miércoles, 5 de julio de 2017

LA SITUACIÓN ACTUAL DE SUDÁFRICA: RACISMO, VIOLENCIA Y CORRUPCIÓN

Traducción del artículo de William Kergroach en su blog homónimo.
  
SUDÁFRICA: ¿EL ANC SOBREVIVIRÁ AL 2019?

   
El Congreso Nacional Africano, el partido de Nelson Mandela, está en el poder en la República de Sudáfrica desde 1994. Cuando el partido llegó al poder, pasó la página de la discriminación racial del apartheid, la comunidad internacional y nuestros grandes medios lo aplaudieron. El futuro de Sudáfrica era radiante. Actualmente, el saldo es embarazoso: la población es más pobre que en los días del apartheid, el Estado está fracasando, los políticos son corruptos, el crimen se expande explosivamente y el odio racial envenena la vida cotidiana. En una palabra, Sudáfrica se ha convertido en un un país africano cualquiera.
 
La historia de Sudáfrica es la de la rivalidad entre tres grupos: la población africana, los habitantes de origen británico y los franco-holandeses (los Bóeres). La población africana originaria fue sometida por el ejército de Su majestad la reina de Inglaterra. A pesar de la resistencia corajosa y la derrota infligida al ejército británico por los guerreros zulúes en la batalla de Isandhlwana (22 de Enero de 1879), las poblaciones africanas fueron sometidas al poder de los blancos hasta finales del siglo XX. Enseguida, los ingleses se opusieron a los colonos de origen franco-holandés: los Bóeres.
 
En 1835, los Bóeres abandonaron la colonia del Cabo para migrar al interior de Sudáfrica y escapar de la dominación británica. Esta fue el «Gran Trek» (la Gran Marcha), que dio origen a dos repúblicas bóer independientes: la república sudafricana de Transvaal (1852) y el Estado libre de Orange (1854). Los Bóer descubrieron los yacimientos de diamantes y de oro. Luego, los británicos iniciaron la «Segunda Guerra Bóer» en 1902, para apoderarse de estas minas. Ellos resolvieron salir de los bóer recalcitrantes al Imperio británico. Millares de bóeres fueron exterminados en sus campos.
 
Ocho años después, en 1910, los Bóeres toman el poder y declaran la independencia del país. El general bóer Louis Botha fue el primer jefe de gobierno sudafricano. Poco después, en 1912, el Congreso Nacional Africano (ANC), un partido de la etnia bantú, fue fundado en Bloemfontein, para recordar los derechos políticos y económicos de los negros. El año siguiente, la Natives Land Act dividió el territorio entre las reservas negras (13 por 100 del territorio) y las tierras de los colonos blancos.
 
Es en los años de 1930 que se establecen los fundamentos intelectuales del apartheid. El universitario Werner Max Eiselen, y otros investigadores de la Universidad afrikáner de Stellenbosch, se dijeron que era mejor separar geográfica, política y económicamente las diferentes etnias del país, tanto para luchar contra la aculturación de los africanos, que comenzaron a congregarse en los guetos de las grandes ciudades blancas sudafricanas, como para preservar la seguridad y el modo de vida de los blancos. La idea era probablemente también dividir las diferentes etnias africanas para gobernar mejor sobre ellas. En 1948, el Partido Nacional ganó las elecciones y el nuevo Primer ministro, Daniel François Malan, implementó esta estrategia de apartheid.
 
En 1960, la muerte de 69 manifestantes negros, aparentemente pacíficos pero numerosos, en la localidad de Sharpeville fue el pretexto para la comunidad internacional de inmiscuirse en los asuntos del país. El gobierno sudafricano prohibió el ANC y los movimientos nacionalistas africanos. El Umkhonto we Sizwe (La lanza de la Nación), brazo armado del ANC en colaboración con el Partido Comunista, realizó diferentes ataques en el territorio, con el apoyo de instructores soviéticos y bases de repliegue y entrenamiento en Angola. En 1963, Nelson Mandela, uno de los jefes de Umkhonto, fue condenado a prisión perpetua por terrorismo. Los Estados Unidos y la Unión Soviética buscaron explotar la tensión racial para socavar el poder político bóer y tomar el control del país. Los sudafricanos de origen inglés militaron en su mayoría con el ANC contra los bóeres. Las Naciones Unidas condenaron a Sudáfrica.
 
En 1976, los disturbios en la ciudad de Soweto contra la enseñanza obligatoria en afrikáans, la lengua oficial, condujeron al gobierno a declarar el estado de emergencia. En 1986, las sanciones económicas y políticas internacionales aislaron al gobierno bóer. Israel, igualmente criticado por la comunidad internacional por su política en torno al pueblo palestino, mantuvo una cooperación discreta con el gobierno de Pretoria.
 
En 1990, el nuevo presidente sudafricano elegido, Frederik de Klerk, legalizó el ANC, el Partido Comunista sudafricano y todos los movimientos negros. Nelson Mandela fue liberado para ser elegido presidente cuatro años más tarde. Sudáfrica regresó a la Mancomunidad Británica de Naciones y los blancos de origen inglés esperarban ejercer el poder económico con Mandela. Los medios internacionales aplaudieron, según la ONU el futuro de Sudáfrica prometía ser radiante. Este no fue el caso. Las promesas políticas y económicas no se cumplieron, pero la comunidad internacional no se mostró más interesada en Sudáfrica.
  
Sudáfrica es el país con el mayor número de negros, indios y blancos de África. Pero la «nación arcoiris», como el arzobispo anglicano Desmond Tutu la llama, está perdiendo un color. El 27 de Abril de 1994, el ANC ganó las primeras elecciones multirraciales en el país. El carismático Nelson Mandela se convirtió en el primer presidente negro del país, nueve idiomas africanos ​​(Zulú, Xhosa, Zwazi, Ndebele, Sesotho, Sepedi, Setswana y Tshivenda) fueron añadidos a los dos idiomas oficiales, el Afrikáans y el Inglés. De hecho, el poder del ANC parecía ser la gran venganza política y económica de los negros de Sudáfrica. La comunidad internacional tímidamente se hizo la ciega ante el racismo antiblanco, la corrupción y los asesinatos organizados por políticos negros como Winnie Mandela, la exesposa de Nelson («un bóer, una bala...»). Desde 1994, las autoridades sudafricanas han implementado una política de segregación (supuestamente afirmativa) que, bajo el falso discurso de dar más espacio a la mayoría negra de la población en la administración pública, en los servicios públicos o en el sector privado, excluye a los blancos. Los grandes grupos mineros y bancarios fueron forzados a vender el 26 por 100 de su capital a negros que eran a menudo los líderes, o cercanos a la nomenklatura del gobernante ANC. En 2011, el abogado Patrice Motsepe, de una familia real Tswana y miembro del ANC, educado en los Estados Unidos, se convirtió en el segundo negro más rico del mundo con 3,3 millardos de dólares, según la revista Forbes. Esas nuevas leyes también impusieron un mínimo de 40 por 100 de ejecutivos negros en las compañías. Las corporaciones que más rápidamente entregaron su capital, o pusieron la mayoría de fichas negras en cargos de supervisión, sistemáticamente ganaron contratos públicos. De hecho, los puestos administrativos en la nación sudafricana ahora están reservados a los negros. Mientras esta política ha favorecido el crecimiento de una pequeña minoría de black diamonds, una burguesía negra con un diploma y contexto urbano, los blancos han sido a menudo retirados o transferidos de las administraciones y sus hijos no tienen esperanza de ser contratados. Por ello, estos blancos especializados han migrado masivamente a Australia y Nueva Zelanda. Sudáfrica carece ahora de expertos en manejo financiero, tecnologías de la información y en administración judicial y de seguridad. El gobierno buscaría que esos blancos volvieran al país y lucha por ofrecerles condiciones atractivas. Pero queda un obstáculo mayor para su regreso: la explosión de la violencia racial. 3037 granjeros blancos fueron asesinados entre el fin del apartheid y Febrero de 2009. Este año, en 2017, hubo más de 70 agresiones contra granjeros blancos y 25 asesinatos, según el sindicato agrícola Transvaal Agricultural Union, y la asociación de defensa de los derechos civiles AfriForum. Las estadísticas del gobierno sudafricano sobre esta materia son inexistentes. La súbita oleada de cuatreros a principios de los noventa llevó a los sudafricanos blancos a atrincherarse en sus casas. El más rico instaló una cerca electrificada de 9000 voltios y barreras infrarrojas. Los perpetradores entonces encañonaron con sus armas hacia la cabeza para entrar a las casas. Los habitantes de bien se encuentran atrincherados en comunidades guardadas, con vigilancia las 24 horas del día. El promedio de violencia sexual en Sudáfrica es uno de los más altos del mundo, uno de cada cuatro sudafricanos comete violación, un niño es violado cada tres minutos, y el 40 por 100 de las mujeres sudafricanas serán violadas alguna vez en su vida. Los agentes de policía negros están pobremente motivados y mal pagados. Las estaciones de policía son vigiladas por compañías privadas.
  
Hay una comunidad de la que poco se habla en la «nación arcoiris»: los indios y su papel importante en la economía africana. El Sunday Times publicó una serie de correos electrónicos interceptados entre la familia Gupta y el séquito presidencial. Emergió que la familia Gupta controlaba el gobierno. La familia Gupta, de origen indio, es una familia rica en Sudáfrica. Ellos han multiplicado SUS empresas, periódicos y compañías de medios, una aerolínea y varias minas. El Sunday Times descubrió que ellos estaban controlando el mundo político sudafricano y el entorno cercano del incumbente presidente sudafricano Jacob Zuma en particular. Ellos contrataron a la esposa, un hijo y una hija del presidente para posiciones de liderazgo en su emporio comercial. Ellos afirmaron por supuesto, como el presidente, que nunca se beneficiaron de ello... Los Gupta han estado en la carrera política del señor Zuma desde 2003. Ellos fueron los que lo escogieron para la presidencia del ANC, lo que les abrió las puertas a la presidencia del país. El exsecretario del Congreso Sindical Sudafricano, Zwelinzima Vavi, se refiere a ellos como «un poder en la sombra». El partido de los Luchadores de la Libertad Económica afirma que los Gupta colonizaron Sudáfrica de facto. Zuma lo niega.
 
Los Gupta hacen lo que quieren: aterrizan sus aviones privados en las pistas de las bases militares sudafricanas, con la venia del jefe de protocolo del presidente (escándalo del Guptagate en Waterkloof, Junio de 2013), le dieron el Ministerio de Transporte a un miembro del ANC en retribución por una medida favorable a su aerolínea (Vytjie Mentor, en 2010), ofrecer un puesto en el ministerio de finanzas (caso Mcebisi Jonas en Diciembre de 2015, casos Mosebenzi Zwane y David van Rooyen en Diciembre de 2015) en recompenza por una intervención en una transacción minera, visitas diarias a la casa presidencial. Los escándalos se acumulan, pero Zuma lo niega.
 
A fines de Mayo de 2017, numerosos correos han sido revelados al público por el Sunday Times. Esos correos mostraron, inequívocamente, que los Gupta habían nombrado ministros y líderes de empresas públicas que les favorecieran. Las empresas propiedad de los Gupta son favorecidas por el gobierno y, a cambio, los medios propiedad de los Gupta siempre están a favor del presidente Zuma. La evidencia se acumula, las manifestaciones de ira se multiplican. El fin del apartheid significó muchas esperanzas para el sudafricano de a pie; pero ver que los líderes del ANC corrompen esta esperanza democrática con los nuevos amos financieros del país es intolerable para ellos.
  
Ahmed Kathrada y Derek Hanekom, líderes históricos del ANC, apelaron a su partido para que investiguen seriamente las relaciones entre Zuma y la familia Gupta. Por petición de la familia de Ahmed Kathrada, el presidente Zuma no fue invitado al funeral de éste en Marzo de 2017. El expresidente Kgalema Motlanthe leyó una carta abierta que Kathrada había publicado un año antes de morir: le pidió a Zuma renunciar inmediatamente. El presidente Jacob Zuma puede negarlo todo y acusar al «monopolio blanco», un viejo reflejo de un militante del ANC, eso no le funciona más. Los militantes del ANC demandan el fin del mandato del clan Zuma sobre sobre su movimiento. Si ellos no tienen éxito, el ANC no sobrevivirá al mandato presidencial.
 
Luego de la llegada al poder del ANC, es todo el país el que está en declive. Por largo tiempo la primera potencia económica del continente, Sudáfrica ha pasado a estar, desde 2014, detrás de Nigeria (rico, ciertamente, en yacimientos petrolíferos). Su red de transportes, su infraestructura, sus compañías multinacionales, su central nuclear (la única del continente africano todavía en funcionamiento) de Koeberg, son herencia del pasado, de los tiempos en que los blancos dirigían el país hacia las normas económicasde un país occidental. Es cierto que, bajo el plano democrático, el régimen del apartheid dejaba mucho que desear. Pero al día de hoy la situación no es brillante, bajo este plano, ya no lo es más. Las manifestaciones se multiplican. En 2017, la población ha protestado contra la degradación general de los servicios administrativos y la corrupción política, con el presidente Zuma a la cabeza de estos corruptos.
 
El país permanece rico. Posee las mayores reservas de oro, platino y metales preciosos en el mundo. Pero los observadores constatan el empobrecimiento general de la población. El número de personas que viven bajo la línea de extrema pobreza se ha duplicado en diez años. El paro, oficialmente en un 23,2 por 100, golpea a casi el 40 por 100 de la población. El total de los más pobres es menos de la mitad del que se manejaba bajo el apartheid.
 
La Sudáfrica del siglo XXI conoce todos los problemas contemporáneos de sus vecinos africanos. En 2008, los cortes de electricidad paralizaron el país y causaron el cierre temporal de las principales minas de oro, platino y diamantes. 450.000 personas perdieron sus empleos en forma temporal o definitiva. El gobierno ANC, compuesto de zelotas políticos pero pobre en profesionales competentes, no tuvo éxito en admininistrar el paìs. No ha podido modernizar, simplemente mantener correctamente o construir nuevas centrales eléctricas después de las existentes. Se han impuesto límites al consumo a hogares y negocios. El estado de las carreteras es deplorable, como también el de los hospitales y las escuelas públicas. Sudáfrica está conociendo hoy en día, por la incompetencia de los gobernantes salidos del ANC, los problemas de corrupción habituales en el continente.
  
El ANC retiró el mandato al presidente Thabo Mbeki el 21 de Septiembre de 2008. Kgalema Motlanthe le sucedió brevemente hasta las elecciones presidenciales de 2009, donde el 22 de Abril Jacob Zuma se convirtió en el nuevo presidente de la República Sudafricana. Este último comenzó a expandir su gobierno más allá del monopolio del ANC, aliándose con el Partido Comunista y el Frente de la Libertad, la derecha Afrikáner. El Jueves 16 de Agosto de 2012, 34 mineros fueron muertos y setenta y ocho heridos en un choque entre huelguistas y policías en la mina de platino Marikana, al norte de Johannesburgo. Los mineros vivían en chabolas adyacentes a la mina, sin agua corriente. Ellos recibían salarios que no les permitían vivir decentemente. A pesar de este escándalo Jacob Zuma fue reelegido en 2014, debido a la lealtad completa de los votantes del ANC (la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, que probablemente ayudó a evitar un baño de sangre en Sudáfrica exorcizando los crímenes racistas del apartheid, ayudó a glorificar al ANC y sus líderes). La incompetencia de los sucesivos gobiernos del ANC, y la corrupción desvergonzada del gobierno de Zuma en particular, exaspera a la población africana, especialmente a los más pobres. La reforma agraria fue para imponer la redistribución de tierras a los negros. En 1994, el 87 por 100 de la tierra arable pertenecía a granjeros blancos. Las promesas populistas de la reforma agraria eran para redistribuir el 30 por 100 de esas tierras a las poblaciones negras desde 2014. Pero el Estado sudafricano no puede acogerse a pagar la tierra a los propietarios blancos a precio de mercado. El gobierno de Pretoria ha gesticulado, amenazando con expropiar a los granjeros blancos para obtener apoyo de los votantes rurales. Pero el país debe absolutamente evitar un colapso de su producción agrícola. Una escasez alimentaria severa afectó al vecino Zimbabue, a comienzos del 2000, cuando su dictador, Robert Gabriel Mugabe, intoxicado con su discurso vengativo contra los blancos, permitió que los granjeros blancos fueran masacrados y sus propiedades tomadas por ciudadanos negros. Los nuevos compradores de tierras en Sudáfrica están enfrentando dificultades en el mantenimiento de los campos agrícolas debido a la falta de personal capacitado, medios de financiación y educación. De ahí que el 24 por 100 de las tierras restituidas acaban convirtiéndose en baldíos.
  
Los negros esperaban que el ascenso al poder del ANC les permitiera una probada del estilo de vida de los blancos. Ellos acabaron frustrados y dirigen su resentimiento no sólo contra los blancos, no sólo contra los negros acomodados y los políticos que les han engañado, sino contra aquellos que están en una posición mucho peor que ellos: los inmigrantes ilegales africanos de los países vecinos. Muchos africanos de los países vecinos entran a Sudáfrica de manera ilegal, pensando que ganarán más dinero que en sus países de origen. Pero es el SIDA (7 millones de sudafricanos tienen el VIH, y 180.000 murieron en 2015 de esta enfermedad) y la violencia urbana la que los recibe. En Mayo de 2008, y más recientemente en Marzo de 2015, Johannesburgo y otras ciudades en el país experimentaron violentas revueltas antiinmigrantes, matando a casi 50 personas. 25.000 personas quedaron sin hogar y miles de inmigrantes ilegales tuvieron que huir.
 
La «nación del arcoiris» está luchando para mantener su cohesión. La acusación contra los blancos y los indios que controlan la economía nacional es el último argumento, reiterado por los políticos negros para conservar el favor electoral de los habitantes rurales. Julius Malema, antiguo líder del ANC, repudiado y posteriormente expulsado del movimiento, continúa apelando a la expropiación sin compensación y amenaza con la violencia contra los blancos y el clan Gupta que monopoliza la economía. Su partido, los Luchadores de la Libertad Económica, convertido en la tercera fuerza política del país, navega sobre la exasperación de los guetos.
 
El poder del ANC está tambaleando. El presidente sudafricano Jacob Zuma no fue capaz de dar su discurso en Mayo de 2017 en un encuentro del Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU por sus siglas inglesas) en Bloemfontein. Fue abucheado, y muchos pidieron su renuncia. Tuvo que abandonar el recinto. El descontento popular es creciente. El sindicato de COSATU, tradicionalmente un fuerte aliado del ANC, junto al Partido Comunista Sudafricano, está sintiéndose frustrado por el gobierno del ANC. Las 783 acusaciones de corrupción, fraude y extorsión contra el presidente Zuma, incluyendo sus nexos con la familia Gupta que controló el país y su escandalosa remodelación del gabinete, inevitablemente empujarán al presidente hacia la salida. La secretaria del COSATU, Zwelinzima Vavi, invitó a Zuma a renunciar. El presidente debería salir, al menos, después de la conferencia electoral en Diciembre de 2017, cuando el ANC elija su nuevo líder, que posiblemente sea el próximo presidente sudafricano en 2019.
 
Zuma quisiera que su exesposa, Nkosazana Dlamini-Zuma, varias veces ministra, y expresidente de la Comisión de la Unión Africana, sea quien le garantice su futura inmunidad política. El otrora esposo de la señora Dlamini-Zuma ha comprado el voto de los delegados del Congreso del ANC, según el principal contendor en la campaña electoral, Cyril Ramaphosa. Sin embargo, el ANC ha perdido su encanto desde 1994, y particularmente desde el último período presidencial del señor Zuma. Un presidente electo que no pertenezca al ANC, es, por primera vez desde 1994, para ser considerado.
 
A TODO LO ANTERIOR, LA COMUNIDAD INTERNACIONAL NO PONE SU VISTA A LA SITUACIÓN ACTUAL DE SUDÁFRICA.

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