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miércoles, 17 de junio de 2026

AHORA RUINI SABRÁ QUÉ HAY MÁS ALLÁ DE LA MUERTE


En la tarde de ayer 16 de Junio, falleció en Roma el cardenal Camillo Ruini Rizzoli a los 95 años, tras complicaciones de una afección renal que padecía años atrás.
  
Camillo nació en Sassuolo (Módena) el 18 de Enero de 1931, hijo del cirujano Francesco Ruini y Yolanda Rizzoli Olivo. Su hermana Donatella murió en 2022 a los 85 años. Luego de estudiar en el Seminario diocesano de Reggio Emilia y en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, fue ordenado sacerdote el 8 de Diciembre de 1954 por el arzobispo Luigi Traglia Crollari, entonces vicegerente de la diócesis de Roma. Fungió como profesor del Seminario diocesano, profesor del Seminario Teológico Interdiocesano de Módena-Reggio Emilia y rector del mismo entre 1968 y 1977, y profesor del Seminario Teológico Académico de Bolonia entre 1977 y 1983. Ítem, fue asesor diocesano de los médicos católicos, delegado episcopal para la Acción Católica, vicario episcopal para el apostolado laico, presidente del Centro Cultural Diocesano “Juan XXIII” y presidente del consejo diocesano para la pastoral escolar entre 1975 y 1986.
  
Fue nombrado obispón titular de Nepte (probablemente el oasis de Nefta, Túnez) y auxiliar de Reggio Emilia-Guastalla el 16 de Mayo de 1983, e “instalado” el 29 de Junio de ese año por su ordinario Gilberto Baroni Tugnoli († 1999; consagrado obispo el 27 de Diciembre de 1954). Fue designado Secretario general de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) en 1986. En 1991, Juan Pablo II Wojtyła lo designó presidente de la CEI, lo promovió a Vicario General de la Diócesis de Roma, arcipreste de la Basílica Lateranense, y lo creó cardenal presbítero de Santa Inés Extramuros en el Consistorio del 28 de Junio.
  
Su mandato como presidente de los obispones italianos coincidió con el colapso del partido Democracia Cristiana por el escándalo de corrupción de Tangentópolis, ante lo cual Ruini promovió lo que se conoció como el “proyecto cultural”: un esfuerzo por incorporar la influencia católica en el Estado y la sociedad directamente, más allá de las viejas estructuras del partido.
  
Después del declive de la DC (y el fracaso de su sucesor abortado el Partido Popular Italiano) a mediados de la década de 1990, se convirtió en un destacado partidario del primer ministro de larga data Silvio Berlusconi († 2023), abogando por el compromiso cristiano continuo en la vida pública y rechazando el ofrecimiento del presidente democristiano Oscar Luigi Scalfaro Ussino († 2012) de derrocar a Berlusconi.
  
En 2010, Benedicto XVI Ratzinger, a más de nombrarlo presidente del comité científico de la Fundación que lleva su nombre, lo puso a cargo de la comisión vaticana que investiga las supuestas “apariciones marianas” en Međugorje (Bosnia y Herzegovina), que concluyó en 2017 que solo reconocían las primeras “apariciones” entre el 24 de Junio y el 3 de Julio de 1981, PERO sin abordar el tema del actuar del demonio en las mismas.

Si bien Ruini fue sacerdote válidamente ordenado con el Rito Romano tradicional, no se puede decir lo mismo en cuanto al episcopado, porque fue “consagrado” con el Rito montini-bugniniano, que es tan inválido y nulo como su contraparte anglicana. Y ahora que él murió, podrá comprobar EN VIVO Y A TODO COLOR qué hay después de la muerte, porque en 2024 él escribió un libro titulado “C’é un dopo?” (¿Hay un después?) en el que decía que, si bien hay experiencias pre-muerte y extracorporales que permiten inferir una supervivencia del alma, no se podía saber científicamente si existe una vida después de la muerte. Y por su apostasía (de la cual se concluye dado su tenor de vida que no mostró señales de arrepentimiento), sabrá que existe el Infierno, que sus penas son eternas, y que por su estado clerical serán muchos mayores.

viernes, 26 de septiembre de 2025

¿PRÉVOST NEGÓ EL INFIERNO? SÍ


En su Audiencia general del pasado 24 de Septiembre, León XIV Riggitano-Prévost abordó como parte de sus catequesis sobre la Esperanza el pasaje «Y en el Espíritu [Cristo] fue a hacer su anuncio también a los espíritus que estaban prisioneros» (1.ª  Pe. III, 19). Traemos al completo el texto para su análisis:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

También hoy nos detenemos en el misterio del Sábado Santo. Es el día del Misterio pascual en el que todo parece inmóvil y silencioso, mientras que en realidad se cumple una invisible acción de salvación: Cristo desciende al reino de los infiernos para llevar el anuncio de la Resurrección a todos aquellos que estaban en las tinieblas y en la sombra de la muerte.

Este evento, que la liturgia y la tradición nos han entregado, representa el gesto más profundo y radical del amor de Dios por la humanidad. De hecho, no basta decir ni creer que Jesús ha muerto por nosotros: es necesario reconocer que la fidelidad de su amor ha querido buscarnos allí donde nosotros mismos nos habíamos perdido, allí donde se puede empujar solo la fuerza de una luz capaz de atravesar el dominio de las tinieblas.

Los infiernos, en la concepción bíblica, no son tanto un lugar, sino una condición existencial: esa condición en la que la vida está debilitada y reinan el dolor, la soledad, la culpa y la separación de Dios y de los demás. Cristo nos alcanza también en este abismo, atravesando las puertas de este reino de tinieblas. Entra, por así decir, en la misma casa de la muerte, para vaciarla, para liberar a los habitantes, tomándoles de la mano uno por uno. Es la humildad de un Dios que no se detiene delante de nuestro pecado, que no se asusta frente al rechazo extremo del ser humano.

El apóstol Pedro, en el breve pasaje de su primera Carta que hemos escuchado, nos dice que Jesús, vivificado en el Espíritu Santo, fue a llevar el anuncio de salvación también «a los espíritus encarcelados» (1.ª Pe. 3, 19). Es una de las imágenes más conmovedoras, que no se encuentra desarrollada en los Evangelios canónicos, sino en un texto apócrifo llamado Evangelio de Nicodemo. Según esta tradición, el Hijo de Dios se adentró en las tinieblas más espesas para alcanzar también al último de sus hermanos y hermanas, para llevar también allí abajo su luz. En este gesto está toda la fuerza y la ternura del anuncio pascual: la muerte nunca es la última palabra.

Queridos, este descenso de Cristo no tiene que ver solo con el pasado, sino que toca la vida de cada uno de nosotros. Los infiernos no son solo la condición de quien está muerto, sino también de quien vive la muerte a causa del mal y del pecado. Es también el infierno cotidiano de la soledad, de la vergüenza, del abandono, del cansancio de vivir. Cristo entra en todas estas realidades oscuras para testimoniarnos el amor del Padre. No para juzgar, sino para liberar. No para culpabilizar, sino para salvar. Lo hace sin clamor, de puntillas, como quien entra en una habitación de hospital para ofrecer consuelo y ayuda.

Los Padres de la Iglesia, en páginas de extraordinaria belleza, han descrito este momento como un encuentro: entre Cristo y Adán. Un encuentro que es símbolo de todos los encuentros posibles entre Dios y el hombre. El Señor desciende allí donde el hombre se ha escondido por miedo, y lo llama por nombre, lo toma de la mano, lo levanta, lo lleva de nuevo a la luz. Lo hace con plena autoridad, pero también con infinita dulzura, como un padre con el hijo que teme que ya no es amado.

En los iconos orientales de la Resurrección, Cristo es representado mientras derriba las puertas de los infiernos y, extendiendo sus brazos, agarra las muñecas de Adán y Eva. No se salva solo a sí mismo, no vuelve a la vida solo, sino que lleva consigo a toda a la humanidad. Esta es la verdadera gloria del Resucitado: es poder de amor, es solidaridad de un Dios que no quiere salvarse sin nosotros, sino solo con nosotros. Un Dios que no resucita si no es abrazando nuestras miserias y nos levanta de nuevo para una vida nueva.

El Sábado Santo es, por tanto, el día en el que el cielo visita la tierra más en profundidad. Es el tiempo en el que cada rincón de la historia humana es tocado por la luz de la Pascua. Y si Cristo ha podido descender hasta allí, nada puede ser excluido de su redención. Ni siquiera nuestras noches, ni siquiera nuestros pecados más antiguos, ni siquiera nuestros vínculos rotos. No hay pasado tan arruinado, no hay historia tan comprometida que no pueda ser tocada por su misericordia.

Queridos hermanos y hermanas, descender, para Dios, no es una derrota, sino el cumplimiento de su amor. No es un fracaso, sino el camino a través del cual Él muestra que ningún lugar está demasiado lejos, ningún corazón demasiado cerrado, ninguna tumba demasiado sellada para su amor. Esto nos consuela, esto nos sostiene. Y si a veces nos parece tocar el fondo, recordemos: ese es el lugar desde el cual Dios es capaz de comenzar una nueva creación. Una creación hecha de personas que se han vuelto a levantar, de corazones perdonados, de lágrimas secadas. El Sábado Santo es el abrazo silencioso con el que Cristo presenta toda la creación al Padre para volver a colocarla en su diseño de salvación.
La Fe Católica enseña que Nuestro Señor Jesucristo descendió “a los infiernos” (Descéndit ad inferos, como dice el Credo de los Apóstoles), refiriéndose al Limbo Patrum, donde se hallaban los justos del Antiguo Testamento esperando la liberación que con su Sacrificio en la Cruz había granjeado). Pensar que fue a “vaciar” el Infierno de los condenados (o en el caso, sembrar la posibilidad con un discurso ambiguo so color de enseñar que la misericordia de Dios alcanza aun el fondo de la miseria humana), reviviendo la herejía de la Apocatástasis (o Universalismo, que es su rediseño de marca), es herético.

Volviendo al Credo de los Apóstoles, nótese el uso del plural “infiernos”, que significa que el Infierno no es uno solo, sino que tiene regiones o partes:
  • El Limbo de los infantes (Limbum Infántium), donde van los que mueren antes del uso de razón sin haber sido bautizados. Allí no padecen pena de sentido (el fuego ni los tormentos), pero sí la pena de daño (privación de la Visión Beatífica de Dios), aunque como nunca llegaron a conocer a Dios, es como si no sintieran nada.
  • El Limbo de los Patriarcas (Limbum Patrum o Seno de Abrahán), donde estaban detenidos todos los justos que murieron antes de la Redención. Esta es la imagen evocada
  • El Purgatorio, donde las almas que murieron sin satisfacer enteramente la justicia divina expían sus culpas antes de ir al Cielo. Allí padecen la pena de sentido y la de daño, pero por las oraciones y sufragios de la Iglesia (especialmente el Santo Sacrificio de la Misa) pueden abreviar esas penas y salir libres.
  • El Infierno de los condenados, donde los réprobos junto con los demonios son castigados con la pena de daño y de sentido por toda la eternidad, sin posibilidad de redención.
El Limbo de los Patriarcas antes, y el Purgatorio después, corresponden al Seol/שְׁאוֹל‎ del hebreo bíblico (que en la Septuaginta fue traducido como Hades/ᾍδης), como quiera que, por una parte, las almas que descienden allí esperan salir de él y contemplar a Dios, y por otra, mantienen compasión por los vivos. Cosas las cuales son incompatibles con el Infierno de los condenados (correspondiente al hebreo Gehenna/גֵיהִינָּם y al griego Tártaro/Τάρταρος), donde no hay posibilidad de salir y no se tiene compasión por ninguno: solo odio.

La misericordia de Dios es grande, pero a esto debe concurrir la voluntad personal, pues como dice San Agustín: «El que te creó sin ti, no te salvará sin ti». Por otra, Nuestro Señor NO necesitó descender a los Infiernos para resucitar, sino que lo hizo en plena libertad y por puro efecto de su Caridad, y para darnos lección que si la caridad es necesaria con los vivos (por más pecadores que sean), con más razón lo es con los difuntos.

Volviendo a la pregunta que planteamos al título de este artículo, la respuesta es un . Prévost negó el Infierno al relativizarlo.

martes, 7 de enero de 2025

ISABEL DE INGLATERRA TUVO VISIONES DEL INFIERNO

  

En 1570 el Papa San Pío V excomulgó a la malvada “reina” protestante Isabel I de Inglaterra y la condenó como hereje. Muchos católicos fueron martirizados durante el malvado reinado de Isabel. Ella también tuvo visiones del Infierno justo antes de su muerte:
«La reina Isabel murió [en 1603] en su castillo en Richmond, aterrorizada, luchando con el sueño, sin palabras al final, con su dedo sobre la boca… Al almirante Lord [Guillermo] Howard… que trataba de persuadirla de ir a dormir, ella dijo: “Si tú estuvieses habituado a ver tales cosas en tu cama como yo en mi mente, no me persuadirías de ir allí… Estoy atada con una cadena de fuego alrededor de mi cuello”. Y a la señora [Filadelfia Carey] Scrope, su dama de honor, la dijo: “Una noche vi mi propio cuerpo, excesivamente delgado y temeroso, en una luz de fuego. ¿Tú ves visiones en la noche?”… De este modo [ella] se fue a la muerte y al Juicio con visiones del Infierno…» (WARREN H. CARROLL, The Cleaving Of Christendom, tomo IV, pág. 481).

lunes, 14 de octubre de 2024

MES DE LOS SANTOS ÁNGELES – DÍA DECIMOCUARTO

Dispuesto por el padre Alejo Romero, y publicado en Morelia en 1893, con licencia eclesiástica.
  
MES DE OCTUBRE, CONSAGRADO A LOS SANTOS ÁNGELES, EN QUE SE EXPONEN SUS EXCELENCIAS, PRERROGATIVAS Y OFICIOS, SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE LA SAGRADA ESCRITURA, LOS SANTOS PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA.
 
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Soberano Señor del mundo, ante quien doblan reverentes la rodilla todas las criaturas del cielo, de la tierra y del infierno; miradnos aquí postrados en vuestra divina presencia para rendiros los homenajes de amor, adoración y respeto que son debidos a vuestra excelsa majestad y elevada grandeza. Venimos a contemplar durante este mes las excelencias, prerrogativas y oficios con que habéis enriquecido en beneficio nuestro a esos espíritus sublimes que, como lámparas ardientes, están eternamente alrededor de vuestro trono, haciendo brillar vuestras divinas perfecciones. Oh Sol hermoso de las inteligencias, que llenáis de inmensos resplandores todo el empíreo, arrojad sobre nuestras almas un destello de esos fulgores, a fin de que, conociendo la malicia profunda del pecado, lo aborrezcamos con todas nuestras fuerzas, y se encienda en nuestros corazones la viva llama del amor divino, para que podamos camina por los senderos de la virtud, hasta llegar a la celestial Jerusalén, donde unamos nuestras alabanzas a las de los angélicos espíritus y bienaventurados, para glorificarlos por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA DECIMOCUARTO – PENA DE LOS DEMONIOS
   
MEDITACIÓN
PUNTO 1º. Considera alma mía, que los Ángeles malos no perdieron en su caída los dones puramente naturales con que fueron enriquecidos, y el conocimiento de su propia belleza intelectual es para ellos su mayor suplicio, pues que privados del conocimiento sobrenatural de Dios, se desesperan y rabian al verse despojado de esta felicidad. Criados para un Dios de bondad y para Él solo, sienten en el fondo de su naturaleza una viva y poderosa inclinación hacia Él, como el único centro de su felicidad, como el término y objeto final de todas sus facultades. Sienten y conocen que han sido criados para Dios, como el ave para volar, como el pez para el agua, como el ojo para la luz, como el corazón para el amor; pero al mismo tiempo su voluntad obstinada en el mal se vuelve henchida de cólera y orgullo contra su Criador, su principio y su fin, y al contemplar a sus hermanos los Ángeles buenos en posesión de una bienaventuranza infinita que jamás perderán, porque jamás podrán pecar, la envidia los despedaza y padecen amargamente. La voluntad del demonio no es como la del hombre mientras vive sobre la tierra: el hombre no se adhiere al mal inamoviblemente, porque después de la elección del pecado, puede arrepentirse y volver a la virtud; el Ángel malo, por el contrario, una vez que ha elegido el mal, permanece adherido a él fija, inamovible, inflexiblemente para siempre, he aquí per qué su infierno o su tormento es eterno.
   
PUNTO 2º. Considera que los demonios emplean todos sus dones naturales no sólo en su propio mal, sino también en el mal de los hombres, de cuya desgracia son los más eficaces cooperadores; las luces de su inteligencia se han convertido en astucia y artificios malignos, y podemos apostrofarlos con Bossuet diciéndoles: «Oh ministros injustos de la justicia de Dios, vosotros habéis sido los primeros en experimentarla: vosotros aumentáis vuestros tormentos, haciendo experimentar al hombre vuestros celosos rigores: vuestra tiranía hace vuestra gloria, y no sois capaces sino de este placer negro y maligno, si es que se le puede llamar así, que proporciona un orgullo ciego y una baja envidia. Vosotros sois aquellos espíritus privados de amor que no viven más que del veneno de los celos y del odio. ¿Y cómo se ha verificado en vosotros tamaña mudanza? Os habéis retirado de Dios y Él se ha retirado de vosotros: he aquí vuestro gran suplicio y su grande y admirable justicia. Gemís bajo los golpes incesantemente redoblados de su mano invencible e incansable: por sus órdenes soberanas la criatura corpórea que estaba a vosotros sometida, os domina y os castiga; el fuego os atormenta, su humo, por decirlo así, os ahoga; espesas tinieblas os tienen cautivos en aquellas prisiones eternas: malditos espíritus, aborrecidos del Dios odiado de vosotros, ¿cómo habéis caído tan bajo? Vosotros lo habéis querido, lo queréis aún, puesto que queréis siempre ser soberbios, y que por vuestro orgullo indómito vivís obstinados en vuestra desgracia. Hombres soberbios y rebeldes, tomad ejemplo del príncipe de la rebelión y del orgullo; y ved y considerad y entended lo que un solo sentimiento de orgullo ha hecho en él y en todos sus secuaces. Huyamos, huyamos, huyamos de nosotros mismos: volvamos a entrar en nuestra nada y entreguémonos a Dios, nuestro apoyo como nuestro amor».
    
JACULATORIA
Ángeles santos, alcanzadnos la gracia de tener el valor de sufrir todas las penas de esta vida, a fin de no sufrir la mayor y más terrible pena de vernos privados de la visión de Dios y de su amor.
   
PRÁCTICA
Sufrid con paciencia y resignación todos los trabajos con que el Señor quiere probaros, considerando que por vuestros pecados habéis merecido las penas del Infierno. Se rezan tres Padre Nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri, y se ofrecen con la siguiente:
   
ORACIÓN
Espíritus gloriosos, que vivís en medio de un torrente de delicias, sin que jamás el más leve de los males perturbe vuestro reposo y bienaventuranza, que no deseáis otra cosa de nosotros los mortales de este mundo, sino que participemos de vuestra inmortal ventura, rogad a vuestro supremo Señor, que, fortaleciendo nuestras almas, nos dé la conformidad en nuestras penas, a fin de que nos veamos libres de los tormentos eternos del Infierno. Amén.
 
EJEMPLO
Un religioso de la Compañía de Jesús, el P. Juan José Surin, célebre en el siglo decimoséptimo por sus virtudes, su ciencia y sus desgracias, experimentó durante cerca de veinte años las angustias de tan terrible estado (el de la condenación eterna) para arrancar á una pobre y santa religiosa de la posesión del demonio, que había resistido a tres meses largos de exorcismos, oraciones y austeridades; el caritativo Padre llevó su heroísmo hasta ofrecerse el mismo por víctima, si la divina Misericordia se dignaba al fin escuchar sus votos y librar a una infortunada criatura. Fue escuchado, y Nuestro Señor permitió, para la santificación de su servidor, que el demonio tomase posesión de su cuerpo y lo atormentase durante largos años. Nada más auténtico que los extraños y públicos hechos que marcaron esta posesión del pobre Padre Surin y que sería largo referir aquí. Después de su libertad, recopiló en un escrito, que nos ha sido conservado, lo que recordaba de aquel estado sobrenatural en que el demonio, apoderándose materialmente, por decirlo así, de sus facultades y sentidos, le hacía experimentar una parte de sus propias impresiones y de su desesperación de condenado. «Parecía, dice, que todo mi ser, que todas las potencias de mi alma y de mi cuerpo se dirigían con indecible vehemencia hacia el Señor mi Dios; que veía era mi suprema dicha, mi bien infinito, el objeto único de mi existencia; y al mismo tiempo sentía una fuerza irresistible que me apartaba de Él, que me retenía lejos de Él: de suerte que, criado para vivir, me veía, me sentía privado de Aquel que es la Vida; criado para la verdad y la luz me veía absolutamente repelido por la Luz y la Verdad; criado para amar, estaba sin amor, estaba rechazado por el Amor; criado para el bien, estaba sumergido en el abismo del mal». «No podría, añade, comparar las angustias y la desesperación de aquella inexplicable situación sino con el estado de una flecha vigorosamente lanzada hacia un objeto, del cual la repele incesantemente una fuerza invencible: irresistiblemente impelida hacia adelante, y siempre a invenciblemente rechazada hacia atrás». Y esto no es más que una pálida imagen de aquella espantosa realidad que se llama la condenación. (Mons. Luis de Ségur, El Infierno).
     
ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES PARA TODOS LOS DÍAS
Oh, María, la más pura de las vírgenes, que por vuestra grande humildad y heroicas virtudes, merecisteis ser la Madre del Redentor del mundo, y por esto mismo ser constituida Reina del universo y colocada en un majestuoso trono, desde donde tierna y compasiva miráis las desgracias de la humanidad, para remediarlas con solicitud maternal; compadeceos, augusta Madre, de nuestras grandes desventuras. El mundo no ha dejado en nosotros más que tristes decepciones y amargos desengaños; en vano hemos corrido en pos de la felicidad mentida que promete a sus adoradores, pues no hemos probado otra cosa que la hiel amarga del remordimiento, y nuestros ojos han derramado abundantes lágrimas que no han podido enjugar nuestros hermanos. Por todas partes nos persiguen legiones infernales incitándonos al mal, y no tenemos otro abrigo que refugiarnos bajo los pliegues de vuestro manto virginal, como los polluelos perseguidos por el milano no tienen otro asilo que agruparse bajo las alas del ave que les dio el ser. Por esto, desde el fondo de nuestras amarguras clamamos a Vos para que enviéis hasta nosotros y para nuestra defensa a los espíritus angélicos, de quienes sois la Reina y Soberana, a fin de que nos libren de sus astutas asechanzas y nos guíen por el recto camino de la felicidad. Amén.

viernes, 30 de agosto de 2024

LA IMPRUDENCIA LO CONDUJO A SU ESTADO FINAL


A las 12:00h (hora local) de hoy viernes 30 de Agosto de 2024, en el hospital San Ignacio (de la Pontificia Universidad Javeriana dirigida por los jesuitas) de Santa Fe de Bogotá (Colombia), el joven Javier Acosta Cortés, de 36 años, decidió poner fin a sus días con la eutanasia.
   
La situación de Acosta empezó con un acto de imprudencia, como quiera que (así lo relató él mismo en un vídeo) en 2015 sufrió un siniestro vial en una motocicleta mientras regresaba de presenciar un partido de fútbol del equipo Millonarios en la ciudad de Tuluá (Valle del Cauca), quedando en silla de ruedas; y en 2019, en un paseo que hizo con dos amigas y el hijo de una de ellas a una piscina en Melgar (Tolima), contrajo el hongo Cándida áuris que le provocó osteomielitis y posteriormente le fue detectada leucemia, y prefirió la eutanasia a someterse a una amputación.
    
Javier Acosta Cortés usurpó el lugar de Dios, el único que puede disponer de la vida y de la muerte, y por ello su alma fue a parar al Infierno por toda la eternidad. Y lo peor es que probablemente el capellán del hospital San Ignacio (de la Universidad Javeriana, por ende de los jesuitas) no le exhortó a ofrecer como expiación su enfermedad o le habló de las penas del Infierno a que se expuso por este acto de desesperación que cometió, como tampoco lo hará el presbítero modernista que le presidirá las exequias, ni disuadirá a los concurrentes de imitar el mal ejemplo que él dio en vida.
    
Unas palabras finales: Dos días antes de la eutanasia, Acosta tuvo una conversación con el futbolista Radamel Falcao García Zárate, quien le dijo: «Pediremos a Dios por ti». Cosa irónica y extraña porque (además de que en el Infierno no hay redención ni aprovechan oraciones), Falcao está afirmando implícitamente la existencia del Purgatorio (en el cual los protestantes –como él lo es, por su esposa Lorelei Tarón– no creen).

viernes, 22 de marzo de 2024

EL HORROR DEL INFIERNO: SAN FRANCISCO DE JERÓNIMO

En el año 1707, San Francisco de Jerónimo estaba predicando en la ciudad de Nápoles. Estaba hablando del Infierno y de los horribles castigos que le esperan a los pecadores obstinados.

Una cortesana descarada, que vivía allí, molesta por un discurso que la despertaba remordimiento, buscó ocultarlo con burlas y gritos, acompañados con instrumentos ruidosos. Mientras estaba de pie cerca a una ventana, el santo gritó: «Cuidado, hija mía, con resistir a la gracia: antes de ocho días, Dios te castigará».
   
La infeliz criatura se hizo más bulliciosa. Pasados ocho días, y acaeció que nuestro santo volvió a predicar frente a la misma casa. Esta vez ella estaba callada, y las ventanas estaban cerradas. Los oyentes, con rostro consternado, le dijeron al santo que Catalina (ese era el nombre de aquella mala mujer) había muerto súbitamente hacía pocas horas. 
    
«¡Murió!», repitió. «Bueno, que ella nos diga qué ganó en el Infierno por reírse. Preguntémosla».
   
Él pronunció estas palabras en un tono inspirado, y todos esperaron un milagro. Seguido de una inmensa multitud, se dirigió a la cámara mortuoria y allí, después de haber orado por un instante, él descubrió el rostro del cadáver, y dijo en alta voz: «Catalina, dinos dónde estás ahora».
    
A sus palabras, la muerta levantó su cabeza, mientras abriendo sus furiosos ojos, su cara tomó color, sus rasgos asumieron una expresión de horrible desesperación; y con doliente voz, ella pronunció estas palabras: «En el Infierno, estoy en el Infierno».
    
E inmediatamente, ella cayó nuevamente en la condición de cadáver.
    
«Estuve presente en ese evento», dijo uno de los testigos que declaró ante el Tribunal apostólico, «pero nunca pude ocultar la impresión que produjo en mí y los presentes, ni lo que todavía siento cada vez que paso por la casa y miro esa ventana. A la vista de esa malhadada morada, aún oigo resonar aquel lastimero grito: “En el Infierno, estoy en el Infierno”».

P. JULIEN BACH SJ. Histoire de Saint François de Geronimo de la Compagnie de Jésus, Missionnaire de Naples (Historia de San Francisco de Jerónimo de la Compañía de Jesús, Misionero de Nápoles). Metz (Rousseau-Pallez), París (Tolra & Haton), 1867.

jueves, 18 de enero de 2024

LA BONDAD DE DIOS EXIGE QUE EXISTA EL INFIERNO

Infierno (Hans Thoma, ilustración del “Festkalender”, Leipzig, c. 1910).

«2.ª Objeción: ¿Puede un Dios infinitamente bueno condenar al hombre a suplicios eternos?
Respuesta: Sí; porque si Dios es infinitamente bueno, es también infinitamente justo, y su justicia reclama un castigo infinito para un pecado de malicia infinita.
   
Pregunto a mi vez ¿Sería bueno un padre que no impidiera a uno de sus hijos el hacer hacer daño a los otros hermanos? – No, sería cruel e injusto. – ¿Sería bueno si perdonara a sus hijos malos que se atrevieran a ultrajar y a herir a sus hermanos? – No, sería acto de debilidad imperdonable. – ¿Qué remedio le queda a un buen padre de familia para impedir que los hijos malos se entreguen al crimen? – No le queda otro que el de encerrar a esos malos hijos en una cárcel y tenerlos allí hasta que se conviertan. – ¿Cuánto tiempo debe durar la separación de los malos de la compañía de los buenos? – Hasta que los malos se hayan corregido. – ¿Y si siguen siempre malos? – La separación debe ser para siempre… Ahora bien, los malos seguirán siempre malos, porque el tiempo del arrepentimiento ha pasado para ellos; maldicen a Dios y desean aniquilarle. ¿Cuándo, pues, habrán de salir de la cárcel? – ¡Jamás! – Sí, nunca, la bondad de Dios exige la eternidad del infierno. (Extraído del P. Nicolás Gridel).

Por otra parte, cuando el hombre ha cometido un pecado mortal, ¿no ha consentido libremente en el castigo eterno? ¿No ha consentido en él, en la hora de la muerte, al no querer arrepentirse de sus culpas?… Nada ha querido saber de Dios en la tierra; ¿no es justo que Dios nada quiera saber de él en la eternidad?…

Finalmente, el infierno eterno es el mayor beneficio de la bondad divina. A veces nos imaginamos que Dios ha creado el infierno para obligarnos a merecer el cielo. Dios, infinitamente bueno, quiere proporcionar al hombre la mayor felicidad posible por los medios más eficaces. La mayor, felicidad del hombre es el cielo libremente adquirido por sus méritos. Pues bien, el medio más eficaz de que Dios puede valerse para obligar al hombre a hacer un buen uso de su libertad es el temor de una infelicidad eterna. El temor del infierno puebla el cielo. “El infierno –decía Dante–, es la obra del eterno amor”».
   

domingo, 9 de enero de 2022

MES DE ENERO DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS (DÍA NOVENO)

Ejercicio dispuesto a partir de los Pensamientos o Reflexiones Cristianas para todos los días del año, por el Padre Francisco Nepveu SJ, tomo I, Barcelona, imprenta de doña Teresa Pou vda. de Piferrer, año 1755. Las oraciones provienen del Manual Dominico publicado en Dublín por Browne & Nolan Publishers en 1913.
   
MES DEDICADO AL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
«Dios le ensalzó sobre todas las cosas, y le dio nombre superior a todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno». (Filipenses II, 10-11).
   
¡Oh Dulce Jesús!, concededme una viva devoción a vuestro Sagrado Nombre; enseñadme Vos a entender su significado y a realizar su eficacia; a gustar de su dulzura y a confiar en su poder; enseñadme a invocarlo dignamente en todas mis dificultades y aflicciones. Que este sea el último sonido de mis labios moribundos mientras voy a encontrarme con Vos en el Juicio. ¡Oh amadísimo Señor, sed para mí entonces un misericordioso Salvador y no un Juez furioso!
   
DÍA NOVENO
MEDITACIÓN: DEL INFIERNO, Y LAS PENAS DE LA ETERNIDAD.
PRIMER PUNTO.
Los mayores males cuando pasan presto, se deben juzgar pequeños; y los pequeños, si duran mucho, son grandes; pero si son eternos, son sumos. ¿Qué serán, pues, unos males, que son todos los males sin remisión, y sumamente crueles por sí mismos, a que se añade el ser eternos? Aumenta en tu consideración los castigos de los condenados todo lo que se pueda imaginar. Señálales el término de su duración tan lejos como tu pensamiento le puede concebir, y que entonces se hayan de acabar; el Infierno no fuera Infierno, y estos infelices no lo fueran más, porque tendrían alguna esperanza. Quítales al contrario una grande parte de las penas que padecen, alíviales una gran parte de sus dolores; pero si les dejas, el que lo que les quedare ha de ser eterno, el Infierno siempre será Infierno: y no obstante disminución de las penas, serán condenados e infinitamente infelices, porque lo serán eternamente.
   
SEGUNDO PUNTO. La eternidad entra en todas las penas de los condenados: esta es la que las hace Infierno. Si pudiesen pensar que su mal no había de ser eterno, o a lo menos, si pudiesen interrumpir la eternidad por un solo momento, ese momento no serían condenados. La eternidad para los condenados es como un globo inmenso cuyo peso les ahoga, porque el globo puesto sobre otra cosa, aunque no la toca más que en un punto, la carga de todo su peso. Los condenados, dice Tertuliano, cada momento sufren el peso de la eternidad toda entera (Pondus æternitátis sústinent): sus entendimientos parece se juntan con la Justicia de Dios para atormentarles, representándoles cada instante todos los males futuros, haciéndoselos de alguna manera presentes, y viendo toda la eternidad en un punto para atormentarlos. Sufren cada instante todo lo que temen, temen todo lo que preveen, y preveen todos los males que han de sufrir toda la eternidad. Temámoslos ahora, pues este santo temor nos los puede hacer evitar; y para evitarlos, el mejor medio es pensar en ellos. ¿No mereces hallarte en este estado si omites un medio tan seguro y capaz de librarte?
   
TERCER PUNTO. ¡Siempre! ¡Jamás! ¡Qué terribles voces, cuando se habla del Infierno! ¡No tener jamás ningún bien de los que se deben desear! ¡Tener siempre, y juntos todos los males que se deben temer! ¡Siempre padecer! ¡Siempre con desesperación! ¡Jamás poder esperar! Esto es a lo que un condenado se halla reducido, esto es lo que encierra la eternidad de un Infierno. Después de tantos millones de siglos, como hay granos de arena en el mar, gotas de agua en el Océano y átomos en el aire, un condenado se hallará tan al principio como en el día que entró, todavía no hace más que empezar. Después de haber echado más lagrimas, que fueran menester para la formacion de un Oceéno muchísimo más grande que el que conocemos, toda esta agua no bastaría para disminuírle un poco el ardor del fuego que padece. ¡Ay, que una sola lágrima echada de un verdadero arrepentimiento le puede apagar ahora para nosotros! ¡Oh eternidad, eternidad de un Infierno, que los hombres te creen poco y que te conciben menos! Y esta es la razón porque te temen poco, y esta es la razón porque aplican pocos medios para evitarte. No esperemos a creer y temer esta eternidad cuando la experimentemos, y nos atormente sin poderla remediar.
  
FRUTO. Toma la resolución de que no pase día sin pensar en la eternidad, y cuando te sintieres con alguna tentación, de cualquiera género que fuere, di: «No merece un gusto, que se ha de acabar, que yo me exponga por él, a arder por una eternidad».
 
«Cogitávi dies antíquos, et annos ætérnos in mente hábui» [Yo he pensado los días pasados, y he meditado continuamente los años eternos] (Salmo LXXVI, 6).
  
«Hic ure, hic seca, hic non parcas, ut in ætérnum parcas» [Quema, Señor, corta, y no tengas piedad de en esta vida , con tal que te apiades de en la otra] (San Agustín).
  
ORACIÓN A JESÚS PARA TODOS LOS DÍAS
Oh compasivísimo Jesús, lleno de piedad y misericordia, que no despreciáis los suspiros del malvado; ¡ay!, toda mi vida ha perecido y pasado sin fruto, ni he hecho nada bueno ante vuestra presencia. A Vos, pues, me dirijo, implorando vuestra clemencia. Hablad por mí, satifaced por mí. Lavad toda la inmundicia de mis pecaminosos ojos con las puras lágrimas de vuestros gloriosísimos ojos. Por la dulce compasión de vuestros benditos ojos, removed la iniquidad de mis pecaminosos oídos. Por la pura intención de vuestros santísimos pensamientos, y por el ferviente amor de vuestro traspasado Corazón, lavad toda la culpa de mis malos pensamientos y de mi malvado corazón. Por el conmovedor poder de las palabras de vuestra benditísima boca, borrad todas las ofensas de mi boca corrompida. Por la perfección de vuestras acciones y la crucifixión de vuestras manos, lavad todas las ofensas de mis manos impías. Por el doloroso cansancio de vuestros benditos pies, y por la cruel perforación con los clavos, lavad todas las inmundicias de mis pies pecaminosos. Por la majestuosa inocencia de vuestra vida, y por vuestra incontaminada santidad, lavad todas la asquerosidad de mi vida corrupta. Finalmente, lavad, borrad y extinguid todos los pecados de mi corazón y de mi alma en las abundantes corrientes de vuestra preciosísima Sangre, para que así, por vuestros santísimos méritos, pueda ser debidamente limpio, y en adelante guarde sin mancha todos vuestros mandamientos. Amén.
  
Di en reparación por las blasfemias proferidas contra los Santos Nombres de JESÚS y MARÍA:
¡Bendito sea Dios!
¡Bendito sea su Santísimo Nombre!
¡Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre!
¡Bendito sea el Nombre de Jesús!
¡Bendito sea su sacratísimo Corazón!
¡Bendita sea su preciosísima Sangre!
¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar!
¡Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito!
¡Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima!
¡Bendita sea su santa e inmaculada Concepción!
¡Bendita sea su gloriosa Asunción!
¡Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre!
¡Bendito sea su Inmaculado Corazón!
¡Bendito sea San José, su castísimo Esposo!
¡Bendito sea Dios en sus Ángeles y Santos! Amén.
   
JACULATORIAS:
  • ¡JESÚS mío, misericordia! (100 días de Indulgencia cada vez).
  • JESÚS, DIOS mío, Te amo sobre todas las cosas (50 días de Indulgencia).
  • JESÚS, Hijo de David, ten misericordia de mí (100 días de Indulgencia, una vez al día).
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 14 de julio de 2021

MUSSOLINI EN EL PURGATORIO ANTES DE IR AL CIELO

Fragmento tomado de MYSTICS OF THE CHURCH, vía GLORIA TV. Traducción por un lector.
   
    
Edvige (Eduviges) Carboni Pinna (1880-1952) era una laica mística y estigmatizada que tuvo visiones de personas que habían ido al Infierno, de almas que estaban en el Purgatorio y solicitaban su ayuda; y de almas que entraban en el Cielo.

Vitalia, una amiga de ella, afirma: “Había un joven que vivía en el edificio de Edvige. Nunca escuchó su apelo de arrepentirse. No era creyente, y murió repentinamente de una descarga eléctrica en su lugar de trabajo. Tuvieron tiempo de llevarlo al hospital, pero cuando estuvo allí rechazó al sacerdote y los sacramentos.
    
Un día Edvige lo vio rodeado de llamas, condenado. La maldecía y le reprochaba no haber rezado más por él. Jesús consoló a Edvige, diciéndole que se había apiadado de este hombre enviándole un sacerdote, pero que él lo había rechazado”.

Hubo otro caso de un hombre que llevaba una vida honesta pero que nunca recibía los sacramentos. Jesús le dijo a Edvige que le escribiera a este hombre y le dijera que si no cambiaba su forma de vida, sería castigado. El hombre no quiso arrepentirse y más tarde, Jesús le hizo saber a Edvige que él también había sido condenado.
   
Jesús también le hizo saber a Edvige de un dentista en Cerdeña que había sido condenado:
“Hija mía, ese dentista que murió hace unos meses no quiso reconocerme como su padre, y yo no lo reconocí como hijo”.
    
Un caso muy conocido fue el de un sacerdote que durante la Segunda Guerra Mundial daba conferencias negando la presencia real de Jesús en la Sagrada Eucaristía en una Universidad de Roma. Tras su muerte, se le apareció a Edvige que solía rezar por él.
    
Le dijo que había sido condenado por los libros que había escrito contra la fe y por el escándalo que había provocado. Para demostrarle a Edvige que no eran imaginaciones suyas, el sacerdote cogió un libro en su habitación y al tocarlo se quemó por completo.
    
Respecto al purgatorio, Edvige escribió en su diario en octubre de 1943: “Alguien apareció y tocó mi muñeca y me quemó. No lo conocía. Iba vestido de oficial. Él me dijo: ‘He muerto durante la guerra. Me gustaría que Mons. (Alfredo) Vitali celebrara algunas misas. Tu hermana y tú haréis la santa comunión por mí’

Después de haber celebrado las Misas y las Comuniones ofrecidas por sus intenciones, él se le apareció nuevamente rodeado de luz y dijo: ‘Voy al Paraíso donde rezaré por vosotros, especialmente por monseñor Vitali. Soy ruso y me llamo Paolo Vischin. Mi madre me había educado en la santa religión; después, al crecer, me dejé llevar por la vida rusa, mala. En el momento de mi muerte me arrepentí, y recordé las bellas palabras que desde niño me decía mi madre. El buen Jesús me ha perdonado’”.

Edvige escribió en su diario: “Mientras rezaba delante del Crucifijo, se me apareció de repente una persona toda en llamas, y oí una voz que decía:
‘Yo soy Benito Mussolini. El Señor me ha permitido venir a ti a fin de obtener algún alivio a mis sufrimientos en el Purgatorio. Te suplico como acto de caridad ofrecer por mí todas tus oraciones, sufrimientos y humillaciones por dos años, si tu director lo permite. La misericordia de Dios es infinita, pero otro tanto lo es Su justicia. Uno no puede entrar al Cielo hasta pagar el último céntimo de la deuda contraída con la Justicia Divina. El Purgatorio es terrible para mí porque esperé hasta el último momento para escuchar la voz de Dios que me llamaba a penitencia’.
Un día de primavera en 1951, Jesús me dijo después de la Sagrada Comunión: ‘Esta mañana, el alma de Benito Mussolini ha entrado al Cielo’”.

Mussolini murió el 28 de Abril de 1945.
   

sábado, 3 de octubre de 2020

EL PELIGRO DE CALLAR LOS PECADOS MORTALES EN LA CONFESIÓN

En la provincia de Güeldres hubo una mujer que por espacio de once años calló en la confesión un pecado de deshonestidad que había cometido. Pasando por el pueblo en que vivía esta mujer, dos religiosos de la Orden de nuestro Padre Santo Domingo, uno Sacerdote y otro lego, se acercó al primero, creyendo ocasión oportuna de confesar a aquel desconocido el pecado que tantas veces había callado, y le pidió que la oyese de confesión. Accedió gustoso el religioso y mientras la confesaba, el compañero permaneció en oración en la misma iglesia, y luego observó que mientras aquella mujer se confesaba salían de ella muchas y asquerosas culebras, y que una más disforme y asquerosa que las demás, asomaba de cuando en cuando la cabeza para salir, más luego volvía a recogerse, y que cuando se hubo recogido del todo al terminar la confesión, todas las demás que habían salido volvieron a entrar en aquella mujer. Acabada la confesión, los dos religiosos siguieron su camino, y andadas algunas millas, el religioso lego refirió al otro la visión que había tenido en la iglesia. Este sospechó al momento lo que aquella visión significaba, y determinó volver atrás con el objeto de decir a aquella mujer que volviese al confesonario, más al llegar al pueblo luego les dieron la infausta noticia de que aquella mujer muriera de repente al entrar en su habitación. Consternados los religiosos al oírlo, determinaron pasar tres días en ayuno y oración, pidiendo a Dios que se dignase manifestarles el estado de aquella alma en el otro mundo. En la noche del tercer día se les apareció aquella infeliz mujer rodeada de abrasadoras llamas, y arrastrada por un demonio en figura de horrible dragón; alrededor del cuello tenía enroscadas dos serpientes que la oprimían la garganta y le mordían cruelmente los pechos; en la cabeza una víbora horrible que la punzaba sin cesar; en los ojos dos sabandijas asquerosísimas que la roían sin descanso; en los oídos saetas encendidas que la penetraban hasta el cerebro; de su boca salían llamas de fuego, y dos monstruosos perros la atenazaban y mordían continuamente las manos y los pies, atados con cadenas de fierro candente; y dando un espantoso grito, dijo: «¡Ay de mí! ¡Yo soy la misma desventurada mujer que habéis confesado hace tres días! Aquellas asquerosas culebras que salían de mí, eran los pecados que iba confesando, y aquella otra más disforme era figura de un pecado deshonesto que siempre he callado por vergüenza en las confesiones. Al ver en vos un confesor desconocido intenté confesarlo, pero el demonio me sugirió tal vergüenza que volví a callarlo como siempre. Por eso ha visto vuestro compañero que al terminar la confesión se recogió definitivamente, y con él volvieron a mi todos los demás que había confesado. ¡Ay! ¡Y cuánto me atormentan ahora, y cuán fácilmente pude confesarlos todos y salvarme! Pero cansado Dios de sufrirme tantos pecados y sacrilegios, me mandó una muerte repentina, y me arrojó a los infiernos, en donde soy atormentada horrorosamente por los demonios en figura de horribles animales.
    
Esta víbora que traigo en la cabeza es un demonio que me atormenta espantosamente por mi orgullo y soberbia, y por la vanidad y esmerado cuidado en adornarme para servir de lazo a las almas de los jóvenes incautos y lascivos; las sabandijas que me roen los ojos son otros dos demonios que me atormentan sin cesar por mis miradas impuras y libidinosas; estas saetas encendidas me traspasan los oídos, por haber puesto atención y escuchado con gusto murmuraciones, palabras torpes y canciones deshonestas; estas serpientes que traigo enroscadas al cuello son también otros dos demonios que me ahogan la garganta y me muerden los pechos, por haberlos llevado siempre con poco recato, y a veces de un modo provocativo, por los abrazos deshonestos que he admitido, y por las alhajas y preseas con que excesivamente me he adornado; estos perros rabiosos me atenazan las manos y los pies por mis malas acciones y tocamientos impuros, por mis bailes y paseos a los sitios en que se ofendía a Dios; pero lo que más me atormenta sobre todo esto, es este formidable dragón que me arrastra. Éste me roe y despedaza las entrañas, me punza el corazón, me aprieta y atormenta en todos los miembros que han servido a la iniquidad, me recuerda todos mis pecados, y por cada especie de ellos me da un tormento particular insufrible.
   
¡Desgraciada de mí! ¡Ya no tengo remedio! ¡Para mí se acabó ya el tiempo de la misericordia! ¡Ay! ¡Y cuán fácilmente pude salvarme! ¡Oh maldita vergüenza que me has abandonado para pecar, y me has atado para confesarme!». Dicho esto dió un grito espantoso, abrióse la tierra, y el horrible dragón la arrastró consigo a los infiernos, en donde sus tormentos jamás tendrán fin.
   
¿Y qué ha de ser de ti, oh cristiano que esto lees, si por tu desgracia has callado algunos pecados en la confesión, y no té resuelves a confesarlos cuanto antes? ¿Qué ha de ser de ti si al momento no reparas por medio de una confesión general, tantos pecados, tantos sacrilegios como has cometido? ¿No temes que te suceda lo que a aquella desventurada mujer? Ella había callado un solo pecado mortal, y por más que confesó los demás, ninguno le fue perdonado, y por todos es y será eternamente atormentada en los infiernos. Otro tanto te sucederá a ti seguramente si la muerte te sorprende en ese mal estado. ¡No lo permita Dios!
   
P. Fray ANDRÉS MARÍA SOLLA GARCÍA OP, S. Th. D., Misionero Apostólico. “El gran lazo del Infierno preparado para las confesiones sacrílegas, y aviso a los cristianos para que se precaven de caer en él”. Santiago de Compostela, Estab. Tip. de Souto e Hijo, 1865.

domingo, 12 de julio de 2020

VISIONES DE LA BEATA ANA MARÍA TAIGI CONTRA LOS CATÓLICOS FINGIDAMENTE OBSERVANTES

La beata Ana María Taigi frecuentaba muchas iglesias, pero su vida era la de una ama de casa viviendo en un ambiente popular.
   
Dios le mostraba ejemplos de las oraciones que oía, y de las costumbres de todas las clases sociales, para hacerle entender lo que veía.
   
Dios le insistía a ella que la promoción de una piedad blanda y azucarada que progresaba sin cesar en aquellos días preparaba la perdición de innumerables almas.
   
En el 10 de septiembre de 1820:
«Este es el tiempo en que los falsos filósofos se ostentan. Entre ellos hablan perlas, mas no causan impresión alguna en los pueblos porque no quieren creer en la verdad. (…) son falsos filósofos, llenos de soberbia y orgullo. De esos el mundo está lleno.
 
Y para estos hay un infierno especial. Si alguien profesa la verdad, es ofuscado por estos [falsos filósofos] y el pueblo queda perplejo, porque la miserable humanidad prefiere lo dulce antes que lo amargo» (Visiones de la Beata Ana María Taigi. Mons. Raffaele Natali, compilador. Vol. VI, pág. 85. Todas las citas provienen de tal compilación).

«Así dirás a tu confidente que diga a esta gente, que llueve almas en el infierno como la nieve. ¿Y (las almas) de quién? De bautizados.
 
Son cristianos de nombre, son animales de hecho, viven como animales. Antes bien, peor que los animales. ¿Cómo (pueden) salvarse llenos de odio, llenos de pecados? Después se dirá que son cristianos, pero…» (Vol. IX, pág. 85).
  
En el tercer domingo después de Pascua de 1817, en la iglesia del Santísimo Crucifijo de Campo Vaccino, San Pietro in Carcere, oyó:
«No te espante el hedor continuo que sientes bajo tus narices, porque es el mal olor de la corrupción del mundo presente. (…) Tú lo sabes porque Yo te dije muchas veces y vuelvo a repetirlo: “llueve almas en el infierno como nieve, y aún no acaba”» (Vol. III, págs. 43-44).

En 1828:
«El respeto humano lleva al infierno muchos confesores con todos sus penitentes. Para no dar un remedio amargo o el más mínimo disgusto, mueren tantas almas y van para la casa del diablo.
   
(…) ¿De quién es la culpa? (…) ¿Sabes de quién es? (…) Cuando ellos estén delante de mi Tribunal, ¿qué será de ellos? (…) Por esta razón, llueve almas en el infierno como la nieve. (…) ¿Ves cuántas ruinas hay en el mundo? Esta es la causa» (Vol. VII, pág. 433-437).

El 6 de noviembre de 1819:
«Mira los tormentos espantosos de los eclesiásticos torturados por los demonios. (…) ¿Por qué se consagraron a Dios cuando no buscaban sino la ambición, el orgullo y la vanidad?
   
Las puertas [del infierno] están abiertas. Lucifer se regocija y sus compañeiros festejan… Deja, deja, que estas puertas Yo las cerraré, la vorágine quedará llena y pocos quedarán» (Vol IV, págs. 555-557).

Después del 14 de abril de 1830:
«La paz sea con vosotros, mis hijos. Por toda parte debéis decir que no son ni hay paz, sino que los diablos danzan día y noche, y tejen grandes tramas, apañan en sus redes muchos peces, corderos y ovejas y las llevan a la perdición en grandes cantidades, ellos se abrevarán con la hiel y con la sangre humana. (…)
 
Yo te hablé para no seguir los santos modernos, sino aferrarte a los antiguos, porque los santos modernos, siendo todos o casi todos falsos, te habrían estragado» (Vol. VIII, págs. 519-521).
   
En 1832:
«Son lobos rapaces, lobos que devorarán muchas ovejas succionándoles la sangre una por una. ¡Si supiesen lo que está preparado para ellos irremediablemente!
   
Es más fácil que Yo oiga el clamor de un hereje que el de uno de esos lobos, tantas veces lobos como son las ovejas que esos lobos malditos devorarán» (Vol. IX, págs. 97-100).

domingo, 5 de julio de 2020

MES DE JULIO EN HONOR A SAN IGNACIO DE LOYOLA - DÍA QUINTO

Dispuesto en Italiano por el Padre Domingo Estanislao Alberti SJ, y publicado en Palermo en 1726, y traducido al Español por otro sacerdote jesuita en Madrid, con aprobación eclesiástica.
   
MES DE JULIO CONSAGRADO A LAS GLORIAS DE SAN IGNACIO DE LOYOLA, FUNDADOR DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS
   
 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
℣. Dios mio, en mi favor benigno atiende.
℟. Señor, a mi socorro presto atiende.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, y ahora y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén.
       
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Padre, Criador y Redentor mío, en quien creo, en quien espero, a quien amo y estimo más que a mi vida, más que a mi alma, más que a todas las cosas, me pesa, Dios mío, de haber pecado; pésame, Padre mío amorosísimo, de haberos agraviado; pésame de todo mi corazón de haberos ofendido, por ser vos quien sois bondad suma, inmensa, infinita. Digo una y mil veces, Dios mío y Padre mío, me pesa de haberme apartado de Vos por mis iniquidades: ayudado de vuestra gracia, propongo firmemente enmendarme, confesarme, y primero morir que volver a pecar. Dadme, Dios mío, un corazón contrito y humillado; dadme gracia para cumplir mis propósitos; haced por vuestra bondad que en mi corazón arda siempre la llama de vuestro divino amor, y que en todo busque vuestra mayor gloria, a imitación del inflamado y celosísimo San Ignacio de Loyola, a cuyo honor, para gloria vuestra, consagro este mes; cuyas virtudes deseo imitar en la tierra, para ser después su compañero en el Cielo. Amén.
     
DÍA QUINTO – PENSAMIENTO DEL INFIERNO
Santísimo Patriarca San Ignacio: Yo me hallo tan cargado de las pesadas deudas de mis pecados, que temo mucho haber finalmente de ir a pagarlas en el infierno. Me horrorizo solo de pensarlo, pero llanamente confieso que lo tengo merecido. Bien sabia yo, que con un pecado mortal que cometiera, me ganaba a muy vil precio el infierno, en donde debería ya estar abrumado de tormentos: y con todo no he tenido reparo de añadir al primero otros y otros pecados. Y lo que más debe confundirme es que la misericordia divina me espera a penitencia y desea me resuelva a padecer cualquier trabajo que me enviare por este fin: y siendo así que yo debiera ya padecer justamente horribles penas en el infierno por toda la eternidad, no quiero sufrir ahora con paciencia en esta vida, las enfermedades, las desgracias y contradicciones, que por disposición de Dios me suceden. ¡Ah loco de mí! ¡Cuántas otras cosas muy pesadas he sufrido hasta ahora por un amigo, por un antojo y por librarme de un mal temporal que dura poco! Y tras esto no puedo, mejor diré, no quiero padecer algo por mi alma, por dar gusto a Dios, por librarme de un mal, que es el agregado de todos los males y que jamás se ha de acabar. Vos, Santo mío amantísimo, decíais de Vos mismo, que, si Dios sin culpa vuestra os hubiese echado al infierno, no hubierais en el tenido pena más atroz, que la de oír blasfemar su santo Nombre: en Vos fuera así, porque todo erais fuego de amor de Dios, el cual no pudiera apagar todo el fuego del infierno. Ea, pues, enviadme una centella de ese vuestro fuego, para que abrase y consuma todos mis enormes pecados, que son la leña con que habría de arder en el infierno, si desde luego no trato de abrasarlos y consumirlos con el fuego de la contrición y amor de Dios.
    
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
 
SENTENCIAS DE SAN IGNACIO
  1. Cualquiera grave tentación, especialmente la de soberbia, fácilmente se venciera si otro, o nosotros mismos nos dijésemos: ¡Oh miserable! ¡Oh pecador infeliz, acuérdate de tus maldades, y de las ofensas que has hecho a Dios, con que provocaste su indignación, y mereciste el Infierno!
  2. De pensar en el Infierno se saca este provecho: que si alguna vez nos olvidáremos del amor de Dios, nos apartará de la culpa siquiera el temor de la pena.
  3. Se deben dar frecuentes gracias al Señor, por no haber permitido que cayésemos en el Infierno con muchos otros que están allí: sino que hasta el día de hoy ha tenido suma piedad y misericordia de nosotros.
JACULATORIA: Si el Señor no me ayudara, ya casi estuvo para caer en el Infierno mi alma. (Salmo 93).

HIMNO (Compuesto por el padre Pedro Labbé SJ)
 
Hunc mater in præsépio
Parit futúri néscia.
Jam Jesuíta náscitur,
Christi futúrus assécla.
  
Ad sacri áquas baptismátis
Infans vocat se Ignátium.
Sic Pentecósten nómine
Porténdit orbi flámmeam.
  
In arce Pompejópolis
Gravi ruína stérnitur.
Númquam cucúrrit réctius,
Quam dum labórat tíbia.
  
Morbus fit illi sánitas;
Dum facta Sanctórum legit,
Fit ipse Sanctus, et facit
Piis legénda postéris.
  
Appáret ægróto Petrus,
Virgo salúti víndicat.
Miles futúrus Fílii,
Prius Maríæ mílitat.
   
In æde sacra Vírginis
Appéndit arma mílitis:
Vili lacérna clárior,
Qum dum rubet sub púrpura.
   
Ut impúdici témperet
Flammas, áquis immérgitur.
Non ante visus frígidis
Amor feríre spículis.
  
In monte pergit Martýrum,
Mólitur illic Órdinem.
Quális, putas, erit domus
Nascens in alto cúlmine?
  
Bis quínque Jesus mílites
Suo corónat nómine:
Sed, quánta sint olim, docet,
Ferénda sub hoc ómine.

Ignátius sodálibus
Orbis labóres divídit:
Et primus in labóribus
Omnes labóres súscipit.
      
Famem, caténas, vérbera,
Amóre Christi pértulit:
Sed pœna major ómnibus,
Non posse plura pérpeti.
   
His vixit in labóribus,
Cœli sed inter gáudia:
Nunc déspicit, quæ sǽpius
Suspéxit olim sídera.
  
Tibi, Pater, sit glória,
Tibíque Patris Únice,
Tibíque Sancte Spíritus
In sæculórum sǽcula. Amen.
   
TÍTULOS GLORIOSOS DADOS A SAN IGNACIO DE LOYOLA
San Ignacio, Fundador de la Compañía de Jesús. Rogad por nosotros.
Que en escrivir las Constituciones de la Compañía y los Ejercicios, fuisteis admirablemente instruido por la Santísima Virgen. Rogad por nosotros.
Varón cuya dignidad nunca se alaba bastantemente. Rogad por nosotros.
Padre de Maestros Espirituales. Rogad por nosotros.
Nuevo espejo de santidad y prudencia. Rogad por nosotros.
Cabeza de nuevos Apóstoles. Rogad por nosotros.
Acérrimo enemigo de los Herejes. Rogad por nosotros.
Capitán esforzado y contrapuesto a Lutero. Rogad por nosotros.
Vaso de elección para la conversión del mundo. Rogad por nosotros.
Grande apoyo y lumbrera de la Iglesia. Rogad por nosotros.
Espíritu de salud para la Santa Sede Apostólica Romana. Rogad por nosotros.
Sucesor de Pablo Apóstol. Rogad por nosotros.
Segundo Piloto, después de los Apóstoles, de la Armada de la Iglesia. Rogad por nosotros.
Gigante de Apostólica santidad. Rogad por nosotros.
Maestro y Capitán de la Fe, y en el ocio Mártir. Rogad por nosotros.
Séptimo Ángel del Apocalipsis, cubierto con la nube de la Divina protección. Rogad por nosotros.
Igual a los Santísimos Patriarcas de todos los siglos antecedentes. Rogad por nosotros.
Que fuisteis en la penitencia otro Bautista, en la obediencia otro Abrahán. Rogad por nosotros.
Templo de la paz. Rogad por nosotros.
Alma del mundo. Rogad por nosotros.
Sol que disipa todas las tinieblas de los errores. Rogad por nosotros.
Defensor del Imperio Cristiano. Rogad por nosotros.
Atlante que sostiene al mundo con los hombros de la doctrina y de la piedad. Rogad por nosotros.
Tesoro común del mundo. Rogad por nosotros.
Mongivelo del amor divino. Rogad por nosotros.
Varón lleno del Espíritu Santo, y conspicuo en el Dpn de Sabiduría. Rogad por nosotros.
Que por los mismos infernales enemigos fuisteis llamado su mayor enemigo. Rogad por nosotros.
Que fuisteis el tercer sutentador del mundo, después de Santo Domingo y San Francisco. Rogad por nosotros.
Que con el libro de los Ejercicios no cesáis de producir en el mundo frutos copiosísimos. Rogad por nosotros.
Que tuvisteis un ánimo mayor que el mundo. Rogad por nosotros.
Que enseñateis a San Felipe Neri, según él mismo lo confesó, el arte de tener oración. Rogad por nosotros.
Que por la Santísima Virgen fuisteis dado por Maestro de humildad a Santa María Magdalena de Pazzi. Rogad por nosotros.
Que tuvisteis siempre en la boca, y siempre en todo buscateis la mayor gloria de Dios. Rogad por nosotros.
Cuya grande alabanza es haber tenido por hijo al Padre del nuevo Mundo San Francisco Javier. Rogad por nosotros.
Cuyo grandísimo ornamento es haber sido visto en el Cielo semejantísimo al Discípulo amado de Crito San Juan Evangelista. Rogad por nosotros.
  
Antífona: Dios te salve Padre amantísimo, nuevo espejo de prudencia, del mundo apoyo y Maestro, luz hermosa de la Iglesia, Dios te salve. A ti clamamos los desterrados hijos tuyos: a ti enderezamos nuetros suspiros: a ti pedimos socorro si el mundo, que un tiempo te persiguió, nos persigue a nosotros también. Ea, pues, Patrono, y Abogado nuestro, vuelve a nosotros, que somos tus hijos, esos tus ojos misericordiosos, llenos de amor y ternura paternal. Y en tantos afanes, vuélvenos clemente y propicio al bendito JESÚS, cuya Compañía, debajo del magisterio de su Santa Madre, instituiste. A ti ofrezcan nuetros deseos y ruegos los dos Franciscos Javier y Borja, Luis Gonzaga y Estanislao Kotska, y Juan Francisco Regis, con los tres Mártires del Japón, que contigo triunfan en el Cielo, como gloriosos Hijos dignísimos de tal Padre. Haz, pues, que Jesús nos oiga, oh Ignacio, verdaderamente Padre, verdaderamente piadoso, verdaderamente dulce hijo de María. Ruega por nosotros, Santo Padre Ignacio, para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo. Amén.
    
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS (Compuesta por San Ignacio de Loyola).
Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; vos me lo disteis, a vos, Señor, lo vuelvo, todo es vuestro, disponed según vuestra santa voluntad: dadme vuestro amor y gracia, que esto me basta. ¡Oh mi Dios, amor de mi corazón, si todos los hombres os conociesen! ¿Qué quiero yo, Señor, fuera de Vos, o qué puedo querer? Concededme, Señor, que os ame, del cual amor no quiero más premio que amaros más.
   
ORACIÓN (copiada de una carta de San Francisco Javier a San Ignacio)
¡Oh Padre de mi alma, y digno de mi mayor veneración! Puestas las rodillas en tierra, como si te mirara presente, te suplico humildemente, que no ceses de rogar por mí a Dios, para que mientras me dure la vida, me dé la gracia de conocer y hacer enteramente su santísima voluntad.
   
℣. Ruega por nosotros, Santo Patriarca Ignacio.
℟. Para que seamos dignos hijos tuyos.
  
ORACIÓN
¡Oh Dios, que para propagar la mayor gloria de tu Santo nombre, fortaleciste a la Iglesia Militante por medio de San Ignacio, con un nuevo subsidio! Concédenos que por su auxilio e imitación, peleando en la tierra, merezcamos con él ser coronados en los Cielos. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo en unidad del Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

martes, 21 de abril de 2020

PREOCUPADOS POR LA VIDA PRESENTE, SE HAN OLVIDADO DE LA ETERNA

Reflexión enviada por un lector.
 
 
Extracto no escrito del libro “Cartas del diablo a su sobrino”:

«- ¿Y cómo lograste llevar tantas almas al infierno en aquella época?
- Por el miedo.
- Ah, sí. Excelente estrategia; vieja y siempre actual. ¿Pero de qué tenían miedo? ¿Miedo a ser torturados? ¿Miedo a la guerra? ¿Al hambre?
- No. Miedo a enfermarse.
- ¿Pero entonces nadie más se enfermaba en esa época?
- Sí, se enfermaban.
- ¿Nadie más moría?
- Sí, morían.
- Pero, ¿no había cura para la enfermedad?
- Había.
- Entonces no entiendo.
- Como nadie más creía o enseñaba sobre la vida eterna y la muerte eterna, pensaban que solo tenían esa vida, y se aferraron a ella con todas sus fuerzas, incluso si les costaba su afecto (no se abrazaban ni saludaban, ¡no tenían ningún contacto humano durante días y días!); su dinero (perdieron sus trabajos, gastaron todos sus ahorros, ¡Y aún se creían afortunados siendo impedidos de ganarse el pan!; su inteligencia (un día, la prensa decía una cosa y al día siguiente, se contradecía, ¡Y aún así se lo creían todo!), su libertad (no salían de la casa, no caminaban, no visitaban a sus parientes... ¡Era un gran campo de concentración para prisioneros voluntarios! ¡Jajajajajaja!). Aceptaron todo, todo, siempre y cuando pudieran prolongar sus vidas miserables un día más. Ya no tenían la más mínima idea de que Él, y solo Él, es quién da la vida y la termina. Fue así. Tan fácil como nunca había sido».

lunes, 16 de marzo de 2020

DE LA ETERNIDAD DEL INFIERNO, O REFUTACIÓN HISTÓRICA Y DOCTRINAL A LA HEREJÍA DE LA APOCATÁSTASIS

Un error que está en boga en estos tiempos es la negación de la eternidad de las penas del Infierno, y con él la esperanza de que los condenados serán liberados de él. Fúndase esta falsa doctrina en la mala interpretación del pasaje de Hechos 3, 19-21:
Μετανοήσατε οὖν καὶ ἐπιστρέψατε εἰς τὸ ἐξαλειφθῆναι ὑμῶν τὰς ἁμαρτίας, ὅπως ἂν ἔλθωσιν καιροὶ ἀναψύξεως ἀπὸ προσώπου τοῦ κυρίου καὶ ἀποστείλῃ τὸν προκεχειρισμένον ὑμῖν Χριστόν, Ἰησοῦν, ὃν δεῖ οὐρανὸν μὲν δέξασθαι ἄχρι χρόνων ἀποκαταστάσεως πάντων ὧν ἐλάλησεν ὁ Θεὸς διὰ στόματος τῶν ἁγίων ἀπ' αἰῶνος αὐτοῦ προφητῶν. (Haced pues penitencia, y convertíos, a fin de que se borren vuestros pecados; para cuando vengan por disposición del Señor los tiempos de consolación, y envió al mismo Jesucristo que os ha sido anunciado; El cual es debido por cierto que se mantenga en el cielo, hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que antiguamente Dios habló por boca de sus santos profetas).
Resaltamos la palabra griega ἀποκαταστάσεως, declinación de la palabra Apocatastasis (ἀποκατάστασις, en latín restitútio in prístinum statum). Aunque esta palabra aparece en las obras de Platón como restauración al orden ideal, es en la teología que la Apocatastasis toma su significación más polémica, puesto que se plantea que llegará un tiempo en que todas las criaturas libres e intelectuales compartirán la gracia de la salvación; y especialmente, los demonios y las almas de los réprobos.

San Gregorio de Nisa enseñaba explícitamente esta doctrina. Por ejemplo, en su tratado “De ánima et resurrectióne” (en Jean Paul Migne, Patrología Græca XLVI, cols. 100-101; 104-05 y 152), compara el castigo por el fuego asignado a las almas después de su muerte (lo que sería la pena de sentido), con el refinamiento del oro en el crisol. Así, el castigo por el fuego tiene como razón de ser el separar el bien del mal en el alma; y la agudeza y duración del dolor de ese acrisolamiento están en proporción con el mal del cual cada alma es culpable y durarán mientras haya alguna traza de mal. Entonces vendrá un tiempo en que todo mal dejará de existir al volver el libre albedrío hacia Dios y estar en Él (porque sin libre albedrío, el mal no tendría por qué existir), como escribiera San Pablo: “Dios será todo en todos” (1 Cor. 15, 28). Luego, toda la creación (independientemente de si las creaturas necesitaron o no dicha purificación) dará gracias a Dios (Orátio catechética, cap. XXVI, en Migne, Patrología Græca XLV, col. 69). Sin embargo, no sólo el hombre (afirma) se verá libre del mal, sino también el diablo, por quien entró el mal al mundo  (Tratado “De mórtuis”, en Patrología Græca XLV, col. 536). Pero, en “Contra Usurários” (Patrología Græca XLVI, col. 436), él señala que el sufrimiento de los réprobos es eterno, lo que explica por qué los defensores de la ortodoxia considerarían que los escritos de San Gregorio de Nisa habían sido manipulados por los herejes. Más aun, San Germán de Constantinopla llegó a afirmar que los sostenedores de la apocatastasis osaron “infundir a la más pura y sana primavera de sus escritos [los del Niseno] el veneno negro y peligroso del error de Orígenes, y atribuir astutamente esta herejía absurda a un hombre famoso tanto por sus virtudes como por su erudición” (citado por Focio, Bibl. Cod., 223; Patrología Græca CIII, col. 1105). Ante esto, el historiador eclesiástico Louis Sebastien de Tillemont, en sus Mémoires pour l'histoire ecclésiastique (París, 1703), volumen IX, pág. 602, es del parecer que San Germán constantinopolitano tiene buenas razones para afirmarlo, pero su explicación se resiente. Igual opina Dionisio Petavio en “Theología Dogmática” (Amberes, 1700), III, “De Ángelis”, págs. 109-111.

De hecho, la apocatástasis del Niseno fue tomada principalmente de Orígenes Adamancio (el alegorista por antonomasia, porque después de haberse castrado decidió parar, de otro modo se hubiera decapitado), quien a veces parece renuente en tomar decisiones respecto al asunto de la eternidad del castigo (el teólogo francés Louis-Joseph Tixeront PSS indicó que Orígenes, en “De princípiis”, libro primero, cap. VI, 1-3, no se atreve a asegurar que todos los ángeles malos retornarán a Dios tarde o temprano; mientras que en su “Commentárium in Románum”, VIII, 9 afirma que sólo Lucifer, a diferencia de los judíos, no se convertirá, ni siquiera al final de los tiempos). Pero son una excepción, pues la norma general en Orígenes es enseñar sobre la restauración final de todas las criaturas inteligentes a la amistad con Dios.
“No todos disfrutarán de la misma felicidad, pues en la casa del Padre hay muchas moradas, pero todos podrán alcanzarla. Si la Escritura a veces parece hablar del castigo de los malvados como eterno, esto es para aterrorizar a los pecadores, para que vuelvan a la senda correcta, y siempre es posible, con atención, descubrir el verdadero significado de estos textos. Sin embargo, siempre se debe aceptar como principio que Dios no castiga sino para corregir, y que la única finalidad de su mayor ira es el mejoramiento de los culpables. Así como el médico emplea el fuego y el acero en ciertas enfermedades profundamente arraigadas, así Dios usa el fuego del Infierno para curar al pecador impenitente. Por lo tanto, todas las almas, todos los seres impenitentes que se han descarriado serán restaurados, tarde o temprano, a la amistad con Dios. La evolución será larga, en algunos casos incalculablemente larga, pero llegará el momento en que Dios será todo en todos. El último enemigo, la muerte, será destruido, el cuerpo se hará espiritual, el mundo de la materia se transformará, y en el universo sólo habrá paz y unidad” (Tixeront, Histoire des dogmes, volumen I, París 1905, págs. 304-305).

El texto palmario de Orígenes debería ser referido a “De princípiis”, III, 6,6; (Patrología Græca XI, col. 338-340), donde enseñó que todos los malos serán restaurados una vez que hayan pasado severos castigos y hayan recibido instrucción de los ángeles y de aquellos de un grado más elevado en conocimiento y luces celestiales.
 
Y hay más. El teólogo e historiador luterano Adolf von Harnack, en el primer volumen de Dogmengeschichte (Friburgo, 1894), págs. 645-646, conecta las enseñanzas de Orígenes en este punto con las de Clemente de Alejandría. Sobre esto abunda Tixeront: 
“Clemente de Alejandría admite que las almas pecadoras sean santificadas después de la muerte por un fuego espiritual, y que los malvados, del mismo modo, sean castigados por el fuego. ¿Será eterno su castigo? No parecería así. En la Stromata, VII, 2 (Patrología Græca, IX, col. 416), el castigo al que se refiere Clemente, y que sigue al juicio final, obliga a los malvados al arrepentimiento. En el capítulo XVI (col. 541) el autor establece el principio de que Dios no castiga, sino que corrige; es decir que todos los castigos de su parte son reparadores. Si se supone que Orígenes partió desde este principio para llegar a la apokatastasis -así como San Gregorio de Nisa- es extremadamente probable que Clemente de Alejandría lo entendiera en el mismo sentido” (Tixeront, op. cit., pág. 277).
  
Con todo, aunque Orígenes y Clemente alejandrino estuvieron influenciados por la filosofía de Platón y el esquema naturalista que de la justicia divina planteara en la República (coloquio X, 614), y sostuvieron la apocatástasis como parte de una teoría de los atributos divinos que subordina la justicia a la misericordia; de la libertad humana, que hace que la voluntad nunca esté finalmente fijada y del pecado, concebido como debilidad e ignorancia, la apocatástasis según Orígenes no era para ser predicada a todas audiencias, pues consideraba ser suficiente para el común de los fieles, el saber que los pecadores serán castigados. (Contra Celso, IV, 26). Y de Orígenes pasó esta opinión a San Gregorio de Nisa y a San Jerónimo, quien en su época de juventud la atribuyó solamente a los bautizados: “In restitutióne ómnium, quándo corpus tótius Ecclésiæ nunc dispérsum atque lacerátum, verus médicus Christus Jesus sanaturús advenérit, unusquísque secúndum mensúram fidei et cognitiónis Fílii Dei… suum recípiet locum et incípiet id esse quod fúerat” [En la restauración de todas las cosas, cuando todo el cuerpo de la Iglesia, ahora disperso y lacerado, vendrá Cristo Jesús como verdadero médico a sanarlo, a cada uno según la medida de sy fe y conocimiento del Hijo de Dios..., recibirá su lugar y comenzará a ser lo que fue] (Commentárium In Ephésios IV, 16; en Patrología Græca XXVI, col. 503). En todos sus demás escritos San Jerónimo enseña que el castigo de los demonios y de los impíos, es decir, de aquellos que no han asumido la fe, será eterno. (Ver Dionisio Petavio, Theología dogmática, De Ángelis, 111-112).
  
San Alfonso María de Ligorio explica sobre el origenismo jeronimiano:
San Jerónimo, quien en su comentario a Isaías, hablando de Orígenes, que señalaba término para las penas del Infierno, no solo no hace observacion alguna acerca de esta doctrina, sino que particularizándola todavía mas, dice, que únicamente los demonios, los ateos y los infieles serán eternamente castigados con las penas del Infierno, mas los cristianos, al quedar satisfecha la pena merecida alcanzarán el dia de la libertad: Et tamen christianórum, quórum ópera in igne probánda sunt atque purgánda, moderátam arbitrámur et mixtam cleméntia senténtiam júdicis.
    
En el díálogo contra los pelagianos cita tambien la opinion de Orígenes conforme a la cual, no todas las criaturas racionales irán a perderse eternamente, sino que hasta al demonio se concede la penitencia: pero el Santo Doctor afirma que no tan solo el demonio, sino todos los hombres impíos y prevaricadores padecerán perpetuos tormentos, y tratando en seguida de los demás cristianos dice: Et christiános, si in peccáto prævénti fúerint salvándos esse post pœnas [Y los cristianos, si se arrepintieron de sus pecados, serán salvados después de su castigo]. Este pasaje ha recibido una rigurosa censura por parte de Petavio y de Daniel Huecio. (Petav. L. 3. de Angel. c. 7, y Huetius in Origin. Lib. 2.)
  
Esto no obstante, dice el P. Juan Vicente Patuzzi OP (De sede Inférni, Libro 3. l. 11. n. 12), no hay sabio alguno que pueda llegar a persuadirse de que San Jerónimo haya opinado jamás que no todos los cristianos condenados padecerán penas eternas en el Infierno; sino que antes bien habló el Santo Doctor de aquellos cristianos pecadores, que arrepentidos de sus pecados graves, deben purgarlos en el fuego no ya del Infierno, sino del Purgatorio. Quien desee ver este punto mas profundamente examinado, lea a Noel Alexandre (Historia Ecclesiástica, Tomo 3, in dissertatióne contra Orig.).
  
Sin embargo, desde el momento en que prevaleció el anti-origenismo, la doctrina de la apocatastasis fue abandonada definitivamente. San Agustín protesta más fuertemente que ningún otro escritor contra un error tan contrario a la doctrina de la necesidad de la gracia. En el libro Actas del Proceso a Pelagio, capítulo I, art. 10, aludiendo a la sentencia contra Pelagio en el Concilio de Dióspolis (actual Lod, Israel) en el año 415, escribe:
“La Iglesia condena muy justamente el error origenista, que sustenta que aun los que han de ser condenados, según la sentencia del Señor, al eterno suplicio, y el mismo diablo, después de una purificación más o menos larga, se verán libres de sus penas y gozarán de la gloria del cielo en compañía de los bienaventurados”. 
Incluso en el Libro XXI de la Ciudad de Dios se propone encarecidamente rebatir la doctrina platónico-origenista de la apocatastasis.
 
Si bien San Gregorio Nacianceno en De seípso, 566 (Patrología Græca, XXXVII, col. 1010) se pregunta sobre el tema de si hay o no apocatastasis, no toma partido sobre el tema y deja la respuesta en las manos de Dios. El teólogo luterano Julius Köstlin, en su artículo “Apokatastasis” para la “Realencyklopädie für protestantische Theologie” (Leipzig, 1896), volumen I, pág. 617, menciona a Diodoro de Tarso y a Teodoro de Mopsuestia como sostenedores de esta doctrina, mas no cita ningún pasaje de ellos en apoyo de su afirmación.
 
La condena formal a la doctrina de la Apocatastásis se dio en cuatro momentos:
  • Sínodo Endemousa de Constantinopla (año 543), Anatemas al origenismo: “Si alguno dice o siente que el castigo de los demonios o de los hombres impíos es temporal y que en algún momento tendrá fin, o que se dará la reintegración de los demonios o de los hombres impíos, sea anatema”.
  • Concilio de Constantinopla II (año 553), Condena al Cisma Tricapitolino: “Si alguno no anatematiza a [...] Orígenes, juntamente con sus impíos escritos, y a todos los demás herejes, condenados por la santa Iglesia Católica y Apostólica y por los cuatro antedichos santos Concilios, y a los que han pensado o piensan como los antedichos herejes y que permanecieron hasta el fin en su impiedad, ese tal sea anatema”.
  • Concilio de Letrán IV (año 1215), Profesión de fe para los valdenses: “Y, finalmente, [creemos y confesamos que] Jesucristo unigénito Hijo de Dios, [...] ha de venir al fin del mundo, ha de juzgar a los vivos y a los muertos, y ha de dar a cada uno según sus obras, tanto a los réprobos como a los elegidos: todos los cuales resucitarán con sus propios cuerpos que ahora llevan, para recibir según sus obras, ora fueren buenas, ora fueren malas; aquéllos, con el diablo, castigo eterno; y éstos, con Cristo, gloria sempiterna”.
  • Papa Benedicto XII, Constitución Dogmática Benedíctus Deus (29 de enero de 1336): “Definimos [por autoridad apostólica] además que, según la común ordenación de Dios, las almas de los que salen del mundo con pecado mortal actual, inmediatamente después de su muerte bajan al infierno donde son atormentados con penas infernales”.
 
Sin embargo, esta opinión heterodoxa estaba destinada a ser revivida en las obras de algunos escritores eclesiásticos. Sería interesante verificar la afirmación de Köstlin y Bardenhewer de que debe ser rastreada a Esteban Bar Sudaili, del Pseudo Dionisio Areopagita, San Máximo el Confesor, Escoto Eriúgena y Amalrico de Bena. Reaparece en los desórdenes protestantes merced a los escritos de Hans Denk (m. 1527), y Harnack no ha dudado en afirmar que casi todos los reformadores eran apocatastasistas de corazón, lo que explica su aversión a la enseñanza tradicional en relación con los sacramentos (Dogmengeschichte, III, 661). La doctrina de la apocatastasis considerada como creencia en la salvación universal se puede encontrar entre los anabaptistas (Hans Deck), los Hermanos Moravos, los cristadelfianos, entre los protestantes racionalistas y finalmente entre los universalistas profesos. También la han sostenido algunos filósofos protestantes como Friedrich Schleiermacher, y unos pocos teólogos, por ejemplo, Hans-Joachim Eckstein y Adolf Pfister en Alemania; y  Frederic William Farrar en Inglaterra, aunque éste último la negara en su momento:
“Aunque pueda ser nuestro deseo que esto (la restauración de todas las cosas y la universalidad de la redención cristiana) pueda ser la voluntad de Dios, aunque bellamente pueda parecer acorde tanto a la Justicia como a la Misericordia de Dios que el pecado, después de traer su propio castigo, pueda tornarse en santidad y ser perdonado, aunque podamos albergar la esperanza de que algo tan significativo pueda sustentar la general e ilimitada promesa de una Restitución futura, no me atrevo a adherir a cualquier dogma del universalimso, en parte porque es imposible para nosotros estimar el endurecedor efecto de la obstinada persistencia en el mal, y el poder de la voluntad humana para resistir el amor de Dios” (Frederic William Farrar, Eternal Hope. E. P. Dutton & Co. Publishing, Nueva York 1878, Prefacio, pág. XVI).
E inclusive, la Misa Novus Ordo parece rescatar esta herejía, como muestra el Prefacio Dominical X “El día del Señor”, añadido en 1988 y (aparentemente) solo existente en español e italiano:
“En verdad es justo bendecirte y darte gracias, Padre santo, fuente de la verdad y de la vida, porque nos has convocado en tu casa en este día de fiesta. Hoy tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra y en la comunión del pan único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado, mientras espera el domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu descanso. Entonces contemplaremos tu rostro, y alabaremos por siempre tu misericordia. Con esta gozosa esperanza, y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos unánimes el himno de tu gloria”.
Conexo a la eternidad del Infierno, es de principio general que la Iglesia prohíbe orar por los condenados al Infierno, y sostiene que tales oraciones no reportan fruto alguno. Santo Tomás de Aquino, en su Suplemento a la Tercera parte de la Suma Teológica, cuestión LXXI, art. 5 afirma:
“Tal opinion [la de la disminución de la pena en los condenados] es presuntuosa, como contraria y vana a los dichos de los Santos, sin apoyo de autoridad alguna; y es irracional, ya porque los condenados en el Infierno se hallan fuera del vínculo de la caridad, según la que las obras de los vivos se continúan para con los difuntos, ya porque llegaron totalmente al término de la vida, recibiendo la última retribución por sus méritos, como también los Santos que están en el Cielo; porque lo que queda todavía de la pena o de la gloria del cuerpo, no les da la condicion de viadores; puesto que la gloria consiste esencial y radicalmente en el alma, como igualmente la miseria de los condenados. Y por tanto, no puede disminuirse la pena de estos, como ni ser aumentada la gloria de los santos en cuanto al premio esencial”.