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miércoles, 5 de agosto de 2026

REVOCAN TRASLADO DE EXJEFE DIPLOMÁTICO DE LA ORTODOXIA RUSA A BRASIL

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
  

La Iglesia Ortodoxa Rusa revocó su decisión de Junio de asignar a su ex jefe de relaciones exteriores a dos parroquias ortodoxas rusas en el estado de Río Grande del Sur (Brasil).
 
En cambio, el patriarca Cirilo I Gundiáyev ha asignado a Hilarión Alféyev, de 60 años, al Monasterio de la Exaltación de la Cruz, cerca de Moscú.
  
La última reasignación se produce después de una serie de controversias que involucraron al otrora poderoso diplomático de la Iglesia ortodoxa.
 
El 24 de Mayo, la policía checa detuvo a Hilarión en Karlovy Vary/Karlsbad después de registrar su automóvil y encontrar cuatro contenedores que contenían un polvo blanco. Las autoridades checas posteriormente identificaron la sustancia como cocaína. Hilarion fue liberado sin cargos después de dos días, mientras que la investigación sigue en curso. Él niega cualquier participación y dice que fue víctima de una provocación.
  
Hilarión ya había sido removido como metropólita de Budapest y Hungría en 2024 después de que un ex asistente masculino lo acusara de mala conducta homosexual e irregularidades financieras. Las alegaciones fueron acompañadas por afirmaciones de que Hilarion vivía un estilo de vida opulento y acumulaba una cantidad significativa de dinero en efectivo y propiedades. Él ha negado todas las acusaciones.
  
Desde 2009 hasta 2022, Hilarión encabezó el Departamento de Relaciones Exteriores Eclesiásticas del Patriarcado de Moscú y fue considerado uno de los jerarcas más influyentes de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Fue un interlocutor frecuente con el Vaticano y una vez fue visto como un posible sucesor del patriarca Cirilo.

martes, 4 de agosto de 2026

EXTREMISTAS JUDÍOS ATACAN CATEDRAL ARMENIA DE SANTIAGO EN JERUSALÉN


Seis judíos (cinco menores de edad y un adulto) fueron detenidos por vandalizar mediante escupitajos y piedras la catedral armenia ortodoxa de Santiago en el Barrio Armenio de Jerusalén a la una de la mañana de antier domingo 2 de Agosto, informó The Jerusalem Post.
   
Según relató el reportero, ceramista y coordinador de medios del movimiento “Salvemos el Barrio Armenio” Kegham Balián en su cuenta de Twitter/X, los perpetradores arrojaron piedras también a la casa de una mujer que filmaba el evento, gritándola «¡Regresa adentro, hija de puta!».
  
Tras denuncias ciudadanas, la policía detuvo a los seis atacantes. Tres de ellos fueron liberados bajo restricciones, como la prohibición de entrar a la Ciudad Vieja durante quince días. A los otros, se les extendió la prisión preventiva por orden del tribunal de distrito de Jerusalén.

El Patriarcado Armenio de Jerusalén presentó una queja formal de los hechos, y dijo que estos ataques forman parte de un patrón de violencia anticristiana creciente en los últimos años, y exigió que el gobierno y la administración de justicia los trate como crímenes de odio que son, más allá de las manidas promesas de circunstancia por parte de la policía.
  
El Centro de Datos sobre la Libertad Religiosa informó el pasado Julio que en el segundo trimestre del 2026 se registraron 83 ataques contra los cristianos en Israel por parte de judíos ortodoxos, casi el doble que en el mismo período del año anterior. La mayoría de los ataques consistieron en escupitajos, agresión física y vandalismo a propiedad y símbolos cristianos por menores de edad instigados por sus padres, y ocurren en Jerusalén, entre la noche del viernes y la mañana del sábado o en festividades y actos públicos judíos.
 
La actual catedral armenia de Santiago fue construida en el siglo XII en el lugar donde fue decapitado Santiago el Mayor, y fue la primera sepultura de Santiago el Menor antes de su traslación a la basílica de los Santos Doce Apóstoles en Roma.

lunes, 3 de agosto de 2026

MONASTERIO ETÍOPE BOMBARDEADO CON DRONES POR EL GOBIERNO

Noticia tomada de AGENCIA FIDES.
   

El antiguo monasterio de Santa Rípsima (en amárico ቅድስት አርሴማ/Qadist Arsema), sito en el distrito de Borena (zona de Wollo Sur), en la región etíope de Amhara, resultó gravemente dañado en un ataque con drones perpetrado el pasado 22 de Julio de 2026. Se han registrado numerosas víctimas entre los monjes, sacerdotes, monjas y fieles de la Iglesia ortodoxa etíope Tewahedo que estaban participando en la liturgia.

Según diversas fuentes locales, dos monjas y seis sacerdotes y miembros de la vida religiosa perdieron la vida. Numerosos civiles y fieles que se encontraban en el lugar resultaron además heridos.

«Quienes perdieron la vida eran fieles, sacerdotes y monjas».
Para muchos cristianos etíopes, esta tragedia representa mucho más que la pérdida de vidas humanas: se ha quebrado el sentido de seguridad de lugares considerados desde siempre sagrados. «Nuestras iglesias y nuestros monasterios han sido siempre lugares a los que la gente acude para buscar a Dios, para rezar y para encontrar la paz», ha declarado un párroco etíope, confirmando el clima de miedo que se ha extendido entre las comunidades cristianas.
  
«Cuando un lugar de culto se convierte en un lugar de muerte, los fieles empiezan a preguntarse dónde pueden reunirse con seguridad», se lee también en un comunicado difundido en las redes sociales. «Independientemente de que el objetivo fueran combatientes armados o no, las personas que perdieron la vida eran fieles, sacerdotes y religiosas. Las familias han perdido a sus seres queridos y la Iglesia está de luto. Las personas inocentes nunca deberían pagar el precio de la guerra».

El conflicto de Amhara, sin atención internacional.
El ataque se produjo en el contexto del conflicto que enfrenta a las fuerzas del gobierno etíope con los milicianos etno-nacionalistas Fano (ፋኖ) en la región de Amhara. El gobierno alegó que miembros de la milicia estaban utilizando el monasterio como refugio.

El párroco citado en las redes sociales ha explicado que este grave episodio ha aumentado el temor de muchos fieles a participar en las celebraciones religiosas, especialmente en las zonas afectadas por el conflicto. «Muchos viven con miedo y temen reunirse para el culto», ha afirmado. «Los padres se preguntan si sigue siendo seguro llevar a sus hijos a la iglesia, porque temen que lo ocurrido en el monasterio de Santa Rípsima pueda repetirse en otros lugares. Es un miedo que nunca hubiéramos querido ver entre nuestro pueblo. Pasamos nuestros días consolando a personas que se preguntan por qué ha ocurrido todo esto. No siempre tenemos respuestas, pero las dirigimos hacia Cristo».
 
«Nuestra esperanza permanece en Cristo».
A pesar de la tragedia, la Iglesia en Etiopía continúa dando testimonio de su fe e invita a los cristianos de todo el mundo a sostenerla en este momento de prueba.

«Nuestra esperanza no ha desaparecido», ha declarado otro líder religioso. «Los edificios pueden ser destruidos y las vidas pueden ser truncadas, pero nuestra fe en Cristo permanece. Seguimos rezando por la paz, la justicia y la reconciliación de nuestro país, y oramos no solo por las familias de las víctimas, sino también por la paz en Etiopía. Pedimos a la Iglesia universal que permanezca a nuestro lado, porque nuestro pueblo está agotado por la violencia».

sábado, 1 de agosto de 2026

OTRAS PLUMAS: UNA RECONSTRUCCIÓN DE UN RITO ARCAICO DE LA SAGRADA COMUNIÓN

Traducción a partir del texto inglés por el Dr. Peter A. Kwasniewski (Parte 1, parte 2 y parte 3) del artículo publicado en húngaro por Zsolt Orbán en su blog Invocábo nomen Dómini.
  
UNA RECONSTRUCCIÓN DE UN RITO ARCAICO DE LA SAGRADA COMUNIÓN

Según la tradición popular, la misa en la antigüedad adoptaba la forma de un “banquete de amor”, un ágape, como se cree que se representa en las pinturas murales de las catacumbas, con todos sentados alrededor de una sola mesa. Por lo tanto, la misa no se celebraba con la congregación de cara al Señor y, lo más importante, todos recibían la comunión en la mano.
   
El problema de esta narración es que carece de fundamento en la realidad: ningún texto la corrobora, ni tampoco se encuentra ninguna evidencia que la respalde en los registros pictóricos que se conservan.
   
De hecho, ninguna de las pinturas murales que se conservan en las catacumbas representa una liturgia propiamente dicha. Estas imágenes solo pueden considerarse referencias simbólicas a la Santa Misa, a Cristo y a la Eucaristía, y únicamente en el caso de las representaciones de escenas evangélicas pueden considerarse representaciones artísticas de acontecimientos históricos. Entre los temas más comunes se encuentran las bodas de Caná, la multiplicación milagrosa de los panes y la Última Cena; como símbolos, los más frecuentes son el pez como símbolo de Cristo (el pez —ichthys— es un acrónimo cristiano: Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador), el pan y las uvas, todos ellos aluden a las verdades de la fe asociadas a la Santa Misa. En ninguna de estas referencias simbólicas encontramos ninguna indicación sobre la Santa Misa ni sobre la manera de recibir la Comunión.

Las primeras representaciones del rito de la Eucaristía
  
Una importante innovación en la representación apareció en algún momento de los siglos IV ó V, quizás primero en los murales o mosaicos que rodeaban el altar de una basílica cristiana en Jerusalén. Según las hipótesis de los investigadores, el arquetipo de tales representaciones pudo haber sido un mural o mosaico en una iglesia de Jerusalén o Constantinopla; la mayoría sospecha que las antiguas pinturas de la destruida Iglesia de la Última Cena sirvieron de modelo. Siguiendo este ejemplo, el motivo de la Comunión de los Apóstoles aparece en objetos litúrgicos de metal y en libros, al menos según las obras que se conservan, generalmente datadas en el siglo VI, que sobrevivieron a la iconoclasia. Durante este período, el motivo de la Comunión de los Apóstoles aparece en varios de estos objetos litúrgicos y en los Evangelios.

Una característica distintiva de esta forma de representación es que muestra una recepción explícita y específica de la Sagrada Comunión. En las dos mitades de la imagen, Cristo mismo administra la comunión a los apóstoles, dándoles su parte por separado en las dos especies; esto es la metádosis (μετάδοσης), la entrega del Santo Cuerpo, y la metalepsis (μετάληψις), que significa su participación en la Santa Sangre.

De las representaciones más antiguas, examinaré ahora las tres más tempranas y, por lo tanto, las más significativas desde nuestra perspectiva, ya que, a diferencia de las especulaciones sobre las primeras representaciones cristianas mencionadas anteriormente —que carecen de fundamento—, estas sí representan una práctica sacrificial interpretable, respaldada además por textos escritos. A partir de estos, es posible reconstruir una práctica de comunión muy probable que, según la evidencia de estos artefactos, pudo haber estado muy extendida en los siglos V y VI.

I. Códice Purpúreo de Rossano
Se trata de un manuscrito iluminado de los Evangelios que data de la segunda mitad del siglo VI. Fue descubierto en el tesoro de la catedral de Rossano (sur de Italia) y se hizo ampliamente conocido en el siglo XIX.

En este hermoso volumen de los Evangelios, con sus páginas color carmesí y delicadas miniaturas, dos ilustraciones representan claramente un rito sacramental: los apóstoles recibiendo la Eucaristía en la lengua. Esto, por supuesto, ha generado controversia entre los investigadores con sesgos ideológicos. Por ejemplo, Franz Xaver von Funk, tras afirmar que la ilustración muestra a Cristo administrando la Eucaristía a los apóstoles en la lengua, declaró —como ejemplo clásico de argumento circular— que, a pesar de las numerosas pruebas que lo corroboraban, la obra no podía datar del siglo VI, ya que la práctica de administrar la Eucaristía en la lengua no existía antes del siglo VIII.
  
La recepción del Santo Cuerpo
   

La escena se explica por la inscripción en la parte superior: «Tomó el pan, dio gracias, se lo dio y dijo: Este es mi cuerpo».

Cristo se sitúa en el lado izquierdo del cuadro; los apóstoles se acercan a él en fila, mientras que en el segmento inferior, los profetas del Antiguo Testamento señalan la escena, con sus mensajes representados en sus púlpitos con citas bíblicas (de izquierda a derecha):

«¡Gustad, y ved que Yahveh es dulce!» (Salmo 33, 9); «Este es el pan que Yahveh os ha dado para comer» (Éxodo 16, 15); «Y había hecho llover maná sobre ellos para que comieran, y les había dado el pan del cielo. Y el hombre comió el pan de los ángeles.» (Salmo 77, 24-25); «Y uno de los serafines voló hacia mí… y dijo: “Mira, esto ha tocado tus labios, y tus iniquidades serán quitadas, y tu pecado será limpiado.”» (Isaías 6, 6-7)

Lo que vemos en la escena de la “comunión”:
  1. Tres apóstoles se acercan para comulgar desde la derecha, de pie y con las manos abiertas a los lados del torso, inclinándose ligeramente.
  2. Inmediatamente antes de la comunión, un apóstol se coloca de pie con las manos extendidas, ocultas dentro de su vestidura, formando un “manto de altar” horizontal con su himatión (vestidura exterior griega).
  3. Un apóstol, inclinándose, coloca ambas manos bajo la mano derecha de Cristo y acerca su boca a la mano de Cristo. Cristo sostiene su mano izquierda horizontalmente, con los dedos doblados y la palma hacia arriba, como si sostuviera algo en ella (o, mejor dicho, como el celebrante sostiene su palma izquierda en el video que se muestra al final del texto).
  4. Un apóstol a su lado (en segundo plano debido a la composición de la imagen) levanta las manos al cielo en señal de agradecimiento.
Primer plano de la recepción del Cuerpo de Cristo.
  
  La recepción de la Santa Sangre
     
  
Cristo aparece aquí a la derecha, sosteniendo un cáliz con ambas manos. La inscripción sobre él dice: «Entonces tomó el cáliz en sus manos, dio gracias y se lo dio, diciendo: “Esta es mi sangre”».

Debajo de la Eucaristía, aparecen cuatro profetas del Antiguo Testamento; de izquierda a derecha, los textos dicen: «Esta es la sangre del pacto que el Señor ha hecho contigo» (Éxodo 24, 8); «Tomo el cáliz de la salvación e invoco el nombre del Señor» (Salmo 115, 4); «Tu cáliz me embriaga como el mejor vino» (Salmo 22, 5); «Los que me beben volverán a tener sed» (Eclesiástico 24, 21).

Lo que vemos en la escena de la Eucaristía:
  1. Desde la izquierda, tres apóstoles se acercan para comulgar, con las manos juntas a la altura de la cintura, junto al torso, con las palmas abiertas e inclinándose ligeramente.
  2. Frente a ellos, un apóstol, justo antes de recibir la Comunión, mantiene las manos a la altura de la cintura, ocultas dentro de su vestimenta, formando un “manto de altar” horizontal con su himatión.
  3. Un apóstol se inclina, colocando sus manos debajo de las de Cristo que sostienen el cáliz, pero sin tocarlo.
  4. Un apóstol se encuentra a su lado (detrás de él en la imagen debido a la composición), con la mano izquierda visible.

Primer plano de la recepción del cáliz.
  
II. La patena de Riha
  
   
Se trata de un plato de comunión perteneciente a un tesoro de vasos litúrgicos desenterrado en Siria a principios del siglo XX. Basándonos en el sello imperial hallado en el fondo del recipiente, es posible que se haya fabricado en Constantinopla durante el reinado del emperador Justiniano II (565-578).
  
Cristo mismo ofrece la Eucaristía a los apóstoles; las dos escenas de la recepción de las dos especies se representan en una sola composición. Los investigadores creen que este tipo de representación se inspiró originalmente en una escena de las paredes que flanqueaban el altar de una iglesia en Jerusalén, de donde se copió y se integró en una sola composición en vasos sagrados e iconos.

La recepción de la Santa Sangre está representada en el lado izquierdo de la patena:
  1. Cuatro apóstoles al fondo; debido a la composición, sus manos no son visibles.
  2. Un apóstol ante la Eucaristía, con la mano extendida a la altura de la cintura y la palma abierta.
  3. Un apóstol, con las manos cubiertas por su himatión, las extiende a la altura de la cintura, ligeramente elevadas, mientras bebe del cáliz que sostiene Cristo. Sus manos no tocan el cáliz, ya que están cubiertas por el himatión.

Primer plano de la escena de la Comunión.
  
El cáliz utilizado para la comunión se puede ver a la derecha del altar. Debajo se muestra una fotografía de un cáliz similar del siglo VI.
  

La recepción del Santo Cuerpo en el lado derecho de la patena:
  1. Cuatro apóstoles al fondo; sus manos no son visibles debido a la composición.
  2. Un apóstol, justo antes de recibir la Comunión, extendió la mano hacia adelante a la altura de la cintura con la palma abierta.
  3. Un apóstol se inclina hacia la mano derecha de Cristo, sosteniendo sus propias manos (la derecha en la palma izquierda, con el pulgar apoyado en el dorso de la mano derecha) directamente debajo de la mano de Cristo; su himatión ya no cubre sus manos, sino que cuelga de su brazo izquierdo.

La escena de la “comunión” ampliada
  
III. La patena de Stuma
   

Esta patena data del mismo período que la patena de Riha y pertenece al mismo tesoro hallado en Caper Koraon (actualmente Kurin, Siria). A juzgar por el sello imperial visible, es probable que la patena se haya elaborado entre 577 y 578.
   
  
La recepción del Santo Cuerpo en el lado derecho de la patena:
  1. Tres apóstoles al fondo; debido a la composición, sus manos no son visibles.
  2. Un apóstol ante la Eucaristía, con la mano derecha levantada con la palma abierta y la izquierda oculta bajo el himatión.
  3. Un apóstol inclinado hacia la mano derecha de Cristo, con la boca en el dorso de la mano de Cristo, los codos a la altura de la cintura, las manos ligeramente levantadas y cubiertas por el himatión.
  4. Otro apóstol, inclinándose después de la Comunión, con las manos extendidas hacia adelante en acción de gracias, los dedos ligeramente separados, las palmas hacia arriba y abiertas, y su himatión colgando de su mano izquierda.
La recepción de la Santa Sangre en el lado izquierdo de la patena:
  1. Cuatro apóstoles al fondo; sus manos no son visibles debido a la composición.
  2. Un apóstol permanece de pie con las manos alzadas, veladas por un himatión, con la mirada fija en el cielo.
  3. Otro apóstol bebe del cáliz que Cristo le ofrece con ambas manos. Las manos del apóstol no son visibles, ya que están cubiertas por el himatión (el borde inferior del himatión se distingue claramente al colgar delante del mantel del altar).
Respecto a la representación en las patenas, los investigadores señalan que, contrariamente al orden litúrgico, el vino aparece a la izquierda y el pan a la derecha, aunque en el ochenta por ciento de los casos suele ser al revés. Cristo siempre da el pan con la mano derecha y sostiene el cáliz con ambas.

Características comunes de las escenas de comunión representadas.
  
Basándome en las imágenes presentadas, en mi opinión, a pesar de las diferencias en los detalles individuales visibles en ellas, se pueden identificar características comunes, a partir de las cuales se puede reconstruir un rito de comunión utilizando los siguientes principios interpretativos. Los principios son:

a. El mismo rito
Una característica común de los objetos presentados es que los investigadores generalmente los asocian con las regiones orientales de Siria: esto se aplica no solo a las dos patenas, sino también al Códice Rossano, que, según varios investigadores, pudo haber sido llevado a Italia para escapar de la ira de los iconoclastas. Y dado que sus fechas de origen también se sitúan en el mismo período, podemos suponer con razón que los elementos sacrificiales representados en ellos podrían ser representaciones del mismo rito sacrificial.

b. La representación simultánea de una secuencia de acciones que ocurren una tras otra
Otro punto importante concierne a la relación entre la realidad representada y el medio de representación: en estas imágenes, se narra una secuencia dinámica de eventos mediante elementos visuales estáticos. En consecuencia, estas composiciones son series de imágenes caricaturescas, tejidas a partir de varios fragmentos de escena determinados por las limitaciones de espacio y composición. Esto se puede observar en la procesión de los apóstoles que se acercan a la Eucaristía, en la que los preparativos previos a la Eucaristía, el momento de la Eucaristía en sí y las acciones que la preceden o la siguen en orden cronológico aparecen simultáneamente.

c. Carácter didáctico
El tercer aspecto se refiere a la función de las representaciones. Estas no eran originalmente meras decoraciones, narraciones o ilustraciones, sino representaciones de carácter didáctico. Esto es particularmente cierto si la teoría de los investigadores sobre el arquetipo de la representación es correcta y la Comunión de los Apóstoles apareció por primera vez en las pinturas murales de una iglesia. Por esta razón, estas representaciones no solo retratan un acontecimiento antiguo —para lo cual habría bastado con capturar el momento de la comunión—, sino que los fragmentos de la escena representada también transmiten una enseñanza. Al mismo tiempo, presentan una disposición cronológica de las partes del acontecimiento de acuerdo con la esencia de la enseñanza impartida, precisamente en el espíritu de la intención didáctica.

Reconstrucción de la práctica de la Comunión

Teniendo en cuenta las consideraciones anteriores, el rito específico de la comunión puede reconstruirse a partir de estas representaciones, a pesar de las variaciones visibles en los objetos individuales.

Para empezar, vale la pena prestar atención a los himationes.

En este sentido, podemos observar que en el Códice Rossano, en la parte de la escena más cercana al momento de la comunión, las manos del apóstol que comulga no están ocultas en el himatión; esto solo es visible cuando el apóstol se encuentra detrás del comulgante. En la patena de Riha, el himatión aparece en las manos únicamente al recibir la Santa Sangre, mientras que en la patena de Stuma, está presente al recibir ambas especies. Basándonos en el primer punto expuesto, estas diferencias no pueden atribuirse a un rito distinto; por lo tanto, debe existir otra razón para la variación en las representaciones.

Respecto al uso del himatión, más que un significado espiritual abstracto e inasible al sostenerlo horizontalmente como un paño, podemos suponer una razón más concreta, práctico-espiritual, derivada de la reverencia a la Sagrada Eucaristía: el esfuerzo por evitar que el Cuerpo y la Sangre caigan. Sin embargo, si esto es así, resulta incomprensible que, en el Códice Rossano, veamos las manos ocultas dentro del himatión solo cuando el apóstol se prepara para comulgar. ¿Por qué el Códice Rossano no muestra las manos cubiertas por el himatión cuando el apóstol está más cerca de Cristo? ¿Y por qué el himatión está ausente de la patena Riha durante la recepción del Cuerpo?

La razón de ello es que, debido al alcance limitado de la composición, solo se pudo incluir la escena que representa la enseñanza que se pretendía transmitir: el fotograma de la “caricatura” que contiene una enseñanza muy esencial.

Es probable que el uso del himatión en el momento de la comunión tuviera lugar en todos los casos tal como se representa en la patena de Stuma.

La secuencia reconstruida de la Eucaristía:
  1. Antes de que la persona que se prepara para la comunión llegue al celebrante, extiende su himatión sobre ambas manos. Dado que esto pudo haberse hecho por la razón mencionada anteriormente, no tendría sentido que lo hiciera si el himatión no estuviera ya en sus manos al momento de la comunión; por lo tanto, se puede suponer que siempre estuvo allí.
  2. En el momento de la comunión, el comulgante permanece inclinado, con las manos cubiertas por el himatión y extendidas bajo las manos del ministro, tanto al recibir el Cuerpo como la Sangre. Además, en el momento de la comunión, sus manos no tocan ni el cáliz ni el pan.
  3. El ministro coloca la Hostia en la boca del comulgante. Al hacerlo, no sostiene la patena en la mano, sino que toma la Hostia de la patena sobre el altar con la mano derecha, mientras sujeta la palma de la mano izquierda por debajo para que no caiga ni una sola miga. El himatión del comulgante, sostenido horizontalmente, actúa como un «manto protector» para evitar que las especies sagradas se caigan… (como se puede ver en el vídeo que aparece al final del texto).
  4. Inmediatamente después de la Comunión, las imágenes sugieren que el comulgante se inclina hacia la mano del ministro y besa el dorso de su mano derecha, pero solo al recibir el Cuerpo.
  5. Tras el beso de la mano, el comulgante se pone de pie (Códice Rossano, patena de Riha) o se inclina (patena de Stuma), alzando las palmas vacías hacia el cielo o extendiéndolas hacia adelante en señal de agradecimiento.
En lugar de la recepción del Santo Cuerpo, las tres representaciones muestran un beso en el dorso de la mano derecha de Cristo; pues si representaran la entrada del Cuerpo en la boca, el celebrante no se inclinaría hacia el dorso de la mano. Si, en efecto, se produjera un beso en la mano del ministro inmediatamente después de la Comunión, esto no habría sido posible durante la recepción de la Preciosa Sangre, ya que el ministro sostenía el cáliz con ambas manos y su contenido podría haberse derramado fácilmente si el comulgante se hubiera inclinado hacia la mano del ministro. Y dado que, debido a los marcos estrechos, solo se podía representar lo esencial en dicha composición pictórica, el momento de recibir el Cuerpo no es visible en ninguna de ellas.

La razón de esto bien podría encontrarse en el carácter didáctico de la escena de la iglesia, que puede considerarse el arquetipo para la representación de la Comunión de los Apóstoles: dado que existe una diferencia respecto a si se besa la mano durante la recepción de ambos elementos, era necesario enfatizar a la congregación, al representar la Comunión, que la enseñanza debía estar presente ante sus ojos: solo se puede besar la mano del ministro después de recibir el Cuerpo, pero no después de recibir la Preciosa Sangre. 

El testimonio de los registros escritos

Uno podría preguntarse, naturalmente: si la Comunión realmente se realizaba de la manera que describimos al final de nuestra primera parte, basándonos en el Códice Rossano, la patena de Riha y la patena de Stuma, ¿por qué no existe ninguna confirmación escrita de dicha práctica?
  
De hecho, es muy posible que exista tal confirmación. Ciertamente, carecemos de una fuente primaria directa e inequívoca que afirme explícitamente —junto con otros elementos del rito reconstruido— que «el sacerdote coloca el Santo Cuerpo sobre la lengua del creyente». En ningún lugar se describe este ritual con todo detalle; de ​​hecho, este mismo silencio justifica la reconstrucción que aquí se intenta.

A primera vista, los registros escritos disponibles parecen confirmar este rito solo indirectamente, ya que no excluyen, sino que permiten, la interpretación que he presentado. Sin embargo, tras un análisis más detenido, más allá de las traducciones populares que a menudo incorporan sus propias interpretaciones, encontramos confirmación de este rito en los lugares más inesperados.

En la siguiente sección, al enumerar los elementos del rito que perduran hasta nuestros días, demostraré que la mayoría de los componentes de este ritual reconstruido se han conservado en la liturgia copta. Dado que las tradiciones litúrgicas cristianas anteriores al Novus Ordo no surgieron de la nada, es probable que la tradición copta tampoco lo hiciera, sino que se caracterizara por una continuidad fiel a sus orígenes. Por consiguiente, es muy posible que algunos elementos de la práctica actual tengan raíces antiguas.

De ser así, los pocos testimonios textuales que quedan podrían validar la reconstrucción. Por lo tanto, como testimonios del rito reconstruido, cito un ejemplo alejandrino frecuentemente invocado de Eusebio y otro de San Cirilo de Jerusalén, junto con un texto siríaco mencionado a menudo como otro precedente antiguo de esta práctica.

En su Historia eclesiástica, Eusebio cita una carta del obispo Dionisio de Alejandría al papa (libro VII, capítulo 9) sobre un creyente que provenía de una secta herética. Al presenciar un verdadero bautismo por primera vez, el hombre se dio cuenta de que su propio bautismo no se parecía en nada al auténtico y comenzó a dudar de su validez. De esta carta, se cita a menudo el siguiente pasaje: «...y extendiendo sus manos para recibir el santo sustento, y recibiéndolo, y participando del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor» (“καὶ χεῖρας εἰς ὑποδοχὴν τῆς ἁγίας τροφῆς καὶ ταύτην καταδεξάμενον καὶ τοῦ σώματος καὶ τοῦ αἵματος τοῦ κυρίου ἡμῶν μετασχόντα”).
  

La interpretación popular sostiene que «manos extendidas para recibir» indica claramente la comunión en la mano. Sin embargo, en realidad, en casi todos los textos griegos citados como evidencia de esta práctica, la palabra utilizada para recibir la Comunión es la misma que se encuentra aquí, pero su significado no es el que muchos suponen. Entre los cristianos antiguos, el término griego hipodojé (ὑποδοχή) no significaba tomar algo en la palma de la mano. Originalmente, era un término bíblico para dar la bienvenida a un huésped (cf. Lucas 10, 38 ó 19, 6), y de ahí, se convirtió en un término técnico para la Comunión. Esta evolución es fácilmente comprensible para cualquiera que reconozca que en la Comunión, damos la bienvenida al Huésped más Precioso. Además, el texto describe estas manos como proteinanta (προτείναντα), que significa «extendidas hacia adelante». Así pues, el verdadero significado de la expresión completa utilizada para la Comunión es: manos extendidas hacia adelante para dar la bienvenida a la hostia. Esto se comprende correctamente solo si se observa a través del prisma del ritual práctico que muestran los objetos físicos analizados anteriormente.
  
El segundo texto procede de la homilía n.º 17 de Narsai de Edesa. Este texto también se presenta a menudo como prueba de comunión en la mano; de hecho, no se puede descartar que Alfonso Mingana, quien descubrió el texto y no era ajeno a las falsificaciones ocasionales, intentara asegurarse de que se leyera de esa manera. En la traducción de Dom Richard Hugh Connolly OSB, dice:
«Quien se acerca a recibir el Cuerpo extiende las manos, levantando la derecha y colocándola sobre la otra. El que lo recibe junta las manos en forma de cruz; y así recibe el Cuerpo de nuestro Señor sobre una cruz… Y el sacerdote que lo entrega le dice: “El Cuerpo de nuestro Señor”… Recibe en sus manos el adorable Cuerpo del Señor de todos; y lo abraza y lo besa con amor y afecto» (Homilías litúrgicas de Narsai en línea; véase pág. 108; en el original, pág. 28).
  

Pero en el texto siríaco “original” de Mingana, la expresión utilizada para recibir el sacrificio, como en Eusebio, tampoco significa recibirlo con las manos. Aquí también se puede detectar la expresión bíblica de hospitalidad/recepción, como en el griego. Esta expresión proviene de la raíz Qabel (ܩܳܒ݂ܶܠ), que en este texto significa la recepción interna/espiritual/fiel del sacrificio, como en la Biblia Peshitta, donde, por ejemplo, aparece en Jn. 1, 12: «los que lo recibieron» (ܕ݁ܩܰܒ݁ܠܽܘܗ݈ܝ/d-qabbelūhy). Y dado que a las manos se les da una preposición instrumental en el texto de Narsai, quizás lo que se quiere decir con esto no es el Cuerpo colocado en las manos, sino más bien esto: acercarse con las manos extendidas para recibir el Cuerpo.
  
Más allá de la interpretación espiritual, la parte de la expresión que se refiere a las manos permite dos lecturas gramaticales. La preposición b- (-ܒ݁, como en b-īdayhī/ܒ݁ܺܐܝܕ݂ܰܗ݈ܝ) puede ser locativa (“en”) o instrumental (“con/por medio de”). En este último caso, el texto de Narsai podría no implicar que el Cuerpo se coloque en las manos, sino más bien acercarse a la recepción del Cuerpo con las manos extendidas en un gesto de bienvenida. La expresión siríaca apoya claramente esta posibilidad precisamente por el significado primario mencionado del término para la comunión. Sin embargo, si se desea interpretar la preposición como locativa, se puede considerar como un “lugar” espiritual, similar a las manos del Padre en Lucas 23, 46, que presentan la misma preposición (ܒ݁ܺܐܝܕ݂ܰܝܟ݁/bīḏayk).

Si bien la lectura gramatical idealmente se determinaría por las partes subsiguientes del texto, la interpretación del pasaje completo depende en última instancia de lo que se considere una práctica concebible o plausible; por lo tanto, incluso la lectura gramatical se decide principalmente en función de presupuestos extratextuales. Por ejemplo, depende de si uno puede imaginar que el abrazo y el beso de la Eucaristía no fueran en sentido espiritual, sino una práctica física real. Dado que me resulta difícil imaginarlo, prefiero asumir que la preposición tiene un significado instrumental gramaticalmente, que implica una especie de instrumentalidad espiritual. Las manos extendidas son símbolos que representan y señalan la disposición para la recepción, que en la práctica solo servían para evitar que cayeran migas; por lo tanto, son principalmente instrumentos espirituales de una recepción claramente espiritual. Por consiguiente, en este texto, quizás el Cuerpo no se coloca en las manos, sino que el comulgante se acerca para recibirlo con las manos extendidas, inclinándose.
   
El último ejemplo es la Quinta Catequesis Mistagógica de San Cirilo de Jerusalén, considerada a menudo el “arma definitiva” para los defensores de la comunión en la mano. El pasaje en inglés dice:
«Por tanto, cuando os acerquéis, no extendáis las muñecas ni abráis los dedos; sino que, poniendo la mano izquierda como trono para la derecha, como para recibir al Rey, y ahuecando la palma, recibid el Cuerpo de Cristo, diciendo: “Amén”» [edición griega de Migne: “Προσιὼν οὖν, μὴ τεταμένoις ταῖς τῶν χειρῶν καρποῖς προσέρχου, μηδὲ διῃρημένοις τοῖς δακτύλοις· ἀλλὰ τὴν ἀριστερὰν θρόνον ποιήσας τῇ δεξιᾷ, ὡς μελλούσῃ Βασιλέα ὑποδέχεσθαι· καὶ κοίλανας τὴν παλάμην, δέχου τὸ σῶμα τοῦ Χριστοῦ, ἐπιλέγων τὸ, Ἀμήν”] (Patrología Græca vol. 33, cols. 1124-25, pdf págs. 562-3).
   

Aquí vemos de nuevo al autor usando el término técnico hypodechomai (ὑποδέχομαι) para el acto de recibir. Aún más interesante: si dejamos de lado momentáneamente la narración de la «comunión en la mano», descubrimos que la escena descrita es totalmente compatible con el rito reconstruido, sin que el Santo Cuerpo toque jamás la palma. Porque el texto no prohíbe acercarse con las manos extendidas; más bien, prohíbe acercarse con las muñecas separadas, con la palma derecha sin apoyarse en la izquierda, con la palma derecha sin mirar hacia arriba, o con los dedos extendidos y los brazos extendidos. El propósito de cerrar los dedos y ahuecar ligeramente las palmas es obvio: evitar que caigan fragmentos del Santo Cuerpo, una cuestión que el texto aborda explícitamente con su analogía del polvo de oro.

En esencia, el texto prohíbe el gesto de la mano previo a la comunión que las imágenes anteriores representan como la postura de acción de gracias. Si recordamos la intención didáctica mencionada anteriormente, el Apóstol en la patena de la estupa —de pie con los brazos extendidos y los dedos extendidos— muestra que la postura que San Cirilo prohibió antes de la comunión era, en realidad, la postura correcta después de la comunión, durante el momento de acción de gracias. Este punto era de tal importancia que requería la instrucción de los fieles; por lo tanto, su representación se buscó deliberadamente, incluso teniendo en cuenta las limitaciones inherentes a la composición pictórica.

También merece la pena examinar con más detenimiento el siguiente fragmento:
«Así pues, después de haber santificado cuidadosamente tus ojos con el toque del Santo Cuerpo, participa de él, teniendo cuidado de no perder ninguna porción; pues lo que pierdas, es evidentemente una pérdida para ti, como si fuera uno de tus propios miembros. Dime, pues, si alguien te diera granos de oro, ¿no los guardarías con sumo cuidado, estando alerta para no perder ninguno y sufrir ninguna pérdida? ¿No velarás entonces con mucho más cuidado para que ni una sola migaja caiga de ti de lo que es más precioso que el oro y las piedras preciosas?» (Μετ’ ἀσφαλείας οὖν ἁγιάσας τοὺς ὀφθαλμοὺς τῇ ἐπαφῇ τοῦ ἁγίου σώματος μεταλάμβανε, προσέχων μὴ παραπολέσῃς τι ἐκ τούτου: ὅπερ γὰρ ἐὰν ἀπολέσῃς, τοῦτο ὡς ἀπὸ οἰκείου ἐζημιώθης μέλους. Εἰπὲ γάρ μοι, εἴ τίς σοι ἔδωκε ψήγματα χρυσίου, οὐκ ἂν μετὰ πάσης ἀσφαλείας ἐκράτεις, φυλαττόμενος μή τι αὐτῶν παραπολέσῃς καὶ ζημίαν ὑποστῇς; Οὐ πολλῷ οὖν μᾶλλον ἀσφαλέστερον τοῦ χρυσίου καὶ λίθων τιμίων τιμιωτέρον διασκοπήσεις ὑπὲρ τοῦ μὴ ψῖχα ἐκπεσεῖν).
Quienes consideran la cita anterior como prueba irrefutable de la comunión en la mano generalmente no abordan qué se debía hacer exactamente después de recibir el Santísimo Cuerpo. Si este texto se interpretara literalmente, la Eucaristía habría tenido que tocarse con los ojos, del mismo modo que las gotas restantes de la Santa Sangre en los labios se habrían untado en los órganos sensoriales. Sin embargo, resulta sumamente contradictorio que el autor argumente en contra de dejar caer fragmentos eucarísticos usando la metáfora del polvo de oro, mientras que simultáneamente prescribe que se bese y se toque con los ojos, actos que obviamente aumentarían el riesgo de que cayeran migas.

Además, untar gotas de la Santa Sangre casi inevitablemente resultaría en goteo. Tal práctica es sumamente improbable porque —como suelen pasar por alto quienes defienden la comunión en la mano— quienes tienen un «miedo excesivo» a perder una sola partícula, comparándolo con la pérdida de sus propias extremidades, no suelen manipular el Santísimo Sacramento con las manos, y mucho menos tocarlo o untarlo en diversas partes de su cuerpo. Por lo tanto, una interpretación sobria sugiere que la cita se refiere a acciones en un sentido espiritual; así, los ojos se santifican al contemplar la Eucaristía, más que mediante el contacto físico.

Esto se ve respaldado además por el análisis gramatical, específicamente la presencia del dativo instrumental (datívus instruménti) en la frase τῇ ἐπαφῇ. Este término, que denota contacto o tacto, puede interpretarse aquí correctamente como una especie de datívus instruménti spirituális.

Así, este texto constituye un complemento esencial para el ritual reconstruido de la Comunión de los fieles. Con este detalle, se puede visualizar la acción inmediatamente anterior a la recepción del Santo Cuerpo: el comulgante, acercándose con las manos extendidas y cubiertas por el himation, elevaba la mirada hacia el Santo Cuerpo antes de recibirlo, diciendo «Amén», y luego lo recibía de la mano del sacerdote directamente en su boca.

Más allá de su significado espiritual, el acto de alzar la mirada pudo haber tenido una función práctica. La expresión «con cuidado» (Μετ’ ἀσφαλείας) enfatiza la atención con la que se elevan los ojos para contemplar el Santo Cuerpo. Esto sugiere una función práctica para el gesto: al alzar la mirada hacia la Hostia, el rostro y la boca del comulgante, que se acerca inclinándose con las manos extendidas y cubiertas, se colocan en la posición óptima para recibir la Comunión, asegurando así la seguridad de la metádosis (la entrega del Santo Cuerpo por parte del sacerdote). Este aspecto de seguridad es primordial, subrayado por la palabra griega para «gran cuidado», «ἀσφάλεια», un término técnico litúrgico constante en la tradición bizantina. Este mismo cuidado se prescribe tradicionalmente en las rúbricas bizantinas para los sacerdotes que administran la Eucaristía. Un ejemplo de esta coherencia se encuentra en el Gran Horologio (Horologion to Mega, p. 70), publicado en Venecia en 1856, donde la rúbrica para la comunión de los sacerdotes prescribe: «Y así toma lo que tiene en la mano con temor y gran cuidado» (Καὶ οὕτω μεταλαμβάνει τοῦ ἐν χερσὶ μετὰ φόβου, καὶ πάσης ἀσφαλείας).

En resumen, se puede afirmar con seguridad que los textos aquí presentados no excluyen la posibilidad de la reconstrucción del rito de la Comunión. Al contrario, si comprendemos el estado espiritual de los fieles —que se acercan inclinados, con las manos cubiertas y extendidas como humilde señal de disposición para recibir— descubrimos una postura idéntica al gesto tradicional de pedir una bendición, conservado en las tradiciones orientales hasta nuestros días, como veremos en la parte final de este ensayo.
  
Elementos que respaldan lo anterior y que perduran hasta nuestros días en diversas tradiciones litúrgicas.

1. La palma derecha sostenida en la mano izquierda
Naturalmente, en este punto no doy por sentado que la posición de la mano utilizada en la práctica eclesiástica actual de la comunión en la mano sea idéntica a la de la antigüedad, ya que la posición sacramental moderna de la mano —más precisamente, la recepción de la Eucaristía en la mano— difiere sustancialmente del sacrificio antiguo, a pesar de la similitud física de las posiciones de las manos.
  
La palma derecha, sostenida en la mano izquierda y orientada hacia arriba, es la postura tradicional de la mano que aún se encuentra en la tradición ortodoxa actual; sin embargo, naturalmente, esta postura no se utiliza durante la distribución de la comunión, sino durante las bendiciones: pues esta es la postura de la mano para solicitar una bendición, el gesto de la persona que la pide.

2. La patena sobre la mesa.
Entre las fuentes textuales, mencioné anteriormente la carta del obispo Dionisio de Alejandría, en la que se alude al rito sacrificial; creo que este rito puede reconstruirse en este trabajo a partir de la evidencia que proporcionan las imágenes. Para respaldar esto, cito como ejemplo la liturgia de los coptos, herederos modernos de la tradición litúrgica alejandrina, en la que se pueden identificar varios elementos que remiten a lo representado en los objetos materiales y que se remontan a la práctica descrita.
  
  
En el Códice de Rossano, en el momento posterior a la entrega del Santo Cuerpo, Cristo no sostiene la patena en su mano, sino que toma la partícula de la patena que reposa sobre el altar. Tal como lo hacen los coptos en el video anterior.
  
3. La palma de la mano izquierda del celebrante.
Cristo coloca el trozo que tomó con su mano derecha en la boca del apóstol, mientras que, como se ve en la escena del Códice Rossanensis, sostiene la palma de su mano izquierda protectoramente debajo. Después de la comunión, continúa sosteniendo la palma de su mano izquierda hacia arriba, con los dedos ligeramente flexionados, para que no se pierda ninguna miga. Tal como lo hacen los sacerdotes coptos: el video muestra la forma en que el sacerdote sostiene la palma de su mano izquierda. Esto recuerda mucho a Cristo, como se aprecia en la imagen ampliada del Códice Rossanensis que se muestra arriba.
  
4. El paño de comunión que alude al uso antiguo del himatión.
El pequeño paño que lleva el comulgante en el vídeo copto también parece evocar el himatión que se ve en las imágenes anteriores. Creo que los cambios en la vestimenta a lo largo de los últimos mil quinientos años podrían explicar la sustitución del himatión —es decir, la antigua prenda exterior— durante la Eucaristía: la necesidad de usar un paño, derivada de la reverencia a la Eucaristía, pudo haber sido más fuerte que la ausencia resultante de la desaparición del himatión debido a los cambios en la vestimenta. Sin embargo, el proceso natural de clasificar como sagrados los objetos asociados a la liturgia también pudo haber dado lugar a la aparición de un paño específicamente destinado a este propósito en el uso litúrgico.
  
En la liturgia bizantina también se utiliza un manto de comunión con una función similar, como se puede apreciar claramente en el último vídeo.
  
Entre los cristianos etíopes (Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo), el himatión —que se ha convertido en un elemento puramente litúrgico— también se ha conservado bajo el nombre de netela (ነጠላ) tanto hombres como mujeres lo usan en la iglesia. Este breve video explica cómo se usa este chal y su significado espiritual:
  
  
5. El beso sagrado.
No he encontrado rastro alguno del beso de la mano del sacerdote después de la comunión en las diversas tradiciones litúrgicas, pero en la tradición ortodoxa existe otra forma de beso sagrado que sigue inmediatamente a la Comunión: después de recibir las especies sagradas, los fieles besan la base del cáliz. El beso sagrado que se da a la base del cáliz, que recuerda al himatión, junto con el uso de un paño idéntico a este en cuanto a su función litúrgica:
 
  
Aunque este beso difiere de la práctica descrita en este texto, en la que se besaba la mano derecha del sacerdote, esto puede explicarse por el cambio en la forma de comulgar bajo las dos especies en comparación con la práctica antigua. La distribución del Cuerpo, colocado en la Preciosa Sangre, mediante una cuchara —directamente en la boca del comulgante— eliminaba la posibilidad de besar la mano del sacerdote, ya que esto podría haber puesto en peligro el contenido del cáliz.
 
Pero la necesidad de expresar el significado espiritual que encierra el beso buscó y encontró su lugar.
  
Observaciones finales
  
La célebre cita de San Basilio (Carta 93) demuestra que la comunión en la lengua fue la forma normativa de recibir la Eucaristía en la Iglesia desde sus inicios. La práctica eclesiástica solo se apartó de esta norma en circunstancias extraordinarias, como durante épocas de persecución o escasez de sacerdotes, e incluso entonces, solo temporalmente (en la época en que se escribió la carta, alrededor del año 372 d. C., la práctica de que los fieles laicos llevaran la Eucaristía a casa solo era habitual en Alejandría). A pesar de ello, la narrativa de la “comunión en la mano” se impuso en la segunda mitad del siglo XX, inextricablemente ligada a la reforma litúrgica. Los artífices de esta última fueron fervientes defensores de esta narrativa (véase, por ejemplo, este artículo de Annibale Bugnini), lo que explica por qué hoy en día casi todos los manuales académicos y publicaciones de divulgación dan por sentado que la comunión en la lengua era desconocida hasta los siglos VIII ó IX. En consecuencia, toda fuente escrita se interpreta a través del prisma de esta narrativa. Sin embargo, esto distorsiona la comprensión precisa de la realidad histórica y, por extensión, dificulta el retorno a la práctica eclesiástica correcta.
   
Por lo tanto, es crucial que los investigadores reexaminen las fuentes antiguas que supuestamente prueban la exclusividad o primacía de la comunión en la mano. Deben emprender a fondo el trabajo que se ha descuidado durante sesenta años, investigando la práctica eclesiástica real y apoyándose en el análisis de otros restos históricos disponibles. Cualquiera que haya examinado en detalle las interpretaciones textuales y citas «justificantes» de Bugnini o del frecuentemente citado Dom Ambrois Verheul OSB (“La communion dans la main”, en: Les questions liturgiques et paroissiales 50 (1969), págs. 115-122) puede apreciar su carácter tendencioso; por lo tanto, se puede tener la certeza de que esta narrativa puede refutarse con éxito si se le dedica el tiempo necesario.
   
En las secciones anteriores, solo he abordado parcialmente los testimonios textuales; en cambio, he intentado reconstruir un probable rito antiguo de comunión basándome en las representaciones más antiguas que se conservan de escenas litúrgicas auténticas. Lejos de ser contradicha, esta reconstrucción se ve reforzada por las fuentes textuales más citadas del relato de la «comunión en la mano», mientras que elementos preservados en diversas tradiciones litúrgicas la respaldan en detalle. He realizado este trabajo con la esperanza de inspirar y aportar ideas a los investigadores, cuyos esfuerzos son esenciales para compilar una historia de las formas litúrgicas concretas de recibir la Sagrada Comunión de acuerdo con la realidad histórica.
  
***
  
De este artículo se concluye que la “comunión en la mano” no solo era una práctica desconocida en el Oriente cristiano (y ni para qué decirlo en la Iglesia Latina) sino una reconstrucción fantasiosa de los proponentes de la “reforma litúrgica” que acabaron produciendo el Novus Ordo Missæ tanto en el Rito Romano como en los demás ritos occidentales y orientales.

Rvdo. P. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R.
1 de Agosto de 2026 (Año Santo de Cristo Rey).
Dedicación de la basílica de San Pedro ad víncula (“en cadenas”) en el Esquilino. Fiesta de los Santos Macabeos, Mártires; de San Exuperio, obispo de Bayeux; de San Veselsboldo, Obispo de Winchester; y de los beatos Domingo Nguyễn Văn Hạnh OP y Bernardo Võ Văn Duệ; Sacerdotes y Mártires de la Fe en Vietnam. Nacimiento del bienaventurado Carlos José Eugenio de Mazenod, obispo de Marsella y fundador de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Tránsito de San Eugenio de Vercelli, Obispo; de Juan de Plano Carpini OFM, misionero en el Imperio mongol y arzobispo de Var (Montenegro); de Olavo Magno, último arzobispo católico de Upsala (Suecia); del beato Pedro Fabro SJ, Sacerdote y Confesor; de San Alfonso María de Ligorio, Obispo, Confesor, fundador de la Congregación del Santísimo Redentor y Doctor de la Iglesia; y del beato Pedro Julián Eymard, Sacerdote, Confesor y fundador de la Congregación del Santísimo Sacramento. Convocación del Concilio de Arlés (Francia) por Constantino el Grande; victoria de Ramiro II “El Grande” de León sobre Abderramán III en la batalla de Simancas; fundación de la Confederación Helvética; fundación de la Orden de caballería de San Miguel Arcángel por el rey Luis XI de Francia; promulgación del edicto de Granada expulsando a los judíos de España; visita de Cristóbal Colón a Venezuela; rendición de Famagusta y caída de Chipre bajo el dominio turco; victoria del Sacro Imperio Romano-germánico en la batalla de San Gotardo (Hungría); primera partición de Polonia entre Austria, Prusia y Rusia; creación del Virreinato del Río de la Plata; entrada en vigencia de la “Ley Calles” de proscripción del culto católico en México. Fundación de la Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced y Redención de Cautivos en Barcelona (España).

viernes, 19 de junio de 2026

HALLAZGO ARQUEOLÓGICO CONFIRMA PRESENCIA MONÁSTICA BIZANTINA EN ESPAÑA

Noticia tomada de LA CRÓNICA DEL PARQUE (España). Comentario propio.
   
EL YACIMIENTO DE CABEZO MARÍA CONFIRMA LA EXISTENCIA DE UN MONASTERIO BIZANTINO ÚNICO EN ESPAÑA
   

Las últimas excavaciones arqueológicas realizadas en el yacimiento de Cabezo María, en el municipio almeriense de Antas, han confirmado la existencia de un importante complejo monástico bizantino que estuvo habitado entre los siglos V y VIII. El hallazgo supone uno de los descubrimientos arqueológicos más relevantes de los últimos años en Andalucía y aporta nuevas claves sobre la expansión del cristianismo en la Península Ibérica durante la Antigüedad tardía.
  
La segunda campaña de excavaciones, desarrollada por especialistas del laboratorio de arqueología biocultural MEMOLab de la Universidad de Granada dirigidos por el profesor José María Martín Civantos y el arqueólogo Julio Miguel Román Punzón, ha permitido documentar nuevas estructuras que refuerzan la hipótesis planteada durante los trabajos iniciados en 2025. Los investigadores sostienen que el enclave no fue un simple asentamiento rural, sino una gran comunidad monástica con una notable influencia religiosa, económica y social en el sureste peninsular.
  
Entre los descubrimientos más destacados figura una monumental basílica de tres naves orientada hacia levante, considerada por los arqueólogos como uno de los templos cristianos más antiguos localizados al sur del río Ebro. Los trabajos han permitido alcanzar el nivel original del edificio, localizar los restos de las columnas que separaban las naves y descubrir una impresionante escalinata de acceso que conectaba el templo con el valle, lo que evidencia la relevancia simbólica y visual que tuvo este espacio religioso.
   
La campaña también ha sacado a la luz nuevas dependencias vinculadas a la vida cotidiana de la comunidad, entre ellas un gran refectorio conectado con zonas de almacenamiento y cocina ya identificadas en anteriores intervenciones. Además, se han documentado habitaciones excavadas en la roca volcánica del cerro y otros espacios que apuntan a la existencia de una amplia población monástica acompañada por personal de servicio y actividades auxiliares.

Los materiales recuperados durante las excavaciones revelan asimismo la intensa conexión del enclave con distintos territorios del Mediterráneo. Entre los restos hallados aparecen cerámicas de lujo procedentes de lugares como Egipto, Siria, Palestina, Líbano o Túnez, lo que sugiere que la comunidad mantenía importantes relaciones comerciales y desempeñaba un papel destacado en las rutas marítimas de la época.

Para los responsables del proyecto, las dimensiones del conjunto y la riqueza de los hallazgos permiten plantear que Cabezo María pudo constituir uno de los principales centros de difusión del cristianismo católico durante el periodo bizantino, en una etapa histórica marcada por la presencia visigoda y los conflictos doctrinales existentes en Hispania.
   
Más allá de su relevancia científica, el descubrimiento abre nuevas oportunidades para la puesta en valor del patrimonio histórico de Antas. El objetivo de los investigadores pasa ahora por consolidar las estructuras descubiertas, avanzar en la musealización del yacimiento y convertir el enclave en un referente cultural y turístico para la provincia de Almería.
   
El hallazgo de Cabezo María contribuye además a arrojar luz sobre un periodo poco conocido de la historia del sureste peninsular, situado entre el final del mundo romano y la llegada de la cultura islámica, y refuerza la importancia de Almería como territorio clave en las conexiones entre la Península Ibérica y el Mediterráneo oriental durante la época bizantina.
  
COMENTARIO: El Levante español y las Baleares, así como las actuales Córdoba, Sevilla y Granada y la portuguesa ciudad de Portimão formaron parte de la Provincia de Spania (Província Spániæ/Επαρχία της Σπανίας), la parte más occidental del Imperio Romano oriental (la denominación “Imperio Bizantino” es muy posterior), que había sido conquistada por el emperador Justiniano (reinó entre el 527 y el 565) al Reino visigodo como parte de su campaña “Recuperátio Impérii”, pero con las campañas de reyes como Leovigildo y Recaredo, la provincia empezó a perder terreno hasta ser recuperada por Suintila en el 624 (si bien hubo una campaña del emperador Leoncio que fue rechazada por el conde Teodomiro, no se conoce la fecha en que aconteció –entre el 697 y 698, o hasta tan tarde como el 702–, y los historiadores consideran que fue un episodio ligado más a las guerras contra los árabes y bereberes que a recuperar la provincia perdida).

jueves, 4 de junio de 2026

DOS LITURGIAS HERMANAS, Y UN EXTRAÑO

Traducción del artículo publicado el 4 de Junio de 2018 por Peter Kwasńiewski en NEW LITURGICAL MOVEMENT.
  
LA LITURGIA BIZANTINA, LA LITURGIA ROMANA TRADICIONAL Y EL NOVUS ORDO: DOS HERMANOS, Y UN EXTRAÑO
   
Para mí, y creo que para la mayoría de los tradicionalistas, es obvio que la Divina Liturgia bizantina y la Misa romana tradicional están espiritualmente emparentadas, y que el Novus Ordo se aparta de la herencia que comparten.

Sin embargo, a veces uno se encuentra con católicos bizantinos que, engañados por similitudes superficiales entre la liturgia bizantina y el Novus Ordo (por ejemplo, que a menudo se celebran en una lengua vernácula pronunciada audiblemente) y por las evidentes diferencias entre la liturgia bizantina y el rito romano tradicional (por ejemplo, que hay mucho más silencio en este último que en el primero, y que el pueblo parece desempeñar un papel más “activo” en uno que en el otro), sostienen que las liturgias bizantina y del Novus Ordo son espiritualmente más afines y, por lo tanto, cuando se les presenta la opción, eligen el usus recéntior romano sobre el usus antíquior. De hecho, los protagonistas y apologistas de la reforma litúrgica romana a menudo pretenden ser admiradores de la tradición oriental y les gusta señalar las muchas características aparentemente “orientales” de la liturgia neorromana.

Ahora bien, si es cierto que la liturgia bizantina y la liturgia latina tradicional tienen mucho más en común entre sí que cualquiera de ellas con el Novus Ordo, deberíamos poder afirmar con precisión en qué consiste esta similitud. Propongo que podemos verla en los siguientes principios, que primero enumeraré y luego explicaré:
  1. El principio de Tradición;
  2. El principio de Misterio;
  3. El principio de Lenguaje elevado;
  4. El principio de Integridad o estabilidad ritual;
  5. El principio de Densidad;
  6. El principio de Preparación adecuada y repetida;
  7. El principio de Veracidad;
  8. El principio de Jerarquía;
  9. El principio de Paralelismo; y
  10. El principio de Separación.

1.º Principio de Tradición. Ambas son el resultado del desarrollo orgánico de un antiguo núcleo apostólico, transmitido a través de siglos de fe viva; a pesar de las atribuciones de una u otra liturgia a santos famosos como San Juan Crisóstomo o San Basilio, en realidad el rito es obra de muchos que no podemos nombrar. Ninguna liturgia bizantina ni romana clásica es producto de un comité de expertos vanguardistas alejados del pueblo y cautivos de teorías de moda que hace tiempo que han quedado obsoletas. Podemos llamar a esto el principio de la tradición, de recibir lo que se transmite. En pocas palabras: no es que una liturgia sea buena porque la autoridad de la Iglesia la considere buena; más bien, la Iglesia sabe que es buena porque la ha recibido. Aquí atacamos la raíz de ese extraño ultramontanismo en Occidente que considera la liturgia como nada más que lo que la autoridad papal ha promulgado, como si la liturgia fuera una arcilla infinitamente maleable cuya forma se deja enteramente a la voluntad del escultor. Antes de Pablo VI, la autoridad papal promulgaba lo que ya era conocido y amado como tradicional en la Iglesia Latina [1].

2.º Principio de Misterio. Cada una de estas liturgias exhibe el principio del misterio: la liturgia es palpablemente sagrada, una obra y una maravilla que Dios hace en medio de nosotros, a la cual el hombre está permitido unirse con temor y temblor. La liturgia tradicional es como una nube en la que Dios habita, y a la que Moisés se atreve a acercarse. No hay sensación de una reunión con una agenda, dirigida por gerentes de empresa, caracterizada por mucha lectura de textos y reparto de tareas. Nos postramos en tierra santa ante la zarza ardiente de la autorrevelación divina.

3.º Principio del Lenguaje elevado. Las oraciones y lecturas de las liturgias tradicionales orientales y occidentales son cantadas por cantores, diáconos, subdiáconos y coros, o susurradas en el santuario por el sacerdote, pero nunca simplemente recitadas como las noticias diarias o una lección escolar. Parte de esta elevación es el uso de lo que podríamos llamar “lenguaje elevado”. En Oriente, toma la forma de exquisitas composiciones poéticas; en Occidente, de venerables locuciones latinas. El latín es tan verdadera, propia y definitivamente la lengua de la Iglesia Católica Romana como las lenguas vernáculas lo son las lenguas de los ritos orientales [NOTA (del autor): Algunos lectores han objetado mi afirmación de que las lenguas de los ritos orientales deberían llamarse vernáculas sin ninguna especificación. Véase la nota *** adjunta a este artículo]. Algo que ha perdurado durante 1600 años en Occidente no es una casualidad, sino un principio constitutivo, como declaró el mismísimo Papa San Juan XXIII en su Constitución Apostólica Véterum Sapiéntia, firmada en el altar de San Pedro en 1962. Quienes siguen el usus antíquior son plenamente conscientes del poderoso efecto que ejerce sobre los fieles el uso ceremonial de una lengua antigua que ha adquirido una fuerza numinosa con el paso del tiempo. El hecho mismo de que esta lengua esté especialmente apartada, consagrada, por así decirlo, para el culto público a Dios, representa objetivamente e induce subjetivamente esa separación entre lo sagrado y lo profano que constituye la esencia de la religión sacrificial.

4.º Principio de Integridad ritual. Tanto la Divina Liturgia como la Misa tradicional en latín preexisten a cualquier celebración dada como ritos determinados y completamente articulados que el clero y el pueblo siguen con humilde obediencia. Las oraciones, antífonas, lecturas, gestos y cantos son fijos y prescritos; sobre todo, la oración más sagrada, la anáfora, es inmutable (en Occidente) o está determinada por el calendario litúrgico (en Oriente). De esta manera, las preferencias o elecciones personales del celebrante nunca dirigen la acción. También podemos llamar a esto el principio de estabilidad, ya que la integridad ritual garantiza al clero y al pueblo una roca inamovible sobre la cual pueden edificar su vida espiritual.

5.º Principio de Densidad. La antigua liturgia romana, y de igual modo la antigua bizantina, está impregnada de contenido dogmático, moral y ascético-místico. Las oraciones son densas, ricas y llenas de religiosidad. Son un tapiz poético de las Escrituras y otras expresiones devotas. El Novus Ordo es claramente exiguo en comparación. Pensad en los diversos troparios de la tradición bizantina, o en la riqueza de antífonas propias en el Rito Romano, y en las colectas, secretas y postcomuniones, casi ninguna de las cuales sobrevivió intacta al bisturí censurador del Consílium [2].

6.º Principio de Preparación. Estrechamente relacionado con lo anterior está el principio de la preparación adecuada y repetida. Tanto en Oriente como en Occidente, el clero y los ministros se preparan minuciosamente antes de la liturgia para su labor, ya sea en una mesa auxiliar preparando las ofrendas con abundantes oraciones, o al pie del altar recitando el Salmo 42, el Confíteor y oraciones en las gradas. ¿Cómo podría alguien imaginar simplemente salir de la sacristía y caminar directamente hacia el altar, como si no fuera gran cosa? ¿Como si uno fuera a un almuerzo de recaudación de fondos?

Como bien señaló Catherine Pickstock, la repetición de oraciones en todas las liturgias auténticas es deliberada y de inmensa importancia espiritual. La liturgia bizantina presenta al sacerdote orando frecuentemente en secreto de principio a fin, preparándose una y otra vez para el siguiente paso maravilloso que debe dar en los misterios de Cristo. La auténtica liturgia romana no es diferente, con su amplio Ofertorio, sus tres oraciones de preparación para la comunión, oraciones de ablución, Pláceat tibi y Último Evangelio. Es bien sabido que encontramos mucha repetición de ciertas oraciones en la Divina Liturgia y en el usus antíquior romano: en la primera, letanías de «Señor, ten piedad» o «Concédelo, Señor» [la Gran Letanía y la Pequeña Letanía respectivamente, N. del T.], en el segundo, el Kyrie nueve veces, el triple Confíteor, el triple «Dómine, non sum dignus» (repetido dos veces para indicar la distinción entre la comunión del sacerdote y la de los fieles) [3].

7.º Principio de Veracidad. Toda la esencia del mensaje del Evangelio está presente en los leccionarios tradicionales, tanto en las partes consideradas “difíciles” como en las más sencillas. En el Novus Ordo, como es bien sabido, la Escritura se edita considerablemente para adaptarse a los prejuicios modernos [4]. En términos más generales, la lex orándi tradicional contiene y transmite con vigor apostólico la lex credéndi completa de la Iglesia Católica, sin ninguna edición para las sensibilidades contemporáneas. Así, por citar un ejemplo entre muchos, la condenación de Judas y la posibilidad real del infierno para cualquiera de nosotros se enseñan sin vacilar, mientras que los salmos de imprecación dirigidos contra nuestros enemigos espirituales se utilizan con frecuencia. Este tipo de contenido se elimina o se reduce drásticamente en el Novus Ordo [5]. En este sentido, el Novus Ordo no logra transmitir la plenitud de la Fe tal como la encontramos en la Escritura, los Padres, los Concilios y los Doctores de la Iglesia. De esta forma, falla en su función de lex orándi de la Iglesia ortodoxa.

De hecho, muchas doctrinas de la fe se ven y se oyen  en las liturgias antiguas, mientras que en el contexto de la liturgia neorromana deben estudiarse y aceptarse ciegamente, porque el rito mismo no las hace evidentes. Como ejemplos, consideremos la veneración que se debe rendir a los santos, o la adoración de latría que se debe mostrar al Santísimo Sacramento. Quien asiste a la liturgia bizantina o a la romana tradicional tendrá una experiencia visceral de la venerabilidad de los santos y la adorabilidad de la Eucaristía. En contraste, el Novus Ordo ha reducido sistemáticamente el énfasis en los santos [6], así como los signos de reverencia que se deben rendir a los impresionantes misterios de Cristo.
   
8.º El principio de Jerarquía se manifiesta en la clara división de roles para sacerdote, diácono, subdiácono, acólito, cantor, etc. Esta diversidad de roles, no intercambiables, se ve gravemente confusa y diluida en el Novus Ordo, con sus normas laxas sobre la función de los laicos en el santuario. Ni la liturgia bizantina ni la auténtica liturgia romana permiten que los laicos sin ornamentos entren arbitrariamente en el santuario y realicen actos propios del clero, sobre todo la manipulación de la Santísima Eucaristía. Por el contrario, la identidad del sacerdote como mediador entre Dios y el hombre se respeta plenamente y se demuestra en la práctica, y la identidad del laico como participante activo en el sacrificio también se respeta y se demuestra en la práctica.

La liturgia es una verdadera encarnación de la eclesiología, en lugar de una alternativa imaginaria a ella. Nunca se podría derivar una explicación coherente y consistente de la naturaleza jerárquica del Cuerpo Místico del Novus Ordo, mientras que es fácil hacerlo tanto de la Divina Liturgia como de la Misa Romana tradicional. La participación, por lo tanto, se entiende de una manera fundamentalmente diferente en las liturgias tradicionales y en el rito neorromano. La visión correcta es que la participación debe corresponder a los distintos roles de las diversas partes del cuerpo, y que esto debe ser visible para todos en la vestimenta, el porte, el lugar y las tareas asignadas —y no asignadas— a los participantes [7].

9.º El Principio de Paralelismo, que está en consonancia con el de jerarquía. En cualquier liturgia auténtica oriental u occidental, encontramos que varias cosas a menudo suceden simultáneamente (o para usar el término técnico, hay “liturgia paralela”). El diácono está dirigiendo una letanía cuando el sacerdote está recitando sus propias oraciones; el pueblo está cantando el Sanctus mientras el sacerdote ha comenzado el Canon. Quienes asisten a liturgias bizantinas o latinas tradicionales llegan a ver la liturgia como una acción de múltiples capas compuesta por muchas acciones individuales que convergen en un objetivo común. Definitivamente no es una secuencia lógica de actos discretos, donde solo se permite que ocurra una cosa a la vez (como en la liturgia “secuencial” o “modular”, ejemplificada en el Novus Ordo) [8].

10.º Principio de Separación. Todas las liturgias cristianas auténticas conservan y hacen uso ritual de la teología inscrita en la arquitectura del templo de la Antigua Alianza, que, como enseña la Epístola a los Hebreos, se recapitula en Cristo y, por lo tanto, se simboliza para siempre en nuestro sacrificio eucarístico. En Oriente, la separación del santuario o lugar santo de la nave es más evidente debido a la presencia de un iconostasio por el que solo ciertos clérigos pueden entrar. En Occidente, las cortinas dieron paso al coro, que en la mayoría de los lugares se reducía a la barandilla de la comunión, pero siempre el santuario permaneció inaccesible, elevado y prohibido para los laicos. Además, en la liturgia occidental, el iconostasio visual ha dado paso a un “iconostasio sonoro” de latín alternado con silencio. Tanto el lenguaje hierático como la ausencia envolvente de sonido extienden un velo sobre el lugar más sagrado y protegen los misterios sagrados de la profanación de un trato superficial. Así, aunque las liturgias orientales y occidentales logran este «velado de nuestros rostros a la Presencia» de maneras diferentes, ambas son sumamente eficaces para conseguirlo, atrayendo poderosamente la atención del fiel hacia la gloria oculta de Dios.
  
Más allá de estos principios, que evidentemente apuntan a la esencia misma del culto divino, existe un sinfín de elementos que no son necesariamente característicos del Novus Ordo, pero que lo acompañan en el 99% de sus manifestaciones, como la postura versus pópulum. Tras cincuenta años de clérigos frente al pueblo casi siempre y en todas partes, con reproches papales a quienes se atreven a pensar diferente, ni siquiera el defensor más optimista de la Reforma de la Reforma puede sostener que la postura versus pópulum no tipifique el Novus Ordo en la mente de sus artífices, implementadores y usuarios finales.

El siguiente cuadro resume nuestros hallazgos. (Hacer clic para ampliar).

Comparada con el Novus Ordo, la liturgia bizantina parece un rey al lado de un mendigo, un Rembrandt al lado de una caricatura, un festín después de una hambruna. Pero comparada con el rito romano tradicional en todo su intrincado esplendor y solemnidad reglamentada, es una igual en la mesa de la tradición. Hacemos una injusticia a la obra del Espíritu Santo en la Iglesia occidental al hablar como si la liturgia bizantina fuera el “modelo ideal”, cuando el rito romano en su plenitud —¡lamentablemente, tan raramente visto por los católicos romanos! — es su igual. En cambio, es el Novus Ordo el que debería ser rechazado, pues no tiene derecho a sentarse a la mesa real de los auténticos ritos litúrgicos.
   
Si alguien objeta en este punto que el Novus Ordo puede celebrarse de una manera que esté “en continuidad” con la tradición romana precedente (y por lo tanto de una manera no muy diferente a la Divina Liturgia), mi respuesta es simple. Varios de los diez principios resumidos anteriormente no están incorporados en absoluto por el Novus Ordo, y esto es intencional (aquí incluiría al menos el 1, 4, 5, 6, 7 y 9); mientras que los principios restantes (2, 3, 8 y 10) podrían aplicarse o no, dependiendo de quién sea el “presidente”. En resumen, son posibles, pero no necesarios. Este hecho, en sí mismo, ya demuestra el carácter profundamente antitradicional del Novus Ordo, cuya coherencia con la tradición depende de las decisiones libres de su celebrante, en lugar de basarse en la adhesión a una regla fija [9]. Así, el Novus Ordo podría ofrecerse de forma cuasi tradicional, mientras que las liturgias bizantina y romana tradicional [Se sustituyó el término “tridentina” por “romana” dado que decir “Misa Tridentina” es erróneo, puesto que Trento no inventó nada, sino que codificó y canonizó la Liturgia Romana existente, N. del T.] deben ofrecerse de forma tradicional; no hay opción al respecto [10].

En esa única diferencia, podemos ver la brecha casi infinita que separa el Rito Romano moderno de cualquier rito histórico del cristianismo, oriental u occidental. Su falta de densidad doctrinal, moral, rubrical y ceremonial, su estructura modular-lineal-racionalista y su “opcionitis” lo separan esencialmente de la esfera de la cultura sagrada que comparten el usus antíquior romano y la Divina Liturgia bizantina. Podríamos adaptar a esta situación las palabras de Abrahán en la parábola de Dios y Lázaro: «Entre nosotros y vosotros hay un gran abismo, de modo que el que quiere pasar de aquí a vosotros, no puede, ni de allá venir aquí» (Lc. 16, 26).

Lo verdaderamente sorprendente, considerando lo anterior, es la cantidad de católicos bizantinos y supuestos expertos en liturgia oriental —entre ellos Robert Taft SJ— que favorecen la liturgia romana “reformada”, pasando por alto las enormes discrepancias y contradicciones entre sus principios de composición y ejecución y los que, como he demostrado, son comunes a la liturgia bizantina y latina tradicional. De hecho, no es exagerado afirmar que la liturgia paulina, tanto en su conjunto como en sus particularidades, es una deformación de la liturgia latina que no puede clasificarse dentro de los auténticos ritos católicos históricos. Por lo tanto, resulta una profunda incoherencia que los católicos bizantinos prefieran el Novus Ordo por características secundarias o terciarias, ignorando, tolerando o incluso aparentando aprobar sus desviaciones de los principios fundamentales de la liturgia clásica.

Esto no es una mera especulación. Como sabemos, los liturgistas llevan décadas hablando de cómo “reformar” los ritos católicos orientales para adaptarlos al Sacrosánctum Concílium y a los principios de la Bauhaus de Bugnini. La combinación de un prejuicio a favor del pluralismo multicultural, el conservadurismo inherente a Oriente y la falta de una autoridad centralizada capaz de imponer cambios litúrgicos trascendentales ha evitado, por ahora, que los ritos orientales sufran los peores excesos de la reforma litúrgica. Pero esta frágil paz podría no durar para siempre, especialmente si la jerarquía eclesiástica continúa mostrando la arrogancia y la miopía que la han aquejado durante los últimos cincuenta años. Por lo tanto, es imprescindible que todo cristiano oriental y todo simpatizante romano comprenda los errores que dieron origen a los ritos paulinos y que están profundamente arraigados en ellos, y que se oponga a cualquier reducción, compromiso o novedad en su propia vida litúrgica.

Volviendo al principio: los católicos bizantinos que aman su propia tradición litúrgica harían bien en familiarizarse con la tradición litúrgica occidental, tal como se conserva y transmite según el usus antíquior, y —precisamente por amor a lo común entre Oriente y Occidente— evitar la liturgia neorromana, con su mezcla de anticuarianismo inconsistente y novedades modernas, su disonancia cognitiva y su ruptura con la tradición cristiana. No es sino una contradicción con las tradiciones griega y latina, que contradice verdades dogmáticas y morales ancestrales que la liturgia siempre ha manifestado e inculcado en los fieles. Los católicos romanos y bizantinos saben que están seguros, en buenas manos, al asistir a los ritos auténticos de los demás; pero ninguno puede sentirse seguro asistiendo al Novus Ordo.

Concluyo con las palabras de Martin Mosebach: «Todo esfuerzo por alcanzar el ecumenismo, por necesario que sea, debe comenzar no con encuentros llamativos con jerarcas orientales, sino con la restauración de la liturgia latina, que representa la verdadera conexión entre las iglesias latina y griega» [11].

NOTAS
[1] Geoffrey Hull en The Banished Heart (El corazón desterrado) muestra que el problema de la injerencia papal en la liturgia se remonta a muchos siglos atrás. Sin embargo, reconoce el abismo que separa cualquier cosa hecha por los papas anteriores a Pablo VI de la monstruosa ruptura introducida por Montini. Hay una diferencia de naturaleza, no solo de grado. Conozco a un filósofo católico que sostiene que la única razón por la que un rito de la Misa es válido es porque el Papa lo ha declarado así, y que si el Papa quisiera vaciar todo el contenido del rito y reemplazarlo con algo totalmente diferente, sería un verdadero rito católico siempre que contuviera las palabras de la consagración.
[2] Carl Olson hizo esta observación: «Habiendo asistido a una parroquia bizantina durante casi 20 años, es interesante que, si bien las liturgias orientales no son silenciosas como la Misa en latín —de hecho, hay poco silencio en una liturgia bizantina—, las similitudes y convergencias más profundas se encuentran en la reverencia, la trascendencia y la riqueza teológica. Francamente, escuchar muchas de las oraciones que se dicen en una Misa del Novus Ordo me deja sin palabras. Dicho de otro modo, tanto la Divina Liturgia como la Misa en latín hablan a la mente, al corazón y a los sentidos de maneras misteriosas y profundas que, si bien son algo subjetivas hasta cierto punto, están al servicio de la verdad objetiva y la realidad divina».
[3] Soy muy consciente de que estas oraciones se fueron construyendo con el tiempo y que, por ejemplo, el Último Evangelio fue una adición relativamente tardía. Pero todas las adiciones se hicieron por una buena razón, como quiera que se hicieron bajo la suave influencia del Espíritu Santo. Eliminarlas después de que se hubieran añadido de manera apropiada y armoniosa y se hubieran convertido en parte fija del rito durante siglos no es otra cosa que un repudio de su contenido teológico y función litúrgica, y por lo tanto un pecado contra el Espíritu Santo. Sacrosánctum Concílium se equivoca al afirmar que la liturgia contiene “repeticiones inútiles” que deben ser purgadas. En realidad, cualquiera que entre en oración en las repeticiones de la antigua liturgia comprende su propósito, que nunca ha presentado ninguna dificultad para los cristianos hasta las suposiciones estrechamente racionalistas y utilitarias de los tiempos modernos.
[4] Véase mi artículo “Historia de dos leccionarios: medidas cualitativas versus cuantitativas” para más información sobre este aspecto problemático del leccionario revisado.
[5] Sobre Judas, véase mi artículo “Mentiras malditas: sobre el destino de Judas Iscariote”; Sobre la omisión de salmos, véase mi artículo “La omisión de salmos ‘difíciles’ y la dilución del Salterio”.
[6] El Canon Romano, al igual que la anáfora de la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo, menciona a muchos santos. Las neoanáforas reducen drásticamente este homenaje y súplica.
[7] En Sacrosánctum Concílium, sin embargo, la participación se vuelve ideológica porque se exalta por encima de todos los demás principios, lo que inevitablemente causa distorsión y corrupción: «En la restauración y promoción de la sagrada liturgia, esta participación plena y activa de todo el pueblo es el objetivo que debe considerarse antes que todo lo demás» (n.º 14); compárese esta afirmación con Tra le sollecitudini del Papa San Pío X: «Consideramos necesario proveer ante todo lo demás por la santidad y dignidad del templo». Quizás un concepto mejor que participación sería asistencia: cada miembro del cuerpo asiste en la liturgia, cada uno según su lugar. Pertenecer es una categoría más básica que hacer, así como nuestra inserción en Cristo en el bautismo es más básica para nuestra identidad que cualquier acto particular que realicemos.
[8] Hay muy pocos momentos en que el sacerdote puede estar haciendo algo en el Novus Ordo cuando el pueblo y/o el coro están haciendo otra cosa: la oración antes del Evangelio, durante el aleluya; las oraciones del ofertorio, si se está cantando un canto; la ruptura de la hostia mientras se canta el Agnus Dei. Pero el número de tales momentos se ha reducido drásticamente y su contenido eucológico ha sido vaciado.
[9] Así como una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil, una liturgia llena de opciones es tan buena como la peor de esas opciones. No debe juzgarse por lo que podría ser si se tomaran muchas decisiones improbables, sino por lo que suele ser cuando se toman decisiones habituales
[10] Esto no quiere decir, por supuesto, que el rito romano tradicional siempre se ofrecerá de una manera edificante o estéticamente apropiada, pero eso no es algo que se pueda garantizar en ningún rito, pues seguimos tratando con seres humanos en su variedad y fragilidad. Más bien, me refiero a las reglas y costumbres que rigen las ceremonias como tales.
[11] De la próxima edición revisada y ampliada de The Heresy of Formlessness: The Roman Liturgy and Its Enemy (La herejía de la falta de forma: La Liturgia Romana y su enemigo), Angelico Press 2018, pág. 187. En otra parte del mismo libro, Mosebach dice: «Es característico de este siglo que, justo cuando se aplicaba el hacha al verde árbol de la liturgia, se formulaban las ideas más profundas sobre ella, aunque no en la Iglesia romana, sino en la Iglesia bizantina. Por un lado, un papa se atrevió a interferir en la liturgia. Por otro, la ortodoxia, separada del papa por el cisma, preservó la liturgia y la teología litúrgica a través de las terribles pruebas del siglo. Para un católico que se niega a aceptar las conclusiones fáciles del cínico, estos hechos plantean un enigma desconcertante. Uno se siente tentado a hablar de un misterio trágico, aunque la palabra “trágico” no encaja en un contexto cristiano. La Misa de San Gregorio Magno, la antigua liturgia latina, se encuentra ahora en la “margen lunática” de la Iglesia romana, mientras que la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo está viva en todo su esplendor en el mismo corazón de la Iglesia Ortodoxa. La idea de que tenemos algo que aprender de la Ortodoxia no es popular. Pero debemos acostumbrarnos a estudiar —y estudiar a fondo— lo que la Iglesia Bizantina tiene que decir sobre las imágenes sagradas y la liturgia. Esto es igualmente relevante para el Rito Latino; de hecho, parece que solo podemos conocer el Rito Latino en toda su realidad llena del Espíritu si lo contemplamos desde la perspectiva oriental» (Ibid., pág. 57).
  
NOTA *** sobre las lenguas vernáculas en Oriente
A raíz de los comentarios sobre este artículo, me cuestiono la veracidad de mi afirmación de que el uso de la lengua vernácula es tan característico de los ritos orientales como del Novus Ordo en su gran cantidad de traducciones a lenguas modernas. Si bien es cierto que en muchos ámbitos lingüísticos se utiliza la lengua vernácula (como cuando se celebra la Divina Liturgia en inglés, en todo Estados Unidos), existen demasiadas excepciones.
  • Las iglesias y patriarcados de habla griega utilizan el griego litúrgico, no la lengua vernácula. Algunos patriarcados usan el árabe y otros junto con el griego.
  • Las iglesias ortodoxas eslavas siempre han utilizado exclusivamente el eslavo eclesiástico litúrgico. Recientemente, los modernistas orientales lograron introducir lenguas vernáculas, pero no en todas partes. Los rusos siguen utilizando únicamente el eslavo. Si bien serbios, búlgaros, macedonios, bielorrusos y ucranianos utilizan muchas lenguas vernáculas, el eslavo aún se usa. 
  • La Iglesia Ortodoxa Rumana utilizó el eslavo eclesiástico/griego litúrgico desde el siglo X hasta el siglo XVII, cuando fue reemplazado por el rumano (que, sin embargo, estaba influenciado por el eslavo eclesiástico, lo que lo hacía bastante ajeno a la lengua vernácula).
  • La Iglesia Ortodoxa Georgiana utiliza el antiguo georgiano literario como lengua litúrgica.
  • Los coptos ortodoxos utilizan el copto literario como lengua litúrgica. Si bien su uso disminuyó durante el largo dominio musulmán (siendo reemplazado por el árabe), aún se conserva y se está reintroduciendo.
  • Los ortodoxos etíopes utilizan el ge’ez como lengua litúrgica, no como una de las muchas lenguas vernáculas.
  • Los sirios ortodoxos utilizan el árabe clásico sirio. El uso del árabe está relacionado con siglos de dominio musulmán.
  • Los armenios utilizan un armenio literario clásico.
Además, ¿qué entendemos por “lengua vernácula”? El antiguo eslavo eclesiástico, por ejemplo, se creó para que los eslavos pudieran comprender la liturgia, pero al mismo tiempo, se creó para traducir un griego litúrgico muy elaborado. Históricamente, en la mayoría de las culturas existía, por definición, una gran brecha entre la lengua literaria y la lengua hablada, mucho mayor que la que es típica hoy en día, tanto porque hoy en día hay más personas alfabetizadas como porque la lengua literaria elevada prácticamente ha desaparecido.

NOTA ADICIONAL:
Un lector me envió este enlace, que respalda muchos de los puntos expuestos en este artículo mediante una cuidada selección de fragmentos alternados de liturgias romanas y ortodoxas tradicionales.