miércoles, 1 de julio de 2026

DE LA FORMA DE LA CONSAGRACIÓN DEL VINO EN LA MISA


Objeciones por las que parece que las palabras: «éste es el cáliz de mi Sangre, del nuevo y eterno testamento, misterio de fe, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados», no son la forma adecuada de la consagración del vino.
  1. Como el pan se convierte en el Cuerpo de Cristo en virtud de la consagración, así también el vino en la Sangre de Cristo, como se ha demostrado anteriormente (cuestión 76, art. 1.º, respuesta a la objeción 2.ª). Pero en la forma de la consagración del pan se indica directamente el Cuerpo de Cristo, sin añadir nada más. Luego inadecuadamente se indica en esta forma la Sangre de Cristo de modo indirecto, al añadir cáliz directamente diciendo: «Este es el cáliz de mi Sangre».
  2. Aún más: no son de mayor eficacia las palabras que se dicen para la consagración del pan que las que se dicen para la consagración del vino, ya que las unas y las otras son palabras de Cristo. Pero inmediatamente de decir: «Esto es mi Cuerpo», queda realizada la consagración del pan. Luego nada más decir: «Este es el cáliz de mi Sangre», queda realizada la consagración de la Sangre. En cuyo caso, no parece que las palabras que siguen sean parte esencial de la forma, tanto más cuanto que pertenecen a las propiedades de este sacramento.
  3. El Nuevo Testamento parece pertenecer al mundo de la inspiración interior, como consta por el Apóstol en Heb. 8, 8.10, cuando cita las palabras de Jer. 31, 31.33: «Pactaré con la casa de Israel una alianza nueva…, pondré mi ley en su interior». El sacramento, sin embargo, se celebra de forma visible y externa. Luego no es adecuado que se diga en la forma del sacramento del Nuevo Testamento.
  4. Se dice que una cosa es nueva cuando todavía está cercana al principio de su existencia. Pero lo eterno no tiene principio en su existencia. Luego inadecuadamente se dice: «del nuevo y eterno», pues parece implicar contradicción.
  5. Es preciso evitar a los hombres las ocasiones de error, tal y como se recomienda en Is. 57, 14: «Quitad los obstáculos del camino a mi pueblo». Pero algunos erraron al pensar que el Cuerpo y la Sangre de Cristo están en este sacramento en sentido místico solamente (cuestión 75, art. 1.º). Luego es inadecuado que en esta fórmula se diga: «Misterio de fe».
  6. Más arriba se ha dicho que de la misma manera que el bautismo es el sacramento de la fe, así la Eucaristía es el sacramento de la caridad. Luego en esta forma debería haberse puesto caridad, y no fe.
  7. Todavía más: todo este sacramento, en lo que se refiere al Cuerpo y en lo que se refiere a la Sangre, es el memorial de la Pasión del Señor, según el texto de 1.ª Cor. 11, 26: «cada vez que comáis este pan y bebáis este cáliz anunciaréis la muerte del Señor». Luego no debió hacerse mención de la Pasión de Cristo y de su fruto sólo en la forma de la consagración de la Sangre, y no en la forma de la consagración del Cuerpo, teniendo en cuenta sobre todo que en Lc. 22, 19 dijo el Señor: «Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros» (1.ª Cor. 11, 24).
  8. La Pasión de Cristo, como se ha dicho (cuestión 48, art. 2.º; cuestión 49, art. 3.º), fue suficiente para todos y de su eficacia se aprovecharon muchos. De aquí que se debió decir «será derramada por todos» o «por muchos», sin que se añadiera «por vosotros».
  9. Las palabras con que se consagra este sacramento tienen eficacia por la institución de Cristo. Pero ningún evangelista escribe que Cristo haya dicho todas estas palabras. Luego no es adecuada la forma de la consagración del vino.
   
En cambio la Iglesia, instruida por los Apóstoles, utiliza esta forma de la consagración del vino.

Respondo: Acerca de esta forma hay dos opiniones. Unos, efectivamente, afirmaron que lo esencial de esta forma está constituido por las palabras: «éste es el cáliz de mi Sangre», y no por lo demás. Pero esta opinión no parece exacta porque las palabras que siguen son determinaciones del predicado, o sea, de la Sangre de Cristo, y por ello pertenecen a la integridad de la frase.
  
Por eso otros, con mejor criterio, sostienen que todo lo que sigue pertenece a la esencia de la forma, hasta la proposición: «cada vez que hiciereis esto», que pertenece al uso de este sacramento, por lo que esta proposición ya no es de la esencia de la forma. Y es por esto por lo que el sacerdote pronuncia todas las palabras que siguen con el mismo rito y con el mismo gesto, o sea, teniendo el cáliz entre las manos. Por otra parte, también en Lc. 22, 20 se intercalan las palabras que siguen entre las palabras de la primera parte, cuando se dice: «Este cáliz es la nueva alianza en mi Sangre».

Hay que decir, por tanto, que todas estas palabras pertenecen a la esencia de la forma. Pero las primeras palabras: «Este es el cáliz de mi Sangre», significan precisamente la conversión del vino en la Sangre, del modo que ya se dijo (art. 2.º) en la forma de la consagración del pan. Y las palabras siguientes designan el poder de la Sangre derramada en la Pasión, un poder que se efectúa en este sacramento y que se ordena a tres cosas. La primera y principal, a alcanzar la vida eterna, según el texto de Heb. 10, 19: «Tenemos plena seguridad de entrar en el santuario por el poder de su Sangre». Y para indicar esto dice: «nueva y eterna alianza». Segunda, a la justificación de la gracia, que es el fruto de la fe, como se dice en Rom. 3, 25-26: «A quien Dios ha propuesto como medio de propiciación por la fe en su Sangre… para que Él sea justo y justificador de los que creen en Jesús». Y para indicar esto se pone: «misterio de fe». Y tercera, para remover los obstáculos que impiden conseguir las dos cosas precedentes, o sea, remover los pecados, conforme a lo que se dice en Heb. 9, 14: «La Sangre de Cristo… purificará nuestra conciencia de las obras muertas», o sea, de nuestros pecados. Y para indicar esto añade: «que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados».
 
A Las Objeciones:
  1. La frase «Este es el cáliz de mi Sangre» es una expresión figurativa y puede entenderse de dos maneras. Una, como metonimia, tomando el continente por el contenido, en cuyo caso el sentido es: «Esta es mi Sangre contenida en el cáliz». Se hace aquí mención del cáliz porque la Sangre de Cristo se consagra en este sacramento como bebida de los fieles, algo que no es propio de la sangre, y por eso era necesario que se indicase aquí la sangre por el vaso del que uno se sirve para beber. Otra, como una metáfora, en el sentido de que por cáliz se entiende figurativamente la Pasión de Cristo, la cual embriaga como un cáliz, al decir de Lam. 3, 15: «Me ha llenado de amargura y me ha embriagado de ajenjo». Por lo que el Señor llamó cáliz a su propia Pasión en Mt. 26, 39 cuando dice: «Pase de mí este cáliz» cuyo sentido sería: «Este es el cáliz de mi Pasión». Y de esta Pasión se hace mención en la consagración de la Sangre por separado del Cuerpo, porque la Sangre se separó del Cuerpo por la Pasión.
  2. Puesto que, como se ha dicho ya (a la objeción 1.ª; cuestión 76 art. 2.º, respuesta a la objeción 1.ª), la Sangre consagrada por separado representa claramente la Pasión de Cristo, el efecto de la Pasión debía ser mencionado mejor en la consagración de la Sangre que en la consagración del Cuerpo, que es el que padeció. Lo cual también se indica cuando el Señor dice: «que será entregado por vosotros», como queriendo decir: «que por vosotros será sometido a la Pasión».
  3. El testamento consiste en disponer de la herencia. Ahora bien, Dios dispuso que había de dar a los hombres la herencia celestial por la virtud de la Sangre de Jesucristo, porque, como se dice en Heb. 9, 16: «Donde hay un testamento es necesario que intervenga la muerte del testador». Pero la Sangre de Cristo se nos ha dado a los hombres de dos maneras. Una, en figura, lo cual pertenece al Antiguo Testamento. Por eso el Apóstol, en el mismo lugar (v. 18), concluye: «Por donde ni el primer testamento fue ratificado sin Sangre». Lo cual consta por lo que se lee en Ex. 24, 7-8: «Después de haber leído todo lo mandado por la ley, Moisés asperjó a todo el pueblo diciendo: “Esta es la sangre del testamento que el Señor ha concluido con vosotros”».
       
    Otra, en su realidad, y esto pertenece al nuevo testamento, y es de lo que habla el Apóstol en el mismo lugar (v. 15) cuando dice: «Por consiguiente, Cristo es el mediador del nuevo testamento, para que, ocurrida la muerte, alcancen la promesa los que han sido llamados a la herencia eterna». Por tanto, aquí se dice en la forma: «Sangre del nuevo testamento», porque ésta se nos da no ya en figura, sino en su realidad. Por eso se añade: «que será derramada por vosotros». La inspiración interior deriva de la virtud de la Sangre en el sentido de que somos justificados por la Pasión de Cristo.
  4. Este testamento es nuevo por la novedad de su donación sacramental. Y se le llama eterno porque Dios lo tenía decretado desde la eternidad, y porque con él se consigna la herencia eterna. Además, la misma persona de Cristo, con cuya Sangre se nos otorga el testamento, es eterna.
  5. La palabra misterio se utiliza aquí no para excluir la verdad, sino para destacar su ocultamiento. Porque en este sacramento la misma Sangre de Cristo está presente de modo oculto, y porque la Pasión de Cristo fue prefigurada en el Antiguo Testamento de modo oculto también.
  6. La Eucaristía es sacramento de la fe en el sentido de que es objeto de fe. Porque que la Sangre de Cristo esté realmente presente en este sacramento, solamente puede afirmarse por la fe. La misma Pasión de Cristo justifica por la fe. Al bautismo, sin embargo, se le llama sacramento de la fe porque lleva consigo una profesión de fe. Pero a este sacramento se le llama sacramento de la caridad porque la significa y la causa.
  7. Ya hemos dicho (respuesta a la objeción 2.ª) que la Sangre consagrada separadamente del Cuerpo representa más claramente la Pasión de Cristo. Y, por eso, se hace mención de la Pasión de Cristo y de su fruto en la consagración de la Sangre, y no en la consagración del Cuerpo.
  8. La Sangre de la Pasión de Cristo no sólo tiene eficacia para los judíos elegidos, a quienes se les dio la sangre del antiguo testamento, sino también para los gentiles; y no sólo para los sacerdotes que realizan este sacramento, y para aquellos que lo reciben, sino también para aquellos a quienes se ofrece. Por eso señaladamente se dice: «por vosotros» judíos, «y por muchos», o sea, gentiles. O también «por vosotros, que lo coméis, y por muchos, por quienes se ofrece»?
  9. Los evangelistas no intentaban transmitirnos las formas de los sacramentos, unas formas que convenía mantener ocultas en la primitiva Iglesia, como dice Dionisio al final de su obra Jerarquía Eclesiástica, sino que intentaron tejer la historia de Cristo.
       
    Y, sin embargo, casi todas estas palabras pueden encontrarse en los diversos lugares de la Escritura. Porque la locución «éste es el cáliz» se encuentra en Lc. 22, 20 y en 1.ª Cor. 11, 25. En Mt. 26, 28 se dice: «Esta es mi Sangre del nuevo testamento que será derramada por vosotros para el perdón de los pecados». Las adiciones de eterno y misterio de fe se derivan de la tradición del Señor, llegada a la Iglesia a través de los Apóstoles, de acuerdo con lo que se dice en 1.ª Cor. 11, 23: «Yo recibí del Señor lo que os he transmitido».

SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica, parte III, cuestión 78, art. 3.º.