una forma no violenta de hacerse oír, inevitablemente, con el tiempo, recurrirán a la violencia. No quiero eso», subrayó.

Además, Carlson criticó duramente al presidente estadounidense. «Donald Trump ha sido desleal a Estados Unidos, totalmente desleal a Estados Unidos, engañó a Estados Unidos con una potencia extranjera», denunció, criticando el hecho de que Israel arrastró a Washington a la guerra contra Irán. «¿Sabe usted qué hace a un buen padre o madre? Amar a tus hijos», manifestó.

«Es débil, no pretendo lo contrario, pero también es una afirmación fáctica y verificable que Israel nos empujó a esto y Trump les permitió hacerlo», concluyó el periodista.

miércoles, 17 de junio de 2026

LUKASHENKO: «EL VATICANO E ISRAEL ENGAÑARON A RUSIA».

Noticia tomada de RUSSIA TODAY.
  
LUKASHENKO AFIRMA QUE EL VATICANO Y LOS ISRAELÍES ENGAÑARON A RUSIA EN 2022
«Todos entendían que los días de Ucrania estaban contados», declaró el líder bielorruso.
  

Rusia retiró sus tropas de los alrededores de Kiev en 2022 por petición del Vaticano y del “lobby” israelí, pero aquello fue un engaño, declaró este lunes el presidente bielorruso, Alexánder Lukashenko, en una entrevista con Al Arabiya.

«En el transcurso de las acciones de combate [al comienzo de la operación militar especial rusa], no solo yo, sino todo el mundo entendía que la guerra terminaría rápidamente con la victoria de los rusos. Esto se debía, ante todo, a que los rusos estaban en Kiev», recordó Lukashenko.
  
Pero después, «ciertos políticos y fuerzas» pidieron al presidente ruso, Vladímir Putin, «que se detuviera, retirara las tropas de Kiev y pactara un acuerdo de paz», añadió. «Putin aceptó y retiró sus unidades avanzadas de Kiev. Antes de esa retirada, todos entendían que los días de Ucrania estaban contados», dijo.

El mandatario de Bielorrusia cree que la decisión buscaba restaurar la paz entre las partes en conflicto. «Esas fuerzas engañaron. Fue el Vaticano. Y, lo que resulta sorprendente, el “lobby” judío, los israelíes. Ellos, en nombre de [Vladímir] Zelenski, declaraban: “Ya está, vamos hacia la paz, estamos de acuerdo”», afirmó.

Lukashenko señaló que tanto él como los militares bielorrusos y los representantes del Estado Mayor consideran que, si los rusos hubieran continuado la ofensiva, «allí no habría quedado ni Zelenski ni nadie». «Y después la guerra se prolongó», agregó.

Actualmente, los rusos avanzan en el campo de batalla y, en general, tienen más éxito que las Fuerzas Armadas de Ucrania, señaló el presidente. «En el frente, paso a paso, de manera metódica, los rusos avanzan», destacó.
  • En la primavera de 2022, los negociadores de Kiev y Moscú acordaron el marco básico de una paz en Estambul, pero posteriormente los ucranianos se retiraron de las conversaciones. La visita del entonces primer ministro británico, Boris Johnson, a Ucrania fue clave para convencerlos de romper las negociaciones y rechazaran las disposiciones de los acuerdos de Estambul, según relató más tarde el diputado David Arajamia, que encabezó la delegación ucraniana en dichas negociaciones.
  • El presidente ruso, Vladímir Putin, ha manifestado en repetidas ocasiones que su país está comprometido a encontrar una solución diplomática a la crisis ucraniana. Así, ha enfatizado que, en primer lugar, hay que garantizar la seguridad de Rusia a largo plazo, por lo que es importante eliminar las causas profundas del conflicto, entre ellas la expansión de la OTAN, que Moscú percibe como una amenaza, y la violación de los derechos de la población rusoparlante en Ucrania.
  • La propuesta de Moscú contempla que Kiev retire completamente sus tropas de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk y de las provincias de Zaporiyia y Jersón (incorporadas a Rusia después de consultas populares en 2022), y que reconozca esos territorios, además de Crimea y Sebastopol, como sujetos de la Federación de Rusia. También deben garantizarse la neutralidad, la no alineación, la desnuclearización, la desmilitarización y la desnazificación de Ucrania.
Moscú y Kiev han mantenido varias rondas de conversaciones directas, junto con reuniones trilaterales en las que participó EE.UU., pero el proceso de paz permanece estancado.

lunes, 15 de junio de 2026

«LOS CABILDEROS JUDÍOS TAMBIÉN ESTÁN DETRÁS DE LA GUERRA EN UCRANIA» (ACADÉMICO ESTADOUNIDENSE).

Traducción del artículo publicado en LIFE SITE NEWS.

JOHN MEARSHEIMER LE EXPLICA A TUCKER POR QUÉ EL CABILDEO ISRAELÍ TAMBIÉN IMPULSÓ LA GUERRA ENTRE UCRANIA Y RUSIA
Mearsheimer explica por qué los cabilderos israelíes contribuyen a impulsar el militarismo estadounidense, mientras que filtraciones recientes sugieren que algunos funcionarios de Trump están contrarrestando el dominio israelí en Washington.

Por Patrick Delaney
Sábado 13 de junio de 2026 - 10:43 am EDT
  

En una entrevista emitida el miércoles por la noche, John Joseph Mearsheimer Baumann, profesor de la Universidad de Chicago y destacado académico realista de las relaciones internacionales, ofreció una explicación sincera de por qué muchas de las mismas voces influyentes que impulsan la confrontación con Irán también han defendido una profunda implicación de Estados Unidos en el conflicto entre Ucrania y Rusia.

Mearsheimer identificó dos factores clave, haciendo especial hincapié en el poder del cabildeo israelí y su preferencia por unas fuerzas armadas estadounidenses con presencia global.
  
«No se puede subestimar la influencia de Israel en la clase dirigente de la política exterior estadounidense, en gran parte debido al cabildeo», dijo Mearsheimer a Tucker Carlson.


Según argumentó, Israel y sus partidarios tienen un «profundo interés en asegurarse de que Estados Unidos esté involucrado militarmente en todo el mundo porque quieren un ejército estadounidense preparado si Israel se mete en problemas».

Mearsheimer ilustró este punto haciendo referencia a un artículo reciente del New York Times publicado el fin de semana pasado que revelaba un aumento del espionaje israelí contra altos funcionarios estadounidenses.

Según el informe, el Pentágono ha elevado a Israel al nivel de amenaza de contrainteligencia “crítica”, la categoría más alta. Al parecer, la inteligencia israelí se ha centrado en figuras como Steven Charles “Steve” Witkoff Birnmaum, enviado especial del presidente Donald Trump para las negociaciones con Irán, y Elbdrigde Andrew “Bridge” Colby Hinks, el principal funcionario de política del Pentágono, junto con su asesor principal, Michael P. DiMino IV.

Carlson insistió en las implicaciones: «¿Entonces se les permite espiar a los ciudadanos estadounidenses, pero siguen recibiendo nuestros impuestos para financiar el espionaje contra nosotros?». Mearsheimer respondió que históricamente ha sido así, a pesar de la relación especial entre los gobiernos de ambas naciones.
   
Israel ataca a los “frenadores” de la administración Trump.
El autor de bestsellers destacó por qué Israel tiene un interés particular en Colby. «El Times comentó al final del artículo que probablemente se deba a que es un político moderado. Le interesa una política exterior prudente. Colby no quiere librar guerras por doquier. Una vez me dijo que se oponía a la guerra de Irak allá por 2003».

«[Colby] quiere concentrarse en contener a China, pero no le interesa luchar en Ucrania. Es un moderador», afirmó el académico. «Y, por supuesto, a los israelíes no les gustan los moderadores. No les gusta el Instituto Quincy».

Mearsheimer continuó: «Siempre que se habla de moderación, como lo hace el Instituto Quincy en Washington, esto irrita a los grupos de presión».
  
Un poderoso ejército estadounidense, constantemente perfeccionado mediante intervenciones en el extranjero, sirve a los intereses israelíes como un confiable “servicio de emergencias” para posibles eventualidades. «Se necesita un gran servicio de emergencias que participe en guerras y esté preparado para ganarlas, y esto beneficia a Israel», afirmó.
  
Mearsheimer señaló que un factor secundario son las conexiones étnicas y familiares. «Hay muchos estadounidenses, judíos y no judíos, con raíces en Ucrania. Y estas personas creen firmemente que Ucrania debería ser un estado soberano y que los rusos son los malos». Hizo referencia a un próximo libro del periodista Stephen Kinzer que detalla cómo las raíces étnicas de Europa del Este dentro del círculo de la política exterior influyen en las actitudes y políticas belicistas, independientemente de que no tengan intereses legítimos en Estados Unidos.
  
El espionaje israelí a Estados Unidos no es nada nuevo. Lo realmente relevante es que los funcionarios de Trump están reaccionando.
Las operaciones de inteligencia israelíes contra Estados Unidos no son ninguna novedad. Como señaló el exanalista de la CIA Larry Johnson, «Israel lleva 70 años espiando a Estados Unidos», citando el caso de Jonathan Pollard como un ejemplo paradigmático.
  
Según la experiencia personal de Matthew “Matt” Hoh, exfuncionario del Departamento de Estado, durante décadas los informes de contrainteligencia estadounidenses han incluido a Israel entre las principales amenazas, junto con China.
  
Incidentes como el descubrimiento en 2019 de dispositivos tipo StingRay vinculados a Israel cerca de la Casa Blanca y la fundada sospecha de Boris Johnson de que el propio Benjamín Netanyáhu colocó un dispositivo de escucha en el baño privado del primer ministro británico ilustran un patrón recurrente de espionaje descarado contra sus “aliados” por parte de Israel.
  
De hecho, el informe del New York Times mencionado anteriormente confirmó otros episodios: en 2021, oficiales de inteligencia militar israelíes fueron sorprendidos colocando dispositivos de escucha en la sede de la Agencia de Inteligencia de Defensa; y el año pasado, oficiales del Shin Bet [iniciales de Shabak/שַׁבַּ״כּ, acrónimo hebreo de Sherut haBitaẖon haKlali/שֵׁירוּת הַבִּיטָּחוֹן הַכְּלָלִי (Servicio de Seguridad General), la agencia de seguridad interior y contrainteligencia israelí, N. del T.], supuestamente intentaron colocar un dispositivo en un vehículo de respuesta de emergencia del Servicio Secreto.
  
Sin embargo, la verdadera importancia del artículo del Times no reside en el espionaje en sí, sino en la respuesta de Estados Unidos. El ex analista de la CIA Larry Johnson observó que las filtraciones que permitieron la publicación de la noticia provenían del seno de la administración Trump —«al menos del Departamento de Guerra»—, lo que indicaba un esfuerzo interno por «romper el control sionista» sobre la política exterior.
  
Sachs: «La premisa de que los israelíes “controlan nuestra política” se está desmoronando».
En una entrevista el lunes con el juez Andrew Napolitano, el profesor Jeffrey Sachs Abrams hizo hincapié en este mismo punto: el artículo era «claramente una noticia manipulada por el gobierno estadounidense», que mencionaba a personas como Colby y otras cercanas a Trump. Según Sachs, la noticia real es que altos funcionarios ahora reconocen públicamente y rechazan las actividades ilegales de Israel.
  
En otras palabras, la premisa israelí de que controlan nuestra política se está desmoronando debido a la evolución de la dinámica política, propuso Sachs. Esto se debe principalmente a las atrocidades cometidas por Israel en la guerra genocida contra Gaza, la limpieza étnica que continúa en Líbano y Cisjordania, así como a su papel fundamental en la impopular guerra que Estados Unidos mantiene con Irán.
  
Debido a estos numerosos factores, «el pueblo estadounidense se ha vuelto muy crítico con Israel, y eso es cierto en casi todos los países del mundo», dijo Sachs. «Eso es lo que está cambiando nuestra política en este momento».

sábado, 13 de junio de 2026

DESPUÉS DE TODO, SÍ HABÍA LABORATORIOS DE ARMAS BIOLÓGICAS EN UCRANIA FINANCIADOS POR ESTADOS UNIDOS

   

La directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, ha hecho públicos este viernes datos de inteligencia «nunca vistos antes» que revelan «nuevas pruebas» de financiación por parte de la administración anterior de la Casa Blanca de más de 120 biolaboratorios en más de 30 países, incluyendo Ucrania.

«La información sobre la existencia, la historia, la ubicación y la financiación de estos laboratorios biológicos financiados por EE.UU. ha sido ocultada deliberadamente por personas poderosas, que afirman falsamente que no existen y acusan a cualquiera que diga lo contrario de ser agentes extranjeros y traidores a EE.UU.», indica el comunicado.

La oficina encabezada por Gabbard subrayó que muchos de estos biolaboratorios «se dedican actualmente, o se han dedicado en el pasado, a la investigación con el uso de patógenos peligrosos y altamente contagiosos», en algunos casos llevándolas a cabo «con muy poca visibilidad o supervisión».

Armas biológicas a disposición de Ucrania
Las últimas revelaciones se centraron en el caso de Ucrania, donde el Gobierno estadounidense financiaba más de 40 biolaboratorios. La investigación determinó que albergan «patógenos de guerra biológica de la época soviética» y que EE.UU. se encargaba del entrenamiento de los científicos ucranianos para trabajar en biocontención.

Los repositorios de esas instalaciones incluyen «armas biológicas y patógenos causantes de enfermedades» como el ántrax, ébola, peste, peste porcina, tularemia, tuberculosis, enfermedad de Newcastle, MERS, SARS, virus de Marburgo, virus de Lassa y rickettsias (bacterias intracelulares), entre otros.

Tan solo el Instituto de Medicina Veterinaria Experimental y Clínica de la ciudad de Járkov albergaba, para principios de los años 2010, «centenares de patógenos», siendo «uno de los más de 40 laboratorios operados y de propiedad ucraniana que recibieron asistencia en el marco del Programa de Reducción de Amenazas Biológicas del Departamento de Defensa de EE.UU.», indica el documento publicado.

Para el 2019, las instalaciones del instituto tenían «deficiencias de bioprotección y bioseguridad», «sobre todo en las salas que manipulan la contagiosa bacteria “Brucella”».

«EE.UU. pagó a un científico ucraniano para que estudiara el genoma de la gripe aviar altamente patógena y otros virus altamente infecciosos en laboratorios de biocontención, cuya financiación también corrió a cargo del Gobierno estadounidense», advierte el texto.

«Potencial de impacto catastrófico a escala mundial»
Gabbard denunció que «a pesar del evidente potencial de impacto catastrófico a escala mundial que puede tener la investigación sobre patógenos peligrosos en los laboratorios biológicos, los políticos, los denominados “profesionales de la salud” como el Dr. Fauci y las entidades del equipo de Seguridad Nacional de la administración Biden mintieron al pueblo estadounidense sobre la existencia de laboratorios biológicos financiados y respaldados por EE.UU., y amenazaron a quienes intentaron exponer la verdad».

La funcionaria prometió que su oficina «seguirá colaborando estrechamente con socios de todo el Gobierno para identificar dónde se encuentran estos laboratorios y qué patógenos contienen, para poner fin a la peligrosa investigación». Dichas actividades amenazan «la salud y el bienestar del pueblo estadounidense y de personas de todo el mundo», advirtió.

Advertencias de Rusia
La investigación estadounidense se produjo después de años de advertencias desde Rusia sobre actividades ilícitas en laboratorios ucranianos financiados por los países de la OTAN. Desde el 2022 Moscú ha proporcionado pruebas de esta actividad en diferentes plataformas internacionales, entre ellas la ONU, pero ni EE.UU., ni Ucrania, ni otras partes implicadas reaccionaron a los llamados rusos de investigar el funcionamiento de esos biolaboratorios.

Rusia intentó llamar la atención de la comunidad internacional sobre este problema, advirtiendo de la existencia en Ucrania del:
  • Proyecto UP-4, cuyo objetivo era investigar la posibilidad de transmisión de infecciones particularmente peligrosas a través de aves migratorias
  • Proyecto P-781, en el marco del cual se investigó el uso de murciélagos como agentes de armas biológicas
Las Fuerzas Armadas de Rusia consiguieron también documentos que confirman numerosos casos de entrega de muestras biológicas de ciudadanos ucranianos al extranjero. «Con gran probabilidad se puede hablar de que una de las tareas de EE.UU. y sus aliados es la creación de bioagentes, capaces de afectar de manera selectiva a diversos grupos étnicos», indicó el teniente general Ígor Kirílov, exjefe de las Tropas de Defensa Radiológica, Química y Biológica de las Fuerzas Armadas de Rusia.

Además, el representante permanente de Rusia ante la ONU, Vasili Nebenzia, subrayó ya en el 2022 que los proyectos de investigación biológica desarrollados durante años en una serie de laboratorios ucranianos conjuntamente con Estados Unidos violan la Convención sobre armas biológicas, y que los documentos capturados en el curso de la operación militar rusa en Ucrania son solo la punta del iceberg.
   
2.º MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DE RUSIA SOBRE LOS LABORATORIOS DE ARMAS BIOLÓGICAS EN UCRANIA: «LA DE VECES QUE HEMOS HABLADO DE ESO…».
   

La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, María Zajárova, se ha pronunciado sobre las últimas revelaciones de la inteligencia estadounidense acerca de la financiación por parte de Washington de más de 40 laboratorios biológicos en Ucrania.

«En el comunicado oficial se destaca que muchos de estos biolaboratorios financiados por el Gobierno de EE.UU. se dedicaban a investigar patógenos peligrosos y altamente contagiosos, incluyendo en algunos casos estudios para potenciar las funciones de dichos patógenos, y ello prácticamente sin ningún tipo de control ni supervisión», escribió la vocera en su canal de Telegram.

«La de veces que hablamos de eso, y aquí está…», indicó, en referencia al contenido de los documentos desclasificados por EE.UU.

Zajárova también llamó la atención al mapa de los laboratorios ucranianos en cuestión, incluido en los materiales difundidos a instancias de la directora de Inteligencia Nacional de EE.UU., Tulsi Gabbard, donde «las investigaciones se llevaron a cabo antes del 2014».

«Se señalan los centros de investigación de Járkov, Dnepropetrovsk, Lvov, Vínnitsa, Ternópol, Chernígov, Odesa, etc. Se subraya que allí se investigaban los agentes causantes del ántrax, tularemia, peste porcina, la fiebre de Marburgo y el ébola, la peste y otros patógenos peligrosos. También se ha publicado una lista de proyectos y programas, así como una lista de los contratistas implicados», indicó.

«Todo esto es lo que tanto nosotros como el Ministerio de Defensa de Rusia hemos denunciado en repetidas ocasiones, llamando la atención de la comunidad internacional sobre las peligrosas actividades biológicas militares de EE.UU. fuera de su territorio nacional, incluidas las llevadas a cabo en Ucrania, y que nadie controla», concluyó.

miércoles, 10 de junio de 2026

EL INTERÉS OCCIDENTAL EN ARMENIA: LOS RECURSOS MINERALES

Noticia tomada de RUSSIA TODAY.
   
LA VERDADERA RAZÓN DETRÁS DE LA NUEVA OBSESIÓN DE OCCIDENTE CON ARMENIA
A medida que se intensifica la batalla por el control del país, las montañas de Siunik, ricas en minerales, se perfilan como un premio estratégico en la nueva competencia entre grandes potencias de Eurasia.
   
Publicado: 6 jun 2026 15:05 GMT
  
El primer ministro de Armenia Nicolás Pashinián, y la presidenta de la Comisión Europea Úrsula Albrecht de Von der Leyen, en Bruselas (5 de Abril de 2024).
  
Mijaíl Bernovski, especialista en política comercial y aduanera, publicó un análisis, en el que argumenta que la creciente implicación de Estados Unidos en Armenia, materializada en la visita del secretario de Estado Marco Rubio y la firma de acuerdos de control de exportaciones, responde a un plan estratégico para asegurar el suministro de molibdeno y uranio, esenciales para la industria armamentística y energética occidental.
  
Así, el autor escribe que «alrededor de la pequeña Armenia se está gestando un torbellino de pasiones geopolíticas a escala planetaria». Están en juego sus relaciones con Rusia, Europa y Estados Unidos, sin mencionar a sus vecinos más cercanos: Irán, Azerbaiyán y Turquía.
  
En el centro de la atención se encuentran los recientes memorandos entre Armenia y Estados Unidos, documentos emblemáticos cuya firma requirió la presencia del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. Difícilmente hubiera viajado personalmente para rubricar escritos de segunda categoría.

La profundidad y complejidad de los procesos históricos y contemporáneos en el Cáucaso Sur, Asia Central, el golfo Pérsico y el Mediterráneo oriental —donde dominan la Unión Europea, Israel y Turquía— se revelan como viejos rollos fotográficos que han permanecido sin revelar durante mucho tiempo.

Depósitos de minerales valiosos
De repente, todos recuerdan los enclaves mineros y de transporte, que hasta ayer estaban dispersos, pero eran cruciales, de los distintos países de esta macrorregión. Y uno de los principales enclaves de todo este polígono geográfico es la provincia armenia de Siunik, con sus yacimientos de minerales que van desde el molibdeno hasta el uranio y el oro.

Esto era conocido por todos desde hacía tiempo.

En la actual oleada de actividad militar y de la industria armamentística a nivel mundial, cada país intenta “acaparar” todo lo relacionado con semiconductores, tierras raras y materias primas para la defensa, señalando su interés en comprar influencia sobre estos recursos. Añadamos los cambios tecnológicos globales en el sector energético y obtendremos casi todo el espectro de materiales críticos para muchas industrias que provienen de Armenia.

La provincia de Siunik es conocida por esos elementos desde la época soviética, por lo que abundan en ella minas, cortas a cielo abierto, yacimientos y plantas de procesamiento. Todo ello estaba conectado con el “continente” a través de una línea ferroviaria que se extendía a lo largo de la frontera iraní, junto al río Aras. Es en este contexto en el que el corredor de Zanguezur adquirió gran importancia. Cerca de él se encuentra la planta de cobre y molibdeno de Zanguezur, en funcionamiento desde 1952, y un poco más al norte, la planta de Agarak, ambas en pleno funcionamiento y desarrollo en los tiempos modernos (la extracción de minerales de cobre y molibdeno se duplicó entre 2003 y 2011).

Para la geopolítica y la logística estratégica, estos 43 kilómetros de vías férreas desmanteladas y que ahora se están reconstruyendo representan un camino hacia el 7 % de las reservas mundiales de molibdeno, metal indispensable para la construcción de misiles, centrales nucleares y fabricación de semiconductores. No hay otra forma de explicar por qué Estados Unidos presta tanta atención a un tramo de ferrocarril desmantelado hace 35 años (a modo de comparación, es más corto que la línea Arbatsko-Pokróvskaya del metro de Moscú). Esta ruta desde el Caspio hasta Turquía nunca tuvo una importancia estratégica para Estados Unidos, y obtener el estatus de corredor de transporte era muy condicional, más bien una promesa a futuro. Sin embargo, la naturaleza de la carga que transitaría por este corredor, relevante hoy en día, ha determinado su significación.
  
Los riesgos de perder influencia en este enclave minero se han vuelto tan evidentes que el presidente Donald Trump decidió echar mano sobre la gama de productos de las empresas extractivas de la región. De ahí proviene la “Ruta de Trump para la paz y la prosperidad”. Pero, ¿qué paz y prosperidad puede haber sin uranio y molibdeno en el panorama actual de turbulencia planetaria?

En el texto del memorando entre Estados Unidos y la República de Armenia, la frase “control de exportaciones” aparece con demasiada frecuencia. Junto con la palabra “semiconductores”, el control de exportaciones siempre conduce a materiales y tecnologías de doble uso o críticos. Y si durante años las relaciones entre Armenia y Azerbaiyán se erigieron como un factor desestabilizador para el despliegue de una estrategia de defensa en la región en beneficio de Estados Unidos, ahora ambos se ven obligados a considerar conjuntamente la situación fronteriza con Irán, ya que están “en el mismo barco”, es decir, bajo un mismo acuerdo con Washington.

¿Dónde quedan entonces las aspiraciones europeas de las autoridades armenias?
El principal criterio para una potencial membresía de Armenia en la UE, por extraño que parezca, son los mismos criterios que para su membresía en la Unión Económica Euroasiática. Y, ante todo, se trata de su ubicación geográfica. Las industrias extractivas pueden pertenecer tanto a Estados Unidos como a los europeos, pero en la logística del Cáucaso Sur, Europa está tan interesada como Estados Unidos en el molibdeno y el uranio. Las plataformas industriales para el procesamiento de las materias primas procedentes de los yacimientos armenios pueden cambiar, pero la gestión de los propios yacimientos permanecería bajo la participación de Estados Unidos. Lo mismo ocurre con el sector energético y los macrodatos.
   
Enumeremos ahora una serie de factores y circunstancias aparentemente inconexos que conducen a conclusiones muy concretas:
  • El acuerdo sobre el corredor TRIPP (Zanguezur), que involucra al presidente azerbaiyano, Iljam Alíyev, al primer ministro armenio, Nikol Pashinián, y al presidente estadounidense, Donald Trump, se habría alcanzado mucho antes de los ataques de EE.UU. contra Irán.
  • La importancia de los minerales de cobre, molibdeno y uranio, y su papel en la industria de defensa, ya era conocida mucho antes de los turbulentos acontecimientos actuales, lo que hace que estos activos mineros sean aún más valiosos como moneda de cambio en negociaciones. Además, no es seguro que conozcamos todos los yacimientos explorados y los materiales minerales principales y asociados confirmados.
  • Entre los diversos ataques estadounidenses contra territorio de la República Islámica de Irán, se incluyeron ataques contra sus territorios en el Caspio.
  • Armenia está discutiendo activamente la construcción de centrales nucleares modulares, que solo son capaces de construir Estados Unidos, Francia y Rusia.
  • El corredor de Zanguezur inevitablemente continuará a través de corredores de transporte hacia Turquía, y Armenia ya ha planeado la construcción de una autopista a lo largo de la vía férrea.
  • Europa desea obtener las capacidades de tránsito y de materias primas del Cáucaso Sur para importar desde allí componentes básicos y materiales críticos (las exportaciones de la UE al Cáucaso Sur serían posibles en forma de equipos tecnológicos, ya que es poco probable que la región sea de interés para la Unión Europea en cuanto productos de consumo).
Si integramos los puntos anteriores en la lógica de un posible acuerdo entre Washington y Teherán, resulta evidente que Irán comprende la importancia que tienen para Estados Unidos y la UE el uranio y el molibdeno armenios, así como la seguridad de todo este inmenso bloque de activos minerales para la capacidad de defensa de los socios occidentales. Esto significa que existe una posibilidad de que concluyan las acciones militares en la región del golfo Pérsico. Si continuaran, sería difícil imaginar la organización de un puesto de avanzada económico-militar de Estados Unidos en la región de Siunik y sus territorios adyacentes, o incluso de uno de los centros de influencia estadounidense en Eurasia. Esto, si se logra un acuerdo por las buenas. Las apuestas son demasiado altas.

viernes, 5 de junio de 2026

DIPUTADO REFORMISTA ISRAELÍ CITANDO A TRUMP: «EL “PUTO LOCO” DE NETANYAHU NOS LLEVÓ A DONDE ESTAMOS»

Elementos tomados de RUSSIA TODAY y otras fuentes.
  

El rabino reformista y diputado de la oposición israelí Gilad Kariv Shaar subió al estrado del Knéset, el Parlamento de Israel, y citó las palabras del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llamando a Benjamín Netanyahu “puto loco”, por continuar con sus ataques contra el Líbano.
  
«“¿Qué diablos estás haciendo? Eres un puto loco. Si no fuera por mí, estarías en prisión. Te estoy salvando el pellejo”: Esta es la “liga diferente” de Netanyahu, esta es nuestra realidad. El presidente de EE.UU. le dice al primer ministro de Israel que es un puto loco. ¿A eso hemos llegado?», declaró el funcionario israelí durante un debate sobre la propuesta del gobierno para la división de las funciones del Fiscal General.
  
Y al responderle a uno que trató de desmentirlo que esa cita provenía de fuentes de la Casa Blanca, continuó: «Vosotros nos habéis traído hasta aquí. En mi discurso anterior dije que el presidente Joe Biden dijo “no” y Trump está diciendo “no”. Pero Biden le dijo que “no” a Irán y Hezbolá. ¿A quién le dice “no” Trump? A Netanyahu, al Tzahal (las Fuerzas de Defensa de Israel) y al Knéset. Son Har-Meléj, te veo a la cara. Es sobre ti. Déjame continuar. ¿Qué estás haciendo en la coalición? ¿Es esto lo que estáis haciendo para ser elegidos como Ben Gurión? Resolverlo vosotros, grandes sabios». 

Limor Son Har-Meléj (nacida Elmaléh Beit Eini) es diputada del partido ultraderechista y kahanista Fuerza Judía (liderado por el ministro de Seguridad nacional Itamar Ben Gvir/Hana Shangeloff) y vicepresidenta del Knéset. Ella la autora de la ley que penaliza con la muerte a los palestinos culpables de terrorismo, mientras que elogió como “un hombre santo” al colono judío Amirán Ben-Uliel, condenado en 2020 a tres cadenas perpetuas por el ataque con cócteles Molotov en Duma (cerca de Nápoles de Palestina) el 31 de Julio de 2015 en el que murieron el bebé Alí Dawabsheh y sus padres Saad y Reham. Y en el pasado 3 de Marzo de 2026, con ocasión del Purim (el carnaval de los judíos), se disfrazó con un overol del Servicio de Prisiones sosteniendo una cuerda de nudo corredizo y una jeringa de inyección letal, mientras su segundo esposo Judá Son lo hacía con un fusil, un avión y una casa con las etiquetas “Ocupación militar” (כִּיבּוּשׁ), “Deportación” (גֵּירוּשׁ) y “Asentamiento” (הִתְיָישְּׁבוּת) respectivamente, homenajeando al terrorista judeo-estadounidense Baruc Kopel/Benjamín Carl Goldstein.
   

Finalmente, Kariv cuestionó a la coalición de gobierno si el acuerdo de cese al fuego impuesto por Estados Unidos a Israel hubiera sido suscrito semanas antes de las muertes de los quince soldados de las FDI en Gaza. «¿Recordáis que Netanyahu dijo “Un paso a la vez”? Primero un golpe judicial, y luego negociaremos con Hamás. Lo que os ha interesado a vosotros en estos cuatro años es vuestra guerra contra el sistema judicial, no contra los enemigos de Israel. Y vuestra juspá (osadía) desde el 7 de octubre (de 2023), después de vuestro “Un paso a la vez”, es continuar el golpe judicial después de 2.000 israelíes asesinados y caídos. ¿Y todavía tenéis el descaro de traer aquí legislación relacionada con el golpe judicial? Vuestras manos están llenas de sangre. Vosotros habéis priorizado la guerra contra el Fiscal General por sobre la guerra contra Hamás. ¡Vergüenza para vosotros! ¡Pueblo sanguinario!».

Previamente, se reportó que Trump había criticado duramente a Netanyahu durante una llamada telefónica, en la que lo llamó «puto loco» por la escalada contra el Líbano. «¿Qué diablos estás haciendo? ¡Eres un puto loco! Si no fuera por mí, ahora estarías en prisión. Te estoy salvando el pellejo de ésta. Ahora todo el mundo te odia. Todo el mundo odia a Israel por esto», le dijo. Además, habría frenado el plan israelí de bombardear Beirut, advirtiendo que hacerlo «aislaría aún más a Israel». Posteriormente, el mandatario estadounidense confirmó las declaraciones. 

martes, 2 de junio de 2026

¿QUIÉN MANDA A QUIÉN: TRUMP O NETANYÁHU?


Según el sitio Axios, el presidente estadounidense Donald Trump le exigió furioso al primer ministro israelí Benjamín Netanyáhu/Mileikowski cancelar su planeado ataque a Beirut, y mostró su rechazo a más ataques de las fuerzas sionistas al país.
   
«¿Qué diablos estás haciendo? ¡Eres un puto loco! Si no fuera por mí, ahora estarías en prisión. Te estoy salvando el pellejo de ésta. Ahora todos te odian. Todos odian a Israel por esto», habría espetado Trump en lo que fue descrito por fuentes de la Casa Blanca como «una bofetada telefónica».

A ello, según las mismas fuentes, Netanyáhu respondió: «Vale, vale, asegúrate de que todo esté arreglado» (contradiciendo la versión presentada por él posteriormente en que mantuvo su postura frente al Líbano) y canceló el ataque aéreo a Beirut, aunque mantiene operaciones terrestres en el sur del Líbano.
  
Según reportó Media Line, varias figuras políticas israelíes criticaron públicamente la decisión de cancelar los ataques previstos en Beirut. El exjefe del Estado Mayor de las FDI y líder del partido Yashar! (¡Directamente!), Gadi Asenkot/Eisenkot Peretz, calificó la directiva del presidente Trump como «una exigencia humillante y manifiestamente irrazonable». Eisenkot añadió que Netanyáhu «es el hombre que predicó a todos la importancia de la moral sobre la necesidad básica de ser primer ministro y saber decir “no” al presidente de los Estados Unidos».

El líder de la oposición Yair Lapid Giladi acusó a Netanyáhu de actuar como si Israel fuera un protectorado de Estados Unidos. Lapid también pidió una respuesta contundente al lanzamiento de cohetes desde el Líbano, afirmando que «la responsabilidad de la seguridad de los ciudadanos israelíes recae exclusivamente en el gobierno israelí».

A causa de sus sus relaciones con el empresario, productor de cine y ex-espía Arnon Milchan Gabriela, el editorialista del diario “Yehidót Ahronót” Arnon “Noni” Mozes Heifler, y el accionista mayoritario de la corporación mediática Beseq Shaul Elovitch, Netanyáhu/Mileikowski tiene abierta una investigación penal por soborno, fraude y ruptura de confianza desde el año 2016 en lo que se denominó “El caso de los Editores” y su juicio, iniciado en 2020, ha estado pospuesto por distintas maniobras dilatorias de él, siendo la más reciente el solicitar posponer su declaración ayer 1 de Junio para estar en la ceremonia de posesión del mayor general Román Gofman/Hoffmann como nuevo director del MOSSAD.

viernes, 1 de mayo de 2026

EL MESIANISMO JUDÍO EN LA GUERRA CONTRA IRÁN

Tomado de GLORIA TV. Traducción y adaptación propia.
   

La gueulá (en hebreo גְּאֻולָּה) designa la redención o la liberación en la tradición talmúdica. Corresponde al fin del exilio (en hebreo גּוֹלָה, golá) del pueblo judío aún disperso desde el reinado de Tito y a su regreso a una situación espiritual y material ideal.

Este concepto está profundamente arraigado en los textos bíblicos y en el pensamiento religioso talmúdico.

La gueulá se entiende a menudo como una transformación global del mundo, incluyendo la paz universal, la justicia y la armonía entre los pueblos; y está estrechamente relacionada con la venida del Mesías, que según la tradición talmúdica, este último será un líder que restaurará a Israel y traerá una nueva era.

La gueulá implica también un acercamiento entre la humanidad y lo divino. En algunas interpretaciones, puede realizarse progresivamente a través de las acciones humanas.

Sigue siendo hoy una esperanza central y una noción fundamental en la espiritualidad talmúdica, a la vez que una posible explicación de por qué el régimen de Tel Aviv y su títere estadounidense atacaron Irán, desprendiéndose cuatro hipótesis:

Hipótesis 1: la gueulá como horizonte ideológico
Algunos ministros de la corriente nacional-religiosa de Israel (Itamar Ben Gvir/Hana Shangeloff, ministro de Seguridad Nacional; y Bezalel Joel Smotrich Manzon, ídem de Finanzas) pueden pensar la acción política en un horizonte de gueulá, es decir de redención colectiva, donde la soberanía judía sobre la tierra es percibida como una etapa histórica a cumplir. En este marco, la política no solo apunta a la gestión del presente, sino a la activación de un proceso considerado providencial.

Hipótesis 2: la crisis como acelerador
Una segunda hipótesis es que las tensiones militares, lejos de ser solo temidas, pueden ser interpretadas como momentos de aclaración histórica. La conflictividad, la intensificación de la seguridad y la ruptura con los compromisos anteriores se percibirían entonces como condiciones posibles, incluso necesarias, de la maduración de un orden más conforme a la promesa religiosa.

Hipótesis 3: la soberanía como imperativo sacralizado
Una tercera hipótesis es que la conquista o la consolidación territorial no se piensa como una opción táctica, sino como un imperativo sacralizado. En este esquema, la soberanía no es negociable como un interés político ordinario, porque está vinculada a una lectura mesiánica de la historia.

Hipótesis 4: el compromiso como retraso de la redención
Una cuarta hipótesis es que el compromiso territorial o diplomático puede ser interpretado no como una paz duradera, sino como un aplazamiento del momento redentor. Desde este punto de vista, la moderación política no es necesariamente valorada, porque podría ser vista como una suspensión del movimiento hacia la gueulá.

Por lo tanto, se podría escribir que algunos ministros se inscriben en un imaginario político donde la gueulá no es solo una creencia privada, sino una matriz de interpretación de las opciones públicas. Este imaginario puede favorecer una política de confrontación, de endurecimiento y de maximalismo territorial, dando a estas opciones una justificación religiosa superior a la lógica ordinaria racional del compromiso.

lunes, 23 de marzo de 2026

LA INFLUENCIA SIONISTA EN LA GUERRA DE TRUMP CONTRA IRÁN

Artículo de Matt Wolfson para AL MAYADEEN (Líbano).

CÓMO LOS SIONISTAS JUDÍOS TRABAJARON ENTRE BASTIDORES PARA SOCAVAR EL LEMA “ESTADOS UNIDOS PRIMERO” E INDUCIR A TRUMP A LA GUERRA CON IRÁN
El giro de Trump hacia la guerra con Irán no fue una ruptura accidental con la política de “Estados Unidos primero”, sino el resultado de la presión ejercida entre bastidores por redes financieras y políticas pro-sionistas.
  

El extraño origen de la ejecución ilegal por parte de Estados Unidos de un jefe de Estado extranjero, líder espiritual de muchos musulmanes chiítas del mundo, en una guerra de desgaste apoyada por tan solo el 21 por ciento de los estadounidenses, se remonta a noviembre y diciembre de 2024, con una elección aparentemente anodina de personal en la Casa Blanca.

Durante esos meses, Trump nombró a Howard Lutnick como secretario de Comercio y a Scott Bessent como secretario del Tesoro, dejando a Robert Lighthizer, representante Comercial de Estados Unidos durante su primer mandato, en el olvido. Lighthizer es un intelectual político que se pronunció en contra de la doctrina del “libre comercio” y un firme defensor del uso de aranceles cuidadosamente diseñados para atraer mano de obra a Estados Unidos.

Lutnick y Bessent son producto de Wall Street y de las redes sionistas judías que, desde la década de 1980, han justificado e implementado el “libre comercio” mediante nombramientos en la Casa Blanca, donaciones a centros de estudios y patrocinios académicos. En el momento de los nombramientos de Lutnick y Bessent, Lighthizer expresó su preocupación de que las políticas de “Estados Unidos Primero” no fueran una prioridad para las personas que habían dedicado sus vidas profesionales a oponerse a ellas. Según el reportero que entrevistó a Lighthizer, su tono era pensativo, tratando de imaginar las motivaciones de aquellos hombres que ahora podrían ejercer influencia sobre el presidente. «No lo sé… no sé cómo piensan los multimillonarios», continuó Lighthizer, quizás pensando también en Trump. «Nunca he sido uno de ellos». 

Lighthizer no tergiversó su conocimiento sobre los multimillonarios. Lo que ha sucedido con estos nombramientos ha sido una traición mucho mayor de lo que previó. Como muchos movimientos de personal aparentemente insignificantes en las operaciones internas del imperio, la marginación de Lighthizer y el nombramiento de Lutnick y Bessent aseguraron la cooptación de la plataforma “Estados Unidos Primero” de Lighthizer, con la que Trump ganó la reelección: una plataforma de refinanciamiento de la producción nacional y desvinculación de los lazos exteriores.

En cambio, un año y medio después, tenemos lo opuesto a esa plataforma: un imperio descontrolado, que decapita a líderes extranjeros y libra guerras. Y esto se debe al círculo del que Lutnick y Bessent son los miembros más visibles de la Administración: sionistas que, basándose en su obsesión por la inversión extranjera y la extracción de recursos, indujeron a Trump a guerras globales en beneficio de “Israel”.

Analizar los deseos de Trump y cómo este grupo se aprovechó de ellos demuestra cómo funciona el poder en Estados Unidos a manos de las redes sionistas dirigidas en gran medida, aunque no exclusivamente, por judíos estadounidenses con conexiones que arbitran nuestras instituciones, y que en la práctica privan a los estadounidenses del derecho a opinar sobre nuestro país.

Los deseos políticos de Trump quedaron bastante claros menos de tres meses después de su segundo discurso de investidura. En abril de ese año, asesorado por Lutnick y Bessent, impuso aranceles uniformes utilizando un precedente legal que Lighthizer había rechazado, lo que llevó el mes pasado a que la Corte Suprema de los Estados Unidos anulara dichos aranceles. En el proceso, Trump creó incertidumbres en el mercado y preocupaciones sobre el costo de vida, y finalmente otorgó exenciones arancelarias distorsionadoras a una variedad de industrias, perjudicando también a las pequeñas empresas. Todo esto fue considerado popularmente como un error, pero, cada vez más, los aranceles parecen haber estado funcionando exactamente como Trump quería. En palabras de la Corte Suprema, «el presidente ha emitido varios aumentos, reducciones y otras modificaciones» a la mayoría de los aranceles que ha impuesto. En otras palabras, para Trump, los aranceles no son una política; son una herramienta de negociación. Y lo que está negociando, según las pruebas, son sus verdaderas preocupaciones: asegurar inversiones de naciones extranjeras mediante el comercio tecnológico, y asegurar extracciones de naciones extranjeras mediante acuerdos comerciales o incursiones militares.

A juzgar por sus propias declaraciones públicas, Trump está obsesionado con la inversión extranjera, que según él alcanzará al menos 22 billones de dólares al final de su mandato, lo que equivaldría a aproximadamente tres cuartas partes del Producto Interno Bruto (PIB) anual total de Estados Unidos en 2024. Estimaciones más fiables de las “promesas de inversión reales” sitúan la cifra en siete billones de dólares. Una parte significativa de esta inversión se destina a la Inteligencia Artificial, que a su vez podría haber representado hasta la mitad del crecimiento del PIB de Estados Unidos, ajustado a la inflación, en los primeros seis meses del año. Esta obsesión es, en todos los sentidos, incompatible con la política declarada de “Estados Unidos Primero” de Trump, ya que implica intercambiar innovaciones tecnológicas por inversión extranjera.

Según sus propias declaraciones públicas, Trump también está obsesionado de forma indecente con extraer recursos de otros países. En los días posteriores al secuestro de Nicolás Maduro, estas fueron las respuestas de Trump a las preguntas sobre el futuro de Venezuela: «Vamos a tener presencia en Venezuela en lo que respecta al petróleo»; «Vamos a hacer que el petróleo fluya como debe ser»; «Vamos a extraer una enorme cantidad de riqueza de la tierra»; «Necesitamos acceso total, necesitamos acceso al petróleo»; «Venderemos petróleo»; «Lo que queremos hacer es arreglar el petróleo»; y «Las compañías petroleras van a entrar y reconstruir su sistema". La contribución de Howard Lutnick a este mantra sobre Venezuela fue ampliar su alcance: «Tienen acero, tienen minerales, todos los minerales críticos; tienen una gran historia minera que se ha oxidado: así que acero, aluminio, minerales». Trump y Lutnick, dijo un humorista estadounidense, «se están comportando como conquistadores ante nuestros ojos».

Venezuela no es un caso especial para Trump. Tras presidir en 2025 lo que los observadores calificaron de falso “acuerdo de paz” entre la República Democrática del Congo y Ruanda, país que ha estado patrocinando milicias dentro del Congo para violar y asesinar a congoleños con el fin de facilitar la extracción a bajo costo de minerales preciosos, Trump dijo lo siguiente sobre lo que vendría después: «Vamos a extraer algunas tierras raras, extraer algunos de los activos, pagar, y todos van a ganar mucho dinero». Ese mismo año, tras presidir lo que muchos observadores también calificaron de falso "acuerdo de paz" entre Armenia y Azerbaiyán, que incluía la construcción de una “Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacionales”, Trump declaró: «Entiendo que es una zona muy fértil, una zona muy fértil… los precios de la gasolina han bajado mucho desde donde estaban y realmente ha sido algo digno de observar». Frases como estas se han filtrado en la política interna, como en esta cita de una “influencer” de Miami con una línea a Mar-a-Lago: «Por eso confío en que los republicanos ganarán las elecciones de mitad de mandato… El precio de la gasolina descenderá a su nivel más bajo en décadas… Dos años de un Trump sin límites, sin nada que perder. Se avecinan tiempos gloriosos».

De dónde saca un Trump “desatado” que “no tiene nada que perder” la idea de estos “tiempos gloriosos” y lo que los asegurará, se remonta rápidamente a los círculos de Howard Lutnick y Scott Bessent. La influencia de estos círculos ayuda a explicar por qué, en poco más de un año, un presidente elegido con una plataforma de reforma del “estado profundo” y el fin de las guerras en el extranjero, es decir, un presidente elegido para desmantelar el sistema que los sionistas habían ayudado a crear, se convirtió en el mayor aliado político de los sionistas. Este inquietante cambio a menudo se explica, o se descarta, como prueba de que los sionistas “controlan” la política estadounidense.

Pero la realidad detrás del poder de influencia de los sionistas es algo más compleja. Se trata de arbitraje mediante incentivos: los sionistas utilizan la generosidad financiera para atraer a operadores que buscan el poder, y luego se aprovechan de los deseos de estos operadores para promover sus prioridades. Analizar los movimientos de los sionistas en esta dirección, desde mediados del verano de 2024, cuando se decantaron decisivamente por Trump, y continuar después de la elección de Trump, cuando comenzaron a influir decisivamente en sus políticas, muestra a grandes rasgos cómo funciona esta estrategia en Estados Unidos.

En 2024, Trump no era la primera, ni la segunda, ni la tercera, ni en muchos casos la cuarta, ni la quinta, ni la sexta opción de los sionistas para la presidencia. Los candidatos a los que apoyaban, demócratas como Joe Biden o Kamala Harris y republicanos centristas como Nikki Haley, eran todos, de una u otra forma, defensores de las políticas estadounidenses de los últimos cuarenta años. Estos candidatos abogaban por el “libre comercio” y la deslocalización de la producción; las intervenciones extranjeras para extraer recursos en nombre de los “derechos humanos”; y la importación de facto de mano de obra barata mediante la inmigración. Lo que pareció cambiar el enfoque de los sionistas en el verano de 2024 no tuvo que ver con los candidatos en sí —después de todo, Joe Biden había enviado arma tras arma a “Israel”, y Kamala Harris parecía ser la demócrata más corporativista e intervencionista desde Bill Clinton—. En cambio, tuvo que ver con algo más cercano: un presagio del futuro del Partido Demócrata. En concreto, las protestas en los campus universitarios de élite, históricamente cuna de futuros líderes demócratas, contra las acciones de “Israel” en Gaza y contra “Tel Aviv” en general. Fue tras estas protestas contra el Imperio y contra “Israel”, protagonizadas por demócratas emergentes, cuando comenzó a notarse un cambio entre los actores financieros vinculados al complejo militar-empresarial, cuyo cliente más fiable es “Israel”: un giro hacia el apoyo a Trump, el candidato republicano con más probabilidades de ganar en noviembre.

En su reportaje sobre la Convención Demócrata de agosto, Tablet, la revista sionista judía, ofreció una idea de la mentalidad que subyace a este cambio. Señaló debidamente que los defensores más fervientes de la causa propalestina (en palabras de Tablet, “inadaptados”, “bichos raros” y “radicales” fueron participantes minoritarios y marginados en la Convención. Pero también opinó que «la verdadera esencia de los demócratas, tal como se manifiesta en la multitud de partidarios recién llegados (al recinto de la convención)… va mucho más allá de la ambivalencia, en lo que respecta al Estado judío». Tablet es la plataforma donde se forjó la carrera de Bari Weiss, el fundador sionista de The Free Press, que fue financiado en parte por el tecnólogo sionista David Sacks y ahora pertenece a los tecnólogos sionistas Larry y David Ellison. Tablet está financiada por un consorcio sionista presidido por el administrador de la oficina familiar del gestor de fondos de inversión sionistas Bill Ackman, quien anteriormente trabajó en la oficina familiar de los propietarios del New York Times, los Sulzberger, cuyo periódico cuenta con una plantilla mayoritariamente compuesta por judíos sionistas. En sus informes sobre la Convención, Tablet expresaba lo que probablemente ya creían sus financiadores y sus allegados: que no se podía confiar en los demócratas.
  
De hecho, para cuando apareció el artículo de Tablet, estos financiadores y sus amigos ya estaban actuando en consecuencia. En julio de 2024, Bill Ackman, quien había pasado el año atacando las protestas propalestinas mientras apoyaba y retiraba su apoyo a una lista de candidatos que incluía al empresario multimillonario Vivek Ramaswamy, al representante estadounidense Dean Phillips y al director ejecutivo de JP Morgan, Jamie Dimon, respaldó a Trump. Ese mismo mes, Trump se reunió con ejecutivos de Wall Street, muchos de los cuales se mostraron reacios a apoyarlo, pero cada vez más dispuestos a hacerlo. En agosto, David Sacks, quien había pasado en ocho años de ser un donante incondicional de Hillary Clinton a un mecenas de Ron DeSantis y luego a alguien interesado en Robert F. Kennedy, apoyó a Trump.

En septiembre, se informó que Paul Singer, el gestor de fondos de inversión sionista que había apoyado a George W. Bush, Mitt Romney y a los antiguos rivales de Trump en las primarias, Marco Rubio y Nikki Haley, estaba “implorando” a los donantes que contribuyeran a la campaña de Trump. En octubre, los operadores financieros y tecnológicos sionistas Nelson Peltz, Steve Wynn y Ben Horowitz, junto con David Sacks, fueron identificados como parte de una “mafia MAGA” que había cambiado su lealtad del Partido Demócrata al Republicano.

Durante estos meses, Trump pareció cambiar el enfoque de su campaña. Provocó indignación entre sus seguidores cuando, tras reunirse con financistas, sugirió ampliar los visados ​​para trabajadores de empresas extranjeras. Adoptó un tono cada vez más agresivo respecto a la represión de la libertad de expresión en las protestas propalestinas y en relación con Irán: lo opuesto a su escepticismo sobre el “estado profundo” y su uso de las fuerzas del orden, así como a su escepticismo sobre el intervencionismo extranjero.

En aquel momento, esta retórica tenía sentido estratégico incluso para aquellos partidarios de Trump contrarios a la guerra que desconfiaban de la influencia sionista: en una contienda contra los demócratas, reconocidos entonces como «la fuerza más poderosa de la sociedad estadounidense» con «el dinero y las instituciones organizadas del país… respaldándolos», las inyecciones de capital de Silicon Valley y Wall Street podían ser un salvavidas para un candidato con pocas posibilidades de ganar. Lo que ha sorprendido a los votantes de America First desde las elecciones de 2024 es hasta qué punto estos influyentes “votos indecisos” sionistas han utilizado su acceso privilegiado al poder para moldear la agenda de la Administración Trump casi a expensas de la plataforma de campaña de Trump.

El primer paso en esta dirección de cooptar el movimiento de Trump fue proporcionar personal, un proceso que, según se informa, Paul Singer ayudó a “financiar”. Dentro de la Administración, el método fueron los nombramientos políticos. Estos incluyeron a Lutnick y Bessent; Marco Rubio, un antiguo protegido de los sionistas, como secretario de Estado; y Stephen y Katie Miller, ambos sionistas, como adjuntos principales de Trump y Elon Musk, respectivamente. También incluyeron a Susie Wiles, la influyente política de Florida profundamente conectada con redes sionistas, como Jefa de Gabinete de la Casa Blanca; Harmeet Dhillon, una abogada hindú vinculada por familia a su cliente, el magnate mediático sionista Ben Shapiro, como Fiscal General Adjunta para los Derechos Civiles; y el ejecutivo inmobiliario sionista Steve Witkoff como enviado especial para Medio Oriente. También hubo nombramientos de L. Brent Bozell III, un ferviente sionista, como Embajador en Sudáfrica; y Charles Kushner, padre de Jared Kushner, como embajador en Francia. Fuera de la administración, Paul Singer utilizó su influencia financiera en el centro de estudios Manhattan Institute para impulsar una agenda que promovía el sionismo y el corporativismo. Bari Weiss, ahora redactora jefe bajo la dirección de los Ellison tanto de The Free Press como de CBS, utilizó sus plataformas para promover la misma agenda. También trabajó para atraer al vicepresidente JD Vance, un escéptico de la intervención prosionista en el extranjero, al movimiento sionista.  

El segundo paso para cooptar el movimiento de Trump fue que personal sionista se aprovechara de sus deseos. De hecho, lo que los operadores sionistas parecieron intuir desde el principio fue que el modus operandi de Trump, desde sus días en Nueva York, nunca fue profundizar y solucionar un problema. En cambio, consistía en ejercer presión, llegar a un acuerdo, poner su nombre en un edificio y proclamar la victoria. En otras palabras, Trump era el blanco perfecto para políticas exteriores que prometían beneficios rápidos; beneficios significaban recursos e inversiones, y que redundarían en beneficio de “Israel”. En consecuencia, los sionistas cercanos a la Casa Blanca comenzaron a ofrecerle la perspectiva de inversiones y extracciones del extranjero.

Quince días después de su investidura, Trump sorprendió a sus seguidores al anunciar un plan para “arrasar y reconstruir” Gaza con inversión estadounidense, creando un proyecto inmobiliario de ensueño: “Gaza en la Riviera”. El plan se había desarrollado durante el último año a instancias implícitas de Jared Kushner, quien, si bien se mantuvo en silencio durante la campaña de Trump, siguió buscando activamente oportunidades de inversión relacionadas con “Israel”, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos en el extranjero. Dos y tres meses después, en abril y mayo, se concretaron compromisos de inversión en Estados Unidos por valor de entre 600 mil millones y 1,4 billones de dólares por parte de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos; inversiones centradas principalmente en la inteligencia artificial, tema en el que David Sacks es el principal asesor de la Casa Blanca. En los meses siguientes, llegaron inversiones de Japón, un estrecho aliado económico de “Israel”, que buscaba liberarse de los aranceles impuestos por Lutnick y Bessent.

La generosidad también fluyó hacia la Sudáfrica blanca, donde el sionista L. Brent Bozell III es embajador y el sionista judío David Sacks es una parte muy interesada, ya que los afrikáneres, aliados de larga data de los israelíes, se convirtieron en el raro grupo de inmigrantes a los que se les concedió el estatus de refugiado en la América de Trump. Ese verano, Trump presidió los acuerdos de paz a cambio de recursos entre Ruanda y la República Democrática del Congo, y entre Azerbaiyán y los Emiratos Árabes Unidos, de facto negociados o facilitados por los Emiratos Árabes Unidos e “Israel”.

Para el otoño, Stephen Miller y Marco Rubio impulsaban un cambio de régimen en Venezuela, lo que le daría a Trump la oportunidad de bajar los precios de la gasolina y a Paul Singer la oportunidad de beneficiarse de su compra en noviembre de “la joya de la corona de los activos petroleros internacionales de Venezuela”. Todo esto era el preludio de una ofensiva mayor contra Irán, otro objetivo rico en petróleo y un freno a las ambiciones extractivas estadounidenses en Medio Oriente y, por supuesto, un enemigo de “Israel”. De hecho, la mañana del secuestro de Nicolás Maduro, Bill Ackman tuiteó: «A este ritmo, Irán pronto será libre». Mientras tanto, Harmeet Dhillon, del departamento de Justicia, reprimía las protestas contra la ayuda estadounidense a “Israel” y las acciones de Estados Unidos en nombre de “Tel Aviv” como supuestas violaciones de los derechos civiles, un argumento basado en la confusión entre antisionismo y antisemitismo.

Los operadores de medios sionistas y sus aliados se movilizaron para apoyar estas acciones en el período previo y durante la guerra con Irán. Laura Loomer, una periodista con vínculos inusualmente directos con Donald Trump, combinó sus listas habituales de lo que ella consideraba funcionarios recalcitrantes en el propio gobierno de Trump con advertencias constantes sobre la amenaza que representaba el “islam radical”.

Roger Stone, un íntimo de Susie Wiles, lideró los ataques contra Stephen K. Bannon, exasesor principal del presidente Trump, quien se mostraba escéptico ante las intervenciones en el extranjero y crítico con “Israel”; y la propia Susie Wiles, públicamente y con la aprobación implícita de Trump, criticó a JD Vance. Dana Bash, la presentadora de noticias sionista con vínculos de larga data con redes corporativas militares sionistas demócratas, invitó a Masih Alinejad, la popular defensora iraní del cambio de régimen, y le permitió despotricar literalmente en CNN, recientemente adquirida por los Ellison. Bari Weiss, ahora empleada de los Ellison, puso a H. R. McMaster, un exasesor de Seguridad Nacional con vínculos similares con “informantes nativos” como Alinejad, en la cadena CBS para justificar la guerra contra Irán.

Estas cadenas también impulsaron narrativas más sutiles en apoyo de Trump. The Washington Post y The New York Times publicaron noticias que describían las acciones de Irán en su propia defensa como un “ataque” y un “caos”, e informaron que el primer ministro de España “atacó” y continuó una “disputa” con Estados Unidos para describir sus objeciones históricas razonadas a la guerra de Irán. La sección de opinión del New York Times condenó las “obsesiones ruinosas e inamovibles del ayatola Jamenei”, lo que en ese contexto parecía referirse a la defensa absoluta del líder iraní de la soberanía de su país. Otros operadores sionistas jugaron a dos bandas. Jon Stewart, uno de los cómicos más populares de Estados Unidos, que transmite desde Paramount Skydance, ahora propiedad de los Ellison, criticó a Trump por su imprudencia, pero tuvo como invitado en su entrevista a un crítico iraní del Estado. La senadora estadounidense y probable aspirante a la presidencia, Elissa Slotkin, y el líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, ambos demócratas, también calificaron los ataques de imprudentes, pero compensaron esto con condenas a Sayyed Jamenei, dejando una vez más fuera de la mesa la cuestión fundamental de la soberanía.

Todo esto, desde la financiación hasta la influencia y la propaganda, se tradujo en un proceso de inducción, insinuación y encubrimiento de un año y medio, una versión condensada de una estrategia que los sionistas han empleado desde 1951. Ese año, David Ben-Gurión y su jefe de inteligencia llegaron a Washington y expusieron ante la CIA el argumento estratégico de que “Israel” podría convertirse en el bastión del antisovietismo en Medio Oriente como “parte del mundo occidental”, lo que, en ese contexto, significaba un garante del acceso de Estados Unidos al petróleo. Esta colaboración israelo-estadounidense continuó durante toda la Guerra Fría con la ayuda de sionistas estadounidenses conectados  y el apoyo de medios de comunicación influenciados por el sionismo, como The New York Times, y contribuyó a crear estrategias para obtener petróleo como  el caso Irán-Contra  y  la Primera Guerra del Golfo. Tras la Guerra Fría, se aceleró con la presencia militar en Arabia Saudita y la guerra de Irak: un proyecto de neoconservadores sionistas que no fue más que un nuevo intento por el petróleo que habíamos perdido desde 1979. La guerra de Irak es el proyecto fallido del que la invasión de Trump es la sucesora.

Como demuestran estos ejemplos y el de la Casa Blanca de Trump, los sionistas no lograron su éxito político por la fuerza. Lo consiguieron mediante la generosidad financiera y ofreciendo incentivos de recursos e inversiones a quienes dirigían el Imperio. Estas tácticas de control imperial interno son exclusivas de Estados Unidos y muy distintas de los métodos empleados por la aristocracia imperial europea, descendiente de guerreros. Han sido practicadas en nuestro país desde el siglo XIX por dos comunidades comerciales minoritarias: los puritanos WASP y, posteriormente, los sionistas judíos, conocidos por su creencia en la supuesta elección de su grupo y su inclinación por las instituciones y el capital. Históricamente, sus centros de poder han sido Boston y Nueva York, y no es casualidad que la carrera de Donald Trump antes de llegar a la Casa Blanca se forjara en la ciudad de Nueva York, cuando los WASP cedieron el poder a los sionistas.

De hecho, en las décadas de 1980 y 1990, cuando la generación que produjo a Howard Lutnick y Scott Bessent asumió el poder de arbitraje sobre Wall Street y los medios de comunicación de Nueva York, Trump estaba en el centro de la acción: un advenedizo de Queens que intentaba abrirse paso a la fuerza en Manhattan y que adoptaba el estilo de quienes allí gobernaban. Esta generación incluía a personas como Laurence Tisch, Michael Steinhardt, Mort Zuckerman, Leonard Lauder, Carl Icahn, S. I. Newhouse, Michael Milken, Les Wexner y Charles Bronfman, predecesores y partidarios de personas como Bill Ackman y Paul Singer. También fueron quienes hicieron las donaciones a las universidades y a los partidos políticos, que impulsaron el auge de Silicon Valley que produjo a Ben Horowitz, David Sacks y Larry y David Ellison. Eran, sobre todo, expertos en adquisiciones. En otras palabras, eran personas cuya ostentosa filantropía enmascaraba el hecho de que habían hecho su fortuna buscando empresas o mercados vulnerables. Luego, buscan obtener ganancias explotando los puntos más débiles de estas empresas; y posteriormente, o bien las desmantelan para aprovechar sus piezas, o las optimizan para lograr una mayor “eficiencia” en beneficio de grupos reducidos de accionistas. 

El estilo de Trump era y es el de estas personas a las que aspiraba a parecerse: no guerreros, sino corporativistas que, a salvo en torres de cristal, presionan a quienes perciben como más débiles y luego esperan a que la otra parte capitule. En los días previos a la guerra contra Irán, cuando la Administración Trump estaba desplegando personal militar en el Golfo y emitiendo amenazas mientras afirmaba negociar, Steve Witkoff, el “enviado” sionista de Trump a Irán, capturó esta mentalidad. Describió la visión del presidente sobre la situación como: «No quiero usar la palabra “frustrado”, porque entiende que tiene muchas alternativas, pero siente curiosidad por saber por qué no lo han hecho… No quiero usar la palabra “capitulado”, sino por qué no lo han hecho».

Así como Trump ha adoptado su estilo de los sionistas, estos últimos lo ven como una figura familiar: una parte de su mundo, inherentemente fácil de ignorar y de congraciarse. Presencié esta actitud de cerca hace diez años, en julio, mientras realizaba un proyecto de escritura relacionado con el sionismo. Una noche de ese mes, me encontré sentado con una docena de prominentes sionistas judíos liberales en una sala privada de un elegante restaurante francés cerca de Sutton Place, en Midtown East Manhattan. En la mesa, Bill Ackman era el protagonista, bromeando sobre la condición de Trump como candidato presidencial republicano y mencionando las críticas que le habían hecho conocidos comunes, afirmando que nunca había conocido a nadie que votara por él. Yo tenía veintitantos años y me sentía incómodo ofreciendo una opinión contraria a una reunión que incluía no solo a Ackman, sino también a Mort Zuckerman, cuyo rostro aparecía en la columna final de cada número de su revista, US News and World Report, que leía de adolescente por sus clasificaciones universitarias. Aun así, yo provenía de una región, el Medio Oeste estadounidense, que generalmente apoyaba a Trump, y pensé que valía la pena mencionar que la gente que conocía tenía sus razones para apoyarlo: la subcontratación laboral, la concentración agrícola, el cansancio por las guerras en el extranjero. Cuando dije esto, Bill Ackman me miró y arqueó una ceja. «No creo que esta gente sepa por qué vota por lo que vota», dijo. La conversación siguió su curso.

Una década después, Bill Ackman es uno de los partidarios más fervientes de Trump, pero el Trump al que apoya no es el Trump elegido por sus votantes. Para el resto de nosotros, este cambio es desconcertante, incluso para los leales a America First, desde Tucker Carlson hasta Megyn Kelly y Matt Walsh, quienes se han opuesto a la guerra de Irán en los términos más enérgicos, calificándola de «una traición a un principio fundamental del trumpismo». Scott McConnell, editor fundador de The American Conservative, la revista America First más influyente de Washington, describió «la magnitud de la traición de Trump… a (las personas) que consideraban convincentes sus críticas habituales a las guerras interminables»; reconoció que «esta visión de Trump (como candidato a la paz) era completamente errónea, y quienes la sostenían se sienten tristes, conmocionados, traicionados y estúpidos»; y señaló que «la magnitud del engaño es impresionante». Pero quizás el giro de Trump no resulte tan desconcertante para Ackman y Trump, este último tal vez no sea tanto un imperialista inducido como alguien que fue inducido conscientemente por los sionistas porque ya conocía sus tácticas. Al fin y al cabo, ambos provienen del Nueva York judío sionista y están conectados entre sí por redes de dinero, familia y poder.

De hecho, el padre de Bill Ackman, Lawrence, fue un eminente promotor inmobiliario en las décadas de 1970, 1980 y 1990 de centros emblemáticos como el Chelsea Market en el Lower West Side de Manhattan, justo cuando Trump intentaba irrumpir en la élite de Manhattan de una manera más ostentosa, con casinos en Nueva Jersey y rascacielos en Manhattan con su nombre estampado. El mentor de Ackman, Martin Peretz, lamentó la vulgaridad de Trump en sus memorias, pero Peretz también entabló amistad con Roy Cohn, quien, junto con Roger Stone, era el hombre de confianza de Trump, debido a su afinidad compartida por “Israel”. La segunda esposa de Ackman, Neri Oxman, trabajaba en el MIT, la máxima “torre de marfil”, pero recibió dinero mientras estuvo allí del amigo de Trump, Jeffrey Epstein.

Los aliados cercanos de Ackman, la familia Tisch, tienen a su descendiente, Jessica Tisch, en la oficina del comisionado de la policía de Nueva York, y el comisionado Tisch es, en palabras de Trump, un “buen amigo” de Ivanka y Jared Kushner. Y está Charles Kushner, ahora embajador en Francia, quien ha sido cercano a Benjamín Netanyáhu al menos desde que este visitó su casa en Nueva Jersey hace treinta años. En otras palabras, aunque pueda parecer que existe cierta distancia entre Trump y el “dinero respetable” del círculo de Ackman, esa percepción de distancia es una ilusión.

Lo que realmente existe, como intuyó Robert Lighthizer cuando dijo que no sabía cómo piensan los multimillonarios, es la distancia entre Ackman y Trump y el resto de nosotros. Trump, al igual que Ackman, y a pesar de sus gorras de béisbol, sus hamburguesas de McDonald’s y su lenguaje populista, también es un miembro influyente del sionismo judío.