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martes, 21 de julio de 2026

IMPROVISACIONES Y DESOBEDIENCIA LITÚRGICA AYER Y HOY

El presbítero jesuita ecuatoriano Wilfrido “Wilo” Haro Rivas publicó en Instagram una imagen tomada durante unos ejercicios espirituales en la que aparece celebrando la Cena Novus Ordo al aire libre, en pantalones vaqueros y una sudadera, sobre la que lleva directamente una estola verde, sentado con las piernas cruzadas sobre una esterilla y sosteniendo un Misal de revista cual si estuviera en un picnic.
  

Haro Rivas, candidato a doctorado en Historia y Teoría Crítica del Arte en la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México, suele compartir en las redes sociales fotografías de sus obras en el bordado guamoteño que redescubrió mientras se especializaba en Estudios Culturales, afirmando que el trabajo repetitivo de la artesanía textil se convierte en oración.
  
Sin justificarlo en lo más mínimo, pero valgan verdades: ya desde antes del Vaticano II, la inobservancia de las rúbricas era algo extendido. Para muestra, la consagración episcopal de Zdzisław Goliński Wlaźlacki († 1963) como obispo auxiliar de Lublín (posteriormente obispo ordinario de Częstochowa) el 3 de Agosto de 1947. Uno de los co-consagrantes, el obispo de Łódź Michał Klepacz Prokov (el que no tiene gafas ni Cruz pectoral), se ve usando mitra preciosa cuando se debe usar mitra simple, contrario a lo establecido en el Ceremonial de los Obispos (y seguramente debía recordarlo por su propia consagración tres meses y veinte días antes); y uno de los sacerdotes asistentes al coro usando estola fuera de los momentos prescritos para su uso (exposición del Santísimo, durante el Canon, al imponer las manos en las Ordenaciones sacerdotales, y al dar la Comunión).
  

Y aún hoy, entre algunos obispos sedevacantistas, se ven otras faltas como el uso del roquete sobre la sotana ordinaria y no con el hábito coral cuando corresponde. 

lunes, 16 de marzo de 2026

ECUADOR: PRESBÍTEROS AHOGADOS MIENTRAS TRATABAN DE RESCATAR A MONAGUILLO EN PLAYA


La Iglesia Sinodal en Ecuador está de luto por la pérdida de Alfonso Avilés Pérez y Pedro Anzoátegui Torres, dos presbíteros que murieron después de rescatar a un joven monaguillo de ahogarse en el mar.
  
El incidente ocurrió el 13 de Marzo en la playa del sector Las Antenas de Playas de Villamil, una localidad a 45 minutos de Guayaquil. Un grupo de presbíteros y monaguillos se había reunido allí para un retiro cuando uno de los jóvenes comenzó a luchar en el agua después de ser atrapado por fuertes olas.
  
El presbítero español Alfonso Avilés Pérez, “instalado” en 1990 para la  Sociedad de Jesucristo Sacerdote (fundada por el sacerdote-presbítero neoconservador Alfonso Gálvez Morillas) y párroco de San Alberto Magno en Daule, entró inmediatamente al mar para ayudar al niño. Su colega Pedro Anzoátegui Torres (“instalado” en 2010 y párroco en Durán, de la diócesis de San Jacinto) también corrió al agua para ayudar en el rescate. Gracias a sus esfuerzos, el servidor del altar fue salvado.
  
Sin embargo, las fuertes corrientes llevaron a ambos presbíteros lejos de la orilla.
  
Avilés murió poco después del incidente, mientras que Anzoátegui fue reportado inicialmente como desaparecido. Su cadáver fue recuperado al día siguiente.
  
COMENTARIO: Será cuestión de tiempo para que les abran proceso de “canonización” igual que al religioso español Pedro Manuel Salado de Alba, quien pereció en 2012 tratando de rescatar a siete niños que se los llevaba la corriente en la playa de Atacames, en la ciudad de Quinindé (prov. Esmeraldas, Ecuador). Solo que habrá un escollo adicional a que la Iglesia Sinodal de la Nueva Era (que es la identidad que asumió la Iglesia Conciliar en 2024) NO PUEDE PRODUCIR SANTOS (Fuera de la Iglesia Católica no hay santidad ni esperanza de salvación): Avilés Pérez simulaba el rito de 1962, tan odiado por los modernistas como inválido sucedáneo de la Misa Latina Tradicional.

Pero volviendo a los hechos probados, queda en el aire una pregunta para empezar: ¿Quién dijo que la playa puede ser un lugar donde se pueda hacer “retiro espiritual”?

viernes, 13 de febrero de 2026

LOS INQUIETANTES ESCRITOS DE UN “VENERABLE” INCULTURADO

Elementos tomando de GLORIA NEWS y otras fuentes. [ADVERTENCIA: El contenido de las citas presentes no es apto para menores de edad o personas altamente impresionables, por lo que se recomienda discreción al lector].
  

   
Bendito nudismo, o la adaptación como ideología
Al hablar del nudismo, Labaca, en su Crónica Huaorani y otros escritos biográficos, no describe simplemente una adaptación cultural forzada por el clima o la necesidad (lo que igualmente no lo justificaría), sino que eleva el nudismo a categoría casi teológica, presentándola como retorno al “Paraíso antes del pecado”:
  • «¡Bendito nudismo de los Huaorani, que no necesitan trapos para salvaguardar sus normas de moral natural!» (Crónica Huaorani, 39; en adelante, CH).
  • «Ellos [los Huaorani] iban desnudos, nosotros comenzamos a ir también de esa manera. (…) Vivían desnudos y yo también a menudo estaba desnudo como ellos» (Tras el rito de las lanzas, Vida y lucha de Alejandro Labaka. Centro de Investigación Cultural de la Amazonía Ecuatoriana  - CICAME. Coca, Ecuador, 2003, 199-200).
  • «Dios ha querido guardar en este pueblo la manera de vivir, la moral natural como en el Paraíso antes del pecado» (CH, 57).
  • En una ocasión en que Cai y su hijastra Deta le sacaron el “cinturón” que cubría sus partes íntimas y en que acabaron todos desnudos, él [Labaca] comenta: «Esta es la única ocasión en que todo el grupo por igual vivimos en la presencia del Creador un capítulo hermoso de la Biblia (Gen. 2, 25)» (CH, 113).
A consecuencia de esa postura, lo que Labaca inició como decisión personal, fue convirtiéndose en norma pastoral para la misión entre los indígenas. Incluso, aún en presencia de las religiosas:
  • «Tal como estaba, en paños menores, me adelanté hasta el jefe de la familia, Inihua y Pahua, su señora; junto a mí se hallaba ya el hijo mayor. Con las palabras padre, madre, hermanas, familia me esforcé en explicarles que ellos, desde ahora, constituían mis padres, hermanos; que todos éramos una sola familia… Me desnudé completamente y besé las manos de mi padre y de mi madre Huaorani y de mis hermanos, reafirmando que somos una verdadera familia» (CH, 37).
  • «Temí ser un rechazo para la cultura y costumbres Huaorani si me manifestaba demasiado rígido (…). En esas circunstancias, comprendí que el misionero, si le toca andar por la selva con ellos, debe andar igual que ellos para poder vestirse cuando llegue la ocasión del frío de la noche» (CH, 38).
  • «Todos me preguntan también si los Huaorani “ya son más decentes con nosotros”. Realmente ahora molestan mucho menos en este sentido; pero sostengo que los misioneros deben comportarse con toda naturalidad entre ellos; no extrañarse de su nudismo ni de ciertas curiosidades que puedan tener con nosotros, y hasta que debemos desnudarnos voluntariamente en algunas circunstancias, no en plan de exhibicionismo sino para no crear complejos de culpabilidad en una cultura de madurez sexual extraordinaria» (CH, 103).
  • «Cada vez que se integran nuevos misioneros al equipo, se suscitan las mismas preocupaciones de nuestros primeros contactos con la cultura amazónica del ‘hombre desnudo’. La preocupación, hecha casi obsesión, se cifraba en que los Huaorani desnudaban a todos. Admitiendo todos que la desnudez era legal dentro de su cultura, constituía, en cambio, una de las dificultades mayores para la entrada del personal misionero, especialmente religiosas. Muy pronto nos dimos cuenta de que el misionero no tiene que esperar que le desnuden, sino que hará mejor en adelantarse a hacerlo para dar muestras de aprecio y estima a la cultura del pueblo Huaorani» (CH, 144).
  • «Sucedió en el primer día de nuestra convivencia con ellos. Ya he dicho que los ríos estaban muy crecidos y, por tanto, estaban inundadas todas las zonas bajas. Las Hermanas y servidor caminábamos por la selva, hacia la casa de Caí, dirigidos por la Srta. Deta y la Sra. Neñene con su chiquito de pecho. En un momento dado, nos encontramos con que el camino se ha perdido en un profundo aguazal de unos quinientos metros de extensión. Sin dudar un momento, Deta se desviste y avanza desnuda con el agua hasta más arriba de la cintura; llegada a la orilla opuesta nos anima sonriente, mientras nosotros caminamos cautelosamente, sin atrevemos a imitar su ejemplo por nuestros prejuicios de educación. Después de un par de horas regresamos por el mismo camino. Deta, esta vez, no se quita su pantaloneta y atraviesa el aguazal, seguida de las Hermanas. Poco después llegamos nosotros: Neñene, con su criatura en brazos, me indica que le ayude a soltarse el lazo de su pantaloneta que, luego, me entrega para que se la pase yo. Ante este signo de confianza y naturalidad, me desvisto también y pasamos así el aguazal» (CH, 145).
Mención aparte merece el relato de Santos Dea Macanilla, indio naporuna y ex seminarista que acompañaba a los misioneros en sus correrías. De un viaje por los ríos Aguarico y sus afluentes Cuyabeno y Eno, en enero de 1980, donde acompañó al P. Labaka y a la Hna. Arango, dice:
«Estando en Puerto Bolívar, nos dieron una casa no habitada para que nosotros durmiéramos allí. Antes de la media noche llegaron a esta provisional vivienda millares de hormigas (…). Se desparramaron hacia donde estaban durmiendo la Hna. y el P.[adre]; luego de unos minutos les vi levantarse a la vez, (la Hna.) Inés estaba con una bata corta de dormir, mientras que Alejandro con la ropa de Adán (desnudo). La primera estaba tranquila frente al otro que se sacaba las hormigas de todo el cuerpo. Al día siguiente al hacer algún comentario al respecto, lo único que dijo es: me sorprendieron las hormigas y por mucho que busqué mi pantaloneta que había puesto en la cabecera, no la encontré, así que me levanté como estaba porque ya me estaban terminando» (Tras el rito de las lanzas, p. 108).
Convivencia homosexualizada con jóvenes
A partir de este punto, las cosas (que ya de por sí eran graves) se tornan cada vez más inquietantes:
  • «Observé la facilidad, o mejor la práctica casi generalizada como algo ritual, de excitarse entre los varones frecuentemente y siempre que hacen sus necesidades; amén de otros juegos de aspecto homosexual en sus largas tertulias familiares. Partir de su realidad me pidió bañarme con ellos o como ellos, o a la vista de jóvenes y niños, con toda naturalidad; intencionadamente hacer el aseo completo de varón adulto; permitir satisfacer la natural curiosidad de tocar y ver en lo que nos ven distintos, como, las partes vellosas del cuerpo. Pero ahí precisamente se me ofreció la ocasión de dar una lección, cuando uno de los adolescentes quiso excitarme y lo impedí con sonriente energía» (CH, 57).
  • «Peigo [un joven Huaorani] se quedó, al parecer, sin hamaca y se acercó a mi cama. En días anteriores le había rechazado, pues le temía por sus ademanes e intentos provocativos homosexuales. Esta vez tuve otra comprensión del “aceptar todo, excepto el pecado” y compartí la cama acostándonos desnudos bajo el mismo mosquitero» (CH, 51-52).
  • «Nos acostamos muy temprano, apenas oscureció. La casa consta de un solo departamento: En un ángulo está el fogón, entre las hamacas de los esposos Inihua y Pahua. En el otro costado se encuentran las restantes hamacas, quitadas a los obreros de la Compañía, con sus toldos y sus colchas, en dirección este-oeste. Mi cama la pusieron detrás, en dirección norte-sur, en el suelo, de manera que podemos darnos la mano con el joven que duerme junto a mí en la hamaca. Estoy empapado de sudor y me quito la camisa y el pantalón» (CH, 36).
  • «Mi madre Pahua se empeñó en que todos durmiéramos en su casa, a pesar de no haber casi sitio material para ello (…). Los jóvenes estuvieron más juguetones que nunca, abundando en palabras y signos que figuraban la unión de sexos, permitiéndose tocamientos en los genitales. Esta vez me molestaron especialmente, hasta constatar con algazara que las reacciones viriles son idénticas entre nosotros y los Huaorani. Con todo, no insistieron ni conmigo ni entre ellos de manera que se produjera polución. Procuré no hacer ningún drama y me esforcé en actuar con naturalidad, reírme con ellos y disuadirles del juego (…). En esta circunstancia concreta nada hubiera habido tan ridículo ni que produjera tanta hilaridad como la erección conseguida en el Capitán ‘Memo’ [el apodo que le dieron a Labaca]. Cuando llegaron de nuevo a acostarse, yo acababa de pedir perdón a Dios por si estaba convertido en “un viejo verde homosexual”» (CH, 146).
Lo anterior escrito plantea un escándalo grave sobre la prudencia, la continencia y el juicio moral de Labaca. Ítem, en el contexto del Gran Holocausto Sexual y Malversación Conciliar que desde 2002 se ha hecho público, estos textos no pueden ser minimizados como meras “anécdotas culturales”.
  
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Alejandro Labaca nació en Beizama (España) el 19 de abril de 1920, entre los nueve hijos de los labriegos Ignacio María Labaca Leunda y Paula Ugarte Otaegui. El 14 de agosto de 1937 ingresó al noviciado capuchino de Sangüesa, donde hizo la primera profesión de votos religiosos en 1938, y la profesión solemne el 29 de septiembre de 1942 (luego de un breve tiempo como asistente del ejército nacional durante la Guerra Civil), tomando el nombre de Manuel de Beizama. Ordenado sacerdote el 22 de diciembre de 1945, fue enviado como misionero a Ping-Liáng (China) donde permaneció seis años hasta la expulsión de los clérigos y órdenes religiosas extranjeras por orden de Mao Zedong en 1953; y al año siguiente a la misión en la selva amazónica de Ecuador, especialmente entre los indios huaorani o aucas. Fue nombrado prefecto apostólico de Aguarico el 22 de enero de 1965, y asistió a la última sesión del Vaticano II (donde defendió los derechos de las minorías étnicas en la elaboración de la constitución “Gáudium et Spes” y el decreto “Ad gentes”, ganándole la acusación de ser nacionalista vasco), y no obstante su renuncia el 26 de junio de 1970, por su experiencia misionera fue nombrado su primer vicario apostólico el 2 de Julio de 1984, siendo “instalado” obispón titular de Pomaria (actual Tlemcen, Argelia) el 9 de Diciembre por el obispo Maximiliano Spiller, vicario apostólico de Napo.

Es en las misiones en la selva donde Labaca conoce a Inés Arango Velásquez, una religiosa de las Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia (segunda orden amigoniana). Penúltima de los doce hijos (entre ellos José de Jesús Arango Velásquez, primer vicario apostólico de Guapí, Cauca) del matrimonio prestante de Fabriciano Arango Franco y María Magdalena Ángela Velásquez Posada, Inés nació en Medellín (Colombia) el 6 de abril de 1937. Siguiendo a sus hermanas Fabiola y Cecilia, ingresó al convento el 2 de julio de 1955, tomando el nombre de María Nieves de Medellín. Profesó los primeros votos el 7 de Julio de 1956, y los solemnes el 15 de agosto de 1959. Durante muchos años, enseñó en varios colegios de los departamentos colombianos de Tolima, Córdoba y Antioquia, hasta que en 1977 a petición del entonces prefecto apostólico de Aguarico fray Jesús Langarica Olagüe OFM Cap., enviada como misionera a la Amazonia ecuatoriana (inicialmente, y a causa de leer los documentos del Vaticano II con sus hermanas de sangre y religión, quería ir a misionar al Zaire –no se le otorgó–; y luego a Mitú, en la Amazonia colombiana –aunque había el proyecto, solo se concretó en 1978–). Inés llegó a Nuevo Rocafuerte y permanecería con Alejandro, incluso contra el consejo de sus superioras.

Alejandro e Inés fueron asesinados a golpes de lanza de chonta por los tagaeríes (una facción de los huaoranis que se aisló en 1968 luego de una disputa dentro del clan Coca, y de los cuales él había sido advertido cuando les mostró un mapa del Ecuador para proponerles viajar a otros asentamientos) en un área entre los ríos Cuchillacu y Tigüino en el corazón de lo que hoy es el Parque Nacional del Yasuní el 21 de Julio de 1987, al ser confundidos como trabajadores de una compañía petrolera dado que bajaron de un helicóptero alquilado a la Compañía General de Combustibles (empresa argentina in illo témpore al servicio de la Corporación Estatal Petrolera Ecuatoriana –hoy Petroecuador–), y porque presuntamente los indígenas se enfermaron al comer la comida que ellos traían. El “obispo desnudo” recibió 80 lanzazos, uno de ellos en el ojo derecho. La monja murió al ser empalada en la vagina, y recibió otros veinte lanzazos. Los asesinos huyeron río arriba poco después.
  
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Siguiendo el estilo de su época de “los años locos” del Vaticano II y la inculturación a la luz de la “Teología de la Liberación”, Labaca no buscaba evangelizar (lo que él despectivamente llamaba «cargarles de crucifijos, medallas y objetos externos religiosos», sino «recibir de ellos [los huaorani] todas las ‘semillas del Verbo’ ocultas en su vida real y en su cultura, donde vive el Dios desconocido» (CH, 103). De hecho, entre los indígenas, nunca dijo Misa, no bautizó a nadie, no predicó a Jesucristo. Ni siquiera rezó la “Liturgia de las Horas”, el sucedáneo novusordita del Divino Oficio (aún cuando estaba obligado a hacerlo por su estado clerical), pero que sea él mismo que lo diga a las hermanas lauritas Inés Ochoa “Tigantai” e Inés Zambrano “Onae”, que junto a Mariano Grefa y Wilfrido Licui lo acompañaron en su recorrido del 1 al 8 de Junio de 1979:
«Después del desayuno [luego de la misa de Pentecostés el 3 de Junio], al organizar nuestra partida para la última etapa, surge la pregunta:
- Padre, ¿llevamos el cáliz, las hostias y el vino?
- Todo eso lo tenemos que esconder aquí, pues nos lo quitarían todo.
- ¿Y entonces?
- Esto tiene carácter de signo para nosotros.
- ¿Cómo es eso?
- Dios quiere que entremos hasta espiritualmente desnudos. Nuestra tarea fundamental y prioritaria es descubrir las “semillas del Verbo” en las costumbres, cultura y acción del pueblo Huaorani; vivir las verdades fundamentales que florecen en este pueblo y le hacen digno de la vida eterna. Tenemos que pedir al Espíritu que nos libere de nuestra propia autosuficiencia espiritual que pretende alcanzar a Dios por el Breviario, la Liturgia o la Biblia; para nada de eso tendremos adecuada oportunidad. Vamos, Hermanas, espiritualmente desnudos para revestirnos de Cristo que vive ya en el pueblo Huaorani y que nos enseñará la nueva forma original e inédita de vivir el Evangelio!» (CH, 144).

Hoy, a 39 años y siete meses después de la muerte de Labaca y Arango, la inmensa mayoría de esos indígenas a los que se quisieron adaptar, son protestantes por la predicación de la misionera presbiteriana estadounidense Raquel Saint Proctor (los huaoranis, seminómadas, fueron contactados por los Traductores Wiclef de la Biblia del controvertido Instituto Lingüístico de Verano en 1957), cumpliéndose así el apotegma, la sentencia: «Mientras los obispos latinoamericanos hicieron la “opción preferencial por los pobres”, los pobres hicieron la “opción preferencial por los protestantes”». Pero bueno, como dijo el mismo Labaca el 25 de Julio de 1976, «consideramos que es obra de la Iglesia lo que los Misioneros Lingüistas hacen con tanto esmero y en nombre de Jesús por la tribu Auca» (CH, 15). «EL QUE POR SU GUSTO ES TRISTE, QUE SE VAYA A QUEJAR AL INFIERNO».

martes, 2 de diciembre de 2025

PRESENTACIÓN IRREVERENTE EN ANTIGUA IGLESIA DE QUITO

Noticia tomada de AGENCIA FARO.
   

A finales del pasado mes de noviembre, se llevó a cabo una presentación teatral en la ciudad de San Francisco de Quito (Ecuador), presentada por el Colectivo «artístico» Up-Zurdas.
  
Este colectivo «artístico», de marcada orientación ultraprogresista en temáticas aberro-sexualista y asuntos disidentes (migración, feminismo, etc.), contó con el apoyo de la Alcaldía de Quito, administrada por Pabel Muñoz López (electo en 2023). La Alcaldía promocionó y facilitó la realización de este evento en la capilla del Museo de la Ciudad.
  
El Museo de la Ciudad es uno de los centros culturales más relevantes de Quito. Este edificio fue, en otro tiempo, el «Hospital Real de la Santa Misericordia de Nuestro Señor Jesucristo», fundado en 1565 por mandato de S.M.C. Don Felipe II de Las Españas. Fue la primera casa de salud de dicha ciudad, destacando por su calidad de atención médica durante las épocas monárquica y republicana ecuatoriana.
  
En la década de 1970, el edificio dejó de cumplir sus funciones sanitarias. En 1998, la Alcaldía de Quito lo convirtió en un museo histórico donde algunos espacios fueron conservados, incluyendo la capilla dedicada a San Juan de Dios. Esta capilla, que alguna vez fue utilizada para la celebración de la Santa Misa, es ahora parte de la exhibición cultural e histórica. Sin embargo, este espacio no se ha limitado a exhibiciones, ya que ha sido utilizado para diversos eventos civiles, sociales y culturales, aunque no se tiene registro de su uso para ceremonias católicas.
   
La Alcaldía quiteña insiste: la capilla ya no es un espacio sacralizado, desde que cambió su uso para convertirse en Museo de la Ciudad y se utiliza exclusivamente para fines culturales. Esto una prueba de cómo la ideología ultraprogresista se ceba, una vez más, con los católicos, con la presentación de una obra con temática aberro-sexualista dentro de un espacio que conserva los elementos propios de su uso para el cual fue construido y para lo que conservó durante siglos.
  
La Arquidiócesis de Quito lamenta y rechaza el uso inapropiado de esta capilla.
   
Este evento se suma a otros que han generado controversia por su contenido ideológico y pseudo-artístico que atenta contra la verdadera fe.

viernes, 31 de enero de 2025

RENUNCIA OBISPÓN ESPAÑOL EN ECUADOR


El boletín de Prensa de la Santa Sede informó que Francisco Bergoglio aceptó el día de hoy 31 de Enero de 2025 la renuncia del obispón español Aníbal de Jesús Crucificado Nieto Guerra OCD (foto) a la diócesis de San Jacinto (Ecuador), nombrando inmediatamente como sucesor al chileno Gustavo Adolfo Rosales Escobar, hasta entonces obispón auxiliar de Guayaquil.
    
Segundo de los cuatro hijos de Abel Nieto y María Consuelo Guerra, Aníbal Guerra Nieto nació en Formoselle (prov. de Zamora, España) el 23 de Febrero de 1949. Ingresó a la Orden Carmelita Descalza en 1964, donde profesó el 15 de Agosto de 1975 antes de ser enviado a San Miguel de Sucumbíos (Ecuador), fue “instalado” presbítero el 8 de Agosto de 1982 por el entonces obispón auxiliar de Oviedo José Sánchez González, y obispón el 22 de Julio de 2006 por el entonces arzobispón opusino de Guayaquil Antonio Arregui Yarza. El 4 de Noviembre de 2009, fue nombrado primer obispón de la diócesis de San Jacinto de Yaguachi, creada a partir de la Archidiócesis de Guayaquil (donde Nieto Guerra era obispón auxiliar) y que en 2015 cambió su nombre al actual. Fue autor de los libros “Encuentros de oración con Teresa de Jesús”, “Orar desde el sufrimiento” y “Orar en todo momento”, como también de la letra del himno de la visita de Francisco Bergoglio al Ecuador en 2015; y editor del CD “Plegarias y Oraciones”.
   
Como es habitual, el discurso laudatorio de circunstancia (no pudimos comprobar independientemente si incluyó ponqué y champán de precio módico) del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño calla es que la renuncia de Nieto Guerra (quien había recibido una prórroga habiendo pasado los 75 años el pasado Febrero) se produce en medio de señalamientos de presunto encubrimiento de los presbíteros José Mercedes Yamunaque Purhuamam (“instalado” en Agosto de 2019 por Áureo Patricio Bonilla Bonilla OFM, vicario apostólico de Galápagos) y Víctor Andrés Restrepo Taborda (“instalado” el 21 de Abril de 2018 por el arzobispón de Guayaquil Luis Gerardo Cabrera Herrera OFM) denunciados por abuso sexual y vínculos con el crimen organizado local, y de malos manejos financieros por parte de Karina López (Administradora General de la diócesis) y Jackson Enrique Ibarra Bajaña (Coordinador General Educativo de la diócesis). Denuncias que no solo abarcan a la diócesis de San Jacinto, sino que además comprenden a otros prelados ecuatorianos y al nuncio Andrés Carrascosa Coso.

sábado, 4 de mayo de 2024

BIENAVENTURADO VÍCTOR EMILIO MOSCOSO CÁRDENAS, SACERDOTE Y MÁRTIR


Víctor Emilio Moscoso y Cárdenas nació en Cuenca (Ecuador) el 21 de abril de 1846, hijo de Juan Manuel Anacleto de Lima Moscoso (1803–64) y María Antonia Cárdenas (1818–29.1.1887), prima de Ana Muñoz Cárdenas (madre del bienaventurado hermano lasallista Miguel –en el siglo Francisco Luis Florencio– Febres-Cordero Muñoz). Fue bautizado el 27 de abril en la iglesia parroquial de su localidad como "Salvador Víctor Emilio".

Estudió derecho en la universidad, pero se sintió atraído por la vida religiosa y abandonó sus estudios para unirse a los jesuitas en 1864, que en ese entonces pertenecían a la Provincia de Castilla (dos años atrás, el presidente mártir Gabriel García Moreno los recibió en el Ecuador, después de haber sido expulsados de la vecina Colombia por el radical y masón Tomás Cipriano de Mosquera, por lo que este invadió el país con apoyo de los liberales ecuatorianos). Comenzó su noviciado en Cuenca, donde los jesuitas se habían establecido desde que la orden se vio obligada a abandonar Quito debido al sentimiento antirreligioso y persecución en la época. Moscoso estudió en el colegio de San Luis donde realizó sus estudios filosóficos en los que obtuvo buenos resultados. Hizo sus primeros votos el 27 de abril de 1866 en Quito tras concluir su período de noviciado.
Batallón “21 de agosto”
Moscoso comenzó sus funciones como sacerdote y profesor en Riobamba a partir de 1867 y pasaría a enseñar tanto retórica como gramática. Posteriormente comenzó a enseñar a partir de 1892 en el colegio San Felipe Neri de Riobamba y desde 1893 hasta su muerte se desempeñó como rector del mismo.
    
En 1895 estalló en Ecuador la Revolución Liberal que desencadenó una serie de persecuciones y una ola de sentimiento antirreligioso contra religiosos y sacerdotes. Su propio asesinato se produjo en este contexto durante un asalto de tropas liberales en la casa jesuítica de Riobamba ubicada cerca del colegio en el que impartía clases. Con apoyo de mercenarios militares centroamericanos, el General Alfaro, y algunos soldados reclutado de la costa, emprende la campaña del centro del Ecuador hasta apoderarse de la capital de la República. En 1896, tras la fácil victoria de Gatazo, Eloy Alfaro dio por consolidado su poder sobre la República, mientras en la Sierra, pequeños grupos de resistencia se aglutinaban en Riobamba y sus alrededores. El gobierno concentró por eso, en este sector, fuerzas militares, y las suspicacias les hacían ver por todos lados movimientos revolucionarios. 

Los jesuitas ecuatorianos estuvieron en primera línea en defensa de la Iglesia. Acudieron, entre otras prácticas, a las devociones al Corazón de Jesús y a María Inmaculada, propagadas por la Compañía desde tiempo atrás. En la pequeña Riobamba, 1896 fue un año de tribulaciones a causa de las duras condiciones impuestas por el régimen anticlerical. La situación empeoró cuando, a finales de abril de 1897, las tropas alfaristas encarcelaron arbitrariamente al obispo Mons. Arsenio Andrade, acusado de conspirar contra el gobierno.

Ante la presión del régimen, habría sido más fácil clausurar el colegio y abandonar la ciudad, pero Emilio Moscoso y sus compañeros se mantuvieron firmes al servicio de la juventud riobambeña. En los días previos a su muerte fue extraordinario el testimonio de fortaleza en el Espíritu del rector del Colegio San Felipe. Los liberales persiguieron abiertamente a los religiosos de Riobamba, redentoristas y jesuitas, y el 2 de mayo el P. Moscoso fue encarcelado junto a otros compañeros, mostrando una gran serenidad para consolar a sus hermanos amenazados de expulsión. El 3 de mayo, tras gestiones de la población, casi todos fueron liberados a media tarde, salvo cuatro que permanecerían como rehenes. Emilio Moscoso salió de la prisión calmando a la gente que, enardecida, protestaba a causa de los jesuitas encarcelados y, a su llegada al colegio, buscó incansablemente la liberación de sus compañeros.

Los soldados al mando del mayor Luis Soto y el capitán Eliseo Santos Manzanilla, de nacionalidad costarricense, que estaban autorizados a tomar prisioneros a los sacerdotes. 4 de mayo, el jefe de los conservadores, Pacífico Chiriboga, convencido que el convento y el Colegio San Felipe estaban vacíos, porque los sacerdotes yacían prisioneros, horada la pared de la calle Orozco e ingresa con un grupo de personas; ellos  fueron mal informados sobre un supuesto apoyo que recibirían para enfrentar a los liberales; son descubiertos y a las 5 de la mañana empieza el asedio en contra de las instalaciones mencionadas donde los Jesuitas, sin esperarlo, quedan atrapados entre el fuego cruzado. El ejército liberal, con más de cien efectivos, rompe con hachas las puertas del templo de San Felipe, ingresan y cometen la sacrílega profanación que fuera calificada por el Dr. Gabriel Cevallos García como “el feroz empeño de ofender con una ofensa inenarrable la fe de un pueblo”. Rompen el sagrario, tiran al suelo las hostias consagradas, las pisotean, beben licor en los vasos sagrados, se burlan de los sacramentos y de la predicación. Flavio Alfaro, en persona, comanda las operaciones y él mismo expresa la orden fatal: “Maten a todos los frailes”. Al P. Moscoso lo encontraron en una habitación arrodillado ante un Crucifijo y matarlo a quemarropa. Moscoso recibió dos disparos y los asesinos intentaron transformar la escena para que pareciera que el sacerdote estaba armado y había sido fusilado en combate; se colocó un rifle cerca de su cadáver. Para ocultar lo ocurrido, emitieron un boletín oficial, el número 4, plagado de mentiras en contra de los religiosos. En el juicio civil, en cambio, todos los testigos, militares actores del hecho, develaron la realidad. El 29 de marzo de 1916 el segundo comandante del Batallón “14 de agosto”, José Joaquín Merino, que participó en tan ignominioso hecho, en documento autobiográfico in artículo mortis y juramentado, reveló la verdad y la identidad de los asesinos. el comandante José Joaquín Merino, segundo jefe del Batallón  lo ocurrido:
«En la mañana del 4 de mayo de 1897… yo vi con mis propios ojos que el mayor Luis Soto y el capitán Santos Manzanilla, costariqueños, como yo, los tenía, mataron al R.P. Moscoso en la celda; le encontraron hincado en un reclinatorio, orando delante de un crucifijo, y ellos gloriándose de haberle matado salieron a la puerta, y el mayor Soto colocó su rifle entre los brazos del P. Moscoso y le hicieron abrazar el rifle poniéndole en son de burla. Yo me acerqué al P. Moscoso y vi que la sangre le chorreaba por las sienes y corría por encima de una bufanda morada que el Padre estaba puesto».
  
Sus compañeros jesuitas no estaban al tanto del ataque que duró hasta las 8:00 am debido a que estaban en un área separada y por lo tanto no escucharon lo que se estaba desarrollando hasta mucho más tarde. Se encontró sangre corriendo por sus sienes y sobre un pañuelo morado que llevaba en ese momento.

lunes, 19 de febrero de 2024

(CASI) PRIMER CASO DE EUTANASIA EN ECUADOR


El miércoles 7 de Febrero de 2024, el Tribunal Constitucional de Ecuador declaró en la sentencia 67-23-IN/24 la condicionalidad condicionada el artículo 144 del Código Orgánico Integral Penal (homicidio) en el entendido que se despenaliza la eutanasia, y al tiempo declaró inconstitucional el artículo 90 del Código de Ética Médica. Esto después de una demanda presentada el 8 de Agosto de 2023 por la quiteña Paola Roldán Espinosa, de 42 años, que padecía esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

La decisión, con ponencia del juez constitucional Pablo Enrique Herrería Bonnet, contó con los votos favorables de Karla Elizabeth Andrade Quintero, Alejandra Cárdenas Reyes, Jhoel Marlin Escudero Soliz, Alí Vicente Lozada Prado, Richard Omar Ortiz y Ortiz (voto concurrente), y Daniela Salazar Marín. Las juezas Hilda Teresa Nuques Martínez y Carmen Faviola Corral Ponce votaron en contra.

Ecuador se suma a los países que han legalizado la eutanasia: Suiza (1942, el primer país del mundo en hacerlo), Países Bajos (2002), Bélgica (2002), Luxemburgo (2009), Canadá (2016), Nueva Zelanda (2019), España (2021), los estados estadounidenses de Oregón (1997), Washington y Montana (ambos en 2009; en este último, el Tribunal Supremo del estado dictaminó en el caso Baxter vs. Montana que «si bien la Constitución del estado no garantizaba el derecho al suicidio asistido por un médico, no había “nada en el precedente de la Corte Suprema de Montana ni en los estatutos de Montana que indicara que la ayuda médica para morir vaya en contra de la política pública”»), Vermont (2013), California y Colorado (ambas en 2016), Distrito de Columbia (2017), Maine, Nueva Jersey y Hawái (los tres en 2019), y Nuevo México (2021), y los estados australianos de Victoria (2019), Australia Occidental (2021), Queensland (2022), Tasmania, Nueva Gales del Sur y Australia Meridional (los tres en 2023). En Latinoamérica, fue antecedido por su vecina Colombia (1997, reglamentada en 2014; en 2022 se extendió a enfermedades no terminales como la ELA) y Cuba (que la aprobó en la Ley de Salud Pública de Diciembre de 2023).
  
ACTUALIZACIÓN (13 de Marzo): Paola Roldán Espinosa falleció el 11 de Marzo, por complicaciones de su enfermedad por la que, irónicamente, quería ponerle fin a sus días. Ella quiso que su funeral fuera festivo, pero ahora es el Infierno el que hará fiesta con ella.

domingo, 11 de febrero de 2024

EL NIÑO JESÚS CRUCIFICADO DEL PICHINCHA


El Niño Jesús, que la Santísima Virgen presentaba constantemente en sus brazos durante las apariciones del Buen Suceso, manifestaría también su predilección por estas tierras del Sagrado Corazón así como la ingratitud del Ecuador ante las misericordias divinas. En el año de 1628 Nuestra Señora del Buen Suceso así decía a la Madre Mariana de Jesús Torres:
«Levanta ahora la vista y mira hacia el cerro de Pichincha, donde será crucificado este Divino Infante que traigo en mis brazos. Lo entrego a la Cruz a fin de que Él dé siempre buenos sucesos a esta República, la que será muy feliz cuando en toda en su extensión me conozcan y me honren bajo esta advocación (como María del Buen Suceso), pues será buen suceso para las almas, casas y familias, y esta invocación será prenda de salvación».
Enseguida, la Madre Mariana de Jesús vio a los tres Arcángeles, San Miguel, San Gabriel, y San Rafael que tomaron al Divino Niño de los brazos de su Santísima Madre y lo condujeron a la cima de dicho cerro, dejándolo allí con reverente acatamiento,
  
Toda la montaña se envolvió de una luz celestial y el Niño Jesús, vestido de una larga túnica blanca salpicada de estrellas y un manto de color rosado muy precioso, nunca visto en la tierra, encontró delante de sí una cruz de madera lisa y achatada de la cual pendía una corona de agudas espinas.
  
Hermoso y lleno de Divinidad, oculta en su Santa Humanidad se postró en tierra con los brazos en cruz, y rezando a Dios Padre decía:
«Padre Mío y Dios Eterno, considerad benigno esta pequeña porción de tierra, (el Ecuador) que hoy me dáis, para que en ella, reine como Señor absoluto, mi amoroso y tierno Corazón y el de mi Madre Santísima, criatura tan pura y tan bella cual no hay otra».
El Divino Niño se aproximó a la cruz, fijándose a ella con amor y por sus rosadas mejillas caían gruesas lágrimas que fueron luego recogidas por los tres Arcángeles y esparcidas por ellos por toda la nueva nación. Ciñendo la corona de puntiagudas espinas, el Divino Niño se apegó a la cruz y extendió sus manos, quedando crucificado delante del gran Pichincha. Dicha colina que domina la ciudad (de Quito) quedó santificada a partir de ese instante y quiso desde allí el Corazón Santísimo de Jesús, ejercer su dominio.

Su frente, manos y pies emanaban sangre, y mientras su triste miraba abarcaba todo el Ecuador, entre sollozos decía:
«¡No puedo hacer más por ti, para demostrarte mi Amor! Almas ingratas no me paguéis con desprecio, sacrilegios y blasfemias, tanto Amor y delicadezas de mi Corazón! Por lo menos vosotros mis devotos sed mi consuelo en mis soledades eucarísticas, velad en mi compañía, alejad de vosotros el sueño de la indiferencia con relación a Dios que tanto os ama.
   
En medio de las amarguras y funestos tiempos que sobrevendrán a esta Patria, vuestra humilde, secreta, y silenciosa oración juntamente con vuestra penitencia voluntaria, la salvará de la destrucción a donde la conducen sus hijos ingratos, pues éstos, humillando y despreciando a los buenos, exaltarán y alabarán a los malos advenedizos satélites de Satanás».
Devoción al Niño Jesús, Símbolo de la Inocencia Espiritual
La Madre Mariana recibiría luego, en el año de 1634, el mandato de Nuestra Señora de reproducir en estampas su visión del Niño Divino:
«No fue por casualidad que viste crucificado a mi Divino Niño en el cerro del Pichincha...
 
...Ya que colocaste mi Imagen sobre el Trono de Abadesa de éste mi Convento tal como te lo pedí, para gobernarlo y defenderlo, y hacer el bien a todas las poblaciones y ciudades, así también queremos que, valiéndote del Obispo, reproduzcas en estampas esta visión que tuviste de mi Amadísimo Niño Crucificado, escribiendo en ellas las palabras que oíste de sus labios».
Nuestra Señora del Buen Suceso le ordenó entonces, «difundir dichas estampas por todo el mundo». La Providencia tenía en ello un Santísimo propósito :
«Estas estampas –diría la Santísima Virgen– volarán por el mundo entero y a todos impresionará santamente, sin saberse de su procedencia en el transcurso de los tiempos».
Al día siguiente, el Obispo de Quito, Don Pedro de Oviedo, acudió al Monasterio de las Conceptas, para saludar a las dos únicas sobrevivientes, en ese entonces, de la Fundación del Convento, siendo ellas, la Madre Mariana de Jesús Torres y la Madre Francisca de los Ángeles.
«Queridas Hermanas, –dijo el Prelado– en sueños me pareció ver a mi Madre Santísima, que llena de amor y ternura maternal, me indicaba la visión del Niño Crucificado en el cerro del Pichincha, pidiéndome también, mandarla a grabar en unas estampas, añadiéndole las palabras mencionadas por el Divino Niño en dicha colina».
Nuestra Señora le indicaba así al Obispo, lo mismo que le había revelado a la Madre Mariana, acerca de la difusión de la devoción al Niño Jesús Crucificado, por todo el mundo, incluso Don Oviedo tuvo la impresión también de que las referidas estampas jamás se perderían, por el contrario, serían continuamente reproducidas y tendrían el don de conquistar corazones para el amor a Dios.
  
El Obispo ordenó a la Santa Fundadora, elaborar un dibujo que plasmase la aparición del Niño en la Cruz, y enviarlo a España, lugar donde iban a ser editadas las estampas. Al dibujo, Monseñor Oviedo le adjuntaría una carta dirigida al Rey pidiéndole especial prontitud en la impresión. Prometió también a las Madres, encargarse personalmente, luego de su publicación, de distribuirlas a todas las religiosas del Convento, oferta que cumplió tiempo después.
   
En todas sus apariciones hechas a la Madre Mariana de Jesús Torres, Nuestra Señora de El Buen Suceso, llevaba consigo al Niño Jesús. Y como prueba de su Amor para con el Convento de la Inmaculada Concepción, como también para con estas tierras del Sagrado Corazón de Jesús, entregó en varias ocasiones a su Divino Infante en brazos de la santa religiosa, quien complacida lo recibía con presteza inimaginable y gozo inefable.
  
Tres meses antes de la muerte la Sierva de Dios, en medio de uno de esos sublimes momentos, el Niño Dios, acariciándola, le dice:
«Mi querida y pobre esposa, fíjate bien y medita en tu interior, que la devoción al Niño Jesús será siempre, en todo conflicto, la salvaguardia de éste Convento. Si faltara esta devoción, desaparecerá el bello espíritu de la infancia espiritual en el que se complace mi Padre Celestial.
  
Mientras dicho espíritu exista no habrá poder humano capaz de destruir este Convento mío, tan querido. Felices quienes me amen y me den culto. Yo los llenaré de Luces y Gracias para que sus almas sean preciosas ante mi Padre Celestial y la Santísima Trinidad, en ellas nos deleitaremos.
  
Yo los asistiré en la última agonía y volveré suave su juicio, menor el tiempo de su purificación, y grande el grado de Gloria que tuvieren en el Cielo».
Así el Hijo de Dios, recordaba la Divina sentencia manifestada en cierta ocasión a los Apóstoles: «Si no os hiciereis como un niño, no entraréis en el Reino de los Cielos» (cfr. Mt. 18, 3).
  
La Madre Mariana de Jesús Torres, consiguió así, a través de una devoción sin par al Niño de la Cruz, que aquella inocencia infantil, junto a dones de naturaleza y de Gracia embellezcan su alma por siempre.
 
El Niño Jesús de la Cruz del Pichincha se venera en uno de los altares de la Iglesia perteneciente al Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito, que, vestido como se apareció en la visión de la Madre Mariana y coronado de espinas, muestra las llagas de la Pasión en sus pies y manos.

viernes, 2 de febrero de 2024

NOVENA AL DIVINO NIÑO JESÚS DEL PICHINCHA

Puede rezarse en cualquier momento del año, pero particularmente antes del segundo domingo después de la fiesta de Nuestra Señora del Buen Suceso.
 
Por la señal de la Santa Cruz…

ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quién sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, confesarme y, cumplir la penitencia que me fuera impuesta.
Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y, así como lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita, que los perdonaréis, por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis la gracia para enmendarme, y perseverar en vuestro Santo Amor y Servicio, hasta el fin de mi vida. Amén.

DÍA PRIMERO

CONSIDERACIÓN PARA EL PRIMER DÍA
Contempla al Niño Jesús, extendidos sus brazos en la Cruz, mostrando sus cinco llagas y en su cabeza la corona de espinas. De sus labios brota una sublime queja: “Hijo mío, todo sufrí Yo por tu amor” ¿Qué haces tú por Mí? Venerando cada una de sus cinco llagas
esfuérzate alma, por corresponder a su amor.
No sigas el sendero del pecado, guarda tus sentidos, refrena la imaginación, sé caritativo con todos y perdona de corazón…¡Hazlo todo por su amor!.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Jesús crecía en sabiduría y en edad, y en gracia delante de Dios y de los hombres. (Lucas 2: 52). Capullo hermosísimo y adorable, el Niño Jesús del Pichincha nos presenta al Redentor en los albores de su juventud.
Quiso su Madre, la Reina de El Buen Suceso sea honrado en el Ecuador, talvez el primer país en el mundo en tener tal honor. Jóven, Dios, Rey y Hombre…la tierna sonrisa de su faz embarga de amor y deleita suavísimamente el alma.
Es al Divino Corazón de este hermoso Niño, quien sobre el Monte Pichincha quiso beber el cáliz amargo de la crucifixión por los pecados del Ecuador, al que dos siglos después se consagraría nuestra nación, tal como Nuestra Señora de El Buen Suceso nos lo anunciaba.
Amémos al Niño Jesús del Pichincha, amémos a Nuestra Señora de El Buen Suceso, honrémoslos de corazón, pues Ellos, en un día no muy lejano salvarán al Ecuador como nos lo han revelado.


Pídase aquí una gracia al Divino Niño Jesús del Pichincha.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

Divino Niño Jesús de la Cruz del Pichincha, Ten piedad de nosotros
Oh! Madre de El Buen Suceso, Ruega por nosotros.
  
DÍA SEGUNDO 
Por la señal de la Santa Cruz…
Acto de contrición.
  
 CONSIDERACIÓN PARA EL SEGUNDO DÍA
Contempla al Divino Niño Jesús de la Cruz, que desde la cuna de Belén se presentó como Salvador y Redentor del género humano. ¡Oh alma!, esfuérzate por participar de los preciosos frutos que nos mereció Jesús en el ara del Calvario y que nos brinda cada día
en el Santo Sacrificio de la Misa. Acude a sus Sacramentos y bebe la fuente inagotable de su misericordia.
  
CONSIDERACIÓN PARA EL TERCER DÍA
Contempla al Divino Niño Jesús de la Cruz que es el Maestro de la eterna Sabiduría, del amor y la humildad. ¡Oh alma! atiende a las divinas mociones para transformar y elevar tu vida mediante, una sumisión gozosa al Divino Beneplácito, con la confianza en Dios y el conocimiento de la propia miseria; a fin de que cada instante de tu existencia se una a la Suprema inmolación de Jesús en el Calvario

CONSIDERACIÓN PARA EL CUARTO DÍA

Contempla al Divino Niño Jesús de la Cruz en el misterio de su Santísima Pasión como el Abogado que intercede continuamente ante el Padre Celestial por todos nosotros, sus hermanos.
Sus llagas claman misericordia y caridad, y cuando abre su amoroso Corazón, derrama una lluvia magnífica de bendiciones en cada alma. Aprovéchate de tan grande y sin par beneficio para alcanzar al final el Cielo prometido.

CONSIDERACIÓN PARA EL QUINTO DÍA

Mira al tierno Niño crucificado por tu amor. Aquel que desde su infancia se deleitaba con el misterio de la Cruz y es el Cordero de Dios que en ella se inmola.
Pídele unirte en su Cruz pan luchar con ardor contra los tenaces enemigos del alma y vencerlos con la fuerza del Divino Espíritu. Solamente así la Cruz será símbolo de victoria con el triunfo definitivo del bien sobre el mal y el gozo por toda la eternidad.

CONSIDERACIÓN PARA EL SEXTO DÍA
¡Oh Divino Infante! que te complaces en las almas vírgenes y que nos has dicho: “Dejad que los niños venga a Mi” introdúcenos en tu Corazón Amoroso y concédenos practicar las virtudes que más te agradan.
Acrecienta nuestra pureza y caridad, y sobre todo el amor a Ti y a tu Madre Santísima, que es también nuestra, como prenda de predestinación y de felicidad sempiterna.

CONSIDERACIÓN PARA EL SÉPTIMO DÍA
Acércate a Jesús Niño Crucificado, que desde la más tierna edad, manifestó día a día insondables tesoros de gracia y sabiduría. Pídele que cautive tu alma con los encantos propios de la más pura niñez, de la amable adolescencia y de la casta juventud, a fin de que tu belleza interior se conserve intacta en medio del fragor del mundo.
  
CONSIDERACIÓN PARA OCTAVO DÍA
¡Oh admirable Niño de la Cruz! que te presentas revestido de la insignia sacerdotal de la sagrada estola, para significar que eres Sacerdote y Víctima al mismo tiempo y que perpetúas tu misterio de Amor en la Sagrada Eucaristía; infúndenos tu espíritu de donación, caridad e inmolación, sobre todo en las almas a Ti consagradas, a fin de unirnos continuamente al sacrificio de la redención en reparación de los pecados de todo el mundo.
   
CONSIDERACIÓN PARA EL NOVENO DÍA
Contempla a Jesús, Dios y Hombre verdadero, Sagrario que se ofrece en el altar de oro de la reconciliación humana.
Que dicha ¡Oh Dios de Amor! verte, sentirte, recibirte en tu adorable Sacramento. Oh Jesús, ven a mí con el raudal de tus grandezas, con tu sangre, con tu Cruz, y úneme a tu Corazón, de tal manera que pueda exclamar con el Apóstol: ¿Quién podrá apartarme del amor de Cristo?”

lunes, 5 de junio de 2023

GABRIEL GARCÍA MORENO Y LA BOMBILLA ELÉCTRICA

Tomado del INSTITUTO NACIONAL GARCIANO (Twitter).

La noche del 3 de junio de 1875, el pueblo de Quito, junto al presidente García Moreno fue testigo del encendido de la primera bombilla eléctrica, incluso antes de la invención de la primera bombilla de Thomas Alva Edison que data en octubre de 1879.
   
La primera luz eléctrica exhibida en la Plaza de la Independencia la noche del 3 de junio de 1875, fue producida por 120 pares de pilas Bunsen. Los quiteños quedaron atónitos cuando Kolberg y Brugier oprimen una palanca y súbitamente brota una luz potente y a la vez misteriosa.

jueves, 20 de abril de 2023

MENSAJE DE PÍO XII POR LA CORONACIÓN DE LA VIRGEN DOLOROSA DEL COLEGIO


La milagrosa imagen de Nuestra Señora de los Dolores en el Colegio San Gabriel de Quito fue coronada solemnemente el 22 de Abril de 1956 por el cardenal Carlos María Javier de la Torre y Nieto, Arzobispo de Quito, por mandato del Papa Pío XII, el cual envió el siguiente radiomensaje (publicado en Acta Apostólicæ Sedis 48 (1956), págs. 292-294). para tan magno evento:
RADIOMENSAJE DE SU SANTIDAD PÍO XII A LOS FIELES DE ECUADOR CON MOTIVO DE LA CORONACIÓN DE LA DOLOROSA DEL COLEGIO, EN QUITO
    
Amadísimos hijos —católicos ecuatorianos y, más en especial, católicos quiteños—, que con suma devoción y entusiasmo colocáis hoy una corona sobre las sienes de vuestra «Dolorosa del Colegio», al cumplirse los cincuenta años de las manifestaciones con que Ella os mostró su predilección:
   
¿Qué idea ha sido esta, hijos amadísimos, de celebrar con fiestas y con júbilo a Quien ante vosotros se muestra con los ojos llenos de lágrimas? ¿Quién os ha enseñado a coronar con una corona de oro a la que tiene en las manos una corona de espinas?
    
Lloró la Virgen y sus llantos y dolores fueron primero profetizados en las palabras del Santo anciano (Luc. 2, 35), y luego vigorosamente descritos con sublime concisión en aquella Señora, que estaba de pié junto al patíbulo de su Divino Hijo (Joann. 19, 25); y estas lágrimas nos obtuvieron salvación y gracia.
     
Según referencias de los testigos, mostró la Virgen —aun en medio de su eterna felicidad y como señal de su materna solicitud por la salvación de sus hijos— angustia y tristeza, hasta el punto de parecer que estaba para romper a llorar, al ver vuestra catolicísima nación asolada por la persecución, manchada de sangre, arrastrada a tales extremos por el odio sectario que podría decirse en peligro aquella vieja y santa herencia de fe, especialmente si se conseguía llevar a cabo el propósito de descristianizar la educación de vuestros hijos. Y ¿quién podrá dudar de que fueron aquellas angustias y aquellas tristezas las que impetraron del cielo las fuerzas necesarias para poner un dique a las potencias del mal y preparar esta primavera de las almas, cuyos frutos ahora vosotros tenéis el gozo de contemplar?
     
Son lágrimas, pero lágrimas preciosas, que bien merecen, hijos amadísimos, vuestra gratitud más sincera; son dolores, pero dolores cuyos frutos vosotros estáis gozando y en los que justamente habéis de ver una singular manifestación de amor maternal. Bien están, pues, las fiestas y el júbilo, bien la corona de oro, aunque todo os recuerde una vez más aquel contraste sublime, que hace de las alegrías de la maternidad una fuente de lágrimas, y que convierte a toda madre, consciente de su misión, en una heroína del deber.
    
Pero todos vuestros agasajos y solemnidades podrían quedar en simple ruido, que el viento se lleva, si vuestra piadosa consideración no se detuviese un momento a pensar: lloró la Virgen, pero ¿no llorará acaso también hoy, y quién sabe si por culpa nuestra?
    
Porque, efectivamente, amadísimos hijos, ¿con qué ojos podría Ella ver, por ejemplo, una vida de fe reducida acaso a una serie de manifestaciones exteriores y privada de aquel espíritu interior, que todo lo valoriza y sin el cual lo exterior no significa ni vale nada? ¿Qué efecto le habrá de producir un corazón orgulloso y altanero, que al pobre y al humilde les mira de arriba abajo y parece que no sabe sino ser superior a quienquiera que se atreva a comparecer en su presencia? ¿Encontrará Ella el amor que se debe a su Divino Hijo, la obediencia a la Iglesia, la observancia de los mandamientos y de los preceptos? Lloró la Virgen, hijos amadísimos, y no obraríamos con la sinceridad con que queremos obrar, si no os dijésemos que mucho tememos que llore todavía; sin poder dudar, claro está, del consuelo y de la alegría que le procuráis con vuestra piedad filial, especialmente en estos momentos.
   
Y ha sido Quito, la legendaria e histórica Quito, que recostada en la ladera del orgulloso Pichincha y coronada de cumbres volcánicas, se diría que duerme un sueño de gloria en la paz templada de su alta meseta; ha sido Quito, la de la encantadora «Azucena», que Nos mismo tuvimos la singular satisfacción de elevar al máximo honor de los altares, la que hoy ha preparado a su Madre Dolorosa este triunfo, pagando una vieja deuda de gratitud en la que más que el oro y que las piedras preciosas lo que cuenta, como en todo don filial, es el corazón con que se ofrece. Ciudad feliz, porque, como dice el Espíritu Santo, honrar a la propia Madre es lo mismo que juntar un gran tesoro (cf. Eccli. 3, 5); dichosa ciudad y dichoso país, si sabéis ser fieles a lo que en tan solemne ocasión habéis prometido, porque, como podríamos decir parafraseando las expresiones de un gran Doctor de la Iglesia [1], bien está que el primer pensamiento haya sido honrar a vuestra Madre, y luego haya venido el propósito de huir del pecado y vivir una vida mejor; pero si un día tales propósitos se olvidaran, ni se da gracias como se debe, ni valen nada las honras y alabanzas.
   
Recíbelas Tú benignamente, oh Dolorosa del Colegio, o, como más universalmente eres conocida, Dolorosa de Quito; recíbelas Tú, y que sean precisamente Tus dolores, que sean Tus lágrimas las que descendiendo sobre esa tierra fértil, hagan prosperar y madurar frutos de perfección cristiana y de santidad. Es un pueblo que te ama y que no quiere verte llorar más; es un pueblo dispuesto a llorar él sus pecados con tal de que Tú sonrías; es un pueblo de hijos tuyos, de devotísimos hijos tuyos que hoy te ofrece esa corona, como prenda tangible de reconciliación, como memoria perenne del amor que Te profesa, como señal de reconocimiento de Tu soberanía maternal. Es un pueblo predilecto que, aunque te haya costado lágrimas, puede asegurarte que no son lágrimas perdidas, sino que precisamente por ellas confía plenamente en Tu bondad y en Tu intercesión ante Tu preciosísimo Hijo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos. Amén.
    
Para terminar, una Bendición especial a Nuestro amadísimo Hijo y Prelado vuestro, a cuyas manos hemos confiado la imposición de la corona, que bien hubiéramos querido imponer Nos mismo con las Nuestras; una Bendición a esa ciudad y a toda la nación ecuatoriana; una Bendición a toda la América de lengua española y, más en particular, a todos aquellos que en estos momentos, de un modo o de otro, oigan Nuestra voz.

[1] San Agustín, Comentario sobre el Salmo 75, n. 14; en Migne, Patrología Latina XXXVI, col. 965.

martes, 18 de abril de 2023

LA COLUMNA PACHAMAMISTA DE UN SALESIANO EN ECUADOR

En el editorial del semanario litúrgico “Nuestra Fiesta/Ñucanchic Raymi” de los salesianos en la diócesis de San Miguel de Ibarra (Ecuador) correspondiente al día domingo 16 de Abril de 2023, el sacerdote-presbítero Luigi “Gigi” Ricchiardi Miaja SDB (ordenado el 1 de Julio de 1958) escribió lo siguiente como conclusión:
«[Jesús] Nos quiere dar su Espíritu para que nos animemos recíprocamente y contagiemos nuestra esperanza a otras personas, convencidos de que tenemos que luchar por un país distinto, más justo y solidario, menos corrupto, más respetuoso de la Pachamama, con ricos menos ricos y pobres menos pobres».
  

Luigi “Gigi” Ricchiardi Miaja ha misionado durante años entre los indígenas de la Sierra, pero sus frutos por visto fueron políticos: fue el encargado de celebrar el servicio Novus Ordo en idioma quechua en el acto que posesionó ante el pueblo indígena de Zumbahua a Rafael Correa (que había sido voluntario salesiano) como presidente del Ecuador el 15 de Enero de 2007, y fue invitado el 9 de Marzo de 2015 junto a los entonces alcaldes de Gualaceo y Girón (provincia de Azuay) al relevo de guardia del Grupo Escolta Presidencial “Granaderos de Tarqui” frente al Palacio Presidencial.
  
Luigi “Gigi” Ricchiardi Miaja SDB
  
Y mientras, los modernistas, que siguen a Bergoglio (que puso la Pachamama en la Basílica de San Pedro y se alinea con el comunismo) y se lanzan a defenderlo y justificarlo en prensa, radio, televisión y redes sociales, diciendo que los tradicionalistas que denuncian esas y otras cosas son el problema…
  
UNA VERGÜENZA PARA SAN JUAN BOSCO ESA COLUMNA DE RICCHIARDI.

viernes, 27 de enero de 2023

NOVENA EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE LA NUBE

Novena compuesta por el padre Julio María Matovelle en 1894, y reimpresa en Quito por la Maquinaria Tipográfica de Julio Sáenz Rebolledo en 1906. Imprimátur por Mons. Manuel Tovar y Chamorro, Arzobispo de Lima, el 17 de Abril de 1901; Reimprimátur por el P. Ulpiano Pérez, Vicario General del Arzobispado de Quito, el 3 de Julio de 1906.
   
ADVERTENCIA DEL AUTOR.
Aunque la Santísima Virgen es la dispensadora de todas las gracias, parece sin embargo que se complace en otorgar algunas determinadas, según el título bajo el cual se le invoca. Nuestra Señora de la Nube se ha manifestado bondadosa y benigna, principalmente en favor de los enfermos, por lo que el pueblo devoto la aclamaron aquellas dulces palabras de las letanías lauretanas: ¡Salud de los enfermos, ruega por nosotros! ¡Salus Infirmórum, Ora pro nobis!
 
Para obtener la gracia de la curación acostumbran, los que padecen alguna dolencia, hacer una novena de ejercicios piadosos que concluyen recibiendo fervorosamente los sacramentos de la confesión y comunión; siendo muchos los enfermos que de este modo han obtenido curaciones extraordinarias y portentosas. Con este motivo innumerables personas desearían tener una Novena en honra de Nuestra Señora de la Nube; la presente se ha formado con el designio de satisfacer tan justo como piadoso anhelo, y también con el fin de cooperar en algo a la mayor difusión del culto de la Santísima Virgen.
  
Aconséjase a las personas que tratan de hacer esta Novena, que consigan previamente una imagen de Nuestra Señora de la Nube, la cual adornarán convenientemente en la misma habitación del enfermo, si es posible. Delante de la santa imagen, a una hora señalada, harán cada día los ejercicios correspondientes de la Novena, principiando siempre por rezar una tercera parte del Rosario y las Letanías lauretanas, en las que dirán tres veces la invocación Salus infirmórum, ora pro nobis. Los ejercicios piadosos indicados convendrá que vayan acompañados con la práctica de otras virtudes, como un acto de mortificación, una limosna, etc. El fin principal que al hacer esta Novena deben proponerse tanto los enfermos como las demás personas que oran por ellos ha de ser el bien espiritual de los mismos; y solo en cuanto convenga a la mayor gloria de Dios y la santificación del alma, se ha de pedir la salud del cuerpo. Pues, todo verdadero cristiano debe recordar que muchas veces una enfermedad es un regalo escogido de la Misericordia divina, aunque no queramos reconocer siempre como es debido tales beneficios.
  
Réstanos advertir que no intentamos calificar de milagro ninguno de los hechos extraordinarios que en este opúsculo se refieren; tal calificación compete únicamente a la Autoridad eclesiástica; si bien es cierto que todos los hechos relatados son verídicos, pues constan de informaciones auténticas, como las relativas a la aparición de Nuestra Señora de la Nube, que reposan en el archivo arzobispal de Quito, o los hemos recogido de personas respetables e ilustradas que han sido testigos presenciales de las curaciones referidas.
    
Dígnese la Reina bondadosísima de todas las gracias recibir en olor de suavidad este humilde obsequio y curar a la República del Ecuador de los dos terribles males que la aquejan, y son: la Revolución y el Liberalismo.
   
P. JOSÉ JULIO MARÍA MATOVELLE
Cuenca, Fiesta de la Presentación de la Virgen en el templo, 21 de Noviembre de 1894.
  
NOVENA EN HONOR DE NUESTRA SEÑORA DE LA NUBE
 
  
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS 
Jesús, divino Salvador nuestro, que habéis constituído a María, vuestra Madre santísima, Refugio de los pecadores, Consuelo de los atribulados y Salud de los enfermos: acudimos humildemente hoy ante el trono de vuestras misericordias, pidiendo que por la intercesión de Nuestra Señora de la Nube os dignéis escuchar benigno nuestras súplicas, y despacharlas favorablemente. Reconocemos que nuestros pecados son causa de todos los dolores, enfermedades y penas con que rectísimamente nos prueba vuestra justicia: pero ya nos arrepentimos de nuestras faltas, y detestamos contritos nuestras iniquidades, porque con ellas hemos ofendido a Vos, dulcísimo Esposo nuestro y único amor de nuestros corazones. Acordaos, ¡oh Jesús amantísimo!, que por salvar a los pecadores moristeis en una cruz, y cuán amargos fueron los dolores con que vuestra Santísima Madre intercedió por nosotros en el Calvario. Dignaos, por tanto, perdonarnos todas nuestras culpas y las penas que por ella merecemos, para que libres de las adversidades y peligros os sirvamos en santidad y justicia todos los días de nuestra vida. Amén.
   
Aquí se rezan tres Ave Marías en honra de las tres horas que acompañó a su Hijo divino cuando agonizaba pendiente de la Cruz. Después de cada Ave María se dice esta invocación: Salus infirmórum, ora pro nobis (Salud de los enfermos, ruega por nosotros).
    
DÍA PRIMERO – 21 DE DICIEMBRE
CONSIDERACIÓN
Sobre aquellas palabras del sagrado libro del Eclesiástico (cap. XXIV, 7): «En los altísimos cielos puse yo mi morada, y el trono mío sobre una columna de nubes» (et thronus meus in colúmna nubis), dice Cornelio Alápide: «Muchos santos Padres llaman a la Santísima Virgen Nube, por cuanto es Ella quien tempera los ardores del Sol, esto es, los rigores de la vindicta divina; y a manera de nube refresca y fecunda nuestras almas con el rocío de la gracia». Las enfermedades, así como todas las tribulaciones de esta miserable vida, son efectos propios del pecado; pues por el pecado, dice el Apóstol. entró la muerte en el mundo; y las enfermedades no son otra cosa que preludios de la muerte. Por lo mismo, debemos resignarnos humildemente a la voluntad divina que nos castiga bondadosamente con los trabajos y enfermedades de esta vida, antes que con los suplicios intolerables del infierno que justamente tenemos merecidos por nuestros pecados. Entremos, pues, en los planes amorosos de la Providencia, y corregidos por la enfermedad detestemos nuestras culpas pasadas, y hagamos propósitos eficaces de llevar en adelante una vida verdaderamente piadosa y cristiana. Acudamos para ello a la intercesión poderosa de la Santísima Virgen, que como Nube benéfica nos protegerá con su sombra de los ardores de la Justicia divina, y nos alcanzará gracia y perdón por nuestras anteriores iniquidades, siempre que sinceramente arrepentidos de ellas no tornemos con nuevas recaídas a provocar la cólera del Cielo.
   
EJEMPLO: Allá por los años de 1696, hallábase gravemente enfermo y próximo a la muerte el Ilustrísimo Obispo de Quito, Sr. D. Sancho de Andrade y Figueroa. La población de Quito que amaba tiernamente a aquel ejemplar y piadoso pastor, salió por las calles de la ciudad en una muy fervorosa rogativa, en la que se cantaba el rosario con el fin de obtener la salud de aquel benemérito Prelado. Cuando llegó la procesión al atrio de la iglesia de San Francisco, tuvo lugar un estupendo prodigio: toda aquella numerosa concurrencia contempló que flotaba en los aires una hermosísima imagen de la Santísima Virgen. Para que se viese que esta aparición no era un fenómeno natural, en el mismo instante sanó de su accidente el Ilmo. Sr. Andrade y Figueroa. Esto dio origen a la advocación de Nuestra Señora de la Nube, con lo cual la augusta Madre de Dios quiso probar una vez más al pueblo cristiano, que Ella es verdaderamente la salud de los enfermos, y nuestro consuelo y refugio en las tribulaciones.
  
DEPRECACIÓN: ¡Oh María, dulcísima Abogada y Madre nuestra!, innumerables son los títulos de gloria con que los pueblos agradecidos os saludan, porque innumerables son también los beneficios que dispensáis en su favor. Dignaos, pues, hacer ostentación de vuestras bondades, escuchando benigna nuestra súplica, y alcanzando eficazmente la salud del enfermo por quien hacemos esta novena. Sobre todo, ¡oh Reina poderosa de los cielos, interceded por nosotros mismos ante vuestro divino Hijo, para que nos conceda a todos la gracia de una verdadera conversión y la perfecta sanidad de nuestras almas, a fin de que curados de la horrible lepra del pecado, y revestidos con la túnica blanca de la inocencia, entremos un día en la mansión de la felicidad eterna. Amén.
   
PRECES A NUESTRA SEÑORA DE LA NUBE
    
Nube del Sinaí, de vivo esplendor,
Que en el seno ocultas al Hijo de Dios.
Ruega, ¡oh tierna Madre!, nos conceda Dios,
Salud al enfermo, gracia al pecador.
   
Nube más hermosa que la que veló
Al Arca de la Alianza con tenue vellón.
Ruega, ¡oh tierna Madre!, nos conceda Dios,
Salud al enfermo, gracia al pecador.
  
Nube que guiaste al pueblo de Dios
A gozar la herencia de Abrahán y de Jacob.
Ruega, ¡oh tierna Madre!, nos conceda Dios,
Salud al enfermo, gracia al pecador.
  
Nube que en el templo del Rey Salomón
Flotaste cual humo de etérea oblación.
Ruega, ¡oh tierna Madre!, nos conceda Dios,
Salud al enfermo, gracia al pecador.
  
Nube que Isaías, con místico ardor,
Lluévenos, clamaba, llueve al Salvador.
Ruega, ¡oh tierna Madre!, nos conceda Dios,
Salud al enfermo, gracia al pecador.
  
Nube del Carmelo, donde te evocó,
Del profeta Elías la ardiente oración.
Ruega, ¡oh tierna Madre!, nos conceda Dios,
Salud al enfermo, gracia al pecador.
  
Nube en que gozoso Noé contempló
Dibujarse el iris, del diluvio en pos.
Ruega, ¡oh tierna Madre!, nos conceda Dios,
Salud al enfermo, gracia al pecador.
  
Nube que te vistes del divino Sol,
Y dones derramas de vida y amor.
Ruega, ¡oh tierna Madre!, nos conceda Dios,
Salud al enfermo, gracia al pecador.
  
Nube mensajera de gracia y perdón,
Cúbranos tu sombra de la ira de Dios.
Ruega, ¡oh tierna Madre!, nos conceda Dios,
Salud al enfermo, gracia al pecador.
  
Nube que al viajero con sombra veloz
Refrescas la frente que abrasara el sol.
Ruega, ¡oh tierna Madre!, nos conceda Dios,
Salud al enfermo, gracia al pecador.
  
Nube que las lluvias de vida y frescor
Nos das cuando quema los campos el sol.
Ruega, ¡oh tierna Madre!, nos conceda Dios,
Salud al enfermo, gracia al pecador.
  
Nube de las gracias, fragua del amor,
Nube de los cielos, trono de mi Dios.
Ruega, ¡oh tierna Madre!, nos conceda Dios,
Salud al enfermo, gracia al pecador.
  
ORACIÓN
Acordaos, ¡oh misericordiosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de cuantos recurren a vuestra protección, imploran vuestro socorro y reclaman vuestra asistencia, haya sido abandonado. Animados con esta confianza recurrimos hoy a Vos, Madre del Omnipotente y Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de nuestros pecados nos postramos a vuestras plantas. ¡Oh Madre del Verbo encarnado!, no desechéis nuestras súplicas, antes bien, escuchadlas benigna y despachadlas favorablemente. Amén. 
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO – 22 DE DICIEMBRE
Por la señal…
Oración preparatoria y las tres Ave Marías.
    
CONSIDERACIÓN
Refiere el libro del Éxodo que cuando los Israelitas salieron de Egipto, «iba el Señor delante para mostrarles el camino, de día en una columna de nube, y por la noche en una columna de fuego». El viaje del pueblo hebreo a la Tierra de Promisión era una figura del que vamos haciendo todos a la eternidad; y en este viaje también tenemos de guía a una Nube maravillosa, aquella en cuyo cándido seno descansó el mismo Hijo de Dios. María, la Virgen Inmaculada, es quien nos hace dulces y llevaderos los trabajos de la vida, siempre que acudimos a cobijarnos bajo su fresca y benéfica sombra. En todos nuestros trabajos, ya sean del cuerpo como las enfermedades, ya del alma como las tentaciones, acudamos a María y Ella nos proporcionará el deseado alivio, porque es el canal por el que derrama el Señor en nosotros todas sus gracias y bendiciones.
   
EJEMPLO: Desde la prodigiosa Aparición de 1696, celebrábase en Quito todos los años una suntuosa fiesta en honra de Nuestra Señora de la Nube, pero vinieron los trastornos políticos del siglo XIX, y todo cayó en olvido. El año de 1888, un sacerdote de la Congregación de Sacerdotes Oblatos del Sagrado Corazón, que se hallaba en Quito, supo que se moría en Cuenca un hermano suyo de religión, víctima de una agudísima infección hepática. Al punto hizo promesa formal de mandar pintar un cuadro de Nuestra Señora de la Nube, y publicar las informaciones auténticas de su aparición, si obtenía la curación del enfermo. La Santísima Virgen escuchó al instante esta súplica, y el enfermo, contra toda humana esperanza, curó completamente de su dolencia. Estas y otras semejantes gracias han venido a ser el origen del fervoroso culto que la ciudad de Cuenca profesa actualmente a Nuestra Señora de la Nube.
  
DEPRECACIÓN: Permitidnos, ¡oh dulcísima Virgen!, que postrados humildemente a vuestras plantas, unamos nuestra voz a la de toda la Iglesia y os digamos: ¡Salve, Reina de clemencia y Madre de misericordia! Volved benigna vuestros ojos a estos pobres hijos vuestros, que caminamos gimiendo y llorando por el valle de lágrimas en que nos hallamos desterrados. Dignaos, ¡oh Reina piadosísima!, defendernos de las iras del Cielo, como aquella nube prodigiosa que guió a los Israelitas en el desierto. Así, ¡oh Madre amabilísima!, amparadnos y protegednos en todas nuestras necesidades y tribulaciones, para que conducidos por Vos, lleguemos un día a la posesión de la eterna Patria que nos está prometida. Amén.
  
Las Preces y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA TERCERO – 23 DE DICIEMBRE 
Por la señal…
Oración preparatoria y las tres Ave Marías.
    
CONSIDERACIÓN
Cuando Moisés consagró el Tabernáculo de la Alianza, una nube maravillosa y resplandeciente cubrió el Tabernáculo, la misma nube que después condujo a Israel por el desierto; pues dice el Texto sagrado que «cuando la nube se retiraba del tabernáculo, marchaban los hijos de Israel por escuadrones; y si la nube se quedaba encima parada, hacían alto en aquel mismo sitio; porque la Nube del Señor entre día cubría el tabernáculo, y por la noche aparecía como una llama, a vista de todo el pueblo de Israel, en todas sus estancias». He aquí un símbolo admirable de la protección eficaz y continua que dispensa la Santísima Virgen a toda la Iglesia Católica. Esta Madre bondadosa nos hace, con su mediación, fácil el acceso al tabernáculo y trono de las divinas misericordias; Ella nos enseña los pasos que hemos de dar y el camino que hemos de seguir para llegar al Cielo. Las enfermedades, penas y tribulaciones de todas clases se nos hacen muy dulces contemplando a María en el Calvario, pues si la Virgen Inmaculada bebió del cáliz de los dolores hasta las heces, ¿cómo rehusaremos tomar una gotita de aquel cáliz en nuestros labios?
   
EJEMPLO: Un joven estudiante, en el Seminario de Cuenca, se vio súbitamente atacado de una intensa fiebre, y los dolores consiguientes a una aguda afección hepática. Los facultativos entendidos que le asistían opinaron que había pus en el hígado, y que era necesaria una operación quirúrgica. En tan amargos conflictos, el joven acudió a la protección de Nuestra Señora de la Nube; puede decirse que más arrastrándose que caminando, se trasladó a la iglesia de la Merced, asistió a una Misa que se celebraba en el altar de su celestial Protectora, y comulgó durante el Santo Sacrificio. ¡Cosa admirable! A los pocos días, se encontraba perfectamente curado.
  
DEPRECACIÓN: ¡Oh amabilísima Reina nuestra! ¿Quién acudió nunca a Vos y ha sido desamparado? Vos nos amáis sin tasa ni medida como Madre, y sois al mismo tiempo Tesorera de todas las gracias del Altísimo: sí, pues tenéis todas las cosas a vuestra disposición y sois nuestra amante Madre, ¿qué podréis negarnos? Atended, por tanto, a nuestras humildes súplicas, y concedednos bondadosa la gracia que os pedimos en esta novena. Así lo esperamos de vuestra ternura maternal. Amén.
   
Las Preces y la Oración se dirán todos los días.
 
DÍA CUARTO – 24 DE DICIEMBRE
Por la señal…
Oración preparatoria y las tres Ave Marías.
    
CONSIDERACIÓN
Cuando hubo pasado el diluvio, dijo el Señor a Noé: «Pondré mi arco en las nubes, y será señal de la alianza entre mí y entre la tierra». El iris, dice San Gregorio Magno, representa al Verbo encarnado, el Verbo velado por la carne, o sea, la misma carne del Verbo divino: «Iris est Verbum incarnátum, et carne velátum, sive est ipsa caro Verbi». La nube en que se nos presenta este Iris divino es la Santísima Virgen. Y así como Noé para tranquilizar su ánimo conturbado por la horrorosa catástrofe del diluvio tornaba sus miradas al arco que el Señor había puesto en las nubes como signo de su alianza; de modo semejante, en todas nuestras tribulaciones volvamos nuestros ojos hacia María, en quien recobraremos la esperanza, y veremos resplandecer la clemencia divina, como arco iris que nos anuncia el término de nuestros males. La causa de prolongarse estos, muchas veces, más allá de lo que sufren nuestras débiles fuerzas, es porque somos remisos en la oración, y tardíos en acudir al soberano amparo y protección de la Madre de Dios.
   
EJEMPLO: Una piadosa matrona padecía desde largo tiempo las dolorosas consecuencias de un pólipo disforme que se le había desarrollado en el útero; lo cual le ocasionaba abundantes hemorragias y ponía su vida en inminente peligro. Los médicos que le asistían declararon que no había otro remedio que apelar a la cuchilla. La buena señora no podía resolverse jamás a semejante operación, tanto por los peligros consiguientes a ella, como por mantener intacto su pudor. Acudió, pues, a Nuestra Señora de la Nube, y principió en su honor una fervorosa novena. Al segundo día de ella, apenas se había postrado ante el altar de la Santísima Virgen, a rezar sus devotas oraciones, cayó desmayada. Lleváronla en brazos a su casa, y no bien hubo llegado en ella cuando arrojó el pólipo, causa de todos sus tormentos.
  
DEPRECACIÓN: Vos sois, ¡oh María!, la Nube resplandeciente en la que contemplamos a Jesús crucificado que, como iris verdadero de la alianza, se interpone entre la justicia irritada del Eterno Padre y nosotros, pobres pecadores. ¿Qué sería de nosotros miserables sin tu poderosa mediación, ¡oh dulcísima Virgen!? Bien merecidas tenemos todas las penas y enfermedades con que nos aflige la justicia divina; pero en este diluvio de miserias elevamos nuestros ojos hacia Vos, ¡oh María!, para que intercedáis por nosotros, aboguéis por nuestra causa ante el tribunal de vuestro Hijo y, con vuestros ruegos, apartéis su justa indignación de nosotros. Amén.
  
Las Preces y la Oración se dirán todos los días.
  
DÍA QUINTO – 25 DE DICIEMBRE
Por la señal…
Oración preparatoria y las tres Ave Marías.
   
CONSIDERACIÓN
Así como los reyes de la tierra tienen sus ministros, por medio de los cuales se comunican con el pueblo, ya para dispensar favores, ya para administrar justicia, el Rey de los cielos tiene también un ministro general de todas sus misericordias, y es la Santísima Virgen. Por eso se le ha dado a esta clementísima Madre el hermoso título de Omnipoténtia suplex: omnipotente en sus ruegos. Y así como no es fácil a nadie hablar directamente con los reyes, de modo semejante, cuando nuestros pecados y miserias nos impiden acercarnos a Dios, acudamos a María, que por su mediación alcanzaremos las gracias de las que por nuestras culpas somos indignos. María es la Nube misteriosa en medio de la cual habita el Señor. Leemos en el libro tercero de los Reyes que cuando Salomón hizo la dedicación del templo, «una niebla llenó la casa del Señor, de manera que los sacerdotes no podían estar allí. Entonces dijo Salomón: “El Señor tiene dicho que ha de morar en la niebla”».
   
EJEMPLO: El año de 1892, una alumna del Colegio de los Sagrados Corazones fue atacada de la gripe con tal violencia que tuvo que dejar el establecimiento y trasladarse al seno de su familia. Sesenta días consecutivos duró la fiebre, de modo que la enferma se vio reducida a tal estado de destrucción que le sobrevinieron algunos paroxismos. Todo anunciaba una cercana e irremediable muerte. El médico cristiano y piadoso, que asistía a la enferma, había sido testigo presencial de varios prodigios debidos a la intercesión de Nuestra Señora de la Nube: aconsejó, pues, a la madre de la niña, que se encomendara a Abogada tan poderosa. Toda la familia hizo formal promesa de comulgar en honra de la Santísima Virgen si concedía la salud a la paciente. Al momento fue escuchada esta fervorosa súplica, pues desde aquel día principió la enferma a restablecerse rápidamente, y en poco tiempo recobró una salud tan robusta y compleja como jamás antes la había tenido.
  
DEPRECACIÓN: ¡Oh Reina amabilísima! Con cuánta razón os da la Iglesia el hermoso título de Salud de los enfermos, pues Vos sois el remedio de todos nuestros males y la medicina eficaz con que se curan todos nuestros dolores. Dignaos, ¡oh Madre de dulzura y misericordia!, sanar principalmente a nuestras almas de la horrorosa llaga del pecado tornándonos a la amistad y gracia de Dios. Con vuestras manos virginales y delicadas, arrancad de nuestros corazones esas perversas inclinaciones que nos arrastran a la culpa y nos hacen tan desgraciados. Alcanzadnos un amoroso desprecio de los bienes y placeres de este mundo, para que no amemos sino a Dios y a Vos, que sois nuestra dulcísima Madre, en tiempo y eternidad. Amén.
    
Las Preces y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA SEXTO – 26 DE DICIEMBRE
   
Por la señal…
Oración preparatoria y las tres Ave Marías.
    
CONSIDERACIÓN
En tiempo del profeta Elías sobrevino una grande hambre en Samaria, porque dejaron los cielos de llover durante tres años y seis meses. Pero cuando el pueblo reconoció su culpa y desechó a los sacerdotes de los ídolos, Elías oró y «he aquí que subía del mar una nubecilla pequeña como la huella de un hombre», y luego se oscureció el cielo, y empezó a caer una grande lluvia. Esa nubecilla figuraba a la Santísima Virgen, a quien debe el mundo todas las gracias, pues nos ha dado al autor de la misma gracia, que es Cristo Señor nuestro. Por esto, cuando nuestros pecados cierran los cielos para que no llueva, o atraen sobre la tierra las guerras, las epidemias y otros castigos semejantes, con que nos prueba la cólera de Dios, debemos orar como Elías con el rostro por tierra, clamando porque aparezca en el horizonte la Nubecilla del Carmelo que disipe las plagas que nos afligen, y alcance la gracia a nuestras almas y la abundancia para nuestros campos.
   
EJEMPLO: La señorita N. N. hallábase desahuciada de los médicos y a punto de morir, tanto que habiéndosele administrado los últimos sacramentos, la familia pensaba ya en arreglar lo conveniente al entierro: una afección antigua de los riñones hacía desesperada toda curación. En esto, la familia piadosa de la enferma acude a Nuestra Señora de la Nube, y ofrece a la dulcísima Reina una comunión fervorosa y una visita agradecida a la santa imagen, si se digna devolver la salud y la vida que ya se escapaban a la paciente. ¡Prodigios de ternura de la Santísima Virgen! No bien se elevó la súplica, cuando fue favorablemente despachada. Tres días después, la moribunda se hallaba perfectamente sana, de pie en medio de los suyo, y ocupada tranquilamente en sus faenas domésticas.
  
DEPRECACIÓN: Nubecilla de los cielos, amabilísima María, ¡cuán árido está mi corazón, cuán resecado por las pasiones! Mi alma como tierra sedienta espera con ansias una gotita de celestial rocío, del rocío divino de la gracia. Ven, ¡oh Nubecilla del Carmelo!, y derrama en nuestras almas la lluvia bienhechora de las gracias, que haga florecer en nuestros pechos la humildad, la paciencia, la castidad y la resignación absoluta y perfecta a la voluntad de Dios en todos los acontecimientos de la vida. La salud y demás bienes temporales deseamos únicamente en cuanto son medios para alcanzar la perfección de nuestras almas, pero lo que con todo ardor te pedimos y siempre te pediremos, ¡oh María dulcísima!, es que nos alcances la gracia de nuestra verdadera conversión y la perseverancia final, para que después de esta existencia terrestre y miserable, alabemos a Dios en tu compañía, por los siglos de los siglos. Amén.
    
Las Preces y la Oración se dirán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO – 27 DE DICIEMBRE
Por la señal…
Oración preparatoria y las tres Ave Marías.
    
CONSIDERACIÓN
Isaías había hecho este hermoso anuncio: «He aquí que el Señor subirá sobre una nube ligera, y entrará en Egipto, y a su presencia se conturbarán los ídolos de Egipto». Esta profecía, según San Jerónimo, San Ambrosio y otros Padres, se cumplió cuando Nuestro Señor Jesucristo todavía niño fue llevado a Egipto, en brazos de su Madre Santísima. María, dice San Ambrosio, es la Nubecilla que nos ha llovido a Cristo (Hæc nubis pluit Christum): «Esta es la Nubecilla que con el rocío de la gracia refrigera nuestras almas resecadas por la concupiscencia y el pecado». Al paso de esta Nubecilla celestial caen los ídolos de la culpa, se deshace el imperio del diablo, y se establece el reino de Cristo. En esta Nube ligera, mejor que en la carroza de los querubines, entra el Señor a reinar en las naciones de igual modo que en el alma de cada cristiano. De aquí vienen los prodigios innumerables que, en todos tiempos y en todos los pueblos, ha realizado la Santísima Virgen, prodigios cuyo fin único es siempre la extirpación del pecado, la santificación de las almas y la mayor propagación de la gloria de Dios y de su Cristo. Por eso, cuando acudimos a la Inmaculada Reina, debemos estar seguros de que hemos de alcanzar, si no un bien material como la salud del cuerpo, otro bien superior cual es la salud del alma.
   
EJEMPLO: Un distinguido abogado de Cuenca, el Dr. N. N., hallábase en gravísimo peligro de la vida y desahuciado con la enfermedad incurable, según la medicina, conocida con el nombre de albuminuria. Cuando no se esperaba ya socorro alguno de la ciencia, la familia del enfermo hizo una novena a Nuestra Señora de la Nube, al fin de la cual comulgó el paciente, y tomó algunas gotas del agua milagrosa de Lourdes. Desde aquel día, contra todos los pronósticos de los facultativos, el enfermo principió a restablecerse rápidamente, y recobró en breve la salud que se creía perdida para siempre.
  
DEPRECACIÓN: ¡Oh María, dulcísima Reina nuestra! Pues tan poderosa sois para socorrer a cuantos os invocan, y la Iglesia os da el hermoso título de Salud de los enfermos, dignaos principalmente alcanzarnos la salud de nuestras almas. El orgullo es la fiebre que devora nuestros corazones, tornándolos inmortificados e impacientes. Vos, ¡oh Virgen humildísima!, enseñadnos la virtud de la humildad, con la cual se nos harán dulces y llevaderas todas las enfermedades y miserias de esta vida. Si la Escritura Santa os da títulos tan modestos como los de Esclava del Señor, Vara de Jesé o Nubecilla ligera, a Vos que sois la Reina de los cielos y la Emperatriz del universo, es para enseñarnos que el Altísimo se complació en Vos sobre todas las criaturas por vuestra singular e incomparable humildad. ¡Oh María!, puesto que aunque indignos somos hijos vuestros, alcanzadnos a todos la virtud de la humildad, para que así logremos todos entrar por la puerta estrecha del Paraíso. Amén.
   
Las Preces y la Oración se dirán todos los días.
    
DÍA OCTAVO – 28 DE DICIEMBRE
Por la señal…
Oración preparatoria y las tres Ave Marías.
    
CONSIDERACIÓN
En varios pasajes del Antiguo Testamento se habla de la nube como símbolo de la majestad de Dios, por cuanto, dice un sagrado intérprete, las nubes se nos muestran siempre en el cielo, y si alguna vez descienden a nosotros en forma de niebla, nos oscurecen la vista; por esto, ningún símbolo expresa mejor que la nube la incomprensible majestad de Dios, que en esta vida se nos muestra siempre velada y como por enigma. Cuando el Verbo divino descendió a habitar entre los hombres, encubrió su divinidad con los velos de la carne, y se ocultó en el seno de María como en medio de niebla impenetrable. En el Nuevo Testamento tornamos a encontrar el símbolo de la nube en los principales misterios de glorificación de Nuestro Señor Jesucristo, como en la Transfiguración y en la Ascensión, lo cual nos enseña que para acercarnos al Salvador y participar de su gloria, es preciso previamente acercarnos a María, que es la nube misteriosa que lo circunda. La nube del Tabor, dice Alonso Fernández de Madrigal “El Abulense”, envolvió no solamente a Cristo sino a Moisés, Elías y los tres apóstoles. Así María, verdadera nube de los cielos, es no solamente Madre de Cristo sino de todos los justos y predestinados, que deberán a la intercesión de esta amabilísima Madre, la gloria eterna.
   
EJEMPLO: Una piadosa madre de familia padecía gravemente, víctima de la influenza y una disentería maligna, y hubo médico que se retirara de la enferma, dando ya por desesperada su salud. La familia, acongojada sobremanera, acudió a Nuestra Señora de la Nube, cuya hermosa imagen se colocó en la habitación de la paciente sobre un modesto altarcito, delante del cual se elevaban constantemente fervorosas preces a la Madre de Dios. Creyóse ya llegado el caso que la enferma recibiese los últimos sacramentos; dispúsose todo al efecto, pero sin perder la esperanza en aquella bondadosísima Madre, a quien con tanta razón llama la Iglesia, Salud de los enfermos. ¡Cosa notable! Al punto mismo que la buena señora recibió el Viático y la Extremaunción, se sintió curada, siendo su restablecimiento tan cabal y completo que pocos días después comulgaba en unión de toda su familia ante el altar de Nuestra Señora de la Nube, en acción de gracias por el insigne beneficio recibido mediante la intercesión de esta dulcísima Reina. Este caso nos enseña la solicitud con que los enfermos deben apresurarse a recibir los sacramentos, sin esperar para ello la última extremidad de la agonía, y muestra además cuánto se goza la Santísima Virgen en que sus devotos frecuenten la santa Comunión.
  
DEPRECACIÓN: ¡Oh hermosa Reina y amabilísima Madre nuestra! Más lista estáis Vos para socorrernos que nosotros para acudir a vuestro amparo y protección. ¡Cuándo se vio una madre tan amante de sus hijos como lo sois Vos respecto de nosotros miserables pecadores! ¡Qué consuelo para nuestros afligidos corazones recordar que tenemos en Vos la medicina de todas nuestras enfermedades, la alegría en nuestras tristezas, el refugio de nuestras tribulaciones y el remedio de todos nuestros males! ¡Oh dulcísima María!, no se canse vuestra benignidad de socorrernos; antes bien, velad siempre cuidadosa por nosotros: alcanzadnos valor en las pruebas, fortaleza contra las tentaciones, mostraos siempre y en todas ocasiones, que sois nuestra bondadosa y amantísima Madre. Amén.
   
Las Preces y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA NOVENO – 29 DE DICIEMBRE
Por la señal…
Oración preparatoria y las tres Ave Marías.
    
CONSIDERACIÓN
Leemos en el Evangelio que Cristo Señor nuestro vendrá a juzgar al mundo, en el gran día del Juicio Final, cercado de gran majestad y poder, y en un trono resplandeciente formado de nubes del cielo: «Et vidébunt Fílium hóminis veniéntem in núbibus cœli». De manera que las nubes que antes habían servido para ocultar la majestad de Dios, entonces la harán resplandecer con más grandeza y solemnidad que nunca. Este símbolo de la nube nos enseña una importante verdad. La Santísima Virgen, que es la mística Nube en la cual se oculta al presente la Majestad de Dios, en el gran día del Juicio Final vendrá también acompañando a su Hijo divino, y se asentará junto a Él como Reina, para juzgar, en unión de los Santos, a todo el universo; por manos de María recibirán los justos la corona de la gloria inmortal. Esto mismo se verifica en cierto modo para cada individuo en el instante de la muerte. Los deudos de quien muere, al ver frustrada su esperanza, quéjanse amargamente de María, como si se hubiese tornado sorda a sus ruegos, siendo en realidad todo lo contrario. La bondadosísima María escuchó esas súplicas y las despachó, alcanzando un bien infinitamente mayor al que se le pedía: librando al enfermo no solo de la enfermedad, sino de todos los males de la vida, y conduciendo su alma a gozar de la gloria del Paraíso. La Santísima Virgen es para todos sus siervos en la hora de la muerte, la aurora hermosísima que anuncia el gozo sin fin de la dichosa eternidad.
   
EJEMPLO: El Ilustrísimo Señor Sancho de Andrade y Figueroa, que en 1696 alcanzó la salud mediante el estupendo prodigio de la aparición de Nuestra Señora de la Nube, seis años después padeció otra enfermedad mortal. Pero entonces, las súplicas que se elevaron a María en favor del Prelado no alcanzaron a este un bien limitado como la salud y vida del cuerpo, sino el bien incomparable de la gloria del Cielo. Puédese creer esto piadosamente tanto por la vida ejemplar del Obispo, como por las hermosas circunstancias de su muerte. En efecto: así como al anunciarse el tercer misterio del Rosario, que es la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, tuvo lugar aquella aparición célebre de la Nube, de modo semejante, en una ocasión en que el ilustre enfermo tomó en sus manos el Rosario para rezarlo, al llegar al segundo misterio, que es la Visitación, entregó dulce y plácidamente el alma en manos del Creador. ¡Muerte verdaderamente hermosa! Salir de este mundo llevando las notas del Santo Rosario, es decir, del cántico más puro y armonioso que los cielos y la tierra han entonado jamás en honra y alabanza de María.
  
DEPRECACIÓN: ¡Oh Virgen Inmaculada, Reina de los cielos y soberana Emperatriz del universo!, ¿quién nos diera contemplaros, no entre sombras y nubes, sino con toda la gloria y magnificencia con que os ven los bienaventurados en el Paraíso? Esta es, ¡oh Madre dulcísima!, la gracia de las gracias que esperamos alcanzar por vuestra poderosa intercesión. La salud, la vida y todos los demás vienes de la tierra no los queremos, sino en tanto son medios para lograr nuestra eterna salvación, pero lo que os pedimos con toda nuestra alma y sin reserva alguna es que nos libréis de las penas del Infierno, y nos pongáis un día en posesión de nuestra única y verdadera patria que es el Cielo. ¡Oh María! Si Vos rogáis por nosotros, no nos perderemos; piérdanse en buena hora riquezas, honras y dignidades, con tal que se salve el alma. ¡Oh Madre santísima de Dios! Vuestros somos, a Vos nos consagramos, de vuestra poderosa intercesión esperamos que un día os alabaremos en compañía de todos los Santos y Ángeles, en la gloria eterna de los Cielos. Amén.
 
Las Preces y la Oración se dirán todos los días.