sábado, 5 de septiembre de 2026

ADVERTENCIAS DE SAN IRENEO CONTRA LOS HEREJES Y SUS INSIDIAS

Reflexión por João Christian Franco. Traducción propia.
   

Todavía en el siglo II de la Era Cristiana (años 100 d. C.), y faltaban más de cien años para el emperador Constantino, y San Ireneo de Lyon (c. 130-202 d. C), ya estaba acusando el modus operándi de los herejes de su tiempo (modus operándi idéntico al de la víbora protestante), consistente en el rechazo a la Sagrada Tradición y la distorsión de las Sagradas Escrituras.
  
Más, ¡ved si es posible coadunar las 20 advertencia de San Irineo de Lyon con las prácticas impías de la falsa y anti-Iglesia roncalli-prevostiana (la secta del Vaticano II), las tolerancias nefastas, las complacencias nefandas, el diálogo abyecto y anticristiano, la falsa fraternidad masónica y el falso ecumenismo noájida para con las sectas y falsas religiones, tan largamente difundidas, protegidas y promovidas, desde hace más de 60 años!
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20 ADVERTENCIAS CONTRA LOS HEREJES Y SUS INSIDIAS (1.ª Tim. 4, 1), EXTRAÍDAS A PARTIR DE LA OBRA DE SAN IRENEO
   
  1. Cuídate de los herejes: los lobos pueden esconderse disfrazados de ovejas (Matth. 7, 15).
    San Ireneo advierte que el erro se reviste de apariencia de verdad y que los falsos maestros se camuflan bajo «pieles de ovejas», siendo precisamente aquellos «de quien el Señor nos ordenó guardarnos» (Act. 20, 29-30).
    Referencia: Contra las Herejías, libro I, Prefacio, 2.
      
  2. No te dejes seducir por las apariencias de la verdad: el error sabe disfrazarse para engañar (2.ª Cor. 11, 13-15).
    «El error […] no se muestra tal como es», sino que se adorna «fraudulentamente de plausibilidad», llegando a parecer a los inexpertos «más verdadero que la misma verdad» (Eph. 4, 14).
    Referencia: Contra las Herejías, libro I, Prefacio, 2.
       
  3. Desenmascara el engaño: no permitas que la falsificación de la verdad pase como doctrina cristiana (1.ª Joann. 4, 1).
    San Ireneo compara a la herejía con una falsificación que precisa ser examinada por alguien capaz de «desenmascarar el fraude». La intención declarada de su obra es brindar a los fieles los medios para refutar lo que es «absurdo, inconsistente y opuesto a la verdad» (1.ª Tim. 6, 20-21).
    Referencia: Contra las Herejías, libro I, Prefacio, 2-3.
       
  4. Advierte al hereje: si permanece obstinado, evítalo (Tito 3, 10).
    San Ireneo recuerda expresamente la orden apostólica: «Pablo manda que los evitemos después de la primera y segunda advertencia» (Rom. 16, 17).
    Referencia: Contra las Herejías, libro I, cap. 16, 3.
       
  5. No mantengas familiaridad religiosa con quien corrompa deliberadamente la fe (2.ª Joann. 1, 10-11).
    San Ireneo agrega que San Juan o«amplía la condena», prohibiendo «hasta saludarlos», porque aquel que así procede «participa de sus obras inicuas» (1.ª Cor. 5, 11).
    Referencia: Contra las Herejías, libro I, cap. 16, 3.
      
  6. Rechaza y condena la herejía, y apártate de sus partidarios obstinados (2.ª Tim. 3, 5).
    La formulación de San Ireneo es inequívoca: «Rechazando y condenando convenientemente esta doctrina debemos huir a otra parte, lejos de ellos» (1.ª Tim. 6, 3-5).
    Referencia: Contra las Herejías, libro I, cap. 16, 3.
      
  7. Desconfía del lenguaje piadoso cuando este sirva como vehículo para el error (Col. 2, 8).
    San Ireneo denuncia a los que presentan «como cebo el nombre de Jesus» y, valiéndose de la «dulzura y honorabilidad del nome» ofrecen a los incautos «el veneno amargo y pernicioso de la serpiente» (2.ª Cor. 11, 3).
    Referencia: Contra las Herejías, libro I, cap. 27, 4.
      
  8. No te dejes conquistar por la semejanza de las palabras: el hereje puede hablar como cristiano para arrancarte de la Fe (2.ª Pe. 2, 1-3).
    De los valentinianos, San Ireneo dice que son «simuladores, seductores perversos e hipócritas», dado que ellos “engañan y atraen a los más sencillos, simulando nuestra manera de hablar», hasta conseguir llevarlos a abandonar la fe (Gál. 1, 6-7).
    Referencia: Contra las Herejías, libro III, cap. 15, 2.
       
  9. Refuta a los que aún pueden ser corregidos; a los feroces e intratables, apártalos lejos (2.ª Tim. 2, 24-26).
    Es una de las advertencias más severas de San Ireneo: «Podrás refutar a los más moderados y humanos de ellos», pero en cuanto a los demás, «apartarás lejos de ti a los más feroces e intratables, para que no tengas que soportar nunca más su palabrería» (Matth. 7, 6).
    Referencia: Contra las Herejías, libro II, cap. 31, 1.
      
  10. Cuanto más extraordinarios parezcan los falsos maestros, tanto mayor sea tu cautela (Matth. 24, 24).
    San Ireneo dice de los que seducían por medio de pretensos prodigios: «debemos evitarlos como evitamos a aquel dragón», y agrega: «cuanto más parecen obrar prodigios, tanto más nos debemos prevenir de ellos» (2.ª Thes. 2, 9-10).
    Referencia: Contra las Herejías, libro II, cap. 31, 3.
       
  11. No confundas prodigios con santidad: el engaño también sabe maravillar (Apoc. 13, 13-14).
    Contra ciertos falsos maestros, San Ireneo habla de “error”, “seducción”, “trucos mágicos”, “todos los fraudes”, “actividad diabólica” y “fantasias idolátricas”. La apariencia extraordinaria, por tanto, no dispensa el discernimiento, sino que lo hace más necesario (Act. 8, 9-11).
    Referencia: Contra las Herejías, libro II, cap. 31, 2-3.
       
  12. Sigue la prudencia de los Apóstoles: no trates al corruptor de la verdad como si su doctrina fuese indiferente (Gál. 1, 8-9).
    San Ireneo recuerda que San Juan, al encontrarse al hereje Cerinto en las termas de Éfeso, «apresuróse a la salida»; y que San Policarpo respondió a Marción: «Yo te conozco como el primogénito de satanás». En seguida explica: «tanta era la prudencia de los Apóstoles y sus discípulos, que rechazaban comunicar, así fuese solo de palabra, con alguien que contaminase la verdad» (Judas 1, 13). 
    Referencia: Contra las Herejías, III, cap. 3, 4.
      
  13. Los caminos que se alejan de la Tradición apostólica deben ser vistos con desconfianza (2.ª Thes. 2, 15).
    San Ireneo enseña que aquellos que se apartan de la sucesión eclesial «deben ser vistos con desconfianza, como herejes y de mala fe, como cismáticos llenos de orgullo y de suficiencia, o incluso, como hipócritas» (1.ª Tim. 3, 15).
    Referencia: Contra las Herejías, libro IV, cap. 26, 2.
       
  14. Huye de las opiniones que seducen a los sencillos y conducen a la apostasía (Hebr. 13, 9).
    San Ireneo afirma que los Apóstoles «nos rogaron que se huyese de tales opiniones», pues, previendo su aparición, sabían que ellas «seducirían a los más simples». Comparándolas a la serpiente que engañó a Eva, dice que conducen a la muerte a los que creen en ellas (Gén. 3, 4-5).
    Referencia: Contra las Herejías, libro IV, Prefacio, 3-4.
       
  15. No te limites a reconocer la herejía: aprende a refutarla (1.ª Pe. 3, 15).
    San Ireneo quiere que el cristiano esté preparado para «oponerse debidamente» a las falsas doctrinas y «refutar a todos los herejes», «rechazando como inmundicia sus doctrinas» (Tito 1, 9).
    Referencia: Contra las Herejías, libro V, Prefacio.
      
  16. Contra la mentira religiosa, no basta la tibieza: la firmeza es necesaria (Eph. 6, 11-13).
    Toda la obra de San Ireneo se presenta como «denuncia y refutación de la pseudognosis» [San Ireneo entendía como “gnosis” el conocimiento de la doctrina cristiana y la predicación del Evangelio, N. del T.]. Su propósito es poner la verdad en evidencia, desmontar las opiniones impías y proveer argumentos a los fieles para combatirlas (2.ª Cor. 10, 4-5).
    Referencia: Contra las Herejías, libro IV, cap. 41, 4; libro V, Prefacio.
      
  17. No busques alimento espiritual en el disenso de los herejes: refúgiate en la Iglesia (1.ª Tim. 3, 15).
    La advertencia es literal: «Es necesario, por tanto, evitar las doctrinas de ellos y prestar mucha atención para que no seamos perjudicados y, sobre todo, refugiarnos en la Iglesia» (Act. 2, 42).
    Referencia: Contra las Herejías, libro V, cap. 20, 2.
      
  18. No tengas contacto con el disenso herético; aliméntate de las Escrituras en la Iglesia (2.ª Tim. 3, 16-17).
    Después de recomendar que el fiel sea nutrido por las Escrituras, San Ireneo agrega sin duda: «no tengáis ningún contacto con el disenso de los herejes» (Rom. 16, 18).
    Referencia: Contra las Herejías, libro V, cap. 20, 2.
      
  19. Guárdate de los que mutilan las Escrituras o les pervierten el sentido para hacerlas servir a sus propias doctrinas (2.ª Pe. 3, 16).
    San Ireneo denuncia a los que «se pusieron a recortar las Escrituras, rechazando completamente algunas», y también a aquellos que, aunque admitan las Escrituras, «les pervierten el sentido». O sea: no basta citar la Biblia, porque es posible conservarla materialmente y aún así corromper su significado para acomodarla a una doctrina previamente inventada (Apoc. 22, 18-19).
    Referencia: Contra las Herejías, libro III, cap. 12, 12.
      
  20. Repudia públicamente a los que rechazan la Tradición apostólica, pues, al oponerse a ella, acaban contradiciendo también las Escrituras (2.ª Thes. 3, 6).
    San Ireneo es particularmente contundente: cuando los herejes son conducidos «a la Tradición que viene de los Apóstoles y que es conservada en las distintas iglesias [= diócesis], por la sucesión de los presbíteros», ellos «se oponen a la tradición», juzgándose más sabios que los presbíteros y hasta que los propios Apóstoles. Y concluye: «Acontece con esto que ya no concuerdan ni con las Escrituras ni con la tradición» (1.ª Cor. 11, 2).
    Referencia: Contra las Herejías, libro III, cap. 2, 2.

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