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viernes, 15 de mayo de 2026

SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE


El fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas nació en Reims, el 30 de abril de 1651. Sus padres Luis de La Salle y Nicolasa Moët de Brouillet descendían de familias nobles. Bajo la dirección de su piadosa madre, Juan Bautista dio desde niño muestras de una piedad anunciadora de que, un día, sería sacerdote. A los once años de edad, recibió la tonsura y, a los dieciséis, fue nombrado miembro del capítulo de la catedral de Reims ocupando el sitial número 21, que seis siglos atrás hubiera ocupado San Bruno. En 1670, ingresó en el seminario de San Sulpicio en París; ocho años después fue ordenado sacerdote. Su noble figura, su educación refinada, su cultura y las relaciones de su familia, parecían destinar al joven a una brillante carrera de dignidades eclesiásticas. Pero Dios tenía otros designios sobre él, aunque Juan Bautista no sospechaba nada hasta el momento en que uno de los canónigos de Reims, en su lecho de muerte, le confió la dirección de una escuela y un orfanatorio de niñas y el cuidado de las religiosas encargadas de ellos.

En 1679, Juan Bautista conoció a Adrián Nyel, un laico que había ido a Reims a fundar una escuela de niños pobres. El canónigo de la Salle le alentó cuanto pudo y así pronto se inauguraron dos escuelas, tal vez un poco prematuramente. El joven canónigo tomó cada vez mayor interés en la obra y empezó a ocuparse de los siete profesores que trabajaban en las escuelas. En 1681 alquiló una casa para ellos, los invitaba a comer a la suya y, poco a poco, les infundió los altos ideales educativos que empezaban a tomar forma en su mente. A pesar de que los modales un tanto groseros de los profesores le molestaban, el santo les ofreció alojamiento en su propia casa para poder vigilar de cerca su trabajo. El resultado fue desalentador, pues dos de los hermanos del santo partieron al punto para no convivir con aquellos palurdos y, cinco de los profesores le abandonaron al poco tiempo, porque no querían o no podían someterse a la severa disciplina que el santo les imponía. El reformador supo esperar y Dios premió su paciencia. Al poco tiempo, se presentaron otros candidatos para formar el primer núcleo de la nueva congregación. El santo abandonó la casa paterna y se fue a vivir con sus profesores en un edificio de la Calle Nueva. El movimiento se dio a conocer gradualmente y empezaron a llegar peticiones de diferentes ciudades para que enviase a sus profesores. En parte, por razón de sus múltiples ocupaciones, y en parte también, para no disfrutar de rentas y asemejarse a sus discípulos, San Juan renunció a su canonjía.

En seguida se le planteó el problema de cómo debía emplear su fortuna personal, que no deseaba conservar. ¿Debía consagrarla al desarrollo de la incipiente congregación, o más bien darla a los pobres? El santo fue a París a consultar al P. Barré, un hombre de Dios muy interesado en la educación, cuyos consejos le habían ayudado en otras ocasiones. El P. Barré se opuso absolutamente a la idea de que el santo emplease sus bienes en su propia fundación. Juan Bautista de la Salle, después de pedir fervorosamente a Dios que le iluminase, determinó vender sus posesiones y distribuir el producto entre los pobres. Su ayuda no pudo ser más oportuna, pues la región de Champaña atravesaba por un período de carestía. A partir de entonces, la vida de Juan Bautista fue todavía más austera. Como estaba acostumbrado a comer muy bien, tenia que ayunar hasta que el hambre le obligaba a comer cualquier platillo, por mal preparado que estuviese.

Pronto inauguró cuatro escuelas. Pero su principal problema era la formación de los profesores. Finalmente, en una junta con doce de sus hijos, se decidió a redactar una regla provisional. Según ella los profesores harían anualmente un voto de obediencia hasta que se viese claramente si tenían o no vocación. En la misma junta se adoptó para la nueva congregación el nombre de Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. La primera prueba que sufrieron fue una epidemia. El santo la atribuyó a su falta de previsión y convenció a sus hijos para que eligiesen a otro superior; pero el vicario general de la diócesis le obligó a tomar de nuevo el gobierno, en cuanto la noticia llegó a sus oídos. A decir verdad, eran muy necesarias la prudencia y la habilidad de San Juan Bautista de la Salle, pues las circunstancias iban a hacer que la nueva congregación se desarrollase mucho más de prisa de lo que se había previsto y que ampliase, al mismo tiempo, su campo de actividades. Hasta entonces, los miembros de la congregación habían sido hombres maduros; pero por aquella época empezaron a presentarse candidatos de quince a veinte años. Por una parte, hubiese sido una lástima rechazar aquellas vocaciones tan prometedoras; pero por la otra, era imposible que hombres tan jóvenes pudiesen adaptarse al rigor de una regla trazada para hombres maduros. Para resolver el problema, San Juan Bautista instituyó, en 1685, una especie de noviciado. Reservó para los jóvenes una casa especial, redactó para ellos una regla más sencilla, y los puso bajo el cuidado de un hermano con experiencia, aunque él conservaba la supervisión general. Pero al poco tiempo, se presentó otro problema semejante y a la vez diferente. Los párrocos de los alrededores enviaban al santo algunos jóvenes para que los formase como profesores y los enviase después, a enseñar en sus parroquias. San Juan Bautista fundó otra casa especial para ese tipo de candidatos y se encargó de su formación. Así quedó establecido en Reims, en 1687, el primer instituto para la formación de profesores, al que siguieron el de París (1699) y el de San Dionisio (1709).

Entre tanto, había proseguido el trabajo de la enseñanza de los niños pobres en Reims. En 1688, a instancias del párroco de San Sulpicio de París, San Juan Bautista fundó una escuela en dicha parroquia. En realidad se trataba de la última de las escuelas fundadas anteriormente por M. Olier, que se clausuraron una tras otra por falta de profesores suficientemente preparados. El éxito de los Hermanos de las Escuelas Cristianas fue tan grande, que pronto abrieron otra escuela en el mismo barrio. San Juan Bautista confió la dirección de las escuelas de París al hermano Enrique L’Heureux, hombre muy dotado y capaz, a quien el fundador había escogido por sucesor y estaba preparando para el sacerdocio. San Juan Bautista de la Salle tenía la intención de formar algunos sacerdotes para que se encargasen de la dirección de cada una de las casas, pero la inesperada muerte del hermano L’Heureux le hizo pensar que Dios no quería que pusiese en práctica ese proyecto. Después de muchas oraciones, el santo llegó a la conclusión de que la congregación debía limitarse estrictamente a la enseñanza y que era mejor excluir de ella las diferencias entre sacerdotes y hermanos. Así pues, el fundador decretó que ni los Hermanos de las Escuelas Cristianas podían ordenarse sacerdotes en ningún caso, ni la congregación podía recibir a ningún sacerdote. Tal vez sea éste el mayor sacrificio que puede exigirse de una congregación masculina. El decreto sigue en vigor en nuestros días. Durante la estancia del fundador en París, habían surgido algunas dificultades en Reims. Esto movió a San Juan Bautista a comprar una casa en Vaugirard, a donde los hermanos pudiesen retirarse de tiempo en tiempo para recuperar las fuerzas del cuerpo y del espíritu. Con el tiempo, esa casa se convirtió también en noviciado. Ahí fue donde, hacia 1695, redactó el fundador las reglas definitivas, en las que hablaba ya de votos perpetuos. También escribió ahí su tratado sobre la “Dirección de Escuelas”, en el que su sistema revolucionario de la educación en las escuelas primarias, que aun produce magníficos frutos en la actualidad, tomó su forma definitiva. El sistema de San Juan Bautista de la Salle venía a reemplazar el método de instrucción individual y el llamado “sistema simultáneo”; insistía en la necesidad de que los alumnos guardasen silencio durante las clases y daba la debida importancia al aprendizaje de las lenguas vernáculas, pues hasta entonces el latín ocupaba el primer puesto. Los Hermanos de las Escuelas Cristianas se habían dedicado exclusivamente a los niños pobres. Pero en 1698, el rey Jacobo II de Inglaterra, que estaba desterrado en Francia, pidió al santo que abriese una escuela para los hijos de sus partidarios irlandeses. San Juan Bautista inauguró entonces una escuela para cincuenta niños de la nobleza. Por la misma época fundó la primera “Academia Dominical” para los artesanos jóvenes; en ella se impartía la instrucción secundaria, la enseñanza del catecismo y se consagraba, naturalmente, algún tiempo al juego. Las Academias Dominicales llegaron a ser muy populares.

San Juan Bautista había tenido que hacer frente a muchas pruebas. A las defecciones de algunos de sus discípulos se añadía el rencor de los profesores laicos (como los Maestros Calígrafos y los Maestros de Escuelas Menores) quienes consideraban la actividad del santo como una intrusión en su propio campo. En una ocasión la conducta imprudente de dos hermanos que ocupaban puestos de importancia, puso en peligro la vida misma de la congregación. El arzobispo de París Luis Antonio de Noailles recibió quejas de que se trataba a los novicios con demasiado rigor y mandó al vicario general Pirot para que hiciese investigaciones. Los mismos novicios testimoniaron, unánimemente, en favor de su superior; pero el vicario general, que tenía ciertos prejuicios contra la congregación, presentó un informe desfavorable. El arzobispo procedió a deponer del superiorato a San Juan Bautista, quien acogió la sentencia sin una palabra de queja. Pero cuando el vicario general trató de imponer como superior a un extraño, el padre Bricot originario de Lyon, todos los hermanos declararon por unanimidad que su verdadero superior era el P. de la Salle y que estaban decididos a abandonar la congregación antes de que aceptar a otro. Posteriormente, el santo les obligó a someterse formalmente; entretanto, el arzobispo echó tierra al asunto y San Juan Bautista fue, como siempre, el superior. Poco después, al trasladarse el noviciado de Vaugirard a una casa más grande en París, así como al fundarse ahí unas escuelas relacionadas con él, los profesores laicos, los jansenistas y todos los que se oponían a la educación de los pobres, organizaron un violento ataque contra la congregación. San Juan Bautista se vio envuelto en una serie de procesos y tuvo que cerrar todas sus casas y escuelas de París. Al cabo de algún tiempo se calmó la tempestad, tan súbitamente como se había desatado y, los Hermanos de las Escuelas Cristianas volvieron a la capital, donde ampliaron todavía más sus instituciones.

En otros países, la congregación se había desarrollado constantemente. En 1700, el hermano Gabriel Drolin había fundado una escuela en Roma. En Francia se habían abierto las escuelas de Aviñón, Calais, Languedoc, Provenza, Ruán y Dijón. En 1705, se trasladó el noviciado a Saint-Yon, en Ruán, donde se inauguró también un internado y un instituto para jóvenes difíciles, que más tarde se transformó en reformatorio. Tales fueron los principios de la congregación de enseñanza más grande que existe actualmente en la Iglesia. Sus obras comprenden desde las escuelas primarias hasta las Universidades. En 1717, San Juan Bautista renunció al cargo de superior. A partir de ese momento, no volvió a dar una sola orden y vivió como el más humilde de los hermanos. Se dedicó entonces a la formación de los novicios y de los internos, para quienes escribió varios libros, entre los que se cuenta un método de oración mental. Era aquella una época particularmente importante de la espiritualidad francesa. En la obra de San Juan Bautista de la Salle se advierte la influencia de Bérulle y de Olier, de la “escuela francesa” de Raneé y de los jesuítas, pero sobre todo, ¡del canónigo Nicolás Roland y del fraile Nicolás Barré, que eran amigos personales del santo! Uno de los rasgos de San Juan Bautista que deben señalarse fue su oposición al jansenismo, manifestada, sobre todo, por la propaganda que hizo a la comunión frecuente y aun diaria. En la cuaresma de 1719, el santo sufrió varios ataques de asma y reumatismo, pero no dejó de practicar las austeridades habituales. Poco después tuvo un accidente que le dejó muy débil. El Señor le llamó a Sí el 7 de abril de 1719, que era Viernes Santo, a los sesenta y seis años de edad.

El ejemplo de San Juan Bautista nos obliga a un examen de conciencia: ¿Hacemos algo por la enseñanza católica, tan necesaria? ¿Estamos dispuestos a aceptar los sacrificios que nos imponga la educación católica de nuestros hijos, a pesar de todas las dificultades y hostilidades que suscita? La Iglesia demostró su aprecio por el carácter de ese pensador y hombre de acción tan importante en la historia de la educación, al canonizarle, en 1900. La fiesta de San Juan Bautista de la Salle se celebra en toda la Iglesia de occidente. En 1950, Pío XII le declaró celestial patrono de todos los que se dedican a la enseñanza.

Abundan las buenas biografías de San Juan Bautista de la Salle, especialmente en francés. Todas ellas se basan en la que escribió J. B. Blain, su íntimo amigo, en 1733. Entre las obras modernas la más importante es, probablemente, la de J. Guibert, Histoire de St. Jean Baptiste de la Salle (1900). Más breves son las biografías de A. Delaire (1900), en la colección Les Saints; F. Laudet (1929), y G. Bernoville (1944). El esbozo biográfico de Francis Thompson fue reeditado en 1911; pero la mejor biografía inglesa es la del historiador W. J. Battersby, De la Salle, vol. I (1945), Educador: vol. II (1950), Santo y escritor; vol. III (1952), cartas y documentos.
  
ORACIÓN 
Oh Dios, que para dar cristiana educación a los pobres, y afianzar a la juventud en el camino de la verdad, suscitasteis a San Juan Bautista de la Salle, vuestro confesor, y por él enriquecisteis con una nueva familia religiosa a vuestra Iglesia; dignaos concedernos por la eficacia de su intercesión y de sus ejemplos que, ardiendo en celo de vuestra gloria y de la salvación de las almas, lleguemos a ser partícipes de su corona en el Cielo.  Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

miércoles, 6 de mayo de 2026

NOVENA EN HONOR A SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE

Novena tomada del Eucologio Romano: Devocionario litúrgico para uso de las escuelas, colegios y parroquias, 5.ª edición impresa en Medellín (Colombia) por la Editora Bedout en 1956. Nihil obstat por Fray Regino de la Merced Maculet Dombrasas OAR, censor eclesiástico; e Imprimátur por Mons. Pedro Ismael Perdomo Borrero, Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, dado el 8 de Agosto de 1930.
   
NOVENA A SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa en el alma de haberos ofendido, y propongo firmemente de nunca más pecar, ayudado de vuestra divina gracia y de los méritos de vuestra santísima Pasión y Muerte, que sea bendita y alabada por todos los siglos de los siglos. Amén.
   
DÍA PRIMERO – 6 DE MAYO
FE DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
«Hay que creer de corazón para ser justificado y confesar de boca para obtener la salvación» (Romanos X, 10).
   
La Iglesia Católica ha sido establecida por su divino Fundador como el órgano y la depositaria de la verdad. Por la Iglesia nos habla Cristo; por ella no señala el camino de la salvación. Un cristiano debe escuchar, honrar, amar a la Iglesia, someterse a su autoridad, a sus mandatos y a sus prácticas. Fuera de esta vía no hay sino incertidumbre, inconstancia y error, y posiblemente condenación.
   
Tales eran los sentimientos que animaban a San Juan Bautista de la Salle para con la Iglesia de Jesucristo. Hay ocasiones en las cuales no le es lícito al cristiano callar su fe y en que la conciencia obliga a volver con santa libertad por los derechos de la verdad ultrajada. En semejantes casos, a imitación de San Juan Bautista de la Salle, no titubeemos ni un instante en hacer pública profesión de fe por nuestras palabras, escritos y obras.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh glorioso Juan Bautista de la Salle! Vos a quien la divina Providencia, en el momento mismo en que se propagaban los más pérfidos errores, quiso suscitar en su Iglesia a fin de mantener la integridad de la fe y la herencia de la sabiduría cristiana en el corazón de la juventud; pedid a Dios que permaneciendo unidos en la tierra en un amor filial y una obediencia perfecta al Vicario de Jesucristo, merezcamos ser unidos con el mismo divino Caudillo de la Santa Iglesia, durante los siglos de los siglos. Así sea.
   
HIMNO
   
Al apóstol de la Escuela
Ángel fiel de la niñez,
Nuestra voz ferviente anhela
Bendecir con sencillez;
Pues de América el infante
Con el franco y español,
Le proclaman padre amante
Y doquier alumbra el sol.
   
Padre tierno de la infancia,
Te pedimos con fervor,
Nos des valor y constancia
Para gloria del Señor.
   
De María bajo el manto
La pureza resguardó;
De Jesús el dulce encanto
Su niñez embelesó,
La celeste voz oyendo
Que lo llama hacia el altar.
Ministerio tan tremendo
Abrazó sin vacilar.
   
Padre tierno de la infancia,
Te pedimos con fervor,
Nos des valor y constancia
Para gloria del Señor.
   
En abismos de ignorancia
Tenebrosos mil y mil
Condenada ve a la infancia
Y del vicio al yugo vil.
Conmovido Juan Bautista
E inflamado en santo ardor,
De esas almas la conquista
Emprendió para el Señor.
   
Padre tierno de la infancia,
Te pedimos con fervor,
Nos des valor y constancia
Para gloria del Señor.
   
Y a los pies hollando el oro
Y la pompa mundanal,
Solo Dios es su tesoro,
La pobreza su caudal.
Su descanso es la vigilia,
Sus delicias padecer;
Son los pobres su familia,
La Cruz sola su placer.
   
Padre tierno de la infancia,
Te pedimos con fervor,
Nos des valor y constancia
Para gloria del Señor.
   
El candor del albo lirio
En los niños conservar
Fue su pasión, fue el delirio
De su férvido anhelar,
Y la gloria de Dios solo,
De su vida al clarecer,
Fue su luz, su norte y polo
Hasta su hálito postrer.
   
Padre tierno de la infancia,
Te pedimos con fervor,
Nos des valor y constancia
Para gloria del Señor.
   
Padre al huérfano y hermano
Cariñoso aquí le da,
Que cual Ángel por la mano
Hacia el bien les guiará.
Luz da al ciego, esplendorosa,
En la antorcha de la fe;
De los niños el alma endiosa
Porque a Dios en ellos ve.
   
Padre tierno de la infancia,
Te pedimos con fervor,
Nos des valor y constancia
Para gloria del Señor.
   
Ocho lustros así pasa
Sin que extinga ya jamás
Esa llama que le abrasa
Cada día más y más.
Y anhelando de continuo
Por el solo y sumo Bien,
En suave éxtasis divino
Remontóse hasta el Edén.
   
Padre tierno de la infancia,
Te pedimos con fervor,
Nos des valor y constancia
Para gloria del Señor.
    
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
℣. Rogad por nosotros, San Juan Bautista.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.
 
ORACIÓN
Oh Dios, que para dar cristiana educación a los pobres, y afianzar a la juventud en el camino de la verdad, suscitasteis a San Juan Bautista de la Salle, vuestro confesor, y por él enriquecisteis con una nueva familia religiosa a vuestra Iglesia; dignaos concedernos por la eficacia de su intercesión y de sus ejemplos que, ardiendo en celo de vuestra gloria y de la salvación de las almas, lleguemos a ser partícipes de su corona en el Cielo.  Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
DÍA SEGUNDO – 7 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
AMOR A DIOS DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
«Amarás al Señor Dios tuyo de todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente» (San Lucas X, 27).
   
Pensar en Dios, obrar por Dios, sufrir por Dios, morir por Dios, tales son las señales del amor divino.
   
Los santos gustan mucho de pensar en Dios, entretenerse con Él y ocuparse de cuanto a Él se refiere. Así cumplen el precepto del apóstol del Amor: «Hijitos míos, no amemos solamente de palabra y con la lengua, sino con obras y de veras» (1.ª Joann., III, 18).
   
El más pobre, humillado, mortificado, es el que más se asemeja a Jesucristo y el que da a Dios testimonio de amor más heroico: la realización de ideal tan encumbrado fue la meta constante de San Juan Bautista de la Salle. Obligóse con los discípulos a procurar por todos los medios posibles la gloria de la divina Majestad.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh gran santo de la Salle! Héroe de virtud cuyo corazón fue receptáculo del más puro amor divino; ¡con cuánta confianza os arrojabais en brazos de la Providencia en medio de las amarguras sin cuento que probaron vuestra virtud! ¡Cuántos ejemplos admirables de conformidad con el beneplácito divino disteis en todo el curso de vuestra vida! Obtenednos, Santo augusto, el acrecentamiento del amor divino, para que aborrezcamos hasta la sombra del pecado; y a fin de que nuestro principal estudio sea ejecutar en todo y cumplidamente la santísima voluntad de Dios, alcanzadnos una perfecta resignación al querer divino en las penas y sinsabores de la vida, y haced que después de haber amado a Cristo aquí abajo con todo nuestro corazón, merezcamos en compañía vuestra, gozar de Él por toda la eternidad. Así sea.
   
El Himno, el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y la oración se dirán todos los días.
      
DÍA TERCERO – 8 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
ESPÍRITU DE ORACIÓN DEL SANTO
«Hay que orar con perseverancia y sin desfallecer» (San Lucas XIII, 1).
   
San Juan Bautista de la Salle oraba de boca y con el corazón, en todo tiempo y en todas las circunstancias. En el reposo o en el trabajo, su espíritu se elevaba sin cesar hasta Dios, y mantenía con Él una conversación continua por el uso incesante de las jaculatorias. En la oración encontraba la grandeza de alma necesaria para llevar a cabo sus empresas de celo y hacer frente a los múltiples obstáculos que surgían a su paso. En los peligros, en las penas y persecuciones, Dios era su único refugio, de Él solo esperaba socorro contra sus enemigos.
   
Al comenzar su obra, parece haber sido intento de San Juan Bautista de la Salle regarla con la sangre de sus múltiples maceraciones y atraerle colmadas bendiciones de Dios por sus fervientes y prolongadas oraciones.
    
Diariamente iba a ofrecer sus plegarias ante el sepulcro de San Remigio y, no contento con pasar parte de sus días a los pies del ilustre apóstol de los Francos, había logrado del sacristán le encerrase de noche en la iglesia. Mientras permaneció en Reims, el santo Institutor consagró así las noches del viernes y sábado de cada semana a la oración y a la penitencia.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh San Juan Bautista de la Salle! Vos que pasabais los días y las noches en inefable coloquio con vuestro amabilísimo Redentor y hallabais en la plegaria continua las preciosas ilustraciones que os guiaron en vuestra santa empresa y el heroico valor que os hizo llevar a cabo los más cruentos sacrificios, alcanzadnos con vuestra poderosa intercesión que acudamos presurosos a Dios en busca de auxilio en todas nuestras necesidades, que perseveremos valerosamente en la oración, a fin de que, a imitación vuestra, merezcamos contemplar en la gloria al que nuestra alma habrá buscado de continuo en la tierra con una plegaria confiada y fervorosa. Así sea.
   
El Himno, el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y la oración se dirán todos los días.
       
DÍA CUARTO – 9 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
CELO DEL SANTO POR LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS
«Yo por mí gustosísimo expenderé cuanto tengo, y aun me entregaré a mí mismo por la salud de vuestras almas» (2.ª Cor., XII, 15).
   
A imitación de San Gregorio, estimaba Juan Bautista de la Salle que ante Dios ninguna obra buena puede compararse con la salvación de las almas. La sangre de un Dios derramada por el rescate del hombre prevaricador, es de un precio infinito. Por esto, quien ama a Jesucristo arde en deseos de cooperar a la obra de la Redención.
   
San Juan Bautista de la Salle dedicó toda su vida a procurar el bien de los pobres, de los niños, de los más necesitados, porque la luz divina le había dado a entender que la falta de educación cristiana, principalmente entre la gente del pueblo, es causa principalísima de vida desordenada y de condenación eterna.
   
La vida toda de San Juan Bautista de la Salle no fue sino el ejercicio de un celo cada vez más ardiente y más universal. Consagró sus energías todas a la fundación de su Instituto, obra predilecta que le costó cuarenta años de oraciones, de sufrimientos y de incesantes desvelos.
   
No contento con desvelarse por esa su obra principal, se prodigaba en favor de aquellas pobres almas encenegadas en el fango del pecado; varios hechos de su vida muestran cuán grande era su influencia sobre los más empedernidos pecadores.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh San Juan Bautista de la Salle, modelo cumplido de todas las virtudes apostólicas! Obtened para los que imploramos vuestra intercesión que nos hagamos útiles al prójimo por la oración, el ejemplo y el sacrificio, que sirvamos a la Santa Iglesia tanto cuanto nos sea posible, con nuestras palabras y obras, y así podamos presentarnos ricos de méritos al Soberano Juez, para recibir de Él la eterna recompensa. Así sea.
   
El Himno, el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y la oración se dirán todos los días.
    
DÍA QUINTO – 10 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
HUMILDAD DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
«Donde hay humildad, habrá sabiduría» (Proverbios XI, 2).
   
Es tan extraordinaria la humildad de los santos, que viene a ser un misterio para muchos. ¿De dónde viene que hombres tan favorecidos de Dios y tan elevados en el orden de la gracia sienten de sí mismos y buscan siempre el último lugar? La razón es que, tomando a Dios por término de comparación, se ven tan pequeños, tan imperfectos y tan ruines, que al fin quedan convencidos de la verdad que expresó el real profeta cuando dijo: «Toda mi subsistencia es como nada ante tus ojos» (Salmo XXXVIII, 5).
   
San Juan Bautista de la Salle, no contento con haberse colocado en las últimas filas del clero al renunciar a toda dignidad eclesiástica, quiso dar a sus discípulos un nuevo ejemplo de humildad ejerciendo él, miembro en otro tiempo uno de los más ilustres Cabildos de Francia y doctor en Teología, el oficio, despreciado entonces, de maestro de escuela. Cambió su sotana por el humilde vestido de los Hermanos; con ese traje quiso experimentar cuatro veces al día, durante varios meses, la sujeción de su nuevo oficio. Atravesaba las calles bajo las miradas de sus parientes y de sus antiguos amigos, acompañado por las risas y los sarcasmos de quienes hubieran debido admirarlo, seguido por todo un populacho malévolo que se complacía en denostarle. Fiel en cumplir hasta las menores obligaciones de los maestros, él mismo llevaba sus alumnos en formación a la parroquia, y se mantenía ante ellos durante los oficios divinos con un exterior tan humilde, que no podía menos de arrebatar las alabanzas de la gente sensata y piadosa.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh glorioso Juan Bautista de la Salle!, que por seguir más de cerca a Jesús, anonadado y ultrajado por amor nuestro, renunciasteis tan generosamente a todas las honras y dignidades de este mundo; vos que buscasteis siempre con ansia el último puesto entre los vuestros; vos que, acusado y condenado injustamente, sufristeis las injurias y las calumnias con admirable serenidad; vos, en fin, que en todo el curso de vuestra existencia os mostrasteis siempre santamente ávido de oprobios y humillaciones, obtenednos de la divina Providencia la gracia de que, despreciándonos a nosotros mismos, suframos gustosos en unión con Jesús coronado de espinas y hecho Rey de burlas, cuantas afrentas y baldones nos ocurran en el camino de la vida. Así sea.
   
El Himno, el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y la oración se dirán todos los días.
    
DÍA SEXTO – 11 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
ESPÍRITU DE PENITENCIA DEL SANTO
«Yo castigo mi cuerpo y lo esclavizo» (1.ª Cor. IX, 27).
   
El afán con que San Juan Bautista de la Salle procuró grabar en su carne las sangrientas señales del Salvador, hizo de él un héroe de la penitencia cristiana. No se contentó con mirar de lejos el Calvario, sino que a ejemplo de la Santísima Virgen, subió la áspera pendiente del monte de la crucifixión. No se limitó a refrenar los sentidos y la carne, sino que hizo extensiva la mortificación a todas las facultades de su alma. Sería preciso referir toda la historia del santo si se quisieran relatar circunstanciadamente sus penitencias y mortificaciones, porque fue un verdadero mártir de la penitencia durante cuarenta años…
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh celosísimo Apóstol de la juventud! Generoso mártir de la mortificación, que para haceros más semejante a Jesús crucificado no cesabais de imponeros largas vigilias, ayunos rigurosos y asombrosas penitencias, domando así las inclinaciones de la naturaleza, ascendiendo siempre en las vías de la oración y asegurando a vuestros trabajos maravillosa fecundidad, obtenednos gran generosidad en la práctica de la mortificación, y valor y conformidad en las pruebas y enfermedades. Hacednos comprender la necesidad de la penitencia para expiar nuestros pecados y santificarnos. Obtenednos, ¡oh bienaventurado Padre!, el que después de seguir vuestras huellas en la imitación de Jesucristo cargado con la cruz, con vos también participemos un día de la herencia celestial. Así sea.
   
El Himno, el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y la oración se dirán todos los días.  
  
DÍA SÉPTIMO – 12 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
PACIENCIA DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
«La paciencia os es necesaria para que, cumpliendo la voluntad de Dios, podáis obtener los bienes que os están prometidos» (Hebreos X, 36).
   
La caridad es paciente, dice el Apóstol, todo lo sufre, todo lo aguanta. La paciencia pone freno a todas las pasiones, impone silencio a las murmuraciones de la razón y rechaza la tristeza que se levanta en el alma en presencia del dolor.
   
Innumerables fueron las persecuciones que tuvo que sufrir el Santo de parte de los maestros seglares en cuyo poder se hallaban las escuelas elementales de entonces. Dichos maestros formaban una corporación que disfrutaba del monopolio de enseñanza y se oponían pertinazmente a cualquier establecimiento nuevo que pudiera competir con ellos. Como las escuelas de los Hermanos, denominadas “de Caridad”, producían el vacío en las de los maestros, estos, viéndose frustrados de sus ganancias, intentaron muchas veces arruinar la obra de San Juan Bautista de la Salle. Quejas ante el Chantre de partís, demandas ante el Parlamento, saqueo de las escuelas, no hubo maña que no emplearan para lograr sus fines.
   
A tantas persecuciones, el Santo opuso tan solo su invencible paciencia.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh Juan Bautista de la Salle! Héroe de virtud en quien se admiraba sobre todo la total entrega en manos de la divina Providencia, y la paz que de ella se desprende; que en todo adorabais la voluntad de Dios para con vos, obtenednos que aún en medio de nuestras penas, practiquemos ese absoluto abandono que nos confirme en la paz de Dios, nos asegure una protección especial de su Providencia y, enriqueciéndonos con gracias y virtudes, nos procure una dicha sin fin en la Patria Celestial. Así sea.
   
El Himno, el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y la oración se dirán todos los días.
    
DÍA OCTAVO – 13 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
PUREZA DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE
«Todo el peso del oro no es nada en comparación de un alma verdaderamente casta» (Eclesiástico XXVI, 20).
   
Así exalta el Espíritu Santo la castidad. Esta virtud es la que requiere más cautela y exige mayores esfuerzos y sacrificios.
   
Jesucristo manifiesta de mil maneras su aprecio especial por la pureza, virtud de las almas nobles, flor del jardín de la Iglesia, joyel hermosísimo de los amigos del Cordero sin mancilla. El Verbo encarnado quiso que sus predilectos fueran puros de cuerpo, de espíritu y de corazón. Por eso, San Juan Bautista de la Salle estimó y amó tanto la angelical virtud de la pureza, y no ahorró medio alguno para perfeccionar su brillo y esplendor.
  
La estima y amor que tenía nuestro santo a la virtud angelical de la pureza eran tales que no podían ser mayores ni más exquisitos los medios que empleaba para aumentar el brillo de tan preciada joya.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Azucena de angelical pureza, que desde vuestros más tiernos años huisteis hasta de la sombra del mal, alejándoos de todo cuanto podía ser un peligro para vuestra virtud, asistidnos eficazmente en nuestras luchas de cada día; pedid para nosotros a María Inmaculada que nos conserve siempre dignos de ella y de su divino Hijo. Inspiradnos una constante energía para rechazar la tentación, huir de toda ocasión peligrosa y practicar la modestia, preservadora de la castidad. Obtenednos por fin que, después de haber luchado victoriosamente por conservar limpia nuestra alma, merezcamos contemplar un día con voz la gloria del Señor, según esta divina promesa: «Bienaventurados los que tienen puro su corazón, porque ellos verán a Dios». Así sea.
   
El Himno, el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y la oración se dirán todos los días.
    
DÍA NOVENO – 14 DE MAYO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
DEVOCIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE A MARÍA SANTÍSIMA Y A SAN JOSÉ
«Honra a tu madre todos los días de tu vida» (Tobías IV, 3).
   
El amor a Jesús y el amor a María van tan estrechamente unidos, que no se concibe cómo pudiera el corazón separarlos, porque si amamos al Hijo, es natural que amemos también a la Madre. Además, ¿quién, después de Dios, merece ocupar lugar preferente en nuestro corazón, sino la criatura felicísima, la predilecta de la Santísima Trinidad, levantada sobre todas las demás criaturas por su íntima comunicación con las tres Divinas personas, la más llena de gracias, virtudes y méritos? A imitación de todos los verdaderos siervos de Dios, San Juan Bautista de la Salle unió indisolublemente el amor de María con el amor de Jesús. A estos dos amores se juntó en el corazón de San Juan Bautista de la Salle una gran veneración a San José, el digno esposo de la Virgen sin mancha. En el augusto patriarca admiraba nuestro Santo la gran docilidad a las órdenes de la divina Providencia, la castidad angelical y el tierno amor a Jesús y María, virtudes todas que él se propuso imitar y en las que creció maravillosamente por la intercesión del Santo Patriarca de Nazaret.
  
Durante toda su vida, tuvo el Siervo de Dios a mucha honra declararse en todas partes por siervo y devoto de María, y cuidaba de que los demás la honrasen: se empeñaba en que siempre en torno suyo la llamasen «Santísima Virgen», y si en su presencia alguno se descuidaba sobre el particular, le decía con vehemencia: «Decid, pues, Santísima Virgen, que bien lo merece». Estimaba tanto el Santísimo Rosario, que lo rezaba en donde quiera, aun al andar por las calles y en sus viajes.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh glorioso Juan Bautista de la Salle, dechado perfecto de amor filial a la Virgen Santísima! Vos que la hicisteis confidente de todos vuestros designios así como de todas vuestras amarguras, obtenednos, ¡oh santo amado!, la gracia de acudir a María Santísima perpetua y confiadamente, a fin de que logremos aquí abajo una vida exenta de toda culpa grave, que sea prenda para nosotros prenda de salvación eterna.
   
Obtenednos, en fin, del Virginal esposo de María, a quien honrasteis con singular cariño, la gracia de un dichoso tránsito de este mundo a la mansión de la bienaventuranza eterna. Así sea.
   
El Himno, el Padre nuestro, Ave María y Gloria, y la oración se dirán todos los días.