lunes, 17 de enero de 2011

LA NO-ESPAÑOLIDAD DE LOS MORISCOS

Tomado de LA SANTA ALIANZA
¿ERAN ESPAÑOLES LOS MORISCOS? EL MITO DE AL-ÁNDALUS
 Por Serafín Fanjul García*
  
Calificar de mito a una idea-fuerza cuya andadura y capacidad de arrastre cuenta más de siglo y medio entraña varios riesgos. El primero, desde luego, reside en la dificultad de abrir brecha en la sedimentada muralla de tópicos acumulados en el remanso de quietud y ausencia de críticas. Y como tal embalse no carece de dueños y beneficiarios, la menor mella que se le inflija suscita respuestas airadas, ofendidos sentimientos y ninguna intención de matizar o revisar. Y de autocríticas ni hablemos. Pero digámoslo en pocas palabras: la imagen edulcorada de un al-Andalus idílico (se suele apostillar frecuentemente con la palabra paraíso; y, en árabe al-firdaws al-mafqud [الْمَفْقُود‏ الفِرْدَوْس‏], el paraíso perdido), donde convivían en estado de gracia perenne los fieles de las tres culturas y las tres religiones, es insostenible e inencontrable, apenas comenzamos a leer los textos originales escritos por los protagonistas en esos siglos. No fue peor ni mejor -en cuanto a categoría moral, que sería la base sobre la cual levantar todo el edificio- que el resto del mundo musulmán coetáneo o que la Europa de entonces. Disfrutó de etapas brillantes en algunas artes, en arquitectura o en asimilación de ciertas técnicas y supo transmitir -y no es poco- el legado helenístico recibido de los grandes centros culturales de Oriente (Nisapur, Bagdad, El Cairo, Rayy, etc…). Y fue, antes que nada, un país islámico, con todas las consecuencias que en la época eso significaba. Pero su carácter periférico, mientras existió, constituía una dificultad insalvable para ser tomado como eje de nada por los muslimes del tiempo. Bien es verdad que, una vez desaparecido, se convirtió en ese paraíso perdido más arriba señalado, fuente perpetua y lacrimógena de nostalgias y viajes imaginarios por la nada, de escasa o nula relación con la España real que, desde la Edad Media, se había ido construyendo en pugna constante contra el islam peninsular. Una lucha de supervivencia por ambas partes, con dos fuerzas antagónicas y mutuamente excluyentes, en oposición radical y absoluta y animadas las dos por sendas religiones universales cuyo designio era abarcar a la Humanidad por entero.
     
Es preciso decirlo con crudeza: si había al-Ándalus, no habría España; y viceversa, como sucedió al imponerse la sociedad cristiana y la cultura neolatina. Pero si decidimos retomar la lira y reiniciar los cantos a la tolerancia, a la exquisita sensualidad de los surtidores del Generalife y a la gran libertad que disfrutaban las mujeres cordobesas en el siglo XI, fuerza será que acudamos también a los hechos históricos conocidos que, no siempre, son tan felices: aplastamiento social y persecuciones intermitentes de cristianos, fugas masivas de éstos hacia el norte (hasta el siglo XII), conversiones colectivas forzadas, deportaciones en masa a Marruecos (ya en tiempos almohades), pogromos antijudíos (v.g., en Granada, 1066), martirio continuado de misioneros cristianos mientras se construían las bellísimas salas de la Alhambra… Porque la historia es toda y del balance general de aquellos sucesos brutales (de su totalidad) debemos extraer las conclusiones oportunas. Al recordar esa mínima antología del reverso de la moneda no estamos condenando a al-Ándalus ni estableciendo juicio moral alguno -todos actuaban de la misma manera-, simplemente intentamos equilibrar la panorámica y despojarla de exotismo y de reacciones viscerales en uno u otro sentido, aunque, de modo inevitable, podamos preguntarnos muy fríamente si el retorno a la civilización europea grecolatina fue beneficioso, o no, para la Península Ibérica; si habríamos debido aplastar y ocultar -como se hace en el norte de África- el brillantísimo pasado romano; o si nos hubiera acaecido algo de cuanto de bueno se hizo en todos los aspectos desde 1492. Y también, en otro orden de cosas -muy, muy hispanas-, si tiene una lógica mínima que gentes apellidadas López, Martínez o Gómez, de fenotipo similar al de santanderinos o asturianos que no conocen más lengua que la española, anden proclamando que su verdadera cultura es la árabe. Si no fuera patético sería chistoso.
  
Antes de entrar en el fondo del asunto, debemos abordar una cuestión terminológica previa nada desdeñable. Me refiero a los equívocos de contenido creados y fomentados fuera de España en el uso de ciertas palabras a través de otras lenguas, en especial del francés. Lo que en este idioma se designa como “andalous” en español lo expresamos con dos términos netamente diferenciados: “andaluz” (habitante o perteneciente a la actual Andalucía) y “andalusí” (relativo a al-Ándalus) que, a veces, matizamos diciendo “hispanoárabe”, “hispanomusulmán”, etc. O, de manera más genérica y popular, con la voz “moro”, que hasta el siglo XIX significaba sólo “musulmán” y “habitante del norte de África”, sin connotación peyorativa ninguna. Pero el éxito de andalous en escritores e historiadores franceses (nuestro puente hacia la Europa del siglo XIX) ha contribuido en gran medida a difundir un concepto sumamente erróneo: la existencia de una continuidad racial, social, cultural y anímica entre los andalusíes y los andaluces. De ahí ha derivado la confusión entre Andalucía y al-Ándalus, que incluso los políticos andalucistas radicales manejan en la actualidad como si respondiera a una realidad tangible. Pero las objeciones a tal pretensión son dos y decisivas. La primera es que, en árabe, al-Ándalus no significa “Andalucía” sino la Hispania islámica, fuera cual fuera su extensión (con la frontera en el Duero, siglo X, o en Algeciras, siglo XIV). La segunda, tan importante como la anterior, consiste en que la noción de Andalucía surge con la conquista cristiana del Valle del Guadalquivir en el siglo XIII y no aparece en los términos territoriales con que la conocemos hasta 1833 cuando la división regional y provincial de Javier de Burgos, todavía vigente, incorpora un territorio netamente diferenciado hasta entonces, el reino de Granada (Málaga, Almería, Granada y parte de Jaén) a Andalucía para formar una unidad administrativa mayor. De ahí el absurdo de imaginar una patria andaluza cuya identidad se pierde en la noche de los tiempos, con Argantonio bailando flamenco y Abderrahmán (cualquiera de ellos) deleitándose con el espíritu de los futuros versos de García Lorca. Una mera medida administrativa ha generado un concepto identitario. Pero Andalucía era una cosa y el reino de Granada, otra, como lo prueba, hasta la saciedad y el aburrimiento, toda la documentación existente (burocrática, histórica, literaria o de viajeros foráneos).
  
En esta misma línea actúa el empleo de los términos “España” y “españoles” para denominar a al-Ándalus y los andalusíes. Es una pésima traducción cargadísima de ideología, pese a no ser esa la intención de sus creadores y difusores primeros. Dozy, Lévi-Provençal, así como algunos historiadores y arabistas españoles del XIX, en el muy loable intento de acercar y hacer más próxima -y digerible- la historia y sociedad de al-Ándalus, de cara a sus contemporáneos, se aplicaron a utilizar la palabra “España” (por al-Ándalus), cuando representa un concepto político, social y cultural no sólo diferenciado de al-Ándalus sino en abierta oposición con el mismo. Y cuya vigencia palpable y sólida arranca del siglo XV. Expresiones como “los moros españoles”, “los árabes españoles” o, simplemente, “los españoles” (sin adjetivar y referido a musulmanes de al-Ándalus) menudean en textos de historiadores incluso recientes (P. Guichard, R. Arié, B. Vincent). No se trata meramente de negar la condición de españoles (lo cual no es ni bueno ni malo) a los andalusíes, es que -y esto es lo principal- ellos no se consideraban tal cosa, a la que detestaban.
  
Somos conscientes de la dificultad de contrarrestar ideas enquistadas en la imagen exterior de España, pero estimamos nuestra obligación hacerlo, por antipática que resulte la misión. Y es que el Mito de al-Ándalus se basa en imágenes repetidas de forma mecánica más que en experiencias o realidades comprobadas y comprobables. Los viajeros y escritores románticos ingleses y franceses en la primera mitad del siglo XIX dejaron petrificada una imagen de España (y en especial de Andalucía, como la región más pintoresca) que ni siquiera en su tiempo era reflejo de una realidad global, sino ensamblada con los elementos más exóticos y chocantes para quienes, ávidos de rarezas, acudían a la Península. Elementos llamativos que demandaba su público lector. Nada de extraño tiene, pues, que Mérimée desdeñe toda la arquitectura del centro y norte de España por encontrarla “demasiado parecida a la suya y sin el verdadero carácter español”. Naturalmente, el verdadero es el que él decide. Nadie niega que hubiera bandoleros, gitanas y sombreros calañeses: por supuesto que los había y ellos los veían, pero también contemplaban a su alrededor otras realidades mucho más numerosas y presentes -y cuya existencia acababan reconociendo de mala gana y en poquito espacio- pero menos atractivas y excitantes, por reconocerse a sí mismos en ellas en una proporción excesivamente incómoda. Magia, misterio, tipismo verdadero… son los ejes de búsqueda de todo europeo que cruza los Pirineos hacia el sur, así Edmundo de Amicis (1872) refleja y reproduce bien el universo de tópicos establecidos por sus predecesores:
“Todos los sombreros son de copa, y además bastones, cadenas, condecoraciones, agujas y cintas en el ojal a millares. Las señoras, al margen de ciertos días de fiesta, visten a la francesa. Los antiguos botines de raso, la peineta, los colores vivos, es decir, el traje nacional han desaparecido. ¡Qué mal queda el sombrero de copa por las calles de Córdoba! ¿Cómo podéis seguir la moda bajo este hermoso cuadro oriental? ¿Por qué no os vestís como los árabes? Pasaban petimetres, obreros, niños y yo los miraba a todos con gran curiosidad, esperando encontrar en ellos alguna de aquellas fantasiosas figuras que Doré nos representó como ejemplos del tipo andaluz: aquel moreno, con gruesos labios y grandes ojos. No vi a ninguno (…) ninguna diferencia con las mujeres francesas y con las nuestras; el antiguo traje típico andaluz ha desaparecido de la ciudad” (1).
 
Claro que el que busca, encuentra y el mismo Amicis, aliviado y triunfal, concluye: “…por los barrios de la ciudad [Córdoba], en donde vi por primera vez a mujeres y a hombres de tipo verdaderamente andaluz, tal como yo me los había imaginado, con ojos, colores y actitudes árabes” (2). ¿Podrá sorprendernos que los escritores románticos españoles, seguidores fieles a la sazón de la moda francesa, encontraran -y con más motivo, porque sabían mejor dónde buscar- pervivencias árabes por todos los rincones? Tan bien asimilan el mecanismo, se imbuyen de tal modo de la fórmula, que cuando Pedro Antonio de Alarcón desembarca en Marruecos en 1860, va tan tranquilo afirmando que los auténticos moros son los de los libros y la verdadera realidad la de la imagen corriente (”Era un verdadero moro, esto es, un “moro de novela”) (3).
  
Y tampoco ha de asombrarnos que algunos notables historiadores y arabistas franceses continúen apegados a la idea de la España pintoresca, tal vez por deformación profesional, o quizás por el peso de una corriente emotiva de historia ya larga. Aunque debamos reconocer que escritores españoles -historiadores ya no- les han seguido y les continúan siguiendo en el mantenimiento de esas imágenes del pasado que un análisis matizado y en detalle de cada caso nos muestra como insostenibles. Pero información aportando datos y visiones de los hechos perceptibles, insiste y agiganta con sus enormes medios la perduración de ideas erróneas o, al menos, deformadoras de la imagen al enseñar aspectos muy parciales del conjunto. Veamos un ejemplo significativo y de gran difusión: la revista Méditerranée Magazine, hace dos años, en un grueso folleto de propaganda turística dedicado a España ofrecía al final una pequeña lista bibliográfica de libros que se recomendaban a los futuros viajeros para que mejor puedan entender el país, la mentalidad, las motivaciones, etc… -empeño digno de aprecio-, pero las dudas comienzan al comprobar que de los catorce textos narrativos o descriptivos propuestos, diez son de escritores de los siglos XVIII-XIX (Gautier, Hugo, Mérimée, Dumas, Chateaubriand, Davillier, etc.) y en cuanto a las obras dedicadas al arte y cuya lectura se sugiere, todas están centradas en Andalucía, excepto una que se ocupa de Santiago. Creo que el ejemplo expresa bien la forma en que se realimenta una imagen determinada que, por otra parte, es la que el turista espera encontrar.
  
En ese paisaje de tópicos, pintoresquismo a toda costa y tipismo comercial, el mito de al-Ándalus no lo es todo, desde luego, pero representa una proporción considerable al estimarse dentro y fuera de España que el elemento moro, la vieja presencia musulmana, significa el factor menos europeo, más extraño y llamativo de toda nuestra historia y, en puridad, así es. O así fue, porque una cosa es hablar del pasado o estudiarlo y otra muy distinta verificar qué queda de esos tiempos y en qué medida está —o estuvo— vivo en nuestra sociedad. Y en ese sentido, sí podemos referirnos al Mito de al-Ándalus. Se impone, pues, enunciar ya nuestra propia visión de al-Ándalus, pero somos conscientes de que también podemos incurrir en el monopolio de la verdad, ofreciendo otra imagen no menos verdadera y auténtica de ese período de la historia de la Península Ibérica. Y este resquemor de abogado del diablo nos paraliza un tanto a la hora de enumerar, aunque resumido, todo un conjunto de hechos lo más objetivos posibles, en uno y otro sentido; y, sobre todo, en el momento de valorar, interpretar o someter a discusión las desmelenadas pretensiones mudejaristas de Américo Castro, coartada erudita principal de toda esa corriente. Razones de espacio nos obligan a centrar la atención en dos aspectos que estimamos cruciales: uno que afecta a la vida misma de al-Ándalus (la cuestión de la tolerancia) y otro que concierne a lo sucedido desde el siglo XIII (la población). No nos detendremos en otros aspectos no menos importantes, como las pervivencias romanas y visigóticas que, con toda lógica, encontraron y en gran proporción utilizaron en su propio beneficio los conquistadores muslimes del siglo VIII. Me refiero, por ejemplo, al empleo en arquitectura del arco de herradura que tanto éxito alcanzaría más adelante; o a la subsistencia de los sistemas de comunicaciones (las famosas calzadas romanas), o a la organización administrativa, así como a la continuidad de técnicas agrícolas romanas que los invasores (nómadas pastores) prohijaron y han pasado a la Historia de divulgación como de origen hispanoárabe, aunque sea innegable la aportación de los moros hispanos precisamente en la asimilación y desarrollo de esas formas de trabajo en horticultura (tomadas de nabateos, caldeos, egipcios, sirios, persas o… romanos) y en la importación de ciertos cultivos (cítricos, por ejemplo). Sobre todo ello hay abundante bibliografía y no parece oportuno extenderse ahora. Cuando los arabistas españoles del siglo XIX comenzaron a ofrecer a su sociedad las primeras compilaciones históricas, traducciones y poemas resucitados de al-Ándalus, sabían que el ambiente y el estado de ánimo de la población eran resueltamente contrarios a aquellos momentos históricos que ellos intentaban revivir. La narrativa romántica que había entrado por el mismo camino tenía una labor más llevadera porque, al tratarse de ficciones, el factor fantástico, ineludible guiño en toda relación entre autor y lector, permitía libertades y sugerencias fáciles de tolerar y asimilar. Por añadidura, la tradición literaria que venía de los siglos XVI y XVII arrastraba el recuerdo de las novelas moriscas, de los romances fronterizos o de la poesía morisca, obras todas ellas de la pluma de escritores españoles cristianos viejos que habían creado ese motivo literario, por alejado que estuviese de que subsistían en el Siglo de Oro. Pero investigadores, historiadores y arabistas no lo tenían tan fácil, porque -al menos en apariencia- los materiales que ellos exhumaban chocaban con la identidad admitida y entronizada como representante de la nación española. Su trabajo iba no poco a contracorriente y algunos de ellos debían hacer notables equilibrios y juegos malabares para compaginar su admiración por Isabel la Católica con su simpatía por los moriscos. De ahí que hasta fechas ya próximas a nuestra actualidad este gremio profesional haya pugnado por acercar aquellas reconstrucciones del pasado a la mentalidad de los españoles presentes. El intento de hispanizar (y hasta europeizar en algún caso) -como veíamos más arriba- a los muslimes de al-Ándalus forma parte de esa visión; la exhibición de virtudes superiores, también. Por ejemplo, la tolerancia. Sánchez-Albornoz (4) lo dice con claridad, pese a no ser precisamente, o tal vez por ello, un entusiasta de los moros: “Otorgaban a la mujer una singular libertad callejera de difícil vinculación con los usos islámicos; lo comprueban algunas noticias de El collar de la paloma de Ibn Hazm y varias conocidas anécdotas históricas. Y le concedían una consideración y un respeto de pura estirpe hispánica. Pérès ha señalado la situación dispar de las mujeres hispanas frente a las orientales. ¿De dónde sino de la herencia temperamental preislámica podía proceder esa gracia, esa súbita vibración psicológica preislámica podía proceder esa gracia,psicológica, esa espontaneidad de Ibn Quzmán cuyo nombre -Gutmann- y cuya estampa física -era rubio y de ojos azules- acreditan a las claras su estirpe hispano-goda?”. La tolerancia, ya con las mujeres, ya con las otras confesiones religiosas, habría sido, pues, debida a su condición de origen español.

Pero es que del lado “árabe” o “musulmán”, que resaltaba -y resalta- el carácter netamente árabe (al menos en el plano cultural) de al-Ándalus y de todas sus glorias -auténticas o ficticias-, esa tolerancia vendría a demostrar la capacidad integradora del islam y su respeto por todas las creencias. Ambos enfoques vienen a coincidir en el resultado de comprensión propuesto: la sociedad de al-Ándalus constituía un modelo de tolerancia, una isla irrepetible e inencontrable en la Europa coetánea, aunque las comparaciones -desde la perspectiva árabe- no suelen extenderse al resto del mundo. Sin embargo, lo más razonable parece ser aceptar que las situaciones fueron cambiantes, sujetas a condicionamientos políticos y económicos que obligaban a los emires a tolerar en aspectos secundarios a las minorías sometidas -que pagaban altos impuestos- pero marcando con claridad su status inferior y aplastándolas físicamente siempre que pretendían excederse o traspasar los límites establecidos. O aunque meramente se sospechara. Y quizás sea preciso admitir de alfaquíes, ulemas y muftíes (digamos el islam oficial) con unos comportamientos, por otro lado, relativamente más abiertos, por las mismas necesidades de la vida diaria. A este respecto puede ser ilustrativa la postura de rechazo y prohibición de música y canto que encontramos en el sufí Ibn ‘Arabi al-Mursi o en el Tratado de hisba de Ibn ‘Abdun (siglo XII), en tanto gentes acomodadas, gobernantes y clases populares se deleitaban cuanto podían oyendo música o versos. Pero no echemos las campanas al vuelo: la inexistencia de una música sacra en el islam o en su liturgia nos indica con nitidez que el peso de las posturas oficiales no es mero testimonialismo retórico. La ambivalencia de las situaciones respecto a las minorías es constante: por una parte médicos y recaudadores judíos o comes (”condes”) (5) cristianos que rondaban las altas esferas de poder, evidentemente por interés recíproco; por otra, una ideología dominante de desprecio y marginación de las minorías, bien expresada y sin tapujos por Ibn ‘Abdun en su Tratado (”Debe prohibirse a las mujeres musulmanas que entren en las abominables iglesias, porque los clérigos son libertinos, fornicadores y sodomitas” (6); “no deben venderse ropas de leproso, de judío, de cristiano, ni tampoco de libertino” (7), etc.) y en consonancia con la prohibición de relacionarse amistosamente con cristianos y judíos (Corán, 5-56). Las famosas y muy jaleadas tres culturas de hecho vivían en un régimen de apartheid real en que las comunidades, yuxtapuestas pero no mezcladas, coexistían en regímenes jurídicos, económicos y de rango social perfectamente distintos, dando lugar -si alguna circunstancia política impelía a ello- a persecuciones muy cruentas, como la acontecida a mediados del siglo IX contra los cristianos, en tiempos de Abderrahmán II, o contra los judíos en el siglo XII, hasta el extremo de que cuando llega la Reconquista en el XIII a Andalucía, la región estaba “limpia” de ellos, deportados unos a Marruecos y fugados los otros a los reinos cristianos del norte. Esa relación conflictiva, intermitente en sus manifestaciones pero latente de modo continuado, se extiende hasta los momentos finales, cuando ya el poder musulmán se había hundido, pero subsistente la ideología de confrontación: en las capitulaciones de rendición de Zaragoza (1118) ante Alfonso I el Batallador los moros exigen de manera explícita que, en ningún caso, ningún judío pueda desempeñar cargo ni autoridad alguna sobre musulmanes, misma condición que estipulan casi cuatro siglos después los moros granadinos en sus capitulaciones con los Reyes Católicos a fines de 1491. Y por esas fechas, el jurisconsulto (muftí) al-Wansarisi prohíbe a los musulmanes permanecer en territorio ganado por los cristianos por el riesgo que corrían de terminar abandonando el islam, aunque también hubo opiniones contrarias. En otros órdenes de la vida cotidiana las normas de separación y sometimiento fueron la tónica generalizada: prohibición de matrimonios mixtos, prohibición de montar caballo macho en ciudad habitada por musulmanes, vigencia de tabúes alimentarios o prescripción de ropas de distintos colores a los usados por los musulmanes con una finalidad claramente discriminatoria. (8)
  
Pero, para ser objetivos y situar estos fenómenos en su contexto, es preciso recordar que en la España cristiana triunfante y sucesora de al-Ándalus, se reprodujeron las mismas normativas de separación y aplastamiento de las minorías sometidas. Por tanto, insistimos en lo indicado más arriba: nuestra meta no es lanzar condena moral ninguna contra al-Ándalus, pero tampoco santificarlo, tan sólo contemplarlo con criterios más lógicos y normales, más ajustados a las realidades humanas. Un último aspecto -decisivo para la pervivencia, o no, del mito de al-Ándalus- es el de la población. A grandes rasgos y con muy fundamentados estudios poblacionales en la mano (obra de los profesores Ladero Quesada y González Jiménez) se puede afirmar que los actuales habitantes de Andalucía y de España en general no descienden de los musulmanes de al-Ándalus sino de los repobladores norteños y francos (de distintas procedencias europeas) que los sustituyeron. Por consiguiente, no hay continuidad étnica, cultural ni social, ni supervivencia de rasgos básicos de la Hispania islámica, por más que viajeros foráneos y españoles a la caza de pedigrees exóticos se hayan empeñado en hallarlos. Es cierto que algunos de los monumentos supervivientes (la Alhambra, la Giralda, la Mezquita de Córdoba), por su enorme impacto visual, pueden inducir a extraer conclusiones equivocadas; y no lo es menos que el cien por cien no existe en nada. Es decir, después de las expulsiones hubo mudéjares y moriscos que, o bien no salieron, o bien regresaron de modo encubierto y, por supuesto, proclamándose cristianos, pero su número imposible de cuantificar en cualquier caso debió ser exiguo, tanto por las dificultades de movimiento y comunicación como por las graves penas que arrostraban los contraventores.
   
En el momento del gran avance de la Reconquista en el siglo XIII, en las principales ciudades (Sevilla, Córdoba) se forzó a los pobladores musulmanes a abandonarlas, mientras se permitía la permanencia en las áreas rurales, sobre todo de Sevilla y Huelva, hasta la gran revuelta de 1264 en que se comenzó la repoblación también de esos territorios, así como de Murcia, por la falta de confianza que suscitaban los moros restantes y su negativa fija a integrarse en la sociedad cristiana. Hay que aclarar que la despoblación de musulmanes vino, desde el siglo XIII hasta el XVII, por dos vías diferentes pero complementarias: coerción por parte de los conquistadores cristianos (directa, o indirecta por medio de impuestos insostenibles) y abandono voluntario por no querer los musulmanes quedar bajo dominio cristiano. Las fatwas -cuyo paradigma son las de al-Wansarisi ya citado- en este sentido influyeron no poco en la decisión de marchar y el lento despoblamiento del sur durante los siglos XIV y XV conduce a que en los albores del siglo XVI los musulmanes (mudéjares) del reino de Castilla sólo sumaban unas 25.000 almas y en Andalucía occidental unas 2000.
  
A partir de la toma de Granada en 1492 la política de la Corona alternó medidas de facilitar la salida voluntaria con la prohibición de hacerlo y, finalmente, con el decreto de expulsión (1609). La actitud de los musulmanes, por razones fáciles de comprender, tampoco estaba bien definida ni era unívoca y mientras unos se apegaban a la tierra, a sus negocios y propiedades, otros se fugaban en masa hacia el norte de África. La interdicción de emigrar de 1500 o de que los moriscos viviesen cerca del mar (obligándoseles sí como la paralela a portar salvoconductos para andar por las riberas) no pudieron impedir que numerosos pueblos de Málaga, Granada, Almería, Valencia, Alicante se escaparan enteros, por lo general con la ayuda de los piratas berberiscos. Sin embargo, la gran sublevación de las Alpujarras (1568) forzó a otro cambio de rumbo, esta vez decisivo: se empezó a sopesar algo hasta entonces rechazado: la expulsión de los subsistentes, consumada entre 1609 y 1614. El resultado fue la repoblación con norteños y la desaparición de vestigios vivos que pudieran remontarse al pasado, un proceso, en todo caso, mucho más lento que el de la volatilización de los cristianos neolatinos tras la conquista musulmana del norte de África. Por último, y para acabar de delinear el panorama, debemos recordar algo que con mucha frecuencia se pasa por alto: los movimientos de población, en todos los sentidos de la Rosa de los Vientos, dentro de España a lo largo de los siglos XVIII y XIX fueron constantes, por trashumancia, minería, trabajo agrícola estacional. Y, finalmente, por la industrialización del siglo XX. De ahí que la cohesión étnica y cultural de España sea un hecho irrebatible, por más que mitos de una u otra procedencia traten de crear impresiones más próximas a la fantasía que a cuanto podemos estudiar y observar.

*Serafín Fanjul García es catedrático de Literatura árabe en la Universidad Autónoma de Madrid.
 
NOTAS
(1) Edmundo de Amicis, España. Diario de viaje de un turista escritor. P. 241 y ss. Madrid, 2000.
(2) Ibidem, p. 248.
(3) Pedro Antonio de Alarcón, Diario de un testigo de la guerra de África, 1860, vol I, p. 214, Madrid, 1942.
(4) C. Sánchez Albornoz, El islam de España y el Occidente, p. 65-66. Madrid, 1974.
(5) De hecho, jefes de la comunidad cristiana que dependían directamente del emir.
(6) Ibn ‘Abdun, Sevilla a comienzos del siglo XII (Tratado de hisba), p. 150. Madrid, 1948.
(7) Ibidem, p. 154.
(8) Ahmad ibn al-Wansarisi, Al-mi’yar al-mu’rib wa-l-yami’ al-mugrib ‘an fatawi ahl al-Andalus wa-l-Magrib (La norma clara. Compilación histórica de opiniones legales en al-Ándalus y el Magreb), vol. VI, p. 421. Rabat-Beirut, 1981.

jueves, 6 de enero de 2011

PRUEBAS CIENTÍFICAS DE LA EXISTENCIA DE LOS REYES MAGOS

Desde Congregación Obispo Alois Hudal
  
Adoración de los Reyes Magos (Pietro Perugino)
  
Los Reyes Magos no son personajes creados por siglos de tradición cristiana. Su existencia, además de quedar bien testimoniada en el Evangelio, ahora es documentada por los descubrimientos arqueológicos.
  
Esta curiosa y extraordinaria revelación se encuentra contenida en una tablilla, en la que se han acuñado caracteres cuneiformes. Se trata de un auténtico documento astronómico y astrológico (entonces las dos disciplinas eran hermanas gemelas) que revela la existencia de una conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis en el año 7 antes de Cristo.
  
Los Evangelios enmarcan el nacimiento de Jesús en tiempos del censo del imperio ordenado por César Augusto, cuando Quirino era gobernador de Siria, y en los últimos años del rey Herodes, quien falleció en el mes de marzo del año 4 a.C. Para los historiadores, Jesús nació unos siete años antes del año «0». El evangelista Mateo (2, 2) pone en relación el evento de Belén con la aparición de una estrella particularmente luminosa en el cielo de Palestina. Y es precisamente en este momento en el que la tablilla de arcilla ofrece un testimonio particular.
  
Existen muchas hipótesis sobre la estrella que vieron los magos ("μάγοι" en griego era la palabra con que se denominaba a la casta de sacerdotes persas y babilonios que se dedicaban al estudio de la astronomía y de la astrología) y que les llevó a afrontar un viaje de unos mil kilómetros con el objetivo de rendir homenaje a un recién nacido.
  
El 17 de diciembre de 1603, Johannes Kepler, astrónomo y matemático de la corte del emperador Rodolfo II de Habsburgo, al observar con un modesto telescopio desde el castillo de Praga el acercamiento de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis, se preguntó por primera vez si el Evangelio no se refería precisamente a ese mismo fenómeno. Hizo concienzudos cálculos hasta descubrir que una conjunción de este tipo tuvo lugar en el año 7 a.C. Recordó también que el famoso rabino y escritor Isaac Abravanel (1437-1508) había hablado de un influjo extraordinario atribuido por los astrólogos hebreos a aquel fenómeno: el Mesías tenía que aparecer durante una conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis. Kepler habló en sus libros de su descubrimiento, pero la hipótesis cayó en el olvido perdida entre su inmenso legado astronómico.
  
Faltaba una demostración científica clara. Llegó en 1925, cuando el erudito alemán P. Schnabel descifró anotaciones neobabilonias de escritura cuneiforme acuñadas en una tabla encontrada entre las ruinas de un antiguo templo del sol, en la escuela de astrología de Sippar, antigua ciudad que se encontraba en la confluencia del Tigris y el Éufrates, a unos cien kilómetros al norte de Babilonia. La tablilla se encuentra ahora en el Museo estatal de Berlín.
  
Entre los numerosos datos de observación astronómica sobre los dos planetas, Schnabel encuentra en la tabla un dato sorprendente: la conjunción entre Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis tiene lugar en el año 7 a.C., en tres ocasiones, durante pocos meses: del 29 de mayo al 8 de junio; del 26 de septiembre al 6 de octubre; del 5 al 15 de diciembre. Además, según los cálculos matemáticos, esta triple conjunción se vio con gran claridad en la región del Mediterráneo.
  
Si este descubrimiento se identifica con la estrella de Navidad de la que habla el Evangelio de Mateo, el significado astrológico de las tres conjunciones hace sumamente verosímil la decisión de los Magos de emprender un largo viaje hasta Jerusalén para buscar al Mesías recién nacido. Según explica el prestigioso catedrático de fenomenología de la religión de la Pontificia Universidad Gregoriana, Giovanni Magnani, autor del libro «Jesús, constructor y maestro» («Gesú costruttore e maestro, Cittadella, Asís, 1997), «en la antigua astrología, Júpiter era considerado como la estrella del Príncipe del mundo y la constelación de Piscis como el signo del final de los tiempos. El planea Saturno era considerado en Oriente como la estrella de Palestina. Cuando Júpiter se encuentra con Saturno en la constelación de Piscis, significa que el Señor del final de los tiempos se aparecerá este año en Palestina. Con esta expectativa llegan los Magos a Jerusalén, según el Evangelio de Mateo 2,2». «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle» preguntan los magos a los habitantes de Jerusalén y después a Herodes.
  
La triple conjunción de los dos planetas en la constelación de Piscis explica también la aparición y la desaparición de la estrella, dato confirmado por el Evangelio. La tercera conjunción de Júpiter y Saturno, unidos como si se tratara de un gran astro, tuvo lugar del 5 al 15 de diciembre. En el crepúsculo, la intensa luz podía verse al mirar hacia el Sur, de modo que los Magos de Oriente, al caminar de Jerusalén a Belén, la tenían en frente. La estrella parecía moverse, como explica el Evangelio, «delante de ellos» (Mt 2, 9).

domingo, 2 de enero de 2011

HAY UN SOLO BAUTISMO (NO TRES) PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS

Dice el Credo de Nicea "Confieso que hay UN SOLO BAUTISMO para el perdón de los pecados"

Se define el dogma católico que sólo hay un bautismo. Por eso el Credo dogmático de Nicea, profesado, históricamente, todos los domingos en el rito romano, se lee: «Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados». Y este dogma de que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados viene de Nuestro Señor y de los Apóstoles. Se afirma por San Pablo en Efesios 4:5: «Un Señor, una fe, un bautismo». ¿Podría ser posible que haya más de un bautismo para el perdón de los pecados cuando los católicos han profesado y creído durante 2000 años que sólo hay una? No.
Papa Pío XI, Quas Primas (# 8), 11 de dic. de 1925: “En esta perpetua alabanza a Cristo Rey descúbrase fácilmente la armonía tan hermosa entre nuestro rito y el rito oriental, de modo que se ha manifestado también en este caso que la ley de la oración constituye la ley de la creencia.”

A lo largo de la historia muchos papas han reafirmado expresamente esta regla de fe: que sólo hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Credo de Nicea-Constantinopla, 381, ex cathedra: “Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.”

Papa San Celestino I, Concilio de Éfeso, 431: “Después de haber leído estas frases santas y encontrarnos en acuerdo (pues como solo «uno es el Señor, una fe, un bautismo» [Ef. 4:5]), Nos han dado gloria a Dios, que es el salvador de todos...

Papa San León IX, Congratulámur Vehémenter, 13 de abril de 1053: “Creo que hay una sola verdadera Iglesia, Santa, Católica y Apostólica, en la que se da un solo bautismo y verdadera remisión de todos los pecados.”

Papa Bonifacio VIII, Unam sanctam, 18 de nov. de 1302, ex cathedra: “Una sola es mi paloma, una sola es mi perfecta… representa un solo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la cabeza de Cristo, Dios. En ella hay «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo» [Ef. 4,5].”

Papa Clemente V, Concilio de Vienne, Decreto # 30, 1311-1312, ex cathedra: “Sin embargo, desde que hay una Iglesia universal, fuera de cual no hay ninguna salvación para ambos regulares y seglares, para superiores y súbditos, para exentos y no exentos, en quien todos hay un Señor, una fe, y un bautismo...”

Papa Pío VI, Inscrutábile (# 8), 25 de dic. de 1775: “… Nos le exhortamos y aconsejamos que sean todos de un mismo sentir y en armonía en su esfuerzo para el mismo objeto, al igual que la Iglesia tiene una sola fe, un bautismo, y un solo espíritu.

Papa León XII, Ubi Primum (# 14), 5 de mayo de 1824: “Porque por esta fe divina nosotros sostenemos «un Señor, una fe, un bautismo», y que no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, excepto el nombre de Jesucristo en la que podamos ser salvos. Por esta razón Nos profesamos que no hay salvación fuera de la Iglesia.

Papa Pío VIII, Tradíti Humilitáti (# 4), 24 de mayo de 1829: “Frente a estos sofistas con experiencia se le debe enseñar al pueblo que la profesión de la fe católica es la única verdadera, como proclama el Apóstol: «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo» (Efesios 4:5).”
Papa Gregorio XVI, Mirári Vos (# 13), 15 de agosto de 1832: “Si dice el Apóstol que hay «un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo» (Ef. 4:5), entiendan, por lo tanto, los que piensan que por todas partes se va al puerto de salvación.”

Papa León XIII, Graves de commúni re (# 8), 18 de ene. de 1901: “Esta es la doctrina del Apóstol: Un cuerpo y un espíritu, como fuisteis llamados en una esperanza de vuestra devoción. Un Señor, una fe, un bautismo…”

El decir que hay «tres bautismos», que por desgracia muchos así lo hacen, es herético. Sólo hay un solo bautismo, que se celebra en el agua (de fide).
Papa Clemente V, Concilio de Vienne, 1311-1312, ex cátedra: “Además ha de ser por todos fielmente confesado un bautismo único que regenera a todos los bautizados en Cristo, como ha de confesarse: «un solo Dios y una fe única» [Eph. 4, 5]; que se celebra en el agua en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, creemos ser comúnmente, tanto para los niños como para los adultos, perfecto remedio de salvación.”

Aquí el Papa Clemente V define como un dogma que ha de ser por todos fielmente confesado UN BAUTISMO ÚNICO, que se celebra en el agua. Esto significa que todos los católicos deben profesar un bautismo de agua, no tres bautismos: de agua, de sangre y de deseo. Al confesar «tres bautismos», y no uno, es de contradecir el dogma católico definido. ¿Esos que creen que hay tres bautismos (agua, sangre y deseo) alguna vez se han preguntado por qué innumerables papas han profesado que sólo hay un bautismo, y ni uno solo de ellos han tomado la molestia de decirnos acerca de los llamados «otros dos»?

domingo, 19 de diciembre de 2010

"Le Retour des Princes Français à Paris" HIMNO NACIONAL DE FRANCIA


"Le Retour des Princes Français à Paris" (El Retorno de los Príncipes a París) fue el Himno Nacional de Francia durante la Restauración Borbónica (Retorno de la Casa de Borbón al Trono, desde 1814 a 1830), y es una insignia de la Resistencia Católica Monarquista de Francia.

Letra en Francés

La paix ramène
tous les princes français
chantons l'antienne,
aujourd'hui désormais
que ce bonheur tienne
Vive le roi! Vive la paix!

Vive la France
et les sages Bourbons
plein de clémence,
dont tous les coeurs sont bons!
la paix, l'abondance
viendront dans nos cantons.

Quelle joie extrême
Vive, vive d'Artois!
duc d'Angoulême!
chantons tous à la fois
Louis dix-huitième,
descendant de nos rois!

Le diadème
de France est pour un Roi,
notre voeu même
est la raison pourquoi,
oui, Louis nous aime,
Vive, vive le Roi!

Plus de tristesse,Vive, vive Louis!
princes, princesses,
nous sommes réjouis,
que les allégressesrègnent dans tous pays!

Traudcción al Español

La paz vuelve
los príncipes franceses
cantan el himno
hoy y en el futuro
que sean así de felices
¡Viva el rey! ¡Viva la paz!

Viva Francia
y los Borbones,
llenos de clemencia
¡y todos de buen corazón!
La paz, la abundancia
vendrán a nuestros cantones.

Que gran alegría
¡Viva, viva el Conde de Artois!
¡Duque de Angulema!
Cantemos todos a la vez
Luis dieciocho
¡descendiente de nuestros reyes!

La corona
de Francia es para un rey
nuestro mismo voto
es la razón por la que
Luis nos ama.

No más tristeza
¡Viva, viva Luis!
príncipes, princesas
nosotros nos regocijamos
¡Que la alegría
reine en todo el país!

EL TRABAJO MÁS HONESTO: LA AGRICULTURA (ARISTÓTELES)

Desde Núcleo de la Lealtad

La agricultura, la más honesta de las ocupaciones (Calendario Agrícola de Pedro Crescenzi, 1306)

ARISTÓTELES, Economía doméstica, Libro I. [1343 b] Capítulo 2. Partes que componen la entidad familiar y problemas que suscitan las relaciones entre ellas

Las partes componentes de una familia [1] son las existencias humanas y los bienes y efectos móviles o inmuebles. Y así como la familia no es una excepción a la regla de que la naturaleza de una cosa debe primeramente ser estudiada en su más escueta y simple forma, seguiremos a Hesíodo y comenzaremos por sentar este postulado:

Se necesita primero la casa y la finca, y una mujer; un robusto buey de labranza, para la tierra.

Porque el lugar tiene la precedencia entre nuestras necesidades físicas, y la mujer la tiene entre nuestros compañeros libres. Por esta razón uno de los cometidos del arte de la administración doméstica es el de establecer un orden en las relaciones mutuas entre el hombre y la mujer; en otras palabras: procurar que ello sea lo que debe ser.

De entre las ocupaciones que se dirigen a atender nuestras posesiones y bienes muebles, vienen en primer lugar las que son naturales. Entre esas ocupaciones, la precedencia corresponde a cualquiera que vaya dirigida al cultivo de la tierra; aquellas que, como la minería, van dirigidas a extraer la riqueza de su seno, ocupan el segundo lugar. La agricultura es la más honesta de todas estas ocupaciones; supuesto que la riqueza que ella produce no deriva de otros hombres. En esto se distingue del comercio y de los empleos asalariados, que adquieren la riqueza de otros por medio de su consentimiento; y de la guerra, que la saca por la fuerza y sujeción. Eso es también una ocupación natural, porque, por convenio de la naturaleza, todas las criaturas reciben el sostenimiento de sus madres, y el género humano, como los demás, lo recibe de su madre común, la tierra.

Además de todo eso, la agricultura contribuye notablemente a la formación del carácter verdaderamente viril, porque, contrariamente a las artes mecánicas, no estropea ni debilita los cuerpos de los que se dedican a ello, sino que los habitúa a la vida al aire libre y al trabajo y los vigoriza de cara a los peligros de la guerra. Porque las posesiones de los agricultores y granjeros, contrariamente a las de los demás hombres, están fuera de las defensas de la ciudad.

Nota

[1] El término «familia», en la antigüedad, comprende tanto los componentes humanos de la misma en sentido amplio –parientes, trabajadores, esclavos–, como los bienes materiales de cualquier clase que hacen posible y garantizan la vida y prosperidad del conjunto. En la traducción nos atenemos siempre, para la palabra «familia», a esta acepción amplia del término [Francisco de P. Samaranch].

Fuente

Aristóteles, Obras. Aguilar S.A. ediciones (Segunda edición –primera reimpresión– 1973), p. 1378.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Mons. MARCEL LEFEBVRE DENUNCIÓ EL VATICANO II

Desde RADIO CRISTIANDAD vía ESPADA CATÓLICA

Mons. Marcel Lefebvre, defensor de la Tradición Católica

Original en francés:
De même que l’Israël de l’Ancien Testament a eu une histoire bien troublée á cause d’infidélités continuelles vis-à-vis de Dieu, bien souvent œuvres de ses chefs et de ses lévites, ainsi l’Eglise militante dans ce monde connait sans cesse des périodes d’épreuves á cause de l’infidélité de ses clercs, par leurs compromissions avec le monde.

Plus les scandales viennent de haut et plus ils provoquent de désastres. Certes, l’Eglise en elle-même garde toute sa sainteté et ses sources de sanctification, mais l’occupation de ses institutions par des papes infidèles, et par des évêques apostats, ruine la foi des clercs et des fidèles, stérilise les Instruments de la grâce, favorise les assauts de toutes les puissances de l’Enfer qui semblent triompher.

Cette apostasie fait de ces membres des adultères, des schismatiques opposés á toute tradition, en rupture avec le passé de l’Eglise et donc avec l’Eglise d’aujourd’hui, dans la mesure où elle demeure fidèle á l’Eglise de Notre-Seigneur. Tout ce qui demeure fidèle á la véritable Eglise est l’objet de persécutions sauvages et continuelles.


Mais nous ne sommes pas les premiers persécutés par de faux frères pour avoir gardé la foi et la tradition; le Martyrologe nous l’enseigne tous les jours. Plus la sainte Eglise est outragée, plus nous devons nous attacher á Elle, corps et âme, plus nous devons nous efforcer de la défendre et lui assurer sa continuité en puisant dans ses trésors de sainteté pour reconstruire la Chrétienté.
 

Traducción al español:

Así como el Israel del Antiguo Testamento tuvo una historia bien turbulenta por causa de sus continuas infidelidades a Dios, muchas veces obras de sus jefes y de sus levitas, así también la Iglesia militante en este mundo conoce sin cesar períodos de pruebas por causa de la infidelidad de sus clérigos, por sus compromisos con el mundo

Cuanto de más arriba vienen los escándalos, tantos más desastres provocan. Cierto es que la Iglesia en sí misma conserva toda su santidad y sus fuentes de santificación, pero la ocupación de sus instituciones por papas infieles, y por obispos apóstatas, arruina la fe de los clérigos y de los fieles, esteriliza los instrumentos de la gracia, favorece los asaltos de todas las potencias del Infierno, que parecen triunfar.

Esta apostasía hace de estos miembros adúlteros, cismáticos opuestos a toda tradición, en ruptura con el pasado de la Iglesia y, por lo tanto, con la Iglesia de hoy, en la medida en que ella permanece fiel a la Iglesia de Nuestro Señor. Todo aquello que permanece fiel a la verdadera Iglesia es objeto de persecuciones salvajes y continuas.

Pero no somos los primeros perseguidos por falsos hermanos por haber conservado la fe y la tradición; el Martirologio nos lo enseña todos los días. Cuanto más ultrajada es la Iglesia, tanto más debemos aferrarnos a Ella, en cuerpo y alma, más debemos esforzarnos por defenderla y asegurarle su continuidad, abrevando en sus tesoros de santidad para reconstruir la Cristiandad.

martes, 30 de noviembre de 2010

ORACIÓN DE DESAGRAVIO AL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR

Oración de nuestra autoría, con el deseo de reparar por los sacrilegios que se cometen contra el Santísimo Sacramento (especialmente por culpa y con ocasión del Novus Ordo Missæ).
Señor Jesucristo, que por nuestra redención diste tu vida en la Cruz y nos dejaste en el Santísimo Sacramento un signo verdadero de tu presencia, yo te amo y quisiera haberte amado sobre todas las cosas; pero con mis pecados y las blasfemias y sacrilegios que algunos lanzan contra Ti en este Sacramento han aumentado más tus heridas, y me hice indigno de tu clemencia y merecedor por tanto de los castigos del infierno. Pero desde hoy quiero ofrecerme como hostia viviente de expiación por los ultrajes y sacrilegios que padeces en el Sagrario, para mitigar el dolor que ellos te causan.
   
Mas como soy indigno de tu Divina Majestad, acudo a la intercesión poderosa de tu santísima Madre, la Bienaventurada Virgen María, que permanece como Adoratriz perpetua ante Ti, para que por medio de Ella mi humilde y sincera oblación sea hallada perfecta, espiritual y digna de Ti; y persevere en esta actitud hasta la muerte para que pueda un día honrarte con todos tus Ángeles y Santos en el Cielo por toda la eternidad. Amén.
   
Te adoro y te bendigo, oh Señor Jesucristo, porque redimiste al mundo con tu Cruz.

jueves, 18 de noviembre de 2010

DE LA TIBIEZA ESPIRITUAL

¿Qué es la tibieza?

La tibieza es sentir apatía hacia lo espiritual

La tibieza consiste en un relajamiento espiritual: frena las energías de la voluntad y retarda pesadamente los movimientos del vivir cristiano. Se caracteriza por la aridez del espíritu frente a las cosas de Dios. Muchas veces, es una aridez consciente, como quien estando en un cuarto donde hace mucho frío y teniendo un fuego en la chimenea, la persona no se acerca a él. Siente el frío, pero no tiene el ánimo ni el coraje para acercarse al calentador.

Síntomas:


  • Desaliento o frialdad de la indiferencia: Se apodera de la voluntad en forma paulatina hasta hacerla caer en un estado de terrible indiferencia.
  • La relajación del espíritu: El jóven y el adulto vanidosos y hambrientos de notoriedad, se convierten, especialmente, en presas fáciles de este letargo o conformismo. 
  • El individuo se conforma con valores, actitudes y comportamientos lejanos del ideal cristiano. Entre las posibles clases de conformismo podemos distinguir el conformismo de las costumbres y el de las ideas. Pero los actos pecaminosos no son peores que la ociosidad. Si no incurrimos en hacer el mal, pero nos reclinamos cómodamente en nuestras sillas, y permanecemos inertes olvidando hacer el bien, caemos también en una forma de tibieza espiritual.
  • La necesidad de sastisfacciones inferiores: La persona siente un gran disgusto al hacer las cosas que anteriormente le llenaban de satisfacción: la oración, leer la Biblia, evangelizar, mostrar los frutos del espíritu etc. Empieza a claudicar y cambia sus valores por otros menos valiosos.
  • Cuando la persona consagrada no vive por convicción interna sino por miedo a defraudar la imagen proyectada por otros en ella; cuando se hacen las cosas solo por ganarse la estima de alguien, cuando el valor y la convicción personal son deficientes...la persona actúa por respeto humano, por el qué dirán, y eso es un cristianismo de apariencias. Un cristianismo que se trata de aparentar un día a la semana... pero no se vive con convicción el resto de la semana.Congregaciones enteras pueden estar en esta condición, como fue el caso de Laodicea en los días de Juan. Vida fácil, comodidad y placer eran cosas a las que aquellos cristianos estaban acostumbrados.

La Biblia nos dice: Todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución. ¿Por qué entonces parece adormecida la persecución en nuestros días?. El único motivo es que la iglesia se ha conformado a las reglas del mundo y por lo tanto no despierta oposición." Si el cristianismo es aparentemente tan popular en el mundo, ello se debe tan sólo al espíritu de transigencia, a que las grandes verdades de la Palabra de Dios son miradas con indiferencia y a la poca piedad vital que hay en la iglesia. Revivan la fe y el poder de la iglesia primitiva y el espíritu de persecución revivirá también, y el fuego de persecución volverá a encenderse. 



  • El horror al sacrificio: En las vidas tibias, automáticamente queda fuera el espíritu de sacrificio. Todo cuanto implique sacrificio, renuncia, esfuerzo o lucha, queda descargado.
  • Otros síntomas:Fiebre de un temperamento iracundo / Inflamación de la lengua chismosa y calumniosa / Mal aliento del lenguaje profano / Palpitaciones de un corazón mundano / Falta de energía para trabajar por Cristo y por la verdad / Cabeza hinchada de orgullo / Laringitis que nos impide orar y compartir la fe con otros.Esta enfermedad se vuelve degenerante por que no nace de un día para otro. Todo comienza por detalles mínimos hasta llegarse a convertir en un hábito. Se vive con tranquilidad, y no se hace nada para salir de ella. La tibieza se convierte así en un proceso donde la conciencia se va apagando poco a poco hasta llegar al punto donde ya no reclama, donde todo lo justifica, donde ya sólo se ve la propia conveniencia.

Muchas de nuestras iglesias han dejado de ser hospitales para los enfermos espirituales y se han convertido en funeraria para los muertos espirituales. Muchas, así como dijera Jesús en Mateo 23 :27, están llenas "de huesos muertos y de toda inmundicia". Muchas otras son tan frías entre sus miembros como un congelador, abundando en ellas la crítica y la falta de misericordia. "Vibran iniquidad y vileza en Las iglesias; sin embargo, sus miembros profesan ser cristianos, la profesión que hacen, sus oraciones y sus exhortaciones, son abominación a la vista de Dios... el manto de la religión cubre los mayores crímenes e iniquidades. " 

"Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. Ojalá fueses frío o caliente. Por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente te vomitaré de mi boca. Porque tu dices: Yo soy rico y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por lo tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la verguenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé pues celoso y arrepiéntete. He aqui yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oíga lo que el Espíritu dice a las iglesias" (Apocalipsis 3: 15-22) 

En otras palabras, los cristianos invocan el nombre de Cristo, nombre que da vida; sin embargo, muchos de ellos yacen muertos o agonizantes . La iglesia de Sardis padecía de este mismo mal, encubría sus pecados. "Tienes nombre de que vives, y estás muerto". Apocalipsis 3:1.


No es necesario ser un asesino, un ladrón, un traficante de drogas, un adúltero o un criminal para ser transgresor de la ley de Dios. Podemos ofenderle, siguiendo como doctrinas mandamientos de hombres. El que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto se hace culpable de todos. (Santiago 2:10)

Todos hemos sido infectados con el virus del pecado, y si no aplicamos el tratamiento, este virus nos llevará a la muerte eterna (Romanos 3:23; 6:23). Cuando descuidamos la fe, dejamos de comer el pan de vida, dejamos de creer en Jesús y de beber el agua de la vida; como resultado, enfermamos espiritualmente. No existe una cura inmediata para la enfermedad espiritual. Jesús es el único remedio. Él es el médico supremo.

La iglesia es un hospital que necesita de los remedios divinos. Cristo nos ama a cada uno de nosotros y anhela ayudarnos. También está dispuesto a visitarnos en nuestra propia casa. En Apocalipsis 3: 20 leemos que él está a la puerta y llama. ¿Le permitiremos entrar?


Dice Jesús, Divino Redentor: "Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo."

martes, 16 de noviembre de 2010

¡AH! SI YO HUBIERA ESTADO ALLÍ

Desde Agencia FARO


Cuentan que Clodoveo, tras conocer la pasión de Nuestro Señor, exclamó "¡Ah! ¡Si yo hubiera estado allí con mis francos!". Todos hemos tenido en nuestros años infantiles y mozos esta misma reacción, tan  ingenua como natural, ante la pasividad de quienes asisten a injusticias o crueldades flagrantes, sin mover un dedo ¿Quién de nosotros no ha pensado "¡ah! si yo hubiera estado allí" al oír hablar de la quema de conventos, del linchamiento de religiosos o de las profanaciones públicas de lugares sagrados?

Lo mismo nos pasa, en cierta medida, con las generaciones que han precedido a los grandes desastres de nuestra historia: ¿Cómo pudieron los habitantes de la España visigoda permitir la invasión musulmana, sin apenas resistencia? ¿Acaso no nos sublevamos también ante la inacción de quienes permitieron la Segunda República o consintieron con la "transición" hace tan pocos años? "¡Ah! Si yo hubiera estado allí".

Pues, no te quepa la menor duda: hoy estás allí. Allí donde puedes demostrar tu capacidad de entrega y sacrificio. Basta con mirar alrededor, hoy que en nuestra patria, los poderes liberales y socialistas destruyen cuanto queda de sanas costumbres, se aprestan a fragmentar nuestra patria y emplean todos sus medios para desarraigar los últimos restos de catolicismo. Basta con ver, en calles y barrios, cómo crece la marea islámica, dispuesta a dominar nuestra sociedad con su ley cruel y primitiva, haciendo valer hipócritamente los supuestos derechos humanos, que ellos mismos desprecian. Basta ver cómo a tantos eclesiásticos, que empiezan a sentir consternación por todo ello, en vez de animar a los católicos, no se les ocurre sino "ir al encuentro de la laicidad" y promover un "multiculturalismo no fundamentalista". Palabrería vana que sólo sirve para acrecentar la perplejidad de los fieles y regocijar a socialistas, separatistas e islamistas.

Frente a estos peligros inminentes --y no son los únicos-- sólo cabe volver a la doctrina sintetizada en el lema de Dios, Patria Fueros y Rey. Doctrina que reúne la sabiduría clásica de occidente con la Revelación Cristiana, y bajo cuya inspiración han podido los españoles mantener la fe, la unidad y la independencia de su patria, tanto contra las tendencias disgregadoras y totalitarias, como contra el siempre amenazador poder musulmán. Melchor Ferrer decía que las épocas de debilitación del carlismo siempre han coincidido con los mayores avances de la revolución y han precedido a los grandes desastres españoles en los últimos siglos. Y, presentados los ejemplos de la revolución de 1854, de 1868 y de la Segunda República, concluye: "mayor es el período de crisis del carlismo y mayor es el estrago revolucionario. Esto es lo que enseña la historia". Si es verdad lo que dice el egregio historiador, los males que nos acechan deben de ser gravísimos, porque el carlismo arrastra una larguísima crisis, que la Comunión Tradicionalista se ha propuesto superar. Para ello tiene el carlismo que fortalecerse y propagarse, pues las nuevas generaciones lo desconocen por completo. En vuestras manos está hacerlo, porque la falta de esfuerzo en los carlistas y la ausencia de medios son las causas de tanta limitación.


Volvamos a la ingenuidad juvenil que deseaba "estar allí"; depurémosla de todo afán de notoriedad y entreguemos esfuerzo, trabajo y bienes, conforme a nuestras posibilidades. Porque, sea cual fuere el resultado, no hallará el alma mejor bálsamo en las futuras tribulaciones que decir: "cuanto pude hice; a nada más se me podía obligar".

lunes, 15 de noviembre de 2010

MENSAJES SOBRE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS

Profecía de Nuestra Señora de La Salette (Francia, 1846)


«Melanie, esto que yo te voy a decir ahora no será siempre secreto; puedes publicarlo en 1858: Los Sacerdotes, Ministros de mi Hijo, los Sacerdotes..., por su mala vida, por sus irreverencias e impiedad al celebrar los santos misterios, por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza. ¡Sí!, los Sacerdotes piden venganza y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los sacerdotes y personas consagradas a Dios que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a Mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al Cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no se encuentra nadie que implore misericordia y perdón para el Pueblo. Ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la víctima sin mancha al Eterno, en favor del mundo. Dios va a castigar de una manera sin precedentes.

¡Ay de los habitantes de la Tierra...! Dios va a derramar su cólera y nadie podrá sustraerse a tantos males juntos. ¡Los jefes, los conductores del Pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la serpiente antigua poner divisiones entre los soberanos, en las sociedades y en las familias. ...

La sociedad está en vísperas de las más terribles calamidades y los más grandes acontecimientos. Se verá obligada a ser gobernada por una vara de hierro y a beber el cáliz de la cólera de Dios. Que el Vicario de mi Hijo, el soberano Pontífice Pio IX, no salga ya de Roma después del año de 1859; pero que sea firme y generoso; que combata con las armas de la fe y del amor. Yo estaré con él. ... Italia será castigada por su ambición de querer sacudir el yugo del Señor de los Señores. ...

La sangre correrá por todas partes. Las Iglesias serán cerradas o profanadas. Los Sacerdotes y religiosos serán perseguidos. ... Muchos abandonarán la Fé, y el número de sacerdotes que se separarán de la verdaderea religión será grande; entre estas personas se encontrarán incluso Obispos. Que el Papa se ponga en guardia contra los obradores de milagros, pues llega el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar en la tierra y en los aires. ... Lucifer, con gran número de demonios, serán desatados del Infierno; abolirán la fe, aún entre las personas consagradas a Dios. ... Muchas casas religiosas perderán completamente la fe y perderán a muchísimas almas. Los malos libros abundarán en la Tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios. Habrá Iglesias para servir a esos espíritus. ... ¡Ay de los príncipes de la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a amontonar riquezas, a poner a salvo su autoridad y dominar con orgullo...!

El Vicario de mi Hijo tendrá mucho que sufrir, porque por un tiempo la Iglesia será entregada a grandes persecuciones. Esta será la hora de las tinieblas. La Iglesia tendrá una crisis espantosa. Dado el olvido de la santa Fe en Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. ...

El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida, sin poder poner fin a sus días; pero ni él ni su sucesor verán el triunfo de la Iglesia de Dios.

Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso para dar lugar al materialismo, al ateísmo, ... a toda clase de vicios. Que los que estén al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor de los placeres carnales se extenderán por toda la Tierra.

Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá por las calles; el francés luchará contra el francés, el italiano contra el italiano... habrá una guerra universal que será espantosa. Por algún tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, porque el Evangelio de Cristo no es ya conocido.

Los malvados desplegarán toda su malicia. Al primer golpe de su espada fulminante las montañas y la naturaleza temblarán de espanto, porque los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los Cielos. París será quemado, y Marsella engullida. Varias grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos. Se creerá que todo está perdido. No se verán más que homicidios, no se oirá más que ruido de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho, sus oraciones, su penitencia y sus lágrimas subirán hasta el Cielo y todo el Pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia e implorarán su ayuda e intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de justicia y de su gran misericordia con los justos, mandará a sus ángeles que destruyan a todos sus enemigos.

Los perseguidores de la Iglesia de Cristo y los hombres dados al pecado perecerán de golpe, y la Tierra quedará como un desierto. Entonces será la paz, la reconciliación de Dios con los hombres; Jesucristo será servido, adorado y glorificado. La caridad florecerá en todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todas partes y los hombres harán grandes progresos en la fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el temor de Dios.» ...

«La Tierra será castigada con todo género de plagas. Habrá guerras, hasta la última que la harán los diez reyes del anticristo, los cuales tendrán todos un mismo plan, y serán los únicos que gobernarán al mundo. Antes que eso suceda, habrá una especie de falsa paz en el mundo; no se pensará más que en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados.

Pero los hijos de la Santa Iglesia, los hijos de la fe, mis verdaderos imitadores, creerán en el amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. Dichosas las almas humildes guiadas por el Espíritu Santo, Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud de la edad.

La naturaleza clama venganza contra los hombres, y tiembla de espanto en espera de lo que debe suceder en la Tierra encharcada de crímenes. Temblad Tierra, y vosotros que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que interiormente os adoráis a vosotros mismos, ¡temblad!, pues Dios va a entregaros a sus enemigos, porque los lugares santos están en la corrupción. Muchos conventos no son ya casa de Dios, sino pastizales de Asmodeo.

Durante este tiempo nacerá el anticristo. ... Hará prodigios y no se alimentará sino de impurezas. ... Se cambiarán las estaciones... Los astros perderán sus movimientos regulares. La luna no reflejará más que una débil luz rojiza. El agua y el fuego causarán en el globo terrestre movimientos convulsivos y horribles terremotos. ...

ROMA perderá la Fé y se convertirá en la sede del anticristo. Los demonios del aire, con el anticristo, harán grandes prodigios en la Tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán más y más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad. El Evangelio será predicado por todas partes. Todos los pueblos y todas las naciones conocerán la verdad. Hago una apremiante llamada a la Tierra, llamo a los verdaderos discípulos del Dios que vive y reina en los Cielos, llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho hombre, el único y verdadero salvador de los hombres.

Llamo a mis hijos, a mis verdaderos devotos, a los que se me han consagrado a fin de que los conduzca a mi Divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en mis brazos, los que han vivido de mi espíritu. Finalmente... Llamo a los Apóstoles de los Últimos Tiempos; los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios. En el sufrimiento, y desconocidos del mundo. Ya es hora que salgan y vengan a iluminar la Tierra: Id y mostraos como mis hijos queridos, yo estoy con vosotros y en vosotros, con tal que vuestra fe sea la luz que os ilumine en esos días de infortunio. ..

Luchad hijos de la luz, vosotros pequeño número... pues ya está aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines. La Iglesia se oscurecerá, el mundo quedará consternado.

Pero he ahí ENOC y ELÍAS, llenos del espíritu de Dios; predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas. Harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo, y condenarán los errores diabólicos del anticristo. ¡Ay de los habitantes de la Tierra...! Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un granizo espantoso... ...

Tempestades que destruirán ciudades, terremotos que engullirán países; se oirán voces en el aire; los hombres se golpearán la cabeza contra los muros, llamarán a la muerte. ... La sangre correrá por todas partes. ¿Quién podrá resistir si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y oraciones de los justos, Dios se dejará aplacar. Enoc y Elías serán muertos. Roma pagana desaparecerá; caerá fuego del cielo y consumirá tres ciudades; el universo entero estará preso del terror, y muchos se dejarán seducir por no haber adorado al verdadero Cristo, que vivía entre ellos.

Ha llegado el tiempo. El sol se oscurece, solo la fé vivirá. Aquí está el tiempo. El abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. Aquí está la bestia con sus súbditos, llamándose el salvador del mundo. Se elevará con orgullo por los aires para subir hasta el Cielo; será sofocado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá.

Y la Tierra, que llevará TRES DÍAS en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego. Será hundido para siempre, (el anticristo), con todos los suyos, en los abismos eternos del infierno. Entonces el agua y el fuego purificarán y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado. Dios será servido y glorificado».

domingo, 31 de octubre de 2010

GUATEMALA PASARÁ A SER UNA NACIÓN PROTESTANTE

Desde SOCIEDAD RELIGIOSA SAN LUIS REY DE FRANCIA. Vía APOSTOLADO CABALLERO DE LA INMACULADA.
   

Guatemala parece perfilarse como la primera nación de Latinoamérica en la que el catolicismo cederá su lugar como religión mayoritaria. El avance del protestantismo, especialmente de las iglesias pentecostales, más que los protestantes históricas (luteranismo, presbiterianismo, etc.) es un fenómeno cultural en toda Latinoamérica.

El protestantismo llegó al país centroamericano a mediados del siglo XIX. Pero desde esa época hasta 1976 los miembros de las iglesias evangélicas eran en su inmensa mayoría pobres y constituían menos del 2% de la población. En 1976 un sismo asoló Guatemala tras lo cual muchas denominaciones religiosas con sede en Estados Unidos enviaron misiones de ayuda a los damnificados y terminaron por establecerse en el país. De estas misiones surgieron varias iglesias bajo el liderazgo de pastores guatemaltecos que habían sido educados en seminarios norteamericanos. Estos grupo rápidamente hicieron uso de los medios de comunicación, como el pastor Cash Luna de la iglesia Casa de Dios, que con 16 mil feligreses, considerada la mayor denominación evangélica de Guatemala. Hoy su iglesia tiene una red de 25 emisoras en todo el país.

Para 1981 los evangélicos ya eran el 6%, y veinte años después ya se acercaban al 40%, ya en el 2009 los evangélicos llegaron al 50%. En Guatemala la religión tradicional maya que es politeísta tiene un porcentaje del 1%. La práctica de la religión tradicional indígena aumentó como consecuencia de las protecciones culturales establecidas bajo los acuerdos de paz, existiendo ahora grupos religiosos indígenas donde tienes sus propios sacerdotes mayas, principalmente en el occidente del país. Últimamente el gobierno ha instituido una política de proveer altares en cada ruina Maya encontrada en el país, de modo que puedan ser realizadas las ceremonias tradicionales por parte de estos grupos religiosos.

También existen pequeñas comunidades de judíos (aproximadamente 1,200 practicantes) que tienen sus propias sinagogas, musulmanes (también 1,200) con aproximadamente dos mezquitas en el país. Otros grupos también con representación en Guatemala son los mormones, Testigos de Jehová, y budistas.

Una muestra del impresionante crecimiento evangélico fundamentalista se evidencia con la construcción de templo gigantesco en el año de 2007 por la “Fraternidad Cristiana de Guatemala”. Este templo gigante tiene capacidad para 12.200 personas y que tuvo un costo de 30 millones de dólares. El megatemplo cuenta con un estacionamiento de siete plantas con 2.531 estacionamientos, además de aulas para tres mil niños y un centro juvenil para 600 personas.
   
Fotos de la megaiglesia de la “Fraternidad Cristiana de Guatemala”.
   
Esta nota de la Agencia de Comunicación Protestante muestra la reacción católica frente a la noticia de su perdida de feligresía en Guatemala:
   
   
Ante la evidente preocupación de la Iglesia Católica, la Iglesia Evangélica crece sin parar en Guatemala, donde el 50 % de la población creyente es ya protestante, mientras que los fieles católicos experimentan un notable descenso.
    
Guatemala es el primer país latinoamericano en el que los evangélicos pueden convertirse en mayoría. Es una de las conclusiones “alarmantes” que un organismo de la Iglesia Católica, la asociación denominada Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), ha dado a conocer.
    
“El dramático crecimiento de las sectas evangélicas”, puede acabar con el dominio del catolicismo según un estudio de la organización, que acusa a las iglesias evangélicas de atacar las enseñanzas católicas sobre la Virgen o el Papa.
    
“Nos hemos quedado sorprendidos por el enorme número de nuevas iglesias evangélicas que hemos visto durante nuestro viaje. Parecen surgir como hongos en todas partes”. Es una de las observaciones que hace el coordinador de proyectos de AIN para América Latina, Xavier Legorreta, después de haber visitado recientemente diez de las catorce diócesis católicas del Guatemala. AIN ha recorrido 3.000 km en 17 días para elaborar un informe en el que concluyen que el país es ya evangélico al 50 %.
   
Los católicos buscan causas de su crisis
¿Por qué esta importante aumento de las conversiones en las iglesias evangélicas? El análisis católico es el siguiente: las “sectas radicales” corrompen a la gente divulgando ideas que buscan atacar al catolicismo, como la negación de la autoridad del Papa, la no aceptación de las enseñanzas sobre la Virgen, y el continuo énfasis en los escándalos que afectan al clero católico.
    
A esto, siempre según la católica AIN, se añadiría que los evangélicos engañan a las capas sociales más pobres ofreciendo alimentos, medicinas y trabajo a cambio de su conversión. “Parece que lo que atrae a la gente hacia las sectas no sea una cuestión de fe sino una cuestión económica. Es la promesa de llegar a ser rico en seguida”, concluye el documento intentando dar una explicación al fenómeno que –en su visión– condena a los evangélicos.
   
Pero aunque se utilice estos argumentos como una causa que explicaría la crisis católica, sin embargo el propio informe reconoce que los supuestos grupos evangélicos más radicales son una minoría, y que la mayor parte de los evangélicos rechazan “la teología de la prosperidad”.
   
“Su mensaje es simple y claro”
Sea como sea, la rápida difusión de estas confesiones es “sorprendente”, reconoce la Iglesia Católica. “Los líderes evangélicos han abierto brecha indudablemente en la conciencia de las personas”, reconoce Legorreta. “Su mensaje es muy simple y claro. El cristianismo evangélico se ha promovido en todas partes –en televisión, en la radio, en grandes carteles–, incluso ante las farmacias en las calles principales”.
    
Tras su diagnóstico, AIN ha decidido impulsar entre los obispos guatemaltecos un proyecto que prevé la impresión y distribución de la Biblia (católica) en todo el país, una iniciativa que las iglesias evangélicas en todo el mundo llevan décadas promoviendo. (ACPress).