Sermón predicado por el Rvdo. P. Pío Vázquez SSM en el Domingo IV de Adviento (22 de Diciembre de 2024).
COMBATIENDO SIN TREGUA EN TODOS LOS FRENTES PARA QUE CRISTO REINE. «VIVAT JESU, AMOR NOSTER, ET MARÍA, SPES NOSTRA!»
viernes, 27 de diciembre de 2024
jueves, 26 de diciembre de 2024
EL PRIMER ALTAR PERMANENTE DE CARA AL PUEBLO EN LOS ESTADOS UNIDOS
Traducción del artículo publicado en LITURGICAL ARTS JOURNAL.
El arzobispo John Gregory Murray Connor (1877 - 1956), nativo de Connecticut, se convirtió en el arzobispo de San Pablo (Minesota) en 1931. Durante su mandato de 24 años se hizo visitante frecuente de los monjes en la abadía de San Juan cerca de Collegeville (Minesota). En estos años, San Juan era la abadía benedictina más grande del mundo y se había hecho un nombre por sí como el epicentro estadounidense del Movimiento Litúrgico y de lo que vino a llamarse el apostolado litúrgico, que fue una moda después de la I Guerra Mundial.
Una primicia en el país
En 1938, el arzobispo Murray puso la primera piedra de la nueva iglesia en estilo neogótico inglés de la Natividad, en construcción en una hermosa zona residencial nueva en el vecindario Groveland de San Pablo. El arquitecto de la iglesia era un acatólico que respondía al nombre de James B. Hills. Fue durante ese tiempo que el arzobispo Murray aprobó un plan que hasta entonces era inaudito: el altar en la capilla de la cripta en el sótano debía estar permanentemente de cara al pueblo.
En aquellos tiempos esto representaba un estrato prohibido de experimentación litúrgica que ni siquiera fue concebido por muchos, o sancionado con la aprobación de la Santa Sede.
Una innovación en su época, tal cosa nunca se había intentado en ningún lugar del país. Los proponentes del Movimiento Litúrgico en Europa septentrional habían estado promoviendo lentamente la idea de la Misa versus pópulum, pero aún era un concepto novedoso en el resto del mundo.
A pesar de su rareza, solo existe una foto conocida del altar, que se ve aquí (la imagen que encabeza este artículo). Describe al párroco fundador que construyó la iglesia de la Natividad, el padre Terence Moore, un sacerdote irlandés de la diócesis de San Pablo. Nacido en Finea en 1869, fue uno de once hijos. Cuando el obispo James Ireland de San Pablo llegó buscando colonos y sacerdotes, el padre Moore se ofreció como voluntario. Fue ordenado sacerdote en 1892. Después de 55 años de sacerdote y 26 años como párroco de la Natividad, falleció en 1948.
Dado que el apostolado litúrgico tuvo sus comienzos estadounidenses en Minesota, no sorprende que la nueva iglesia fue elegida para tal altar innovador cuando fue dedicada el 16 de Abril de 1939. El mismo día, 300 jóvenes fueron confirmados en la nueva iglesia. Fue un sacerdote nacido en Irlanda y un arzobispo hiberno-estadounidense quienes fueron responsables de este salto al futuro, influenciados sin duda por los benedictinos alemanes del Movimiento Litúrgico en los Estados Unidos y Europa.
El influenciador jesuita
La foto del altar fue posiblemente dada por el arzobispo Murray al escritor P. Geraldus Ellard SJ (1894 - 1963). El padre Ellard fue uno de los más destacados proponentes del apostolado litúrgico en los Estados Unidos. Nativo de Wisconsin, se hizo jesuita y un escritor prolífico. Por algunos años fue profesor de liturgia en la Escuela de Teología de la Universidad de San Luis. Luego de su ordenación en 1926, el padre Ellard estuvo fuertemente involucrado en el Movimiento Litúrgico, promoviendo sus ideas e influenciando a muchos a su alrededor. Pronto se hizo uno de los primeros proponentes de la Misa de cara al pueblo en los Estados Unidos.
El padre Ellard fue uno de los pocos jugadores claves del Movimiento Litúrgico. Junto con monseñor William Busch (1882 - 1971) de San Pablo y monseñor Martin Hellriegelhe de San Luis, ellos conformaron un pequeño grupo que colaboró estrechamente con el padre Virgil Michel OSB de la abadía de San Juan en Minesota. El padre Michel fue el fundador de la revista Orate Fratres. Publicada por primera vez en 1926, llegó a ser la voz del movimiento. Junto a estas mentes contribuyó a la labor editorial de la revista en sus difíciles primeros años. Monseñor Busch también vivía en San Pablo, un joven profesor de Historia eclesiástica que iba a enseñar por más de cincuenta años en el Seminario de San Pablo.
Por sus escritos y discursos, el padre Ellard anticipó algunos de los cambios que tendrían lugar solo después de su muerte a fines de la década de 1960. En su tiempo fue un escritor prolífico, publicando su primer libro en 1933 con el título Christian Life and Worship (Vida y culto cristiano). También fue autor en 1948 de The Mass of the Future (La Misa del futuro) y en 1956 escribió The Mass in Transition (La Misa en transición).
Ítem, cofundó en 1940 la Conferencia Litúrgica Nacional que se realizaba cada año en una ciudad diferente. Su primer encuentro se realizó en Chicago y el segundo en San Pablo en 1941. El lema de la organización era sencillo: «La Conferencia Litúrgica busca ayudar a la jerarquía en la promoción de una participación más activa e inteligente en la liturgia, y espera reclutar como miembros a todos los que deseen cooperar para alcanzar este objetivo».
Las conferencias buscaban el respaldo episcopal y se hicieron reconocidas por el amplio alcance de sus actividades e innovadoras Misas “de cara al pueblo”, siempre hechas con invitación de obispos y celebradas en grandes auditorios cívicos, como a continuación:
En 1940, el padre Ellard escribió un libro titulado Men at Work in Worship (Hombres trabajando en el culto). El arzobispo Murray escribió el prólogo. El libro fue considerado en alguna forma vanguardista. En aquellos días, el movimiento estaba buscando catequesis con más mejoras y no necesariamente un cambio en la liturgia. Con todo, hubo una voz creciente llamando a un retorno a lo que se percibían ser prácticas litúrgicas más antiguas, que poco a poco se apoderaron de la siguiente generación de clérigos.
A lo largo de las décadas de 1940 y 1950, las Misas celebradas de esta forma de cara al pueblo se hicieron más comunes, aunque excepcionalmente raras. Ellas eran más comunes en las Semanas litúrgicas nacionales celebradas en las décadas de 1940 y 1950, cuando los obispos celebraban Misas Pontificales de cara al pueblo en las tarimas de los auditorios.
En esos años, el arzobispo Murray también estaba celebrando Misas de cara al pueblo en las ocasiones cuando celebraba Misas estudiantiles en la Capilla de Santo Tomás en el campus de la cercana Universidad de Santo Tomás y Academia Militar de Santo Tomás; ambas compartían el mismo campus y capilla en San Pablo. A petición de un sacerdote local, el padre William Busch, el altar fue hecho de madera con cuatro patas, porque en su pensamiento eso estaba más en línea con la mesa de la Última Cena.
Las primeras evidencias e imágenes de tales Misas se puede ver en otros libros de Ellard como también en los coloquios publicados de la Conferencia Litúrgica Nacional. La iglesia de Santa Elena en Mineápolis, construida en 1942, también tuvo unas primeras Misas de cara al pueblo.
No sorprende que algunos de estos hombres hayan estudiado en Europa en un tiempo cuando muchas de estas ideas empezaron a ser discutidas. El padre Ellard había estudiado en Múnich. El arzobispo Murray y monseñor Busch habían estudiado en Lovaina. Mientras viajaban por el norte de Europa, estos jóvenes sacerdotes habían visitado distintos monasterios y sido introducidos a varias prerrogativas litúrgicas y corrientes de estilo en comunidades monásticas y otros lugares en Bélgica y Alemania.
La capilla del sótano.
La capilla del sótano de la Natividad era austera. Tenía un techo artesonado de concreto pintado con un suelo de terrazo [guijarros (habitualmente de mármol) conglomerados con cemento, N. del T.] verde con bancas de roble barnizadas de negro. El altar estaba elevado por tres gradas. Un crucifijo de dos caras colgaba del techo sobre el santuario, describiendo un Cristo resucitado de un lado y a Cristo Rey del otro, una obra artística de la época que reflejaba el Movimiento Litúrgico.
Debido a que el altar era una sólida estructura permanente de madera con una pequeña ara de piedra insertada en la parte superior que había sido consagrada, era lo que la Sagrada Congregación de Ritos en el Vaticano categorizaría como un altar “ad modum fixi”, esto es, una combinación entre un altar fijo y un altar portátil. Se cree que el altar había sido usado previamente en el auditorio de la escuela vecina posiblemente entre 1923 y 1939, la locación de las misas parroquiales antes que se construyera y completara la nueva iglesia.
El altar estaba hecho de roble barnizado, diseñado con tres registros frontales, con una imagen central tallada del Cordero de Dios sobre el Libro de los Siete Sellos, descrito en el libro del Apocalipsis (caps. 5-8), llamando a pensar en la Segunda Venida de Cristo y el fin de los tiempos.
El tabernáculo ya estaba en marcha, a un lado sobre una mesita, un vistazo de una tendencia futura (la mesa estaba hecha en un estilo clásico de yeso blanco de París). Las sacras eran puestas acostadas en el altar, para no obstruir la vista de los fieles en las bancas. El altar no tenía gradas, con dos candelabros de madera para la Misa rezada apoyados sobre el altar. Posiblemente había una cruz pequeña apoyada sobre el plan del altar.
Hubo también un órgano eléctrico. Respecto a la música en la Misa rezada en aquellos años, se hizo una provisión para una forma simplificada de Misas cantadas que requería solo el servicio de un órgano y al menos un cantor entrenado para suplementar el canto de la congregación.
Desafortunadamente, la capilla ya no se conserva intacta, como se ve a continuación hoy. En el furor de la revolución litúrgica, el arreglo del presbiterio se estropeó y el altar fue removido, en algún momento en la década de 1970. El paradero del mobiliario original del presbiterio es desconocido (la talla del cordero del frontal el altar está actualmente en una capilla privada en la rectoría desde 2014).
En la década de 1970, uno de los transeptos de la capilla inferior fue bloqueado y convertido en área de almacenamiento mientras se dispuso un nuevo presbiterio al lado este de la nave de la capilla del sótano, con un nuevo altar y sede del celebrante a juego en el estilo setentero, después removido con las bancas durante una remodelación de la capilla del sótano en un salón multipropósito en 1993-1994.
En sus mejores días, la parroquia estaba tan llena para su fiesta patronal que había dos Misas de Navidad in nocte abarrotadas: una en la iglesia superior con otra simultánea en la capilla del sótano. Ambas compartían la misma sacristía superior, accesible por una escalera que conectaba a las dos. Muchos monaguillos de la época recuerdan aún ayudar en las Misas en la capilla inferior, aunque la novedad era bastante normal para ellos.
Como nota marginal, el estilo de los ornamentos que se veían en la Natividad fue siempre neogótico, conforme al gusto litúrgico de la época, la dirección del Movimiento Litúrgico, y el estilo inglés de la iglesia.
A continuación se muestra una descripción del altar, tomada del folleto del quincuagésimo aniversario de la parroquia publicado en 1972. El folleto cita el folleto de dedicación de la iglesia de 1939, lo que ilustra que la iglesia de la Natividad se adelantó mucho a su tiempo con el nuevo altar, una veintena de años por delante del resto de la Iglesia. La tendencia a dar la vuelta a los altares llegó solo después del Concilio. La iglesia de la Natividad colocó un altar portátil en su santuario principal del piso superior en 1965. Ese altar permaneció hasta 1983, cuando el altar mayor permanente se movió hacia adelante y se cambió por uno de una capilla lateral.
Esta sección del folleto, posiblemente escrita por monseñor Busch o el padre Ellard, dice:
«Los feligreses probablemente se sorprenderán cuando vean el altar en la iglesia de abajo. No tiene nada de inusual, excepto que está orientado en una dirección exactamente opuesta a la que estamos acostumbrados. Cuando se dice la Misa, el sacerdote está de cara a la congregación todo el tiempo en lugar de solo en los intervalos, como es el caso habitual.En realidad, no hay nada de extraño en ello. En cualquier iglesia, el altar puede estar orientado en ambas direcciones. Puede estar situado de modo que el sacerdote esté de espaldas a los fieles y, por lo tanto, deba darse la vuelta cuando reza el Dóminus vobíscum, Oráte fratres y oraciones similares; o puede estar situado de modo que no tenga necesidad de darse la vuelta nunca, como es el caso en la iglesia de abajo.La primera forma es la práctica habitual en el mundo católico occidental de hoy. La más antigua, sin embargo, era colocar el altar separado de la pared y de cara a la congregación. Esta costumbre, hay que decirlo, no era absolutamente universal en la Iglesia primitiva, porque a veces las circunstancias exigían otra, como cuando no había suficiente espacio para que el sacerdote se situara detrás del altar; esto sucedía con frecuencia en las catacumbas y, más frecuentemente, en los altares de las capillas.Que esta era la costumbre inusual durante muchos siglos es evidente por varias cosas. En primer lugar, que el obispo tenía su trono en el ábside donde ahora se encuentra comúnmente el altar; en segundo lugar, que las rúbricas para incensar el altar suponían que el sacerdote caminaba completamente alrededor de él; y en tercer lugar, que el lugar donde el subdiácono se situaba en una misa solemne era al otro lado del altar, de cara al celebrante, y no detrás del diácono como es el caso hoy.Es imposible decir cuántas iglesias de los primeros siglos tenían altares como el de nuestra iglesia de abajo. Es posible, según la gran obra de Joseph Braun, Der Christliche Altar, decir que en tres casos siempre estaba de cara al pueblo.Primero, en las catedrales donde el trono del obispo lo hacía necesario.En segundo lugar, en aquellas iglesias en las que se guardaban reliquias de santos en el antepecho del altar. En este caso, el altar estaba situado de forma que los fieles pudieran venerar las reliquias sin entrar en el presbiterio y, por tanto, el difunto debía estar cerca de la barandilla de la comunión y de cara al pueblo que se encontraba en la iglesia.En tercer lugar, cuando la iglesia estaba orientada hacia el oeste. En los primeros siglos, la gente siempre miraba hacia el este cuando rezaba. Si la iglesia estaba orientada hacia el oeste, entonces el sacerdote debía mirar hacia el este, por lo que el altar tendría que estar ubicado como está en nuestra iglesia de la planta baja.Fue en el siglo IX cuando empezó a popularizarse la costumbre de colocar el altar de cara a la pared del fondo. En los países del norte se hizo cada vez más raro colocar reliquias en el altar y el trono del obispo se trasladó a un lado del presbiterio, donde se encuentra actualmente.Amalario de Metz, escribiendo a mediados del siglo IX, da por sentada esta posición: “Cuando decimos Pax vobíscum o Dóminus vobíscum, que es un saludo, nos volvemos hacia el pueblo. Nos ponemos de cara a aquellos a quienes saludamos, excepto en el caso de los saludos que preceden al prefacio”. Después del año 1000, la regla general era tener el altar de cara a la pared del santuario, como lo tenemos en la iglesia del piso superior.Tenemos, pues, en la Iglesia de la Natividad un altar colocado de cara al pueblo como era bastante común durante los primeros mil años del cristianismo y otro colocado como se ha puesto de moda en los segundos mil años de la Iglesia.Salvo en Roma y en algunos lugares de Alemania, y quizá en algunos otros países, no se ven altares como el nuestro en la iglesia de abajo. Roma, que se aferra tan tenazmente a la costumbre, los ha abandonado. El altar en el que el Santo Padre celebra la misa en la iglesia más grande de toda la cristiandad, San Pedro, está colocado igual que el nuestro en la parroquia de la Natividad; y así está colocado en otras catorce iglesias de la ciudad de Roma.La razón para colocarlo como está es clara. Tal dirección sirve para unir más estrechamente a los fieles y al sacerdote en la celebración del Sacrificio de la Misa. En los últimos años se ha visto un gran progreso en esta idea. Los católicos saben hoy que deben asistir a la Misa siguiendo las acciones del sacerdote y asociándose a las oraciones que dice. Saben que están de pie alrededor del altar, íntimamente involucrados en todo lo que hace y dice, y que nunca están allí simplemente como espectadores.Para acelerar dicha asistencia, se ha instado a menudo a que los asistentes a la misa se proporcionen un misal para que puedan seguir en inglés lo que el sacerdote dice en latín.Además, se espera que la Missa Recitáta en la iglesia de abajo nos proporcione una lección objetiva y que los adultos aprendan de los niños de la escuela cómo ayudar mejor en la misa.Los miembros de la parroquia de la Natividad deben sentirse orgullosos de tener el primer altar (en estos segundos mil años) orientado hacia el pueblo de los Estados Unidos. También deben estar agradecidos a su Reverendísimo Arzobispo, que les ha concedido permiso para tener su altar así y para que se recite la Misa. Sin duda, no hay mejor manera de mostrar gratitud que asistiendo a la Misa de manera más perfecta».
Nota del editor: Hasta donde sabemos, la misa en los primeros siglos se celebraba exclusivamente versus Deum. El movimiento litúrgico del siglo XX estaba lleno de promesas, aunque algunas de sus teorías históricas se basaban en proposiciones engañosas. Por ejemplo, que hubo un tiempo en que todas las misas se celebraban de cara al pueblo o que hubo un tiempo en que todos cantaban todo en la liturgia.
La tradición de la Iglesia.
De hecho, la Iglesia ha llegado a permitir tanto la Misa versus Deum (de cara al sagrario fijado al altar) como la versus pópulum (de cara al pueblo, a la congregación en los bancos). Al mismo tiempo, la tradición de la Iglesia ha expresado a través de los siglos una clara preferencia por la Misa versus Deum.
Quizás la razón principal sea que se trata de una actitud adecuada hacia el culto. La belleza mística y la dignidad sacramental del culto litúrgico no pueden sobreestimarse. Su verdad plena estará siempre escondida en el abismo del misterio nupcial de Cristo y de su Iglesia.
Por esa razón, no es de extrañar que en la Iglesia primitiva, tanto en el Oriente griego como en el Occidente latino, la Misa nunca se celebrara de cara al pueblo. De hecho, la orientación siempre era la misma que la del culto en el templo y de cara al Este. Podemos suponer con seguridad que se trata de una tradición apostólica. Roma era una excepción para el Romano Pontífice y un puñado de iglesias de estación selectas en la Ciudad de Roma, dada Su jurisdicción suprema y universal.
Fulton Sheen dijo una vez: «Es un principio establecido desde hace mucho tiempo en la Iglesia no eliminar por completo de su culto público ninguna ceremonia, objeto u oración que alguna vez ocupó un lugar en ese culto».
Las tradiciones eclesiásticas son tradiciones (o disciplinas) que fueron introducidas por los mismos Apóstoles o en tiempos post-apostólicos. Para examinar tradiciones litúrgicas como ésta, es importante recurrir a la práctica histórica y al juicio de la Iglesia.
«Si la Iglesia nunca se ha atrevido a cambiar una Tradición o a prescindir de ella, esa Tradición debe ser considerada como Tradición divina. Tal es la Tradición de la observancia dominical. Tal es la mezcla de agua y vino en la celebración del Sacrificio de la Misa. Finalmente, en lo que respecta a los preceptos e instituciones que por su propia naturaleza no requieren necesariamente un origen divino, pero que pueden haber tenido su origen en la autoridad apostólica o eclesiástica, aplique la regla de oro de San Agustín: “Lo que la Iglesia universal mantiene, lo que nunca fue instituido por los Concilios, sino que siempre se mantuvo en la Iglesia, debe creerse con razón que no fue transmitido por nadie más que por la autoridad apostólica” (De Baptísmo IV, 24)» (Tradition and Church por Mons. George Agius, pág. 9).
El espíritu revolucionario que se apoderó de la Iglesia durante la turbulenta década de los años 60 ocultó el buen juicio sobre esta cuestión. La irresistible fuerza del cambio reformó el pensamiento católico y las preferencias por la oración. Imbuida del espíritu de la época, la tendencia era a hacer que todo fuera nuevo. El Vaticano II fue un hito, aunque el Concilio no mencionó ni remotamente la posibilidad de cambiar los altares.
Dicho esto, el tiempo y la distancia han dado perspectiva. Hoy no hay ninguna amenaza a la preponderancia de los altares de cara al pueblo. Por no hablar de que la perspectiva actual es mucho más “moderna” que en los años sesenta. Al mismo tiempo, vivimos en una época de decidido renacimiento litúrgico, con un llamamiento casi universal a la restauración de lo sagrado. La Madre Iglesia actúa como un paterfamilias respecto de todos sus hijos, guiando e instruyendo mediante la luz y la confianza de la tradición, una fuente de revelación a menudo olvidada.
miércoles, 25 de diciembre de 2024
SE ACABÓ LA FIESTA PARA LOS CRISTIANOS EN SIRIA
Antier 23 de Diciembre, ocho individuos armados pegaron fuego a un “árbol de Navidad” en la ciudad de Suqaylabiya (Seleucópolis o Seleucia ad Belum), en la provincia de Hama al noroeste de Siria, dos días después que este fuera inaugurado.
De acuerdo a fuentes locales, los sujetos pertenecientes a “Partidarios del Monoteísmo” (en árabe Ansar al-Tawhid, una escisión de la extinta organización fundamentalista “Soldados de al-Aqsa”) incendiaron parte del elemento decorativo y con sus armas intimidaban a la población para que no se les acercaran. Solo después de su cometido, huyeron del lugar y entonces los bomberos apagaron las llamas.
Sin embargo, no fue un hecho aislado en la provincia de Hama. El 10 de Diciembre, los jueces alauíes (la rama islámica a la que pertenece la familia Ásad) Mundhir Hassan y Mahmud Hammud de Masyaf y Yussef Ghanoum de la ciudad de Al-Qadmus fueron asesinados en la carretera Hama-Masyaf y sus cuerpos fueron arrojados en el cruce de la aldea de Rabiah, y el día 18 irrumpieron la sede arzobispal de Suqaylabiya, buscando derribar la cruz y vandalizaron el cementerio.
Como reacción, hubo varias manifestaciones de cristianos esa noche en Suqaylabiya, y al día siguiente en la capital siria, Damasco, empuñando cruces y la “bandera de la Independencia” (usada por los terroristas anti-Ásad y actual bandera de facto de Siria). En la primera, las protestas se dirigieron hacia el cuartel general del comando de las milicias que controlan la ciudad coreando consignas como «Cruz y arma» y «Somos soldados de Cristo».
En la capital, los manifestantes, provenientes de los barrios Kashkoul, al-Kabbas, al-Duwaileh, at-Tabbaleh, Puerta de Santo Tomás (el barrio cristiano de la Ciudad Vieja de Damasco), al-Qassaa (un barrio de la municipalidad de Saruja, extramuros de la Ciudad Vieja), Nueva Alepo (un barrio de Alepo), y las ciudades de Sahnaya, Saydnaya, Valle de los Cristianos, Jaramana, Sahnaya Ashrafí (fundada por Al-Ashraf ibn al-Adil, un sobrino-nieto de Saladino) y Nueva Artúz corearon «Queremos los derechos de los cristianos», «Siria es libre, los no sirios deben irse», y «Sacrificamos nuestras almas y nuestra sangre por Cristo» mientras caminaban por las calles de Damasco hasta la sede del Patriarcado melquita greco-ortodoxo en la Calle Recta, cerca a la Puerta Oriental de Damasco.
El párroco greco-ortodoxo de Suqaylabiya Maher Hadad, dijo a una emisora local que los responsables eran de Uzbekistán, pero que fueron detenidos poco después por la Seguridad general. Por su parte, un clérigo islámico perteneciente a las milicias que controlan la ciudad declaró que el árbol sería restaurado y que los responsables del ataque serán duramente castigados.
Por su parte Ahmed Huseín al-Charaa, alias “Abu Mohamed al-Golani”, líder de la Organización para la Liberación del Levante, dijo que el nuevo gobierno protegerá a las minorías religiosas y étnicas, y declaró festivos los días 25 y 26 de Diciembre. Con todo, se han reducido las celebraciones por seguridad, y los cristianos en Siria permanecen en incertidumbre, tanto que uno de los manifestantes en Damasco fue tajante en sus declaraciones a la AFP:
«Hemos salido porque hay mucho sectarismo e injusticia contra los cristianos en nombre de acciones individuales. O vivimos en un país que respeta nuestro cristianismo y estamos seguros en este país como antes, o nos abren la puerta del asilo eclesiástico para que podamos irnos al extranjero».
Suqaylabiya es una ciudad de mayoría cristiana melquita greco-ortodoxa, que cuentra con 17.300 habitantes. Además de las iglesias de San Pedro y San Pablo, y el monasterio de la Dormición, allí se encuentra una “mini Santa Sofía”, construida en 2022 con apoyo ruso después que la original fuera convertida nuevamente en mezquita por el presidente turco Erdoğan (el día de su inauguración, un mortero lanzado por los terroristas contra la iglesia causó dos muertos y doce heridos).
***
Un incidente similar se presentó en la ciudad libanesa de Trípoli. Un hombre en motocicleta vertió gasolina y pegó fuego al árbol de Navidad inaugurado el 20 de Diciembre en la céntrica rotonda El-Nini por Johnny Nahas, presidente de la Asociación de Desarrollo del Líbano, en compañía del ministro de información Ziad Makary, el arzobispo maronita de Trípoli José Souief (quien se refirió al árbol como el árbol de Ramadán o el árbol del Aíd al Fitr –lo que conlleva a preguntar varias cosas–), el metropólita melquita greco-ortodoxo de Trípoli, Cora y sus dependencias Efrén Kyriakos, el administrador patriarcal grecocatólico de Baalbek y Hermel Edward Daher, y otras personalidades.
BIENAVENTURADO SANTIAGO DE TODI, MONJE FRANCISCANO
Jacopone, a quien se bautizó con el nombre de Jacobo, nació en Todi, ciudad de Umbría, en el seno de una buena familia apellidada Benedetti. Su nacimiento ocurrió alrededor del año 1230. Estudió leyes en Bolonia, donde probablemente hizo su doctorado para iniciar sus prácticas en su ciudad natal. Al parecer, en aquellos años, no se destacó, ni por su virtud, ni por su mala vida, y ciertamente que no dio muestras del fervor religioso que le caracterizó más tarde. Alrededor del 1267, se casó con Vanna di Guidone, una joven mujer muy hermosa en lo físico y de grandes cualidades morales que, durante el único año que vivió casada con él, antes de que la arrebatase la muerte, demostró ser el ángel bueno de Jacopone. Vanna murió trágicamente durante una fiesta de bodas, al desplomarse un balcón donde se encontraba junto con otros invitados. Ella fue la única que perdió la vida entre los que cayeron, y el golpe de aquella inesperada pérdida produjo un dolor tan profundo en Jacopone, que su vida cambió completamente. Quizá la transformación se debió sobre todo a que, al morir Vanna, su marido cayó en la cuenta de lo virtuosa que era; se dice incluso, que él fue quien más se sorprendió al descubrirse en el cadáver de Vanna una camisa de cerdas que usaba, según se supone, para hacer penitencia por sus pecados. A decir verdad, el golpe fue tan rudo que, durante algún tiempo, Jacopone estuvo decididamente trastornado. De la noche a la mañana abandonó su profesión, se vistió el hábito de los terciarios franciscanos y se convirtió, como dicen los que le conocieron, en "una especie de Diógenes cristiano". Sus excentricidades realizadas en público eran tan descabella das, que los chiquillos en las calles de Todi le seguían por todas partes para divertirse gratuitamente con él, gritándole: ¡Jacopone, Jacopone! En cierta ocasión, atravesó la plaza pública en cuatro patas y enjaezado con los arneses de un asno; en otra oportunidad, se presentó bañado en alquitrán y emplumado en la casa de su hermano donde se desarrollaba un suntuoso banquete. Durante diez años llevó esa existencia de penitente público.
En 1278, vencidos algunos naturales escrúpulos por parte de los frailes, Jacopone fue admitido entre los franciscanos de San Fortunato, en Todi, como hermano lego. Se afirma que eligió aquel estado por humildad. Tal vez haya sido así, pero no hay duda de que Jacopone se sentía inclinado a pertenecer al grupo más estricto de los franciscanos, el de los espirituales, quienes consideraban que San Francisco había deseado que sus frailes se ordenasen para el sacerdocio sólo por excepción. Durante doce años, permaneció el hermano Jacopone en el convento de Todi y, a medida que recuperaba el equilibrio de sus facultades mentales, producía más y más poemas líricos y cantos, cada vez de mejor calidad, en el dialecto de Umbría. Sus composiciones alcanzaron popularidad. Eran alabanzas de profundo contenido religioso y místico que llegaron a ser adoptadas por los "flagelantes" y otras cofradías penitenciales para cantarlas en público. Las composiciones se prestaban para expresar júbilus franciscano, pero el hermano Jacopone era cándido y poco dado al exhibicionismo y a la hilaridad. Sin embargo, con frecuencia se veía envuelto en dificultades con sus hermanos en el convento de San Fortunato y, tal vez por eso, se convirtió en una figura cada vez más notable entre los espirituales. Dos destacados miembros de esta rama, el Beato Conrado de Offida y el Beato de Alvernia, eran sus amigos personales. Jacopone se encontraba entre los frailes que, en 1294, solicitaron al Papa San Celestino V el permiso de vivir aparte de la comunidad, pero a las pocas semanas de recibida la petición, Celestino renunció y el cardenal Gaetani, opositor de los espirituales, fue el Pontífice Bonifacio VIII. En 1297, se produjo la ruptura entre el Papa y los cardenales Colonna, y Jacopone fue uno de los tres franciscanos que colaboraron en la redacción del “Manifiesto de Lunghezza” donde se afirmaba que Bonifacio VIII había sido electo en forma ilegítima. Desde entonces, el hermano Jacopone se convirtió en el propagandista literario de los cardenales Colonna y escribió un famoso y rudo ataque al Papa que comienza por decir: "O papa Bonifatio, molt ay jocato al mondo". Sin suscribimos a la opinión de que "ya el haber tenido a Bonifacio por adversario es de por sí un gran honor", podemos decir que Jacopone se opuso al Papa con toda buena fe. Sin contar a los partidaristas, había gran número de gentes que participaban de la idea de que la abdicación de Celestino había ido contra los cánones. Cuando las fuerzas del Papa (que había fulminado la bula de excomunión “Lapis abscissus”) se adueñaron de Palestrina, la fortaleza de los Colonna, el hermano Jacopone fue aprehendido y encarcelado en un horrible calabozo durante cinco años. Ni siquiera en el año jubilar de 1300 se le concedió la libertad. Durante sus años de cárcel, compuso algunos de sus más hermosos poemas, así como varias de sus obras más agresivas, satíricas y agudas, en curioso contraste con la unción conmovedora de las primeras.
A Jacopone se le conoce también mucho como el supuesto autor del famoso himno Stabat Mater dolorosa, pero no hay certidumbre de que él lo haya escrito. También se le acredita la composición de otro himno menos conocido, que algunos críticos califican de parodia, titulado Stabat Mater speciosa. Se dice que el primero de los himnos se le adjudicó a Jacopone en un manuscrito del siglo catorce, y tanto uno como el otro aparecen en una edición de sus alabanzas, impresa en Brescia en 1495. La Speciosa fue rescatada del olvido por Federico Ozanam, quien la reimprimió por primera vez en su obra Poètes Franciscains en Italie, au XIIIeme siecle, en 1852. El himnologista inglés Meams, se inclina por el punto de vista de que Jacopone escribió la Speciosa, pero no la Dolorosa; sin embargo, no hay pruebas de que haya escrito poema latino alguno.
A la muerte de Bonifacio VIII, a fines de 1303, el hermano Jacopone quedó en libertad y se fue a vivir primero, como ermitaño, cerca de Orvieto y, después, a un convento de Clarisas Pobres, en Collazzone, entre Todi y Perusa. Ahí murió el día de la Navidad de 1306 (?). El Beato Juan de Auvernia le administró los últimos sacramentos, y se han hecho relatos conmovedores pero contradictorios sobre sus últimos momentos. En 1433, se trasladaron sus reliquias a la iglesia de San Fortunato en Todi; la veneración en que se le tenía ahí, se deduce por la inscripción en su tumba: "Los huesos del Bendito Jacopone dei Benedetti de Todi, de la Orden de los Frailes Menores. Padeció la locura por la causa de Cristo y, al desilusionar al mundo con un nuevo artificio, tomó al cielo por asalto. Se durmió en el Señor el 25 de marzo A. D. 1296" (sic). El monumento de su tumba fue puesto por mandato de Angelo Cesi, obispo de Todi, en el año de 1596. Si bien no se ha oficializado su culto (pues todavía pesa el conflicto que tuvo Jacopone con Bonifacio VIII), es venerado por la Orden Franciscana como beato.
BEATO PEDRO DE MONTBOISSE “EL VENERABLE”, ABAD DE CLUNY
A principios del siglo doce, la abadía de Cluny, centro y capitanía de un centenar de monasterios y sus dependencias dispersos por toda Europa, estaba gobernada por un monje incompetente e indigno llamado Poncio de Melgueil, que había sido elegido para el puesto cuando era aún demasiado joven. En vista del general descontento, Poncio renunció a su puesto en circunstancias que equivalían a la deposición y, como su sucesor Hugo II de Semur murió casi inmediatamente después de asumir el cargo, fue elegido en su reemplazo el P. Pedro de Montboissier, prior de Domène y sobrino materno del fallecido.
Pedro pertenecía a una noble familia de la Auvernia, se había educado en el monasterio de San Pedro y San Pablo de Sauxillanges, dependiente de Cluny y, ya desde la edad de veinte años, era prior de Vézelay. Apenas había cumplido los treinta años, fue elegido para gobernar la casa matriz y su federación de monasterios. Ocupó el cargo en 1122 y, durante los treinta y cuatro años que lo conservó, la abadía de Cluny alcanzó tanta influencia y tan grande prosperidad, como nunca volvió a tenerlas. Sin embargo, durante los primeros tiempos de su tarea, no le faltaron amarguras y dificultades. En el año de 1125, Poncio, el antiguo abad, llegó de Italia al frente de un ejército bien pertrechado, se presentó en Cluny cuando el abad Pedro se hallaba ausente, tomó la casa por asalto, expulsó violentamente a todos los monjes que se negaron a aceptar su mando y se instaló para administrar los asuntos del monasterio con su habitual forma desordenada, llegando a fundir los vasos sagrados para pagarle a su ejército. Los partidarios de Pedro y los de Poncio enviaron delegaciones a Roma, citados por el Papa Honorio II, quien condenó a Poncio a la degradación y a la prisión. A resultas de aquélla sentencia, surgió una desafortunada controversia entre los monasterios de Citeaux y Cluny, puesto que San Bernardo acusó a los cluniacenses de relajamiento, y éstos respondieron con el cargo de que era humanamente impracticable la regla de los cistercienses. La tendencia general que siguió la controversia, demostró que el abad Pedro apoyaba la ampliación tolerante de la regla de San Benito. Tras un examen riguroso y una investigación a fondo respecto a las acusaciones de los cistercienses, el abad Pedro, junto con el abad Suger de Saint-Denis, respondió a lo que hubiese de verdad en las críticas, con una reforma y la imposición de una disciplina más estricta («La regla de San Benito está subordinada a la caridad»). Fue por aquel entonces, en el año de 1130, cuando Pedro visitó Inglaterra e hizo el intento de poner a la abadía de Peterborough bajo la dirección de Cluny. En 1139 viajó a España, donde contrató los servicios de dos hombres que conocían bien el árabe, Roberto de Ketton y Pedro de Toledo, a fin de que hiciesen, para mayor cultura y prestigio de su abadía, la traducción del Corán (Lex Máhumet pseudoprophétæ) y de algunas obras de astronomía, al latín.
En 1140, Pedro Abelardo se detuvo en Cluny durante su viaje a Roma, a fin de formular una apelación en contra de la condenación de sus opiniones pronunciadas en Sens, pero mientras Abelardo se hallaba en Cluny, llegaron noticias de que la condena había sido confirmada por el Papa Inocencio. Entonces, el abad Pedro ofreció hospedaje a Abelardo, gracias a sus buenos oficios obtuvo de la Santa Sede una mitigación de la sentencia condenatoria y propició una entrevista entre Abelardo y San Bernardo para lograr la reconciliación entre ambos. Demostró siempre que era un amigo leal y generoso de Abelardo y cuando éste murió, dos años más tarde, envió el cadáver a la abadesa Eloísa, para que le diese sepultura en el cementerio de Paracleto, con toda suerte de seguridades de que había muerto con la absolución y en comunión con la Iglesia. Asimismo, el abad Pedro escribió para su amigo un extravagante epitafio, en el que comparaba al filósofo Abelardo con Sócrates, Platón y Aristóteles:
«Gallórum Sócrates, Plato máximus Hesperiárum,Noster Aristóteles, lógicis quicúmque fúerunt,Aut par, aut mélior; studiórum cógnitus orbiPrinceps, ingénio várius, subtílis et acer,Ómnia vi súperans ratiónis, et arte loquémdi,Abælárdus erat. Sed tunc magis ómnia vicit,Cum Cluniacénsem mónachum, móremque proféssus,Ad Christi veram transívit philosophíam,In qua longǽvæ bene complens última vitæ,Philósophis quándoque bonis se connumerándumSpem dedit, úndenas Majo renovánte Kaléndas»[Sócrates de los galos, el más grande Platón de occidente,nuestro Aristóteles; igual o superior a todoslos lógicos jamás habidos; príncipe de los estudiosen todo el mundo conocido; de ingenio variado, sutil y agudo,que lo superaba todo con la fuerza de la razón y el arte de la elocuencia:éste era Abelardo. Pero más vencedor que nunca fuecuando, habiendo profesado como monje según la costumbre de Cluny,se pasó a la verdadera filosofía de Cristo,en la cual, dando buen cumplimiento al final de su larga vida,alcanzó la esperanza, once días antes de las calendas de mayo (21 de abril),de ser contado algún día entre los filósofos santos].
Era una de las características de Pedro el Venerable, mezclar su misericordia y su simpatía por el pecador, a la justa detestación del pecado: defendió a los judíos de las matanzas, pero admitió que ellos las habían provocado; escribió en contra de los herejes petrobrusianos del sur de Francia; asistió al sínodo de Reims, donde fueron impugnadas las enseñanzas de Gilbert de la Porrée, obispo de Poitiers. Sus contemporáneos le tuvieron en gran estima y los muchos que le consultaron, mantuvieron con él una abundante correspondencia; pero no por eso dejó Pedro el Venerable de escribir por su cuenta numerosos tratados teológicos y polémicos, sermones e himnos como el de Navidad: Cœlum, gáude, terra, pláude. Era justo que el autor de este hermoso himno muriese, como era su expreso deseo, el día de Navidad de 1156, después de haber predicado a sus monjes sobre el significado de la festividad.
Con el correr del tiempo, Pedro el Venerable fue venerado por los miembros de su propia congregación y por los fieles en general. Su culto nunca ha sido aprobado formalmente por la Santa Sede, pero su nombre se insertó en los martirologios franceses y su fiesta se observa en la diócesis de Arras el 29 de diciembre.
Se conservan dos biografías de Pedro el Venerable que datan de la Edad Media. La primera fue escrita por Rodulfo, su fiel compañero; la segunda es, más bien, una colección de datos extraídos de las crónicas de Cluny. Las dos biografías se hallan impresas en Migne, Patrología Latína vol. CLXXXIX, cols. 15.42, así como otros materiales en prosa o verso y los propios escritos de Pedro. De esta obra es de donde proceden nuestros conocimientos sobre sus hechos, su carácter y su vida. El P. Séjourné nos proporciona un excelente relato sobre el virtuoso abad, en el Dictionnaire Théologique Catholique, vol. XII (1933), cc. 2065-2082. También bay un buen artículo de G. Grützmacher en la Realencyclopädie für Protestantische Theolorif und Kirche, vol. XV, pp. 222-226. El artículo fue traducido al inglés en el Expository Time de 1904 (vol. XV, pp. 536-539) Véase además a J. de Ghellinck, en Le mouvement théologique au XIIème Siecle (1914), pp. 136-144 y a J. Leclercq en Pierre le Vénérable (1946), una obra excelente.
MENSAJE DE NAVIDAD
Amados hermanos, en este nuevo aniversario del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, recordemos cómo Su primer advenimiento colmó las esperanzas que por 5199 años tenía la humanidad entera, y en particular los Patriarcas y Profetas del Antiguo Testamento, y cómo esta les reportaba consuelo en sus trabajos en este mundo y en su estadía en el Seno de Abrahán.
En tal sentido, pongamos nuestras mentes y corazones en Nuestro Señor, y en que volverá glorioso en la Parusía para hacernos participar de Su triunfo si somos hallados dignos combatientes en nuestra lucha contra las tentaciones y contrariedades de la vida cotidiana y contra las insidias del demonio y sus agentes en la tierra.
Concluyamos con esta oración procedente del antiguo Breviario según el Uso de la Catedral de Augsburgo, pidiendo a Nuestro Señor que nos conceda por su Natividad nos libre de las dudas y temores en estos tiempos apocalípticos:
Omnípotens Christe, Unigénite Dei, propítius ad salvándum pópulum in te credéntem veni: ut benignitáte sólita ab omni dubietáte et metu témporis nos júbeas liberári: Qui cum Deo Patre vivis et regnas, in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum (Cristo Omnipotente, Hijo unigénito de Dios, ven propicio a salvar al pueblo que en Ti cree: dígnate liberarnos por tu acostumbrada benignidad de toda duda y miedo de nuestros tiempos. Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos). Amen.
¡SANTA NAVIDAD PARA TODOS VOSOTROS, AMADOS HERMANOS!
En unión de oraciones,
JORGE RONDÓN SANTOS
25 de Diciembre de 2024 (Año Santo del Sagrado Corazón de Jesús)
Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, y fiesta de Santa Anastasia Virgen y Mártir. Bautismo de Clodoveo rey de los Francos por San Remigio, y Coronación de Carlomagno como Sacro Emperador Romano. Primera representación del Nacimiento del Señor en Reggio.
martes, 24 de diciembre de 2024
EXSODALITÉ ACUSA A CARDENALES DEL CÍRCULO BERGOGLIANO
Noticia tomada de GLORIA NEWS, ampliada en algunos lugares.
Kay Martín Schmalhausen Panizo, de 60 años, obispón emérito de la Prelatura de Ayaviri (Perú), es un antiguo miembro del Sodalicio de Vida Cristiana (SVC). En 2018, abandonó el grupo después de 46 años.
En Abril de 2021, dimitió a la edad de 56 años, alegando razones familiares, y ahora parece estar viviendo en Alemania.
«Denuncié a Figari [el fundador de la SVC] por abusos sexuales a principios de 2013 y sólo encontré puertas cerradas y selladas, a pesar de ser obispo», declaró Schmalhausen a Religión Digital el 17 de Diciembre.
Schmalhausen afirma que convertirse en obispón en 2006 fue su salida de un pernicioso sistema de manipulación y control.
Describe el SCV como «una comunidad sectaria, como una jaula invisible de encierro mental, como una organización de dependencia y control. Con el abuso convertido en sistema, con una cultura interna tóxica, con comportamientos mafiosos, siempre actuando en la sombra y tras el trono. Un pulpo con tentáculos en todos los ámbitos de poder: eclesiásticos, financieros y civiles».
Schmalhausen ingresó en el VPC a los 14 años: «Sufrí diversas formas de abusos, maltratos, humillaciones, burlas e insultos. Para la mayoría de las personas, inimaginables. Lo que quiero decir es que, en el rango de los abusos de los que se acusa al Sodalicio, no quedé libre de ninguno» por parte de Alberto “Beto” Víctor Manuel Gazzo Baca, director de novicios de la casa “Nuestra Señora del Rosario” en el distrito limeño de San Bartolo. “Instalado” presbítero por Juan Pablo II el 2 de Febrero de 1985 en un servicio que se celebró en el Hipódromo de Monterrico, Gazzo fue fundador de la comunidad Nuestra Señora de Guía en Río de Janeiro, y el primer presbítero sodalité en abandonar la comunidad y pedir laicización
Su primer año en la casa de “San Ælredo”, cuando tenía 18 años, fue «mi año de infierno y horror. Tuve a Germán Doig de superior, con su estrategia de palo y caramelo, y a Figari, quien llegaba todos los sábados a cenar para, semana tras semana, con denigraciones, burlas e insultos, someter mi voluntad», dijo.
Schmalhausen acusó a Luis Fernando Figari Rodrigo de abusos sexuales a principios de 2013. Germán Doig había muerto 12 años antes, y tenía abierta abierta causa de “beatificación”, la cual se cayó poco después de las denuncias.
En 2015 y 2016, advirtió en Roma de los graves problemas de la comunidad como tal, tanto verbalmente como por escrito: «Me reuní con el Secretario de Estado, Pietro Parolin: silencio romano".
Llevó personalmente su queja a la entonces Congregación para la Vida Religiosa: «Otro esfuerzo en vano. Y quiero añadir que esto último vino acompañado de una denigración como pocas he padecido, por parte de José Rodríguez Carballo, el segundo al mando de dicho dicasterio. Un año después, él mismo me pidió que le enviara mi denuncia por correo electrónico».
«También advertí al cardenal Seán O’Malley, responsable de la Comisión para la Prevención del Abuso de Menores, con un largo informe escrito: Silencio bostoniano», añadió. En cambio, «Conforme avanzaba el tiempo, me fui enterando de las difamaciones y calumnias que en mi contra se sembraron dentro y fuera de Roma. Sus promotores fueron algunas autoridades del Sodalicio, entre ellos Enrique Elías, su procurador ante la Santa Sede. A esta campaña se sumaron algunos de mis hermanos de la Conferencia Episcopal Peruana. Los típicos mecanismos de empoderarse en el control de la narrativa, al estilo de Goebbels: “miente, miente, que algo queda”».
Tras sus acusaciones, fue rechazado por quienes detentaban el poder, afirma: «Aún hoy recuerdo, durante la visita papal del 2018 al Perú, las miradas y gestos evasivos a mi saludo de los dos cardenales Parolin y O’Malley, parte de la comitiva pontificia. La indiferencia y frialdad fueron absolutas. Quedé devastado. Entonces me di cuenta de dos cosas: de la dimensión institucional -sistémica- del encubrimiento en la Iglesia y de que probablemente mi ministerio episcopal estaba llegando a su final».
«Viví en carne propia la gravedad perniciosa del abuso espiritual y de conciencia, por parte del mismísimo Luis Fernando Figari, preso de la arrogancia patológica de sustituir a Dios», dijo Schmalhausen. «He experimentado en carne propia la vía dolorosa de la resolución de los traumas. Las fobias, los ataques de pánico, las pesadillas, el miedo, el delirio de persecución, la ansiedad, y tantos otros síntomas que acompañan este calvario prolongado. Conozco de primera mano las dinámicas de manipulación, sometimiento y quiebre de la voluntad».
Afirmó que en 2021, Nicola Girasoli Elicio, entonces nuncio en Perú, llamó por teléfono a Schmalhausen y le exigió a gritos su dimisión. Schmalhausen dice al respecto: «¿A qué venía ya resistir a una maquinaria cuyos engranajes no se detendrían? Bastó una simple carta y una excusa de corte diplomático: “Mons. Kay debía atender a su madre muy anciana”».
Según Schmalhausen, el SCV intentó hacerse con el control de su prelatura a sus espaldas, «y de hecho lo consiguió":
«Estando yo en Ayaviri, en medio de las tensiones originadas por Erwin Scheuch, entonces superior regional del Perú, para hacerse a mis espaldas del control de la Prelatura, buscó además controlar (y de hecho, lo logró) los dineros del Fondo Minsur para programas sociales, sin yo conocer aún de los malos manejos de altas sumas de dinero. De esto me enteraría años después por algunos testigos.Más por intuición que por certezas, decidí cortar a mitad de camino dicho programa. Apenas lo hice recibí la llamada de Jaime Baertl, a gritos destemplados e insultos de todo calibre, reclamándome por la decisión tomada. No hacía mucho, Andrés Tapia, encargado regional de comunicaciones de turno, había intervenido y comprometido con un programa de hackeo la computadora de mi secretario. De esa manera, la cúpula sodálite tenía acceso a mi correspondencia, itinerarios y comunicaciones».
Para él, la Comisión Scicluna-Bertomeu creada por Francisco Bergoglio hizo un «trabajo impecable». «Para quienes conocemos y padecimos la corrupta urdimbre interna [del Sodalicio], las expulsiones están más que justificadas. Pretender quitar crédito, relativizar o peor aún demandar civil y eclesiásticamente a la Comisión, concretamente a uno de sus actores, el P. Jordi Bertomeu no me lo explico sino como una ceguera voluntaria a la trama aquí en juego (pues la información está al alcance de todos) o acaso un actuar malévolo con los mismos viejos mecanismos de difamación y calumnia para controlar la narrativa».
En declaraciones al opusino Servicio de Noticias Crux cuatro días después, el cardenal Seán Patrick O’Malley OFM Cap. calificó el testimonio de Schmalhausen de «Un relato de los hechos muy injusto».
Según la periodista Elise Ann Harris (actual esposa del fundador y editor general de Crux John L. Allen Jr.), «O’Malley dijo que ambos habían tenido una conversación inicial por teléfono sobre el SCV en Junio de 2017, y que Schmalhausen envió su informe después de eso. Una vez que recibió el informe, O’Malley dijo que intentó comunicarse con Schmalhausen nuevamente por teléfono, pero no pudo comunicarse con él» [lo que suena extraño].
Siempre según Harris, O’Malley «no recuerda» haberse encontrado con Schmalhausen durante aquella visita a Perú, que recuerda el capuchino como «un momento particularmente difícil», por coincidir con la develación del escándalo de abusos en el vecino Chile y que a él mismo lo fustigaron por haber criticado la defensa que Bergoglio hizo del entonces obispón de Osorno Juan de la Cruz Barros hasta el punto de tildar de difamadores a los que lo denunciaban como cómplice de Karadima (entre esos críticos el primero fue “El biógrafo” de Bergoglio y editor en Crux Austen Ivereigh), y añadió que le hubiese encantado hablar con él. «Estoy seguro de que nunca lo habría ignorado… No soy ese tipo de persona».
Parolin, por su parte, no se pronunció.
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EL ATENTADO EN MAGDEBURGO, ¿UN CASO DE DISIMULACIÓN?
A las 19:20h (hora local) del viernes 20 de Diciembre, un hombre embistió con su coche BMW X3 negro a la multitud en el mercadillo de Navidad de la ciudad de Magdeburgo, en el estado de Sajonia-Anhalt (Alemania). El incidente dejó un saldo de seis muertos, entre ellos el niño de nueve años André Gleissner, y más de 200 heridos (entre ellos 41 en estado crítico), según el último parte de la policía local.
Poco después, la policía detuvo como sospechoso a Taleb Abdul Jawad al-Abdulmohsen, un ciudadano saudí de 50 años que llegó a Alemania en 2006, en 2016 fue reconocido como refugiado y que trabajó como médico psiquiatra en la clínica Salus de Bernaburgo, al este de Magdeburgo, pero en la clínica donde trabajaba, sus colegas desconfiaban de él porque sus diagnósticos los buscaba de internet, tanto que se ganó el apodo de “Dr. Google”.
Contrario al común de estos casos de autoariete, Adbulmohsen se presentaba en las redes sociales como un crítico del islam y opositor a la monarquía de Arabia Saudita (quien supuestamente había advertido de la peligrosidad del sujeto y pedido su extradición por los delitos de terrorismo, violación y trata de personas), además de activista por los derechos de las mujeres. Pero también acusaba a las autoridades alemanas (como la ex-canciller Ángela Dorothea Kasner Jentzsch de Merkel) de islamizar Europa y acosar a los refugiados que renunciaban al islam, y estaba en la mira de las autoridades como persona potencialmente peligrosa (en 2013, fue multado en Rostock por “perturbación del orden público” y “amenaza de cometer delitos” al amenazar a la asociación médica de Mecklemburgo-Pomerania Occidental con un delito de atención internacional como el atentado de la maratón de Boston, y en 2019 tuvo un fuerte altercado en un juicio con la organización de Ayuda Secular a los Refugiados en Alemania). Incluso hay quienes aseguran que su antiislamismo era parte de la “taqiyya” o “amonestanza”, el equivalente islámico del “marranismo” judío (aunque a diferencia, esta distingue entre el encubrimiento activo –la taqiyya en sí– y el encubrimiento por silencio u omisión –en cuyo caso es llamado kitman–)
De ahí que el fiscal general de Magdeburgo, Horst Walter Nopens, afirmó el sábado que el motivo del perpetrador podría haber sido el descontento con el trato dado a los refugiados de Arabia Saudita en Alemania (aunque si es el caso, Arabia Saudita tampoco es que brille mucho en respeto a las minorías, porque en dicho país los chiíes –Abdulmohsen es oriundo de Al-Hofuf, una ciudad donde los chiíes son mayoría– son discriminados y perseguidos por el régimen de Saúd).
En todo caso, el ataque no pudo llegar en peor momento para el socialdemócrata Olaf Scholz, quien aspira a ser reelegido como canciller en las elecciones federales anticipadas del próximo 23 de Febrero (tras la salida del Partido Democrático Libre de la coalición de gobierno el pasado Noviembre y el fracaso de la moción de confianza el pasado 16 de Diciembre), no obstante que las encuestas le adjudican a su partido un tercer puesto, detrás de la Unión Democristiana y Alternativa para Alemania.
LOS OBISPONES ALEMANES, EN SUS TRECE CON LA “ORDENACIÓN” DE MUJERES (Mientras la Iglesia Conciliar pierde la confianza de los alemanes)
El obispón Georg Bätzing de Limburgo (Alemania), quiere la “instalación” [invalida] diaconal y presbiteral de mujeres, dijo al semanario Welt am Sonntag el 22 de Diciembre.
Su religión: «En cuanto a la cuestión de por qué las mujeres no pueden ser también activas en el ministerio sacramental de sacerdotes y diáconos, creo que las aclaraciones teológicas han avanzado tanto que esto podría ser posible».
Bätzing regresó a Alemania “muy satisfecho” del Ex-Sínodo en Roma: «Volví del Sínodo Mundial muy satisfecho porque en el documento final afirmamos que la cuestión del diaconado de las mujeres está abierta, es decir, no se ha negado. También hay una segunda afirmación del Sínodo Mundial: debe haber apertura a soluciones regionales para muchas cuestiones eclesiásticas. Porque la Iglesia mundial es culturalmente diversa».
Según él, en Alemania, «los argumentos teológicos a favor de admitir a las mujeres en los ministerios sacramentales» ya han sido «recopilados» en el Camino Sinodal: «Esto ha dado lugar a un texto de orientación con el que han estado de acuerdo dos tercios de los obispos de Alemania [que también estuvieron de acuerdo con los “presbíteros” transgénero]. Es una señal importante».
Al día siguiente, el obispón de Tréveris Stephan Ackermann dijo a la Agencia de Prensa Alemana que después del Ex-Sínodo, él confía en que las mujeres serán admitidas al diaconado. El momento «aún no está claro».
Ackermann asume que la decisión ya no se tomará durante el pontificado de Francisco. Pero: «Algunas cosas pueden suceder rápidamente en la iglesia [del Novus Ordo]».
Ackermann ha sido durante mucho tiempo partidario de las mujeres diáconos. El acceso de las mujeres al cargo sería «un refuerzo sacramental y al mismo tiempo oficial de la responsabilidad» que tienen las mujeres en la Iglesia Deuterovaticana.
El obispón Ackermann ve a la Iglesia en un un «gran proceso de agitación» en el que hay nuevos comienzos, pero también «mucha demolición» (en el caso de la misma diócesis de Tréveris, esta se ve en el abandono de edificios de iglesias, la cesión de promotores inmobiliarios a guarderías o, por ejemplo, el cierre de una escuela secundaria en Boppard am Rhein en 2030).
En vista de la actual disminución del número de miembros, Ackermann dijo con miras a las próximas décadas: «La iglesia se hará más pequeña. Y su fortaleza institucional continúa disminuyendo». Sin embargo, «seguirá viva» y seguirá teniendo influencia. «Para ser un influencer hoy en día no es necesario tener un gran aparato detrás», fantaseó.
Ninguno de los dos se da cuenta (o pasa en una perpetua etapa de negación) de que la Iglesia Conciliar la intrascendentea ante los ojos de los mismos alemanes. Una encuesta sobre la reputación de las instituciones religiosas en Alemania publicada ayer lunes por el Instituto Forsa de Investigación Social y Análisis Estadísticos por encargo del grupo de medios Radio Télévision Luxembourg Deutschland, el canal n-tv y la revista “Stern”, mostró que la confianza de los alemanes en la Iglesia Conciliar está en un mísero 11% (aunque es un punto porcentual más que el año anterior, es menos de la mitad del 29% registrado en 2017), y la de su jefe Francisco Bergoglio está en 16% (cinco puntos más que la Iglesia Conciliar que él tiraniza), que se desplomó desde el 60% que tenía en 2016.
Por su parte, la Iglesia Evangélica Luterana alemana marca un mínimo histórico desde 2017 cuando tuvo un 48%: este año registró un 27%. La causa: su mal manejo de los casos de abuso.
La institución que tiene más confianza es el Consejo Central Judío de Alemania, que tuvo un 36%, aunque bajó cinco puntos por las acciones de Israel en la guerra en Gaza. Al contrario, el islam presenta la reputación más baja entre los alemanes, con solo un 6%.
Entre los jóvenes de 18 a 29 años, para quienes es probable que el trasfondo migratorio desempeñe un papel más importante, las cifras son sorprendentes: ahora confían más en el islam (16%) que en Bergoglio (13%) y la Iglesia Conciliar (11%).
lunes, 23 de diciembre de 2024
CUANDO EN INGLATERRA SE PROHIBIÓ LA NAVIDAD
Traducción del artículo publicado por Stefano Mossolin para RADIO SPADA.
En los últimos años, la celebración de la Navidad ha sufrido distintos ataques, en algunos casos explicados como necesarios al “bien común”, en otros a través de una presunta “fraternidad universal” en virtud de la cual es justo rechazar las raíces propias como signo de buena voluntad hacia quien se siente ajeno a ellas. Sin embargo, nada es nuevo realmente en la historia, y la hostilidad hacia la Navidad incluso en los países cristianos no es la excepción a esta regla.
En Inglaterra, por ejemplo, la Navidad de 1644 fue abrogada, no permitiendo formalmente a los cristianos festejar tan esperado aniversario. A decir verdad, no era la primera vez que los frutos de la “reforma” protestante, diferenciados entre sí en muchas corrientes y formas religiosas diferentes, atacaban y envilecían, tanto como el de los sacramentos, el papel de las fiestas religiosas de la Iglesia.
Ya se había realizado un ataque frontal a la fiesta de la Navidad en las áreas en que se había difundido el calvinismo y el presbiterianismo, donde las celebraciones navideñas fueron vetadas por un tiempo. Los presbiterianos escoceses habían de hecho prohibido la Navidad en el año 1640. La puritana en particular, era una fe muy alejada del catolicismo y del anglicanismo. No por ventura el padre del puritanismo fue John Knox, intransigente discípulo de Calvino, a cuyas enseñanzas en realidad fusionó elementos tomados de los anabaptistas holandeses.
En efecto, el ataque más decisivo a la Navidad fue realizado por los protestantes ingleses y en especial precisamente por los puritanos, cargados de hostilidad y rivalidad hacia el anglicanismo [al que aún tachaban de “papista”, N. del T.]. No obstante, de hecho, su figura de referencia fuese Oliver Cromwell, el Parlamento británico había llegado a estar abarrotado de puritanos no menos fervientes e intolerantes que su líder. Estos en realidad eran fanáticos que se atenían a las doctrinas y prácticas (descontextualizadas) del Antiguo Testamento.
Una fuente preciosa en tal senrido es la obra del historiador Heinrich Graetz, que en su Historia de los judíos (Geschichte der Juden, 1853-1875), en respecto a las ideas y a la influencia de los puritanos, relata por ejemplo que en Inglaterra la misma vida pública recibió en un cierto sentido la impronta judía. Un escritor [Theophilus Brabourne, N. del T.] llegó incluso a formular la propuesta de celebrar el sábado en lugar del domingo como día de reposo. Otros deseaban, explica siempre Graetz, que la Inglaterra adoptase las leyes políticas de la Torá. Esta afinidad entre el puritanismo y el judaísmo fue muy positiva para los pocos judíos “ingleses”, que vivían en la isla fingiéndose cristianos. Su situación, además, mejoró posteriormente con la visita del rabino portugués de Ámsterdam Mennasseh ben Israel [מְנַשֶּׁה בֶּן יִשְׂרָאֵל, nacido Manoel Dias Soeiro, N. del.T.], hecha con el fin de obtener para los judíos la posibilidad de establecerse en Inglaterra. Una misión que tuvo un éxito solo parcialmente. De hecho se les permitió a los judíos establecerse en Inglaterra, pero solo “de hecho” y no “en derecho”. Situación que se regularizó plenamente más tarde con la subida al trono del rey Carlos II.
En todo caso, el eminente rabino pudo regresar a Holanda llevando consigo una victoria parcial, muchos honores y una pensión asignada por Cromwell, devenido en 1653 Lord Protector de la Mancomunidad de Inglaterra. En realidad su dictadura militar estaba destinada a durar unos pocos años.
Por tanto, si por un lado el puritanismo fue favorable al judaísmo, su sentimiento hacia el catolicismo fue todo lo contrario. Una aversión que se tradujo en una serie de actos duros, entre los cuales, quizá el más icónico fue precisamente el ataque progresivo a las celebraciones navideñas.
De hecho, el primero de estos decretos de prohibición de 1644 fue emitido realmente a pocos días de la Navidad [la “Ordenanza para la mejor observancia del ayuno mensual, especialmente el siguiente miércoles, comúnmente llamado la Fiesta de la Natividad de Cristo, en todo en el Reino de Inglaterra y el Dominio de Gales”, emitida el 19 de Diciembre de 1644, N. del T.], en un país drásticamente dividido por la guerra civil entre realistas y parlamentaristas (que concluyó con la ejecución de Carlos I y el ascenso de Cromwell al poder). Por tanto, es poco probable que la ley tuviera una aplicación generalizada. En cambio, la prohibición se hizo “absoluta” el 8 de Junio de 1647 [la “Ordenanza para la abolición de las Fiestas y Días santos, y establecer en su lugar los Días de recreación”, N. del T.]. Esta nueva ordenanza del Parlamento prohibía la Navidad, la Pascua y el Pentecostés. Además de las celebraciones, también se prohibieron las fiestas en casa, estableciéndose multas para los infractores. Lo que obviamente hizo que una parte importante de la población se sintiera insatisfecha y provocara disturbios.
Sin embargo, la prohibición fue mantenida y reforzada aún más en 1652 por el Parlamento. Aun así, se implementó con gran dificultad. De hecho, en 1656 el propio Parlamento se quejó de que la prohibición seguía siendo ignorada por muchos valientes ingleses que, a pesar de tener que limitar sus celebraciones al ámbito más privado, no permitían que el fanatismo puritano los privara del espíritu de la Santa Navidad. La prohibición persistió formalmente hasta 1660, año en el que con la Restauración y la llegada al trono del rey Carlos II Estuardo, fue finalmente removida.
EXDIRECTOR DE REVISTA JESUITA ESTADOUNIDENSE ABANDONA EL PRESBITERADO
Noticia tomada de GLORIA NEWS.
El presbítero Matthew F. “Matt” Malone SJ (primero a la izquierda de Bergoglio), de 52 años, ha dejado a los jesuitas y ha pedido ser liberado del celibato.
«He tomado esta decisión porque deseo ser libre para formar una familia si se me presenta la oportunidad», anunció en Twitter el 19 de Diciembre.
Añadió que estaba “en paz” con su “elección”, pero que «soy consciente de que esta noticia puede ser motivo de decepción para algunos de los hombres y mujeres a quienes he atendido durante las últimas dos décadas. Por eso, sólo puedo pedirles perdón».
Malone dijo amar «profundamente tanto a la Iglesia como a la Compañía de Jesús, que me han dado todo lo que tengo en la vida, incluida la espiritualidad con la que he discernido este camino».
Nacido en Cape Cod (Massachusetts), Malone trabajó para el Partido Demócrata de Massachusetts, desempeñándose como coordinador de campo para los candidatos a senadores y gobernadores de 1994. De 1995 a 1997, fue asistente del representante estadounidense Martin Thomas Meehan (demócrata, 5.º distrito de Massachusetts). En 1997, Malone fue nombrado subdirector fundador del centro de pensamiento Instituto de Massachusetts para una Nueva Mancomunidad (MassINC). Ingresó a la Compañía de Jesús en 2002, e “instalado” presbítero el 9 de Junio de 2012 por el cardenal Edward Egan († 2015), fue nombrado presidente y editor en jefe de America Media (antigua América Press) en 2012 a la edad de 40 años. Dejó la compañía de medios jesuita en 2022.
En Noviembre de 2022, Malone habló con Francisco Bergoglio en el Vaticano. Durante su administración, la revista publicó (junto con otros medios de la Compañía) la primera entrevista a Bergoglio, y el primer número de una revista jesuita escrita y editada completamente por mujeres; la encuesta más completa de mujeres católicas estadounidenses jamás realizada; y la primera entrevista periodística con el entonces vicepresidente “Joe” Biden después de la muerte de su hijo Joseph Robinette “Beau” por un glioblastoma.
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