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jueves, 26 de junio de 2025

LA NO-PAPABILIDAD DE LEÓN XIV

Columna del Ing. Patricio Shaw Mihanović para PERIODISTA DIGITAL.
   
LA NO-PAPABILIDAD DE LEÓN XIV
   
Hay dos sentidos principales y muy distintos del verbo «juzgar»:
A. Sentido legal: Determinar un juez o tribunal si un hecho es contrario a la ley, y sentenciar lo procedente.
B. Sentido racional: Ejercer la segunda operación del entendimiento humano, que consiste unir a un sujeto un predicado, o desunírselo, y de ese modo comprometerse por reconocer un estado de cosas.

Es un horror vertiginoso y grosero confundir y mezclar ambos significados. Cuando se dice que un Papa no puede ser juzgado sino por Dios, se entiende en sentido legal y no en sentido racional; además, se entiende que se dice eso de un hombre de quien no hay pruebas apodícticas de que no es Papa, y que por ende tiene derecho a ser presumido inocente y legítimo, y a ser reconocido y obedecido. No es el caso de León XIV.
   
La no-papalidad de León XIV es perfectamente cognoscible por vías intelectuales, a partir de sentencias de Fe sobre qué es imposible que haga un Papa. Encontrar, a partir de la Fe, que es imposible que León XIV sea papa no es, ni un juicio legal, ni siquiera un juicio intelectual sobre un papa verdadero, sino sobre un hombre a quien el papado no le pertenece como una propiedad intrínseca, y a quien ni siquiera le pertenece por el único modo como el papado pertenece a un Papa: por delegación directa de Cristo comprobada en los hechos por la defensa del Depósito de la Fe por ese delegado.
    
No hace falta un juicio futuro de la Iglesia para saber que León XIV no puede ser Papa, y tampoco hay excusa para esperar a eso. Renunciar al razonamiento en área religiosa para depender únicamente de lo que dice Roma, es perder la Fe, porque es imposible tenerla verdadera sin que la razón tenga motivos suficientes para tenerla y conocerla como verdadera. Además, es una contradicción, porque si no se puede saber si León XIV es papa hasta que un futuro papa lo diga, tampoco se va a saber que ese futuro papa sea papa y diga la verdad sobre León XIV, hasta que un papa más futuro todavía lo diga, y así hasta el Fin del Mundo.
   
El Volkswagen Tipo 1 no se hunde. Si veo que un auto se hunde y digo que no es un Volkswagen Tipo 1, no estoy «juzgando legalmente el Volkswagen Tipo 1» ni «negándolo» ni necesito que venga un especialista en ese tipo de auto para saber que no es un Volkswagen. La indefectibilidad e infalibilidad de la potestad papal en gobernar, enseñar y administrar sacramentos es más segura aún que la resistencia del Volkswagen Tipo 1 al hundimiento. Si veo que en un pretendiente papal ciertamente no se cumple esa indefectibilidad, tengo lo suficiente para saber que no es Papa, sin ninguna sentencia ni opinión de ninguna autoridad, y no tendré excusa ante Dios el día del juicio para decir que «no se podía saber» si León XIV no era papa.
   
Dar por posible que León XIV sea Papa, es dar por posible que el delegado autorizado y asistido por Cristo para dirigir y organizar la Revelación de Cristo en la tierra puede incitarnos positiva y explícitamente, y además con derecho divino, a descreer de dicha Revelación: esto es contrario a la misma Revelación, es herejía, es blasfemia; además es una completa imbecilidad, porque si la autoridad que debiera ser infalible para transmitir, explicitar e interpretar la Revelación y hasta debiera ser Regla próxima de la Fe católica es falible, no hay Revelación divina segura. Esto equivale a decir que no hay Revelación divina ninguna, pues una Revelación que fuera divina sería segura. Si no hay Revelación divina, no hay modo conocido como el hombre haya de rendir culto a Dios. Pero siendo el hombre racional e inmortal, si Dios existe no puede no haberle prescrito un modo debido de rendirle culto. Resulta entonces, del falibilismo, y del antisedevacantismo obstinado y ciego, que Dios no existe, y que el hombre fue hecho para alimentarse y copular, y para terminar comido por gusanos.
  
Los que no adoptan el sedevacantismo por no haberse visto ante las razones del mismo, si están en ignorancia invencible, pueden encontrar misericordia en Dios. Pero los que rechazan el sedevacantismo habiendo visto e ignorado sus razones, pueden esperar un juicio terrible y la condenación eterna. Resistir la verdad conocida como tal es uno de los siete pecados contra el Espíritu Santo, de los cuales Cristo dijo que no tienen perdón.

Patricio Shaw Mihanović

viernes, 27 de agosto de 2021

¿QUÉ OBJETÓ SAN PABLO A SAN PEDRO EN ANTIOQUÍA?

Con relación a las palabras de Francisco Bergoglio respecto de San Pedro en su audiencia general del 25 de Agosto de 2021, traemos al ingeniero Patricio Shaw y su artículo refutando el uso por los modernistas de este episodio. Rescatado de CATÓLICOS ALERTA (Primera época).
   
¿QUÉ OBJETÓ SAN PABLO A SAN PEDRO EN ANTIOQUÍA?
   
 
Un número considerable y conocido de cristianos quieren ponerse a salvo de la Revolución Religiosa del Concilio Vaticano II salvando a sus principalísimos promotores mundiales como Papas. Para dejar en pie —aunque no en honra— el reclamo de título papal de los jefes vaticanos neomodernistas pese a la mucha distancia que separa su conducta de la que se esperaría normalmente de Papas católicos, rastrean en la historia casos que se parecen a fallas doctrinarias de Papas. Entonces proceden a razonar que si otros Papas fallaron doctrinariamente, los jefes vaticanos neomodernistas, fallando doctrinariamente, pueden ser Papas, mal que nos pese.
   
Los que hacen tal razonamiento son cristianos antimodernistas que tienen suficiente indignación contra las abominaciones neomodernistas como para oponerse a ellas y a sus autores, pero no tienen suficiente sabiduría o fortaleza como para negar a los autores de las abominaciones neomodernistas el título de Papas.
   
En realidad esos cristianos antimodernistas cometen impresionantes superficialidades de evaluación. Un estudio atento de las peores desviaciones doctrinarias de los Papas de la Historia sólo sirve para poner de resalto su escasez, su accidentalidad, su insignificancia, y su impotencia para desmentir o relativizar la asistencia divina al Papado.
     
El primer ejemplo que suelen presentar, es la advertencia que San Pablo hizo a San Pedro en Antioquía. Este es el texto neotestamentario:
Gálatas II: Y cuando vino Cefás a Antioquía, le hice resistencia cara a cara, por ser digno de reprensión; 12 pues antes que llegasen ciertos sujetos de parte de Santiago, comía con los gentiles; mas llegados que fueron, empezó a recatarse y separarse, por temor de aquellos circuncisos. 13 Y los demás judíos se conformaron con su porte disimulado, por manera que aún Bernabé fue inducido por ellos a usar de la misma disimulación. 14 Pero yo, visto que no andaban derechamente conforme a la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos: Si tú, con ser judío, vives como los gentiles, y no como los judíos, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?
Quienes imaginan un paralelismo entre la conducta de San Pedro, y las abominaciones de los pseudo-papas conciliares, hacen no poca ofensa al Príncipe de los Apóstoles.
     
A continuación presentaremos las diferencias abismales entre ambos comportamientos:
  
SAN PEDRO EN ANTIOQUÍA
CONDUCCIÓN PSEUDO-PAPAL NEOVATICANA
1. El comportamiento de San Pedro en Antioquía no afectó el poco y simple dogma que contenía la Revelación Mosaica, ni su moral ni su liturgia, sino meros preceptos no litúrgicos.
La conducción pseudopapal neovaticana afectó fundamentalmente el dogma, la moral y la liturgia de la Religión Verdadera
2.  El comportamiento de San Pedro en Antioquía sólo fue nocivo a la Fe Católica de manera extrínseca y además potencial, en una ciudad y por breve tiempo. El venerado Obispo Inglés Challoner, en su revisión a la impecable versión bíblica católica inglesa de  Douay-Rheims, comenta así: La falta que aquí se nota en el comportamiento de San Pedro, sólo fue cierta imprudencia, al retirarse de la mesa de los Gentiles por temor de dar ofensa a los judíos convertidos: pero esto, en tales circunstancias, cuando hacerlo habría podido traer malas consecuencias a los Gentiles, que habrían podido ser inducidos a sentirse obligados a conformarse al modo de vida judío, con perjuicio de su libertad cristiana. (del inglés)
La conducción pseudopapal neovaticana ha sido intrínseca, actual y planetariamente y más de tres veces decenalmente letal a la Fe Católica.
3.  El comportamiento de San Pedro en Antioquía no buscó agradar a miembros de una falsa religión, sino a cristianos de origen judío a quienes se permitía observar la Ley de Moisés.
La conducción pseudopapal neovaticana ha sido idónea para agradar y confirmar todas las falsas religiones, el indiferentismo, el ateísmo, y a todo el anticatolicismo en todas sus variedades incluidas las peores.
4. Al Padre Władysław Lohn, S.J., profesor pre-conciliar de la Universidad Gregoriana de Roma, no se le pueden sospechar intereses algunos en exagerar la pureza doctrinaria de San Pedro. Este estudioso comenta así el pasaje mencionado en la traducción bíblica católica polaca del Padre Jakub Wujek, S.J. (Cracovia, 1962): Desde el Concilio de Jerusalén, que ya había tenido lugar, estaba claro que los cristianos gentiles estaban eximidos de observar la Ley de Moisés, pero no estaba completamente claro que lo mismo valiera para los cristianos judíos. Esta incertidumbre influyó el comportamiento defectuoso de San Pedro en Antioquía, en el cual hubo más bien indecisión que culpa moral. (del polaco)
La conducción pseudopapal neovaticana mal puede ser vehículo o consecuencia de alguna incertidumbre posible y fundable.
5. La falta de San Pedro en Antioquia no impuso a nadie ninguna legislación nociva la Fe Católica, ni propuso ninguna doctrina nociva a la Fe  Católica, ni sentó Magisterio.
La conducción pseudopapal neovaticana ha sido gravemente nociva a la Fe Católica en las legislaciones que ha impuesto y en las doctrinas que ha propuesto. Además, hizo cuestionable el Magisterio Perenne Infalible en su totalidad y en sus fundamentos.
6. No se sabe de una sola alma que haya sufrido daño religioso siquiera indirecto o accidental por el comportamiento de San Pedro. Podría no haber habido tiempo para ello, por la rápida intervención de San Pablo. Si llegó a ocurrir algún daño en absoluto, éste fue, en el peor de los casos, indirecto, no doctrinal, no forzoso, restringido a pocas personas, breve (a lo sumo de algunas semanas), y reparado amplia y efectivamente.
Como consecuencia de la conducción pseudopapal neovaticana, millones o decenas de millones han perdido Fe, millones han abandonado su práctica, millones se han entibiado, millones se han desorientado o extraviado de innumerables modos. El daño resultante ha sido directo, doctrinal, forzoso, universal, prolongado por cuatro décadas —por poco dos generaciones—, no reparado, y constantemente confirmado y defendido.
7. San Pedro dio excesiva consideración a tradiciones judaicas superficiales que habían caducado hacía poco tiempo.
La conducción pseudopapal neovaticana desconsideró y contradijo tradiciones católicas fundamentales, y las puso en estado de precariedad, agonía, envenenamiento o muerte en decenas o centenas de millones de conciencias.
8. Las tradiciones mosaicas que San Pedro respetó demasiado, poco antes eran válidas y divinamente dictadas —de hecho, grandes teólogos discuten acerca del momento exacto en que caducaron.
Muchas doctrinas falsísimas y modos de vida irreligiosísimos que la conducción pseudopapal neovaticana ha estado respetando todo el tiempo, son intrínseca y eternamente inválidos.
9. San Pedro no quebró una sola tradición católica.
La conducción pseudopapal neovaticana quebró tradiciones católicas fundamentales, inclusive la misma razón de ser de la Encarnación del Verbo, de la Redención, y de la Iglesia.
10. San Pedro se arrepintió de manera sincera e inmediata ni bien percibió su falta.
La conducción pseudopapal neovaticana hasta ahora se gloría de sus abominaciones, y solamente se «arrepiente» de supuestas faltas pasadas de la misma Iglesia de Cristo.
11. El comportamiento de San Pedro en Antioquía fue privado. Sólo se hizo público como pasado y ya corregido.
La conducción pseudopapal neovaticana ha sido pública tanto en la intención como en el efecto, y jamás ha sido corregida por sus culpables.
12. Más importante aún: El comportamiento de San Pedro en Antioquía no empeñó su autoridad.
La conducción pseudopapal neovaticana ha empeñado vigorosamente su falsa autoridad, pretendiendo hasta tenerla mayor que el Conciliio de Nicea (Pablo VI).
13. Como el Hijo fue enviado por el Padre, así cada miembro de la Iglesia Docente es enviado por el Hijo a enviar Su Revelación al mundo. Esta transmisión no puede fallar en la Iglesia. San Pedro en Antioquia no tuvo ni la voluntad ni la libertad de enviar nada malo o defectuoso desde la Iglesia hacia la Iglesia mediante la Iglesia.
La conducción pseudopapal neovaticana ha enviado de mil modos la devastación y la corrupción a grandes partes del Cuerpo de la Iglesia, y eso, pretendidamente “desde la Iglesia” y “mediante la Iglesia”.
14. Lo peor de que Santo Tomás de Aquino acusa a San Pedro es de haber pecado venialmente y haber hecho peligrar la Verdad del Evangelio. El mismo Doctor califica el grado del peligro al llamar a ese pecado venial. Es de notar que, sea cual fuere el peligro señalado, no se realizó —lo cual resalta más bien cuánto Dios impide que un Papa falle, que cuánto un Papa puede fallar en la conducción de la Iglesia. San Agustín acusa a San  Pedro de pecado venial de falta de discernimiento. San Jerónimo exonera completamente a San Pedro de cualquier culpa.
La conducción pseudopapal neovaticana es una avalancha incomprensible de lo más atroz que hay en cuanto a escándalos, sacrilegios, ardides antirreligiosos, y engaños universales y fundamentales. Ha pasado por incalculables años luz la línea de mero peligro potencial.
15. San Pedro en el peor de los casos descuidó por un tiempo sus potestades garantizadas por Dios, y algunos Papas posteriores harían otro tanto de otros modos, pero ni él, ni ningún sucesor suyo, pudo contradecir las potestades papales garantizadas por Dios; supuesto que Dios constituyó esas potestades como plenas, como nada más que plenas, y como incapaces de persistir en otra medida que en la plena.
La conducción pseudopapal neovaticana contradijo los poderes papales, y lo hizo de manera activa, forzosa, eficiente, metódica y global. Esto prueba que en esa conducción no estaban plenas las potestades papales, y la negación cierta de la plenitud de potestad papal conlleva la negación cierta de cualquier grado de potestad papal.
16. San Pedro cometió un tipo de falta que es posible que Dios permita que un Papa cometa, por ser inferior y extrínseca a las potestades papales.
La conducción pseudopapal neovaticana cometió tipos de faltas contradictorias a los poderes papales, daños que es imposible que Dios permita que los cometa alguien siendo Papa o que alguien sea Papa cometiéndolos.

    

Dios dio al Papa potestades extraordinarias. Él las ordenó a un fin. Él las hizo necesariamente conducentes a ese fin. El fin es que los frutos de la Redención duren para siempre. El Papa es la Base de la Iglesia, y la Iglesia es la dispensadora de la Redención y de la Vida Sobrenatural y es la Columna de la Verdad. Si Dios no ordenara ni condujera necesariamente las potestades papales al fin al cual las ha ordenado, la inmensa obra de la Redención pierde todo sentido.

jueves, 13 de febrero de 2020

GRACIAS AL CONCILIÁBULO…

Tomado de CATÓLICOS ALERTA
  

  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados tienen una liturgia protestantizada e inválida.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados tienen sacramentos protestantizados y algunos de ellos invalidados.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados ven más y más católicos abandonar la Fe y formarse una religión a su medida.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… cayó espantosamente la cantidad y calidad de conversiones –en cambio decenas de millones se pasaron a sectas–.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados reciben la Comunión en la mano y tienen ministros eucarísticos laicos y femeninos, cosa que se consideraba sacrílega e impensable un tercio de siglo atrás.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados ven a sus pastores conducir liturgias ecuménicas con toda clase de religiones acatólicas, consagrando la herejía de que todas las religiones son buenas, y llenando de escándalo y confusión a los que siguen siendo fieles.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados reciben de manera aguada o sustancialmente envenenada los dogmas católicos necesarios para la salvación.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… se destruyó todo el concepto de Iglesia Militante.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados tienen el Movimiento Carismático con ellos, cuyas raíces protestantes y espiritistas siempre se habían considerado la antítesis del Catolicismo.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… se debilitaron o desaparecieron mil devociones santísimas y bellísimas, para lo cual el pueblo extraviado buscó compensación en supersticiones o en otras religiones.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos se han hecho mucho más paganos, en tanto que los paganos lo son más que nunca.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados, sacerdotes y laicos, sufren una enorme crisis de Fe.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados están envueltos por una religión maligna y engañosa empleada para subvertir todo el Catolicismo hasta su última molécula.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados van a una mesa protestante y ya no al altar católico; no tienen reclinatorios; comulgan de pie; inventan liturgias groseras y abominables.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… el Ofertorio ha sido totalmente desnaturalizado y judaizado.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… se entiende otra cosa por el misterio de nuestra fe: ya no la transubstanciación, sino “anunciamos tu muerte, Señor, y proclamamos tu resurrección hasta que vuelvas”.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados no entienden la necesidad de confesarse con profundo dolor si cayeron en pecado mortal.
  • GRACIAS EL CONCILIÁBULO… los católicos engañados asisten a templos profanos con poco o ningún sentido de reverencia ante Dios.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… la Iglesia Católica ha sido puesta en pie de igualdad con toda religión falsa de la tierra.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… el dogma católico de que fuera de la Iglesia no hay salvación no solamente se ignora, sino que se combate con energía.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados están con un pie en una Iglesia Mundial.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados están con un pie en un Gobierno Mundial.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados se embeben de la influencia demoníaca del Movimiento New Age.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados se reúnen para rezar con hindúes, budistas, judíos y musulmanes, todos los cuales niegan la Divinidad del Señor y Salvador Jesucristo.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados se embeben de la religión humanista de la Razón a través de sermones y catecismos insípidos o heréticos.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados rechazan ampliamente muchas enseñanzas católicas sobre Fe y Moral. Dicen: “Si se condona el pluralismo afuera de la iglesia, ¿qué tiene de malo tenerlo adentro de ella?”.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados no entienden nada del Reinado Social de Jesucristo, que enseña que todos los gobiernos y autoridades deben someterse a Cristo y su Iglesia verdadera.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… se ha demolido la magnífica estructura jerárquica de la Iglesia.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… no hay más sermones dominicales que defiendan la Verdad Católica contra los errores de que está lleno el mundo moderno.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados coexisten en su comunidad con todo tipo de ideas religiosas erróneas admitidas por las falsas autoridades eclesiásticas.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados difícilmente pueden creer que haya errores religiosos que la Iglesia deba condenar.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados tienen un rey desnudo con falsas vestimentas ecuménicas, y no hay quién les diga la verdad.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los Católicos fieles que con toda razón critican los efectos catastróficos de eso, son perseguidos, despreciados, y acusados de irrespetuosos, enfermos, soberbios, sectarios, divisivos y cismáticos.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados no tienen nada que agradecer a la Eclesialidad Post-Conciliar.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los no católicos no tendrían nada que agradecer a la Eclesialidad Post-Conciliar si se pasaran a ella.

   
¡¡¡POCAS GRACIAS!!!

Ing. PATRICIO SHAW

sábado, 19 de octubre de 2019

¿EMBRIAGUEZ RESPETABLE?

Tomado de CATÓLICOS ALERTA.
  
«Estará borracho, pero no por eso deja de ser mi padre». Así justifican algunos católicos desorientados su adhesión a los recientes jefes vaticanos. Como el mal hijo de Noé se burló de su embriaguez involuntaria y sus buenos hijos la disimularon, así un buen católico debería disimular la conducta desordenada de los recientes jefes vaticanos y permanecerles leal y no exponer sus vergüenzas. Pero la «embriaguez» de los recientes jefes vaticanos no es meramente personal, accidental y pasajera: es gubernamental, fundamental, y permanente, y efectúa el envenenamiento de los intelectos y la muerte de las almas. Proteger y respetar ese alcoholismo crea problemas de conciencia. Además, los sujetos de ese alcoholismo están privados de la paternidad espiritual con que se pretende justificar esa discreción disimuladora.
  
I. Los nuevos jefes vaticanos carecen ciertamente de lo que los constituiría en Padres de los católicos.
La paternidad biológica es irreversible; pero no puede decírselo mismo de la paternidad espiritual ni de una potestad administrativa dada por Dios, pues se fundan en un parentesco espiritual y en una transmisión y protección de vida espiritual que puede faltar y hasta puede constatarse categóricamente que falta. Esto puede comprenderse del otro lado de la relación. Un hombre que tiene la Fe Católica por mucho que peque es hijo de la Iglesia, aunque precario, malo o muerto. Pero un hombre que no tiene la Fe Católica, no puede ser hijo de la Iglesia de ninguna manera. ¡Menos todavía puede ser Cabeza de la Iglesia y Padre de los creyentes!
  
El Doctor Angélico nos señala en su tratado sobre el Decálogo anota que los apóstoles y los maestros de Fe son verdaderos padres y dadores de vida en sentido espiritual, y se apoya en dos pasajes escriturísticos:
  • yo soy el que os he engendrado en Jesucristo por medio del Evangelio. [1]
  • Alabemos a los varones ilustres, a nuestros mayores, a quienes debemos el ser. [2]
La razón de ser del Orden Sagrado es que la Iglesia tenga multiplicación y gobierno. [3] Del Orden Sagrado dependen por lo pronto los importantísimos sacramentos de la Eucaristía y la Confesión; también la preservación y propagación ordenada, ordinaria, e idónea, de la Doctrina Católica, y todo lo mucho que de ella depende en lo político, cultural, y familiar. Pero en la cumbre del Orden Sagrado está el Papa. Por ende el Papa concentra, al menos de manera funcional, pero no por cierto superflua, toda la paternidad espiritual del sacerdocio. Un Papa es nada menos que un personaje público en quien Cristo encabeza todo lo que ocurre visiblemente en su Iglesia: jerarquía, legislación, magisterio.
  
Si un hombre niega y ataca la Fe Católica y la Iglesia Católica en su propia constitución, ¿cómo podría tener el encargo divino de hacer de «Padre de los católicos»? ¿A quién o a qué da la vida? ¿A quién o a qué mantiene?
   
El padre espiritual y doctrinario de los católicos en la tierra jamás puede malearse en su encargo divino de sostener la constitución visible y la Fe invisible de toda la Iglesia, ni puede jamás transmitir a sus hijos vida mala, y menos aún muerte, ni sostener su disgregación.
    
El Papa coincide nada menos que con Dios en paternidad espiritual sobre la Iglesia. Por lo que respecta a la vida de la Iglesia, tratándose de la invisible, Dios es su Padre en sí mismo, y tratándose de la visible, Dios es su Padre en el Papa.
  
Por ende, cada jefe vaticano que fomente el anticatolicismo, no es un mal padre, sino un padre falso de los católicos, y el padre de una familia anticatólica.
  
II. Los nuevos jefes vaticanos son diabólicos y enemigos de la Iglesia.
El profeta Daniel [4] predijo que el diablo, en figura de macho cabrío, quitaría el sacrificio perenne y abatiría el lugar de su santificación. Esto fue cumplido por P6, JP1, JP2 y ahora B16.
  
Los católicos nunca pueden ser hijos de un macho cabrío ni del diablo. Lo son los judíos malos: «Vosotros tenéis por padre al diablo, y así queréis satisfacer los deseos de vuestro padre». [5]
 
Mal seríamos seguidores de Cristo y de la Iglesia si tuviéramos por padre propio a un jefe vaticano ecumenista, independientemente de que queramos o no satisfacer sus deseos. Porque ellos quitan el sacrificio perenne y abaten el lugar de la santificación, y así, pues, ejecutan obras extremadamente diabólicas contra la vida de los católicos y hasta contra su existencia como tales.
  
El Padre eclesiástico dado por Dios a los católicos no puede impedir y menos destruir la transmisión principal de vida a los católicos, que es la Doctrina y la Misa.
  
La cuestión papal se comprende mejor a partir de la esencia de la Iglesia y a partir de la función hacia la Iglesia, en la Iglesia y sobre la Iglesia que Dios dio a un Papa.

III. Bajo los nuevos jefes vaticanos las almas se ven en dificultades para hacerse católicas o seguir siéndolo.
San Juan dice [6] que la cabeza invisible de la Iglesia dio poder de llegar a ser hijos de Dios a todos los que creen en su nombre.
  
Pero nadie puede creer en el nombre de Jesús sino a partir de la Iglesia, a través de la Iglesia, y adentro de la Iglesia.
 
Por un lado, la Cabeza invisible de la Iglesia dio a una determinada persona un poder que corresponde a aquel universal y condicional. En efecto, Cristo dio al Papa el poder de apacentar su Iglesia, y no cualquier medida de ese poder, sino su plenitud, como lo enseñan los concilios florentino y vaticano primero y único. Si un jefe de estado vaticano emplea, y por lo tanto tiene, un poder contrario a ese, su poder de apacentar la Iglesia no puede ser pleno y estaría al menos recortado. Pero el poder de un Papa de apacentar la Iglesia no puede ser menos que pleno, puesto que un tal poder no puede tener otra medida que la que Cristo le adjuntó para la firmeza de la Iglesia. Faltando el poder de apacentar la Iglesia en cuanto pleno, falta en absoluto, y falta así un Papa o Santo Padre.
  
Quien cree en Jesús —no de cualquier modo, sino como Dios lo ha requerido, es decir, según Su Iglesia— recibe el poder de llegar a ser hijo de Dios. ¿Cómo podría esto ocurrir bajo un jefe de estado vaticano que, al contrario de transmitir los medios visibles de la vida divina, los destruye, y obstruye al máximo la vida visible de la Iglesia que sigue a Dios?
 
No, es tan imposible que sean nuestros padres, como lo es que Dios pueda engendrar o fundamentar maldad, falsedad, y extravío.
  
PATRICIO SHAW
   
NOTAS
[1] 1 Cor 4, 15.
[2] Eclo. 44, 1.
[3] Super Sent., lib. 4 d. 24 q. 1pr.
[4] Dn 8, 11.
[5] Jn 8, 44.
[6] Jn 1, 12.

lunes, 1 de enero de 2018

MENSAJE DE PÍO XII

Mensaje Urbi et Orbi del Santo Padre Pío XII (Pascua de 1958) - Traducción y observación final, del ing. Patricio Shaw. Tomado de CATÓLICOS ALERTA.
  
Interior de la Basílica de San Pedro (Giovanni Panini)
  
Movidos por la sed ardiente de luz sobrehumana, amados hijos e hijas de Roma y del mundo, habéis venido, con la presencia o en espíritu, a este lugar, donde más vívido parece renovarse con la solemnidad de los ritos el fulgor de la Resurrección, para alcanzar de Cristo, Fuente de verdad y de vida, la onda restauradora de su luz y de su gracia. Cristo es Aquel que, erradicadas las tinieblas de muerte, resplandece como astro sereno sobre la entera humanidad:
«Ille, qui regréssus ab ínferis, humáno géneri serénus illúxit» — «Él, que regresado de los infiernos, brilla sereno para el linaje humano[1].
  
Dispensadora perenne de luz es la Pascua cristiana, desde aquel alba afortunada, vaticinada y esperada durante largos siglos, que vio la noche de la pasión convertirse en día refulgente de alegría, cuando Cristo, destruidos los vínculos de muerte, salió a relucir, cual Rey victorioso, del sepulcro a nueva y gloriosa vida, liberando la humana progenie de las tinieblas de los errores y de los cepos del pecado. Desde aquel día de gloria de Cristo, de liberación para los hombres, nunca más cesó el acudir de las almas y pueblos hacia Aquel que, resucitando, confirmó con el divino sello la verdad de su palabra: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue, no camina a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida»[2]. De cada región a Él convergen, sedientos y confiados, todos los que aman y creen en la luz; aquellos que sienten pesar sobre sus espíritus la angustia de la duda y de la incertidumbre; aquellos que están cansados del eterno errar entre opuestas doctrinas, los extraviados en las vanas sombras del siglo, los mortificados de las culpas propias y ajenas. En todos aquellos que, como vosotros, han abierto la mente y el corazón a la divina luz de Cristo, se ha renovado el prodigio de la resurrección a nueva vida, en el gozo y en la íntima paz. El «aleluya», que hoy la Iglesia canta por doquier en la tierra, y al que vosotros, exultantes, os asociáis, es el vivo testimonio de que Cristo es todavía «Luz del mundo», y tal será hasta la consumación de los siglos: luz de verdad, de unidad, de vida para las humanas generaciones. Como al alba de la creación la luz, brotada por primera vez de las manos del todopoderoso Ordenador del cosmos, todavía informe, caótica y tenebrosa [3], fue puesta al umbral de todo ordenamiento y ornamentación, al origen de todo desarrollo y de toda vida; así en la obra de restauración, comparada por el Apóstol a una nueva creación[4], la luz de Cristo es el elemento primero, fecundo, indispensable del nuevo orden restablecido por el Hijo de Dios. Esto significa que el hombre sólo por Cristo y en Cristo, conseguirá su perfección personal; por Él sus obras serán vitales, las relaciones con sus semejantes y con las cosas estarán alineadas, sus dignas aspiraciones serán colmadas; en una palabra, por Cristo y a partir de Cristo el hombre tendrá plenitud y perfección de vida, aún antes de que surjan sobre los eternos horizontes un nuevo cielo y una nueva tierra[5]. El mismo Verbo de Dios, que presidió la creación de todas las cosas visibles e invisibles, se encarnó para llevar a cabo la obra iniciada al principio de los tiempos, de modo que, así como «sin Él no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas» y «En Él estaba la vida, y la vida era la luz»[6] , así no puede darse verdad, bondad, armonía ni vida, que no se inclinen a Cristo, maestro, apoyo y ejemplo de los hombres. ¡Oh, si estos reconocieran la realidad de la palabra de Cristo «Yo soy la luz del mundo», y aceptaran toda su amplitud, que no comporta límites ni recintos, exponiendo la mente y corazón a sus divinos rayos, cuánta vida, cuánta serenidad y esperanza florecerían en este nuestro valle! Al contrario, si internas tragedias dilaceran los espíritus, si el escepticismo y el vacío resecan tantos corazones, si la mentira se convierte en arma de lucha, si el odio estalla entre las clases y los pueblos, si guerras y revueltas se suceden de un meridiano a otro, si se perpetran crímenes, se oprime a débiles, se encadena a inocentes, si las leyes no bastan, si las vías de la paz son inaccesibles, —si, en una palabra, este nuestro valle está todavía surcado por ríos de lágrimas, no obstante las maravillas ejecutadas por el hombre moderno, sabedor y civil; es signo de que algo está sustraído a la luz de Dios que aclara y fecunda. El fulgor de la Resurrección sea entonces una invitación a los hombres a restituir a la luz vital de Cristo, a conformar a las enseñanzas y designios de Él el mundo y todo lo que éste abraza; cuerpos y almas, pueblos y civilizaciones, sus estructuras, sus leyes, sus proyectos. No prevalezcan en retenerlos ni el insensato orgullo, ni el vano temor de que el dejarse inspirar por Cristo menoscabe su libertad o la autonomía de sus obras. Dios, que desde los orígenes mandó al hombre someter la tierra y trabajar en ella[7], no retira su palabra, ni tiene intención de reemplazar al hombre, sino de conducirlo y sostenerlo, para que se cumplan a la perfección sus designios, ya que ni Dios ni el hombre estarían pagos con cualquier existencia del mundo, sino sólo de una vida suya en constante progreso hacia la plenitud de la verdad, la justicia, la paz.
  
¿Pero dónde encontrarán los hombres concretamente y con certeza la luz de Cristo? ¿Por qué visible medio ella se convierte en luz a los ojos mortales, norma práctica de acción y fecundidad inmediata de obras? Vosotros, dilectos hijos, lo sabéis: de la luz de Cristo es depositaria la Iglesia por Él fundada y asistida, por lo tanto en sentido verdadero «lumen de lumine» realidad visible y perenne, al mismo tiempo humana y divina, temporal y eterna. A esta «ciudad edificada sobre un monte» [8] Cristo ha confiado «el testimonio más firme que el nuestro que es el de los profetas, al cual hacéis bien en mirar atentamente, como a una antorcha que luce en lugar oscuro»[9]. Fijadas pues vuestras miradas en ella, con la sinceridad y el sabio discernimiento de los hijos de la luz, no ya con la malsano complacencia de los hijos de las tinieblas que prefieren, con daño propio, detenerse en las inevitables sombras que acompañan toda realidad en parte también humana. La sombra del hombre no apaga la luz de Dios, sino que la pone de resalto más claro. Es luz de Dios encendida en el mundo la atenta vigilancia de la Iglesia sobre las doctrinas, su asiduidad en difundir y defender la verdad, su no apresurada prudencia para con las novedades y cambios, la imparcialidad en las contiendas entre clases y naciones, la inflexibilidad en proteger los derechos de cada individuo, la intrepidez frente a los enemigos de Dios y de la sociedad. Pregúntese cada uno de vosotros: ¿qué se haría del mundo en la actualidad si faltara tanta luz? ¿Acaso él podría gloriarse de ese complejo de conquistas materiales y morales indicado con el nombre de «civilización»? ¿Estaría aún vivo en las conciencias el sentido, tan ampliamente difundido, de justicia, de verdadera libertad, de responsabilidad, que anima la mayoría de los pueblos y los gobernantes? ¿Que decir, pues, de la conciencia de unidad de la familia humana en consolador progreso en las mentes y en las concretas realizaciones? ¿Quién, si no Cristo, puede recoger y fusionar en un solo pálpito de fraternidad hombres tan distintos por estirpe, lengua, costumbres, cuales sois todos vosotros que Nos escucháis mientras os hablamos en su nombre y por su autoridad? Él es realmente Aquel que, erradicadas las tinieblas de muerte, resplandece como astro sereno sobre la entera humanidad. Empero, en un modo del todo particular, Cristo resplandece sobre la inmensa familia de los creyentes, sobre vosotros, que os gloriáis del nombre de Cristo hasta el punto de haceros partícipes de su divina prerrogativa. A las multitudes que lo rodeaban les dijo: «Vosotros sois la luz del mundo»[10]. Esta identidad de misión, derivada de Cristo a sus seguidores, mientras constituye en estos un título de excelso honor, impone graves responsabilidades de acción. «Brille así vuestra luz ante los hombres —añadió— de manera que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos»[11]. ¿Pero qué «buena obra» más útil al mundo puede hacerse al presente por la entera cristiandad, si no promover con todas las fuerzas el firme restablecimiento de la justa paz? Individuos y pueblos, naciones y Estados, institutos y grupos, están invitados por el Rey de la Paz a insistir con confianza en esta difícil y urgente obra de gloria divina. A ella se deberá dedicar toda la imponente reserva de inteligencia, prudencia, y si fuera necesario de sólida firmeza, de que dispone el mundo cristiano, coadyuvado por todos los demás que lealmente aman la paz. La sinceridad en querer la paz, la prontitud en realizar todas las razonables renuncias que ella exige, la honestidad en discutir sus problemas, deben naturalmente disipar las sombras de la desconfianza; pero, si —Dios no lo quiera— así no ocurriera, se sabría finalmente a quien atribuir las responsabilidades de las presentes disarmonías. ¡Sed, pues, luz de paz en este mundo entenebrecido, y Dios estará con vosotros en cada suceso! He aquí, queridos hijos e hijas de Roma, de Italia y del mundo, el mensaje que la presente Pascua os lleva: creed en la luz de Cristo y de la Iglesia, amad y defended infatigablemente estos sumos dones prodigados por Dios al mundo. Os repetimos tanto con los acentos de los siglos lejanos, pero con la urgencia requerida por un presente todavía incierto: «Hay, pues, una luz que ha hecho esta luz: amémosla, ansiemos entenderla, sintamos sed de ésa, para que, bajo su guía, alguna vez lleguemos a ella misma y vivamos en ella sin morir absolutamente jamás. […] Porque en ti, Señor, está la fuente de la vida, y en tu luz veremos el eterno esplendor»[12]. ¡Así sea!
  
OBSERVACIÓN FINAL PERTINENTE A LOS TIEMPOS PRESENTES, DEL TRADUCTOR
En este maravilloso mensaje que hecha intensos haces de luz sobre varias realidades, llama la atención que el último Vicario de Cristo, infalible, presenta como definición esencial y como propiedad inseparable de la Santa Iglesia Católica el ser «luz de luz», de manera análoga a lo que el Credo niceno-constantinopolitano predica de Dios Hijo respecto de Dios Padre. La Iglesia Católica es luz fluida de manera homogénea y en nada perturbada ni entrecortada, de Cristo, y además, de la misma luz que ella en tiempos anteriores tomó de Cristo por medio de los Papas Intérpretes del Depósito de la Fe, luz que ella no sólo tomó, sino que además fue, es y será.
 
Ahora bien, aún antes de la conclusión del conciliábulo roncalliano-montiniano, en su pseudoencíclica «Ecclésiam suam» del 6 de agosto de 1964, Pablo VI, afirmó:
«La Iglesia debe ir hacia el diálogo con el mundo en que le toca vivir. La Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio».
 
El más elemental conocimiento objetivo de las cosas basta para comprender que ni la luz natural sensitiva, ni la natural intelectiva, ni la sobrenatural intelectiva, jamás se hacen coloquio, por cuanto la luz jamás recibe ni absorbe elemento alguno ajeno a ella: es un prerrequisito para ver y conocer, absolutamente independiente de lo visto y conocido, y del vidente y cognoscente.
 
Y esto aparece bien claro en estas palabras de Santo Tomás de Aquino sobre la luz tomada en sentido figurado, que es el sentido obvio de Su Santidad Pío XII para definir la Iglesia:
De un nombre cualquiera conviene tener presente dos aspectos: su sentido original y el sentido con el que se usa. Un ejemplo claro lo tenemos en la palabra visión, cuyo sentido original indicaba el sentido de la vista; pero por la dignidad y certeza de ese sentido, la palabra se ha extendido, con el uso, para indicar todo conocimiento que se tiene por los sentidos. (Así decimos: Mira cómo sabe, mira cómo huele, mira qué caliente está); y también para indicar el conocimiento intelectual. Dice Mt 5,8: Bienaventurados los limpios de corazón porque verán a Dios. Algo parecido puede decirse de Luz. Pues, primero, dicho nombre fue instituido para indicar lo que permite que la vista vea; después se empleó para indicar todo aquello que permite cualquier tipo de conocimiento. Por lo tanto, si se toma el nombre Luz en el primer sentido, entonces, y tal como dice Ambrosio, se aplica metafóricamente a los seres espirituales. Si se toma en el segundo sentido, entonces se aplica con propiedad.[13]
 
Concluimos con este simplísimo polisilogismo:
PREMISA 1: La Santa Iglesia Católica es luz de Cristo y de la Tradición
PREMISA 1: Ninguna luz se hace coloquio
CONCLUSIÓN 1 y premisa mayor 2: La Santa Iglesia Católica no se hace coloquio
PREMISA MENOR 2: La iglesia montiniana se hace coloquio
CONCLUSIÓN 2 Y FINAL: La Santa Iglesia Católica no es la iglesia montiniana
  
NOTAS
[1] Pregón Pascual.
[2] Jn 8,12.
[3] Cf. Gen 1,2-3.
[4] Cf. Gal 6,15; 2Cor 5,17.
[5] Cf. Apoc 21,1.
[6] Jn 1, 3-4.
[7] Cf. Gen 1,28; 3,23.
[8] Cf. Mt 5,14.
[9] 2Pe 1,19.
[10] Mt 5,14.
[11] Mt 5,16.
[12] Cf. San Augustín, Tratado 34 sobre Juan, Nº 3-4
[13] Suma teológica, Parte I, qu. 67, art. 1, co. 

viernes, 1 de enero de 2016

LAS DOS PLOMADAS DE LA IGLESIA, ANUNCIADAS POR UN CARMELITA SANTO

Tomado de los archivos de VERDAD ÚNICA-SEDE VACANTE
  
“¿Cómo puede haber ausencia brutal de papa y jerarquía romana durante todo un período histórico de la Iglesia Católica?” es la objeción simplista de algunos al sedevacantismo. Pues bien: tanto puede pasar eso, que lo afirmó un prestigioso teólogo medieval felicitado por su papa…

En el atardecer de la Edad de la Fe apareció en Inglaterra un siniestro cerebro habilidoso que compuso una gruesa colección de sofismas contra el dogma católico, a los que procuró dar apariencia de solidez con estructuras argumentativas escolásticas. Su nombre era Juan Wycliff y fue un hereje más penetrante que Lutero, y precursor suyo llamado “estrella matutina de la Reforma” por los protestantes. Su obra devastadora encontró todavía el freno de una fe popular arraigada, pero sembró la semilla para el futuro protestantismo.
 
A semejante diablo la Providencia opuso un verdadero ángel de luz sobrenatural para la detección y destrucción de errores. Su nombre era Tomás Netter de Walden (1375-1430). Fue el provincial de la orden carmelita en Inglaterra. Teólogo célebre, fue enviado por el mismo rey al Concilio de Constanza. Su obra maestra es el Doctrinále antiquitátum fídei Ecclesiæ Cathólicæ dividido en tres partes de las cuales las dos primeras fueron presentadas al papa Martín V, que elogió y alentó al autor. Esta obra fue muy consultada en la Contra-Reforma por la extensión implícita de sus argumentos a los errores protestantes. El Maestro Fray Tomás Netter de Walden obró un milagro en el convento de Ruán después de su muerte y muchos vieron una luz aparecer sobre su tumba de noche. Es venerado como beato a nivel local.
    
Beato Tomás Netter de Walden, OCARM
 
Muchas falacias de Wycliff consisten en abusos de la escolástica. El polemista católico inglés escribió extensamente sobre las verdades atacadas por Wycliff, entre ellas el Papado.
  
Pretendió Wycliff que el Papado fuese superfluo, porque, residiendo Cristo “perpendicularmente” en el cielo sobre todos los justos, sería blasfemia plantear la necesidad de que el rayo celeste descienda a los creyentes “angularmente refractado” en el Romano Pontífice.
  
Walden refuta esta falacia con una afirmación impactante: la Autoridad de la Iglesia es tan benéfica y necesaria, que su retirada constituirá la plomada de la desolación, de la venganza y de la destrucción. En cambio su restauración constituirá la plomada de la gracia.
  
Por cuanto el mismo carmelita escribe y expone y argumenta, parece que la presente larga desolación de la Iglesia Católica en acefalía y anarquía haya sido predicha por Isaías en su capítulo 34, v. 8s., en la alegoría de “Sión” privada de “nobles y príncipes”. Walden intercala un comentario de San Jerónimo a esos mismos versículos, puntualizando que Cristo es el “rey” que los verdaderos “habitantes de la Sión sin dirigencia” invocarán con ahínco en esos aprietos históricos especiales. Las imágenes trágicas presentadas por el Profeta corresponderían a la situación religiosa general del presente estado de cosas postcatólico en la que era la amplia área de influencia de la Iglesia bajo gobernantes divinamente asistidos:
9 Se convertirán en pez encendida las aguas de sus torrentes, y en azufre el polvo de Idumea; y arderán sus campiñas como si fueran todas de pez. 10 Ni de día ni de noche cesará el incendio; estará eternamente saliendo una gran humareda; permanecerá asolada de generación en generación, y no transitará alma alguna por ella por los siglos de los siglos, 11 sino que se harán dueños de ella el onocrótalo y el erizo. […] 13 En el solar de sus casas nacerán espinas y ortigas, y cardos en sus fortalezas; y vendrá a ser guarida de dragones y pastos de avestruces. 14 Y se encontrará allí los demonios con los onocentauros, y gritarán unos contra otros los sátiros; allí se acostará la lamia y encontrará su reposo. 15 Allí tendrá su cueva el erizo y allí criará sus cachorrillos y cavando alrededor con el hocico los abrigará a la sombra de ella; allí se juntarán los milanos, y se unirán uno con otro.
  
En esos mismos tiempos de “plomada de desolación” —que son los nuestros— la Iglesia estará “sin edificio”, hasta revertirse esa situación por la llegada liberadora de la “plomada de la gracia” que Walden encuentra en un pasaje de Zacarías.
  
Parece indicado señalar que, sin ir más lejos, al comienzo del capítulo siguiente (el 35), pocas líneas después de las arriba citadas de Isaías, también aparece un cuadro de salvación opuesto a la desolación recién mostrada: ¿alusión a un reflorecimiento del Catolicismo al cerrarse un día nuestra opresiva pesadilla postconciliar, y ser cambiada la presente “plomada”?
 
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Insertamos el capítulo traducido al castellano en sus primeros párrafos que incluyen el contenido que interesa hacer ver, y a continuación el original latino manualmente trascripto y mejorado en cuanto a puntuación y citaciones. El libro completo puede descargarse gratis de la Biblioteca Nacional de Francia: http://visualiseur.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k53574n
Thomas Walden, Tratado doctrinario de las antigüedades de la Iglesia Católica. Tomo I: Sobre la verdadera religión. Libro II: Sobre la Iglesia. Artículo III: Sobre los miembros de la Iglesia de Jesucristo según sus profesiones y sus oficios. Capítulo LI: Se responde a los argumentos que hace falta que haya un papa aunque Cristo resida perpendicularmente en el cielo sobre todos los justos.
  
Esta llama herética que quema los montes —a saber, a quienes presiden en toda la Iglesia de Jesucristo— difunde su fragua por tres argumentos de espíritu devastador, disolviendo el oficio del Superintendente Romano, y ha tratado de probar que el papa preside al mundo inútilmente:   
[Arg. 1.] Porque Cristo, que reside directamente en los cielos sobre los fieles, por sí mismo suministra bastante abundantemente toda gracia espiritual a quienes la pidan sin papa. Por eso la conclusión queda entre las condenadas en LX.
[Arg. 2.] Conocemos por experiencia que con un papa muerto o depuesto con sus cardenales y prelados imperiales la Iglesia prosperaría más y no menos. Porque en cuanto al sacramento de la confirmación —con el sacramento del orden y la bendición del crisma con las iglesias a dedicar que se apropian a obispos— parece que Cristo, residente perpendicularmente en los cielos sobre los justos presbíteros, les daría la potestad de hacer tales cosas.
[Arg. 3.] Hablan blasfemias quienes dicen que hace falta que el rayo celeste descienda sobre el Romano Pontífice y desde él se refleje según un ángulo a las provincias adyacentes por tierras y mares, como si la Verdad Primera buscara ángulos y no fuera así que todo don o todo dado óptimo descendería del Padre de las luces de manera que Dios no esté perpendicularmente sobre la cabeza de cualquier hombre, sino que se diría algo tanto más herético cuanto que Dios por su inmensidad está necesariamente en todas partes.
  
Lejos de duda, esta alegoría mística de las plomadas que sólo tenemos dos veces en las Escrituras, hace dos avances opuestos a la herejía antedicha. 
 
Porque aquí, como consta por la superposición perpendicular de Dios, argumenta [la alegoría] que la sede romana del pontífice ha de ser evacuada —léase Isaías 34— y que por la residencia perpendicular de Dios en virtud de una sentencia vengadora será quitada de Sión toda potestad de nobles y reyes, para que así se reduzca a la nada y se haga una plomada para la desolación. El texto es éste:
8 Porque ha llegado el día de la venganza del Señor, el año o tiempo de hacer justicia a Sión. 9 Y se convertirán en pez encendida las aguas de sus torrentes, y en azufre el polvo de Idumea.
  
Sigue: 
11 … Se tirará sobre ella la cuerda de medir para reducirla a nada y el nivel [a plomada] para arrasarla enteramente. No se verán allí más los nobles de ella; implorarán con ahínco el socorro de un rey, y todos sus príncipes serán aniquilados. 13 En el solar de sus casas nacerán espinas y ortigas, etc.
 
SAN JERÓNIMO: 
“[…] y así se haga, porque la cuerda y la plomada del Señor —esto es, su sentencia— no pueda cambiarse. Sus nobles —esto es, apóstoles y creyentes— no estarán allí, ni se juntarán al número de los perdidos, antes bien invocarán al rey Cristo”.
  
Esta es entonces la plomada de la desolación y destrucción que primero quita a los apóstoles y sus sucesores los obispos para que también sean derruidos y reducidos a la nada. Léase también en Zacarías [cap. I] la plomada de la reformación y gracia cuando iba a ser reedificada la casa del Señor bajo Zorobabel y bajo Jesúa hijo de Josedec. El texto es éste:
16 Por tanto, esto dice el Señor: Volveré mis ojos compasivos hacia Jerusalén, y en ella será edificado mi templo, dice el Señor de los ejércitos, y la plomada será tendida sobre Jerusalén.
 
Esto es el capítulo I de Zacarías, sobre el cual dice la Glosa: Será edificada bajo Zorobabel y Jesús hijo de Josedec. Y en otra parte el Señor, por su misericordia, promete que la reedificará y que en ella habrá de ser tendida la plomada o cuerda según la medida y los órdenes de los individuos particulares.
 
Reside, pues, el Señor sobre los hombres en plomada de desolación y venganza cuando son quitados los prelados y pontífices de la Iglesia. En cambio reside según la plomada de la gracia cuando la Iglesia bajo prelados adquiere edificio, y aquellos son tenidos por arriba y por abajo en conformidad con el que preside el orden de los individuos particulares. Ved las Escrituras: si no me creéis a mí, creedles a ellas. Wycliff nos enseña [ironiza Walden] en este pasaje cómo desciende a nosotros la plomada de la severísima venganza de Dios por la substracción del Romano Pontífice y de todos los demás sujetos y prelados que Cristo nos aparejó en su apóstol Pedro en la plomada de la gracia por los órdenes de los particulares.
  
PATRICIO SHAW
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El Evangelio de Jesucristo, es el Evangelio de la Gracia.
Sin la gracia de Dios no habría fe, no habría salvación, no habría Iglesia ni creyentes, y ninguna predicación sería eficaz, aún con el vertimiento la sangre de los enviados. Sin la gracia, los sacramentos son inútiles y la autoridad de toda la jerarquía humana que preside, pastorea y gobierna la Iglesia desde la fe, queda desolada.
  
Thomas Walden en su doctrina sobre las dos plomadas de Dios nos remite a las Sagradas Escrituras para entender que Dios reside sobre los hombres verticalmente y tiende la plomada o cuerda según la medida y los órdenes de los individuos particulares.
  
En los tiempos de la Iglesia, la plomada de Dios queda sobre la cabeza de Pedro o la sede Romana del Pontífice, extendiendo la eficacia de la gracia según los órdenes; para la fe, salvación y edificación de los creyentes y la santificación del mundo por medio de ellos. Y la medida del individuo que preside (El Pontífice de Roma) viene dada por el grado de la revelación dada al apóstol Pedro por el Padre de las Luces; el cual fue puesto como primera piedra sobre la Roca que es Cristo. Y así establecido desde el conocimiento de Cristo no tiene otro lugar de partida que la cruz donde Nuestro Señor se ofreció como sacrificio expiatorio por nuestros pecados. Sabiendo que la Iglesia no es del Papa sino de Dios, quien hace descender su gracia sobre el Papa. Así como tampoco la gracia que santifica a los fieles es potestad del Romano Pontífice, sino que como Vicario ha de defenderla, guardarla y administrarla por la perfección del dogma y los sacramentos mediante la efusión del Espíritu Santo.
 
Si no creéis nuestras palabras, creed entonces las Escrituras. En ellas cualquiera que muestre o enseñe un evangelio diferente queda anatema o maldito. Las consecuencias de esto se corresponden en grados según el individuo, pues han sido durante la historia de la Iglesia muchas las veces que algunos han manchado gravemente su dignidad dentro de la jerarquía eclesiástica, y aún así se ha considerado que su inmundicia no podía alterar la gracia administrada en los sacramentos. Y esto es cierto mientras que no actúe desde el grado mas alto, pues la gracia permanece.
  
Ahora bien, el Sacrifico expiatorio de Cristo, la Cruz como punto cero, quedó establecido por nuestro Señor y llevado a la continuidad presencial mediante el Sacramento Eucarístico en la Santa Misa. Este es el grado más alto y la piedra sobre la que ha de asentarse el Romano Pontífice.
  
Alterada esta doctrina, y tristemente toda la teología y el dogma verdadero por todos los ocupantes del Trono Apostólico desde el concilio Vaticano II, queda declarado anatema el "grado mas alto", siendo de igual modo anatema el individuo que lo asume.
  
El CVII que engendró y dio a luz un evangelio moderno, adaptado al mundo; por las renovaciones que ha introducido constituye la declaración oficial de la apostasía y se declara así mismo anatema. Cualquiera que nos inste a obedecer las doctrinas del CVII es también maldito, aún si fuera un ángel o un resucitado. Benedicto XVI, considerado por algunos como defensor de la tradición, mandó aceptar el CVII para ser considerados católicos, siendo además su neoteología liberal e idealista uno de los pilares fundamentales del concilio. Benedicto XVI queda por tanto bajo la misma declaración de anatema que cualquier otro que enseñe algo diferente.
   
¿Dónde Reside ahora la plomada de la gracia?… No está,…. solo queda desolación, y ninguna autoridad es legítima en cuanto a la gracia…. Sin embargo, sí permanece la autoridad en cuanto a la desolación anunciada por Dios, y su poder (que ya es el del anticristo), crece espectacularmente hasta que la perdición sea consumada. porque ellos han amado mas las Tinieblas que la Luz.…
  
Solo queda esperar al Rey Jesucristo, pues una vez establecida la apostasía ("escrito está") se ha de manifestar el hijo de perdición, el hombre de pecado antes de la Parusía.
  
¡Que nadie os engañe, la iglesia conciliar enseña con gran engaño exegético un evangelio diferente! Por lo cual es enteramente anatema desde el grado mas alto. No hay en ella gracia de Dios, no hay fe, no hay verdad. Solo hay destrucción y desolación. Estos últimos cinco Papas (cinco últimos Reyes teocráticos, y los cinco son apóstatas) han construido la casa de la apostasía adornada para la venida del octavo, el que oficialmente será pastor de perdición y que es uno de los siete. Y Francisco I es ese octavo rey (ahora secular, ya que el Vaticano perdió su carácter teocrático al asumir el laico Jorge Mario Bergoglio), el pastor de perdición que llena materialmente pero que da veneno espiritual porque desde el primer día se ha manifestado como un modernista ultra radical, en consonancia y continuidad con el el CVII, ha anunciado un evangelio enteramente distinto al verdadero, excediendo en sus desvaríos a sus antecesores. Francisco I es anatema.
  
¡ADVÉNIAT REGNUM TUUM!

domingo, 21 de septiembre de 2014

¿EL APÓSTOL SAN PABLO PREDIJO LA SEDEVACANCIA AL FINAL DE LOS TIEMPOS EN 2 TESALONICENSES?

Por Patricio Shaw
 
Hay explicaciones asombrosas en pocas palabras, perdidas como una aguja en un pajar, en un segmento de los voluminosos comentarios de Santo Tomás a distintos libros de las Sagradas Escrituras.
  
El Aquinate divide su comentario al segundo capítulo de la segunda epístola de San Pablo a los Tesalonicenses en dos partes: exclusión de la falsedad e instrucción de la verdad. Nos interesa en especial la segunda, que va de las palabras «quóniam nisi venérit discéssio» (porque porque sin que primero haya acontecido la apostasía), del medio del tercer versículo, hasta la conclusión del capítulo.

El Apóstol (San Pablo) anunció en II Tesalonicenses 2, 3-12 la Gran Apostasía y la irrupción del anticristo por medio de la difusión de la falsa doctrina.
  
Esta parte trata primero de los eventos previos a la venida del Anticristo, y después trata del mismo Anticristo. Los eventos precedentes a la venida del Anticristo son dos apostasías: con respecto a la Fe y con respecto al Imperio Romano.
   
Interesa sobre manera la interpretación que nadie menos que Santo Tomás, el Doctor Communis, da del significado de «Imperio Romano» precisamente en este pasaje. Él parte de la interpretación tradicional y agustiniana de Daniel (II, 31) que se refería a cuatro reinos que precedieron el adviento de Cristo. Por el cuarto de ellos se entiende el romano, establecido a fin de que bajo su potestad se predicase la Fe a todo el mundo.
 
El profeta Daniel, en el capítulo II de su libro, describe los cuatro reinos que gobernaron la tierra hasta el Primer Advenimiento (Babilonia, Persia, Grecia y Roma).

Luego el mismo Santo Tomás, basándose en el sermón «De Apóstolis» de San León Magno —Papa y Padre y Doctor de la Iglesia, que gobernó de 440 a 461- afirma que el Imperio Romano había de durar mucho más allá del siglo V por transmutarse de temporal en espiritual, y que la naturaleza del Imperio Romano espiritual era la Fe Católica de la Romana Iglesia.
  
Santo Tomás de Aquino, siguiendo el parecer de San Agustín sobre la visión de Daniel, considera que el Imperio Romano fue el instrumento de Dios para la expansión del Evangelio de Jesús; y a San León Magno, que este reino pasaría de terrenal a espiritual, merced a la Iglesia Católica.
  
Las palabras de ese sermón más relevantes al comentario tomista que estamos viendo son las siguientes:
“Éstos [San Pedro y San Pablo] son quienes te han promovido a ti [Roma] a tal gloria que, hecha una nación santa, un pueblo elegido, un estado sacerdotal y real, y la cabeza del mundo por la Santa Sede del bienaventurado Pedro, alcanzaste un dominio más amplio por el culto de Dios que por el gobierno terreno”.
  
Santo Tomás prosigue diciendo que la apostasía universal con respecto al Imperio Romano (en su fase espiritual) es signo conveniente de la proximidad del Anticristo, así como Cristo vino en el apogeo del Imperio Romano.

Algunas líneas más abajo Santo Tomás explica interesantísimamente el versículo séptimo, «El hecho es que ya va obrando el misterio de iniquidad; entre tanto el que está firme ahora, manténgase, hasta que sea quitado (del medio)», para el cual presenta seis exposiciones de las cuales adopta cuatro como verosímiles.

Nos interesa especialmente la primera, a la cual parece darle mayor importancia Santo Tomás, y que también es la más clara y concreta:
Tantum ut qui tenet nunc, Románum impérium, téneat, donec de médio fiat, id est, donec moriátur”.
 
La traducción castellana de este sentido adoptado por Santo Tomás sería más o menos:
Mientras aquel que ahora tiene el Imperio Romano lo tenga, hasta que sea quitado del medio, esto es, hasta que muera”.

A continuación Santo Tomás aclara que aquel que ha de ser quitado del medio antes de que venga el Anticristo es la persona pública del Imperio Romano.
  
En resumen: Según el comentario de Santo Tomás a 2 Tesalonicenses II, el advenimiento del Anticristo debe ser precedido por una apostasía universal con respecto a la Fe Católica y al Imperio Romano, el cual es explicado como (1) la Fe de la Iglesia Romana y (2) como la persona pública del Imperio Romano.

Si no hay imperio sin emperador, entonces el «Emperador» que dejará de «tener el Imperio Romano» y será «quitado del medio», en la misma época en que el mundo apostataría de la Fe de la Iglesia Romana, no puede ser sino el Romano Pontífice. Y ningún mejor medio para hacer apostatar al mundo de la Fe de la Iglesia Romana, que un falso papa instigador de herejía reconocido por el mundo como el Papa.
 
La Apostasía requirió que la autoridad papal fuese pisoteada por usurpadores e instigadores de la herejía. Y esos instrumentos son sin duda los antipapas del Vaticano II
  
Esto se aclara más aún si se lo asocia con el comentario de Santo Tomás a Mateo XXIV, 21-22:
Habrá entonces grande tribulación, porque habrá una perversión de la doctrina Cristiana por una doctrina falsa. Y si no fuesen abreviados aquellos días, a saber, por documento de doctrina, por una expansión de la verdadera doctrina, ninguna carne sería salva, esto es, todos se convertirían a la falsa doctrina”.
  
Si vale la antedicha unión de dos interpretaciones tomistas sobre el Imperio Romano hechas con pocas líneas de diferencia, San Pablo Apóstol dijo que el signo de la inminencia del Anticristo es, con la pérdida universal de la Fe, la desaparición de la autoridad papal. ¡Lo que vemos es malo, pero alguna vez tenía que pasar y esa vez es ahora! Ha sido quitado del medio el verdadero gobierno papal, que fue impedimento insuperable para la venida del Anticristo por más de diecinueve siglos.