Mostrando entradas con la etiqueta Dr. Plinio Corrêa de Oliveira. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dr. Plinio Corrêa de Oliveira. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de julio de 2022

LAS ASOCIACIONES RELIGIOSAS DE OTRORA

Por el Canónigo Mons. José Luiz Marinho Villac para la revista CATOLICISMO (Agosto de 2013). Traducción tomada de la revista TESOROS DE LA FE.
    
Antes del Concilio Vaticano II, las parroquias estaban estructuradas de un modo muy diferente a lo que se ve hoy. Los católicos más fervorosos se reunían en asociaciones religiosas según su edad o devociones particulares. Así, estaba la Cruzada Eucarística Infantil, para los menores hasta los 15 años, con reuniones separadas para niños y niñas. Para los jóvenes mayores de 15 años estaban las Congregaciones Marianas, y para las señoritas las pías uniones de Hijas de María. Para ellas existían también las congregaciones marianas femeninas, aunque las pías uniones de Hijas de María eran más comunes. Un poco después surgió la Legión de María. Las damas casadas formaban Asociaciones del Sagrado Corazón de Jesús, Asociaciones de San José u otras, siendo común que una persona perteneciera al mismo tiempo a más de una asociación. Hombres casados constituían asociaciones del Santísimo Sacramento o continuaban en las Congregaciones Marianas. Las Conferencias de San Vicente de Paúl congregaban a hombres casados o solteros que se dedicaban al auxilio de familias pobres. Y así había varios tipos de organizaciones parroquiales, reunidas en general en confederaciones de ámbito diocesano. Además, las Ordenes religiosas solían crear “terceras órdenes”, constituidas por personas no obligadas al celibato, pero sujetas a la “primera orden” (de los sacerdotes) por un voto o promesa de obediencia. La “segunda orden” era la de las monjas.
    
Todas estas asociaciones tenían como finalidad la santificación de sus miembros, así como promover la aproximación de los católicos tibios a la práctica de los sacramentos y consecuentemente incitarlos a la observancia de los mandamientos de la Ley de Dios. Además, se entendía que la vida social, cultural, económica y política debía estar de acuerdo con los principios del Evangelio. La actuación de sus miembros no se restringía, pues, al ámbito interno de la Iglesia, sino que apuntaba a la constitución de un orden temporal cristiano. Hacían, por lo tanto, una obra de apostolado —o acción católica— en el más amplio sentido de la palabra.
     
Durante el pontificado de Pío XI (1922-1939), se crearon en todo el mundo organizaciones específicas denominadas Acción Católica. Había sectores para hombres y mujeres, así como para jóvenes estudiantes, universitarios o colegiales, e incluso para profesionales de diversas ramas, obreros, etc.
    
La pujanza de los movimientos católicos antes del Concilio era uno de los síntomas más expresivos de la influencia del clero en la sociedad. En la foto, la Cruzada Eucarística Infantil.
    
No tardó mucho en establecerse un conflicto con las organizaciones parroquiales de tipo tradicional, sea porque las organizaciones de Acción Católica reivindicaban la exclusividad del término “acción católica” —negándolo, por lo tanto, a las de tipo tradicional, que veían así restringido su campo de actuación al ámbito parroquial—, pero sobre todo porque las recién creadas venían imbuidas de ideas nuevas que chocaban con las prácticas, metas y métodos hasta entonces practicados por los católicos en general.

Las ideas nuevas se reflejaban especialmente en la posición preconizada con relación al mundo moderno, ya entonces bastante paganizado, que debería dejar de ser hostilizado por los católicos. Al contrario, los católicos deberían entrar en diálogo con el mundo laicizado, sin criticarlo e incluso adoptando muchas de sus costumbres y criterios morales, a fin de “convertir” a las personas que los adoptaban y atraerlas a la Iglesia.

Por ejemplo, en el Brasil, esas ideas llegaron alrededor de 1935, año en que fue oficialmente constituida la Acción Católica local. Tomados de un espíritu nuevo, optimista y exultante, sus miembros comenzaron a frecuentar los ambientes y diversiones del mundo, abandonando las precauciones recomendadas por la moral tradicional de la Iglesia. Para “llevar a Cristo” a esos ambientes, decían.

La meta última de tal procedimiento era, no siempre confesada, conciliar a la Iglesia con el mundo moderno. En la práctica, eso no conducía a nadie, o casi a nadie, a convertirse a la fe católica; en muchos casos llevaron a fieles que adoptaban esa táctica al abandono de la fe y de la moral católica...

EN DEFENSA DE LA ACCIÓN CATÓLICA
Considerando que tales concepciones y prácticas significaban una desfiguración del verdadero concepto de Acción Católica, Plinio Corrêa de Oliveira escribió, en 1943, el libro En Defensa de la Acción Católica, para prevenir a los católicos de los peligros a que ellas conducían. En su calidad de presidente de la Junta Arquidiocesana de la Acción Católica de São Paulo, cargo para el que fue nombrado por el arzobispo Mons. José Gaspar d’Afonseca y Silva, el referido libro, con un prefacio del Nuncio Apostólico en el Brasil, Mons. Bento Aloisi Masella, despertó a muchos para los peligros que corrían. Pero los adeptos de las nuevas doctrinas, muy afectos a ellas, mostraron públicamente su desacuerdo, desatándose una encendida controversia. Veinte arzobispos y obispos manifestaron por escrito su apoyo al autor; otros, no obstante, no ocultaron su categórica oposición; uno de ellos llegó a quemar el libro en público.
    
No cabe aquí describir los diversos lances de esa polémica. Basta consignar que el Papa entonces reinante, Pío XII, incumbió al sustituto de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, Mons. Juan Bautista Montini, futuro Paulo VI, de enviar un caluroso elogio al autor, en una carta fechada el 26 de febrero de 1949.
     
Pío XII hizo más: publicó tres documentos, la encíclica Mýstici Córporis Christi (1943), seguida de la Mediátor Dei (1947) y de la constitución apostólica Bis Sæculári Die (1948). En su conjunto, estos tres documentos enunciaban, refutaban y condenaban los errores censurados en el libro.
   
El último documento, particularmente, considerado la carta magna de las congregaciones marianas, afirma: “No puede negarse a las Congregaciones Marianas —ya se consideren sus reglas, su fin, sus designios y hechos— ninguna de las notas que caracterizan a la Acción Católica” (Parte II,2, b).
    
De ese modo, los fieles pudieron saber quién tenía la razón y precaverse contra los desvíos doctrinarios y morales denunciados por Plinio Corrêa de Oliveira.
     
DESPUÉS DEL CONCILIO VATICANO II, SE DISUELVEN LAS ASOCIACIONES TRADICIONALES
Aunque ningún documento conciliar determinara la disolución de las asociaciones católicas tradicionales, se procedió en todas partes a una demolición meticulosa de ellas. Hasta las simpáticas e inofensivas Cruzadas Eucarísticas Infantiles fueron desarticuladas, comenzando por cambiarles de nombre por el de Movimiento Eucarístico Joven en Marcha, pues —se decía entonces— que Juan XXIII abominaba el término cruzada, que rememoraba las expediciones guerreras de la Edad Media, organizadas con apoyo de los Papas para liberar el Santo Sepulcro y otros lugares santos de Judea, cuyo acceso había sido impedido a los cristianos.
    
Hecho análogo se dio con las Congregaciones Marianas. Supuestamente para ajustarlas al “impulso renovador” del Concilio Vaticano II, su nombre fue cambiado por el de Comunidad de Vida Cristiana. Y sus Reglas Comunes —aprobadas por la Santa Sede en 1587 y actualizadas en 1910— fueron sustituidas por los Principios y Normas Generales, aprobados en definitiva por la Santa Sede el 31 de mayo de 1971, y después de sucesivas modificaciones, sancionados por Decreto del Pontificio Consejo para los Laicos, el 3 de diciembre de 1990.
    
Con todo ello, las parroquias tomaron otra forma, de acuerdo con los nuevos conceptos en vigor después del Concilio; y las Congregaciones Marianas, como las demás asociaciones católicas tradicionales, prácticamente dejaron de existir, subsistiendo desperdigadas un poco por todas partes.
   
Su desaparición por cierto contribuyó a que muchas iglesias se vaciaran de fieles, de lo cual se lamentaba un obispo auxiliar de São Paulo, diciendo: “Nosotros hicimos la opción preferencial por los pobres, y los pobres hicieron la opción por las iglesias evangélicas”...

lunes, 27 de diciembre de 2021

RÉQUIEM POR CHILE

Por Eugenio Trujillo Villegas, director de la Sociedad Colombiana Tradición y Acción
   
RÉQUIEM POR CHILE
    
  
¡El mundo quedó perplejo con el triunfo del comunismo en Chile! Y no es para menos, pues esta nación ya padeció la miseria marxista con Salvador Allende entre 1970 y 1974, y por ello parecía impensable que por segunda vez, el electorado chileno optara por el suicidio, al elegir como presidente a otro marxista radical.    
    
Gabriel Borić se inició en la política como el más agresivo de los vándalos que vienen destruyendo el tejido empresarial chileno, liderando las violentas protestas y los actos de terrorismo realizados en los últimos años. Además de no saber nada sobre el funcionamiento del Estado, de la economía y de la política, y de no tener la más mínima experiencia laboral,  ha reconocido que es un enfermo psiquiátrico con graves trastornos de personalidad desde que tenía 12 años.
      
En la recta final de su campaña por la presidencia, su movimiento político se alió con el partido comunista y los otros partidos de extrema izquierda. Su meta es desmantelar lo que los comunistas llaman el “modelo neo-liberal” imperante en Chile, cuya aplicación en los últimos 30 años catapultó por completo a esta nación. Pasó de ser la más pobre de Suramérica, a ser la más rica, la más próspera y la que ha alcanzado el más alto nivel de vida.
      
Sin duda, el éxito alcanzado por Chile va en contravía del marxismo. Entonces, por la razón o por la fuerza, Borić lo conducirá hacia la miseria socialista, hoy simbolizada por la debacle del régimen de Venezuela.
        
Nadie sabe lo que pasará durante su gobierno, pero con seguridad será una catástrofe. Algún día la historia explicará lo sucedido, pero por ahora, lo único claro es que la razón y el sentido común, que son pilares de nuestra civilización, parecen haber sucumbido en Chile.

Un proceso descrito por Plinio Corrêa de Oliveira
Donde quiera que el socialismo se impuso, llegó la miseria. Y donde se implementó la política de libre mercado y de estímulo a la propiedad privada, floreció la prosperidad. Esta es una verdad evidente, que fue rechazada en Chile gracias a un misterioso proceso de Guerra Psicológica Revolucionaria, descrito por el profesor Plinio Correa de Oliveira en su profético libro: Transbordo ideológico inadvertido y Diálogo.
    
Así, mientras la derecha se desacreditó por su incompetencia, su torpeza y su profunda equivocación para enfrentar la crisis de Chile, la izquierda consiguió embrutecer y confundir al electorado, llevándolo a la debacle. Y en esa catástrofe tienen una gran responsabilidad el presidente Sebastián Piñera y la inexplicable abstención electoral que fue del 55%.   
     
En realidad, es inútil defender los postulados de la derecha solo con argumentos económicos. Nos enfrentamos a la autodemolición de la Civilización Cristiana, y la verdadera derecha, si quiere ganar unas elecciones, debe asumir una defensa integral de la familia, de los principios, de los valores morales y religiosos que se han perdido.
    
Haciendo un paralelo legítimo con uno de los más impactantes pasajes del Evangelio, y considerando los programas de gobierno y no los candidatos, Chile fue puesto ante la disyuntiva de escoger entre el Salvador y Barrabás. Y Chile optó por Barrabás.
     
Tarde o temprano el tiempo pasará su factura de desolación, como lo ha hecho en Venezuela, en Argentina, en México, en Perú y en Cuba. En el futuro los chilenos emigrarán a pie por las carreteras de Suramérica pidiendo limosna y buscando un mendrugo de pan, como lo vemos a diario en Colombia con millones de venezolanos.
    
Borić espantará los capitales que generaron la prosperidad que ahora la mayoría de los chilenos desprecian. Las empresas desaparecerán porque serán expropiadas y sus dueños se irán del país. El Estado funcionará hasta que se acabe el dinero, que solo existe porque lo generan los empresarios y se lo trasladan al Gobierno por la vía de los impuestos. Chile se derrumbará como un castillo de naipes, dependiendo de la velocidad con que se ejecute el suicidio.
   
Una alerta para Colombia
Lo de Chile es una voz de alerta para Colombia. Nos quedan seis meses para escoger entre la misma disyuntiva, con la ventaja de que presenciar esta nueva tragedia nos puede abrir los ojos. Pero, al igual que en Chile, también es posible que los cerremos, votando en las próximas elecciones presidenciales por la demagogia demoníaca del marxismo. Contra todas las evidencias, nos prometen prosperidad sembrando aguacates en las tierras que van a ser expropiadas a los que sí las saben trabajar, y lo han hecho con éxito durante décadas. Y desmantelando la empresa privada y la explotación petrolera, que han sido las fuentes del progreso de Colombia durante el último siglo.
    
Colombia debe implorar la protección de la Santísima Virgen de Chiquinquirá, nuestra Patrona, para que nos salve del desastre en que ha caído Chile. Pero, también debemos hacer desde ya una intensa labor ideológica que alerte a todos sobre el peligro de una elección equivocada, que nos conducirá a la miseria.
     
¡Nada está perdido! Pero es hora de comenzar a aprender de los errores ajenos, para no repetirlos. ¡Y para ello estamos a tiempo, pero hay que comenzar cuanto antes!
    
Diciembre 26 de 2021

miércoles, 17 de junio de 2020

LA ACTITUD CATÓLICA FRENTE A LA MUERTE Y LA CONCEPCIÓN MATERIALISTA DE LA VIDA

Artículo del Dr. Plinio Corrêa de Oliveira publicado en la revista Catolicismo Nº 11 (Noviembre de 1951). Traducción e imágenes por EL PERÚ NECESITA DE FÁTIMA en la revista Tesoros de la Fe Nº 215 (Noviembre de 2019).
  
“TRAGADA HA SIDO LA MUERTE EN LA VICTORIA” - LA ACTITUD CATÓLICA FRENTE A LA MUERTE Y LA CONCEPCIÓN MATERIALISTA DE LA VIDA
“He aquí os digo un Misterio: todos ciertamente resucitaremos, mas no todos seremos mudados.
 
En un momento, en un abrir de ojo, en la final trompeta: pues la trompeta sonará, y los muertos resucitarán incorruptibles: y nosotros seremos mudados.
  
Porque es necesario, que esto corruptible se vista de incorruptibilidad: y esto que es mortal, se vista de inmortalidad.
  
Y cuando esto, que es mortal, fuere revestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Tragada ha sido la muerte en la victoria”. [1]
Con estas magníficas palabras, San Pablo (1 Cor 15, 51-54) anuncia a las gentes la buena nueva de la resurrección de la carne.
  
Velatorio de Juan Larra, Deleitosa, Extremadura, España, 1951
   
Nuestra ilustración representa a piadosas mujeres velando un cadáver en una pequeña aldea de la España católica. Están consternadas por el dolor de la separación. Pero en su sufrimiento no hay desesperación, ni acidez, ni rebeldía. Una atmósfera de serena conformidad, suave resignación y oración recogida domina el ambiente. Se trata de un verdadero hogar cristiano; y en todos los rincones del universo, donde quiera que haya un hogar cristiano rico o pobre, herido por la muerte, la atmósfera será siempre esta. Los verdaderos hijos de la Iglesia, en efecto, creen en la resurrección de la carne y saben que por la Redención del género humano “la muerte ha sido destruida por la victoria”.
  
FRENTE A LA MUERTE, DOS ACTITUDES EXTREMAS
El espíritu del mundo no comprende estas cosas, y por eso adopta con relación a la muerte actitudes completamente diferentes de la que es propia del genuino católico. En la raíz de todo, el temor, un temor de pánico, que en vista de la sepultura convulsiona todo el ser, perturba toda lucidez, destruye toda valentía.
  
Las miserias grandes y pequeñas que este terror ocasiona son casi incontables: el recelo de acudir al médico, y allí recibir un diagnóstico amenazador; el miedo de hacer testamento; el horror de presenciar la agonía de alguien; el desagrado profundo de participar de funerales, de usar luto, y hasta de dar pésames; son fenómenos nerviosos confesados o inconfesados, y tan generalizados que sería superfluo insistir sobre ellos.

El dolor, Émile Friant, 1898 – Museo de Bellas Artes de Nancy, Francia
   
Otro aspecto del terror a la muerte está presente en los cuidados exagerados con la salud, en el miedo al envejecimiento, en la propensión de cada uno a desestimar su propia edad. Y así se va llegando hasta el momento ineludible. Cuando al fin los dedos de la muerte posan sobre alguien, y lo llevan sin disimulo hacia el gran y último viaje, estas miserias se acentúan aún más. Cuántas veces el enfermo —contando con la complicidad de médicos y amigos— intenta engañarse hasta el final sobre la gravedad de su propia condición. Cuando no hay más remedio que reconocer que los instantes supremos han llegado, el enfermo no tiene el valor de mirar hacia adelante, al ocaso que lo va envolviendo, a la oscuridad que se aproxima y prefiere volverse hacia el pasado: son las despedidas interminables, las reminiscencias, los últimos regalos, etc. Hasta que el desenlace final sobreviene, arrastrando todo en su vorágine.
   
  
El hecho está consumado, la muerte irrumpió en el hogar, ahora le corresponde a los vivos tomar una actitud frente a ella. Los que tenían un sincero afecto por el difunto desfallecen, se agitan, se rebelan. Son los llantos trágicos, los gritos lancinantes, las postraciones profundas y sin remedio. Otros, al contrario, huyen despavoridos, procurando olvidar al muerto para huir del recuerdo que la muerte trae.
   
Son los espíritus que se pierden intencionalmente en los pormenores sociales de los funerales y del luto, que abrevian tanto cuanto sea posible la presencia del cadáver en casa, que “simplifican” de todos los modos las honras fúnebres, para que pasen rápidas y sin dejar vestigio. Entre estas dos actitudes extremas, ¡qué diferente es la posición del católico!
    
LA IGLESIA JUSTIFICA NUESTRO DOLOR Y A ÉL SE ASOCIA
La Iglesia nos enseña que la muerte es un castigo impuesto por Dios a los hombres, a consecuencia del pecado original. Es propio del castigo producir aflicción y dolor. Como Dios es infinitamente sabio y poderoso, y hace con perfección todas sus obras, este castigo instituido por Él ha de ser necesariamente capaz de producir mucha aflicción y mucho dolor. Fue de esto ejemplo supremo la muerte voluntaria de nuestro Salvador — sumamente aflictiva, inefablemente dolorosa. Los instintos humanos retroceden frente a la aflicción y al dolor, y es natural que se aterroricen frente a la muerte.
  
  
Muchos santos murieron inundados de consolaciones sobrenaturales, aceptando la muerte con más placer del que otros aceptan honras o riquezas. Son verdaderos milagros de la gracia, en que la unción sobrenatural es tan intensa que, por así decir, suspende los estertores de la naturaleza. El común de los hombres no está en ese caso, pues mueren con miedo y con dolor.
   
Si la muerte hace sufrir, es legítimo que participen del dolor los que aman al finado, y la Iglesia siempre aprobó las costumbres sociales tendientes a rodear la muerte con las manifestaciones exteriores del dolor. Por eso la liturgia para los difuntos asume todas las señales de la tristeza. Siendo Ella la maestra y la propia fuente de la inmortalidad, no desdeña participar de nuestras lágrimas y revestirse de nuestro luto.
   
Los paramentos del sacerdote son negros, negro es el tejido sobre el cual se dan las absoluciones, y la música de la liturgia de los difuntos canta con poderosa fuerza de expresión el dolor de los hombres frente a la muerte. Los textos litúrgicos suenan en unísono con nuestros gemidos. Como maestra, la Iglesia justifica nuestro dolor; como madre, a él se asocia. Por eso también incita a que la caridad de los fieles se manifieste generosamente a propósito de la muerte.
    
TRADICIONALES COSTUMBRES LUCTUOSAS
Velar los cadáveres, participar de los funerales, visitar a las familias enlutadas, comparecer a la misa en sufragio por el alma del difunto… son actos que muy frecuentemente se practican hoy con un espíritu absolutamente mundano y naturalista. No deben ser abolidos estos actos, que en sí mismos son excelentes y rigurosamente coherentes con lo que la Iglesia enseña a respecto de la muerte. Lo que debe ser abolido es ese espíritu naturalista y mundano.
   
En los siglos de civilización cristiana, las costumbres sociales, lentamente constituidas bajo el soplo del espíritu católico, fueron dando forma y expresión a todas estas ideas. De ahí el luto, que los pueblos occidentales usan con el color negro, al juzgar que este color sirve para expresar el dolor, y de hecho eso tiene algún fundamento.
   
Pero, se puede preguntar, ¿será necesario “reglamentar el luto”, de modo que las costumbres impongan un plazo determinado y determinada forma de luto para los viudos, padres, hijos y demás parientes? ¿No sería mucho más expresivo dejar la duración del luto confiada al sentimiento de cada uno? En los siglos de civilización cristiana, el consenso general juzgó de otro modo y con razón. Porque, si vivimos en sociedad, debemos explicaciones de nuestros actos al próximo, y es justo que expresemos a los demás el pesar que legítimamente sentimos por su muerte. Si no manifestamos este pesar, dejamos trasparecer una indiferencia que redundaría en desdoro para nosotros o para el difunto.
 
Por un tácito y general consenso, es bueno que se fije un plazo mínimo para el duelo. Siempre tendrá algo de arbitrario, pero debe ser tal que después de este periodo nadie tenga miedo de dejarlo sin faltar a la decencia. Claro está que las costumbres imponían un plazo mínimo, pero no censuraban a quien quisiera llevar el luto más allá de ese plazo. En cualquier caso, la compostura que el cristiano debe mantener en toda su conducta estaba resguardada.
  
Según nuestras costumbres tradicionales, los funerales no se revestían apenas de señales de dolor, sino también de pompa. El más pobre de los entierros tenía siempre algo de grandioso, hasta en su propia sencillez. Nada más razonable, pues un hombre vale mucho, por menos que lo haga en la escala social. Criatura de Dios — más aún, hijo de Dios por el bautismo — él fue creado para la gloria inmortal. Justo es que esta fundamental dignidad del hombre, encubierta tantas veces por las vicisitudes de la vida, sea resaltada en el momento de la muerte, es decir, en el momento en que todos, grandes y pequeños, pierden todo cuanto poseen, y quedan reducidos a la mera condición esencial e inalienable de hombres y de hijos de la Iglesia.
   
La familia real holandesa durante el funeral del príncipe Juan Friso, hijo de la reina Beatriz (primera a la derecha), en agosto de 2013
  
Siendo la muerte un castigo de Dios, participa de algún modo de la majestad del propio Dios, está puesta en los umbrales de la eternidad. Tales umbrales son tan inmensos, que en vista de ellos todo cuanto es grandeza humana queda reducido a polvo. ¿Hay algo más majestuoso que la muerte? ¿Y algo más digno de ser destacado con pompa?
  
Cortejo fúnebre en el interior de Inglaterra, a comienzos del siglo XX
  
MANIFESTAR DOLOR, PERO CON RESIGNACIÓN Y ESPERANZA
En el siglo XIX, todo impregnado de romanticismo, parecía que había alguna complacencia con el dolor. Por eso, sin mayor dificultad se mantuvieron las costumbres cristianas referentes a la muerte y a los funerales. En muchos sentidos, hasta se exageraba. En la literatura, en la música, en el arte, en el modo de vivir del siglo XIX, el dolor se expresó muchas veces con una nota de desgarradora tragedia, desesperación, rebeldía, que desentona de las enseñanzas de la Iglesia. La Iglesia aprobó siempre que se llorase la muerte, pero como una separación temporal que terminaría con un feliz reencuentro en la bienaventuranza eterna.
  
Monumento funerario en un cementerio de Estados Unidos 
 
Era un dolor sentido, sí, pero lleno de esperanza, consolación, resignación, pues una cosa es una separación temporal, otra una separación definitiva. En el siglo XIX, un siglo sin fe, se veían las sombras de la muerte, pero no se querían ver más allá de esas sombras los destellos de la resurrección y del cielo. De ahí la nota de tragedia y desesperación en materia funeraria, tan frecuente entonces.
   
Nadie consigue encarar detenidamente la muerte por mucho tiempo cuando no tiene fe. Fue lo que sucedió a los hombres. Perdida la fe en el siglo XIX, en el siglo XX comenzaron a desviar el rostro de la muerte. De ahí una tendencia a restringir la solemnidad, alejándola de todo lo que concierne a la muerte.
  
TRISTES COSTUMBRES MODERNAS PARA EVITAR LA TRISTEZA
Otrora los cadáveres eran velados en casa por veinticuatro horas; hoy a veces no se completan doce. Otrora se revestía de paños negros toda la sala en que el cadáver quedaba expuesto; hoy esta costumbre tiende a desaparecer, y muchas familias prefieren no hacer en casa la exposición del cuerpo. Otrora el dolor tenía la libertad de manifestarse en la cámara ardiente, dentro de los límites de la dignidad y de la compostura; hoy es de buen gusto ahogar en público, tanto cuanto posible, la manifestación de los sentimientos, y de encerrarse en el cuarto los que desean llorar. Otrora se enviaban flores, costumbre que llegó hasta cierta exageración; hoy se tiende a abolir este modo de testimoniar nostalgias. Otrora se iba al entierro con traje de solemnidad, que para los hombres era el frac; hoy sirve cualquier traje común. Otrora los carros funerarios eran jalados a caballo, costumbre que se conservó por muchos años después de la introducción del automóvil en la vida civil; más tarde el uso del automóvil se volvió exclusivo, y la forma de este fue evolucionando hasta tomar el aspecto de un repartidor de mercadería. Otrora el luto era largo y muy visible; hoy es rápido y reducido.
  
El punto extremo de esta transformación fue alcanzado en un país —al menos en algunas regiones— en que los cadáveres son pintados como si estuvieran vivos, arreglados como para una fiesta y sentados en actitud normal en el living de la casa. Se reúnen los amigos, alguien ejecuta algunas músicas suaves, después van todos a un lindo jardín que sirve de cementerio. El muerto, envuelto en un paño de color verde, risueñamente verde, baja a la tumba… cuando no es cremado. Y está terminado el funeral. Del luto, ni se hable.
  
Renard Matthews, asesinado en Nueva Orleans a la edad de dieciocho años. En su funeral, la familia decidió sentarlo en una silla, haciendo lo que más le gustaba: sostiene en las manos un control de videojuegos y está “viendo” un partido de basket por televisión, de su equipo favorito.
   
* * *
  
¿Por qué hicimos esta larga digresión sobre la muerte? Porque, en cierto sentido, lo que hay de más importante en la vida es la muerte.
  
Mientras los hombres no tengan una actitud recta, equilibrada y cristiana frente a la muerte, no serán capaces de tener una actitud recta, cristiana y equilibrada frente a la vida.
    
NOTA

miércoles, 27 de noviembre de 2019

EL SUPUESTO DERECHO A DESTRUIR LA CIVILIZACION

Por Eugenio Trujillo Villegas, Director de la Sociedad Colombiana Tradición y Acción

El pasado 21 de noviembre puede llegar a ser un día histórico para Colombia. Pero no porque la oposición haya protestado violentamente contra el gobierno del Presidente Duque, sino porque a causa de esas protestas el Gobierno podría dirigir el rumbo de la nación hacia una catástrofe anunciada.

Es sólo observar el entorno latinoamericano para entender que hay un plan gigantesco, preparado milimétricamente, financiado por la extrema izquierda, y ejecutado con evidente articulación, cuyo objetivo primordial es derribar todos los gobiernos de la región que se oponen a las pretensiones del Foro de Sao Paulo.  

Pero no es solo eso. Es mucho más todavía. Lo que estamos presenciando es una embestida siniestra contra la cultura y la civilización occidentales, que vienen siendo dinamitadas desde hace décadas por un fenómeno que muchos no han querido ver ni apreciar en su verdadera magnitud. Se trata del avance implacable del marxismo cultural.

La descripción más elocuente de este fenómeno la hizo el profesor Plinio Correa de Oliveira en su libro Revolución y Contra Revolución: “Como una modalidad de guerra sicológica revolucionaria, a partir de la rebelión estudiantil de La Sorbona, en mayo de 1968, numerosos autores socialistas y marxistas en general pasaron a reconocer la necesidad de una forma de revolución previa a las transformaciones políticas y socio-económicas, que operase en la vida cotidiana, en las costumbres, en las mentalidades, en los modos de ser, de sentir y de vivir. Es la llamada revolución cultural” (Cfr. Revolución y Contra Revolución, Plinio Correa de Oliveira, edición Tradición y Acción, página 146)

En esa perspectiva, hemos venido entregando la educación de nuestros hijos a unos maestros inspirados en el marxismo, que integran los cuerpos docentes de muchos colegios y universidades de todos los estratos sociales, y ahora nos preguntamos por qué muchos jóvenes se han convertido en fervientes revolucionarios de izquierda.

Vemos también cómo nuestros gobiernos destruyen la familia cristiana, imponiendo la Ideología de Género, el aborto, la eutanasia, el libre consumo de drogas y muchas otras leyes perniciosas, que son el origen de la auto-demolición de la sociedad y del estado. Todo esto, impuesto por el Congreso y las Altas Cortes de justicia, en evidente contravía de lo que quiere la población. Y para completar este cuadro trágico, los mismos gobiernos aniquilan a los sectores productivos con impuestos exorbitantes que hacen imposible el desarrollo empresarial.  

Esto es lo que hacen los políticos y los magistrados que nos representan. A los primeros los elegimos porque nos prometen que van a hacer unas cosas, y en realidad terminan haciendo lo contrario. Los magistrados, son elegidos por los políticos, y entre ambos hacen lo que se les antoja para destruir el país. Nos dicen que bajarán los impuestos y al otro día de llegar al cargo los aumentan; nos prometen defender la familia y la destruyen; anuncian que gobernarán con honestidad y terminan robándose el presupuesto público; prometen enfrentar con vigor a los enemigos de la Patria pero terminan abrazados con ellos; garantizan la más absoluta impunidad a los peores delincuentes y a los más grandes corruptos, tal como ya estamos hartos de saberlo.

Las consecuencias de este pecado monumental de nuestra sociedad están a la vista. Una minoría radical, organizada, financiada y articulada por oscuras fuerzas marxistas que no aparecen ante el público, exige con desenfreno el desmonte y la destrucción anárquica de todos los factores que de alguna forma nos han proporcionado prosperidad y calidad de vida. Y ésto, para ser reemplazados por un sistema económico y político que todos sabemos que sólo produce miseria y opresión.

En Chile, las turbas enfurecidas destruyen el país desde hace un mes, generando una debacle económica y social que lo llevará hacia el caos y la miseria que ya vivieron en tiempos de Allende. Ante esto, el Presidente Sebastián Piñera, asustado e incapaz de tomar las decisiones adecuadas, se avergüenza de los éxitos alcanzados por la nación chilena durante 40 años de políticas públicas exitosas, y promete cambiar la Constitución que generó ese admirable progreso, ante las exigencias de los vándalos y los terroristas. Es la política de “ceder para no perder”, que la historia ha demostrado ser la más eficiente para conducir a una nación hacia el marxismo.

Y en Colombia, la respuesta del Presidente Duque es más o menos la misma que la de Piñera en Chile. “Los estamos escuchando”, dijo el presidente después de las marchas violentas del pasado 21 de noviembre.  “A partir de la próxima semana, daré inicio a una Conversación Nacional, que fortalezca la agenda vigente de política social; trabajando así, de manera unida, en una visión de mediano y largo plazo, que nos permita cerrar las brechas sociales, nos permita luchar contra la corrupción con más efectividad y nos permita construir, entre todos, una Paz con Legalidad.” (Alocución presidencial, Nov 22 de 2019). 

¿Con quién piensa hablar el Presidente?  ¿Cuál será el resultado de esas reuniones? Con absoluta seguridad, los interlocutores escogidos van a exigir el desmonte de todo aquello que nos ha brindado desarrollo y crecimiento económico, para reemplazarlo por medidas socialistas y populistas que  aumentarán la pobreza. Lo cual a su vez generará más  protestas y nuevas concesiones gubernamentales a la izquierda, de tal forma que iremos rumbo al paraíso socialista del cual quieren escapar todos los que allí viven.  

Sin embargo, algo muy importante se le está pasando por alto al Presidente Duque. ¿Acaso se le olvidó que fue elegido por más de 10 millones de personas que no están de acuerdo con las exigencias de los que marcharon en las protestas? ¿Y menos aún con lo que hicieron los vándalos y los terroristas? ¿Todavía no se enteró que la llamada “protesta legítima”, no es otra cosa que el pretexto para que unas minorías terroristas destruyan el País? Para el bien de Colombia, sería mejor que el Presidente escuche atentamente a sus electores y a todos los colombianos de bien, en vez de enredarse en diálogos tramposos con minorías extremistas que nos están destruyendo. Eso fue lo que hizo Santos y los resultados están a la vista para quien quiera verlos.    

Nos está pasando por segunda vez lo que aconteció en el Plebiscito del 2016. Cuando Colombia le dijo NO al proceso de paz de Santos, ese gobierno, con la ayuda de los líderes de la oposición, entre los cuales estaba el entonces senador Iván Duque, terminó desconociendo el resultado. Pues bien, ahora vemos con enorme preocupación que este gobierno que fue elegido con más de 10 millones de votos, ahora se doblega ante las exigencias de los perdedores, que quieren imponer la destrucción y el caos en Colombia.

Lo que el Presidente debería considerar muy seriamente es que las amenazas de la extrema izquierda no son simple retórica. Son un plan magistral que está siendo ejecutado simultáneamente en varias naciones, y que seguirá avanzando mientras los gobiernos y la Sociedad pierden tiempo dialogando con aquellos que nos están diciendo claramente que nos quieren destruir.

lunes, 21 de octubre de 2019

EL DR. PLINIO SOBRE MONS. LEFEBVRE

Artículo publicado en la revista CRISTIANITÀ n. 28-30 (año 1977), tomado de RADIO SPADA. Traducción propia.
  
UNA MIRADA DEL “CASO” LEFÈBVRE DESDE EL PUNTO DE VISTA CÍVICO-RELIGIOSO
    
   
Delimito con precisión mi argumento. No intento tratar del «caso» Lefèbvre, sino solamente de uno de los aspectos de este «caso». Y este aspecto tiene menos relación con el «caso» en sí mismo, o con la persona de mons. Lefèbvre, que con la psicología de ciertos adversarios, que han apenas hecho todo lo posible para obstaculizar la acción de este arzobispo en América Latina.
  
Me limito a este ámbito muy circunscrito del vasto «tema Lefèbvre» no porque esté paralizado de la complejidad y de la delicadeza que caracterizan los otros ámbitos; y ahora menos porque tenía que hacer alguna reserva sobre la persona del prelado francés, pero por una razón de otro orden.
  
El «caso» Lefèbvre es sustancialmente teológico. Hasta poco tiempo atrás todas las dificultades entre el arzobispo –que es también fundador y guía del seminario de Écône, y de toda una vasta obra espiritual que se va difundiendo en Europa y en América– y Pablo VI, eran de carácter exclusivamente teológico. Y el caso continúa siendo sustancial e invariablemente teológico, en el curso de las peripecias –ahora no más teológicas en absoluto– en la cual se va desarrollando.
  
Ahora bien, mis constantes tomas de posición sobre argumentos cívico-religiosos de todo tipo, nacionales e internacionales, hacen inoportuna mi intervención sobre temas teológicos, por otra parte más concernientes a un eclesiástico que a un laico.
  
Por esta consideración deriva mi silencio, en este artículo, propiamente sobre los argumentos de mayor relieve y más sustanciales que que el «caso» Lefèbvre pone en consideración.
  
Ciò posto, e dopo che è diminuito il chiasso pubblicitario sollevato dal passaggio di mons. Lefèbvre attraverso l’America del Sud, passo a trattare l’aspetto civico-religioso della questione Lefèbvre.
  
* * *
  
Comienzo afirmando que tributo a la persona de mons. Lefèbvre una simpatía de vieja data y un sincero respeto.
  
Lo he conocido durante el concilio Vaticano II. Entonces hacía parte, junto a mons. Antônio de Castro-Mayer, obispo de Campos, a mons. Geraldo de Proença Sigaud, arzobispo de Diamantina, a mons. Luigi Carli, obispo de Segni, y a tantos otros, del valoroso coetus antiprogresista y anticomunista, cuya acción constituye la gran página luminosa de la historia de aquel concilio. Después, esto es, en 1967 y en 1974, lo tuve como huésped en Brasil. Y he aprovechado estos contactos para informarme en forma particularizada sobre la obra de Écône, que estaba modelando admirablemente con sus manos.
   
De estos contactos conservo, con amoroso cuidado, diversos registros fotográficos; registros en los cuales aparece sereno y sonriente, todavía lejano de la borrasca que vendría solamente más tarde.
  
La personalidad de mons. Marcel Lefèbvre, profundamente eclesiástica en todo y por todo, pía, serena, distinta, es puesta discretamente en resalto por los encantos del espíritu y del trazo que confieren la educación y la cultura francesas. No creo sea necesario decir más, en estas mismas columnas, para ilustrar la impresión que suscita en mí el valiente prelado.
  
¿Agregaré otra cosa a este elogio, en el cual cada palabra fue pesada y meditada? Mons. Lefèbvre me parece un fautor de la política de las cartas descubiertas. Yo soy exactamente del mismo tipo; y así como siento afinidad ante él sobre este punto, estoy particularmente feliz de exprersar claramente, en esta sede, mi posición respecto a él.
  
Dicho todo esto, me queda la sensación que esta mirada global sobre mons. Lefèbvre no estaría completa, si no agregase un último dato. De algunos meses a esta parte, mons. Lefèbvre, sin abandonar las vetas teológicas sobre las que se pone, ha hecho declaraciones doctrinales también sobre las enseñanzas sociales de la Iglesia. No puedo garantizar haber venido a conocimiento de todas. Me han agradado sobre todo la toma de posición del prelado contra el comunismo, lúcida, valiente, frontal. No es necesario que agregue que, como él, también estoy en abierto desacuerdo con la Ostpolitik vaticana, sobre la cuale me he expresado tantas veces en diversas sedes.
  
Si todos los obispos mostrasen, contra el comunismo, el noble vigor de mons. Lefèbvre, la situación del mondo sería muy diferente.
  
Hechas estas consideraciones, vamos finalmente al tema que intento analizar en modo particular.
  
* * *
  
En México vige la separación entre la Iglesia y el Estado. Esta separación, por parte del Estado, es llena de rencor y minuciosa, al punto que la ley civil prohíbe a los eclesiásticos el uso del hábito talar. Tal separación debería implicar, en el rigor de la lógica, una escrupulosa distancia del poder temporal de los problemas religiosos. Y, de hecho, en genral, las cosas van así. En este modo, la autoridad pública asiste indiferente al pulular de toda suerte de herejías. En conformidad con este comportamiento, el gobierno mexicano habría debido abstenerse de cualquier interferencia en los asuntos internos de la Iglesia. Y ésta, de  su parte, habría debido tener tanto amor propio para no pedir, para tales asuntos, la colaboración de quien la rechaza tan desdeñosamente.
  
Todavía, luego del anuncio de la visita de mons. Marcel Lefèbvre en México, el gobierno de la gran y tan simpática nación de la América Central ha dado orden a todos sus consulados de negarle la visa de ingreso. ¿Por qué? ¿Qué tendrán en común el gobierno fríamente laico y notoriamente de izquierda del México y el episcopado de esta nación, obviamente alegres por el veto gubernativo a mons. Lefèbvre?
  
En Argentina sucedió algo análogo. El Estado, aunque allí está unido a la Iglesia, no ha vetado el ingreso de mons. Lefèbvre, pero ha dejado entender claramente que esta visita la recibía con desagrado. Incluso una vez, ¿por qué este inclinarse del gobierno al episcopado argentino, visiblemente satisfecho?
  
Hechos de esta naturalza difícilmente pueden ser reconducidos a una sola causa. Pero entre las diversas que han contribuido a esto, figura indudablemente la siguiente: entrambos gobiernos han actuado en forma tan insólita, deseables de hacer algo agradable a los respectivos episcopados y sabiendo bien que en este modo los contentaban.
   
Y en este punto cae la pregunta. ¿Estos episcopados que, influenciados por el Vaticano II, se muestran abiertos a una relación ecuménica y cordial con todas las herejías, y en cuyos hilos está incluso quien practica el ecumenismo con los rojos, por qué tiran por la borda este ecumenismo cuando se trata de mons. Lefèbvre? ¿Por qué llegan a mover contra este último el poder del Estado, como si estuviésiemos en aquel Medioevo, del que ciertamente estos mismos episcopados no tienen la más mínima nostalgia?
  
Estrechando aun más el cerco: si el ecumenismo de estos episcopados tiene un derecho y un revés, de modo que abre a los unos y no a los otros, ¿de qué se trata precisamente? ¿De ecumenismo auténtico, o de velada parcialidad en favor de los unos, esto es, de los herejes, de los cismáticos y de los comunistas – y de evidente parcialidad contra los otros, esto es, frente a aquellos que atacan el comunismo, que atacan las herejías y los cismas?
  
Lo mismo se debe decir del comportamiento del cardenal Raúl Silva Henríquez, arzobispo de Santiago de Chile. No vi ningún gesto amigable que no haya reservado al marxista Salvador Allende. Pero al solo aparecer mons. Lefèbvre en Santiago, el manso pastor, amigo de rabinos y de misioneros protestantes, no le ha escatimado escarnios. ¿El ecumenismo es solamente a favor del comunismo y de los anticatólicos de todo género? Pero entonces, ¿qué cosa es este ecumenismo, si no complicidad con los enemigos de la Iglesia?
   
Mutátis mutándis, pregunta análoga se podría dirigir al episcopado colombiano, porque, aunque menos airado del ya afable cardenal chileno, ha mostrado también a mons. Lefèbvre su rostro amenazador.
  
Y en este punto el problema es impostado. Y muestra uno de los aspectos más tristes y conturbadores del ecumenismo de esta iglesia postconciliar, de la cual Pablo VI ha afirmado, con tanta razón, ser presa de un misterioso proceso de autodemolición (alocución del 7 de diciembre de 1968) y penetrada por el humo de satanás (alocucióne del 29 de junio de 1972).
  
PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA

jueves, 14 de febrero de 2019

TRES CASOS PROFÉTICOS DEL DR. PLINIO

Artículo de Ignacio Alday para PERISCOPIO.
  
  
Una de las características de Plinio Corrêa de Oliveira era su profetismo. Resumidamente podría sintetizarse en un carisma para liderar a los hijos de la luz en la lucha contra los hijos de las tinieblas, lo que equivale a decir liderar la Contrarrevolución mundial. Para esto la Providencia le dotó de un discernimiento de los espíritus en las almas, en los pueblos, en las cosas, en la historia, etc. Eso pudieron comprobarlo las muchas personas que le conocieron. Entre la multitud de casos registramos tres de la década de los años 80.
  • Viajaban en una furgoneta por una autopista de los alrededores de Madrid media docena de colaboradores de la organización española TFP – Covadonga, inspirada por él, cuando siendo de noche y en una curva cambio de rasante chocaron de frente contra otro vehículo que circulaba en dirección contraria. A pesar de que el impacto fue tremendo y la furgoneta volcó no hubo heridos de mayor consideración en ella. A los pocos días llegó la grabación de una de las reuniones habituales que hacía él en Brasil ante numerosos cooperadores con fecha anterior a la del mencionado accidente. La sorpresa es que describía un hipotético accidente de las mismas características del que habían sufrido en España. El tema de la reunión era la compenetración con la causa, exactamente el problema de los viajeros accidentados, por lo que resultaba evidentísima la explicación por el cual la Providencia lo permitió.
  • Dos miembros de la Sociedad Española de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad de visita en Brasil se encontraron por las calles de São Paulo y uno de ellos, José Luis de Zayas, le contó al otro que había asistido a una pequeña reunión con el profesor Plinio en la cual había afirmado que a su muerte el grupo a nivel mundial se dividiría en dos, los “ferrabrás” y los otros. Ambos buenos, pero los primeros más radicales. Efectivamente, contra todo pronóstico, fue lo que pasó cuando en 1995 falleció.
  • Largos años llevaba Brézhnev al frente de la Unión Soviética cuando alguien allegado a Plinio le pidió si no podría lanzar una maldición sobre los dirigentes de ese imperio comunista. Tras una pequeña reflexión decidió hacerlo condicionada a los deseos de la Virgen. Al poco tiempo falleció Brézhnev, al que le sucedió Andrópov que duro apenas unos meses, le siguió Chernenko pasando a correr la misma suerte en cuestión de un año, luego llegó Gorbachov, que parecía cargar esa maldición en la frente, y el cual acabó disolviendo la URSS.

domingo, 20 de enero de 2019

ORACIÓN DEL DOCTOR PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA A LA VIRGEN DEL MILAGRO DE ROMA

   
“Oh Inmaculada Madre de Dios, Madonna del Miracolo, que quisisteis conquistar con un singular prodigio de vuestra misericordia al israelita Alfonso, acoged las súplicas que os presentamos con confianza, como un día acogisteis las súplicas de aquellos que a Vos recurrieron pidiendo la conversión del hijo judío. Obtenednos también una sincera y total conversión a la gracia y todos los bienes del alma y del cuerpo.
 
Vuestra clemencia triunfó sobre Ratisbona, persuadiéndolo para que reciba el bautismo y se empeñe con voluntad seria en la observancia de los Mandamientos. Por esta conquista de vuestro amor, obtenednos la perseverancia en el cumplimiento de las promesas del bautismo. Haced que ningún obstáculo se interponga a nuestra observancia de los preceptos de Dios y de la Iglesia.
  
Vuestras manos resplandecientes son el símbolo de las innumerables gracias que con maternal bondad dispensáis profusamente sobre la Tierra. Haced resplandecer también sobre nosotros un rayo de vuestra misericordia”.

domingo, 30 de septiembre de 2018

SAN JERÓNIMO, ESPADA VIVA DE DIOS

San Jerónimo (detalle del Políptico de Cervara, Gerardo David)
  
San Jerónimo representa en la Iglesia, por excelencia, el espíritu de la polémica. Sus escritos son de una energía incomparable. Él daba respuestas de fuego y admirables, dejando a todos temblando ante él.
  
Este es el celo de la Casa de Dios que devora al hombre. Es una de las formas más características, santas y legítimas del celo. Desde que esto sea hecho por amor a Dios, y no por resentimientos personales, es una cosa santísima: ser una espada viva de Dios.
  
No conozco elogio mayor que decir de alguien que él es la espada viva de Dios, por toda parte cortando.
     
San Jerónimo puede ser considerado el patrono del espíritu polémico.
 
Dr. PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA. Conferencia del 30 de Septiembre de 1964 (Fragmento).

jueves, 15 de marzo de 2018

SEGUIR LA CORRIENTE ES COBARDÍA

Conferencia dada por el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira a los socios y cooperadores de la TFP el 14 de Marzo de 1966. Tomada de PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA.
  
San Clemente María Hofbauer (1751-1821), canonizado por San Pío X en 1909, y proclamado patrono de Viena en 1914 por aquel mismo Papa Santo. Su fiesta se conmemora el día 15 de marzo.
   
San Clemente María Hofbauer (1751-1821), sacerdote redentorista, es conocido por el extraordinario impulso dado al apostolado de los laicos en la época de la Revolución francesa y de la Restauración. Quiero meditar, sin embargo, en un episodio de sus años en el seminario:
«Estudiaba Clemente en Viena, siguiendo el curso de Teología, pues pretendía, cuando pudiese, ordenarse sacerdote. Pero pronto se dio cuenta de que algunos de sus profesores, no queriendo huir del racionalismo del siglo, procuraban una extraña conciliación entre la doctrina católica y el iluminismo. Clemente, desde muy joven, era dotado de un sentimiento muy seguro que le indicaba con precisión cuál es la verdadera doctrina católica. Así, al oír aquellas doctrinas falsificadas, se sentía dolorosamente constreñido.
   
Un día, terminada la clase, fue a manifestar al profesor ciertas dificultades. El profesor, admirado, explicó al estudiante que el siglo en el que vivían difícilmente seguiría una doctrina tradicional, pues sólo aceptaba el lenguaje de la pura inteligencia, tanto en el púlpito como en la cátedra universitaria. Y concluyó: “Tenemos que seguir la corriente, si no queremos quedarnos atrás”. Responde el pobre ayudante de panadero:Seguir la corriente es cobardía, pues es contra las corrientes que debemos luchar. La melodía equivocada no se torna menos desafinada por la simple razón de que la acompañemos bajito. El que quiera indicar el camino a nuestro tiempo, que vaya a encender su rayo de luz en la propia Revelación”.
   
Dijo el profesor: “Hofbauer. tendrás un día que predicar ante bancos vacíos. Nuestro tiempo no soporta más ese lenguaje”.
   
Respuesta: “Entonces, ya llegó la época anunciada por San Pablo: Vendrá tiempo en que no habrán de soportar la sana doctrina. ¿Qué diría San Paulo de sus opiniones, profesor?”.
  
En otra ocasión un profesor dijo en la clase que la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María no pasaba de una piadosa leyenda. En el siglo XIX no debía ser mencionada ante un auditorio. Se levanta Clemente indignado: “Profesor, esa doctrina no es la católica”. Y se retiró de la sala. “Tal vez un día haya más luz dentro de esa cabeza de campesino”, gritó atrás de él el maestro. Pero fue obligado a interrumpir la clase, pues los estudiantes vaciaron la sala siguiendo a Hofbauer».

Es interesante notar la identidad de métodos de la Revolución. El siglo XVIII nos parece viejo: es el tiempo de la litera, de la pollera ancha, del sombrero de tres picos… El siglo XIX también. Todo se pierde en el mismo fondo histórico. Pues en este siglo los hombres se reputaban “modernísimos” y ya venían con la idea de que era preciso, ante la Revolución, adoptar la táctica del “ceder para no perder”. Es la misma impiedad expresándose de las mismas maneras y procurando acobardar de la misma forma…
  
Otra cosa es la amenaza. “Tú, cuando te ordenes, predicarás para bancos vacíos”. Es lo que nos dicen a nosotros: “La doctrina de vosotros no es capaz de arrastrar a los hombres de hoy”. Pero, en realidad, la situación no está tan comprometida como dicen. Está comprometida por causa de las cabezas dirigentes; allí está comprometidísima. Es un hecho que en la base está gravemente comprometida, pero mucho menos que en las cabezas dirigentes. Habiendo coraje, las personas van atrás. Es cuestión de decir todo por completo. Éste es el verdadero problema.
 
Es también interesante ver cómo la posición de San Clemente Hofbauer es la del contra-revolucionario (lo serán también, explícitamente, sus posiciones como sacerdote): él combate al “ceder para no perder”, no cede ante la amenaza de predicar para bancos vacíos. Y, si esto fuere a suceder, su conclusión es que llegó el fin de los tiempos, lo que –evidentemente– su profesor modernoso no quiso considerar. Una de las características del progresismo es que no hay fin de los tiempos (posibilidad que no merece para ellos la menor consideración), sino, al contrario, es preciso aprovechar esta época para gozar de la vida  sin problemas practicando el arte del compromiso. El mismo espíritu que se opone a San Clemente María Hofbauer en los siglos XVIII y XIX sigue vivo aún hoy.
 
Vosotros veis cómo es verdadera aquella doctrina cuyo enunciado está esculpido en el pupitre de la sala del Reino de María en la sede principal de la TFP [actual sede del Instituto Plinio Correa de Oliveira, N. del E.], en la paulista calle Maranhão: “el resto volverá”. La continuidad de la misma batalla entre el espíritu bueno y el espíritu malo a lo largo de los siglos. Por eso los contra-revolucionarios no somos un grupo que apareció de repente, sino un eslabón de la más magnífica y majestuosa de las cadenas, o sea de los que son esclavos de la Santísima Virgen que pisan la cabeza de la serpiente.
  
Detalle del pupitre para las conferencias en la sala del Reino de María, en sede principal del IPCO: El león de la izquierda lucha contra una serpiente bicéfala que simboliza el orgullo y la sensualidad, las dos fuerzas propulsoras de la Revolución. El de la derecha se enfrenta a una serpiente de tres cabezas, símbolo de las tres Revoluciones (Protestante, Masónica y Comunista). Al centro, la frase “Resíduum revertétur: el resto volverá”. El año de 1571 evoca la victoria de la Cristandad en Lepanto.
  
Vemos esto por la identidad de los contra-revolucionarios de hoy con San Clemente Hofbauer y todos sus antecesores, de un lado. Y, de otro lado, la identidad de los enemigos actuales de la Contra-Revolución con los enemigos de otrora. Todo indica, pues, que esa lucha no es de hoy, ni es una lucha solamente; es una lucha que fue de ayer y será de mañana, hasta el fin de los siglos.
  
Se trata, pues, de una cadena de oro que comenzó en las más antiguas raíces del Antiguo Testamento y que irá hasta el último momento de aflicción, en que los últimos católicos estarán aún vivos, temiendo que está todo perdido, cuando viniere el Hijo del Hombre, con gran pompa y majestad, para juzgar a los vivos y a los muertos y la Historia terminará.
  
Entonces, esa cadena estará completa y, con la gracia de la Santísima Virgen, todos sus miembros se encontrarán en el Cielo.

lunes, 12 de febrero de 2018

TRES ROSTROS DE LA REVOLUCIÓN

Artículo del Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, publicado en “Catolicismo”, Nº 121, Enero de 1961. Tomado de PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA.
 
Como en sucesivas oportunidades hemos expuesto en “Catolicismo”, la explosión protestante del siglo XVI, la Revolución Francesa, la Revolución Comunista constituyen algo como tres fases de un movimiento inmenso, uno por el espíritu, por los objetivos y hasta por los métodos.
 
En la fisonomía de tres de sus líderes, la sección “Ambientes, Costumbres, Civilizaciones” trata de hacer ver hoy algunos de los trazos de alma de este movimiento, es decir, algo del espíritu de la Revolución.
    
* * *
 
En la foto de Lutero muerto (cuadro de Lucas Furtenagel, Biblioteca de la Universidad de Leipzig) un análisis detallado revela, en la grosería de los rasgos, la nota característica del demagogo lleno de sí mismo; del alborotador cuya predica tantos errores y tanta rebelión difundió, y tanta sangre hizo derramar. Pero la primera impresión que sobresale inmediatamente, y se convierte en definitiva en el espíritu del observador, es la sensualidad, el amor excesivo de los regalos de todo tipo, que produce a primera vista una sensación dolorosa.

Retrato post mortem de Martín Lutero
  
* * *
 
En Robespierre, cuya máscara mortuoria se conserva en el Museo Tussaud reproducida aquí, lo que se expresa es principalmente el odio. Un odio tan profundo, tan avasallador, que, sin haber abolido la sensualidad, es la nota dominante de su fisonomía. Esos labios cerrados para siempre parecen sin embargo destilar algo de la predicación de la violencia y muerte de la era del Terror. Esos ojos que ya no ven parecen conservar una expresión de odio viperino. La frente abovedada da la sensación que todavía está rumiando piezas oratorias incendiarias y planes de subversión. Todo él no es sino odio igualitario, tanto en el plan especulativo como en el militante: un deseo inmenso de destruir todo lo que, por cualquier razón, sea superior a él.

Máscara mortuoria de Maximiliano Robespierre (Museo Tussaud, Londres)
  
* * *
 
La tercera fotografía presenta a Ernesto “Che” Guevara, el argentino trasplantado a Cuba, que expresa tan auténticamente el cuño marxista de la revolución cubana.

Ernesto “Che” Guevara Sheinerman/De la Serna
  
Los cabellos, que parecen no haber sido cortados ni lavados desde hace mucho tiempo; un bigote ralo y deshilachado, cuyos extremos acaban uniéndose con una barba de contornos inciertos, formando un sólo marco de desaliño y desorden, que producen una repulsión instintiva, pero que buscan despertar una impresión de naturalidad y de falta de pretensión extremadas.
 
Por su parte, la mirada, de un brillo inusual, y la sonrisa buscan dar una cierta idea de cordialidad y amabilidad un tanto mística.
  
Este hombre de apariencia dulce es uno de los soportes del régimen del “paredón”, donde tantas víctimas han sido cruelmente inmoladas; del régimen que mueve contra la Iglesia una persecución enteramente del estilo de Robespierre o de Lenin.
  
* * *
 
Si la fisonomía de Lutero expresa sobre todo la avidez de los placeres del cuerpo, y la de Robespierre sobre todo el odio igualitario, la del “Che” Guevara representa una de las máscaras más recientes de la revolución, es decir, la bondad falsa ocultando la peor de las violencias.

viernes, 6 de mayo de 2016

ORACIÓN POR LA RESTAURACIÓN EN EL FAVOR DE NUESTRA SEÑORA

Oración escrita por el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira - Tomada de COMO OVEJAS SIN PASTOR
  
  
Hay momentos, Madre mía, en que mi alma se siente, en lo que tiene de más profundo, tocada por una angustia indecible. Tengo nostalgia de la época en que yo os amaba, y Vos me amabais, en la atmósfera primaveral de mi vida espiritual. Tengo añoranza de Vos, Señora, y del paraíso que ponía en mí la gran comunicación que tenía con Vos.
   
¿No tenéis también Vos, Señora, nostalgia de ese tiempo? ¿No tenéis añoranza de la bondad que había en aquél hijo que fui?
   
Venid, pues, ¡oh la mejor de todas las madres!, y por amor a lo que florecía en mí, restauradme: recomponed en mí el amor a Vos, y haced de mí la plena realización de aquel hijo sin mancha que yo habría sido, si no fuese tanta miseria.
   
Dadme, ¡oh Madre!, un corazón arrepentido y humillado, y haced brillar nuevamente ante mis ojos aquello que, por el esplendor de vuestra gracia, yo comenzara a amar tanto y tanto... 
   
Acordaos, Señora, de este David y de toda la dulzura que en él poníais. Así sea.

martes, 28 de enero de 2014

ORACIÓN A LA VENERABLE MADRE MARIANA DE JESÚS TORRES, POR EL Dr. PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA


Venerable Madre Mariana de Jesús Torres y Berriochoa, vidente de Nuestra Señora del Buen Suceso
  
¡Oh Venerable Sierva de Dios, Madre Mariana de Jesús Torres, gloria de la Orden de las Concepcionistas en Ecuador, modelo eximio de obediencia, pobreza y castidad, a quien se dignó aparecer la Santísima Virgen, particularmente bajo la advocación de Nuestra Señora de El Buen Suceso, en más de un coloquio místico de gran contenido e inefable dulzura, y a quien Ella dotó de luces proféticas extraordinarias sobre lo que sucedería en nuestras días a las poblaciones sudamericanas, entonces gobernadas por la corona española! Mirad con benignidad, os lo pedimos, a vuestros devotos que os imploran una eficaz intercesión.
  
Contemplad a estos países, y muy especialmente a nuestro querido Ecuador, expuestos hoy a la saña agresiva del comunismo, el cual va penetrando en todos ellos, ora por la fuerza, ora por la astucia. ¡Ved cuán pocos son los ecuatorianos, y de modo general los sudamericanos, compenetrados de la gravedad de ese peligro y de la urgencia de hacerle frente mediante la oración, los sacrificios, y una acción intrépida y eficaz! Y obtened del Divino Espíritu Santo, por los ruegos de María, que difunda por estos pueblos la abnegación y la valentía con que otrora se inmortalizaron los Macabeos, los Cruzados, y los héroes de la resistencia ibérica contra los moros.
  
Considerad, oh Venerable Madre Mariana, la inmoralidad de las costumbres que asola toda la tierra y ved que esos pecados llevaron a Nuestra Señora a pronosticar en Fátima que terribles castigos caerían sobre la humanidad infiel.
  
Atended a la sangre de García Moreno, derramada en nuestra tierra para que ésta se convierta en un verdadero Reino de los Corazones de Jesús y de María.
  
Escuchad, oh benignísima Abadesa del Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito, las oraciones que os hacen tantas almas angustiadas por sus necesidades de alma y de cuerpo, y a todas dad una acogida generosa y alentadora, continuando así, en lo alto del Cielo, en favor de nuestro país, la misión tan bienhechora que en él ejercisteis en vuestra vida terrena. Así Sea.