martes, 11 de octubre de 2011

LOS ROTARIOS, HERMANOS MENORES DE LA MASONERÍA

Por el Profesor Mate Amargo. Rescatado de CIUDADANOS ALERTA (Parte 1 y Parte 2).
   
ROTARY CLUB INTERNACIONAL: EL HERMANO MENOR DE LA MASONERÍA
   
 
Una introducción necesaria
  
  
El GOU (Grupos de Oficiales Unidos) era una organización militar secreta. Pero no masónica, como han pretendido un sinfín de tarambanas e interesados. En su Noticia Nro. 1 dice el GOU: «La Masonería (…) es una temible organización secreta de carácter internacional y, por lo tanto, enemiga del Estado y del Ejército por antonomasia. Es también una mafia grande; en vez de secuestrar al hombre, secuestran a la Nación, y en vez de exigir una suma de dinero por su rescate, le obligan a pagar el tributo de una soberanía». Más adelante este documento agrega: «El Rótary Club es una mafia similar a la masonería, verdadera red de espionaje (…) al servicio de los Estados Unidos, que actúa explotando la ingenuidad, la ambición, la presuntuosidad, así como otras pasiones de hombres engreídos. Según los testimonios que se tienen, este boletín habría sido redactado por el Coronel Juan D. Perón (recuadro a la izquierda) en borrador y pasado en limpio por el Mayor Heraclio Ferrazzano (recuadro a la derecha)». (Enrique Pavón Pereyra, Perón el hombre del destino, Tomo I, pág. 207).
   
El Rótary Club: una secta extranjera
El Rótary Club —asociación de hombres, preferentemente de negocios y profesionales, que se proponen moralizar y mejorar los espíritus contribuyendo a la paz universal mediante la práctica de una moral sin dogmas y de un laicismo y naturalismo absolutos— es la masonería internacional esparcida por todo el mundo, como noviciado de la Orden, para probar, ensayar y conquistar adeptos.
   
Sus jefes son elegidos por los masones residentes en la ciudad norteamericana de Evanston, Illinois, cerca de Chicago, sede del organismo central. Al frente de cada club local hay un presidente a quien acompaña el vicepresidente, el secretario, el tesorero y el macero; y en cada distrito de clubes federados existe un gobernador, el cual depende directamente del Club Central, integrado por una Junta Directiva  mundial que se renueva anualmente.
   
Esta Junta Directiva del Rótary International consta de un presidente, tres vicepresidentes, diez directores, un secretario y un tesorero. Uno de los directores, en 1958, fue el cordobés Tristán E. Guevara, Ministro de Trabajo y Previsión en la Argentina de la Revolución Libertadora (hoy esa tarea la ejerce un General del Ejército en situación de Retiro). Para elegir a los directores los distritos se agrupan en zonas. Cada club rotario debe tener entre sus socios un representante de cada profesión, negocio o institución reconocida en la comunidad donde actúa. El número mínimo de socios es veinte y deben ser todos varones.
   
Su nombre surgió —según se lee en sus estatutos y reglamentos— de la costumbre de celebrar las reuniones del primer club por rotación en los distintos despachos de los socios fundadores. Dos años después ya no se hacían en los domicilios de los asociados sino en los hoteles más lujosos, como cuadraba a la categoría social de sus integrantes, millonarios industriales, magnates de la Banca y de los consorcios comerciales de profundísima penetración internacional. Su lema oficial es: «Dar de sí antes de pensar en sí. Se beneficia más quien mejor sirve».
    
Concomitancias con los hermanitos mayores
El mallete, distintivo del venerable maestro de la logia masónica, es también el distintivo del presidente del club rotario; y la bandera blanca de los masones es el emblema de los rotarios, que han sustituido en ella el águila de dos cabezas por la rueda dentada.
   
El gobernador, elegido en la reunión anual de los clubes del distrito, debe ser presentado al Rótary Internacional para su aprobación definitiva,
   
Al candidato se le exige, como requisito indispensable para ser propuesto para tal cargo, de supervisor general, el haber participado en la Convención Internacional Rotaria; pues estos altos jefes resultan ser, en la práctica, agentes de la Junta Directiva en el Exterior. A la Convención Anual de los delegados rotarios precede siempre la Asamblea Internacional de los gobernadores, donde éstos reciben normas de gobierno. De la misma manera, cada gobernador reúne, en abril o mayo, a los presidentes y secretarios de todos los clubes de su distrito, además de la conferencia distrital que anualmente realiza con los socios.
   
Sus deberes son: remitir mensualmente sus mensajes a los clubes de su jurisdicción y vigilarlos directamente bajo la fiscalización de la Junta Internacional; comunicar a la Junta Directiva de los Estados Unidos los resultados de la Asamblea del distrito, y enviar a estas mismas autoridades internacionales de Chicago el informe anual de sus visitas a los clubes de la zona. Cada presidente de club remitirá por separado el informe semestral al Secretario General del Rótary International.
   
En la sede central se llevan al día los ficheros de todos los clubes del mundo, enriquecidos con los datos actualizados de cada uno de sus miembros.
   
Fundado el Rótary Club, o Círculo de la Rueda Dentada, el 23 de febrero de 1905 en Chicago por el abogado masón Paul Harris, adquirió carácter internacional en 1912; estableciéndose en la Argentina el 8 de noviembre de 1919.
   
La estadística actual totaliza 5200 distritos, 12.000 clubes y 750.000 rotados, de los cuales 6.000 se hallan en nuestro país, donde fun­cionan 380 clubes [1].

La nueva religión laica de la amistad rotaria
«Nuestro plan —declaró Harris— hace caso omiso de todo credo y glorifica los hechos. Rótary está abierto a protestantes, católicos, judíos, musulmanes, cristianos, budistas, y ateos. ¿Vamos a ser retrógrados, o debemos ir adelante con el progreso de los tiempos?».
   
Esto es lo que se propone el rotarismo, a saber: racionalismo en doctrina, naturalismo o laicismo en moral e indiferentismo absoluto en religión.  
   
Su semejanza con la masonería radica cabalmente en el naturalismo racionalista, en el indiferentismo religioso y en la moral universal atea. Se proponen mejorar la humanidad por la amistad y la camaradería, sustituyendo el mandil masónico por el mantel laico de la opípara mesa. En esta campaña de mejoramiento social no cuenta para nada la religión; «ni siquiera debemos acordarnos de ella», decía el gobernador del distrito 63, Abente Haedo, en mayo de 1936,
   
El católico, soldado por vocación, deberá dejar sus armas a la puerta del club, si desea permanecer en el Rótary  y, obligado al combate espiritual, quedará inerme ante los errores que le serán presentados bajo los velos de la indiferencia.
   
El rotario William Mayer afirmó en México que  «todos y cada uno de les rotados deben desterrar de sus mentes los prejuicios de religión y de nacionalidad»; y en 1944 el rotario argentino, doctor del Forno, aseguró que «la moral sin dogmas forma la conciencia del Rótary».
   
Ya el rotario belga Hermann Doms había expresado en 1927 que «la moral del Rótary no tiene religión. Es estrictamente neutra en el sentido más amplio de la palabra».
   
Para un rotario es muy fácil entonces hablar de tolerancia religiosa en su propaganda laicista; pues, si en nada cree, todo para él resulta una misma cosa.
   
En 1936 el rotario argentino, Salvador Díaz Moreno, manifestó que «al Rótary  no le interesa la religión ni los dogmas revelados; ni dioses ni tampoco santos. El Rótary vive de la realidad del presente; pero en sus entrañas se gesta una “nueva religión laica” de la amistad. El porvenir dirá si tendrá o no su Olimpo».
   
Y el rotario brasileño Ferraz Alvim decía en el club de San Pablo: «Rótary no tiene moral práctica ni mucho menos teórica».
   
En los clubes rotarios se prohíbe a los católicos manifestar su fe religiosa, pero en cambio ella puede recibir allí los más rudos ataques.
   
En el club de la provincia de San Juan en 1937 —para citar algún caso entre tantos— se desconoció la divinidad de Cristo y se le llamó “bohemio”; y en el club de Buenos Aires, el 21 de julio de 1944, se injurió a los santos de la Iglesia Católica, endosándoles el carácter de “epilépticos” a San Pablo, a San Francisco de Asís, a Santa Juana de Arco y a Santa Bernardita Soubirous [2].
   
Este mismo club de la Capital Federal celebró con gran pompa y entusiasmo, el 11 de julio de 1934, el cincuentenario del laicismo escolar argentino; y tal homenaje se repitió en marzo de 1956 junto con el de la masonería, cuando el gobierno de la Revolución Libertadora anunció la plena vigencia de la ley 1420, que consagró nuevamente entre nosotros el laicismo en la escuela, haciéndolo extensivo a todo el país.
   
El 11 de abril de 1944 decía Julián J. Lastra en el Rótary Club de Neuquén: «Sobre la cumbre de la montaña de los siglos hay una hueva cruz, el Rótary, pero cruz sin víctima odiosa. Nuestro código moral rotario sin principios dogmáticos, sino empíricos, es como el evangelio de la sagrada escritura. Con nuestra política de buena vecindad y nuestra palabra de honor, alcanzaremos la paz entre los hombres y la armonía entre las naciones». Esta es la misma teoría del masón Harris,  fundador del Rótary, el cual decía —olvidándose de la venida de Jesucristo y la publicación de su Evangelio— que “el firme cimiento sobre el cual se edificará la paz permanente del mundo y que excluye a cualquier otro es el Rótary» [3]. El 28 de junio de 1946 el Rótary Club de la ciudad de San Nicolás rindió un público homenaje al partido socialista que, «por su conducta definida y recta, se había puesto lealmente al servicio de la patria». Pero ¿ignoran, acaso, los católicos rotarlos, que tal partido político ha sido y sigue siendo en nuestro país el tradicional enemigo de la Iglesia Católica?
   
El 15 de enero de 1958, por primera vez en la historia del Rótary argentino, un Presidente de la Nación (Aramburu), masón Grado 33º, asistió al almuerzo ritual de los miércoles, servido en el Plaza Hotel de Buenos Aires. El Vicepresidente (el judío Isaac Rojas), masón Grado 33º, lo hizo al mes siguiente, el miércoles 12 de febrero. En tal ocasión, el contralmirante hebreo Isaac Rojas dijo: «(…) Soy un convencido del bien que hace a la humanidad la organización a que ustedes pertenecen»; y el general Pedro Aramburu —al ser declarado miembro honorario del Rótary por su gobernador metropolitano –doctor Guillermo Garbarini Islas, masón activísimo, mano derecha de Alicia Moreau de Justo en la Junta Consultiva– expresó lo siguiente: «Conozco los altos fines que persigue esta institución y por ello he sentido una gran satisfacción cuando se me ha invitado a concurrir a esta comida de camaradería (…) Ojalá, señores, pudieran multiplicarse en el país instituciones de la naturaleza del Rótary Club, porque de ellas emana una fuerza espiritual tan extraordinaria que, en realidad, son el puntal, la garantía más segura para la democracia y la libertad». Y en verdad que las palabras de este mesías del gorilismo se cumplieron: el Rótary se multiplicó por doquier.
   
El 8 de abril de 1959 el Presidente Provisional, Pedro Aramburu, es despedido, en reunión secreta, por el Rótary Club de Ramos Mejía, antes de emprender viaje a Europa. Presidía la mesa, como invitado de honor, el señor Ian Drydale, Gran Maestre de la masonería argentina y agente confidencial de Su Majestad Británica. El homenajeado se hallaba a su derecha revestido –según algunos cronistas– con su mandil reglamentario, co­rrespondiente al grado 33 [4].
   
En 1926 los rotarios enviaron al verdugo de la Iglesia Católica en México, Plutarco Calles, un telegrama en el cual, después de felicitarlo, le decían: «Estamos resueltos a cooperar con vuestro gobierno mientras podamos». Al hablar de la cuestión religiosa mexicana declaraba el masón neoyorquino Roberto A. Grennfield: «La masonería se vale de la YMCA (protestante) y del Rótary para combatir al catolicismo».
     
Los rotarios son masones disfrazados
Es un hecho que los rotarios florecen donde más abundan los masones, a tal punto que aquellos, generalmente, no son otra cosa que masones disfrazados.
   
Masón fue su fundador y sus principales colaboradores y masones son los actuales dirigentes internacionales. En Londres existe una logia masónica –la Rótary Lodge– reservada exclusivamente para rotarios masones y cuyo Gran Maestre es el Príncipe Consorte, Felipe de Edimburgo.
   
El Boletín de enero de 1928 del Gran Oriente Español decía que «los masones podían considerarse como los hermanos mayores de los rotarios, ya que entre una y otra institución hay grandes puntos de contacto».
   
«En los clubes rotarios –afirma la revista masónica “Alpina”– tienen su puesto muchos masones; y esto es fácilmente comprensible –añade– dados los principios porque se rige el rotarismo».
   
No es, por lo tanto, una novedad que en la revista masónica “El Nivel”, editada en Buenos Aires, se informara al público masónico, en su entrega de febrero-marzo de 1944, sobre «los eficientes trabajos realizados por el Gran Maestre de la Gran Logia Argentina en conexión con el Rótary Club».
   
El masón Antonio Pérez Torreblanca decía en la Asamblea de la Masonería Simbólica de España en 1929: «Por sus orígenes los clubes rotarios cumplen una función internacional muy parecida a la masónica, aunque la limitación de sus fines los coloque en la situación de hermanos menores de nuestra Orden. La masonería debe colaborar en este movimiento para que no se desnaturalicen sus fines primordiales». Y luego, a raíz de las censuras eclesiásticas recaídas sobre los socios de la “rueda dentada”, añadía: «El movimiento rotario, condenado por la Iglesia y perseguido por los obispos, merece una simpática consideración, e incluso el apoyo de integrarlo allí donde las posibilidades masónicas lo permitan» [5].
     
El Club de Leones: centro de captación de los rotarios
Entre los diversos centros que deben su iniciación al Rótary, debemos nombrar, por su gran importancia, al Club de Leones. Esta institución, llamada también Lions International, cuya casa matriz se halla en Chicago (de donde salieron los Chicago Boys de José Alfredo Martínez de Hoz), nació en la ciudad estadounidense de Dallas, Texas, en 1917, como hermano menor del Rótary.  Según se cree, es una organización internacional de origen masónico que responde a los intereses petroleros de los Estados Unidos (de allí su conexión con Joe y su banda de forajidos). El leonismo ha fundado ya 21.000 clubes en el mundo y cuenta con 1.500.000 asociados, llamados “leones”. La sigla LEONES puede significar, según los intérpretes del leonismo: Lealtad, Entendimiento, Orden, Nobleza de Ideales, Esfuerzo por el progreso y Servicio al individuo. Desde luego, todo ello, para la destrucción de las patrias.
   
La primera convención de clubes de leones del distrito correspondiente a la Argentina se reunió luego en el teatro El Círculo de la ciudad de Rosario, el 23 de mayo de 1957 (pleno reinado de la Revolución Libertadora), presidida por su delegado internacional, el doctor Humberto Valenzuela García (que ya había estado en Argentina en noviembre de 1954); y al establecerse en Buenos Aires la filial nacional de la institución, resultó elegido como presidente el gorila masón José Fernández Moreno [6].

Rotarismo y catolicismo
En 1928 condenaron al Rótary, en sendas cartas pastorales, los obis­pos españoles de Palencia, Almería, Tuy, León y Orense; y luego el epis­copado español en pleno el 1º de febrero de 1929.
   
El primado de Toledo, monseñor Pedro Segura y Sáenz, escribía en su pastoral del 23 de enero de 1929: «El Rótary hace profesión de un laicismo absoluto y de una indiferencia religiosa universal, intentando moralizar a los individuos y a las sociedades con total prescindencia de nuestra santa Madre la Iglesia Católica. Mientras predican una moral sin religión para llegar a la paz universal, ocultan –bajo un aspecto comercial, recreativo, filantrópico, pedagógico, neutral, pero siempre laico– la negación de la moral verdadera y de la verdadera religión, que tratan de sustituir con una religión que no es la de Jesucristo».
   
El obispo de Palencia decía: «La institución rotariana, como tal, hace profesión de laicismo absoluto, de indiferencia religiosa universal, e intenta moralizar a los individuos y sociedades por medio de una doctrina radicalmente naturalista, racionalista y aún atea. Sepan, por tanto, nuestros amados fieles que, dentro de los titulados clubes rotarios, no pueden entrar los buenos católicos».
   
Y el obispo de Orense señalaba que «tales clubes rotarios no son otra cosa que nuevos organismos satánicos de igual procedencia y espíritu que el masonismo; bien que procuren disfrazarse y aparecer con el marchamo de humanitarismo puro y hasta de caridad cristiana y de fraternidad universal (…). Según todas las señales y testimonios y documentos fidedignos; y aún a juicio y probanza de insignes y meritísimos católicos y prelados de la Iglesia, la organización rotaria resulta sospechosa y debe estimarse vitanda, execrable y maldita».
   
El cardenal Pierre-Paulin Andrieu, arzobispo de Burdeos, lo condenó en 1929; y, al mencionar estos documentos de los episcopados francés y español, la Revista Eclesiástica de Buenos Aires, en 1929 y 1945, recordaba a los católicos la resolución Nº 87 del Episcopado Argentino que ordena lo siguiente: «Deben nuestros fieles andar muy cautos en dar su nombre y apoyo a asociaciones de carácter internacional con principios doctrinarios opuestos a las enseñanzas de la Iglesia y con gobierno sustraído a toda dirección e influencia de la misma». Y más adelante comentaba que "entre esas asociaciones se puede incluir con justicia al Rótary Club»; por lo que sólo con permiso del obispo, y comprometiéndose a seguir fielmente sus instrucciones, un católico podrá pertenecer por excepción al Rótary [7].
   
Porque «el Rótary —escribió el jesuita José M.ª Bover en la revista “Estudios” de Buenos Aires en su entrega de octubre de 1928— no es compatible con el catolicismo. Con su moral racionalista, naturalista y laica se alza como rival de la moral evangélica, y entre la moral del Rótary y la moral de Cristo la opción no puede ser dudosa para un católico. Mutilar la verdad divina es un sacrilegio, disimularla es una cobardía y sustituirla por otra es una apostasía».
   
Todo sistema ético que no se base en los principios cristianos es inadmisible para un católico, y «las tentativas de acuerdo en este terreno —nos advierte Pío XI en su encíclica Mortálium Ánimos  del 6 de enero de 1928— no pueden, en ninguna manera, obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, igualmente buenas. Cuantos sustentan esa opinión poco a poco vienen a parar en el naturalismo y ateísmo» [8].
     
El Boletín Eclesiástico de la arquidiócesis de Santa Fe del 15 de marzo de 1933 se hace eco de estos conceptos al transcribir un artículo de L’Osservatore Romano, órgano oficioso de la Santa Sede, subrayando el «carácter antirreligioso y anticatólico del rotarismo» [9].
   
A las condenas de los obispos españoles y franceses siguieron las del episcopado holandés en su Conferencia de Utrecht de 1930, del episcopado peruano en 1938  y de monseñor Canuto José Reyes, de Nicaragua, en 1941, los cuales en general dicen: «El Rótary sostiene una doctrina radicalmente naturalista y atea, totalmente indiferente en cuanto a la religión y al culto. Tales clubes son satánicos, de igual espíritu y procedencia que el masonismo (…) Y predican una moral sin religión (…) Por lo que declaramos categóricamente que a ningún católico le está permitido afiliarse al Rótary, y que al pertenecer a él ponen en peligro su salvación eterna».
     
La Santa Sede –respondiendo a la consulta de los obispos– lo prohibió terminantemente para todos los clérigos en su “non éxpedit” (no conviene) del 4 de febrero de 1929, y luego Pío XII repitió tal prohibición el 11 de enero de 1951, añadiendo para los fieles en general una exhortación, en la cual les aconseja que se cuiden de pertenecer a sociedades condenadas por la Iglesia o simplemente sospechosas, a tenor del canon 684 del Código de derecho canónico.
   
La Santa Sede, aclarando la frase curial “non éxpedit”, indicó que “prohibitiónem impórtat”, o sea, constituye una prohibición [10]. Y L’Osservatore Romano, diario oficioso del Vaticano, daba tres razones principales de tal prohibición, a saber: «Por su origen masónico, por sus probadas hostilidades hacia la Iglesia Católica y por su código moral, tan parecido, en casi su totalidad al de la masonería».
     
Los rotarios argentinos, al conocer tal decisión de la Santa Sede, hablaron de las «injustas apreciaciones del Vaticano», de «reviviscencias de la intolerancia medieval», de que «la Iglesia ha cometido un error muy serio»; y que tal actitud manifiesta en Ella «una autoridad espiritual llena de soberbia». Con tales apreciaciones sobre el supremo magisterio del Vicario de Cristo en la tierra ¿cómo puede llamarse católico un rotario?
   
En setiembre de 1945 la revista eclesiástica de Buenos Aires se expresaba así: «El Ordinario no puede permitir que los sacerdotes se afilien o den su nombre a los Rótary clubes, ni tampoco que asistan a las reuniones que aquéllos verifiquen» [11].
   
Leemos en L’Osservatore Romano de 1933: «Los rotarios, al pretender ser la auténtica organización práctica de la ética y los maestros y ejecutores de la ley moral que ellos señalan, argumentan en forma parecida a los doctrinarios de la masonería. Por esto la concepción rotariana, así como la masónica, no pueden conciliarse con la doctrina católica».
     
El rotarismo, prescindiendo de veinte siglos de vida cristiana, ha dado un salto gigantesco hacia atrás y se ha colocado en plena filosofía pagana y naturalista. Sus rasgos propios e imborrables son: un naturalismo radiccal, un absoluto indiferentismo religioso y un ateísmo práctico completo.
   
El célebre pensador inglés Gilbert K. Chesterton lo define como «una organi­zación sin alma, desprovista de toda dignidad espiritual. El compañerismo rotariano —dice— no tiene nada de cristiano y su teoría de la propia suficiencia es la más negra de las modernas herejías» Y concluye así el erudito escritor: «El hombre no se basta a sí mismo, debe apoyarse en Dios; y el rotarismo prescinde de toda idea divina en las relaciones humanas. La hermandad de los hombres necesita de la paternidad de Dios. Cuando se suprime o evita la creencia en lo sobrenatural (como hace el Rótary) todo queda reducido a una mezquina colección de presuntuosos» [12].
    
NOTAS
[1]  Cincuenta años de ideal de servir (Publicación rotaria). Manual de procedimiento  (Reglamentación rotaria). PACIFICO, Fray Justo, El gobierno universal, pág. 93. 
[2] El Pueblo del 21 de enero de 1951. TONELLI, Armando. La verdad sobre el Rotary Club. Bs. As., 1946. 
[3]  El rotario argentino, pág. 22, mayo de 1944. Revista Rotaria Internacional
[4]  Diario La Nación del 16 de enero y del 13 de febrero de 1958. Azul y Blanco del 14 de abril de 1959.
[5] TONELLI, Armando, La verdad sobre el Rótary Club, ibídem. 
[6] Diario La Nación del 31 de mayo de 1957. 
[7] Revista Eclesiástica de Bs. As., pág. 554 del año 1929 y 532 del año 1945. 47 Calece.
[8] Colección Completa de Encíclicas  Pontificias, Tomo I, pp. 1114 a 1120 (Encíclica Mortálium Ánimos de Pío XI, del 6 de enero de 1928).
[9] Boletín Eclesiástico de la Arquidiócesis de Santa Fe, pág. 153, del 15 de marzo de 1933.
[10] Acta Apostólicæ Sedis, volumen 21, Nro.  42. 
[11] Revista Eclesiástica de Bs. As., pág. 532, año 1945. Publicación del Rotary Club de Bs. As.  (folleto), año 1951.
[12] TONELLI, Armando, op. cit.

FIESTA DE LA DIVINA MATERNIDAD DE NUESTRA SEÑORA

Dichosa la que oyó el celeste anuncio y a quien hizo fecunda el Santo Espíritu, de cuyo casto seno al mundo vino El que es el Deseado de los pueblos.

Santa María Madre de Dios (y Madre nuestra)

La Divina Maternidad es el título más glorioso de María: "Madre de Dios". De ahí dimana toda su grandeza y todo su poder. Es el dogma que proclamó el Concilio de Éfeso, en el año 431, contra la herejía de Nestorio. Para conmemorar su XV Centenario, Pío XI extendió esta fiesta de la Iglesia universal. Al honrarla con ese título dulcísimo, recordemos que también es Madre nuestra, y nos sentiremos felices al echarnos confiados en sus brazos maternales. Es una fiesta a propósito para rehabilitar en el mundo la maternidad, tan ultrajada. Por eso en algunas partes, como en la Argentina, se celebra este día el "Día de la Madre".
 
ORACIÓN
 
Oh Dios, que quisiste que tu Verbo tomase nuestra carne de las entrañas de la Bienaventurada Virgen María, al anunciarle el Ángel el misterio: concede a tus siervos que, pues la creemos verdadera Madre de Dios, seamos ayudados ante Ti por su intercesión. Por J. C. N. S. Amén.

viernes, 7 de octubre de 2011

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO

“Desde que la Santísima Virgen ha dado una eficacia tan grande al Rosario, no existe ningún problema material, espiritual, nacional o internacional que no pueda ser resuelto por el Santo Rosario y nuestros sacrificios”. (Hna. Lucía de Fátima).
 
Nuestra Señora del Rosario con Santo Domingo y Santa Catalina de Siena 
 
Fangeaux está en un alto, dominando la inmensa llanura de Lauregais. Es un paisaje impresionante, en especial por la inmensidad del horizonte que se descubre. Precisamente Dios Nuestro Señor lo eligió para abrir los ojos de Santo Domingo de Guzmán a otro paisaje más dilatado aún, el de la inmensidad de las almas que estaban esperando quien les mostrara el camino de la auténtica vida cristiana.
  
Un discreto y sencillo monumento, llamado la Seignadou, marca y lugar en que, estando en oración, recibió el Santo una gracia extraordinaria. Pocos detalles sabemos de ella. Es muy fácil que, como suele ocurrir tantas veces en las vidas de lo santos, ni el mismo Santo Domingo percibiera desde el primer momento toda la trascendencia de lo que entonces se le revelaba. Parece cierto que Dios le confirmó en su idea de fundar una Orden de Predicadores, que le confirmó también que eran aquellas tierras del mediodía de Francia el más adecuado escenario para dar comienzo a la tarea, y que la Santísima Virgen mostró mirar con especial predilección este apostolado dominicano.
 
Monumento en Seignadou, conmemorando la vocación de Santo Domingo de Guzmán como fundador
 
¿Ocurrió entonces la revelación del Santísimo Rosario? Ya hemos dicho que es poco lo que nos queda de fehaciente sobre aquella visión. El Santo no fue nunca explícito, pero la tradición unánime hasta tiempos muy recientes ha hecho a Santo Domingo de Guzmán fundador del rosario. Oigamos, por ejemplo, al Papa Benedicto XV:
“Y así -dice hablando de Santo Domingo- en sus luchas con los albigenses que, entre otros artículos de nuestra fe, negaban y escarnecían con injurias la maternidad divina de María y su virginidad, el Santo, al defender con todas las fuerzas de su alma la santidad de estos dogmas, imploraba el auxilio de la Virgen Madre. Con cuánto agrado recibiese la Reina de los cielos la súplica de su piadosísimo siervo, fácilmente puede colegirse por el hecho de haberse servido de él la Virgen para que enseñase a la Iglesia, Esposa de su Hijo, la devoción del Santísimo Rosario: es decir, esa fórmula deprecatoria que, siendo a la vez vocal y mental (pues al mismo tiempo que se contemplan los principales misterios de la religión se recita quince veces la oración dominical con otras tantas decenas de avemarías), es devoción muy a propósito para excitar y mantener en el pueblo el fervor de la piedad y la práctica de todas las virtudes. Con razón, pues, Domingo de Guzmán mandó a sus hijos que, al predicar a los pueblos la palabra de Dios, se dedicasen constantemente y con todo empeño a inculcar en los ánimos de sus oyentes esta forma de orar, cuya utilidad práctica tenía él harto experimentada”.
   
Este es, por consiguiente, según el parecer unánime de la tradición, robustecida por los documentos pontificios, el celestial origen del Santísimo Rosario. La moderna crítica pone, sin embargo, no pocos reparos a este sentir. Las trazas del rosario como devoción popular son muy posteriores, y aparecen con independencia de la actuación de Santo Domingo.
  
No es éste el lugar de discutir una cuestión histórica. Como suele suceder en estas ocasiones, hay un desenfoque inicial en la actitud de los críticos: una idea, una institución, una devoción, no nacen nunca enteramente hechas. Piénsese en la devoción al Corazón de Jesús, elaborada durante siglos por el amor hacia la humanidad de Cristo, que iba en aumento. O piénsese en la serie de vicisitudes por que pasa una idea antes de plasmar en una realización práctica, poniendo ante los ojos, por ejemplo, las diversas tentativas y ensayos que precedieron a la configuración jurídica de la Compañía de Jesús. Que Santo Domingo de Guzmán concibió su apostolado y el de sus hijos con un matiz eminentemente mariano, no hay quien lo discuta. Que ya en los primeros tiempos de la Orden dominicana encontramos la recitación frecuente del avemaría, utilizando incluso cuerdas con nudos, también parece cierto. Recuérdese el ejemplo del beato Romeo de Llívia OP († 1261); el del Delfín Humberto II de Vienne OP († 1356); el de la Beata Margarita Ebner OP († 1351); el de Juan Taulero OP († 1361), y otros muchos personajes eminentes de la Orden de Predicadores en los que encontramos elementos que luego han de servir para dar la estructuración definitiva al rosario. Esto sólo puede explicarse, o al menos se explica muy fácil mente, teniendo presente una tradición que arrancara del fundador y persevérase dentro de la Orden.
  
A base de estos elementos comienza la devoción del rosario a extenderse en el siglo xv por obra principalmente de dos in signes dominicos: Alano de Rupe, forma latinizante de su apellido de la Roche, y Santiago Sprenger. El primero prefería la fórmula “salterio de la Virgen” más que la de rosario, que le parecía un tanto paganizante, y trabajó no poco en los Países Bajos por extenderlo. Sprenger no sólo consiguió difundir gran demente el rosario por Alemania y los países del centro de Europa, sino que escribió un folleto de propaganda y consiguió la primera aprobación por parte de la autoridad apostólica, otorgada por el Papa Sixto IV el 10 de marzo de 1476. Ni fue ésta sola la aprobación que obtuvo, sino que antes de morir logró nuevos documentos pontificios y la confirmación de todo lo actuado por parte del maestro general de la Orden. Por eso, aunque algunas veces no se valore suficientemente su influencia en la difusión del rosario, es necesario tenerle por uno de los más destacados artífices de la difusión de la misma.

Beato Alano de Rupe, segundo apóstol del “Salterio de Nuestra Señora” (el Rosario)

Ya desde entonces puede decirse que la marcha del Rosario por todo el mundo es verdaderamente triunfal. Pronto salta de los países de la Europa central a los países latinos, y las concesiones papales se encuentran ya en abundancia. En España mismo vemos cómo el cardenal Gil de Viterbo, legado para España y Portugal, después de definir el Rosario en su forma actual, concede gracias en 1519 a la cofradía que se había fundado en Tudela. En Vitoria, en el convento de Santo Domingo, había una capilla y altar bajo la advocación del Rosario, a la que Adriano VI concede amplias indulgencias el 1 de abril de 1523, confirmadas luego por Clemente VII y dos veces por Paulo III. Algo parecido se encuentra ya por todas partes, no sólo en Europa, sino también en América, a la que la devoción del Rosario es llevada por los dominicos. Ni se piense sólo en el Rosario como una devoción exclusivamente dominicana: San Ignacio de Loyola, por ejemplo, y los primeros jesuitas fueron extraordinariamente afectos a ella.
  
San Ignacio de Loyola fue incondicional devoto del Santo Rosario

Los papas continuaron alabando esta devoción y cargándola de indulgencias. Pero quien verdaderamente aparece como eminente en la historia del rosario es San Pío V. Tras algunos actos de carácter más bien particular, el día 17 de septiembre de 1569 daba la solemne bula Consuevérunt Románi Pontífices, en la que no sólo definía ya con precisión el rosario, sino que además resumía y ampliaba todos los privilegios e indulgencias unidos a esta devoción. Continúa durante todo su pontificado trabajando por la difusión del rosario. Y el 5 de marzo de 1572 da la bula Salvatóris Dómini, en la que, recordando la victoria obtenida en Lepanto el 7 de octubre, permite a la Cofradía del Rosario de Martorell (Barcelona) que ese día celebren todos los años una fiesta bajo la advocación de la Virgen del Rosario, según lo había pedido don Luis de Requeséns, señor de Martorell, que había estado presente en Lepanto. No parece que pueda decirse que fue San Pío V el que insertó en las letanías la invocación «Auxílium Christianórum», sino que tal invocación debió de tener origen en sus tiempos en Loreto mismo, por donde pasaron no pocos de los que habían participado en la batalla de Lepanto.

Tras la victoria Católica sobre los turcos en Lepanto, San Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora del Rosario
  
Su sucesor Gregorio XIII, el 1 de abril de 1533, extiende la fiesta del Rosario a todas las iglesias y capillas en que estuviera erigida la cofradía. Clemente XI, en 1716, extendió la solemnidad a la Iglesia universal, unida al primer domingo de octubre. Sólo en 1913, como consecuencia de la reforma litúrgica que quiso descargar de fiestas los domingos, quedó fijada en el calendario de la Iglesia universal esta fiesta en el 7 de octubre, conservando la Orden dominicana el privilegio de celebrar la fiesta el mismo primer domingo de octubre.
 
Todos estos datos cronológicos y eruditos no son al fin y al cabo más que una manifestación del unánime sentir del pueblo cristiano, que ama extraordinariamente esta devoción. Con el certero instinto que le caracteriza, adivina lo grata que es a la Santísima Virgen. Por eso en cuantas circunstancias, agradables o tristes, se presentan en la vida del cristiano, espontáneamente sube a sus labios esta hermosa oración. Ya se encuentre velando un cadáver, ya se acerque en peregrinación a un santuario famoso, ya trate de ofrecer algo por el éxito de unos exámenes o la resolución de un asunto difícil... en cualquier circunstancia el cristiano recurre al rosario, seguro de hallar en él un obsequio verdaderamente grato a la Santísima Virgen.
   
Y que tal sentir no es erróneo nos lo demuestra claramente la actitud de la Iglesia. Puede decirse que no hay devoción que de manera tan continuada haya sido recomendada e inculcada por los Romanos Pontífices. Es más, hay un hecho bien significativo: la devoción al rosario es para los papas un refugio providencial en las circunstancias difíciles que se presentan a la Iglesia. Ya se trate, como en tiempos de San Pío V, del peligro turco, ya se trate de los espinosos problemas que plantea la fermentación intelectual del siglo XIX, como en tiempos de León XIII, hacia esta devoción se vuelven los ojos de los papas. 
  
¿En qué está el secreto de la eficacia? Precisamente los mismos papas nos lo dicen: en tratarse de una devoción que, siendo sencilla, está, sin embargo, llena de contenido. Sencilla, porque hartos estamos de ver cómo la más humilde mujercita sabe rezar su rosario. Llena de contenido, puesto que sistemáticamente nos obliga a recorrer los principales misterios de la vida de Jesucristo y de su santísima Madre.
  
Buena prueba de ello la tuvieron los misioneros que en 1865 descubrieron, viva aún, la fe de no pocos japoneses que ocultamente habían continuado, aislados del resto del mundo, siendo cristianos. La fiesta de Nuestra Señora del Japón, que se celebra allí el 17 de marzo, recuerda precisamente ese descubrimiento. Pues bien, una de las armas que habían servido para mantener viva la fe, había sido el rosario, recitado por aquellos que sobre vivieron a las persecuciones y por sus descendientes, que de ellos lo habían aprendido.

Gracias a la devoción a Nuestra Señora, manifestada en el rezo del Rosario, los cristianos japoneses conservaron la fe durante los tiempos del aislamiento y la persecución religiosa en el shogunado Tokugawa.
  
Trabajar, por consiguiente, en el conocimiento y en la difusión del Santísimo Rosario es hacer obra muy grata a Dios Nuestro Señor y contribuir al arraigo y difusión de nuestra santa fe. La aparición de la Santísima Virgen en Lourdes y Fátima, así nos lo confirman. Como nos confirma también la admirable adaptación de esta forma de devoción a los tiempos modernos: la asombrosa acogida que ha tenido la Cruzada del Rosario en Familia, nacida en los Estados Unidos y difundida por todo el mundo.
  
 LAMBERTO DE ECHEVERRÍA
  
ORACIÓN
Oh Dios, cuyo unigénito Hijo, con Su vida, muerte y resurrección nos granjeó el premio de la salvación eterna; danos a los que con veneración recordamos los Misterios del Santo Rosario de la Bienaventurada Virgen María, que imitemos las virtudes que contiene y logremos los premios que promete. Por J. C. N. S. Amén.

jueves, 6 de octubre de 2011

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO SOBRE LA SEDE VACANTE

Desde Santa Teresita del Niño Jesús.

San Alfonso María de Ligorio, Confesor, Fundador y Doctor de la Iglesia
  
“Si incluso el Papa, como persona privada, cae en herejía, cesa en el momento del Pontificado. Sin embargo si Dios permitiera que un Papa llegara a ser un hereje notorio y contumaz, dejaría en el acto de ser Papa y la silla quedaría vacante” (Œuvres Complètes, tomo IX, pag. 232).
    
Juan Pablo II recibido por un rabino en la puerta de la sinagoga de Roma

miércoles, 5 de octubre de 2011

¿NOVUS ORDO MISSAE EN LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA?

Al revisar la lista de blogs que tenemos en MILES CHRISTI encontramos que en AMOR DE LA VERDAD reproducen un artículo donde se plantea que el Novus Ordo Missæ (o la "misa" de la secta del Vaticano II) pudo tener como precedente las "Misas Nuevas" que oficiaban los sacerdotes apóstatas en la España roja (la que existió desde 1931 hasta 1939). Por esto, reproducimos el artículo en cuestión y los comentarios que en AMOR DE LA VERDAD se han dado. (Añadiendo imágenes con el fin de ilustrar algunos lugares del texto)
   
LA MISA BANDERIZA EN EL BILBAO DE AGUIRRE E IRUJO. ®
Por Pedro Rizo
   
Este artículo trata de las misas adúlteras oficiadas en el Bilbao de 1936 a 1937. Está emparentado con otros varios ya publicados que prueban que la misa nueva, la que hoy se tiene por Rito Ordinario, no sólo “se aleja impresionantemente de la teología católica sobre el Santo Sacrificio de la misa” (Cfr. Cardenales Bacci Ottaviani) sino que es vehículo subliminal de una ideología ajena al orden católico, a más de agazapada enemiga de la Iglesia. Que si bien en su texto en latín conservan el dogma eucarístico, en lengua vernácula se contradicen y prostituyen “por traductores audaces” (Cfr. Cardenal Ratzinger, Informe sobre la fe) que las dejan como ostras a las que han quitado la perla.

¿Será que la Misa del Novus Ordo tuvo origen antes de 1969?

Justamente la investigación de la que aquí se habla me enganchó corriendo el año 1987. En un pueblito cercano a Laredo encontré que entre los nombres de unas esquelas de defunción se incluia uno para mí muy apreciado. Trabé amistad con alguien que resultó ajeno a la relación supuesta pero que era hermana de un sacerdote de aquellos años que ahora me interesan. Es curioso. No recuerdo cómo llegamos a hablar de este asunto pero lo que importa es que su hermano, fallecido años atrás, fue testigo directo de las “misas experimentales” del Bilbao republicano. Un buen sacerdote que por lo que su hermana me aseguró no volvió a decir misa pública porque de “la suya” se lo prohibieron. Y se fue de este mundo “por la tristeza” de ver reeditadas por Roma, corregidas y aumentadas, “aquellas malas misas de la Guerra”.

No encontraba testimonio escrito que pudiera sumarse al oral citado y prácticamente lo abandoné. Pero siempre pensé que no podía ser mentira lo que me había contado aquella buena hermana de un cura de pueblo. La búsqueda es realmente difícil porque, como me han informado, probablemente nada se registrase en la diócesis vasca acerca de cuáles sacerdotes actuaron saltándose rúbricas y cánones. Los jesuitas en aquello años estaban exiliados en Bélgica o Alemania de modo que los que hoy por edad algo podrían saber “nada saben”. Cierto es que, como uno me dijo, incluso si las misas aquellas se hubieran registrado no sería de extrañar que todo se volatilizara. Recordemos del asalto al Congreso, el 23 de febrero de 1981, que un periódico de Castilla informó cómo, ante la incertidumbre política generada, en menos de 24 horas se tiraron al Cantábrico cientos de cajones con documentos y listados comprometedores.

Esto puede explicar que a día de hoy no haya encontrado un solo documento directo, ni exista de ello la menor noticia para los especialistas consultados por amigos deseosos de ayudarme. Hasta que, miren qué casualidad, buscando otros temas en la hemeroteca de ABC, de entre uno de sus ‘fardos’ electrónicos surgió un reportaje, muy revelador para este caso, firmado en junio de 1937 por José María Pemán. Una crónica que revela a la Misa Nueva como bandera revolucionaria que no se quiere arriar. La de ayer y la de hoy –inventada por uno de sus cmaradas– a la que sus defensores pretenden blindar transfiriendo esta condición espuria a la eterna, genuina y nunca prohibida codificada por San Pío V.

Cuando Bilbao era tomada por el Ejército Nacional, el 19 de junio de 1937, ya sin demora se preparaba un gran acto religioso de acción de gracias, con misa, a celebrar el lunes siguiente, día 21. El diario ABC, de Sevilla –el editado en Madrid servía al Gobierno del Doctor Negrín–, había enviado a su reportero que por suerte encontró una habitación en el Hotel Torróntegui desde cuyo balcón contemplaría el solemne acto.

Con el retorno de Bilbao a la España legítima (Católica y libre), el 19 de Junio de 1937, el Santo Sacrificio de la Misa resurgió en esa ciudad

Resulta que la crónica que envió Pemán guarda sorpresas superlativas. Bien cargadas de significado para quien no tema desentrañarlas. El reportaje no disimula la alegria exaltada de la liberación de la capital de Vizcaya a la vez que es muy informativo en sus protestas dedicadas a las misas violadas que aquí se destacan.
   
Empieza diciendo que seguido a cada victoria se daba gracias a Dios por la liberación, o la ocupación; dicho sea así para todos los gustos. Pero siempre subrayando que adonde llegaba el ejército nacional, o rebelde, enseguida se restituía la Iglesia antes perseguida. Persecución que en Bilbao fue más sibilina por el ferviente catolicismo del pueblo vasco.

Lean, pues, lo que el enviado de ABC nos dice:
«Me dispongo a oír la misa desde mi balcón, cuando pasa por detrás de mí una camarera del hotel, a la que le oigo este expresivo comentario: “Por fin hoy vamos a tener “una misa de verdad”».
Que diga “una misa de verdad” supone otras misas que no eran “de verdad”. Por tanto, manipuladas. ¿Qué manipulaciones serían esas? Pemán no dice gran cosa pero las califica. Y con un énfasis que sería ridículo, absurdo de no basarse en realidades conocidas:
«Aquella camarera no podía sentir como otros pueblos, al conquistarse, la emoción de la primera misa después de los meses de persecución roja. Aquella mujer sentía más complicada y acaso más melancólicamente la emoción de aquella misa que ella llamaba magníficamente “de verdad” después de meses de infernal contubernio, de satánica mescolanza sacrílega, de misas cotizadas en el mercado de las hipocresías internacionales [¿Ya, entonces?] y de las credulidades humanas.»

Para el lector con ojos de ver puede que estos hechos le descubran qué clase de charranes se apoderó de la Iglesia veintiún años más tarde a través de cónclaves inducidos como, por ejemplo, el que eligió a Juan XXIII (2) llevándonos, cuando su muñidor le sustituyó, a una “autodemolición” que hoy apenas saben cubrir las siembras en pedregales multitudinarios (Lc 8, 5 y ss).

Para ver el documento original haga clic aquí.
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(1) Los papas sin formación específica fueron numerosos pero de ellos muy pocos sin garantía de fe apostólica, pues que ya la traían demostrada de sus biografías pastorales. Como es sabido, los seminarios aparecieron para asegurar la formación de los futuros sacerdotes y su adhesión a la tradición y al Pescador de Galilea. Estas escuelas se reforzaron desde el Concilio de Trento hasta por lo menos el Vaticano I, de Pío IX. Curioso es que de los papas contemporáneos solamente éste, Pío IX, Pablo VI carecieron de tal instrucción y su único “seminario” fue la casa paterna (‘o materna’).

(2) “… el elemento determinante a favor del cardenal Roncalli estaba constituido por una inteligencia de principio de la Sacretaría de Estado del Vaticano.” (Cfr. B. Bentura Remacha“S.S. Juan XXIII”, Ed. Pandora, Madrid, p. 113)
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Notas.-

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Comentario (En RELIGIÓN DIGITAL) por Fray Eusebio de Lugo O.S.H. 26.09.11 | 14:33 Muy interesante, la posibilidad de que ya en los años´30 estuvieran experimentando la Misa nueva en España, posiblemente los mismos que fundarían ETA en el seminario de Derio en los´50.
Me recuerda lo que escribe el P.Dominico polaco Ceslas Rzewuski en sus memorias. Atraído por la fama de la abadía benedictina alemana de María Laach, se hospedó durante unos días entre 1933 y 1939, admirando por una parte el buen orden y el esplendor y belleza del culto que se celebraba en la Iglesia superior. Un día se despistó y acabó entrando en la cripta, donde sorprendió a un grupo de sacerdotes presidido por Dom. Odo Casel (Sí, el mismo de la teoría de los misterios), celebrando una especie de Misa versus populum, muy parecida a lo que sería la Misa de Pablo VI.
No nos extrañará que el Taizé de los años ´50 ya utilizara una Misa ecuménica en folleto impreso, en casi todo idéntica a la actual sinaxis de Pablo VI.
Que les pregunten a los monjes de Monsterrat
Comentario (En RELIGIÓN DIGITAL) por Pinténs 26.09.11 | 16:10 El primer Presidente de Euskadi, José Antonio Aguirre Lecube, ¿Era o fué masón?. Si es cierto que era, nada podrá sorprender las misas de “creyentes masonistas” . Y tantas vueltas y revueltas anglicanistas-vaticanistas del personaje y sus adherentes. ¿En una amplísima tienda de nombre CASA NERECÁN dedicada a objetos de escritorio, desaparecida hace pocos años, ubicada en la Avenida de la Libertad de San Sebastián, por los años 30 del pasado siglo y antes de la Guerra de 1936, estuvieron expuestos los símbolos e insignias de su condición y grado masónico?.En el museo-santuario laico bilbaino del PNV dedicado a Sabino Arana con seguridad estarán los artículos expuestos entonces que ha guardado la familia nacionalista NERECAN y que los cedió al susodicho museo.
No hay efecto sin causa, eso es seguro. Ahora tampoco.

Comentario (En AMOR DE LA VERDAD) por Fray Eusebio de Lugo O.S.H. en 27.09.2011|21:04 Los bolcheviques también intentaron algo parecido en los primeros años de la Revolución rusa, fundaron una iglesia cismática a la que llamaron “Iglesia viva”¿Les suena? Ésta empezó una reforma litúrgica exactamente igual a la que llevamos padeciendo 60 años.Y aún queda una fuerte corriente heretizante en las Iglesias ortodoxas llamada renovacionismo.
Pro-masónica-anglicana-vaticana. Tal era una cierta corriente “diplomática” bien representada en la Nunciatura cuando en ella trabajaba el futuro card. Rampolla, que desde el S. XVI procuraba debilitar aquella España demasiado católica y tradicional para su gusto, y que procuró eliminar el carlismo imperante en Cataluña y Vascongadas trasmutándolo en nacionalismo antiespañol, primero, y antitradicional, después.
Como en el caso de Sabino Arana, pudieron contar con toda la experiencia y ayuda financiera de las logias anglicanas, muy interesadas en reproducir unas Iglesias nacionales vascas y catalanas, separadas a la vez de Roma y de España. Y como en el caso de Inglaterra, sabían que la reforma no calaría si no era a través de la liturgia. Así lo hizo el arzobispo Cranmer en el s. XVI, prohibiendo el rito católico, y sustituyéndolo por un nuevo rito protestantizado. Tuvieron pues ocasión de experimentar ese nuevo rito en unos momentos en que no podían vigilarlos ni las autoridades eclesiásticas romanas ni las españolas. De la subversión litúrgica se encargaron como siempre, benedictinos, en este caso los de Lazcano, que con el tiempo serían de inestimable ayuda como albergadores de etarras y de sus arsenales, no menos que elaboradores de su ideología. En Cataluña, los benedictinos de Montserrat, pioneros del Movimiento Litúrgico desviado, y grandes descarriadores de conventos de monjas, muchoantes del Concilio.
Bien se vió el pelo cuando Nuestra Señora se apareció en Ezkioga en 1931, avisando de que no mediando conversión, habría una guerra civil en España. En cuanto la Iglesia nacionalista se enteró de que la Virgen no venía sólo para “Euzkadi”, sino para toda España, hicieron todo lo posible para hacer desaparecer cualquier rastro de las apariciones.

martes, 4 de octubre de 2011

SAN FRANCISCO DE ASÍS, CONFESOR Y FUNDADOR

"Llevo en mi cuerpo los estigmas del Señor Jesús". (Gálatas, 6, 17)
 
San Francisco de Asís
 
Retirado del mundo a los 25 años, después de una juventud disipada pero caritativa, San Francisco está enteramente crucificado para el mundo. Su profunda humildad lo impulsa a rehusar el presbiterado, y desde entonces su vida es un prodigio de virtudes y milagros. Los doce primeros "penitentes de Asís" ya son legión antes de su muerte, con el nombre de Hermanos Menores, y tuvo el consuelo de ver a la Orden de Santa Clara, su santa amiga, extenderse cuando todavía vivía. El Serafín de Asís murió el 3 de octubre de 1226, a la edad de 44 años.
  
MEDITACIÓN SOBRE SAN FRANCISCO
I. El amor divino consumió todos los lazos que ataban a San Francisco en la tierra, y le hizo abandonar la casa paterna, las riquezas y los placeres. Toda su vida vivió él en este desasimiento; por esto debes tú comenzar a darte a Dios. Es imposible que ames a Dios y al mundo. ¡Ah! los placeres y los honores de la tierra no merecen ocupar tu corazón; déjalos antes que ellos te dejen a ti.
  
II. Ese mismo amor que separó a San Francisco de los bienes de la tierra, lo unió estrechamente a su Dios y le hizo encontrar en esta unión una inalterable felicidad. De este modo solía decir: "¡Dios mío y mi todo! en Ti es donde encuentro todo lo que necesito". ¡Alma mía, tratemos de gustar el placer que existe en estar unido a Él; en vano hemos buscado descansar en las creaturas, vayamos a Dios, pero hagámoslo dándonos a Él sin reserva, sin demora, y para siempre!
  
III. El amor, por último, transformó a San Francisco, en Jesucristo mismo, por decirlo así, cuando un serafín imprimió en su cuerpo las sagradas llagas del Salvador. No recibió esta gracia sino después de haberse hecho, por una mortificación continua, viva imagen de Jesús crucificado. Como este gran santo, lleva tú constantemente en tus miembros la mortificación de Jesucristo. Mira al Salvador clavado en la cruz: he ahí el verdadero modelo de predestinados. Para llegar a ser semejante a Él, es preciso que la mortificación imprima en tu cuerpo sus adorables estigmas. "Llevan en sí las llagas de Cristo quienes mortifican y afligen el cuerpo". (San Jerónimo).
  
La mortificación. Orad por la Orden de San Francisco.

ORACIÓN
Oh Dios, que, por los méritos de San Francisco dais sin cesar nuevos hijos a vuestra Iglesia, concedednos la gracia de despreciar, siguiendo su ejemplo, los bienes terrenales y poner nuestra dicha en la posesión de los dones celestiales. Por J. C. N. S. Amén.

domingo, 2 de octubre de 2011

LA ORACIÓN DEL PAPA LEÓN XIII A SAN MIGUEL – UNA PROFECÍA SOBRE LA FUTURA APOSTASÍA EN ROMA

Tomado del libro "LA VERDAD DE LO QUE REALMENTE OCURRIÓ EN LA IGLESIA CATÓLICA DESPUÉS DEL VATICANO II", de los hermanos Pedro y Miguel Dimont, OSB- Vaticano Católico

HISTORIA

León XIII

La Oración a San Miguel Arcángel del Papa León XIII es profética. Compuesta hace más de 100 años, después fue suprimida. La Oración a San Miguel, la original del Papa León XIII es una oración muy interesante y controversial relacionada a la situación actual en la que se encuentra la verdadera Iglesia Católica. El 25 de septiembre de 1888, después de su Misa de la mañana, el Papa León XIII se afectó a tal punto que se desmayó. Los asistentes pensaron que estaba muerto. Después de recuperar la conciencia, el Papa describió una conversación horrible que había escuchado procedente del Tabernáculo. La conversación se componía de dos voces – voces que el Papa León XIII claramente entendió que eran las voces de Jesucristo y del diablo. El diablo se jactaba de que podía destruir la Iglesia, si se le concedían 75 años para llevar a cabo su plan (o 100 años, según otros informes). El diablo también pidió permiso para “una mayor influencia sobre aquellos que se entregaran a su servicio”. A las peticiones del diablo, el Señor le respondió: “se te dará el tiempo y el poder”.

 León XIII vio que Jesucristo y el diablo estaban confrontados por la situación de la Iglesia en estos últimos tiempos

Impactado profundamente por lo que había oído, el Papa León XIII compuso la siguiente Oración a San Miguel (que también es una profecía) y ordenó que se rezara después de las Misas Ordinarias [no dominicales] como medida de protección para la Iglesia contra los ataques del infierno. Lo que sigue es la oración (ponga especialmente atención en las partes en negrita), seguido por algunos de nuestros comentarios. Esta oración fue tomada de La Raccolta, 1930, edición inglesa, Benziger Bros., pp. 314-315*
* La Raccolta es una colección de la Iglesia Católica con imprimátur de oraciones oficiales indulgenciadas.

ORACIÓN

¡Oh gloriosísimo príncipe de las milicia celestial, Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha que mantenemos combatiendo “contra los principados y las potestades, contra los caudillos de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos esparcidos por los aires”. Ven en auxilio de los hombres que Dios ha creado inmortales, que formó a su imagen y semejanza y que rescató a gran precio de la tiranía del demonio.
Combate en este día, con el ejército de los santos ángeles, los combates del Señor como en otro tiempo combatiste contra Lucifer, el jefe de los orgullosos, y contra los ángeles apóstatas que fueron impotentes de resistir y para quien no hubo nunca jamás lugar en el Cielo.

Sí, ese monstruo, esa antigua serpiente que se llama demonio y Satán, él que seduce al mundo entero, fue precipitado con sus ángeles al fondo del abismo. Pero he aquí que ese antiguo enemigo, este primer homicida ha levantado ferozmente la cabeza. Disfrazado como ángel de luz y seguido de toda la turba y seguido de espíritu malignos, recorre el mundo entero para apoderarse de él y desterrar el Nombre de Dios y de su Cristo, para hundir, matar y entregar a la perdición eterna a las almas destinadas a la eterna corona de gloria. Sobre hombres de espíritu perverso y de corazón corrupto, este dragón malvado derrama también, como un torrente de fango impuro el veneno de su malicia infernal, es decir el espíritu de mentira, de impiedad, de blasfemia y el soplo envenado de la impudicia, de los vicios y de todas las abominaciones.

Enemigos llenos de astucia han colmado de oprobios y amarguras a la Iglesia, esposa del Cordero inmaculado, y sobre sus bienes más sagrados han puesto sus manos criminales. Aun en este lugar sagrado, donde fue establecida la Sede de Pedro y la cátedra de la Verdad que debe iluminar al mundo, han elevado el abominable trono de su impiedad con el designio inicuo de herir al Pastor y dispersar al rebaño.

Te suplicamos, pues, Oh príncipe invencible, contra los ataques de esos espíritus réprobos, auxilia al pueblo de Dios y dale la victoria. Este pueblo te venera como su protector y su patrono, y la Iglesia se gloría de tenerte como defensor contra los malignos poderes del infierno. A ti te confió Dios el cuidado de conducir a las almas a la beatitud celeste. ¡Ah! Ruega pues al Dios de la paz que ponga bajo nuestros pies a Satanás vencido y de tal manera abatido que no pueda nunca más mantener a los hombres en la esclavitud, ni causar perjuicio a la Iglesia. P resenta nuestras oraciones ante la mirada del Todopoderoso, para que las misericordias del Señor nos alcancen cuanto antes. Somete al dragón, la antigua serpiente que es diablo y Satán, encadénalo y precipítalo en el abismo, para que no pueda seducir a los pueblos. Amén.

He aquí la Cruz del Señor, huyan potencias enemigas.
Venció el León de Judá, el retoño de David.

Que tus misericordias, Oh Señor se realicen sobre nosotros.
Como hemos esperado de ti.

Señor, escucha mi oración
Y que mi clamor se eleve hasta ti

Oremos.
Oh Dios Padre Nuestro Señor Jesucristo, invocamos tu Santo Nombre, e imploramos insistentemente tu clemencia para que por la intercesión de María inmaculada siempre Virgen, nuestra Madre, y del glorioso San Miguel Arcángel, te dignes auxiliarnos contra Satán y todos los otros espíritus inmundos que recorren la tierra para dañar al género humano y perder las almas. Amén.
COMPARATIVA

Como alguien que lee la oración (especialmente la parte en negrita) uno mira que el Papa León XIII parecía prever y profetizar la gran apostasía; y parecía señalar que esta apostasía sería dirigida desde Roma – la única Roma que es «en este lugar sagrado, donde fue establecida la Sede de Pedro y la cátedra de la Verdad que debe iluminar al mundo». El Papa León previó que este lugar (la Ciudad del Vaticano en Roma), donde fue establecida la Sede de San Pedro por el primer Papa, San Pedro mismo, se convertiría en el trono de la abominación de la impiedad de satanás, “con el designio inicuo de herir al Pastor (el verdadero Papa) y dispersar al rebaño (los fieles católicos)”. Estas son las palabras del Papa León XIII.

El Papa León XIII no estaba profetizando la defección [deserción] de la Iglesia Católica (que es imposible ya que las puertas del infierno nunca prevalecerán contra la Iglesia [Mat, 16]), ni la defección de la Cátedra de Pedro (que también es imposible), sino que más bien estaba profetizando la implementación de un apóstata, contrahecha religión Católica desde Roma, en la que “el Pastor” (el verdadero Papa) es sustituido por un antipapa usurpador (como ha ocurrido a veces en la historia de la Iglesia), con el designio inicuo de “dispersar al rebaño”.

La oración del Papa León también previó que los apóstatas impuros de satanás han puesto sus manos criminales «sobre sus bienes más sagrados». ¿Qué son sus bienes más sagrados? Los bienes más sagrados son las cosas que Cristo le ha encomendado, a saber, el depósito de la fe (con todos sus dogmas) y los siete sacramentos instituidos por Nuestro Señor Jesucristo mismo. Por lo tanto, la oración del Papa León predijo el intento de la destrucción del depósito de la fe con el Vaticano II y los nuevos ritos sacramentales de la Iglesia del Vaticano II. Ambos se tratarán en detalle en este libro.

Veremos que las manos criminales de Pablo VI han puesto sobre los siete ritos sacramentales a partir de abril de 1969, que produjo una Nueva Misa inválida, un Nuevo Rito inválido de Ordenación, y los gravemente dudosos ritos de la Confirmación y de la Extremaunción, han cumplido a la carta la profecía del Papa León.

En 1934, la sorprendente oración del Papa León (dado arriba) fue cambiada sin explicación. La frase crucial refiriéndose a la apostasía en Roma (este lugar sagrado, donde fue establecida la Sede de Pedro y la cátedra de la Verdad que debe iluminar al mundo) fue eliminada. Al mismo tiempo, el uso de la larga Oración a San Miguel del Papa León XIII después de cada Misa Rezada fue sustituida por una oración más corta, la famosa ahora abreviada Oración a San Miguel. Esta oración sigue de la siguiente manera:

“San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla; sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Reprímale, Dios, pedimos suplicantes; y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén”.

No hay nada malo con esta oración a San Miguel, de hecho, es muy buena y eficaz. Sin embargo, el punto es que ya no es la Oración a San Miguel que compuso el Papa León XIII. En la opinión de muchos, la corta oración era promovida como un sustituto, de modo que los fieles no estuvieran conscientes del contenido increíble de la oración larga, como se describió anteriormente. Si la Oración a San Miguel larga hubiera sido recitada al final de cada Misa Rezada y no suprimida en 1934, ¿cuántos millones más se hubieran resistido cuando se encontraron con el intento de la nueva religión del Vaticano II que será explicada en este libro? ¿Cuántos más hubieran visto después del Vaticano II el desmantelamiento sistemático de la Fe Católica tradicional?

La larga Oración a San Miguel del Papa León XIII también está relacionada perfectamente con la famosa aparición y profecías de Nuestra Señora de La Salette de 1846: “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo… la Iglesia estará eclipsada.” Las palabras del Papa León sugieren que el mismo Anticristo, o al menos las fuerzas del Anticristo, establecerán su sede en Roma: “Aun en este lugar sagrado, donde fue establecida la Sede de Pedro (…) han elevado el abominable trono de su impiedad…”.

jueves, 29 de septiembre de 2011

SOLEMNIDAD DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL

Se trabó un gran combate en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón. (Apocalipsis, 12, 7)

San Miguel Arcángel

San Miguel, el príncipe de los ángeles y el protector de la Iglesia, siempre ha defendido el honor y la gloria de Dios tanto en la tierra como en el cielo. Fue él quien echó del paraíso a Lucifer y sus cómplices. La Iglesia celebra esta fiesta en su honor, y Francia, que lo ha elegido por protector, a menudo ha experimentado los venturosos efectos de su protección. San Luis IX creó en su honor la célebre Orden de San Miguel; Rusia también lo tuvo en gran veneración.

MEDITACIÓN SOBRE SAN MIGUEL


I. Lucifer se había rebelado contra Dios: tal vez se negaba a adorar el misterio de la Encarnación, que Dios había revelado de antemano a sus ángeles. Imita el celo de San Miguel arcángel cuando se trata de los intereses de Dios: declárate abiertamente en contra de los impíos. Cuando el mundo con sus placeres o el demonio con su orgullo te ataquen, diles con San Miguel: ¿Quién como Dios? Mundo, placeres, honores, riquezas, ¿Pueden acaso tus recompensas compararse a las que Dios me reserva? ¿Quién como Dios?

II. La humildad y la sumisión procuraron a San Miguel una gloria eterna, y el orgullo precipitó a Lucifer en los abismos infernales. ¡Temblad, soberbios! la vanidad es la que ha perdido a la más hermosa de todas las creaturas. Humillémonos y temamos comparecer ante Dios que hasta en los ángeles ha encontrado corrupción. ¡Cayeron los astros del cielo, y yo, lombriz, no tiemblo!

III. Debes honrar a San Miguel, porque es el príncipe de la Iglesia que debe un día asistir al examen de toda tu vida. ¿Qué dirás? ¿qué harás en ese tremendo día? No podrás esperar ayuda alguna ni de tu riqueza ni de tu ciencia. Sólo tus buenas obras abogarán a tu favor ante el Juez supremo. ¿Bastarán para asegurarte una gloria eterna? "Llegará ese día en el que un corazón puro valdrá más que palabras hábiles, una buena conciencia más que una bolsa llena de oro". (San Bernardo).

La devoción a San Miguel. Orad por la Iglesia


ORACIÓN

Oh Dios, que reguláis con infinita sabiduría los diversos ministerios de los ángeles y de los hombres, dignaos concedernos como protectores en la tierra a esos espíritus bienaventurados que no cesan en el cielo de ofreceros sus servicios y homenajes. Por J. C. N. S. Amén.

sábado, 24 de septiembre de 2011

CRISTO, SACERDOTE Y VÍCTIMA

Sermón del Beato John Henry Newmann - Desde Devoción Católica vía Radio Cristiandad

Hallándose en la condición de hombre se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz. (Phil. II:8)

Aquel que se humilló de tal modo―haciéndose hombre primero, luego muriendo, y eso sobre la vergonzosa y agonizante cruz―fue el mismo que desde toda la eternidad, “siendo su naturaleza la de Dios” era “igual a Dios”, tal como lo declara el Apóstol en el versículo precedente. “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios; Él era en el principio, junto a Dios” (Ioh. I:1,2); así habla San Juan, un segundo testigo de la misma gran y tremenda verdad. Y él también añade, “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Ioh:14). Y sobre el final de su evangelio, como sabemos, nos suministra una relación de la muerte de Nuestro Señor sobre la cruz.

Nos aproximamos a ese día, el más sagrado de todos, cuando conmemoramos la pasión y muerte de Cristo. Tratemos de fijar nuestras mentes sobre este pensamiento tan grande. Intentemos también, lo que es tan difícil, dejar de lado otros pensamientos, despejar nuestras mentes de cosas transitorias, temporales y mundanas, y ocupémonos exclusivamente de contemplar al Sacerdote Eterno y su sacrificio único y perenne―ese sacrificio que, aunque completado de una vez y para siempre en el Calvario, sin embargo permanece siempre y que con su poder y gracia podamos tenerlo siempre presente, puesto que en todo tiempo debe ser conmemorado con gratitud y reverente temor, bien que ahora más especialmente, cuando llega el tiempo del año en que sucedió. Contemplemos a Aquel que fue levantado para atraernos hacia Sí; y que merced a que fuimos atraídos hacia Él, resultemos atraídos los unos hacia los otros, de tal modo que podamos comprender y sentir que nos ha redimido a cada uno de nosotros y a todos, y recordemos que a menos que nos amemos, en verdad no podemos amar a Quién dio su vida por nosotros.

Por tanto, con la esperanza de sugerir algunos pensamientos graves para la semana que empieza con este día, haré algunas observaciones que sugiere el texto acerca de aquel acontecimiento tan terrible y a la vez tan gozoso, como lo es la pasión y muerte de Nuestro Señor.

Y en primer lugar, no debería hacer falta decirlo, aunque a lo mejor sí lo es de tan obvio que resulta (pues a veces se dan por sobreentendidas ciertas nociones que así nunca llegan a ser conocidas por quiénes las ignoran), como digo, en primer lugar, siempre deberá recordarse que la muerte de Cristo no constituyó un mero martirio. Mártir es uno que muere por la Iglesia, que es muerto por predicar y sostener la verdad. En verdad, Cristo fue muerto por predicar el Evangelio; y con todo no fue un mero mártir, sino mucho más que eso. Si hubiese sido un hombre solamente, bien podríamos llamarlo mártir, pero no era un hombre solamente, de modo que no es un mero mártir El hombre muere como un mártir, pero el Hijo de Dios muere como sacrificio reparador.

Aquí entonces, como ven, se nos introduce inmediatamente en un tema harto misterioso, por mucho que nos toca de muy cerca. Había una virtud en su muerte que no podría haber en ninguna otra, pues Él era Dios. Por cierto que nosotros no podríamos haber anticipado lo que se seguiría de un acontecimiento tan magno como este, de Dios encarnándose y muriendo en la cruz; pero que algo extraordinario y de gran valor se seguiría de semejante cosa, bien podríamos haberlo adivinado aunque nada se nos dijera sobre el particular. No se habría humillado de tal modo para nada; no podría haberse humillado así (discúlpenme la expresión) sin consecuencias importantísimas. No estaría mal que reflexionáramos un poco sobre lo que se significa con la doctrina del Hijo de Dios muriendo en la cruz por nosotros. No diré que alguna vez terminaremos de agotar el misterio que hay en esto, pero sí podemos entender en qué consiste el misterio; y en esta materia mucha gente se muestra deficiente. No tienen idea acerca de la verdad en este asunto; si la tuvieran, se mostrarían más serios de lo que son. Que se comprenda, entonces, que el Hijo de Dios Todopoderoso, que había estado en el seno del Padre desde toda la eternidad, se hizo hombre; se hizo hombre tanto como que siempre fue Dios. Era Dios de Dios, como dice el Credo; esto es, en tanto Hijo del Padre, contaba con todas aquellas infinitas perfecciones que tenía el Padre. Era de una sustancia con el Padre, y era Dios, porque el Padre era Dios. Era verdaderamente Dios, pero se convirtió en verdadero hombre. Se convirtió en hombre y sin embargo sin cesar de ser, en todos los respectos, lo que había sido antes. Se agregó a Sí mismo una nueva naturaleza, y con todo no tan íntimamente que fuera como si de hecho dejara de ser lo que había sido antes, cosa que no hizo. “El Verbo se hizo carne”: incluso esto parecería misterio y maravilla bastantes, pero ni siquiera eso es todo; no sólo fue “hecho hombre” sino que, tal como continúa diciendo el Credo, también “fue crucificado por nosotros en tiempos de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado”.

Ahora bien, aquí, digo, hay un nuevo misterio en la historia de su humillación, y si pensamos en eso veremos que contamos con una nueva y solemne iluminación al leer los capítulos que tocan esta semana. He dicho que después de su Encarnación la naturaleza del hombre era tan verdaderamente de Cristo como lo eran sus atributos divinos; San Pedro incluso llega a hablar de Dios “comprándonos con su propia sangre” (I Pet. I:18,19) y San Pablo de que “crucificaron al Señor de la Gloria” (I Cor. II:8), expresiones que, más que otras, muestran cómo absoluta y sencillamente Él se puso sobre Sí la naturaleza del hombre. Así como el alma actúa a través del cuerpo como su instrumento―de un modo más perfecto, pero con igual grado de intimidad, el Verbo Eterno de Dios actuó a través de la humanidad que había adquirido. Cuando hablaba era literalmente Dios hablando; cuando sufrió, era Dios sufriendo. No que la misma Naturaleza Divina pudiera sufrir, así como nuestra alma no puede ver ni oír; pero, así como el alma ve y oye a través de los órganos del cuerpo, así Dios Hijo sufrió en aquella naturaleza humana que había adquirido para Sí y hecha propia. Y en aquella naturaleza en verdad sufrió Él; tan verdaderamente como decimos que creó los mundos mediante su poder Todopoderoso, así también, mediante su naturaleza humana, Él sufrió; pues cuando vino sobre la tierra, su humanidad se convirtió tan verdadera y personalmente en cosa suya, como que su poder Todopoderoso había durado por los siglos de los siglos.

Considerad esto vosotros todos los de corazón superficial, y considerad si con todo esto sois capaces de leer los últimos capítulos de los cuatro evangelios sin temor y temblor.

Por ejemplo, “Uno de los satélites, que se encontraba junto a Jesús, le dio una bofetada, diciendo «¿Así le respondes Tú al Sumo Sacerdote?»” (Jn. XVIII:22). Habrá que decirlo, aunque casi no me animo: aquel satélite del templo levantó su mano contra Dios Hijo. No es una manera de hablar figurativamente, no es un forma retórica de expresarlo, ni tampoco una manera extremista, excesivamente dura e imprudente de efectuar una afirmación; se trata de una verdad sencilla y que debe tomarse al pie de la letra: es una gran doctrina católica.

En otro lugar, “Entonces le escupieron en la cara, y lo golpearon, y otros lo abofetearon” (Mt. XXVI:67). “Y lo hombres que lo tenían a Jesús se burlaban de Él y lo golpeaban. Y habiéndole velado la faz, le preguntaban diciendo: «¡Adivina! ¿Quién es el que te golpeó?» Y proferían contra Él muchas otras palabras injuriosas.” (Lc. XXII:63-65).

“Y Herodes lo despreció, lo mismo que sus soldados; burlándose de Él, púsole un vestido resplandeciente y lo envió de nuevo a Pilato” (Lc. XXIII:11).

“Entonces, pues, Pilato tomó a Jesús y lo hizo azotar. Luego los soldados trenzaron una corona de espinas, que le pusieron sobre la cabeza, y lo vistieron con un manto de púrpura. Y acercándose a Él, decían: «¡Salve, rey de los judíos!» y le daban bofetadas.” (Jn. XIX:1-3). “Doblando la rodilla delante de Él, lo escarnecían, diciendo: «¡Salve rey de los judíos!»; y escupiendo sobre Él tomaban la caña y lo golpeaban en la cabeza. Después de haberse burlado de Él, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y se lo llevaron para crucificarlo” (Mt. XXVII:29-31).

Por último: “Cuando hubieron llegado al lugar llamado del Cráneo, donde lo crucificaron” (Lc. XXIII:33)―entre dos malhechores, y ni siquiera entonces dejaron de insultarlo y de burlarse de Él; sino que todos ellos, el sumo sacerdote y el pueblo, lo miraban y le instaban a que baje de la cruz.

Ahora bien, os ruego que consideréis que aquel Rostro, tan brutalmente golpeado, era la Faz de Dios mismo; la cabeza ensangrentada con las espinas, el sagrado cuerpo expuesto a la mirada de todos, lacerado por los azotes, las manos clavadas a la cruz, y luego, el costado traspasado con una lanza. ¿Y bien? Lo que contemplaba aquella enloquecida multitud no era sino la Sangre, y el Sagrado Cuerpo, y las Manos, y la Cabeza, y el Costado, y los Pies de Dios Mismo. Este es un pensamiento tan temible, que cuando la mente de un hombre consigue pensarlo por primera vez, por cierto que entonces se le hace harto difícil pensar en otra cosa. Y por tanto, mientras tratamos de concebir todo aquello hemos de rogarle a Dios que nos de fuerzas y temple bastantes para pensar rectamente en eso, no sea que resulte demasiado para nosotros.

Teniendo pues presente que el mismísimo Dios Todopoderoso, Dios Hijo, era el Sufriente, entenderemos mejor que antes la descripción que de Él hacen los evangelista; veremos el sentido de su porte en general, su silencio, las palabras que usó cuando habló, y la mezcla de temor y respeto que dominaba a Pilatos.

“Entonces, el sumo sacerdote se levantó y le dijo: «¿Nada respondes? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra Ti?» Pero Jesús callaba.” (Mt. XXVI:62).

“Mientras los sumos sacerdotes y los ancianos lo acusaban nada respondió. Entonces, Pilato le dijo: «¿No oyes todo esto que ellos alegan contra Ti?» Pero Él no respondió ni una palabra sobre nada, de suerte que el gobernador estaba muy sorprendido.” (Mt. XXVII:12, 14).

“Los judíos le respondieron: «Nosotros tenemos una Ley, y según esta Ley, debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios». Ante estas palabras, aumentó el temor de Pilato. Volvió a entrar al pretorio, y preguntó a Jesús: «¿De dónde eres Tú?». Jesús no le dio respuesta.” (Jn. XIX:7-9).

“Herodes, al ver a Jesús, se alegró mucho, porque hacía largo tiempo que deseaba verlo por lo que oía decir de Él, y esperaba hacer algún milagro. Lo interrogó con derroche de palabras, pero Él no le respondió nada.” (Lc. XXIII:8-9).

Por último, sus palabras a las mujeres que lo seguían: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por Mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos, porque vienen días, en que se dirá: ¡Felices las estériles y las entrañas que no engendraron y los pechos que no amamantaron! Entonces se pondrán a decir a las montañas: Caed sobre nosotros, y a las colinas: ocultadnos.” (Lc. XXIII:28-30).

Después de estos pasajes, considerad las palabras del discípulo amado al anticipar su Venida cuando el fin del mundo: “Ved, viene con las nubes, y le verán todos los ojos, y aun los que le traspasaron; y harán luto por Él todas las tribus de la tierra. Sí, así sea.” (Apoc. I:7).

Así es, así será. Un día todos, por las buenas o por las malas, contemplaremos aquella Santa Faz que hombres inicuos golpearon y desfiguraron; veremos aquellas Manos que habían sido clavadas a un cruz; aquel Costado que fue traspasado. Veremos todo esto; y será la visión de un Dios Viviente.

Siendo entonces éste el gran misterio de la Cruz y Pasión de Cristo, podríamos suponer con razón, como he dicho, que alguna gran cosa se le seguiría por consecuencia. Los padecimientos y muerte del Verbo Encarnado no podían pasar y desaparecer como un sueño; no podía ser un caso de martirio solamente, o un mero despliegue o figura de otra cosa: estas cosas necesariamente tienen que incluir su propia virtud. De esto podemos estar seguros, aunque nunca nadie nos hubiese dicho cosa alguna acerca del resultado. Pero ocurre que ese resultado ha sido revelado también. Es éste: nuestra reconciliación con Dios, la expiación de nuestros pecados y nuestra nueva creación en santidad.

Todos andábamos necesitados de una reconciliación, pues por naturaleza somos parias. Desde el tiempo en que cayó Adán, todos sus hijos han estado bajo una maldición. “En Adán todos mueren”, como dice San Pablo (I Cor. XV:22). De tal modo que todos y cada uno de nosotros nace al mundo en un estado de muerte; tal es nuestra vida natural desde el primer hálito; somos hijos de la ira; concebidos en pecado, formados en iniquidad. Estamos bajo la tiranía de un innato elemento de maldad que desbarata y ahoga cualquier principio de verdad o de bien que pudiésemos abrigar ni bien tratamos de actuar de conformidad con ellos. Este es aquel “cuerpo de muerte” que San Pablo describe como propio del hombre natural, gimiendo y quejándose, “desdichado de mí, ¿quién me librará?” (Rom. VIII:24). Ahora, en lo que a nosotros se refiere, mis hermanos, sabemos (loado sea Dios) que todos, desde nuestra infancia, hemos sido liberados de este miserable estado de paganos mediante el santo bautismo, que es el medio que Dios designó para nuestra regeneración. Y con todo, no por eso deja de ser nuestro estado natural; es el estado en el que estamos todos cuando nacemos; es el estado en el que todos los pequeños se encuentran cuando se los acerca a la pila bautismal. Por querido que es para quienes lo acercan allí y por inocente que parezca, sin embargo, hasta que no esté bautizado, en su corazón reside un espíritu inicuo, un espíritu de iniquidad que yace escondido, visto por Dios, invisible a los ojos del hombre (como la serpiente entre los árboles del Edén), un espíritu inicuo que desde el principio es odioso para Dios y que a la larga será eternamente destruido. Ese espíritu inicuo sólo es expulsado mediante el santo bautismo: sin este privilegio, su nacimiento no podría sino significar miseria para él. Pero ¿de dónde esta virtud del bautismo? De este gran acontecimiento que pronto hemos de conmemorar; la muerte del Hijo de Dios Encarnado.

Casi todas las religiones cuentan con abluciones exteriores: presienten la necesidad de lavarse que tienen todos los hombres, bien que no pueden suministrar un lavado eficaz. Incluso el sistema judío, aunque divino, nada podía hacer en esta materia; sus abluciones no eran sino carnales; la sangre de los toros y de los machos cabríos no era sino terrenal y de ningún provecho. Hasta el bautismo de Juan, el precursor de Nuestro Señor, carecía de poder propiciatorio interior. Cristo no había sido crucificado aún.

Pero cuando llegó aquella hora largamente esperada, cuando el Hijo de Dios solemnemente se colocó aparte como Víctima en presencia de sus doce apóstoles, y fue al jardín, y delante de tres de ellos padeció su agonía y sudor de sangre, y luego fue traicionado, golpeado, escupido, azotado y clavado en una cruz, hasta que murió, recién entonces, cuando con un último hálito, dijo “Todo está cumplido” (Jn. XIX:30), entonces la virtud del Altísimo se abrió paso a través de sus heridas y su sangre para el perdón y regeneración del hombre; y de aquí deriva el bautismo su poder. Esta es la razón por la que “se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz” (Fil. II:8). En otro lugar el Apóstol nos dice que “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, haciéndose por nosotros maldición” (Gál. III:13). Y también dice que Cristo “hizo la paz mediante la sangre de su cruz” y que ahora nos ha “reconciliado en el cuerpo de la carne de Aquel por medio de la muerte, para que os presente santos e inmaculados e irreprensibles delante de Él” (Col. I:20,22). O, como lo dice San Juan, los santos “lavaron sus vestidos, y los blanquearon en la sangre del Cordero” (Apoc. VII:14). Y nadie habla más explícitamente sobre este gran misterio que el profeta Isaías, muchos cientos de años antes de que ocurriera. “Él, en verdad, ha tomado sobre sí nuestras dolencias, ha cargado con nuestros dolores, y nosotros le reputamos como castigado como herido por Dios y humillado. Fue traspasado por nuestros pecados, quebrantado por nuestras culpas; el castigo, causa de nuestra paz, cayó sobre él, y a través de sus llagas hemos sido curados. Éramos todos como ovejas errantes, seguimos cada cual nuestro propio camino; y Yahvé cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros.” (Is. LIII:4-6).

Por tanto, creemos que cuando Cristo sufrió en la cruz, nuestra naturaleza sufrió con Él. La naturaleza humana, caída y corrupta, se hallaba bajo la ira de Dios, y resultaba imposible que fuera restaurada y colocada bajo su favor hasta que expiara su pecado mediante el sufrimiento. Por qué resultaba esto necesario, no lo sabemos; pero se nos dice expresamente que todos somos “hijos de ira” (Ef. II:3), que “por obras de la Ley no será justificada delante de Él carne alguna” (Rom. III:20), que “los malvados bajarán a los infiernos y todos los gentiles que se han olvidado de Dios” (Ps. X:17). Entonces el Hijo de Dios asumió la naturaleza humana para que en Él hiciera y sufriese lo que por sí misma no podía hacer. Lo que no podía hacer por sí misma, podía hacerlo en Él. Cristo cargó con ella durante una vida de privaciones. La cargó durante toda su vida hasta la agonía y la muerte. En Él nuestra naturaleza pecadora murió para renacer luego. Cuando murió en Él sobre la cruz, aquella muerte resultó en su nueva creación. En Él satisfizo la vieja y pesada deuda; pues la presencia de su divinidad le dio mérito trascendente. Su Mano había elegido cuidadosamente el espécimen predilecto de nuestra naturaleza tomada de la sustancia de la Virgen; y habiendo separado de ella toda mancha, morando en ella personalmente la santificó y le dio poder. Y así, cuando resultó ofrecida sobre una cruz, hecha perfecta mediante el sufrimiento, se convirtió en el fruto primogénito de un hombre nuevo; se convirtió en una levadura divina de santidad para el nuevo nacimiento y la vida espiritual para cuantos se avinieran a recibirla. Y así, como dice el Apóstol, “Él, único, sufrió la muerte por todos y así en Él todos murieron” (II Cor. V:14), “nuestro hombre viejo fue crucificado con Él para que el cuerpo del pecado sea destruído” (Rom. VI:6); y “juntos” a Cristo: “Cuando estábamos aún muertos en los pecados, nos vivificó juntamente con Cristo [...] y juntamente con Él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús” (Ef. II:5-6). Así “somos miembros de su cuerpo” (Ef. V:30), de su carne y de sus huesos: porque “el que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, tiene vida eterna y Yo le resucitaré en el último día. Porque la carne mía verdaderamente es comida y la sangre mía verdaderamente bebida. El que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, en Mí permanece, y Yo en él” (Jn. VI:54-56).

Cuán enteramente diferentemente se entiende la vida a la luz de estas doctrinas comparado con los puntos de vista del mundo. Pensad sólo en esto: cómo se afana la gran masa de los hombres tras asuntos del tiempo, cómo lo urge la solicitación mundana, queriendo enriquecerse, solícitos por la grandeza nacional, especulando con promesas de ventajas con puestos públicas o privados; y habiendo pensado en esto, volved a contemplar la cruz de Cristo y decid entonces, cándidamente, si acaso el mundo, y todo lo que está en mundo, no es tan infiel ahora como lo fue cuando vino Cristo. ¿No os parece que hay grandes razones para temer que esta nación, a pesar de haber sido bautizada en la Cruz de Cristo, se encuentra en un estado tan pecaminoso que fuera a venir entre nosotros Cristo como lo hizo entre los judíos, con excepción de un pequeño resto, lo rechazaríamos tal como ellos lo hicieron? ¿No podemos dar por descontado que los hombres de hoy en día, si hubiesen estado vivos cuando Él vino en carne, habrían descreído de Él y denostado las santas y misteriosas doctrinas que nos trajo? ¡Helás! ¿Acaso hay la menor duda de que habrían cumplido con las palabras de San Juan, que “las tinieblas no lo recibieron”? (I:5). Sus corazones están fijados en esquemas de este mundo: no habría existido la menor simpatía entre ellos y la pacífica y celestial mente del Señor Jesucristo. Habrían dicho que su Evangelio era raro, extravagante, increíble. La única razón por la que no lo dicen ahora, es que les resulta familiar, y en realidad no reflexionan sobre aquello que profesan creer. ¡Qué! (habrían dicho) ¿el Hijo de Dios asumiendo carne humana? ¡Imposible! ¿El Hijo de Dios separado de Dios y sin embargo uno solo con Él? ¿Cómo podría ser semejante cosa? ¿El mismísimo Dios padeciendo en cruz, el Todopoderoso y Eterno Dios en forma de siervo, con carne humana y sangre, herido, insultado, muriéndose? ¿Y todo esto como expiación por el pecado de los hombres? ¿Por qué? (se preguntarían), ¿por qué sería necesaria una expiación? ¿Por qué el Padre todo compasivo no podía perdonar sin que haga falta tal cosa? ¿Por qué el pecado se reputa como una cosa tan mala? No vemos necesidad ninguna para remedio tan maravilloso; nos negamos a admitir una doctrina semejante, tan enteramente desemejante a todo lo que tiene para decirnos la faz del mundo acerca de nosotros mismos. Estas ocurrencias no admiten paralelo; pertenecen a un orden de cosas nuevo y enteramente distinto; y mientras nuestro corazón no simpatiza con ellas, nuestra razón las rechaza absolutamente. Y en lo que se refiere a los milagros de Cristo, si no los hubiesen presenciado, no habrían creído en los informes; y si en cambio sí los hubiesen presenciado habrían estado dispuestos a explicarlos como engañosos malabares, cuando no, como lo hicieron los judíos, directamente arte de Belcebú.

Siempre y en todo tiempo las santas verdades del Evangelio se les aparecerá así a los que viven para este mundo, bien porque aman sus placeres, sus comodidades, sus premios, o sus combates; sus ojos están cubiertos de grasa, no pueden ver a Cristo espiritualmente. Cuando lo ven, no ven en Él belleza alguna que pudieran desear. Y así se vuelven infieles. En palabras de Nuestro Señor: Ningún servidor puede servir a dos amos, porque odiará al uno y amará al otro, o se adherirá al uno y despreciará al otro; no podéis servir a Dios y a Mammón”. Cuando dijo esto los fariseos se burlaron de Él. Y Él replicó: “Vosotros sois los que os hacéis pasar por justos a los ojos de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones. Porque lo que entre los hombres es altamente estimado, a los ojos de Dios es abominable.” (Lc. XVI: 13-15).

¡Quiera Dios concedernos no resultar incluidos entre quienes “se hacen pasar por justos a los ojos de los hombres” y que “se burlan” del que predica la severa doctrina de la Cruz! Si tenemos dudas y recelos respecto de las corrupciones y defectos de esta religión tan popular en los días que corren, ¡quiera Dios concedernos la gracia de desear rectamente conocer la voluntad de Dios! ¡Que Dios nos conceda la gracia de no falsificar nuestras conciencias para intentar reconciliar mediante un artificio u otro el servicio del mundo, y el de Dios! ¡Que Dios nos conceda que no querramos pervertir o diluir su santa Palabra, poniéndole encima las falsas interpretaciones de los hombres, razonando para zafar de sus exigencias para reducir la religión a un asunto pueril, en lugar de pensar en lo que es, una cuestión misteriosa y sobrenatural, tan enteramente diferente de cualquier cosa que haya sobre la superficie del mundo, como lo es el día respecto de la noche, y el cielo respecto de la tierra!