sábado, 25 de febrero de 2017

ARTURO SOSA ABASCAL: “LAS PALABRAS DE JESÚS DEBEN SER REINTERPRETADAS”

Arturo Sosa Abascal, alias “Me la sudan el Evangelio y la Doctrina”.

Apartes de la entrevista concedida por el General de los Jesuitas, Arturo Sosa Abascal, a Giuseppe Rusconi para el blog Rossoporporo y el diario suizo ítalohablante Giornale del Popolo de Lugano, traducida al español por Helena Faccia Serrano:
GIUSEPPE RUSCONI: El cardenal Gerhard L. Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha dicho a propósito del matrimonio que las palabras de Jesús son muy claras y que “ningún poder en el cielo y en la tierra, ni un ángel ni el Papa, ni un concilio ni una ley de los obispos, tiene la facultad de modificarlas”.
ARTURO SOSA ABASCAL: Antes que nada sería necesario comenzar una buena reflexión sobre lo que verdaderamente dijo Jesús. En esa época nadie tenía una grabadora para registrar sus palabras. Lo que se sabe es que las palabras de Jesús hay que ponerlas en contexto, están expresadas con un lenguaje, en un ambiente concreto, están dirigidas a alguien determinado.
G. R.: Pero entonces, si hay que examinar todas las palabras de Jesús y reconducirlas a su contexto histórico significa que no tienen un valor absoluto.
A. S. A.: En el último siglo han surgido en la Iglesia muchos estudios que intentan entender exactamente qué quería decir Jesús... Esto no es relativismo, pero certifica que la palabra es relativa, el Evangelio está escrito por seres humanos, está aceptado por la Iglesia que, a su vez, está formada por seres humanos… ¡Por lo tanto, es verdad que nadie puede cambiar la palabra de Jesús, pero es necesario saber cuál ha sido [esa palabra]!
G. R.: Entonces, ¿también es discutible la afirmación en Mateo 19, 3-6: “Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”?
A. S. A.
: Me identifico con lo que dice el Papa Francisco. No se pone en duda, se pone en discernimiento…
G. R.: Pero el discernimiento es valoración, es elección entre distintas opciones. Ya no hay la obligación de seguir una única interpretación
A. S. A.: No, la obligación existe siempre, pero de seguir los resultados del discernimiento.
G. R.: Pero la decisión final se funda sobre un juicio en relación a distintas hipótesis. Por lo tanto, toma en consideración también la hipótesis de que la frase “Pues lo que Dios ha unido... no sea exactamente como aparece. En resumen, pone en duda la palabra de Jesús.
A. S. A.: No la palabra de Jesús, sino la palabra de Jesús tal como nosotros la hemos interpretado. El discernimiento no elige entre distintas hipótesis, pero se pone a la escucha del Espíritu Santo que, como Jesús prometió, nos ayuda a entender los signos de la presencia de Dios en la historia humana.
G. R.: Pero, ¿cómo se discierne?
A. S. A.: El Papa Francisco discierne siguiendo a San Ignacio, como toda la Compañía de Jesús: hay que buscar y encontrar la voluntad de Dios, decía San Ignacio. No es una búsqueda en broma. El discernimiento lleva a una decisión: no se debe sólo valorar, sino que hay que decidir.
G. R.: ¿Y quién debe decidir?
A. S. A.: La Iglesia ha confirmado siempre la prioridad de la conciencia personal.
G. R.: Por lo tanto, si la conciencia, después del discernimiento, me dice que puedo hacer la comunión aunque la norma no lo prevea…
A. S. A.: La Iglesia se ha desarrollado a lo largo de los siglos, no es un pedazo de hormigón. Nació, ha aprendido, ha cambiado. Por esto se hacen los concilios ecuménicos, para intentar centrar los desarrollos de la doctrina. Doctrina es una palabra que no me gusta mucho, lleva consigo la imagen de la dureza de la piedra. En cambio la realidad humana es mucho más difuminada, no es nunca blanca o negra, está en un desarrollo continuo.
G. R.: Me parece entender que para usted la praxis del discernimiento tiene prioridad sobre la doctrina.
A. S. A.: Sí, pero la doctrina forma parte del discernimiento. Un verdadero discernimento no puede prescindir de la doctrina.
G. R.: Pero puede llegar a conclusiones distintas a la doctrina.
A. S. A.: Esto sí, porque la doctrina no sustituye al discernimiento, como tampoco al Espíritu Santo.
  
COMENTARIO PERSONAL
El entrevistador es tan inteligente que al darse cuenta de la herejía de Arturo Sosa Abascal SJ, le confronta con los mismos argumentos expuestos por Sosa. Y Sosa, sosteniendo el subjetivismo protestante y modernista, negó el dogma de que la Sagrada Escritura es divinamente inspirada e inerrante, y que el Magisterio Infalible de la Iglesia es el único que la puede interpretar en forma auténtica y definitiva, hasta el punto de que afirma que “la doctrina no sustituye al discernimiento, como tampoco al Espíritu Santo”.
  
No es la primera vez que los teólogos deuterovaticanos insultan la Sagrada Escritura, ni que sólo los jesuitas lo hagan: El camaldulense Guido Innocenzo Gargano, biblista y patrólogo de renombre (citado por Walter Kasper), docente en las pontificias universidades Gregoriana y Urbaniana, el 16 de enero de 2015 dijo en su ensayo “Giustizia e misericordia nelle parole di Gesù sul matrimonio” (Justicia y misericordia en las palabras de Jesús sobre el matrimonio) para la revista Urbaniana University Journal que “Para los duros de corazón vale siempre la ley de Moisés”, el cual ha sido contestado por Gonzalo Ruiz Freites IVE en el libro “L'uomo non separi ciò che Dio ha unito. Studio sugli insegnamenti del Nuovo Testamento su divorzio e seconde nozze in risposta al Prof. Guido I. Gargano” (El hombre no separe lo que Dios ha unido. Estudio sobre las enseñanzas del Nuevo Testamento sobre el divorcio y las segundas nupcias, en respuesta al profesor Guido I. Gargano).
  
Sin agraviar a San Ignacio de Loyola ni a San Francisco Javier, pero por algo en los tiempos de la gran polémica entre los jesuitas y los dominicos de España se acuñó esta frase, plena de visos proféticos: “Si cum jesuítis, nunquam cum Jesu itis (Si vais con jesuitas, con Jesús nunca iréis), y el Diccionario de la Real Academia Española asocia a la entrada Jesuita, además de su definición habitual, el significado de “Hipócrita, taimado”. Además, los jesuitas contemporáneos han entronizado como norma agéndi el laxismo de Luis Molina y Claudio Acquaviva, que les valió en su momento las críticas de los dominicos y del jansenismo, y la supresión mediante el breve Dóminus ac Redémptor del Papa Clemente XIV el 21 de Julio de 1773.
  
¿De dónde procede el espíritu de Arturo Sosa Abascal: de Epicuro o de Diógenes el Cínico? Lo que está claro es que ese espíritu NO ES EL DIVINO ESPÍRITU SANTO, PROCEDENTE DEL PADRE Y DEL HIJO, Y QUE DESCENDIÓ EL DÍA 15 DE MAYO DEL AÑO 33 SOBRE EL SAGRADO COLEGIO APOSTÓLICO PRESIDIDO POR SU SANTIDAD SAN PEDRO I, Y QUE LE OTORGÓ A SUS SUCESORES LEGÍTIMOS LA INFALIBILIDAD AL PRONUNCIARSE EX CÁTHEDRA EN MATERIA DE FE Y COSTUMBRES.

3 comentarios:

  1. Anticipo a los que se van a escandalizar con lo de “Me la sudan” que se le atribuye a Sosa Abascal: No pudimos encontrar algo menos prosaico que eso.

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  2. Es imposible poder desarrollar un tema tan delicado y complejo, cuando el entrevistador acosa buscando lo que quiere que digan e interpreta a su modo lo que el entrevistado dice. El discernimiento del que habló San Ignacio es el modo razonar y actuar más propio del ser humano. Lamentable Rusconi y demasiado confiado Arturo Sosa.

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    1. Distinguido José Álamo Ramírez: Si Rusconi llegó a esa conclusión, no es sino la consecuencia lógica de la discursiva del propio Sosa Abascal (que si él se hubiese sentido acosado como Vd. dice, ¿por ventura no lo manifestaría de alguna forma al entrevistador?

      Por otra parte, aunque el discernimiento ignaciano es el juicio razonado y hecho en oración para decidir según el querer de Dios, éste discernimiento ha sido tan malinterpretado por los jesuitas desde su segunda generación (Luis de Molina y Claudio Acquaviva) que degeneró en el laxismo moral y subjetivismo doctrinal que hoy es entronizado por Francisco Bergoglio.

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