jueves, 26 de diciembre de 2013

LARGO CON MACIEL Y ESCRIBA, QUE KIKO ES EL QUE MANDA EN EL VATICANO

Bergoglio siempre apoyó a Kiko Argüello, fundador de los neocatecumenales. Y eso lo deben reconocer hasta los de ZENIT, la agencia informativa de los macielistas, PORQUE LE HAN HECHO UN PANEGÍRICO.

Kiko Argüello Wirtz, fundador de la secta neocatecumenal

Del 27 al 29 de diciembre, la plaza de Colón de Madrid acogerá a miles de padres, jóvenes y niños de toda Europa para celebrar la fiesta de la Sagrada Familia, el tradicional evento que quiere hacer homenaje y recordar la importancia de la familia. Entre los participantes de la VII edición –sobre el tema “Familia, un lugar privilegiado”– estarán presentes numerosos miembros del Camino Neocatecumenal guiados por el iniciador Kiko Argüello que el domingo 29 de diciembre presentará también a todos las familias que serán bendecidas antes de su salida para la missio ad gentes por el mundo. En vista del evento, ZENIT ha entrevistado a Kiko que habla de la participación al evento, pero también de su afinidad con el papa Francisco, la importancia del anuncio del kerygma y la audiencia del 1 de febrero en el aula Pablo VI, en la que el santo padre se encontrará con representantes del Camino Neocatecumenal y las familias preparadas para salir a la misión.

ZENIT: ¿Qué contribución dará el Camino Neocatecumenal a la Fiesta de las Familias de este año?
Kiko Argüello: Como todos los años hemos invitado a todas las familias del Camino a que vengan y den testimonio. Nosotros mismos, los responsables del Camino, estamos sorprendidos de ver la disponibilidad de tantas familias que se ofrecen al mundo entero para la Nueva Evangelización [MILES CHRISTI dixit: Evangelización antropocentrista y ecuménica, NADA QUE VER CON LA EVANGELIZACIÓN CATÓLICA]. Hace unos meses tuvimos una convivencia con todas las familias que se habían ofrecido para anunciar el Evangelio por todo el mundo. Allí se les sorteó el destino. Por un lado teníamos los sitios en los que habían pedido una missio ad gentes (África, Asia, Orleans y Dijon en Francia, por ejemplo) y por otro los nombres de las familias. Y fue sorprendente porque todas se mostraron dispuestas a ir al lugar donde les tocó. Queremos presentar este testimonio. A Madrid van a venir familias de Europa que ya tienen destino y van a ofrecer su misión a la Sagrada Familia de Nazaret y el cardenal Rouco les dará una bendición durante la misa.

ZENIT: ¿De dónde nace la disponibilidad de las familias, esta de la que habla, de ir y anunciar el Evangelio en cualquier lugar del mundo?
K. A.: Viene de la iniciación cristiana. Es urgente llevar la iniciación cristiana a todas las parroquias, es decir, regar la semilla de nuestro bautismo para que se desarrolle en nosotros el hombre nuevo, la nueva creación [MILES CHRISTI dixit: Espionaje al puro estilo de los marranos para atrapar incautos. Nada más hortera]. Dice San Pablo que “Cristo murió por todos para que el hombre no viva más para sí mismo”. La condena que tiene el hombre es que al haberse separado de Dios el pecado original le obliga a vivir todo para sí mismo. El hombre sólo encuentra la felicidad en satisfacer su “yo” y no obstante está siempre insatisfecho porque no puede darse, no puede amar como Cristo nos amó, dando la vida, que es la verdad misma de Dios que es Cristo crucificado [MILES CHRISTI dixit: "Teología horizontal" ¿DIOS DONDE ESTÁ?].
Estas familias gracias a la iniciación cristiana, a una comunidad cristiana, a las catequesis, a la Palabra de Dios, empiezan a desarrollar su fe y comienza a darse en ellos la participación al amor de Dios, porque es Dios quien quiere salvar a los hombres, un deseo de partir, de darse, algo verdaderamente grande.

ZENIT: El domingo 29, presentará las familias que serán bendecidas después el 1 de febrero por el papa Francisco para salir a la missio ad gentes. ¿Quiénes son estas familias?
K. A.: Casi todas estas familias son de Europa, la mayoría de Italia y de España, que es donde hay más comunidades. Son familias jóvenes con muchos niños pequeños que irán en misión a varios países de Asia y África o en zonas de Europa completamente secularizadas donde no hay ninguna presencia de Iglesia: Austria, Bulgaria, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Letonia, justo para dar ejemplo. En total son cerca de 40 missio ad gentes. Cada una de ellas está compuesta por cuatro familias, un sacerdote y un “socio” que acompaña al sacerdote y que puede ser un laico o un seminarista; una hermana mayor que les ayuda, y tres hermanas jóvenes que se ofrecen para la misión y sin hacer votos ayudan a las familias que tienen muchos hijos, en su mayoría pequeños. La gente que les conoce y ven estas comunidades queda impresionada de cómo se relacionan estas familias. Cristo dice “amaos como yo os he amado y en esto conocerán que sois mis discípulos”. Esto se realiza e impresiona al mundo porque las personas ven este amor y quedan impresionadas del ambiente. Hacemos catequesis en casas de no bautizados que dicen quedar siempre “encantados” en ver todos esto, de respirar este aire [MILES CHRISTI dixit: Putrefacto]. Es una nueva forma de evangelización que en lugar de partir de la religiosidad de la gente, desde el templo, parte del amor.

ZENIT: ¿Cómo va la misión del Camino en Asia? ¿Hay frutos concretos?
K. A.: Estamos contentos con Asia. Por ejemplo, en una misión ad gentes de la India ocurrió que llegó la Navidad y las familias se reunieron para cantar villancicos de Navidad, y del Camino, y algunos del pueblo, al escuchar los cantos, se acercaron y llamaron a la casa. Se presentó también el alcalde y les preguntó a las familias si esos cantos los podían ensañar porque les gustaban mucho. Al final se los enseñaron a todo el pueblo. El año pasado se les ocurrió escenificar los villancicos de tal forma que representaron un belén viviente. Es una forma de evangelización [MILES CHRISTI dixit: ¿Buscar Conversiones? ¡Ya pasó de moda! Ahora, puro hippismo recontra-tardío. Y si las hay, al judaísmo]. No conocían nada del cristianismo [MILES CHRISTI dixit: Kiko no reconocería el Cristianismo auténtico ni aunque le pegaran en la cabeza]. La presencia de una familia cristiana (padre, madre e hijos) es siempre una novedad. El matrimonio cristiano cuando es verdaderamente cristiano es sorprendente [MILES CHRISTI dixit: ¡JAJAJA! El matrimonio conciliar es como el matrimonio civil: CONCUBINATO].

ZENIT: La evangelización en Asia ha sido uno de los argumentos principales tratados durante la audiencia con el santo padre el pasado 5 de septiembre. Usted se ha reunido en varias ocasiones con Bergoglio. ¿Qué impresión le ha dado el papa de cerca?
K. A: El Papa me ha impresionado mucho [MILES CHRISTI dixit: EN VERDAD QUE SÍ, sorprende ver a un cordero con voz de dragón]. Es una persona sorprendente y su personalidad es la de un genio [MILES CHRISTI dixit: Como Einstein, y él no era un genio: un destructor]. La primera cosa que me dijo nada más verme fue “vaya lío que has armado en la Iglesia, pero tienes que continuar con ese lío”. La palabra lío después la ha utilizado muchas veces. En la audiencia privada que tuvimos con él en septiembre le dije “Padre, soy un pecador” y me dijo “pues ya somos dos, tú y yo” [MILES CHRISTI dixit: Dos herejes y apóstatas también]. También me dijo “ánimo Kiko, tú eres el responsable de un carisma importante así que lo que tú decidas yo lo respeto” [MILES CHRISTI dixit: Igual que a los maricas y a las que abortan]. Me emociona el amor que está mostrando a los pobres, su insistencia para “salir”, para ayudar y “prestar atención” a los pobres, los enfermos, los ancianos. Dios habla a la Iglesia a través de estos gestos [MILES CHRISTI dixit: ¿Que dios? NO EL MÍO, QUE ES EL DE LA IGLESIA CATÓLICA: JESUCRISTO]. Además, me siento muy unido al santo padre por el nombre, elegido en honor a san Francisco de Asís, un santo al que he estado muy unido siempre. A las chabolas de Madrid me fui con una Biblia, una guitarra y a parte de la imagen de un Cristo y una Virgen puse la de San Francisco de Asís de Cimabue. San Francisco siempre ha estado muy cercano y ha sido para mí un santo “ayudador” [MILES CHRISTI dixit: Los herejes antiguos eran gentes con educación teológica. De Kiko a Lutero hay mucho trecho].
Finalmente el papa está también atacando al clericalismo y promoviendo el rol de los laicos en la Iglesia. Yo rezo por él, por su misión y para que soporte las críticas que le dirigen. Hay mucha gente, de hecho, que se lamenta porque Bergoglio está “desacralizando” la figura del pontífice. Dios le ayudará y la Virgen Santísima le dará fuerza [MILES CHRISTI dixit: Sí, PARA DEMOLER LA CATOLICIDAD DENTRO DE LA IGLESIA CONCILIAR. El Ecône fellayano se jodió, y los acuerdistas, ni hablar].

ZENIT: ¿Qué se espera de la audiencia del 1 de febrero?
K. A.: Esperamos que conozca la realidad de lo que Dios está haciendo con el Camino. Esto no es obra mía, de ningún hombre, sino de Dios [MILES CHRISTI dixit: El Dios y la Virgen de los Católicos se han pronunciado sobre el Camino... ES UNA SECTA JUDÍA vestida de conciliar. AUNQUE LA MONA SE VISTA DE SEDA...]. Y también será un acontecimiento importante que envíe a las familias. Ya hay cerca de 1.000 familias en misión y todas han sido enviadas por los diferentes papas. Por ejemplo, por Juan Pablo II, que con nosotros ha estado grande. Cuando era joven hice un viaje por Escandinavia y me quedé impresionado de su realidad. Le dije al Papa que teníamos que reevangelizar esas naciones llevando familias y él mismo propuso erigir un seminario misionero Redemptoris Mater. Benedicto XVI también ha sido muy importante para el Camino y ha enviado familias en misión. Los carismas no pueden desligarse del sucesor de Pedro porque no subsistirían [MILES CHRISTI dixit: Ratzinger Tauber/Benedicto XVI NUNCA fue católico...].

ZENIT: En el punto 164 de la Evangelii Gaudium el papa escribe: “en la catequesis tiene un rol fundamental el primer anuncio o «kerygma»”. En la boca del catequista vuelve a resonar siempre el primer anuncio “Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte”. El kerygma es el centro de la evangelización que el Camino desarrolla desde hace años en muchas partes del mundo. ¿Qué efecto le ha hecho leer estos pasajes de la exhortación apostólica del papa?
K. A.: Me he quedado sorprendido porque como muchos saben he publicado un libro que se llama “El Kerigma” que es una palabra técnica y que la emplea San Pablo cuando dice que “Dios ha querido salvar a los creyentes a través de la necedad de la predicación”. Como lo escribió en griego, cuando vamos a leerlo en griego no pone la palabra predicación sino “kerigma”. El cristianismo fundamentalmente antes que nada es una noticia. Una noticia de algo que se realiza. El papa en la exhortación apostólica dice que todo catequista tiene que anunciar siempre el kerigma. En el Camino es lo que hemos hecho desde el principio. Cuando visitamos a las comunidades es lo que decimos, porque todos necesitamos que se nos anuncie el amor de Cristo. Todos somos pecadores y necesitamos de constante conversión. Por eso necesitamos el anuncio del Evangelio que es el anuncio del kerigma [MILES CHRISTI dixit: Nada más por decir].

miércoles, 25 de diciembre de 2013

NAVIDAD SANGRIENTA

Tristemente, no en todas partes, la Navidad es una fecha de alegría. 

En Bagdad, la capital de Iraq, mientras los cristianos salían de la Misa de Medianoche oficiada en la iglesia de San José, los terroristas de Al-qaeda perpetraron un atentado con coche-bomba que hasta el momento deja 26 muertos y 38 heridos, pero se teme que las cifras aumenten en las próximas horas.

NO ES UN SECRETO QUE EN IRAQ, EL CATOLICISMO ESTÁ EN VÍAS DE EXTINCIÓN, POR CAUSA DEL FUNDAMENTALISMO ISLÁMICO APOYADO POR LOS NAZIONISTAS.
 
Pero claro, A BERGOGLIO LE VALE NADA LA SANGRE CRISTIANA, porque para él el Islam es "la religión de la paz", y el falso profeta Mahoma un "mensajero de Dios".

Es que para el Vaticano cisma, las relaciones con los musulmanes se basan en la constitución NOSTRA AETATE:
 
La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y a veces también la invocan devotamente. Esperan, además, el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por ello, aprecian la vida moral, y honran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno.Si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes, el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres.
 
NOSOTROS LOS VERDADEROS CATÓLICOS, LOS DE LA IGLESIA QUE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO FUNDÓ, DEBEMOS RECHAZAR EL ISLAM Y A SUS DEFENSORES.

MANDELA, AGENTE DEL MOSSAD

Transcrito del diario ABC y de LA NACIÓN
 
Mandela, agente del nazionismo
 
El difunto líder sudafricano recibió instrucción en el manejo de armas, defensa personal o sabotajes, según el diario Haaretz.
 
La vida y obra de Nelson Mandela sigue trayendo sorpresas dos semanas después de ser enterrado. Toca el turno ahora a los servicios secretos israelíes del Mossad, que se habrían encargado de adiestrarlo en 1962 en Etiopía en una época en la que el líder sudafricano escapó de su país para evitar ser encarcelado, según informa el diario israelí Haaretz.
 
Este dato, hasta ahora desconocido de la vida de Mandela, ha salido a la luz gracias a una carta con fecha 11 de octubre de 1962 enviada por el Mossad al director para África del ministerio israelí de Asuntos Extranjeros. Es un documento secreto del que hasta ahora no se había informado.
 
Carta del Mossad al Director para África del Ministerio de Asuntos Extranjeros de Israel donde se recomienda a Nelson Rolihlahla Mandela para entrenamiento militar (En el documento, la frase inglesa “BLACK PIMPERNEL” -Pimpinela negra- es el nombre clave de la operación)
 
Pasaporte etiope de Mandela, que con el alias de David Motsamayi, viajó por varios países africanos
 
El documento sale ahora a la luz para tratar de hacer ver que la manera de pensar del Mandela no era tan negativa como se pensaba. En él se dice incluso que saludaba a sus formadores con el tradicional «shalom» hebreo y el agente que escribió la carta reconoce que «intentamos hacer de él un sionista».
 
Gran apoyo de los hebreos a Mandela y de él hacia los hebreos
 
En su juventud, Mandela obtuvo su primer empleo con una afamada firma de abogados. La inconformidad de algunos socios del bufete con la contratación del joven negro, prohibida por ley, venido de una barriada misérrima, sumida en el hambre y las enfermedades, la frenó el miembro de la firma que contrató a Mandela. La firmeza del jurista quedó marcada en la memoria del nuevo empleado, así como el hecho de que su benefactor era judío.
  
Mandela apoyó a los nazionistas porque él fue ayudado por un judío
 
A lo largo de aquellos años del apartheid, Mandela hizo amistad con muchos judíos que, calladamente, y otros mucho menos discretos, le brindaron apoyo a su causa y, más tarde, al Congreso Nacional Africano que hizo bandera del pensamiento de su dirigente.
 
La colaboración judía fue de inmensa importancia durante la lucha contra el Gobierno y, más tarde, cuando le impusieron una pena de cárcel de por vida. Los cambios políticos promovidos por Mandela para acabar pacíficamente con el apartheid fructificaron.
  
En 1990 Mandela fue invitado por Estados Unidos para una visita oficial. En diferentes foros Mandela subrayó su agradecimiento a la comunidad judía sudafricana por su ayuda durante los 27 años de prisión que sufrió. El éxito del viaje a Estados Unidos, no obstante, fue opacado por el malestar de la comunidad cubana por el abrazo de Mandela con Fidel Castro. También la bienvenida del conglomerado judío fue tibia por la estrecha amistad de Mandela con Arafat.
 
Los camaradas Mandela y Fidel mantuvieron una férrea amistad
 
Mandela, en diversos foros y reuniones, antes y después de su visita a Estados Unidos, explicó con serenidad que en las condiciones sufridas durante su larga estadía en prisión, y durante muchos años antes, había recibido apoyo de la Comunidad Judía Sudafricana. Su gratitud, dijo Mandela, lo comprometía en ese momento y después a reciprocar el caudal de cariño que los judíos le brindaron.
 
No obstante, Mandela insistió en tener también una deuda de gratitud con Arafat por haberlo respaldado durante esa difícil prueba. Apeló, asimismo, a la comprensión de los judíos de Sudáfrica y al Estado de Israel, conocedores de la dureza de ciertas épocas en que el apoyo de amigos y organizaciones se torna vital. Reiteró la observación de que, en momentos en que Israel sufría un extenso embargo, la relación con el régimen de Pretoria fue un alivio, por lo que él –Mandela– no guardaba resentimiento. Sobre los vínculos con Fidel Castro y Gadafi, dio una explicación similar.
 
Con Mohammar Gaddafi

EL NACIMIENTO DE NUESTRO SEÑOR, SEGÚN LA BEATA ANA CATALINA EMMERICK

Así describe Sor Ana Catalina Emmerick el Nacimiento de nuestro Salvador, y muchos detalles desconocidos alrededor del Acontecimiento que partió la historia en dos:

CAPÍTULO XLIII
José y María se refugian en la gruta de Belén

Era bastante tarde cuando José y María llegaron hasta la boca de la gruta. La borriquilla, que desde la entrada de la Sagrada Familia en la casa paterna de José había desaparecido corriendo en torno de la ciudad, corrió entonces a su encuentro y se puso a brincar alegremente cerca de ellos. Viendo esto la Virgen, dijo a José: "Ves, seguramente es la voluntad de Dios que entremos aquí". José condujo el asno bajo el alero, delante de la gruta; preparó un asiento para María, la cual se sentó mientras él hacía un poco de luz y penetraba en la gruta. La entrada estaba un tanto obstruida por atados de paja y esteras apoyadas contra las paredes. También dentro de la gruta había diversos objetos que dificultaban el paso. José la despejó, preparando un sitio cómodo para María, por el lado del Oriente. Colgó de la pared una lámpara encendida e hizo entrar a María, la cual se acostó sobre el lecho que José le había preparado con colchas y envoltorios. José le pidió humildemente perdón por no haber podido encontrar algo mejor que este refugio tan impropio; pero María, en su interior, se sentía feliz, llena de santa alegría. Cuando estuvo instalada María, José salió con una bota de cuero y fue detrás de la colina, a la pradera, donde corría una fuente, y llenándola de agua volvió a la gruta.
  
Más tarde fue a la ciudad, donde consiguió pequeños recipientes y un poco de carbón. Como se aproximaba la fiesta del sábado y eran numerosos los forasteros que habían entrado en la ciudad, se instalaron mesas en las esquinas de algunas calles con los alimentos más indispensables para la venta. Creo que había personas que no eran judías. José volvió trayendo carbones encendidos en una caja enrejada; los puso a la entrada de la gruta y encendió fuego con un manojito de astillas; preparó la comida, que consistió en panecillos y frutas cocidas. Después de haber comido y rezado, José preparó un lecho para María Santísima. Sobre una capa de juncos tendió una colcha semejante a las que yo había visto en la casa de Ana y puso otra arrollada por cabecera. Luego metió al asno y lo ató en un sitio donde no podía incomodar; tapó las aberturas de la bóveda por donde entraba aire, y dispuso en la entrada un lugarcito para su propio descanso.
 
Cuando empezó el sábado, José se acercó a María, bajo la lámpara, y recitó con ella las oraciones correspondientes; después salió a la ciudad. María se envolvió en sus ropas para el descanso. Durante la ausencia de José la vi rezando de rodillas. Luego se tendió a dormir, echándose de lado. Su cabeza descansaba sobre un brazo, encima de la almohada. José regresó tarde. Rezó una vez más y se tendió humildemente en su lecho a la entrada de la gruta. María pasó la fiesta del sábado rezando en la gruta, meditando con gran concentración. José salió varias veces: probablemente fue a la sinagoga de Belén. Los vi comiendo alimentos preparados días antes y rezando juntos.
  
Por la tarde, cuando los judíos suelen hacer su paseo del sábado, José condujo a María a la gruta de Maraha, nodriza de Abrahán. Allí se quedó algún tiempo. Esta gruta era más espaciosa que la del pesebre y José dispuso allí otro asiento. También estuvo bajo el árbol cercano, orando y meditando, hasta que terminó el sábado. José la volvió a llevar, porque María le dijo que el nacimiento tendría lugar aquel mismo día a medianoche, cuando se cumplían los nueve meses transcurridos desde la salutación del ángel del Señor. María le había pedido que lo tuviera dispuesto todo, de modo que pudiesen honrar en la mejor forma posible la entrada al mundo del Niño prometido por Dios y concebido en forma sobrenatural. Pidió también a José que rezara con ella por las gentes que, a causa de la dureza de sus corazones, no habían querido darles hospitalidad. José le ofreció traer de Belén a dos piadosas mujeres, que conocía; pero María le dijo que no tenía necesidad del socorro de nadie. En cuanto se puso el sol, antes de terminar el sábado, José volvió a Belén, donde compró los objetos más necesarios: una escudilla, una mesita baja, frutas secas y pasas de uva, volviendo con todo esto a la gruta. Fue a la gruta de Maraha y llevó a María a la del pesebre, donde María se sentó sobre sus colchas, mientras José preparaba la comida. Comieron y rezaron juntos. Hizo José una separación entre el lugar para dormir y el resto de la gruta, ayudándose de unas pértigas de las cuales suspendió algunas esteras que se encontraban allí. Dio de comer al asno que estaba a la izquierda de la entrada, atado a la pared. Llenó el comedero del pesebre de cañas y de pasto y musgo y por encima tendió una colcha. Cuando la Virgen le indicó que se acercaba la hora, instándole a ponerse en oración, José colgó del techo varias lámparas encendidas y salió de la gruta, porque había escuchado un ruido a la entrada. Encontró a la pollina que hasta entonces había estado vagando en libertad por el valle de los pastores y volvía ahora, saltando y brincando, llena de alegría, alrededor de José. Este la ató bajo el alero, delante de la gruta y le dio su forraje. Cuando, volvió a la gruta vio, antes de entrar en ella, a la Virgen rezando de rodillas sobre su lecho, vuelta de espaldas y mirando al Oriente. Le pareció que toda la gruta estaba en llamas y que María estaba rodeada de luz sobrenatural. José miró todo esto como Moisés la zarza ardiendo. Luego, lleno de santo temor, entró en su celda y se prosternó hasta el suelo en oración.
 
CAPÍTULO XLIV
Nacimiento de Jesús


He visto que la luz que envolvía a la Virgen se hacía cada vez más deslumbrante, de modo que la luz de las lámparas encendidas por José no eran ya visibles. María, con su amplio vestido desceñido, estaba arrodillada con la cara vuelta hacia Oriente. Llegada la medianoche la vi arrebatada en éxtasis, suspendida en el pecho. El resplandor en torno a ella crecía por momentos. Toda la naturaleza parecía sentir una emoción de júbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados el suelo y el atrio parecía palpitar bajo la luz intensa que los envolvía. Luego ya no vi más la bóveda. Una estela luminosa, que aumentaba sin cesar en claridad, iba desde María hasta lo más alto de los cielos. Allá arriba había un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la Tierra, y aparecieron con claridad seis coros de ángeles celestiales. La Virgen Santísima, levantada de la tierra en medio del éxtasis, oraba y bajaba las miradas sobre su Dios, de quien se había convertido en Madre. El Verbo eterno, débil Niño, estaba acostado en el suelo delante de María.

Vi a Nuestro Señor bajo la forma de un pequeño Niño todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de María. Me parecía muy pequeñito y que iba creciendo ante mis ojos; pero todo esto era la irradiación de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cómo pude mirarla. La Virgen permaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al Niño con un paño, sin tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos. Poco tiempo después vi al Niño que se movía y le oí llorar. En ese momento fue cuando María pareció volver en sí misma y, tomando al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechándole contra su pecho. Se sentó, ocultándose toda ella con el Niño bajo su amplio velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces que los ángeles, en forma humana, se hincaban delante del Niño recién nacido para adorarlo. 

Cuando había transcurrido una hora desde el nacimiento del Niño Jesús, María llamó a José, que estaba aún orando con el rostro pegado a la tierra. Se acercó, lleno de júbilo, de humildad y de fervor. Sólo cuando María le pidió que apretase contra su corazón el Don Sagrado del Altísimo, se levantó José, recibió al Niño entre sus brazos, y derramando lágrimas de pura alegría, dio gracias a Dios por el Don recibido del Cielo.
  
María fajó al Niño: tenía sólo cuatro pañales. Más tarde vi a María y a José sentados en el suelo, uno junto al otro: no hablaban, parecían absortos en muda contemplación. Ante María, fajado como un niño común, estaba recostado Jesús recién nacido, bello y brillante como un relámpago. "¡Ah, decía yo, este lugar encierra la salvación del mundo entero y nadie lo sospecha!"
  
He visto que pusieron al Niño en el pesebre, arreglado por José con pajas, lindas plantas y una colcha encima. El pesebre estaba sobre la gamella cavada en la roca, a la derecha de la entrada de la gruta, que se ensanchaba allí hacia el Mediodía.

Cuando hubieron colocado al Niño en el pesebre, permanecieron los dos a ambos lados, derramando lágrimas de alegría y entonando cánticos de alabanza. José llevó el asiento y el lecho de reposo de María junto al pesebre. Yo veía a la Virgen, antes y después del nacimiento de Jesús, arropada en un vestido blanco, que la envolvía por entero. Pude verla allí durante los primeros días sentada, arrodillada, de pie, recostada o durmiendo; pero nunca la vi enferma ni fatigada.

CAPÍTULO XLV
Señales en la naturaleza. Anuncio a los pastores
 

He visto en muchos lugares, hasta en los más lejanos, una insólita alegría, un extraordinario movimiento en esta noche. He visto los corazones de muchos hombres de buena voluntad reanimados por un ansia, plena de alegría, y, en cambio, los corazones de los perversos llenos de temores. Hasta en los animales he visto manifestarse alegría en sus movimientos y brincos. Las flores levantaban sus corolas, las plantas y los árboles tomaban nuevo vigor y verdor, y esparcían sus fragancias y perfumes. He visto brotar fuentes de agua de la tierra. En el momento mismo del nacimiento de Jesús, brotó una fuente abundante en la gruta de la colina del Norte. Cuando al día siguiente lo notó José, le preparó en seguida un desagüe. El cielo tenía un color rojo oscuro sobre Belén, mientras se veía un vapor tenue y brillante sobre la gruta del pesebre, el valle de la gruta de Maraña y el valle de los pastores.

A legua y media más o menos de la gruta de Belén, en el valle de los pastores, había una colina donde empezaba una serie de viñedos que se extendía hasta Gaza. En las faldas de la colina estaban las chozas de tres pastores, jefes de las familias de los demás pastores de las inmediaciones. A distancia doble de la gruta del pesebre se encontraba lo que llamaban la torre de los pastores. Era un gran andamiaje piramidal, hecho de madera, que tenía por base enormes bloques de la misma roca: estaba rodeado de árboles verdes y se alzaba sobre una colina aislada en medio de una llanura. Estaba rodeado de escaleras; tenía galerías y torrecillas, todo cubierto de esteras. Guardaba cierto parecido con las torres de madera que he visto en el país de los Reyes Magos, desde donde observaban las estrellas. Desde lejos producía la impresión de un gran barco con muchos mástiles y velas. Desde esta torre se gozaba de una espléndida vista de toda la comarca. Se veía a Jerusalén y la montaña de la tentación en el desierto de Jericó. Los pastores tenían allí a los hombres que vigilaban la marcha de los rebaños y avisaban a los demás tocando cuernos de caza, si acaso había alguna incursión de ladrones o gentede guerra. Las familias de los pastores habitaban esos lugares en un radio de unas dos leguas. Tenían granjas aisladas, con jardines y praderas. Se reunían junto a la torre, donde guardaban los utensilios que tenían en común. A lo largo de la colina de la torre, estaban las cabañas, y algo apartado de éstas había un gran cobertizo con divisiones donde habitaban las mujeres de los pastores guardianes: allí preparaban la comida. He visto que en esta noche parte de los rebaños estaban cerca de la torre, parte en el campo y el resto bajo un cobertizo cerca de la colina de los pastores.

Al nacimiento de Jesucristo vi a estos tres pastores muy impresionados ante el aspecto de aquella noche tan maravillosa; por eso se quedaron alrededor de sus cabañas mirando a todos lados. Entonces vieron maravillados la luz extraordinaria sobre la gruta del pesebre. He visto que se pusieron en agitado movimiento los pastores que estaban junto a la torre, los cuales subieron a su mirador dirigiendo la vista hacia la gruta. Mientras los tres pastores estaban mirando hacia aquel lado del cielo, he visto descender sobre ellos una nube luminosa, dentro de la cual noté un movimiento a medida que se acercaba.Primero vi que se dibujaban formas vagas, luego rostros, finalmente oí cánticos muy armoniosos, muy alegres, cada vez más claros. Como al principio se asustaran los pastores, apareció un ángel ante ellos, que les dijo: "No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría para todo el pueblo de Israel. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor. Por señal os doy ésta: encontraréis al Niño envuelto en pañales, echado en un pesebre". Mientras el ángel decía estas palabras, el resplandor se hacía cada vez más intenso a su alrededor. Vi a cinco o siete grandes figuras de ángeles muy bellos y luminosos. Llevaban en las manos una especie de banderola larga, donde se veían letras del tamaño de un palmo y oí que alababan a Dios cantando: "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra para los hombres de buena voluntad".

Más tarde tuvieron la misma aparición los pastores que estaban junto a la torre. Unos ángeles también aparecieron a otro grupo de pastores, cerca de una fuente, al Este de la torre, a unas tres leguas de Belén. No he visto que los pastores fueran en seguida a la gruta del pesebre, porque unos se encontraban a legua y media de distancia y otros a tres: los he visto, en cambio, consultándose unos a otros acerca de lo que llevarían al recién nacido y preparando los regalos con toda premura. Llegaron a la gruta del pesebre al rayar el alba.
   
CAPÍTULO XLVI
Señales en Jerusalén, en Roma y en otros pueblos


Esta noche vi en el Templo a Noemí, la maestra de María, a la profetisa Ana y al anciano Simeón. Vi, en Nazaret, a Ana, y en Jutá, a Santa Isabel. Todos tenían visiones y revelaciones del nacimiento del Salvador. He visto al pequeño Juan Bautista, cerca de su madre, manifestando una alegría muy grande. Vieron y reconocieron a María en medio de aquellas visiones, aunque no sabían donde había tenido lugar el acontecimiento. Isabel tampoco lo sabía. Sólo Ana sabía que tenía lugar en Belén. Esta noche vi en el Templo un acontecimiento admirable y extraño: todos los rollos de escrituras de los saduceos saltaban fuera de los armarios donde estaban encerrados, dispersándose. Este suceso causó mucho espanto en todos, pero los saduceos lo atribuyeron a efectos de brujería, y repartieron dinero a los que lo sabían para que mantuvieran el secreto.

He visto muchas cosas en Roma esta noche. Cuando Jesús nació vi un barrio de la ciudad, donde vivían muchos judíos: allí brotó una fuente de aceite que causó maravilla a todos los que la vieron. Una estatua magnífica de Júpiter cayó de su pedestal en añicos, porque se desplomó la bóveda del templo. Los paganos se llenaron de terror, hicieron sacrificios y preguntaron a otro ídolo, el de Venus, creo, qué significaba aquello. El demonio respondió, por medio de la estatua: "Esto ha sucedido porque una Virgen ha concebido un Hijo sin dejar de ser virgen; y este Niño acaba de nacer". Este ídolo habló también desde la fuente de aceite. En el sitio donde brotó la fuente se alzó una iglesia dedicada a la Virgen María, Madre de Dios. Los sacerdotes paganos estaban consternados y hacían averiguaciones.

Setenta años antes de estos hechos vivía en Roma una buena y piadosa mujer. No recuerdo ahora si era judía. Se llamaba algo así como Serena o Cyrena y poseía algunos bienes de fortuna. Por ese tiempo se había recubierto de oro y piedras preciosas el ídolo de Júpiter y se le ofrecían sacrificios solemnes. La mujer tuvo visiones, y a consecuencia de ellas hizo varias profecías, diciendo públicamente a los paganos que no debían rendir honores al ídolo de Júpiter ni hacerle sacrificios, pues vendría un día en que lo verían caer hecho pedazos. Los sacerdotes la hicieron comparecer y le preguntaron cuándo habían de suceder estas cosas. Como no pudo determinar el tiempo, fue encerrada en prisión y maltratada, hasta que Dios le hizo conocer que ello sucedería cuando una Virgen purísima diera a luz un Niño. Cuando dio esta respuesta, se burlaron de ella y la dejaron en libertad, reputándola por loca. Sólo cuando se derrumbó el templo, haciendo pedazos al ídolo, reconocieron que había dicho la verdad, maravillándose de la época fijada y del acontecimiento, aunque no sabían que la Santísima Virgen había sido la Madre e ignorando el nacimiento del Salvador. He visto que los magistrados de Roma se informaron de estos hechos, como de la fuente que había brotado. Uno de ellos fue un tal Léntulo, abuelo de Moisés, sacerdote y mártir, y de aquel otro Léntulo, que fue amigo de San Pedro en Roma.
  
Relacionado con el emperador Augusto he visto algo que ahora no recuerdo bien. Vi al emperador con otras personas sobre una colina de Roma, en uno de cuyos lados se encontraba el templo, cuya techumbre se había derrumbado. Por unas gradas se llegaba hasta la cumbre de la colina donde había una puerta dorada. Era un lugar donde se ventilaban asuntos de interés. Cuando el emperador bajó de la colina, vio a la derecha, encima de ella, una aparición en el cielo. Era una Virgen sobre un arco iris, con un Niño en el aire, que parecía salir de ella. Creo que, el emperador fue el único que vio esta aparición. Para conocer su significado hizo consultar a un oráculo que había enmudecido, el cual en esa ocasión habló de un Niño recién nacido, a quien todos debían adorar y rendir homenaje. El emperador hizo erigir un altar en el sitio de la colina donde había visto la aparición, y después de haber ofrecido sacrificios, lo dedicó al Primogénito de Dios. He olvidado otros detalles de este hecho.
He visto en Egipto un hecho que anunció el nacimiento de Jesucristo. Mucho más allá de Matarea, de Heliópolis y de Menfis había un gran ídolo que pronunciaba habitualmente toda clase de oráculos, y que de pronto enmudeció. El Faraón mandó hacer sacrificios en todo el país a fin de saber por qué causa había callado. El ídolo fue obligado por Dios a responder que guardaba silencio y debía desaparecer, porque había nacido el Hijo de la Virgen y que en aquel mismo sitio se levantaría un templo en honor de la Virgen. El Faraón hizo levantar un templo allí mismo cerca del que había antes en honor del ídolo. No recuerdo todo lo sucedido; sólo sé que el ídolo fue retirado y que se levantó un templo a la anunciada Virgen y a su Niño, siendo honrados a la manera de ellos.
  
Al tiempo del nacimiento de Jesucristo vi una maravillosa aparición que se presentó a los Reyes Magos en su país. Estos Magos eran observadores de los astros y tenían sobre una montaña una torre en forma de pirámide, donde siempre se encontraba uno de ellos con los sacerdotes observando el curso de los astros y las estrellas. Escribían sus observaciones y se las comunicaban unos a otros. Esta noche creo haber visto a dos de los Reyes Magos sobre la torre piramidal. El tercero, que habitaba al Este del Mar Caspio, no estaba allí. Observaban una determinada constelación en la cual veían de cuando en cuando variantes, con diversas apariciones. Esta noche vi la imagen que se les presentaba. No la vieron en una estrella, sino en una figura compuesta de varias de ellas, entre las cuales parecía efectuarse un movimiento. Vieron un hermoso arco iris sobre la media luna y sobre el arco iris sentada a la Virgen. Tenía la rodilla izquierda ligeramente levantada y la pierna derecha más alargada, descansando el pie sobre la media luna. A la izquierda de la Virgen, encima del arco iris, apareció una cepa de vid, y a la derecha, un haz de espigas de trigo. Delante de la Virgen vi elevarse como un cáliz semejante al de la última Cena. Del cáliz vi salir al Niño, y por encima de Él, un disco luminoso parecido a una custodia vacía, de la que partían rayos semejantes a espigas. Por eso pensé en el Santísimo Sacramento. Del costado derecho del Niño salió una rama, en cuya extremidad apareció, a semejanza de una flor, una iglesia octogonal con una gran puerta dorada y dos pequeñas laterales. La Virgen hizo entrar al cáliz, al Niño y a la hostia en la iglesia, cuyo interior pude ver, y que en aquel momento me pareció muy grande. En el fondo había una manifestación de la Santísima Trinidad. La iglesia se transformó luego en una ciudad brillante, que me pareció la Jerusalén celestial. En este cuadro vi muchas cosas que se sucedían y parecían nacer unas de otras, mientras yo miraba el interior de la iglesia. Ya no puedo recordar en qué forma se fueron sucediendo. Tampoco recuerdo de qué manera supieron los Reyes Magos que Jesús había nacido en Judea. El tercero de los Reyes, que vivía muy distante, vio la aparición al mismo tiempo que los otros. Los Reyes sintieron una alegría muy grande, juntaron sus dones y regalos y se dispusieron para el viaje. Se encontraron al cabo de varios días de camino. Los días que precedieron al nacimiento de Jesús, los veía sobre su observatorio; donde tuvieron varias visiones.

CAPÍTULO XLVIII
Fecha del nacimiento del Redentor
  
Jesucristo nació antes de cumplirse el año 3997 del mundo. Más tarde fueron olvidados los cuatro años, menos algo, transcurridos desde su nacimiento hasta el fin del 4000. Después se hizo comenzar nuestra era cuatro años más tarde. Uno de los cónsules de Roma, llamado Léntulo, fue antepasado del sacerdote y mártir Moisés, del cual tengo una reliquia. Había vivido en tiempos de San Cipriano. De él desciende aquel otro Léntulo que fue amigo de San Pedro en Roma. Herodes reinó cuarenta años. Durante siete años no fue independiente; pero ya desde aquel tiempo oprimía al país y cometía actos de crueldad. Murió, creo, en el año sexto de la vida de Jesús; su muerte se guardó en secreto por algún tiempo. Herodes fue siempre sanguinario y hasta en sus últimos días hizo mucho daño. Lo vi arrastrándose en medio de una amplia habitación acolchada, con una lanza a su lado, queriendo herir a las personas que se le acercaban. Jesús nació más o menos en el año treinta y cuatro de su reinado.
  
Unos dos años antes de la entrada de María en el templo, Herodes mandó hacer algunas construcciones allí. No hizo de nuevo el templo, sino algunas reformas y mejoras. La huida a Egipto se produjo cuando Jesús tenía nueve meses, y la matanza de los inocentes ocurrió durante el segundo año de la edad de Jesús. El nacimiento de Jesús tuvo lugar en un año judío de trece meses, que era un arreglo semejante a nuestros años bisiestos. Creo también que los judíos tenían meses de veinte días dos veces al año y uno de veintidós días. Pude oír algo de esto a propósito de los días de fiesta; pero ahora no me queda más que un recuerdo confuso. He visto que se hicieron varias veces cambios en el calendario. Sucedió esto al salir de un cautiverio, mientras se trabajaba en la reconstrucción del Templo. He visto al hombre que cambió el calendario y supe también su nombre.

CAPÍTULO XLIX
Los pastores acuden con sus presentes

  
A la caída de la tarde los tres pastores jefes se dirigieron a la gruta del pesebre con los regalos, consistentes en animalitos parecidos a los corzos. Si eran cabritos, eran muy distintos de los de nuestro país, pues tenían cuellos largos, ojos hermosos muy brillantes, eran muy graciosos y ligeros al correr, tíos pastores los llevaban atados con delgados cordeles. Traían sobre los hombros aves que habían matado, y bajo el brazo otras vivas de mayor tamaño. Al llegar, llamaron tímidamente a la puerta de la gruta y San José les salió al encuentro. Ellos repitieron lo que les habían anunciado los ángeles y dijeron que deseaban rendir homenaje al Niño de la Promesa y a ofrecerle sus pobres obsequios. José aceptó sus regalos con humilde gratitud y los llevó junto a la Virgen, que se hallaba sentada cerca del pesebre, con el Niño Jesús sobre sus rodillas. Los tres pastores se hincaron con toda humildad, permaneciendo mucho rato en silencio, como absortos en una alegría indecible. Cantaron luego el cántico que habían oído a los ángeles y un salmo que no recuerdo. Cuando estaban por irse, María les dio al Niño, que ellos tomaron en sus brazos, uno después de otro, y llorando de emoción lo devolvieron a María, y se retiraron.

Por la noche vinieron de la torre de los pastores, a cuatro leguas del pesebre, otros pastores con sus mujeres y sus niños. Traían pájaros, huevos, miel, madejas de hilo de diversos colores, pequeños atados que parecían de seda cruda y ramas de una planta parecida al junco. Esta planta tiene unas espigas llenas de semillas gruesas. Después que entregaron estos regalos a San José, se acercaron humildemente al pesebre, al lado del cual se hallaba María sentada. Saludaron a la Madre y al Niño; después, de rodillas, cantaron hermosos salmos, el Gloria in excelsis de los ángeles y algunos otros muy breves. Yo cantaba con ellos. Cantaban a varias voces y yo hice una vez la voz alta. Recuerdo más o menos lo siguiente: "¡Oh Niñito, bermejo como la rosa, pareces semejante a un mensajero de paz!" Cuando se despidieron, se inclinaban ante el pesebre como si besaran al Niño.

Hoy he vuelto a ver a los tres pastores, ayudando a San José, uno después de otro, a disponer todo con mayor comodidad en la gruta del pesebre y en las cavernas laterales. He visto también junto a la Virgen varias piadosas mujeres que la ayudaban en diversos servicios. Eran esenias que habitaban no lejos de la gruta en una angostura situada al Oriente. Estas mujeres vivían en unas especies de casas abiertas en la roca a considerable altura de la colina. Tenían jardincitos cerca de sus casas y se ocupaban en instruir a los niños de los esenios. San José las había hecho venir porque desde su niñez conocía a esta asociación. Cuando huía de sus hermanos habíase refugiado varias veces con esas piadosas mujeres en la gruta del pesebre. Estas acercábanse una tras otra a María, trayendo provisiones, y atendían los quehaceres de la Sagrada Familia.

Hoy he visto una escena muy conmovedora: José y María sé hallaban junto al pesebre, contemplando con profunda ternura al Niño Jesús. De pronto el asno se echó también de rodillas y agachó la cabeza hasta la tierra en acto de adoración. María y José lloraban emocionados. Por la noche llegó un mensaje de Santa Ana. Un anciano llegó de Nazaret con una viuda parienta de Ana, a la cual servía. Traían diversos objetos para María. Al ver al Niño se conmovieron extraordinariamente: el viejo derramaba lágrimas de alegría. Volvió a ponerse en camino llevando noticias de lo visto a Ana, mientras la viuda se quedó para servir a María.

Hoy he visto que la Virgen con el Niño Jesús, acompañada de la criada de Ana, salieron de la gruta del pesebre durante algunas horas. María se refugió en la gruta lateral, donde había brotado la fuente después del nacimiento de Jesucristo. Pasó unas cuatro horas en esa gruta, en la cual habría de estar más tarde, dos días enteros. José había estado arreglándola desde la mañanapara que pudiera estar allí con más comodidad. Se refugiaron en esa gruta, por inspiración interior, pues habían venido personas de Belén a ver la gruta del pesebre, y paréceme que eran emisarios de Herodes. A consecuencias de las conversaciones de los pastores había corrido la voz de que algo milagroso había sucedido allí al tener lugar el nacimiento del Niño. Vi a esos hombres hablando un rato con José, a quien hallaron con los pastores delante de la gruta del pesebre, y luego se fueron, riéndose y burlándose, cuando vieron la pobreza del lugar y la simplicidad de las personas. María, después de haberse quedado cuatro horas oculta en la gruta lateral, volvió a la del pesebre con el Niño Jesús.

En la gruta del pesebre reina una amable tranquilidad, pues nadie viene hasta este lugar y sólo los pastores están en comunicación con ella. En la ciudad de Belén nadie se ocupa de lo que pasa en la gruta, pues hay mucha gente, agitación y movimiento por razón de los forasteros. Se venden y matan muchos animales porque algunos forasteros pagan sus impuestos con ganado. Veo que hay también paganos como criados y servidores. Por la mañana el dueño de la última posada adonde se habían alojado José yMaría a pasar la noche, envió un criado a la gruta del pesebre con varios regalos. Él mismo llegó más tarde para rendir homenaje al Niño Jesús. La noticia de la aparición del ángel a los pastores del valle en el momento del nacimiento de Jesús, fue causa de que todos los pastores y gentes del valle oyeran hablar del maravilloso Niño de la Promesa. Todos ellos acuden para honrarlo.

Hoy mismo varios pastores y otras buenas personas llegaron a la gruta del Pesebre y honraron al Niño con mucha devoción. Llevaban trajes de fiesta porque iban a Belén para la solemnidad del sábado. Entre estos visitantes vi a aquella mujer que el 20 de Noviembre había compensado la grosería de su marido con la santa Familia, ofreciéndole hospitalidad. Hubiera podido ir más fácilmente a Jerusalén, porque está más cerca, para la fiesta del sábado, pero quiso hacer un rodeo más largo para ir a Belén y ver al Niño santo y a sus padres. Sintióse después muy feliz por haberles ofrecido esta prueba de su afecto. Por la tarde vi a un pariente de José, al lado de cuya casa la Sagrada Familia había pasado la noche del 22 de Noviembre: ahora venía al Pesebre para ver y saludar al Niño. Este hombre era el padre de Jonadab, el cual, en la hora de la crucifixión, llevó a Jesús un lienzo para que se cubriera con él. Supo que José había pasado cerca de su casa y había oído hablar de los hechos maravillosos que acontecieron en el nacimiento del Niño, y teniendo que ir a Belén para el sábado, llegó hasta la gruta trayendo algunos regalos. Saludó a María y rindió homenaje al Niño. José lo recibió amistosamente; pero no quiso aceptar de él nada, y sólo le pidió prestado algún dinero dándole en garantía la borriquilla a condición de recuperarla al devolverle el dinero. José necesitaba ese dinero para emplearlo en los regalos que debía hacer en la ceremonia de la circuncisión y en la comida que habría de ofrecer.

FÉLIX ALARCÓN HOYOS: "LA LEGIÓN DE MACIEL DEBE DESAPARECER"

Traemos la entrevista que el Rev. Félix Alarcón Hoyos, sacerdote conciliar ex Legionario de Cristo y víctima de Marcial Maciel, concedió a Jesús Bastante para RELIGIÓN DIGITAL. En ella, Alarcón revela algunas experiencias amargas de su propia vida y ministerio, descubre algunos escabrosos detalles del pasado de Maciel (Aconsejamos a los lectores discreción, y que no sea leída por menores de edad o personas sensibles); y plantea el escenario de que en el Capítulo General del 8 de Enero de 2014, la Legión de Cristo desaparezca. Aplaude que la Legión de Cristo quiera reformarse y pedir perdón, pero lamenta que Maciel nunca lo hiciera y que el Vaticano, conocedor de los hechos desde 1988, NO HICIERA NADA para investigar y frenar esos abusos.
 
Félix Alarcón Hoyos, ex Legionario de Cristo y víctima de Maciel
 
Prólogo: "¡QUE CIERREN YA LA LEGIÓN DE CRISTO!", de José Manuel Vidal- RELIGIÓN DIGITAL

Hoy publicamos una entrevista exclusiva con el sacerdote y ex Legionario Félix Alarcón. Un documento desgarrador, estremecedor. Con detalles espeluznantes, como la fórmula de la droga de Marcial Maciel. A sus 80 años, con paz y serenidad, el Padre Félix abre su alma y relata parte de sus vivencias. Y sólo pide una profunda regeneración de la Legión de Cristo o su pura y dura eliminación. Me duele su experiencia y comparto su sentencia sobre los Legionarios.

El día 8 de enero, la congregación comienza un capítulo en Roma. Unos dicen que para refundarse. Otros que para que cambie algo sin que nada cambie. ¿Se puede salvar un árbol con una raíces tan diabólicas, como dice Alarcón? Todo en la Legión sigue contaminado por la maldad inexplicable de su fundador. Por mucho que la refunden, su olor y su fantasma seguirá planeando sobre su obra.

Parece de sentido común que se elimine de raíz y los Legionarios, tras pedir perdón y purificar la memoria, se hagan curas diocesanos o entren en otras congregaciones religiosas. Eso sí, después de pasar un serio examen psicológico y espiritual. Porque algunos al menos parecen contaminados por una espiritualidad malsana y opresora.

¡Cuánto dolor y durante tantos años y con tantas personas! Y, sobre todo, cuánto silencio de los buenos, que es el peor. Todos sabían, pero nadie hablaba. Y, cuando hablaron, alguien hizo, en el Vaticano, de muro de contención. Y de padrino. Sería justo y necesario (sobre todo para las víctimas) conocer no sólo a los culpables, sino también a los cómplices. Por su ominoso silencio o por su pecaminosa colaboración para tapar aquellos crímenes.

¿Quiénes son, donde están los curiales, los altos curiales que le ocultaron a Juan Pablo II las impías fechorías de Maciel, el "ejemplo de la juventud"?

Tras leer el testimonio del padre Félix Alarcón, me pregunto también por la labor de los comisarios" de la Legión. Tanto Ricardo Blázquez, en España, como, sobre todo, el cardenal de Paolis. ¿Cómo es posible que nadie haya llamado a declarar a un sacerdote como Félix Alarcón? ¿Qué investigación se hizo? ¿A quién se preguntó? ¿A quién se consultó? El Padre Alarcón lleva años viviendo en Madrid, donde mucha gente le conoce, le quiere y le estima. ¿Por qué nadie pensó en él? Hacen falta explicaciones claras y contundentes a éstas y a otras muchas preguntas.

Algo sigue oliendo a podrido en la Legión y en sus aledaños. ¡Ojalá el Papa Francisco tome buena nota y ponga en marcha la necesaria catarsis que le Legión necesita en profundidad! O refundación en toda regla o, mejor todavía, pura y simple su disolución.
 
ENTREVISTA A FÉLIX ALARCÓN, LC. Por Jesús Bastante- RELIGIÓN DIGITAL

Fue uno de los primeros miembros de la Legión de Cristo, su secretario general y secretario personal, durante décadas, del "padre Maciel". Félix Alarcón aún se refiere de este modo cuando habla del pederasta mexicano, quien abusó de él varios años. Él fue una de las ocho víctimas de Marciel Maciel que se atrevieron a denunciar al fundador ante el Vaticano, recibiendo el silencio y la incomprensión.

A sus casi 80 años, y cuando está a punto de comenzar la congregación que definirá el futuro de la Legión, el sacerdote rompe su silencio y abre su corazón para los lectores de RELIGIÓN DIGITAL. Un testimonio desgarrador y, a la vez, esperanzado, que demuestra cómo la fe supera cualquier sufrimiento, aun el más extremo. Y el amor. "Yo perdoné a Maciel", asegura mirándome fijamente a los ojos.

Jesús Bastante: Sufriste abusos de Maciel, y fuiste uno de los que escribisteis al Papa para denunciarlos...
Félix Alarcón: Sí. Hay que entender una cosa: yo viví toda esta situación en un silencio personal muy grande. No abrí la boca para nada. Ni siquiera cuando le manifesté al padre mi deseo de dejar la Legión, y cuando me mandaron abrir la primera casa de la congregación en Estados Unidos, y al poco tiempo me busqué un obispo que me mandó a Long Island... ni siquiera cuando me recibieron en aquella diócesis donde necesitaban sacerdotes, manifesté ni una palabra sobre lo que yo había vivido. Solo di el paso cuando uno de los legionarios que después mandaría la carta, me llamó para pedirme que le ayudara a entrar en mi diócesis. Yo lo hice, él vino a mi diócesis, y a los poco meses destapó la caja de los truenos. Fue directamente al obispo de la diócesis y le contó lo que había sufrido, cuál era la situación real de la Legión de Cristo y del padre Maciel.

J. B.: ¿Cómo se soporta en el silencio una situación así?
F. A.: Creo que es fácil de entender: Nosotros éramos muy jovencitos y el padre tenía un carisma impresionante. Se nos aparecía como lo que era en realidad: el fundador de una orden religiosa que se había atrevido a volar con unos chavales a España a empezar su ruta europea. Cada uno nos enfrentábamos con el misterio de compaginar lo que se conoce como los abusos sexuales y su condición de fundador. Y la verdad es que para mí sigue siendo un misterio, cómo pudo un hombre así, que parecía un santo, convencer a chiquitos jóvenes de la "misión de la Legión". Algunos eran más jóvenes que yo todavía, y nos ponía en un dilema. No entendíamos qué estaba pasando. Pensábamos que debía de estar muy enfermo para que esas cosas ocurrieran. Lo justificábamos.
 
J. B.: ¿Os llegó a hacer sentir que la culpa era vuestra?
F. A.: Sí, yo al menos me lo llegué a plantear. Pero todos los cánones de la psicología y de la psicoterapia de los entendidos de la vida sexual dicen que quien tiene poder sobre ti como superior es quien tiene verdaderamente la responsabilidad. Es difícil lidiar con eso y con el dilema de sentirte culpable a la vez.
 
J. B.: ¿Aguantaste mucho tiempo?
F. A.: Sí. Permanecí 15 años. Hice mi noviciado y mi junoriado en Roma y luego estudié en la Gregoriana mi licencia en Filosofía. Lo irónico es que, lidiando con tantas cosas como estaba, me afanaba por dar honor a mi congregación y saqué los estudios cum laude, que no era fácil. Luego hice Teología en la Universidad de Salamanca, y cuando ya me correspondía ordenarme, me exiliaron a Estados Unidos para abrir la primera casa.

J. B.: ¿Los abusos sólo los sufriste durante la primera etapa?
F. A.: No, los abusos han sido permanentes, en todos los sitios. Lo misterioso y lo tremendo es que cuando todo esto se ha puesto boca arriba, cada uno de nosotros ha tenido una reacción distinta. Muchos preguntaban por lo bajo: "¿Pero también a ti te pasó aquello?". Porque no teníamos la madurez suficiente como para pensar que aquello nos estaba sucediendo a todos, a un grupito. Pensabas que eras tú solo. De ahí surgía la vergüenza y el sentido de esconderte.
Pero descubrimos que la cosa fue mucho más perversa de lo que creíamos. Yo personalmente me enfrenté al padre, pero me costó mucho, porque el abuso psicológico era mucho mayor que el otro. Considero que el abuso psicológico era mucho más grave que el abuso sexual.
Yo cantaba muy bien y me llevaban a cantar a las abadías, me hacían cantar para los cardenales cuando venían de visita... me usaban un poco para eso. Entonces, en un momento me mandaron a una abadía a perfeccionar mi técnica de canto gregoriano, donde estuve un mes. Yo seguía la línea de mi conciencia, porque mi familia había pasado tanta tragedia... Mi padre y mi hermano estaban enterrados en Paracuellos, y por eso la vida me forzó a buscar una relación de paternidad real, porque no tenía a nadie a quien pudiese llamar padre. Y el padre Maciel lo era. Pero rápidamente dejó de serlo.

J. B.: ¿Cómo te enfrentaste a él?
F. A.: Por escrito, porque las relaciones generalmente eran siempre por carta. Me dijeron que me cogiera el tren a la noche siguiente y me marchara. Me mandaron a Estados Unidos.
Me enfrenté a él porque la situación de la droga me parecía inadmisible. La dolantina. Me aprendí su fórmula como el padrenuestro: clorhidrato del estel etílico del ácido fenilmetilbiperidincarbónico... Imagínate qué obsesión por buscar la droga. Fue durísimo, terrible, porque además era una adicción intravenosa y no sabíamos ya ni con quién estábamos tratando. Quise dejar incluso el sacerdocio. Fue un calvario horroroso.
Pero por fin salí. Me mandaron a EEUU, y la fotografía de la libertad americana (la Estatua de la Libertad) para alguien que venía de donde venía yo, fue lo más impactante.

J. B.: ¿A EEUU llegaste como sacerdote legionario?
F. A.: No, no me había ordenado. Me mandaron ahí sin ordenarme. Fue una especie de exilio. Era una práctica muy común en la Legión: a los que éramos un poco contestatarios o claros nos mandaban a algún sitio lejano.
Para ordenarme volé a Roma
, donde vinieron mi madre y mi hermana para estar presentes en mi ordenación.

J. B.: ¿Tu familia supo en algún momento lo que estaba pasando?
F. A.: Sí. Mi madre vio al padre Maciel en una situación de estupor muy grande, en un hotel de Madrid. Y mi hermana también. Pero era una situación difícil de creer. Muy poca gente lo creía.

J. B.: En los años 80 escribisteis la carta...
F. A.: Sí. Yo nunca había necesitado airear lo que había vivido, hasta que este compañero del que he hablado -en referencia a José Barba- antes me pidió que le ayudara a entrar en la diócesis, y entonces empecé a verme envuelto en la vorágine de las acusaciones. Me dije a mí mismo: "Bueno, yo he guardado silencio y he estado en paz con esto, Dios me ha ayudado a sobrellevarlo... Pero desde ahora, si estoy en la refriega, mi única dirección es decir la verdad". Y en eso he estado desde entonces.

J. B.: ¿Cuál fue la reacción del Vaticano? ¿De verdad Juan Pablo II no sabía nada?
F. A.: Acabo de leer precisamente un libro de investigación reciente que refleja que el Vaticano tiene 240 documentos que evidencian que la situación se conocía mucho antes de que se reconociese que se conocía. Nuestra carta es del año 88, y mientras Ratzinger estuvo de cardenal, se pasaban esta terrible patata caliente unos a otros, sin tomar ninguna medida. Tuvieron que pasar más de 20 años hasta que se tomara.
Dieron a entender que no sabían nada de lo que pasó, pero hay documentos fehacientes que iluminan que sabían todo.
Barba, uno de los autores del libro al que me refiero, es uno de los firmantes de la carta. Fue quien la redactó. Él tiene un título académico de Literatura por Harvard, y es un hombre extraordinariamente preparado. Si algo tiene la Legión es que nos daban una preparación académica muy seria y muy buena a todos.

J. B.: ¿Recibisteis respuesta del Vaticano? ¿Qué pasó dentro de la Legión una vez enviasteis la carta?
F. A.: Dejar la Legión era como estar muerto. La desconexión fue total una vez que me fui, o sea que no sé qué reacción tuvieron dentro cuando enviamos la carta a la Santa Sede. Sólo sé que escribimos de una forma verdadera, que estábamos ataditos a la verdad. No negociamos ninguna compensación, jamás se nos pasó por la cabeza. Sólo pedimos un juicio. Ni siquiera ahora, que la congregación ha empezado a compensar a las víctimas, le he pedido nada a nadie. Y creo que si se hubieran acercado a mí ofreciéndome dinero lo hubiera rechazado. No porque sea más virtuoso que nadie, sino porque ésa ha sido mi línea de conducta. Aceptando dinero creo que se hubiera perdido la belleza y la profundidad de mi propio esfuerzo, del dolor terrorífico que he sentido, y de la necesidad de buscar una vía de salida a lo que fue una tragedia tremenda.
Por tanto, no sé que reacción hubo dentro, y creo que la inmensa mayoría de los legionarios también lo desconoce.
La carta creo que Barba la depositó en manos del Nuncio de España en México (aunque me puedo equivocar porque mi memoria es ya un poco frágil). De si llegó la carta no estamos seguros. Y es que hay muchas maneras de tapar o de parar un documento que puede tener muchas implicaciones.

J. B.: ¿Te parece posible que Juan Pablo II no hubiera oído nada en su entorno?
F. A.: No le pidas a un pobre cura que juzgue al Papa, te lo pido humildemente. Yo no soy nadie. Sólo sé que el Papa quería mucho a los legionarios y al padre Maciel, y que el padre Maciel le facilitaba los viajes a México y todo eso...

J. B.: Y le llamó "apóstol de la juventud"...
F. A.: Sí. Eso fue, de hecho, lo que nos quitó un poco la venda. Dijimos: "¡Cómo es posible que el Santo Padre haya podido decir esto!".

J. B.: Cuando hablas de Marcial Maciel, sigues llamándole "padre Maciel"...
F. A.: Es que era nuestro padre. "Mon Père" le decíamos... Es difícil cambiar el chip. Hasta la fecha, aún no sé si es que el padre estaba muy enfermo o si era un caso de posesión demoníaca. Fue tremendo cuando acabamos sabiendo de sus hijos, de sus relaciones con mujeres... Y la reacción del Vaticano fue callar, hasta que me imagino que ya no han podido callar más. Es más fácil ignorar a los pequeños, a las víctimas de un caso como éste, que denostar a quien ellos mismos han encumbrado o han sostenido en una posición de honor en la Iglesia.

J. B.: ¿Qué sentiste cuando murió Maciel? ¿Qué pasó por tu cabeza? ¿Rezaste por él?
F. A.: Sí, claro que sí. Incluso ofrecí una eucaristía. Yo he tenido una capacidad grande de perdonarlo todo, pero hubo una cosa que me causó una inmensa decepción: Yo hubiese deseado que, cuando él estaba ya contra las cuerdas, acusado por las altas jerarquías de la misma Iglesia (cuando ya los Papas se pronunciaban con epítetos y calificativos muy concretos)... pienso que, si él hubiera sentido en el fondo de su alma que se había equivocado, tendría que habernos convocado a todos los que entonces fuimos muchachos de los que él abusó y e hizo sufrir, y habernos pedido perdón.
Pero él hasta el final siguió diciendo que éramos unos calumniadores. Jamás nos pidió perdón. Dejamos de existir para él cuando nos fuimos de la congregación.
Él había sido muy amable con mi familia, y cuando venía a mi casita de Madrid mi madre se desvivía por atenderle. Pero claro, yo llevaba ese sufrimiento personal que no compartía con nadie... Creo que sólo el salir de la Legión ya fue un acto bastante heroico.

J. B.: ¿Te consideraron un traidor, alguien que no sabe cumplir sus promesas...?
F. A.: Exactamente. Esa fue la realidad que yo viví. Me tuve que buscar mi camino sin ayuda de nadie. "Búsquese un obispo" fue lo único que me dijeron ellos.
Por suerte pude incardinarme en la diócesis de Long Island, donde estaba todavía el obispo fundador y otro obispo auxiliar que fueron buenísimos conmigo. Y allí al menos pude estar contento, aunque no feliz del todo. Yo no pensaba en rangos ni en subir en mi carrera, sino en servir a la gente y compartir la paz interior que en mí ha nacido del sufrimiento que pasé.
 
J. B.: El próximo 8 de enero arrancan las congregaciones de la Legión, en las que se supone que van a reformar la constitución, y quizás poner un punto final a todo esto. ¿Crees que puede haber alguna petición de perdón por parte de miembros relevantes de la Legión, como la del padre Sabadell, que os ha pedido perdón a los ocho?
F. A.: He leído la carta del padre Sabadell y me ha parecido preciosa. Lo que me impresiona menos es saber que es un miembro relevante de los legionarios. Me hubiera impresionado más si fuera un miembro "de la tropa", un sacerdote normal. Y repito que me ha parecido precioso, pero precioso como si una flor naciera en un campo de minas. O como las flores frescas que algunas mujeres alemanas ponían en los balcones de Berlín en medio de la devastación total. Es decir, una cosa esporádica. Que este testimonio no haya venido acompañado de muchos más es lo que encuentro verdaderamente doloroso. He llegado a preguntarme si de verdad han cambiado.

J. B.: ¿Crees que la pretendida reforma de la Legión va a ser reforma de verdad?
F. A.: He oído que hay dos grupos, y que uno de ellos quiere conservar "las esencias" de la Legión (no sé cuáles), y otro que estaba por la conversión. A mí me parece que el único camino es la conversión total. Un reconocimiento total de que esto fue una tragedia real, que nosotros no la hemos pintado. Que fue la realidad cruda y dura.
Por eso, me decepciona que haya tan pocos de ellos que hagan el esfuerzo de salir a la palestra y reconocer el pasado de su congregación.

J. B.: Algunos de los que se están saliendo de la línea oficial de la reforma (que no sabemos hasta dónde llegará), piden directamente una refundación. ¿Crees que habría que eliminar directamente la Legión de Cristo?
F. A.: Cualquier opción es válida si los miembros de la Legión son capaces de crecer en la verdad y reconociendo que vienen de donde vienen.

J. B.: ¿Pero puede sobrevivir una congregación así?
F. A.: La Legión tenía muchos elementos para impresionar a los jerarcas de la Iglesia: teníamos una formación académica muy grande, sentido de la elegancia para tratar los asuntos, una disciplina tremenda... Lo que pasa es que la gente no sabía a qué precio.
Creo que muchos en Roma piensan que no hay otra salida que eliminar la congregación tal y como se conoce. Y que cada uno se busque su camino.
A mí me han llamado familiares de legionarios americanos que están angustiados por la situación de sus hijos. Alguno de ellos pidió un cambio y se fue a la diócesis de Milwaukee. Temen porque no saben a dónde ir si de desintegra la congregación.
Y la verdad es que hay muchas ansias verdaderamente inocentes y una entrega real de mucha gente. Si ellos pudieran hacer abstracción y seguir sin la sombra del fundador... Pero es que todas las congregaciones religiosas se sostienen en el carisma del fundador, por un respeto y un amor grande a él. Pero si miras al fundador de los legionarios lo que ves es un misterio terrorífico.
Pero yo entiendo que para los miembros de la congregación es complicado. Hasta yo me pregunto qué derecho tengo de juzgar la totalidad de la vida del padre Maciel. Yo todavía quiero creer que sucedió algo que yo no sé explicar y que no podemos entender, y que hizo que Maciel llegara a encandilar incluso a las más altas instancias de la Iglesia.
Por eso mi solución fue salir en silencio, y no usar mi experiencia personal. La verdad es que yo necesitaba mucho un padre cuando alguien me tocó en el hombro y me preguntó si quería ser legionario. Pero he tenido una decepción tras otra, y decepciones terroríficas. He tenido que aprender a vivir basándome en la fuerza interior que me da el Señor.
Entonces, creo que la Legión tal como la entendíamos debería ser eliminada. De todas formas, les deseo suerte en el camino que elijan. Aunque no sé si la tendrán. Ahora nadie tendrá que contender con una situación como la que yo viví, y esto les purificará mucho. Les limpia el campo para que crezcan sin el horror.

J. B.: Pero por mucho que se reforme, seguirá habiendo una cierta continuidad. Corcuera, por ejemplo, se había retirado un año como responsable pero acaba de volver, y Luis Garza también va a formar parte de los 61 legionarios que harán el Capítulo...
F. A.: A Luis Garza creo que no le conozco, pero a Corcuera sí. Cuando la Legión empezaba a abrirse a la necesidad de pedir perdón a las víctimas, me mandó a Madrid a su secretario para preguntarme si tenía algún inconveniente en que viniera a verme el padre Corcuera desde Roma. Y así fue, hace 4 o 5 años: voló desde Roma para verme, y estuvo dos horas en mi casa. Sellamos toda nuestra conversación con un abrazo fraternal entre dos sacerdotes que se aceptan y se reciben. Después de aquello me ha escrito de vez en cuando algunas postales. Creo que fui el primero al que pidieron perdón.
Es decir, que para no ser injusto, no voy a excluir de este proceso penitencial y catártico que se han impuesto el hecho de que me pidieron perdón. Y yo no se lo negué.

J. B.: ¿Y tú has sido capaz de perdonar de verdad?
F. A.: Yo he perdonado a todos, incluido a Maciel. Lo que me cuesta mucho es reconciliarme con la idea de que él no tuviera la valentía de pedirnos perdón cuando ya todo esto había llegado a las altas instancias del Vaticano y los jerarcas de la Iglesia le habían puesto adjetivos a su conducta. Yo no sabía que él vivía en un mundo de droga, pero eché de menos que nos reuniera a todos para preguntarnos si le perdonábamos. Me pregunto cómo una persona que vivió de Dios pudo no haber llegado a ese momento... Ahí se me derribó la imagen de las memorias buenas que yo tenía. Me di cuenta verdaderamente de que el problema que tenía el padre Maciel quizás escapaba de los límites de lo natural, y entraba en el campo de lo sobrenatural y de Satán. Que, como dice la canción, está por el mundo buscando a quién devorar... Eso sí me cuesta perdonarlo.

J. B.: ¿Has tenido algún contacto con su hija o con algún miembro de su familia?
F. A.: No, nada de eso. A mí no me han buscado jamás. Fíjate que han mandado monseñores a México y a otros lugares para entrevistar a las víctimas, pero a mí jamás me han buscado. Y yo creo que es porque temían que yo les iba a decir la verdad. No querían escuchar a un sacerdote que les iba a decir la verdad. Pienso que había intereses que les llevaban a no cruzar ese puente.
A mí nadie me ha buscado, entiendo que para no arriesgarse. Tengo el temor de que ésa ha sido la razón: que no querían preguntarle a un sacerdote como yo, humilde y pobrísimo, que deja mucho que desear en muchos aspectos pero que sigue siendo sacerdote. Creo que no se atrevieron a preguntarme, y eso a mí me causa mucha inquietud interior y mucha tristeza. Porque me lleva a cuestionarme cómo puede mi amada Iglesia, en la que yo he nacido y en la que espero morir, apartarse de la ruta de la verdad y no atreverse a saber cómo fueron las cosas realmente. Eso me da mucho dolor y me cuesta perdonarlo.
Pero bueno, también lo perdono. ¿Quién soy yo para juzgar la vida del padre Maciel?

J. B.: Como víctima suya, tendrías toda la legitimidad para hacerlo...
F. A.: Ya lo sé, pero como sacerdote no lo siento así. Me basta haber salido, haberme buscado un camino sin ayuda, haber servido a mi gente de EEUU, y haber continuado tranquilo, siguiendo la norma de decir la verdad una vez me envolvieron en esto. Y la verdad se la he dicho al Vaticano, a los periodistas, a los investigadores sobre pedofilia...

J. B.: ¿Tienes esperanzas de que Francisco arregle esta cuestión?
F. A.: Tengo esperanzas locas. El Papa me parece un hombre extraordinario. Ojalá no nos lo maltraten, porque está tocando muchas áreas sensibles... Pero tiene mucho carácter, bondad y cercanía humana, que es todo lo que echábamos de menos en la curia romana, donde muchas cosas se paraban en seco para que no llegasen arriba.
Creo que Francisco está llegando al corazón y al ansia del mundo por su fe y por creer en algo serio. Que Dios lo bendiga y lo conserve. Que no me lo maltraten, porque hay muchos intereses en juego. Va a tener que tener mucho cuidado, aunque la protección de Dios es la única que necesita.

J. B.: ¿Qué esperas, entonces, del Capítulo de la Legión?
F. A.: Yo me quedé muy impresionado con la bondad del padre Corcuera. A los demás no los conozco, pero agradezco mucho el testimonio del legionario que se ha atrevido a pedirnos perdón de forma pública. ¡Es casi un milagro! Me duele mucho que no haya otros testimonios de esta naturaleza. Yo he intentado dar el mío propio, abriendo mi corazón.

VATICINIO PARA EL 2014: ¿SE ACABARÁ LA LEGIÓN DE CRISTO, O SÓLO EL MACIELISMO?

Nota: La Legión de Cristo es una congregación conciliar tristemente célebre por los escándalos de pederastia, concubinato y drogadicción en que se involucró su fundador Marcial Maciel Degollado.

Fuente: RELIGIÓN DIGITAL
 
Se decidirá el destino final de la Legión de Cristo: REFORMA O EXTINCIÓN
 
La "era Maciel" toca definitivamente a su fin. El próximo 8 de enero, el Papa ha convocado a los Legionarios de Cristo -y a su rama laica, el Regnum Christi- a un Capítulo General, donde se elegriá un nuevo gobierno de la congregación, así como las nuevas constituciones, que darán forma a una orden completamente distinta de la fundada por el pederasta mexicano.

Así lo explica el delegado pontificio para la Legión, el cardenal Velasio de Paolis Altobelli CS, quien informa en una carta a los religiosos y laicos que el Capítulo General Extraordinario tendrá lugar el próximo 8 de enero, para concluir a finales de febrero.

En el mismo, se decidirá definitivamente si se da una "refundación" de la orden o, una revisión de la misma. En la carta, De Paolis subraya que "el próximo Capítulo Extraordinario es el fin de un largo camino de renovación espiritual". En el mismo tendrán voto todos los legionarios que hayan profesado de manera perpetua. Los "exclaustrados", sin embargo (todos aquellos que, tras denunciar la situación salieron de la orden) sólo tendrán voz, pero no voto. Aun así, es un paso para la renovación que los "disidentes de Maciel" puedan intervenir y participar en el Capítulo. 
 
El objetivo del Capítulo General es verificar por parte del Vaticano si vale la pena la reforma de la Legión de Cristo a causa de la pedofilia de su fundador, Marcial Maciel Degollado

Como explica la nota de prensa de la Legión, el Capítulo General será presidido por el Delegado Pontificio. Participarán algunos sacerdotes legionarios en virtud del oficio que desempeñan (el director general; los miembros del consejo general; el administrador general; el procurador general; el secretario general; el prefecto general de estudios y los nueve directores territoriales). El resto de los representantes será elegido por los legionarios de los diferentes territorios y serán un poco más de dos terceras partes de los padres capitulares. El total de legionarios en el Capítulo General será ligeramente superior a los 60.
 
Al cierre de esta edición, la Legión de Cristo está distribuida en 37 países (Hacer clic en la imagen para agrandar). FUENTE: http://www.legrc.org/regnum_db/archivosWord_db/Presencia_en_el_mundo1mb.pdf

De este modo, el Capítulo representa a todo el instituto. En su carta, el Card. De Paolis establece la modalidad y fechas de las elecciones de los delegados de los diferentes territorios en los que se divide la Congregación.

El mismo Capítulo determinará la agenda de los otros temas que se abordarán y el calendario que seguirá. Se prevé que el Capítulo concluya a finales del mes de febrero.

MENSAJE DE NAVIDAD

Leales hermanos, nuestro más fervoroso anhelo de que Nuestro Señor y su Santísima Madre os bendigan grandemente y que vuestra alegría sea completa.

Celebramos hoy el Nacimiento de Jesús, Nuestro Redentor y Rey. Él nació para el mundo hace ya 2013 años (aunque Él ya existía desde la Eternidad, siendo como es el Verbo de Dios).

"Exultemos en el Señor, queridos míos, y abramos nuestro corazón a la alegría más pura. Porque ha amanecido el día que para nosotros significa la nueva redención, la antigua preparación, la felicidad eterna. Se renueva así para nosotros en el ciclo anual el elevado misterio de nuestra salvación que, prometido al principio y realizado al final de los tiempos, está destinado a durar sin fin." (San León Magno, Homilía XXII).

Esperamos que en esta Navidad perseveréis en la Fe, porque estos son tiempos de decisión.

En unión con los Sagrados Corazones de Jesús y María,
 
Frater Jorge Rondón Santos

Año del Señor 2013, a 25 de Diciembre, XXXV de la Santa Cruzada.