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viernes, 12 de septiembre de 2025

FLORILEGIO DEL DULCÍSIMO NOMBRE DE MARÍA

El dulcísimo Nombre de María (Cristóbal de Villalpando, óleo sobre lienzo, c. 1690-1700. Ciudad de Méjico, Museo de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe).

Citas tomadas de Las glorias de María, de San Alfonso María de Ligorio, 1.ª parte, cap. X.
  • San Ambrosio: «Vuestro dulcísimo nombre, ¡oh María!, es un ungüento odorífico, que exhala el perfume de la divina gracia. Derramad en lo interior de nuestras almas este ungüento de salud» (De institutióne vírginum, cap. XIII).
  • San Bernardo: «¡Oh grande, oh pía, oh digna de toda alabanza santísima Vírgen María! Vuestro nombre es tan dulce y amable, que no puede pronunciarse sin que el que lo profiere quede inflamado de amor hacia Vos y hacia Dios, de modo que basta que se ofrezca al pensamiento de vuestros amantes, para acrecentar mucho mas en ellos su amor hacia Vos y consolarles» (En San Buenaventura, Spéculum Beátæ Maríæ Vírginis, cap. VIII).
  • San Antonio de Padua: «Dulce nombre que consuela al pecador y trae bendita esperanza. Señora, vuestro nombre está en el anhelo del alma. “Y el nombre”, dice, “de la Virgen es María”. Vuestro nombre es aceite derramado. El nombre de María es júbilo en el corazón, miel en la boca, melodía en el oído» (Sermón 2.º del Domingo III de Cuaresma).
  • San Buenaventura: «Vuestro nombre, ¡oh Madre de Dios!, está lleno de gracias y de bendiciones divinas, como dice San Metodio; de tal manera que no puede ser pronunciado sin que atraiga alguna gracia sobre el que devotamente le profiere» (Spéculum Beátæ Maríæ Vírginis, cap. VIII).
  • Ricardo de San Lorenzo: «Del tesoro de la Divinidad salió, ¡oh María!, vuestro excelso y admirable nombre, pues toda la santísima Trinidad os dio un nombre tan grande, que es superior a todo otro después del de vuestro Hijo, y le enriqueció de tanta majestad y poder, que al proferirle quiere que postrados le veneren el cielo, la tierra y el infierno» (De láudibus beátæ Maríæ Vírginis libri XII, lib. 1, cap. II, pág. 14).
  • Alano de Lila, abad del Císter: «La gloria de su nombre se compara al aceite derramado. Así como el aceite sana á los enfermos, difunde el olor y enciende la llama, así el nombre de María sana á los pecadores, recrea los corazones y los inflama en el divino amor» (Comentario sobre Cánticos II).
  • Raimundo Jordano “El Idiota”, abad de Selles: «Por más empedernido y desconfiado que sea un corazón, si este os invocare, ¡oh benignísima Virgen!, es tal la virtud de vuestro nombre que él ablandará admirablemente su dureza, porque Vos sois la que alentais a los pecadores a esperar el perdón y la gracia» (Contemplatióne de Virgo María, cap. V, 4).
  • Tomás de Kempis: «Si deseais, pues, ¡oh hermanos!, hallar consuelo en todos los trabajos, acudid a María, invocad a María, obsequiad a María, encomendaos a María. Con María regocijaos, con María llorad, con María rogad, con María caminad, con María buscad a Jesús. Con Jesús y María, en fin, desead vivir y morir. Haciéndolo así, dice, siempre iréis adelantando en el camino del Señor, pues María rogará gustosa por vosotros, y el Hijo ciertamente oirá a la Madre» (Sermones a los Novicios, 4).
  • Ludolfo de Sajonia O. Cart.: «El acordarse de vuestro nombre, ¡oh María!, consuela a los afligidos, vuelve al camino de la salud a los que se apartaron de él, y conforta a los pecadores, para que no se abandonen a la desesperación» (Vita Christi, 2.ª parte, cap. XXXVI).

miércoles, 19 de junio de 2024

SANTOS GERVASIO Y PROTASIO, HERMANOS Y MÁRTIRES


Habiendo descubierto San Ambrosio por divina revelación los sepulcros de estos santos mártires de Milán el 17 de junio del 386, halló a la cabecera una escritura con estas palabras:
«Yo, Filipo, siervo de Cristo, en compañía de mi hijo hurté los cuerpos de estos santos, y dentro de mi casa los sepulté. Su madre se llamó Valeria, y Vital su padre. Nacieron de un parto, y llamáronlos Gervasio y Protasio. Siendo ya difuntos sus padres, y habiendo sucedido ellos abintestáto en sus bienes, vendieron la casa propia en que habían nacido y toda su hacienda, y repartieron el precio de ella a los pobres y a sus esclavos, dándoles libertad. Diez años vacaron a solo Dios, dándose a la lección y a la oración, y al onceno, alcanzaron la corona del martirio. A esta sazón pasó por Milán el general Astasio que iba a la guerra contra los bárbaros: saliéronle al camino los sacerdotes de los ídolos, y dijéronle que si quería alcanzar victoria de sus enemigos apremiase a Gervasio y Protasio, que eran cristianos, para que sacrificasen a los dioses inmortales, los cuales estaban de ellos tan enojados, que no querían hacer a los pueblos el favor que solían con sus oráculos. Mandóles Astasio buscar y prender, y rogóles que le hiciesen placer de ofrecer con él sacrificio a los dioses, para que prosperase su jornada y tuviese buen suceso aquélla guerra: a lo que respondió Gervasio: “La victoria, ¡oh Astasio!, la da del cielo el Dios verdadero y no las estatuas vanas y mudas de los dioses”. Enojóse Astasio sobremanera, con esta respuesta, y mandóle luego azotar y herir con plomadas fuertemente hasta que allí muriese; y con este tormento Gervasio dio su espíritu al Señor. Quitado de aquel lugar el cadáver, hizo llamar a Protasio y díjole: “¡Desventurado y miserable!, mira por ti, y no seas loco como tu hermano”. Respondió Protasio: “¿Quién de los dos es miserable, tú que me temes a mí, o yo que no te temo a ti, ni hago caso de tus dioses ni de tus amenazas?”. Al oír el general estas palabras mandóle moler a palos con unos bastones nudosos, y le dijo: “¿Quieres perecer como tu hermano?”. El santo respondió: “No me enojo contigo porque mi Señor Jesucristo no abrió su boca contra los que le crucificaron: te tengo lástima y te perdono porque no sabes lo que haces”. Finalmente el general le hizo degollar, y mandó arrojar los sagrados cadáveres de los dos hermanos en un muladar. Y yo Filipo, siervo de Cristo, con mi hijo tomé de noche los cuerpos de estos santos y los llevé a mi casa y siendo Dios solo testigo los puse en un arca de piedra».

REFLEXIÓN
Habiéndose aparecido los santos a San Ambrosio, arzobispo de Milán, convocó éste a todos los obispos comarcanos, y cavando la tierra en el lugar señalado que estaba en la iglesia de San Nábor y San Félix, hallaron el arca de piedra. La abrieron, y vieron los cuerpos de los mártires, y el fondo del sepulcro lleno de sangre, exhalando un maravilloso olor que se extendió por toda la iglesia, e ilustrándoles el Señor con estupendos milagros, señaladamente dando vista a Severo, un ciego muy conocido en toda aquélla ciudad de Milán. Roguemos al Señor que estos auténticos prodigios referidos largamente por San Ambrosio que los presenció, abran los ojos de nuestra alma para ver con mayor luz del cielo la divinidad de la fe por la cual dieron sus vidas tan ilustres mártires.
   
Flos Sanctorum de la Familia Cristiana, P Francisco De Paula Morell, S. J., Ed. Difusión, S. A., Buenos Aires, 1943.
 
ORACIÓN
¡Oh Dios!, que cada año nos alegras con la festividad de tus bienaventurados mártires Gervasio y Protasio; asístenos con tu gracia para que nos inflamen con sus ejemplos estos santos de cuyos méritos nos alegramos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

martes, 15 de agosto de 2023

AUNQUE NOS LO CREÁIS, DICE SER “SUCESOR” DE SAN AMBROSIO


Este hombre en pijama es Mario Enrico Delpini Caruggi, de 72 años de edad y que se dice “arzobispo” de Milán. La foto fue en el marco del encuentro juvenil ambrosiano organizado por el Servicio para la Juventud y la Universidad en la iglesia de San Juan Bosco en Porto (Portugal) después de la JMJ.
   
La foto aparece en la cobertura noticiosa del evento por el sitio web de la archidiócesis de Milán, por tanto es real y no una noticia falsa como algunos lo aseguran.
   
Mario Enrico (“Mariolone” para los amigos), tercer hijo de Antonio Delpini y Rosa Caruggi, fue “instalado” presbítero el 7 de Junio de 1975 por el cardenal Giovanni Umberto Colombo Millefanti, y como obispón el 23 de Septiembre de 2007 por el cardenal Dionigi Tettamanzi Ciceri, y promovido a la sede ambrosiana el 7 de Julio de 2017. Él es el superior del presbítero Mattia Bernasconi, que simuló el servicio Novus Ordo en bañador y sobre una colchoneta hinchable en la playa Alfieri de Capo Colonna en 2022. Delpini solo lo reprendió y lo envió nuevamente al curso de liturgia, y nada más.
    
Alguno habrá que reponga diciendo: «el hombre no ve mas que lo exterior, pero el Señor ve el fondo del corazón» (cf. 1.º Reyes XVI, 7). Pero también está escrito: «Por el semblante es conocido el hombre; y por el aire de la cara se conoce el que es juicioso. La manera de vestir, de reir, y de caminar del hombre, dicen lo que él es» (Eclesiástico XIX, 26-27/Versión de Mons. Félix Torres Amat). Y respecto a este último pasaje, conviene señalar que, en su comentario, Mons. Félix Torres Amat cita a San Ambrosio:
«Dice San Ambrosio que “el rostro es un tácito intérprete del corazón”; y lo mismo sucede con la manera de vestir, de andar, de reír, etc. Es memorable el hecho del mismo santo, que rehusó admitir en el clero a un joven, solo por ver en él un gesto indecente, y a otro por su manera chocante de andar: y el desastrado fin de ambos probó que no se había engañado (De Offíciis ministrórum, lib. 1, c. 18)».

lunes, 28 de noviembre de 2022

NOVENA EN HONOR A SAN AMBROSIO DE MILÁN

Traducción y adaptación de la Novena publicada por el Canónigo Giuseppe Riva en el Manual de Filotea, publicado en Turín por Giacomo Arneodo, tipógrafo de la Curia Arzobispal, en 1901. Los Gozos, de origen valenciano, son tradicionales, sin autor conocido. Puede rezarse en cualquier momento del año, particularmente antes del 7 de Diciembre, día de su ordenación sacerdotal, o del 4 de Abril, día de su tránsito.
   
NOVENA EN HONOR AL GLORIOSO OBISPO, PADRE Y DOCTOR DE LA IGLESIA SAN AMBROSIO DE MILÁN
   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
ACTO DE CONTRICIÓN – PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mio, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
  
DÍA PRIMERO – 28 DE NOVIEMBRE
Glorioso San Ambrosio, que casi desde los más tiernos años recopilaste en ti la rectitud de tu padre Ambrosio, la prudencia de tu hermano Sátiro y la virginal pureza de tu hermana mayor Marcelina, a quien viste con santa alegría recibir el velo monástico por el santo Papa Liberio; y a medida que crecías en edad, crecías igualmente en toda forma de ciencias y de virtud, que después de ser de todos admirado por tu elocuencia en los tribunales, particularmente a favor de los pobres, hiciste la especial delicia de la Insubria, Liguria y Emilia, que bajo el aviso del prefecto Probo, gobernaste como obispo más que como juez, obténnos a todos la gracia de siempre modelarnos sobre los buenos ejemplos de nuestros prójimos más fervorosos, de no usar nuestras luces sino para sostener las razones de la verdad y de la justicia, y de preferir siempre la dulzura a la severidad, para conformarnos plenamente al precepto del divino Maestro que dijo: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón».
  
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria.
   
GOZOS AL GRAN PADRE Y DOCTOR DE LA IGLESIA SAN AMBROSIO DE MILÁN
   
Pues que fundan la grandeza
Trabajo, doctrina y celo;
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
   
No es cuestión muy oportuna
(Del Cielo por la ganancia),
Si fue la Italia, o la Francia,
La que os dio la noble cuna:
Mas de tu naturaleza
Cierto fue feliz el suelo.
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
  
¡Siendo vos niño, acudieron
Abejas a vuestra boca!
Lo que más pasmo provoca
Es que daño no os hicieron,
El padre, de la extrañeza,
Presagió vuestro gran vuelo.
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
  
De estudios por la carrera
No corristeis, que volasteis:
Y joven desepmeñasteis
Empleos de mucha esfera:
La vara por la entereza
Fue una vara de consuelo.
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
  
De Milán por presidente
Valentiniano os destina,
La Providencia Divina
Por Obispo de la gente:
Esto se vio con presteza
Y del pueblo con anhelo.
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
  
El obispo fallecido
(Hereje arriano era),
Cada uno mucho se esmera
Elegirlo del partido:
Detenéis vos su fiereza,
Mas caéis en el anzuelo.
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
  
Habla milagrosamente
Un niño infante y asegura
Que del gran Milán la cura
Se ha de dar al presidente:
La división luego cesa,
Cesa el furor, cesa el duelo.
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
  
¿Qué huís, Ambrosio? ¿Qué hacéis?
¿Qué fingís la crueldad?
¿Qué encubrís la castidad?
¿Vos Obispo no seréis?
Se sostendrá con firmeza
Una elección, que es del Cielo.
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
  
¡Qué campo tan dilatado
Descubrió vuestro fervor!
¡Qué trabajos, qué sudor
Os costó el Episcopado!
¡Lo que pudo tu entereza!
¡Lo que logró vuestro celo!
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
  
El Cielo os ilustró
Con mucha ciencia infusa:
La herejía muy confusa
El campo os abandonó:
De Justina la fiereza
Se embotó con vuestro celo.
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
  
Ella pudo perseguiros,
Pudo intentar vuestro daño:
Circuído del rebaño
Jamás pudo proscribiros:
Y después con gran bajeza
Imploró vuestro consuelo.
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
  
Día y noche no cesaba
El pastoral ministerio:
Vuestro celo el Presbiterio 
 Teodosio negaba:
De Máximo la vileza
Temía a vuestro recelo.
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
   
Del culto la majestad
Por vuestro celo brilló,
Y los himnos que dejó
Canta la posteridad:
Fuisteis Ángel en pureza,
En amor un Mongibelo.
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
   
Sois un muro que no quiebran
Emperadores, Ambrosio:
Dígalo el gran Teodosio
Que todos tanto celebran:
Tiembla él de vuestra firmeza,
Y os propone por modelo.
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
   
Tanto oír, tanto escribir,
Tanto orar, tanto enseñar,
A Agustín hizo admirar
Y a la Iglesia conducir:
Talento de tal belleza
Es nuestro por vuestro celo.
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
   
Al carro de los Doctores
Por la Iglesia estáis unido,
Y el primero, si no olvido,
Sois de cuatro Conductores:
Para Grande cuanto expresa
Jesús, fuisteis en el suelo.
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
   
La fe y la disciplina
De la Iglesia defended:
Y sea por vuestra merced
La nuestra vuestra doctrina;
Que el infierno tan aprisa
Procura quitar del suelo.
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
  
Pues que fundan la grandeza
Trabajo, doctrina y celo;
¡Cuán grande sois en el Cielo,
Ambrosio, con tanta empresa!
  
℣. Lo amó el Señor y lo adornó.
℟. Lo revistió con una estola gloriosa.
     
ORACIÓN
Oh Dios, que habéis dado a tu pueblo al bienaventurado San Ambrosio como ministro de salvación eterna: concédenos, te suplicamos, que cuantos lo tuvimos como maestro de vida en la tierra, merezcamos tenerlo como intercesor en el Cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO – 29 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de Contrición.
   
Glorioso San Ambrosio que, nutriendo el más alto concepto del Orden sagrado, no dejaste intentado ningún medio para sustraerte de la sagrada Ordenación cuando, si bien aún catecúmeno, fuiste llamado con los signos más evidentes de la expresa voluntad del Señor; y sometiéndote para no contradecir a la divina voluntad, te mostraste enseguida verdadero modelo de perfección pastoral haciéndote todo a todos para ganarlos a todos para Jesucristo, y a todos efificaste con tu continua aplicación a los estudios sagrados y los sagrados misterios, prestándote siempre a las necesidades de todos cuantos a ti recurrían, además de hallar delectación en las más copiosas limosnas, la más ferviente oración y el más prolongado ayuno, alcánzanos a todos nosotros la gracia de no ambicionar jamás ninguna distinción del mundo, honrar siempre con los mayores obsequios todos los sagrados ministerios y cumplir siempre con la mayor exactitud todos los deberes de nuestro estado.
  
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA TERCERO – 30 DE NOVIEMBRE
Por la señal…
Acto de Contrición.   
   
Glorioso San Ambrosio, que si bien estuviste dotado te tanto saber para ser objeto de justa admiración en todo el mundo, por lo cual te honraron por su correspondencia San Basilio en Cesarea, San Juan Crisóstomo en Constantinopla y San Jerónimo en Belén, y te consultaban casi como maestro San Gaudencio en Brescia por ti subrogados al difunto obispo San Filastro, San Vigilio en Trento enseñados por ti en todos los deberes de la dignidad pastoral; y San Agustín en Hipona ganados por tu doctrina y tus ejemplos a la fe y dirigidos a la perfección más sublime; no desdeñaste nunca los consejos del santo sacerdote Simpliciano, que te había enviado el mismo Papa San Dámaso como auxiliar, y muchas veces sometiste tus escritos a examen de otros, protestándote siempre reconocido a sus respetuosas observaciones, alcánzanos la gracia de nunca envanecernos por la estima de otros, de siempre desconfiar de nuestras luces, y de siempre acoger con humilde reconocimiento las correcciones que creyesen hacernos los verdaderos amigos de nuestro bien.
  
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA CUARTO – 1 DE DICIEMBRE
Por la señal…
Acto de Contrición.   
   
Glorioso San Ambrosio, que, incansable en el trabajo por la santificación de las almas, con tos elocuentísimas prédicas y con tus doctísimos escritos pusiste en tanta luz todas las verdades católicas, y especialmente las sumas virtudes de la pureza virginal, que gran número de herejes regresó arrepentido a la fe verdadera, una gran multitud de pecadores detestó sinceramente sus propias fallas, y un ejército siempre creciente de piadosísimas vírgenes pobló de verdaderos Ángeles en carne los santos claustros fundados por ti, de los cuales como de verdaderos jardines de celestiales delicias se expandía por todas partes la divina fragancia de las más heroicas virtudes; obténnos a todos nosotros la gracia de siempre aprovechar por medio de la divina palabra, para conformar constantemente nuestra vida, y de siempre apreciar las almas consagradas al Señor, para tener en gloria el emular con todo empeño los virtuosísimos ejemplos, en cuanto comporta el estado en que la Providencia nos ha colocado.
  
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA QUINTO – 2 DE DICIEMBRE
Por la señal…
Acto de Contrición.   
   
Glorioso San Ambrosio, que, siempre atento como buen Pastor para combatir los lobos insidiadores de la sagrada grey, no satisfecho de haber liberado a tu grey del nuevo lobo que surgió en Milán en la persona de Joviniano, que se rebeló a la disciplina del claustro y a la fe católica, acudiste solícito a la necesidad de las diócesis más lejanas cuando estaban para caer víctimas de los más obstinados fautores de la herejía; y luego te dirigiste ora a Sirmipo para hacerte proclamar por el nuevo obispo Anemio un verdadero luminar de doctrina y de santidad, ora en Aquileya para cobatir en pleno Concilio la impía doctrina de los dos arrianos Claudiano y Secundiano, que todo ponían en obra para sembrar en el pueblo la mortífera cizaña de sus errores; obtén para todos nosotros la gracia de celar siempre en la mejor forma que nos sea posible la savación de nuestros hermanos con correcciones oportunas si están extraviados, o con saludables apoyos, si son buenos, pero especialmente con nuestra oración dirigida en su provecho, y con nuestro buen ejemplo siempre eficas en el mejoramiento espiritual de los prójimos.
  
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA SEXTO – 3 DE DICIEMBRE
Por la señal…
Acto de Contrición.   
   
Glorioso San Ambrosio, que, aunque amado y admirado de los más poderosos del siglo, no dejaste nunca de explicar ante ellos una franqueza verdaderamente apostólica, tanto en reconvenirlos de sus fallas si dóciles a tus insinuaciones, como en combatir con la mayor energía sus injustas pretenciones s prepotentes y obstinados, luego tuviste la gloria y el contento de inducir a la más ejemplar penitencia a aquel emperador Teodosio, a quien no temiste prohibir el ingrso en el templo por la injusta masacre ordenada en Tesalónica, y de hacer vanos todos los esfuerzos no solo de Valígono y Símaco en Roma, cuando intentaron levantar nuevamente el abatido culto de los ídolos, pero también de la impía y soberbia emperatriz Justina en Milán, cuando con la fuerza armada pretendió restablecer a pesar tuyo y de la ciudad la ya derrotada herejía arriana; alcánzanos a todos nosotros la gracia de no dejarnos nunca dominar de cualquier respeto humano cada vez que convenca corregir a los que yerran para reconducirlos al buen camino, o de combatir a los enemigos del bien para preservar a nosotros mismos y al prójimo de toda espiritual ruina.
  
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO – 4 DE DICIEMBRE
Por la señal…
Acto de Contrición.   
   
Glorioso San Ambrosio, que, poniendo en Dios solo tu confianza, viste castigasos por el mismo Dios con los más ejemplares castigos a tus ultrajadores y a tus enemigos; como viste: 1.º caer muerta ante tus pies aquella mujer insolente que osó ponerte las manos encima para hacerte caer del púlpito y exponete a la burla de los reos sus cómplices; 2.º cegado en forma tal que no pudo hallar la puerta abierta del templo, donde buscaba refugiarse para sustraerse a los satélites de la justicia aquel Macedonio que en la corte de Graciano se había atrevido a cerrarte las puertas en la cara; 3.º conducido en vergonzosísimo exilio aquel Eutimio que por largo tiempo tuvo un carruaje listo para quitarte al amor del pueblo llevándote a lejanas tierras; obtén para todos nosotros la gracia de no desmayar jamás por cualquier persecución que nos sea movida por nuestros enemigos, y de conducirnos en todo encuentro tan santamente para no desmerecer jamás aquella divina asistencia que sola puede hacernos victoriosos en los más peligrosos combates.
  
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
    
DÍA OCTAVO – 5 DE DICIEMBRE
Por la señal…
Acto de Contrición.   
   
Glorioso San Ambrosio, que, después de haber purgado la mística viña que te fue confiada de la doble cizaña de la herejía y de las malas costumbres, la fecundaste con las vivíficas plantas de las prácticas más salutíferas, y recomendando especialmente: 1.º la devoción a María, de quien en cada encuentro exaltaste sus singularísimas virtudes con las más sublimes alabanzas; 2.º el culto a los Santos, hasta promover la construcción de una nueva Basílica dedicada a los Apóstoles, deponiendo en sus cimientos las preciosas reliquias que trajiste de Roma, y honrar en distinguida sepultura los gloriosos mártires milaneses Gervasio y Protasio, que descubriste por divina ilustración; 3.º la más cordial sujeción al verdadero Centro de la Comunión Católica el Romano Pontífice, hasta pronunciar aquella grande y siempre verdadera sentencia que «donde está el Papa allí está la Iglesia»; alcánzanos a todos nosotros la gracia de siempre profesar y promover con todo empeño, no solo la mortificación, sino también la devoción a María que es la medianera de todas las gracias, el culto a los Santos que son nuestros más poderosos abogados, y el más filial obsequio al Romano Pontífice que es el padre, rector y maestro siempre infalible de todos los fieles, del cual discrepar es lo mismo que salir de la grey de Cristo para ponerse en el camino de la perdición sempiterna.
  
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA NOVENO – 6 DE DICIEMBRE
Por la señal…
Acto de Contrición.   
   
Glorioso San Ambrosio, que aun después de muerto no dejaste de prestar los más prodigiosos socorros a cuantos llegaban a invocar el poder de tu intercesión, por lo cual si Florencia y Milán se confesaban deudores tuyos de las más insignes victorias contra sus más aguerridos enemigos, es infinito el número de aquellos que recibieron de tu piedad, y siguen recibiendo hasta ahora salud en sus enfermedades más desesperadas, apoyo en las necesidades más urgentes, defensa en los peligros más graves, y victoria en los combates más decisivos, como también contrición sincera los pecadores, fervor edificante los tibios o perseverancia inalterable los justos; pues, en reconocimiento de tantos favores, vivísimo es en todos los fieles el empeño en rendirte culto siempre más espléndido, y más venerado y amado tu nombe, tal como el de un perfecto ejemplar de toda virtud y uno de los primeros Doctores de la Iglesia Católica; obtén para todos nosotros la gracia de profesarte siempre una devoción tan sincera que nos merezca constante tu benigna asistencia, para así asegurarnos distinta la perpetua participación en tu gloria en el Cielo, depués de haber seguido fielmente tus huellas santísimas sobre la tierra.
  
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.

miércoles, 4 de mayo de 2022

LA IGLESIA NO ES PECADORA

En respuesta a las palabras del cardenal de Rabat Cristóbal López Romero SDB sobre la Iglesia, traemos este artículo del padre Giuseppe Murro IMBC, publicadas en el n.º 50 de la revist SODALITIUM. Rescatado de CATÓLICOS ALERTA - PRIMERA ÉPOCA.
  
LA IGLESIA NO ES PECADORA
   
Una corriente de pensamiento progresista sostiene hace algunos años que la Iglesia no es santa, sino pecadora, y por esta razón debe arrepentirse de las faltas cometidas. Los representantes de esta corriente son Von Balthasar (creado cardenal por Juan Pablo II), H. Küng (“La Chiesa”, Brescia, 1969), y Giuseppe Alberigo en “Chiesa santa e peccatrice. ¿Conversione de la Chiesa?”, Magriano, 1997). Esta corriente ha igualmente influenciado al pensamiento de Juan Pablo II, expresado en la Carta apostólica “Tertio Millénnio adveniénte”, publicada el 10 de noviembre de 1994, en la cual dice: «[Es justo que…] la Iglesia se haga cargo, con una conciencia más viva, del pecado de sus hijos… Es necesario hacer una retractación, invocando con fuerza el perdón de Cristo» (n.º 33-34). Contra esta corriente el Cardenal Giacomo Biffi Bossi, Arzobispo de Bolonia, publicó un estudio para demostrar que la Iglesia es santa y no puede tener ninguna mancha*: ella se entristece y reza por sus hijos caídos en pecado, pero permanece inmaculada. El estudio de Biffi es, pues, de gran importancia, ya que recuerda valientemente una verdad implícitamente negada incluso por Juan Pablo II.
   
UNA EXPRESIÓN DE SAN AMBROSIO
El estudio se centra en una expresión de San Ambrosio, hoy convertida en moda, que define a la Iglesia como una “casta prostituta”. Los católicos saben que es dogma de fe que la Iglesia es santa. Los enemigos de la Iglesia por el contrario buscan a todo precio demostrar que es pecadora: en ese caso, no estaría preservada por Dios de errores y faltas, sería pues una sociedad humana como tantas otras y no podría presentarse más como la única verdadera religión, puesto que es la única en haber sido creada por Nuestro Señor Jesucristo, que es Dios. He aquí que esta expresión de un Padre de la Iglesia (y nada menos que San Ambrosio) parece dar razón a sus enemigos. Además, se puede pensar que otros Padres la han utilizado. «¿Está permitido a los buenos fieles unirse al coro de los murmuradores, aunque sea para favorecer un diálogo abierto y constructivo?», se pregunta el Cardenal Biffi (págs. 5-6). El libro ente no es una respuesta negativa. En primer lugar prueba (pág. 7), gracias a “tecnologías informáticas modernas”, que San Ambrosio es el único en emplear esta expresión precisa o una equivalente. Luego muestra su significación analizando el texto.
  
EL TEXTO
En el comentario de San Lucas, San Ambrosio se pregunta por qué San Mateo, presentando la genealogía de Jesús, nombra a los dos hijos de Judá, los gemelos Zara y Fares, cuando habría sido suficiente con uno, como hace San Lucas. Para comprender el motivo, exhorta a los fieles a elevarse del sentido literal al sentido alegórico, mostrando que los dos gemelos figuran la vida de dos pueblos, uno según la ley, el otro según la fe. En este contexto alegórico, San Ambrosio trata luego de Rahab, la mujer de Jericó de la cual habla el libro de Josué: «Rahab (que en su persona era una prostituta pero en el misterio es la Iglesia), indica en su sangre el signo futuro de salvación universal en medio de la masacre del mundo: ella no rechaza la unión con numerosos fugitivos, puesto que es más casta cuanto más estrechamente unida está al mayor número de ellos. Ella que es virgen inmaculada, sin arruga, sin mancha en su pudor, amante pública, prostituta casta, viuda estéril, virgen fecunda: prostituta casta porque numerosos amantes la frecuentan por el atractivo del afecto, pero sin la suciedad del pecado (casta méretrix, quía a plúribus amatóribus frequentátur cum dilectiónis inlecébra et sine conluvióne delícti)» (“In Lc.”, III, 17-23). «Se quiere significar, comenta Biffi, que la actividad de prostitución pertenece a la figura, no a la realidad figurada. No se pueden pues hacer apresuradas transposiciones del “tipo” al “antitipo”». ¿En qué sentido es la comparación? «La Iglesia puede ser simbólicamente reconocida en la mujer de Jericó, únicamente porque ella no rechazó unirse a la multitud de “fugitivos”, es decir de todos aquellos que, dispersados y desorientados en la ciudad mundana, buscan al lado de ella un refugio de la perdición… Pero hay una diferencia fundamental. La condescendencia con la cual la Iglesia entreabre su puerta a todos, como hacen las mujeres de costumbres demasiado fáciles, no solamente no comporta en sí nada de reprensible, sino que indica incluso la fidelidad a su propia misión (y entonces a su Esposo que se la ha asignado). Immaculáta virgo, sine ruga, pudóre íntegra» [Virgen Inmaculada, sin arruga, sin mancha en su pudor]. Como para prevenir todo equívoco que pudiera nacer de una comparación innegablemente audaz, se evoca aquí (e incluso se deja atrás) el ardiente lenguaje de Pablo cuando exalta a la Iglesia «no teniendo ni mancha, ni arruga, ni nada parecido» (Ef., V, 27)… La Iglesia es plebeya [pública] en su amor; es decir, no tiene nada de aristocráticamente exclusiva en sus atenciones, que se dirigen hacia todos sin distinción. O, si existen preferencias, éstas son eventualmente por los simples, los humildes, los pobres… En su significado original, pues, la expresión «prostituta casta», lejos de hacer alusión a algo pecaminoso y reprensible, quería indicar, no so-lamente con el adjetivo sino también con el sustantivo, la santidad de la Iglesia, santidad que consiste tanto en la adhesión sin dudas y sin incoherencias a Cristo su Esposo (“casto”) como en la voluntad de esperar llevar a todo el mundo la salvación (“prostituta”). En resumen: la Iglesia es casta porque es santa, sin mancha; se puede llamarla alegóricamente “prostituta” únicamente en el sentido en que no rechaza a nadie que quiere venir a ella para obtener la salvación del alma.
  
EL PENSAMIENTO DE SAN AMBROSIO
Biffi aporta otras citas de San Ambrosio sobre el mismo tema para mostrar de manera clara el pensamiento (pág. 15). La Iglesia no tiene mancha, porque, siendo esposa de Nuestro Señor, está protegida por Él. En el comentario al Cantar de los Cantares, el Santo escribe: «“Es un jardín cerrado, una fuente sellada”. Cristo dice estas palabras de la Iglesia, que quiere que sea virgen sin mancha ni arruga… Y nadie puede dudar que la Iglesia sea virgen» (“Ep. Extra coll.”, 14, 36-37). «Muchos tientan a la Iglesia, pero ningún hechizo de arte mágica podrá nunca dañarla. Los encantadores no tienen ninguna eficacia allí donde cada día resuena el cántico de Cristo. Ella tiene su encantador: es Nuestro Señor Jesucristo, gracias a quien ella puede volver ineficaces los hechizos de los encantadores y los venenos de las serpientes» (“Exameron”, IV, 33). Para San Ambrosio, la Iglesia es el Cuerpo de Cristo (“In Ps. 118”, 16), la alegría del universo (“In Ps. 118”, 15, 11), el santuario de la Trinidad, morada de la santidad, santa (“Exameron”, III, 5), puerta para la salvación (“In Ps. 118”, 22, 38), lagar de la vida eterna (“De Sancta”, I, 1). La expresión: «Ubi Petrus ibi Ecclésia; ubi Ecclésia ibi nulla mors sed vita ætérna» [Donde está Pedro, está la Iglesia; y donde está la Iglesia, no hay muerte sino vida eterna] (“In Ps. 40”, 30) es de San Ambrosio. La Iglesia es madre, ya que engendra a los nuevos miembros de Cristo (“In Lucam”, III,38); ella es fecunda porque es inmaculada: «fecunda por sus partos, es virgen por su castidad aunque madre por los hijos que engendra. Somos pues engendrados por una virgen, que concibe no por obra de hombre sino por obra del Espíritu Santo… Nuestra madre no tiene marido, pero tiene un esposo, que tanto ama la Iglesia en los pueblos como en los individuos… como si se unieran con el Verbo de Dios como a un esposo eterno sin que se desaparezca el pudor» (“De virgínibus”, I, 31).
    
LA IGLESIA Y LA PRESENCIA DEL MAL
Pueden surgir algunos interrogantes acerca de esta santidad de la Iglesia: «Ya que Ella vivió en el tiempo y camina por los polvorientos caminos llenos de las acechanzas del mundo, necesariamente tiene contacto con la iniquidad». Biffi se plantea tres preguntas (pág. 37) y trae las respuestas dadas por San Ambrosio: 1) ¿Qué influencia tiene sobre la Iglesia el “mal exterior”? 2) ¿En qué medida el pecado, que por cierto se da en la comunidad cristiana, alcanza al “misterio” de la Iglesia? 3) ¿Qué sentido teológico puede darse a la aparente infecundidad y debilidad moral con la cual se presenta a los ojos del mundo?
  
A LA PRIMERA PREGUNTA el Santo responde: «Como el oro puro, así la Iglesia no es dañada por el fuego; ella se hace incluso más resplandeciente, mientras Cristo no ha venido en su Reino tener a su jefe en la fe de la Iglesia» (“In Ps. 118”, 3, 7). «La Iglesia es golpeada por las olas de las preocupaciones mundanas, pero no es derribada; es golpeada pero no cae; sin dificultad sostiene y modera las sacudidas de las olas y los asaltos de las pasiones corporales. Ella observa los naufragios de los demás, mientras que Ella es exenta y sustraída del peligro; siempre preparada para ser iluminada por Cristo. Y, así iluminada, alcanzar la gloria» (“De Ábraham”, II, 11). «La Iglesia no ha vencido los poderes enemigos con las armas del mundo, sino con las armas espirituales que tienen la fuerza de Dios y pueden hasta destruir los poderes amurallados de los espíritus del mal… El Arma de la Iglesia es la fe, el arma de la Iglesia es la oración que vence al enemigo» (“De víduis”, 49). Biffi llama igualmente la atención sobre la relación entre la Iglesia y la Sinagoga, al escribir: «Ambrosio tiene sobre este tema una sensibilidad muy diferente a la hoy dominante, y precisamente por esto puede ser útil estudiar su magisterio. Hay entre Sinagoga e Iglesia como una doble relación: una de oposición y otra de continuidad» (pág. 41). «La verdad existe también en el Antiguo Testamento y anteriormente ésta era del pueblo judío… pero puesto que luego la generación de los judíos se desvía de la conducta de sus padres, he aquí que la verdad se aparta de ellos y pasa a la Iglesia» (“In Ps. 118”, 12, 19).
  
A LA SEGUNDA PREGUNTA, San Ambrosio distingue a los cristianos de aquellos que eran gentiles, que vivían en pecado (pág. 45). Estos últimos han sido purificados por la gracia de Dios, y absteniéndose de la culpa, son exceptuados del pecado. Es por esto que la Iglesia es ex maculátis immaculáta, compuesta por el que antes era pecador: «Ella no está sin mancha desde los orígenes, cosa imposible a la naturaleza humana, si no que ocurre que aparece inmaculada por gracia de Dios y por su propio estado de vida, porque no peca más» (“In Lucam”, I, 17). Por el contrario, en lo que concierne a los pecados de sus miembros, la Iglesia es tocada de cerca, explica Biffi, «tanto que Ella puede sentir en sí misma, como molestia y como herida propia, toda acción reprensible de sus miembros. De estas heridas ella pide ser curada, como la hemorroísa del Evangelio… Las llagas de este género son suyas y no lo son. Son suyas, porque son las de sus hijos; no lo son, porque su misterio de inocencia es inviolable: “No Ella, sino en sus hijos, no Ella, repito, sino en nosotros es herida la Iglesia. Prestemos pues atención que nuestra caída no se vuelva herida para la Iglesia”» («De virginitáte», 48). «La Iglesia, siguiendo el ejemplo de Jesús, toma la responsabilidad del pecador: Toda la Iglesia toma sobre sí la carga del pecador, y debe participar de su sufrimiento por las lágrimas, por la oración, por el dolor» (“De Pœniténtibus”, I, 81). «Que ella llore por ti; que ella derrame lágrimas por tus pecados y llore mucho» (“In Ps. 37”, 10). «Si desesperas de obtener el perdón por pecados graves, sírvete de intercesores, sírvete de la Iglesia, a fin de que rece por ti; mirándola, el Señor te otorga el perdón que podría rehusarte» (“In Lucam”, V, 11).
  
A LA TERCERA PREGUNTA, el Santo compara la Iglesia a la luna (pág. 52), que puede tener fases: «Ella parece desaparecer como la luna, pero no hay nada de eso. Ella puede ocultarse, pero no puede desaparecer» (“Exameron”, IV, 7). Además el fin de la Iglesia no es el bien sobre esta tierra, sino el bien en el más allá: «La Iglesia parece estéril en este mundo, porque no engendra cosas ni mundanas ni presentes, sino futuras, es decir, no cosas visibles, sino cosas invisibles» (“De Ábraham”, II, 72).

PADRE GIUSEPPE MURRO IMBC
  
* GIACOMO BIFFI. “Casta méretrix”. Saggio sull’ecclesiologia di sant’Ambrogio [“Casta méretrix”. Ensayo sobre la eclesiología de San Ambrosio]. Piemme, Casale, 1996, 60 págs.).

miércoles, 20 de enero de 2021

SAN AMBROSIO SOBRE SAN SEBASTIÁN

Para entrar al reino de Dios, debemos afronrar muchas tribulaciones. Si hay muchas persecuciones, hay muchas pruebas; donde hay muchas coronas de victoria, hay muchas puebas de fuerza. Es entonces para tu provecho si hay muchos perseguidores; entre muchas persecuciones puedes encontrar más fácilmente un camino a la victoria.
   
Toma el ejemplo del mártir San Sebastián, cuyo natalicio en la gloria celebramos hoy. Él era natural de Milán. En un tiempo cuando la persecución o había cesado o no había comenzado todavía, o era de un tipo débil, él concluyó que solo había, si acaso, una oportunidad ligera para sufrir. Él partió para Roma, donde persecuciones más amargas estaban creciendo por el fervor de los Cristianos. Allí enfrentó el sufrimiento; allí ganó su corona. Fue a la ciudad como un extranjero, y allí estableció una casa de gloria inmortal. Si allí hubiese habido sólo un perseguidor, él no habría ganado una corona de mártir.
    
Los perseguidores que son visibles no son los únicos. Hay también perseguidores invisibles, mucho mayores en número. Esto es más serio. Como un rey decidido en la persecution, enviando órdenes de  perseguir a sus muchos agentes, y estableciendo distintos perseguidores en cada ciudad o provincia, el diablo dirige a sus muchos siervos en su obra de persecución, sea en público o en las almas de los individuos. De este tipo de persecución dice la Escritura: Todo el que desee llevar una vida santa en Cristo Jesús, sufrirá persecución. “Todos” sufren persecución; no hay excepción. ¿Quién puede afirmar exención si el Señor mismo afrontó la prueba de la persecución? ¡Cuántos hay hoy que son mártires secretos para Cristo, dando testimonio de Jesús como Señor! El Apóstol conocía este tipo de martirio, este fiel testimonio de Cristo, por lo que dijo: Este es nuestro alarde, el testimonio de nuestra conciencia.
    
SAN AMBROSIO DE MILÁN, Explicación de los Salmos: Salmo 118 - Fiel testimonio de Cristo.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

LAS ASAMBLEAS DE LOS HEREJES PERTENECEN AL DEMONIO


«Y de esto hay que entender que los herejes y cismáticos, también están separados del Reino de Dios, y de la Iglesia. Y así Él deja claramente evidente que todas las asambleas de los herejes pertenecen, no a Dios, sino al espíritu inmundo». (SAN AMBROSIO DE MILÁN)

domingo, 2 de febrero de 2020

HIMNO MARIANO “Mystérium Ecclésiæ”, DEL BREVIARIO AMBROSIANO

   
Como cierre del tiempo de Navidad, os traemos el himno “Mystérium Ecclésiæ”, compuesto por San Ambrosio de Milán. Este himno es usado para las I y II Vísperas y las Laudes de todas las fiestas mayores de la Virgen en el Breviario Ambrosiano, que son:
  • Presentación de la Bienaventurada Virgen María (21 de Nov.),
  • Inmaculada Concepción (8 de Dic.),
  • VI Domingo de Adviento (el Adviento Ambrosiano empieza dos semanas antes que el Romano, el domingo más cercano a San Martín Obispo), dedicado a la Anunciación.
  • Purificación de la Bienaventurada Virgen María (2 de Feb.),
  • Visitación de la Bienaventurada Virgen María (2 de Jul.),
  • Nuestra Señora del Carmen (19 de Jul.),
  • Asunción de la Bienaventurada Virgen María (15 de Ago.),
  • Natividad de la Bienaventurada Virgen (8 de Sept.)
  • Santísimo Nombre de María (11 de Sept.).
También es usado en el Oficio de Nuestra Señora para el Breviario Ambrosiano en una forma dividida para las Maitines y Laudes, con la parte I (desde “Mystérium Ecclésiæ” hasta “Ex se vidéret prógredi”) usada en Maitines y la parte II (desde “Vere Grátia plena es” en adelante) para Laudes; y en las Vísperas se usa en su forma completa.
     
LATÍN
Mystérium Ecclésiæ
Hymnum Christo referímus,
Quem génuit Púerpera
Verbum Patris in Fílium.
 
Sola in sexu fœ́mina
Elécta es in sǽculo,
Et meruísti Dóminum
Sancto portáre in útero.
 
Vates antíqui témporis
Prædíxerat quod factum est:
Quia Virgo concíperet,
Et páreret Émmanuel.
 
Mystérium hoc magnum est,
Maríæ quod concéssum est,
Ut Deum, per quem ómnia,
Ex se vidéret prógredi.
 
Vere Grátia plena es,
Et gloriósa permánes,
Quia ex te natus est Christus,
Per quem facta sunt ómnia.
 
Pastóres qui audíerant,
Cantári Deo glóriam,
Cucúrrerunt in Bethléhem,
Natum vidére Dóminum.
 
Sic Magi ab ortu solis,
Per síderis indícium,
Portántes typum Géntium
Primi obtulérunt múnera.
 
Rogémus ergo, Pópuli,
Dei Matrem et Vírginem,
Ut ipsa nobis ímpetret
Pacem et indulgéntiam.
 
Jesu, Tibi sit glória,
Qui natus es de Vírgine,
Cum Patre et almo Spíritu
In sempitérna sǽcula. Amen.
 
TRADUCCIÓN
¡Misterio de la Iglesia!
Dirijamos a Cristo un canto,
Que la Madre concibió
Al Verbo del Padre en el Hijo.
   
Tú sola entre las mujeres
Fuiste elegida por los siglos,
Y mereciste llevar en tu seno
Al Señor Santo.
   
Los profetas de tiempos antiguos
Predijeron lo que sucedió:
Que la Virgen concibió
Y apareció el Emanuel.
   
Este misterio es grande,
Pues fue concedido a María
Que Dios, por quien todo existe,
Fuera visto salir de sí.
 
Verdaderamente eres llena de gracia,
Y permaneces gloriosa,
Porque de ti nació Cristo,
Por quien todo fue hecho.
 
Los pastores que oyeron
Cantar gloria a Dios,
Corrieron a Belén
Para ver al Señor nacido.
  
Así los Magos del oriente,
Por indicación de la estrella,
Llevando el tipo de las naciones,
Ofrecen dones los primeros.

Roguemos pues, oh pueblos,
A la Virgen y Madre de Dios,
Para que ella nos alcance
Paz e indulgencia.
   
A ti Jesús, que naciste de la Virgen,
Sea toda la gloria,
Con el Padre y el Santo Espíritu
Por los siglos sempiternos. Amén.

lunes, 13 de enero de 2020

EL BAUTISMO DEL SEÑOR, EN UN PREFACIO DE LA LITURGIA AMBROSIANA

   
En el Missále Ambrosiánum (codificado por San Ambrosio y usado en la Archidiócesis de Milán), el Prefacio de la Epifanía se basa en el relato del Bautismo del Señor, haciendo una exposición teológica de este Misterio, por el cual recibió el agua la virtud sobrenatural de borrar de las almas el pecado original en el Sacramento del Bautismo, haciéndolas hijas de Dios, coherederas de Cristo y miembros de la Iglesia Católica:
 
LATÍN
Vere quia dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos tibi semper hic, et ubíque grátias ágere, Dómine sancte, Pater omnípotens, ætérne Deus; qui te nobis super Jordánis álveum de cœlis in voce tonítrui præbuísti, ut Salvatórem cœli demonstráres, et te Patrem Lúminis ætérni ostendéres. Cœlos aperuísti, áёrem benedíxisti, fontem purificásti, et tuum únicum Fílium per spéciem colúmbæ Sancto Spíritu declarásti. Suscepérunt hódie fontes benedictiónem tuam, et abstulérunt maledictiónem nostram: ita ut credéntibus purificatiónem ómnium delictórum exhíbeant, et Deo fílios generándo adoptíve fáciant ad vitam ætérnam. Nam quos ad temporálem vitam carnális natívitas fúderat: quos mors per prævaricatiónem céperat: hos vita ætérna recípiens, ad regni cœlórum glóriam revocávit. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. Quem una tecum, omnípotens Pater, et cum Spíritu Sancto láudant Ángeli, venerántur Archángeli: Throni, Dominatiónes, Virtútes, Principátus, et Potestátes adórant. Quem Chérubim et Séraphim sócia exultatióne concelébrant. Cum quíbus et nostras voces, ut admítti júbeas deprecámur, súpplici confessióni dicéntes: Sanctus…
  
TRADUCCIÓN
Es verdaderamente digno y justo, equitativo y saludable que nosotros te demos gracias siempre, aquí y en todo lugar, oh Señor Santo, Padre omnipotente y eterno Dios; que te revelaste a nosotros sobre el río Jordán, hablando desde los Cielos con voz de trueno, a fin de manifestarnos al Salvador celestial, y mostrarte como Padre de la Luz eterna. Tú que has abierto los cielos y bendecido el aire, purificado las fuentes, y le has anunciado como tu Único Hijo por el Espíritu Santo en forma de paloma. En este día las fuentes reciben tu bendición y retiran nuestra maldición, para que ellas den a los creyentes la purificación de todos sus delitos, y haciéndolos, por adopción, hijos de Dios par a la vida eterna. Porque los que que nacieron por la carne para la vida terrenal, y por la prevaricación fueron hechos sujetos de la muerte, han sido recibidos para la vida eterna para ser reivindicados a la gloria del reino de los cielos, por el mismo Cristo, Señor nuestro. Al que junto a ti, Padre Omnipotente, y con el Espíritu Santo, alaban los Ángeles, veneran los Arcángeles, y adoran los Tronos, las Dominaciones, las Virtudes, los Principados y las Potestades. Al que con común exultación celebran los Querubines y los Serafines. Te rogamos admitas asociar nuestras voces a las suyas, aclamando con fe sincera: Santo…

sábado, 10 de agosto de 2019

A LOS SACERDOTES

Tomadas del Missále juxta Ritum Sacri Órdinis Prædicatórum.
  
1º DE DIGNITÁTE SACERDÓTIS (San Agustín)
LATÍN: O veneránda Sacerdótum dígnitas, in quórum mánibus Dei Fílius, velut in útero Vírginis, incarnátur! O felíces Sacerdótes, si sacerdátaliter vixéritis! O cœléste mystérium, quod per vos Pater, et Fílius, et Spíritus Sanctus tam mirabíliter operántur, sub tam ineffábili ministério vestro: quod uno eodémque moménto idem Deus, qui prǽsidet in Cœlo, in mánibus vestris est in sacrifício! Cœlum mirátur, horréscit Inférnus, contremíscit diábolus, reverétur quam plúrimum Angélica celsitúdo. Quid retríbuam Dómino (ut táceam de céteris) pro his, quæ retríbuit mihi, pro tam singulári dono sacrifícii mihi impénso, quod est datum óptimum, et omne donum perféctum? O venerabílium sanctitúdo mánuum! O felix exercítium, ubi tractat Sacérdos Christum Dei Fílium, cujus delíciæ sunt esse cum fíliis hóminum! O Sacerdótes! atténdite: major est dígnitas vobis colláta, quam Ángelis, qui adórant quod vos confícitis, quod nec ipsi confícere possunt. O altitúdo sapiéntiæ Dei! O ineffábilis cleméntia Salvatóris! Quod datum non est Ángelis, concéssum est hómini. Sacérdos hoc Sacraméntum ineffábile cónficit: Ángelus conficiénti, quasi fámulus, assístit. O quam venerábile, quam gloriósum, quam insígne fuit apud antíquos nomen Sacerdótis! Sed hódie, quid abjéctius, aut quid vílius? O Sacerdótes! si ánima cujúslibet justi sedes Dei est; multo magis sedes, et templum Dei esse debétis mundum et immaculátum. Si beátus est venter, qui novem ménsibus Christum portávit, ita, et si non tantum, tamen beáta debent esse corda vestra, in quíbus quotídie elégit sibi hospítium Fílius Dei. Si beáta sunt úbera, quæ párvulus suxit; ita debet eum esse beátum, qui Carnem ejus sumit, et Sánguinem sugit. Carnes ergo vestras cum timóre ejus confígite; et vobis diligénter providéte, ne lingua, quæ vocat de cœlo Fílium Dei, contra Dóminum loquátur; et ne manus, quæ intingúntur Sánguine Christi, polluántur sánguine peccáti.
  
TRADUCCIÓN: ¡Oh venerable dignidad del Sacerdote, en cuyas manos el Hijo de Dios, como en el vientre de la Virgen, se encarna! ¡Oh felices Sacerdotes, si viviéreis sacerdotalmente! ¡Oh celestial misterio, que por vosotros el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo obran tan admirablemente, bajo tan inefable ministerio vuestro: que en uno y mismo momento el mismo Dios, que preside en el Cielo, esté en vuestras manos en el sacrificio! Se admira el Cielo, se horroriza el Infierno, tiembla el diablo, y reverencian la multitud de celsitudes angélicas. ¿Cómo retribuiré al Señor (para callar lo demás) por esto, que me ha dado, por recibir tan singular don de mi sacrificio, al que es dádiva excelente, y todo don perfecto? ¡Oh venerable santidad de las manos! ¡Oh feliz ejercicio, donde el Sacerdote trata a Cristo, Hijo de Dios, cuyas delicias son estar entre los hijos de los hombres! Atended, ¡oh Sacerdotes!: mayor es la dignidad que se ha colado a vosotros que la de los Ángeles, que adoran al que vosotros confeccionáis, que ellos no pueden hacer. ¡Oh altitud de la sabiduría de Dios! ¡Oh inefable clemencia del Salvador! Lo que no es dado a los Ángeles, es concedido a los hombres. El Sacerdote confecciona este Sacramento inefable: Los Ángeles conficienti, como siervos, asisten. ¡Oh cuán venerable, cuán glorioso, cuán insigne fue entre los antiguos el nombre de Sacerdote! Mas hoy, ¿qué abyecto, o qué vil? ¡Oh Sacerdotes!, si el alma del justo es la sede de Dios, mucho más la sede y templo de Dios debe estar limpia e inmaculada. Si bienaventurado es el vientre que llevó a Cristo por nueve meses, también, incluso si no tanto, deben ser bienaventurados vuestros corazones, en los cuales el Hijo de Dios elige hospedarse cada día. Si bienaventurados son los pechos que lo amamantaron de niño, así también deben ser bienaventurados los que comen su Carne y beben su Sangre. Traspasad pues vuestras carnes con su temor; y proveeros diligentemente, para que la lengua, que llama del Cielo al Hijo de Dios, no hable contra el Señor; y las manos, que se intintan con la Sangre de Cristo, no se manchen con la sangre de los pecados.
  
2º QUAM GRÁVITER PECCAT SACÉRDOS SUSCÍPENS CORPUS CHRISTI IN PECCÁTO (San Ambrosio y San Agustín)
LATÍN:  Sanctus Ambrósius: Qui indígne Christum sumit, idem est, ac si eum interfíciat. Et sanctus Augustínus: Magis peccant, qui Christum tradunt peccatrícibus membris, quam qui tradidérunt eum Judǽis crucifigéndum. Sicut enim Judas trádidit Christum indígne persecutóribus; sic sumens Corpus Christi indígne, judícium sibi mandúcat, et bibit, non dijúdicans Corpus Dómini, ut ínquit Apostólus; et talis tradit Christum, quantum in se est, dæmónibus, dum ponit eum in loco, qui est in potestáte dǽmonum. Malus enim Sacérdos símilis est ipsis Dathan et Ábiron, quos divína últio præcipitávit in inférnum. Simíliter Nadab et Ábiu in thuríbulo ignem posuérunt aliénum, et ab igne consúmpti sunt; sic mali Sacerdótes ignem luxúriæ et cupiditátis in sui cordis thuríbulo ponéntes, ab igne infernáli fináliter succendántur. Mali Sacerdótes étiam sunt Antíocho símiles, qui templum Dómini violávit, et vasa templi in usus profános convértit; tandem vérmibus consúmptus péssima morte intériit. Sic mali Sacerdótes templum Dómini, id est, consciéntias próprias (I ad Cor., 3: «Templum Dei sanctum est, quod estis vos») viólant, malum exémplum dando láicis. Incéndunt per luxúriam, spóliant per virtútum expulsiónem; et vasa templi, id est, intelléctum, memóriam, et voluntátem convértunt in profános usus, dum his abutúntur; et in peccatórum abýssum seípsos præcípitant. Quid Antíocho accíderit, sæpe consideráre debent.
  
TRADUCCIÓN: San Ambrosio: Quien come indignamente a Cristo, es igual a si lo matara. Y San Agustín: Más peca el que entrega a Cristo a miembros pecadores, que quienes lo entregaron a los judíos para crucificarlo. Así como Judas entregó a Cristo a perseguidores indignos; así tambien quien come indignamente el Cuerpo de Cristo, come y bebe su juicio, al no discernir el Cuerpo del Señor, como dice el Apóstol, y tal entrega a Cristo, en cuanto está en sí, a los demonios, al ponerlo en el lugar que está en potestad de los demonios. El mal Sacerdote es similar a Datán y Abirón, a quienes la venganza divina precipitó en el Infierno. Similares a Nadab y Abiú, que pusieron fuego extraño en sus turíbulos y fueron consumidos por el fuego, así los malos Sacerdotes ponen en el turíbulo de sus corazones el fuego de la lujuria y la codicia, para finalmente arder en las llamas infernales. Los malos Sacerdotes son también semejantes a Antíoco, que violó el templo del Señor, y convirtió para usos profanos los vasos del templo, y acabó con pésima muerte devorado por los gusanos. Así los malos Sacerdotes violan el templo del Señor, esto es, sus propias conciencias (I Cor. 3: «El templo de Dios, que sois vosotros, santo es»), dando mal ejemplo a los laicos. Incendian por la lujuria, expolian por la expulsión de las virtudes; y vuelven a usos profanos los vasos del templo, esto es, el entendimiento, la memoria y la voluntad, al abusar de ellos; y se precipitan a sí mismos en el abismo de los pecados. Lo que a Antíoco le sucedió, deben considerar con frecuencia.

martes, 11 de diciembre de 2018

DE LA COMUNIÓN FRECUENTE, POR SAN AMBROSIO DE MILÁN

El Salvador (Juan de Juanes)

«Si es el “pan cotidiano”, ¿por qué lo recibes una vez al año, como hacen los griegos en oriente? Recibe diariamente lo que te beneficia diariamente. Vive de tal modo que puedas recibirlo diariamente. El que no merece recibirlo diariamente, no merece recibirlo una vez al año».

SAN AMBROSIO DE MILÁN (Los sacramentos, libro V, capítulo 4, 25)

jueves, 20 de septiembre de 2018

DEL MARTIRIO INTERIOR

Colaboración de la hermana María Trinidad Caballero Buteler para CATÓLICOS ALERTA

   
«Muchos me persiguen y me afligen: pero no me he apartado de tus mandamientos». (Salmo 118, 157)
  
Los peores perseguidores no son los que se manifiestan como tales, sino aquellos que no se ven. ¡Y de éstos hay muchos! Pues del mismo modo que un rey perseguidor ordenaba muchos mandatos de acosamiento y los hostigadores se desparramaban por todas las provincias y ciudades, el diablo lanza a muchos de sus ministros, para que persigan a todas las almas, no sólo por fuera sino también por dentro.
  
De estas persecuciones se dijo: todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo, sufrirán persecución (2 Tim 3, 12). El Apóstol escribió todos; no exceptuó ninguno. Pues, ¿quién puede ser exceptuado cuando el mismo Señor toleró las tentativas de persecución?
 
Persigue la avaricia; persigue la ambición; persigue la lujuria; persigue la soberbia y persiguen los placeres de la carne. No olvides que el Apóstol dijo: huid de la fornicación (1 Cor 6, 18). ¿Y de qué huyes, sino de aquello que te persigue?: el mal espíritu de la lujuria, el mal espíritu de la avaricia, el mal espíritu de la soberbia.
  
Los perseguidores temibles son aquellos que, sin el terror de la espada, destruyen con frecuencia el espíritu del hombre; aquellos que, más con halagos que con espanto, someten las almas de los fieles. Éstos son los enemigos de los que te debes guardar, éstos son los tiranos más peligrosos, por los que Adán fue vencido. Muchos, coronados en públicas persecuciones, cayeron en estas persecuciones ocultas. Por fuera, dijo el Apóstol, luchas; por dentro, temores (2 Cor 7, 5).
  
Adviertes qué duro es el combate que hay en el interior del hombre, para que se bata consigo mismo y luche contra sus pasiones. El mismo Apóstol vacila, duda, es atenazado y manifiesta que está sujeto a la ley del pecado y reducido por su cuerpo de muerte, y no podría evadirse, si no fuera liberado por la gracia de Cristo Jesús (cfr. Rm 7, 23-25)
  
Y del mismo modo que hay muchas persecuciones, así también hay muchos martirios. Todos los días eres testigo de Cristo. Eres mártir de Cristo si sufriste la tentación del espíritu de lujuria, pero, temeroso del futuro juicio de Cristo, no pensaste en profanar la pureza del alma y del cuerpo.
  
Eres mártir de Cristo si fuiste tentado por el espíritu de la avaricia para apoderarte de los bienes de los inferiores o no respetar los derechos de las viudas indefensas, pero juzgaste que era mejor alcanzar la riqueza por la contemplación de los preceptos divinos, que cometer la injusticia. Cristo quiere estar cerca de tales testigos, según está escrito: aprended a obrar el bien, buscad lo justo, respetad al agraviado, haced justicia al huérfano, y amparad a la viuda: venid y entendámonos (Is 1, 17-18)
  
Eres mártir de Cristo si fuiste tentado por el espíritu de soberbia, pero viendo al débil y desvalido, te compadeciste con piadoso espíritu, y amaste la humildad más que la arrogancia. Y aún más si diste testimonio no sólo de palabra, sino también con obras. Pues ¿quién es testigo más fiel, que aquél que confiesa que el Señor Jesús se ha encarnado, al tiempo que guarda los preceptos del Evangelio? Porque quien escucha y no pone por obra, niega a Cristo. Aunque lo confiese de palabra, lo niega por las obras. Pues a muchos que dicen: Señor, Señor, ¿acaso en tu nombre no hemos profetizado, arrojado demonios y obrado muchas virtudes? (Mt 7, 22), les dirá en aquel día: apartaos de mí todos los que hayáis obrado la iniquidad (Ibid., 23). Porque es testigo aquél que, haciéndose fiador con sus hechos, confiesa a Cristo Jesús.
 
¡Cuántos, todos los días, son mártires de Cristo en oculto, y confiesan al Señor Jesús con sus obras! El Apóstol conocía este martirio y testimonio fiel de Cristo, cuando afirmaba: ésta es nuestra gloria: el testimonio de nuestra conciencia (2 Cor 1, 12) (...).
  
Muchos me persiguen, y me afligen. Quizá Cristo dice esto, y lo dice con la voz de cada uno de nosotros: el adversario lo persigue dentro de nosotros. Si pretendes que nadie te persiga, apartas a Cristo, que sufrió tentación para vencerla. Donde el diablo lo ve, allí prepara insidias, allí maquina los ardides de la tentación, allí urde sus engaños, para rechazarlo si pudiera. Pero donde el diablo combate, allí está presente Cristo; donde el diablo asedia, allí Cristo está encerrado y defiende los muros de la fortaleza espiritual. Así pues, el que retrocede ante la llegada del perseguidor, expulsa también al defensor.
  
Por tanto, cuando oigas: muchos me persiguen y me afligen, no temas, que también puedes decir: si Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros? (Rm 8, 31). Esto afirma con verdad aquél que, por los testimonios del Señor, se aparta sin rodeos de la senda de los vicios.
 
SAN AMBROSIO DE MILÁN. Exposición sobre el Salmo 118, XX, 45-48, 51.

lunes, 30 de julio de 2018

RENACEMOS DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU SANTO A TRAVÉS DEL BAUTISMO

  
¿Qué es lo que viste en el bautisterio? Agua, desde luego, pero no sólo agua; viste también a los diáconos ejerciendo su ministerio, al obispo haciendo las preguntas de ritual y santificando. El Apóstol te enseñó, lo primero de todo, que no hemos de fijarnos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno (II Cor. IV, 18). Pues, como leemos en otro lugar, desde la creación del mundo, las perfecciones invisibles de Dios, su poder eterno y su divinidad son visibles por sus obras (Rom. I, 20). Por esto, dice el Señor en persona: Aunque no me creáis a mí, creed a las obras (Juan X, 38). Cree, pues, que está allí presente la divinidad. ¿Vas a creer en su actuación y no en su presencia? ¿De dónde vendría esta actuación sin su previa presencia?
  
Considera también cuán antiguo sea este misterio, pues fue prefigurado en el mismo origen del mundo. Ya en el principio, cuando hizo Dios el cielo y la tierra, el espíritu -leemos- se cernía sobre la faz de las aguas (Gén. I, 2). Y si se cernía es porque obraba. El rey David nos da a conocer esta actuación del espíritu en la creación del mundo, cuando dice: La palabra del Señor hizo el cielo; el espíritu de su boca, sus ejércitos (Sal. XXXII, 3). Ambas cosas, esto es, que se cernía y que actuaba, son atestiguadas por la palabra profética. Que se cernía, lo afirma Moisés; que actuaba, David.
  
Tenemos aún otro testimonio. Toda carne se había corrompido por sus iniquidades. Mi espíritu no durará por siempre en el hombre -dijo Dios-, puesto que es de carne (Gén. VI, 3). Con las cuales palabras demostró que la gracia espiritual era incompatible con la inmundicia carnal y la mancha del pecado grave. Por esto, queriendo Dios reparar su obra, envió el diluvio y mandó al justo Noé que subiera al arca (Gén. VII, 1 ss). Cuando menguaron las aguas del diluvio, soltó primero un cuervo, el cual no volvió, y después una paloma que, según leemos, volvió con una rama de olivo (Gén. VIII, 7-8). Ves cómo se menciona el agua, el leño, la paloma, ¿y aún dudas del misterio?
  
En el agua es sumergida nuestra carne, para que quede borrado todo pecado carnal. En ella quedan sepultadas todas nuestras malas acciones. En un leño fue clavado el Señor Jesús, cuando sufrió por nosotros su pasión. En forma de paloma descendió el Espíritu Santo, como has aprendido en el nuevo Testamento (Mat. III, 16), el cual inspira en tu alma la paz, en tu mente la calma. El cuervo es la figura del pecado, que se va y no regresa, si, en ti, también, es preservada la rectitud tanto interior como exteriormente.
  
SAN AMBROSIO DE MILÁN. Tratado sobre los Misterios, cap. III, nros. 8-11.
 
ORACIÓN (del Domingo III después de Pascua)
Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados para que puedan volver al buen camino, concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

jueves, 31 de diciembre de 2015

HIMNO “Te Deum laudámus”, EN ACCIÓN DE GRACIAS POR EL AÑO TRANSCURRIDO

  
El “Te Deum laudámus” es un himno compuesto por San Ambrosio de Milán y San Agustín durante el Bautismo de éste último, el Sábado Santo del año 387, que había caído el día 24 de Abril (en aquella época, la formación de los catecúmenos era durante la Cuaresma, y el Sábado Santo recibían el Bautismo, la Confirmación y la Comunión). La Iglesia lo recita en el Divino Oficio, finalizadas las Maitines, con las mismas rúbricas que el Glória in excélsis en la Misa. Además, hay otorgada Indulgencia de diez años por rezarlo el 31 de Diciembre como acción de gracias por el año transcurrido, y Plenaria si confesados y comulgados, oran por las intenciones generales de la Iglesia (Sagrada Penitenciaría Apostólica, Decreto del 10 de Agosto de 1936).
  
LATÍN
Te Deum laudámus:
Te Dóminum confitémur.
Te ætérnum Patrem,
Omnis terra venerátur.
   
Tibi omnes Ángeli, tibi cœli,
Et univérsæ potestátes.
Tibi Chérubim et Séraphim
Incessábili voce proclámant:
     
(Inclinar la cabeza) Sanctus, Sanctus, Sanctus
Dóminus Deus Sábaoth.
Pleni sunt Cœli et terra
Majestátis glóriæ tuæ.
      
Te gloriósus Apostolórum chorus,
Te Prophetárum laudábilis númerus,
Te Mártirum candidátus laudat exércitus.
   
Te per orbem terrárum
Sancta confitétur Ecclésia:
Patrem imménsæ majestátis,
Venerádum tuum verum et únicum Fílium:
Sanctum quoque Paráclitum Spíritum.
    
Tu rex glóriæ, Christe.
Tu Patris sempitérnus es Fílius.
(Inclinar la cabeza) Tu, ad liberándum susceptúrus hóminem,
Non horruísti Vírginis úterum.
   
Tu, devícto mortis acúleo,
Aperuísti credéntibus regna cœlórum.
Tu ad déxteram Dei
Sedes in glória Patris.
  
Judex créderis esse ventúrus.
Te ergo quǽsumus,
(De rodillas) Tuis fámulis súbveni,
Quos pretióso sánguine redemísti.
Ætérna fac cum Sanctis tuis in glória numerári.
   
Salvum fac pópulum tuum, Dómine,
Et bénedic hereditáti tuæ.
Et rege eos,
Et extólle illos usque in ætérnum.
   
Per síngulos dies benedícimus te;
Et laudámus nomen tuum in sǽculum,
Et in sǽculum sǽculi.
   
Dignáre, Dómine, die isto
Sine peccáto nos custodíre.
Miserére nostri, Dómine,
Miserére nostri.
   
Fiat misericórdia tua, Dómine, super nos,
Quemádmodum sperávimus in te.
In te, Dómine, sperávi:
Non confúndar in ætérnum.
  
V. Benedíctus es, Dómine, Deus patrum nostrórum.
R. Et laudábilis, et gloriósus in sǽcula.
  
V. Benedicámus Patrem et Fílium cum Sancto Spíritu.
R. Laudémus et su­per­exal­témus eum in sǽcula.
  
V. Benedíctus es, Dómine, in firmaménto cœli.
R. Et laudábilis, et gloriósus, et su­per­exal­tátus in sǽcula.
  
V. Bénedic, ánima mea, Dómino.
R. Et noli oblivísci omnes re­tri­bu­tiónes ejus.
  
V. Dómine, exáudi oratiónem meam.
R. Et clamor meus ad te véniat.
   
[Sacerdótes addunt:
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spí­ri­tu tuo.]
  
Orémus.

ORATIO
Deus, cujus misericórdiæ non est númerus, et bonitátis infinítus est thesáurus:  piíssimæ Majestáti tuæ pro collátis donis grátias ágimus, tuam semper cleméntiam exorántes; ut, qui peténtibus postuláta concédis, eósdem non déserens, ad prǽmia futúra dispónas.
  
Deus, qui corda fidélium Sancti Spíritus illustratióne docuísti, da nobis in eódem Spíritu recta sápere, et de ejus semper con­so­latióne gaudére.

Deus, qui néminem in te sperántem nímium afflígi permíttis, sed pium précibus præstas audítum: pro pos­tu­la­tiónibus nostris, votísque suscéptis grátias ágimus, te piíssime deprecántes; ut a cunctis semper muniámur advérsis. Per Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

TRADUCCIÓN
A ti, oh Dios, te alabamos,
A ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
Te venera toda la creación.
 
Los Ángeles todos, los cielos
Y todas las Potestades te honran.
Los Querubines y Serafines
Te cantan sin cesar:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios de los ejércitos.
Los cielos y la tierra
Están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
La multitud admirable de los Profetas,
El blanco ejército de los Mártires.
 
A ti la Iglesia santa,
Extendida por toda la tierra, te aclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, defensor.
 
Tú eres el Rey de la gloria, oh Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
Aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
 
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
Abriste a los creyentes el Reino de los Cielos.
Tú estás sentado a la derecha de Dios
En la gloria del Padre.
 
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
A quienes redimiste con tu preciosa Sangre.
Haz que en la gloria eterna
Nos asociemos a tus santos.
  
Salva a tu pueblo, Señor,
Y bendice tu heredad.
Sé su pastor
Y ensálzalo eternamente.
 
Día tras día te bendecimos
Y alabamos tu nombre para siempre,
Por eternidad de eternidades.
  
Dígnate, Señor, en este día
Guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
Ten piedad de nosotros.
  
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
Como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
No me veré defraudado para siempre.
  
V. Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.
R. Y alabado y glorificado por siempre jamás.
  
V. Bendigamos al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Alabémosle y exaltémoslo por siempre jamás.
  
V. Bendito seas, Señor, en el firmamento del Cielo
R. Y alabado, glorificado y exaltado por siempre jamás.
  
V. Bendice, alma mía, al Señor.
R. Y no olvides todos sus beneficios
  
V. Señor, escucha mi oración
R. Y mi clamor llegue hacia ti.
   
[Los Sacerdotes agregan:
V. El Señor sea con vosotros.
R. Y con tu espí­ri­tu.]
  
Oremos.
 
ORACIÓN
Oh Dios, cuya misericordia no tiene número, y los tesoros de tu bondad son infinitos:  damos gracias a tu piadosísima Majestad por los dones recibidos, rogando siempre a tu clemencia que, pues concedes lo pedido en la oración, no nos desampares, sino que nos hagas dignos de los premios futuros.

Oh Dios, que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos por el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos.

Oh Dios, que no permites sea afligido en demasía cualquiera que en Ti espera, sino que atiendes piadoso a nuestras súplicas: te damos gracias por haber aceptado nuestras peticiones y votos, suplicándote piadosísimamente que merezcamos vernos libres de toda adversidad. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.