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miércoles, 5 de julio de 2023

NOVENA EN HONOR A SAN FRANCISCO SOLANO

Novena dispuesta en 1834 por el Padre Fray José Ramón de Jesús María Rojas Morales (“Padre Guatemala”) OFM, del Colegio de Cristo de Guatemala y misionero en Ica (Perú), y compilada por el Sr. Don Rafael María Taurel, miembro del Instituto Histórico de París y cónsul pontificio en el Perú, en la Colección de Obras selectas del Clero contemporáneo del Perú, tomo I, publicada en París por la librería de Antoine Mézin en 1853.
   
NOVENA DEL GLORIOSÍSIMO SAN FRANCISCO SOLANO, PATRONO Y PROTECTOR DE LIMA Y DE LOS MARES DEL SUR.
   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
TRINIDAD Beatísima, a quien adoro con toda la sumisión de mi espíritu, en quien tengo toda mi esperanza, en la vida y en la muerte, a quien amo, debo de amar, y deseo amar, con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas. Dios mío, Criador mío, Redentor mío, a quien tanto he ofendido, aquí tenéis, Señor, al mayor pecador que sufre vuestra paciencia. ¡Oh mi Dios!, ¡cómo pudiera yo aseguraros con las veras de los santos mas penitentes, que me pesa de haberos ofendido! ¡Cómo pudiera borrar de mi alma todos mis delitos, aunque me costara la vida misma! ¡Ay, desgraciado de mi! Yo pude caer solo, porque me aparté de Ti, pero no puedo levantarme solo, porque no hay fuerza ninguna sin Ti. Conozco, Señor, que solo Vos sois el médico de una alma tan enferma como la mía: ella necesita vuestro auxilio, y con ansia lo desea; mi iniquidad sola me retrae; pero vuestra suma bondad y la protección de mi glorioso abogado y Patrón SAN FRANCISCO SOLANO, me alienta. Por la gloria pues que él os dio por el Evangelio que predicó, por el amor con que os sirvió, y por lo que Vos mismo amáis a vuestros amigos, tened, Señor, misericordia de mí, que soy un pobre pecador. Amén.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios te salve, SOLANO prodigioso, verdadero siervo del Señor y esmero maravilloso de la gracia, Dios te salve, heredero del espíritu de los apóstoles; obrero de la viña del Supremo Agricultor, que con cultivo el mas celoso, plantaste la semilla de la verdad en las tierras bárbaras de este Nuevo mundo. Dios te salve, hijo legítimo y retrato verdadero del llagado Serafín San FRANCISCO. Dios te salve, modelo de predicadores, compendio de virtudes, terror de perversos, y estímulo de fervorosos. Dios te salve, Patrón del Perú y singular protector de Lima, a quien todos ocurrimos con la mayor confianza en las mas estrechas necesidades, en las que experimentamos visible tu protección, defendiéndonos de tempestades, rayos y terremotos. Yo, uno de tus más indignos siervos, ocurro confiado a las aras de tu patrocinio, a tributarte el más reverente culto de mi veneración, y a pedirte el remedio de mis males, así espirituales como temporales.

Desde ahora para siempre, ¡oh santo dichosísimo!, te elijo por mi especial patrón y abogado, porque sé eres uno de los más poderosos validos para con el Rey de los cielos. No deseches, santo mío, los ruegos de quien humilde implora tu intercesión y auxilio. Atiende a los gemidos de un pobre que vive en este valle de lágrimas, rodeado de peligros, poseído de miserias, y lleno de tribulaciones. Alcánzame valor para que resista esforzado a los tres comunes enemigos, que incesantemente me acometen: el mundo, el demonio y la carne. Merezca yo por tu intercesión un fervoroso espíritu, para que alentados los desmayos de mi tibieza, sirva a mi Dios con aquella exactitud que debo. Y por último consígueme, santo mío, lo que ahora especialmente te suplico, si ello cede en honra de Dios, agrado tuyo, y bien de mi alma. Amén.

DÍA PRIMERO – 5 DE JULIO
PRUDENCIA
Considera cómo SAN FRANCISCO SOLANO, obedeciendo a la gracia de Dios, despreció lo vano frágil y perecedero de este mundo, por lo cierto, sólido y eterno del Cielo; por lo que puso todo su esmero en conservar la gracia del bautismo, dando a Dios las primicias de su razón cuando tú las diste al mundo. Llora tu desgracia, y humíllate para que merezcas el perdón de tu delito.

ORACIÓN
¡Oh mi Dios y amado Padre! El ejemplo de SAN FRANCISCO SOLANO me confunde: la gracia que él recibió en el bautismo es la misma que yo he recibido; pero si a él lo ha hecho santo, por el aprecio que hizo de ella, a mí me hace un criminal, por mi culpable descuido. Conozco, Señor, mi suma desgracia en haber prodigado tu misericordia, mas pues no eres menos poderoso para conservarla que para renovarla después de perdida, haced este nuevo prodigio: que la memoria de las virtudes de vuestro amabilísimo siervo excite mi pereza, me despierte del letargo de la culpa, y me prepare y merezca esa vuestra misericordia, de que me he hecho indigno, para que siguiendo sus ejemplos, te ame y sirva con un corazón puro, y después te alabe en el cielo. Amén.

Aquí se medita y se pide.

ORACIÓN QUE SAN FRANCISCO SOLANO SOLÍA HACER TODOS LOS DÍAS
Mi buen Jesús, mi redentor y abrigo. ¿Qué tengo yo que Tú no me hayas dado? ¿Qué sé yo, que Tú no me hayas enseñado? ¿Qué valgo yo, si Tú no estás conmigo? Perdóname, Señor: sin vanidad me hiciste, y sin que te lo rogara, Tú me criaste; en criarme y redimirme mucho hiciste, menos obrarás de lo que obraste en perdonar la obra que tú hiciste. Pon los ojos, Señor, en mí y ten misericordia de mí, porque yo soy solo y pobre. Amen.

RESPONSORIO
Si buscas ahora prodigios, 
Limpia el corazón de manchas, 
Y te asistirá Solano, 
Que los temblores espanta. 

℟. Él sana males del cuerpo:
Si de miedo tiembla el alma,
La esfuerza, y con su alegría
Lo interior del pecho aplaca.

¡Oh gran FRANCISCO!, ven presto,
Y temblores embaraza:
Esto piden tus devotos,
Que entre estrellas hoy te ensalzan.

℟. Él sana males del cuerpo:
Si de miedo tiembla el alma,
La esfuerza, y con su alegría
Lo interior del pecho aplaca.

Al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo
La gloria sea dada.
℟. Él sana males del cuerpo:
Si de miedo tiembla el alma,
La esfuerza, y con su alegría
Lo interior del pecho aplaca.
   
ORACIÓN AL SANTO PARA TODOS LOS DÍAS
SOLANO Santo, SOLANO virgen, SOLANO compasivo, SOLANO poderoso, sol refulgente del Perú, disipa con tus luces las tinieblas de nuestra ignorancia: calienta con tus rayos las frialdades de nuestra tibieza, comunica tus eficaces influencias a todos los que nos acogemos al sagrado patrocinio; y si no te desagrada lo que deseamos, alcánzanos de Dios el favor que te pedimos. Amén.
  
GOZOS DEL GLORIOSO SAN FRANCISCO SOLANO
   
Pues que nuestra salvación
Creemos lograr por tu mano:
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
Tú, SOLANO, eres la puerta
A donde todos llegamos,
Porque todos esperamos
Encontrarla siempre abierta:
Y pues es la fe tan cierta
De nuestra deprecación,
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
De tu admirable poder
Tenemos segura ciencia,
Porque la misma experiencia
Nos la ha dado a conocer:
Y pues el favorecer
Es tu peculiar blasón,
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
En mar y tierra demuestras
Los prodigios que hacer sabes:
Díganlo los peces y aves,
Y las indigencias nuestras:
Y pues nos das tantas muestras
De tu benéfico don,
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
Tan raro imperio practicas
Sobre todos animales,
Que a los más irracionales
Y feroces domesticas:
Y pues en esto te indicas
Apostólico varón,
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
Tanto el agua reverente
Te tributa obsequio amante,
Que o se mantiene constante:
O se para su corriente:
Y pues aun lo que no siente,
Te rinde veneración,
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
Con la lira que pulsabas
Cual Orfeo celestial,
Al fiero monstruo infernal
De los cuerpos ahuyentabas:
Y pues puedes lo que obrabas
Reducirlo a ejecución,
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
Potestad tan repetida
Muestras en todos asuntos,
Que aun los mismos difuntos
Los revocas a la vida:
Y pues todos tan pedida
Tenemos tu protección,
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
La lámpara en medicina
Nos mudas con tal deleite,
Que al contacto de su aceite
Toda enfermedad declina:
Y pues es tan peregrina
Y eficaz tu curación,
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
De los partos la violencia
Suavizar tu poder sabe,
Porque él vence la más grave
Y desahuciada dolencia:
Y pues con magnificencia
Aprobó Dios tu oración:
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
Cuando los campos aflige
Langosta que la mies tala,
En veloz fuga se exhala
Porque tu voz la corrige:
Y pues a ti se dirige
Toda nuestra petición,
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
De Dios tan enamorado 
Viviste continuamente, 
Que fuiste un Etna viviente 
O serafín humanado: 
Y pues a tan digno grado. 
Te elevó tu devoción; 
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
De inducir almas al Cielo
Fue tan firme tu conato,
Que no malograron rato
Los fervores de tu celo:
Y pues siempre fue este anhelo
El blanco de tu oración;
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
Solas las armas verbales
De tu lenguaje nativo
Vencieron enojo activo
De diversos nacionales:
Y pues maravillas tales
Supo hacer tu exhortación,
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
De lo poco que podemos
Batallar contra el demonio
Dan patente testimonio
Las culpas que cometemos:
Y pues de ti nos valemos
En tanta tribulación,
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
Atiende en fin con agrado
A Lima que leal te invoca,
Que a ti protegerla toca
Como a su buen abogado:
Y pues te habemos jurado
Por nuestro auspicio y patrón,
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
Pues por nuestra salvación
Creemos lograr por tu mano:
Oh poderoso Solano,
Válganos tu intercesión.
    
℣. Ruega por nosotros, Solano prodigioso.
℟. Para que nos hagamos dignos del premio glorioso.

ORACIÓN
Dios y Señor nuestro, que por medio del bienaventurado SAN FRANCISCO SOLANO, trajiste a muchísimas gentes de la América al seno de la Iglesia católica, por sus méritos y ruegos te pedimos apartes tu indignación de nuestros pecados, y benigno infundas el temor de tu santísimo nombre sobre aquellas almas infieles que no te han conocido. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo y el Espíritu Santo vive y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA SEGUNDO – 6 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
JUSTICIA
Considera la rectitud de corazón con que SAN FRANCISCO SOLANO cumplió la voluntad de Dios, como lo manifestó en la abnegación de sí mismo en la renuncia de sus padres y herencia, y en el desprecio de todo lo que pudiera menoscabar su entera consagración a la piedad, por lo que su alma, despegada de todo, no se ocupaba sino en conocer, amar, servir y alabar a Dios.

ORACIÓN
¡Oh Señor y dueño de mi corazón! Todo lo que hay en mí pertenece a Vos, de quien lo he recibido; pero yo me había dado todo a la vanidad, al servicio del mundo y de mis apetitos, quebrantando siempre vuestros divinos derechos. ¡Ah, y qué injusticia la mía! Yo la confieso, Señor, y la detesto: y os pido por la intercesión de SAN FRANCISCO SOLANO, me concedáis gracia para corregir lo que he errado, y para rendiros el tributo de justicia, sirviéndoos y amándoos hasta el fin de mi vida. Amén.
   
Se medita y se pide lo que se necesita. La oración “Mi buen Jesús, etc.”, el Responsorio, la Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA TERCERO – 7 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
FORTALEZA
Considera la generosidad y constancia con que se portó SAN FRANCISCO SOLANO, entregando su cuerpo a toda suerte de mortificación, al cilicio, al ayuno, á la desnudez, á una cama dura formada de palos desiguales, y una piedra por almohada, á las sangrientas disciplinas y largas vigilias; y su espíritu á las humillaciones mas profundas, y á una paciencia inalterable.

ORACIÓN
¡Ay de mí! ¡Qué engañado he vivido, creyendo lograré el premio de los santos; sin imitar la mortificación de los santos! Vos, oh Dios mío, lo habéis dicho, que si no hacemos penitencia, pereceremos, ¿y qué será de mí, que aun no he comenzado a hacerla? Señor, por los méritos e intercesión de SAN FRANCISCO SOLANO, inspiradnos el espíritu de penitencia y de contrición que haciéndonos agradables á vos, purifique nuestros corazones, y nos dé aliento para destruir los viciosos apetitos de nuestro corazón, y resistir con fortaleza las acometidas del demonio, siendo constantes en vuestro servicio hasta el fin de la vida. Amén.
   
Se medita y se pide lo que se necesita. La oración “Mi buen Jesús, etc.”, el Responsorio, la Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA CUARTO – 8 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
TEMPLANZA
Considera cómo SAN FRANCISCO SOLANO solo usó de las cosas criadas cuanto le podían servir como de escalones para subir a la Patria celestial: dotado de una voz angélica, solo la empleó en alabar y bendecir a Dios: obedecido de las aves, armaba coro con ellas para bendecir al Criador, favorecido con el don de los milagros. Si los peñascos dan agua, si los embravecidos toros se postran de rodillas a sus pies, si los enfermos sanan, si los muertos resucitan al imperio de su voz, él no desea en el uso de estas gracias sino glorificar a Dios.
   
ORACIÓN
¡Bendito y glorificado seáis, santo Dios, rey de la eterna gloria, que así manifestáis vuestra inmensa liberalidad! Mas ¡ay de nosotros!, que por nuestra mezquindad en serviros y amaros, nos hacemos indignos de vuestras grandes misericordias. Pero atended, Señor, a los méritos de nuestro glorioso abogado y patrón SAN FRANCISCO SOLANO, y concedednos la gracia de que no usemos de las cosas criadas, sino para alabaros y bendeciros, mientras logramos poseeros á vos único bien nuestro, en la gloria perdurable. Amén.
   
Se medita y se pide lo que se necesita. La oración “Mi buen Jesús, etc.”, el Responsorio, la Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA QUINTO – 9 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
FE
Considera la fe y sumisión de espíritu con que SAN FRANCISCO SOLANO creía las verdades reveladas, sometiendo toda su razón a la palabra de Dios, y mirándola en todo como regla de su conducta. ¡Oh, y cuán lejos estás tú de imitarlo, cuando prefieres tus débiles y errados discursos, y aun tus engañosos sentidos, a las doctrinas propuestas por la santa Iglesia! Reflexiona en la fe con que SAN FRANCISCO SOLANO creía los misterios de nuestra santa religión, la que manifestaba en sus obras, acercándose a los sacramentos con las mas fervorosas disposiciones, respetando los templos como casas de Dios, y anhelando toda su vida por la propagación del Evangelio, y por sellar con su sangre lo que creía con el corazón.
   
ORACIÓN
¡Oh  Señor y Dios de mi alma! ¡Qué poco o ningún fruto ha producido en mí la virtud de la fe, con que te dignaste adornar mi alma en el santo bautismo! ¡Ay de mí! ¡Cuánto he trabajado contra ella con mis escándalos! Haced, Señor, por los méritos de SAN FRANCISCO SOLANO, que brillen sobre mí los rayos luminosos de esta santa virtud, para que conociendo mis enormes delitos, los llore y deteste todas mis tenebrosas operaciones, y que no tenga otra guía ni otra luz que la santísima Fe, la que haciéndome agradable a tus ojos, me haga digno del premio de los Santos. Amén.
   
Se medita y se pide lo que se necesita. La oración “Mi buen Jesús, etc.”, el Responsorio, la Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA SEXTO – 10 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
ESPERANZA
Considera cómo SAN FRANCISCO SOLANO, conociendo por la fe la bondad de Dios, su amabilidad y su providencia, y absorto en la contemplación de los bienes prometidos a las almas fieles, tenía su corazón despegado de la tierra y de sus atractivos, y no perdonaba fatigas por no desviarse un punto de la eterna felicidad que esperaba.

ORACIÓN
¡Oh mi Dios, y mi única esperanza! ¡Qué apartado he vivido de la senda de mi verdadera felicidad! Cuán al contrario de SAN FRANCISCO SOLANO, que como tenía puesta en Ti toda su esperanza, no se cansaba de buscarte venciendo las mayores dificultades después de haber empleado todo el día en servirte, se quitaba el sueño necesario para adorarte en la noche postrado al pie de tus altares. Enseñadme, ¡oh mi Dios!, a hacer el justo aprecio de los bienes eternos que me has prometido, para que haciendo buen uso de mis días y de tus misericordias, anhele sin pereza a la posesión de la gloria. Amén.
   
Se medita y se pide lo que se necesita. La oración “Mi buen Jesús, etc.”, el Responsorio, la Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA SÉPTIMO – 11 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
CARIDAD
Considera el amor de Dios que ardía en el corazón de SAN FRANCISCO SOLANO, que exhalaba en los más fervorosos afectos y alabanzas. Toda su gloria era servir y glorificar a Dios, y procurar que los hombres lo amasen y glorificasen.

ORACIÓN
¡Oh Dios, y Señor mío, que tanto amas a tus pobres criaturas! ¡Cómo no ardemos en amor vuestro! Y, ¡cómo hasta aquí he podido yo amar otra cosa que a Vos! Perdonad, Señor, mi torpe ingratitud, y haced que el ejemplo e intercesión de mi glorioso abogado y patrón SAN FRANCISCO SOLANO, excite en mi alma poderosos incentivos de tu divino amor, para que llorando mis feas ingratitudes, comience desde ahora a amaros y serviros, como debéis ser amado y servido, y como yo lo deseo y te lo suplico. Amén.
   
Se medita y se pide lo que se necesita. La oración “Mi buen Jesús, etc.”, el Responsorio, la Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA OCTAVO – 12 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
AMOR AL PRÓJIMO 
Considera a SAN FRANCISCO SOLANO aplacando las iras, visitando y asistiendo a los enfermos en las pestes y en los hospitales, y promoviendo la salvación de sus prójimos con sus sermones y con sus fatigas.
   
ORACIÓN
¡Oh Señor y Dios nuestro! Vos nos habéis dado al prójimo para que hagamos con él lo que quisiéramos se hiciera con nosotros, y queréis recibir como servicio vuestro las obras de caridad que practicamos con él. Pero ¡ay de nosotros!, que lejos de llenar estas obligaciones, no solo ofendemos a nuestro prójimo con pensamientos, palabras y obras, sino que mientras los Santos dan sus almas por la salvación de sus hermanos, nosotros con nuestros escándalos las exponemos a la condenación eterna. Perdonad, Señor, nuestro pecado, por los méritos de vuestro siervo y amado patrón SAN FRANCISCO SOLANO, para que ayudándonos unos a otros por medio de la oración y cristianos ejemplos, te sirvamos con unos corazones puros, y después te alabemos por los siglos de los siglos en la gloria. Amén.
   
Se medita y se pide lo que se necesita. La oración “Mi buen Jesús, etc.”, el Responsorio, la Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA NOVENO – 13 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración para todos los días.
   
IMITACIÓN A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
Considera cómo SAN FRANCISCO SOLANO puso todo su empeño en imitar a Jesucristo: humilde en su propio conocimiento; paciente y gozoso en las adversidades, solo aspiraba a crucificar su carne y consagrar toda su alma al cumplimiento de la voluntad del Padre celestial.

ORACIÓN
¡Oh mi buen Jesús, mi modelo y ejemplar! ¡Qué inmensa es la diferencia que hay entre SAN FRANCISCO SOLANO, y una alma tan pecadora como yo! ¿Cuándo pondré en obra la obligación que tengo de hacerme una copia de Vos que sois mi ejemplar! Qué expuesta que está mi salvación, mientras me hago un retrato de toda maldad con mis muchas prevaricaciones. Vuestra gracia imploro, Señor, y la intercesión de mi amado patrón SAN FRANCISCO SOLANO, para que imprimiendo en mi alma un general disgusto de todo lo carnal y terreno, solo aspire a la práctica de las virtudes y al cumplimiento de vuestra santísima voluntad, y haciéndome una copia vuestra en la vida, logre ser participante de tus premios en la gloria. Amén.
   
Se medita y se pide lo que se necesita. La oración “Mi buen Jesús, etc.”, el Responsorio, la Oración y los Gozos se dirán todos los días.

SALMO 127 Beáti omnes
Bienaventurados todos los que temen al Señor,* y andan por sus caminos.
Él bendecirá el trabajo de tus manos, y tú comerás el fruto: * serás dichoso y colmado de bienes.
Tu mujer será como una vid fecunda, * en el retiro de su casa.
Tus hijos, como los renuevos alrededor de un olivo, * estarán al rededor de tu mesa.
He aquí las bendiciones que recibirá el hombre * que teme al Señor.
El Señor te bendiga desde Sion; * y llegues a ver los bienes de Jerusalén todos los días de tu vida.
Y veas también los hijos de tus hijos, * y la paz sobre Israel.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 14 de julio de 2017

SAN FRANCISCO SOLANO, APÓSTOL DE AMÉRICA

San Francisco Solano bautizando a los indios (Johann Lucas Kracker, Seminario diocesano de Eger, Hungría)
 
De los tres santos canonizados que con su presencia santificaron estas tierras de América, San Luis Beltrán, San Pedro Claver y San Francisco Solano, este último es el que con más razón merece el título de apóstol de este Nuevo Mundo, tanto por la extensión de su labor misional como por las huellas que dejó de su paso. San Luis Beltrán no hizo sino abordar a las costas insalubres y deshabitadas de Santa Marta, evangelizó a las tribus errantes de los bordes del Magdalena y a los pocos años volvióse a España. San Pedro Claver se encerró dentro de los muros de Cartagena y allí vivió hasta su muerte, hecho esclavo de los esclavos. Solano, en cambio, recorrió gran parte del Perú de entonces y ha dejado recuerdos de su tránsito en cinco repúblicas de este continente.
  
Había nacido el 10 de marzo de 1549 en la pequeña ciudad de Montilla, en la Andalucía, del matrimonio de Mateo Sánchez Solano y Ana Jiménez Hidalga. Sus padres eran acomodados y cuando el niño estuvo en edad de estudiar lo entregaron a los jesuitas, que tenían entonces un colegio en el lugar. Allí aprendió las letras humanas y allí también sintió despertarse su vocación. A los veinte años, en plena adolescencia, decide vestir el sayal franciscano y acude al convento de San Lorenzo, en las afueras, donde el guardián, fray Francisco de Angulo, le abre las puertas de aquel cenobio, en donde va a poner los fundamentos de su futura santidad. Dios, en efecto, le había escogido para santo. Por entonces los franciscanos habían sentido renovarse su fervor y anhelaban imitar más de cerca a Jesucristo, siguiendo las huellas del Pobrecito de Asís. Solano, desde los primeros días de su vida religiosa, sintió en su corazón arder esta llama, se determinó a abrazarse estrechamente con Cristo, siguiendo desnudo al desnudo Jesús. Hizo su profesión el 25 de abril de 1570 y verdaderamente renunció a todo para vivir unido a su modelo. Unos dos años más tarde dejaba Montilla y se trasladaba al convento de Nuestra Señora de Loreto, en las proximidades de Sevilla, donde alternó el estudio de las ciencias sagradas con la oración y la penitencia. Escogió para vivienda la celda más pequeña e incómoda del convento, bien próxima al coro, en donde pasaba buena parte de su tiempo.
  
Allí recibió la unción sacerdotal y un 4 de octubre cantó su primera misa en la capilla de la Virgen, hallándose presente su padre, que muy poco después dejaba este mundo. Como tenía buena voz y era muy aficionado a la música, arte que podemos decir cultivó toda su vida, le nombraron vicario de coro y predicador. La muerte de su progenitor y la ceguera de que adoleció su madre le obligaron a volver a Montilla, pero transformado en otro hombre. De su breve estancia en su ciudad natal quedó indeleble recuerdo. Aquel joven franciscano “no hermoso de rostro, moreno y enjuto”, como nos lo describe uno de sus contemporáneos, se atrajo las miradas de todos por el espíritu con que hablaba y la santidad que emanaba de todo su ser. Aún se cuenta que hizo varias curaciones, pero el más evidente indicio de su ascendiente sobrenatural nos lo da el hecho de haber pedido la marquesa de Priego, la señora del lugar, un hábito de fray Francisco para que le sirviese de mortaja.
  
Tan sólidas eran ya sus virtudes que los superiores de la Orden le enviaron a Arrizafa, en las cercanías de Córdoba, a fin de que en esa recolección ejerciese el cargo de maestro de novicios. Nadie mejor que él para servir de guía a quienes aspiraban a realizar íntegramente el ideal del fraile menor. Tres años vivió en este convento y el 1581 pasa a San Francisco del Monte, monasterio escondido entre los breñales de la Sierra Morena. En aquélla soledad su espíritu se expande y se une más estrechamente a Dios. No olvida, sin embargo, a sus hermanos, y, cuando la peste diezma a los vecinos de Montoro, acude solícito a ayudar a los enfermos a bien morir y a curar a los atacados del mal. Le acompaña un buen hermano lego, fray Buenaventura, que al fin sucumbe también a los rigores de la peste, y Solano continúa asistiendo a sus hermanos dolientes en la iglesia de San Sebastián, transformada en hospital, donde aún se conserva un cuadro que recuerda su caridad.
  
Se le nombra guardián del convento y a los tres años se le envía al convento de San Luis de la Zubia, en la vega de Granada. Aquí termina su labor en España, porque en 1588 solicita pasar a América en compañía del padre comisario, fray Baltasar Navarro, que ha venido en busca de misioneros. Ciérrase entonces la primera etapa de su vida; la segunda le verá en las apartadas regiones del Tucumán, convertido en misionero de indios, hasta el año 1602, en que se le ordena volver al Perú, donde entabla la estricta observancia de los recoletos y donde fallece en 1610. Estas tres etapas en que podemos dividir su vida son bien marcadas y cada una de ellas tiene su carácter peculiar. En España ha alternado el estudio de la perfección religiosa con el de las ciencias y los cargos de gobierno con el ministerio apostólico, pero esto último lo hace sólo a intervalos y no de una manera metódica y continua. Es la etapa de preparación y en la cual se macizan sus virtudes. Cuando tome la carabela que le ha de conducir a Tierra Firme ya Solano es un santo, es el varón de Dios, que lo pisotea todo para unirse a su Señor.
   
El 3 de marzo de 1589 pasaba la barra de Sanlúcar la flota que conducía al nuevo virrey del Perú, don García Hurtado de Mendoza. En una de las naves, oculto a las miradas de todos, viajaba nuestro héroe, acompañado por un regular grupo de hermanos suyos que pasaban a América a conquistar para Cristo muchas almas. Con viento favorable llegaban a Cartagena el 7 de mayo y, tras unos días de espera en aquel puerto, pasaban a Portobelo y de aquí a Panamá, adonde debió llegar Solano a fines del mes de junio de 1589. La falta de embarcaciones le obligó a permanecer en aquel mortífero clima, donde perdieron la vida dos de los franciscanos que venían en su compañía, Después de cuatro meses lograron hallar una nave que los condujese al Perú, pero tan descuadernada que unos cuantos golpes de mar, como luego veremos, bastaron para dar al través con ella. Solano, en compañía del padre fray Diego de Pineda y de fray Francisco de Torres, tomó pasaje a su bordo, y la embarcación levó anclas en el puerto de Perico y se dio a la vela para el Callao.
  
La navegación desde Panamá hasta aquel puerto se hacía difícil, así por tener que vencer la corriente marina que baña aquellas costas como por la falta de viento, sobre todo en esta época del año. Así sucedió entonces, y en la vecindad de la isla de la Gorgona, frente a las costas de la actual Colombia, aquella frágil nave vino a zozobrar. En un batel lograron llegar a tierra algunos de los pasajeros y tripulantes, pero Solano permaneció sereno en los restos flotantes de la nave, alentando a los náufragos y auxiliándolos en aquel caso extremo. Cuando el batel volvió en su busca fue el último en acogerse a él, y lo hizo lanzándose al mar, después de arrollar el hábito a la cintura. Una vez en la playa, y cubierto tan sólo con la túnica, fue en busca del hábito que había perdido y lo halló en la arena. San Francisco, como él decía, le había dado aquel hábito y él también se lo había de devolver.
  
Por más de dos meses hubieron de permanecer los náufragos en la costa, desprovistos de todo auxilio. Uno de los compañeros de Solano había perecido en el naufragio, el otro, cansado de esperar, decidió salir en el batel con otros compañeros en busca de socorro. Tenían que alimentarse de peces, mariscos y hierbas silvestres, y no sin trabajo los encontraban. Solano, olvidado de sí, procuraba levantar el ánimo de sus compañeros, aliviaba sus males y les daba cuanto caía en sus manos y podía servir para su sustento. Parece que en más de una ocasión su pesca tuvo todos los contornos de milagrosa. El Señor escuchaba a su siervo. Al fin arribó el socorro tan ansiado. A últimos de diciembre una nave recogió a los náufragos y los condujo al puerto de Paita, al norte del Perú. De aquí continuó Solano su camino por tierra hasta llegar a la ciudad de los reyes, Lima. Cruzó aquella costa desierta, interrumpida, a veces por los valles que riegan los ríos que bajan de la cordillera, y en 1590 entraba en la capital del virreinato, donde ya le había precedido el virrey don García y en donde por aquel tiempo gobernaba aquella iglesia un esclarecido prelado, Santo Toribio de Mogrovejo.
  
Solano ardía en deseos de pasar a las Misiones a que estaba destinado. Fray Baltasar, que le había traído consigo, atendió sus ruegos y con otros ocho religiosos emprendió el camino que conducía al Tucumán. La distancia era enorme. Basta fijar los ojos en un mapa de América para darse cuenta del inmenso espacio que había que recorrer. Pero a esta dificultad se añadía otra mayor: la de la aspereza y rigor de la tierra. Había que trasmontar los Andes, y luego de cruzarlos, llegar hasta el Cuzco, para tomar después el camino que conduce al Callao, esto es, a la meseta frígida y desnuda casi de vegetación que domina la actual Bolivia y se prolonga casi hasta los confines del Norte argentino. Aquí comenzaba la bajada abrupta y sinuosa hasta Salta y más abajo a las llanuras del Tucumán. Solano hubo de arrostrar esta jornada caminando unas veces a pie, otras en pobres cabalgaduras, y sufriendo todas las consecuencias de la falta de abrigo de las rigideces del clima. Si por allí habían pasado los conquistadores y capitanes en busca del Dorado y del rico cerro de Potosí, ¿iban a mostrarse menos animosos los discípulos de Cristo, los conquistadores de las almas?
   
En noviembre de 1590, según la carta del comisario fray Baltasar Navarro a Su Majestad, llegaba la expedición al Tucumán (carta fechada en Santiago del Estero el 26 de enero de 1591). En todo aquel territorio no había por aquel tiempo sino dos obispados, el del Tucumán y el del Río de la Plata. El primero era tan pobre, decía su obispo, fray Fernando Trejo, en 1601, que su catedral carecía de ornamentos decentes y no tenia cómo poder levantar el seminario. Los franciscanos, dominicos y mercedarios habían penetrado en la región años hacía, pero su número era muy escaso. Tras ellos vinieron los padres de la Compañía de Jesús, pocos también. En 1610 la Orden de Santo Domingo sólo tenía un convento en Córdoba; los franciscanos tenían seis: en Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Rioja, Talavera y Salta, pero en el que más había seis o siete frailes y en el que menos dos o tres; los mercedarios tenían también seis casas, en las mismas ciudades, pero su número era menor; finalmente la Compañía sólo tenía domicilios en Córdoba y en Tucumán, aunque en el primero los religiosos pasaban de veinte. Si esto sucedía en 1610, ya podremos calcular lo que sería en 1591, o sea unos veinte años antes, en el momento en que Solano arriba a esas tierras.
  
Muy escasa es la documentación que poseemos sobre sus actividades apostólicas en el Norte argentino. Casi todos sus biógrafos, aun en la época moderna, no han hecho otra cosa sino inspirarse, no siempre con fidelidad, en las declaraciones de los procesos. Por fortuna, éstos se llevaron a cabo cuando aún vivían muchos que habían conocido y tratado al Santo, y de allí que su testimonio sea de calidad. Fray Francisco permaneció en el Tucumán sólo once años, de 1591 a 1602, primero como misionero y doctrinero de Socotonio y la Magdalena, y a partir de 1595, como custodio o viceprovincial de todos los conventos del Tucumán y del Paraguay, dependientes de la provincia del Perú.
  
La labor del misionero era ardua. No sólo había que vencer la resistencia del indígena, receloso siempre de los españoles, de quienes había recibido y recibía muchas vejaciones, sino, además, romper con las dificultades de la lengua y las que oponía la misma naturaleza, en un país cruzado por montes y ríos y en su mayor parte deshabitado. La caridad y mansedumbre de Solano y la pobreza de su hábito le ganó el corazón de los indios; se aplicó al estudio de su lengua y Dios ayudó sus esfuerzos. Se dice que poseyó el don de lenguas, pero no está de más advertir que, por las declaraciones de quienes le trataron, el capitán Andrés García de Valdés le enseñó la Tonocote y uno de sus compañeros confiesa que tardó cuatro meses en aprender otra de las lenguas indígenas. Sin embargo, en su caso se renovó el milagro del día de Pentecostés, porque, hablando en una sola lengua, sus oyentes le entendían como si les hablara en la propia.
  
El Santo se impuso a aquellas mentes casi infantiles y el secreto de sus éxitos estuvo en su perfecta unión con Dios. Hay un hecho que aparece referido por uno de los testigos de los procesos, el cura de la Nueva Rioja, don Manuel Núñez Maestro, pero sus biógrafos lo han desfigurado y hasta lo han hecho inverosímil. El Jueves Santo del año 1593 Solano se encuentra en la población, que apenas lleva dos años de fundada. Ha venido invitado por el cura. Cuarenta y cinco caciques con su respectivo séquito se dan cita en el mismo lugar y este número de indios alarma al teniente de gobernador, quien aconseja a los vecinos preparar las armas. En la noche, como era el uso de España y de muchas ciudades del Perú, va en la procesión un grupo de disciplinantes, desnudos medio cuerpo arriba, azotando sus espaldas. Los indios no salen de su asombro. Solano aprovecha la ocasión para hablarles del Redentor y de sus sufrimientos por nosotros; les cautiva y le piden que los instruya en los misterios de la fe. Algunos dieron en decir que los bautizó a poco a todos y que su número llegaría a 9.000. El cura Núñez no dice esto. Sus palabras textuales son: “Los retuvo a todos hasta que fueron bautizados”.
  
Solano no podía desconocer lo que habían ordenado sobre el particular los concilios limenses de 1567 y 1584. En el Tucumán se conocían esas prescripciones y en 1597 las hacía suyas el sínodo celebrado en Santiago del Estero por el obispo Trejo. Tampoco nos parece verosímil que fueran 9.000 los bautizados. El cura Núñez dice solamente que el número de indios llegaría a 9.000, pero es más que probable que en ese número incluía los de la región o los que estaban sujetos a los caciques que hicieron su aparición en la Rioja. Aun reduciendo el hecho a sus debidas proporciones, la acción del apóstol campea y sobresale. Tampoco creemos, como algunos afirman, que su actividad se extendiera al Gran Chaco y a otras regiones alejadas del Tucumán. No hay fundamento para asegurarlo. Santiago del Estero, la desaparecida Esteco, la Rioja y Córdoba fueron el teatro de sus hazañas, En todos estos lugares dejó las huellas de su paso y testimonios evidentes de su santidad. Cítanse las fuentes de Talavera o Esteco y la de la Nueva Rioja. En ambas brotó el agua al conjuro de la voz de Solano. De la primera apenas cabe dudar, pues cuando, en 1617, pasó por allí el visitador del Tucumán, don Francisco de Alfaro, todos le señalaron la fuente del Padre Solano que allí brotaba copiosamente.
  
En el año 1601 los superiores le llaman al Perú, Querían servirse de él para la nueva recolección de Nuestra Señora de los Ángeles, que estaba a punto de fundarse en Lima. Obediente a la voz de Dios, emprende el largo camino que le separa de aquella ciudad. Su humildad no acepta el cargo de guardián y queda como vicario. No mucho después el comisario fray Juan Venido le envía a la ciudad de Trujillo, en calidad de guardián. Esta vez no puede rehuir el cargo. En 1604 vuelve nuevamente a la recoIeta de Lima y en diciembre del siguiente año, abandonando su retiro y, con un crucifijo en la mano, sale por calles y plazas, exhortando a todos a hacer penitencia de sus pecados y amenazando a los reacios con los castigos de Dios. La vista de aquel fraile, espejo de la penitencia, el ardor de su mirada y el fuego de sus palabras, conmueve a sus oyentes. Le siguen hasta la plaza Mayor y allí el gentío se hace cada vez más numeroso. Resuenan por los aires las voces de perdón y por toda la ciudad cunde la voz de un inminente castigo del cielo. Recientes están los ejemplos de Arica y Arequipa, asoladas por un terremoto, de modo que aquélla noche hubo que dejar abiertas las iglesias, por el gran concurso de gente que pedía a gritos confesión.
  
La ciudad pasó la noche en alarma. Hasta Rosa, la virgen incomparable, azota su cuerpo sin piedad, pidiendo a Dios por los pecadores. El virrey, conde de Monterrey, manda al siguiente día hacer una averiguación del hecho. Ordena, de acuerdo con el padre comisario, que un tribunal examine e inquiera del predicador lo que ha dicho y las causas que le han movido a decirlo. Solano se presenta sereno y, como ha obrado por divino impulso, no hace sino exponer la verdad. Sin embargo, recibió una admonición, a fin de que en adelante no perturbara la tranquilidad de los habitantes.
  
En lo sucesivo su vida es más del cielo que de la tierra. Sus fuerzas van decayendo visiblemente y por esta causa se le traslada al convento de Jesús, de Lima, donde, tras breve enfermedad, causada más por las privaciones y trabajos que por el desgaste natural del organismo, fallece el día de San Buenaventura, 14 de julio de 1610, cuando se elevaba la hostia en la misa mayor. Su entierro tuvo contornos apoteósicos. El virrey, marqués de Montesclaros, y el arzobispo Lobo Guerrero son los primeros en conducir el féretro a la iglesia, donde la guardia de alabarderos apenas puede contener a la multitud. Predica sus virtudes el provincial de la Compañía, Juan Sebastián de la Farra, y se le da sepultura en la cripta de la iglesia, donde más tarde se levantará una capilla. El mismo año de su muerte, a 21 de julio de 1610, se empezaron las informaciones sobre su vida y virtudes, las cuales dieron por resultado el que la santidad de Clemente X lo beatificase en el año 1675 y Benedicto XIII lo proclamase Santo en 1726.
 
RAMÓN VARGAS UGARTE (Año Cristiano, Tomo III, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966)
  
ORACIÓN (del Misal Romano-Seráfico)
Oh Dios, que por medio del bienaventurado San Francisco condujiste a muchas gentes de América al seno de tu Iglesia, aparta, por sus méritos y oraciones, tu indignación por nuestros pecados; y a cuantos no te conocen, infunde benigno el temor de tu Nombre. Por. J. C. N. S. Amén.