jueves, 20 de julio de 2017

ORACIONES ANTES Y DESPUÉS DE LA CONFESIÓN

Oraciones tomadas del devocionario Heures des Pénitens, impreso en Aix en 1755. Traducción propia.
 
   
Antes de acercarte al Sagrado Tribunal de la Penitencia, conviene que te prepares espiritualmente para recibir dignamente el Sacramento de la Confesión, por ello debes orar así:
Cónditor cœli et terræ, Rex regum et Dóminus dominántium, qui me de níhilo fecísti ad imáginem, et similitúdinem tuam et me próprio tuo Sánguine redemísti, quem ego peccátor non sum dignus nomináre, nec invocáre, nec corde cogitáre. Te supplíciter deprécor, et humíliter exóro, ut cleménter respícias me servum tuum néquam. Et miserére mei, qui misértus fuísti muliéri Chananǽæ, et Maríæ Magdalénæ: qui pepercísti Publicáno, et latróni in cruce pendénti. Tibi confíteor, Pater piíssime, peccáta mea, quæ si volo abscóndere, non possum tibi, Dómine. Parce mihi, Christe, quem ego nuper multum offéndi cogitándo, loquéndo, operándo, et in ómnibus modis, in quíbus ego frágilis homo et peccátor peccáre pótui, mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa. Ídeo, Dómine, precor tuam cleméntiam, qui de cœlo pro mea salúte descendísti, qui David a peccáti lapsu erexísti, parce mihi, Dómine, parce mihi Christe, qui Petro te negánti pepercísti. Tu es Creátor meus et Redémptor meus, Dóminus meus et Salvátor meus, Rex meus et Deus meus. Tu es spes mea et fidúcia mea, gubernátio mea et auxiliátio mea, consolátio mea et fortitúdo mea, defénsio mea et liberátio mea, vita mea, salus mea et resurréctio mea, lumen meum et desidérium meum, adjutórium meum et patrocínium meum. Te deprécor et rogo adjúva me, et salvus ero: gubérna me et defénde me: confórta me et consoláre me: confírma me et lætífica me: illúmina me et vísita me. Súscita me mórtuum, quia factúra et opus tuum sum. Dómine, ne despícias me, quia fámulus et servus tuus sum, quamvis malus, quamvis indígnus et peccátor: sed qualiscúmque sim, sive bonus, sive malus, semper tuus sum. Ad quem ego fúgiam, nisi ad te vadam? Si tu me éjicis, quis me recípiet? Si tu me déspicis, quis me aspíciet? Recognósce me ergo indígnum ad te refugiéntem, quámvis sim vilis et immúndus: quia si vilis et immúndus sum, potes me mundáre: si cœcus sum, potes me illumináre: si infírmus sum, potes me sanáre: si mórtuus et sepúltus sum, potes me resuscitáre; quia major est misericórdia tua, quam iníquitas mea: major est píetas tua, quam ímpietas mea: plus potes dimittére, quam ego committére: et plus párcere quam ego peccátor peccáre. Non ergo despícias, Dómine, neque atténdas multitúdinem iniquitátum meárum: sed secúndum multitúdinem miseratiónum miserére mei, et propítius esto mihi máximo peccatóri. Dic ánimæ meæ: «Salus tua ego sum». Qui dixísti: «Nolo mortem peccatóris, sed magis ut convertátur et vivat»: convérte me, Dómine, ad te, et noli irásci contra me. Deprécor te, clementíssime Pater, propter misericórdiam tuam, supplíco et exóro, ut perdúcas me ad bonum finem, et ad veram pœniténtiam, puram confessiónem, et dignam satisfactiónem ómnium peccatórum meórum [Creador del Cielo y de la tierra, Rey de reyes y Señor de señores, que de la nada me hiciste a tu imagen y semejanza, y con tu propia Sangre me redimiste, y a quien yo, pecador, no soy digno de nombrar, ni invocar, ni pensar de corazón, Te ruego suplicante, y humildemente te pido, que me veas clemente a mí, siervo tuyo maldado, y tengas piedad de mí, que tuviste piedad de la mujer cananea y de María Madgalena, que recibiste al Publicano y al ladrón colgado en la cruz. A Ti confieso, Padre piadosísimo, mis pecados, que si quisiera esconderlos de Ti, Señor, no podría hacerlo. Perdóname, oh Cristo, a quien he ofendido mucho de pensamiento, palabra, obra y en todos los modos en que yo, hombre frágil y pecador, pude pecar, por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Por eso, Señor, pido tu clemencia, que descendiste del cielo por mi salvación, y que levantaste a David en su caída en pecado. Perdóname, Señor, perdóname, oh Cristo, que recibiste a Pedro que te negó. Tú eres mi Creador y mi Redentor, mi Señor y mi Salvador, mi Rey y mi Dios. Tú eres mi esperanza y mi confianza, mi gobierno y mi auxilio, mi consuelo y fortaleza, mi defensa y mi liberación, mi vida, mi salud y mi resurrección, mi luz y mi deseo, mi ayuda y mi patrocinio. Te pido y ruego me auxilies, y seré salvo: gobiérname y defiéndeme: confórtame y consuélame; confírmame y alégrame: ilumíname y visítame. Levántame de la muerte, porque factura y obra tuya soy. No me desprecies, Señor, porque siervo y esclavo tuyo soy, aunque malo, aunque indigno y pecador: pero sea yo como sea, bueno o malo, siempre tuyo soy. ¿A quién iré, sino a Ti? Si Tú me rechazas, ¿quién me recibirá? Si Tú me desprecias, ¿quién me apreciará? Reconóceme que indigno me refugio en Ti, aunque sea vil e inmundo: porque si soy vil e inmundo, Tú puedes limpiarme: si soy ciego, puedes iluminarme: si estoy enfermo, puedes sanarme: si estoy muerto y sepultado, puedes resucitarme; porque mayor es tu misericordia que mi iniquidad: mayor es tu piedad que mi impiedad: más puedes remitir, que yo cometer; y más puedes perdonar, que yo, pecador pecar. No desprecies pues, Señor, ni atiendas la multitud de mis iniquidades: antes apiádate de mí, por la multitud de tus misericordias, y séme propicio a mí, máximo pecador. Dile a mi alma: «Yo soy tu salud». Tú que dijiste: «No quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva»: conviérteme, Señor, a Ti, y no quieras airarte contra mí. Ruégote, Padre clementísimo, por tu misericordia, suplico y ruego, que me conduzcas a un buen fin, y a verdadera penitencia, pura confesión, y digna satisfacción por todos mis mecados]. Amen.
 
Cuando te aproximes al Confesionario, di esta oración, para que el Señor reciba la confesión que le presentas por medio del Sacerdote:
Súscipe confessiónem meam, piíssime ac clementíssime Dómine Jesu Christe, única spes salútis ánimæ meæ, et da mihi, obsécro, contritiónem cordis et láchrymas óculis meis, ut défleam diébus ac nóctibus omnes neglegéntias meas cum humilitáte et puritáte cordis. Appropínquet orátio mea in conspéctu tuo, Dómine. Si irátus fúeris contra me, quem adjutórem quǽram? Quis miserébitur iniquitátibus meis? Meménto mei, Dómine, qui Chananǽam et Publicánum vocásti ad pœniténtiam, et Petrum lachrymántem suscepísti. Dómine, Deus meus, súscipe preces meas. Salvátor mundi, Jesu bone, qui te Crucis morti dedísti, ut peccatóres salvos facéres, réspice me míserum peccatórem, invocántem nomen tuum, et noli sic atténdere malum meum ut obliviscáris bonum tuum. Et si commísi unde me damnáre potes, tu non amisísti unde salváre soles. Parce ergo mihi, qui es Salvátor meus, et miserére peccatríci ánimæ meæ. Solve víncula ejus, sana vúlnera. Dómine Jesu, te desídero, te quǽro, te volo: osténde mihi fáciem tuam et salvus ero. Emítte ígitur, piíssime Dómine, méritis puríssimæ et immaculátæ semper Vírginis Genetrícis tuæ Maríæ, et Sanctórum tuórum, lucem tuam et veritátem tuam in ánimam meam, quæ omnes deféctus meos in veritáte mihi osténdat, quos confitéri me opórtet, atque juvet et dóceat ipsos plene et contríto corde explicáre. Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum [Recibe, piadosísimo y clementísimo Señor Jesucristo, única esperanza de salvación para mi alma, mi confesión, y dame, te suplico, contrición de corazón y lágrimas a mis ojos, para llorar día y noche todas mis negligencias con humildad y pureza de corazón. Acoge mi oración en tu presencia, Señor. Si estuvieses airado contra mí, ¿a quién pediré auxilio? ¿Quién tendrá misericordia de mis iniquidades? Acuérdate de mí, Señor, tú que llamaste a penitencia a la Cananea y al Publicano, y recibiste las lágrimas de San Pedro. Señor, Dios mío, recibe mi ruego. Buen Jesús, Salvador del mundo, que te entregaste a la muerte de Cruz para hacer salvos a los pecadores, mírame a mí, miserable pecador, invocando tu nombre, y no quieras atender a mi mal para olvidar tu bondad. Y si cometí aquello por lo que puedes condenarme, tú no has perdido el derecho para salvar. Perdóname pues, tú que eres mi Salvador, y ten piedad de mi pecadora alma. Rompe sus cadenas, y sana sus heridas, Señor Jesús, te deseo, te busco, te quiero: muéstrame tu Faz, y seré salvo. Así pues, piadosísimo Señor, envía por los méritos de la Purísima e Inmaculada siempre Virgen Santa María tu Madre, y de todos tus Santos, tu luz y tu verdad a mi alma, para mostrarme en verdad todos mis defectos, que estoy obligado a confesar, y sosténme y ensélame a explicarlos plenamente y con contrito corazón. Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios, por todos los siglos de los siglos]. Amen.
 
Luego de confesar tus pecados, y recibir la Absolución, implora la intercesión de la Santísima Virgen María y todos los Santos recitando esta oración:
Sit tibi, Dómine, obsécro, méritis beátæ semper Vírginis Genetrícis tuæ Maríæ et ómnium Sanctórum, grata et accépta ista conféssio mea, et quídquid mihi défuit nunc, et de sufficiéntia contritiónis, de puritáte et integritáte confessiónis, súppleat píetas et misericórdia tua et secúndum illam dignéris me habére plénius et perféctius absolútum in Cœlo. Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum [Suplícote, Señor, por los méritos de la Bienaventurada siempre Virgen Santa María tu Madre, y de todos los Santos, grata y aceptable esta mi confesión, y todo cuanto me haya faltado en la suficiencia de la contrición, y pureza e integridad de a confesión, lo supla tu piedad y misericordia, y segun élla te dignes tenerme plena y perfectamente absuelto en el Cielo. Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios, por todos los siglos de los siglos]. Amen.

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