sábado, 29 de diciembre de 2018

ORACIÓN A SANTO TOMÁS BECKET POR LA IGLESIA

  
¡Oh glorioso Mártir Santo Tomás Becket, valiente defensor de la Iglesia de tu divino Maestro! Nosotros venimos en este día de tu fiesta, a honrar las maravillosas gracias conferidas a ti por Dios. Como hijos de la Iglesia, miramos con delectable admiración a quien la amó tanto, a quien el honor de esta Esposa de Cristo fue tan caro, que gustosamente sacrificó su vida a fin de asegurarle su independencia y libertad. Porque amaste tanto a la Iglesia, como para sacrificar por ella tu paz, tu felicidad temporal, y tu misma vida; porque, también, tu sacrificio para nada fue tuyo propio, sino para Dios solo; por tanto, las lenguas de los pecadores y los cobardes han hablado mal de ti, y profirieron calumnias sobre ti. ¡Oh Mártir verdaderamente digno de tal nombre! porque diste testimonio fue contra tus propios intereses. ¡Oh Pastor, que siguiendo el ejemplo de Jesús el Buen Pastor, derramaste tu sangre por la liberación de tu rebaño! Te veneramos, porque los enemigos de la Iglesia te insultaron; te amamos, porque ellos te odiaron; y humildemente te pedimos pedones a los que se han avergonzado de ti, y han deseado que tu Martirio nunca fuese escrito en la Historia de la Iglesia, porque ellos no pudieron entenderlo.
  
¡Cuán grande es tu gloria, fiel Pontífice, al ser elegido, junto con Esteban, Juan y los Inocentes, para asistir al Niño Jesús en el establo de Belén! Tú has entrado al campo de batalla a la hora undécima; y lejos de ser, por esa cuenta, privado de la recompensa concedida a los primeros de tus hermanos combatientes, eres grande incluso entre los Mártires. ¡Cuán amado no serás al Divino Infante, cuyo nacimiento estamos guardando, y que vino a l mundo para que pudiera ser el Rey de los Mártires! ¿Qué le rehusará a su gran Mártir de Canterbury? Entonces, ruega por nosotros, y obtennos la admisión en Belén. Nuestra ambición es amar a la Iglesia como tú lo hiciste: esa querida Iglesia, por cuyo amor Jesús ha venido a la tierra; esa querida Iglesia, nuestra Madre, que está ahora desplegando para nosotros consolaciones celestiales por la celebración de los grandes Misterios de la Navidad, a los cuales tu nombre está ahora inseparablemente asociado. Alcánzanos, por tus oraciones, la gracia de la Fortaleza, para que podamos valerosamente ir por medio de cualquier sufrimiento, y hacer cualquier sacrificio, antes que deshonrar nuestro orgulloso título de Católico.
   
Habla por nosotros al Niño Jesús, a Él que está para llevar la Cruz sobre sus hombros, como la insignia de su gobierno (Isaías IX, 6), y dile que estamos resueltos, por el auxilio de su gracia, a nunca estar avergonzados de su causa, o de sus defensores; que, llenos de filial y sencillo amor por la Santa Iglesia, que nos ha dado para que sea nuestra Madre, siempre pongamos sus intereses por encima de cualesquiera otros; porque ella sola tiene las palabras de vida eterna, ella sola tiene el poder y la autoridad para llevar a los hombres a ese mundo mejor, que es nuestro último fin y que no pasará, como las cosas de este mundo; porque todo en este mundo no es más que vanidad, ilusión, y más frecuentemente que lo contrario, obstáculo a la única verdadera felicidad de la humanidad.
    
Pero, a fin de que esta Santa Iglesia de Dios pueda cumplir su misión, y evitar las trampas que están siéndole dejadas a lo largo de su camino en este peregrinaje terrestre, ella ha necesitado, sobre todas las cosas, de Pastores como tú, ¡oh Santo Mártir de Cristo! Ruega, por tanto, al Señor de la viña, que le envíe labradores, que no solamente planten y rieguen lo que planten, sino que también la definedan de esos enemigos que en todos tiempos están buscando entrar y dejarla devastada, y cuyo carácter está marcado por la Sagrada Escritura, donde ella los llama jabalíes salvajes (Salmo LXXIX, 14) y zorras (Cánticos II, 15). Que la voz de tu sangre grite más suplicantemente que nunca a Dios porque, en estos días de anarquía, la Iglesia de Cristo es tratada en muchos lugares como criatura y esclava del Estado.

Ruega por tu propia y querida Inglaterra, que, hace siglos, ha naufragado de la fe por la apostasía de tantos Prelados, que se sometieron a esas usurpaciones a las que has resistido incluso con sangre. Ahora que la Fe está reviviendo en su seno, extiende tu mano auxiliadora hacia ella, y así venga los ultrajes ofrecidos a tu venerable nombre por tu país, cuando ella, la una vez Isla de los Santos, estaba hundiéndose en el abismo de la herejía. Ruega también por la Iglesia de Francia, porque ella te recibió en tu exilio, y en tiempos pasados, fue ferviente en su devoción hacia ti. Obténle a sus Obispos el espíritu que te animó; ármalos con coraje episcopal, y como tú,ellos salvarán la Libertad de la Iglesia.  Donde quiera, y en la forma que sea, que esta sagrada Libertad esté pisoteada o amenazada, sé su libertador y guardián, y, por tus oraciones y tu ejemplo, obtén la victoria para la Esposa de Jesucristo nuestro Señor. Amén.
  
DOM PRÓSPER GUERANGER OSB. El Año Litúrgico (2ª edición inglesa), tomo I. Imprenta de James Duffy e hijos, Dublín 1886, págs. 366-369. Traducción nuestra.

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