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martes, 7 de octubre de 2025

EL ROSARIO, ORACIÓN DE LA FE

Tomado de RADIO SPADA.
  

Esta devoción es la medida infalible del nivel de piedad y religión alcanzado por un pueblo. Donde su práctica languidece, el termómetro de la vida religiosa se congela; donde florece y se reza a diario, tanto en la iglesia como en el hogar, se mantienen el fervor y la generosidad en el servicio divino. Casimiro II de Polonia comprendió bien este principio cuando escribió al General de los Dominicos: «Venero tu santo hábito, beso tus manos consagradas, rogándote que me envíes predicadores del Rosario para la reforma de mi pueblo». San Carlos Borromeo lo comprendió bien, al iniciar la reforma de la diócesis milanesa introduciendo el rezo público del Rosario en todas las parroquias. Y el venerable cardenal Vincenzo M. Orsini, arzobispo de Benevento, empleó los mismos medios para reavivar la verdadera piedad entre la grey confiada a su cuidado.
   
Pero otra ilustre prerrogativa de esta devoción es que ha contribuido poderosamente a la propagación del cristianismo entre los idólatras. Citemos algunos ejemplos.
   
Se sabe que la misión de Tonkín (a la que se anexan las Islas Filipinas y China), la más grande de la Orden Dominica y una de las más laboriosas de la Iglesia, debe sus espléndidos éxitos al Rosario. Desde el siglo XVII, la religión católica había prosperado en muchas comunidades cristianas de Japón, pero repentinamente el gobierno ordenó detener su progreso y masacrar a los misioneros y sus auxiliares. Entre ellos, varios dominicos fueron condenados a ser quemados vivos. Una gran multitud los siguió mientras los conducían a su ejecución, derramando lágrimas desconsoladas, no por la feliz fortuna de los afortunados mártires, sino por la desolación que les dejó su partida. Cerca de la muerte, el querido Padre José Salvanés de San Jacinto se volvió con ternura hacia aquella multitud y, para brindarles a todos un supremo consuelo, les habló del Rosario: «Aquí —dijo— os dejo: la meditación de los misterios reemplazará a los predicadores y sermones que perdéis». Esta profecía se cumplió. La fe permaneció viva en muchas familias cristianas, tanto que, cuarenta años después, el General de la Orden proclamó la firmeza de aquellos cristianos a pesar de la persecución y la tortura como fruto del trabajo de sus misioneros. Y hay más. En la primera mitad de este siglo, es decir, más de doscientos años después de la muerte de aquellos apóstoles, los nuevos misioneros se sorprendieron gratamente al encontrar en aquellas regiones, nada más poner pie allí, rastros visibles de la verdadera fe, entre ellos, por ejemplo, una mujer de setenta años perfectamente instruida en el catecismo, algo asombroso considerando que ya no había cristianos en todas aquellas regiones. Bautizada y educada a la tierna edad de doce años, y viviendo entonces con padres infieles sin ninguna comunicación con cristianos, ¿cuál fue el medio que empleó para mantenerse firme en la fe que profesaba? Nada menos que el rezo diario del Rosario. El acontecimiento se relata en los Anales de la Propagación de la Fe y tuvo lugar en China.

P. THOMAS HERMANN JOSEF ESSER MÖNCH OP. En Il Rosario. Memorie Domenicane, Año XIV, 1897, Roma, págs. 166-168.

sábado, 14 de diciembre de 2024

NO LES BASTÓ CON LOS LUMINOSOS…


El obispón William Albert “Bill” Wack Finley CSC de Pensacola-Tallahassee (Florida, Estados Unidos) promulgó en una carta pastoral el pasado 9 de Diciembre los “Misterios esperanzadores” (o “Misterios de la Esperanza”), a saber: la Creación, el Gran Diluvio, el Sacrificio de Abraham, la Pascua, y la Inmaculada Concepción.
   

      
TRADUCCIÓN:
Diócesis de Pensacola-Tallahassee 
Oficina del Obispo
Calle 11 Norte B
Pensacola, Florida 32502
Oficina: (850) 435-3500
Correo electrónico: bishopsoffice@ptdiocese.org
    
Los Misterios de la esperanza
   
Me place y honra presentar, para el pueblo de la Diócesis de Pensacola-Tallahassee, los Misterios de la Esperanza del rosario. Este es el resultado de un gran esfuerzo de oración y deliberación entre algunos miembros de nuestra iglesia local, y ahora es un regalo para la iglesia (sic) universal también.
   
Los Misterios de la Esperanza nos ayudan a recordar y abrazar la salvación que nos ha venido desde los primeros momentos tras la Caída de nuestros primeros padres. Por supuesto, nuestra salvación no comenzó con la Anunciación. De hecho, el Magníficat de María (su himno de alabanza que ella proclamó en la Visitación) exalta la obra de Dios por medio de nuestros antepasados: «Dios, que es Poderoso… ha recordado la promesa de misericordia; promesa que Él hizo a nuestros padres, a Abrahán y su descendencia por siempre». Esta promesa halla su origen en el primer anuncio de la salvación en el Génesis, cuando Dios le dice a la serpiente: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre su descendencia y la tuya. Él (sic) te aplastará la cabeza cuando tú le hieras en el talón» (Gén 3:15).
   
Desde allí, las Escrituras Hebreas ofrecen la promesa y profecía mientras el plan de Dios se desarrolla en la historia. El Nuevo Testamento, especialmente los Evangelios, anuncia la culminación y la esperanza que es nuestra en Jesucristo. Una de las bendiciones de los Misterios de la Esperanza es que nos ayudan a familiarizarnos un poco más con toda la Biblia.
   
Luego de los efectos devastadores de la caída de la humanidad –que introdujo el pecado y la muerte en la creación–, Dios promete la liberación. Después del diluvio, Dios hace una alianza con Noé. El sacrificio de Abrahán es mencionado en el Canon Romano (Plegaria Eucarística I) como una previsión del autosacrificio de Cristo, Hijo Unigénito de Dios, por la salvación del mundo. La Pascua, con la cena memorial y la salvación de nuestros antepasados por el signo de la sangre del cordero, es un tipo de la salvación eterna que nos ganó la Sangre de Cristo en la Cruz. Luego, maravillosamente, el último Misterio de la Esperanza es la Inmaculada Concepción (que preparó a María desde el primer momento de su existencia para su vocación en la Anunciación para ser la digna Madre del Hijo de Dios, el Salvador del Mundo), acaecida alrededor de 15 años antes de la Anunciación. Dios ha preparado a María para ser la digna Madre de Su Hijo, el Salvador del Mundo.
    
Tenemos ya ejemplos en el Evangelio donde Jesús conectó la Ley y los Profetas a la historia de la salvación. Elías y Moisés se aparecieron junto a Jesús, como un signo que la Ley y los profetas se cumplen en el Misterio pascual del Hijo. Y en el encuentro con los discípulos en el camino de Emaús, Jesús les abre las Escrituras (esto es, lo que conocemos como el Antiguo Testamento) para mostrar que la Ley y los profetas señalan a la venida del Señor.
    
Mientras más rezo estos misterios, entiendo más profundamente el misterio de la salvación. De hecho, rezar estos misterios verdaderamente imparte esperanza a todos quienes los rezan con un corazón abierto. Esta esperanza es muy verdadera, y también está en marcha. En medio de los pecados y pruebas personales de toda clase, vivo en la esperanza del perdón y la vida eterna.
    
Habrá más información disponible en el futuro, como también folletos en inglés y español. Si quieres conocer más sobre los Misterios de la Esperanza, revisa los siguientes links:
  • Episodio de pódcast con el Dr. Tom Neal y el P. Chris Winkeljohn clic aquí.
  • El folleto bilingüe clic aquí.
No asigno estos misterios para un día en particular, como los otros misterios del rosario, pero recomiendo rezarlos ocasionalmente en lugar de los otros. Ciertamente, si rezas más de un rosario al día, podrías rezar los Misterios de la Esperanza después de rezar los asignados al día.
    
Que Dios les bendiga con el don de la esperanza, sabiendo que cada uno de nosotros está presente en el plan salvífico de Dios.
   
En la paz de Cristo,
   
(Fdo.) Obispo William A. Wack CSC
Diócesis de Pensacola-Tallahassee

Estos “Misterios esperanzadores” fueron promulgados en ocasión del jubileo bergogliano de 2025, llamado “Peregrinos de la Esperanza”. Según el sitio web promocional (que anuncia que los ingresos por los pedidos del folleto en inglés y español serán destinados para la construcción del santuario “Santa María Reina de los Mártires”, fueron concebidos por un feligrés local, y propuestos a la diócesis, donde tras una revisión, se les dio Nihil obstat e Imprimátur el 22 de Agosto de 2024.

Wack aclara que no está promulgando un nuevo conjunto de misterios universales «como sucedió cuando San Juan Pablo II el Grande (sic) promulgó los Misterios Luminosos en el 2002». En realidad, Wojtyla solo los propuso, SIN MENCIONAR NADA DE LA OBLIGATORIEDAD.

“Bill” Wack, noveno hijo del fallecido médico James Edward “Jim” Wack y Alice Claire Finley, y hermano del también presbítero Neil F. Wack CSC (administrador parroquial de la iglesia de la Inmaculada Concepción en North Easton, Massachusetts; y asistente provincial y secretario de la Congregación de la Santa Cruz), fue “instalado” presbítero el 9 de Abril de 1994 por el arzobispón James Hector McDonald CSC de San Juan de Terranova (Canadá) y obispón de Pensacola-Tallahassee el 22 de Agosto de 2017 por el arzobispón de Miami Thomas Gerard Wenski/Wiśniewski Zawacki.

En redes sociales, se han propuesto los “Misterios radicales” (la División del Mar Rojo, la Expulsión de los cambistas, Pedro cortándole la oreja a Malco, la Ostensión de las Llagas a Tomás, y San Juan saliendo indemne del aceite hirviendo), parodiando la propuesta de Wack.

Si la Santísima Virgen hubiese querido más misterios para SU Salterio (el Santo Rosario), sean “Luminosos”, “Cotidianos”“Arcoíris”, “Esperanzadores” o lo que sea, Ella misma lo hubiese dicho a Santo Domingo de Guzmán, a quien le reveló esta devoción el 25 de Marzo del año 1212. Pero como Ella no reveló más que los Misterios Gozosos, Dolorosos y Gloriosos, no hay más. Cualquier adición o sustitución podrá ser un rosario, mas NO ES EL ROSARIO DE LA VIRGEN, ni tiene las promesas e Indulgencias que contiene.

lunes, 7 de octubre de 2024

SOLEMNIDAD DEL SANTO ROSARIO

Sermón predicado por el Ilmo. Sr. Obispo D. Fernando Altamira, Superior de la Sociedad de Santa María, en la Solemnidad del Santo Rosario de Nuestra Señora (domingo 6 de Octubre de 2024).
   
   
SOLEMNIDAD DEL SANTO ROSARIO
   
TODO EN MARÍA y POR MARÍA. Y por las BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO
   
Queridos hijos:
  
Estamos festejando la Solemnidad del Santo Rosario, propiamente de “Nuestra Señora del Santo Rosario”, santa Patrona de nuestras “Hermanas Oblatas del Santo Rosario”, muy especialmente hemos de rezar hoy por ellas. Intentemos algunas consideraciones:
  
-Comenzar por la importancia del SANTO ROSARIO rezado CADA DÍA SIN EXCEPCIÓN : ello da la Salvación Eterna; ver la importancia de esto para cada alma y para cada familia, máxime en esta crisis tal vez “final” que vivimos, surgida a partir del del conciliábulo Vaticano II y de la falsa Iglesia Moderna allí creada:
-Desde entonces se ha hecho tan difícil el apostolado y el trabajar para la salvación de las almas. Por eso, tal vez para esta época, y por disposición de la Providencia, en el Santo Rosario hay UNA PUERTA SIEMPRE ABIERTA para la Salvación de las Almas. Más adelante nos entenderán mejor. 
-Aplicar estas cosas a nuestros fieles; sea en forma individual, sea en sus familias:
-Muchos de nuestros fieles rezan el Rosario CADA DÍA (y algunos más de un Rosario por día); pero igualmente los padres sabemos que hay un cierto número de fieles que no entienden el tema de la Salvación Eterna, y no hacen su Rosario cada día, y en algunas familias no se hace el Rosario diario, o se lo hace con falta de respeto o displicentemente (y eso ofende a Dios y no sirve).
-Hoy (y mañana lunes: Fiesta del Rosario), punto obligado corresponde a nuestras “Hermanas Oblatas del Santo Rosario”, rezar por ellas, todos los fieles (hoy y mañana), pues tenemos a su Patrona: Nuestra Señora del Rosario, y ello tanto tiene que ver con las oraciones diarias que ellas hacen por nosotros los sacerdotes y por todos los fieles (3 Rosarios por día, además del resto de sus oraciones). Y el tema de lograr el Rosario cada día en los fieles, debe ser, y es, un apostolado principal y especial en nuestras Hermanas, PARA SALVAR ALMAS CON EL ROSARIO: pues ellas deben empujar a las personas a que lo recen CADA DÍA.

(Cuerpo)

[ 1 ] Primero: El Santo Rosario CADA DÍA y la Salvación Eterna, máxime en estos tiempos, ante esta crisis y la falsa Iglesia Moderna del Concilio Vaticano II.
  
Más de una vez hemos explicado la situación en que estamos los católicos desde el Concilio (conciliábulo) Vaticano II, con la formación desde allí de una nueva falsa religión, la Religión Moderna, y de esa falsa iglesia allí creada, la también llamada Iglesia Moderna y sus falsos papas, presentándose todo ello al orbe como si fuese la Iglesia Católica, y engañando a millones de almas buenas y de buena fe en el mundo entero, traicionadas y engañadas en su deseo de Catolicismo, desde los años 60’, presentándoles “algo” y dándoles a comer “algo”, “una cosa”, que no es la Iglesia Católica [1]

Esta situación creada con esta falsa Iglesia Moderna engañando a tantos seres humanos de buena fe, situación que se muestra sin solución “por mano humana”, es una de las señales más claras de que tal vez estamos viviendo los tiempos finales, tiempos del Apocalipsis, ante lo cual, si es así, “levantad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra Redención: se acerca nuestro Triunfo”, todo esto terminará en el triunfo de Dios Nuestro Señor Jesucristo y de su Catolicismo, y de los que sean de Él. Mientras tanto, hasta que Él venga, debemos cumplir cada uno con nuestro deber hasta el final:
  • Las familias y matrimonios con sus obligaciones, con hijos santos, con LA FAMILIA NUMEROSA, haciendo santos a sus hijos para el Catolicismo.
  • Los sacerdotes y obispos con nuestras obligaciones, con nuestro apostolado, con las ordenaciones sacerdotales, buscando salvar todas las almas que Él nos permita.
Ante una realidad así, con la falsa Iglesia Moderna engañando a millones, todos hemos experimentado lo difícil que es hacer apostolado, lo difícil que la gente comprenda esta realidad, entender que esa falsa Iglesia Moderna no es la Iglesia Católica, y el dejar eso falso y “moderno”, para seguir, o intentar seguir, lo que los católicos DE TODAS LAS ÉPOCAS hemos hecho, lo que los católicos DE TODOS LOS TIEMPOS hemos hecho:
-Practicar nuestro Catolicismo COMO SIEMPRE FUE, sin cambiarlo: Ser católico como lo fue mi abuelo, como lo fue mi bisabuelo, como lo fue mi tatarabuelo, mi chozno abuelo, ser católico como lo fue Don Bosco, como lo fue el Papa León XIII, San Pío X y todos los santos, ser católico como lo fue el fundador de Bogotá: Don Gonzalo Jiménez de Quesada, ser católico como lo fueron los Patronos de Colombia: San Pedro Claver y San Luis Beltrán -del cual esta semana es la fiesta-.

Y así con esta falsa Iglesia Moderna fungiendo y fingiendo como si fuera la Iglesia Católica, todos hemos experimentado lo difícil que es hacer apostolado:
-con nuestras familias, o porque no entienden todo este “lío colosal”, o porque no están interesados en la Religión (pues están impregnados de mundo y de mundanidad), o porque es más cómodo quedarse con la falsa y light Iglesia falsa Moderna;
-todos o muchos han experimentado lo difícil que es convertir o hacer apostolado con sus hijos, convertir a nuestros padres, convertir al esposo o a la esposa, convertir a nuestros hermanos y tíos, a nuestros amigos, a nuestros compañeros de trabajo.

Entonces la pregunta a hacerse es QUÉ HACER, CÓMO TRABAJAR EN LA SALVACIÓN DE ESAS ALMAS.
  
Y respuesta es: HACER o LOGRAR HACER QUE RECEN EL ROSARIO CADA DÍA y SE SALVARÁN: ésa es la gran promesa que tiene el Santo Rosario.
   
[ 2 ] Una insistencia, como apartado segundo: “El Santo Rosario CADA DÍA y la Salvación en estas épocas que se muestran como LOS FINALES”.

Repitamos: La solución y la respuesta sobre qué hacer para salvar almas en estas épocas, ante la confusión que causa la falsa Iglesia Moderna, la solución es: Hacer que esas almas recen el Santo Rosario CADA DÍA SIN EXCEPCIÓN y llegarán al Cielo.

Mas ha de ser todos los días sin excepción, y que lo hagan EN FAMILIA, dirigido por el jefe de la casa, que es el papá, y si el papá no quiere hacer o dirigir el Santo Rosario -grave-: Que Dios se lo reclame, y que Dios le pase la cuenta.
-Rezar el Rosario CADA DÍA: Éste es, y debe ser, un apostolado de todos nuestros fieles, con las estampitas del Rosario que han hecho las Hermanas; y que hoy -tal vez por tercera o cuarta vez- les hemos dejado en sus bancos, para que tengan y las repartan.
-Y también repetimos: Eso de empujar a cualquier prójimo a que rece el Rosario CADA DÍA para su Salvación Eterna, es, y debe ser, un especial y “absoluto” apostolado de nuestras Hermanas, pues ellas se llaman “Hermanas Oblatas del Santo Rosario”. Digamos así: No debe haber persona que cruce la puerta de esta Capilla, sin que las Hermanas le hayan dado ya su estampita del Santo Rosario diario, “entra alguien... tomé esta estampita, rece el Rosario y va al Cielo”: automático.
   
[ 3 ] Apartado tercero: “Las promesas de Salvación Eterna y otros dones que se consiguen gracias al Rosario CADA DÍA”; es lo escrito en las estampitas:
-“Quien lo reza CADA DÍA, consigue la Salvación Eterna. Algunas promesas del Santo Rosario tomadas de los escritos del Beato Alano de la Roche (discípulo de Santo Domingo): 1) El que con devoción rece mi Rosario considerando sus sagrados Misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo, Y EN TODO CASO SERÁ ADMITIDO A LA VIDA ETERNA. 2) Quien rece constantemente mi Rosario, recibirátoda gracia que pida. 3) El alma que se me encomiende por el Rosario no será condenada. 4) Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los sacramentos. 5) Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas de mi Rosario.”
   
Dicho sea de paso, los católicos rezamos el Rosario “como se debe rezar”, los católicos rezamos como nuestros antepasados y los santos, CON LOS TRES MISTERIOS DE SIEMPRE, y NO con los misterios luminosos (que nunca existieron) y son un invento creado por la mencionada Iglesia Moderna.
   
[ 3 bis ] El Rosario rezado CADA DÍA lleva al Cielo, “pero Monseñor: NO TENGO TIEMPO”:
“No tengo tiempo”. ¿Realmente no tengo tiempo? No tengo tiempo para lograr mi Salvación Eterna con un Rosario diario, con 25 minutos, y gano el Cielo: ¿No tengo tiempo?
-Veamos un día entero: Pongamos 8 horas para trabajar, pongamos 8 para descansar (muchos descansan menos), me quedan todavía 8 horas. Pongamos pierdo 2 horas en
transporte: me quedan todavía 6 horas. Pongamos entre descanso y tiempo libre: 2 horas; me quedan todavía 4 horas. Pongamos que “la eterna pérdida de tiempo moderna: el whatsapp, el youtube, el Instagram, el antiguo Twitter, el Facebook, y mil más (se pierden horas allí), me lleva 2 horas más (no me parece muy bien, y creo que es más el tiempo que se pierde con eso), pero aun así todavía me quedan 2 horas del día: PERO CON TODO ESO: 25 minutos para irme al Cielo, el Santo Rosario cada día, “no tengo tiempo”.
[ 3 ter ] “Monseñor, yo no me organizo, ni tengo la constancia, para hacerlo CADA DÍA sin excepción, YO NO LO HAGO CADA DÍA”.
Los seres humanos, a pesar del pecado original, somos capaces, a veces, de ser organizados y DISCIPLINADOS con algunas cosas, en pocos casos, pero cuando es necesario es necesario, lo hacemos. Pongamos, Dios no lo permita, que un médico nos dice “mala noticia: tiene cáncer y se puede morir; pero tiene suerte, existe para usted un tratamiento para salvar la vida, es muy cómodo: lo puede hacer en su casa o donde sea -sin necesidad de venir al Hospital-, el tratamiento le llevará 25 minutos por día; eso sí: Por el cáncer que usted tiene, es necesario que sea CADA DÍA sin excepción, de lo contrario se muere”. Si un médico nos dice así: ¿Quién de nosotros dejaría de hacerlo un solo día: NADIE, y está muy bien porque hay que salvar la vida; y si por la vida aquí en la tierra (que igualmente más tarde o más temprano se acabará y nos moriremos) yo soy capaz de ser serio, y formal, y tener disciplina, y hacerlo cada día sin excepción: ¿Para hacer el Rosario que ya no es para esta vida sino para la Vida Eterna, para la salvación Eterna, no lo hago? Miren que no tendrán excusa ante Dios, están advertidos: Deben rezar el Rosario CADA DÍA.
   
[ 4 ] Estas promesas de Salvación Eterna que tiene el Santo Rosario CADA DÍA son impresionantes. Muchas almas no entienden lo de esta falsa Iglesia Moderna:
  
Entonces hemos de procurar hacerles rezar CADA DÍA el Rosario, y al Cielo. Apartado cuarto: “La Virgen, su Rosario CADA DÍA, y la Profecía del Apocalipsis”.
  
Tal vez para estas épocas que “parecen” tiempos finales, “puede” haber una Profecía en relación a la Virgen y en relación a “algo de la Virgen: ¿el Rosario?”, y que eso permita la Salvación de muchos en este caos en que vivimos: ¿Será la Virgen María y su Santo Rosario lo que está allí oculto en la letra de esa Profecía?, no lo sé: ojalá que sí, pero vale la pena escuchar la pura letra. Se trata de la Profecía de “Las Cartas a las Siete Iglesias del Apocalipsis” (los capítulos 2 y 3), en donde -según casi todos los exégetas católicos- se habla de toda la Historia de Iglesia desde el Siglo I hasta la Parusía. El fragmento en cuestión es el de la Iglesia de Filadelfia (cap. 3,7-13) que parece nuestra época (parece hablar incluso de la próxima conversión de los judíos); escuchemos:

7 Et ángelo Philadeéphiæ ecclésiæ scribe : Hæc dicit Sanctus et Verus, qui habet clavem David : qui áperit, et nemo cláudit : cláudit, et nemo áperit :
8 Scio opera tua. Ecce dedi coram te ÓSTIUM APÉRTUM, QUOD NEMO
POTEST CLÁUDERE : quia módicam habes virtútem, et servásti verbum meum, et non negásti nomen meum.
9 Ecce DABO de synagóga Sátanæ, qui dicunt se Judǽos esse, et non sunt, sed mentiúntur : ecce fáciam illos ut véniant, et adórent ante pedes tuos : et scient quia ego dilexi te,
10 quoniam servasti verbum patientiæ meæ, et ego servabo te ab hora tentationis, quæ ventura est in orbem universum tentare habitantes in terra.
11 Ecce venio cito : tene quod habes, ut nemo accipiat coronam tuam.
7 Y al Ángel de la Iglesia de Filadelfia escribe: Estas cosas dice el Santo y el Veraz, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie cierra, el que cierra y nadie abre:
8 Conozco tus obras. He aquí que yo te he dado UNA PUERTA ABIERTA, QUE NADIE PUEDE CERRAR: porque tienes poca fuerza, y has conservado mi Palabra, y no negaste mi Nombre [quiera Dios que, a pesar de que a los católicos ya no nos queda fuerza, y a pesar de que casi ya no podemos ni somos nada, quiera Él que esa “Puerta Abierta, Ostium Apertum, que nadie puede cerrar” sea, en medio de esta nada en que estamos, “LA PUERTA SIEMPRE ABIERTA de la Santísima Virgen y de su Santo Rosario” para salvar siempre almas, para seguir salvando almas en medio de este estado de cosas]
9 [Y viene parece uno de los anuncios de la conversión de los judíos]
He aquí que TE DARÉ (algunos) de la Sinagoga de Satanás, los cuales se dicen a sí mismos ser judíos y no lo son, sino que mienten;
he aquí que Yo los haré que vengan, y que adoren ante tus pies, y sabrán que Yo te he amado, 
10 porque has conservado la Palabra de mi paciencia (de mi padecer),
y Yo te preservaré de la hora de la tentación-tribulación, que va a venir al universo mundo para probar a los habitantes de la tierra.
11 He aquí que Yo vengo pronto: Mantén lo que tienes, para que nadie te quite tu corona [2]

  
Tal vez (no lo sé) eso de “algunos la Sinagoga de Satanás, los que se llaman a sí mismos ser judíos y no lo son”, tal vez sea por los judíos asquenazis que no son de raza judía, sino un pueblo de Europa del Oriente (zona de los Cáucasos -si no me equivoco-) que se convirtió a la religión de los judíos siglos atrás.
   
[ 5 ] El apartado cinco: “Nuestra Señora del Rosario y las Hermanas Oblatas del Santo Rosario, su lucha y SUS NUEVAS VOCACIONES”.
Estamos en una guerra, en la peor guerra, en una guerra que se muestra “final”. Después de los 40’, la verdadera Tercera Guerra Mundial fue el Concilio Vaticano II: LA FALSIFICACIÓN DE LA IGLESIA CATÓLICA.
   
Decimos esto, porque el Concilio Vaticano II causó muchísimo más daño a la Humanidad que las Guerras Mundiales: Contra los 60 millones de muertos de la Segunda Guerra [3].

, y contra los tal vez 40 millones de la Primera Guerra, contra esa carnicería atroz, “la Tercera Guerra Mundial del Vaticano II” ha sido peor: Porque las dos Guerras -nuevamente atroces- mataban los cuerpos, y el Vaticano II con su falsa Iglesia Moderna mata las almas. Esta guerra espiritual del Vaticano II, “donde no se ven las balas” pero la mortandad -si bien invisible- es peor, sobrepasa en maldad y daño a las dos Guerras. Y también las sobrepasa en duración, pues las dos Guerras culminaron al cabo de unos 5 años aproximadamente, mas la Tercera Guerra del Vaticano II, comenzada en los 60’, después de más de 60 años, aún no ha terminado, seguimos padeciéndola, y sigue “matando almas”, para terminar tal vez en el Nuevo Orden Mundial explícito y en el futuro Gobierno Mundial del Anticristo y su Religión Mundial del Falso Profeta.
   
Esto no quita que también estamos a las puertas de la Tercera Guerra Mundial, no espiritual como Vaticano II, sino como las primeras dos: La Guerra de los Judíos en Palestina y países vecinos, la Guerra de Rusia contra Ucrania y la OTAN, tal vez a las puertas de otra mortandad de millones de cuerpos. Pero en definitiva, esa guerra espiritual comenzada en los 60’, Vaticano II con la falsificación del Catolicismo, es la más grave y la peor, y es la que más daño causa a las almas, y por eso esta Guerra es nuestro ámbito de lucha, y EL ÁMBITO DE LUCHA DE NUESTRAS HERMANAS OBLATAS. En toda guerra hay DOS FRENTES:
  • -Los hombres que dan la vida en el frente de batalla, los combatientes que “reciben todas las balas”.
  • -Y el segundo frente es el de los auxiliares de guerra, clave, absolutamente clave como el primero, porque “los hombres de guerra” no podrían luchar si no hubiera toda una maquinaria y una estructura por detrás de ellos (“logística” dicen hoy), una maquinaria que les permitiera recibir gran parte de lo necesario para luchar: pertrechos de guerra, balas municiones, alimentos, comunicaciones, combustibles, etc.
Pues bien, en la comparación, a los sacerdotes nos toca el frente de batalla (“poner el pecho a la bala”), y las “Hermanas Oblatas del Santo Rosario son nuestras indispensables AUXILIARES DE GUERRA”, con sus oraciones, con sus trabajos, AYUDANDO en el trabajo del apostolado de los padres, con su cuidado de la Capilla, con su cuidado de las modas, con sus consejos a los fieles y sus pequeñas charlas, con la librería, con el coro, etc., etc., etc. Ni el Padre Pío, ni yo, somos capaces de cumplir con TODO lo que exige de tiempo y de trabajo nuestro apostolado, estamos totalmente “desbordados”, y aun así, lo poco o mucho que logramos hacer, sería imposible sin la ayuda de las “Hermanas Oblatas del Santo Rosario”, nuestras buenas “AUXILIARES DE GUERRA”.
  
Y ESTAS AUXILIARES DE GUERRA TIENEN QUE TENER MÁS VOCACIONES, Y NECESITAN MÁS VOCACIONES.
   
Por eso invitamos a las jovencitas de todas nuestras capillas de Colombia, para que tengan una pequeña experiencia, compartiendo las oraciones, la vida, los horarios, y los trabajos con las Hermanas, pasando una semana viviendo con ellas dentro del Convento.
  
Ya una jovencita, de apenas 16 años, hizo su experiencia hace algo más de una semana atrás, y se anuncian jovencitas -dos posibles casos- para sus experiencias en diciembre. Pero invitamos a todas las otras que quieran conocer cómo viven las Hermanas y qué hacen ellas, para que pasen una semana o algo más en el Convento, en estos meses de octubre y noviembre: Hablen con el Padre Pío o conmigo.
  
Yo creo que fomentando estas “experiencias en el Convento” podremos descubrir (y si me permiten: hacer surgir) vocaciones de Hermanas. 
   
La lucha es bien grande, y no tenemos con quién luchar. El Ejército de Dios es un ejército sin hombres, no tiene combatientes, y no tiene “COMBATIENTAS”: Esperamos a las jovencitas (y esperamos a los varones). Todo el espíritu católico fue un espíritu de lucha, de esfuerzo, de combate, de sacrificio, “lo que los católicos sabíamos: Luchar”. En estos finales de la Historia, y apuntando al triunfo final con Dios Nuestro Señor Jesucristo y su Parusía, no podemos prescindir de esto: Luchar.
   
La Fiesta del Santo Rosario, la Patrona de las Hermanas, nació para festejar la lucha, por orden del Papa San Pío V, el triunfo de la batalla de Lepanto, “la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros” (así dijo Miguel de Cervantes Saavedra, “el manco de Lepanto”).
   
FIESTA DEL ROSARIO: Estamos en guerra, esperamos jovencitas para las Hermanas, y varones para nosotros: “Lo que los católicos sabíamos: Luchar”.
   
AVE MARÍA PURÍSIMA.

NOTAS
[1] – (+) También hemos dicho ya: En el ser humano, están esos dos grandes ámbitos, la sociedad civil y la sociedad religiosa; y “la sociedad religiosa” únicamente encarnada por la Iglesia Católica, pues sólo ella es la única religión verdadera (la única religión de Dios) y todas las otras son religiones falsas. – (+) Ahora bien, como el ámbito superior y más importante es el ámbito religioso, la sociedad civil puede estar todo lo corrompida que ustedes quieran (piensen en la corrupción de la última parte de la época romana), pero si la sociedad religiosa, la Iglesia Católica está bien, TODO se puede arreglar, TODO se puede mejorar; y de hecho se mejoró hasta la cúspide de la Civilización Humana, hasta la cúspide de la Civilización Occidental: Los Siglos XI, XII y XIII de la Edad Media, la cúspide religiosa y de la civilización: La Cristiandad Europea, eso fue Europa y así Europa, eso que fue la cumbre, y es obra de la Iglesia Católica. – (+) Pero cuando la sociedad religiosa también está corrompida, ya no hay solución, toda sociedad civil se puede arreglar si la sociedad religiosa (la Iglesia Católica) está bien, mas la sociedad civil no se puede arreglar si la sociedad religiosa está mal o falsificada y corrompida (la falsa Iglesia del Concilio Vaticano II), en esas circunstancias: NADA se puede arreglar. – (+) Hacer el bien a pequeña escala, persona-a-persona, o con algunas personas y familias, siempre se podrá y debemos hacer, allí está el esfuerzo de apostolado y de familias católicas, pero a nivel “global” ya no, a nivel “global” ya no se puede dar una solución humana, y menos aun ante el caso de la Iglesia Moderna fungiendo como si fuera la Iglesia Católica y haciendo una falsificación de nuestro Catolicismo, adulteración o falsa Iglesia Moderna, que en última instancia es un auxiliar más para la corrupción mundial y para la implementación final y explícita del Nuevo Orden Mundial.
[2] 12 Qui vícerit, fáciam illum colúmnam in templo Dei mei, et foras non egrediétur ámplius : et scribam super eum nomen Dei mei, et nomen civitátis Dei mei novæ Jerúsalem, quæ descéndit de cælo a Deo meo, et nomen meum novum. 13 Qui habet áurem, áudiat quid Spíritus dicat ecclésiis.
[3] La ONU y su Secretario General expresan pro Nuevo Orden Mundial y según el contenido que “ellos” quieren dar a esos principios mencionados (mayo 2015): «el Secretario General describió la Segunda Guerra Mundial como "una de las luchas más épicas de la historia en pro de la libertad y la liberación", agregando que "su costo superó todo cálculo y escapa a toda comprensión: murieron 40 millones de civiles y 20 millones de soldados, casi la mitad de ellos solamente en la Unión Soviética". En la resolución 69/267, la Asamblea General recuerda que la Segunda Guerra Mundial fue un conflicto que causó una aflicción indecible a la humanidad...(y) destaca los progresos conseguidos desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial en lo que respecta a la superación de sus secuelas y la promoción de... los valores democráticos, los derechos humanos y las libertades fundamentales, en particular por conducto de las Naciones Unidas”. https://www.un.org/es/observances/second-world-war-remembrance-days#:~:text=Durante%20la%20conmemoraci%C3%B3n%2C%20el%20Secretario,de%20soldados%2C%20casi%20la%20mitad

BREVE “Monet Apóstolus”, ESTABLECIENDO LA FIESTA DEL SANTO ROSARIO

Ofrecemos la traducción española del breve “Monet Apóstolus” mediante el cual, el 1 de Abril de 1573, el Papa Gregorio XIII Boncompagni instituyó la Solemnidad del Santísimo Rosario de María, inicialmente el primer domingo de Octubre para las iglesias de los dominicos con altar o capilla del Rosario y cofradía erigida. Posteriormente, el 26 de Septiembre de 1671, el Papa Clemente X Altieri, a pedido de la Reina María Ana de Austria, la extendió a todas las Españas; el 3 de Octubre de 1716, el Papa Clemente XI Albani la extendió a toda la Iglesia tras la victorias sobre los turcos en las batallas de Petrovaradin y Timişoara (5 de Agosto de 1716) y Corfú (22 de Agosto de 1716); Benedicto XIII Orsini, dominico, le introdujo lecciones propias; y León XIII Pecci, gran devoto y propagador del Rosario le concedió Oficio propio en 1888. Finalmente, tras la reforma de San Pío X en Divíno Afflátu, se fijó para el 7 de Octubre.
   
BREVE “Monet Apóstolus”, ESTABLECIENDO LA FIESTA DEL SANTO ROSARIO
   
GREGORIO PAPA XIII
Para perpetua memoria.
   
El Apóstol nos exhorta a dar gracias por todo, y los relatos de las Sagradas Escrituras nos instruyen sobre la necesidad de celebrar los beneficios sobresalientes de Dios con solemnes festividades anuales, para que se den las debidas gracias a Aquel de quien fueron recibidos, y los fieles que las recibieron, que se acuerden de ellas y se enardezcan cada vez más en el culto divino.
   
Esto, aunque ha sido ordenado en muchas ocasiones, fue especialmente así cuando el Dios de nuestros padres con mano fuerte liberó a su pueblo de la esclavitud de Egipto.
   
Y cada día nosotros también recibimos no menos beneficios de Dios Óptimo Máximo. Entre ellos debemos incluir el muy singular que nos concedió su inefable clemencia el año pasado, cuando el siete de Octubre, no lejos del golfo de Corinto, la flota turca, muy superior y envalentonada por las victorias del pasado, fue derrotada y aplastada por la flota de los cristianos, en virtud del Señor Dios de los ejércitos que peleó con ellos. Que gracias a esta victoria todo el pueblo cristiano fue milagrosamente rescatado de las fauces del tirano turco, nadie lo puede negar; y Nosotros, queriendo obedecer el mandato del Apóstol y seguir el ejemplo de los Santos Padres, hemos decidido establecer la memoria anual de este ilustre beneficio.
   
Dado que las oraciones ofrecidas a Dios son más bienvenidas en su presencia cuanto más dignos sean los intercesores y donde se les presente alguna forma piadosa de orar; Recordando que el bienaventurado Santo Domingo, fundador de la Orden de Predicadores, cuando Francia e Italia estaban oprimidas por herejías perniciosas, estableció, para apaciguar la ira de Dios e implorar la intercesión de la Santísima Virgen, esa piadosísima forma de orar que se llama Rosario o Salterio de la Santísima Virgen; y cayendo en la cuenta también de que el mismo día 7, que entonces fue primer domingo de dicho mes de Octubre, todas las cofradías militantes por todo el mundo bajo la advocación de dicho Rosario, saliendo procesionalmente, según sus laudables normas y costumbres, elevaron a Dios piadosas oraciones, las cuales hay que creer piadosamente que fueron muy provechosas para conseguir dicha victoria por la intercesión de la Santísima Virgen, hemos juzgado que haríamos una buena obra si, para conservar el recuerdo de tan gran victoria, evidentemente concedida por el cielo, y para dar gracias a Dios y a la Santísima Virgen, instituyésemos una fiesta solemne denominada del Rosario, que habrá de celebrarse el primer domingo de Octubre.
  
Por tanto, motu proprio y en la plenitud de la Apostólica potestad, para alabanza de Dios, de Nuestro Señor Jesucristo y de su gloriosa Virgen y Madre, a tenor de las presentes, establecemos que en el futuro, cada primer domingo de Octubre en todo el mundo, en aquellas iglesias donde esté presente el altar o la capilla del Rosario, se celebre con rito doble mayor y se santifique la Solemnidad del Rosario. El mismo día se rezará el oficio de la Santísima Virgen con las nueve lecciones.

Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el 1 de Abril del año del Señor 1573, primero de Nuestro pontificado.

jueves, 8 de agosto de 2024

MES DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN – DÍA OCTAVO

Traducción de la devoción dispuesta por el padre Antoine Ricard S.Th.D., Canónigo honorario de Marsella y Carcasona, y publicada en París por la Librería de los Hermanos Perisse en 1878.
   
MES DE SANTO DOMINGO, O EL MES DE AGOSTO CONSAGRADO A LA MEDITACIÓN DE LA VIDA Y LAS VIRTUDES DE SANTO DOMINGO
   

Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
8 DE AGOSTO – DÍA OCTAVO DEL MES DE SAN DOMINGO: EL SANTÍSIMO ROSARIO
   
PRELUDIO
María se aparece al santo patriarca, que recibe, de rodillas, de manos de la Reina de los Apóstoles, un hermoso Rosario resplandeciente de luz.
         
PENSAMIENTOS
La historia registra que, hasta entonces, durante diez años consecutivos, Santo Domingo, ni con sus oraciones, ni con sus elocuentes palabras, ni con sus mortificaciones y su juventud, ni con sus prodigios, logró hacer volver las almas a Dios. Fue entonces cuando, gimiendo por esta esterilidad de su ministerio apostólico, se arrojó en los brazos de María, ¿y qué hizo?

«Relata el santo Evangelio que los discípulos, agrupados en torno a Jesucristo, se dirigieron un día a él con estas palabras: “Maestro, enséñanos a orar”, y el Maestro les dictó la Oración Dominical, que todavía recitamos todos los días. Es esta palabra que Santo Domingo se dirigió a la Santísima Virgen: “¡Oh María, enséñame a orar para salvar y convertir las almas!”». María no permaneció sorda al pedido de su siervo, le reveló el Santo Rosario y lo puso en sus manos para que, de sus manos, pasara a las de todas las generaciones cristianas.

Continúa Mons. de la Bouillerie, de quien tomamos prestado este pensamiento, «Apenas Santo Domingo comenzó a predicar el Rosario, produjo por todas partes maravillosos frutos de conversión; pero no fue él quien predicó, fue María misma. El Rosario, podemos decir, es el apostolado glorioso y universal de María. María es la reina de los apóstoles, estaba en el Cenáculo con Pedro. Pedro predica desde su púlpito infalible, María predica con el Rosario. Así, lo que ni la predicación ni el ayuno podían hacer, unos pocos Paternoster y unas cuantas Avemarías lo lograron en muy poco tiempo; y el santo Rosario, en manos de los fieles, mucho mejor que la espada victoriosa entre los de Simón de Montfort, destruyeron la herejía albigense».
           
PRÁCTICA: Renuévate en la devoción al Santísimo Rosario.

INVOCACIÓN: Santo Domingo, heraldo especial del Rosario de la Virgen María, ¡ruega por nosotros!

CARACTERÍSTICA HISTÓRICA: Cómo reconocemos a los verdaderos discípulos de Santo Domingo.
Desde sus primeros años, nuestro bendito padre eligió a María como Madre. Cuando pensaba en ella, rompía a llorar de ternura. No se cansaba nunca de invocar su santo nombre, y lo pronunciaba con tanto cariño y fervor que parecía en éxtasis con su dulzura y dulzura que encontró allí. Celebró incesantemente las alabanzas de María y las mezcló con casi todas sus conversaciones familiares y con todas sus predicaciones. Le hubiera gustado encender su amor en todos los corazones y convertirse en heraldo de su gloria. Maestro y propagador de la devoción del Santo Rosario, predicó su excelencia con tanto fruto que pronto fue visto abrazado por la Iglesia universal. También, lleno de ira, obligado por los exorcismos realizados en la Santa Cueva de María Magdalena, el demonio gritó el 21 de Septiembre  de 1610: «Maldita sea, oh Domingo, la devoción que has tenido por la Virgen María, Madre de Dios! ¡Maldito sea tu pueblo religioso! ¡Maldita sea tu Orden! Os digo que Domingo es un amigo íntimo de la Virgen María Y tú, gran Dios, me obligas a alabar a Domingo, mi mayor enemigo, porque quieres que todos sepan lo bueno y saludable que es amar a tu Madre y servirla con devoción. Oh Domingo, te odio profundamente ¡Oh! ¡Qué devoción tenías por María! Por eso quien quiera ser amigo de la bienaventurada virgen María debe servir a Domingo con fervor». El santo nunca pidió a Dios ningún favor que no obtuviera por intercesión de María; lo declaró apóstol y maestro de su Rosario: lo sostuvo en las pruebas, lo ayudó en los peligros y se le apareció muchas veces desde el Cielo para consolarlo, fortalecerlo y educarlo. Ella lo presentó a su divino Hijo como un capitán fiel y valiente, para luchar, extirpar todos los vicios y detener la ira del cielo dispuesta a estallar sobre el mundo. «Él era», dice Santa Catalina de Siena, «una antorcha que Dios dio a los hombres por medio de María, porque fue ella quien le dio el hábito, la bondad de Dios le había confiado su cuidado»; y, según San Vicente Ferrier, «fue la sal que la Santísima Virgen utilizó para salvar y regenerar el mundo». Finalmente, nuestro santo patriarca, antes de morir, orando a esta Madre que era tan buena con los hijos que iba a dejar huérfanos, recibió de ella esta respuesta: «Oh Domingo, amado mío, porque me amaste más que a ti mismo, protegeré y defenderé a tus hijos a la sombra de mi manto virginal, y todos los que perseveren en observar tu regla serán salvos» (Meditaciones sobre la vida y virtudes de Santo Domingo, por un autor anónimo).
          
LETANÍA DE NUESTRO PADRE SANTO DOMINGO
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
   
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
   
Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.
   
Magno Padre Santo Domingo, ruega por nosotros.
Lumen de la Iglesia, ruega por nosotros.
Luz del mundo, ruega por nosotros.
Antorcha del siglo, ruega por nosotros.
Predicador de la gracia, ruega por nosotros.
Rosa de paciencia, ruega por nosotros.
Sedientísimo por la salvación de las almas, ruega por nosotros.
Deseosísimo del martirio, ruega por nosotros.
Gran director de las almas, ruega por nosotros.
Varón evangélico, ruega por nosotros.
Doctor de la verdad, ruega por nosotros.
Marfil de castidad, ruega por nosotros.
Varón de corazón verdaderamente apostólico, ruega por nosotros.
Pobre en bienes temporales, ruega por nosotros.
Rico en la pureza de vida, ruega por nosotros.
Tú que cual antorcha ardías de celo por los pecadores, ruega por nosotros.
Trompeta del Evangelio, ruega por nosotros.
Heraldo del Cielo, ruega por nosotros.
Modelo de abstinencia, ruega por nosotros.
Sal de la tierra, ruega por nosotros.
Resplandeciente como el sol en el templo de Dios, ruega por nosotros.
Tú que te apoyaste en la gracia de Cristo, ruega por nosotros.
Revestido de estola real, ruega por nosotros.
Flor de flores elevada en el jardín de la Iglesia, ruega por nosotros.
Tú que regaste la tierra con tu piadosa sangre, ruega por nosotros.
Trigo recogido en los silos del Cielo, ruega por nosotros.
Resplandeciente en el coro de los Vírgenes, ruega por nosotros.
Jefe y padre de la Orden de Predicadores, ruega por nosotros.
Para que en la hora de la muerte seamos recogidos contigo en el Cielo, ruega por nosotros.
   
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
    
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
   
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue mi clamor hacia Ti.
   
ORACIÓN
Te suplicamos, Dios Omnipotente, nos concedas a cuantos padecemos bajo el peso de nuestros pecados, alcanzar el patrocinio de tu confesor nuestro bienaventurado Padre Santo Domingo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠ , y del Espíritu Santo. Amén. 

lunes, 5 de agosto de 2024

SANTO DOMINGO Y EL SANTO ROSARIO

Sermón predicado por el Rvdo. P. Pío Vázquez SSM el Domingo 4 de Agosto de 2024 (XI Domingo después de Pentecostés, y conmemoración de Santo Domingo de Guzmán).
  

martes, 19 de diciembre de 2023

EL SANTO ROSARIO CONVERTIRÁ A LOS HEREJES


«La predicación intelectual no será suficiente para convertir a los herejes. El arma que la Santísima Trinidad desea utilizar para reformar el mundo es el Santo Rosario» (Mons. DANIEL L. DOLAN).

martes, 7 de noviembre de 2023

ENCÍCLICA “Ingravescéntibus malis”, SOBRE EL SANTO ROSARIO

En el año 1937, Pío XI ya había escrito tres encíclicas sobre las situaciones que afligían a los católicos en distintos países:
  1. Mit brennender Sorge (en latín Flagránte cura), contra el nazismo.
  2. Divíni Redemptóris, contra el comunismo y el socialismo.
  3. Firmíssimam constántiam (publicada en español como Nos es muy conocida), sobre la persecución religiosa en Méjico (de hecho, la tercera encíclica, después de Iníquis afflictísque de 1926 en plena Guerra cristera, y Acérba ánimi de 1932 tras las negociaciones).
Y en esta nueva encíclica (la última), Pío XI escribió “Ingravescéntibus malis” reiterando que frente a la gravedad de los males, la respuesta y medio para vencerlos, es el Santo Rosario, cuyo rezo recomienda especialmente en las familias. Así mismo, expresa su agradecimiento por haber recuperado la salud después de una enfermedad, y quiere desagraviar la ofensa hecha a la Santísima Virgen por la prensa.
   
ENCÍCLICA “Ingravescéntibus malis”, SOBRE EL SANTO ROSARIO
   
A todos los Patriarcas, Primados, Arzobispos, Obispos y demás Ordinarios de lugares en paz y comunión de la Sede Apostólica.

Venerables Hermanos, Salud y Bendición Apostólica.
   
I. Introducción
No solamente una vez hemos afirmado -como recientemente lo hemos hecho en la Carta Encíclica Divíni Redemptóris, que a los males cada vez más graves de nuestro tiempo no se puede dar otro remedio que el del retorno a Nuestro Señor Jesucristo y a sus santísimos preceptos. Sólo Él tiene palabras de vida eterna (Joann. VI, 69); y ni los individuos ni la sociedad pueden hacer cosa alguna que pronto y miserablemente no decaiga, si dejan aparte la majestad de Dios y repudian su ley.
   
Mas quien estudie con diligencia los anales de la Iglesia Católica, fácilmente verá unido a todos los fastos del nombre cristiano el poderoso patrocinio de la Virgen Madre de Dios.
   
II. María y la historia de la Iglesia
Y en efecto, cuando los errores difundiéndose por doquiera se obstinaban en dilacerar la túnica inconsútil de la Iglesia y en perturbar el orbe católico, nuestros padres con ánimo confiado se dirigieron a aquélla que sola ha destruido todas las herejías del mundo [1], y la victoria alcanzada por medio de Ella trajo tiempos más serenos.
   
Y cuando el impío poder mahometano, confiando en poderosas flotas y en ejércitos aguerridos, amenazaba con la ruina y la esclavitud a los pueblos de Europa, entonces por insinuación del Sumo Pontífice se imploró fervorosamente la protección de la Madre Celestial, y los enemigos fueron derrotados y sus navíos sumergidos.
    
Y como en las calamidades públicas así también en sus necesidades privadas. los fieles de todas las épocas se dirigieron suplicantemente a María, para que ella, tan benigna, acudiese en su socorro, impetrando alivio y remedio para los dolores del cuerpo y del alma. Y nunca fue esperada en vano su poderosa ayuda por los que la imploraron con piadosa y confiada plegaria.   
    
III. Los peligros del mundo moderno
También en nuestros días amenazan a la sociedad religiosa y a la civil peligros no menores que en el tiempo pasado.
    
Y en realidad de verdad, porque debido a que muchos desprecian y repudian completamente la suprema y eterna autoridad de Dios que manda y prohíbe, se sigue que se ha debilitado la conciencia del deber cristiano, que languidece en las almas la fe, cuando no se apaga del todo, y que se conmueven y destruyen los fundamentos mismos de la sociedad humana.
   
Así se ve, por una parte, a ciudadanos trabados en atroz lucha entre sí, porque los unos están colmados de copiosas riquezas y los otros deben ganar el pan para sí y para los suyos con el duro trabajo cotidiano.
  
Más aún, en algunas regiones, como todos saben, el mal ha llegado a tal punto que se ha querido destruir hasta el derecho privado de propiedad para poner en común todas las cosas. Por otra parte, no faltan hombres que declarando honrar y exaltar sobre todo el poder del Estado, diciendo que es menester asegurar por todos los medios el orden civil y reformar la autoridad, pretenden que con eso se pueda rechazar totalmente las execrables teorías de los comunistas; mas despreciando la luz de la sabiduría evangélica se empeñan en hacer resurgir los errores de los paganos y su tenor de vida.
    
Añádase a esto, la artera y funestísima secta de los que, negando y odiando a Dios, se declaran enemigos del Eterno; se insinúan por doquiera; desacreditan y arrancan de las almas toda creencia religiosa, y conculcan en fin todo derecho divino y humano. Y mientras se mofan de la esperanza de los bienes celestiales, incitan a los hombres a conseguir, aún con medios ilícitos, una felicidad terrenal en todo y por todo mentirosa y los impulsan por lo mismo con audacia temeraria a la destrucción del orden social, suscitando desórdenes, sangrientas rebeliones y la misma conflagración de la guerra civil.
    
IV. Erigir la confianza en Dios
Sin embargo, Venerables Hermanos, aun cuando males tan grandes y tan numerosos amenacen y se teman aún mayores para lo porvenir, es menester no desmayar ni dejar languidecer la confiada esperanza que se apoya únicamente en Dios.
    
El que ha concedido la salud a pueblos y naciones (Sap. I, 14) indudablemente no dejará perecer a los que ha redimido con su preciosa sangre, ni abandonará su Iglesia.
    
Antes bien, como hemos recordado al principio, interpongamos ante Dios la mediación de la Bienaventurada Virgen tan acepta a Él, como quiera que, en palabras de San Bernardo, así es su voluntad (de Dios) el cual ha querido que todo lo consiguiésemos por medio de María [2].
    
V. Las plegarias a María. El Santo Rosario
Entre las varias plegarias con las cuales últimamente Nos dirigimos a la Virgen Madre de Dios, el Santo Rosario ocupa sin duda un puesto especial y distinguido.
    
Esta plegaria, que algunos llaman el Psalterio de la Virgen o Breviario del Evangelio y de la vida cristiana, ha sido descrita y recomendada por Nuestro Predecesor de feliz memoria, León XIII, con estos vigorosos rasgos: «grandemente admirable es esta corona tejida con la salutación angélica, en la que se intercala la oración dominical, y se une la obligación de la meditación interior: es una manera excelente de orar… y utilísima para la consecución de la vida inmortal» [3].
    
Y esto se deduce también de las mismas flores con que está formada esta mística corona. Efectivamente, ¡qué oraciones pueden hallarse más apropiadas y más santas?
    
La primera es la que el mismo Nuestro Divino Redentor pronunció cuando los discípulos le pidieron «enséñanos a orar» (Luc. XI, 1); santísima súplica que así como nos ofrece el modo de dar gloria a Dios, en cuanto nos es dado, así también considera todas las necesidades de nuestro cuerpo y de nuestra alma. ¿Cómo puede el Padre Eterno, rogado con las palabras de su mismo Hijo, no acudir en nuestra ayuda?
    
La otra oración es la salutación angélica, que se inicia con el elogio del Arcángel Gabriel y de Santa Isabel, y termina con la piadosísima imploración con que pedimos el auxilio de la Beatísima Virgen ahora y en la hora de nuestra muerte.
   
A estas invocaciones hechas de viva voz se agrega la contemplación de los sagrados misterios, que ponen ante nuestros ojos, los gozos, los dolores y los triunfos de Jesucristo y de su Madre, con los que recibimos alivio y confortación en nuestros dolores, y para que, siguiendo esos santísimos ejemplos, por grados de virtud más altos, ascendamos a la felicidad de la patria celestial.
    
Esta práctica de piedad, Venerables Hermanos, difundida admirablemente por Santo Domingo no sin superior insinuación e inspiración de la Virgen Madre de Dios, es sin duda fácil a todos, aun a los indoctos y a las personas sencillas.
    
¡Y cuánto se apartan del camino de la verdad los que reputan esa devoción como fastidiosa fórmula repetida con monótona cantilena, y la rechazan como buena para niños y mujeres!
    
A este propósito es de observar que tanto la piedad como el amor, aun repitiendo muchas veces las mismas palabras, no por eso repiten siempre la misma cosa, sino que siempre expresan algo nuevo, que brota del íntimo sentimiento de caridad. Además. este modo de orar tiene el perfume de la sencillez evangélica y requiere la humildad del espíritu, sin el cual, como enseña el Divino Redentor, nos es imposible la adquisición del reino celestial: «en verdad os digo que si no os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Matth. XVIII, 3).
    
Si nuestro siglo en su soberbia se mofa del Santo Rosario y lo rechaza, en cambio, una innumerable muchedumbre de hombres santos de toda edad y de toda condición, lo han estimado siempre, lo han rezado con gran devoción, y en todo momento lo han usado como arma poderosísima para ahuyentar a los demonios, para conservar íntegra la vida, para adquirir más fácilmente la virtud, en una palabra, para la consecución de la verdadera paz entre los hombres.
    
Ni faltaron hombres insignes por su doctrina y sabiduría que, aunque intensamente ocupados en el estudio y en las investigaciones científicas, no han dejado sin embargo un día sin rezar de rodillas y fervorosamente delante de la imagen de la Virgen esta piadosísima forma.
     
Así también lo tuvieron por deber suyo reyes y príncipes aun cuando apremiados por las ocupaciones y los negocios más urgentes.
    
Esta mística corona se la encuentra y corre no solamente entre las manos de la gente pobre, sino que también es apreciada por ciudadanos de toda categoría social.
    
No queremos pasar en silencio que la misma Virgen Santísima también en nuestros tiempos ha recomendado instantemente esta manera de orar, cuando apareció y enseñó con su ejemplo esa recitación a la inocente niña en la gruta de Lourdes.
    
¿Por qué entonces no hemos de esperar toda gracia, si con las debidas disposiciones y santamente suplicamos de esa manera a la Madre Celestial?
     
Por eso deseamos asaz vivamente, Venerables Hermanos, que en modo especial, en el próximo mes de octubre sea rezado el Santo Rosario con crecida devoción tanto en las iglesias como en las casas privadas. 
    
Y más debe hacerse esto en este año a fin de que, mediante el eficaz recurso a la Virgen Madre de Dios, los enemigos del nombre divino, esto es, todos cuantos se han levantado para renegar y vilipendiar al eterno Dios, para tender insidias a la fe católica y a la libertad debida a la Iglesia, y para rebelarse finalmente con insanos esfuerzos contra los derechos divinos y humanos para ruina y perdición de la sociedad humana, sean finalmente doblegados e inducidos a penitencia y retornen al recto sendero, confiándose a la tutela y protección de María.
     
VI. El Rosario es eficaz remedio contra los males presentes.
Que la Virgen Santa, que un día ahuyentó victoriosa de los países cristianos la terrible secta de los albigenses, ahora invocada fervorosamente por Nosotros, haga retroceder los nuevos errores, especialmente los del comunismo, que recuerdan por muchos motivos y por sus muchas fechorías a los antiguos.
    
Y así como en los tiempos de las cruzadas se elevaba por toda Europa una sola voz, y por los pueblos una sola súplica; así también hoy, en todo el mundo, en las ciudades y en las aldeas aún más pequeñas, unidos de corazón y de fuerza, con filial y constante insistencia, trátase de obtener de la gran Madre de Dios que sean vencidos los enemigos de la civilización cristiana y humana, haciendo así resplandecer ante los hombres cansados y desviados la verdadera paz.
    
Por tanto, si todos lo hicieren así, con las debidas disposiciones, con gran confianza y con fervorosa piedad, es de esperar que como en el pasado, así también en Nuestros días la Beatísima Virgen impetrará de su Divino Hijo que las oleadas de las actuales tempestades sean contenidas y calmadas, y que una brillante victoria corone este noble certamen de los cristianos en la plegaria.
    
Además, el Santo Rosario no solamente sirve mucho para vencer a los enemigos de Dios y de la Religión, sino también es un estímulo y un acicate para la práctica de las virtudes evangélicas que insinúa y cultiva en nuestras almas.
    
Ante todo, nutre la fe católica, que se vigoriza con la oportuna meditación de los sagrados misterios y eleva las almas a las verdades que nos fueron reveladas por Dios.
    
Todos pueden comprender cuan saludable sea esta práctica, especialmente en nuestros tiempos, en los que quizás aún entre los fieles reina cierto fastidio por las cosas del espíritu y casi disgusto de la doctrina cristiana.
    
Luego reaviva la esperanza de los bienes inmortales, pues, al hacernos meditar en la última parte del Rosario, el triunfo de Jesucristo y de su Madre, nos muestra el cielo abierto y nos invita a la conquista de la patria eterna.
    
Así, mientras en el corazón de los inmortales penetra un ansia desenfrenada por las cosas de la tierra y cada vez más ardientemente los hombres se afanan por las riquezas caducas y los placeres efímeros, todos –los que rezan el Rosario– sienten un provechoso llamado hacia los tesoros celestiales, donde el ladrón no penetra ni carcome la polilla (Luc. XII, 33), y hacia los bienes imperecederos.
    
Y ¿cómo no se reencenderá la caridad, que ha languidecido y se ha enfriado en muchos, con un aumento de amor en el alma de los que recuerdan con corazón dolorido las torturas y la muerte de Nuestro Redentor y las aflicciones de su Madre Dolorosa?
    
De esta caridad hacia Dios no puede menos de brotar necesariamente un más intenso amor al prójimo con sólo que se detenga el pensamiento en los trabajos y dolores que Nuestro Señor sufrió para reintegrarnos a todos en la perdida herencia de hijos de Dios.
    
Por tanto, Venerables Hermanos, empeñaos en que esta práctica tan fructuosa sea cada vez más difundida, sea por todos altamente estimada y aumente la piedad común. 
    
VII. El Rosario en familia.
Predíquese y repítanse a los fieles de toda clase social sus loas y sus ventajas por obra vuestra y por la de los sacerdotes que os ayudan en la cura de almas.
    
Los jóvenes saquen de ella nuevas energías con que domar los rebeldes estímulos del mal y conservar intacto y sin mancilla el candor del alma; que en ella encuentren los ancianos en sus tristes ansias reposo, alivio y paz. Para los que se dedican a la Acción Católica sea acicate que los impulse a una más fervorosa y diligente obra de apostolado; y a todos los que de alguna manera sufren, particularmente a los moribundos, dé aliento y aumente la esperanza de la felicidad eterna.
     
Y los padres y las madres de la familia en particular sean en esto también un dechado para sus hijo, especialmente cuando, a la caída del día, se recogen después de las labores de la jornada en el hogar doméstico, recitando, ellos los primeros, arrodillados ante la imagen de la Virgen, el Santo Rosario, fundiendo en uno la voz, la fe y el sentimiento, costumbre ésta tiernísima y saludable, de la que ciertamente no puede menos de derivar a la sociedad doméstica serena tranquilidad y abundancia de dones celestiales.
    
Por esto, cuando, como nos acaece con mucha frecuencia, recibimos en audiencia a los recién casados y les dirigimos unas palabras paternales, les damos la corona del Rosario, recomendándoselo grandemente y exhortándolos, aduciendo también Nuestro ejemplo, a no dejar pasar ni un día sin rezarlo, no obstante estar agobiados por muchos cuidados y trabajos.
     
VIII. Exhortación final.
Por estos motivos, Venerables Hermanos, hemos querido exhortar vivamente y, por vuestro medio, a todos los fieles a esta piadosa práctica; y no dudamos que escuchando, con la correspondencia que acostumbráis, Nuestra paternal invitación, reportaréis copiosos frutos.
     
Hay otro motivo que Nos impulsa a dirigiros esta Nuestra Encíclica. Deseamos que todos cuantos son nuestros hijos en Jesucristo se unan con Nos a dar gracias a la excelsa Madre de Dios por la salud que felizmente hemos recuperado. Esta gracia, como hemos tenido ya ocasión de escribir [4], Nos la atribuimos a la especial intercesión de la virgen de Lisieux, Santa Teresa del Niño Jesús, mas es sabido que todo nos lo concede el Sumo y Omnipotente Dios por las manos de la Virgen.
    
Finalmente, como poco a poco ha se lanzó por la prensa con temeraria insolencia una gravísima injuria a la Beatísima Virgen, no podemos menos de aprovechar esta ocasión para ofrecer juntamente con el Episcopado y el pueblo de aquella nación que venera a María como Reina del Reino de Polonia, con el homenaje de Nuestra piedad, la debida reparación a la misma Augusta Reina, y para denunciar ante el mundo entero como cosa dolorosa e indigna este sacrilegio cometido impunemente en medio de un pueblo civilizado.   
   
Impartimos de todo corazón a vosotros, Venerables Hermanos, y a la grey confiada al cuidado de cada uno de vosotros, la Apostólica Bendición como auspicio de las gracias celestes y en prenda de Nuestra paternal benevolencia.
   
Dada en Castel-Gandolfo, cerca de Roma, el día 29 del mes de Septiembre, en la fiesta de la dedicación de San Miguel Arcángel, en el año 1937, decimosexto de Nuestro Pontificado. PAPA PÍO XI.
    
NOTAS
[1] Breviario Romano, Común de las fiestas de la Bienaventurada Virgen María, III Nocturno, antífona 1.ª.
[2] Sermón 1.º en la Natividad de la Bienaventurada Virgen María, o “De Aquædúctu”, 4.
[3] León XIII, Encíclica “Diuturni Temporis”, 5 de septiembre de 1898
[4] Carta autógrafa al Cardenal Eugenio Pacelli, 3 de Septiembre de 1937.

sábado, 14 de octubre de 2023

GARRIGOU LAGRANGE SOBRE EL SANTO ROSARIO

«Cuando el Rosario se convierte en escuela de contemplación y de vida y de unión a Jesús, deviene también en una fuente de apostolado».
   
«El Rosario viene a nuestro encuentro también en medio de nuestros sufrimientos, frecuentemente irrazonables, a veces debilitantes, y casi siempre mal soportados, para recordarnos que Jesús ha sufrido mucho más que nosotros por amor nuestro».
   
«En el Rosario “está todo el dogma cristiano en su elevación y su esplendor, a fin que nosotros podamos así todos los días penetrarlo, disfrutarlo y nutrir el alma”».
   
«En el Rosario “todo el Credo pasa ante nuestros ojos, no en modo abstracto, con fórmulas dogmáticas, sino en modo concreto, mediante la vida de Cristo, que desciende a nosotros y se eleva al Padre para conducirnos a Él”».

«El Rosario, arma utilísima que hace sonreír al incrédulo, que no entienzde los misterios de Dios».

domingo, 26 de marzo de 2023

EL INTENTO DE ALTERAR EL ROSARIO YA VENÍA DE ANTES

Antes que Karol Wojtyła introdujese sus “Misterios luminosos”, y contemporáneo a la proposición de Aníbal Bugnini para cambiar el Santo Rosario, hubo otro proyecto para adulterar esta devoción en aras de hacerla más moderna y ecuménica.

Para ilustrar este capítulo, os presentamos el siguiente artículo, publicado en Revista Roma, n.º 27 (Verano austral 1972-1973). Rescatado de CATÓLICOS ALERTA - PRIMERA ÉPOCA.
  
¿AGGIORNAMENTO DEL ROSARIO?
   
Si los fieles no reaccionamos a tiempo, la popular y entrañable devoción del Santo Rosario corre el riesgo de ser una víctima más de la saña posconciliar que parece que se ha propuesto introducir insidiosamente una «nueva religión» ecuménica y progresista, con raíces puramente humanas y hedonistas, radicalmente distinta de la que durante 19 siglos ha admitido un origen divino, unas exigencias estrictas y una doctrina intransigente que nos ha sido transmitida sin cambio ni alteración de nuestros antepasados en la fe.
   

Acaba de aparecer en Italia un librito [Il Rosario rinnovato: il mistero della salvezza meditato con Maria, N. del E.] (Roma, editorial Ancona) firmado por el dominico R. P. Enrique María Rossetti, en el que se introduce suavemente el virus del cambio y de la descomposición en la práctica del rezo del Santo Rosario. Después de las consabidas consideraciones sobre la necesidad de adaptar las devociones tradicionales a la «mentalidad del hombre moderno», propone ciertas innovaciones en el Rosario cuya forma actual indica que es producto de una «leyenda» (sic) referente a la vida de Santo Domingo de Guzmán. Se debería, según el innovador Rossetti, reducir la monotonía de la recitación de los AVE MARÍA diciendo sólo en cada decena nueve veces la primera parte de la oración, que es la única bíblica, y en el décimo grano se respondería una sola vez: «Santa María, Madre de Dios, ruega…». El Padre Nuestro se recitaría una sola vez al principio del Rosario, y el Gloria también una sola vez al final de todo el Rosario. Las letanías quedarían reducidas y deberían tener un significado ecuménico-bíblico «judeo-cristiano», de tal modo que resulta difícil saber si han sido escritas por un sacerdote cristiano o por un rabino. Véase, por ejemplo:
  • Virgen hija de Sion, Ruega por nosotros
  • Descendiente de Abraham, Ruega por nosotros
  • Gozo de Israel, Ruega por nosotros
  • Honor de nuestro pueblo, Ruega por nosotros
  • Arca de Alianza, Ruega por nosotros
  • Tabernáculo del Altísimo, Ruega por nosotros
  • Virgen de Nazaret, Ruega por nosotros
  • Esposa de José obrero, Ruega por nosotros
  • Madre del Hijo de David, Ruega por nosotros.
   
Las consideraciones sobre los misterios también deberían adaptarse a la consabida «mentalidad moderna», que todos sabemos es judaizante o naturalista.
    
Si este proyecto prosperase –y la acogida que ha recibido el libro de Rossetti en ciertos medios vaticanos nos autoriza a abrigar serios temores–, tendríamos un «Nuevo Rosario» impuesto por el aparato eclesiástico progresista y con ello la relativización y el camino abierto a la destrucción de esta venerable tradición. Porque nada podría impedir que en un plazo más o menos corto, un nuevo innovador más «rosso» que Rossetti, recortase y modificase todavía más los rezos y las letanías. Los fieles tendrían, una vez más, la sensación que todas las prácticas piadosas son inestables, inseguras y en el fondo un mero producto humano y no recibidas con amor y sumisión de la Santa Tradición que nos viene de lo alto y no depende de nuestros gustos, opiniones o variaciones de las condiciones de vida.
   
Todos sabemos que las devociones pueden cambiar, que la extensa gama de sus posibilidades se enriquece con el tiempo, como se enriquece la Iglesia con nuevos Santos y Mártires, pero este enriquecimiento no es nunca una destrucción ni una alteración de lo que ha sido recibido por el consenso unánime y continuado de la Iglesia y de los fieles. Más grave que los cambios mismos, es el espíritu de cambio, la idea de ruptura con el pasado, pues la consecuencia lógica de estas innovaciones es que la Verdad y los Dogmas también son considerados como susceptibles de cambios y adaptaciones.
   
Que Dios nos perdone si nos equivocamos, pero tenemos la sensación de que todo ocurre como si todos estos cambios posconciliares que caracterizan el llamado «aggiornamento», fuesen consecuencia de un plan premeditado conducente a cambiar insensiblemente la religión. Y este cambio responde, a nuestro juicio, a dos ideas directrices que aparecen cada vez más claramente en muchas publicaciones oficiales y privadas. Una es inculcar a los fieles la convicción de que la práctica religiosa, y como consecuencia su base dogmática, es relativa y variable, y depende de las opiniones y necesidades de los hombres o del «espíritu moderno». La otra idea fundamental es hacer que quede relegada a zonas difusas de nuestra mente, todo aquello que afirme insistentemente y claramente los dogmas fundamentales de nuestra fe, en particular la divinidad de Nuestro Señor y sobre todo el dogma de los dogmas: la Santísima Trinidad, que resulta incomprensible para la «mentalidad moderna», y es un obstáculo para el desarrollo del ecumenismo y la unión con las grandes religiones monoteístas: el Islam y el Judaísmo. Por esto se desvía sistemáticamente la atención de los fieles hacia aspectos puramente humanos y filantrópicos, y se habla tanto de justicia social y de desarrollo de los pueblos. El Rosario que contiene en su insistente repetición la declaración del dogma Trinitario y de la maternidad divina de María, hay que reducirlo, poco a poco, a una alabanza de las cualidades humanas de la Madre de Jesús.
    
A los fieles nos compete defender por todos los medios la persistencia y la repetición de estas afirmaciones y no permitir que sea aminorado el interés por los dogmas fundamentales de nuestra Santa Religión que, pese al «sentido ecuménico» en boga, debe separarse y diferenciarse netamente de todas las teorías, sectas y tendencias heréticas que tienen su origen en caducas e incoherentes opiniones humanas, sin valor para los cristianos ortodoxos.
   
Damos aquí un grito de alarma con respecto a este nuevo ataque que parece cernirse sobre una de nuestras más queridas tradiciones, católicas y españolas; tenemos confianza que si los fieles hacen llegar a la Jerarquía su repulsa frente a estos maníacos del cambio, se podrá destruir en sus comienzos esta campaña que vislumbramos.
   
A este respecto recordemos que cuando se publicó el nuevo Ordo Missæ, contenía una definición errónea y semiherética de la Misa, y fue la repulsa de gran número de sacerdotes y fieles, lo que hizo que se corrigiera en una edición posterior el famoso párrafo 7, de la «Institutio Generalis Missalis Romani» del 3 de abril de 1969, que era netamente protestantizante.
   
Un erróneo concepto de la obediencia no debe hacernos olvidar que tenemos derecho a luchar, no a favor de opiniones personales, sino por la defensa de la Tradición y de las tradiciones que algunos «teólogos» desaprensivos quieren destruir llegando a imponer sus opiniones modernistas en Roma. Los fieles tenemos algo que decir en favor de nuestras devociones más queridas.
                                    
Julio Garrido Mareca
7 de octubre de 1972.
Fiesta de Nuestra Señora del Rosario.

martes, 8 de noviembre de 2022

CON EL SANTO ROSARIO SE CONSIGUEN TODAS LAS GRACIAS

    
«Con el rosario se puede alcanzar todo. Según una graciosa comparación, es una larga cadena que une el cielo y la tierra, uno de cuyos extremos está en nuestras manos y el otro en las de la Santísima Virgen» (SANTA TERESITA DE LISIEUX).

sábado, 17 de septiembre de 2022

BULA “Consuevérunt Románi Pontífices”, SOBRE EL SANTO ROSARIO

San Pío V (Giovanni Gasparro).

Si bien el primer documento pontificio sobre el Santo Rosario es la bula“Pastóris Ætérni” del Papa Sixto IV (30 de Mayo de 1478, a la Cofradía del Santo Rosario en la iglesia de los dominicos de Colonia), estableciendo que constituye de 150 Ave Marías y 10 Padre nuestros intercalados cada decena, es San Pío V quien codificó en su forma definitiva el Santo Rosario, ratificó las indulgencias para la cofradía del Santo Rosario y dispuso que para lucrarlas se debe anotar oficialmente en la cofradía.
    
Por primera vez traemos el texto en latín y su traducción al español de la bula “Consueverunt Romani Pontifices” en su totalidad, habida cuenta que circulan solo secciones fragmentarias, como quiera que las indulgencias han sido modificadas, pero sin embargo, deben ser conocidas.

LATÍN
Consuéverunt Románi Pontífices, et álii Sancti Patres, Prædecessóres nostri, cum bellis corporálibus, vel spirituálibus premeréntur, aut áliis vexatiónibus tentaréntur, quo facílius ab illis evadérent, et tranquillitátem adépti, Deo quiétius, et fervéntius inservírent, et vacárent, divínam opem imploráre, et Sanctórum suffrágia per supplicatiónes, seu per Litanías depóscere, ac óculos cum Davíde in montes leváre, certa spe confidéntes, inde illis auxília affutúra:
   
Quórum exémplo addúctus, et Spíritu Sancto, ut pie créditur, afflátus Beátus Domínicus Órdinis Fratrum Prædicatórum áuctor, cujus Institútum, et Regulam, cum in minóribus essémus, exprésse proféssi sumus, símili qua nunc témporis occasióne, quo Albigénsium hærésis partes Galliárum, et Itáliæ mísere grassábatur, et tam multos excæcáverat seculáres, ut in Dómini Sacerdótes, et Cléricos sævíssime furérent, levans in Cœlum óculos, et montem illum gloriósæ Vírginis Maríæ Almæ Dei Genitricis, quæ gérmine suo tortuósi serpéntis caput obtrívit, et cunctas hæréses sola interémit, ac benedícto fructu ejus ventris, mundum primi paréntis lapsu damnátum salvávit, et de quo sine humánis mánibus abscíssus est lapis ille, qui ligno percússus, gratiárum áquas affluénter prodúxit, respíciens modum fácilem, et ómnibus pérvium, ac admódum pium, orándi, et precándi Deum, Rosárium, seu Psaltérium ejúsdem Beátæ Maríæ Vírginis nuncupátum, quo eádem Beatíssima Virgo Salutatióne Angélica cénties, et quínquagies ad númerum Davídici Psaltérii repetíta, et Oratióne Domínica ad quámlibet décimam cum certis meditatiónibus totam ejúsdem Dómini Nostri Jesu Christi vitam demonstrántibus, interpósita, venerátur, excogitávit, excogitátum per Sanctæ Románæ Ecclésia partes propagávit, orándique modo prædícto per asseclas Beáti Domínici, fratres, vidélicet Órdinis prædícti divulgáto, et a nonnúllis accepto, cœpérunt Christi fidéles meditatiónibus accénsi, his précibus inflammáti in álios viros repénte mutári, hærésum tenébræ remítti, et lux cathílicæ fídei apériri, et ad hanc orándi formam pro locórum diversitáte, sodalitátes per Fratres ejúsdem Órdinis ad hoc a suis superióribus legítime deputátos, institui, et confrátres in eis descríbi.
  
Nos quóque illórum Prædecessórum vestígia sequéntes, militántem hanc Ecclésiam divínitus Nobis commíssam, his tempóribus tot hærésibus agitátam, tot bellis, právisque hóminum móribus atróciter vexátam, et afflíctam cernéntes, lacrymabúndos, sed spei plenos, óculos, in montem illum, unde omne auxílium provénit, levámus, et síngulos Christi fidéles ad símile faciéndum benígne in Dómino hortámur, et monémus.
   
Utque facílius modus ille ab ómnibus, cum ea, qua decet, devotióne, et mentis religiónisque christiánæ sinceritáte amplectátur, auctoritátis nostræ partes quántum nobis ex alto concéditur, favorabíliter impartiéntes, modum orándi, et precándi prædíctum, ómniaque, et síngula indúlta, indulgéntias, peccatórum remissiónes, relaxatiónes, immunitátes, privilégia, et álias grátias per quoscúnque Romános Pontífices, prædecessóres nostros, et dictæ Sedis étiam de látere legátos, ac álios apostólica auctoritáte suffúltos, juxta precándi modum prædíctum orántibus, et confraternitátibus, seu sodalitátibus sub dicto Rosário institútis, et illórum ecclésiis seu altáribus, aut capéllis, vel confrátribus, ac sodálibus, tam motu próprio, et ex certa sciéntia, sive in génere, vel in spécie, quam álias quomódolibet, étiam plúries concéssa, confirmáta, et innováta, quórum ómnium, et singulórum tenóres, et compéndia præséntibus habéri vólumus pro expréssis, et insértis, eádem auctoritáte, harum série perpétuo confirmámus, et approbámus, ac illis perpétuæ, et inviolábilis firmitátis robur adjícimus.
  
Necnon potióri pro cautéla, præmíssa ómnia eísdem modo, et forma, quíbus concéssa reperiúntur, étiam perpétuo innovámus, ac ómnibus, et síngulis Christifidélibus utriúsque sexus confrátribus per dictos fílios modérnos, et pro témpore existéntes Fratres órdinis prædícti, in suis, et tam per eos, quam per álios sacerdótes étiam in áliis ecclésiis a dilécto fílio étiam modérno, et pro témpore existénte ipsíus órdinis generáli Magístro, vel ejus Vicário duntáxat, deputátos, in hujúsmodi sodalitátem, et confraternitátem Rosárii recéptis, et descríptis, ecclésias, altária, et capéllas hujúsmodi visitántibus, necnon Deo preces juxta Rosárii modum prædíctum effundéntibus, quod ómnibus, et síngulis indúltis, indulgéntiis, peccatórum remissiónibus, relaxatiónibus, privilégiis, et áliis grátiis præfátis, frui, uti, potíri, et gaudére, necnon eísdem confraternitátibus, seu sodalitátibus, quod illárum ad id deputáti confrátres ómnia, et síngula oblatiónes, et legáta, seu donatiónes, aut álias quóvis modo, sive in testaménto, sive in codicíllis, aut ália última, vel inter vivos voluntáte, illis relícta, et erogáta quæcúnque, quotcúnque et quotiescúnque, étiamsi speciáli nota digna sint, percípere, exígere, leváre et in confratérnitatis hujúsmorli pios usus convertére, étiam ordinárii loci, aut cujusvis altérius, licéntia désuper mínime petíta, líbere, et lícite possint. Et ínsuper, quo quísque ad se número confrátrum præfatórum aggregándum prómptior, et alácrior fiat, de omnipoténtis Dei misericórdia, et beatórum Petri et Páuli apostolórum ejus auctoritáte confísi, ómnibus, et síngulis confrátribus prædíctis, per deputátos prædíctos descríptis, vere poniténtibus, et conféssis, qui prima vice qua descrípti fúerint sanctíssimum Eucharistíæ sacraméntum in áliqua ecclésia, seu capélla dictæ confratérnitatis percéperint, et unam saltem quinquagénam Rosárii recitáverint, et pro tranquillitáte Sancta Matris Ecclésiæ oráverint, necnon qui in mortis artículo constitúti salutáris pœniténtiæ, et Viátici sacraménto múniti fúerint, plenáriam ómnium, et singulórum peccatórum suorum indulgéntiam, et remissiónem misericórditer in Dómino concédimus, et elárgimur. Qui vero, die Resurrectiónis Dómini Nostri Jesu Christi, et Annuntiatiónis, ac Assumptiónis ejúsdem Beátæ Maríæ præfátum Eucharistíæ sacraméntum súmpserint, et partem Rosárii, ut præfértur, recitáverint, decem annos, et tótidem quadragénas; eísdem áutem confrátribus, qui in réliquis Dómini Nostri Jesu Christi, et Beátæ Maríæ Virginis præfatórum festis diébus, in quíbus sacra ipsíus Rosárii mystéria recenséntur, unam saltem Rosárii quinquagénam recitáverint; necnon áliis ómnibus, et síngulis utríusque sexus Christifidélibus, étiam non confrátribus, qui in ejúsdem Rosárii processióne, quæ mense quólibet fíeri consúevit, devóte interfúerint, et páriter confrátribus præfátis, qui ipsum Rosárium íntegrum quálibet hebdómada devóte recitáverint, septem annos, et tótidem quadragénas de injúnctis sibi pœnitďntiis, étiam misericórditer in Dómino relaxámus.
   
Decernéntes confrátres, et álios præfátos a quóquam désuper molestári, præséntesque líteras de subreptiínis, vel obreptiónis, aut nullitátis, áliove vítio, aut intentiónis nostræ deféctu notári, árgui, vel impugnári, et sub quíbusvis simílium, vel dissimílium gratiárum revocatiónibus, suspensiónibus, aut áliis contráriis dispositiónibus comprehéndi non posse; sed quóties illæ emanáverint, tóties in prístinum, et validíssimum statum restitútas de novo, étiam sub posterióre data, per ipsos deputátos confrátres eligénda, concéssas ac perpétuo válidas, et efficáces esse, et fore, suósque plenários, et íntegros afféctus sortíri debére, et ita per quoscúnque júdices, et commissários, quávis auctoritáte fungéntes, étiam causárum Palátii apostólici auditóres, et Sancta Romána Ecclésiæ Cardináles, subláta eis, et eórum cuílibet quávis áliter judicándi, et interpretándi facultáte, et auctoritáte, judicári, et definíri debére, ac ex nunc írritum, et ináne, si secus super his a quóquam, quávis auctoritáte, sciénter, vel ignoránter contígerit attentári. Non obstántibus quíbusvis apostólicis, ac in provinciálibus, et synodálibus concíliis éditis, generálibus, vel speciálibus constitutiónibus, et ordinatiónibus, ac cancelláriæ apostólicæ régulis, éditis, et edéndis cœtérisque contráriis quibuscúnque.
    
Vólumus áutem, quod præséntium transúmptis manu alícujus notárii públici subscríptis, et sígillo alicújus persónæ in ecclesiástica dignitáte constitútæ múnitis, eádem prorsus fides tam in judício, quam extra adhibeátur, quæ præséntibus líteris adhiberétur si forent exhibítæ, vel osténsæ.
   
Datum Romæ, apud S. Petrum sub Annúlo Piscatóris, Die XVII Septémbris MDLXIX, Pontificátus nostri Anno Quárto. S. PIUS PP. V
  
TRADUCCIÓN
Los Romanos Pontífices, y los otros Santos Padres, nuestros predecesores, cuando se hallaban bajo la presión de guerras temporales o espirituales, o perturbados por otras pruebas, a fin de más fácilmente poder librarse de éstas y, alcanzada la tranquilidad, poder quieta y fervorosamente estar libres para servir a Dios, habituáronse a implorar la asistencia divina a través de súplicas y letanías pidiendo el sufragio de los santos, y con David levantaban los ojos hacia los montes, confiando con esperanza cierta de que habrían de recibir de allí su socorro.
 
Motivado por sus ejemplos, y tal como píamente se acredita, inspirado por el Espíritu Santo, el Bienaventurado Domingo, fundador de la Orden de los Frailes Predicadores (cuyas Constituciones y Reglas Nos mismos expresamente profesamos cuando estábamos en las órdenes menores), en ocasión similar a la del tiempo actual, cuando partes de la Francia y de la Italia eran miseramente perturbadas por la herejía de los Albigenses, que cegaron a tantos seglares que éstos más violentamente se levantaban contra los sacerdotes del Señor y contra los clérigos, levantó los ojos al Cielo hacia aquel monte que es la gloriosa Virgen María, amable Madre de Dios, que por su descendencia aplastó la cabeza de la serpiente retorcida, y ella sola dio muerte a todas las herejías, y por el bendito fruto de su vientre salvó al mundo condenado por la caída de nuestro primer padre, y de la cual, sin la mano humana, fue separada aquella roca de la cual, golpeada por la vara, derramáronse abundantemente aguas corrientes de gracias, viendo en aquella forma simple de orar y rogar a Dios, accesible a todos y enteramente piadosa, que es llamada Rosario o Salterio de la Bienaventurada Virgen María, en la cual la misma Beatísima Virgen es venerada por la salutación angélica repetida 150 veces, esto es, de acuerdo con el número del Salterio Davídico, y por la Oración Dominical en cada decena. Interpuestas con esas oraciones están ciertas meditaciones mostrando la entera vida de Nuestro Señor Jesucristo, completando así el método de oración legado por los Padres de la Santa Iglesia Romana. Este mismo método propagólo Santo Domingo, y fue difundido por los Frailes del Bienaventurado Domingo, de la mencionada Orden, y acepto por no poca gente. Los fieles de Cristo, inflamados por estas oraciones, inmediatamente comenzaron a tornarse hombres nuevos. Las tinieblas de la herejía comenzaron a disiparse, y la luz de la Fe Católica se reveló. Sodalicios para esta forma de oración comenzaron a ser instituidos en varios lugares por los Frailes de la misma Orden, legítimamente asignados a esta obra por sus Superiores, y comenzaron a enlistarse varios cofrades.

Siguiendo los pasos de nuestros predecesores, viendo la Iglesia militante, que Dios puso en nuestras manos, agitada de esta forma, en nuestro tiempo, por tantas herejías, y atrozmente vejada por tantas guerras y costumbres depravadas de los hombres, nosotros levantamos nuestros ojos, con lágrimas, aunque llenos de esperanza, hacia el mismo monte, donde viente todo auxilio, y en el Señor benignamente exhortamos y amoestamos a cada fiel de Cristo a hacer lo mismo.
   
Y para que este método sea más fácilmente adoptado por todos, con la devoción y sinceridad de ánimo y religión cristiana que es debida, por nuestra autoridad cuanto nos es concedido de lo alto, impartimos favorablemente a la dicha manera de oración y súplica, todos y cada uno de los indultos, indulgencias, remisiones de pecados, relajaciones, inmunidades, privilegios y otras gracias otorgadas por cualquiera de los Romanos Pontífices, nuestros predecesores, y los legados de dicha Sede también de parte, y otros apoyados por apostólica autoridad, según la manera antedicha de oración por los que oran, y las cofradías o asociaciones establecidas bajo dicho Rosario, y a sus iglesias, o altares, o capillas, o hermanos, y miembros, tanto por su propio movimiento, y de un conocimiento cierto, ya sea en general o en particular, que de cualquier otra manera, incluso muchas veces concedido y confirmado, e innovado, los tenores y resúmenes de todos los cuales, y de cada uno, queremos que se consideren expresados ​​e insertados, por la misma autoridad, constantemente confirmamos y aprobamos estas series, y les agregamos la fuerza de la perpetua y firmeza inviolable. 
   
Además, para mayor cautela, renovamos todas las cosas en la misma manera y forma en que se encuentran concedidas, y a todos y cada uno de los hermanos cristianos de uno y otro sexo por medio de dichos hijos modernos, y por el tiempo existente los hermanos de la orden antedicha, por sí mismos, y también por medio de ellos, y visitando tales capillas, así como derramando oraciones a Dios según la manera antedicha del Rosario, para que todos y cada uno de los dichos perdones, indulgencias, remisiones de pecados, relajaciones, privilegios y otras gracias puedan disfrutar, usar, poseer, y gozar, así como las mismas cofradías, o así por sus hermanos y hermanas designados al efecto, todo, y ofrendas individuales, y legados, o donaciones, o de cualquier otra manera, sea en testamento, sea en codicilos, u otra última voluntad, o entre vivos, dejados a ellos, y desembolsados ​​cuantos, cuantos y cuantos, aunque sean dignos de especial mención, libre y lícitamente puedan percibir, exigir, aliviar y convertir en los piadosos usos de este tipo de fraternidad, incluso del ordinario del lugar, o de cualquier otro, con el menor permiso solicitado de lo alto.
  
Y además, por lo cual cada uno sea más pronto y más celoso en unirse al número de los cohermanos antedichos, por la misericordia de Dios Todopoderoso, y por la autoridad de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo, en los cuales han recibido el santísimo sacramento de la la Eucaristía en alguna iglesia o capilla de dicha cofradía, y han rezado por lo menos una quincuagésima parte del Rosario, y han rezado por la tranquilidad de la Santa Madre de la Iglesia, así como los que, al borde de la muerte, han ha sido destinado a la penitencia saludable, y ha sido protegido por el sacramento de Viático, el pleno de todos, y en el Señor le concedemos misericordiosamente la indulgencia y remisión de cada uno de sus pecados, y somos generosos. Pero quienes, en el día de la Resurrección de Jesucristo y de la Anunciación y de la Asunción de la misma Santa María, tomaren el dicho sacramento de la Eucaristía, y rezaren parte del Rosario, se dice, durante diez años, y otras tantas cuarentenas; y a los mismos hermanos que, en el resto de los días del Señor Jesucristo, y de las antedichas fiestas de la Santísima Virgen María, en las que se enumeran los sagrados misterios del mismo sacerdote, hayan recitado por lo menos una quincuagésima parte de el Rosario; así como a todos los demás, y a las personas de uno y otro sexo fieles a Cristo, incluso no cofrades, que hayan participado devotamente en la misma procesión del Rosario, que se acostumbra hacer todos los meses, y asimismo a los antedichos Hermanos, que hemos rezado con devoción todo el Rosario cada semana, durante siete años y otras tantas cuarentenas, habiéndose prescrito la penitencia sobre nosotros mismos, descansemos también nosotros misericordiosamente en el Señor.
   
Determinando que los hermanos y los demás antedichos sean molestados por algún superior, y presentadas cartas de subrepción, u obrepción, o nulidad, o cualquier otro defecto, o falta de intención de nuestra parte, no pueden ser advertidas, argumentadas o impugnadas, y no pueden ser incluidas bajo ninguna revocación, suspensión u otras disposiciones contrarias de similar o gracias disímiles; pero cuantas veces emanen, cuantas veces sean restauradas a su estado anterior y más poderoso, aun en la última fecha, los hermanos designados por ellos para ser elegidos, para ser otorgados y para ser permanentemente fuertes y eficaces, y para ser, y para serlo, sus afectos plenos e intactos, deben ser sorteados, y así por cualesquiera jueces, y comisionados, actuando con alguna autoridad, aun los auditores de las causas del Palacio Apostólico, y Cardenales de la Santa Iglesia Romana, traídos a ellos, y a cualquiera de su capacidad de juzgar, y de interpretar de cualquier otra manera, y por autoridad, para ser juzgados y definidos, y en lo sucesivo nulo y sin efecto, si de otra manera sucede que alguien, por cualquier autoridad, a sabiendas o por ignorancia, atentare contra ellos, no obstante las constituciones apostólicas, provinciales y sinodales publicadas, las constituciones generales o especiales, y las ordenanzas y reglamentos de la cancillería apostólica, publicadas y publicadas, y cualquier otra contraria a cualquiera.
  
Deseamos, sin embargo, que traspuesta la presente, firmada por la mano de un notario público, y asegurada con el sello de alguna persona nombrada en dignidad eclesiástica, se aplique exactamente la misma fe tanto en el juicio como fuera, como se aplicaría a los presentes documentos si fueron presentados o mostrados.
   
Dato en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, a 17 de Septiembre de 1569, en el cuarto año de nuestro Pontificado. SAN PÍO V.