lunes, 14 de enero de 2019

ORACIÓN A SANTA MARÍA, REINA DE MISERICORDIA


¡Oh Madre de mi Dios! ¡Oh María mi Señora! de la misma manera que se presenta a una gran Reina un pobre llagado y andrajoso, me presento a Vos, que sois la Reina del Cielo y de la tierra. Desde el excelso Trono en que estáis sentada, os ruego que no os desdeñeis de volver Vuestros Ojos hacia este infeliz pecador. Por esto Dios os ha enriquecido tanto para socorrer a los pobres, y os ha constituido Reina de la Misericordia a fin de que podáis aliviar a los miserables. Miradme, pues, y tened piedad de mí. Miradme, y no me abandoneis hasta haberme convertido de pecador en santo. Conozco bien que nada merezco, antes bien que por mi ingratitud debiera ser despojado de todas las gracias que he recibido del Señor por vuestra intercesión. Pero Vos, que sois la Reina de las Misericordias, no buscáis méritos sino miserias para socorrer a los necesitados. ¿Y quién hay que sea más pobre y necesitado que yo?
  
¡Oh Virgen Excelsa! No ignoro que siendo Vos la Reina del Universo, sois también la mía; pero yo quiero consagrarme aún más particularmente a vuestro servicio, a fin de que Vos dispongáis de mí como os plazca. Por lo que, os digo con San Buenaventura: “Regidme, Reina mía, y no me abandoneis a mí mismo. Mandadme, empleadme a vuestro arbitrio, y castigadme también cuando no os obedezca, pues los castigos que me vendrán de Vuestras Manos no dejarán de ser muy saludables. Prefiero ser vuestro siervo, a dominar todo el mundo”. Aceptadme, oh María, por vuestro, y como a tal pensad en salvarme; ya no quiero ser más mío, a Vos me entrego; y si hasta ahora os he servido tan mal, habiendo perdido tan bellas ocasiones de honraros, en lo sucesivo quiero unirme a vuestros más amantes y fieles siervos. No, no quiero que de hoy en adelante nadie me aventaje en honraros y amaros, amantísima Reina mía. Así os lo prometo, y así confío practicarlo con vuestra ayuda. Amén.

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO. Las glorias de María, primera parte, Cap. I, § 1, in fine.

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