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domingo, 23 de octubre de 2022

TRAPENSES DE KENTUCKY RECIBEN A MONJES BUDISTAS

Traducción del artículo publicada en NOVUS ORDO WATCH. Para los pasajes de la Escritura, se empleó la versión de Mons. Félix Torres Amat.
  
TRAPENSES DE KENTUCKY RECIBEN A MONJES BUDISTAS
Incluyendo la más reciente encarnación del ‘Buda de la Sabiduría’…
  

La famosa Abadía de Getsemaní cerca a Bardstown (Kentucky) tuvo algunos huéspedes especiales el otro día.
   
Los monjes trapenses novusorditas fueron visitados no solo por «amigos e invitados budistas», como escriben en su página web oficial, sino muy específicamente por “Su Eminencia” Kundeling Tatsak Rinpoche. En caso que el nombre no suene familiar, los trapenses nos informan que él es «no solamente un maestro, sino una emanación de Manjushri, el Buda de la Sabiduría, la actual encarnación de un largo y renombrado linaje». ¡No puedes superarlo!
   
El sr. Kundeling es un tibetano de 40 años que vive en la India. Estuvo en los Estados Unidos para una serie de conferencias sobre las «treinta y siete prácticas de un Bodhisattva» y otras «enseñanzas del dharma» en el Centro Drepung Gomang para la Compasión Comprometida cerca a Louisville (Kentucky).
   
El reporte completo publicado en el sitio web del monasterio dice lo siguiente:
«Por varios años, la Abadía de Getsemaní ha tenido una relación cercana con el Centro Drepung Gomang en Louisville (Kentucky). Este templo está asociado con su casa madre en la India, y cuando budistas notables vienen al templo, frecuentemente hacen una visita a Getsemaní, en parte para honrar a Tomás Merton, que fue un amigo del Dalai Lama.
   
Sin, embargo, debido a la pandemia, ha pasado mucho tiempo desde que las visitas de la India eran posible, y aun así, el propio Getsemaní estuvo cerrado a los visitantes. Pero el 27 de Septiembre [de 2022], se retomó nuestra relación.
  
La ocasión fue una visita a Drepung Gomang por el reconocido maestro budista S. E. Kundaling Tatsak Rinpoche. Él es no solamente un maestro, sino una emanación de Manjushri, el Buda de la Sabiduría, la actual encarnación de un largo y renombrado linaje. Mientras estuvo ahí, dio una charla pública, alguna enseñanza del dharma, y otras presentaciones. Fue también capaz de venir a Getsemaní por una tarde, junto con Geshe Rapgyal, el jefe del templo Drepung Gomang, los monjes que viven allí, Anne Walter, la directora del templo, y otros.
  
Nos encontramos en la abadía, y caminamos a la ermita donde Thomas Merton pasó sus últimos años. El Hno. Paul, el Hno. Lazarus, y el Hno. Lawrence los acompañó. La lectura del Hno. Pablo de los diarios de Merton sobre sus encuentros con el Dalai Lama cuando estuvo en la India, en camino a la conferencia en Bangkok. El Rinpoche habló sobre la importancia de la relación entre el budismo y otras religiones, en nuestro caso la cristiandad, que el Dalai Lama consistentemente enfatiza..
  
Fue una tarde muy amena.
  
Nosotros en Getsemaní estuvimos muy encantados de tener renovada nuestra relación con el templo Drepung Gomang y miramos hacia más visitas en el futuro» (“Visita de amigos e invitados budistas”, Abadía de Getsemaní, 11 de Oct., 2022).
La abadía es algo famosa, porque a ella perteneció, como señala el artículo, el reconocido escritor trapense Thomas Merton (también conocido como P. Luis Merton). Merton murió por electrocución accidental cerca a Bangkok (Tailandia), el 10 de Diciembre de 1968, mientras asistía a una conferencia interreligiosa.
 

Sin duda el P. Merton estaría complacido con la visita budista al monasterio en Kentucky.
   
Puede que decirlo no sea políticamente correcto, pero permanece el hecho que el budismo es una religión falsa, y como tal es un gran peligro para las almas. Se puede encontrar una breve crítica de los errores del budismo en el P. Réginald Garrigou-Lagrange, Sobre la Divina Revelación, vol. 2, págs. 540-543 (la compra por este enlace beneficia a Novus Ordo Watch).
   
La “sabiduría” que el budismo afirma traer al mundo no es la sabiduría de Dios: «Porque la sabiduría de este mundo, es necedad delante de Dios. Pues está escrito: Yo prenderé á los sabios en su propia astucia y haré que queden enredados en sus mismos discursos y sutilezas» (1.ª Cor. III, 19). No hay duda que aun cuando el budismo pueda contener ciertas verdades naturales que pueden deducirse de la razón, pero sus dogmas, como escribe el P. Garrigou-Lagrange «manifiestamente no sobrepasan la razón natural. No, ellos son muy inferiores a las conclusiones de la sólida filosofía. Porque no enseña nada concerniente a Dios» (Sobre la Divina Revelación, vol. 2, págs. 540-541; cursivas removidas).
   
Como San Pablo advirtió a los colosenses: «Estad sobre aviso, para que nadie os seduzca por medio de una filosofía inúlil y falaz, y con vanas sutilezas, fundadas sobre la tradición de los hombres, conforme a las máximas del mundo, y no conforme a la doctrina de Jesucristo» (Col, II, 8). El Santo Evangelio, siendo la verdadera revelación sobrenatural de Dios Altísimo, huella con sus pies la falsa sabiduría del mundo: «Así está escrito: Destruiré la sabiduría de los sábios, y desecharé la prudencia de los prudentes. ¿En dónde están los sabios? ¿en dónde los Escribas o doctores de la Ley? ¿en dónde esos espíritus curiosos de las ciencias de este mundo? ¿No es verdad que Dios ha convencido de fatua la sabiduría de este mundo con el desprecio que ha hecho de ella? Porque ya que el mundo a vista de las obras de la sabiduría divina no conoció a Dios por medio de la ciencia humana, plugo a Dios salvar a los que creyesen en Él por medio de la locura o simplicidad de la predicación de un Dios crucificado» (1.ª Cor I, 19-21).
   
El movimiento hacia una aceptación “católica” del paganismo comenzó con el apóstata Concilio Vaticano II (1962-65). Su decreto sobre las religiones no cristianas afirma que «En el budismo, según sus varias formas, se reconoce la insuficiencia radical de este mundo mudable y se enseña el camino por el que los hombres, con espíritu devoto y confiado pueden adquirir el estado de perfecta liberación o la suprema iluminación, por sus propios esfuerzos apoyados con el auxilio superior» (Nostra Ætáte, n. 2).
  
Es precisamente este optimismo respecto a las falsas religiones —basado en la idea errónea que uno puede legítimamente alabar ciertos “elementos” verdaderos y santos en ellas, como si estas religiones existieran en elementos y no solamente como un todo— que fue condenado por la Iglesia Católica antes del Vaticano II:
«Cuando apareció La luz de Asia [una obra promoviendo el budismo –N.O.W.] de [Sir Edwin] Arnold, no pocos católicos se unieron al coro de la alabanza general que lo saludó. ¡Cuán encantador, cuán bello, cuán tierno, cuán patético, cuán humano; qué elevada moral, qué sentimiento exquisito! Ahora, ¿cuál era la verdadera intención del libro y cuál era su esencia? ¡Ensalzar a Gautama, el fundador del budismo, a expensas de Jesucristo, el Fundador de la Cristiandad! La intención era mostrar que Gautama era igualmente un divino maestro con tan alta aspiración, con tan grande misión, y tan elevada moral como nuestro Divino Señor. Este era el objeto del libro; ¿cuál era su esencia? Una falsificación de la historia presentando una serie de leyendas poéticas sobre un personaje, sobre cuya vida real prácticamente no se sabe nada. Pero no solo esto, el personaje fue construido sobre el modelo de Nuestro Señor, que el autor tuvo en su propia alma como la preciosa reliquia de la Cristiandad; y su Gautama, al cual pretendía presentar al menos como el igual divino del Fundador de la Cristiandad, ¡se convirtió en sus manos en realidad un mero eco de Cristo, la imagen de Cristo, hecho para rivalizar al Verbo hecho carne! El budismo, con los ornamentos prestados de la Cristiandad, fue hecho así para atraer a los ideales de los pueblos cristianos, y ganar nivel en su admiración y afectos, para usurpar el trono en el santuario cristiano. Aquí estuvo una obra de mérito literario, aunque ha sido grandemente exagerada en este aspecto, ¡alabada extravagantemente por algunos católicos, que, en su excecivo deseo de aparecer imparciales, no vieron o rechazaron ver en La luz de Asia de Edwin Arnold un libro viciosísimo y anticristiano! ¿Qué diferencia hace si un libro es excelente en un sentido literario o no, si su efecto es la pérdida de las almas y no su salvación? ¿Qué si el arma en manos del asesino sea brillante o no, si es fatal? Aunque el asesinato espiritual sea brillante, no es menos letal.
  
La herejía bajo un aspecto encantador es mil veces más peligrosa que la herejía expuesta en el áspero y árido traje del silogismo escolático, por el cual la calavera de la muerte sonríe en su desnuda atrocidad. El arrianismo tuvo sus poetas para propagar sus errores en verso popular. El luteranismo tuvo sus humanistas, entre los cuales el elegante Erasmo se mostró como un escritor brillante. Arnauld, Nicole, y Pascal arrojaron el encanto de sus belles lettres [ensayos] sobre los serpentinos dobleces del jansenismo. La malvada infidelidad Voltaire ganó su espantosa popularidad por la gracia de su estilo y el destello de su ingenio. ¿Debemos, contra los que lanzaron las agudísimas y letales saetas, contribuir a su nombre y su fama? ¿Debemos asistirlos en fascinar y corromper a la juventud? ¿Hemos de coronar a esos condenadores de nuestra fe con los laureles de nuestras alabanzas y elogiarlos por las cualidades que solo los han hecho peligrosos? ¿Y para que propósito? ¿Que podamos parecer imparciales? No. La imparcialidad no es permisible cuando se distorsiona a la ofensa de la verdad, cuyos derechos son imprescriptibles. Una mujer de mala vida es infame, por bella que sea, y mientras más hermosa, más peligrosa. ¿Alabaremos los libros liberales con gratitud? ¡No! Seguir a los liberales en esto, que son mucho más prudentes que nosotros; ellos no recomiendan y alaban nuestros libros, sean cuales sean. Ellos, con el instinto del mal, aprecian completamente dónde está el peligro. Ellos o buscan desacreditarnos, o pasarnos por silencio.
 
Si quis non amat Dóminum Nostrum Jesum Christum, sit anathéma [“El que no ama a nuestro Señor Jesucristo, sea anatema”], dice San Pablo. La literatura liberal es el odio en escrito a Nuestro Señor y Su Iglesia. Si su blasfemia fuera abierta y directa, ningún católico la toleraría por un instante; ¿será acaso más tolerable porque, cual cortesana, parece ocultar sus sórdidas facciones con el artificio de la pintura y el polvo?» (Rev. Félix Sardá y Salvany, El liberalismo es pecado - Edición inglesa, cap. 18; algunos formatos cambiados; subrayado añadido)
Este libro, El liberalismo es pecado, fue primero publicado en español en 1884. Recibió la más alta recomendación de la Santa Sede bajo el Papa León XIII, como señaló en el prefacio. Suficientemente interesante, el libro refuta muchos principios e ideas que después se impondrían en el Vaticano II, después que los falsos papas Juan XXIII y Pablo VI habían comenzado a usurpar la Cátedra de San Pedro.
 
No pueden ser subestimadas las consecuencias desastrosas que ha tenido ese abominable concilio sobre las almas. Décadas después, podemos ver claramente la devastación que ha causado.
   
En 2014, se condujeron rituales budistas y sintoístas en la catedral católica de Santiago de Compostela (España). En 2017, el superior de los jesuitas, el notorio “P.” Arturo Sosa, visitó un templo en Camboya. Por supuesto, el budismo también se presenta prominentemente cada vez que la engañosa oración interreligiosa por la paz tiene lugar en Asís (Italia): puedes agradecerle a “San” Juan Pablo II por eso.
   
Nadie ha hecho mayores movidas hacia laaceptación de las religiones paganas que el jesuita argentino Jorge Bergoglio, también conocido como “Papa Francisco”. Mientras visitaba Myanmar en 2017, el falso papa obsequió una edición vaticana (!) de La vida de Buda al presidente del país, que expresó su asombro. En 2019, Bergoglio afirmó que Dios positivamente quiere que hayan diferentes religiones y enseñó que las diferencias religiosas «son necesarias». En 2021, Francisco espontáneamente expandió el “Pueblo de Dios” para incluir a los miembros de todas las religiones y presentó las religiones falsas del mundo como «formas diferentes de llegar a Dios», como si Cristo Nuestro Señor no fuera el Único Camino (ver Juan XIV, 6) y su Iglesia la única Arca de Salvación. Apenas el mes pasado, el pseudopapa jesuita dijo a la Guardia Suiza en el Vaticano que ellos necesitaban «reconocer la diversidad cultural, religiosa y social como una riqueza [enriquecimiento] humano y no como una amenaza».
  
Así, no te sorprenda que los trapenses de Kentucky estuviesen emocionados al ser visitados por el sr. Kundeling y sus amigos.

sábado, 13 de febrero de 2021

EJERCICIO DE DESAGRAVIO POR EL CARNAVAL

Dispuesto por el Padre Félix Sardá y Salvany, y publicado en Propaganda Católica, tomo III, págs. 48-56, por la Librería y Tipografía Católica de Barcelona en 1884, con licencia eclesiástica.
   
DEVOTO EJERCICIO DE DESAGRAVIOS PARA LOS TRES DIAS DE CARNAVAL
   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ORACIÓN INICIAL
¡Soberano Señor Sacramentado! Acércome contrito y fervoroso a vuestros augustos pies para ofrecer mis pobres homenajes de reparación, hoy que os veo por tantos de mis hermanos desconocido y ultrajado, y para juntamente pediros para sus almas luz, misericordia y perdón. ¡Acompañadme Vos, Madre mía, y de todos los pecadores, María! Para que a pesar de mis faltas sean bien acogidas estas preces ante el trono de Su Divina Majestad. Glorioso San José, Santos Patronos y abogados míos y de esta población; Ángeles que a millares estáis rodeando en estos momentos el solitario Tabernáculo; vosotros en particular, Custodios fieles de mi alma y de las de mis prójimos por quien voy a rogar, interceded por ellos y por mí. Y haced todos que sea para mayor gloria divina, y para bien mío y de todos los pobrecitos pecadores, este acto de desagravio que me propongo practicar. Amén.
   
DÍA PRIMERO
MEDITACIÓN: CUÁN GRAVEMENTE ES OFENDIDO NUESTRO SOBERANO SEÑOR EN ESTOS DÍAS
I. Atiende bien y considera, alma mía, si hay o no justísimos motivos para que te presentes a ofrecer tu homenaje de desagravios al Divino Esposo Jesús en estos diabólicos días de Carnaval. Son días en que realmente parece haber vuelto a tomar completa posesión del mundo Satanás, según son muchos los que se apresuran a mostrarse vasallos suyos. Aquello del Divino Salvador: Nunc princeps hujus mundi ejiciétur foras, parece en verdad desmentido por el espectáculo que ofrece en tales días nuestra cristiana sociedad. Un nuevo código parece haberse proclamado en vez del Evangelio, una nueva moral, un nuevo dios, un nuevo culto. Todo se encuentra tolerable, todo se dispensa fácilmente, como si Dios y la Iglesia hubiesen abdicado en tales días su soberana autoridad sobre las costumbres y las conciencias. Ataques a la Religión en groseras parodias de ella hasta de sus más augustos misterios; ataques al pudor у a la honestidad hasta en las calles y plazas más concurridas. Cristo Dios puede asomarse a ese inmundo espectáculo, y exclamar congojoso y angustiado: «¿Son estos los hijos que Yo redimí con mi sangre, llamé con mi gracia y sellé con mi Bautismo?». ¡Sí, Dios mío y Jesús mío y amado Esposo mío! Estos son, pero no como los queréis Vos a vuestra imagen y semejanza, sino como a imagen y semejanza suya las ha transformado y disfrazado vuestro enemigo Luzbel. Estos son, pero ya no cristianos, sino de nuevo paganos, como si por ellos no hubieseis padecido y muerto Vos. ¡Oh Bien mío despreciado! ¡Oh sangre pisoteada! ¡Oh santa Cruz renegada y desconocida! ¡Oh espantosa ingratitud! 
   
II. Reflexiona, alma mía, cómo por estos motivos, aunque en todos los días del año se vea ofendido Dios nuestro Señor, en éstos es cuando más fiero y repetido se le dirige el agravio a su honra divina. Esta, ésta, más que la última de Cuaresma, es su verdadera semana de Pasión. Razón tiene la Iglesia santa en haber puesto por Evangelio de la Misa de Quincuagésima aquel tristísimo: Ecce ascéndimus Jerosólymam, que parece escrito para estos días. Sí, volvemos a Jerusalén, volvemos al Calvario, repítese la sangrienta tragedia de que fue autor el pueblo judío. Sólo que ahora lo es con mucha mayor crueldad el mismo pueblo cristiano. Sí, Cristo es de nuevo escupido, abofeteado, puesto en cruz, mofado y silbado en ella. Desde aquí oigo los aullidos de un pueblo brutal que prefiere seguir más que a Cristo, al infame Barrabás. Desde aquí se percibe el rumor de las masas seducidas que se burlan de Él y le blasfeman y zahieren. ¡Oh pobre Jesús mío! ¡Y Vos solo aquí soportando la vergüenza de esos escarnios! ¡Vos solo aquí con un reducido grupo de amigos fieles, pocos, muy pocos en comparación de los innumerables que reniegan de Vos, o por lo menos, os vuelven indiferentes el rostro! ¡Ah! Consolaos, dulcísimo Jesús mío, con mis pobres obsequios, y perdonad. Seguid teniendo extendidas las manos para recibir amoroso a tanto ingrato, si por acaso vuelve más tarde a Vos. Mi corazón os ofrezco; pedid de él algún sacrificio que sea en desagravio de vuestro vilipendiado honor. ¡Ojalá pudiera yo ofrecerme víctima sobre este altar por Vos y por mis infelices hermanos!
     
Aquí con mucho fervor se ofrecerá cada cual, al Sagrado Corazón de Cristo sacramentado en expiación por los pecados del Carnaval, aceptando por ellos cualquier tribulación y angustia a que dispusiere sujetarle Su Divina Majestad.
   
Enseguida se rezará la Estación mayor, consistente en seis Padre nuestros, Ave Marías y Glorias, y después los siguientes:

OFRECIMIENTOS Y DEPRECACIONES
    
℣. ¡Señor mío Jesucristo! Por mis hermanos los pobres pecadores acudo solícito a vuestros soberanos pies, para que les concedáis saludable arrepentimiento y filial retorno a Vos.
℟. Perdonadlos, Señor.

℣. Por la pureza sin mancha de vuestra Madre y por la virginal limpieza de su santa maternidad, perdonad a tantos infelices las deshonestidades y lascivias con que embrutecen su alma.
℟. Perdonadlos, Señor.
  
℣. Por la pobreza de vuestro nacimiento y oscuridad de vuestros primeros años, perdonadles a tantos infelices los excesos del lujo con que rinden tributo al mundo y a Satanás.
℟. Perdonadlos, Señor.
   
℣. Por la modestia de vuestros dulces ojos, que nunca miraron mal, y por la prudencia de vuestras palabras, que siempre fueron de edificación y buen ejemplo, perdonadles a tantos infelices las miradas impúdicas que dirigen u ocasionan, y las conversaciones escandalosas, ruina del pudor y de la vergüenza cristiana.
℟. Perdonadlos, Señor.
   
℣. Por vuestros pasos y fatigas en busca de los pecadores, por vuestras congojas y sed en la predicación evangélica, perdonadles a tantos infelices los sacrificios mil de salud con que sirven al mundo y a su carne, en vez de sacrificarse por Vos.
℟. Perdonadlos, Señor.
   
℣. Por aquel amor con que instituisteis el Santísimo Sacramento en la Última Cena, a pesar de que sabías cómo este vuestro misterio de infinita caridad había de ser escarnecido por tantos infelices en Carnaval.
℟. Perdonadlos, Señor.
      
℣. Por la amarga tristeza que en Getsemaní os dieron los excesos de estos días, que claramente veías, y por aquella traición de Judas que tantos infelices repiten hoy.
℟. Perdonadlos, Señor.
   
℣. Por aquella bofetada, por aquellos azotes y espinas, por aquella ignominiosa cruz que pidió para Vos el ingrato pueblo judío, menos culpable que los infelices cristianos que en estos días renuevan vuestra Pasión.
℟. Perdonadlos, Señor.
     
℣. Por las tres negaciones con que os afligió aquel apóstol cobarde a la voz de una criada, que no os afligieron más que las repetidas negaciones con que en estos días abjuran su nombre y carácter de cristianos tantos infelices hijos vuestros.
℟. Perdonadlos, Señor.
     
℣. Por las siete palabras que en la cruz dijisteis, por el vinagre y hiel que allí se os ofreció, por las lágrimas que visteis derramar a vuestra dulce Madre, por vuestras agonías y último suspiro, por vuestra sepultura y Resurrección, que tantos infelices desconocen y olvidan en estos días, como si por ellos no hubieseis padecido, muerto y resucitado.
℟. Perdonadlos, Señor.
   
ORACIÓN
¡Señor mío Jesucristo! Dignaos aceptar en reparación de vuestra divina gloria ofendida, y por mis pobres hermanos extraviados, estas súplicas y ofrecimientos que os dirijo, seguro de la benignidad con que los acogerá vuestro misericordioso Corazón. Compadeceos, Jesús mío, de esos hijos vuestros que habéis redimido con vuestra Sangre, y admitidlos un día al dulce abrazo de vuestra reconciliación. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO
Por la señal…
Oración inicial.
   
MEDITACIÓN: CUÁN CIERTA ES LA PERDICIÓN DE MUCHAS ALMAS EN ESTOS DÍAS DE CARNAVAL
I. Si no conmueve, oh cristiano, tu corazón el continuo ultraje que en estos días recibe la honra divina, muévete al menos el gran número de hermanos que por los excesos de ellos se lanzan a la perdición. Si vieses caer a derecha e izquierda de ti miles de hombres víctimas de una cruel epidemia, no sería espectáculo tan doloroso como lo es hoy ver a tantos desdichados precipitarse, víctimas de esa pestilencia del vicio, por los caminos de su eterna desventura. ¿Y dices amar al prójimo como a ti mismo, y no te horroriza este estrago de almas tan general? ¿Y nada harás para disminuirlo, si sabes que en tu mano está librar alguna de esas desventuradas víctimas? Sí, en tu mano está por medio de la fervorosa oración a Cristo sacramentado. Ha querido Dios nuestro Señor que cada uno pudiese ser de este modo brazo de salvación para su hermano. Resuélvete, pues, a serlo de los que puedas en esos días infelicísimos del Carnaval. ¡Señor mío Jesucristo! Conceded a mis ruegos, aunque indignos, lo que tanto necesitan esas pobrecitas almas apartadas de Vos. Un rayo de vuestra luz que las haga ver lo peligroso de su estado, un toque de vuestra gracia que las ayude a salir de él. ¡Señor, mirad que se alegra con esa infernal cosecha el demonio vuestro enemigo! No sea inútil el precio de vuestra Sangre en tantos desventurados por quienes como por mí la habéis derramado. Que vean, Señor, que vean esos ciegos de la más peligrosa ceguera, que vean y os bendigan después por toda la eternidad.
   
II. Observa bien, alma mía, cuántos lazos especiales tienden en estos días el mundo, demonio y carne, para hacer suyas las almas, y con qué horrible facilidad se dejan coger éstas en tales redes de perdición. La más vergonzosa licencia se encubre bajo las apariencias de gracejo y buen humor; la orgía más desenfrenada se llama sencillamente desahogo propio de la temporada. La vil lujuria que arruina tantas almas y prostituye tantas honras toma el color de sencillo pasatiempo y distracción; la impiedad volteriana que ríe y hace reír a costa de lo más sagrado no parece sino chiste urbano, y rasgo de ingeniosa y amena galantería. Infinidad de corazones pagan tributo a esa atmósfera de pecado que parece lanzar envenenada sobre la tierra por todos los respiraderos del mismo infierno. ¡Cuántos contraen en estos días la espantosa gangrena que ha de hacer miserable y criminal toda su vida, hasta dar con ellos en los abismos de la eterna condenación! ¡Cuántas muertes de réprobo no tendrán otro origen que esos infames desórdenes con que se torció para siempre el curso de una vida tal vez cristianamente empezada, para no parar sino en las inmundicias de una corrompida ancianidad! ¡Oh Dios mío y Señor mío! A Vos acudo en demanda de gracia y misericordia por tantas almas que aún pueden quizá ser dignas de Vos, por un sincero arrepentimiento. Compadeceos de ellas, de la inexperiencia de su edad, de la locura de sus pasiones, de los ardides mil con que las rodea el enemigo, de las falsas máximas con que las seduce un mundo traidor. Dad, Señor, una mirada compasiva a esos extraviados, un rayo de vuestra soberana luz hará de ellos tal vez las ovejas más fieles de vuestro redil. Escuchad por ellos estas mis oraciones, recibid por ellos mi comunión y mis escasos sacrificios, mi salud, mi honra, mi vida, tomadlas en pago de sus deudas, si con aquellas puedo retornar un alma siquiera de las extraviadas, a vuestros divinos pies. Amén.
    
Rézase la Estación mayor, los Ofrecimientos y la Oración.

DÍA TERCERO
Por la señal…
Oración inicial.
      
MEDITACIÓN: LO QUE AGRADECE DIOS NUESTRO SEÑOR EL DESAGRAVIO QUE SE HACE A SU HONRA, Y LA SÚPLICA QUE SE LE DIRIGE POR LOS PECADORES
I. Muchos más serían los corazones consagrados a la dulce tarea de desagraviar a Dios nuestro Señor, si conociesen cuánto agradece y estima esta tal muestra de amor de sus fieles amigos. Sabido es que tanto solemos más apreciar un obsequio, cuanto es más singular y menos acostumbrado. Allí brilla más la acendrada amistad y se echa de ver más firme y animoso el verdadero afecto. Considera, pues, con cuán buenos ojos verá el dulce Jesús las horas que has pasado estos días en su devota compañía, mientras los del mundo se entregaban con tan loco afán a sus culpables o siquiera frívolos y peligrosos devaneos. Paréceme ver al Corazón de nuestro dulce Señor inclinarse más amoroso que nunca a los fieles amigos suyos desde su escondido tabernáculo, para agradecerles y recompensarles con nuevos dones de su caridad esas muestras que se apresuran a darle de reparación y desagravio. ¡Oh, cómo las consolará el divino Esposo en sus aflicciones a tales almas que no le han dejado en su soledad! ¡Oh, cómo les hará en sus tristezas amorosa y delicada compañía! Sí, que muy agradecido es el Corazón de nuestro buen Dios, y no sufre que le aventaje nadie en finezas de correspondencia. ¡Alma mía! Esfuérzate en ser fiel a tu dulce Jesús, cuando son tantos los ingratos que le ofenden y los distraídos que le olvidan. Redobla tu celo, duplica tu fervor, reenciende más y más tu cariñoso anhelo, para suplir con tus adoraciones las que el mundo, demonio y carne roban en estos días a tu adorable Salvador. Hazlo con más ahínco en este último día, y no te pesará en tu última hora haber permanecido constante y fiel a tu ofendido y menospreciado Jesús.
   
II. Ni merecerás menos, alma mía, por el celo que hayas mostrado en rogar e interceder en tales días, y especialmente en este postrero, por los infelices pecadores, que trae ciegos y locos tras sus banderas el infernal caudillo Satanás. Dios nuestro Señor, después de su propia honra y gloria, que es lo más digno de ser enaltecido y glorificado, ama muy especialmente las almas de esas criaturas que para el cielo formó, y por quienes dio toda su Sangre. Y duélele infinitamente a su Corazón amante verlas precipitarse por caminos de perdición, y que por su severísima justicia hayan de ser condenadas a eterno castigo. Insta, pues, suplica, apremia, para que salga quien se interponga entre ellas y el infierno, quien las aparte de sus pésimos senderos, quien las vuelva a sus brazos arrepentidas y reconciliadas. Y para eso quiere que haya quien ore mucho por ellas, quien por ellas se ofrezca, quien por ellas satisfaga y expíe, para facilitarle así a su misericordia, sin perjuicio de su eterna justicia, la grata obra de perdonar. Así que, bien podemos asegurar que nada agradecerá tanto el Divino Señor, y nada recompensará con tan subidas mercedes con la intercesión de los buenos en favor de sus hermanos pecadores. Se asocia a su obra de Redentor y hácese como redentor con Él, quien trabaja y ora, y sufre y expía, para hacer eficaces en las almas de sus hermanos los frutos de la Redención. ¡Oh suavísimo Redentor mío, y que lo sois también de todos mis hermanos pecadores! A ese lauro aspiro yo, y ese espero merecer por vuestra infinita misericordia. ¡Logre yo devolveros alguna de esas almas perdidas que os robó Satanás, logre yo haber alcanzado con mis pobres oraciones y expiaciones algún toque interior de gracia para alguna de ellas en estos días de Carnaval! ¡Poneos de mi parte Vos Señora, Reina y Madre de pecadores, Ángeles y Santos Patronos de esta población, Custodios de los infelices hermanos míos apartados de Dios! Presentad vosotros estas mis últimas súplicas al Altísimo, y alcancen ellas por vuestra recomendación lo que por mis escasos méritos no pudieran tal vez lograr. Amén.
    
Rézase la Estación mayor, los Ofrecimientos y la Oración.

domingo, 17 de enero de 2021

EL APOSTOLADO SEGLAR

Definición: Se entiende por Apostolado Seglar «el trabajo individual o colectivo para la propagación, defensa, aumento y esplendor de la fe, aparte de lo que constituye la función jerárquica y oficial de la Iglesia docente, pero siempre bajo la dirección y autoridad de esta misma iglesia».
  
Nótense bien estas últimas palabras, aparte de lo que constituye la función jerárquica y oficial de la iglesia docente. Porque el régimen y enseñanza pastoral, la celebración del sacrificio, la administración de los sacramentos y otros actos que constituyen el ejercicio público y oficial del ministerio apostólico, claro es que están vedados a los seglares, pero en todo lo demás que puede referirse a la gloria de Dios y a la salvación de las almas y que no exige carácter exclusivamente sacerdotal, no solo pueden cooperar los seglares sino aún tomar la iniciativa propia en tales actos.
  
Excelencia: No hay obra más agradable a Dios que cooperar a la extensión de su reinado en el mundo y a la salvación de las almas; en tanto grado, que el ejercicio de la mortificación y penitencia más austera y rigurosa que jamás se haya visto no es tan grata a los divinos ojos, ni así aprovecha para satisfacer a la divina justicia por las culpas cometidas.
  
Nobleza: Acto noble y generoso por demás fuera el de aquel caballero que viendo cómo una honrada Señora es mofada y maltratada y hecha el ludibrio de una turba de malvados, se encarara con los atropellaros y arremetiendo contra ellos los pusiera en precipitada fuga. Pues bien; la Señora ultrajada y no solo Señora sino también madre nuestra es la Iglesia, es la religión que se ve perseguida, insultada e injuriada por turbas infames, sin vergüenza y sin temor de Dios. ¡No será, por tanto, la cosa más noble y generosa sacar la cara para defender sus derechos, lo propio en público que en privado? Quien de eso se avergüence, no se llame católico.
  
Quienes vienen llamados a ejercer este apostolado: ¿Quiénes...? Todos los que han tenido la dicha incomparable de ser regenerados con las aguas bautismales. ¿Por qué? Porque en aquel día venturoso nos comprometimos solemnemente a seguir y a profesar la ley cristiana. Y seguir y profesar la ley cristiana no significa otra cosa que creer lo que la Iglesia enseña y practicar cuanto ella manda, y crearlo y practicarlo como se debe. ¿Y cómo se debe? Débese creer y practicar con todo el corazón y con toda el alma. Explícito es por demás el primero y principal mandamiento: «Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu entendimiento». Mas el que ama de veras a una persona no hay porque decir que lejos, muy lejos de perseguirla, ni siquiera de mirar con indiferencia sus intereses y su gloria, se desvive y pone todo su empeño en que sea conocida, honrada y alabada por todos. Luego no cumple como buen cristiano quien no mira los intereses de la religión, a lo menos, como el más ardiente político los de su política; como el más activo comerciante los de su negocio, como el más resuelto militar los de su campaña. Luego no es buen católico el que no siente por los intereses del catolicismo todo el ardor, todo el apasionamiento que siente por aquellas cosas que más de cerca tocan su honra o utilidad. Luego todos los católicos sin distinción de clases, estados y categorías vienen obligados a consagrarse a este apostolado.
   
Medios de ejercerlo: Muy vasto, ciertamente muy extenso es el campo que se presenta a la vista del propagandista Católico. La beneficencia cristiana, la educación de la niñez, las escuelas nocturnas y dominicales, la solución católica del problema obrero, las asociaciones católicas, y muy particularmente la prensa de cuya dirección católica o impía depende la buena o mala marcha de las naciones. Pero si todo esto es digno de llamar la atención del propagandista católico, con mayoría de razón lo serán aquellas cosas que se refieren de un modo más inmediato a la religión y al culto divino; como son procurar la mayor frecuencia posible de sacramentos, el que se celebren con brillo y esplendor las funciones religiosas, la asistencia al rosario de la aurora, a las procesiones, a la administración del Santo Viático, las romerías y otros actos semejantes.
   
Si alguno por sus ocupaciones o especiales circunstancias se excusara de practicar todos o alguno de los medios indicados, es cierto que no podrá alegar excusa alguna para dejar de poner en práctica el primero y principal y mas eficaz medio de propaganda, que es el buen ejemplo, llamado con razón la primera arma del combate católico, arma de tiro seguro y de todos manejable, como quiera que de él depende, aun más que de la prensa misma, el bien o el mal así del individuo, como de la familia y de la sociedad. Porque la experiencia enseña que la inmensa mayoría de los hombres, por no decir todos, se mueven a obrar ya el bien ya el mal no por lo que oyen decir sino por lo que ven hacer; por eso ha dicho un célebre escritor: por cada diez buenos ejemplos daría cien artículos de periódico. Sino decidme: ¿no es verdad que para cierta clase de personas es de mayor eficacia para excitarlas obrar el bien el espectáculo de una numerosa y solemnísima comunión general, singularmente si se distingue por concurrir a ella muchos hombres o el presenciar una devota procesión o romería que la lectura de muchos libros, aunque sean piadosos? Jamás se dará demasiada importancia al apostolado del buen ejemplo. Nunca debe olvidarse que las lecturas sin los ejemplos son letra muerta, mientras que los ejemplos sin lecturas convirtieron el mundo.
   
Una palabra a la mujer: Las que con mayor razón podrían creerse desobligadas de ejercer el apostolado seglar son las mujeres, y sin embargo nada hay mas falso. La mujer posee un arma más fuerte y más invencible que todos los ejercitas. Esa arma es el amor de su corazón. Si emplea ese amor en amar a Jesucristo y en hacerle amar de cuantos la rodean, es un verdadero ángel bajado del cielo que contribuye poderosamente a la gloria de Dios y a la salvación de las almas. Ella infunde en el alma de sus hijos el verdadero amor a la religión y a la patria; y en este sentido puede asegurarse que los grandes héroes los han formado después de Dios, más que nadie, las madres católicas.
  
¡Madres! orad a Dios, suplicad a vuestros hijos y maridos, valeos de todos los medios posibles, que si lo hacéis debidamente sois invencibles. No hay palabras que basten a declarar la influencia de la mujer piadosa así en la familia como en la sociedad y en la religión. No defraudéis las esperanzas de la Iglesia, sed para ella lo que fueron en otro tiempo las Mónicas, las Elenas, las Constanzas, las Teodoras, las Clotildes. Si no trabajáis en bien de la religión, seréis seres inútiles y despreciables ante la Iglesia, sino llegáis a ser verdaderos monstruos de iniquidad. Recordad el ejemplo reciente de las señoras francesas, y no solamente de las francesas sino también de las españolas que en estos últimos tiempos han dado muestras de celo excepcional en favor de la religión y de la patria.
   
Extractos del opúsculo El Apostolado Seglar, del padre Félix Sardá y Salvany.

sábado, 22 de agosto de 2020

CONTRA LOS QUE ARGUYEN «¿Quién eres TÚ para juzgar quién es hereje?»

«Todo lo que acabáis de exponer, dirá alguien al llegar aquí, topa, en la práctica, con una dificultad gravísima. “Habéis hablado de personas y de escritos liberales, y nos habéis recomendado con gran ahínco huyésemos, como de la peste, de ellos y hasta de su más lejano resabio. ¿Quién, empero, se atreverá, por sí solo, a calificar a tal persona a escrito de liberal, no mediando antes fallo decisivo de la Iglesia docente que así los declare?”.
   
He aquí un escrúpulo, o mejor, una tontería, que han puesto muy en boga, de algunos años acá, los liberales y los resabiados del Liberalismo. Teoría nueva en la Iglesia de Dios, y que hemos visto con asombro prohijada por quienes nunca hubiéramos imaginado pudiesen caer en tales aberraciones. Teoría, además, tan cómoda para el diablo y sus secuaces; que en cuanto un buen católico les ataca o desenmascara, al punto se les ve acudir a ella y refugiarse en sus trincheras, preguntando con aires de magistral autoridad: “¿Y quién sois vos para calificarme a mí o a mi periódico de liberales? ¿Quién os ha hecho maestro en Israel para declarar quién es buen católico y quién no? ¿Es a vos a quien se ha de pedir patente de Catolicismo?”. Esta última frase, sobre todo, ha hecho fortuna, como se dice, y no hay católico resabiado de liberal que no la saque, como último recurso, en los casos graves y apurados. Veamos, pues, qué hay sobre eso, y si es sana teología la que exponen los católico-liberales sobre el particular. Planteemos antes limpia y escueta la cuestión. Es la siguiente:
  
“Para calificar a una persona o un escrito de liberales, ¿debe aguardarse siempre el fallo concreto de la Iglesia docente sobre tal persona o escrito?”.
  
Respondemos resueltamente que de ninguna manera. De ser cierta esta paradoja liberal, fuera ella indudablemente el medio más eficaz para que en la práctica quedasen sin efecto las condenaciones todas de la Iglesia, en lo referente así a escritos como a personas.
  
La Iglesia es la única que posee el supremo magisterio doctrinal de derecho y de hecho, juris et facti, siendo su suprema autoridad, personificada en el Papa, la única que definitivamente y sin apelación puede calificar doctrinas en abstracto, y declarar que tales doctrinas las contiene o enseña en concreto el libro de tal o cual persona. Infalibilidad no por ficción legal, como la que se atribuye a todos los tribunales supremos de la tierra, sino real y efectiva, como emanada de la continua asistencia del Espíritu Santo, y garantida por la promesa solemne del Salvador. Infalibilidad que se ejerce sobre el dogma y sobre el hecho dogmático, y que tiene por tanto toda la extensión necesaria para dejar perfectamente resuelta, en última instancia, cualquier cuestión.
  
Ahora bien. Esto se refiere al fallo último y decisivo, al fallo solemne y autorizado, al fallo irreformable e inapelable, al fallo que hemos llamado en última instancia. Mas no excluye para luz y guía de los fieles otros fallos menos autorizados, pero sí también muy respetables, que no se pueden despreciar y que pueden hasta obligar en conciencia al fiel cristiano. Son los siguientes, y suplicamos al lector se fije bien en su gradación:
El de los Obispos en sus diócesis. Cada Obispo es juez en su diócesis para el examen de las doctrinas y calificación de ellas, y declaración de cuáles libros las contienen y cuáles no. Su fallo no es infalible, pero es respetabilísimo y obliga en conciencia, cuando no se halla en evidente contradicción con otra doctrina previamente definida, o cuando no le desautoriza otro fallo superior.
El de los Párrocos en sus feligresías. Este magisterio está subordinado al anterior, pero goza en su más reducida esfera de análogas atribuciones. El Párroco es pastor, y puede y debe, en calidad de tal, discernir los pastos saludables de les venenosos. No es infalible su declaración, pero debe tenerse por digna de respeto, según las condiciones dichas en el párrafo anterior.
El de los directores de conciencias. Apoyados en sus luces y conocimientos, pueden y deben los confesores decir a sus dirigidos lo que les parezca, acerca tal doctrina o libro sobre que se les pregunta: apreciar según las reglas de moral y filosofía si tal lectura o compañía puede ser peligrosa o nociva para su confesado, y hasta pueden con verdadera autoridad intimarle se aparte de ellas. Tiene, pues, también un cierto fallo sobre doctrinas y personas el confesor.
El de los simples teólogos consultados por el fiel seglar. Perítis in arte credéndum, dice la filosofía: “se ha de creer a cada cual en lo que pertenece a su profesión o carrera”. No se entiende que goce en ella el tal de verdadera infalibilidad, pero sí que tiene una cierta especial competencia para resolver los asuntos con ella relacionados. Ahora bien. Al teólogo graduado le da la Iglesia un cierto derecho oficial para explicar a los fieles la ciencia sagrada y sus aplicaciones. En uso de este derecho escriben de teología los autores, y califican y fallan según su leal saber y entender. Es, pues, cierto que gozan de una cierta autoridad científica para fallar en asuntos de doctrina, y para declarar qué libros la contienen o qué personas la profesan. Así simples teólogos censuran y califican, por mandato del Prelado, los libros que se dan a la imprenta, y garantizan con su firma su ortodoxia. No son infalibles, pero le sirven al fiel de norma primera en lo casero y usual de cada día, y deben éstos atenerse a su fallo hasta que lo anule otro superior.
El de la simple razón humana debidamente ilustrada. Sí, señor, hasta eso es lugar teológico, como se dice en teología, es decir, hasta eso es criterio científico en materia de religión. La fe domina a la razón; ésta debe estarle en todo subordinada. Pero es falso que la razón nada pueda por sí sola; es falso que la luz inferior encendida por Dios en el entendimiento humano no alumbre nada, aunque no alumbre tanto como la luz superior. Se le permite, pues, y aun se le manda al fiel discurrir sobre lo que cree, y sacar de ello consecuencias, y hacer aplicaciones, y deducir paralelismos y analogías. Así puede el simple fiel desconfiar ya a primera vista de una doctrina nueva que se le presente, según sea mayor o menor el desacuerdo en que la vea con otra definida. Y puede, si este desacuerdo es evidente, combatirla como mala, y llamar malo al libro que la sostenga. Lo que no puede es definirla ex cáthedra; pero tenerla para sí como perversa, y como tal señalarla a los otros para su gobierno, y dar la voz de alarma y disparar los primeros tiros, eso puede hacerlo el fiel seglar; eso lo ha hecho siempre y se lo ha aplaudido siempre la Iglesia. Lo cual no es hacerse pastor del rebaño, ni siquiera humilde zagal de él; es simplemente servirle de perro para avisar con sus ladridos. “Opórtet adlatráre canes”, recordó a propósito de esto muy oportunamente un gran Obispo español, digno de los mejores siglos de nuestra historia.
   
¿Por ventura no lo entienden así los más celosos Prelados, cuando, en repetidas ocasiones, exhortan a sus fieles a abstenerse de los malos periódicos o de los malos libros sin indicarles cuáles sean éstos, persuadidos como están de que les bastará su natural criterio ilustrado por la fe para distinguirlos, aplicando las doctrinas va conocidas sobre la materia? Y el mismo Índice ¿contiene acaso los títulos de todos los libros prohibidos? ¿No figuran al frente de él, con el carácter de Reglas generales del Índice, ciertos principios a los que debe atenerse un buen católico para considerar como malos muchos impresos que el Índice no designa, pero que, sobre las reglas dadas, quiere que juzgue y falle por sí propio cada uno de los lectores?
   
Pero vengamos a una consideración más general. ¿De qué serviría.la regla de fe y costumbres, si á cada caso particular no pudiese hacer inmediata aplicación de ella el simple fiel, sino que debiese andar de continuo consultando al Papa o al Pastor diocesano? Así como la regla general de costumbres es la ley, y sin embargo tiene cada uno dentro de sí una conciencia (dictamen práctico) en virtud de la cual hace las aplicaciones concretas de dicha regla general, sin perjuicio de ser corregido, si en eso se extravía; así en la regla general de lo que se ha de creer, que es la autoridad infalible de la Iglesia, consiente ésta, y ha de consentir, que haga cada cual con su particular criterio las aplicaciones concretas, sin perjuicio de corregirle, y obligarle a retractación si en eso yerra. Es frustrar la superior regla de fe, es hacerla absurda e imposible exigir su concreta o inmediata aplicación por la autoridad primera, a cada caso de cada hora y de cada minuto.
   
Hay aquí un cierto jansenismo feroz y satánico, como el que había en los discípulos del malhadado Obispo de Iprés al exigir para la recepción de los Santos Sacramentos disposiciones tales que los hacían moralmente imposibles para los hombres, a cuyo provecho están destinados. El rigorismo ordenancista que aquí se invoca es tan absurdo como el rigorismo ascético que se predicaba en Port-Royal, y sería aún de peores y más desastrosos resultados. Y sino, obsérvese un fenómeno. Los más rigoristas en eso son los más empedernidos sectarios de la escuela liberal. ¿Cómo se explica esa aparente contradicción? Explícase muy claramente, recordando que nada convendría tanto al Liberalismo como esa legal mordaza puesta a la boca y a la pluma de sus más resueltos adversarios. Sería a la verdad gran triunfo para él lograr que, so pretexto de que nadie puede hablar con voz autoritativa en la Iglesia, más que el Papa y los Obispos, enmudeciesen de repente los De Maistre, los Valdegamas, los Veuillot, los Villoslada, los Aparisi, los Tejado, los Orti y Lara, los Nocedal, de que siempre, por la divina misericordia, ha habido y habrá gloriosos ejemplares en la sociedad cristiana. Eso quisiera él, y que fuese la Iglesia misma quien le hiciese ese servicio de desarmar a sus más ilustres campeones».
  
PADRE FÉLIX SARDÁ Y SALVANY. El liberalismo es pecado, cap. XXXVIII: Si es o no es indispensable acudir cada vez al fallo concreto de la Iglesia y de sus Pastores para saber si un escrito o persona deben repudiarse y combatirse como liberales”. 8ª edición. Barcelona, Librería Católica, 1907, págs. 144-150.

viernes, 3 de julio de 2020

MES DE JUNIO DEDICADO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS - DÍA TRIGESIMOTERCERO

Dispuesto por el Padre Félix Sardá y Salvany y publicado en Barcelona por la Tipografía Católica en 1879, con aprobación eclesiástica.
   
MES DE JUNIO DEDICADO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
   
 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este Divino Sacramento estáis vivo e inflamado de amor por nosotros! Aquí nos tenéis en vuestra presencia, pidiéndoos perdón de nuestras culpas e implorando vuestra misericordia. Nos pesa, oh buen Jesús, de haberos ofendido, por ser Vos tan bueno que no merecéis tal ingratitud. Concedednos luz y gracia para meditar vuestras virtudes y formar según ellas nuestro pobre corazón. Amén.
   
DÍA 33º – SOBRE LA TERCERA INSIGNIA DEL SAGRADO CORAZÓN: LA HERIDA DE LA LANZA
    
I
   
Abierto se nos presenta el Corazón sacratísimo y no de cualquier manera, sino a feroz punta de hierro y derramando por esa abertura las últimas gotas de su sangre y agua preciosísima. Con ellas parece habernos querido simbolizar el divino Jesús, lo total, lo absoluto de su entrega y de su abnegación y desprendimiento por nosotros. Es el verdadero carácter del amor, y no podía ser que fuese a objetos tan viles y miserables como nosotros. Padecer por nosotros, como expresa la primera insignia; ser hasta lo sumo despreciado por nosotros, como lo indica la segunda; entregarse totalmente y sin restricción a nosotros, eso quiere decir la tercera. No bastó haber muerto, y muerto en Cruz; cadáver ya el cuerpo y a punto de ser sepultado, recuerda su alma que todavía quedan allá por derramarse unas gotas de sangre y ni eso quiere regatear a la obra de nuestra Redención. Instrumento de odio la lanza de Longinos, es sin quererlo él, pero por inefable designio de Dios, la llave de oro de ese Sagrario, que se nos abre para que se nos den y nos aprovechen las últimas muestras de su infinita caridad hacia el mundo pecador. ¡Ya más no pudo dar quien todo dio! Pero ¡cuánto no puede exigir quien tanto ha dado! ¡Y cómo no será feísima ingratitud la de quien no se dé por entero a quien tanto se ha prodigado y con tanto exceso y con tan desinteresado desprendimiento!
    
Medítese unos minutos.
   
II
   
Así debería ser todo fiel cristiano, así de un modo particular el fino devoto del Corazón de Jesús. «Una fibra sola de mi corazón que por Dios no fuese (decía San Francisco de Sales), la arrancaría de él». Abramos nuestro corazón, y abrámoslo a nuestro buen Jesús a impulsos del agradecimiento, y no consintamos haya en él cosa alguna, afición, inclinación, deseo, u otro sentimiento, que no sea hacia Él, o por Él inspirado. Herida nos abren a cada momento terrenas pasiones a las que no sabemos o queremos resistir, vanidades que nos halagan, codicias que nos seducen. ¡Qué, día no habrá en nuestro corazón más que una herida, una sola, la que en él haya abierto el dardo del divino amor, para que tenga en nosotros entera y única posesión nuestro adorado dueño Jesús! ¡Quién, como aquella tan enamorada Teresa de Jesús, pudiese sentir rasgado el suyo por ardiente serafín, que, a todo otro amor se lo matase, y sólo para el de Dios lo dejase vivir y arder y consumirse en encendida llama!
   
¡Abrid, Señor, el mío y cerradlo a terrenos, afectos y a humanas sensualidades, indignas de ocupar un sitio que sólo Vos merecéis y podéis honrar! Por él disteis sangre y alma, par él padecisteis congojas de muerte, por él os entregasteis sin reserva alguna a este pobre pecador. Derecho tenéis a que también con entero desprendimiento se os haga del mismo perfecta donación. Ayudadme Vos con vuestra gracia y haced por ella que sea yo todo vuestro, como Vos sois todo mío ahora y por toda la eternidad. Amén.
   
Medítese, y pídase la gracia particular.
   
ORACIÓN Y ACTO DE CONSAGRACIÓN
Rendido a vuestros pies, oh Jesús mío, considerando las inefables muestras de amor que me habéis dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo vuestro adorabilísimo Corazón, os pido humildemente la gracia de conoceros, amaros y serviros como fiel discípulo vuestro, para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que generoso concedéis a los que de veras os conocen, aman y sirven.
   
¡Mirad que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Vos, como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! Mirad que soy muy rudo, oh soberano Maestro, y necesito de vuestras divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mirad que soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los flacos, y caigo a cada paso, y necesito apoyarme en Vos para no desfallecer! Sedlo todo para mí, Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Vos lo espera todo mi pobre corazón. Vos lo alentasteis y convidasteis cuando con tan tiernos acentos dijisteis repetidas veces en vuestro Evangelio: «Venid a Mí…, Aprended de Mí…, Pedid, llamad…». A las puertas de vuestro Corazón vengo pues hoy, y llamo, y pido, y espero. Del mío os hago, oh Señor, firme, formal y decidida entrega. Tomadlo Vos, y dadme en cambio lo que sabéis me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.
    
Aquí se rezará tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria, en recuerdo de las tres insignias, cruz, corona y herida de la lanza, con que se apareció el Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque.
   
LETANÍA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
       
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
      
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
      
Corazón de Jesús, Hijo del Padre Eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, unido substancialmente al Verbo Divino, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Santuario de justicia y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de amor y bondad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre tiene todas sus complacencias, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud hemos participado todos nosotros, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseado de los collados eternos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y de gran misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rico para con todos aquellos que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de oprobios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, despedazado por nuestras maldades, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, traspasado con la lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, nuestra vida y resurrección, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, nuestra paz y reconciliación, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salud de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los Santos, ten piedad de nosotros.
    
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
   
℣. Jesús, manso y humilde de Corazón.
℟. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.
  
ORACIÓN
¡Oh Jesús, Señor nuestro, que por un nuevo beneficio de tu gracia te has dignado manifestar a tu Iglesia las riquezas de tu Corazón!: haz que podamos pagar a este divino Corazón amor con amor, y reparar con dignos desagravios los ultrajes que te ha hecho la ingratitud de los hombres.
   
Omnipotente y sempiterno Dios, pon los ojos en el Corazón de tu muy amado Hijo, y en las alabanzas y satisfacciones que te ha ofrecido a nombre de los pecadores, y aplacado con ellas, perdona a los que imploran tu misericordia en nombre del mismo Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

jueves, 2 de julio de 2020

MES DE JUNIO EN HONOR AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS - DÍA TRIGESIMOSEGUNDO

Dispuesto por el Padre Félix Sardá y Salvany y publicado en Barcelona por la Tipografía Católica en 1879, con aprobación eclesiástica.
   
MES DE JUNIO DEDICADO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
   
 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este Divino Sacramento estáis vivo e inflamado de amor por nosotros! Aquí nos tenéis en vuestra presencia, pidiéndoos perdón de nuestras culpas e implorando vuestra misericordia. Nos pesa, oh buen Jesús, de haberos ofendido, por ser Vos tan bueno que no merecéis tal ingratitud. Concedednos luz y gracia para meditar vuestras virtudes y formar según ellas nuestro pobre corazón. Amén.
   
DÍA 32º – SOBRE LA SEGUNDA INSIGNIA DEL SAGRADO CORAZÓN: LA CORONA DE ESPINAS
    
I
   
No de flores, sino de punzantes espinas se nos apareció coronado el Corazón Sacratísimo de Jesús, y éste puede ser símbolo muy adecuado de su amor a la humillación y al desprecio. Burla fue y muy sangrienta de su realeza divina aquella infamante Corona que sobre su cabeza colocó en el Pretorio la soldadesca de Pilatos. Desprecio y vilipendio cual no se le dieron otros más ignominiosos en su afrentosa Pasión. Por rey se le caracterizó, pero rey de mofa y de comedia. Y con los demás atavíos del cetro de caña y manto de púrpura, se escarneció vilmente en Él la majestad soberana, con que reina en los cielos y es aclamado rey inmortal de los siglos por todas las angélicas jerarquías. ¿Qué menosprecio y baldón mayores pudo imaginar el demonio para aquella Santísima Humanidad que debía sentarse un día ceñido de gloria a la diestra del Padre y tener real Principado sobre toda criatura? Contemplemos la lastimera figura de ese soberano de nuestras almas, por causa de ellas reducido a vergonzosa parodia y caricatura de rey. Así ganó para ellas las eternas coronas de luz con que han de resplandecer un día en los cielos. Así les dio parte de su soberanía y principado, para que con Él reinen dichosas con reino que no tendrá fin. Besemos y adoremos y agradezcamos esa Corona de espinas, sin la cual no mereceríamos nosotros llevarla de gloria, en el trono de felicidad que a su lado nos promete y al cual sin cesar nos llama y convida
    
Medítese unos minutos.
   
II
   
Nos llama y convida, y justamente nos muestra y enseña el camino. Coronado no será en el Cielo más que aquel que hubiera con fortaleza combatido acá por los derechos de ese rey coronado de espinas, y que se haya distinguido en su imitación. Lo cual significa que la corona de luz que en el Cielo esperamos, ha de ir precedida acá y preparada por corona de dolor, que más o menos ha de traer todo fiel y devoto cristiano en su propio corazón. Y muy particularmente han de labrarle esta dolorosa corona las humillaciones y desprecios que de los mundanos reciba, la persecución y vilipendio con que le aflijan los que no pueden menos de escarnecer en él la semblanza y parecido con el Hijo de Dios, la angustia y pesadumbre que en sí mismo experimenta por los escarnios y afrentas con que se ve ultrajada cada día nuestra Santa Religión. ¡Feliz quien con tal corona puede presentarse adornado al tribunal del soberano Juez! ¡Cómo no ha de ser como tal reo blando y amoroso, si le viere ostentando la gloriosa escarapela de soldado suyo, con que por él luchó contra los enemigos de su nombre y de su Santa Ley! Hagámonos dignos de llevarla en nuestros corazones esta tan honrosa insignia, marca y sello de los predestinados. Honrémonos con ella, amémosla más que los vanagloriosos del mundo sus tan estimados blasones. Repitamos en obsequio a nuestro buen Jesús aquella enardecedora frase de uno de sus más fieles amigos y mas heroicos imitadores, San Juan de la Cruz: «Señor, nada quiero y nada deseo, sino padecer y ser afrentado por Vos».
   
Medítese, y pídase la gracia particular.
   
ORACIÓN Y ACTO DE CONSAGRACIÓN
Rendido a vuestros pies, oh Jesús mío, considerando las inefables muestras de amor que me habéis dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo vuestro adorabilísimo Corazón, os pido humildemente la gracia de conoceros, amaros y serviros como fiel discípulo vuestro, para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que generoso concedéis a los que de veras os conocen, aman y sirven.
   
¡Mirad que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Vos, como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! Mirad que soy muy rudo, oh soberano Maestro, y necesito de vuestras divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mirad que soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los flacos, y caigo a cada paso, y necesito apoyarme en Vos para no desfallecer! Sedlo todo para mí, Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Vos lo espera todo mi pobre corazón. Vos lo alentasteis y convidasteis cuando con tan tiernos acentos dijisteis repetidas veces en vuestro Evangelio: «Venid a Mí…, Aprended de Mí…, Pedid, llamad…». A las puertas de vuestro Corazón vengo pues hoy, y llamo, y pido, y espero. Del mío os hago, oh Señor, firme, formal y decidida entrega. Tomadlo Vos, y dadme en cambio lo que sabéis me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.
    
Aquí se rezará tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria, en recuerdo de las tres insignias, cruz, corona y herida de la lanza, con que se apareció el Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque.
   
LETANÍA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
       
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
      
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
      
Corazón de Jesús, Hijo del Padre Eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, unido substancialmente al Verbo Divino, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Santuario de justicia y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de amor y bondad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre tiene todas sus complacencias, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud hemos participado todos nosotros, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseado de los collados eternos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y de gran misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rico para con todos aquellos que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de oprobios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, despedazado por nuestras maldades, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, traspasado con la lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, nuestra vida y resurrección, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, nuestra paz y reconciliación, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salud de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los Santos, ten piedad de nosotros.
    
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
   
℣. Jesús, manso y humilde de Corazón.
℟. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.
  
ORACIÓN
¡Oh Jesús, Señor nuestro, que por un nuevo beneficio de tu gracia te has dignado manifestar a tu Iglesia las riquezas de tu Corazón!: haz que podamos pagar a este divino Corazón amor con amor, y reparar con dignos desagravios los ultrajes que te ha hecho la ingratitud de los hombres.
   
Omnipotente y sempiterno Dios, pon los ojos en el Corazón de tu muy amado Hijo, y en las alabanzas y satisfacciones que te ha ofrecido a nombre de los pecadores, y aplacado con ellas, perdona a los que imploran tu misericordia en nombre del mismo Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 1 de julio de 2020

MES DE JUNIO EN HONOR AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS - DÍA TRIGESIMOPRIMERO

Dispuesto por el Padre Félix Sardá y Salvany y publicado en Barcelona por la Tipografía Católica en 1879, con aprobación eclesiástica.
   
MES DE JUNIO DEDICADO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
   
 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
¡Dulcísimo Corazón de Jesús, que en este Divino Sacramento estáis vivo e inflamado de amor por nosotros! Aquí nos tenéis en vuestra presencia, pidiéndoos perdón de nuestras culpas e implorando vuestra misericordia. Nos pesa, oh buen Jesús, de haberos ofendido, por ser Vos tan bueno que no merecéis tal ingratitud. Concedednos luz y gracia para meditar vuestras virtudes y formar según ellas nuestro pobre corazón. Amén.
   
DÍA 31º – SOBRE LAS TRES INSIGNIAS CON QUE SE APARECIÓ EL SAGRADO CORAZÓN: LA CRUZ, PRIMERA INSIGNIA
    
I
   
Considera, alma mía el misterioso significado de las tres insignias o atributos con que se dignó revelarse a la devoción de los fieles el Sagrado Corazón de Jesús, o sean, la Cruz, la Corona de Espinas y la herida de lanza.
 
Está enclavada en la Cruz, en el centro de ese sacratísimo Corazón, para significar lo infinito de su amor, que le movió a desearla desde el primer instante de su divina concepción en las virginales entrañas de María; a regalarse con ella teniéndola en pensamiento todos los instantes de su vida y a morir afrentosamente en la misma, dando en ella su Sangre como precio de nuestra redención. Así hemos de considerar aquella alma benditísima, puesta ya en cruz mucho antes que lo fueran las manos y pies del divino Crucificado y en ella ofreciéndose por nosotros y por nuestros pecados al Eterno Padre, con superabundancia tal de satisfacciones y desagravios, que bastara y sobrara para lavar la culpa de mil mundos y de millones de mundos pecadores, que pudieran todavía existir. «Toda la vida de Nuestro Señor (dice La Imitación) cruz fue y martirio», y no sólo durante las tres horas de la tarde del Viernes Santo agonizó el divino Salvador, sino que agonizando estuvo continuamente. La cruz la llevó en el Corazón desgarrado por nuestras culpas, antes que la llevase sobre sus espaldas desgarradas por los azotes y esta su Pasión, invisible a los ojos del mundo, no lo era a los de su Eterno Padre y de su Madre amantísima, y no le fue menos dolorosa.
    
Medítese unos minutos.
   
II
   
¡Qué sublime ejemplo, qué prácticas enseñanzas nos da con esa primera de sus insignias el Corazón adorabilímo de nuestro buen Jesús! Así debieran ser como él los corazones de todos los cristianos, o por lo menos, de los que más quieren preciarse de ser sus amigos y devotos. En nuestro corazón hemos de llevar día y noche clavada la Cruz de Cristo nuestro Redentor, por medio de la contemplación amorosa de sus dolores y por el ejercicio constante y habitual de la virtud de la mortificación. No ha de bastarnos venerarla en los altares, o traerla pendiente del cuello, o imprimir en nuestra frente su piadosa señal. Amemos y adoremos en nosotros la cruz viva, la cruz realidad, más que otras cruces simbólicas y figuradas. Cruz viva es la que refrena nuestros apetitos y concupiscencias, abate nuestro amor propio, exige nuestra resignación, nos aflige con ]as austeridades de la penitencia. Cruz viva, aunque incruenta; cruz viva, porque se clava en lo más vivo de nuestro ser, cuales son nuestras vanas aficiones, movimientos desordenados, rarezas e intemperancias. Cruz no de una hora o de un día o de un año, sino de la vida toda, que en ella nos acompaña hasta los postreros momentos de nuestra agonía, ¡Qué pensamiento más consolador puede ofrecérsenos en la hora de la muerte, que el de haber así vivido y agonizado y, disponerse a morir en brazos mismos de la cruz de nuestro amado Salvador y Redentor! ¿Y cuál otra recomendación que esa puede, sean cuales fueren nuestras culpas, abrirnos de par en par las puertas del Paraíso?
   
Medítese, y pídase la gracia particular.
   
ORACIÓN Y ACTO DE CONSAGRACIÓN
Rendido a vuestros pies, oh Jesús mío, considerando las inefables muestras de amor que me habéis dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo vuestro adorabilísimo Corazón, os pido humildemente la gracia de conoceros, amaros y serviros como fiel discípulo vuestro, para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que generoso concedéis a los que de veras os conocen, aman y sirven.
   
¡Mirad que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Vos, como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! Mirad que soy muy rudo, oh soberano Maestro, y necesito de vuestras divinas enseñanzas, para luz y guía de mi ignorancia! ¡Mirad que soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los flacos, y caigo a cada paso, y necesito apoyarme en Vos para no desfallecer! Sedlo todo para mí, Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Vos lo espera todo mi pobre corazón. Vos lo alentasteis y convidasteis cuando con tan tiernos acentos dijisteis repetidas veces en vuestro Evangelio: «Venid a Mí…, Aprended de Mí…, Pedid, llamad…». A las puertas de vuestro Corazón vengo pues hoy, y llamo, y pido, y espero. Del mío os hago, oh Señor, firme, formal y decidida entrega. Tomadlo Vos, y dadme en cambio lo que sabéis me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.
    
Aquí se rezará tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria, en recuerdo de las tres insignias, cruz, corona y herida de la lanza, con que se apareció el Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque.
   
LETANÍA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
       
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
      
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
      
Corazón de Jesús, Hijo del Padre Eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, unido substancialmente al Verbo Divino, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Santuario de justicia y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de amor y bondad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre tiene todas sus complacencias, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud hemos participado todos nosotros, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseado de los collados eternos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y de gran misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rico para con todos aquellos que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de oprobios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, despedazado por nuestras maldades, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, traspasado con la lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, nuestra vida y resurrección, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, nuestra paz y reconciliación, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salud de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los Santos, ten piedad de nosotros.
    
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
   
℣. Jesús, manso y humilde de Corazón.
℟. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.
  
ORACIÓN
¡Oh Jesús, Señor nuestro, que por un nuevo beneficio de tu gracia te has dignado manifestar a tu Iglesia las riquezas de tu Corazón!: haz que podamos pagar a este divino Corazón amor con amor, y reparar con dignos desagravios los ultrajes que te ha hecho la ingratitud de los hombres.
   
Omnipotente y sempiterno Dios, pon los ojos en el Corazón de tu muy amado Hijo, y en las alabanzas y satisfacciones que te ha ofrecido a nombre de los pecadores, y aplacado con ellas, perdona a los que imploran tu misericordia en nombre del mismo Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.