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martes, 23 de junio de 2026

PREFACIO DE LA VIGILIA DE SAN JUAN BAUTISTA

Vere dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Exhibéntes solémne jejúnium, quo beáti Joánnis Baptístæ natalítia prævenímus; cujus génitor eum, Verbi Dei núntium dúbitans nascitúrum, vocis est privátus offício, et eódem recépit nascénte sermónem; quíque, Ángelo promitténte, dum non credit, obmútuit; magnífici præcónis exórtu, et lóquens factus est et prophéta; máterque páriter stérilis, ǽvoque confécta non solum puerpério fœcúnda procéssit; sed étiam, quo beátæ Maríæ fructum sédula voce benedictióne suscíperet, spíritu Divinitátis ímpleta est; ipséque progénitus, utpóte viæ cœléstis adsértor, víam Dómino mónuit præpárari; séraque in supréma paréntum ætáte concrétus et éditus, procreándum novíssimis tempóribus humáni géneris disséruit Redemptórem. Per quem majestátem tuam láudant Ángeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cœli cæmœlorúmque Virtútes ac beáta Séraphim sócia exsultatióne concélebrant. Cum quíbus et nostras voces ut admítti júbeas, deprecámur, súpplici confessione dicéntes: Sanctus…

viernes, 29 de agosto de 2025

SIGNIFICADOS ALEGÓRICOS DE LA DECAPITACIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA

Cabeza de San Juan Bautista en una bandeja (Albretch Bouts, óleo sobre álamo, c. 1500. Museo Metropolitano de Arte de Nueva York).
  
«Juan fue decapitado no el día de su decapitación, sino en torno a los días de los Panes sin Levadura de la Pascua judía, el año anterior a la Pasión del Señor, tras haber estado ya un año en prisión. Convenía que, debido a los misterios de la Pasión y Resurrección de Cristo el Señor, el menor (es decir, Juan) diera paso al mayor (es decir, Cristo), y por ello se decidió celebrar la decapitación en otro momento, concretamente el día en que se encontró su cabeza. Por ello, San Agustín dice: “Lo que el propio Juan había predicho sucedió. Pues hablando del Señor Jesucristo, había dicho: ‘Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe’. Juan menguó en la decapitación; Jesús creció en la cruz”. Según San Gregorio Magno, “la decapitación de Juan significa la disminución de esa falsa creencia por la cual el pueblo creía que él era Cristo, así como la exaltación del Salvador en la cruz significó el progreso de la fe. En efecto, aquel que era considerado por las multitudes solo un profeta fue reconocido por los fieles como el Señor de los profetas y el Hijo de Dios. Así, Juan, que necesitaba disminuir, nació cuando la luz del día comienza a menguar, mientras que el Señor nació cuando los días comienzan a crecer”. Al respecto, San Jerónimo dice: “Reconocemos en la cabeza cercenada del profeta Juan a los judíos que han perdido a Cristo, quien es el Jefe de los Profetas. Y, de nuevo, la Cabeza de la Ley, que es Cristo, es separada de su propio cuerpo, es decir, del pueblo judío, y es entregada a la joven gentil, es decir, a la Iglesia Romana; y la joven luego lo entrega a su madre adúltera, es decir, a la Sinagoga, que finalmente creerá en Cristo. Y, de nuevo, el cuerpo de Juan es enterrado, mientras que su cuerpo es colocado en una bandeja: la carta enterrada es ocultada, el espíritu es honrado en el altar y es asumido”».
   
LUDOLFO DE SAJONIA O. Cart. Vita Jesu Christi e Quatuor Evangeliis et Scriptoribus Ortodoxia concinnata. París y Roma, Víctor Palmé & Imprenta de la Congregación de Propaganda Fide 1865, pág. 290.

viernes, 13 de diciembre de 2024

NOVENA EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE LA LECHE

Novena compuesta por el Rev. P. Don José de Sierra, y publicada en Madrid a expensas de D. Nicolás Enez y Doña Brígida Alcolea, devotos de esta Soberana Señora y Congregantes de su Hermandad de Socorro, por la imprenta de Don Francisco Javier García en 1762.

MOTIVO Y MISTERIO DE ESTA SANTA NOVENA
Los muchos y grandes milagros que nuestro Dios Omnipotente obra por la intercesión de nuestra Madre y Señora María Santísima, con el título de la Leche y Buen Parto, nos obligan a que se publique esta Novena devotísima, satisfaciendo de este modo a la devoción de muchas personas piadosas que la deseaban.
   
Entre los trofeos ilustrísimos que la diestra del Altísimo levantó para crédito de su Poder y demostración de su Piedad, resplandece gloriosa la Imagen de María Santísima de da ;Leche y Buen Parto, obsequiada del santificado Infante Bautista, que con atención misteriosa está mirando al Divino Niño Jesús en las virginales manos de su Madre purísima; porque como en el vientre de su madre Isabel le causo tan admirable gozo el Misterio de la Encarnación del Verbo Divino, no pudo menos de mirarle, como en un cristalino espejo, en la Humanidad Sacrosanta de nuestro Salvador, luego que nació al mundo el santificado Precursor de Jesucristo.
  
Para entrar en el Portal de Belén con sencilla limpieza de corazón y eficaz deseo de mística perfección, no es fácil ir sin llevar la luciente Antorcha del mundo San Juan Bautista, que ardió y resplandeció con la Gracia del Divino Verbo Encarnado; porque como Precursor de nuestro Redentor Jesucristo, brilla misterioso en todos los Sagrados Misterios de nuestra redención desde que se anunció a María Santísima la Encarnación del Verbo Divino, hasta que vino el Espíritu Santo en el día de Pentecostés. Columna Mística de los fieles veneramos todos la Emperatriz de los Cielos, quien templa los rigores de la Divina Justicia, y nos alumbra para que no nos precipitemos en la oscuridad del pecado. A Jesucristo, Autor de la Gracia, pedimos, suplicando por medio dе María Santísima, Madre de la Divina Gracia, para lo cual es admirable conducta ser dirigidos por el Lucero de la Gracia San Juan Bautista, quien para nuestra mística dirección fue del Eterno Padre escogido Ángel por Gracia.
   
Lo misterioso de esta Novena devotísima, que es el Parto purísimo de la Virgen Madre, se manifiesta con la santificación de San Juan Bautista, porque el Supremo Señor quiso, purificándole de la mancha del pecado original en las entrañas de su madre, tomar posesión del oficio de Salvador luego que se hizo Hombre en el Tálamo Virginal de la Virgen María, para que el santificado Infante resplandeciese Lucero del Sol de Justicia, mediante la Luna llena de Gracia.
   
Los principales Devotos de Nuestra Señora de la Leche y Buen Parto están congregados para cantar con solemnidad su Santísimo Rosario, y tienen con la Reina de los Ángeles al santificado Niño San Juan Bautista por Celador de su debido cumplimiento, porque desde el claustro materno prosiguió por boca de su madre la Salutación Angélica y, podemos inferir piadosamente, que en la cárcel rezaría el Santo Rosario el que siempre a lo piadoso inclinaba su pensamiento. Estando en prisión rigurosa el glorioso Precursor, hizo nuestro Divino Maestro la oración del Padre nuestro, de la cual, como de los milagros y sermones, dieron cuenta al Bautista sus discípulos; y todo era cumplido gozo para el fiel Amigo del Señor: ¿con que en la cárcel San Juan rezaría la oración del Padre nuestro? Ello es conforme a razón. Y el Gloria Patri, ¿cuándo lo rezó el Grande Bautista? ¿Y cuándo (preguntemos todos) faltó en la boca del Grande Bautista el himno de Glorificación? Responda la solemnidad misteriosa del Jordán, que el Apóstol del Eterno Padre, Precursor del Unigénito Hijo y Discípulo del Espíritu Santo, siempre, glorificó a la Beatísima Trinidad: con que habiendo el Grande Bautista proseguido la Salutación Angélica desde el vientre de su madre Santa Isabel, rezado la oración del Padre nuestro en la cárcel, y traído siempre en sus labios el himno de Glorificación, podemos decir piadosamente que en la cárcel rezaría el Santísimo Rosario el santificado Varón. Por esto parece que los Congregantes de nuestra Señora de la Leche y Buen Parto escogieron y veneran por Celador del Santo Rosario al santificado Niño Juan, Glorioso Precursor de Jesucristo, para feliz aumento de su gran devoción.
  
Suponemos que la segunda parte de la Salutación Angelica es disposición de nuestra Madre la Iglesia; y que la formalidad con que se solemniza el Santo Rosario, se debe a su celo religioso; pero aunque bajo muchos y misteriosos títulos veneramos con la devoción del Santísimo Rosario a la Reina de los Ángeles: bajo el titulo elevado de la Leche y Buen Parto todos estamos obligados, por muchas circunstancias, a la Emperatriz de los Cielos, porque como es de Madre no solo engendrar, sino también sustentar, y esta Soberana Señora, dando un pecho a su proprio y Divino Hijo, daba el otro al género humano, su hijo adoptivo: alimentándonos espiritualmente con la mística ambrosia de sus virginales pechos, es evidente que todos estamos obligados a María Santísima de la LECHE Y BUEN PARTO  Esta Reina Soberana y Madre nuestra mereció mas en la Concepción de su Hijo precioso que todos los Santos en sus acciones y méritos; dándole el néctar suavísimo de su purísima Leche, mereció más que todos los Santos Mártires derramando su sangre: por lo cual, según expresó el Dulcísimo Padre San Bernardo, ninguna merced nos viene del Cielo sin que pase por las manos de María Santísima («Nihil nos Deus habére vóluit, quod per Maríæ manus non transíret». Sermón 3.º de la Vigilia de la Natividad del Señor, in fine), a quien todos amamos, y especialmente reverenciamos todos sus Devotos, bajo el título de la LECHE Y BUEN PARTO, dirigidos por la atención y vigilancia del santificado Infante Bautista, místico celador del Santísimo Rosario.
  
TIEMPO Y MODO DE HACER ESTA SANTA NOVENA
Entendido el motivo y considerado el misterio de esta Novena según se ha explicado, y suponiendo que en todo tiempo y lugar podemos alabar a Dios y a su Santísima Madre, pidiendo el remedio de todas nuestras necesidades espirituales y temporales, decimos hay tres tiempos a propósito para hacer esta Santa Novena: El primero es en la Fiesta de la Expectación de Nuestra Señora, día 18 de Diciembre: El segundo en la Fiesta de la Purificación de la Virgen María, día 2 de Febrero: El tercero es en la Fiesta de la Visitación de la Madre de Dios a Santa Isabel, día 2 de Julio, comenzando el santo ejercicio ocho días antes, para finalizarla en el día festivo de la Reina Soberana. Los que viviendo en santo Matrimonio desean sucesión, y las señoras mujeres que sin duda quieren felicidad en sus partos, siempre y cuando quisieren la pueden hacer: y les aconsejo no se descuiden, porque los hijos de oraciones han sido muchos, celebérrimos en el Testamento Viejo y Nuevo.
   
El modo de hacer esta Novena devotísima es, disponiéndose para confesar y comulgar uno o más días en este término, según parecer de Confesor prudente: se ha de poner el devoto ante la Imagen de María Santísima con compostura interior y exterior, de rodillas o sentado, según pudiere: ha de pedir a la Divina Majestad gracia para conseguir todas las virtudes, y en particular contra el vicio o tentación que más le precipita o molesta; y para suplicar, por medio de María Santísima, el especial favor que pretende, comenzará persignándose con la señal de la Cruz, y diciendo el Acto de Contrición, proseguirá las Oraciones con el orden que están puestas; y dirá en todos los nueve días la Oración: «Dios te salve María, Criatura excelentísima…», finalizando siempre la Novena como en el día primero está puesto.
   
LA MARGARITA PRECIOSA: NOVENA DEVOTÍSIMA A LA SANTÍSIMA VIRGEN DE LA LECHE Y BUEN PARTO
   
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador de todas las cosas visibles e invisibles, Dueño de mi vida y Redentor de mi alma: pésame Señor, de todo corazón, de haberos ofendido, solo por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas; propongo firmemente, ¡oh Dios mío!, la perfecta enmienda de mi vida, pésame, Señor,  de lo poco que he sentido la repetición de mis maldades, prometo, Padre de Misericordias, hacer una verdadera y entera confesión de todas mis culpas y pecados, con verdadero dolor y constante propósito de no volver a ofenderos, apartándome de toda ocasión perniciosa. Espero, Señor, en vuestra Divina Misericordia me habéis de perdonar, dándome vuestra gracia, para que, recuperando, en lo que me resta de vida, lo mucho que he perdido, pueda enmendar mis yerros, perseverar en vuestro servicio, y gozaros por eternidad de Gloria. Amén.
   
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y mi clamor llegue hasta Ti.
℣. El Señor esté con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
  
ORACIÓN
Ábranse, Señor, los oídos de tu misericordia a las súplicas de los que te imploran; y, para que les concedas lo que desean, haz que pidan lo que te es grato conceder. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
    
DÍA PRIMERO
CONTEMPLACIÓN
Puesta María Santísima de rodillas, y suspensa en éxtasis de contemplación llena dulzura Divina, parió en el Portal de Belén a nuestro amantísimo Redentor Jesucristo. Elevemos nuestro entendimiento ilustrado con las tres Virtudes Teologales, al Misterio de la Encarnación del Verbo Divino, y consideremos lo misterioso de la Anunciación de San Juan Bautista.
   
ORACIÓN
Soberana Reina de los Cielos, Señora de los Ángeles, Estrella brillante de Jacob, que floreciendo con perfección admirable, y resplandeciendo ilustrada con la virtud del Altísimo, constituida Templo del Señor Supremo para sosegar los suspiros de los Santísimos Patriarcas, que deseaban la venida de nuestro Salvador, fuisteis visitada, saludada y loada del Arcángel San Gabriel en vuestro ejemplar Oratorio después que al Justo Zacarías en el Templo anunció el Embajador del Cielo el feliz Nacimiento de San Juan Bautista, para que fortificada con Fe, Esperanza y Caridad, y ensalzado Sagrario del Espíritu Santo, fuese concebido en vuestro Tálamo virginal, con inefable gozo de vuestra Alma Santísima, el Hijo de Dios Eterno, quien, sin apartarse de su Eterno Padre, humillándose a tomar nuestra naturaleza bajó del Cielo para nacer en el pobre Portal de Belén, Divino Sol de Justicia, y resplandecer humilde en un Pesebre, Perla preciosa de eterna redención, suplicámoste Señora, Carroza animada del Divino Verbo Encarnado, por tan especiales prerrogativas, por el duplicado gozo que en la Embajada del Arcángel San Gabriel recibió vuestro Corazón, publicada la concepción del precioso Infante Bautista, signo misterioso de universal Redención; y por la espiritual alegría, que tuvisteis en vuestro Parto purísimo, adorando a nuestro Dios vestido de carne mortal, que, ilustrados con las tres Virtudes Teologales, y dirigidos por la grande santidad del Señor San Juan Bautista, nos admitáis en esta Novena devotísima esclavos humildes y del profundo abismo de mi nada os pido, Madre clementísima de pecadores, que para sacar de mi corazón el tributo de amor, que a Vos es muy debido, abráis con llave de luz las puertas de mi corazón, y me habilitéis para alcanzar de vuestro muy amado Hijo el favor particular que deseo, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.
  
A honor y gloria de la Trinidad Beatísima, se reza tres veces la oración del Ave María, y al fin se dice un Gloria Patri, lo cual se hace en toda la Novena.
   
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios te salve María, Criatura excelentísima, en la realidad humana, en perfecciones cuasi Divina, dotada por el Altísimo con grandes honras, triunfáis enriquecida con especiales privilegios. A Vos, Madre, Reina y Señora nuestra, recurrimos todos vuestros devotos en esta Novena, porque brilláis Milagro de la Gracia, y de la Omnipotencia Virgen Madre, resplandeciendo admirable Misterio de Cielo y Tierra, habiendo engendrado en tiempo un Hijo, a quien el Eterno Padre engendra en la Eternidad, para hacernos visible a nuestro Dios hecho Hombre, pariéndole sin dolores en Belén, por tan gloriosas prerrogativas, y por el grande gozo que tuvisteis, acompañada de vuestro castísimo Esposo José, viendo, Aurora de la Gracia, en un Pesebre, Oriente del Divino Sol de Justicia, al Divino Verbo Encarnado Preciosa Perla, Margarita de vuestras purísimas Entrañas; os suplicamos humildes, Reyna Soberana, nos alcancéis de vuestro Hijo poderoso, pureza de corazón, para qué, regalándole nuestro espíritu, como el del Dulcísimo Padre San Bernardo, con la celestial ambrosía de vuestros virginales pechos, logremos todos el favor que pretendemos, y si no nos conviene, abrasad, Señor, nuestros corazones en los amorosos incendios de vuestro Hijo Santísimo, para que clamando con interior recogimiento, solo pidamos lo que es del agrado de la Majestad Divina. Amén.
  
Aquí, con recogimiento interior, se pide a Dios, y a su Santísima Madre, lo que más le conviene a cada uno, y después de breve tiempo se prosigue con la oración, diciendo en voz alta:
Bendito sea el día en que nacisteis, Precursora del Sol Divino: precioso y misterioso fue el día de vuestro feliz Nacimiento, Rayo de luz Divina; porque en tan dichoso día decretó la Iglesia Católica que en todo el Orbe se festejase la Solemnidad del Santísimo Sacramento del Altar, reconociendo nacisteis Causa de nuestra alegría  para darnos el Pan de Ángeles en el Portal de Belén, donde el Verbo Encarnado quiso nacer entre pastores, bajando del Cielo Pan verdadero, porque vino a enseñarnos Pastor humilde, y redimirnos manso Cordero. ¡Oh Reina de los Cielos! Hija, Esposa y Madre de Dios, festejada de los Ángeles, servida de los pastores, obsequiada de los Reyes, y alabada de todas las criaturas: vuestro Parto muy glorioso abrió las puertas del Paraíso, llenó el Cielo de regocijo, y a la Trinidad Beatísima dio accidentales glorias: por lo que todos pedimos nos defendáis de toda aflicción espiritual y temporal, fortificándonos con vuestro Real Patrocinio en la Fe, Esperanza y Caridad. Con la viveza y eficacia que el santificado Niño Juan, Serafín Bautista, miraba y contemplaba, Señora, en vuestras manos virginales al Divino Infante Jesús, Perla preciosa de nuestra Redención, debemos exclamar diciendo: Bendito sea el claustro virginal que os trajo nueve meses, ¡oh dulcísimo Jesús!, y, benditos los Pechos que os alimentaron, ¡oh amado Redentor! A Vos, ¡oh Emperatriz de los Cielos!, escogida de la Beatísima Trinidad, para que nos trajerais la vida que nos quitó Eva, pedimos y suplicamos, honrados con la mística dirección del santificado Bautista, alcancéis de vuestro muy amado Hijo conceda perfecta paz a la Iglesia Católica; a nuestro Católico Monarca salud y multiplicadas felicidades en su gobierno; a los pecadores perdón; a los que viven en matrimonio, paz; a las mujeres estériles fecundidad y en sus partos felicidad, para que en todo y por todo sea loada su Divina Majestad; y si el favor especial que pido no me conviene, cúmplase la voluntad del Altísimo y sirvan de místicos rayos a mi corazón las humildes pajas del Pesebre donde estuvo este Divino Sol; y gobernadme Vos en todo con vuestra Divina luz, ¡oh Aurora de mi alma!, para que os ame como a Madre, os obedezca como a Reina y como a Señora os sirva en todas mis obras, palabras y pensamientos. Amén.
  
Una salve a María Santísima.
 
GOZOS
   
Pues sois estrella segura,
Divina Sagrada Aurora:
Sed nuestro amparo, Señora
Del Buen Parto, Virgen Pura.
   
De la suprema sagrada
Heroicamente divina
Sois Vos sola peregrina,
Ab ætérno preservada,
La casa más agraciada,
De su bella arquitectura
Sed nuestro amparo, Señora
Del Buen Parto, Virgen Pura.
   
Sois el arca soberana
En donde el Noé segundo,
Para redimir al mundo,
Gloriosamente se humana,
De quién todo el bien dimana
En el puerto que asegura.
Sed nuestro amparo, Señora
Del Buen Parto, Virgen Pura.
   
Sois el jardín prodigioso
De cuyo seno divino,
Al mundo, nació el más fino
Sagrado lirio oloroso
De cuyo candor glorioso
Dimana toda ventura.
Sed nuestro amparo, Señora
Del Buen Parto, Virgen Pura.
   
Sois el mar en donde advierto,
Que, en vuestro golfo constante,
El mismo sol naufragante,
Halló cielo en vez de puerto,
En cuyo piélago cierto
Dio a la primer llaga cura.
Sed nuestro amparo, Señora
Del Buen Parto, Virgen Pura.
   
Sois la planta en quien la mano,
Se eterniza del amor,
De cuyo fruto el sabor,
Diviniza al que es humano
Del que mana soberana,
Jeroglífico y figura.
Sed nuestro amparo, Señora
Del Buen Parto, Virgen Pura.
   
Sois Belona tan valiente,
Que vuestro sagrado pie
Quien pisó la cerviz fue
Del león fiero y rugiente,
Después de que cayó demente
De aquella divina altura.
Sed nuestro amparo, Señora
Del Buen Parto, Virgen Pura.
   
Al que os clama con fervor
En el trance riguroso
Del parto más horroroso
Acude fiel a vuestro amor,
Perenne es vuestro favor,
En toda humana criatura.
Sed nuestro amparo, Señora
Del Buen Parto, Virgen Pura.
   
Pues que siempre se asegura
El favor que os implora:
Sed nuestro amparo, Señora
Del Buen Parto, Virgen Pura.
   
℣. Después del Parto, ¡oh Virgen!, permaneciste Inmaculada.
℟. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

ORACIÓN
Oh Dios, que por la fecunda virginidad de la bienaventurada Virgen María, procuraste al género humano la gracia de la salvación eterna: haznos sentir la eficacia de su intervención, por la cual nos fue dado recibir a Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, Autor de la vida, quien contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
   
Si no se ha precedido con el Santo Rosario, se rezará. 
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO
Por la señal…
Acto de contrición, Responso y Oración.
   
CONTEMPLACIÓN
Adorando con inmenso gozo y alegría al Divino Niño recién nacido, San José y la Virgen María, solemnizan el maravilloso Nacimiento con música del Cielo los Espíritus Soberanos, por lo que prevenidos con la memoria de los Novísimos y Postrimerías del hombre, debemos considerar la presteza, con que María Santísima caminó a visitar a su prima Santa Isabel para que fuese santificado el Niño Juan.
   
ORACIÓN
¡Oh Madre castísima, gloriosa con Virginidad fecunda, y resplandeciente con pureza de Ángeles!, antes que en el Portal de Belén manifestasteis al mundo el Ramo de paz y de misericordia, para enjugar las lágrimas de los Santísimos Patriarcas y Profetas, adornada con excelencia de Arcángeles, ilustrada con ciencia de Querubines y brillante con amor de Serafines, determinasteis, Señora, caminar con admirable presteza a las Montañas de Judá, volando cándida Paloma con místico ramo de oliva en vuestra sagrada boca y para en misteriosa visita mostrar a vuestra Prima Isabel el fin del diluvio del pecado, celebrando muy alegre lo que el Arcángel Embajador os había dicho en la Anunciación y con suavísima voz significar la felicidad del precioso Niño Juan, decretado Precursor de nuestra mística reparación, para que predicando la penitencia y nos entregásemos al Cordero de Dios: suplicámoste, Madre nuestra, por tan excelsas prerrogativas, por la prontitud y vigilancia con que dispusisteis con vuestro viaje quedarte libre del pecado original en el vientre de fu Madre el Infante Bautista; y por el gozo superior que tuvisteis, viendo adorado de los Espíritus Soberanos a vuestro Divino Hijo, cantando todos la Gloria al Rey Pacifico en Belén, nos alcancéis paz interior, y que fortificados, con la ciencia de bien vivir, considerando siempre en la Muerte, Juicio, Infierno, y Gloria, se purifique nuestro espíritu, solemnizando los Divinos misterios con la perfección, que San Juan Bautista los veneró, para que suavizados nuestros corazones con la mística dulzura del sagrado néctar de vuestros virginales Pechos, contemplemos las muchas felicidades, que por Vos logran en vuestro Parto maravilloso el Cielo y la Tierra y a mí me conceda el favor particular que pido, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

Rézanse tres veces el Ave María con un Gloria Patri, a honra y gloria de la Trinidad Beatísima; se dice la oración «Dios te salve María, Criatura excelentísima…», y se finaliza con el orden establecido.
   
DÍA TERCERO
Por la señal…
Acto de contrición, Responso y Oración.
   
CONTEMPLACIÓN
Anuncia el Ángel a los pastores de Belén el Nacimiento del Hijo de Dios; y nosotros, armados contra los enemigos del alma, consideramos la santificación del dichoso Infante Bautista, Precursor de nuestro amado Redentor.
   
ORACIÓN
¡Oh Amable Madre de Gracia y de Misericordia!, que, floreciendo vuestro Tálamo virginal, misteriosa habitación de la Trinidad Beatísima, tenéis del Padre Eterno el Poder, del Hijo la Sabiduría, y del Espíritu Santo la Bondad. Vuestro Parto purísimo fue salvación del Género humano, después que, en la muy religiosa Casa del Justo Sacerdote Zacarias, brillasteis mística Aurora, por quien el mundo comenzó a clarear en el Infante Bautista, con el resplandor del Divino Sol de Justicia. Vos, o Reyna Soberana, excelsa sobre los hombres y elevada sobre los Ángeles, siendo misteriosa Nave de Pan del Cielo en el Mar dé la Divina Gracia resplandecisteis celestial instrumento, introducida vuestra dulcísima voz por los oídos de la Venerable Matrona Isabel, para que el prodigioso Niño Juan se alegrare en las entrañas de fu Madre, santificado con la gracia y misericordia del Divino Verbo Encarnado; y que armado contra los enemigos del alma, Mundo, Demonio y Carne, nuestro santificado Precursor, como Ángel del Eterno Padre diese a los hombres felices nuevas de la venida del Hijo de Dios: por tan especiales prerrogativas, por el favor grande con que honrasteis al gracioso Niño Juan; y por el singular regocijo que tuvisteis, cuando el Ángel anunció a los Pastores el salutífero Nacimiento de vuestro querido Hijo, suplicamos, Madre y Abogada nuestra, nos alcancéis gracia para triunfar del Mundo, del Demonio y de la Carne, reconociendo todos, goza el Generó humano salud espiritual; por vuestro Parto glorioso; y que dulcificado nuestro espíritu con la ambrosía de vuestros benditos Pechos, imitemos al Glorioso Bautista en seguir con fidelidad a nuestro Señor Jesucristo; y yo merezca conseguir de su Majestad el especial favor que suplico, si es para honra del Supremo Señor, y bien de mi alma. Amén.

Rézanse tres veces el Ave María con un Gloria Patri, a honra y gloria de la Trinidad Beatísima; se dice la oración «Dios te salve María, Criatura excelentísima…», y se finaliza con el orden establecido.
   
DÍA CUARTO
Por la señal…
Acto de contrición, Responso y Oración.
   
CONTEMPLACIÓN
Adoran los pastores en el Portal di Belén al Niño Dios, y sirviendo todos con las potencias del alma a tan Soberano Señor, consideramos, que saltando de gozo en el vientre de su madre el gracioso Niño Juan, adoró al Divino Verbo Encarnado el santificado Precursor.
   
ORACIÓN
¡Oh Purísima Virgen María, más querida de la Beatísima Trinidad, que lo fue de Asuero Ester, de David la Sunamita y de Jacob Raquel!, vuestro Parto dichoso descubrió al mundo en Belén su justificación, y vuestra voz sonora es tan dulce, y afable que atrae con admiración a los hombres, tan poderosa, que resucita los muertos; y tan eficaz, que ahuyenta los demonios; porque oyendo Santa Isabel la voz de vuestra salutación, atrajisteis el Infante Bautista resucitado de la culpa original, quedando despreciado el demonio, publicó el Santificado Hiño por la boca de su Madre la grande gloria que tenéis en ser Madre de Dios; adoró en el Claustro materno al Divino Verbo Encarnado; y solemnizó regocijado los Desposorios del Hijo de Dios con la Naturaleza humana en vuestro Tálamo virginal. Oh Sabiduría del Altísimo! ¡Oh eficacia de vuestra voz poderosa Emperatriz de los Cielos! por vuestra salutación misteriosa se manifestó el Niño Juan agradecido a Dios, sirviéndole siempre con las potencias de su alma, fidelísimo Precursor: suplicámoste, Reyna y Señora nuestra, por tan elevadas prerrogativas con que se llenan de gozo espiritual nuestros corazones, por la flor, que del Jardín de la Gloria llevasteis a la religiosa casa de Zacarías, para que en ella fuese adorada la margarita preciosa de nuestra Redención; y por el grande gozo, que recibisteis adorando los Pastores en el Portal de Belén a vuestro Hijo Soberano recién nacido puesto en un Pesebre y envuelto con pobres, aunque, muy limpios pañales,  nos alcancéis un rayo de la divina gracia, para que pobres, humildes y devotos, imitando siempre al Grande Bautista, nos mostremos agradecidos a nuestro Señor Jesucristo, empleados en su servicio con las tres potencias de nuestra alma, Memoria, Entendimiento y Voluntad; y que yo merezca me concedáis el especial favor que deseo, si es para gloria de Dios y bien dé mi alma. Amén.

Rézanse tres veces el Ave María con un Gloria Patri, a honra y gloria de la Trinidad Beatísima; se dice la oración «Dios te salve María, Criatura excelentísima…», y se finaliza con el orden establecido.
   
DÍA QUINTO
Por la señal…
Acto de contrición, Responso y Oración.
   
CONTEMPLACIÓN
Alimenta con sagrada ambrosía de sus benditos pechos María Santísima a su precioso Hijo en el Portal de Belén, y adorándole todos con nuestros cinco sentidos, consideramos que la purísima Virgen alimentó también espiritualmente con místicas instrucciones por espacio de casi tres meses en casa del justo Zacarías al santificado Infante Bautista.
   
ORACIÓN
¡Oh Esclarecida Virgen de Vírgenes!, que resplandeciendo Sagrario del Pan vivo que bajó del Cielo, para que vuestro Parto admirable pasase en apacible sosiego los deseos de Patriarcas; justísimos, quisisteis permanecer casi tres meses en la Casa ilustrísima del Venerable Sacerdote Zacarias, brillando admirable, y misteriosa Maestra del santificado Niño Juan, a quien, dio sus rayos el Divino Sol de Justicia, constituyéndole Lucero de la Gracia y adelantándole el uso de la razón, por tomar así posesión del oficio de Salvador, para que dulcificado su espíritu con la ambrosia de vuestra sagrada Doctrina, saliese á luz tan santo, sabio, y valeroso Capitán de la Ley de Gracia, que, con todos, sus cinco sentidos mostraste al mundo su Redentor: Por tan excelsas prerrogativas, que nos dirigen a que gustemos espiritualmente el sabroso maná de vuestra celestial instrucción; y por el gozo grande que tuvisteis, alimentándose vuestro hermosísimo Hijo con el dulce néctar de vuestra purísima Leche, os suplicamos, Madre amantísima, nos alcancéis gracia, para que iluminados con la luz de vuestra sagrada Doctrina, podamos, imitando al santificado Niño Bautista, servir y adorar con todos nuestros sentidos a esta Perla preciosa, que tenéis en vuestras manos y que nos redimió; logrando yo el singular favor que suplico, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

Rézanse tres veces el Ave María con un Gloria Patri, a honra y gloria de la Trinidad Beatísima; se dice la oración «Dios te salve María, Criatura excelentísima…», y se finaliza con el orden establecido.
   
DÍA SEXTO
Por la señal…
Acto de contrición, Responso y Oración.
   
CONTEMPLACIÓN
Es alabado y ensalzado de los pastores de Belén el Poderoso Hijo de la Virgen; y fortificados con las cuatro Virtudes Cardinales, consideramos aplaudido y celebrado de los montañeses de Judea el Santificado Niño Juan en su gracioso Nacimiento.
   
ORACIÓN
¡Oh Amantísima Virgen Madre!, en quien la integridad Virginal resplandece perpetua con la Divina Luz que Moisés vio en misteriosa Zarza, que sin quemarse ardía: en vos, Reyna Soberana, brilla la Castidad de las Vírgenes, luce la Constancia de los Confesores, se ensalza la Fortaleza de los Mártires, y arde, la Caridad de los Apóstoles; porque volando Águila gloriosa al Líbano del Paraíso, del más elevado Cedro recibisteis Corona de Reyna, Virgen y Madre de Dios, para que vuestro Parto castísimo diese en el Portal de Belén salud al mundo enfermo, después que, con vuestra Real, presencia honrasteis la Santa Casa del Justo Zacarias, asistiendo a vuestra Prima venerable, que dio a luz un Niño Santo Lucero de la Gracia, y confirmado con las cuatro Virtudes Cardinales, Precursor del Altísimo: suplicámoste, Señora, por la magnificencia misteriosa con que ensalzasteis en su Nacimiento al Santificado Niño Juan, festejándole con expresiones de amor Seráfico, cuando se regocijaban en Dios los montañeses, que confesaban, y publicaban manifiesta la misericordia Divina en tan graciosa Natividad; y por la superior alegría que recibisteis viendo alabado, y ensalzado de los Pastores de Belén a vuestro Hijo Santísimo, nos comuniquéis luz del Cielo, para que, adornados con Prudencia, Justicia, Fortaleza, y Templanza, adoremos esta Perla preciosa, que se engendró por virtud del Espíritu Santo en el gracioso centro de Vuestra Pureza Virginal; reconociendo, que sois peregrino Cristal, por donde vino al mundo abreviada la Luz Divina y que regalado mi espíritu con la mística dulzura de vuestros benditos Pechos, reciba el especial favor que pretendo, si es para gloria de Dios, y bien de mi alma. Amén.

Rézanse tres veces el Ave María con un Gloria Patri, a honra y gloria de la Trinidad Beatísima; se dice la oración «Dios te salve María, Criatura excelentísima…», y se finaliza con el orden establecido.
   
DÍA SÉPTIMO
Por la señal…
Acto de contrición, Responso y Oración.
   
CONTEMPLACIÓN
Fue circuncidado y llamado Jesús el precioso Hijo de la Virgen María en el Portal de Belén; y nosotros, peleando siempre contra los siete vicios capitales, consideramos lo misterioso de la Circuncisión, y del nombre Juan, que significa Gracia del Señor.
   
ORACIÓN
¡Oh Admirable Madre de Dios! Delineada Imagen del Supremo Artífice, celestial Compendio de toda hermosura criada, y digna idea de la Divinidad, por lo que en toda vuestra vida siempre agradasteis a la Beatísima Trinidad: vuestro Parto felicísimo, Virgen Purísima, fue admirable reparación de las ruinas que ocasionaron los malos Ángeles y así el Dulcísimo Nombre de Jesús, puerto a Vuestro Hijo Santísimo, fue terror de los demonios en el Portal de Belén, porque en él hallo el Género humano luz, alimento, y medicina. Prendas de esta felicidad tuvimos todos después que, en la Circuncisión del Niño Bautista, se le impuso el nombre de Juan al Infante santificado, para que triunfase de los siete vicios capitales con la gracia del Señor, el que en las entrañas de su Madre nadó a la vida de la Gracia. Por tan maravillosas prerrogativas, y por la grande alegría, que recibió, Vuestro Corazón con el dulcísimo Nombre de Jesús, puesto a vuestro Hijo Santísimo en su Circuncisión os suplicamos, Madre y Señora nuestra, nos alcancéis del Altísimo gracia, para que fortificados con las siete Virtudes que destruyen las siete cabezas del Dragón infernal, triunfemos siempre del común enemigo, como en el Nombre de Jesús se coronó de triunfos San Juan, Llénese de espiritual fragancia mi espíritu con la suavidad de vuestro Santísimo Nombre, ¡oh piadosísima Reyna! como vuestra Alma Santísima le regaló en Belén con místicas delicias en el poderoso Nombre de Jesús, para que nunca me falte la dignificación del Nombre de Juan, que es Gracia del Señor, porque habiendo sido anunciados por el Arcángel San Gabriel los tres resplandecientes Nombres Jesús, María y Juan, brillantes luces son, para que dé Vos alcance el favor, particular, que suplico si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

Rézanse tres veces el Ave María con un Gloria Patri, a honra y gloria de la Trinidad Beatísima; se dice la oración «Dios te salve María, Criatura excelentísima…», y se finaliza con el orden establecido.
    
DÍA OCTAVO
Por la señal…
Acto de contrición, Responso y Oración.
   
CONTEMPLACIÓN
Es adorado de tres Reyes el Rey de los Reyes Jesús en el Portal de Belén; y aprovechados con los doce Frutos del Espíritu Santo, debemos considerar las tres finas expresiones con que el santificado Niño Bautista adoró en las entrañas de su madre al Divino Verbo Encarnado.
   
ORACIÓN
¡Oh Piadosísima Reina y Señora nuestra, Gloria de los Ángeles, Alegría de los hombres y Honra del Género humano!; toda sois admirable, llena de gracia: por vuestra Virginidad sois singular; por vuestra Fecundidad sois amable y por vuestra Santidad sois venerable, resplandeciendo hermosa Escala de Jacob, por donde la Luz Divina baja al mundo y los hombres suben a su Criador. Brillando Vos, ¡oh Virgen Purísima, Templo y Sagrario de la Trinidad Beatísima!, en la santa Casa del Justo Zacarías, quiso el Divino Verbo Encarnado descubrir Lucero de la Gracia al santificado Niño Bautista, para que después en el Portal de Belén una Estrella prodigiosa mostrase, que nuestro Dios humanado resplandecía Divino Sol de Justicia. Adornada del Sol y coronada de Estrellas, os despedisteis, Señora, de vuestra muy amada Prima Isabel, abrazando también al gracioso Niño Juan, quien con tres finas expresiones de Cortesano, Piadoso y Santo Varón, adoro desde el claustro materno al Divino Verbo Encamado, despreciando varonil la vanidad del mundo, consagrándose fervoroso al Omnipotente, y disponiéndose constante para dar su Cabeza por nuestro Redentor; quedándose enriquecido con los doce Frutos del Espíritu Santo, para después festejar alegre la solemnidad de ser adorado de los Reyes en Belén el Hijo de Dios: Por tan excelentes prerrogativas que publican vuestra Sagrada Soberanía; y por el gozo grande, que recibió vuestra Alma Santísima, viendo adorado de tres Reyes al Rey de los Reyes, vuestro Hijo, ofreciéndole tres misteriosos dones, Oro, Incienso y Mirra, todos suplicamos humildes, Madre de Misericordia, nos enriquezcáis con el Oro de Caridad perfectísima, con el Incienso de Oración fervorosa y con la Mirra de mortificación ejemplar, para que, perfeccionado nuestro espíritu con los Frutos del Espíritu Santo, nos alegremos agradecidos, como San Juan Bautista, en que de todo el Orbe sea adorado nuestro Señor Jesucristo y yo alcance de vuestra Misericordia el particular favor que pido, si es para gloria de Dios, y bien de mí alma. Amén.

Rézanse tres veces el Ave María con un Gloria Patri, a honra y gloria de la Trinidad Beatísima; se dice la oración «Dios te salve María, Criatura excelentísima…», y se finaliza con el orden establecido.
    
DÍA NOVENO
Por la señal…
Acto de contrición, Responso y Oración.
   
CONTEMPLACIÓN
Ofrece María Santísima en el Templo al Padre Eterno su amado Hijo Jesús, siguiéndose al gozo el dolor; y adornados nosotros con los siete Dones del Espíritu Santo, podemos considerar, que faltando de gozo en el vientre de su madre el santificado Niño Precursor, junto lo amargó de su prisión y muerte con lo dulce y suave de su santificación.
   
ORACIÓN
¡Oh Madre clementísima, bendita entre todas las mujeres, y por todas las Generaciones alabada!; porque para triunfar milagro de los milagros en Belén por vuestro Parto maravilloso, solemnizasteis en Casa del Santo Profeta Zacarias el misterio de la Encarnación del Divino Verbo con música muy agradable a la Trinidad Beatísima cuando gozoso el santificado Niño Juan, y ensalzado con los siete Dones del Espíritu Santo, se ofreció, en las entrañas de su Madre, al Señor, que después en el Templo, ¡oh Virgen Purísima!, habíais de ofrecer al Padre Eterno, obediente a la Ley, no por necesidad, Ofrecisteis a Dios su Cordero, ofreciendo al Padre Eterno vuestro amado Hijo Jesús; y redimido por cinco siclos el que nos redimió con cinco llagas; oísteis del místico Cisne y Justo Sacerdote Simeón: A vuestra alma traspasará una espada de dolor: Suplicámoste, Madre amantísima, por el celo y eficacia, con que espiritualmente el gracioso Niño Juan saltó desde el vientre de su Madre a la cárcel, para ofrecerse desde la cuna al cuchillo y morir por nuestro Redentor; y por la piedad suma, con que ofrecisteis al Padre Eterno vuestro muy amado Hijo, que con su Sangre preciosa nos redimió, nos alcancéis de su Divina Majestad, gracia para que así como el Infante Bautista juntó lo amargo de su prisión y muerte con la dulzura de su santificación,  y como vuestros gozos; que lograsteis en nuestro Salvador, fueron pensionados con dolores, fortificados con los siete Dones del Espíritu Santo, saquemos de las adversidades, triunfos; y en los trabajos, llevados con paciencia, se conserven las prosperidades de nuestro espíritu; y vuestra piedad me conceda el favor especial que pido, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

Rézanse tres veces el Ave María con un Gloria Patri, a honra y gloria de la Trinidad Beatísima; se dice la oración «Dios te salve María, Criatura excelentísima…», y se finaliza con el orden establecido.

lunes, 11 de diciembre de 2023

CUANDO JUAN PABLO BLASFEMÓ DE CRISTO Y SAN JUAN BAUTISTA

Traducción del artículo publicado en NOVUS ORDO WATCH. Textos bíblicos tomados de la versión de Mons. Félix Torres Amat.
   
EL DÍA QUE JUAN PABLO II BLASFEMÓ DE JESUCRISTO Y SAN JUAN BAUTISTA
La herejía y la herejía no empezaron con Francisco…
  
No es un santo: el “Papa” Juan Pablo II en una foto de archivo fechada a 8 de Diciembre de 2004

En estos días oímos mucho de la blasfemia y herejía cometida por Jorge Bergoglio, el hombre mejor conocido por su nombre artístico de “Papa Francisco”. Por esto, muchas almas de buena voluntad pero desatinadas recuerdan a los predecesores inmediatos de Francisco Benedicto XVI (2005-2013) y Juan Pablo II (1978-2005). La verdad es, sin embargo, que cuando se trata de herejía y blasfemia, Francisco simplemente está continuando una tradición iniciada por sus predecesores modernistas.

El 16 de Diciembre de 2016, acusamos a Francisco por atrozmente afirmar por segunda vez que San Juan Bautista, mientras estuvo apresado por Herodes por denunciar su delito de adulterio, dudó que Jesús de Nazaret fuera realmente el Mesías (en Marzo de este año -2018-, el admirador de Francisco Mark Shea afirmó el mismo sinsentido). Resulta que este error no es nuevo. Como uno de nuestros lectores nos señaló, la misma afirmación se ha hecho por el “Papa” Juan Pablo II (Obp. Karol Wojtyła) hace más de 30 años mientras visitaba una iglesia luterana en Roma, pero esa no fue la única declaración escandalosa que hizo en esa ocasión.
   
Estamos hablando de un evento que tuvo lugar el domingo 11 de Diciembre de 1983. Juan Pablo II estaba visitando la iglesia luterana de Cristo en Roma para un pequeño encuentro ecuménico cuando dio una reflexión de Adviento en la cual insultó tanto a Nuestro Santísimo Señor, como a su precursor San Juan Bautista. El texto de esta reflexión está disponible en el sitio web del Vaticano en italiano, alemán y portugués; una traducción inglesa fue impresa en la edición del 9 de Enero de 1984 del periódico vaticano L’Osservatore Romano (pág. 13).
   
    
El siguiente es el fragmento relevante de esta traducción inglesa del discurso que este “Papa canonizado” dio a su audiencia ecuménica:
«Durante este tiempo salvífico de Adviento, nuestros oídos y corazones están tensos; ellos y escuchan y perciben la buena nueva del que ha venido y regresará definitivamente. Frecuentemente experimentamos en nuestra vida diaria la angustiosa verdad de este período transitorio. ¿No recordamos continuamente la situación de Juan el Bautista? Como nos dice el Evangelio, él mismo se encontró en una situación decisiva. Tuvo que resolver la contradicción entre la imagen que había sido formada del Mesías y su situación personal, determinada por la prisión y la amenaza de la muerte. Por tanto, la pregunta de Juan era seria, y nació de una situación de emergencia: “¿Eres tú ‘El que ha de venir’ o debemos esperar por otro?” (Mt. 11, 3).
   
Jesús llega a entender la pregunta angustiada de su precursor y lleva su fe a certeza: ha llegado el tiempo de salvación, el reino de Dios. El Mesías está aquí. Sin duda los signos y maravillas no tienen una naturaleza compelente. Pero quien es capaz de entender los signos como una indicación del cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento en el momento actual puede regocijarse al ser un ciudadano del reino esjatológico de Dios» (Antipapa Juan Pablo II, Discurso durante el Encuentro ecuménico con la comunidad evangélica luterana en Roma, Vatican.va, 11 de Diciembre de 1983; traducción inglesa: Osservatore Romano).
En estos dos párrafos están contenidos por lo menos tres errores graves: (1) la afirmación que San Juan Bautista dudó que Jesús era verdaderamente el Mesías; (2) la afirmación implícita de que la Fe no es certeza; y (3) la afirmación de que los milagros realizados por Cristo no compelen en sí mismos.
   
Demos una mirada rápida a cada una de ellas con algo más de detalles.
   
(1) La afirmación que el Bautista dudó que Jesús era verdaderamente el Mesías
Precisamente cuán grave e indignante sea esta afirmación contra el Bautista puede no ser inmediatamente aparente a todos. Hemos explicado esta materia en detalle antes y no hay necesidad de repetir toda la argumentación y documentos aquí. Recomendamos una reseña de nuestro sustancioso artículo sobre este tema refutando a Mark Shea:
San Juan Bautista habría caído abismalmente en su misión profética, en su propia razón para ser elegido por Dios para ser el Bautista, si él mismo hubiera estado inseguro sobre lo que es estaba señalando a todos: «No era él la luz, sino enviado para dar testimonio de aquel que era la luz… “Yo le he visto; y por eso doy testimonio de que él es el Hijo de Dios”» (Jn 1:8,34; cf. Mt 5:13).
   
Lo que Wojtyła propuso a su audiencia luterano-“católica” es absurdo y totalmente sin fundamento.
    
(2) La afirmación de que la Fe no es certeza
Aquí también Juan Pablo II parece anteceder a Francisco, quien constantemente arremete contra aquellas “certezas rígidas” a las cuales algunos de los suyos aparentemente aún se inclinan. Él quiere que todos dejen “lugar a la duda”, como blasfemamente señaló en una entrevista con la revista jesuita América. Casi paradójicamente, Bergoglio insiste que la duda es una parte esencial de la Fe “genuina”.
    
La verdadera doctrina Católica es totalmente lo contrario, y esto no es difícil de entender: La duda es incompatible con la Fe divina, ambas se excluyen mutuamente. El que duda no cree firmemente como debería lo que Dios ha revelado, y quien cree firmemente no duda: «se ha de conservar la fe, apartando no solamente toda duda, sino aún todo deseo de demostrar sus misterios», enseña el Catecismo del Concilio de Trento en su artículo I.
   
Porque la Fe divina viene con la certeza infalible, el Papa León X fue capaz de declarar:
«Y como quiera que lo verdadero en modo alguno puede estar en contradicción con lo verdadero, definimos como absolutamente falsa toda aserción contraria a la verdad de la fe iluminada; y con todo rigor prohibimos que sea lícito dogmatizar en otro sentido; y decretamos que todos los que se adhieren a los asertos de tal error, ya que se dedican a sembrar por todas partes las más reprobadas herejías, como detestables y abominables herejes o infieles que tratan de arruinar la fe, deben ser evitados y castigados» (V Concilio de Letrán, Bula “Apostólici Regíminis”, 9 de Noviembre de 1513; Denz. 738)
Por la misma razón, el Papa Pío IX enseñó que la Fe «libra a la razón de todos los errores y maravillosamente la ilustra, confirma y perfecciona con el conocimiento de las cosas divinas» (Encíclica “Qui Plúribus”, n.º 6, 9 de Diciembre de 1846; Denz. 1635).
    
Está fuera de toda duda que San Juan Bautista, el último de los profetas del Antiguo Testamento, tuvo:
«De él da testimonio Juan, y clama, diciendo: He aquí aquel de quien yo os decía: “El que ha de venir después de mí, ha sido preferido a mí; por cuanto era antes que yo”. […] Al día siguiente vio Juan a Jesús que venía a encontrarle, y dijo: “He aquí el cordero de Dios, ved aquí el que quita los pecados del mundo. Este es aquel de quien yo dije: ‘En pos de mí viene un varón, el cual ha sido preferido a mí; por cuanto era ya antes que yo’”» (Jn 1:15; 1:29-30,36).
Así está claro que el Antipapa Juan Pablo II ha blasfemado del Bautista, acusándolo injustamente de un pecado mortal contra la Fe en el mismo Salvador cuya Misión era testificarlo.
   
(3) la afirmación de que los milagros de Cristo no prueban nada.
Durante su discurso en la iglesia luterana de Roma, Wojtyła sostuvo audazmente: «Sin duda los signos y maravillas [de Cristo] no tienen una naturaleza compelente». Aquí también el pretendiente papal polaco se revela ser una versión beta de su sucesor argentino, porque Francisco también ha sido grabado afirmando que los milagros de Cristo no prueban Su Divinidad sino que requieren la Fe. Esta es una tesis modernista que implica la herejía del Fideísmo, como lo hemos demostrado aquí:
Desde el comienzo, los modernistas y sus precursores han tenido un problema con los milagros de Cristo y específicamente con Su Resurrección, la última y mayor prueba de Su divinidad. El Magisterio de la Iglesia Católica ha condenado de plano tales afrentas a la Fe y la razón:
  • «La prueba tomada de los milagros de Jesucristo, sensible e impresionante para los testigos oculares, no ha perdido su fuerza y su fulgor para las generaciones siguientes. Esta prueba la hallamos con toda certeza en la autenticidad del Nuevo Testamento, en la tradición oral y escrita de todos los cristianos. Por esta, doble tradición debemos demostrar la revelación a aquellos que la rechazan o que, sin admitirla todavía, la buscan» (Papa Gregorio XVI, “Tesis contra Louis Eugene Bautain”, error 3.º; Denz. 1624).
  • «Pero, ¡cuántos, cuán maravillosos, cuán espléndidos argumentos tenemos a mano, por los cuales la razón humana se ve sobradamente obligada a reconocer que la religión de Cristo es divina “y que todo principio de nuestros dogmas tomó su raíz de arriba, del Señor de los cielos” [San Juan Crisóstomo, Interpretación en la Profecía de Isaías, cap. I. (Migne, Patrología Græca 56, col. 14)]; y que por lo mismo nada hay más cierto que nuestra fe, nada más seguro, nada más santo y que se apoye en más firmes principios. Como es sabido, esta fe, maestra de la vida, indicadora de la salvación, expulsadora de todos los vicios y madre fecunda y nutridora de las virtudes, confirmada por el nacimiento, vida, muerte, resurrección, sabiduría, prodigios, profecías de su divino autor y consumador Jesucristo, brillando por doquier por la luz de la celeste doctrina y enriquecida por los tesoros de los dones celestes, clara e insigne sobre todo por las predicciones de tantos profetas, por el esplendor de tantos milagros, por la constancia de tantos mártires, por la gloria de tantos santos, llevando delante las saludables leyes de Cristo, y adquiriendo fuerzas cada día mayores por las mismas persecuciones, invadió con solo el estandarte de Cristo el orbe universo por tierra y mar, desde oriente a occidente y, desbaratada la falacia de los ídolos, alejada la niebla de los errores y triunfando de los enemigos de toda especie, ilustró con la lumbre del conocimiento divino a todos los pueblos, gentes y naciones, por bárbaros que fueran en su inhumanidad, por divididos que estuvieran por su índole, costumbres, leyes e instituciones, y sometiólos al suavísimo yugo del mismo Cristo, anunciando a todos la paz, anunciando los bienes (Isa. 52,7). Todos estos hechos brillan ciertamente por doquiera con tan grande fulgor de la sabiduría y del poder divino que cualquier mente y pensamiento puede con facilidad entender que la fe cristiana es obra de Dios.
        
    Así, pues, conociendo clara y patentemente por estos argumentos, a par luminosísimos y firmísimos, que Dios es el autor de la misma fe, la razón humana no puede ir más allá, sino que rechazada y alejada totalmente toda dificultad y duda, es menester que preste a la misma fe toda obediencia, como quiera que tiene por cierto que ha sido por Dios enseñado cuanto la fe misma propone a los hombres para creer y hacer» (Papa Pío IX, Encíclica “Qui plúribus, nn. 8-9; Denz. 1638-1639)
La negación de Juan Pablo II de la naturaleza compelente de los milagros de Cristo no solo es blasfemia, sino también herejía:
«Sin embargo, para que el obsequio de nuestra fe sea de acuerdo a la razón [cf. Rom. 12:1], quiso Dios que a la asistencia interna del Espíritu Santo estén unidas indicaciones externas de su revelación, esto es, hechos divinos y, ante todo, milagros y profecías, que, mostrando claramente la omnipotencia y conocimiento infinito de Dios, son signos ciertísimos de la revelación y son adecuados al entendimiento de todos. Por eso Moisés y los profetas, y especialmente el mismo Cristo Nuestro Señor, obraron muchos milagros absolutamente claros y pronunciaron profecías; y de los apóstoles leemos: “Salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban” [San Marcos 16:20]. Y nuevamente está escrito: “Tenemos una palabra profética más firme, a la cual hacéis bien en prestar atención, como a lámparas que iluminan en lugar oscuro” [2.ª Pedro 1:19].
   
   
[Canon 4.º] Si alguno dijere que las cosas finitas, corpóreas o espirituales, o por lo menos las espirituales, han emanado de la substancia divina; o que la esencia divina, por la manifestación y evolución de sí misma se transforma en todas las cosas; o, finalmente, que Dios es un ser universal e indefinido que, determinándose a sí mismo, establece la totalidad de las cosas, distinguidas en géneros, especies e individuos: sea anatema» (Concilio Vaticano I, Constitución dogmática “Dei Fílius”, Cap. 3; Denz. 1790, 1813)
En su Sýllabus contra los errores modernos, el Papa San Pío X condenó la siguiente proposición: «En el ejercicio de su ministerio, Jesús no hablaba con la finalidad de enseñar que Él era el Mesías, ni sus milagros iban encaminados a demostrarlo» (Decreto “Lamentábili sane éxitu, Error n.º 28; Denz. 2028). Si los milagros de Nuestro Señor, entonces, habían demostrado Su dignidad mesiánica como su propósito, entonces también objetivamente cumplieron ese propósito: «Así será de mi palabra una vez salida de Mi boca: no volverá a Mí vacía o sin fruto, sino que obrará todo aquello que yo quiero, y ejecutará felizmente aquellas cosas a que Yo la envié» (Is 55:11; cf. Jn 11:42).
     
Es precisamente porque los milagros de Cristo fueron de hecho compelentes y probaban que Él es verdaderamente el Hijo de Dios que los fariseos no tenían ninguna disculpa por rechazarlo. Nuestro Señor testificó el hecho de que Sus milagros prueban Su divinidad y por tanto demandan un acto de Fe en Él:
«Respondióles Jesús: Os lo estoy diciendo, y no lo creéis: las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas están dando testimonio de mí. Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Pero si las hago, cuando no queráis darme crédito a mí, dádselo a mis obras, a fin de que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre» (Jn 10:25,37-38).
Por esta razón los judíos —no menos ahora que en el tiempo de Cristo— tienen la obligación de aceptar al Mesías verdadero, pero están cegados por un velo en sus corazones:
«Teniendo pues tal esperanza, nosotros os hablamos con toda libertad; y no hacemos como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, por cuanto no podían los hijos de Israel fijar la vista en el resplandor de su cara, aunque no debía durar, profetizando con esto que no podrían sufrir la luz del Evangelio, representada por esta luz pasajera; y así sus corazones han quedado endurecidos. Porque hasta el día de hoy este mismo velo permanece delante de sus ojos en la lectura del antiguo Testamento, sin ser alzado (porque no se quita sino por la fe en Cristo, a quien no quieren recibir), y así hasta el día de hoy cuando se lee a Moisés, cubre un velo su corazón, el cual les impide ver a Jesucristo en lo que leen. Pero en convirtiéndose este pueblo al Señor, se quitará el velo» (2.ª Corintios 3:12-16).
En 2000, el periodista Peter Seewald condujo una de sus muchas entrevistas con el “cardenal” Joseph Ratzinger (el futuro “Papa” Benedicto XVI), entonces jefe de la vaticana Congregación para la Destrucción de la Fe. Durante la conversación, Ratzinger defendió descaradamente la ceguera judía, afirmando que el Antiguo Testamento podía legítimamente ser interpretado de tal manera que no señalase a Jesús de Nazaret como el Mesías:
«Como es natural, también se puede leer el Antiguo Testamento al margen de Cristo, el dedo que lo dirige a Cristo no es tan claro. Y si los judíos no pueden verlo consumado en él, no es sólo por malignidad, sino también por la oscuridad de las palabras y la relación de tensión entre la figura de Jesús y dichas palabras. Jesús les imprime un nuevo significado, y gracias a él todas adquieren un contexto, una dirección y un sentido 
  
Existen, por tanto, buenos motivos para negar el Antiguo Testamento y decir: “No, no es esto lo que él dijo”. Y también buenas razones para reivindicarlo -tal es la disputa existente entre judíos y cristianos-» (Joseph Ratzinger, Dios y el mundo: Una conversación con Peter Seewald, trad. española por Rosa Pilar Blanco [Barcelona: Debolsillo, 2005], pág. 197).
¡Qué asombrosa blasfemia! El mismo Cristo había reprochado a los fariseos por su obstinada incredulidad, por su rechazo a aceptar el testimonio de la Escritura con relación a Él: «Ni tenéis impresa Su palabra dentro de vosotros, pues no creéis a quien Él ha enviado. Registrad las Escrituras, puesto que creéis hallar en ellas la vida eterna: ellas son las que están dando testimonio de mí; y con todo no queréis venir a mí para alcanzar la vida» (Jn. 5:38-40). Nuestro Señor también Sus propios discípulos por ser lentos para entender a los profetas: «Entonces les dijo Él: “¡Oh necios y tardos de corazón para creer todo lo que anunciaron ya los Profetas!”» (Luc. 24:25).
    
Y tanto en Ratzinger, como en Bergoglio, vemos una especie de fideísmo, una negación de que Cristo probó Su Divinidad y su Reinado Mesiánico con evidencia racional objetiva. Aparta eso y ¿qué queda sino la emoción y el capricho? Si hay «buenos motivos» para rechazar la afirmación de Jesús de Nazaret de que en Él se cumplen todas las profecías del Antiguo Testamento respecto al Mesías, entonces la evidencia no es objetivamente compelente y por tanto no pueden demandar la Fe. Y así vemos que el modernismo de Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco, y todos los demás falsos pastores conduce en últimas al ateísmo, exactamente como lo predijo el Papa San Pío X, quien en su encíclica contra el modernismo señaló que «estos errores… franquean la puerta al ateísmo» (Pascéndi Domínici gregis, n.º 14).
   
En 1910, San Pío X promulgó el famoso Juramento Antimodernista, el cual se requirió fuese tomado «por todos los clérigos, párrocos, confesores, predicadores, superiores religiosos, y profesores de seminarios de filosofía y teología». Aquellos que lo toman juran, entre otras cosas:
«…admito y reconozco los argumentos externos de la Revelación, es decir los hechos divinos, entre los cuales en primer lugar, los milagros y las profecías, como signos muy ciertos del origen divino de la religión cristiana. Y estos mismos argumentos, los tengo por perfectamente proporcionados a la inteligencia de todos los tiempos y de todos los hombres, incluso en el tiempo presente» (Papa San Pío X, Motu Proprio “Sacrórum Antístitum; Denz. 2145)
Ordenado sacerdote en 1946 y consagrado obispo en 1958, a Karol Wojtyła le fue requerido tomar este juramento.
    
Así concluimos que además de ser un hereje y blasfemo, el “magno” Juan Pablo II fue también un perjuro.

jueves, 29 de junio de 2023

SAN JUAN BAUTISTA Y LAS DEVOCIONES RECIENTES

Traducción del artículo publicado en WM REVIEW.
  
San Juan Bautista y los fariseos (Bartolomé Esteban Murillo. Cambridge, Museo Fitzwilliam).
   
El siguiente fragmento del libro del padre Coleridge sobre el ministerio de San Juan Bautista arroja una luz interesante sobre las devociones más “recientes” adoptadas por la iglesia, como las devociones del Corpus Christi, y la devoción al Sagrado Corazón. Puede arrojar luz sobre por qué la devoción a San José se ha desarrollado a través de los siglos hasta el punto de eclipsar la devoción a San Juan Bautista.

También puede explicar por qué el Cielo ha puesto tanto énfasis en la devoción al Inmaculado Corazón de María y al Santo Rosario. En 1957, la Hermana Lucía (uno de los tres videntes de Fátima) le dijo al padre Agustín Fuentes:
«La Santísima Virgen, en estos últimos tiempos en que vivimos, ha dado una nueva eficacia al rezo del Rosario.
   
Ella le ha dado esta eficacia en tal medida que no existe ningún problema, sin importar cuán difícil sea, si material o sobre todo espiritual, en la vida personal de cada uno de nosotros, de nuestras familias, de las familias del mundo, o de las comunidades religiosas, o incluso de la vida de los pueblos y naciones, que no pueda ser resuelto por el  Rosario.
  
Le digo, no hay problema, sin importar cuán difícil sea, que no podamos resolverlo rezando el Santo Rosario. Con el Santo Rosario nos salvaremos, nos santificaremos, consolaremos a Nuestro Señor y obtendremos la salvación de muchas almas».
Para algunos, esta idea puede parecer sorprendente, “aleatoria”, o inclusive increíble. ¡¿Por qué tomaría el Rosario una nueva eficacia en el siglo XX?
    
Esto no es extraño porque algunos fanáticos de los Ritos Orientales desdeñan el Rosario y otras devociones latinas, como si fueran asuntos meramente parroquiales de poca relevancia para ellos.
    
Esperamos que este aparte pueda explicar cómo y por qué tales devociones y prácticas aparecen y se desarrollan en la vida de la Iglesia, y el peligro de tratarlas como poca cosa, una vez que su credibilidad ha sido establecida.
  
+++
  
De El ministerio de San Juan Bautista, por el P. Henry James Coleridge SJ. Londres, Burns and Oates, 1882, págs. 19-23. Se añadieron saltos de línea, y los títulos provienen del Índice General en el original.
Las exhortaciones generales [de San Juan Bautista] a la penitencia, reforzadas por la autoridad que les daba la gran santidad y austeridad del portavoz, y que hacían entender a la conciencia de cada hombre por la gracia abundante que acudía a su misión, produjo los frutos de compunción y contrición de corazón, evidenciadas, como se nos relata por los Evangelistas, en dos formas: por la confesión de los pecados, y por la recepción del bautismo de manos de San Juan.
   
La confesión de los pecados
Parecería que antes de ese tiempo, la confesión particular de los pecados no estaba en práctica entre los judíos. Ellos probablemente se acusaban como pecadores en una forma general, tal como hacía el Publicano en la parábola de Nuestro Señor (San Lucas XVIII, 13). Por supuesto, tampoco los sacerdotes tenían poder alguno para absolverlos, y la confesión que ellos hacían no era hecha a los sacerdotes, sea en general o en particular.
   
Sin embargo, las palabras con las que se describe la práctica introducida por San Juan, parecen señalar la confesión particular de los pecados. Y aunque el bautismo cristiano remite todos los pecados, original o actuales, hayan sido confesados o no, parece haber sido costumbre para los adultos en los primeros tiempos de la Iglesia hacer confesiones particulares antes de recibirlo [1].
   
Y algunos han deducido que la confesión hecha a San Juan era particular, por las directrices que le da como a los deberes de los estados de las distintas clases que recurrían a él.
   
Luego, esta confesión era un acto de gran autohumillación, y en un gran número de casos, sería bendecida y recompensada por Dios por el don de la contrición, de la cual dependería la perfecta absolución del penitente, no teniendo el bautismo de Juan tal eficacia sacramental.
   
La ceremonia del bautismo
Aun así, a ceremonia del bautismo no era un mero rito vacío, porque era cuando menos un acto de religión, en el cual todo el dolor interior del penitente por el pecado y las resoluciones de enmienda se recogían y expresaban solemnemente, y esto en muchos casos implicaría un don especial de gracia.
   
Ítem, la recepción del bautismo, en la forma administrada por San Juan era una profesión de fe distinguida en su misión,  y, como dice San Pablo en los Hechos (XIX, 6), de creer en “Aquel que vendría detrás de él”, y esto no podía sino ser fructífero en gracia.
   
En ninguna manera el rito del bautismo era desconocido a los judíos, y parece haber sido un rito usado en muchas ocasiones diferentes. El significado espiritual de cada uno era especial en particular, tanto como la “imposición de manos” es un rito general con efectos particulares distintos bajo la ley evangélica [2].
   
Particularmente, el bautismo era usado en la admisión de un prosélito, después de la circuncisión, y en este caso tenía un significado especial en cuanto implica la profesión de una nueva religión, la entrada en una alianza con Dios [3]: y se suponía que sería usado para este propósito cuando viniera el Mesías, según las profecías de Ezequiel y Zacarías [4].
   
A raíz de la administración del rito por San Juan, se hizo materia de cuestionamiento por las autoridades en Jerusalén, como si implicara —como pretendía implicar— que su labor de conferir el bautismo era para asumir un oficio perteneciente o a un profeta o a algo conexo con el nuevo reino del Mesías (San Juan I, 25).
   
No era una mera ceremonia
Así que, si bien el lenguaje usado por San Pedro sobre el bautismo cristiano [5], el cual implica su efecto sacramental en la remisión de los pecados, no podía usarse en el bautismo de San Juan, era todavía algo más que una mera ceremonia, y ponía a los que lo recibieron en una nueva relación con Dios en cuanto preparados a recibir esa enseñanza y a entrar en esa nueva alianza cuyo camino estaba preparando San Juan.
   
Nuevamente, y así los Evangelistas hablan de los fariseos y escribas como “despreciando el consejo de Dios en ellos mismos”, porque no se sometieron a este bautismo. Luego, desde el comienzo de la predicación del nuevo reino, mientras todavía Nuestro Señor permanecía tras bambalinas, y viviendo la vida oculta por la cual Él había estado glorificando a Dios por diez y ocho años desde Su primera aparición pública en el Templo en Jerusalén, estaban siendo revelados los pensamientos de los hombres, y los hombres dividiéndose en dos campos.
   
Los humildes, los penitentes, los que estaban prestos a abrazar con corazón agradecido la oferta de mejores cosas hechas para ellos en el bautismo de San Juan, estaban colocándose en un lado, y del otro ya se encontraban muchos de los hombres que después se convertirían en los amargos oponentes y perseguidores de Nuestro Señor.
   
El peligro para los que lo despreciaron
El bautismo de San Juan no era obligatorio como una condición para la salvación, pero era el símbolo señalado de ese espíritu de penitencia y contrición que era absolutamente necesario en todos los que se iban a beneficiar por la predicación del Evangelio.
   
Este era el resultado y fruto de un tiempo especial de gracia y visitación, un medio de preparación dispuesto por la Providencia de Dios que no podía ser omitido deliberadamente sin peligro. De hecho, su omisión deliberada y rechazo mostraba la soberbia y la dureza del corazón.
   
Hay muchos tiempos de gracia, devociones dadas por Dios en distintos momentos a la Iglesia, llamados al arrepentimiento, o a la preparación para la muerte, o a mayor rigor de vida, o a métodos particulares de honrarlo a Él respecto a este o aquel misterio, y así por el estilo, que parecen venir a sus hijos de tiempo en tiempo con alguna señal especial de adecuación o alguna sanción especial.
   
En cuanto a éstos, cualquier singularidad o aislamiento del sentimiento que se respira como un instinto celestial sobre la comunidad cristiana en general, es una señal de peligro, soberbia secreta, o enfriamiento de la caridad.
   
Es posible que los que se mantienen al margen no sufran inmediatamente la pérdida de ninguna gracia cristiana, pero el resultado puede mostrar que no pueden estar sin gran peligro a sus almas que se apartan de lo que puede ser, como lo fue en su momento el bautismo de Juan, el buen consejo de Dios respecto a ellos.

NOTAS
[1] San Juan Crisóstomo, Homilía sobre San Mateo X, 5; San Cirilo Jerosolimitano (a los catecúmenos), Catequesis I, § I, 2, 5; San Gregorio Nacianceno, Sermón 40 sobre San Juan Bautista; y Tertuliano, Sobre el Bautismo, cap. 20, hablan de esta confesión antes del bautismo como una representación del bautismo de Juan. Ver a Francisco Javier Patrizi, In Evangéliis, tomo III, pág. 470.
[2] Los lugares en que el rito es mencionado son Levítico XIV, 8, 9; XV, 5; XVI, 24, 26, 28; XVII 15, 16; y XXII, 6; Números XVII 7, 8, ss.; Deuteronomio XXIII, 11; Eclesiástico XXXIV, 30; Éxodo XXIX, 4; XL, 12, &c. Habían otros “bautismos” de los fariseos: San Marcos VII, 10; San Lucas XI, 48.
[3] Ver en el Antiguo Testamento, Génesis XXXV, 2 y Éxodo XIX, 10, donde se implicaba algo de esta clase.
[4] Ezequiel XXXVI, 26; Zacarías XIII, 1.
[5] Hechos II, 38. Ver también las palabras de Ananías a San Pablo, como fueron relatadas por este último, en Hechos XXII, 16.

sábado, 24 de julio de 2021

DÍA VEINTICUATRO, EN HONOR A SAN JUAN BAUTISTA

Devoción publicada en México por la Imprenta de Antonio Vanegas Arroyo en 1900, con licencia eclesiástica.
   
DÍA VEINTICUATRO DE CADA MES, DEDICADO AL INSIGNE PRECURSOR DE DIOS SAN JUAN BAUTISTA
    

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
ACTO DE CONTRICIÓN
¡Oh mi glorioso Jesús, mi Dios, mi Salvador!, a ti dedico con toda la efusión de mi alma este acto de verdadera contrición, para que por él juzgues el grande e inmenso arrepentimiento de mis culpas pasadas; yo, Dios mío, me postro ante tu sagrado altar para adorarte y confesarte todos los extravíos de mi vida pasada, poniendo de intercesor, al glorioso precursor de tu venida al mundo, San Juan Bautista, por quien se alcanza la gracia del bautismo. Yo te bendigo y adoro, Dios mío, por el exceso de tu amor, de tu clemencia, de tu suma bondad y por tu infinita misericordia. Detesto desde este momento mis abominables culpas; protesto con todo mi corazón no volver a ofenderte más, ¡oh mi adorado Jesús!, sólo al considerar que tú viniste al mundo para salvar al género humano de las persecuciones del Demonio. ¡Ah!, mi dulce Jesús, cuánto siento el haberte ofendido, pero de hoy en adelante, me propongo corregir mi vida, obrando con toda exactitud, en todo lo relativo a la virtud y a la piedad cristiana. Yo espero enmendarme con los auxilios de tu gracia, y con ellos merecer la gloria que a los justos le tienes prometida. Así lo espero de mi Señor Jesucristo, de la Divina Majestad. Amén.
     
ORACIÓN A SAN JUAN BAUTISTA
¡Oh, digno precursor de nuestro Señor Jesucristo! ¿Quién podrá negar todas las virtudes que te adornan, para estar colocado en el excelso Trono del Señor? ¿Quién no conoce los inmensos méritos, por los que te has hecho acreedor al infinito cariño de Dios y de su celestial amor? Tú fuiste su digno precursor y su digno predestinado para publicar inmensos méritos para con Dios nuestro Señor, te suplico, te dignes concederme en este día veinticuatro, que te dedico, lo que fervorosamente te pido para mayor honra y gloria de Nuestro Señor Jesucristo y de la Santísima Virgen María Señora Nuestra. Amén.
    
Tres Padrenuestros, tres Ave Marías, y una Salve en honor de María Santísima.
    
ORACIÓN
¡Oh, Señor San Juan Bautista!; tú que amaste el retiro y la soledad, por consagrarte todo a Dios, tú que vaticinaste su venida al mundo, tú que fuiste su digno precursor, y tú en fin, que iluminaste con tu santa y admirable doctrina a los creyentes, te ruego, ¡oh esclarecido Señor San Juan Bautista!, que le des luz a mi entendimiento, para hacerlo entrar por el sendero de la virtud, de las buenas obras y todo lo que constituye una vida verdaderamente religiosa. Al mismo tiempo te ruego que se propague por todo el mundo la Sacratísima ceremonia del bautismo, confirmación y penitencia, para que así, logremos ganar el reino de los cielos. Así te lo pido, insigne precursor San Juan Bautista, por los grandiosos méritos que tienes para con su Divina Majestad, y para mayor honra y gloria de la Preciosa Sangre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
    
Tres Padrenuestros y tres Ave Marías, dedicados al Misterio augusto de la Santísima Trinidad y en honor de San Juan Bautista.
    
TIERNAS ALABANZAS A SAN JUAN BAUTISTA
    
Glorioso San Juan Bautista
Digno y grande precursor;
Tu santo nombre me asista:
Alabado seas, Señor.
   
Tú eres fuente de pureza,
Tú eres rico manantial,
Tú purificas el agua
De la fuente bautismal.
   
Tú eres la puerta del cielo
Para el que hace penitencia,
Y tú premias la inocencia
Con un singular anhelo.
   
Fuiste el digno precursor
Que a Jesucristo anunciaste,
Pues con gran fervor le amaste
Por ser nuestro Redentor.
    
Haz, oh Glorioso San Juan
Que la gracia del Bautismo
Se propague con afán
En la fe del cristianismo.
    
Oh, sublime anacoreta,
Resignado penitente,
Que seguiste la corriente
De la vida más perfecta.
   
Tú el siervo más obediente,
El profeta más celoso,
Que en el mar más proceloso
Haz salvado al inocente.
    
¡Oh, Mártir, el más constante!,
Válganos tu intercesión,
Para que en lo adelante
Logremos la salvación.
   
Cuatro Padrenuestros y Ave Marías.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.