lunes, 12 de diciembre de 2016

LA DESESPERACIÓN DE ATANASIO SCHNEIDER EN LEGITIMAR A BERGOGLIO LO LLEVA A CALUMNIAR AL PAPA SAN LIBERIO

Nota previa: La palabra griega que en latín equivale a Consubstanstiális es ὁμοούσιος, y se translitera en español Homooúsios.
 
Traducción hecha por Antonio Moiño Muniz del artículo publicado en NOVUS ORDO WATCH. Lo nuestro es la corrección de estilo.
   
RESPUESTA A LAS ALEGACIONES DEL “OBISPO” ATANASIO SCHNEIDER CONTRA EL PAPA LIBERIO
Justificación de un falso papa a expensas de uno verdadero…
 
Ay Atanasio Schneider, que el Señor se apiade de tu intemperancia intelectual y teológica
  
Con el revuelo reciente sobre los cinco dúbia presentados por los “cardenales” Caffarro, Burke, Meisner, y Brandmüller, era sólo cuestión de tiempo para que oyéramos decir algo al Sr. Atanasio Schneider, el “obispo” auxiliar del Novus Ordo en la Arquidiócesis de Santa María en Astaná, Kazajistán. Schneider está en la derecha más extrema del espectro del Novus Ordo que alguien puede estar sin dejar de ser consideradado en plena comunión con el jefe modernista de la Ciudad del Vaticano.
 
En una nueva entrevista publicada en el blog Rorate Cæli, Schneider ha llegado a defender a los cuatro “cardenales” mencionados anteriormente, cuyos dúbia (“dudas”, o peticiones formales de aclaración) han echado a Francisco a un rincón del que no podrá escapar, ya que no permiten otra cosa que una respuesta clara y directa, algo que Francisco se ha negado deliberadamente a hacer públicamente (¡mas no en privado!) con el fin de causar la mayor confusión y el caos posible.
  
Por desgracia, la defensa de los cuatro “cardenales” de Schneider tiene un precio: se niega a admitir que Jorge Bergoglio no puede ser un Papa válido, y para ello trata de encontrar algún precedente histórico de prelados católicos que se opusieron a un “papa hereje”. Schneider cree que ha encontrado un caso en el Papa Liberio (reinó en los años 352-366):
Cuando en el año 357 el papa Liberio firmó una de las denominadas fórmulas de Sirmio en la que descartaba deliberadamente la expresión dogmáticamente definida de “homooúsios” y excomulgó a San Atanasio para tener paz y armonía con los obispos arrianos y semi-arrianos del este, algunos fieles católicos y obispos, especialmente San Hilario de Poitiers, se escandalizaron profundamente. San Hilario transmitió la carta que el papa Liberio escribió a los obispos orientales, anunciando la aceptación de la fórmula de Sirmio y la excomunión de San Atanasio. Con gran dolor y consternación, San Hilario agregó a la carta, en una especie de desesperación, la frase: “Anathéma tibi a me dictum, prævaricátor Libéri (Yo te digo anatema, prevaricador Liberio), cf. Denzinger-Schönmetzer, n. 141. El papa Liberio quería paz y armonía a toda costa, incluso a expensas de la verdad divina. En su carta a los obispos heterodoxos latinos Ursacio [de Singidón], Valente [de Mursa], y Germinio [de Sirmio] anunciándoles las decisiones mencionadas arriba, escribió que prefería paz y armonía antes que el martirio (cf. cf. [sic] Denzinger-Schönmetzer, n. 142. Athanasius Schneider, “A Prophetic Voice of Four Cardinals of the Holy Roman Catholic Church” -Una voz profética de cuatro cardenales de la Santa Iglesia Católica Romana-, Rorate Cæli, 23 de Nov. de 2016).
 
El texto tiene buenas intenciones pero adolece de un defecto fatal: Las pruebas aportadas por Schneider son fraudulentas. Veamos:
 
En primer lugar, he aquí unas palabras sobre la fuente secundaria. Schneider cita Denzinger-Schönmetzer (disponible en línea aquí en Latín), una de las ediciones posteriores a Pío XII de la colección del texto magistral conocido como Denzinger. El primer Denzinger-Schönmetzer se publicó en 1963 y constituyó una demoledora revisión del libro por Mons. Joseph Clifford Fenton (ver Fenton, “The New Denzinger”, en Revista eclesiástica estadounidense N°148, pp. 337-44). La antigua y última edición pre-Vaticano II del Denzinger fue la de 1954, a veces llamada Denzinger-Rahner, está disponible en línea aquí y para la compra aquí (3ª ed.).
 
La nueva edición, es decir, el Denzinger-Schönmetzer, añade y elimina textos del contenido y renueva por completo el sistema de numeración de los párrafos, lo que significa que los números del antiguo Denzinger y los nuevos del Denzinger ya no se corresponden. En la mayoría de las discusiones católicas tradicionales, por lo general se utilizaba la antigua númeración (la antigua y la nueva numeración están en referencia cruzada aquí). Un ejemplo del contenido eliminado en el nuevo Denzinger sería la condena de la libertad religiosa por el Papa Pío IX (ver aquí). Un ejemplo del contenido añadido serían los documentos atribuidos al Papa Liberio citados por el “Obispo” Schneider señalado arriba.
 
Hay una razón por la cual las ediciones anteriores al Vaticano II de Denzinger no incluían los documentos que ahora son invocadas por el Sr. Schneider: Es porque eran de dudosa autenticidad o conocidos por ser simples falsificaciones. Sin embargo, cuando el P. Adolf Schönmetzer (1910-1997) los incluyó en su nueva edición, simplemente admitía que el rechazo de las cartas atribuidas al Papa Liberio no habría tenido fundamento: “Su autenticidad fue cuestionada anteriormente sin justificación” (Quárum authentícitas olim immérito impugnábatur). La edición más reciente del Denzinger-Schönmetzer en lengua inglesa es el llamado Denzinger-Hünermann (43ª ed., 2010), conserva esos documentos y también reproduce la nota de Schönmetzer.
 
Ahora echemos una ojeada a las afirmaciones hechas por el “Obispo” Schneider contra el Papa Liberio. En esencia, son las siguientes:
  1. El Papa Liberio negó la palabra dogmática homooúsios (ὁμοούσιον), término griego que significa “de la misma sustancia” (“consubstantiális” en latín), en referencia al Hijo de Dios por ser de la misma (no simplemente de parecida ) sustancia al Padre, algo definido por la concilio de Nicea en el año 325.
  2. El Papa Liberio excomulgó a San Atanasio.
  3. San Hilario de Poitiers lanzó un anatema al Papa Liberio.
  4. El Papa Liberio sacrificó la ortodoxia (es decir, la verdadera Fe) con el fin de tener paz con los herejes.
  
La verdad es que todas y cada una de estos cuatro tesis son falsa, como ahora demostraremos:
  1. La prueba del papa Liberio para negar la homooúsios se basa en las denominadas profesiones de fe de Sirmio, de las cuales había tres. Para hacer más corta una larga historia: El Papa Liberio firmó la primera fórmula de Sirmio, pero no la segunda o la tercera. Schneider fundó su demanda de herejía contra el papa Liberio en su firma de la primera, cuyo texto se encuentra en Denzinger-Hünermann 139-140. El gran historiador de la Iglesia P. Rubén Parsons, cuyo trabajo recibió la aprobación del Papa León XIII, explicó el problema de la siguiente manera:
    La primera fórmula [sirmiana] peca de omisión, porque todo lo que contiene es católico, pero no habla de la “Homooúsios”; la segunda es absolutamente arriana, la tercera es semiariana. Nos proponemos demostrar que Liberio no pudo haber firmado la segunda o tercera; y por tanto, la primera, fuere la fuere, debe reclamar nuestra atención…
       
    Queda, por tanto, sólo la primera fórmula, promulgada en el año 351, a la que Liberio posiblemente habría firmado. Si se examina esto, la acusación de herejía dirigida contra el Pontífice cae por el suelo. Dice lo siguiente:
    “Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador y hacedor de todas las cosas, en quien está toda paternidad en el cielo y en la tierra. Y en su Hijo Unigénito, nuestro Señor Jesucristo, engendrado por Dios Padre antes de todos los siglos, luz de luz, por quien fueron hechas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles; Él es la Palabra y la sabiduría, la verdadera luz y la vida, y en los días postreros se hizo hombre y nació de la Virgen Santísima, y fue crucificado, muerto y sepultado; está sentado a la diestra del Padre, y ha de venir al final de los tiempos para juzgar a los vivos y a los muertos, y pagará a cada uno según sus obras; cuyo Reino sin fin tendrá una duración de siglos infinitas; está sentado a la diestra del Padre, no sólo en este momento, sino en los futuros. Y en el Espíritu Santo, es decir, el Paráclito, que habiéndose prometido a los apóstoles después de su ascensión al cielo, envió para enseñar y asesorar en todas las cosas. A través del cual se santifican todas las almas que creen sinceramente en Él”.
    Ahora bien, aunque la palabra homooúsios no se encuentra en esta profesión, sin embargo, no hay nada en ella repugnante a la doctrina católica sobre la divinidad del Verbo. Por la omisión, no debería ser permitida, y una inserción del término “consustancial” fue considerada por los ortodoxos como salvaguardia a la verdadera fe. Pero todos aquellos que la aceptan no fueron considerados, en el momento de Atanasio, como necesariamente heréticos. Nunca hubo una defensa más vigorosa de la palabra Homooúsios que la hecha por el santo obispo de Alejandría [San Atanasio], pero con todo, dice en su libro XLI sobre los Sínodos:
    No es correcto considerar como enemigos a los que aceptan todos los otros escritos de Nicea, y dudan sólo en cuanto a la palabra ‘consubstancial’… puesto que la disputa es de hermanos con hermanos, que son de la misma opinión que nosotros mismos, se suscita la controversia sólo acerca de una palabra [omitida]. Pues cuando confiesan que el Hijo es de la sustancia del Padre, y de ninguna otra sustancia; que Él no es una criatura o una cosa hecha, sino un Hijo verdadero y real, la Palabra y la sabiduría, que existe una con el Padre, no está lejos de aceptar el término ‘Consubstancial’”.
    Pues bien, ahora podemos concluir nuestra tesis sobre la ortodoxia de San Liberio. Hemos visto que los argumentos contra él no son sostenibles, que hay pruebas abundantes y positivas en su favor, y aunque firmó una de las fórmulas sirmianas, el fue inocente de herejía. (Rev. Rubén Parsons, Estudios sobre Historia de la Iglesia, Vol. I , 3ª ed [John Joseph McVey, Filadelfia, PA. 1886], Pp. 230-232)
     
    Una de las razones que pueden haber llevado al Papa Liberio a firmar un credo omitiendo la palabra homooúsios es el hecho de que este término, aunque perfectamente ortodoxo, fue a veces secuestrado por los herejes Sabelianos, que negaban la Trinidad de Personas y afirmaban que el Padre, Hijo, y Espíritu Santo eran solamente tres modos de una sola persona divina (cf. Enciclopedia Católica, “monarquianos”).
     
  2. La afirmación de que el Papa Liberio excomulgó a San Atanasio es igualmente falsa. Nos referiremos al lector a la argumentación exhaustiva hecha por el Sr. John Daly sobre este tema, del que hemos recibido el permiso para publicar en nuestro sitio web: “La caída presunta del Papa Liberio, su excomunión supuesta a San Atanasio, y otros libelos antipapales” por John S. Daly.
     
    La supuesta condena de San Atanasio por el Papa Liberio se encuentra en la carta Studens Paci, extractada en Denzinger-Hünermann 138, pero no hay duda de que la carta es fraudulenta, es decir, que no fue escrita por el Papa Liberio:
    [El historiador] Sozomeno dice que se propagaron mentiras contra el Papa Liberio, a saber, que sancionó la doctrina anomeiana [Ἀνομοίοι]. Tampoco se puede negar que las cartas que se le atribuyen, así como a S. Atanasio, son espurias: a esta clase pertenece, en primer lugar, la correspondencia entre Liberio y Atanasio, incondicionalmente reconocida como espuria, y, lo que es aún de mayor importancia para nosotros, una carta de Liberio a los obispos orientales, contenida en el mismo fragmento de Hilario, que comienza con las palabras Studens paci. Que esta debe ser necesariamente falsa, ya lo hemos dicho, y fue ya reconocido por Baronio; los editores benedictinos de San Hilario y el bolandista P. Stilting, también lo han demostrado en detalle. (Extraído de Una historia de los Concilios de la Iglesia, Vol II., del Rev. Charles Joseph Hefele. T. & T. Clark, Edimburgo, 1876, p. 239; el subrayado es nuestro).
     
    Por lo tanto, no sólo la Studens Paci es espuria, sino que Pro Deífico también lo es, que también se encuentra en Denzinger-Hünermann (n. 141), y que el “Obispo” Schneider se basa expresamente en sus falsas afirmaciones sobre el Papa Liberio y San Hilario.
        
    Acerca de la cuestión de la autenticidad de Pro Deífico, el P. Hefele nos informa que una detallada investigación revela ser ésta tan espuria como las otras dos cartas comúnmente (pero falsamente) atribuidas al Papa Liberio. Después de enumerar todas las razones de por qué las tres cartas no pueden ser auténticas, Hefele concluye:
    A partir de esto, y por causa de la imposibilidad de reconciliar estas cartas con la historia autenticada…, tengo tan poca duda de su carácter espurio como la tuvieron [César] Baronio, [Juan] Stilting, Petrus [de Marca], [Pedro] Ballerini, [Josafat] Massari, [Juan Bautista] Palma y otros, y concluyo que éstas fueron escritas en favor de los anomeianos, por algún griego que tenía muy poco conocimiento de la lengua latina. Semejante falsedad y fraude no debería, sin embargo, sorprendernos tanto, pues conocemos cartas falsamente adscritas a Atanasio que también fueron puestas en circulación por el partido arriano; y Sozomeno expresamente relata que los anomeianos (arrianos radicales) en Asia habían esparcido falsos informes acerca de Liberio, representándolo como si hubiera abrazado sus opiniones, firmado la segunda fórmula sirmiana y rechazado la enseñanza de la Iglesia. ¿No podrían haber sido esas tres cartas el medio empleado para esparcir dichos rumores falsos? (Hefele, Historia de los Concilios, Vol. II, p. 242)
     
    Así, tenlo presente cuando escuches a alguien referirse a esos documentos como “prueba” de que el Papa Liberio se alió con los arrianos y excomulgó a San Atanasio. El hecho de que estén incluidas en el Denzinger post-Pío XII no las vindica —al contrario, llevan al interrogante de por qué el P. Schönmetzer decidió incluir documentos que han sido tachados como fraudes, o —si queremos ser generosos con los escépticos— documentos cuya autenticidad es al menos altamente disputada. Al incluirlos, Schönmetzer ha declarado implícitamente que son genuinos, porque sí. Como resultado, la primerísima obra de referencia para las fuentes del dogma usadas en la Iglesia Novus Ordo —que sin duda Denzinger aún lo es— ahora incluye documentos espurios que están en desacuerdo con, e incluso condenan, la ortodoxia Católica y por ende ennegrecen el nombre de un verdadero Papa. Esto dice mucho de la Secta del Vaticano II.
     
    Invocar al cardenal John Henry Newman, como lo hace  el “Obispo” Schneider, no ayuda aquí porque, como se ha explicado por John Daly, el libro en cuestión fue escrito por Newman cuando todavía era anglicano y es “una obra en la que acusa al Papado de haber apostatado por completo en el Concilio de Trento” (fuente), y no es exactamente una fuente que debe ser utilizada para sacar conclusiones sobre el Papa o el papado.
     
  3. La afirmación de que San Hilario lanzó un anatema al Papa Liberio, como el “Obispo” Schneider afirma, es refutada muy fácilmente, incluso utilizando la misma fuente que cita Schneider, a saber, Denzinger-Hünermann 141. Si Schneider hubiese leído también la nota adjunta a n. 141, habría visto que dice: “Estas inserciones no se han añadido por Hilario sino que provienen de un compilador o copista” (interjectiónes illæ non sunt Hilárii, sed colligéntis seu exscribéntis has Epístolas). La frase “estas inserciones” se refiere precisamente a lo que dice Schneider, “San Hilario añadió a la carta” del Papa Liberio. ¡Pero no! Estas adiciones –visiblemente resaltadas en el texto usando paréntesis y guiones– fueron hechas por un copista, como admite Schönmetzer en nota al pie de página. ¿Se molestó Schneider en mirar cuidadosamente el texto en que se basaba en impugnar la ortodoxia de un legítimo Romano Pontífice? El P. John Chapman confirma en la Enciclopedia Católica que las interpolaciones no fueron hechas por San Hilario.
    En la segunda y tercera cartas hay anatemas dispersos ‘al prevaricador Liberio’, atribuidas a San Hilario por el falsificador” (“Papa Liberio”; la cursiva es nuestra).
    El P. Hefele igualmente rechaza las interjecciones como claramente no hechas por San Hilario (ver Hefele, Historia de los Concilios, Vol. II, pp. 242-243).. 
  4. Por último, la tesis de que el Papa Liberio puso en peligro la Fe y desertó a la herejía con el fin de tener paz con los arrianos se basa en la carta Quia Scio, extractada en Denzinger-Hünermann 142. Al igual que las dos cartas mencionadas falsamente atribuidas al Papa Liberio, ésta también es una falsificación. El P. Chapman lo resume en la Enciclopedia Católica:
    Éstas continúan en el mismo fragmento un párrafo que declara que cuando Liberio estaba en el exilio, revocó todas estas promesas y acciones, y le escribió a los malvados prevaricadores arrianos las tres cartas que completan el fragmento. Éstas corresponden a las cartas auténticas que han precedido, cada una a cada una: la primera, “Pro deífico timóre” es una parodia de “Obsécro, [tranquilíssime imperátor]”; la segunda “Quia scio vos”, es una revocación de todo lo dicho en “Quamvis [sub imágine]”; la tercera, “Non dóceo”, es una palinodia, dolorosa de leer, de la carta a Osio [de Córdoba]Las tres son claramente falsificadas, compuestas para su posición presente. (Rev. John Chapman, “Papa Liberio”, Enciclopedia Católica, volumen IX [1910]; el subrayado.).
     
    Que el Quia Scio debe ser una falsificación también se sugiere en el propio texto, en el que el autor afirma que “la paz y la concordia… es preferible al martirio”, algo tan obviamente en desacuerdo con la verdadera Fe y tan absurdo que nadie podría creer que proceden de los labios del Vicario de Cristo.
     
    En suma, todo lo que el “Obispo” Schneider aduce contra el Papa Liberio –algo que, recordamos, que sólo lo hace con el fin de apoyar la idea de que Francisco es un verdadero Papa a pesar de la emisión de la herética exhortación Amóris Lætítia– resulta ser falso. Como menos –para aquellos que quizás todavía estén escépticos– hay que decir que la autenticidad de las pruebas citadas por Schneider está muy lejos de la certeza, sino que es muy disputada. Incluso los escépticos tendrían que admitirlo.
     
    Pero todavía no lo hemos dicho todo. Lo que añade un poco de ironía divertida a todo el asunto es que tanto el antiguo como el nuevo Denzinger contienen un extracto de una carta escrita por el Papa San Anastasio I (reinó entre 399-402), que confirma la ortodoxia del Papa Liberio:
    Por ella sufrieron de buena gana el destierro los que entonces se mostraron como santos obispos, esto es, Dionisio de ahí [Milán], siervo de Dios, dispuesto por las divinas enseñanzas, y, tal vez siguiendo su ejemplo, Liberio, obispo de Roma, de santa memoria, Eusebio de Verceli e Hilario de las Galias, por no citar a muchos otros que hubieran preferido ser clavados en la Cruz, antes que blasfemar de Cristo Dios, a lo que quería forzarlos la herejía arriana, o sea, llamar a Cristo Dios, Hijo de Dios, una creatura del Señor. (Papa San Anastasio I, Carta Apostólica Dat Mihi Plurinum, Denzinger 93 [DH 209]; subrayado y negrillas añadidos)
      
    Como se ve, el Papa San Anastasio no habló de la escandalosa capitulación del Papa Liberio ante los arrianos o semiarrianos.
     
    En tiempos más recientes, el Papa Pío IX, también, se ve que no conoció que el Papa Liberio había desertado a la herejía y excomulgó a San Atanasio, pues escribió: 
    “…previamente los arrianos calumbiaron a Liberio, también Nuestro predecesor, ante el emperador Constantino, porque Liberio se negaba a condenar a San Atanasio, obispo de Alejandría, y no entraba a comulgar con los herejes (Pío IX, encíclica Quártus Supra, n. 17).
      
    Y en 1920, el Papa Benedicto XV citó a San Atanasio como ejemplo de aquél que se refugiaba en el Romano Pontífice como una garantía de la ortodoxia, y menciona al mismo Papa Liberio como ejemplo de un Romano Pontífice que prefirió el exilio a comprometer la Fe ortodoxa:
    Los antiguos Padres, especialmente aquellos que ocuparon las más ilustres sedes del Oriente, puesto que entendieron estos privilegios como propios de la autoridad pontificia, se refugiaban en la Sede Apostólica cada vez que herejías o conflictos internos los aquejaban. Porque sólo ella había prometido seguridad en las crisis extremas. Así lo hizo San Basilio el Grande, como también el renombrado defensor del Credo Niceno, Atanasio, lo mismo que Juan Crisóstomo. Así pues, estos inspirados Padres de la fe ortodoxa apelaban desde los concilios episcopales al supremo juicio de los Romanos Pontífices, de acuerdo a las prescripciones de los cánones eclesiástico. ¿Quién puede decir que lo querían así de conformidad con el mandato que habían recibido de Cristo? En efecto, para no ser encontrados infieles en su misión, algunos fueron sin miedo al exilio, como por ejemplo Liberio, Silverio y Martín. (Papa Benedicto XV, Encíclica Príncipi Apostólorum Petro, n. 3; negrillas y subrayas añadidas)
     
    Finalmente, no es insignificante el hecho de que el Papa Liberio esté listado como “San Liberio” en la edición pre-Vaticano II del Denzinger.   
  
Antes de concluir este post, es menester mirar otra justificación del “Obispo” Schneider en apoyo de los cuatro “cardenales” que se oponen a Francisco:
En nuestros días, la Iglesia entera debe reflexionar sobre el hecho de que el Espíritu Santo no ha inspirado en vano a San Pablo para que escriba en la carta a los Gálatas el incidente de su corrección pública a Pedro [Gál. 2, 11-15]. Uno debe confiar que el papa Francisco aceptará esta súplica pública de los cuatro cardenales con el espíritu del Apóstol Pedro cuando San Pablo le ofreció una corrección fraterna por el bien de toda la Iglesia. Que las palabras de aquel gran Doctor de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino, nos iluminen y nos reconforten: “en el caso de que amenazare un peligro para la fe, los superiores deberían ser reprendidos incluso públicamente por sus súbditos. Por eso San Pablo, siendo súbdito de San Pedro, le reprendió en público a causa del peligro inminente de escándalo en la fe. Y como dice la Glosa de San Agustín: Pedro mismo dio a los mayores ejemplo de que, en el caso de apartarse del camino recto, no desdeñen verse corregidos hasta por los inferiores”. (Summa Theológica, II-II, 33, 4c). (Schneider, “una voz profética”, Rorate Cæli, 23 de Nov. de 2016)
 
Es cierto que cualquier Católico –incluso el Vicario de Cristo mismo– puede ser reprendido por un inferior si peca públicamente y por lo tanto escandaliza a los fieles. Esta es una cuestión de la corrección fraterna. Dado que incluso el Papa es un pecador, incluso el Papa puede ser corregido fraternalmente.
 
Sin embargo, lo que ha ocurrido con Francisco y los otros “papas” del Vaticano II no es simplemente una cuestión de “papas” individuales que pecan, es mucho más que eso: la cuestión es que ellos niegan públicamente la Fe y/o hacen cosas que un verdadero Papa por garantía divina está impedido de hacer (por ejemplo, promulgar leyes disciplinarias nocivas para la Iglesia entera).
 
En el caso de la exhortación Amóris Lætítia, Francisco ha promulgado a la iglesia entera varias tesis teológicas del Vaticano II que son francamente heréticas como incluso los estudiosos del Novus Ordo lo han señalado. Esto es una cosa que para un verdadero Papa es imposible hacer. Invocar Gálatas 2,11-15 no ayuda al “obispo” Schneider aquí, porque, como se demuestra en nuestro pequeño apéndice que sigue, la culpa por la que San Pablo reprendió San Pedro no era una cuestión de herejía, ni tampoco era incluso un pecado mortal (no era más que un pecado venial de imprudencia): la de arriesgarse innecesariamente a mover al llamado “escándalo de los débiles”.
 
Un número de lectores ahora será pronto en decir: “¡Pero San Pedro, el primer Papa, negó a Cristo tres veces (cosa que era un pecado mortal contra la Fe)!” A esto hay que responder que incluso si era un pecado contra la fe, esto no tenía ninguna relación con el papado en absoluto porque San Pedro aún no era Papa cuando negó a su Señor. Aunque el papado le había sido prometido en Mateo 16,18, en realidad no se le confirió hasta Juan 21,15-17, según lo confirmado por el Concilio Vaticano I:
“Y fue sólo a Simón Pedro que Jesús, después de su resurrección, le confió la jurisdicción de Pastor Supremo y gobernante de todo su redil, diciendo: «Apacienta mis corderos», «apacienta mis ovejas» [Juan 21,15 y ss.] “(Vaticano I, Constitución dogmática Pastor Ætérnus, Capítulo 1; Denz. 1822; subrayado adicional).
 
Con esto concluye nuestra refutación de los errores promovidos por Athanasius Schneider y los pseudo-tradicionalistas en Rorate Cæli. Añadimos a continuación un extracto de nuestra respuesta a John Salza en el tema del reproche de San Pablo a San Pedro en Gálatas 2. Salza trató de convertir esto en un precedente histórico para resistir un Papa por herejía sin saltar a la conclusión de que el Papa es de hecho un hereje formal. Reproducimos nuestra refutación aquí porque es un argumento que se utiliza una y otra vez contra el sedevacantismo, cuando incluso sólo un poco de la investigación demuestra que se derrumba de inmediato bajo un examen más detallado.
 
APÉNDICE: Reprensión de San Pablo a San Pedro en Gálatas 2: 11-15 (Extracto de "La silla sigue vacía: Respuesta a los supuestos "Errores del Sedevacantismo" de John Salza, Parte 2)
(4) El pecado de San Pedro en Gálatas 2, 11 
Después, Salza hace referencia a la enseñanza de Santo Tomás sobre la corrección fraterna, sobre cómo aún los subordinados tienen permiso (o hasta obligación) de corregir a sus superiores en ciertos casos. Él menciona Gálatas 2, 11, donde San Pablo reprendió a San Pedro en público “a causa del peligro inminente de escándalo en la fe” (Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, q. 33, a. 4, ad 2). Es difícil encontrar qué tiene que ver esto con lo que discutimos, pero Salza insiste en que ésta es una prueba de que “no es sólo lícito sino aun necesario oponerse a un papa que pone en peligro la Fe, sin rotularlo como hereje formal (Salza, “Presunción”, p. 1; cursivas añadidas).
 
Para contestar esto, necesitamos sólo atender a qué hacía San Pedro que causara la reprimenda de San Pablo. ¿Qué hacía San Pedro exactamente? ¿Les decía a los judíos que lo perseguían que su alianza con Dios todavía era válida, como dijo Juan Pablo II? ¿Invitaba a los paganos a ofrecer sacrificio a sus ídolos para obtener paz verdadera, legitimando así su religión falsa, como Juan Pablo II y Benedicto XVI lo hicieron en Asís?
 
No, no precisamente. La popular Biblia Douai-Reims de Challoner contiene la siguiente nota sobre este pasaje:
La falta de conducta de San Pedro notada aquí fue sólo una cierta imprudencia que tuvo al retirarse de la mesa de los gentiles por miedo de ofender a los conversos judíos; pero esto fue cometido en circunstancias que habrían podido traer consecuencias indeseables a los gentiles, que habrían podido con ello verse inducidos a creerse obligados a conformarse a la manera judía de vivir, para perjuicio de su libertad cristiana. (Nota de Challoner sobre Gálatas 2, 11, Biblia Douai-Reims)
 
Lo que John Salza quiere elevar al nivel de una ofensa materialmente herética (que pudiera entonces llevarlo a arguir: “¡Pero mira, la notoriedad o pertinacia no eran presumidas!”) no es nada más que una “cierta imprudencia” en la conducta de San Pedro. Eso es. Esto es secundado en el comentario de la Biblia del famoso P. George Haydock: “[...] la opinión de San Agustín es comúnmente seguida, de que San Pedro fue culpable [solamente] de una falta venial de imprudencia” (Haydock, Nota sobre Gálatas 2,11). San Pedro simplemente tenía temor de ofender a los conversos del judaísmo por comer con los gentiles; por tanto, él se alejó de los conversos de la gentilidad cuando llegaron los judíos. Porque esta conducta puede dar la falsa impresión de que los Cristianos aún están obligados por la Ley Antigua, fue imprudente para San Pedro proceder de esta manera, aunque él con probabilidad simplemente buscaba evitar causar el denominado “escándalo de los débiles”, y así esta intención era buen. En todo caso, San Pedro aceptó humilde la reprensión de San Pablo, y ese fue el final del problema.
 
Vemos, entonces, que aquí no hay absolutamente nada que ayude a la argumentación de Salza. Porque, aunque una acción indiferente en sí misma pueda sin embargo, debido a circunstancias especiales, “accidentalmente” hacer peligrar la Fe, como la conducta de San Pedro mencionada aquí (comer separadamente con judíos convertidos no estaba mal en sí y per se, después de todo, pero sólo se volvió imprudente debido a la circunstancia particular), esto no es en modo alguno comparable con acciones que son directamente y en sí mismas y de por sí pecados contra la Fe, como unirse a los judíos apóstatas de hoy para cantar un himno en espera del Mesías, o aprobar las religiones de los paganos (como el jainismo, el vudú, hinduismo, etc.), o decir, como Juan Pablo II y Benedicto XVI, que el primado papal según fue definido en el Primer Concilio Vaticano puede ser erróneo.
 
Lo que John Salza está haciendo aquí es simplemente agarrarse a un clavo ardiendo. No ve el momento de encontrar algún tipo de argumento para hacer parecer que el sedevacantismo flaqueó. Y esto no es poco decir, porque si él realmente tuviera argumentos buenos y fuertes, entonces podemos concebir que los habría usado, ¿no? En lugar de eso, recurre a estos viejos “textos-prueba” sacados fuera de contexto, les da brillo dándoles un giro nuevo, y espera quizá que el lector quedará impresionado por toda la complicada jerigonza canónico-teológica que desparrama.

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