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sábado, 5 de septiembre de 2026

ADVERTENCIAS DE SAN IRENEO CONTRA LOS HEREJES Y SUS INSIDIAS

Reflexión por João Christian Franco. Traducción propia.
   

Todavía en el siglo II de la Era Cristiana (años 100 d. C.), y faltaban más de cien años para el emperador Constantino, y San Ireneo de Lyon (c. 130-202 d. C), ya estaba acusando el modus operándi de los herejes de su tiempo (modus operándi idéntico al de la víbora protestante), consistente en el rechazo a la Sagrada Tradición y la distorsión de las Sagradas Escrituras.
  
Más, ¡ved si es posible coadunar las 20 advertencia de San Irineo de Lyon con las prácticas impías de la falsa y anti-Iglesia roncalli-prevostiana (la secta del Vaticano II), las tolerancias nefastas, las complacencias nefandas, el diálogo abyecto y anticristiano, la falsa fraternidad masónica y el falso ecumenismo noájida para con las sectas y falsas religiones, tan largamente difundidas, protegidas y promovidas, desde hace más de 60 años!
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20 ADVERTENCIAS CONTRA LOS HEREJES Y SUS INSIDIAS (1.ª Tim. 4, 1), EXTRAÍDAS A PARTIR DE LA OBRA DE SAN IRENEO
   
  1. Cuídate de los herejes: los lobos pueden esconderse disfrazados de ovejas (Matth. 7, 15).
    San Ireneo advierte que el erro se reviste de apariencia de verdad y que los falsos maestros se camuflan bajo «pieles de ovejas», siendo precisamente aquellos «de quien el Señor nos ordenó guardarnos» (Act. 20, 29-30).
    Referencia: Contra las Herejías, libro I, Prefacio, 2.
      
  2. No te dejes seducir por las apariencias de la verdad: el error sabe disfrazarse para engañar (2.ª Cor. 11, 13-15).
    «El error […] no se muestra tal como es», sino que se adorna «fraudulentamente de plausibilidad», llegando a parecer a los inexpertos «más verdadero que la misma verdad» (Eph. 4, 14).
    Referencia: Contra las Herejías, libro I, Prefacio, 2.
       
  3. Desenmascara el engaño: no permitas que la falsificación de la verdad pase como doctrina cristiana (1.ª Joann. 4, 1).
    San Ireneo compara a la herejía con una falsificación que precisa ser examinada por alguien capaz de «desenmascarar el fraude». La intención declarada de su obra es brindar a los fieles los medios para refutar lo que es «absurdo, inconsistente y opuesto a la verdad» (1.ª Tim. 6, 20-21).
    Referencia: Contra las Herejías, libro I, Prefacio, 2-3.
       
  4. Advierte al hereje: si permanece obstinado, evítalo (Tito 3, 10).
    San Ireneo recuerda expresamente la orden apostólica: «Pablo manda que los evitemos después de la primera y segunda advertencia» (Rom. 16, 17).
    Referencia: Contra las Herejías, libro I, cap. 16, 3.
       
  5. No mantengas familiaridad religiosa con quien corrompa deliberadamente la fe (2.ª Joann. 1, 10-11).
    San Ireneo agrega que San Juan o«amplía la condena», prohibiendo «hasta saludarlos», porque aquel que así procede «participa de sus obras inicuas» (1.ª Cor. 5, 11).
    Referencia: Contra las Herejías, libro I, cap. 16, 3.
      
  6. Rechaza y condena la herejía, y apártate de sus partidarios obstinados (2.ª Tim. 3, 5).
    La formulación de San Ireneo es inequívoca: «Rechazando y condenando convenientemente esta doctrina debemos huir a otra parte, lejos de ellos» (1.ª Tim. 6, 3-5).
    Referencia: Contra las Herejías, libro I, cap. 16, 3.
      
  7. Desconfía del lenguaje piadoso cuando este sirva como vehículo para el error (Col. 2, 8).
    San Ireneo denuncia a los que presentan «como cebo el nombre de Jesus» y, valiéndose de la «dulzura y honorabilidad del nome» ofrecen a los incautos «el veneno amargo y pernicioso de la serpiente» (2.ª Cor. 11, 3).
    Referencia: Contra las Herejías, libro I, cap. 27, 4.
      
  8. No te dejes conquistar por la semejanza de las palabras: el hereje puede hablar como cristiano para arrancarte de la Fe (2.ª Pe. 2, 1-3).
    De los valentinianos, San Ireneo dice que son «simuladores, seductores perversos e hipócritas», dado que ellos “engañan y atraen a los más sencillos, simulando nuestra manera de hablar», hasta conseguir llevarlos a abandonar la fe (Gál. 1, 6-7).
    Referencia: Contra las Herejías, libro III, cap. 15, 2.
       
  9. Refuta a los que aún pueden ser corregidos; a los feroces e intratables, apártalos lejos (2.ª Tim. 2, 24-26).
    Es una de las advertencias más severas de San Ireneo: «Podrás refutar a los más moderados y humanos de ellos», pero en cuanto a los demás, «apartarás lejos de ti a los más feroces e intratables, para que no tengas que soportar nunca más su palabrería» (Matth. 7, 6).
    Referencia: Contra las Herejías, libro II, cap. 31, 1.
      
  10. Cuanto más extraordinarios parezcan los falsos maestros, tanto mayor sea tu cautela (Matth. 24, 24).
    San Ireneo dice de los que seducían por medio de pretensos prodigios: «debemos evitarlos como evitamos a aquel dragón», y agrega: «cuanto más parecen obrar prodigios, tanto más nos debemos prevenir de ellos» (2.ª Thes. 2, 9-10).
    Referencia: Contra las Herejías, libro II, cap. 31, 3.
       
  11. No confundas prodigios con santidad: el engaño también sabe maravillar (Apoc. 13, 13-14).
    Contra ciertos falsos maestros, San Ireneo habla de “error”, “seducción”, “trucos mágicos”, “todos los fraudes”, “actividad diabólica” y “fantasias idolátricas”. La apariencia extraordinaria, por tanto, no dispensa el discernimiento, sino que lo hace más necesario (Act. 8, 9-11).
    Referencia: Contra las Herejías, libro II, cap. 31, 2-3.
       
  12. Sigue la prudencia de los Apóstoles: no trates al corruptor de la verdad como si su doctrina fuese indiferente (Gál. 1, 8-9).
    San Ireneo recuerda que San Juan, al encontrarse al hereje Cerinto en las termas de Éfeso, «apresuróse a la salida»; y que San Policarpo respondió a Marción: «Yo te conozco como el primogénito de satanás». En seguida explica: «tanta era la prudencia de los Apóstoles y sus discípulos, que rechazaban comunicar, así fuese solo de palabra, con alguien que contaminase la verdad» (Judas 1, 13). 
    Referencia: Contra las Herejías, III, cap. 3, 4.
      
  13. Los caminos que se alejan de la Tradición apostólica deben ser vistos con desconfianza (2.ª Thes. 2, 15).
    San Ireneo enseña que aquellos que se apartan de la sucesión eclesial «deben ser vistos con desconfianza, como herejes y de mala fe, como cismáticos llenos de orgullo y de suficiencia, o incluso, como hipócritas» (1.ª Tim. 3, 15).
    Referencia: Contra las Herejías, libro IV, cap. 26, 2.
       
  14. Huye de las opiniones que seducen a los sencillos y conducen a la apostasía (Hebr. 13, 9).
    San Ireneo afirma que los Apóstoles «nos rogaron que se huyese de tales opiniones», pues, previendo su aparición, sabían que ellas «seducirían a los más simples». Comparándolas a la serpiente que engañó a Eva, dice que conducen a la muerte a los que creen en ellas (Gén. 3, 4-5).
    Referencia: Contra las Herejías, libro IV, Prefacio, 3-4.
       
  15. No te limites a reconocer la herejía: aprende a refutarla (1.ª Pe. 3, 15).
    San Ireneo quiere que el cristiano esté preparado para «oponerse debidamente» a las falsas doctrinas y «refutar a todos los herejes», «rechazando como inmundicia sus doctrinas» (Tito 1, 9).
    Referencia: Contra las Herejías, libro V, Prefacio.
      
  16. Contra la mentira religiosa, no basta la tibieza: la firmeza es necesaria (Eph. 6, 11-13).
    Toda la obra de San Ireneo se presenta como «denuncia y refutación de la pseudognosis» [San Ireneo entendía como “gnosis” el conocimiento de la doctrina cristiana y la predicación del Evangelio, N. del T.]. Su propósito es poner la verdad en evidencia, desmontar las opiniones impías y proveer argumentos a los fieles para combatirlas (2.ª Cor. 10, 4-5).
    Referencia: Contra las Herejías, libro IV, cap. 41, 4; libro V, Prefacio.
      
  17. No busques alimento espiritual en el disenso de los herejes: refúgiate en la Iglesia (1.ª Tim. 3, 15).
    La advertencia es literal: «Es necesario, por tanto, evitar las doctrinas de ellos y prestar mucha atención para que no seamos perjudicados y, sobre todo, refugiarnos en la Iglesia» (Act. 2, 42).
    Referencia: Contra las Herejías, libro V, cap. 20, 2.
      
  18. No tengas contacto con el disenso herético; aliméntate de las Escrituras en la Iglesia (2.ª Tim. 3, 16-17).
    Después de recomendar que el fiel sea nutrido por las Escrituras, San Ireneo agrega sin duda: «no tengáis ningún contacto con el disenso de los herejes» (Rom. 16, 18).
    Referencia: Contra las Herejías, libro V, cap. 20, 2.
      
  19. Guárdate de los que mutilan las Escrituras o les pervierten el sentido para hacerlas servir a sus propias doctrinas (2.ª Pe. 3, 16).
    San Ireneo denuncia a los que «se pusieron a recortar las Escrituras, rechazando completamente algunas», y también a aquellos que, aunque admitan las Escrituras, «les pervierten el sentido». O sea: no basta citar la Biblia, porque es posible conservarla materialmente y aún así corromper su significado para acomodarla a una doctrina previamente inventada (Apoc. 22, 18-19).
    Referencia: Contra las Herejías, libro III, cap. 12, 12.
      
  20. Repudia públicamente a los que rechazan la Tradición apostólica, pues, al oponerse a ella, acaban contradiciendo también las Escrituras (2.ª Thes. 3, 6).
    San Ireneo es particularmente contundente: cuando los herejes son conducidos «a la Tradición que viene de los Apóstoles y que es conservada en las distintas iglesias [= diócesis], por la sucesión de los presbíteros», ellos «se oponen a la tradición», juzgándose más sabios que los presbíteros y hasta que los propios Apóstoles. Y concluye: «Acontece con esto que ya no concuerdan ni con las Escrituras ni con la tradición» (1.ª Cor. 11, 2).
    Referencia: Contra las Herejías, libro III, cap. 2, 2.

viernes, 21 de enero de 2022

FINALMENTE SUCEDIÓ: SAN IRENEO, “DOCTOR DE LA UNIDAD”

Como se había anunciado en esta tribuna imperturbable, Francisco Bergoglio proclamó hoy a San Ireneo, 2.º Obispo de Lyon y Mártir de la Fe, “Doctor Unitátis”, mediante el siguiente decreto (que no fue publicado en latín sino en italiano), cuya traducción traemos al español:
DECRETO DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA CONFERIR EL TÍTULO DE DOCTOR DE LA IGLESIA A SAN IRENEO DE LYON
  
San Ireneo de Lyon, venido de Oriente, ejerció su ministerio episcopal en Occidente, y fue un gran puente espiritual y teológico entre los cristianos orientales y occidentales. Su nombre, Ireneo, expresa aquella paz que viene del Señor y que reconcilia, reintegrando en la unidad. Por estos motivos, después de haber tenido el parecer de la Congregación para las Causas de los Santos, con mi Autoridad Apostólica lo
  
DECLARO
Doctor de la Iglesia con el título de Doctor unitátis.
   
La doctrina de tan gran Maestro pueda alentar siempre más el camino de todos los discípulos del Señor hacia la comunión plena.
   
En el Vaticano, 21 de Enero de 2022.
   
FRANCISCO
Una traducción latina pudiera ser la siguiente:
SANCTE IRENǼI LUGDUNÉNSIS
DECRÉTUM A SANCTE PATRIS FRANCÍSCI PRO COLLATIÓNE TÍTULI DOCTÓRIS ECCLÉSIÆ
   
Sanctus Irenǽus Lugdunénsis, qui ex Oriénte venit, ministérium suum episcopále in Occidénte exércuit: hic fuit pons spirituális et theológicus inter Christiános orientáles et occidentáles. Nomen ejus Irenǽus pacem exprímit quæ a Dómino venit quǽque reconcíliat, in unitátem redíntegrans. His de cáusis, recépta senténtia Congregatiónis de Cáusis Sanctórum, mea auctoritáte Apostólica scripta est
   
Doctor Ecclésiæ título Doctor Unitátis decláro.
    
Talis Magístri doctrína viam ómnium discipulórum Dómini ad plenam communiónem magis ac magis fóveat.
   
Ex Ǽdibus Vaticánis, die 21 mensis Januárii anno 2022.
  
FRANCÍSCI
Como expresamos en su momento, San Ireneo de Lyon defendió la Unidad de la Iglesia… pero una UNIDAD EN LA VERDAD (combatiendo a los herejes gnósticos, por ejemplo), no en el error ni en la tiranía como pretende hacer Bergoglio, dispuesto a usar lo que sea para impulsar su agenda de la sinodalidad eterna (“Sínodo de la Familia” en 2015, “Sínodo de los Jóvenes” en 2018, “Sínodo de la Amazonía” en 2019 y ahora “Sínodo sobre la Sinodalidad”), aun cuando el instrumento esté en contra de esta.
   
Como Católicos tradicionales, reiteramos una vez más según la Bula “Cum ex Apostolátus Officio” (que no fue derogada tras la promulgación del Código Pío-Benedictino de Derecho Canónico, como insinúan los modernistas y algunos de la Frater), los herejes, cismáticos y apóstatás NO PUEDEN SER CABEZA DE LA IGLESIA porque no son parte del Cuerpo Místico, y como NO SON PAPAS VÁLIDOS, sus decretos son nulos y sin efecto jurídico alguno.
   
JORGE RONDÓN SANTOS
21 de Enero de 2022.
Fiesta de Santa Inés, Virgen y Mártir de la Fe; de Nuestra Señora de la Altagracia, Madre y protectora de República Dominicana; de San Publio de Atenas, Obispo y Mártir de la Fe; de San Epifanio, Obispo de Pavía; de San Fructuoso Obispo de Tarragona, y de los Santos Diáconos Augurio y Eulogio, Mártires de la Fe; de San Meinrado de Einsiedeln, Ermitaño y Mártir de la Fe; y de la Beata Josefa María de Santa Inés de Benigaím OESA, Virgen y Religiosa. Martirio de Luis XVI, Rey de Francia. Aniversario de la fundación de la Guardia Suiza Pontificia por el Papa Julio II; de la Batalla de Sabana Real; y Declaración de la Independencia de Irlanda.

viernes, 8 de octubre de 2021

BERGOGLIO HARÁ A SAN IRENEO DE LYON “DOCTOR DE LA UNIDAD”

   
Ayer 7 de Octubre, antes de partir al Coliseo para la clausura del evento ecuménico organizado por la Comunidad San Egidio, Francisco Bergoglio tuvo un encuentro con el Grupo de Trabajo Conjunto Ortodoxo-Católico “San Ireneo” en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, donde en su discurso anunció que erigirá a San Ireneo de Lyon como “Doctor de la Unidad” (Doctor Unitátis):
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
   
Me complace daros la bienvenida a Roma donde, por primera vez, os reunís para su período de sesiones anual. Agradezco vuestra labor teológica al servicio de la comunión entre católicos y ortodoxos. Agradezco al cardenal Koch sus palabras de presentación. Me llamó la atención lo que dijo sobre vuestra tarea específica: buscar juntos formas en las que las diferentes tradiciones puedan enriquecerse entre sí sin perder su identidad. También encontré interesante vuestra declaración sobre la interpretación como Gegensätze [contraste]. Me gusta eso. Gracias. Es bueno cultivar una unidad enriquecida por diferencias que no ceda a la tentación de una uniformidad suave, que nunca es buena. Con este espíritu, sus discusiones se centran en apreciar cómo los diferentes aspectos presentes en nuestras tradiciones, más que dar lugar a desacuerdos, pueden convertirse en oportunidades legítimas para expresar la fe apostólica compartida.
    
También me gusta vuestro nombre: no sois una comisión ni un comité, sino un “grupo de trabajo”: un grupo que reúne en un diálogo fraterno y paciente a expertos de varias Iglesias y de diferentes países, que desean orar y estudiar juntos la unidad. Vuestro patrón, San Ireneo de Lyon, a quien pronto declararé de buen grado Doctor de la Iglesia con el título de Doctor unitátis, vino de Oriente, ejerció su ministerio episcopal en Occidente, y fue un gran puente espiritual y teológico entre los cristianos orientales y occidentales. Su nombre, Ireneo, contiene la palabra “paz”. Sabemos que la paz del Señor no es una paz “negociada”, fruto de acuerdos destinados a salvaguardar intereses, sino una paz que reconcilia, que une en unidad. Esa es la paz de Jesús. Porque, como escribe el apóstol Pablo, Cristo “es nuestra paz; el cual nos hizo a los dos uno, y derribó el muro divisorio de hostilidad” (Efesios 2, 14). Queridos amigos, con la ayuda de Dios, también vosotros estáis trabajando para derribar los muros divisorios y construir puentes de comunión.
    
Os agradezco por esto y, en particular, por vuestro estudio recientemente publicado titulado “Servir la Comunión: Repensar la relación entre primacía y sinodalidad”. A través de la paciencia constructiva del diálogo, especialmente con las Iglesias ortodoxas, hemos llegado a comprender más plenamente que en la Iglesia la primacía y la sinodalidad no son dos principios contrapuestos que deben mantenerse en equilibrio, sino dos realidades que se establecen y sostienen mutuamente en el servicio. de comunión. Así como la primacía presupone el ejercicio de la sinodalidad, la sinodalidad implica el ejercicio de la primacía. Desde este punto de vista, la Comisión Teológica Internacional ha afirmado, de manera significativa, que en la Iglesia católica, la sinodalidad en sentido amplio puede verse como la articulación de tres dimensiones: “todos”, “algunos” y “uno”. En efecto, “la sinodalidad implica el ejercicio del sensus fídei de la univérsitas fidélium (todos), el ministerio de dirección del colegio de obispos, cada uno con su presbiterio (algunos), y el ministerio de unidad del obispo de Roma (uno)” (Sinodalidad en la vida y misión de la Iglesia, 2018, n. 64).
   
En esta visión, el ministerio primordial es un elemento intrínseco de la dinámica de la sinodalidad, como lo son también el aspecto comunitario que incluye a todo el Pueblo de Dios y la dimensión colegiada que forma parte del ejercicio del ministerio episcopal. En consecuencia, una aproximación fructífera a la primacía en los diálogos teológicos y ecuménicos debe fundamentarse necesariamente en una reflexión sobre la sinodalidad: no hay otro camino. He expresado mi convicción de que con frecuencia “en una Iglesia sinodal, más luz puede arrojar sobre el ejercicio del primado petrino” (Discurso en el 50.º aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, 17 de octubre de 2015). Confío en que, con la ayuda de Dios, el proceso sinodal que comenzará en los próximos días en cada diócesis católica será también una oportunidad para una reflexión más profunda sobre este importante aspecto, junto con otros cristianos.
    
Queridos hermanos y hermanas, os agradezco vuestra visita y os expreso mis mejores deseos para una fructífera sesión de trabajo aquí en Roma en el Instituto de Estudios Ecuménicos del Angelicum. Confiando mi ministerio a vuestras oraciones, os invoco la bendición del Señor y la protección de la Santa Madre de Dios. Y ahora, si lo deseáis, podemos rezar juntos el Padre Nuestro, cada uno en su propio idioma.
   
[La oración del Padre nuestro…].
    
   
San Ireneo de Lyon (c. 140 - c. 202) discípulo del Padre Apostólico San Policarpo de Esmirna (que a su vez lo fue de San Juan Evangelista) y segundo obispo lugdunense, en nombre de la unidad de la Iglesia pidió a los papas San Eleuterio y San Víctor I moderación frente a los montanistas (conocidos como “herejía frigia”) y los cuartodecimanos (que tenían presencia en Asia Menor), herejias nacidas en la parte oriental del Imperio Romano y con elementos judaizantes y carismáticos, a quienes estos Papas condenaron como herejes (San Víctor I había llegado a excomulgar al obispo Polícrates de Éfeso después que este en un sínodo que presidió, insinuase que el Papa era un hereje por imponer la observancia de la Pascua en el Domingo siguiente al Pésaj judío –como se usaba en Roma desde los tiempos de San Pedro, y San Víctor I definió ex cáthedra luego de un concilio en el año 193–).

Quizá por lo anterior es que Bergoglio quiere hacerlo “Doctor de la Unidad” (como si no fuera suficiente con el reconocimiento como uno de los “Padres de la Iglesia” y “Apóstol de las Galias”) aun cuando este mismo San Ireneo, lejos de la imagen de pacifista que quiere dar su nombre (en griego Εἰρηναῖος, “el pacífico”) es el que combatió a los gnósticos con su famosa obra “Contra las herejías” (Advérsus hæréses, Κατὰ αἱρέσεων), gnósticos cuya heterodoxia era acompañada con el más abyecto de los libertinajes (y que aun así parecerían puritanos frente a la actual Secta Deuterovaticana). Es evidente una vez más que Bergoglio está dispuesto a usar lo que sea para impulsar su agenda de la sinodalidad eterna (“Sínodo de la Familia” en 2015, “Sínodo de los Jóvenes” en 2018, “Sínodo de la Amazonía” en 2019 y ahora “Sínodo sobre la Sinodalidad”), aun cuando el instrumento esté en contra de esta.
   
Católicos tradicionales, San Ireneo de Lyon defendió la Unidad de la Iglesia… pero una UNIDAD EN LA VERDAD, sometiéndose al Príncipe de los Apóstoles (incluso cuando se opuso a San Víctor I en la excomunión de las iglesias de Asia Menor). Él no vería con buenos ojos que su nombre sea usado para acolitar la unión en el error, máxime cuando se trata del modernismo, al que San Pío X llamó “ómnium hæréseon colléctum” (suma de todas las herejías).
  
JORGE RONDÓN SANTOS
8 de Octubre de 2021 (Año Mariano “Espada de Lepanto”).
Fiesta de Nuestra Señora del Buen Remedio, Patrona de la Orden de la Santísma Trinidad y Redención de Cautivos. Traslación de Santa Brígida de Suecia, Viuda y Religiosa; fiesta de San Marcos, Papa y Confesor; de San Sergio y San Baco, Mártires de la Fe; de Santa Justina de Padua, Virgen y Mártir dr la Fe. Victoria de Constantino el Grande sobre Licinio en Cibálæ (actual Vinkovci, Croacia); apertura del Concilio de Calcedonia; creación de la Marina de Guerra del Perú.

viernes, 3 de febrero de 2017

PREDICAR LA VERDAD, SIN CONTEMPORIZAR

Los Apóstoles, enviados a buscar a los errantes, a devolver la vista a los ciegos y a llevar la salud a los enfermos, ciertamente no les hablaban según la opinión del momento, sino manifestando la verdad revelada. Porque ninguna persona de ninguna clase obraría rectamente si le dijera a unos ciegos a punto de caer a un precipicio, que continúen por tan peligroso camino, como si fuese el correcto y los llevara hasta su destino. ¿O qué médico, si quiere curar al enfermo, le da la medicina que a éste le gusta y no la adecuada para devolverle la salud? Y el Señor, que vino como médico de los enfermos, Él mismo lo dijo: "No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No vine a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se arrepientan" (Lc. 5,31-32; Mt. 9,12-13). ¿Cómo se aliviarán estos enfermos? ¿Y cómo se arrepentirán los pecadores? ¿Acaso manteniéndose en su estado? ¿No será más bien por un cambio a fondo y alejándose de su anterior modo de vivir en la transgresión, que provocó en ellos esa grave enfermedad y tantos pecados? Pero la ignorancia, madre de todos estos males, se elimina por el conocimiento. Y el Señor comunicó a sus discípulos este conocimiento, con el cual curaba a los agobiados y alejaba a los pecadores del pecado. No les hablaba, pues, según ellos pensaban antes, ni respondía a quienes le preguntaban según sus expectativas, sino de acuerdo con la doctrina de salvación, sin hipocresía y sin acepción de personas (Mt. 22,16; Rom. 2,11).

SAN IRENEO DE LYON, Advérsus Hæréses (Contra las herejías), Libro Tercero, cap. V, artículo 2.