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jueves, 26 de marzo de 2026

LOS JUDAIZANTES, LA PRIMERA Y ÚLTIMA AMENAZA AL CRISTIANISMO

Reflexión de João Christian Franco. Traducción propia, a menos que se indique lo contrario.
   

Desde el nacimiento de la Iglesia, los talmudistas (entiéndase: los adeptos del talmudismo cabalista y mesiánico) representaron un enemigo de doble ataque: interno y externo (1.ª Jn. 2, 22); un enemigo contra el cual ella tuvo que trabar lucha, derrotar, impugnar, defenestrar y defenderse (Ef. 6, 11-12):
  1. Internamente, el golpe es furtivo, capcioso, artero, solapado y escamoteado. Intentan judaizarla a cualquier coste, mediante herejías, cismas, agentes infiltrados y falsas doctrinas descatolicizantes, dirigidas al atenuamiento de todo aquello que sea «fuertemente, claramente o demasiadamente católico» (Gál. 1, 6-9). En el libro de los Hechos, vemos que la judaización embestía mediante la insistencia en la observancia de preceptos mosaicos caducados (Hch. 15, 1) —observancia que fue condenada por San Pedro en el Concilio de Jerusalén (Hch. 15, 7-11). En todo Papa que, a lo largo de dos milenios, se valió del poder de las llaves para condenar nuevas herejías y anatematizar herejes, vemos nuevamente a San Pedro condenando una nueva tentativa del mismo viejo plan de judaización de la Iglesia, teniendo en vista que, al fin y al cabo, toda herejía consiste en esto: la judaización del Cristianismo.
  2. Externamente, los talmudistas recurren al expediente del halago o de la violencia, de la cooptación o de la agresión, de la asimilación esclavizante o de la supresión martirizante, y, las más veces, valiéndose de MEDIADORES instrumentalizados o artificiados por ellos mismos, así como se valieron de Pilatos y del Imperio Romano para cometer el crimen de deicidio (Mt. 27, 22-25; Hch. 2, 23), habida cuenta que tanto mejor se obra el mal cuanto más se evita «ensuciarse las manos», empleando o enredando, para tanto, mediadores encargados de hacer el trabajo sucio (1.ª Tes. 2, 14-16). En la historia eclesiástica, entre tales instrumentos útiles se encuentran el Imperio Romano, los musulmanes, los cismáticos orientales, los protestantes, los liberales, los masones, los comunistas, etc.
Así, vemos que la Iglesia, desde el principio al fin de los tiempos, tuvo, tiene y siempre tendrá un único enemigo: la Sinagoga de satanás (Apoc. 2, 9; Apoc. 3, 9); y no importa el instrumento, el medio o la manifestación que asuma la persecución: y aunque se reinvente, ella conserva su esencia anticristiana (2.ª Jn. 1, 7). Y esto explica por qué razón el Apocalipsis es un libro tritemporáneo o atemporal: pretérito, presente y futuro (Apoc. 1, 19), no importa; el mismo enemigo bajo nuevos aspectos. Profecías que ya fueron, están y aún serán, una vez más, cumplidas a plenitud, perfección y en grados más elevados.
   
Si en los albores de la Iglesia la amenaza de judaización actuó subrepticiamente clamando por observancias mosaicas (Gál. 2, 4; Gál. 5, 1), en nuestros tiempos parece haber prevalecido y logrado éxito con la consecución de las agendas noájido-judaizantes del ecumenismo, del modernismo, de la libertad religiosa y del diálogo interreligioso (2.ª Tes. 2, 3-11). Apenas parece; las promesas de Cristo, concernientes a la invencibilidad/indefectibilidad de la Iglesia, no fallarán, y también por esto la divinidad de Nuestro Señor prevalecerá verdaderamente sobre aquellos que Le niegan el debido reconocimiento.
   
De los judaizantes en el libro de los Hechos hasta los que aplican las ideas de Elías Benamozegh († 1900) y Jules Isaac († 1963), el ardid judaizante permanece siempre vivo, con mira a corromper la Iglesia y tramar la extinción del Cristianismo genuino (Mt. 24, 24).
   
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LA MANO JUDÍA EN EL PROTESTANTISMO 
«Desde el nacimiento del cristianismo éste vio amenazada su identidad por sectas judaizantes (Hch. 15, 1; Gál. 2,4), pero con mano firme la Iglesia supo erradicarlas (Tito 1, 10-11). A partir de la cuarta centuria fue respaldada en esa tarea por el Estado cristiano, quien preservó también con ello la propia existencia (Rom. 13, 4). En el siglo XVI, empero, no se logró extirpar al protestantismo, la más importante heterodoxia judaizante de la historia (Gál 1,6-9), el cual aunque no pudo destruir al catolicismo consiguió, en cambio, escindir a la Cristiandad (Rom. 16, 17-18), sin duda su objetivo mínimo. La Reforma protestante fue un terremoto que conmovió los pilares del mundo cristiano e inició un vasto proceso subversivo que no se limitó, desde luego, al ámbito religioso y condujo a la Revolución Francesa, al régimen democapitalista que trajo como resultado la Revolución bolchevique y la era del capitalismo estatal, que hoy parece extinguirse (2.ª Tes. 2, 3-7). Los efectos de este proceso, todavía inconcluso, alcanzan a todos los pueblos de la Tierra (Mt. 24, 12). El cristianismo genuino, el ortodoxo y tradicional, sólo es sostenido por una ínfima minoría perseguida y calumniada (Lc. 12, 32; Mt. 5, 11), y el Estado cristiano hace mucho que no existe. La civilización cristiana está en ruinas y no se podrá reconstruir si, aparte de la ayuda de Dios (Jn. 15, 5), los cristianos no reaccionan de inmediato (1.ª Pe. 5, 8). Pero únicamente el conocimiento de las causas reales de la actual situación permitirá luchar eficazmente por tan magno objetivo (Jn. 8, 32). En consecuencia, INVESTIGAR LA JUDAIZACIÓN DEL CRISTIANISMO, que hoy llega a su culminación, BRINDARÁ UN PANORAMA VERÍDICO DEL PASADO SIN EL CUAL NO SE PUEDE ENTENDER EL ACIAGO PRESENTE Y, MENOS AÚN, EVITAR UN FUTURO QUE SE AVIZORA MÁS TRÁGICO (1.ª Jn. 4, 1; Apoc. 2, 9; Apoc. 3, 9)» [FEDERICO RIVANERA CARLÉS. La judaización del Cristianismo y la ruina de la Civilización, Tomo I. Buenos Aires, Instituto de Historia S. S. Pablo IV 2004, págs. 12-13. Citas bíblicas, negrillas y mayúsculas fuera del texto].
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En su Epístola a los Magnesios (escrita alrededor del año 110 d. C.), San Ignacio de Antioquía, que fue discípulo directo del Apóstol San Juan, escribió de forma contundente contra la infiltración de costumbres y doctrinas judaicas en la Iglesia, afirmando que la Gracia anula la antigua Ley:
«No os dejéis seducir por doctrinas extrañas ni por fábulas anticuadas que son sin provecho. Porque si incluso en el día de hoy vivimos según la manera del Judaísmo, confesamos que no hemos recibido la gracia… Por esta causa, siendo así que hemos pasado a ser sus discípulos, aprendamos a vivir como conviene al Cristianismo. Porque todo el que es llamado según un nombre diferente de éste, no es de Dios. Por tanto, poned a un lado la levadura vil que se había corrompido y agriado y echad mano de la nueva levadura, que es Jesucristo. Sed salados en Él, que ninguno entre vosotros se pudra, puesto que seréis probados en vuestro sabor. Es absurdo hablar de Jesucristo y al mismo tiempo practicar el Judaísmo. Porque el Cristianismo no creyó (se unió) en el Judaísmo, sino el Judaísmo en el Cristianismo, en el cual toda lengua que creyó fue reunida a Dios» [Epístola a los magnesios VIII, X. Negrillas fuera del texto].

jueves, 21 de noviembre de 2024

HALLAZGOS EN TIERRA SANTA

Noticias tomadas de distintas fuentes.
   
1.º EXHIBEN MOSAICO CON LA MÁS ANTIGUA REFERENCIA A JESUCRISTO COMO DIOS.
   

El denominado Mosaico de Meguido de la Tierra Santa está en exhibición en el Museo de la Biblia en Washington DC desde el 13 de noviembre hasta julio de 2025.

El museo cree que es la primera inscripción conocida que identifica a Jesucristo como Dios antes del Concilio de Nicea.

El mosaico, de 54 m² (551 ft²), fue descubierto en 2005 en los terrenos de una prisión local de máxima seguridad israelí que buscaba expandirse. Cubrió el piso de una capilla cristiana primitiva, que data de alrededor del año 230.
   
    
Las inscripciones griegas aparecen en el mosaico junto con muchos motivos decorativos y figurativos, como dos peces (lubina y atún).
  
Las inscripciones honran a siete personas (cinco de ellas mujeres), por sus roles benéficos en la iglesia local:
  
GRIEGO
  • Γαϊανὸς ὁ καὶ Πορφύρι(ο)ς (ἑκατονάρχης), ἀδελφὸς ἡμῶν, φιλοτειμησάμενος ἐκ τῶν ἰδίων ἐψηφολόγησεν · Βρούτι(ο)ς ἠργάσετ[o].
  • Μνημονεύσατε Πριμίλλης καὶ Κυριακῆς καὶ Δωροθέας, ἔτι δὲ καὶ Χρήστη<ς>.
  • Προσήνικεν Ἀκεπτοῦς ἡ φιλόθεος τὴν τράπεζαν Θ(ε)ῷ ᾿Ι(ησο)ῦ Χ(ριστ)ῷ μνημόσυνον.
TRADUCCIÓN
  • «Gayano, también llamado Porfirio, centurión, nuestro hermano, hizo el pavimento a su costa como un acto de liberalidad. Bruto realizó el trabajo».
  • «Recordad a Primila, y Ciríaca y Dorotea, y además a Creste» (¿mártires?).
  • «Acepta, amante de Dios, ofreció la mesa a Dios Jesucristo como memorial».



El asentamiento de Legión (en árabe اللجّون, al-Lajjun) donde estaba la capilla debía su nombre a la Légio VI Ferráta (6.ª legión «acorazada», que había sido dirigida por Julio César), la cual estaba asentada en Judea en el valle de Meguido, cerca al poblado judío de Kfar Othnai (en hebreo כְּפָר עַוְתָנַאי, latinizado como Caporotani) después de la rebelión de Simón Bar Kojba. Hacia el 215, el campamento militar fue elevado a ciudad con el nombre de Maximianópolis.
  
Cuando Diocleciano, en medio de la reforma del ejército, ordenó que se abandonase el área y la Légio VI Ferráta (gemela de la Légio VI Victrix asentada en León de España y posteriormente en Inglaterra, y que entre sus generales estuvo Constancio Cloro, padre de Constantino el Grande) fuese trasladada a la actual Jordania, el mosaico fue cubierto con fragmentos de cerámica y yeso de paredes, lo que permitió su conservación.

Además de señalar que el cristianismo era aceptado por los soldados romanos (recuérdese la historia de San Cornelio Centurión en los Hechos de los Apóstoles), la disposición de las inscripciones (la inscripción de Gayano en el norte, y las otras dos al sur), permite inferir que en los primeros tiempos de la Iglesia, hombres y mujeres estaban separados durante la liturgia (como aún se usa en los ritos siromalankara y etíope).

En la inauguración de la exposición “El mosaico de Meguido: fundamentos de la fe”, el director del Museo de la Biblia, Carlos Campo, dijo que el mosaico era «el mayor descubrimiento desde los Rollos del Mar Muerto», mientras sus colegas señalaron que era «el descubrimiento arqueológico más importante para entender a la Iglesia primitiva».
   
La afirmación de la divinidad de Jesucristo presente en la inscripción de Acepta evidencia que esta doctrina se remonta a los tiempos de los Apóstoles y fue defendida por San Ignacio de Antioquía († c. 110 d.C.) en su Carta a los Efesios frente a los herejes ebionitas (descendientes de los judaizantes) que la negaban:
«No hay más que un solo médico, carnal y espiritual, engendrado y no engendrado, Dios venido en carne, en la muerte vida verdadera, Hijo de María e Hijo de Dios, primero pasible y ahora impasible, Jesucristo Nuestro Señor» (Carta a los Efesios –recensión breve– VII, 2).
  
Después de esta exhibición, el mosaico será ensamblado nuevamente en el lugar de su hallazgo para ser exhibido permanentemente al público. Para tal fin, la cárcel será trasladada a otra locación.
  
2.º HALLAN CANTERA EMPLEADA PARA LAS CONSTRUCCIONES EN LA JERUSALÉN DE LOS TIEMPOS DE JESÚS.
    

El pasado mes de Agosto, durante las obras para la construcción de un centro comercial en el área industrial de Har Hotzvim (hebreo הַר חוֹצְבִים,  lit. “Monaña de los canteros”) al noroeste de Jerusalén, se encontró una gran cantera que había sido usada para extraer bloques de piedra caliza para las obras edilicias en tiempos de Jesús.

Según la Autoridad de Antigüedades de Israel, el área comprende unos 3.500 m² (37.674 ft²), y se hallaron bloques de construcción de 1,5 × 2 metros y hasta 2,25 toneladas de peso.

También fue hallada una jarra de piedra, usada para las purificaciones rituales de los judíos.
  

La cantera había sido usada desde los tiempos de Herodes el Grande hasta poco antes de la destrucción del Segundo Templo en el año 70 después de Cristo. Herodes hizo construir los muros de contención para el monte Moria donde se asentaba el Templo de Jerusalén, mientras que el gobernador Poncio Pilatos pavimentó el Camino de los peregrinos, que lo conectaba con la Ciudad de David (donde el pasado mes de Julio se encontró un foso con el cual, mil años antes, el rey David hizo separar el distrito residencial de Ofel de la zona administrativa en Millo –donde estaban el palacio real y el Templo que construiría su hijo el rey Salomón–).
  

Fue en este camino donde, según el capítulo 9 del Evangelio de San Juan, Jesús sanó al ciego de nacimiento al aplicarle lodo en los ojos, mandándole que se lavase en la piscina de Siloé, al sur de la ciudad.
   
Los investigadores descubrieron que la carretera, que una vez conectaba la Ciudad de David con el Templo judío, tenía losas de pavimento del mismo tamaño y grosor que las del sitio de construcción.
   
Informaron que las losas de piedra en ambos sitios también tenían marcas idénticas de haber cortado zanjas alrededor de la roca y extraído del suelo.
   
«Es razonable suponer, con la debida cautela, que al menos algunas de las piedras de construcción extraídas aquí estaban destinadas a ser utilizadas como losas de pavimento para las calles de Jerusalén en ese período», dijeron los colíderes de la AAI, Michael Chernin y Lara Shilov. «Sorprendentemente, resulta que los adoquines de esta calle tienen exactamente el mismo tamaño y grosor, y comparten la misma firma geológica que las losas de piedra que se extrajeron de la cantera que ahora está expuesta en Har Hotzvim»
  

miércoles, 22 de julio de 2020

MES DE JULIO EN HONOR A SAN IGNACIO DE LOYOLA - DÍA VIGESIMOSEGUNDO

Dispuesto en Italiano por el Padre Domingo Estanislao Alberti SJ, y publicado en Palermo en 1707, y traducido al Español por otro sacerdote jesuita en Madrid, con aprobación eclesiástica.
   
MES DE JULIO CONSAGRADO A LAS GLORIAS DE SAN IGNACIO DE LOYOLA, FUNDADOR DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS
   
 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
℣. Dios mio, en mi favor benigno atiende.
℟. Señor, a mi socorro presto atiende.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, y ahora y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén.
       
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Padre, Criador y Redentor mío, en quien creo, en quien espero, a quien amo y estimo más que a mi vida, más que a mi alma, más que a todas las cosas, me pesa, Dios mío, de haber pecado; pésame, Padre mío amorosísimo, de haberos agraviado; pésame de todo mi corazón de haberos ofendido, por ser vos quien sois bondad suma, inmensa, infinita. Digo una y mil veces, Dios mío y Padre mío, me pesa de haberme apartado de Vos por mis iniquidades: ayudado de vuestra gracia, propongo firmemente enmendarme, confesarme, y primero morir que volver a pecar. Dadme, Dios mío, un corazón contrito y humillado; dadme gracia para cumplir mis propósitos; haced por vuestra bondad que en mi corazón arda siempre la llama de vuestro divino amor, y que en todo busque vuestra mayor gloria, a imitación del inflamado y celosísimo San Ignacio de Loyola, a cuyo honor, para gloria vuestra, consagro este mes; cuyas virtudes deseo imitar en la tierra, para ser después su compañero en el Cielo. Amén.
     
DÍA VIGESIMOSEGUNDO – VIRTUD DE LA MORTIFICACIÓN
Santísimo Patriarca San Ignacio: el ejemplo de vuestra vida me sugiere que no puede alcanzarse una vida Angélica en el alma si no se mortifica el cuerpo. Y es verdad muy sólida: porque si lo Angélico de la vida consiste principalmente en la perfecta subordinación de la carne a la razón y al espíritu; ¿como podrà tenerse el cuerpo a raya y obediente, si no es tratado como un siervo vil y rebelde, cual el es? Vos bien supisteis domellarlo con el azote de la penitencia, para no experimentarlo jamás renitente. Desde que os disteis todo a Dios, comenzasteis a dormir en el duro suelo; os azotasteis cada día tres, y aun cinco veces; ayunasteis continuamente, fuera de los Domingos, mezclando ceniza y tierra con la comida; y vez hubo que no tomasteis en ocho días otro alimento que las delicias Celestiales. Os vestisteis de un saco vil, armado de un hórrido cilicio: os ceñisteis una cadena de hierro y un haz de hierbas punzantes. Vivisteis en una desabrigada gruta: os golpeasteis el pecho con una piedra: anduvisteis descalzo, y descubierta la cabeza, y desgreñado el pelo. En fin, supisteis rendir de suerte la carne al espíritu, que siendo vos naturalmente fogoso, os tuvieron los Médicos por flemático; y llegasteis a tener tal dominio de vuestros afectos, que las pasiones ya no se movían en vos sino por imperio de la razón. ¡Oh Santo Padre mío, cuán lejos me hallo yo de un estado tan feliz! Alcanzadme un odio santo contra mi cuerpo, para que sepa tratarlo como esclavo infiel; pues tantas veces acariciado como amigo, me ha reducido a los extremos de perder el alma.
    
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
 
SENTENCIAS DE SAN IGNACIO
  1. El uso de las penitencias no puede ser el mismo en todos, y en todos los tiempos: y así como con ellas no se ha de inutilizar el cuerpo para las obras de más servicio de Dios: así no se ha de dejar insolente con el regalo y blandura.
  2. Cuando el cuerpo repugna mucho al espíritu, dómese con muchas penitencias hata que le siga y le ayude. Y si él dice que no puede mas, no se le crea ni se descargue de todas las penitencias, mas múdense en otras iguales, hasta que la razón o la luz de Dios demuestren la medida conveniente a las fuerzas.
  3. No se pide a los hombres espirituales, epecialmente a los Superiores, que las pasiones, y más la irascible, estèn en ellos muertas; sí que estén mortificadas. No hemos de desterrar de nosotros la ira, sino tenerla bajo del mando, haciendo que no ella gobierne al hombre, sino el hombre à ella; y por ella, según conviene, gobierne el Superior a sus súbditos.
JACULATORIA: Padre mío, prueba con la tribulación a tu siervo: no ceses de afligir a este hombre inicuo. (Job 34).
   
HIMNO (Compuesto por el padre Pedro Labbé SJ)
 
Hunc mater in præsépio
Parit futúri néscia.
Jam Jesuíta náscitur,
Christi futúrus assécla.
  
Ad sacri áquas baptismátis
Infans vocat se Ignátium.
Sic Pentecósten nómine
Porténdit orbi flámmeam.
  
In arce Pompejópolis
Gravi ruína stérnitur.
Númquam cucúrrit réctius,
Quam dum labórat tíbia.
  
Morbus fit illi sánitas;
Dum facta Sanctórum legit,
Fit ipse Sanctus, et facit
Piis legénda postéris.
  
Appáret ægróto Petrus,
Virgo salúti víndicat.
Miles futúrus Fílii,
Prius Maríæ mílitat.
   
In æde sacra Vírginis
Appéndit arma mílitis:
Vili lacérna clárior,
Qum dum rubet sub púrpura.
   
Ut impúdici témperet
Flammas, áquis immérgitur.
Non ante visus frígidis
Amor feríre spículis.
  
In monte pergit Martýrum,
Mólitur illic Órdinem.
Quális, putas, erit domus
Nascens in alto cúlmine?
  
Bis quínque Jesus mílites
Suo corónat nómine:
Sed, quánta sint olim, docet,
Ferénda sub hoc ómine.

Ignátius sodálibus
Orbis labóres divídit:
Et primus in labóribus
Omnes labóres súscipit.
      
Famem, caténas, vérbera,
Amóre Christi pértulit:
Sed pœna major ómnibus,
Non posse plura pérpeti.
   
His vixit in labóribus,
Cœli sed inter gáudia:
Nunc déspicit, quæ sǽpius
Suspéxit olim sídera.
  
Tibi, Pater, sit glória,
Tibíque Patris Únice,
Tibíque Sancte Spíritus
In sæculórum sǽcula. Amen.
   
TÍTULOS GLORIOSOS DADOS A SAN IGNACIO DE LOYOLA
San Ignacio, Fundador de la Compañía de Jesús. Rogad por nosotros.
Que en escrivir las Constituciones de la Compañía y los Ejercicios, fuisteis admirablemente instruido por la Santísima Virgen. Rogad por nosotros.
Varón cuya dignidad nunca se alaba bastantemente. Rogad por nosotros.
Padre de Maestros Espirituales. Rogad por nosotros.
Nuevo espejo de santidad y prudencia. Rogad por nosotros.
Cabeza de nuevos Apóstoles. Rogad por nosotros.
Acérrimo enemigo de los Herejes. Rogad por nosotros.
Capitán esforzado y contrapuesto a Lutero. Rogad por nosotros.
Vaso de elección para la conversión del mundo. Rogad por nosotros.
Grande apoyo y lumbrera de la Iglesia. Rogad por nosotros.
Espíritu de salud para la Santa Sede Apostólica Romana. Rogad por nosotros.
Sucesor de Pablo Apóstol. Rogad por nosotros.
Segundo Piloto, después de los Apóstoles, de la Armada de la Iglesia. Rogad por nosotros.
Gigante de Apostólica santidad. Rogad por nosotros.
Maestro y Capitán de la Fe, y en el ocio Mártir. Rogad por nosotros.
Séptimo Ángel del Apocalipsis, cubierto con la nube de la Divina protección. Rogad por nosotros.
Igual a los Santísimos Patriarcas de todos los siglos antecedentes. Rogad por nosotros.
Que fuisteis en la penitencia otro Bautista, en la obediencia otro Abrahán. Rogad por nosotros.
Templo de la paz. Rogad por nosotros.
Alma del mundo. Rogad por nosotros.
Sol que disipa todas las tinieblas de los errores. Rogad por nosotros.
Defensor del Imperio Cristiano. Rogad por nosotros.
Atlante que sostiene al mundo con los hombros de la doctrina y de la piedad. Rogad por nosotros.
Tesoro común del mundo. Rogad por nosotros.
Mongivelo del amor divino. Rogad por nosotros.
Varón lleno del Espíritu Santo, y conspicuo en el Dpn de Sabiduría. Rogad por nosotros.
Que por los mismos infernales enemigos fuisteis llamado su mayor enemigo. Rogad por nosotros.
Que fuisteis el tercer sutentador del mundo, después de Santo Domingo y San Francisco. Rogad por nosotros.
Que con el libro de los Ejercicios no cesáis de producir en el mundo frutos copiosísimos. Rogad por nosotros.
Que tuvisteis un ánimo mayor que el mundo. Rogad por nosotros.
Que enseñateis a San Felipe Neri, según él mismo lo confesó, el arte de tener oración. Rogad por nosotros.
Que por la Santísima Virgen fuisteis dado por Maestro de humildad a Santa María Magdalena de Pazzi. Rogad por nosotros.
Que tuvisteis siempre en la boca, y siempre en todo buscateis la mayor gloria de Dios. Rogad por nosotros.
Cuya grande alabanza es haber tenido por hijo al Padre del nuevo Mundo San Francisco Javier. Rogad por nosotros.
Cuyo grandísimo ornamento es haber sido visto en el Cielo semejantísimo al Discípulo amado de Crito San Juan Evangelista. Rogad por nosotros.
  
Antífona: Dios te salve Padre amantísimo, nuevo espejo de prudencia, del mundo apoyo y Maestro, luz hermosa de la Iglesia, Dios te salve. A ti clamamos los desterrados hijos tuyos: a ti enderezamos nuetros suspiros: a ti pedimos socorro si el mundo, que un tiempo te persiguió, nos persigue a nosotros también. Ea, pues, Patrono, y Abogado nuestro, vuelve a nosotros, que somos tus hijos, esos tus ojos misericordiosos, llenos de amor y ternura paternal. Y en tantos afanes, vuélvenos clemente y propicio al bendito JESÚS, cuya Compañía, debajo del magisterio de su Santa Madre, instituiste. A ti ofrezcan nuetros deseos y ruegos los dos Franciscos Javier y Borja, Luis Gonzaga y Estanislao Kotska, y Juan Francisco Regis, con los tres Mártires del Japón, que contigo triunfan en el Cielo, como gloriosos Hijos dignísimos de tal Padre. Haz, pues, que Jesús nos oiga, oh Ignacio, verdaderamente Padre, verdaderamente piadoso, verdaderamente dulce hijo de María. Ruega por nosotros, Santo Padre Ignacio, para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo. Amén.
    
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS (Compuesta por San Ignacio de Loyola).
Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; vos me lo disteis, a vos, Señor, lo vuelvo, todo es vuestro, disponed según vuestra santa voluntad: dadme vuestro amor y gracia, que esto me basta. ¡Oh mi Dios, amor de mi corazón, si todos los hombres os conociesen! ¿Qué quiero yo, Señor, fuera de Vos, o qué puedo querer? Concededme, Señor, que os ame, del cual amor no quiero más premio que amaros más.
   
ORACIÓN (copiada de una carta de San Francisco Javier a San Ignacio)
¡Oh Padre de mi alma, y digno de mi mayor veneración! Puestas las rodillas en tierra, como si te mirara presente, te suplico humildemente, que no ceses de rogar por mí a Dios, para que mientras me dure la vida, me dé la gracia de conocer y hacer enteramente su santísima voluntad.
   
℣. Ruega por nosotros, Santo Patriarca Ignacio.
℟. Para que seamos dignos hijos tuyos.
  
ORACIÓN
¡Oh Dios, que para propagar la mayor gloria de tu Santo nombre, fortaleciste a la Iglesia Militante por medio de San Ignacio, con un nuevo subsidio! Concédenos que por su auxilio e imitación, peleando en la tierra, merezcamos con él ser coronados en los Cielos. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo en unidad del Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 1 de febrero de 2020

CARTA DE SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA A LOS EFESIOS

San Ignacio (+ 110 d.C. aprox.), segundo sucesor de San Pedro en la sede de Antioquía, fue martirizado durante el reinado del emperador Trajano (98-117 d.C.). En camino a Roma, donde recibiría la corona del martirio, Ignacio escribió siete cartas que constituyen un valiosísimo testimonio, tanto por su antigüedad como por su contenido. San Ignacio de Antioquía es uno de los llamados «Padres Apostólicos», es decir, aquellos escritores de la Iglesia primitiva que en algún modo conocieron o tuvieron trato con alguno de los Apóstoles del Señor. La tradición atestigua que Ignacio fue oyente de la predicación del apóstol San Juan.

En la epístola dirigida a los efesios encontramos uno de los más antiguos testimonios patrísticos sobre la virginidad de Santa María. Por otro lado, San Ignacio es muy claro en su Cristología, afirmando la verdadera humanidad de Jesús así como su verdadera divinidad, saliendo así al paso de la herejía docetista, que negaba la verdadera humanidad de Jesús, y de los ebionitas, que negaban su divinidad.
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CARTA DE SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA A LOS EFESIOS

Ignacio, llamado también Teóforo, a aquella que es grandemente bendecida en la plenitud de Dios Padre, predestinada antes de los siglos a estar por siempre, para una gloria que no pasa, inquebrantablemente unida y elegida en la pasión verdadera, por la voluntad del Padre y de Jesucristo nuestro Dios, a la Iglesia digna de ser llamada bienaventurada, que está en Éfeso de Asia, mi saludo en Jesucristo y en un gozo irreprochable.

I. He acogido en Dios vuestro nombre bienamado, que habéis adquirido por vuestra naturaleza justa, según la fe y la caridad en Cristo Jesús, nuestro Salvador; imitadores de Dios, reanimados en la sangre de Dios, vosotros habéis llevado a la perfección la obra que conviene a vuestra naturaleza. 2. Apenas habéis sabido en efecto que yo venía de Siria encadenado por el Nombre y la esperanza que nos son comunes, esperando tener la suerte, gracias a vuestras oraciones, de combatir contra las bestias en Roma, para poder, si tengo esa suerte, ser discípulo; vosotros os apresurásteis en venir a verme. 3. Es así que a toda vuestra comunidad he recibido, en el nombre de Dios, en Onésimo, varón de una indecible caridad, vuestro obispo según la carne. Deseo que vosotros lo améis en Jesucristo, y que todos os asemejéis a él. Bendito sea aquél que os a hecho la gracia, a vosotros que habéis sido dignos, de tener tal obispo.

II. Para Burro, mi compañero de servicio, vuestro diácono según Dios, bendito en todas las cosas, deseo que permanezca a mi lado para haceros honor a vosotros y a vuestro obispo. En cuanto a Croco, digno de Dios y de vosotros, a quien he recibido como una muestra de vuestra caridad, ha sido para mí consuelo en todas las cosas: quiera el Padre de Jesucristo consolarlo también a él, junto con Onésimo, Burro, Euplo y Frontón; en ellos es a todos vosotros a quienes he visto según la caridad. 2. Pueda yo gozar de vosotros para siempre, si yo fuera digno de ello. Conviene, pues, glorificar en toda forma a Jesucristo, que os ha glorificado a vosotros, a fin de que, reunidos en una misma obediencia, sometidos al obispo y al presbiterio, vosotros seáis santificados en todas las cosas.

III. Yo no os doy órdenes como si fuera alguien. Porque si yo estoy encadenado por el Nombre, no soy aún perfecto en Jesucristo. Ahora, no he hecho más que comenzar a instruirme, y os dirijo la palabra como a condiscípulos míos. Más bien, soy yo quien tendrá necesidad de ser ungido por vosotros con fe, exhortaciones, paciencia, longanimidad. 2. Pero ya que la caridad no me permite callar respecto a vosotros, es por eso que he tomado la delantera para exhortaros a caminar de acuerdo con el pensamiento de Dios. Porque Jesucristo, nuestra vida inseparable, es el pensamiento del Padre, como también los obispos, establecidos hasta los confines de la tierra, están en el pensamiento de Jesucristo.

IV. También conviene caminar de acuerdo con el pensamiento de vuestro obispo, lo cual vosotros ya hacéis. Vuestro presbiterio, justamente reputado, digno de Dios, está conforme con su obispo como las cuerdas a la cítara. Así en vuestro sinfónico y armonioso amor es Jesucristo quien canta. 2. Que cada uno de vosotros también, se convierta en coro, a fin de que, en la armonía de vuestra concordia, toméis el tono de Dios en la unidad, cantéis a una sola voz por Jesucristo al Padre, a fin de que os escuche y que os reconozca, por vuestras buenas obras, como los miembros de su Hijo. Es, pues, provechoso para vosotros el ser una inseparable unidad, a fin de participar siempre de Dios.

V. Si en efecto, yo mismo en tan poco tiempo he adquirido con vuestro obispo una tal familiaridad, que no es humana sino espiritual, cuánto más os voy a felicitar de que le estéis profundamente unidos, como la Iglesia lo está a Jesucristo, y Jesucristo al Padre, a fin de que todas las cosas sean acordes en la unidad. 2. Que nadie se extravíe; si alguno no está al interior del santuario, se priva del «pan de Dios» (Jn. 6, 33). Pues si la oración de dos tiene tal fuerza, cuánto más la del obispo con la de toda la Iglesia. 3. Aquél que no viene a la reunión común, ése ya es orgulloso y se juzga a sí mismo, pues está escrito: «Dios resiste a los orgullosos» (Prov. 3, 34; cf. Stgo. 4, 6; 1Pe. 5, 5). Pongamos, pues, esmero en no resistir al obispo, para estar sometidos a Dios.

VI. Y mientras más vea uno al obispo guardar silencio, más se le debe reverenciar; pues aquél a quien el Señor de la casa envía para administrar su casa, debemos recibirlo como aquél mismo que lo ha enviado. Entonces está claro que debemos ver al obispo como al Señor mismo. 2. Por otra parte, Onésimo mismo eleva muy alto vuestra disciplina en Dios, expresando con sus alabanzas que todos vosotros vivís según la verdad, y que ninguna herejía reside entre vosotros, sino que, por el contrario, vosotros no escucháis a persona alguna que les hable de otra cosa que no sea de Jesucristo en la verdad.

VII. Porque algunos hombres con perversa astucia tienen el hábito de tomar para todo el Nombre, pero obrando de otro modo y de manera indigna de Dios; a aquellos, debéis evitarlos como a las bestias salvajes. Son perros rabiosos, que muerden a escondidas. Debéis estar en guardia, pues sus mordeduras esconden una enfermedad difícil de curar. 2. No hay más que un solo médico, carnal y espiritual, engendrado y no engendrado, Dios venido en carne, en la muerte vida verdadera, Hijo de María e Hijo de Dios, primero pasible y ahora impasible, Jesucristo Nuestro Señor.

VIII. Que nadie, pues, os engañe, como por otra parte, no os dejéis engañar, siendo enteramente de Dios. Cuando sobre vosotros no se abata ninguna querella que pudiera atormentaros, entonces quiere decir que verdaderamente vosotros vivís según Dios. Yo soy vuestra víctima expiatoria, y por vuestra Iglesia yo me ofrezco en sacrificio, efesios, Iglesia que es renombrada por los siglos. 2. Los carnales no pueden hacer las obras espirituales, ni los espirituales las obras carnales, como tampoco la fe puede hacer las obras de la infidelidad, ni la infidelidad las de la fe. Pero aquellas mismas obras que vosotros hacéis en la carne son espirituales, pues es en Jesucristo que vosotros lo hacéis todo.

IX. Yo he sabido que algunos venidos de allá han pasado por vosotros, portadores de una mala doctrina, pero no les habéis permitido sembrarla entre vosotros, tapasteis vuestros oídos para no recibir lo que ellos siembran, ya que vosotros sois piedras del templo del Padre, preparados para la construcción de Dios Padre, elevados hasta lo alto por la palanca de Jesucristo, que es la cruz, sirviendo como soga el Espíritu Santo; vuestra fe os tira hacia lo alto, y la caridad es el camino que os eleva hacia Dios. 2. Entonces todos vosotros sois también compañeros de ruta, portadores de Dios y portadores del templo, portadores de Cristo, portadores de santidad, adornados en todo de los preceptos de Jesucristo. Por mi parte, con vosotros me alegro porque he sido juzgado digno de mantenerme con vosotros mediante esta carta y de regocijarme con vosotros que vivís una vida nueva, no amando nada más que a Dios.

X. «Orad sin cesar» (1Tes. 5, 17) por los otros hombres, porque hay en ellos esperanza de arrepentirse, para que lleguen a Dios. Permitidles, pues, al menos por vuestras obras, ser vuestros discípulos. 2. Frente a sus iras, vosotros sed mansos; a sus jactancias, vosotros sed humildes; a sus blasfemias, vosotros mostrad vuestras oraciones; a sus errores, vosotros sed «firmes en la fe» (Col. 1, 23); a su fiereza, vosotros sed apacibles, sin buscar imitarlos. 3. Sed hermanos suyos por la bondad y buscad ser imitadores del Señor: --¿quién ha sido objeto de mayor injusticia? ¿quién más despojado? ¿quién más rechazado?-- para que ninguna hierba del diablo se encuentre entre vosotros, sino que en toda pureza y templanza, vosotros permanezcáis en Jesucristo, en la carne y el espíritu.

XI. Estos son los últimos tiempos; en adelante avergoncémonos y temamos que la longanimidad de Dios no se torne en nuestra condenación. O bien temamos la «ira venidera» (Mt. 3, 7), o bien amemos la gracia presente: o lo uno o lo otro. Solamente si somos encontrados en Cristo Jesús entraremos en la vida verdadera. 2. Fuera de Él que nada tenga valor para vosotros, sino Aquél por quien yo llevo mis cadenas, perlas espirituales; quisiera resucitar con ellas, gracias a vuestra oración, de la que quisiera ser siempre partícipe para ser hallado en la herencia de los cristianos de Éfeso, que han estado siempre unidos a los apóstoles, por la fuerza de Jesucristo.

XII. Yo sé quién soy y a quién escribo: yo soy un condenado; vosotros, habéis obtenido misericordia; yo estoy en el peligro; vosotros estáis seguros. Vosotros sois el camino por donde pasan aquellos que son conducidos a la muerte para encontrar a Dios, iniciados en los misterios con Pablo, el santo, quien ha recibido el martirio y es digno de ser llamado bienaventurado. Pueda yo ser encontrado sobre sus huellas cuando alcance a Dios; en todas sus cartas os recuerda en Jesucristo.

XIII. Poned, pues, empeño en reuniros más frecuentemente para rendir a Dios acciones de gracia y alabanza. Porque cuando vosotros os reunís a menudo, las potestades de Satanás son abatidas y su obra de ruina destruida por la concordia de vuestra fe. 2. Nada es mejor que la paz, por la que se lleva a término toda guerra, tanto celeste como terrestre.

XIV. Nada de todo eso os está oculto, si vosotros, por Jesucristo, tenéis a la perfección la fe y la caridad, que son el principio y el fin de la vida: «el principio es la fe, y el fin la caridad» (1Tim. 1, 5). Las dos reunidas, son Dios, y todo lo demás que conduce a la santidad no hace más que seguirlas. 2. Nadie, si profesa la fe, peca; nadie, si posee la caridad, aborrece. «Se conoce el árbol por sus frutos» (Mt. 12, 33): así aquellos que hacen profesión de ser de Cristo se reconocerán por sus obras. Porque ahora la obra demandada no es la mera profesión de fe, sino el mantenernos hasta el fin en la fuerza de la fe.

XV. Más vale callar y ser que hablar y no ser. Está bien enseñar, si aquél que habla hace. No hay, pues, más que un solo maestro, aquél que «ha hablado y todo ha sido hecho» (Sal, 32, 9; 148, 5) y las cosas que ha hecho en el silencio son dignas de su Padre. 2. Aquél que posee en verdad la palabra de Jesús puede entender también su silencio, a fin de ser perfecto, a fin de obrar por su palabra y hacerse conocido por su silencio. Nada es oculto al Señor, sino que hasta nuestros mismos secretos están cerca de Él. 3. Hagamos, pues, todo como aquellos en quienes Él habita, a fin de que seamos sus templos, y que Él sea en nosotros nuestro Dios, como en efecto lo es, y se manifestará ante nuestro rostro si lo amamos justamente.

XVI. No os equivoquéis, hermanos míos: aquellos que corrompen una familia «no heredarán el Reino de Dios» (1 Cor. 6, 9-10). 2. Así, si los que hacen eso son condenados a muerte, ¡cuánto más aquél que corrompe por su mala doctrina la fe de Dios, por la que Jesucristo ha sido crucificado! Aquél que así sea, irá al fuego inextinguible y lo mismo aquél que lo escuchare.

XVII. Si el Señor ha recibido una unción sobre su cabeza, es a fin de exhalar para su Iglesia un perfume de incorruptibilidad. No os dejéis, pues, ungir del mal olor del príncipe de este mundo, para que él no os conduzca en cautividad lejos de la vida que os espera. 2. ¿Por qué no nos hacemos todos sabios, al recibir el conocimiento de Dios, que es Jesucristo? ¿Por qué perecemos tontamente, al desconocer el don que el Señor nos ha enviado verdaderamente?

XVIII. Mi espíritu es víctima de la cruz, que es escándalo para los incrédulos, pero para nosotros salvación y vida eterna (Cf. 1Cor 1, 23-25): «¿Dónde está el sabio? ¿dónde el disputador?» (1Cor. 1, 20), ¿dónde la vanidad de aquellos que llamamos sabios? 2. Porque nuestro Dios, Jesucristo, ha sido llevado en el seno de María, según la economía divina, nacido «del linaje de David» (Jn. 7, 42; Rom. 1, 3; 2Tim. 2, 8) y del Espíritu Santo. Él nació y fue bautizado para purificar el agua por su pasión.

XIX. Al príncipe de este mundo le ha sido ocultada la virginidad de María, y su alumbramiento, al igual que la muerte del Señor: tres misterios sonoros, que fueron realizados en el silencio de Dios. 2. ¿Cómo, pues, fueron manifestados a los siglos? Un astro brilló en el cielo más que todos los demás, y su luz era indecible, y su novedad sorprendente, y todos los otros astros junto con el sol y la luna se formaron en coro alrededor suyo y él proyectó su luz más que todos los astros. 2. Y ellos se turbaron preguntándose de dónde venía esta novedad tan distinta de ellos mismos. 3. Entonces fue destruida toda magia, y toda ligadura de malicia abolida, la ignorancia fue disipada, y el antiguo reino arruinado, cuando Dios se manifestó hecho hombre, «para una novedad de vida eterna» (Rom. 6, 4). Y lo que había sido preparado por Dios se comenzó a realizar. Desde entonces, todo se conmovió porque la destrucción de la muerte se preparaba.

XX. Si Jesucristo me concede la gracia, por vuestras oraciones, y si es su voluntad, yo os explicaré en la segunda carta que debo escribiros la economía, de la que he comenzado a tratar en lo concerniente al hombre nuevo, Jesucristo. Ella consiste en la fe en Él y en el amor a Él, en su Pasión y su Resurrección. 2. Sobre todo si el Señor me revela que cada uno en particular y todos juntos, en la gracia que viene de su Nombre, os reunís en una misma fe, y en Jesucristo «del linaje de David según la carne» (Rom. 1, 3), hijo del hombre e Hijo de Dios, [os reunís] para obedecer al obispo y al presbiterio en unidad de mente, rompiendo un mismo pan que es medicina de inmortalidad, antídoto para no morir, y alimento para vivir en Jesucristo por siempre.

XXI. Yo soy vuestro rescate, por vosotros y por aquellos que, para honor de Dios, habéis enviado a Esmirna, de donde os escribo, dando gracias al Señor, y amando a Policarpo como os amo también a vosotros. Acordaos de mí así como Jesucristo se acuerda de vosotros. 2. Rogad por la Iglesia que está en Siria, de donde soy conducido a Roma encadenado, pues soy el último de los fieles de allá, y yo he sido juzgado digno de servir al honor de Dios. Me despido en Dios Padre y en Jesucristo, nuestra común esperanza.