domingo, 19 de octubre de 2014

SAN JUAN DAMASCENO HABLA DEL ISLAM

Musulmanes
   
Hemos hecho mención de los musulmanes en varios artículos que hemos publicado aquí, pero ¿de dónde surgió esa religión? San Juan Damasceno, quien viviera entre los árabes y era funcionario de los califas Omeyas, describe su origen y sus creencias, al tiempo que presenta las objeciones que ellos presentan contra el Cristianismo y su contestación:
  
San Juan Damasceno
     
San Juan Damasceno, "La fuente del Conocimiento", parte II "De las herejías", punto 101 (Los ismaelitas)
  
También existe la superstición de los ismaelitas* que hasta hoy prevalece y mantiene a la gente en el error, siendo un precursor del Anticristo. Ellos son descendientes de Ismael, [quien] nació a Abraham de Agar, y por esta razón se les llama tanto Agarenos como Ismaelitas. También son llamados “sarracenos” que deriva de Σάῥῤας κενούς (Sarras kenous), o desamparados de Sara, por lo que Agar dijo al ángel: “Voy huyendo de mi señora Sarai” (1). En tiempos, éstos eran idólatras y adoraban la estrella de la mañana y a Afrodita, a la que en su idioma llaman Khabar, que significa “grande” (2). Y así, hasta los tiempos de Heraclio fueron grandes idólatras. A partir de ese tiempo hasta el presente un falso profeta llamado Mahoma ha aparecido en medio de ellos. Este hombre, después de haber tropezado con el Antiguo y Nuevo Testamento, y de igual manera, al parecer después de haber conversado con un monje arriano (3), ha ideado su propia herejía. Y entonces, habiéndose congraciado con la gente mediante su aparente piedad, les hizo creer que un cierto libro le había sido enviado desde el cielo. En él estableció algunas composiciones ridículas en este libro suyo y se lo entregó a ellos como objeto de veneración.
   
Él dice que hay un solo Dios, creador de todas las cosas, que ni ha sido engendrado ni ha engendrado (4). Él dice que Cristo es la Palabra de Dios y de su Espíritu, pero una criatura y un siervo, y que fue engendrado, sin semilla, de María, la hermana de Moisés y Aarón (5). Porque, él dice, que la Palabra y Dios y el Espíritu entraron en María, y dio a luz a Jesús, que fue un profeta y siervo de Dios. Y dice que los judíos querían crucificarlo por violación de la ley, y que se apoderaron de su sombra y la crucificaron. Sin embargo, el mismo Cristo no fue crucificado, dice, ni tampoco murió, porque Dios por Su amor por Él, lo llevó consigo al Cielo (6). Y dice esto, que cuando Cristo hubo ascendido al Cielo, Dios le preguntó: “Oh Jesús, ¿No has dicho “Yo soy el Hijo de Dios y Dios”?” Y Jesús, él dice, le respondió: “Ten misericordia de mí, Señor. Tú sabes que yo no he dicho esto y que no desdeño ser tu siervo. Pero los pecadores han escrito que hice esta declaración, y han mentido sobre mí y han caído en el error”. Y Dios respondió según Mahoma: “Yo sé que tú no dijiste esas palabras” (7). 
  
Hay muchas otras cosas extraordinarias y ridículas en este libro que cuenta que fue enviado a él por Dios. Pero cuando preguntamos: “¿Y quién está ahí para dar testimonio de que Dios le dio el libro? ¿Y cuál de los profetas predijo que tal profeta se levantaría?”, ellos están perdidos. Y nosotros decimos que Moisés recibió la Ley en el Monte Sinaí, con Dios que aparece ante los ojos de toda la gente en la nube, y el fuego, y la oscuridad, y la tormenta. Y decimos que todos los profetas desde Moisés para abajo predijeron la venida de Cristo y como Cristo Dios (el Hijo de Dios encarnado) iba a venir y ser crucificado, morir y resucitar, y cómo él iba a ser el juez de vivos y muertos. Entonces, preguntamos: “¿Cómo es que este profeta de los suyos no vino de la misma manera, con los demás dando testimonio de él? ¿Y cómo es que Dios no presentó a este hombre en vuestra presencia con el libro al que os referís, aun cuando él le dio la Ley a Moisés, con la gente presenciándolo, y la montaña humeando, para que vosotros pudierais tener certeza?” ellos responden que Dios hace como le place. “Eso –respondemos nosotros- ya lo sabemos, pero nosotros os estamos preguntando cómo llegó el libro a vuestro profeta”. Entonces replican que el libro bajó a él mientras dormía. Entonces chistosamente les decimos que mientras él reciba su libro en sueños y de hecho no sienta la operación, el mismo adagio le sea aplicado (lo que quiere decir: me estás dando la vuelta al sueño) (8).
  
Cuando nos preguntamos de nuevo: “¿Cómo es que cuando nos ordenas en este libro tuyo no hacer nada ni recibir nada sin testigos, no le dicen: ‘Primero nos muestras por testigos de que eres un profeta y que has venido de Dios, y nos muestras cuáles Escrituras son las que dan testimonio de ti’?”, ellos se avergüenzan y se mantienen en silencio. Entonces nosotros proseguimos: “Aunque tú no puedas esposar una mujer sin testigos, o comprar, o adquirir una propiedad, aunque no puedas recibir un asno ni poseer una bestia de carga sin testigos, y aunque tú puedas poseer tanto mujeres como propiedad y demás cosas gracias a los testigos, aun así nada menos que tu fe y tus escrituras las aceptas sin aval de testigos. Pues el que te trajo esto no tiene el aval de ninguna fuente, ni existe nadie conocido que atestigüe sobre él antes de que viniera. Y por el contrario, lo recibe mientras está durmiendo”.
   
Más aún, ellos nos llaman herejes y asociadores (Ἑταιριστάς) porque, dicen, introdujimos un asociado con Dios declarando a Cristo Hijo de Dios y Dios. Nosotros les decimos como contestación: “Profetas y escrituras nos han traído esto, y vosotros, según mantenéis persistentemente aceptáis los profetas. Pero si nosotros erróneamente declaramos a Cristo hijo de Dios, es porque eso es lo que nos enseñaron y lo que nos trajeron”. Pero algunos de ellos dicen que eso es una malinterpretación que nos lleva a representar a los profetas diciendo tales cosas, mientras otros dicen que los hebreos nos odiaban y nos engañaron escribiendo en nombre de los profetas, para perdernos. Y entonces aún les decimos: “En tanto que vosotros afirméis que Cristo es la palabra de Dios y el espíritu, ¿por qué nos acusáis de ser herejes? Pues la palabra y el espíritu es inseparable de todo aquello que tiene existencia de un modo natural. Por lo tanto si la palabra de Dios está en Dios, entonces es obvio que Él es Dios. Si en cambio, Él está fuera de Dios, entonces según vosotros, Dios no tiene ni palabra ni espíritu. En consecuencia, para evitar un asociado a Dios, lo mutiláis. Sería mucho mejor para vosotros aceptar que tiene un asociado que mutilarlo, como si estuvierais tratando con una piedra o con un trozo de madera o cualquier objeto inanimado. Así que mientras torticeramente nos llamáis herejes, nosotros replicamos llamándoos mutiladores de Dios”.
  
Ellos nos acusan además de ser idólatras, porque veneramos la Cruz, que ellos abominan. Y nosotros les respondemos: “¿Cómo es que entonces os frotáis contra una piedra en vuestra Kaaba (9), y la besáis y la abrazáis?”. Algunos de ellos dicen que Abraham tuvo relaciones con Agar sobre ella, pero otros dicen que ató el camello a ella cuando iba a sacrificar a Isaac. Y nosotros les contestamos: “Pues la Escritura dice que había bosques en la montaña y había árboles de los cuales Abraham cortó madera para el holocausto y puso encima a Isaac (10), y entonces dejó los asnos detrás con dos jóvenes, ¿por qué decir tonterías? Pues en ese lugar ni hay árboles ni un pasillo para asnos”. Y se quedan sin palabras, pero aún afirman que la piedra es de Abraham. Entonces les decimos: “Aceptemos que es de Abraham, como decís con toda locura. Entonces, sólo porque Abraham tuvo relaciones con una mujer o porque ató el camello a ella, no os avergüenza besarla y todavía nos culpáis por venerar la Cruz de Cristo por la cual el poder de los demonios y el engaño del Diablo fueron destruidos”. Esta piedra de la que ellos hablan es la cabeza de aquella Afrodita a la cual veneraban y a la que ellos llamaban Khabar. Incluso hoy día restos de la escultura son visibles para el observador cuidadoso.
    
Este Mahoma escribió muchos libros ridículos, a cada uno de los cuales les puso un título. Por ejemplo, está el libro “Sobre la Mujer” (11), en el que claramente prevé que es legal tomar cuatro esposas y, si es posible mil concubinas, tantas como se pueda mantener, además de las cuatro esposas. También hizo legal quitar cualquier mujer que uno puede desear. Mahoma tenía un amigo llamado Zaid. Este hombre tenía una hermosa esposa de la que Mahoma se enamoró. Una vez, cuando estaban sentados juntos, Mahoma dijo: “Oh, por cierto, Dios me ha mandado tomar a tu esposa”. El otro contestó: “Tú eres un apóstol. Haz lo que Dios te ha dicho, y lleva a mi esposa”. Más bien, para contar la historia como fue desde el principio, le había dicho: “Dios me ha dado la orden de que dejes a tu esposa”. Y él la echó: Y luego, varios días más tarde. “Ahora, dijo él, Dios me ha mandado tomarla”. Entonces, una vez que la hubo tomado y cometido adulterio con ella, hizo esta ley: “Deja a quien echó a su mujer. Y si, después de haberla echado, el volviera con ella, deja a otro casarse con ella. Pues no es legal tomarla a menos que ella se haya casado con otro. Más aún, si un hermano echa a su esposa, deja a su hermano casarse con ella, si él así lo desea” (12). En el mismo libro da preceptos como: “Trabaja la tierra que Dios te ha dado y embellécela. Y haz esto y hazlo en modo tal para no repetir las cosas obscenas que él hizo” (13).
   
Luego viene el “Libro del camello de Dios” (14). Sobre éste camello dice que era un camello de Dios y que se bebía un río entero y que no podía pasar a través de dos montañas, porque no había espacio. Había gente en ese lugar, dice, y ellos bebían el agua un día, mientras la camella se la bebía al siguiente. Más aún, al beberse el agua les proporcionaba alimento, pues la camella les daba leche en vez de agua. Pero como estos hombres eran malvados, se levantaron, dice, y mataron a la camella. Sin embargo, tuvo un vástago, un camello pequeño, que, según dice, cuando la madre murió, llamó a Dios y Dios lo llevó consigo. Y nosotros les decimos: “¿De dónde venía el camello?” Y ellos dicen que de Dios. Y nosotros decimos: “¿Se emparejó la camella con alguno?”. Y ellos dicen: “No”. Y entonces, decimos nosotros, ¿cómo fue engendrado?”. Pues nosotros vemos que vuestro camello no tiene ni padre ni madre ni genealogía, y que el que lo engendró sufrió el mal. Ni siquiera está claro quién la crió. Y sin embargo, este pequeño camello fue alzado. Así que ¿por qué vuestro profeta quien, de acuerdo con lo que decís, Dios habló, no averiguó sobre el camello, dónde pastaba, y de donde obtuvo leche para criarlo? ¿O puede que ella, como su madre, se reuniera con gente malvada y fuera destruida? ¿O entró en el paraíso antes que tú, para que vosotros podáis tener el río de leche del que tan neciamente habláis? Pues vosotros decís que hay tres ríos en el paraíso, uno de agua, uno de vino y uno de leche. Si vuestro precursor la camella está fuera del paraíso, es obvio que ella se ha secado de hambre y de sed, y que otros tienen el beneficio de su leche, y así, vuestro profeta se jacta idiotamente de haber conversado con Dios, porque Dios no le reveló el misterio del camello. Pero si ella está en el paraíso, y bebiendo agua todavía, y vosotros por falta de agua, os secáis en medio del paraíso de delicia. Y si no habiendo agua porque el camello se la ha bebido toda, y tú te sacias de vino del río del vino que fluye, te intoxicarás de beber vino puro y colapsarás bajo la influencia de la fuerte bebida y caerás dormido. Entonces sufrir la resaca y después de dormir y emborracharte de vino, te perderás los placeres del paraíso. ¿Cómo entonces no entró en la mente de vuestro profeta que esto podría pasar en el paraíso de las delicias? Nunca tuvo la menor idea de lo que el camello iba a producir hasta ahora, ni siquiera le preguntó, cuando os disertaba pomposamente con sus sueños a propósito de los tres ríos. Nosotros aseguramos que esta maravillosa camella vuestra os ha precedido en las almas de los asnos, donde vosotros, también, como las bestias, estáis destinados a ir. Y ahí será la oscuridad exterior y el castigo sempiterno, el fuego, los gusanos que no duermen, y los demonios infernales”.
   
De nuevo, en el “Libro de la Mesa”, Mahoma dice que Cristo pidió a Dios una mesa y que ésta le fue dada. Pues Dios, dice, le dijo: “Te he dado a ti y los tuyos una mesa incorruptible” (15).
   
Y de nuevo, en el “Libro de la Vaquilla” (16) dice otras estúpidas y ridículas cosas, por encima de las que por su gran número, prefiero pasar. Hizo una ley por la que debían ser circuncidados y las mujeres, también, y les ordenó no guardar el sabat y no ser bautizados.
   
Y mientras les ordenaba comer algunas cosas prohibidas por la Ley, les ordenó abstenerse de otras. Y prohibió absolutamente el consumo de vino.
   
NOTAS
   
* Ismaelita era uno de los nombres (junto con Agareno, Mahometano, Moro o Sarraceno) con los cuales se conocía a los seguidores de Mahoma. Las palabras ‘islam’ o ‘musulmán’ aparecieron en las lenguas europeas en el siglo XVII.
  
1. Cf. Gen. 16, 8. Salaminio Sozomeno también dice que descendían de Agar, pero autodenominándose descendientes de Sara para ocultar su origen servil (Historia Eclesiástica 6, 38. Pág. 67.1412AB).
  
2. Kabirun en árabe significa ‘grande’, ya sea en tamaño como en dignidad. Herodoto menciona el culto arábigo a la “Afrodita celestial”, pero dice que los árabes la llamaban Alilat (Heredoto 1,131).
  
3. Éste puede ser el monje nestoriano Bahira (Jorge o Sergio), que conoció al muchacho Mahoma en Bostra de Siria y afirmó reconocer en él la señal de un profeta.
 
4. Corán, Sura 112.
  
5. Sura 19, 4-169.
  
6. Sura 4, 156.
  
7. Sura 5, 116ff.
  
8. Los manuscritos no contienen el adagio, pero Lequien sugiere éste de Platón.
  
9. La Ka’ba, llamada ‘la casa de Dios’, se supone construida por Abraham con la ayuda de Ismael. Ésta ocupa lo que los musulmanes consideran el sitio más sagrado de la mezquita de La Meca y de todo el mundo. Incorporada a su muralla está la piedra aquí referida, la famosa Piedra Negra, que obviamente es una reliquia de la idolatría de los árabes preislámicos.
  
10. Gen. 22, 6.
   
11. Corán, Sura 4.
   
12. Cf. Sura 2, 225ff.
  
13 Sura 2, 223.
  
14 No hallado en el Corán.
  
15 Sura 5, 114-115.
  
16 Sura 2. 

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