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miércoles, 13 de diciembre de 2017

SANTA LUCÍA, VIRGEN Y MÁRTIR

En esto se demostró la caridad de Dios hacia nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que por Él tengamos la vida”. (1 Juan, 4, 9).

Santa Lucía de Siracusa
  
La gloriosa Virgen y Mártir Santa Lucía nació de ilustres y ricos padres en la ciudad de Zaragoza de Sicilia (actual Siracusa). Fue desde niña Cristiana, y muy inclinada a todas cotas de virtud y piedad, especialmente a conservar la pureza de su alma, y ofrecer a Dios la flor de su virginidad. Muerto su padre, la madre, que se llamaba Eutiquia, contra la voluntad de la santa doncella, la concertó de casar con un caballero mozo y principal, aunque pagano: y ella lo iba dilatando, y buscando ocasión para que no tuviese efecto. Ofreciósela nuestro Señor muy a proposito, con una larga y molesta enfermedad que dio a Eutiquia su madre de un flujo de sangre que le duró cuatro años, sin hallar en los médicos y medicinas algún remedio. Volaba a la sazón por toda Sicilia la fama de la bienaventurada Santa Águeda, que en tiempo del emperador Decio había sido martirizada por Cristo en la ciudad de Catania, que está como tres leguas distante de la ciudad de Siracusa. Hacía Dios grandes milagros en el sepulcro de Santa Águeda, y concurrían de todas partes a él para alcanzar salud y otros beneficios del Señor por su intercesión. Aconsejó Santa Lucía a su madre, que se fuesen a Catania a visitar el cuerpo de Santa Águeda, porque sin duda hallaría remedios divinos para su enfermedad, ya que todas los humanos habían sido vanos, y sin provecho. Fueron a Catania en su romería. Acudieron a la iglesia de Santa Águeda, postráronse a su sepulcro, e hicicron larga y devota oración, suplicando con grande afecto y copiosas lagrimas a la Santísima Virgen, que socorriese a Eutiquia en aquella necesidad.
 
Estando en oración, le vino un dulce sueño a Santa Lucía, y en él le aparecía Santa Águeda resplandeciente y ricamente vestida, y acompañada de gran numero de Ángeles, y con rostro alegre y sereno, le dijo: «Hermana Lucia, y virgen a Dios consagrada, ¿para qué me pides lo que tú tan fácilmente puedes dar a tu madre, a quien ya tu Fe ha socorrido y dado salud? Así como la ciudad de Catania ha sido ilustrada por mí, así la ciudad de Siracusa será ennoblecida y ensalzada por ti, porque por tu limpieza y castidad has aparejado digna morada al Señor, y eres Templo del Espíritu Santo». A estas palabras despertó Santa Lucía, y con gran regocijo dijo a su madre: «Madre mía, ya estáis sana»; y así fue, y la madre y la hija dieron por ello gracias a Dios y la gloriosa Santa Águeda, por cuya intercesión el Señor había sanado a Eutiquia.
   
Volviéronse las dos a Siracusa, y la santa hija rogó a su madre que no le mentaste esposo ni marido carnal, y que la dote que le había de dar casándola con hombre mortal y terreno, se le diese para emplearle en servicio del Esposo celestial e inmortal que ella había escogido. Hacíasele de mal a Eutiquia despojarse de su hacienda y darla en vida, y rogaba a su hija que aguardase un poco a que ella cerrase los ojos, y después de su muerte hiciese de todo a su voluntad. Mas la santa doncella le dijo que no son tan aceptas a Dios las limosnas que se hacen después de la muerte como las que se hacen en vida: porque en la muerte se deja lo que no se puede llevar, y en la vida se da lo que se puede gozar, y que el que va de noche, ha de llevar el hacha delante para que le alumbre, y vea el camino por donde va. Y tanto supo decir Santa Lucía a su madre, que la persuadió a que le entregase su dote, y ella le comenzó a vender, y a distribuir con larga mano a los pobres. Supo esto el caballero con quien la madre la tenía concertada de casar, y aunque al principio por lo que le dijeron creyó que el vender las joyas y otras cosas de poco precio era para comprar una heredad muy rica y fructuosa: pero después que entendió la verdad, y que toda la hacienda se repartía a los pobres, y que Santa Lucía era cristiana, concibió gran saña y odio contra ella, y la acusó delante del prefecto llamado Pascasio como a maga y sacrilega, y enemiga de los dioses del Imperio Romano.
  
El presidente la mandó llamar, y teniéndola en su presencia, con buenas palabras procuró persuadirle que dejase la vana superstición de los Cristianos, y sacrificase a los dioses. Mas no halló entrada en el pecho fuerte de la santa virgen. Antes con grande animo y libertad le respondió que el verdadero sacrificio y agradable a Dios era visitar a las viudas y huérfanas, y personas miserables, y consolarlas en sus tribulaciones, y que ella se había ocupado tres años en este sacrificio, repartiendo a los pobres lo que tenía, y que ya no le quedaba qué dar, sino su persona: la cual como hostia viva deseaba ofrecer a Dios en perpetuo sacrificio. Y como Pascasio le dijese que aquellos eran sueños y desvaríos de Cristianos, y palabras vanas que no se le habían de decir a él, que guardaba la religión antigua y los mandatos de los emperadores. Santa Lucia con maravillosa constancia le respondió: «Tú guardas las leyes de tus príncipes, y yo las de mi Dios. Tú temes a los Emperadores de la tierra, y yo al del Cielo. Tú no quieres ofender a un hombre mortal, y yo no quiero ofender al Rey inmortal. Tú deseas agradar a tu señor, y yo a mi Criador. Tú haces lo que piensas que te está bien, y yo hago lo que juzgo que me conviene. No te canses, ni pienses que me podrás con tus razones apartar del amor de mi Señor Jesucristo».
   
Embravecióse el Prefecto, convirtiendo aquella primera y falsa blandura en enojos y braveza, dijo malas palabras a la santa doncella, tratándola como a mujer liviana, y que había gastado su patrimonio en mal vivir.  Aquí Santa Lucía le dijo: «Yo he puesto mi patrimonio en lugar seguro, y he aborrecido siempre a los que corrompen e inficionan las almas, que sois vosotros, pues nos persuadís que dejemos a nuestro Criador y verdadero Esposo Jesucristo, y adulteremos con las criaturas, adornándolas y teniéndolas por verdaderos dioses. También he huído de la conversación de los que corrompen los cuerpos y los cuales se abrasan con los deleites de la carne, y encarnizados en ella, y aprisionados, y cautivos de sus pasiones torpes, anteponen el gusto suyo y breve a los gozos limpios y eternos». «Muchas palabras son esas (dice Pascasio); y viniendo a los azotes, cesarán». «No pueden cesar las palabras de Dios, respondió Santa Lucía, ni faltar a los que son templo del Espíritu Santo, como lo son todos los que viven castamente y le reverencian como es razón». «Si así es (dice el juez), yo te haré llevar al lugar de las mujeres públicas, para que allí pierdas la castidad, y huya de ti este Espíritu Santo, que tanto se precia (como tú dices) de ser amigo de los que guardan la castidad». «No se pierde la castidad (dijo la santa virgen) ni se ensucia el cuerpo, sino con el consentimiento del alma. Y si pusieses en mi mano incienso, y por fuerza me hicieses echarlo en el fuego para sacrificar a tus dioses; Dios verdadero que lo ve haría burla de ello. Y así te digo, que si tú pretendieres que yo pierda la castidad, tendré dos coronas en el Cielo: una de casta, y otra, por haber recibido fuerza defendiendo la castidad». Finalmente el malvado juez mandó que la Santa Virgen fuese llevada a aquella casa detestable y sucia. Concurrió gran multitud de gente, y de mozos lascivos y carnales pensando hacer presa en la purísima doncella. Échanle mano para llevarla, pero ¡oh virtud de Dios!, hizola el Señor tan inmoble que ninguna fuerza de hombres, ni de maromas, o yuntas de bueyes que trajeron fue poderosa para moverla del lugar donde estaba. Atribuyó el Prefecto la virtud Divina a arte del demonio, y creyó que Santa Lucia, como hechicera y maga, se defendía de su poder, pues siendo mujer, y flaca, resistía a tantos hombres valientes y robustos que con todas sus fuerzas la querían mover, y no podían. Mandó llamar a sus encantadores y nigrománticos, para que después deshiciesen aquellos hechizos, y ellos hicieron su oficio y usaron de todas sus artes diabólicas, pero en vano.
  
Quedó Pascasio pasmado, y como fuera de sí, y daba bramidos como un león, viendo ser vencido de una delicada doncella. Y la santa virgen, volviéndose a él le dijo: «¿Por que te congojas y atormentas? Si conoces que soy templo de Dios, cree: y si aun no estás cierto de ello, haz otras pruebas hasta que lo conozcas. No son hechizos, ni es demonio el que me hace inmovible, sino el Espíritu de Dios, que por estar aposentado en mi alma, puede hacerme de tantas fuerzas, que todo el mundo no baste a moverme de donde estoy». Mandó el juez poner mucha leña, resina y aceite alrededor de la santa, y encenderlo todo para quemarla. Mas ella, como si estuviera en algún jardín muy deleitoso y ameno, estuvo muy segura y calmada sin recibir detrimento alguno del fuego, y dijo al juez: «Yo he rogado a mi Señor Jesucristo que este fuego no me dañe, y que dilate mi martirio, paca que los fieles sean firmes en fu Fe y no teman sus tormentos, y los infieles se confundan, viendo lo poco que pueden contra los siervos del Altísimo». Mandóle el juez atravesar una espada por el cuello: y estando la bienaventurada virgen herida de muerte, oró todo el tiempo que quiso, y habló cuanto quiso a los Cristianos que estaban presentes, diciéndoles que se consolasen, porque presto la Iglesia tendría paz, y los Emperadores que Le hacían guerra dejarían el mando y señorío. Y que así como la ciudad de Catania tenía a Santa Águeda su hermana por Patrona; allí ella lo sería de la ciudad de Siracusa, si se convirtiese a la Fe de Cristo. Y para que se vea el castigo que Dios, como justo Juez da a los malos y perversos jueces, estando Santa Lucia cercada de fuego y herida, y derramando su preciosa sangre, y con admirable suavidad y divina constancia, animando y consolando a los Cristianos: en aquel mismo tiempo echaron mano de Pascasio los sicilianos, y le cargaron de cadenas como a robador y destruidor de toda aquella Provincia, y le pasaron delante los ojos de la santa virgen; y acusado en Roma, fue condenado a muerte.
 
Santa Lucía, después de haber recibido el Sacratísimo Cuerpo del Señor de mano de los Sacerdotes, que secretamente se lo trajeron, dio su bendita alma a Dios. Su cuerpo fue sepultado en la misma ciudad de Siracusa, donde hoy día tiene dos templos: uno muy suntuoso fuera de la ciudad, en el lugar de su martirio, y otro dentro de ella: Estuvo su sagrado cuerpo muchos años en Siracusa, y Dios nuestro Señor hizo grandes misericordias por su intercesión a los fieles que se encomendaban a ella. De allí fue llevado a Constantinopla y después, andando el tiempo, fue trasladado a Venecia, donde es tenido en grande veneración. El martirio de Santa Lucía fue a trece de Diciembre (en que la Santa Iglesia celebra su fiesta), en fin del imperio de Diocleciano y Maximiano; los cuales (como la misma Santa lo profetizó) se privaron voluntariamente del mando y señorío que tenían, y después por justo juicio de Dios murieron desastradamente. De Santa Lucía escribieron los Martirologios Romano, el de Beda, Usuardo, Adón, y el Cardenal Baronio en las Anotaciones del Martirologio, y en el fin del segundo tomo de sus Anales, y en el sexto tomo de Lorenzo Surio está la historia de su vida y martirio, sacada de libros muy antiguos y auténticos, y de estos Autores se recogió esta vida.
  
Tienen a esta preciosa Virgen por abogada de la vista, y comúnmente la pintan con sus ojos en un plato que tiene en sus manos. La causa de pintarse así, su historia no lo dice, ni tampoco que se haya sacado los ojos por librarse de un hombre lascivo que la perseguía, como algunos escriben. Y el Prado Espiritual, que es libro antiguo, y que tiene autoridad, atribuye este hecho a una doncella de Alejandria (Juan Mosco, Pratum Spirituále, libro I De castitáte, cap. I). Pero cada día se experimentan nuevas gracias y favores que hace el Señor a los que tienen mal de ojos, si con devoción se encomiendan a Santa Lucía. Y así debemos todos tenerla gran devoción, no solamente para que nos guarde, por medio de sus oraciones, la vista corporal, sino mucho más para que alcancemos la espiritual y eterna. El doctor Juan Eckio, varón docto y grave de nuestros tiempos, escribe que Santa Lucía y San Lorenzo son abogados contra el fuego (Homilías, tomo III, Homilía 2ª de San Sebastián).
 
PEDRO DE RIBADENEIRA. Flos Sanctórum, tomo I. Págs. 474-476.
  
MEDITACIÓN SOBRE LA DIGNIDAD DEL HOMBRE
I. Preciso es que el hombre sea algo grande puesto que Dios creó para él el mundo y todas las cosas que encierra. Considera lo que existe de más bello en el firmamento y en toda la tierra, y después di: «Cosa más grande soy que todas esas maravillas, porque ellas no han sido creadas sino para servirme. Oh Dios mío, Vos honráis demasiado a vuestros amigos; cuánto agradecimiento os debemos! Pero, ¡cuán desgraciados somos al hacernos esclavos de esas creaturas de las cuales somos soberanos!».
  
II. El fin para el cual hemos sido creados hace ver claramente la grandeza y la nobleza del hombre. Dios nos ha sacado de la nada para servirle y para poseerle un día: he aquí nuestro fin durante esta vida y durante la eternidad. Cristiano, levanta tu corazón; no estás en este mundo para gozar de él, sino para servir a Dios y para amarlo. ¿Por qué, pues, abandonar a Dios, fuente de todo bien? ¿Por qué buscar placeres imperfectos entre las creaturas? «Elevemos nuestros ojos al cielo, a fin de que la tierra no nos seduzca con sus diversiones y placeres». (San Cipriano).
  
III. El precio que Jesucristo ha pagado para rescatarnos es una prueba convincente de la estima que Dios hace del hombre, puesto que prefirió sacrificar a su Hijo antes que dejar perder a esta noble creatura. Vemos con ello lo que valemos y cuánto nos estima Dios. Recordemos, pues, que Jesucristo, después de haber dado tanto por nosotros, espera mucho de nosotros. «Él sabe cuánto le hemos costado; no nos menospreciemos pues, nosotros que somos tan preciosos a los ojos de Dios». (San Eusebio).
  
La pureza. Orad por los vírgenes.
  
ORACIÓN
Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, y que la fiesta de la bienaventurada Lucía, virgen y mártir, al mismo tiempo que regocija nuestra alma, la enriquezca con los sentimientos de una tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén.

lunes, 4 de diciembre de 2017

NOVENA EN HONOR A SANTA LUCÍA, VIRGEN Y MÁRTIR

Novena impresa en Valladolid por la tipografía de Andrés Martín Sánchez en la década de 1890, con aprobación eclesiástica.
  
ADVERTENCIA GENERAL
La verdadera devoción con los Santos consiste en la imitación de sus virtudes; para adquirir estas, en el grado que respectivamente corresponde al estado de cada uno, es necesaria la enmienda de la vida; y así la primera advertencia es, que cualquiera que desee hacer con fruto esta novena, procure en el primer día de ella confesar y comulgar con la mejor disposición que le sea posible, para que poniéndose por este medio en amistad y gracia de Dios, sean meritorias y satisfactorias las obras buenas que hiciere durante la novena, lo que no tendrían sin la circunstancia de estar hechas en gracia; y para que las peticiones sean más seguramente oídas y concedidas por Dios, siendo hechas en su amistad. Pero si el que empieza esta novena no siente en sí conciencia de pecado mortal, podrá hacer su confesión y comunión el primero o último día, o aquel que más bien le parezca y en que tenga mayor proporción.
 
Además de esto, será conveniente que en cada uno de los días de la novena, procure ejercitarse en alguna obra de virtud, especialmente de las que resplandecieron más en la Santa Mártir, para aprovechar por medio de este ejercicio en su imitación. Estas prácticas de virtud, para todos los días no se señalan en esta novena, por ser cosa difícil el ocurrir a las necesidades particulares con una distribución hecha por regla general: mejor es que esto se quede al arbitrio y prudencia del que hace la novena, o que acertado, tome por ejercicio para cada día aquellas obras de virtud mas proporcionadas para desarraigar sus vicios, vencer sus pasiones, principalmente la dominante y alcanzar la perfección propia de su estado. Será bueno leer todos los días al menos una parte de la vida de la Santa, que con este fin está puesta al principio, para más fácilmente encontrar la materia de imitación de sus virtudes. En común solo se puede decir, que será medio muy proporcionado para conseguir lo que se pide, y sacar provecho de la Novena, ayunar un día de ella; dar en otro alguna limosna; tener en otro un rato de oración, más de la ordinaria; mortificar en otros días las potencias y sentidos; etc.
 
Para alcanzar el fin que cada uno se propone en esta Novena, será muy importante recurrir a la intercesión y patrocinio de la Reina de los Ángeles María Santísima, nuestra piadosa Madre; porque todos los favores y beneficios que Dios hace a sus criaturas, pasan por la mano liberal de su Madre Santísima como expresamente lo dice el P. San Bernardo.
 
Los fines o motivos que se pueden tener en hacer la Novena, son: el adquirir una virtud especial por la mediación y ruegos de esta Santa Mártir, por ejemplo la castidad, la paciencia u otras, al vencer algún vicio, pasión o tentación; el librarse de alguna tribulación o enfermedad, con particularidad de los males de la vista; el acierto en la elección de estado, o en la elección de consorte para el del matrimonio; también se puede pedir en esta Novena, como en otras, algunos de los bienes temporales, en cuanto conducen para pasar santamente esta vida transitoria, y merece en ella la eterna; finalmente, se puede pedir en esta Novena el feliz éxito de un viaje, de una navegación, de cualquier pretensión, y se puede esperar el conseguir por ella el desempeño de cualquier empleo u oficio de importancia.
  
En cuanto al tiempo, se puede empezar nueve días antes de la fiesta de la Santa, para concluirla en su día; y se puede hacer siempre que concurran alguno o algunos de los motivos que se han apuntado, para hacer la Novena; tomando nueve días continuados o interpolados, según la proporción que se tenga; pues no es menester que si se interrumpe algún día, se vuelva a empezar de nuevo, sino suplir o continuar desde donde se dejó; porque no es el número de días al de palabras, lo que da eficacia a las oraciones, sino el espíritu, el fervor y perseverante devoción, con que se dirigen a Dios por medio de los Santos.
  
Puesto de rodillas delante del altar o imagen de Santa Lucía, se dará principio con la señal de la Cruz, y levantando el corazón a Dios, procurará alentar la confianza y avivar la fe; haciéndose presente con la consideración a toda la Corte Celestial, y a la Reina de los Ángeles nuestra especial abogada, en cuya presencia con humildad, dolor y arrepentimiento, dirá el Acto de Contrición acostumbrado.
   
NOVENA EN HONOR A SANTA LUCÍA, VIRGEN Y MÁRTIR
 
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, y de restituir y satisfacer si algo debiere: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
   
ORACIÓN PREPARATORIA
Gloriosa Santa Lucía, Virgen y Mártir de Jesucristo; si es para gloria de su Majestad divina, y para honra vuestra, que yo consiga lo que deseo y pido en esta Novena, alcanzadme esta gracia del Señor; y si no enderezad mi petición, y pedid para mí a Dios aquello que más me conviene para mayor gloria suya, vida, salud y provecho de mi alma. Amén.
  
DÍA PRIMERO - 4 DE DICIEMBRE
Dios y Señor de los Ángeles, a quienes encomendáis la guarda y protección de los hombres; yo os ofrezco los merecimientos de estos soberanos Espíritus, y los de vuestra sierva Santa Lucía, a la cual hicisteis la gracia de conservar en un cuerpo mortal la virginal pureza de los celestiales Espíritus; yo os suplico, que por intercesión de esta gloriosa Virgen, me concedáis la virtud de la castidad y pureza de alma, para serviros a imitación de los Ángeles, y el especial favor que te pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén. Padre Nuestro y Ave María.
  
ORACIÓN A SANTA LUCÍA PARA TODOS LOS DÍAS
Gloriosa Santa Lucía, virgen castísima y dechado de pureza, mártir ilustre, gloria de Sicilia, columna firme de la Iglesia cristiana, cuyos enemigos venciste derramando tu propia sangre, estableciste su fe con la valerosa confesión que hiciste de ella delante del tirano, y con los prodigios con los que Dios hizo glorioso tu martirio; universal protectora en tu vida, y después de tu dichosa muerte, de los que devota y confiadamente se encomiendan a tu intercesión, como lo experimentó tu propia madre Eutiquia, librándose por tus oraciones del flujo de sangre que padecía, y lo han experimentado en todos los tiempos tus devotos en todos sus males, y particularmente en los de la vista, de que eres especial Abogada; yo alabo y doy gracias al Señor por todos los privilegios, gracias y virtudes con que te ennobleció para que fueses digna esposa de mi Señor Jesucristo, templo y grata morada del Espíritu Santo; y te suplico afectuosa y rendidamente, que interpongas tus ruegos con el Señor, y me alcances de su clemencia y liberalidad, las virtudes necesarias para conseguir la perfección que corresponde a mi estado, una fe firme, una esperanza constante y una encendida caridad; verdadero arrepentimiento de mis pecados, luz y acierto para hacer una confesión bien hecha de todos ellos, y una eficaz resolución de mejorar mi vida; también confío librarme por tu intercesión de toda ceguedad, tanto corporal como espiritual, para que haciendo mientras me dure esta vida, obras dignas de la luz, merezca ver la luz de Dios en la vida eterna; igualmente espero conseguir la gracia especial que pido en esta Novena para honra tuya y mayor gloria de Dios, para siempre amarle y nunca más ofenderle. Amén.
 
Ahora, alentando cuanto se pudiere la confianza, con las palabras que a cada uno le dictare su afecto, le pedirá por medio de la Santa, el favor que en especial desea conseguir. Y luego para obligar más a Dios, pondrá por intercesora a la Reina de los Ángeles.
   
ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA
Soberana Reina de los cielos y Señora de todos los nueve Coros, María Santísima, digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la Divinidad y depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la universal ruina del linaje humano, nuevo gozo de los Santos, gloria de las obras del Altísimo, y único instrumento de su Omnipotencia; confiésote por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres y consuelo de los afligidos; y todo lo que en Ti, por Ti y de Ti confiesan los espíritus Angélicos y los Santos todo lo confieso; y lo que en Ti y por Ti alaban a la Divinidad, y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo, magnifico, confieso y creo; y pues el poder Divino convida a todos los pobres desvalidos, ignorantes, pecadores, grandes, pequeños, enfermos, flacos, y a todos los hijos de Adán, de cualesquiera estados, condiciones y sexos, Prelados, Príncipes e inferiores para que vengan por su remedio a su infinita y liberal providencia, por medio de vuestra intercesión, porque sola Vos, piadosísima Madre de los pecadores y Virgen purísima, de quien tomó carne humana el Verbo, sois poderosa para solicitar nuestro remedio y alcanzarle: por tanto, sagrada Reina de todas las Jerarquías, os pido y suplico en nombre de todas ellas, nos alcancéis de vuestro querido Hijo la exaltación de su santo Nombre en todas las cinco partes del mundo, la salud espiritual de todas las almas, la extirpación de las herejías, la ruina del soberbio príncipe de las tinieblas, la universal extensión de la Santa Iglesia, y la paz y concordia entre los Príncipes cristianos, para que todos alabemos el santo nombre de Jesucristo, a quien sea la gloria por infinitos siglos de los siglos. Amén.
  
GOZOS EN HONOR A SANTA LUCÍA, VIRGEN Y MÁRTIR
  
Pues quien devoto confía
En vos, halla intercesora:
Sednos nuestra protectora,
Gloriosa Santa Lucía.
   
De nobles padres nacisteis
En Zaragoza de Sicilia,
Y a vuestra ilustre familia
Nuevo esmalte la añadiste;
En tu Oriente al mundo diste
Y al Cielo nueva alegría.
Sednos nuestra protectora,
Gloriosa Santa Lucía.

Tu eficaz mediación
Con Águeda, dio la vida
A tu madre, que afligida
Suplicó su intercesión;
La sanó vuestra oracion
Del flujo que padecía.
Sednos nuestra protectora,
Gloriosa Santa Lucía.
  
Si a un joven le diste enojos,
Que abrasaba impuro fuego,
Fue porque viéndolo ciego
Le diste tus propios ojos;
Del triunfo fueron despojos,
Que tu candor conseguía.
Sednos nuestra protectora,
Gloriosa Santa Lucía.
  
Del Cielo fue inspiración
Resolución tan briosa,
Con que salís victoriosa
Del fuego de su pasión;
En tan proclamada acción
Os lleváis la primacía.
Sednos nuestra protectora,
Gloriosa Santa Lucía.
  
De liberal blasonásteis
Dándole tus ojos bellos;
Si él se desojó por ellos,
Tú por él te desojaste:
Amor con amor pagaste,
Mas tu amor a otro quería.
Sednos nuestra protectora,
Gloriosa Santa Lucía.
    
Pascasio, Juez, te prendió,
Sabiendo que eras cristiana,
Y a la casa más profana
Que te llevasen mandó;
Por este medio pensó
Que tu candor mancharía.
Sednos nuestra protectora,
Gloriosa Santa Lucía.
  
Se desengañó, cuan loca
Su vana presunción era,
Cuando al juzgarte ligera;
Te halló que eras firme roca
Pues de donde tu pie toca,
Moverte en vano porfía.
Sednos nuestra protectora,
Gloriosa Santa Lucía.
   
Viendo que no os puede arrancar
Porque raíz es tu planta,
Manda en tu blanca garganta
Un cuchillo traspasar;
Que no podía faltar
Hierros a su tiranía.
Sednos nuestra protectora,
Gloriosa Santa Lucía.
   
Por eso, según receló
Vuestro esposo celestial,
Se os mostró tan liberal
Enviándoos el pan del Cielo;
Al tener cuchillo al cuello
Tal convite se seguía.
Sednos nuestra protectora,
Gloriosa Santa Lucía.
   
Sois de la vista abogada,
Admitid, pues, nuestros ruegos
Y a vuestros devotos ciegos
Dadnos vista mejorada;
En la gloria tan deseada
Veros piden con fe pía.
Sednos nuestra protectora,
Gloriosa Santa Lucía.
  
Pues quien devoto confía
En vos, halla intercesora
Sednos nuestra protectora,
Gloriosa Santa Lucía.
 
Antífona: ¡Oh Lucía, Esposa de Jesucristo! eres columna firme: todo el pueblo cristiano aguarda que recibas la corona de la vida.
  
℣. La gracia fue derramada en tus labios.
℟. Por esto Dios te bendijo para siempre.
 
ORACIÓN
Señor Dios Salvador nuestro, escuchad benigno nuestras súplicas, para que así como nos alegramos en la solemnidad de la bienaventurada Santa Lucía, vuestra virgen y mártir, así también seamos encendidos con piadosos afectos de devoción. Por nuestro Señor Jesucristo vuestro Hijo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.
 
Bendito, alabado, ensalzado y glorificado, y de todos muy amado sea el Santísimo Sacramento del altar, y la Purísima Concepción de María Santísima, Madre de Dios y Señora nuestra, concebida sin mancha de pecado original, desde el primer instante de su ser natural. Amén Jesús.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO - 5 DE DICIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Preparatoria.
 
Dios y Señor de los Arcángeles, a los cuales encomendáis los negocios gravísimos de vuestra gloria, y utilidad de los hombres, yo os ofrezco los merecimientos de estos diligentísimos espíritus, y los de vuestra sierva Santa Lucía, prontísima ejecutoria de vuestra voluntad, y muy diligente en todas las cosas tocantes al cumplimiento de vuestro santo servicio; y os suplico que por su intercesión me concedáis una caridad perfecta para amaros y serviros, a imitación de los santos Arcángeles, y el especial favor que pido en esta Novena, para mayor honra y gloria vuestra. Amén. Padre Nuestro y Ave María.
 
Las demás oraciones, los Gozos y la Oración, y la Jaculatoria se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO - 6 DE DICIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Preparatoria.
 
Dios y Señor de los Principados, que por vuestro medio de los Ángeles y Arcángeles cuidan de la salud de los hombres, alumbrando, instruyendo y mandando; yo os ofrezco los merecimientos de estos celosísimos espíritus, y los de vuestra sierva santa Lucía, a quien comunicasteis vuestro espíritu principal para vencer a sus enemigos; y os suplico que por su intercesión me concedáis la victoria de los enemigos del alma, y el favor especial que pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén. Padre Nuestro y Ave María.
 
Las demás oraciones, los Gozos y la Oración, y la Jaculatoria se rezarán todos los días.
 
DÍA CUARTO - 7 DE DICIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Preparatoria.
 
Dios y Señor de las Potestades, que tienen especial poder para refrenar los demonios; yo os ofrezco los merecimientos de estos poderosísimos espíritus, y los de vuestra sierva Santa Lucía, a quien hicisteis participante de los privilegios de este coro celestial; y os suplico me concedáis una firme fe y segura confianza en vuestros auxilios para vencer a mis enemigos exteriores; y el favor particular que pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén. Padre Nuestro y Ave María.
  
DÍA QUINTO - 8 DE DICIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Preparatoria.
 
Dios y Señor de las Virtudes, por las cuales hacéis milagros y prodigios, propios de vuestro soberano poder; yo os ofrezco los merecimientos de estos prodigiosos espíritus, y los de vuestra sierva Santa Lucía, por cuyo medio obráis muchos milagros a favor de los que devotamente la invocan, y los obrasteis maravillosos en su gloriosos martirio; yo os suplico me concedáis por su intercesión las virtudes verdaderas para agradaros y serviros, particularmente la de la caridad con mis prójimos; y el favor especial que pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén. Padre Nuestro y Ave María.
 
Las demás oraciones, los Gozos y la Oración, y la Jaculatoria se rezarán todos los días.
 
DÍA SEXTO - 9 DE DICIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Preparatoria.
 
Dios y Señor de las Dominaciones, que presiden a los espíritus inferiores, ministros de vuestra providencia, y ellos se sujetan a vuestra voluntad, prontos siempre para ejecutarla; yo os ofrezco los merecimientos de estos excelentes espíritus, y los de vuestra sierva Santa Lucía, a la cual comunicasteis el dominio sobre muchas de las criaturas; y os suplico que por su intercesión me concedáis el dominio de mis pasiones desordenadas, y el favor especial que pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén. Padre Nuestro y Ave María.
 
Las demás oraciones, los Gozos y la Oración, y la Jaculatoria se rezarán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO - 10 DE DICIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Preparatoria.
 
Dios y Señor de los Tronos, en que descansáis como en trono de vuestra gloria y asiento de vuestra majestad, yo os ofrezco los merecimientos de estos altísimos espíritus, y los de vuestra sierva Santa Lucía, que con humildad, castidad y perfecta oración, preparó su alma para que fuese digno trono y asiento de vuestra grandeza; y os suplico que por su intercesión adornéis mi alma con tan preciosas virtudes, y me concedáis el favor especial que pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén. Padre Nuestro y Ave María.
 
Las demás oraciones, los Gozos y la Oración, y la Jaculatoria se rezarán todos los días.
  
DÍA OCTAVO - 11 DE DICIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Preparatoria.
 
Dios y Señor de los Querubines, que están adornados de perfectísima sabiduría; yo os ofrezco los merecimientos de estos sapientísimos espíritus, y los de vuestra sierva Santa Lucía, a la cual llenasteis de la sabiduría del Cielo y Ciencia de los santos; y os suplico me concedáis un conocimiento claro de las cosas espirituales y divinas, con que yo me adelante en la ciencia de la salud, y juntamente el favor especial que pido en esta novena a mayor honra y gloria vuestra. Amén. Padre Nuestro y Ave María.
 
Las demás oraciones, los Gozos y la Oración, y la Jaculatoria se rezarán todos los días.
  
DÍA NOVENO - 12 DE DICIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Preparatoria.
 
Dios y Señor de los Serafines, que os aman con un amor ardientísimo, yo os ofrezco los merecimientos de estos abrazados espíritus, y los de vuestra sierva Santa Lucía, tan abrazada del sagrado fuego de vuestro amor, que dio su vida gustosa en el martirio, por manifestar su caridad con la mayor prueba de que ella señala el Evangelio; yo os suplico que por su intercesión me concedáis una abrazada caridad, que me haga desear padecer por vuestro amor, y la perseverancia final en vuestra gracia, juntamente el favor especial que pido en esta novena a mayor honra y gloria vuestra y provecho de mi alma, para siempre amaros y nunca más ofenderos. Amén. Padre Nuestro y Ave María.
 
Las demás oraciones, los Gozos y la Oración, y la Jaculatoria se rezarán todos los días.