martes, 14 de julio de 2015

EL “CULTO DE LA RAZÓN Y DEL SER SUPREMO” EN LA FRANCIA REVOLUCIONARIA

  
El intento de descristianización de Francia, a partir de la Revolución Judeomasónico-Protestante Francesa en 1789, fue un espectáculo de horror que tuvo como objetivo la supresión de la religión en Francia.
  
El intento francés de destruir la Iglesia incluyó la confiscación de tierras de la Iglesia, la destrucción de estatuas y cruces, así que todos los sacerdotes católicos notorios se ocultaran por el peligro de muerte. Y por supuesto mataron a muchos católicos (algo similar sucedió con la Segunda República en España, en 1936, donde se contabilizan más de 600 mil asesinatos de católicos, miles de iglesias saqueadas e incineradas, y grandes y abominables sacrilegios).
  
A tanto llegó el odio contra la Iglesia Católica que por ley se estableció un “Calendario republicano” el 22 de Octubre de 1791 (al que se le denominó “Año I de la Revolución”), donde se eliminó la semana como Dios la instituyó, remplazándola con las “décadas”. Y en 1793 se estableció el “Culto de la Razón” o dicho de otra forma, el ateísmo como Religión de Estado apareció por primera vez en la historia.
  
Alegoría de la Razón, por Alexandre Fragonard (Notar especiamente la serpiente mordiéndose la cola que rodea la palabra “Raison”)
  
Pero el líder radical Maximiliano Robespierre, “preocupado” por la religiosidad de la gente, introdujo en 1794 el “Culto del Ser Supremo”, que él creía que actuaría como una nueva religión del Estado. Era un anticatólico que desconfiaba del ateísmo porque no ofrecía ninguna razón para que la gente actuara moralmente. Esperaba que el Culto del Ser Supremo alentara la conducta moral (aunque era una deidad que no interactua en el mundo ni entre los hombres, como propugna la Francmasonería a la que él pertenecía).
 
Tan importante es Robespierre en la Masonería que una logia francesa lleva el nombre de “Maximiliano el Incorruptible”.
  
Robespierre quería virtud de la gente pero no del gobierno, porque él dijo:
“la virtud es la fuente de un gobierno popular en tiempos de paz, la fuente de ese gobierno durante una revolución es la virtud combinado con el terror: la virtud, sin el terror es destructiva; el terror, sin la virtud es impotente”.
  
Robespierre estableció el Festival del Ser Supremo el 8 de Junio de 1794 (día de Pentecostés en ese año) como un gran espectáculo, sobre todo en París, donde Robespierre habló a la multitud descendiendo de una montaña como Moisés. Uno de sus colegas, Jacques-Alexis Thuriot, según los informes, fue escuchado diciendo:
Mira a ese cabrón, no es suficiente para él ser maestro, sino que quiere ser Dios”.
  
Institución del “Culto del Ser Supremo” (grabado de la época)
  
Desafortunadamente para Robespierre, resultó que su “Ser supremo” no era el Dios verdadero; y él fue guillotinado el 27 de Julio de 1794 (50 días después de su sacrilegio), tras ser derrocado por los moderados y estabecido el Directorio. El “Cromwell francés”, ese maldito hombre, esbirro de satanás el maldito, que en vida azuzó a la plebe contra Dios, contra la Iglesia y contra el Rey, cuando estaba en camino a su ejecución, fue increpado por una mujer que le gritó:
“¡Vete, malhechor! ¡Vete a la tumba cargado de las maldiciones de las esposas y madres de Francia!”.
  
La ejecución de Maximiliano Robespierre fue vista por los franceses víctimas de su tiranía como un respiro, una aurora de paz y libertad tras 3 años de paranoia.
  
Ha de verse todo como lo que es: Aquel Robespierre que hizo caminar a punta de bayonetas a sacerdotes, monjas, nobles, intelectuales y campesinos al cadalso, despojándolos de su dignidad humana y cristiana, padeció una gran afrenta: el verdugo le arrancó el vendaje ensangrentado que sostenía su mandíbula destrozada (al ser capturado, Robespierre se intentó suicidar con un disparo en la boca), causando que diera un horrendo grito de dolor; y quien profanó las tumbas reales y sepultó sin los honores a los Reyes Mártires Luis y María Antonieta, tras su ejeución su decapitado cadáver fue arrojado ignominiosamente en la fosa común y cubrióse ésta con cal, para borrar todo rastro. De más está decir que EL ALMA DE ROBESPIERRE ESTÁ EN EL INFIERNO, DONDE ES PERPETUAMENTE GUILLOTINADO POR TODA LA ETERNIDAD.
  
El triunfo de la guillotina en el Infierno
  
El culto del Ser Supremo no fue guillotinado, pero desapareció poco después de su fundador. El Directorio desarraigó y eliminó de los anales legislativos esa idolatría, dentro del proseso de des-robespierrización. La Iglesia Católica sobrevivió y reapareció triunfante, y Napoleón Bonaparte se vio obligado a reconocerla, si no como Religión de Estado, sí al menos como “la de la mayoría de los franceses”, firmando el Concordato en 1801. Y el culto del Ser Supremo fue condenado definitivamente en 1802, quedando como sempiterno recuerdo de que TODO INTENTO CONTRA LA IGLESIA CATÓLICA TRADICIONAL TERMINARÁ EN UN MISERABLE FRACASO.

2 comentarios:

  1. La extraordinaria megalomanía de Robersperre debería formar parte de una pelicula sobre las monstruosidades de la Revolución Francesa. Tengo una versión que habla sobre lo que sucedió durante la primera celebración. En ese día Roberspierre descendió de un monte artificial sobre una plataforma tipo cable carril, accionada manualmente por su sicarios, vestido íntegramente con una túnica blanca, y llevando en una mano un cesto de mimbre. De allí sacaba pétalos de rosa, arrojándoselas a la multitud. Muchos se atrevieron y le arrojaron -cuando estuvo a tiro-+ tomates y huevos.Un bochorno total que debería difundirse

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    1. Cierto, muy cierto. Robespierre llegó al punto de usar la Revolución para hacerse rey, además de erigirse como modelo de moralidad cívica cuando era un lujurioso y depredador de los fondos públicos.

      Aparte, él tenía un hermano llamado Agustín (conocido como Robespierre el Joven), con el que compartía ideales y carrera. Napoleón cuenta que “cuando llevaron el decreto de acusación contra su hermano Maximiliano, Agustín Robespierre pidió participar de su suerte como había participado de sus virtudes; lo obtuvo, y fueron puestos fuera de la ley. Desde que se supo que los Robespierre eran dueños de la casa de ayuntamiento, en estado de insurrección, y al momento que la fuerza armada llegó hasta él para detenerle, se arrojó por una ventana por terminar sus días. No habiéndose quebrado más que una pierna, se le arrastró al otro día con los suyos al cadalso”.

      Estos detalles son los que destruyen los ídolos de arcillosos pies que tanto adoran los políticamente correctos.

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