jueves, 30 de octubre de 2014

ORACIONES TRADICIONALES DE LA IGLESIA CATÓLICA POR LOS MORIBUNDOS

Tomado del "Misal Diario" (Dom Gaspar Lefebvre, O.S.B.) - Traducción castellana del Rvdo. P. Germán Prado, Monje Benedictino de Silos (España). Ed. Desclée de Brouwer y Cia. (Brujas-Bélgica)

  
SEÑALES DE MUERTE PRÓXIMA
Conviene tener algún conocimiento de las señales de muerte inminente, para que así puedan los que asisten al enfermo auxiliarle con oportunidad en tan apurado trance. Las principales señales son: cuando falta el pulso o está intermitente o intercadente; cuando tiene la respiración anhelosa; cuando sus ojos están hundidos y vidriosos, o más abiertos de lo acostumbrado; cuando se pone la nariz afilada y blanquecina en la extremidad; cuando la respiración se parece al soplo de un fuelle; cuando se pone el rostro pajizo, cárdeno y amoratado; cuando se baña la frente de un sudor frío; cuando el enfermo coge las hilachas y pelusillas de las sábanas; cuando se enfrían todas las extremidades, etc.
  
Las señales más próximas de que el enfermo va a expirar son: la respiración intermitente y lánguida; la falta de pulso; la contracción o rechinamiento de dientes; la destilación a la garganta; un débil suspiro o gemido; una lágrima que sale por sí misma y el torcer la boca, los ojos y todo el cuerpo. Cuando el enfermo se halle en alguna de estas últimas señales, entonces el que le asiste sugerirá con fervor y frecuencia, y dirigiendo la voz algo más recia a la frente, las jaculatorias siguientes:
  • En vuestras manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
  • Jesús mío, os encomiendo esta mi alma, que redimisteis con vuestra preciosísima Sangre.
  • Jesús mío, quiero morir profesando vuestra fe; creo cuanto habéis revelado.
  • Jesús mío, mi amor, yo os amo, me pesa de haberos ofendido.
  • ¡Oh mi Dios, se acerca el momento de veros y poseeros para siempre!
  • ¡Oh, quién siempre os hubiera amado, quién nunca os hubiera ofendido!
  • ¡Oh María, Madre de Dios y Madre mía! Rogad por mí ahora que me hallo en la hora de mi muerte.
  • Jesús mío, salvadme.
  • María, Madre mía, amparadme.
  • San José glorioso, asistidme.
  • Arcángel San Miguel, socorredme; libradme de los enemigos.
  • Ángel santo, custodio mío, acompañadme a la presencia de Dios.
  • Ángeles todos, venid a mi socorro, que me hallo en necesidad de vosotros.
  • Santos y Santas, auxiliadme y alcanzadme una buena muerte. Amén.
   
ADVERTENCIA: Mientras el que asiste vaya sugiriendo al enfermo estas jaculatorias, los demás parientes y amigos se hincarán de rodillas delante de alguna imagen de María Santísima en el mismo aposento del enfermo o en otro, y rezarán el santo Rosario y las Letanías de Nuestra Señora. Así podrán ayudar mejor al enfermo que no estando alrededor de la cama llorando, gimiendo y aumentando la pena al pobre moribundo. Bastará que estén con él uno o dos para lo que pueda ofrecerse, y los demás que se recojan a orar hasta que haya expirado.
      
ACTO DE ACEPTACIÓN DE LA MUERTE
Todo cristiano, a lo menos una vez cada mes, debería leer y acompañar con el corazón el siguiente texto del padre Arsenio de Janson (conde de Rosemberg), de la Trapa:
Adoro, Dios mío, vuestro Ser eterno: pongo en vuestras manos el que me habéis dado, y que ha de cesar por la muerte en el instante en que Vos lo hayáis dispuesto. Acepto esta muerte con sumisión y espíritu de humildad en unión de la que sufrió mi Señor Jesucristo, y espero que con esta aceptación mereceré vuestra misericordia para salir felizmente de un paso tan terrible.
  
Deseo, oh Dios mío, haceros por mi muerte un sacrificio de mí mismo, rindiendo el debido homenaje a la grandeza de vuestro Ser por la destruccion del mío. Deseo que mi muerte sea un sacrificio de expiación que acepteis Vos, oh Dios mío, para satisfacer a vuestra justicia por tantas ofensas, y con esta esperanza acepto gustoso todo lo que tiene la muerte de más horrible para los sentidos, y la naturaleza.
  
Consiento, oh Dios mío, en la separacion del alma de mi cuerpo en castigo de lo que por mis pecados me ha separado de Vos. Acepto la privación del uso de mis sentidos en satisfaccion de las ofensas que por ellos he cometido.
  
Acepto, Señor, que mi cuerpo sea escondido en la tierra y pisado, para castigar el orgullo con que he procurado hacerme ver de las criaturas: acepto que ellas no se acuerden más de mí, en castigo del gusto que he tenido en que me amasen: acepto la soledad y horror del sepulcro para reparar mis disipaciones y entretenimientos peligrosos: acepto, en fin, la reducción de mi cuerpo a polvo y ceniza, y que sea pasto de los gusanos, en castigo del amor desordenado que le he tenido.
  
¡Oh polvo! ¡Oh gusanos!, yo os recibo, yo os estimo, y os miro como los instrumentos de la justicia de mi Dios para castigar la soberbia y orgullo, que me han hecho rebelde a sus preceptos: vengad sus intereses, reparad las injurias que le he hecho, destruid este cuerpo de pecado, este enemigo de Dios, estos miembros de iniquidad; y haced triunfar el poder del Criador sobre la flaqueza de su indigna criatura. A todo me sujeto, oh Dios mío, como también a la sentencia que vuestra divina justicia quiera dar a mi alma en el momento de mi muerte. Amén.
       
ORACIÓN PARA ALCANZAR UNA BUENA MUERTE (del Camino recto y seguro para llegar al Cielo, de San Antonio María Claret)
¡Jesús, Señor, Dios de bondad, Padre de misericordia! Yo me presento ante Vos con un corazón contrito, humillado y confuso, y os encomiendo mi última hora y lo que después de ella me espera.
   
Cuando mis pies, perdiendo su movimiento, me adviertan que mi carrera en este mundo está próxima a su fin,
R. Jesús misericordioso, tened compasión de mí.
  
Cuando mis manos, trémulas y torpes, ya no puedan sostener el Crucifijo, y a pesar mío lo deje caer sobre el lecho de mi dolor,
R. Jesús misericordioso, tened compasión de mí.
  
Cuando mis ojos, vidriados y contorcidos por el horror de la inminente muerte, fijaren en Vos sus miradas lánguidas y moribundas,
R. Jesús misericordioso, tened compasión de mí.
  
Cuando mis labios, fríos y convulsos, pronunciaren por última vez vuestro adorable Nombre,
R. Jesús misericordioso, tened compasión de mí.
  
Cuando mi cara, pálida y amoratada, cause lástima y terror a los circunstantes, y mis cabellos bañados del sudor de la muerte, erizándose en mi cabeza, anunciaren que está cercano mi fin,
R. Jesús misericordioso, tened compasión de mí.
  
Cuando mis oídos, próximos a cerrarse para siempre a las conversaciones de los hombres, se abrieren para oír la sentencia irrevocable que fijará mi suerte por toda la eternidad,
R. Jesús misericordioso, tened compasión de mí.
  
Cuando mi imaginación, agitada por horrendos fantasmas, quede sumergida en mortales congojas, y mi espíritu, perturbado con el temor de vuestra justicia al acordarse de mis iniquidades, luchare contra el infernal enemigo, que quisiera quitarme la esperanza en vuestras misericordias y precipitarme en los horrores de la desesperación,
R. Jesús misericordioso, tened compasión de mí.
  
Cuando mi corazón, débil y oprimido por el dolor de la enfermedad, estuviere sobrecogido por el temor de la muerte, fatigado y rendido por los esfuerzos que habrá hecho contra los enemigos de mi salvación,
R. Jesús misericordioso, tened compasión de mí.
  
Cuando derramare mis últimas lágrimas, síntomas de mi destrucción, recibidlas, Señor, como un sacrificio de expiación; a fin de que yo muera como víctima de penitencia, y en aquel momento terrible,
R. Jesús misericordioso, tened compasión de mí.
  
Cuando mis parientes y amigos, juntos alrededor de mí, se estremezcan al ver mi situación y os invoquen por mí,
R. Jesús misericordioso, tened compasión de mí.
  
Cuando, perdido el uso de los sentidos, el mundo todo desapareciere de mi vista, y yo gima entre las angustias de la última agonía y los afanes de la muerte,
R. Jesús misericordioso, tened compasión de mí.
  
Cuando los últimos suspiros del corazón empujen mi alma a que salga del cuerpo, aceptadlos, Señor, como hijos de una santa impaciencia de ir hacia Vos, y entonces,
R. Jesús misericordioso, tened compasión de mí.
  
Cuando mi alma salga para siempre de este mundo y deje mi cuerpo pálido, frío y sin vida, aceptad la destrucción de él como un homenaje que rendiré a vuestra Divina Majestad, y en aquella hora,
R. Jesús misericordioso, tened compasión de mí.
  
En fin, cuando mi alma comparezca ante Vos y vea por primera vez el esplendor de vuestra Majestad, no la arrojéis de vuestra presencia; dignaos recibirme en el seno de vuestra misericordia, para que cante eternamente vuestras alabanzas,
R. Jesús misericordioso, tened compasión de mí.
  
ORACIÓN
¡Oh Dios, que, habiéndonos condenado a muerte, nos habéis ocultado el momento y la hora de la misma!; haced que viviendo yo justa y santamente, pueda merecer salir de este mundo en vuestra gracia y santo amor. Por los méritos de nuestro Señor Jesucristo, que junto con el Espíritu Santo vive y reina con Vos. Así sea.
  
Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, expire en paz con Vos el alma mía.
 
INDULGENCIA PLENARIA PARA LA HORA DE LA MUERTE
Como a muchos sorprende la muerte sin darles tiempo para ganar indulgencias, el Papa San Pío X (Decreto del 9 de Marzo de 1904, Acta Sanctæ Sedis XXXVI, pág. 637) ha concedido una plenaria para el artículo de la muerte a todos aquellos que una vez en su vida, en un día a elección, después de confesar y comulgar, hubiesen hecho con verdadero espíritu de caridad el siguiente acto de aceptación, o con otra fórmula semejante.

LATÍN
Dómine Deus meus, jam nunc quodcúmque mortis genus prout Tibi placúerit, cum ómnibus suis angóribus, pœnis ac dolóribus de manu tua ǽquo ac libénti ánimo suscípio.
TRADUCCIÓN:
¡Señor, Dios mío! Desde este momento, con ánimo sereno y resignado, acepto de vuestras manos cualquier género de muerte que os plazca mandarme, con todos los dolores, penas y angustias que la acompañen.
   
RECOMENDACIÓN DEL ALMA (Según el Ritual Romano TRADICIONAL, título V, cap. 7)
  
LATÍN
   
LITANÍÆ AGONIZÁNTIUM
 
Kýrie, eléison.
Christe, eléison.
Kýrie, eléison.
   
Sancta María, ora pro eo (ea).
Omnes sancti Angeli et Archángeli, oráte pro eo (ea).
Sancte Abel, ora pro eo (ea).
Omnis chorus Justórum, oráte pro eo (ea).
Sancte Abraham, ora pro eo (ea).
Sancte Joánnes Baptísta, ora pro eo (ea).
Sancte Joseph, ora pro eo (ea).
Omnes sancti Patriárchæ et Prophétæ, oráte pro eo (ea).
Sancte Petre, ora pro eo (ea).
Sancte Paule, ora pro eo (ea).
Sancte Andréa, ora pro eo (ea).
Sancte Joánnes, ora pro eo (ea).
Omnes sancti Apóstoli et Evangelístæ, oráte pro eo (ea).
Omnes sancti Discípuli Dómini, oráte pro eo (ea).
Omnes sancti Innocéntes, oráte pro eo (ea).
Sancte Stéphane, ora pro eo (ea).
Sancte Laurénti, ora pro eo (ea).
Omnes sancti Mártyres, oráte pro eo (ea).
Sancte Silvéster, ora pro eo (ea).
Sancte Gregóri, ora pro eo (ea).
Sancte Augustíne, ora pro eo (ea).
Omnes sancti Pontífices et Confessóres, oráte pro eo (ea).
Sancte Benedícte, ora pro eo (ea).
Sancte Francísce, ora pro eo (ea).
Sancte Camílle, ora pro eo (ea).
Sancte Joánnes de Deo, ora pro eo (ea).
Omnes sancti Mónachi et Eremítæ, oráte pro eo (ea).
Sancta Maria Magdaléna, ora pro eo (ea).
Sancta Lúcia, ora pro eo (ea).
Omnes sanctæ Vírgines et Víduæ, oráte pro eo (ea).
Omnes Sancti et Sanctæ Dei, intercédite pro eo (ea).

Propítius esto, parce ei Dómine.
Propítius esto, líbera eum (eam) Dómine.
Propítius esto, líbera eum (eam) Dómine.
Ab ira tua, líbera eum (eam) Dómine.
A perículo mortis, líbera eum (eam) Dómine.
A mala morte, líbera eum (eam) Dómine.
A pœnis inférn, líbera eum (eam) Dómine.
Ab omni malo, líbera eum (eam) Dómine.
A potestáte diáboli, líbera eum (eam) Dómine.
Per Nativátem tuam, líbera eum (eam) Dómine.
Per Crucem et passiónem tuam, líbera eum (eam) Dómine.
Per Mortem et Sepultúram tuam, líbera eum (eam) Dómine.
Per gloriósam Resurrectiónem tuam, líbera eum (eam) Dómine.
Per admirábilem Ascensiónem tuam, líbera eum (eam) Dómine.
Per grátiam Spíritus Sancti Parácliti, líbera eum (eam) Dómine.
In die judícii, líbera eum (eam) Dómine.

Peccatóres, te rogámus, áudi nos.
Ut ei parcas, te rogámus, áudi nos.
  
Kýrie, eléison.
Christe, eléison.
Kýrie, eléison.

Deinde cum in agone sui exitus anima anxiatur, dicuntur sequentes Orationes.
  
ORATIO
Proficíscere, ánima christiána, de hoc mundo, in nómine Dei Patris omnipoténtis, qui te creávit: in nómine Jesu Christi Fílii Dei vivi, qui pro te passus est: in nómine Spíritus Sancti, qui in te effúsus est: in nómine gloriósæ et sanctæ Dei Genetrícis Vírginis Maríæ in nómine beáti Joseph, íncliti ejúsdem Vírginis Sponsi; in nómine Angelórum et Archangelórum: in nómine Thronórum et Dominatiónum: in nómine Principátuum et Potestátum: in nómine Virtútum, Chérubim et Séraphim: in nómine Patriarchárum et Prophetárum: in nómine sanctórum Apostolórum et Evangelistárum: in nómine sanctórum Mártyrum et Confessórum: in nómine sanctórum Monachórum et Eremitárum: in nómine sanctárum Vírginum, et ómnium Sanctórum et Sanctárum Dei. Hódie sit in pace locus tuus, et habitátio tua in sancta Sion. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum. Amen.
 
ORATIO
Deus miséricors, Deus clemens, Deus, qui secúndum multitúdinem miseratiónum tuárum peccáta pœniténtium deles, et præteritórum críminum culpas vénia remissiónis evácuas: réspice propítius super hunc fámulum tuum N. (hanc fámulam tuam N.), et remissiónem ómnium peccatórum suórum, tota cordis confessióne poscéntem, deprecátus exáudi. Rénova in eo (ea), piíssime Pater, quidquid terréna fragilitáte corrúptum, vel quidquid diabólica fraude violátum est; et unitáti córporis Ecclésiæ membrum redemptiónis annécte. Miserére, Dómine, gemítuum, miserére lacrimárum ejus: et non habéntem fidúciam, nisi in tua misericórdia, ad tuæ Sacraméntum reconciliatiónis admítte. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.
 
ORATIO (de Sancto Petro Damiano)
Comméndo te omnipoténti Deo, caríssime frater (vel caríssima soror), et ei, cujus es creatúra, commítto: ut, cum humanitátis débitum morte interveniénte persólveris, ad auctórem tuum, qui te de limo terræ formáverat, revertáris. Egrediénti ítaque ánimæ tuæ de córpore spléndidus Angelórum cœtus occúrrat: judex Apostolórum tibi senátus advéniat: candidatórum tibi Mártyrum triumphátor exércitus óbviet: liliáta rutilántium te Confessórum turma circúmdet: jubilántium te Vírginum chorus excípiat: et beátæ quiétis in sinu Patriarchárum te compléxus astríngat: sanctus Joseph, moriéntium Patrónus dulcíssimus, in magnam spem te érigat: sancta Dei Génetrix Virgo María suos benígna óculos ad te convértat: mitis, atque festívus Christi Jesu tibi aspéctus appáreat, qui te inter assisténtes sibi júgiter interésse decérnat. Ignóres omne, quod horret in ténebris, quod stridet in flammis, quod crúciat in torméntis. Cedat tibi tetérrimus sátanas cum satellítibus suis: in advéntu tuo, te comitántibus Angelis, contremíscat, atque in ætérnæ noctis chaos immáne diffúgiat. Exsúrgat Deus, et dissipéntur inimíci ejus: et fúgiant qui odérunt eum, a fácie ejus. Sicut déficit fumus, defíciant: sicut fluit cera a fácie ignis, sic péreant peccatóres a fácie Dei: et justi epuléntur, et exsúltent in conspéctu Dei. Confundántur ígitur et erubéscant omnes tartáreæ legiónes, et minístri sátanæ iter tuum impedíre non áudeant. Líberet te a cruciátu Christus, qui pro te crucifíxus est. Líberet te ab ætérna morte Christus, qui pro te mori dignátus est. Constítuat te Christus, Fílius Dei vivi, intra paradísi sui semper amoéna viréntia, et inter oves suas te verus ille Pastor agnóscat. Ille ab ómnibus peccátis tuis te absólvat, atque ad déxteram suam in electórum suórum te sorte constítuat. Redemptórem tuum fácie ad fáciem vídeas, et præsens semper assístens, manifestíssimam beátis óculis aspícias veritátem. Constitútus (constitúta) ígitur inter ágmina Beatórum, contemplatiónis divínæ dulcédine potiáris in sǽcula sæculórum. Amen.
 
Súscipe, Dómine, servum tuum (ancíllam tuam) in locum sperándæ sibi salvatiónis a misericórdia tua. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi tui (ancíllæ tuæ) ex ómnibus perículis inférni, et de láqueis pœnárum, et ex ómnibus tribulatiónibus. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi tui (ancíllæ tuæ), sicut liberásti Henoch et Elíam de commúni morte mundi. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi tui (ancíllæ tuæ), sicut liberásti Noë de dilúvio. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi tui (ancíllæ tuæ), sicut liberásti Ábraham de Ur Chaldæórum. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi tui (ancíllæ tuæ), sicut liberásti Job de passiónibus suis. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi tui (ancíllæ tuæ), sicut liberásti Ísaac de hóstia, et de manu patris sui Ábrahæ. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi tui (ancíllæ tuæ), sicut liberásti Lot de Sódomis, et de flamma ignis. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi tui (ancíllæ tuæ), sicut liberásti Móysen de manu Pharaónis regis Ægyptiórum. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi tui (ancíllæ tuæ), sicut liberásti Daniélem de lacu leónum. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi tui (ancíllæ tuæ), sicut liberásti tres púeros de camíno ignis ardéntis, et de manu regis iníqui. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi tui (ancíllæ tuæ), sicut liberásti Susánnam de falso crímine. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi tui (ancíllæ tuæ), sicut liberásti David de manu regis Saul, et de manu Golíæ. R. Amen.
Líbera, Dómine, ánimam servi tui (ancíllæ tuæ), sicut liberásti Petrum et Paulum de carcéribus. R. Amen.
Et sicut beatíssimam Theclam Vírginem et Mártyrem tuam de tribus atrocíssimis torméntis liberásti, sic liberáre dignéris ánimam hujus servi tui (ancíllæ tuæ), et tecum fácias in bonis congaudére cœléstibus. R. Amen.
   
ORATIO
Commendámus tibi, Dómine, ánimam fámuli tui N. (fámulæ tuæ N.), precamúrque te, Dómine Jesu Christe, Salvátor mundi, ut, propter quam ad terram misericórditer descendísti, Patriarchárum tuórum sínibus insinuáre non rénuas. Agnósce, Dómine, creatúram tuam, non a diis aliénis creátam, sed a te solo Deo vivo et vero: quia non est álius Deus præter te, et non est secúndum ópera tua. Lætífica, Dómine, ánimam ejus in conspéctu tuo, et ne memíneris iniquitátum ejus antiquárum, et ebrietátum, quas suscitávit furor, sive fervor mali desidérii. Licet enim peccáverit, tamen Patrem, et Fílium, et Spíritum Sanctum non negávit, sed crédidit; et zelum Dei in se hábuit, et Deum, qui fecit ómnia, fidéliter adorávit.
   
Delícta juventútis, et ignorántias ejus, quǽsumus, ne memíneris, Dómine; sed secúndum magnam misericórdiam tuam memor esto illíus in glória claritátis tuæ. Aperiántur ei cœli, collæténtur illi Angeli. In regnum tuum, Dómine, servum tuum (ancíllam tuam) súscipe. Suscípiat eum (eam) sanctus Michaël Archángelus Dei, qui milítiæ cœléstis méruit principátum. Véniant illi óbviam sancti Ángeli Dei, et perdúcant eum (eam) in civitátem cœléstem Jerúsalem. Suscípiat eum (eam) beátus Petrus Apóstolus, cui a Deo claves regni cœléstis tráditæ sunt. Adjuvet eum (eam) sanctus Paulus Apóstolus, qui dignus fuit esse vas electiónis. Intercédat pro eo (ea) sanctus Joánnes, eléctus Dei Apóstolus, cui reveláta sunt secréta cœléstia. Orent pro eo (eam) omnes sancti Apóstoli, quibus a Dómino data est potéstas ligándi atque solvéndi. Intercédant pro eo (ea) omnes Sancti et Elécti Dei, qui pro Christe nómine torménta in hoc sǽculo sustinuérunt: ut, vínculis carnis exútus (exúta), perveníre mereátur ad glóriam regni cœléstis, præstánte Dómino nostro Jesu Christo: Qui cum Patre et Spíritu Sancto vivit et regnat in sǽcula sæculórum. R. Amen.
  
ORATIO AD BEATÆ MARIÆ VIRGINIS
Clementíssima Virgo Dei Génetrix María, mœréntium piíssima consolátrix, fámuli N. (fámulæ N.) spíritum Fílio suo comméndet, ut, hoc matérno intervéntu, terróres mortis non tímeat; sed desiderátam cœléstis pátriæ mansiónem, ea cómite, lætus (læta) ádeat. R. Amen.
   
ORATIO AD SANCTE JOSEPH
Ad te confúgio, sancte Joseph, Patróne moriéntium, tibíque, in cujus beáto tránsitu vígiles adstitérunt Jesus et María, per hoc utrúmque caríssimum pignus, ánimam hujus fámuli N. (fámulæ N.), in extrémo agóne laborántem, eníxe comméndo, ut ab insídiis diáboli, et a morte perpétua, te protegénte, liberétur, et ad gáudia ætérna perveníre mereátur. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum. R. Amen.
 
TRADUCCIÓN     
LETANÍA DE LOS AGONIZANTES
   
Señor, ten piedad de él. (1)
Jesucristo, ten piedad de él.
Señor, ten piedad de él.
  
Santa María, ruega por él.
Todos los Santos Ángeles y Arcángeles, rogad por él.
San Abel, ruega por él.
Coro de los justos, rogad por él.
San Abrahán, ruega por él.
San Juan Bautista, ruega por él.
San José, ruega por él.
Santos Patriarcas y Profetas, rogad por él.
San Pedro, ruega por él.
San Pablo, ruega por él.
San Andrés, ruega por él.
San Juan, ruega por él.
Santos Apóstoles y Evangelistas, rogad por él.
Santos Discípulos del Señor, rogad por él.
Santos Inocentes, rogad por él.
San Esteban, ruega por él.
San Lorenzo, ruega por él.
Santos Mártires, ruega por él.
San Silvestre, ruega por él.
San Gregorio, ruega por él.
San Agustín, ruega por él.
Santos Pontífices y Confesores, rogad por él.
San Benito, ruega por él.
San Francisco, ruega por él.
San Camilo, ruega por él.
San Juan de Dios, ruega por él.
Santos Monjes y Ermitaños, rogad por él.
Santa María Magdalena, ruega por él.
Santa Lucía, ruega por él.
Santas Vírgenes y Viudas, rogad por él.
Santos y Santas de Dios, rogad por él.
   
Séle propicio, perdónale, Señor.
Séle propicio, líbrale, Señor.
Séle propicio, líbrale, Señor.
  
De tu cólera, líbrale, Señor.
Del peligro de la muerte, líbrale, Señor.
De la mala muerte, líbrale, Señor.
De las penas del infierno, líbrale, Señor.
De todo mal, líbrale, Señor.
Del poder del demonio, líbrale, Señor.
Por tu Natividad, líbrale, Señor.
Por tu Cruz y Pasión, líbrale, Señor.
Por tu muerte y sepultura, líbrale, Señor.
Por tu gloriosa Resurrección, líbrale, Señor.
Por tu admirable Ascensión, líbrale, Señor.
Por la gracia del Espíritu Consolador, líbrale, Señor.
En el día del juicio, líbrale, Señor.
  
Así te lo pedimos, aunque pecadores, óyenos, Señor.
Te rogamos que le perdones, óyenos, Señor.
 
Señor, ten piedad, óyenos, Señor.
Jesucristo, ten piedad, óyenos, Señor.
Señor, ten piedad, óyenos, Señor.
   
(1) Si se rezan por una moribunda, se reemplazan con las palabras “ella, sierva, hermana”, la de “él, siervo, hermano”.
  
Hallándose el enfermo en la agonía, se dirá la siguiente oración:
 
ORACIÓN
Sal de este mundo, alma cristiana, en nombre de Dios Padre Todopoderoso, que te creó; en nombre de Jesucristo Hijo de Dios vivo, que padeció por ti; en nombre del Espíritu Santo, que en ti se infundió; en nombre de la gloriosa y santa Virgen María, Madre de Dios; en nombre del bienaventurado José, ínclito Esposo de la misma Virgen; en nombre de los Ángeles y Arcángeles; en nombre de los Tronos y Dominaciones; en nombre de los Principados y Potestades; en el de los Querubines y Serafines; en el de los Patriarcas y Profetas; en el de los santos Apóstoles y Evangelistas; en el de los santos Mártires y Confesores; en el de los santos Monjes y Ermitaños; en nombre de las santas Vírgenes y de todos los Santos y Santas de Dios: hoy tu lugar sea en la paz, y tu morada en la Santa Sión. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
 
ORACIÓN
¡Oh Dios de bondad, Dios clemente, Dios que, según la multitud de tus misericordias, perdonas a los arrepentidos, y por la gracia de una entera remisión borras las huellas de nuestros crímenes pasados! Dirige una mirada compasiva a tu siervo N. (sierva N.); recibe la humilde confesión que te hace de sus culpas, y concédele el perdón de todos sus pecados. Padre de misericordia infinita, repara en él (ella) todo lo que corrompió la fragilidad humana y manchó la malicia del demonio; júntale para siempre con el cuerpo de la Iglesia, como miembro que fue redimido por Jesucristo. Ten, Señor, piedad de sus gemidos, compadécete de sus lágrimas, y puesto que no espera sino en tu misericordia, dígnate dispensarle la gracia de la perfecta reconciliación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
      
ORACIÓN (compuesta por San Pedro Damián)
Te recomiendo a Dios Todopoderoso, mi querido hermano (o hermana), y te pongo en las manos de aquel de quien eres criatura, para que después de haber sufrido la sentencia de muerte, dictada contra todos los hombres, vuelvas a tu Creador que te formó de la tierra. Ahora, pues, que tu alma va a salir de este mundo, salgan a recibirte los gloriosos coros de los Ángeles y los Apóstoles, que deben juzgarte; venga a tu encuentro el ejército triunfador de los generosos Mártires; rodéete la multitud brillante de Confesores; acójate con alegría el coro radiante de las Vírgenes, y sé para siempre admitido con los santos Patriarcas en la mansión de la venturosa paz. Anímete con grande esperanza San José, dulcísimo Patrón de los moribundos; vuelva hacia ti benigna sus ojos la santa Madre de Dios; preséntese a ti Jesucristo con rostro lleno de dulzura, y colóquete en el seno de los que rodean el trono de su divinidad. No experimentes el horror de las tinieblas, ni los tormentos del suplicio eterno. Huya de ti Satanás con todos sus satélites, y, al verte llegar rodeado de Ángeles, tiemble y vuélvase a la triste morada donde reina la noche eterna. Levántese Dios, y disípense sus enemigos, y desvanézcanse como el humo. A la presencia de Dios desaparezcan los pecadores, como la cera se derrite al calor del fuego, y regocíjense los justos, como en una fiesta perpetua ante la presencia del Señor. Confundidas sean todas las legiones infernales; ningún ministro de Satanás se atreva a estorbar tu paso. Líbrete de los tormentos Jesucristo, que fue crucificado por ti; colóquete Jesucristo, Hijo de Dios vivo, en el jardín siempre ameno de su paraíso, y verdadero Pastor como es, reconózcate por una de sus ovejas. Perdónete misericordioso todos tus pecados; póngate a su derecha entre sus elegidos, para que veas a tu Redentor cara a cara, y morando siempre feliz a su lado, logres contemplar la soberana Majestad y gozar de la dulce vista de Dios, admitido (admitida) en el número de los Bienaventurados, por todos los siglos de los siglos. Amén.
   
PRECES
Señor: Recibe a tu siervo en el lugar de la salvación que espera de tu misericordia.
R. Amén.
  
Señor: Libra el alma de tu siervo de todos los peligros del infierno, de sus castigos y males.
R. Amén.
  
Señor: Libra su alma, como preservaste a Enoc y Elías de la muerte común a todos los hombres.
R. Amén.
  
Señor: Libra su alma, como libraste a Noé del diluvio.
R. Amén.
  
Señor: Libra su alma, como libraste a Abraham de la tierra de los Caldeos.
R. Amén.
  
Señor: Libra su alma, como libraste a Job de sus padecimientos.
R. Amén.
  
Señor: Libra su alma, como libraste a Isaac de su padre Abraham cuando iba a inmolarle.
R. Amén.
  
Señor: Libra su alma, como libraste a Lot de Sodoma y de la lluvia de fuego.
R. Amén.
  
Señor: Libra su alma, como libraste a Moisés de las manos de Faraón, rey de Egipto.
R. Amén.
  
Señor: Libra su alma, como libraste a Daniel del lago de los leones.
R. Amén.
  
Señor: Libra su alma, como libraste a los tres jóvenes del horno encendido y de las manos del rey impío.
R. Amén.
  
Señor: Libra su alma, como libraste a Susana del falso testimonio.
R. Amén.
  
Señor: Libra su alma, como libraste a David de las manos de Saúl y Goliat.
R. Amén.
  
Señor: Libra su alma, como libraste a San Pedro y San Pablo de las prisiones.
R. Amén.
  
Y como libraste a la bienaventurada Tecla, virgen y mártir, de los más crueles tormentos, dígnate librar el alma de tu siervo, y permítele gozar a tu lado de los bienes eternos.
R. Amén.
  
ORACIÓN
Te recomendamos el alma de tu siervo (o sierva) N., y te pedimos Señor Jesucristo, Salvador del mundo, por la misericordia con que bajaste por ella del cielo, que no le niegues un lugar en la morada de los Santos Patriarcas.
   
Reconoce Señor, tu criatura, obra, no de dioses extraños, sino tuya, Dios único, vivo y verdadero, porque no hay otro Dios más que Tú, y nadie te iguala en tus obras. Haz, Señor, que tu dulce presencia llene su alma de alegría; olvida sus iniquidades pasadas y los extravíos a que fue arrastrada por sus pasiones; porque, aun cuando pecó, no ha renunciado a la fe del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, sino que ha conservado el celo del Señor y, ha adorado fielmente a Dios, creador de todas las cosas.
  
Te pedimos, Señor, que olvides todos los pecados y faltas que en su juventud cometió por ignorancia, y, según la grandeza de tu misericordia, acuérdate de él en el esplendor de tu gloria. Ábransele los cielos y regocíjense los Ángeles con su llegada. Recibe, Señor, a tu siervo (o sierva) N. en tu reino. Recíbale San Miguel Arcángel, caudillo de la milicia celestial; salgan a su encuentro los santos Ángeles y condúzcanle a la celeste Jerusalén. Recíbale el Apóstol San Pedro, a quien entregaste las llaves del reino celestial. Socórrale el Apóstol San Pablo que mereció ser vaso de elección, e interceda por él San Juan, el apóstol querido, a quien fueron revelados los secretos del cielo. Rueguen por él todos los santos Apóstoles, a quienes Dios concedió el poder de absolver y de retener los pecados; intercedan por él todos los Santos elegidos de Dios, que sufrieron en este mundo por el nombre de Jesucristo, a fin de que, libre de los lazos de la carne, merezca entrar en la gloria celestial por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
Que la clementísima Virgen María, Madre de Dios, piadosísima consoladora de los afligidos, encomiende a su Hijo el alma de su siervo (o sierva) N., para que por su intercesión maternal no tema los horrores de la muerte, sino que entre gozoso en su compañía en la deseada mansión de la Patria celestial. Amén.
   
ORACIÓN A SAN JOSÉ
A Vos recurro, San José, Patrón de los moribundos, y a Vos, en cuyo tránsito asistieron solícitos Jesús y María, os encomiendo encarecidamente por ambas prendas carísimas el alma de vuestro siervo (o sierva) N., que se halla en su última agonía, para que bajo vuestra protección se vea libre de las asechanzas del diablo y de la muerte perpetua, y merezca llegar a los gozos eternos de la Gloria. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
 
***

Luego que haya muerto el enfermo, el sacerdote o alguno de los asistentes dirá a los demás señores y hermanos que han presenciado la enfermedad y muerte de aquel:
«Señores y hermanos míos, el señor N. acaba de expirar, acaba de sufrir una pena en que incurrió en el momento mismo que empezó a existir en la tierra: ha satisfecho una deuda que todos hemos de pagar. El Espíritu Santo dice que es bueno asistir a la casa del luto, porque así se piensa en qué se ha de venir a parar. En efecto, todos hemos de venir a parar a este trance, todos hemos de morir; pero no sabemos si moriremos en casa y en la cama como este, o si en algun lugar desierto falto de todo y por ninguno asistidos. Ignoramos si nuestra muerte será repentina, o pausada como la de este nuestro hermano que ha tenido tiempo para recibir los santos Sacramentos. Tal vez nosotros no tendrémos tiempo; por esto debemos estar siempre preparados y dispuestos a fin de que seamos salvos, pues que de nada nos aprovecharía ganar el mundo entero si perdiésemos el alma. Procuremos, pues, vivir bien y santamente, ejercitándonos en obras buenas, que son el único tesoro que nos llevamos al otro mundo; lo demás ya lo veis: todo se ha de dejar, como lo presenciáis en este señor.
  
Encomendemos a Dios el alma del difunto. Es cosa muy buena lo que algunos hacen, que cuando se les muere alguno que aman mucho van luego a confesar y comulgar, y le ofrecen el mérito de los Sacramentos recibidos; a este mismo fin les ofrecen las misas que pueden oir, hacen algunas limosnas a los pobrecitos, y les suplican que rueguen por el alma del difunto.
  
Dichosos los que así usan misericordia con los difuntos, que ellos por cierto alcanzarán misericordia. Esto es lo que deben hacer, y no otras vanas tradiciones que algunos observan, los que en lugar de practicar estas obras de caridad y piedad cristiana, aun omiten las de obligación.
  
No olviden los albaceas de cumplir luego las disposiciones testamentarias. Cumplamos todos bien nuestras obligaciones, que Dios en paga nos dará en este mundo la gracia y en el otro la gloria. Amén». 
  
Nota: se recomienda sacar copia de este documento y dar a las personas que oran por los enfermos y moribundos. Estas oraciones son de un libro muy antiguo de oraciones de la Iglesia Católica, que contiene la Fe tradicional de la Iglesia Católica, y es importante para orarle a los moribundos y para beneficio también de los que están en salud, para ir preparándonos cristianamente para la muerte.

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