sábado, 26 de marzo de 2016

COMUNIÓN ESPIRITUAL DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

  
Para todos aquellos que no puedan recibir sacramentalmente, bien sea por no estar lo suficientemente preparados o por no tener un Centro de Misa no "Una cum" cerca de su residencia; o quienes quieran participar espiritualmente del Santo Sacrificio entre una Misa y otra, les ofrecemos la siguiente oración, escrita por San Alfonso María de Ligorio. Vale recordar que previamente se requiere hacer el Acto de contrición (este es del cardenal Pietro Gasparri, que lo hizo publicar en el Catecismo Romano de 1937; pero cualquier forma válida puede rezarse también):
 
LATÍN
Actus Contritiónis: Deus meus, ex toto corde pœ́nitet me ómnium meórum peccatórum, éaque detéstor, quia peccándo, non solum pœnas a Te juste statútas proméritus sum, sed præsértim quia offéndi Te, summum bonum, ac dignum qui super ómnia diligáris. Ídeo fírmiter propóno, adjuvánte grátia tua, de cétero me non peccatúrum peccandíque occasiónes próximas fugitúrum. Amen.

Commúnio Spiritális: Adorábilis Jesu, credo firma fide, te in sanctísimo Altáris Sacraménto vere præséntem cum córpore et ánima, carne et sánguine, divinitáte et humanitáte; adóro te, Deum et Dóminum meum, atque te amo super ómnia. Te cúpio ex toto corde meo, sed quia te modo sacramentáliter suscípere non possum, veni saltem spiritáliter in cor meum.
 
Jesu mi dulcíssime, únio me totum tibi et ampléctor te, ac si jam in cor meum venísses, ne permíttas me separári a te. Sis mihi in vita solátium, in morte viáticum, in æternitáte prǽmium. Id rogo te pro me et ómnibus mihi caris. Amen.

TRADUCCIÓN
Acto de Contrición: Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todos mis pecados y los aborrezco, porque al pecar, no sólo merezco las penas establecidas por ti justamente, sino principalmente porque te ofendí, a ti sumo Bien y digno de amor por encima de todas las cosas. Por eso propongo firmemente, con ayuda de tu gracia, no pecar más en adelante y huir de toda ocasión de pecado. Amén.
  
Comunión Espiritual: Creo, adorable Jesús mío, que estáis realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar en cuerpo y alma, carne y sangre, divinidad y humanidad. Os adoro, Dios y Señor mío, y amo sobre todas las cosas. Deseo recibiros en mi alma, pero como ahora no puedo recibiros sacramentalmente, venid a lo menos espiritualmente a mi corazón.
  
Dulcísimo Jesús mío, como si ya os hubiese recibido, os abrazo y me uno todo a Vos. No permitáis, Señor, que vuelva jamás a abandonaros. Sed para mí el gozo en mi vida, mi viático en la hora de mi muerte y mi premio en la eternidad. Os ruego por mí y por todos cuantos me son afectos. Amén.

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