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viernes, 10 de octubre de 2025

LA FE Y EL APOSTOLADO, SEGÚN SAN JERÓNIMO (Y REFUTACIÓN AL MILENARISMO CARNAL)


«¡Gran confianza! Pedro era un pescador, no era un hombre rico, se ganaba el sustento con sus manos y su arte: pero habla con seguridad: “Nosotros lo hemos dejado todo”. Y dado que no solo basta dejar, agrega lo que es perfecto: “Y Te hemos seguido. Hemos hecho lo que nos has mandado: ¿qué recompensa, pues, nos darás?”. “Pero Jesús le dice: En verdad os digo, que vosotros que me habéis seguido, en el día de la Regeneración cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, también os sentaréis vosotros sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel”. No ha dicho: “Vosotros que lo habéis dejado todo”; de hecho esto también lo hizo Crates el filósofo, y otros muchos han despreciado las riquezas: sino, “Vosotros que me habéis seguido”, lo que es propio de los Apóstoles y de los creyentes. En la regeneración, cuando el Hijo del hombre se sentará en el trono de su majestad, cuando también los muertos se levantarán incorruptos de la corrupción, os sentaréis también sobre los tronos de los jueces, condenando las doce tribus de Israel: porque, mientras vosotros habéis creído, ellas no han querido creer. “Y cualquiera que haya dejado casa, hermanos, hermanas, padre, madre, esposa, hijos o tierras en mi nombre recibirá el ciento por uno y poseerá la vida eterna”. Este pasaje coincide con aquell otra otra palabra del Salvador: “No he venido a traer la paz, sino la espada. He venido, en verdad, a separar al hombre de su padre, y la madre de su hija, y la nuera de la suegra: y los enemigos del hombre serán los de su propia casa”. Por tanto, aquellos que por la fe de Cristo y por la predicación del Evangelio, hayan despreciado todos los afectos, y las riquezas y los placeres del mundo, estos recibirán el céntuplo y poseerán la vida eterna. Tomando ocasión de esta frase, algunos introducen los mil años después de la resurrección, diciendo que entonces nos serán restituidos el céntuplo de todas las cosas que hemos dejado, y la vida eterna, no comprendiendo que si en otras cosas la recompensa es digna, en cuanto a las mujeres parecería una cosa vergonzosa si quien ha dejado una sola mujer por el Señor vaya a recibir cien en el futuro. Por lo tanto, el sentido es este: El que haya dejado las cosas carnales por el Salvador, recibirá las cosas espirituales, las cuales, por confrontación y por su valor, serán como si el número centenario fuese comparado a un pequeño número».
   
SAN JERÓNIMO, Comentario sobre San Mateo XIX, 27-29 (en Migne, Patrología Latína XXVI, cols. 138-139).

viernes, 29 de agosto de 2025

SIGNIFICADOS ALEGÓRICOS DE LA DECAPITACIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA

Cabeza de San Juan Bautista en una bandeja (Albretch Bouts, óleo sobre álamo, c. 1500. Museo Metropolitano de Arte de Nueva York).
  
«Juan fue decapitado no el día de su decapitación, sino en torno a los días de los Panes sin Levadura de la Pascua judía, el año anterior a la Pasión del Señor, tras haber estado ya un año en prisión. Convenía que, debido a los misterios de la Pasión y Resurrección de Cristo el Señor, el menor (es decir, Juan) diera paso al mayor (es decir, Cristo), y por ello se decidió celebrar la decapitación en otro momento, concretamente el día en que se encontró su cabeza. Por ello, San Agustín dice: “Lo que el propio Juan había predicho sucedió. Pues hablando del Señor Jesucristo, había dicho: ‘Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe’. Juan menguó en la decapitación; Jesús creció en la cruz”. Según San Gregorio Magno, “la decapitación de Juan significa la disminución de esa falsa creencia por la cual el pueblo creía que él era Cristo, así como la exaltación del Salvador en la cruz significó el progreso de la fe. En efecto, aquel que era considerado por las multitudes solo un profeta fue reconocido por los fieles como el Señor de los profetas y el Hijo de Dios. Así, Juan, que necesitaba disminuir, nació cuando la luz del día comienza a menguar, mientras que el Señor nació cuando los días comienzan a crecer”. Al respecto, San Jerónimo dice: “Reconocemos en la cabeza cercenada del profeta Juan a los judíos que han perdido a Cristo, quien es el Jefe de los Profetas. Y, de nuevo, la Cabeza de la Ley, que es Cristo, es separada de su propio cuerpo, es decir, del pueblo judío, y es entregada a la joven gentil, es decir, a la Iglesia Romana; y la joven luego lo entrega a su madre adúltera, es decir, a la Sinagoga, que finalmente creerá en Cristo. Y, de nuevo, el cuerpo de Juan es enterrado, mientras que su cuerpo es colocado en una bandeja: la carta enterrada es ocultada, el espíritu es honrado en el altar y es asumido”».
   
LUDOLFO DE SAJONIA O. Cart. Vita Jesu Christi e Quatuor Evangeliis et Scriptoribus Ortodoxia concinnata. París y Roma, Víctor Palmé & Imprenta de la Congregación de Propaganda Fide 1865, pág. 290.

martes, 19 de diciembre de 2023

DIOS NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Y LA CONSUMACIÓN DEL SIGLO

Homilía en dos partes dada por el obispo electo Fernando Altamira el 26 de Noviembre (primera parte), y 3 de Diciembre (segunda parte).
   
PRIMERA PRÉDICA (26 de Noviembre de 2023, XXIV domingo y último después de Pentecostés).
   
TODO EN MARÍA Y POR MARÍA. Y POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

Queridos hijos:
 
Hoy es el último domingo después de Pentecostés, la semana que viene empieza el Adviento, esa época hermosa preparatoria para la Navidad.
 
Tanto en este domingo, como en el próximo: el Primero de Adviento, la Santa Iglesia Católica pone a nuestra consideración, en los Evangelios, lo que se ha llamado “EL APOCALIPSIS SUCINTO”, o “Discurso Escatológico de Dios Nuestro Señor Jesucristo”, el tema es Dios Nuestro Señor Jesucristo y la Consumación del Siglo. El Apocalipsis Sucinto se encuentra en los tres sinópticos:
-En SAN MATEO es el capítulo 24 completo, el cual tiene 51 versículos. La Santa Misa de hoy lo toma desde el versículo 15, hasta el versículo 35.
-En SAN LUCAS es el capítulo 21, y dentro del cual se extiende desde el versículo 5, hasta el versículo 36. La Santa Misa del próximo domingo lo toma de San Lucas, desde el versículo 25, hasta el versículo 33. Y en toda la liturgia y domingos de Adviento, hablando de la Primera Venida humilde y en oscuridad (desconocido y despreciado), se hace constantemente el traslado a la Segunda Venida de Dios Nuestro Señor Jesucristo en gloria y majestad. La Liturgia Católica ha querido relacionar y parangonar (comparar) ambas Venidas.
-En SAN MARCOS es el capítulo 13 completo, el cual tiene 37 versículos.
 
Amén de lo anterior, en esta prédica, es nuestra intención hacer algún desarrollo sobre el último libro del Nuevo Testamento, sobre EL APOCALIPSIS.

-Antes de comenzar, queríamos sólo remarcar, como un dato muy interesante, que este Libro Santo dado por Dios tiene 404 versículos en total, y dentro de ellos hay 518 citas del Antiguo Testamento, y aun dentro de estas citas hay 88 que corresponden al Profeta Daniel.
 
Vamos, ahora sí, al desarrollo.
    
[ I ] Sin duda que Dios Nuestro Señor Jesucristo quiere que sus sacerdotes prediquemos sobre las Profecías, sobre la Consumación del Siglo, sobre el libro profético que cierra toda la Revelación: el Apocalipsis.
  • Numerosas palabras están en la misma Biblia al respecto.
  • Tal vez el ejemplo más fuerte es que el mismo Apocalipsis contiene dos bienaventuranzas para quienes lean las palabras de esa Profecía, una está al comienzo y otra al final (cuidado: también hay una maldición, o castigo, o amenaza, o advertencia, para los que cambien las palabras o el sentido de dicho libro).
Pero, en cuanto al Apocalipsis, el mismo San Pablo llama a este colofón y conclusión de la Revelación, y a la Segunda Venida de Dios, “nuestra bienaventurada esperanza”, es un grito lleno de luz, esperanzador, lleno –como dice la expresión– de la bienaventurada esperanza, de la virtud de la esperanza, y estas palabras de San Pablo (las veremos) es uno de los fragmentos que se utilizan en las Misas de Navidad, en la Misa de Gallo.
    
Pero ahora escuchemos los fragmentos nombrados, con las bienaventuranzas por leer y custodiar el Apocalipsis:
  • La primera bienaventuranza está en el puro comienzo , en su capítulo 1, y dice así (son los versículos 1 a 3):
    -1 Apocalýpsis Jesu Christi: Revelación de Jesucristo (la palabra “apocalipsis” significa en griego “revelación”), quam dedit illi Deus palam facére servis suis (en la cual Dios le manifestó abiertamente a sus siervos), quæ oportet fieri cito (las cosas que pronto deben suceder)… [1] 3 BEÁTUS QUI LEGIT, ET ÁUDIT VERBA PROPHETÍÆ HUJUS (BIENAVENTURADO EL QUE LEE Y ESCUCHA LAS PALABRAS DE ESTA PROFECÍA), ET SERVAT EA, QUÆ IN EA SCRIPTA SUNT (Y GUARDA LAS COSAS QUE EN ELLA HAN SIDO ESCRITAS): TEMPUS ENIM PROPE EST (PUES EL TIEMPO ESTÁ CERCA).
  • La segunda bienaventuranza está en el último capítulo del Apocalipsis, que es el capítulo 22, desde el versículo 6 hasta el 10, y dice así:
    6 Hæc verba fidelíssima sunt, et vera (Estas palabras son fidelísimas, y verdaderas) [2] …quæ opórtet fíeri cito (…las cosas que es preciso que ocurran en breve). 7 Et ecce venio velociter (Y he aquí que Yo vengo pronto). BEÁTUS, QUI CUSTÓDIT VERBA PROPHETÍÆ LIBRI HUJUS (BIENAVENTURADO EL QUE CUSTODIA LAS PALABRAS DE LA PROFECÍA DE ESETE LIBRO)… [Dijo el ángel: yo soy “consiervo: consérvus… eórum qui servant verba prophetíæ libri hujus: consiervo de aquellos que guardan las palabras de la profecía de este libro”]… 10 Et dicit mihi (Y me dijo): Ne signáveris verba prophetíæ libri hujus (No selles las palabras de la profecía de este libro): tempus enim prope est (pues el tiempo está cerca).
  • Asimismo, es impresionante que el mismo libro del Apocalipsis tenga una maldición o amenaza o advertencia, para los que cambien las palabras o el sentido de esta profecía, y está en ese mismo capítulo final aludido, el capítulo 22, en sus versículos 18 y 19, y agregamos el 20:
    18 Contéstor enim omni audiénti verba prophetíæ libri hujus (Yo advierto a todo el que oye las palabras de la profecía de este libro:): Si quis appósuerit ad hæc (Si alguien añade algo a estas palabras), appónet Deus super illum plagas scriptas in libro isto (añadirá Dios sobre él las plagas escritas en este libro). 19 Et si quis dimínuerit de verbis libri prophetíæ hujus (Y si alguien disminuye las palabras de la profecía de este libro), áuferet Deus partem ejus de libro vitæ, et de civitáte sancta, et de his quæ scripta sunt in libro isto (Dios le quitará su parte del libro de la vida, y de la ciudad santa, y de las cosas que están escritas en este libro): 20 Dicit qui testimónium perhíbet istórum (Dice el que da testimonio de estas cosas): Étiam vénio cito (Sí, vengo pronto): AMEN. VENI, DÓMINE JESU: ASÍ SEA. VEN SEÑOR JESÚS.
   
[ II ] Así como Dios Nuestro Señor Jesucristo, la propia Santa Iglesia Católica hace otro tanto, y quiere que sus sacerdotes estudiemos y prediquemos sobre estas profecías. Dios no las habrá dado para nada, o para que las ignoremos: “Vigiláte” –dice Él–, estad atentos, vigilad, estad atentos a las señales, a las señales de los tiempos, a los finales de la Historia, a la proximidad de los eventos de su Segunda Venida en gloria: Nuestro triunfo final como católicos, como hijos de Dios –si es que logramos mantenernos fieles y buenos–.
     
Pero volviendo a la Santa Iglesia Católica, tan es así, el hecho de que Ella quiere que sus sacerdotes estudiemos las profecías y prediquemos sobre ellas, que incluso a través de sus Concilios ha exigido esto; veamos un ejemplo:
  • El Concilio IV de Toledo, en el año 633, ordenó:
    “La autoridad de muchos concilios y los decretos sinodales de los Santos Pontífices Romanos prescriben que el Libro del Apocalipsis es de Juan el Evangelista, y determinaron que debe ser recibido entre los libros divinos, pero muchos son los que no aceptan su autoridad Y TIENEN A MENOS PREDICARLO en la Iglesia de Dios. SI ALGUNO, DESDE HOY EN ADELANTE, o no no lo reconociera, o NO LO PREDICARA EN LA IGLESIA DURANTE EL TIEMPO DE LAS MISAS, desde Pascua hasta Pentecostés, TENDRÁ SENTENCIA DE EXCOMUNIÓN”.
  • Monseñor Juan Straubinger, en su Biblia comentada (Apo 1,3 en nota), expresa que: “el Apocalipsis era, en tiempos de fe viva, un libro de cabecera de los católicos, como lo era el Evangelio”.
     
[III] Pero puede llegar a haber sacerdotes que, en un cierto grado, se oponen a la prédica sobre el Apocalipsis.
– “Es que vemos que algunos hacen excesos detrás de él”.
– Sí, es cierto, pero eso no quita que un sacerdote deba estudiarlo y predicar, y hacerlo con corrección.
– “El Padre X, que está en tal país de América, dice que ya casi no hay que hacer mucho apostolado, dice que para qué tener seminaristas, para qué ordenaciones sacerdotales, etc”. Pues, pésimo: Mientras más sacerdotes se puedan tener, bendito sea Dios; para salvar el mayor número de almas 
que se pueda, en estos tiempos que se muestran finales: Es una evidencia la necesidad de más vocaciones, y cuánto las deseamos.
– “Otro sacerdote, el Padre X, que está en tal otro país de América, dice que ya no hay que casarse”. Pues, pésimo también; fíjense cuánto les insistimos nosotros en el tema del Matrimonio, en el tema de tener MUCHOS HIJOS: LA FAMILIA BIEN-BIEN NUMEROSA, la Familia Católica, etc.
   
En esto que estamos diciendo, volvemos a repetir lo que ya hemos dicho en otra oportunidad: HAY QUE CUMPLIR CON EL DEBER DE ESTADO HASTA EL FIN, HASTA EL FINAL. El que es sacerdote ha de seguir hasta el final con su labor de apostolado y de salvación de las almas; el que es esposo: esposo; quien es esposa: deberá seguir con sus tareas y obligaciones de esposa hasta el final; los casados deberán seguir con sus obligaciones matrimoniales, y teniendo niños, ¡y todos los que puedan!, hasta el final: LA FAMILIA BIEN-BIEN NUMEROSA HASTA EL FINAL; etc, etc.
   
Esto último es muy importante: TODOS HEMOS DE SEGUIR CUMPLIENDO, CADA UNO, CON NUESTRO DEBER DE ESTADO HASTA EL FINAL.
   
Ésta es la postura correcta, y podemos poner, una vez más, la anécdota de Santo Domingo Savio, el cual jugando o en tiempo de juegos fue preguntado: “Si ahora viniera Cristo, ¿tú qué harías?”, y él respondió: “Seguiría jugando”.
    
O esta otra anécdota, genial-genial, un monumento al sentido común (no existe Catolicismo sin sentido común), la cual es un hecho real, una conversación que yo tuve con una dama de Argentina: Ella, un poco molesta con estos excesos que algunos cometen con el Apocalipsis, expresó con ironía y para llevar la contraria a esos excesos: “Entonces, yo le voy a decir a mi esposo: listo, ¿sabes qué?, yo entonces no lavo más los platos, sí, no lavo más los platos”. Genial, realmente genial la respuesta de esa señora: un monumento al sentido común. Tenemos que cumplir con nuestros deberes de estado hasta el final; es lo que San Pablo decía o exigía a los Tesalonicenses.
   
[IV] LA BIENAVENTURADA ESPERANZA. Las palabras del Apocalipsis deben ser NUESTRA BIENAVENTURADA ESPERANZA, porque es nuestro triunfo, el triunfo de Dios Nuestro Señor Jesucristo y del Catolicismo.
-Los primeros cristianos vivían expectantes, anhelando y esperando la Segunda Venida, la Parusía. Porque, si logramos ser buenos hijos de Dios, si logramos ser buenos católicos, si logramos estar en gracia de Dios, será nuestro triunfo, nuestro triunfo final, con nuestro Rey.
   
Estas cosas marcaban la vida diaria de esos primeros cristianos, la vida de sus familias e hijos, la práctica del Catolicismo, la santificación personal, esperando a Cristo: esperando al gran Rey, Dios y Salvador Nuestro. Santificándonos cada vez más, para estar con el traje nupcial, sin las manchas de este mundo.

[V] SAN PABLO. Por eso él utiliza sobre la Parusía, sobre la Venida de Cristo, la expresión “NUESTRA BIENAVENTURADA ESPERANZA”.
    
Porque toda nuestra vida, toda nuestra santificación personal, toda nuestra práctica religiosa, nuestras familias, deben mirar su Venida, para estar dignos cuando Él venga, porque todo esto debe llenarnos de esperanza.
    
El fragmento aludido, que es her-mo-sí-si-mo, digno de ser puesto en un cuadro para que alumbre nuestras casas y nuestras vidas, y se utiliza en las Misas de Navidad. Es la “Carta a Tito” (cap. 2,11ss), y dice así:
11 [Carísimi:] Appáruit enim grátia Dei Salvatóris nostri ómnibus homínibus (Carísimos: Ha aparecido la gracia de Dios Salvador Nuestro a todos los hombres), 12 erúdiens nos, ut ABNEGÁNTES IMPIETÁTEM, et sæculária desidéria (enseñándonos que NEGANDO LA IMPIEDAD, y los deseos del Siglo), sóbrie, et JUSTE, et pie vivámus in hoc sǽculo (sobria, SANTA, y piadosamente vivamos en este Siglo), 13 EXSPECTÁNTES BEÁTAM SPEM, et ADVÉNTUM GLÓRIÆ MAGNI DEI, ET SALVATÓRIS NOSTRI JESU CHRISTI: ESPERANDO LA BIENAVENTURADA ESPERANZA y EL ADVENIMIENTO DE GLORIA DEL GRAN DIOS Y SALVADOR NUESTRO JESUCRISTO. 14 qui dedit semetípsum pro nobis, ut nos redímeret ab omni iniquitáte (el cual se dio por nosotros, para redimirnos de todo pecado), et mundáret sibi pópulum acceptábilem (y limpiar para sí un pueblo aceptable), sectatórem bonórum óperum (seguidor de las buenas obras). 15 Hæc lóquere, et exhortáre (Estas cosas has de predicar y exhortar, y argüir con toda autoridad:) et árgue cum omni império. Nemo te contémnat (Que nadie te menosprecie).
    
(Conclusión)
Es muy hermoso el fragmento. Repitamos y terminemos la prédica:
[Carísimi:] Appáruit enim grátia Dei Salvatóris nostri ómnibus homínibus (Carísimos: Ha aparecido la gracia de Dios Salvador Nuestro a todos los hombres), erúdiens nos, ut ABNEGÁNTES IMPIETÁTEM, et sæculária desidéria (enseñándonos que NEGANDO LA IMPIEDAD, y los deseos del Siglo), sóbrie, et JUSTE, et pie vivámus in hoc sǽculo (sobria, SANTA, y piadosamente vivamos en este Siglo), EXSPECTÁNTES BEÁTAM SPEM, et ADVÉNTUM GLÓRIÆ MAGNI DEI, ET SALVATÓRIS NOSTRI JESU CHRISTI: ESPERANDO LA BIENAVENTURADA ESPERANZA y EL ADVENIMIENTO DE GLORIA DEL GRAN DIOS Y SALVADOR NUESTRO JESUCRISTO.
AVE MARÍA PURÍSIMA.

NOTAS
[1] «et significávit, mittens per ángelum suum servo suo Joánni, 2 qui testimónium perhíbuit verbo Dei, et testimónium Jesu Christi, quæcúmque vidit».
[2 «Et Dóminus Deus spirítuum prophetárum misit ángelum suum ostendére servis suis quæ opórtet fíeri cito». Y más adelante: «8 Et ego Joánnes, qui audívi, et vidi hæc. Et póstquam audíssem, et vidíssem, cecídi ut adorárem ante pedes ángeli, qui mihi hæc ostendébat: 9 et dixit mihi: Vide ne fecéris: consérvus enim tuus sum, et fratrum tuórum prophetárum, et eórum qui servant verba prophetíæ libri hujus: Deum adóra».
   
SEGUNDA PRÉDICA (3 de Diciembre de 2023, I domingo de Adviento).
     
“LA ABOMINACIÓN DE LA DESOLACIÓN ESTANDO EN EL LUGAR SANTO”

TODO EN MARÍA Y POR MARÍA. Y POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

Queridos hijos:
 
Hoy es el Primer Domingo de Adviento, entramos en la hermosa época preparatoria para la Navidad.
    
Como ya dijimos, tanto el domingo pasado, como éste, la Santa Iglesia Católica pone a nuestra consideración, en los Evangelios, lo que se ha dado en llamar “EL APOCALIPSIS SUCINTO”, o “Discurso Escatológico de Dios Nuestro Señor Jesucristo”; el tema es Dios Nuestro Señor Jesucristo y la Consumación del Siglo, Su Parusía (en griego: llegada, presencia), y dicho discurso lo tenemos en los tres sinópticos: San Mateo, San Marcos y San Lucas. Mas en esta prédica queríamos desarrollar la siguiente pregunta: ¿Son, los nuestros, tiempos finales; estamos cerca de la Consumación del Siglo y de los finales de la Historia?
    
Y si fuese así: ¿Hemos de dejar de hacer nuestras tareas, nuestras obligaciones, nuestro deber de estado: el sacerdote y su apostolado, los casados y su familia, el Matrimonio, los estudiantes con su estudio, los que deben cumplir con su trabajo o empleo, el sostenimiento de su familia?
   
¿Cuándo será el momento del regreso de Cristo? Sobre la Parusía, no se puede saber o determinar el momento exacto (eso es un hecho), pero Dios Nuestro Señor Jesucristo sí nos ha querido dejar señales de su proximidad, y nos ha dicho que debemos estar atentos: vigiláte.
    
Entre las señales que Dios nos ha dejado, para saber sobre la proximidad de los finales, sobre la proximidad de su Advenimiento, y nuestro triunfo, hoy queríamos mencionar dos muy importantes:
  • La primera señal de su proximidad: La Abominación de la Desolación estando en el Lugar Santo.
  • La segunda señal de su cercanía: La Apostasía.
Para no extendernos tanto, hoy desarrollaremos la primera, y tal vez en unos 15 días abordaremos la segunda.
    
(Cuerpo)
[I] Sobre la Abominación de la Desolación: Primero la Sagrada Escritura.
    
Como decíamos, entre las señales que Dios nos ha dejado para saber sobre la proximidad de los finales, tenemos una muy-muy importante, que figura en San Mateo (24,15) y en San Marcos (13,14), la cual a su vez está tomada del Profeta Daniel. El punto en cuestión puede darnos luz sobre las épocas que estamos transitando, y ver si son los tiempos finales. Nos referimos a: LA ABOMINACIÓN DE LA DESOLACIÓN ESTANDO EN EL LUGAR SANTO .
 
En los Evangelios nombrados, Dios Nuestro Señor Jesucristo hablará de la ruina del templo, de la destrucción de Jerusalén, y del final de los tiempos o Consumación del Siglo. Escuchemos la parte alusiva a la abominación de la desolación en el Evangelio de San Mateo:
(San Mateo cap. 24): “3 Sedénte áutem eo super montem Olivéti, accessérunt ad eum discípuli secréto, dicéntes (Sentándose Él sobre el Monte de los Olivos, se acercaron a Él sus discípulos por aparte, diciendo): Dic nobis, quándo hæc erunt? et quod SIGNUM advéntus tui, et consummatiónis sǽculi? (Di a nosotros, ¿cuándo serán estas cosas, y cuál la señal de tu Advenimiento?) 4 Et respóndens Jesus, dixit eis (Y respondiendo Jesús, les dijo)…”. Allí Dios Nuestro Señor Jesucristo desarrollará su discurso escatológico, y entre las distintas señales que da, Él expresa:
“15 Cum ergo vidéritis abominatiónem desolatiónis, quæ dicta est a Daniéle prophéta, stantem in loco sancto, qui legit, intélliga: Cuando vosotros veáis la abominación de la desolación, que fue dicha por el profeta Daniel, estando en el lugar santo, el que lee, entienda…” [1].
   
[II] “La abominación de la desolación estando en el lugar santo” y la enseñanza de San Jerónimo.
   
Detrás de la enseñanza de San Jerónimo, Doctor Máximo en Sagrada Escritura, podemos ver que esa señal sobre la cercanía de la Consumación del Siglo, se refiere a tres cosas:
-1°) Al Anticristo haciéndose adorar como si fuera Dios en el lugar santo.
-2°) A falsos dioses, o ídolos, o sus estatuas, en definitiva: falsas religiones usurpando la Iglesia de Dios, y usurpando las iglesias y templos: La Casa de Dios.
-3°) Éste es el significado o sentido que más queríamos insistir para esta prédica. En la enseñanza de S. Jerónimo, la abominación de la desolación se refiera a: La falsificación de nuestra Santa Religión Católica, la falsificación y perversión del dogma, la falsificación de la doctrina católica, de la Fe.
   
Para escuchar las palabras de San Jerónimo, utilizaremos el Breviario para el día Domingo 24 después de Pentecostés. La Santa Iglesia Católica pone a sus sacerdotes el comentario el santo. Escuchemos esas palabras:
-En el primer punto, la abominación de la desolación es el Anticristo. 
Primero San Jerónimo trae a colación las palabras del Profeta Daniel, en su Profecía de las Setenta Semanas (es el capítulo 9), y en particular sobre la Semana Última, sobre La Semana 70 (cap. 9: en su versículo 27 y último). Escuchemos a San Jerónimo:
[Lección 7 de Maitines: Homilía sancti Hierónymi Presbýteri, Liber 4 Comment. in cap. 24 Matthǽi]: “…Légimus autem in Daniéle hoc modo: Et in dimídio hebdómadis auferétur sacrifícium et libámina; et in templo abominátio desolatiónum erit, usque ad consummatiónem témporis, et consummátio dábitur super solitúdinem (Leemos en Daniel de este modo: Y a la mitad de esta semana –de la Semana 70–será quitado el sacrificio y la oblación –“libámina”, ofrenda del sacrificio, oblación–, y estará en el templo la abominación de la desolación, hasta la consumación del tiempo –hasta el fin del tiempo o de los tiempos–, y la consumación será dada sobre la soledad”.
E inmediatamente después de las palabras de Daniel, San Jerónimo expresará que San Pablo (II Tesalonicenses 2,3-4) [2] atribuye la abominación de desolación al Anticristo estando en el lugar santo. Escuchemos:
“De hoc et Apóstolus [San Pablo] lóquitur (Sobre esto –sobre la abominación de la desolación– San Pablo dice), quod homo iniquitátis, et adversárius (que el hombre de iniquidad y el adversario –el Anticristo–) elevándus sit contra omne quod dícitur Deus et cólitur (se elevará contra todo lo que es llamado Dios y se adora); ita ut áudeat stare in templo Dei (de modo tal que se atreva a estar en el templo de Dios), et osténdere quod ipse sit Deus (y mostrarse como si él fuera Dios): cujus advéntus secúndum operatiónem Sátanæ déstruat eos, et ad Dei solitúdinem rédigat, qui se suscéperint (cuyo advenimiento –el advenimineto del Anticristo– será según la obra de Satanás para destruir –hacer perecer– y llevar a apartarse de Dios a aquellos quienes lo acojan) [Lección 7 de Maitines ut supra, in fine].

En el segundo punto, la abominación de la desolación en el lugar santo significa o son los falsos dioses, los falsos ídolos y sus estatuas, falsas religiones dentro del templo de Dios, usurpando la Iglesia Católica, dentro de los templos católicos. 
 
Es la siguiente Lección de Maitines (Lección 8). Allí San Jerónimo explica que “la abominación de la desolación puede ser entendida de las estatuas o ídolos de falsos dioses –y por lo mismo de las falsas religiones de esos dioses– y todo esto puesto dentro del templo de Dios. Recordemos aquí todo el Ecumenismo de hoy, la mezcla de todas las religiones de la tierra, con sus estatuas, símbolos, sacerdotes de esas falsas religiones, la estatua del Buda sobre un altar y sobre un sagrario en la Iglesia de San Francisco (en Asís), las mega reuniones ecuménicas de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, las ceremonias y la estatua de la Pachamama que Francisco permitió en Roma dentro de una o varias iglesias, etc. Escuchemos a San Jerónimo:
[Lección 8 de Maitines, en la misma Homilia ut supra] “Potest áutem simplíciter aut de Antichrísto áccipi, aut de imágine Cǽsaris, quam Pilátus pósuit in templo, aut de Hadriáni equestri státua, quæ in ipso sancto sanctórum loco úsque in præséntem diem stetit: [La abominación de la desolación:] Puede tomarse simplíciter, o del Anticristo –que ya hemos explicado–, o de la imagen del César que Pilatos puso en el templo, o de la estatua de Adriano ecuestre que ha estado en ese mismo lugar llamado el santo de los santos hasta el día de hoy”. 
Continúa San Jerónimo:
“Abominátio quóque secúndum veterem Scripturam idolum nuncupátur (Abominación también, según el Antiguo Testamento, se llama a un ídolo –o falso dios–); et idcírco ádditur, desolatiónis (y por eso se agrega “de la desolación”), quod in desoláto templo átque destrúcto (porque en un templo desolado y destruido –así quedamos con el Concilio Vaticano II, y la falsa religión y la falsa Iglesia Moderna–) ídolum pósitum sit (fue puesto un ídolo: fue puesto un falso dios, “los” falsos dioses, y “sus” religiones falsas)”.
Repetimos: Todo esto que explicamos, ya lo hemos vivido con creces desde el Concilio Vaticano II, con esta falsa Iglesia Moderna y el Ecumenismo.
  
[III] Tercer punto: La abominación de la desolación estando en el lugar santo es: La falsificación de nuestra Religión Católica.
Aquello que más queríamos recalcar en la prédica de hoy, el tercer punto de San Jerónimo, es la Lección 9 de ese Domingo 24 después de Pentecostés. 
 
Si “la abominación de la desolación estando en el lugar santo” es una de las señales de la proximidad de los finales y de la vuelta de Dios Nuestro Señor Jesucristo, y si dicha “abominación” se aplica, en tercer lugar, a la falsificación de la Religión Católica y a la falsa Iglesia Moderna; pues bien, de ser así, allí tenemos otra señal clara de que estamos transitando, y somos espectadores y protagonistas, de los finales. San Jerónimo dice en su texto:
-“Abominátio desolatiónis intelligi potest et OMNE DOGMA PERVÉRSUM”. “Abominación de la desolación puede entenderse también como TODO EL DOGMA PERVERTIDO –FALSIFICADO– (dado vuelta, la religión falsificada)”. 
-La palaba en latín es “perversum: pervertido, perverso, dado vuelta”. El verbo es “pervérto-is-ere-pervérsi-pervérsum”, y viene de “per: que es un reforzativo del sentido”, más el verbo “verto: dar vuelta”, lo cual significa dar profundamente la vuelta, FALSIFICAR, poner algo patas para arriba, cambiar fuertemente, trastocar, revolver, dar vuelta, destruir, profanar algo sagrado, pervertirlo, corromperlo.
-La abominación de la desolación puede entonces entenderse como el dogma pervertido, la religión falsificada: falsificada con el Concilio Vaticano II y la falsa Iglesia Moderna. 
-Y San Jerónimo agrega: “quod cum vidérimus stare in loco sancto, hoc est in Ecclésia, et se osténdere Deum: lo cual –el dogma pervertido o religión falsificada– cuando lo veáis estar en el lugar santo, hoc est in Ecclesia: esto es en la Iglesia (cuando en la Iglesia veáis una falsificación del Catolicismo: esa falsificación es la Religión Moderna del Concilio), y mostrarse –esa falsificación– como si fuera Dios (como si esa falsificación de nuestra Religión fuera algo de Dios) [3].
    
En ese dogma pervertido o religión falsificada tenemos otra señal de la proximidad de los finales.
    
El punto central es que, en enseñanza de San Jerónimo, “la abominación de la desolación, dicha por el Profeta Daniel, estando en el lugar santo” significa LA PERVERSIÓN (PERVÉRSUM) o FALSIFICACIÓN DEL DOGMA (LA FALSIFICACIÓN DEL CATOLICISMO); y esto es tal cual lo que nos ha pasado a los católicos con el Concilio Vaticano II.
   
(Conclusión) [4]
 
El tema de la Apostasía, importantísimo, quedará, Dios mediante, para dentro de unos 15 días; y ésta es otra de las señales.
 
¿Estamos en los tiempos finales?, habíamos preguntado al principio.
-Una de las señales de la proximidad de la Parusía es LA ABOMINACIÓN DE LA DESOLACIÓN, que parece haberse cumplido ante nosotros, ante nuestros ojos, al menos en su sentido segundo y tercero ut supra [5].
-Entonces debemos responder que sí: Nuestras épocas sí se muestran como los tiempos finales.
-¿Debemos por ello, porque parece que estamos en los finales, por el Apocalipsis, dejar de cumplir con nuestro deber de estado? JAMÁS.
  • El sacerdote debe seguir hasta el fin como sacerdote (apostolado, viajes, vocaciones, nuevas ordenaciones sacerdotales, etc).
  • El casado debe seguir como casado hasta el final: Los matrimonios, esposo, esposa, obligaciones matrimoniales, tener niños, muchos niños, todos los que se puedan: la Familia bien-bien numerosa, y educarlos para que sean santos, para que sean grandes católicos. Los estudiantes deben seguir con sus estudios; los empleados con sus trabajos.
  
La Bienaventurada Esperanza (de San Pablo) nos decía, y nos dice esto: Abarca el cumplimiento del deber de estado, y nos llama a santificarnos mucho,para esperar a Dios Nuestro Señor Jesucristo con un traje digno, con el traje nupcial:
(Tito cap. 2,11ss) 11 [Carísimi:] Appáruit enim grátia Dei Salvatóris nostri ómnibus homínibus (Carísimos: Ha aparecido la gracia de Dios Salvador Nuestro a todos los hombres), 12 erúdiens nos, ut ABNEGÁNTES IMPIETÁTEM, et sæculária desidéria (enseñándonos que NEGANDO LA IMPIEDAD, y los deseos del Siglo), sóbrie, et JUSTE, et pie vivámus in hoc sǽculo (sobria, SANTA, y piadosamente vivamos en este Siglo), 13 EXSPECTÁNTES BEÁTAM SPEM, et ADVÉNTUM GLÓRIÆ MAGNI DEI, ET SALVATÓRIS NOSTRI JESU CHRISTI: ESPERANDO LA BIENAVENTURADA ESPERANZA y EL ADVENIMIENTO DE GLORIA DEL GRAN DIOS Y SALVADOR NUESTRO JESUCRISTO. 14 qui dedit semetípsum pro nobis, ut nos redímeret ab omni iniquitáte (el cual se dio por nosotros, para redimirnos de todo pecado), et mundáret sibi pópulum acceptábilem (y limpiar para sí un pueblo aceptable), sectatórem bonórum óperum (seguidor de las buenas obras). 15 Hæc lóquere, et exhortáre (Estas cosas has de predicar y exhortar, y argüir con toda autoridad:) et árgue cum omni império. Nemo te contémnat (Que nadie te menosprecie).
AVE MARÍA PURÍSIMA
   
NOTAS
[1] En San Marcos (cap. 13,1ss): “3 Et cum séderet in monte Olivárum contra templum, interrogábant eum separátim Petrus, et Jacóbus, et Joánnes, et Andréas: 4 Dic nobis, quando ista fient ? et quod signum erit, quándo hæc ómnia incípient consummári?... [y entre las señales, Dios expresará:] 14 Cum áutem videritis abominatiónem desolatiónis stantem, ubi non debet, qui legit, intélligat…”.
[2] En esa misma cita de la II Tesalonicenses, versículo 3, leemos sobre las señales de la proximidad de la Parusía: “Nadie os engañe en manera alguna, PORQUE PRIMERO DEBE VENIR LA APOSTASÍA, y hacerse manifiesto el hombre de iniquidad, el hijo de perdición, [aquí empieza el v. 4:] el adversario, el que se ensalza sobre todo lo que se llama Dios o sagrado, hasta sentarse él mismo en el templo de Dios, ostentándose como si fuea Dios” (traducción y Biblia de Mons. Straubinger).
[3] Entonces: “debémus fúgere de Judǽa ad montes (debemos huir de Judea hacia los montes)” –expresión misteriosa esta última–. Seguía el texto: “debémus fúgere de Judǽa ad montes, hoc est, dimíssa occidénte líttera, et Judáica pravitáte, appropinquáre móntibus ætérnis, de quíbus illúminat mirabíliter Deus; et esse in tecto et in dómate, quo non possint igníta diáboli jácula perveníre, nec descéndere et tóllere áliquid de domo conversatiónis prístinæ, nec quærére quæ retrórsum sunt, sed magis sérere in agro spirituálium Scripturárum, ut fructus capiámus ex eo; nec tóllere álteram túnicam, quam Apóstoli habére prohibentur”.
[4] Hoy empezó el Adviento, la época preparatoria para la Navidad –Adviento y Navidad son épocas en que se nos llama con más insistencia a la conversión personal, a recuperar el estado de gracia si lo hemos perdido, si estamos en pecado mortal; se nos llama a la Confesión, ¡a confesarse!; se nos llama a estar siempre en estado de gracia para la Salvación Eterna, a corregirnos de pecados, de defectos, a santificarnos más–. La liturgia de Adviento y la liturgia de Navidad, viendo la Primera Venida, traspasan constantemente nuestros espíritus también hacia la Segunda Venida, hacia la Parusía, y se nos pide estar con traje digno, con traje nupcial, ser santos, para recibir a Dios Nuestro Señor Jesucristo que viene.
[5] Aunque el Anticristo todavía no se muestra públicamente (que fue el primer punto de San Jerónimo).
   

martes, 31 de octubre de 2023

CUIDADO CON LAS INTERPRETACIONES DE LA ESCRITURA

«Una interpretación falsa de la Escritura hace que el evangelio del Señor se convierta en el evangelio del hombre, o, lo que es peor, del diablo» (SAN JERÓNIMO).

martes, 3 de enero de 2023

EL ERROR DE SAN JERÓNIMO (Refutación del argumento protestante: «No se deben reconocer los deuterocanónicos porque San Jerónimo no los aceptaba»)

Adaptación y ampliación de la publicación por Metanoón (Twitter).
   
San Jerónimo en su celda (Marinus van Reymerswale. Madrid, Real Academia de Arte de San Fernando).
  
De Lutero abajo, muchos apologistas protestantes dicen que los libros deuterocanónicos no son divinamente inspirados ya que San Jerónimo, padre de la Iglesia y el gran traductor de la Biblia, se opuso a éstos como Sagrada Escritura. 
   
De hecho, en su famoso Prólogo de yelmo (galeáto), para los cuatro libros de los Reyes, San Jerónimo dice:
«Hic prólogus Scripturárum quási galeátum princípium, ómnibus libris quos de hebrǽo vertímus in latínum, conveníre potest: ut scire valeámus, quícquid extra hos est, inter apócrypha esse seponéndum. Ígitur Sapiéntia, quæ vulgo Salomónis inscríbitur, et Jesu fílii Sirach liber, et Judith, et Tóbias, et Pastor, non sunt in cánone. Machabæórum primum librum, hebráicum réperi. Secúndus, Græcus est: quod et ex ipsa phrasi probári potest [Este prólogo a las Escrituras puede servir como un prefacio con yelmo para todos los libros que hemos vertido del hebreo al latín, para que podamos estar seguros que cualquiera que esté más allá de estos debe ser reconocido entre los apócrifos. Por tanto, la Sabiduría de Salomón, como se la titula comúnmente, y el libro del Hijo de Sirá y Judit y Tobías y el Pastor no están en el Canon. El primer libro de los Macabeos he encontrado que es hebreo, el segundo es griego, como se puede comprobar desde el mismo estilo]».
¿Qué pasó allí? Primero, un poco de historia:

San Jerónimo nació en Estridón, Dalmacia en el año 342. Fue bautizado alrededor de los veinte años. Después de convertirse en sacerdote y monje, viajó a Constantinopla y Roma unos años antes de la muerte del Papa San Dámaso (384 d.C.). De temperamento irascible y controversial, se enemistó con varias personas, y se marchó de regreso a Oriente. Se instaló en un monasterio en Belén donde pasó el resto de su vida.

La mayor contribución de San Jerónimo a la Iglesia fue su titánico trabajo en los estudios bíblicos. Su dominio del latín, griego, hebreo y arameo era único para su época.

El Papa San Dámaso encargó a San Jerónimo que reemplazara la traducción al latín antiguo (conocida como Vetus Latína), que había estado al servicio de los cristianos latinos durante siglos, con una nueva traducción.

Al principio, Jerónimo tradujo la Septuaginta griega para su nueva “Vulgáta Latína” porque sabía que la Septuaginta había funcionado como texto del Antiguo Testamento para el cristianismo desde los días de los Apóstoles.

De hecho, el texto que trató de mejorar era una traducción antigua en latín de la Septuaginta griega.

San Jerónimo rápidamente se frustró con esta tarea porque tuvo que examinar y cotejar varias versiones de la Septuaginta hasta llegar a una versión lo más cercana posible del original. Sin embargo, por otra parte, también disponía de un texto hebreo que parecía haber circulado durante mucho tiempo, en una sola versión estandarizada y estable. Y dado que la Septuaginta misma es una traducción del hebreo, pensó: «¿por qué molestarse en incluir al griego? ¿Por qué no simplemente traducir directamente del hebreo?».

Jerónimo llamó a este principio, el de colocar el Texto Hebreo Masorético por encima y en contra de todas las demás versiones, el principio de la “Verdad hebrea” (Véritas Hebráica). Este principio de “La Verdad hebrea” jugó un papel importante en la traducción de Jerónimo de la Vulgata latina.

En principio, San Jerónimo partió de un razonamiento lógico: «el hebreo original e inspirado es realmente lo que finalmente necesitaba ser traducido. A fin de cuentas, estamos hablando del Antiguo Testamento».
  
Desafortunadamente, cometió un error fatal en su aplicación de ese principio; pensó que el original hebreo se preservaba sólo en la “única tradición rabínica” representada por el Texto Masorético (TM) y que la Septuaginta griega no era más que una “traducción defectuosa” del TM. En esto San Jerónimo estaba totalmente equivocado. Con el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto hemos podido confirmar lo que las voces más tradicionales habían insistido todo el tiempo y la razón porqué la Septuaginta no había sido venerada por los cristianos en vano:
1.º La Septuaginta es anterior al texto preferido por Jerónimo y que
2.º Junto con otras fuentes, conserva restos de una tradición textual más antigua.

Aunque el TM es sin duda una muy buena y auténtica tradición de los textos antiguos, pasó por un proceso de desarrollo antes de alcanzar su forma final a mediados del segundo siglo cristiano. Y aun así, apenas en el siglo X ni siquiera estaba unificado entre los judíos (las escuelas de Palestina y Tiberíades diferían de escuela de Babilonia, y en esta última había diferencia entre la escuela de Sura y la de Nehardea) y habían diferencias en la puntuación.

Ahora se ha demostrado, que el argumento de Jerónimo cae irremediablemente al suelo ya que se basó en el concepto erróneo de que el Texto Masorético era el canon de Jesús y los apóstoles.

Cualquier apelación continua a través de los reformadores a Jerónimo y al canon hebreo llega al mismo fin. Dos comunidades diferentes participaron en la definición de cánones a partir del material común del judaísmo anterior al 70.

Y dado que la Iglesia definió su canon del AT por sí misma, ¿qué reclamo histórico tiene la definición judía del canon sobre el final del primer siglo para la Iglesia?

Si el cristianismo protestante va a continuar con su costumbre de restringir su canon del Antiguo Testamento al canon judío, entonces tendrá que describirse un fundamento y una doctrina del canon completamente nuevos, y cualquier doctrina protestante respecto del canon, que tome en serio la cuestión del uso cristiano y la herencia histórica y espiritual, siempre conducirá en última instancia al AT cristiano tal como fue definido por el uso de la Tradición Apostólica, y luego confirmado por el Magisterio de la Iglesia a finales del siglo IV (San Agustín y el Concilio de Cartago) y principios del V (Decreto Gelasiano).

Los apologistas protestantes a menudo intentan convertir a Jerónimo en el portavoz de una gran mayoría silenciosa de cristianos informados en su época. Esta opinión no está respaldada por ninguna prueba, ya que los eruditos protestantes han admitido que Jerónimo estaba esencialmente solo en su oposición a los deuterocanónicos, la cual fue el producto de su propia (y defectuosa, como sabemos ahora) erudición.

La propia proeza intelectual de una persona, por sabia o erudita que sea, no es capaz de determinar qué es palabra de Dios y qué no lo es. En cambio, la novia de Cristo que es la Iglesia, recibe la palabra de Dios, de Cristo y sus apóstoles, como parte del depósito original e inalterable de la fe.

Algunos polémicos argumentan que el Deuterocanon fue aceptado en la Iglesia antigua sólo porque los cristianos ignoraban el hebreo y confiaban en la Septuaginta griega como Escritura. Se argumenta que si los miembros que la Iglesia primitiva hubiera entendido el hebreo y hubieran podido conversar con los rabinos de su época, habrían aprendido la verdad sobre el canon, pero lo que suele olvidarse es que siempre hubo un flujo constante de conversos de habla hebrea que llegaban a la Iglesia. Sin embargo, ninguno de ellos había intentado alterar el canon cristiano.
  
En todo caso, es inconcebible que los Apóstoles hayan fallado en su deber de proporcionar a la Iglesia una colección verdadera e indudable de la Escritura. Y por otra parte, los Padres de la Iglesia no son más autoridad que el Magisterio eclesiástico, y en caso de diferencias, este se ha de preferir a aquellos.

Créditos a Gary Michuta y A. C. Sundberg.

jueves, 30 de diciembre de 2021

DÍA TREINTA, EN HONOR A SAN JERÓNIMO

Devoción publicada en Ciudad de México por la Imprenta de Antonio Vanegas Arroyo en 1903.
  
NOTICIA DE LA VIDA DE SAN JERÓNIMO*
El insigne Máximo y Padre de la Iglesia Católica, nació en Estridón en el año 340. Rico y poderoso, dejóse llevar en su juventud por los desórdenes que el mundo le ofrecía; pero bien pronto volvió a Dios sus ojos y para purgar sus pecados, se retiró a un desierto de Palestina y allí lloró tanto y tanto mortificó su cuerpo con ayunos y privaciones, que Dios le concedió la pureza que solicitaba prestando desde entonces inmensos servicios a la Iglesia y muriendo con la mayor santidad.
    
El día 30 es el señalado por la Iglesia para conmemorar las virtudes del Santo y por lo mismo es conveniente practicar la devoción de encomendarnos a tan eminente Santo para alcanzar las virtudes de que él fue patente ejemplo, procurando ante todo la salvación del alma a cuyo fin debemos mortificar el cuerpo, dominando las pasiones y disponiéndonos a la muerte, y pues este momento ha de llegar, que el trance nos encuentre preparados para poder ofrecer a Dios el alma que de Él recibimos lo más purificada que sea posible.

DEVOCIÓN PARA EL DÍA TREINTA DE CADA MES A SAN JERÓNIMO ORACIÓN Y ALABANZA AL GRAN PADRE Y DOCTOR MÁXIMO DE LA RELIGIÓN CATÓLICA SAN JERÓNIMO
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

Se rezarán en honor del Santo tres Padre Nuestros y Ave Marías gloriados y la siguiente:

ORACIÓN
Santísimo Padre y Doctor San Jerónimo: yo el menor de vuestros devotos me presento a vos lleno de confusión y asombro por ver lo desarreglado de mi vida, el descuido que he tenido de mi salvación y casi total abandono de mi alma. Encantado con las apariencias del mundo, ofuscado con las tentaciones del demonio, me he pasado los mejores años de mi vida obedeciendo a mis pasiones y desobedeciendo a Dios, sin tener otra mira ni otra atención que darme gusto y seguir mi inclinación. ¡Qué amargura sentirá mi pobre alma al ver empleada su vida en servir a sus apetitos y en nada a Dios! ¡Qué despecho al conocer que ya no hay tiempo de remediar el mal que se hizo sino con un arrepentimiento, quizá estéril y sin provecho; por no nacer de verdadera contrición y dolor! ¡Oh, y con qué semblante pediré el cielo, a un Dios a quien casi toda mi vida he despreciado y ofendido! ¡Con qué ánimo podré prometerme la gloria que jamás procuré merecerme! Santo mío, este rayo de luz con que el Señor misericordiosamente me alumbra, no se pase sin fruto como tantos otros se han pasado por mi insensibilidad y pereza. Alcánzame del Señor que acierte a aprovecharme comenzando desde ahora una vida cual querré y desearé haber tenido en la hora de mi muerte, para cuyo trance imploro desde este punto tu favor y te pido tu asistencia, con la cual, libre de los asaltos del demonio, y fortalecido con la sólida confianza en la misericordia de Dios, salga en paz de este mundo, y pase a acompañarte en el cielo, en donde alabe, ame y goce del Supremo bien, mi Dios Trino y Uno, que vive y reina por todos los siglos. Amén.
    
ALABADO A SAN JERÓNIMO
    
Señor San Jerónimo
De Dios fuiste enviado
Para librar a las almas
Que están en pecado.
  
Hombres y mujeres
Que están alabando,
Señor San Jerónimo
Los está acompañando.
   
Miren, pecadores
Este relicario,
Señor San Jerónimo
Los lleve al Calvario.
   
Se deshojó una flor
Para su camino,
Señor San Jerónimo
Sea su padrino.
   
Qué linda flor
Nos mandó el Señor,
Para librar esta alma
De este pecador.
   
Hoy tiembla el infierno
De oír esta voz,
Señor San Jerónimo
La lleve con Dios.
   
Ya el alma se va
Ya va caminando,
Señor San Jerónimo
La va acompañando.
  
Señor San Jerónimo
De Dios es propicio,
Yo temo llegar
A este día del Juicio.
   
Señor San Jerónimo,
Lindo y milagroso,
Tú llevas las almas
Al Dios poderoso.
   
Señor San Jerónimo,
Lindo y potentado,
A rendir la cuenta
De lo mal pagado.
    
Señor San Jerónimo,
Ruégale a San Pedro
Que me abra la puerta
Para entrar al cielo.
   
Almas pues a Dios,
A Dios pediremos
Que nos dé el descanso
Por siglos enteros.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

martes, 27 de abril de 2021

QUE DIOS SEA NUESTRA ESPERANZA DE SUSTENTO

«Solamente en Dios pongamos nuestra esperanza; no digamos: “¿en dónde hallaré, cuando sea anciano, con qué vivir? Si enfermo ¿quién me sustentará?”. ¿Tenéis a Jesucristo y tembláis? Este Señor da de comer a las avecitas, y ¿dudáis que os alimente? El diablo parece que sustenta a los que son suyos, y ¿no creéis que Jesucristo dará a los suyos el sustento? El diablo está proporcionando a los suyos oro y piedras preciosas, y ¿no podrá Jesucristo daros pan? Arrojemos, pues, de nuestro corazón toda solicitud, y digamos con el profeta: “Nosotros haremos en nombre de Dios acciones llenas de fortaleza; porque Él será nuestra fuerza. Él será nuestro sustento, y Él será nuestro guía”». (SAN JERÓNIMO, Sobre el salmo X, sentencia 113).

miércoles, 30 de septiembre de 2020

BERGOGLIO, A VUELTAS CON SAN JERÓNIMO

Hoy Bergoglio hizo publicar la Carta Apostólica “Sacræ Scriptúræ Afféctus”, en ocasión del 1600º aniversario del tránsito del Doctor Máximo San Jerónimo. Como no podía ser de otra manera, lo “conmemora” haciendo alusión a las Sagradas Escrituras, la obsesión sui géneris de los modernistas (porque insisten machaconamente al “Pueblo de Dios” que la lean, pero tuercen su sentido y rechazan la interpretación auténtica que le ha dado la Iglesia por más de 2000 años –¿qué esperáis, si el modernismo es la versión “catolicada” del protestantismo–).
  
No vamos a fastidiaros trayendo el texto completo, si no que vamos a hacer análisis sobre algunos elementos puntuales:
  
La carta encabeza con una referencia a la Oración que el Misal Montini-Bugniniano le dedica a San Jerónimo (de hecho, el título de la Carta sale de la Oración):
«Deus, qui beáto Hierónymo presbýtero suávem et vivum Scriptúræ Sacræ afféctum tribuísti, da, ut pópulus tuus verbo tuo ubérius alátur, et in eo fontem vitæ invéniat (Oh, Dios, que concediste al presbítero san Jerónimo un amor suave y vivo a la Sagrada Escritura, haz que tu pueblo se alimente de tu palabra con mayor abundancia y encuentre en ella la fuente de la vida
Y hace un recuento de la vida de San Jerónimo, donde no faltan las sensiblerías y el empirismo. Acto seguido, presenta siete puntos:
  1. «La clave sapiencial de su retrato»: Bergoglio dice que la vida de San Jerónimo está conjugada en dos aspectos, que han sido tema de representación artística: el asceta (plasmado por Leonardo da Vinci) y el teólogo (representado por Alberto Durero). Aspectos sintetizados en el lienzo de Caravaghio en la Galería Borghese de Roma.
  2. «Amor por la Sagrada Escritura»: Hecha una alusión “al vuelo” de la crítica literaria que hacen los biblistas modernos, Bergoglio se explaya en la importancia del Antiguo Testamento, más allá del simple repertorio de profecías que se cumplen en la persona y ministerio de Jesús:
    «El Antiguo Testamento no debe considerarse como un vasto repertorio de citas que demuestran el cumplimiento de las profecías en la persona de Jesús de Nazaret. En cambio, más radicalmente, sólo a la luz de las “figuras” veterotestamentarias es posible comprender plenamente el significado del acontecimiento de Cristo, cumplido en su muerte y resurrección».
    Claro, si Bergoglio dijo más arriba que San Jerónimo «se confió a un hermano judío, convertido al cristianismo, que lo introdujo en el conocimiento de la nueva lengua hebrea y de los sonidos, que definió “palabras fricativas y aspiradas”»; y en otra ocasión que «en cada cristiano hay un judío».
  3. «El estudio de la Sagrada Escritura»: Bergoglio, por un lado, vuelve al tema de la obediencia de la fe: obediencia a Dios en cuanto autor de la Sagrada Escritura, y a los intérpretes de la misma (eso sí, obediencia que «no es una mera recepción pasiva de lo que es conocido; al contrario, requiere el compromiso activo de la investigación personal»). Por la otra, se lamenta que la Sagrada Escritura sea desconocida y minusvalorada por las facultades de teología, y desconocida por el grueso de los fieles (justificándose en esto el “Domingo de la Palabra de Dios” creado el año anterior, para –según él– enriquecer de sentido y orientar jerárquicamente hacia Cristo la “religiosidad popular” –nombre despectivo que usan los modernistas para referirse a la devoción–).
  4. «La Vulgata»: Se hace un resumen del proceso de la traducción de la Biblia al latín vulgar por San Jerónimo (huelga decir que la labor que le encomendara el Papa San Dámaso fue hacer una revisión desde los originales griego y hebreo a la Vetus Latína –que era la versión latina traducida del griego, y cuyo eco aún sobrevive en la liturgia: el Gloria in excélsis y el Pater noster en el Rito Romano tradicional siguen la Vetus Latína–), cómo tras pasar ciertas oposiciones (San Agustín le reprochó apartarse de la Septuaginta en su labor de traducción; y la Vetus Latína –que llegó hasta Irlanda vía España– coexistió con la Vulgáta hasta el siglo XII), llegó a ser aceptada como auténtica por el Concilio de Trento –aunque para los Salmos en la Misa y el Breviario se acogió el Psaltérium Gallicánum y la temprana Versión Romana del salmo 94: “Venite, exsultémus Dómino”, no así la jeronimiana versión juxta Hebráicum– (para luego ser remplazada por la wojtyliana Nova Vulgáta, haciendo escala por el nunca suficientemente deplorado Salterio de Bea).
  5. «La traducción como inculturación»: Bergoglio presenta la Vulgáta de la que habló en el título anterior como una “inculturación”, y la labor de traducir en general como un “acto de hospitalidad” necesario para la “cultura del encuentro”. En esta óptica es que destaca que la labor misionera ha contribuido al estudio de los idiomas.
  6. «Jerónimo y la cátedra de Pedro»: Se resalta la lealtad de San Jerónimo al Papa San Dámaso en una época en la que afloraban muchas herejías, contra las cuales combatió nuestro santo (de ahí que el Martirologio Romano tradicional expresa que «multa hærésum monstra gládio suæ doctrínæ confódit», «con la espada de su doctrina atravesó a muchos monstruos de herejía»). Aquí, sin embargo, este aparte ha de verse no como un reclamo de unidad a la Cátedra de San Pedro, sino como un dardo que desesperado lanza Bergoglio contra sus críticos viendo que su “autoridad” ha sido puesta en entredicho ¡POR SUS PROPIAS ACCIONES Y PALABRAS!
  7. «Amar lo que Jerónimo amó»: Resaltando el testimonio que sus contemporáneos daban de San Jerónimo como estudioso infatigable, Bergoglio apela, particularmente a los jóvenes, a que «vayan en busca de su herencia. El cristianismo los convierte en herederos de un patrimonio cultural insuperable del que deben tomar posesión. Apasiónense de esta historia, que es de ustedes» (aun a sabiendas que estudiando el patrimonio de la Iglesia hallarán que el modernismo imperante es ajeno a él, pero sobre esto no nos hacemos ilusiones); concluyendo con la presentación de la Virgen Santísima como “modelo de lectura orante de la Escritura”.

Si miramos las referencias citadas (61 en total), vemos que: 
  • 27 son modernistas, destacando la edición modernista del Denzinger por Antonio Schönmetzer SJ en 1963, Giovanni Battista Montini Alghisi (además del Misal Montini-Bugniniano citado arriba, la Constitución conciliar Dei Verbum), Karol Józef Wojtyła Katzorowski (Constitución apostólica Scripturárum thesáurus y Carta a los artistas del 4 de Abril de 1999), Joseph Ratzinger Tauber/Peintner (Audiencias Generales del 7 y 14 de Noviembre de 2007, el Sínodo de 2008 y la Exhortación apostólica Verbum Dómini), y Jorge Mario Bergoglio Sívori (la Exhortación apostólica Evangélii Gáudium, la Homilía santamartera del 10 de Diciembre de 2015, el Motu Próprio Apéruit Illis y el mensaje ante la Pontificia Academia de Ciencias del 4 de Diciembre de 2019).
  • 1 protestante (Paul Ricœur Favre, Sur la traduction, Bayard, París 2004),
  • 1 judío (George Steiner Franzos, After Babel. Aspects of language and translation, Oxford University Press, Nueva York 1975), y
  • 1 agnóstico (Ludwig Wittgenstein Kalmus, Tractatus logico-philosophicus, 5.6)
totalizando un 49,18%. Las demás (incluida la alusión a Benedicto XV como simple cota historica), son matizadas por el modernismo. En conclusión, un documento envenenado que, lejos de honrar a San Jerónimo, lo insulta una vez más.
   
JORGE RONDÓN SANTOS
30 de Septiembre de 2020 (Año Santo Josefino).
Fiesta de San Jerónimo, Presbítero, Confesor y Doctor de la Iglesia; de San Honorio de Canterbury, Arzobispo y Confesor; de San Antonino de Plasencia, Mártir de la Fe; de San Gregorio I “El Iluminador”, Obispo y Apóstol de Armenia; de los Santos Mártires Víctor y Urso de Solothurn; de Santa Eusebia de Marsella, Virgen; Santa Sofía Romana, Viuda; de San Amadeo de Nusco, Obispo y Confesor; de San Simón de Crépy, Monje; y del Beato Conrado de Urach O. Cist., Abad y Obispo de Porto‐Santa Rufina. Tránsito de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz OCD, y de San Francisco de Borja SJ.

sábado, 25 de abril de 2020

LA PRUEBA HISTÓRICA DE LA RESURRECCIÓN QUE MENOS AGRADA A LOS SECULARISTAS

Por Nishant Xavier para ONE PETER FIVE. Traducción por María Calvani para ADELANTE LA FE.
 
José ben Matías / Tito Flavio Josefo (grabado idealizado del siglo XIX)
  
Una de las pruebas irrefutables de la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, que incluso aun los no cristianos más serios se ven forzados a admitir, es el testimonio de Flavio Josefo, historiador judío del siglo primero y testigo ocular del extraordinario cumplimiento de las profecías de Nuestro Salvador referentes a la destrucción de Jerusalén en el año 70 A.D. El Arzobispo Eusebio encomia a Josefo por la exactitud de su informe que tan admirablemente concuerda con la Escritura. Para los santos y para nosotros, el testimonio de historiadores cristianos de la altura de San Mateo, San Marcos, San Juan, etc., es infinitamente superior al de cualquier historiador judío o pagano, antiguo o moderno, pero es importante saber que, para los secularistas contemporáneos, Josefo es casi como una biblia secular en lo que a la historia de los acontecimientos del siglo primero se refiere. Cabe imaginar, entonces, ¡cuán conmocionados deben estar al encontrarse frente a este testimonio claro y explícito acerca de la Resurrección de Jesús en las Antigüedades de Josefo!

Flavio Josefo, Antigüedades Judías, libro XVIII, Capítulo III, Párr.3:
«Ahora, había por aquel tiempo un hombre sabio, Jesús, si fuera apropiado llamarlo hombre. Por cuanto era un hacedor de obras extraordinarias; un maestro para aquellos hombres que acogen la verdad con complacencia. Él atrajo hacia sí muchos judíos y gentiles. Él era [el] Cristo. Y cuando Pilatos a sugerencia de las figuras más relevantes entre nosotros, lo condenó a la cruz; aquellos que lo habían amado desde el principio no lo abandonaron. Y él se les apareció vivo nuevamente, al tercer día: tal y como los divinos profetas habían anunciado sobre éstas y miles de otras cosas increíbles acerca de él. Y la tribu de los cristianos, así llamados en su nombre, perdura hasta hoy».

1.- Este testimonio histórico da fe de todos los hechos más resaltantes de la vida de Nuestro Señor Jesucristo: su sabiduría divina, sus asombrosos milagros, su elevada doctrina, su poderosa predicación que atraía a hombres y mujeres de todas las razas y culturas, su crucifixión bajo Pilatos y su gloriosa resurrección conforme a lo que los grandes profetas de Israel habían escrito. Igualmente, muestra que todo esto era conocido de manera prácticamente universal entre los judíos de su tiempo, incluso entre aquellos que eran hostiles o indiferentes al Evangelio.
   
2.- El testimonio es tan evidentemente de Josefo, que coloca a todos los críticos seculares ante dificultades insuperables; no les queda más remedio que alegar desesperadamente que se trata de un engaño a los fines de poder mantener su secularismo. Pero esto resulta ser solo una pretensión absurda y ridícula. El pasaje en cuestión se ajusta perfectamente a todo lo que conocemos del estilo y vocabulario de Josefo que se caracteriza por expresiones únicas y propias tales como “tribu de cristianos” y el llamar a Jesús “un hombre sabio”, etc., cosa que no ocurre en ninguna otra parte. Más aun, como bien señala la Enciclopedia Católica, todos los códices o manuscritos de la obra de Josefo contienen el texto en referencia; para poder sostener el carácter espurio del texto habría que suponer que todas las copias de Josefo se encontraban en manos de los cristianos, y habían sido modificadas de la misma manera”.
   
3. Su autenticidad se dio por universalmente descontada durante siglos. Tomado del mismo artículo de Enciclopedia Católica, “Eusebio (Hist. Eccl., I, xi; cf. Dem. Ev., III, v) Sozomeno (Hist. Eccl., I, i), Nicéforo (Hist. Eccl., I, 39), Isidoro de Pelusio (Ep. IV, 225), San Jerónimo (Catal. Script. Eccles. XIII), Ambrosio, Casiodoro, apelan al testimonio de Josefo; no debe haber existido duda alguna acerca de su autenticidad en la época de estos ilustres escritores”.
   
Podemos notar que Josefo, al igual que Gamaliel y otros, probablemente se contentó con trabajar discretamente dentro de la sinagoga –entre otras posibles explicaciones de por que no se había bautizado–. Sea lo que fuere, este claro testimonio proveniente de un historiador considerado universalmente como digno de credibilidad es una prueba convincente de que los judíos del tiempo de Jesús estaban bien familiarizados con el hecho de su Resurrección.
  
De manera análoga a lo que ocurre con la Sabana Santa de Turín, y los 500 testigos de la Resurrección, así como las vidas heroicas y martirios de los Santos Apóstoles quienes sellaron y confirmaron con su propia sangre, su testimonio en cuanto a Jesús y su Resurrección, ¡el Testimonio Flaviano como se le llama, aporta una prueba creíble, nada desdeñable de la Resurrección! Debe, por tanto, ser objeto de atención de todo investigador serio del cristianismo.
   
Algunos de los primeros cristianos sabían que Josefo creía en Cristo y, en tal sentido, este historiador era visto con mucho respeto. Su conversión, al igual que la del Rabino Gamaliel, debe ser otro claro llamado a los no cristianos a creer en Jesús y ser salvos. Debe igualmente confirmar a los que vacilan en la Fe. Y debe consolar a los fieles de que Dios, el Señor al que servimos, ha hecho y puede realizar cosas increíbles.
   
«Josefo, el hijo de Matías, sacerdote de Jerusalén fue hecho prisionero por Vespasiano y su hijo Tito, y desterrado. Al venir a Roma,  presentó a los emperadores, padre e hijo, siete libros Sobre el cautiverio de los judíos, los cuales fueron depositados en el Biblioteca Pública y, en razón de su genio, se le consideró digno de una estatua en Roma. Adicionalmente, escribió veinte libros acerca de las Antigüedades, desde el inicio del mundo hasta el decimocuarto año de Domiciano César, y dos Antigüedades contra Appion, el filólogo de Alejandría quien bajo Calígula fue enviado como delegado por parte de los gentiles contra Filón; también escribió un libro que contiene una vituperación de la nación judía. Otro de sus libros titulado Sobre toda sabiduría dominante, en el que relata la muerte de los macabeos por martirio, es altamente apreciado. En el octavo libro de sus Antigüedades, reconoce abiertamente que Cristo fue asesinado por los fariseos a causa de la grandeza de sus milagros, que Juan el Bautista fue verdaderamente un profeta y que Jerusalén fue destruida debido al asesinato del Apóstol Santiago. Igualmente señala con relación al Señor lo siguiente: “En estos tiempos estaba Jesús, un hombre sabio, si en verdad fuera legítimo llamarlo hombre. Por cuanto era un hacedor de milagros maravillosos, y un maestro de aquellos que libremente acogen la verdad. Tenía además muchos seguidores, tanto judíos como gentiles y se creía era el Cristo, y cuando instigado por la envidia de nuestros principales Pilatos lo crucificó. Sin embargo, aquellos que desde el principio lo amaron continuaron así hasta el final, pues él se les apareció vivo al tercer día. Muchas cosas, éstas y otras extraordinarias, se hallan en los cánticos de los profetas quienes profetizaron acerca de él y la secta de los cristianos, así llamados en su nombre, la cual persiste hasta nuestros días».
El gran doctor que nos dio nuestra Biblia Vulgata Latina explica que Josefo claramente testifica acerca de estas cosas como incontrovertibles.
   
«Los propios judíos también dan testimonio de Jesús, como se ve en Josefo, el escritor de su historia, quien afirma lo siguiente: “Había en aquel tiempo un hombre sabio, si (al hablar de él) fuera correcto darle el nombre de hombre, pues era un hacedor de obras extraordinarias, quien se apareció a sus discípulos al tercer día de su muerte, vivo otra vez, conforme a los escritos de los profetas, quienes anunciaron estos e innumerables otros acontecimientos milagrosos acerca de él: gracias a los cuales comenzó la congregación de los cristianos”, y sin embargo, él -Josefo- no era un creyente a causa de la dureza de su corazón y su intención prejuiciosa. Empero, no fue por sus prejuicios contra la verdad por lo que no era un creyente, lo que le añade mayor peso a su testimonio, pues a pesar de su reticencia y de no ser creyente, esto debe ser verdad, ya que nunca lo negó».
Aquí el santo obispo de Milán pone de relieve que los hechos más importantes de la vida de Cristo, incluido su ministerio público y sus milagros, su vida y su Evangelio, su muerte y crucifixión, su entierro y su resurrección eran tan conocidos como para ser innegables incluso para aquellos que no confesaban abiertamente a Cristo. Si los no cristianos decían que Josefo no era cristiano, esto solo le agrega mayor peso a su testimonio. Si ellos aseveraban que él se había hecho cristiano, entonces, ellos debían haber hecho lo mismo.
   
En consecuencia, aquellos escépticos modernos, que conscientes de la gran credibilidad de la que goza Josefo encuentran, no obstante, que su testimonio es inexplicable a causa de su prejuicio a priori contra el cristianismo, merced a la ayuda de la gracia, deben llegar a la realización de que este testimonio es absolutamente cierto. Jesucristo es verdaderamente el Mesías prometido, y Él realmente murió bajo Poncio Pilatos en el 14 de Nisán del 33 A.D. y resucitó al tercer día de entre los muertos.
   
Finalmente, dos santos doctores explican por qué el hecho de la Resurrección es tan incuestionable que, así como la existencia de Dios se puede conocer por sus efectos en la creación, de igual modo, la resurrección del Señor, que es la Nueva Creación, se puede conocer a través de sus efectos en la historia, en la vida de los apóstoles y en aquellos que se convirtieron.
   
«Por esta razón, es decir, por los Milagros [hechos por los Apóstoles] Él pone de manifiesto la evidencia de Su Resurrección de manera inequívoca, para que no solo los hombres de aquellos tiempos -que es lo que resulta de las pruebas presenciales- sino también los hombres de la posteridad puedan tener la certeza del hecho de que ÉL resucitó. Partiendo de esta base podemos también discutir con los no creyentes. Pues si Él no resucitó, sino que continúa estando muerto, ¿cómo pudieron los Apóstoles llevar a cabo milagros en Su nombre? ¿Pero ellos no hicieron milagros, pueden alegar? ¿Como, entonces se instituyó nuestra religión? Por cuanto esto, ciertamente, no se puede negar o impugnar porque lo vemos con nuestros ojos: así, pues cuando dicen que no hubo milagros, se infligen a sí mismos una puñalada aún peor. ¡Qué mayor milagro que éste, que sin que mediase milagro alguno, el mundo entero haya caído con entusiasmo en las redes de doce pobres e ignorantes hombres!».
   
Santo Tomás de Aquino, en la Summa Contra Gentiles, escribió:
«La sabiduría divina que conoce todas las cosas en su plenitud se ha dignado revelar estos sus secretos a los hombres,  y como prueba de ello ha mostrado obras que trascienden la competencia de todos los poderes naturales, en la cura maravillosa de enfermedades, en la resurrección de los muertos y, lo que es aún más extraordinario, en inspiraciones tales de la mente humana que personas simples e ignorantes, llenas del don del Espíritu Santo, han alcanzado en un instante cimas de sabiduría y elocuencia. Como resultado de lo anterior, sin que medie la violencia de las armas, sin promesa alguna de placeres y, lo que es más extraordinario, en medio de la violencia de los perseguidores, una incontable multitud  de hombres, sin educación a la par que muy sabios, se han congregado en la Fe CRISTIANA, en donde se predican doctrinas que trascienden todo conocimiento humano, en la que se refrenan los placeres de los sentidos y en la que se enseña un desprecio por todas las posesiones mundanas. Que las mentes mortales den su consentimiento a tales enseñanzas es el mayor milagro de todos y una obra manifiesta de la inspiración divina que conduce a los hombres a despreciar lo visible y a desear únicamente los bienes invisibles. Esto no ha ocurrido de repente o por casualidad, sino gracias a una disposición divina plasmada en el hecho de que Dios predijo que pretendía hacer esto, a través de los oráculos de Sus Profetas. Los libros de esos profetas son aún venerados entre nosotros y dan testimonio de nuestra fe. Este argumento es abordado en el texto: “La salvación anunciada por el Señor, nos fue luego confirmada por quienes la oyeron, testificando también Dios con señales y prodigios, con toda suerte de milagros y dones del Espíritu Santo repartidos según su voluntad” (Heb. II, 3, 4).
 
Esta conversión tan extraordinaria del mundo a la Fe Cristiana es indiscutiblemente un signo de milagros pasados, que no necesitan ser repetidos, dado que se hacen evidentes en sus efectos. Sería un portento mayor todavía que todos los otros milagros, si careciendo de estos signos extraordinarios el mundo hubiera sido inducido por hombres simples y de humilde cuna a creer en verdades tan arduas, a realizar obras muy difíciles, a esperar por una recompensa tan alta. Y sin embargo, aun en nuestros tiempos, Dios no cesa de obrar milagros a través de Sus santos para la confirmación de la Fe».

miércoles, 8 de abril de 2020

ALABAR A LOS PECADORES ES OCULTAR SU MUERTE ESPIRITUAL

«Los muertos sepultan también a los muertos cuando los pecadores favorecen a los pecadores; pues quien alaba al que peca, le esconde ya muerto bajo la losa de sus palabras». (SAN JERÓNIMO).

lunes, 27 de enero de 2020

UN BIBLISTA CONTRA LA “Biblia para todos”

Por Giuliano Zoroddu para RADIO SPADA. Dedicado a Bergoglio y sus seguidores, con motivo del “Domingo de la Palabra de Dios” celebrado por ellos el día de ayer.
  
Los modernistas se llenan la boca con la Biblia, con la Palabra de Dios. Se llenan la boca como los Protestantes. Y como los Protestantes, tienen como característica la de masacrar las Sagradas Escrituras hasta privarla de cualquier inspiración divina, y enseñar cosas que Ellas condenan. Contra este malsano biblismo publicamos las páginas iniciales del áureo folleto “BIBLIA Y NO BIBLIA” (1935) del padre Giuseppe Ricciotti (1890-1964), biblista de primer orden. Solamente agregamos que ahora ha aumentado el número de aquellos que se ocupan de la Biblia y, también dentro de la tolda eclesial, en manera siempre menos católica.
  
Padre Giuseppe Ricciotti
«Escribe San Jerónimo (y es bueno comenzar por él, para ab Jove inítium -empezar por lo importante-): “Los labradores, albañiles, herreros, carpinteros, hasta los cardadores y bataneros y demás artesanos adquieren con maestro los conocimientos necesarios… Solo la ciencia de las Escrituras es la que todos se atribuyen comunmente: Scribímus indócti doctíque passim!*. La viejezuela charlatana, el viejo caduco, o el locuaz sofista, todos se imaginan tener esta ciencia, y destrozan la Escritura, y la enseñan antes de haberla estudiado. Los unos con grande altanería y frases campanudas disertan entre sabiondas sobre las sagradas Letras. Otros ¡qué vergüenza! aprenden de las mujeres lo que deben enseñar a los hombres; y no contentos con esto, usando un liviano lenguaje, o más bien con procacidad, enseñan a otros lo que no entienden ellos mismos…” (A San Paulino de Nola, epist. 53)**. Y sigue todavía por un artículo; pero me parece que basta.
   
Era lo menos que pudiese escribir un Jerónimo. Pensad: pasar la vida entera estudiando la Biblia; desgastarse en viajes, vigilias, fatigas, visitar lugares, consultar códices, escuchar maestros, siempre con el intento de profundizar el sentido y aumentar el conocimiento del gran libro: después encontrar en toda esquina de calle a la viejezuela charlatana, al viejo caduco y demás compañía, que en materias bíblicas manotean sentencias y resuelven cuestiones enseguida. Seamos justos: era humillante; y verdaderamente no había necesidad de aquel su característico espíritu grosero para escribir así y peor. Jerónimo era un santo.
    
Esto sucedía hace dieciséis siglos. Hoy las cosas han cambiado. En las esquinas de las calles no se habla más de la Biblia: se discute en cambio de política, o al menos de fútbol, de boxeo, de caballos (y dado el carácter de aquella exégesis pizzera, la sustitución no es un gran mal). La Biblia ha quedado a los teólogos, a los escritores, a los predicadores, a cualquier alma piadosa: fuera de estos se ocupan algunos estudiosos especialistas, pocos en número y por lo más, entre los católicos, eclesiásticos.
   
Pero también después de dieciséis siglos, los principios han permanecido. El desdén de Jerónimo, suscitado por su expeiencia personal de las dificultades de la Biblia, se ha concretado en una serie de disposiciones prácticas emanadas por la Iglesia, la cual tiene una experiencia más amplia y más diuturna qu el hombre Jerónimo: aquél desdén y estas disposiciones exigen sustancialmente, que ninguno presuma de tratar la Biblia sin una adecuada preparación, y exhortan (especialmente las disposiciones, con datos fácticos) a hacer sí que sean muchos los provistos de tal preparación.
   
Son libres los protestantes ortodoxos [sic] de estimar la Biblia indispensable y accesible a todos, como única fuente de la Revelación, y por tanto de ponerla en manos de todos en sola traducción, sin presentaciones o comentario alguno. “Heilige Schrift!”. El estribillo resonó con la misma fanática entonación del otro, “¡Templo de Yahveh!”, que expresaba la fetichista seguridad de los Judíos en tiempos de Jeremías (Jeremías 7, 4); pero, como el antiguo estribillo judaico no había servido para preservar el templo y la ciudad de Yahveh de la destrucción realizada años después por los Caldeos, así también el protestante no impidió que el santuario de la Biblia fuese abandonado y después derrocado –¡oh ironía divina!– precisamente por los mismos protestantes. Véase, en algún comentario protestante moderno, cómo es tratada hoy la Biblia, y se comprobará cuánto de la antigua Heiligkeit (sacralidad) luterana le ha quedado. Ha habido quien, más lógico que todos, le ha cambiado el nombre, y la ha llamado en un título de libro Die große Täuschung (El gran engaño)***. ¡Esto se llama hablar con franqueza y disipar toda “ilusión”!
  
La Iglesia siempre ha pensado en la forma diametralmente opuesta a este canon fundamental del protestantismo. Casi desde los primerísimos tiempos (II Pedro 3, 15-16) ella ha insistido sobre la dificultad de entender rectamente la Biblia: ha sostenido que la lectura de este libro divino, confiado a la comunidad entera, no era indispensable a todos sus miembros individualmente considerados: ha multiplicado siempre más con el progreso del tiempo las salvaguardas a fin que, quien se asume el grato y proficuo honor de leerlo para sí mismo y especialmente a otros, esté bien preparado contra las distintas dificultades que aquella lectura presenta».
  
NOTAS DEL TRADUCTOR
* San Jerónimo adapta al efecto el verso «Scribímus indócti doctíque poëmáta passim» (Mas en llegando a hablar de poesía, lo mismo charla el tonto que el discreto) [QUINTO HORACIO FLACO, Epístolas, libro segundo, epístola I a Augusto César, 117. Traducción por D. Francisco Javier de Burgos y del Olmo, Madrid, Librería de José de Cuesta, año 1844, págs. 212-213].
** Traducción tomada de Mons. JEAN-BAPTISTE MALOU (Obispo de Brujas) La lectura de la Biblia en lengua vulgar, juzgada según la Escritura, la Tradición y la sana razón, tomo I, Barcelona, Librería Religiosa, 1866, págs. 281 a 282. Imprimátur por el Padre Juan de Palau y Soler, Vicario General y Gobernador del Obispado de Barcelona, 4 de Octubre de 1865.
*** Friedrich Delitzsch (Erlangen, 3 de septiembre de 1850 – Langenschwalbach, actual Bad Schwalbach, 19 de diciembre de 1922), hijo de Franz (teólogo y hebraísta luterano que realizó y publicó en 1877 Berit Hadasha -בְּרִית חֲדָשָׁה-, la primera traducción del Nuevo Testamento al hebreo) y Clara Delitzsch (nacida Silber). A diferencia de su padre Franz, quien a decir de su contemporáneo el profesor John Duncan «se mantuvo firme en sostener la autoridad e inspiración divinas de todo el Antiguo Testamento, cuando todos parecían rendirse», Friedrich era asiriólogo, y sostenía que el Antiguo Testamento era un producto cultural de la civilizaciòn babilónica –posteriormente se demostró que se basaba en argumentos inexactos– e invitaba a eliminarlo del canon bíblico cristiano, ideas que décadas después influirían en Hitler y otros líderes nazis.

sábado, 11 de mayo de 2019

LAS VIRTUDES DE MARÍA RESPLANDECEN MÁS QUE LA NIEVE


«Líbano significa blancura, y con justicia María es comparada con él, porque sus virtudes le han dado una blancura más brillante que la nieve».
  
SAN JERÓNIMO. Comentario sobre Cánticos IV, 2.

domingo, 30 de septiembre de 2018

SAN JERÓNIMO, ESPADA VIVA DE DIOS

San Jerónimo (detalle del Políptico de Cervara, Gerardo David)
  
San Jerónimo representa en la Iglesia, por excelencia, el espíritu de la polémica. Sus escritos son de una energía incomparable. Él daba respuestas de fuego y admirables, dejando a todos temblando ante él.
  
Este es el celo de la Casa de Dios que devora al hombre. Es una de las formas más características, santas y legítimas del celo. Desde que esto sea hecho por amor a Dios, y no por resentimientos personales, es una cosa santísima: ser una espada viva de Dios.
  
No conozco elogio mayor que decir de alguien que él es la espada viva de Dios, por toda parte cortando.
     
San Jerónimo puede ser considerado el patrono del espíritu polémico.
 
Dr. PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA. Conferencia del 30 de Septiembre de 1964 (Fragmento).

viernes, 30 de septiembre de 2016

SAN JERÓNIMO, CARDENAL, PADRE Y DOCTOR DE LA IGLESIA

"Del mismo modo que fuimos aprobados de Dios para que se nos confiase su Evangelio, así hablamos, no para agradar a los hombres, sino a Dios, que sondea nuestros corazones". (1 Tesalonicenses, 2, 4).

San Jerónimo
 
La vida de San Jerónimo, hombre rico de Panonia que se hizo bautizar en Roma y fue ordenado sacerdote en Antioquía, no es sino una serie ininterrumpida de trabajos emprendidos por la gloria de Dios. Secretario del Papa San Dámaso, enseñó Sagrada Escritura y dio de ella, en latín, su famosa traducción conocida con el nombre de Vulgata, que aprobó el Concilio de Trento. Fue también el azote de las herejías. Su austeridad, sus continuos ayunos y su celo por la conversión de las almas, nos enseñan la virtud y el Evangelio más elocuentemente aun que sus palabras. Murió en el año 420, cerca de los 80 años de edad.
 
MEDITACIÓN SOBRE SAN JERÓNIMO
I. Este santo Doctor abandonó la lectura de los autores profanos, por quienes tenia una especie de pasión, a fin de entregarse de lleno al estudio de los Libros santos. ¿Hasta cuándo perseguirás en tus estudios sólo tu agrado y tu interés? Mira hacia dónde tienden tus vigilias y tus trabajos, y trata de santificarlos mediante la rectitud de tus intenciones. Acuérdate siempre que hay que atribuir a la virtud más valor que a la ciencia. Ama la ciencia, pero prefiere a ella la caridad. (San Agustín)
 
II. San Jerónimo dejó la Ciudad eterna, en la que era colmado de honores, y fue a buscar, en la soledad de Belén, un refugio contra los peligros del mundo. Examina las ocasiones que tienes de ofender a Dios, y abandónalas. En el desierto es donde Jesucristo y un gran número de santos después de Él triunfaron de sus ataques. La gloria del desierto es triunfar del demonio que venció a nuestros primeros padres en el paraíso terrenal. (San Euquerio).
 
III. El pensamiento del juicio fue lo que movió a este gran santo a retirarse a la soledad y a imponerse las más rudas mortificaciones. Es menester que el sonido de aquélla trompeta terrible que deberá citarte ante el tribunal de Dios resuene continuamente en tus oídos. ¿Estás pronto a dar cuenta de tu vida? Piensa en ello a toda hora durante el día, tiembla, como lo hacía este santo; abandona los placeres y abraza la cruz. Cuando el sonido de la trompeta haga temblar la tierra y a los que la habitan, tú estarás gozoso. (San Jerónimo).
  
El pensamiento del juicio. Orad por la educación cristiana de la juventud.
 
ORACIÓN
Oh Dios, que os dignasteis conceder a la Iglesia un admirable intérprete de las Sagradas Escrituras en la persona de vuestro confesor San Jerónimo, ayudadnos, en consideración de sus méritos, a llevar a la práctica lo que enseñó con su palabra y sus actos. Por J. C. N. S. Amén.