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domingo, 21 de mayo de 2023

UNA ADVERTENCIA SOBRE LA PELÍCULA SOBRE EL PADRE PÍO

ADVERTENCIA: Este artículo contiene lenguaje y descripciones no aptas para menores de edad y personas impresionables, por lo que se recomienda encarecidamente discreción al lector.
   

En Junio de este año será el estreno en Estados Unidos de la película biográfica ítalo-alemana “Padre Pío”, protagonizada por el actor recién convertido del judaísmo Shia Saide Labeouf.
   
Aún no se ha hecho el estreno cuando ya sonaron las alarmas. La Red de pódcasts de Catholic Culture publicó un hilo en Twitter advirtiendo de cierta escena en particular que considera pornográfica y sacrílega:
«Atención: La película del Padre Pío tiene una escena pornográfica y sacrílega involucrando una imagen sagrda. Por tal razón pienso que los católicos están obligados a no dar su dinero para verla.

No se puede decir más todavía sin romper el embargo de prensa (la escena ya había sido mencionada en reseñas de Europa).

No juzguéis a Shia que es nuevo, sin formación y sincero. La escena no implica personalmente a San Pío en ninguna inmoralidad, pero todavía debo cuestionar el apoyo de los capuchinos a esta película.

Puedo decir lo que ya se ha dicho en otras reseñas luego de su estreno: es una escena de tentación donde el diablo aparece como una mujer desnuda besando lascivamente un icono. Sin importar la intención del “mensaje”, hay algunas líneas que simplemente no cruzas.
   
Nuestra reseña levantará el embargo de prensa en la noche del 1 de Junio».

  
***
  
Hasta aquí el trino, ahora lo que se sabe por las reseñas luego de su estreno en el Festival de Cine de Venecia el 6 de Septiembre de 2022 (para su redacción se empleó material del Instituto de Cine Británico, Cineuropa, OtrosCinesThe GuardianReddit):
  
La película dirigida y co-escrita por el estadounidense Abel Ferrara, se contextualiza en la Italia después de la Guerra Europea y antes de Mussolini. Un joven Padre Pío regresa del campo de batalla para ingresar al monasterio capuchino, siendo tentado esa misma noche por el demonio en formas horrorosas (aquí es donde entra la escena en cuestión), ante lo cual el fraile grita «¡Di que Cristo es el Señor!» y el demonio desaparece, para volver a aparecer varias escenas después como un “Hombre alto” (interpretado por la actriz Asia Argento –que después de denunciar como acosador al director Harvey Weinstein, fue denunciada por haber violado al actor Jimmy Bennett cuando este tenía 17 años y ella 37–) que se acerca al confesionario para confesarle que tiene pensamientos lascivos hacia su propia hija con un dejo de soberbia, a lo que el fraile responde agitado y furioso: «¡Cierra la maldita boca y di que Cristo es el Señor!». La escena parece insinuar que el Padre Pío tuvo una lucha cuesta arriba por la castidad, pero parece más la lucha de Labeouf con su propio pasado.
   
Por otra parte, la película presenta que en la Italia de entreguerras, la Iglesia y el Estado estaban a favor de los gamonales que explotaban a los campesinos. Incluso, se insinúa que el Padre Pío tuvo inclinación hacia el fascismo, lo que lo hace llenar de culpa luego de la “masacre de San Giovanni Rotondo” (14 de Octubre de 1920), donde los carabineros abrieron fuego contra los militantes del Partido Socialista Italiano que izaban una bandera roja en el ayuntamiento celebrando su victoria en las elecciones locales, causando 14 muertos (13 militantes socialistas y un carabinero) y 80 heridos. Como dato curioso, Ferrara dedicó la película a las víctimas de ese hecho de sangre, y a Ucrania.

No es de extrañar el cariz pornográfico, violento y anticatólico de la película, dado que Abel Ferrara O’Brien (que nació y se crió católico –su padre era inmigrante italiano, su madre de ascendencia irlandesa–) inició su carrera dirigiendo películas pornográficas y violentas, y se declaró budista en 2007

Por otra parte, unas palabras sobre Labeouf: nació y se crió en el judaísmo (su madre Shayna Saide era judía, y él tuvo su bar mitzvá a los 13 años), y en el filme “Soy judío” de 2004 dijo tener «una relación personal con Dios que funciona dentro de los confines del judaísmo», pero tres años después dijo que la religión «no tenía sentido» para él. Y sobre su “conversión” al catolicismo (o más literalmente, un “enamoramiento” del catolicismo) sobre la cual habló con el obispón ultramodernista Robert Barron, el periódico National Catholic Register reveló que este no había culminado la preparación para el “Rito de Iniciación Cristiana para Adultos” (el “bautismo de adultos” en la Iglesia Conciliar, entendámonos).
   
En resumidas cuentas, y considerando lo expuesto, la película “Padre Pío” es algo que los católicos no deben ver y sí por lo que deberían hacer reparación y boicot.

viernes, 23 de septiembre de 2022

EL PADRE PÍO Y LA SECTA CONCILIAR

Rescatado de ACCADEMIA NUOVA ITALIA. Traducción propia.
  
EL PADRE PÍO MURIÓ DE DOLOR VIENDO LA SECTA CONCILIAR

Por Francesco Lamendola.
   
Hay una cosa que todos, o casi todos, los devotos y los admiradores del Padre Pío de Pietrelcina saben, pero que nadie, o casi nadie, osa expresar en alta voz. Podremos expresarla mediante una serie de preguntas: ¿Por qué el padre Pío, con un temperamento sereno y afectivo por naturaleza, aparecía tan frecuentemente turbado y sufriente? ¿Por qué aquel velo de melancolía posado casi constantemente sobre su mirada buena? ¿Qué provocaba en él aquellas tristezas improvisas, aquellos desconciertos y aquellos silencios cargados de preocupación? En resumen: ¿Qué volvía su mirada tan angustiada, casi una máscara de dolor? Es fácil responder: el sufrimiento físico ligado a su condición de estigmatizado. Y se puede agregar: la amargura por la persecución que viene, por décadas, sometida, y las sospechas malévolas envenenaron su existencia terrena. Más: su ardiente misticismo y su espíritu ascético, que lo empujaba a identificarse con la Pasión del Señor, en particular cada vez que celebraba la santa Misa (y que, con él, podía durar hasta tres horas, tanto era arrebatado en éxtasis, que perdía la noción del tiempo.
  
El padre Pío de Pietrelcina: la suya no fue una muerte natural: murió de angustia por lo que estaba sucediendo en la Iglesia, ¡se ofreció en holocausto, víctima inocente por las culpas de los católicos apóstatas!
   
Los más audaces se impulsan a admitir que él se había ofrecido a Dios en holocausto, que había ofrecido sus sufrimientos cual reparación por los pecados de los hombres y para interceder por su salvación. Y sin duda alguna que esta respuesta contiene una parte de verdad. Ninguna, sin embargo, a nuestro modesto parecer, da plenamente en el signo: la respuesta más precisa no es ninguna de estas. La respuesta más completa es esta: él sufría atrozmente, en lo profundo del alma, porque presentía que tiempos terribles se estaban avecinando no solo para toda la humanidad, que se estaba alejando siempre más de Dios, pero especialmente para la santa Iglesia, en la cual una secta malvada estaba tramando por poseerla, con el fin preciso y diabólico de subvertirla desde adentro. ¿Y cómo habría podido no tener plena consciencia, precisamente él, que, más allá de las visiones y a la cercanía espiritual con el Señor, había experimentado sobre sí, por gran parte de su vida, la malevolencia, la perfidia, la calumnia y la persecución sistemática y despiadada por parte de sus mismos superiores, y con el bienestar, o con la culpable indiferencia, de las más altas esferas eclesiales? 

El monseñor masón Annibale Bugnini con Pablo VI

Cuando después vino el Concilio Vaticano II; cuando vino la denominada reforma litúrgica, en realidad una revolución ideada y efectuada por el arzobispo masón Annibale Bugnini, con la tácita o explícita cobertura de Pablo VI; cuando en la verdadera religión católica inició a sustituirse una nueva y falsa religión, la religión modernista y conciliar, que ignoraba o rechazaba casi todo de la Tradición y que, como el protestantismo, ponía en el centro el hombre y reducía la fe a una relación subjetiva y sentimental entre el hombre y Dios, él vio confirmados sus temores y comprendió que el veneno de la herejía, que por décadas arrastraba dentro del cuerpo de la Iglesia para hacerse su camino hasta el vértice, había llegado hasta el corazón de la Esposa de Cristo y que la pérfida secta estaba triunfando en su intento, gozando, como caballo de Troya, un falso espíritu de conciliación con el mundo, y ondeando palabras como ecumenismo, diálogo interreligioso y libertad religiosa, que hasta aquel momento habían tenido, en la teología y en la doctrina católica, un significado diametralmente opuesto. Y para tener claro lo que el Padre Pío de Pietrelcina pensaba del Concilio  y de todas sus abrumadoras novedades, sea suficiente esto: que él pidió y obtuvo, hasta el último día de su vida, poder seguir la celebración de la Santa Misa según el rito antiguo y no según el novus ordo de Pablo VI. Pues pensamos que el ver, único o casi único en medio de los ciegos, el mal que avanzaba a grandes pasos; el ver el espectáculo miserable de una turba de clérigos irresponsables que acogían festivos todas las innovaciones, hasta las más horribles y repulsivas, como otros tantos dones del “espíritu”, mas no se sabe bien de cual espíritu, no ciertamente del Espíritu Santo; el ver la culpable imprudencia y el general oscurecimiento que hacía cambiar la toma al mundo de la Iglesia por el inicio de una nueva y extraordinaria etapa de evangelizacióne, había hecho sangrar el corazón del santo fraile de Pietrelcina y había acelerado su muerte.
    
El Padre Pío de Pietrelcina sufría atrozmente, en lo profundo del alma, porque presentía que tiempos terribles se estaban avecinando no solo para toda la humanidad, que se estaba alejando siempre más de Dios, ¡pero especialmente para la santa Iglesia, en la cual una secta malvada estaba tramando por poseerla, con el fin preciso y diabólico de subvertirla desde adentro!
    
Quien sí está mayormente cercano a este secreto de la vida del Padre Pío, que después no era tan secreto porque el santo no escondió lo que pensaba de la denominada renovación conciliar, sino que siempre fue políticamente incorrecto hacer explícito, es el periodista Antonio Socci, el cual identifica el “punto de ruptura” entre el Padre Pío y la “nueva” iglesia que avanza en las reacciones indignadas y descompuestas de una parte del clero y del mundo católico a la encíclica Humánæ vitæ del 25 de Julio de 1968 –el santo capuchino habría muerto apenas algunos meses después, el 23 de Septiembre– y que escribió en su libro Il segreto di Padre Pio (Milán, Rizzoli, 2007, pags. 259-260):
«Las mismas circunstancias de la muerte del fraile estigmatizado podrían ocultar un misterio, una oblación de sí mismo que mira precisamente al Papado. De hecho, la situación de la Iglesia, en aquel otoño de 1968, era tensísima. Precisamente diez días antes de morir, el 12 de Septiembre de 1968, el Padre enviaba una carta pública al papa Pablo VI.
    
El hecho es del todo insólito y va comprendido. Nunca el Padre Pío había hecho algo semejante. ¿Cuáles eran las razones? Principalmente la terrible crisis que estaba explotando en la Iglesia. El postconcilio, como llegó a decir Pablo VI, se reveló ser, en vez de la aurora de un día soleado, una jornada oscura y tempestuosa. Sobre todo con la publicación de la enciclica “Humánæ vitæ”, sobre el crecimiento demográfico del mundo y sobre la moral sexual, explotó toda la carga de rebelión al papado que estaba incubando dentro de la Iglesia, también entre teólogos y pastores».

El Padre Pío de Pietrelcina dio al padre Luigi Villa su bendición y el mandato espiritual de conducir sus peligrosas investigaciones para desenmascarar a los clérigos felones, como Bugnini.

Y siempre el mismo Socci, en su libro sucesivo I segreti di Karol Wojtyła (Milán, Rizzoli, 2008, págs. 98-100; 101):
«El Padre Pio, con aquel gesto clamoroso de la carta, corrió en defensa del papado y de la Iglesia amenazada por una de las peores crisis de su historia. Esto explica la excepcionalidad de su iniciativa.
    
El Padre Pio invitó a la orden capuchina a estar cerca del Santo Padre, después ofreció sus oraciones y sufrimientos cotidianos “como pequeño, pero sincero pensamiento” del último de sus hijos, en reparación de los tantos sufrimientos infligidos al papa que padecía “por los destinos de la Iglesia, por la paz del mundo, por las tantas necesidades de los pueblos, pero sobre todo por la falta de obediencia de algunos, incluso católicos”.

A este propósito le agradeció por la “palabra clara y decidida” pronunciada con la “Humánæ vitæ” y solemnemente escribió: “Reafirmo mi fe, y mi obediencia incondicionada a Vuestras directrices iluminadas”. Pidiendo finalmente su bendición apostólica para sí, sus cofrades, para los hijos espirituales, los grupos de oración y las iniciativas de caridad.
    
No era solo un respaldo: Padre Pío se ofrecía ahora, y esta vez en modo definitivo, como víctima en defensa del Papa y de la Iglesia en un momento dramático de su historia. Y en realidad así inmoló su vida como había pedido caai desde su consagración sacerdotal (después de 50 años exactos de crucifixión, como le fue predicho). De hecho, diez días después de aquella carta a Pablo VI, transcurrido el 50.º aniversario de sus estigmas (el 20 de Septiembre), el Padre Pío murió improvisamente.
     
El sentido de aquella muerte ofrecida se colige por las palabras de Pablo VI, el 15 de Febrero de 1970: “También la Iglesia tiene la necesidad de ser salvada por alguien que sufre, por alguien que lleve dentro de sí la Pasión de Cristo”.
    
Una hija espiritual del capuchino como Cleonice Morcaldi testificó que entonces un prelado vaticano, poco después de la muerte del fraile, le dijo: “El Padre Pío ha muerto de angustia por lo que sucede en la Iglesia de Dios”. Y otros testimonios han añadido las consideraciones dramáticas que el santo hacía sobre el extravío del mundo ecclesiastico: “Un hecho en los últimos días de la vida lo hacía sufrir: ‘¡Se calla frente al mal! ¡No se habla más del más allá; no existen más los Novísimos!’”.(…)
   
No podemos saber de cuántos males el sacrificio del padre Pío había protegido la Iglesia y el papa. De seguro en aquellos años el asalto al papado y a Iglesia fue tal que se podía temer pudiese verdaderamente prevalecer. Del resto fue la Virgen en persona, apareciendo a la mística Luigina Sinapi, hija espiritual del padre Pío cuyo proceso de beatificación está en curso, a revelar el sentido y el valor del sacrificio del padre Pío en aquel tiempo: “Quería una gran víctima en los momentos actuales de la Iglesia”».
   
El Padre Pío estaba literalmente angustiado por la deriva modernista de la Iglesia católica, aparecida en toda su dramática evidencia después de la publicación de la Humánæ vitæ. ¡Era 1968, y comenzaban a despuntar, como homgos venenosos después de la lluvia, los primeros frutos del Concilio! 

Este es un aspecto que, no por casualidad, viene omitido por la mayoría de los estudiosos católicos, y particularmente de aquellos del área progresista, vale decir el 90% y más de cuantos tienen acceso al gran público mediante las grandes casas editoriales, las revistas y las redes televisivas: el Padre Pío estaba literalmente angustiado por la deriva modernista de la Iglesia católica, aparecida en toda su dramática evidencia después de la publicación de la Humánæ vitæ. Era 1968, y comenzaban a despuntar, como homgos venenosos después de la lluvia, los primeros frutos del ConcilioTeólogos como Rahner, Küng o Schillebeeckx, desafiaban abiertamente el Magisterio y pretendían modificarlo y rehacerlo cada vez que no se adaptaba a sus planes revolucionarios. En efecto, el papado era ya “suyo”, porque sería un gravísimo error de perspectiva histórica considerar a Juan XXIII y Pablo VI extraños a la revolución modernista y a la penetración de las logias masónicas en la cima de la Iglesia; y aun los primeros papas de la nueva era, digamos también de la nueva religión conciliar, tal vez apuntaban los pies, hacían un poco de resistencia, como en el caso de Pablo VI con la Humánæ vitæ en el ámbito de la cuestión demográfica y de la esfera sexual; entonces pronto la secta conciliar se ponía a gruñir y a mostrar los dientes. Lo hemos visto, en formas aún más explícitas y desconcertantes, durante epontificado de Benedicto XVI, cuando no había casi un acto o palabra suya del pontífice que no desencadenase las furias del infierno parte dei teólogos y de obispos ultraprogresistas, ecumenistas y fautores de la “iglesia en salida”, los cuales veían en él a un protervo reaccionario, un obstáculo en el camino de la plena aplicación del Concilio, también un fomentador de odio hacia los no católicos. Piénsese solo en las reacciones de ciertos prelados alemanes al discurso de Ratisbona, cuando, totalmente en mala fe, alguno pensó de acusar al papa de anti-islamismo e hizo en modo que medio nundo se movilizase contra él, comenzando por la canciller Ángela Merkel, que nunca perdió la ocasión para señalarlo con el dedo, bien por un presunto comportamiento anti-islámico, bien por una presunta complacencia hacia los negadores de la Shoá, como se vio en la época del caso Williamson.
    
Para tener claro lo que el Padre Pío de Pietrelcina pensaba del Concilio  y de todas sus abrumadoras novedades, sea suficiente esto: que ¡él pidió y obtuvo, hasta el último día de su vida, poder seguir la celebración de la Santa Misa según el rito antiguo y no según el novus ordo de Pablo VI!
    
Pues bien, el Padre Pío vio avanzar la fangosa marea negra: no la previó, la vivió y consideró todo su trágico alcance; comprendió que para la Iglesia se estaba avecinando a grandes pasos la hora del cimiento supremo, y que el peligro mortal estaba llegando desde su interior, no de fuera; y sufrió como una verdadera pasión, como sufría física y moralmente por la Pasión de Cristo cada vez que celebraba el Sacrificio eucarístico. Por esto se ofreció en holocausto, víctima inocente por las culpas de los católicos apóstatas. La suya no fue una muerte natural: murió de angustia por lo que estaba sucediendo en la Iglesia. Había sopportado la propia persecución por toda la vida, sin protestar; pero no soportó ver que, en la persona del papa, se quería perseguir otra vez a Jesucristo. Recuérdese que era un místico, pero con pies bien plantados en la tierra: estaba bien informado y poseía una no escasa cultura teológica, por lo que entendía perfectamente que la secta conciliar estaba realizando una verdadera y propia distorsión de la doctrina; sabía además que esto se debía a un factor preciso: la masonería infiltrada en la Iglesia. Por esto dio al padre Luigi Villa su bendición y el mandato espiritual de conducir sus peligrosas investigaciones para desenmascarar a los clérigos felones, como Bugnini. Pero el mal era ya demasiado avanzado: la B’nai B’rith había ya impuesto la su agenda en el Concilio, y ahora era imposible volver atrás y recuperar la justa perspectiva, no tanto hacia el judaísmo, sino hacia el mismo concepto de libertad religiosa, plegado a una terrible falsificación en nombre del dialágo. Nosotros personalmente hemos conocido sacerdotes ancianos y santos, cultos y llenos de caridad, que murieron de angustia ante el espectáculo de la Iglesia ocupada y desfigurada por estos criminales. Estamos persuadidos que también los cardenales Caffarra y Meisner murueron por el mismo motivo: de dolor y angustia, después que Bergoglio había rechazado responderles e incluso recibirlos en privado. Y estamos otro tanto convencidoa que Socci ha dado en el blanco: el gran corazón del padre Pío, que había enfrentado impácido cien batallas, incluso con el diablo en persona, no resistió ante el pensamiento desgarrador que satanás entraba triunfante en la Iglesia…

jueves, 28 de enero de 2021

CUANDO EL PADRE PÍO DETUVO UN BOMBARDEO Y CONVIRTIÓ A UN PILOTO

    
Varios pilotos de la aviación británica y estadounidense, de diversas nacionalidades y religiones diferentes, que durante la Segunda Guerra Mundial, después de septiembre de 1943, estaban en la zona de Bari para llevar a cabo misiones en territorio italiano, fueron testigos de un hecho inusual. En el desempeño de sus funciones, algunos aviadores pasaron por la región de Gargano, cerca de San Giovanni Rotondo, y vieron a un monje en el cielo que estaba prohibiendo lanzar bombas en el lugar.
   
En Foggia y Apúlia hubo bombardeos en varias ocasiones, pero, increíblemente, en la zona de San Giovanni Rotondo (donde vivía Padre Pío) no cayó nunca una bomba. Testigo directo de este hecho fue el General de la Fuerza Aérea Italiana, Bernardo Rossini (1893-1950), quien en ese momento formaba parte del Comando de la Unidad Aérea Conjunta de las Fuerzas Aliadas.
    
El General Rossini me dijo que, entre los militares, se hablaba de un monje que apareció en el cielo e hizo que los aviones se retiraran. Muchos se reían con incredulidad en estas historias, pero, debido a la repetida ocurrencia de los episodios, y siempre con diferentes pilotos, el General decidió intervenir personalmente: tomó el mando de un escuadrón de bombarderos para destruir un depósito de municiones alemán que estaba justo en San Giovanni Rotondo.
    
Todos tuvimos mucha curiosidad por saber el resultado de la operación. Por lo tanto, cuando el vuelo regresó, inmediatamente fuimos a encontrar al General, quien, atónito, dijo que, tan pronto como llegó al lugar, tanto él como sus pilotos vieron la figura del monje en el cielo con las manos levantadas; las bombas cayeron por sí mismas y cayeron en un bosque; y los aviones vinieron sin ninguna intervención del piloto.
    
Todos se preguntaban quién era ese “fantasma” al que los aviones obedecieron. Al escuchar que en San Giovanni Rotondo había un fraile con estigmas, considerado santo por la comunidad, el General pensó que tal vez era el monje visto en el cielo y decidió comprobarlo lo antes posible. Cuando terminó la guerra, esto fue lo primero que hizo. Acompañado de algunos pilotos, fue al convento capuchino y, cruzando el umbral de la sacristía, se encontró enfrentando a varios frailes, entre los cuales reconoció inmediatamente al que había detenido sus aviones.
    
El Padre Pío se acercó y, poniendo su mano en su hombro, dijo: «¿Así que tú eras el que quería matarnos a todos?». El General se arrodilló ante el Padre Pío, quien, como siempre, le había hablado en el dialecto del Benevento. El General, sin embargo, estaba seguro de que el monje le había hablado en inglés. Los dos se convirtieron en amigos y el General, que era protestante, se convirtió en catolicismo.
   
FRAY DÁMASO DE SANT’ELIA A PIANISI (en el siglo Antonio Biunno) OFM Cap. Declaración en la Positio de beatificación del Padre Pío, III / 1, págs. 689-690.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

PADRE PÍO CONTRA LA INMODESTIA

«Es sabido que el Padre Pío, en conformidad con la solemne censura de Nuestra Señora de Fátima, tenía una opinión muy fuerte sobre ciertas modas de vestir femeninas. Cuando la locura de la minifalda hizo su impacto, ninguna mujer se atrevía a ir San Giovanni vestida así. Pero algunas mujeres que eran más atrevidas vistieron faldas cortas. El Padre Pío también las fulminaba. Es así… que una mujer comprometida que había oído hablar de la censura del Padre Pío a esas modas, pensó cambiarse de falda antes de ir a confesarse, y consiguió prestada una falda un poco más larga de una amiga. Cuando llegó su turno, el Padre Pío le dio una mirada tan furiosa, cerrando con un golpe seco la ventanilla diciéndole: “Bien, ¿nos hemos vestido entonces para un carnaval?”» (JOHN McCAFFERY. Blessed Padre Pío: The Friar of San Giovanni / Bienaventurado Padre Pío: El fraile de San Giovanni, Ridgefield, CT: Roman Catholic Books, 1999, pág. 88.
  
No sólo era estricto el Padre Pío con la vestimenta de las mujeres. También con los hombres (de todas edades) era estricto: no podían entrar a la iglesia con camisas de mangas cortas o tres cuartos, o pantalones cortos, so pena de ser devueltos. No por casualidad, la parroquia de San Giovanni Rotondo era uno de los pocos lugares donde la moda de los años 60 no había llegado.
   
Incluso estaba en contra que los sacerdotes se “disfrazaran” de seglares: (la modestia no es sólo vestir decentemente, sino también conforme al estado de vida), y podía ver en ellos el carácter del Orden Sagrado: a un hombre vestido en traje y corbata que esperaba en la sacristía para ver al Padre Pío, le dijo: «Padre, Vd. vino disfrazado, pero no tiene por qué avergonzarse, la próxima vez venga vestido de sacerdote». Y a otro, que se le presentó con pantalones y suéter, el Padre Pío le dijo que regresara con el hábito de Santo Domingo (el hombre reconoció que era fraile dominico).

viernes, 24 de julio de 2020

PADRE PÍO CONTRA EL ABORTO (Y contra los que lo absuelven a la ligera)

El Padre Pío confesando (foto de época).

Un día, el padre Peregrino Funicelli preguntó al Padre Pío: «Padre, esta mañana Vd. ha negado la absolución por un aborto procurado a una señora. ¿Por qué fue tan riguroso con aquella pobre desgraciada?». El Padre Pío, aferrado con la mano derecha a su interlocutor con el sayo, le colocó la izquierda sobre el pecho, como si quisiese apoderarse de su corazón, responde muy perentoriamente: «El día en que los hombres, espantados del, como se dice, boom económico, por los daños físicos o por los sacrificios económico, pierdan el horror del aborto, será un día terrible para la humanidad. Porque es precisamente aquél el día en el cual deberíamos demostrar tener horror. El aborto no es solamente homicidio sino también suicidio. Y con aquellos que veamos en el camino de cometer con un solo golpe uno y otro delito, ¿queremos tener el coraje de mostrar nuestra fe? ¡¿Queremos recuperarlos sí o no?!». «¿Por qué suicidio?», preguntó el padre Peregrino. Asaltado por una de aquellas insólitas furias divinas, compensado por una ilimitada raíz de dulzura y bondad, padre Pío responde: «Entenderás este suicidio de la raza humana, si con el ojo de la razón vieras “la belleza y la alegría” de la tierra poblada por viejos y despoblada de niños: quemada cual desierto. Si reflexionaras entonces, sí que entenderías la doble gravedad del aborto: con el aborto se mutila siempre también la vida de los padres. Estos padres quisiera asperjarlos con las cenizas de sus fetos destruidos, para preguntarles por su responsabilidad y para negarles la posibilidad de apelar a la propia ignorancia. Los restos de un aborto procurado no son sepultados con falsos respetos y falsa piedad. Sería una hipocresía abominable. Aquellas cenizas son arrojadas sobre las caras de bronce de los padres asesinos. Dejarlos en buena fe sería involucrarme en los mismos delitos. Mira, yo no soy un santo, pero no me siento nunca tan cercano a la santidad como cuando digo palabras tal vez un poco fuertes pero justas y necesarias a los que cometen este crimen. Y estoy seguro de haber obtenido la aprobación de Dios para mi rigor, precisamente porque por Él, luego de estas dolorosas luchas contra el mal, obtengo siempre, ahora me siento imponer algún cuarto de hora de maravillosa calma. Mi rigor, en cuanto defiende la llegada de los niños del mundo, es siempre un acto de fe y de esperanza en nuestros encuentros con Dios sobre la tierra. Con todo, con el paso del tiempo la battalla se hace superior a nuestras fuerzas, pero debe ser combatida igualmente, pues por la certeza de la derrota sobre la carta, nuestra batalla tiene la garantía de la verdadera victoria: la de la nueva tierra y de los nuevos cielosCuando veas un alma que anuncia el aborto como un acto benigno, sabrás que en ella reina el príncipe de las tinieblas y que está en peligro de muerte eterna. ¡Ay de nosotros si consentimos con ese miserable y mortal pecado! No osemos tomar el lugar del Creador, y no permitamos que ningún hombre lo haga; y no seamos cómplices de este crimen maldito por culpa de nuestro silencio o nuestra tibieza».

jueves, 26 de septiembre de 2019

CUANDO EL PADRE PÍO CONVIRTIÓ UNA FAMILIA “ORTODOXA”

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA. Siguiendo los Decretos de Urbano VIII del 13 de Marzo de 1625 y del 5 Junio de 1631, salvo loa dohmas y doctrinas, y todo cuanto ha definido la Sede Apostólica, se presta y pide prestar fe humana a apariciones, milagros y similares.
   
La historia de la conversión de una entera familia de ortodoxos obrada por el Padre Pío. El relato es de la señora Rina Caterinovich, que fue la primera en convertirse. Lo transcribo de Il Messaggio di Padre Pio de Katharina Tangari (M. D’Auria eds., Nápoles):
«Partí con una amiga mía, católica de pocos años, para San Giovanni Rotondo. Habitábamos en Capri donde, por diversos años, habíamos oído hablar del Padre Pío, de las conversiones y curaciones por él obradas. Perteneciendo a la Iglesia Ortodoxa griega, poco creía en los santos vivientes y en los milagros. Pero en Capri conocí a una inglesa convertida por él, dos holandeses protestantes igualmente convertidos y muy entusiastas del Padre Pío. Mi curiosidad de conocerlo se hizo vivísima: quería conocer a un verdadero “santo”, quería ver alguna cosa de “extraordinario”. Rumana de nacimiento, estuve practicando de la Iglesia ortodoxa, pero como todos los ortodoxos sin verdadero misticisimo, porque si la religión ortodoxa conserva dogmas como la religión católica, en la práctica los mismos sacerdotes no parecían convencidos que en la Santa Comunión recibamos a Jesús vivo. También la confesión no era sino otra forma que no libra al alma de la opresión y del mal.
  
Ya desde cuando había iniciado mis estudios universitarios entení que no habría podido creer como antes, porque la Iglesia ortodoxa no apaga a los que quieren explicaciones y que tienen necesidad de tener iluminada la inteligencia.
  
No habiendo nunca osado a hacer algo sin convicción, abanndoné las prácticas religiosas. Antes de casarme debía confesarme y hacer la Comunión: fui a Roma y el sacerdote era una persona cultísima, de alta sociedad: creí encontrar en él lo que buscaba, esto es, explicaciones y claridad, pero aquí fui engañada: fue aquella mi última confesión.
  
Por dieciocho años no fui a la iglesia, ni hacía la señal de la cruz, pero en ciertos períodos oraba más por afecto a mis seres queridos, que en homenaje a la divinidad. Me interesaba en cambio en las distintas corrientes espirituales, leía mucho y me apasioné en modo particular a los libros de la religión hindú. Es largo trazar los hechos de la vida espiritual que he llevado en estos dieciocho años.
  
La guerra me llevó a Dios, mas no a la Iglesia; consideraba siempre que bastaba en vivir bien, buscar la verdad y pensar que Dios es amor infinito: nada más. Cuando me acordé del Padre Pío, no pensaba en convertirme en católica, ni sentía la necesidad de la Iglesia.
  
Había pedido a mi amiga que le preguntara al Padre Pío si podía confesarme, segura que no me lo habría negado; en cambio la respuesta fue negativa. Y comencé a asistir a su Misa durante la cual una profunda conmoción me invadió, con llanto continuo por el dolor inconsolable de mi miseria, de mis pecados, y de estar fuera de la Casa de Dios. El dolor de no tener mi verdadera patria sobre la tierra: aunque tengo dos patrias aquí, que amo una más que la otra: la Italia, mi patria espiritual, y la Rumanía que me ha dado la vida: Un católico se siente siempre en su casa, sea en extremo Oriente o en Nueva York o en cualquier ciudad del mundo, donde existe una iglesia católica: yo esta casa no la tenía, ¡debía permanecer fuera de la puerta!
  
Cuando pude acercarme al Padre Pío, tuve por segunda vez un llanto continuo (yo nunca lloraba fácilmente ante otras personas). “¿Por qué lloras así?”, me preguntó el Padre Pío. “Porque no soy católica” fue mi respuesta, no querida y no pensada. “¿Y qué te impide serlo?”.
   
Expuse algunas de mis dudas, pero el Padre Pío dice que la duda era inútil, porque el Señor me quería. Me explicó él mismo en una pequeña catequesis que me ofrecía las oraciones que habría debido hacer: me habló sencillamente como a una niña. Y cuando le pregunté si debía prepararme tomando las lecciones, me dice: “Necesistas amar, amar, amar y nada más”. Era el 5 de octubre de 1923.
  
No oí y no vi en él lo que tantos habían visto; solamente que cerca a él sentía más vivo el deseo de acercarme a la Santa Comunión, sentía que la vida sin la Santa Comunión no hay más vida, y que los católicos eran felices de poderla tener, mientras que yo estaba privada de ello. Entendí luego que de todas las iglesias, sólo la Católica es la que ayuda verdaderamente a seguir a Jesús, aquella que nos sostiene, nos alienta, y nos ayuda en la vida de todos los días.
  
La ortodoxia no me daba en cambio a mi nada. ¡Nunca había sentido en ningún lugar del mundo como en San Giovanni Rotondo, cuánto lejos estamos de Aquel que ha dado todo de sí mismo para salvarnos!
 
No he cambiado de religión porque el rito de la Iglesia Católica me haya gustado más, sino porque teniendo también un cuerpo, no puedo vivir solamente con el espíritu, y tengo necesidad por tanto de una ayuda que solo la Iglesia Católica puede dar, la única que había conservado el espíritu de Cristo y que ayude a seguirlo.
  
Pasé el invierno preparándome “al gran paso” entre los peligros de luchas internas, de tentaciones y de purebas; pero pidiendo siempre la ayuda del Señor. En la primavera de 1924, el 10 de abril, volví a San Giovanni Rotondo con mi vieja tía que me había criado, y con la cual estuve tan unida espiritualmente y con mi hija. El 12 hice la abjuración en las manos del padre guardián, la confesión general y el 13 finalmente me acerqué a la Santa Comunión, que desde aquel día se convirtió en mi más grande apoyo, mi fuerza, mi consolación en las muchas pruebas y tribulaciones tenidas en estos últimos años.
  
En aquel día el Señor me concedió otra grandísima alegría, la conversión inesperada y milagrosa de mi tía-madre. Carácter leal, sincero y honesto, mujer de fe purísima, era intransigente para sí y para los otros. Ortodoxa convencida, consideraba que cambiar de religión era una falta de fideldad, un deshonor, una bajeza. Sufrió mucho por mi decisión, sin decírmelo (lo supe después de su conversión). El primer día fue al Convento, habló con el Padre Pío, pero permaneció agitada y mal impresionada por sus palabras. Así como le habían dicho que el Padre Pío no rechazaba a ninguno a hacerse católico, a la pregunta de él: “¿Me quieres seguir?”, responde que no, diciendo que había comprendido que Dios es Uno y que la Iglesia debía ser Una, pero puesto que sentía que su religión era muy cercana a la católica comprendía estar ella demasiado vieja ahora para cambiar de religión, tanto más que haciendo esto habría causado demasiado dolor a sus padres. Entonces el Padre Pío replicó: “¿Cree Vd. que ante el Señor estará su familia para responder por usted?”.
  
Al día siguiente mi tía no volvió al convento; ni mucho menos habría vuelto el domingo siguiente, si no hubiese habido algún día antes del Padre Pío una estampa sobre la cual estaban escritas palabras que la habían golpeado. Después de la Misa y mi primera verdadera Comunión, quedó poquísima gente en la iglesia, y el Padre Pío estaba en las bancas detrás de la tía para orar. Cuando después fue a la sacristía, nosotros le seguimos, y la tía le dice:
  
“Gracias por su bondad, y perdone si lo he hecho disgustar”.
  
“No me disgusta”, replicó el Padre Pío, “¡me ha dado un verdadero dolor!”. Tanto que la tía se sintió decepcionada por sus palabras.
  
Por más de media hora, el Padre Pío le habló todavía, haciéndo caer una a una las piedras de aquella fortaleza que parecía inexpugnable. “La Iglesia Ortodoxa está agonizante”, le dice entre otras, y poco más de un año vimos como si fuesen verdaderas estas palabras, porque la iglesia ortodoxa se divide entre tantos patriarcas y metropólitas.
  
Fue una lucha durísima, pero finalmente la tía fue vencida y toda conmovida le dice: “¡Prometo entrar en la Iglesia Católica!”. Promesa cumplida algunos meses después en Capri. Es ahora de las más fervientes católicas, como para recuperar el tiempo perdido, y combatió valientemente por su fe contra todos los que le eran contrarios, tanto por haber agitado a muchas almas con su ejemplo.
  
Permanecía en nuestra familia aún en la ortodoxia mi marido. Y era el más difícil de convertir, porque habiendo siempre hecho una vida moralísima, honesta y laboriosa, no veía necesidad de cambiar de religión para servir mejor al Señor.
  
Recto, sincero e intransigente, como la tía o más que ella, habiendo sido oficial en el ejército imperial de la Rusia, consideraba como un deshonor, como bajeza, traicionar la propia fe.
  
Cuando me decidí yo en aquel paso, él no se opone, no me disuadió; me hizo solamente prometer no buscar nunca inducirlo a convertirse. Lo que hcie, sólo poniéndolo en las manos de Dios, sin nunca hablarle de mi Fe, si no lo pedía; pero entre tanto oraba continuamente y buscaba modificar mis defectos con darle con el ejemplo una prueba que mi fe era la mejor.
  
Las virtudes esenciales que comencé a estimar y que en la iglesia ortodoxa y en nuestra vida faltaba del todo eran la humildad y la caridad, de la cual había tenido bellos ejemplos en la Italia meridional; eran las virtudes que faltaban en mí y en mi marido; el cual severísimo consigo mismo lo era también con los otros, hasta el punto de no saber perdonar las ofensas recibidas, como no perdonaba las debilidades, las caídas, las miserias humanas.
  
En septiembre de 1926 volví por tercera vez a San Giovanni Rotondo y mi marido quiso acompañarme. Apenas vio al Padre Pío sentí por él una gran devoción, un sentido de ternura y de alegría en estar cerca de él. También él, como yo, se sintió en un estado de aislamiento, y durante la Misa del Padre Pío lloraba. Tenía la impresión de ser un gran pecador, que Dios no quisiese aceptarlo entre sus hijos, pero después, cuando se puso a hablar con el Padre Pío sobre la cuestión religiosa, permaneció irremovible.
   
Para mi marido, el Padre Pío era un hombre santo, lleno de bondad, de amor, que él hubiera siempre querido tener junto a sí, pero por este afecto no se sentía de hacer un acto contrario a su consciencia y a su corazón. En el verano él fue gravemente enfermo, tanto que creía que debía orir, pero Santa Teresa del Niño Jesús y el Padre Pío lo ayudaron mucho. Tanto que en septiembre de 1927 volvimos de nuevo al convento de Gargano, esta vez también con nuestra hija, permaneciendo ahí por varios días.
   
Entonces aceptó escuchar del Padre Pío las razones de la escisión de la Iglesia oriental, y se puso a discutir con él sobre las divergencias existentes, hasta que un día estas discusiones, si bien queridas por él, lo irritaron tal mente, que quiso dejar el convento y volver a Capri. A pesar de mi dolor, no supe oponerme a esta decisión. Él sin embargo, no partió. Todavía no volvió al convento hasta que no le llevé la palabra del Padre Pío, el cual le de sía que, aunque no podían entenderse sobre la religión, podían permanecer como amigos. Luego volvió al convento, y cuando partimos de San Giovanni Rotondo, su decisión era ya tomada: faltaban sólo las cartas para las formalidades necesarias.
 
A nuestro regreso a casa, comenzó sin embargo una lucha más áspera que nunca entre dudas y pruebas y decepciones, que parecían indicios del mdescontento del Señor por la decisión tomada. Las luchas internas eran tremendas, y en ciertos períodos, él tan bueno habitualmente y tan afectuoso, se alejaba de nosotros, se hacía extraño, cerrado y frío. Pero Jesús misericordioso no quería hacerlo sufrir por largo tiempo, y ¡en julio volvimos una vez más a San Giovanni Rotondo para el gran día! El 6 de julio hizo la abjuración en Foggia en las manos del Obispo, y la tarde del 7 se confesó con el Padre Pío. El día 8 hizo su Comunión y el 10 la Confirmación. “Quiero hacer la Confirmación como sello del paso hecho”, me dice.
  
Gracias al Señor, desde aquel momento él es escrupuloso en sus deberes religiosos, y soporta mucho mejor las pruebas que le vengan del Cielo. También ante los otros es más caritativo, y encuentra descanso en el hablar de su Fe, que sabe defender hablando con los ortodoxos».
  
Revista Sì sì no no, Año XV – n. 1, 15 Enero de 1989, págs. 4-5. 

lunes, 23 de septiembre de 2019

REGLA DEL PADRE PÍO

Fragmentos del artículo Saint Padre Pío, del Rev. Padre Jean de Morgon, OFM. Cap.
  
I. CONFESIÓN SEMANAL
“La confesión es el baño del alma. Debes ir al menos una vez a la semana. No quiero que las almas estén alejadas de la confesión más de una semana. Incluso una habitación limpia y desocupada acumula polvo; ¡Vuelve después de una semana y verás que tienes que limpiarle el polvo otra vez!”.
   
II. COMUNIÓN DIARIA
A aquellos que se declaran indignos de recibir la Sagrada Comunión, él responde: “Es muy cierto, no somos dignos de tal regalo. Sin embargo, acercarse al Santísimo Sacramento con pecado mortal es una cosa, y ser indigno es otra. Todos nosotros somos indignos, pero es Él quien nos invita. Es Él quien lo desea. Humillémonos y recibámosle con un corazón contrito y lleno de amor”.
 
III. EXAMEN DE CONCIENCIA CADA NOCHE
A otro, que le dijo que el examen de conciencia cada noche le parecía inútil porque su conciencia le mostraba claramente en cada acción si era buena o mala, el Padre Pío replicó: “Es bastante cierto. Pero todo comerciante experimentado en este mundo no solo hace seguimiento del día sino también sobre si ha ganado o perdido en cada venta. Por la noche, lleva la contabilidad del día para determinar qué debería hacer al día siguiente. De lo que se sigue que es indispensable hacer un riguroso examen de conciencia, breve pero lúcido, cada noche”.
 
IV. LECTURA ESPIRITUAL DIARIA
“El daño que viene a las almas por la falta de la lectura de libros santos me hace estremecer… Qué poder tiene la lectura espiritual para llevar al cambio de vida, y para hacer incluso que los mundanos entren en el camino de la perfección”.

Cuando el Padre Pío fue condenado a no ejercer ningún ministerio, pasaba su tiempo libre no leyendo el períodico –lo llamaba “el evangelio del diablo”–, sino libros de doctrina, historia y espiritualidad. A pesar de esto, todavía decía: “Uno busca a Dios en los libros, pero Lo encuentra en la oración”.
 
V. ORACIÓN MENTAL DOS VECES AL DÍA
Sus consejos para la oración mental son sencillos: “Si no logras meditar bien, no dejes de hacer tu deber. Si las distracciones son numerosas, no te desanimes; haz la meditación de la paciencia, y tendrás beneficios. Determina el tiempo de tu meditación y no dejes el sitio antes de acabar, incluso si tienes que ser crucificado. ¿Por qué te preocupas tanto por no saber cómo meditar como te gustaría? La meditación es un medio de alcanzar a Dios, pero no es un fin en sí mismo. La meditación tiene por objeto amar a Dios y al prójimo. El amor de Dios con toda tu alma sin reservas, y el amor al prójimo como a uno mismo, y habrás cumplido la mitad de tu meditación”.
  
SOBRE LA ASISTENCIA A LA SANTA MISA
Lo mismo sostiene para la asistencia al Santo Sacrificio de la Misa: estar más preocupado a hacer actos (de contrición, Fe, Esperanza, Caridad, &c.;) que reflexiones intelectuales o consideraciones. A alguien que le preguntó si era necesario seguir la Misa en un misal, el Padre Pío le respondió que solamente el sacerdote necesita un misal. Según él, la mejor manera de asistir al Santo Sacrificio es unirse a la Virgen Dolorosa al pie de la Cruz, en compasión y amor.
 
SOBRE LA VIRGEN MARÍA Y EL ROSARIO
El Padre Pío nunca estaba sin un rosario, e incluso tenía uno bajo la almohada. Durante el día, rezaba varias docenas de rosarios. Horas antes de morir, dijo: “Amad a la Virgen y hacedla amar. Rezad siempre su Rosario. Esa es una armadura contra los males del mundo de hoy”.
 
“Satanás quiere destruir esta oración, pero en esto nunca triunfará. El Rosario es la oración de los que triunfan sobre todo y sobre todos. Fue Nuestra Señora quien nos enseñó esta oración, así como fue Jesús quien nos enseñó el Padre nuestro”.
 
“Cuando uno conoce la importancia de la Madre Santísima en su Inmaculada Concepción, está dando el primer paso en el camino de salvación”.

miércoles, 2 de enero de 2019

LOS APLAUSOS NO CABEN EN LA MISA

   
Una vez, preguntaron a Padre Pío: «¿Cuál es el problema de aplaudir en la Misa?». Padre Pío respondió: «Es verdad que en el Calvario también había quien aplaudía la muerte de Cristo: los soldados y los demonios».

domingo, 1 de julio de 2018

NO ES CUERPO INCORRUPTO DEL PADRE PÍO, ¡ES UNA TALLA!

De hace algunos años acá, se ha comentado que el expuesto en el mega-templo de San Giovanni Rotondo (proyectado por el arquitecto Renzo Piano, decorado por Marko Ivan Rupnik Kaučič SJ, y tristemente célebre por la simbología ocultista y masónico-satanista que hay en él) NO es en realidad el cuerpo incorrupto del Padre Pío, sino una imagen de vestir que se hace parecer convenientemente para engañar y sacarle dinero a los incautos peregrinos.
  
Ante este hecho, cabe reseñar que después de la muerte del Padre Pío, su hermana Graciela Forgione (en religión Sor Pía de la Virgen Dolorosa OSS, 26 de Diciembre de 1894 - 30 de Abril de 1969) pidió que se efecturara la autopsia al Padre Pío porque ella (junto a varios médicos y discípulos) también sospechaba del envenenamiento perpetrado por el guardián del convento, Fray Carmelo de San Giovanni al Galdo (siguiendo órdenes que se remontan al mismo Montini), al religioso estigmatizado. Le fue denegada la petición.
  
En la revista Chiesa Viva se publicó el pasado mes de Enero un número especial llamado Il segreto della tomba vuota di Padre Pio (El secreto de la tumba vacía del Padre Pío), donde el ingeniero Agide Finardi, conocido de los fraticelli de San Giovanni Rotondo, le relata al Dr. Franco Adessa (sucesor del Padre Luigi Villa, fundador de la revista) que el cadáver del Padre Pío se lo llevaron a algún lugar de Estados Unidos dos días después de su sepultura; y que en la recognítio oficial del año 2002 presidida por el cardenal Silvio Oddi, ¡EL SARCÓFAGO DE GRANITO ESTABA VACÍO! (como dato curioso, no se conoce si se llegó a tomar fotografías de la exhumación).
  
Con el siguiente artículo que ha publicado en los comentarios un lector y hoy traducimos al español, hemos de decir que lo hacemos conscientes del riesgo a que nos estamos enfrentando. Los más nos tacharán de locos, algunos no nos bajarán de apóstatas y otros osarán incluso darnos tiquete al cementerio. Pero nosotros NO TENEMOS MIEDO, porque nuestra confianza la ponemos en Aquel que dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; y si el mundo os odia, sabed que a Mí me odiaron primero».
  
JORGE RONDÓN SANTOS
1 de Julio de 2018
Solemnidad de la Preciosísima Sangre de Cristo, y Octava de la Natividad de San Juan Bautista.
 
Traducción del artículo publicado en italiano por EXSURGAT DEUS, visto en ACTA APOSTATICÆ SEDIS.
  
EL MUNACIELLO DE PIETRELCINA: ¡LA ÚLTIMA BEFA AL PADRE PÍO!
 
  
Durante todo el año, los artistas de San Gregorio Armenio, la célebre callejuela del centro histórico de la ciudad partenopea, último baluarte de la tradición del belén napolitano, se afanan en buscar nuevos personajes para insertar en las representaciones modernistas del belén napolitano, que actualmente es un bazar de personajes extravagantes y que nada tienen que ver con la representación sacra original. Este año sin embargo, han sido precedidos por el convento de los franciscanos de San Giovanni Rotondo que, tal vez corto de dinero para pagar el templo masónico edificado en la ciudad garganica, han pensado forjar un nuevo “munaciello”, para buscar rellenar las cajas exhaustas de la estructura que ocupan.
  
El “munaciello”, para los desconocedores de fuera de la Campania, es una figura típica del pesebre napolitano, rodeado de mitos, leyendas y supersticiones, pero nacimiento napolitano que se respete, no puede estar privado de este “pastor”, caracterizado por un sayo y capucha negros, marrón, o blanco y negro, y de una cabeza enorme, desproporcionada respecto al resto del cuerpo.
  
El “pastor”, como siempre, era realizato con los típicos materiales tradicionales del siglo XVIII: cuerpo de alambre de hierro y estopa, manos y pies de madera, cabeza en terracota con ojos de vidrio, colores al óleo y hábitos en tela sutil precisamente producida por la real sedería de San Leucio de Caserta. Pero nuestros neo-pesebreros modernistas, han evolicionado, y a los clásicos materiales, algunos de los cuales no son más asequibles en nuestros días, han preferido máscaras en terracota y silicón, barba con pelos de yak tibetano, dejando sin embargo los otros materiales [… madera del valle de Gardena, en el Trentino; terracota roja refinada, colores pero acrílicos … ¡horror!], también en formato de “tamaño natural” dejando por el momento la dimensión clásica de 33 centímetros [... ¿quizá era demasiado sospechoso por el vínculo con la conventícola del gran oriente?]. De los ojos de vidrio [hoy producidos por artesanos alemanes] no hubo necesidad, porque el “munaciello” modernista tiene ojos cerrados durmientes.
  
El “munaciello” fue exactamente compuesto en un centro de arte, el Gems Studio de Londres, que a juzgar por los resultados, efectivamente nada tiene que envidiar al sumo Giuseppe Sammartino y ao otros célebres escultores pesebreros del ‘700. Para dar la noticia, el mensual Valle di Suessola titula, en el número de Junio: “Non è il corpo incorrotto di padre Pio” (No es el cuerpo incorrupto del Padre Pío) y publica una serie de “interesantes” fotos que muestran la gran competencia desplegada por los artistas ingleses … probablemente dirigidos por algún pesebrero napolitano. ¡El mensual pide además la intervención de la magistratura para hacer claridad sobre el “papocchio” (desorden)! En el ínterin que la magistratura se alerte y se pronuncie sobre el asunto, aquellos que quieran admirar este “milagro” de arte moderno “vintage”, se apurarán a dirigirse a la iglesia, perdón … al “templo masónico-museo” de San Giovanni Rotondo, para convencerse y dejar también cualquier óbolo para los “fraticelli” observantes de la regla de la franciscana pobreza.
  
He aquí lo que reporta el mensual: No es el cuerpo incorrupto del Padre Pío. En San Giovanni Rotondo continúan haciendo ridiculizar a los fieles.
  
A la izquierda de las fotos: Es un muñeco de madera hecho realizar por un artesano de Val Gardena en el Trentino-Alto Adigio. A la derecha: no son los pelos de la barba del Padre Pío, sino los pelos de un buey tibetano. Se pide una intervención de la magistratura para poner fin a esta “sucia actividad” [… robar el oficio a los artistas de San Gregorio... N. del R.].
 
En el recuadro de las fotos: “Listo en dos semanas – Las varias fases del trabajo de los artistas del Gems Studio de Londres, para llegar a la máscara que cubre el rostro de Padre Pío. Desde la izquierda, la escultura en arcilla realizada como modelo; la máscara de silicón; últimos retoques de color. Aquí a la izquierda, el trabajo concluído antes de ser entregado en Italia.
   
[Fuente: Valle di Suèssola - Con la autorizacióne del director, a quien agradecemos por la disponibilidad]

lunes, 13 de noviembre de 2017

PADRE PÍO: “SATANÁS GOBERNARÁ LA PSEUDOIGLESIA”

Alrededor de 1960, el famoso exorcista romano Gabriele Amorth († 2016) conoció al Padre Pío de Pietrelcina († 1968) y habló con él sobre el tercer secreto de Fátima. Amorth habla sobre esto en una entrevista realizada en 2011, publicada recientemente por José María Zavala como parte de un libro titulado “El secreto mejor guardado de Fátima”.

El Padre Pío le dijo al Padre Amorth: “¿Sabes Gabriele? Satanás se ha introducido en el seno de la Iglesia y en muy poco tiempo llegará a gobernar una falsa iglesia” (JOSÉ MARÍA ZAVALA. El secreto mejor guardado de Fátima, pág. 213 y siguientes). Amorth dice que el Padre Pío estaba “realmente atormentado” por una cuestión que es “la gran apostasía dentro de la Iglesia”.
  
COMENTARIO: Este testimonio es una prueba más de que el verdadero Tercer Secreto de Fátima trata de la Gran Apostasía y de la Falsa Iglesia del Vaticano II. Lástima que Gabriele Amorth, sabedor de la situación de Apostasía generada por causa y ocasión del Concilio Vaticano II, no obstante permaneció hasta su muerte en la iglesia conciliar reconociendo a sus falsos reclamantes al Papado y oficiando sus inválidos sacramentos en vez de combatirlos.

lunes, 6 de noviembre de 2017

PADRE PÍO SOBRE LOS PROTESTANTES

«Lutero, Calvino y los demás, [estuvieron] llenos de soberbia, saciados completamente de vicios, los cuales se separaron de la Iglesia para secundar sus malvadas pasiones de las cuales estaban dominados. Secundariamente carecen de la santidad de la doctrina. La doctrina que estas sectas [protestantes] enseñan es impía e inmoral. Esto es lo que enseñan sobre la fe y la moral: Dios es el autor del pecado, y empuja al hombre al pecado para condenarlo. Que Dios manda a los hombres cosas imposibles, y que después les niega la gracia para cumplirlas. Que es perder el tiempo, y también cosa sacrílega el recurrir a la intercesión de los Santos, y especialmente a María Santísima, y que sus imágenes deben ser pisoteadas y arrojadas al fuego; y que la sola fe basta para salvarse, luego la blasfemia, la impudicia y el sacrilegio no impiden al hombre el poderse salvar, siempre que crea».
   
PADRE PÍO DE PIETRELCINA, Epistolario IV: Corrispondenza con diverse categorie di persone. Edizioni “Padre Pio da Pietrelcina”, Convento Santa Maria delle Grazie, San Giovanni Rotondo, 2002. Apéndice 2 “Scritti vari”, XI: “Le note della vera Chiesa”.

sábado, 7 de octubre de 2017

NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA CURÓ A PADRE PÍO EN 1959

Traducción de la noticia publicada por Joseph Pronechen* en NATIONAL CATHOLIC REGISTER.
  
¿SABÍAS QUE NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA CURÓ UNA VEZ AL PADRE PÍO?
Cómo Nuestra Señora de Fátima hizo un viaje especial para ayudar a un hijo dilecto que era profundamente devoto a sus mensajes.
   
    
Casi todos saben de Nuestra Señora de Fátima. Casi todos han oído del bienaventurado Padre Pío. Pero, ¿cuántos saben que el Padre Pío estuvo gravemente enfermo, en cama, y que Nuestra Señora de Fátima lo visitó para curarlo?
 
El milagroso evento sucedió en 1959. Esa primavera, la imagen de Nuestra Señora de Fátima había venido de Portugal para realizar varias paradas alrededor de las capitales provinciales de Italia. Viajando por helicóptero, la estatua de Nuestra Señora debería haber ido a Foggia donde su obispo Paolo Carta había preparado una tremenda recepción para la Virgen. Pero ella se desvió.
 
Ya como emérito, Paolo Carta contará la historia en 1997 y una anécdota del gran amor que el Padre Pío le tuvo a Nuestra Señora de Fátima en el programa Voce di Padre Pio del convento de Nuestra Señora de la Gracia, en San Giovanni Rotondo.
 
El obispo Carta evocó los pedidos de Nuestra Señora en Fátima y dijo que podía “asegurar que en el medio siglo siguiente, nadie en la Iglesia había dado una respuesta más completa que el Padre Pío. La angustia maternal del Inmaculado Corazón de María por las almas que van al Infierno invadió tan profunda y completamente el corazón del Padre Pío, que hizo de su vida entera un gran sacrificio a Nuestro Señor para apartar las almas de la damnación eterna”.
 
El obispo anotó que en Fátima la Virgen pidió especialmente la recitación del Rosario. “¿Y quién podría contar las horas que el Padre Pío gastaba orando por la conversión y la salvación de los pecadores?... Y con cuánta insistencia amorosa recomendaba a todos el Rosario como medio de salvación”.
 
Aparte, el obispo resaltó los incontables actos de mortificación, penitencia y sufrimiento que practicó el Padre Pío para salvar almas de caer en el Infierno, respondiendo al llamado de Nuestra Señora.
 
“Esta respuesta heroica del Padre Pío mereció una señal de favor maternal por parte de la Virgen”, anotó. “Y esa señal era admirable”.
 
La visita de María a San Giovanni Rotondo
Estaba agendado desde Portugal que la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima arribase a la gran ciudad de Foggia. El monasterio de San Giovanni Rotondo estaba en la jurisdicción de la diócesis de Foggia, pero el Padre Pío estaba gravemente enfermo de pleuresía, e incapaz de incluso de celebrar Misa desde el 5 de Mayo cuando fue a Foggia. Fue a comienzo de Agosto que María estaba para llegar, y el Padre Pío permanecía en cama.
 
“¿Pero esta Madre, con un Inmaculado Corazón tan sensible y delicado, no visitaría a su más querido hijo, el Padre Pío?” explicó el obispo Carta.
 
De alguna forma, fue cambiado el itinerario. La imagen no iría a Foggia sino a San Giovanni Rotondo. El aire se llenó de gozo como la gente en el monasterio. Con la ayuda de un loudspeaker, el Padre Pío fue capaz de prepararlos para la llegada de su Madre el 6 de Agosto.
 
Esa mañana del 6 de Agosto, el Padre Pío intentó llegar hacia la iglesia. Intentó acercarse ante la imagen “—pero tuvo que sentarse porque estaba exhausto—, y le dio un rosario de oro”, reseñó el obispo Carta. “La imagen fue bajada hasta el rostro del Padre Pío, y así pudo besarla. Fue un gesto muy afectuoso”.
 
Esa misma tarde, entre las 14:00h y las 15:00h, Nuestra Señora de Fátima estaba de nuevo en el helicóptero para viajar al siguiente destino. Partiendo desde la Casa para el Alivio del Sufrimiento —que fue construido por idea e inspiración del Padre Pío y abrió el 5 de Mayo de 1956—, el helicóptero circunvoló el monasterio por tres veces antes de volar a su siguiente parada. Posteriormente, el piloto no pudo explicar por qué sucedió.
 
La sorpresa del Padre
El Padre Carta describió cómo “desde una ventana el Padre Pío vio alejarse el the helicóptero con los ojos llenos de lágrimas. A Nuestra Señora le dirigió el Padre Pío un lamento con una confianza muy propia de él: ‘Mi Señora y Madre, viniste a Italia y yo estaba enfermo, ahora te vas y me dejas todavía enfermo’”.
 
Pero mientras el helicóptero volaba en círculo, sintió un estremecimiento, una sacudida, a través de su cuerpo. El obispo repitió lo que diría el Padre Pío durante el resto de su vida: “En ese mismo instante sentí una suerte de estremecimiento en mis huesos que me curó inmediatamente”.
 
El obispo agregó las palabras de su padre espiritual que le confirmó el evento diciendo: “En ese momento el Padre sintió una fuerza misteriosa en su cuerpo y le dijo a sus cofrades: ‘Estoy curado’. Estuvo saludable y fuerte como nunca antes lo estuvo en su vida”.
 
En Padre Pio: a Personal Portrait (Padre Pío: Un retrato personal), publicado originalmente en 1978 y republicado recientemente, Fray Francesco Napolitano, quien trabajó con el santo fraile, dijo: “Estaba presente en ese momento y puedo testificar que el Padre Pío nunca se sintió tan saludable como lo estuvo después de la partida de la imagen de Nuestra Señora de Fátima”.
 
Cuando le hablaron sobre un artículo en el diario local de Foggia preguntándole por qué Nuestra Señora de Fátima fue a San Giovanni Rotondo en lugar del santuario de San Miguel en Monte Sant’Angelo localizado en Foggia, el obispo Carta repitió que el Padre Pío simplemente replicó: “Nuestra Señora vino aquí porque quería curar al Padre Pío”.
 
Tres días después de su visita, el Padre Pío volvió a celebrar Misa.
   
Una curación que refleja un ejemplo perfecto
El obispo tenía su propia idea de por qué Nuestra Señora de Fátima vino al monasterio del Padre Pío. “Me gusta agregar que ella también vino porque el ejemplo de la ardiente devoción del Padre Pío y s milagrosa recuperación levantaría en Italia y el mundo un ferviente incremento en el amor y la confianza hacia el Inmaculado Corazón de María”.
  
El obispo Carta vio este favor celestial como un recordatorio, añadiendo que “de este maravilloso episodio debemos tomar una santa resolución de crecer siempre en esta devoción con una generosa respuesta al mensaje de Fátima, recitando fervientemente el Rosario todos los días, orando y ofreciendo nuestros sufrimientos por la conversión de los pecadores, recibiendo la Comunión el primer Sábado del mes con la esperanza de que estas consoladoras palabras serán verdad para nosotros: ‘Yo prometo la salvación de todos aquellos que practiquen la devoción a mi Inmaculado Corazón. Esas almas serán las más queridas por Dios, y como flores las pondré delante de su trono’”.
 
Por su respuesta al mensaje y las peticiones de la Virgen, el Padre Pío es como un ramillete completo.
 
* Joseph Pronechen es un escritor de planta en National Catholic Register desde 2005. Sus artículos han aparecido en varias publicaciones nacionales en Estados Unidos incluyendo la revista Columbia, Soul, Faith and Family, Catholic Digest, y Marian Helper. Sus colaboraciones en religión también han aparecido en Fairfield County Catholic y en uno de los mayores diarios de Connecticut. Tiene un grado de maestría y anteriormente enseñaba inglés y cursos en estudio fílmico en una preparatoria católica en Connecticut. Joseph y su esposa Mary residen en la Costa Este.

sábado, 23 de septiembre de 2017

LA INSTRUMENTALIZACIÓN DEL PADRE PÍO POR LA IGLESIA CONCILIAR PARA JUSTIFICAR LA FALSA OBEDIENCIA

Traducción del artículo publicado en NON PRÆVALEBUNT.
  
Hoy es muy conveniente crear confusión al interior de la Iglesia. Los enemigos están bien contentos de ver a la Iglesia Católica presa de una profunda crisis doctrinal y disciplinaria, esperando que todo ello acelere su definitiva desaparición de la escena social y política. El último falso profeta en llevar agua a su molino es el prior Enzo Bianchi, que se presenta como el prior de la Comunidad de Bose, que algunos católicos consideran ser una nueva orden monástica, cuando canónicamente no lo es, porque no respeta las leyes de la Iglesia sobre la vida común religiosa. Algunos lo tienen como un maestro de espiritualidad… Enzo Bianchi viste los ropajes del “profeta” que lucha por la llegada de un cristianismo nuevo (un cristianismo que debe ser moderno, abierto, no jerárquico y no dogmático, esto es, en sustancia, no católico).
 
El hecho de que los media a servicio del género comprenda hasta qué punto de confusión doctrinal y de insensibilidad pastoral se ha llegado en la Iglesia.
  
No se enseña ni qué es el Evangelio, ni la obediencia, mucho menos el significado de la palabra humildad... Sabemos que muchos “católicos” en la Nueva Iglesia se sienten perfectamente en su camino. Es bello poder caminar libremente sin el temor de ofender a Dios; es bello sentirse predicar ciertas nuevas doctrinas que liberen de la obligación de poner en práctica la Santa y milenaria doctrina, es bello para muchos decir que el Evangelio había sido malinterpretado por dos mil años. Algunas personas me han dicho que si Bergoglio dice una cosa es seguramente justa porque existe el “dogma de la infalibilidad papal”; por lo que ¡Bergoglio sería hasta más infalible que el mismo Evangelio!
  
¿Tales creencias son debidas a la ignorancia? ¿O a la comodidad que las aperturas y el Sínodo pudieron dar a todos los pecadores impenitentes que podrán engañarse de salvarse sin el arrepentimiento y la generosa reparación por sus pecados?
  
A menudo tenemos la posibilidad de saber los nombres y apellidos de aquellos católicos protestantizados que votaron a favor del divorcio y del aborto y continúan siguiendo la utopía de un catolicismo englobado a las ideologías políticas liberal-siniestroide, invocando la infalibilidad de ciertos eclesiásticos y el querer abrir su misericordia a los pecadores impenitentes, que bajo la máscara de la falsa piedad desearían mostrarse aun más misericordiosos que Dios mismo (¡!)
  
Necesitaría recordar los pasajes del Evangelio y aquella puerta estrecha indicada por Jesús, mediante la cual nos ha exhortado entrar. ¡Pero seguir el Evangelio no es fácil! Lo sé, ¿quién ha dicho que lo sea? Quien escribe sabe muchísimo cuán difícil es caminar sobre la senda trazada por Cristo, cuán fácil es caer y cuán imposible sería levantarse si la Gracia de Dios no viniese en auxilio del penitente, que no obstante su pecado otra cosa no desea que levantarse y santificarse para poder así vivir eternamente en comunión con Él. Ah sí, porque el pecado es un problema nuestro y no de Dios, cuál humildad podría reivindicar el pecador que desea un Dios a la altura de sus tiempos, obviamente. La Humildad significa de hecho la gozosa sumisión a Dios y a Su Ley y el reconocimiento del don de la Gracia en el camino de Santidad, unido al Sacrificio de Cristo sin el cual ningún hombre puede salvarse.
  
Si algunos discípulos abandonaron a Jesús por la dureza de la Doctrina por Él predicada, y si Jesús no reclama que ellos permanecieran preguntando a los otros: “¿Vosotros también queréis iros?”. Hoy somos llamados a responder con las palabras de San Pedro: “Señor, ¿a quién iremos? Tú solo tienes palabras de Vida eterna”, agregando: “No gracias, no estamos en busca de ilusiones, queremos seguir la doctrina que ha sido fielmente transmitida por los Apóstoles y que la Iglesia ha custodiado por milenios”.
 
Buscamos por tanto entender a qué refiere exactamente el término “autoridad papal”, y explicar que ningún pontífice está por encima de la Verdad, desechando de nuestros corazones todo compromiso con el mundo moderno e ilusiones de Libertad sin Verdad.
 
El dogma de la infalibilidad papal (o infalibilidad pontificia) afirma que el papa no puede equivocarse cuando habla ex cáthedra, o sea, como doctor o pastor universal de la Iglesia (epíscopus servus servórum Dei). Aunque, el dogma vale solo cuando ejercita el ministerio petrino proclamando un nuevo dogma o definiendo una doctrina en modo definitivo como revelada.
  
De hecho, según la doctrina, el magisterio extraordinario de la Iglesia, ejercitado exclusivamente por el Papa, en ciertos casos no posee el carácter de la infalibilidad cuando el Papa mismo no usa explícita y declaradamente (en forma de hacerlo comprender enseguida a todos los fieles) este carisma, de que Cristo ha dotado a la Iglesia para que sea sacramento universal de salvación. Las enseñanzas de los obispos en cambio, no son cubiertas bajo la infalibilidad papal, y de hecho no son absolutamente citadas en la definición del dogma, así como lo expresa la constitución apostólica Pastor Ætérnus, tampoco si la totalidad de los obispos, que están en comunión con el papa, tiene este carisma.
  
De este importante documento del Concilio Vaticano -fácilmente descargable por internet- se evidencia claramente que la definición de “infalibilidad” papal es solo en condiciones determinadas, o sea, si está vinculada con el Evangelio y con la tradición de la Iglesia. Por tanto la pastoral de un Papa podría ciertamente NO SER INFALIBLE (clic aquí). En la acción pastoral el papa es falible como cualquier persona, como ha sucedido en los siglos pasados en el caso del Papa Pío VII, que cedió a los compromisos con Napoleón I, para después retractarse reconociendo el error.
  
El valor de la Tradición es tal que también las Encíclicas y los otros documentos del Magisterio ordinario del Sumo Pontífice en los cuales no se quiere definir ni obligar a creer son infalibles solamente en las enseñanzas confirmadas por la Tradición (Pío IX, Carta Tuas libénter, 1863), esto es, por una continua enseñanza de la doctrina, realizada por diversos Papas y durante un largo período de tiempo.
    
Después de haber explicado la “no infalibilidad” pastoral, pasemos a determinar el significado de la palabra “humildad”.
 
Está muy de moda por ahora hablar del Padre Pío y de su agonía de dos años en una celda de clausura del convento por órdenes de Juan XXIII bis.
  
Sabemos muy bien que el grandísimo santo, San Pío de Pietrelcina, desde el inicio señaló en el Concilio Vaticano II un posible gran peligro para la Iglesia de Cristo. La pregunta es: ¿Habría aceptado Padre Pío una doctrina diversa a la transmitida por los Apóstoles? ¡Obvio que NO!
  
Conocemos muy bien la intransigencia del Padre Pío en el defender la pureza de la doctrina y la pureza de las virtudes, como tuvieron modo de conocerla todos aquellos falsos penitentes que por la curiosidad se acercaban al confesionario quedando desenmascarados de su malicia, estando el padre Pío dotado del “don de conocimiento”.
  
La instrumentalización de la obediencia del Padre Pío es por tanto inoportuna y carente de sentido.
  
Primer argumento: los problemas que dieron inicio a la persecución contra el P. Pío no eran concernientes a cuestiones de Fe, sino a acusaciones relativas a su conducta de vida personal y la no autenticidad de los fenómenos místicos que le rodeaban.
  
En el caso de los tradicionalistas, la puesta en juego es en cambio tan diversa e incomparablemente más importante. Aquí se trata de defender el depósito de la Fe claramente puesto en peligro por doctrinas como el ecumenismo, la libertad religiosa, la colegialidad episcopal, la negación de la naturleza sacrifical de la Santa Misa y la sacralidad e indisolubilidad del matrimonio compuesto por un hombre y una mujer.
   
Nadie tiene el derecho de vender estos valores fundamentales, ni parece justo delegar exclusivamente a la Divina Providencia un deber como es la defensa de la Fe, que corresponde, en realidad, a cada fiel individualmente considerado. Sería como pedirle a un padre que no trabaje, aunque esté en condiciones de hacerlo, porque, a fin de cuentas, se cree que Dios alimentará a sus hijos.
  
Segundo argumento. A quien objeta que las Verdades de Fe son exclusivamente las expresadas por el “Magisterio viviente” y no las que aparecen en el Catecismo, explicitadas constantemente por la Iglesia Docente y elaboradas por nuestra recta conciencia, se puede responder fácilmente que, si a tanto iban verdaderamente las cosas, no tendría sentido alguno la instrucción religiosa. Bastaría sintetizar todo catecismo en la fórmula: “¡Obedece a tu Párroco y… dobla la cerviz!”.
  
La Fe, como bien sabemos, trasciende nuestra razón pero no la contradice. La razón también es un don de Dios, y tanto quien no la utiliza, como, al contrario, quien la absolutiza, no puede ser agradable al Altísimo.
  
Como se puede ver, por tanto, quien invoca, a menudo en mala fe, al Padre Pío para convencer a clérigos y fieles a la aquiescencia pasiva frente a órdenes claramente injustas, habla a despropósito y busca hacer hincapié inopinadamente sobre la gran devoción popular de la cual está rodeado el gran místico capuchino. Él fue, al contrario, siempre muy intransigente en la defensa de la Fe Católica y no faltaron, en su vida, episodios en que él reprobó ásperamente a hombres de Iglesia rehusando sujetarse a sus pretensiones.
 
Basta recordar, para tal propósito, el claro rechazo opuesto por el fraile, en 1920, al padre Agostino Gemelli que, por encargo del Santo Oficio, le había perentoriamente ordenado de mostrar sus heridas.
   
Fidelidad, por consiguiente, es no modernidad, la palabra de Dios es eterna, Dios no cambia de opinión.
 
«[Jesús dijo a los judíos que creían en él]: “Si permanecéis fieles a mi palabra, seréis de veras mis discípulos; conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. Le respondieron: “Nosotros somos descendencia de Abraham y no hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir: ‘Seréis libres’?”. Jesús respondió: “En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo del pecado”». (Juan 8, 31-34).
  
Floriana Castro

viernes, 28 de abril de 2017

PADRE PÍO JAMÁS CELEBRÓ EL NOVUS ORDO

Traducción del artículo publicado en THE REMNANT

   
El bienaventurado Padre Pío fue el primer sacerdote estigmatizado en la Iglesia, enviado a Dios para ser una señal para nuestros tiempos. Francesco Forgione (nacido en 1887) recibió las cinco llagas de Cristo sólo después de la ordenación (1910) cuando comenzó a ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa y fue conocido como el Padre Pío. Estas visibles y sangrantes heridas de Cristo, que recibió el 20 de Septiembre de 1918, desaparecieron del Padre Pío cuando completó su última Misa el 22 de Septiembre de 1968 -dos días después del quincuagésimo aniversario de la impresión de los estigmas-. Las heridas estuvieron relacionadas con el Santo Sacrificio de la Misa.
 
Padre Pío fue enviado como una señal visible de la naturaleza sacrificial de la Misa. En 1968, el Santo Sacrificio de la Misa estaba enfrentando cambios en los albores del Vaticano II para transformarlo en la teocéntrica e incruenta renovación del Sacrificio de Cristo en el Calvario a una cena conmemorativa antropocéntrica. El estigmatizado Padre Pío es una señal de contradiccion para este pensamiento modernista y protestantizado.
 
Como el bienaventurado Padre Pio, todos los sacerdotes son ordenados, en una forma especial, para ofrecer Sacrificio a Dios Omnipotente en la Persona de Cristo (in Persóna Christi). En el Altar de la Cruz, el sacerdote permanece in Persóna Christi, para re-presentar el Sacrificio del Calvario a los fieles a través del tiempo y el espacio para todas las generaciones desde el tiempo de Cristo hasta el fin de los tiempos. Padre Pío, que fue un representante fidedigno de Nuestro Señor, un crucifijo viviente, que fue enviado para representarnos el carácter único del sacerdote que es ordenado para ofrecer el Sacrificio, y no para ‘presidir’ en una comida comunitaria. No había mesas de banquetes preparadas en el Calvario en ese primer Viernes Santo.
 
Cualquiera puede ‘presidir’. Sólo un Sacerdote puede ofrecer el Sacrificio y efectuar la Transubstanciación, esto esl convertir el pan y el vino en el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Cristo. La Divina Víctima, Nuestro Señor Jesucristo, es ofrecido entonces a Dios Padre por el Sacerdote como Hostia de propiciación por nuestros pecados en el Santo Sacrificio de la Misa. El Bienaventurado Padre Pío, sacerdote para siempre, ofreció Sacrificio. Él no fue un ‘presidente’.
 
Cuando fueron anunciados que los cambios experimentales a la Misa Latina Tradicional, tan amada por Padre Pío, tomarían lugar a mediados de la década de 1960, Pío no dudó en solicitar el permiso de Roma para continuar ofreciendo la Misa Inmemorial en el Rito aprobado por el Concilio de Trento. Se dijo que el permiso le fue concedido en consideración a su avanzaa edad, frágil salud y pobre vista.
 
Para el tiempo en que la liturgia Novus Ordo fue promulgada por Pablo VI el 3 de Abril de 1969, Padre Pío ya tenía seis meses de muerto. El completo ‘Sacramentario’ Novus Ordo, con todas sus oraciones revisadas, sería publicado en 1970, más de un año después de que los despojos mortales del Padre Pío fueran colocados en el sepulcro. Por tanto, se puede decir ciertamente que el bienaventurado Padre Pío nunca dijo la Misa Novus Ordo. Por tanto es falso y fuera de lugar que cualquiera sugiera lo contrario.
 
DESINFORMACIÓN
Las palabras escritas por dos sacerdotes capuchinos, que conocieron y vivieron con el Padre Pío, han sido la génesis de las falaces teorías que proponen que el Padre Pío dijera la Misa Novus Ordo. Uno de esos sacerdotes, el padre Pellegrino Funicelli, que estuvo con el Padre Pío cuando murió, escribió en su libro de 1991 Padre Pio’s Jack of All Trades (pp. 401-402):
“Entre 1966 y 1967 Padre Pío recibió el permiso de la Santa Sede para decir Misa en latín, y sentado. Sin embargo, la Santa Sede permitió esto bajo dos condiciones: Que celebrara versus pópulus, y que usara el nuevo rito de la Plegaria Eucarística”.
 
Las declaraciones de este libro, que están justo ahora rondando por la internet, son engañosas. La Santa Sede dio permiso al Padre Pío de ofrecer la Misa Latina Tradicional. Este no fue meramente un permiso para una “Misa en latín”, en otras palabras, decir el Novus Ordo en latín. Usar el “nuevo rito de la Oración Eucarística” no puede significar remplazo del Canon de la Misa Latina Tradicional. Sería absurdo esperar que un anciano, débil, frágil y débil de vista Padre Pío fuera capaz de leer las palabras y aprender las rúbricas de una nueva ‘Plegaria Eucarística’. Además, el permiso de Roma a Pío y otros sacerdotes ancianos era de usar la totalidad del Misal, incluyendo el Canon de la Misa, que ellos presumiblemente memorizaron tras muchas décadas de recitación. El padre Pellegrino continúa:
“… conociendo las condiciones, él (Padre Pío) pidió al superior enseñarle la nueva forma de doxología. Después de haber visto cómo elevaría la patena, con la Hostia y el cáliz, le agradeció al superior y parecía estar satisfecho … Durante la noche me llamó y dijo: ‘Hazme un favor. Trae el cáliz y la patena en la pequeña iglesia y muéstrame el nuevo rito una vez más … Debo realizar el rito precisamente como la Iglesia desea’”.
 
Dado que fue dicho, uno esperaría encontrar fotografías o vídeos del Padre Pío sosteniendo el Cáliz en una mano y la Patena en la otra, cantando: ‘Por Él, con Él, en Él’, etc. Tales fotos y/o vídeos NO EXISTEN. NO LOS HAY. ¿Cómo puede explicarse esto?
 
Un antiguo ayudante del Padre Pío, que respondía las correspondencias en inglés, el padre Ermelindo de Capúa, es citado en internet diciendo:
“Él (Padre Pío) acostumbraba decir Misa según el nuevo orden. Para 1968 (cuando el Padre Pío murió) el nuevo orden no estaba completo aún, pero cambió algunas cosas del latín a la lengua italiana. Él intentó decir Misa según la nueva disposición de la Iglesia. Él intentó aprender y adaptarse a las nuevas reglas de la Misa. Había algún algo de latín. No cambió completamente. El Canon no lo recuerdo exactamente”.
  
Los comentarios del padre Ermelindo, arriba citados, no pueden entenderse como que el Padre Pío abandonase la Misa Latina Tradicional en favor del “nuevo orden” (Novus Ordo). Después de dar esta declaración en 2013, yo sostuve correspondencia con el padre Ermelindo y pidéndole que si tenía fotos o vídeos del Padre Pío que probasen concluyentemente que él decía el “nuevo orden” de la Misa. Él dijo que no tenía tal evidencia.
  
Así, ¿cómo resuelve uno este asunto? A menudo se dice: ‘Ver para creer’. En este caso, ‘ver’ para mí era muy esperanzador para entender las palabras dichas por los confrailes del Padre Pío. He visto cientos de fotos y docenas de vídeos capturando varias Misas del Padre Pío. Más importante aún, yo estudié con detalle el vídeo disponible de la última Misa del Padre Pío el 22 de Septiembre de 1968. Si hubiera algunas novedades agregadas a la Misa del Padre Pío, ellas seguramente saldrían a lucir en esa última Misa. Encontré que las palabras de los hermanos capuchinos del Padre Pío estaban siendo incorrectamente interpretadas en favor de una apología del Novus Ordo.
  
VER PARA CREER
Ver para creer. Esto es lo que uno puede ver con sus propios ojos respecto a esa Última Misa del Padre Pío:
  
  
Cuando el Padre Pío fue conducido desde la sacristía, pasó entre el Altar Mayor tradicional y la mesa  Novus Ordo a su derecha en su camino a su asiento (sedília), desde la cual recitaría el Confíteor y el Gloria, y diría la Oracion inicial. Él hubiera sido ayudado para levantarse de su silla y dirigirse a la mesa Novus Ordo, donde ofrecería su última Misa de cara a los fieles. Padre Pío estaba obviamente demasiado débil para subir las tres gradas del Altar Mayor. En suma, el ‘experimento litúrgico’ de Misa versus pópulum desde una mesa de pie libre estaba obviamente de moda en San Giovanni Rotondo, como también en otras partes del mundo en ese entonces.
 
El Padre Pío estaba acompañado por un diácono y un subdiácono indicando que era una Misa Mayor Solemne. El superior del Padre Pío le ordenó ofrecer una Misa Mayor ese día y el debilitado Pío obedeció. Nótese que la liturgia Novus Ordo no distingue entre Misa Mayor y Misa Menor; ni tiene subdiáconos. Esta era una Misa Latina Tradicional.
 
El Padre Pío estaba vistiendo una casulla romana blanca con un manípulo en la mano izquierda. Tal indumentaria litúrgica tradicional no se emplean en la liturgia Novus Ordo.
 
A lo largo de la evidencia fílmica, Padre Pío solamente decía las oraciones de la Misa Latina Tradicional, incluido el Canon, y las decía en latín. Este era el tiempo en que a los sacerdotes se les ordenaba decir la Misa en vernáculo. En mi biblioteca tengo un “Sacramentario” de 1966 donde todas las oraciones debían decirse en inglés. Padre Pío tenía permiso, sin embargo, de continuar ofreciendo la Misa Tridentina de un Missále Románum pre-Vaticano II.
 
En el Súscipe, Sancte Pater, Padre Pío hace la Señal de la Cruz con la Patena, y entonces deposita la Hostia en el Corporal. En el Sanctus, se escuchan sonar las campanas tres veces en la Última Misa del Padre Pío. Ambas rúbricas de la Misa Latina Tradicional fueron eliminadas de la liturgia Novus Ordo.
 
En el Canon de la Misa hay numerosas evidencias de que el Padre Pío NO está diciendo ninguna nueva ‘Plegaria Eucarística’, sino que continúa rezando el Canon Romano, como siempre hacía. En el Quam oblatiónem, Padre Pio puede ser observado haciendo múltiples cruces sobre la oblación. Justo antes de la Consagración, Padre Pío hace la Señal de la Cruz sobre la Hostia en el benedíxit de la oración Qui prídie (Consagración de la Hostia). Padre Pío también hace la Señal de la Cruz sobre el Cáliz en el benedixit de la oración Símili modo (Consagración del Cáliz). Tres campanadas separadas se dan al vuelo en cada Consagración. Señales de la Cruz fueron hechas por el Padre Pío en el Unde et mémores. Padre Pío no separaría sus pulgares e índices después de la Consagración hasta las abluciones. Estas rúbricas, del Canon de la Misa Latina Tradicional, NO se encuentran en ninguna parte de la liturgia Novus Ordo.
  
Así, de las pretensiones de que el Padre Pío practicara la “nueva forma de la doxología … levantando la patena, con la Hostia y el cáliz”, NO hay evidencia en la Última Misa del Padre Pío o en cualquiera otra de sus Misas. Esta “nueva forma de la doxología” en el Novus Ordo remplazó la “Elevación Menor” de la Misa Latina Tradicional. Sin embargo, en la Última Misa del Padre Pío en la Elevación Menor, puede verse al Padre Pío puede ser visto tomando la Hostia Consagrada con la mano derecha y haciendo las Señales de la Cruz sobre el Cáliz y el Altar como tradicionalmente en la oración Per ipsum, et cum ipso, et in ipso. El Padre Pío siguió aquí el Canon Romano de la Misa Latina Tradicional, y a lo largo de la Misa, y no sucumbió a la innovación de una “nueva forma de doxología”.
 
Padre Pio dijo el Per ómnia sǽcula sæculórum antes del Pater noster. También, al fragmentar la Hostia Consagrada en el Qui tecum, el Padre Pío es visto cantando Per ómnia sǽcula sæculórum. Pío dijo claramente el Pax Dómini sit semper vobíscum mientras hacía la Señal de la Cruz sobre el Cáliz con la Sagrada Partícula. Tanto los Per ómnia sǽcula sæculórum, como también las signaciones con el fragmento de la Hostia, hechos unos y otras en la Misa Latina Tradicional, fueron extirpadas de la liturgia Novus Ordo.
  
En el Agnus Dei, Padre Pío golpea su pecho. Más tarde se le ve haciendo la Señal de la Cruz con la Hostia Consagrada sobre la Patena antes de recibir. Estas son insignias de la Misa Latina Tradicional. El Padre Pío realiza las abluciones del Cáliz y sus dedos con vino y agua después de la Comunión. En la liturgia Novus Ordo, sólo se usa el agua.
 
En el permiso que el Padre Pío recibió para continuar ofreciendo la Misa Latina Tradicional, es de común acuerdo que le fue dado específico permiso para decir durante el año la Misa de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. En la Última Misa del Padre Pío, la oración Postcommúnio propia de la Inmaculada Concepción al final de la Misa Latina Tradicional puede discernirse claramente: “Sacraménta quæ súmpsimus, Dómine, Deus noster: illíus in nobis culpæ vúlnera réparent; a qua immaculátam beátæ Maríæ Conceptiónem singuláriter præservásti. Per Dóminum…”.
  
Habiendo proporcionado evidencia que la Última Misa del Padre Pío fue de hecho la Misa Latina Tradicional, con todo hubo al menos dos innovaciones que sucedieron: Misa en un altar/mesa de cara al pueblo; y el subdiácono leyendo la Epístola en italiano desde un púlpito de cara al pueblo. En suma, aunque ellos pudieran haber editado los vídeos que he visto, no hay evidencia de las Oraciones al Pie del Altar o el Último Evangelio, notando que esas fueron omisiones típicas durante el tiempo de las ‘experimentaciones’ post-Vaticano II.
   
La Misa estaba cambiando alrededor del mundo y ante los propios ojos del Padre Pío. Como un sacerdote de orden religiosa debilitado, casi ciego, sujeto a la obediencia a su superior, y sin suficiente fuerza para ofrecer una resistencia efectiva, el Padre Pío fue llevado por la voluntad de otros y fue fisicamente dirigido a su Última Misa. Tan debilitada su vista como estaba, el Padre Pío pudo ver lo suficiente para ver que era tiempo de salir de este mundo. De hecho, el mismo día de su Última Misa, su tumba fue bendecida y fallecería a las 2:30h de la mañana siguiente, el 23 de Septiembre de 1968.
 
CONCLUSIÓN
Durante casi toda la vida terrena del Padre Pío, ofreció la Misa Latina Tradicional exactamente siguiendo el Misal Romano del magno San Pío V, que los sacerdotes habían usado por siglos sin cambio alguno, previo al tiempo del Concilio Vaticano II. Cuando él se sintió víctima de los ‘experimentos litúrgicos’ antes de la introducción de la Misa Novus Ordo, sus estigmas comenzaron a, y eventualmente, desaparecer, justo como la naturaleza sacrificial de la Misa comenzaba a desaparecer.
 
Como un anciano debilitado que le falla la vista al borde de la muerte, el Padre Pío fue como un cordero llevado al matadero en su Última Misa. Padre Pío sería la perfecta imitación de Cristo, ‘in Persóna Christi’ al extremo, hasta el final. Como un debilitado Padre Pío fue llevado por un grupo de hombres a la mesa ‘de cara al pueblo’, él fue expuesto a la plebe y puesto en la escena pública, muy parecido a nuestro divino Señor Jesús cuando murió clavado en la Cruz del Calvario. Del mismo modo en que el costado del Hijo de Dios fue traspasado por una lanza y las últimas gotas de su Preciosa Sangre fueron  drenadas de su Cuerpo, así también se afirmó que después de su Última Misa, el cuerpo del Padre Pío estaba prácticamente vacío de sangre.
 
El Padre Pío tuvo un colapso al concluir su Última Misa y tuvo que ser llevado de la sacristía a su celda, donde estuvo pronto para su tránsito con sus últimas palabras, “Jesu et María” en sus labios. Así como la Misa Latina Tradicional fue desterrada de este mundo, remplazada casi en todos lados por la Misa Novus Ordo, así también el bienaventurado Padre Pío hizo su dolorosa salida del santuario. El sacerdote actuante ‘in Persóna Christi’ en el Santo Sacrificio de la Misa sería remplazado por un ‘presidente’ en una ‘cena comunitaria’.
 
Sin embargo, justo como Jesús resucitó de entre los muertos, la Misa Latina Tradicional, la Misa que no podía morir, está regresando. Dios no permitiría que el Santo Sacrificio de la Misa, instituido por Él y ofrecido a Él, desapareciera de este mundo. El Padre Pío, el santo de la Misa Latina Tradicional, continúa siendo una inspiración y un intercesor para todos los sacerdotes y seminaristas que son llamados por Dios a dedicar sus vidas en la Misa de Siempre.
 
Siempre ha habido, y todavía lo hay, un remanente de fieles que permanecen leales a la Misa Latina Tradicional. Recuerda siempre, y no dejes que nadie te desaliente: “…En la hora presente ha quedado un remanente, escogido por gracia” (Romanos 11, 5). Nosotros somos ese remanente. El bienaventurado Padre Pío es de los nuestros.