viernes, 18 de septiembre de 2026

UTILIDAD DE LAS PERSECUCIONES PARA MANTENER LA INTEGRIDAD DE LA FE

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
  
Comentario de Mario Victorino* sobre la exhortación de San Pablo: «Por tanto, os ruego que no os desaniméis por las tribulaciones que tengo por vosotros, las cuales son vuestra gloria» (Ef. III, 13):
«Recordó la exhortación que debía dar a todos para fortalecerlos. “Por esta razón”, dice, “ya que a mí, el menor de todos los santos, se me ha dado esta gracia para predicar el evangelio a los gentiles, etc.”, “por lo cual”, es decir, por esta razón, “os ruego que no os desaniméis por las tribulaciones”.
  
Quienes siguen a Pablo podrían, en efecto, desanimarse mucho en su fe al saber que este mismo Pablo está pasando por tribulaciones. Porque si aquel que predica, que anuncia el Evangelio, que ha sido elegido por Dios, soporta muchas cosas y se ve agobiado por peligros, dificultades y muchas otras tribulaciones, quienes lo siguen se asustan mucho y comienzan a tener una fe no del todo firme, pensando que ellos mismos podrían estar en peligro y sufrir gravemente, puesto que incluso aquel que anuncia el Evangelio y predica con tanta gracia está experimentando tribulaciones.
 
“Por lo tanto, os pido —dice—, por lo que me ha sido revelado, que no desfallezcais en mis tribulaciones, tribulaciones que, sin embargo, sufro no por mis propios méritos ni por mi culpa, sino porque son débiles en la fe o aún vacilan y, no sé cómo, les añaden otras cosas. Por esta razón, soporto las tribulaciones, queriendo llamarlos de nuevo a la verdadera doctrina y a su observancia, para que no se aparten de Cristo, para que no añadan nada a Cristo y para que pongan su esperanza solo en Cristo”.
  
“Esto —dice— no es mi gloria, sino la vuestra”. Por lo tanto, puesto que las tribulaciones son su gloria, dice: “Es vuestra tarea aseguraros de que, mediante mi esfuerzo, mi trabajo y mi ser ejercitado por las tribulaciones, alcancéis vuestra gloria”».
Comentario a la Epístola de San Pablo a los Efesios, libro primero, cap. III, v. 13. En Migne, Patrología Latina 8, col. 1267C-D.

CUESTIÓN ÚNICA
* Cayo Mario Victorino “El Africano” (c. 280/290 – Roma, después del 362 d. C.), retórico latino, filósofo neoplatónico y teólogo de origen africano, fue un célebre maestro de la elocuencia en Roma (donde se erigió una estatua suya en el Foro de Trajano, de la cual hablaría San Agustín en el libro octavo de sus Confesiones). Su conversión al cristianismo fue sensacional alrededor del año 355 debido a su avanzada edad. Tras el edicto del emperador Juliano Apóstata de 362, que prohibía a los cristianos enseñar literatura clásica, decidió abandonar su puesto docente. Pionero en la aplicación de categorías neoplatónicas al dogma de la Trinidad y la cristología traduciendo al latín expresiones teológicas y filosóficas griegas (v. g. consubstantiális de ὁμοούσιος, consisténtia de σύστασις, essentiálitas de ὀντότης), fue también uno de los primeros autores latinos en recopilar comentarios sistemáticos sobre las Cartas de San Pablo.

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