lunes, 9 de febrero de 2026

SERMÓN DEL MONTE


E iba Jesús recorriendo toda la Galilea, enseñando en sus sinagogas, y predicando el Evangelio o buena nueva del reino celestial; y sanando toda dolencia, y toda enfermedad en los del pueblo. Con lo que corrió su fama por toda la Siria, y presentábanle todos los que estaban enfermos, y acosados de varios males y dolores agudos, los endemoniados, los lunáticos, los paralíticos; y los curaba: e íbale siguiendo una gran muchedumbre de gentes de Galilea, y Decápolis, y Jerusalén, y Judea, y de la otra parte del Jordán.

Mas viendo Jesús a todo este gentío, se subió a un monte, donde habiéndose sentado, se le acercaron sus discípulos, y abriendo su boca divina [1] los adoctrinaba diciendo:
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos y humildes; porque ellos poseerán la tierra [2].
Bienaventurados los que lloran [3]; porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia o de ser justos y santos; porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos; porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los que tienen puro su corazón; porque ellos verán á Dios.
Bienaventurados los pacíficos [4]; porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia o por ser justos; porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos seréis cuando los hombres por mi causa os maldijeren, y os persiguieren, y dijeren con mentira toda suerte de mal contra vosotros. Alegraos entonces y regocijaos, porque es muy grande la recompensa que os aguarda en los cielos: del mismo modo persiguieron a los Profetas que ha habido antes de vosotros.
  
Vosotros sois la sal de la tierra. Y si la sal se hace insípida, ¿con qué se le volverá el sabor? para nada sirve ya, sino para ser arrojada y pisada de las gentes. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede encubrir una ciudad edificada sobre un monte: ni se enciende la luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero, a fin de que alumbre a todos los de la casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, de manera que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos.
  
No penséis que Yo he venido a destruir la doctrina de la Ley, ni de los Profetas: no he venido a destruirla, sino a darle su cumplimiento [5]. Que con toda verdad os digo, que antes faltarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse perfectamente cuanto contiene la Ley, hasta una sola jota o ápice de ella. Y así el que violare uno de estos mandamientos, por mínimos que parezcan, y enseñare a los hombres a hacer lo mismo, será tenido por el mas pequeño, esto es, por nulo, en el reino de los cielos [6]; pero el que los guardare y enseñare, ese será tenido por grande en el reino de los cielos. Porque yo os digo, que si vuestra justicia no es más llena y mayor que la de los Escribas y Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
  
Habéis oído que se dijo a vuestros mayores: No matarás; y que quien matare, será condenado a muerte en juicio. Yo os digo mas: quien quiera que tome ojeriza con su hermano, merecerá que el juez le condene. Y el que le llamare raca, merecerá que le condene el concilio. Mas quien le llamare fatuo, mentecato o impío, será reo del fuego del infierno. Por tanto, si al tiempo de presentar tu ofrenda en el altar, allí te acuerdas que tu hermano tiene alguna queja contra ti; deja allí mismo tu ofrenda delante del altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y después volverás a presentar tu ofrenda. Componte luego con tu contrario, mientras estás con él todavía en el camino; no sea que te ponga en manos del juez, y el juez te entregue en las del alguacil, y te metan en la cárcel. Asegúrote de cierto, que de allí no saldrás, hasta que pagues el último maravedí.

Habéis oído que se dijo a vuestros mayores: No cometerás adulterio. Yo os digo más: cualquiera que mirare a una mujer con mal deseo hacia ella, ya adulteró en su corazón. Que si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecar, sácale y arrójale fuera de ti; pues mejor te está el perder uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si es tu mano derecha la que te sirve de escándalo, o incita a pecar, córtala, y tírala lejos de ti; pues mejor te está que perezca uno de tus miembros, que no el que vaya todo tu cuerpo al infierno.

Háse dicho: Cualquiera que despidiere a su mujer, dele libelo de repudio. Pero yo os digo: que cualquiera que despidiere a su mujer, si no es por causa de adulterio, la expone a ser adúltera; y el que se casare con la repudiada, es asimismo adúltero [7].

También habéis oído que se dijo a vuestros mayores: No jurarás en falso; antes bien cumplirás los juramentos hechos al Señor. Yo os digo más, que de ningún modo juréis sin justo motivo: ni por el cielo, pues es el trono de Dios; ni por la tierra, pues es la peana de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad o corte del gran rey: ni tampoco juraréis por vuestra cabeza, pues no está en vuestra mano el hacer blanco o negro un solo cabello. Sea pues vuestro modo de hablar, sí, sí; o, no, no: que lo que pasa de esto, de mal principio proviene [8].

Habéis oído que se dijo [9]: Ojo por ojo, y diente por diente. Yo empero os digo, que no hagáis resistencia al agravio; antes si alguno te hiriere en la mejilla derecha, vuélvele también la otra: y al que quiere armarte pleito para quitarte la túnica, alárgale también la capa: y a quien te forzare a ir cargado mil pasos, ve con él otros dos mil. Al que te pide, dale: y no tuerzas tu rostro al que pretende de ti algún préstamo [10].

Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo [11], y (han añadido malamente) tendrás odio a tu enemigo. Yo os digo más: Amad a vuestros enemigos: haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os persiguen y calumnian; para que seáis hijos imitadores de vuestro Padre celestial, el cual hace nacer su sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos y pecadores. Que si no amáis sino a los que os aman, ¿qué premio habéis de tener? ¿no lo hacen así aun los publicanos? Y si no saludáis a otros que a vuestros hermanos, ¿qué tiene eso de particular? por ventura ¿no hacen también esto los paganos? Sed pues vosotros perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto, imitándole en cuanto podáis.
   
Guardaos bien de hacer vuestras obras buenas en presencia de los hombres, con el fin de que os vean: de otra manera no recibiréis su galardón de vuestro Padre, que está en los cielos. Y así, cuando das limosna, no quieras publicarla a son de trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas, y en las calles o plazas, a fin de ser honrados de los hombres. En vendad os digo, que ya recibieron su recompensa. Mas tú cuando des limosna, haz que tu mano izquierda no perciba lo que hace tu derecha; para que tu limosna quede oculta, y tu Padre, que ve lo más oculto, te recompensará en público [12].

Asimismo cuando oráis, no habéis de ser como los hipócritas, que de propósito se ponen a orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres: en verdad os digo, que ya recibieron su recompensa. Tú, al contrario, cuando hubieres de orar, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora en secreto a tu Padre; y tu Padre, que ve lo más secreto, te premiará en público. En la oración no afectéis hablar mucho, como hacen los gentiles, que se imaginan haber de ser oídos a fuerza de palabras. No queráis pues imitarlos; que bien sabe vuestro Padre lo que habéis menester, antes de pedírselo.

Ved pues como habéis de orar:
Padre nuestro, que estás en los cielos: santificado sea el tu nombre. Venga el tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día [33] dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación. Mas líbranos de mal. Amén.
  
Porque si perdonáis a los hombres las ofensas que cometen contra vosotros, también vuestro Padre celestial os perdonará vuestros pecados. Pero si vosotros no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará los pecados.

Cuando ayunéis, no os pongáis caritristes como los hipócritas; que desfiguran sus rostros, para mostrar á los hombres que ayunan. En verdad os digo, que ya recibieron su galardón. Tú, al contrario, cuando ayunes, perfuma tu cabeza, y lava bien tu cara, para que no conozcan los hombres que ayunas, sino únicamente tu Padre, que está presente a todo, aun lo que hay de más secreto: y tu Padre, que ve lo que pasa en secreto, te dará por ello la recompensa.

No queráis amontonar tesoros para vosotros en la tierra, donde el orín y la polilla los consumen; y donde los ladrones los desentierran y roban. Atesorad más bien para vosotros tesoros en el cielo, donde no hay orín ni polilla que los consuma; ni tampoco ladrones que los desentierren y roben. Porque donde está tu tesoro, allí está también tu corazón.

Antorcha de tu cuerpo son tus ojos. Si tu ojo fuere sencillo, o estuviere limpio, todo tu cuerpo estará iluminado. Mas si tienes malicioso o malo tu ojo, todo tu cuerpo estará oscurecido. Que si lo que debe ser luz en ti, es tinieblas, las mismas tinieblas ¿cuán grandes serán?

Ninguno puede servir a dos señores; porque o tendrá aversión al uno y amor al otro; o si se sujeta al primero, mirará con desdén al segundo. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
   
En razón de esto os digo, no os acongojéis por el cuidado de hallar qué comer para sustentar vuestra vida, o de dónde sacaréis vestidos para cubrir vuestro cuerpo. Qué, ¿no vale mas la vida o el alma que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad las aves del cielo, cómo no siembran, ni siegan, ni tienen graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Pues no valéis vosotros mucho mas sin comparación que ellas? Y ¿quién de vosotros á fuerza de discursos puede añadir un codo á su estatura? Y acerca del vestido, ¿a que propósito inquietaros? Contemplad los lirios del campo cómo crecen y florecen; ellos no labran, ni tampoco hilan. Sin embargo yo os digo, que ni Salomón en medio de toda su gloria se vistió con tanto primor como uno de estos lirios. Pues si una yerba del campo, que hoy es o florece, y mañana se echa en el horno, Dios así la viste; ¿cuánto mas a vosotros hombres de poca fe? Así que no vayáis diciendo acongojados: ¿Dónde hallaremos que comer y beber? ¿Dónde hallaremos con que vestirnos?, como hacen los paganos, los cuales andan ansiosos tras todas estas cosas; que bien sabe vuestro Padre la necesidad que de ellas tenéis. Así que, buscad primero el reino de Dios y su justicia; y todas las demás cosas se os darán por añadidura. No andéis pues acongojados por el día de mañana; que el día de mañana harto cuidado traerá por sí: bástale ya a cada día su propio afán o tarea.

No juzguéis a los demás si queréis no ser juzgados. Porque con el mismo juicio que juzgareis, habéis de ser juzgados; y con la misma medida con que midiereis, seréis medidos vosotros. Mas tú, ¿con qué cara te pones a mirar la mota en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que está dentro del tuyo? O ¿cómo dices a tu hermano: Deja que yo saque esa pajita de tu ojo, mientras tú mismo tienes una viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás cómo has de sacar la mota del ojo de tu hermano.

No deis a los perros las cosas santas, ni echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las huellen con sus pies, y se vuelvan contra vosotros y os despedacen.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os abrirán. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿ Hay por ventura alguno entre vosotros que, pidiéndole pan un hijo suyo, le dé una piedra? ¿O que si le pide un pez, le dé una culebra? Pues si vosotros, siendo malos o de mala ralea, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cuánto mas vuestro Padre celestial dará cosas buenas a los que se las pidan? Y así haced vosotros con los demás hombres todo lo que deseáis que hagan ellos con vosotros. Porque esta es la suma de la Ley y de los Profetas.

Entrad por la puerta angosta; porque la puerta ancha, y el camino espacioso son los que conducen a la perdición, y son muchos los que entran por él. ¡Oh, que angosta es la puerta, y cuán estrecha la senda que conduce a la vida eterna; y qué pocos son los que atinan con ella!
  
Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros disfrazados con pieles de ovejas, mas por dentro son lobos voraces: por sus frutos u obras los conoceréis. ¿Acaso se cogen uvas de los espinos, o higos de las zarzas? Así es que todo árbol bueno produce buenos frutos, y todo árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede dar frutos malos, ni un árbol malo darlos buenos. Todo árbol, que no da buen fruto, será cortado, y echado al fuego. Por sus frutos pues los podréis conocer.

No todo aquel que me dice: ¡Oh Señor, Señor! entrará por eso en el reino de los cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial, ese es el que entrará en el reino de los cielos. Muchos me dirán en aquel día del juicio: ¡Señor, Señor! ¿pues no hemos nosotros profetizado en tu nombre, y lanzado en tu nombre los demonios, y hecho milagros en tu nombre? Mas entonces Yo les protestaré: Jamás os he conocido por míos: apartaos de mí, operarios de la maldad.

Por tanto, cualquiera que escucha estas instrucciones y las practica, será semejante a un hombre cuerdo que fundó su casa sobre piedra; y cayeron las lluvias, y los ríos salieron de madre, y soplaron los vientos, y dieron con ímpetu contra la tal casa, mas no fue destruida: porque estaba fundada sobre piedra. Pero cualquiera que oye estas instrucciones que doy y no las pone por obra, será semejante a un hombre loco que fabricó su casa sobre arena; y cayeron las lluvias, y los ríos salieron de madre, y soplaron los vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa, la cual se desplomó, y su ruina fue grande.

Al fin, habiendo Jesús concluido este razonamiento, los pueblos que le oían, no acababan de admirar su doctrina, porque su modo de instruirlos era con cierta autoridad soberana [15] y no a la manera de sus Escribas y Fariseos.
  
Evangelio según San Mateo, caps. IV, 23 - VII, 28 (Versión de Mons. Félix Torres Amat).

NOTAS
[1] Se ha puesto el adjetivo divina que, aunque ya está de letra cursiva a fin de denotar que no se halla expreso en el texto, parece no hay necesidad de añadirle para expresar el sentido literal del Evangelista, ni evitar algún error o mala inteligencia. Sin embargo, como semejante expresión o modismo de la lengua hebrea no esta en uso en la nuestra, seria redundante, á no ser cuando á la palabra boca se le añade algún adjetivo, como divina, dulce, sonora, etc. Pudiera haberse traducido: Y abriendo su boca, los adoctrinaba, diciendo; a no creer conveniente prevenir a los lectores sencillos contra la sátira o impía mofa que un incrédulo de nuestros días, cuyo veneno se ha esparcido por España, ha hecho contra la divinidad de los Evangelios. Esta frase hebrea, o circunloquio, muy propio y de mucha energía y dignidad en el estilo oriental, se propone como locución pueril y ridícula, por la sola razón de que es por demás advertir que, para hablar o predicar un sermón el predicador, abrió la boca. Ya hubo un antiguo filósofo que objetaba lo mismo a los cristianos; y ya entonces S. Agustín, Teodoreto y otros deshacían esta insulsa y necia objeción, diciendo que aquel modismo de que usó S. Mateo denota en el estilo y genio de la lengua hebrea y otras del Oriente la importancia de lo que va a decirse, la extensión del discurso, y también la autoridad y dignidad de la persona que habla: modismo que vemos usado por Homero varias veces, y aun por algunos escritores castellanos antiguos, y hasta por nuestros poetas modernos. Con el mismo fin de prevenir a los lectores contra otras semejantes impías sátiras, se han puesto las más de las palabras que se ven intercaladas con letra cursiva, que a primera vista parecerán superfluas a los lectores instruidos, los cuales realmente no necesitan de ellas.
[2] En especial la de los vivientes, que es la gloria.
[3] Los oprimidos y afligidos, y los que llevan una vida penitente.
[4] Los que viven en paz, y la procuran a los otros.
[5] Jesucristo dio cumplimiento a la Ley con su doctrina, con sus obras y con sus preceptos: dio cumplimiento a las leyes ceremoniales, verificando el objeto y el fin de ellas, que era el mismo Jesucristo: a las morales, vindicando su integridad e inteligencia contra los Escribas y Fariseos que las habían corrompido con sus tradiciones y falsa interpretación; y a las judiciales, dando cumplimiento a lo que ellas significaban, y confirmando lo que tenían de derecho común y perpetuo.
[6] San Agustín, Tract. 122. in Joann.
[7] Porque todavía es mujer del otro, aunque dejada o divorciada de él.
[8] Proviene o de la desconfianza de aquel que exige el juramento, o de la malicia de aquel a quien se exige, o de la ligereza o irreverencia de alguno o de ambos.
[9] Exod. XXI, v. 24.—Lev. XXIV, v. 20.—Deut. XIX, v. 21.
[10] Deut. XV, v. 8
[11] Lev. XIX. v. 18.
[12] En el texto griego se lee: ἐν τᾷ φανερῳ, en público: y así lo tradujo el V. Granada.
[13] Luc. XI. v. 2.
[14] El Sr. Arzobispo Antonio Martini traduce: per sostentamento, para el sustento. En S. Luc. XI. v. 2. en lugar de supersubstantiátem, que es como se traduce aquí al latín la palabra griega ἐπιούσιον, usó el traductor de la palabra quotidiánum, de cada día: ambos sentidos están admitidos por la Iglesia. Si ἐπιούσιον trae la etimología del ουςία, quiere decir sobresustancial: y si la trae del verbo έπειμι significa de cada día, esto es, el pan que basta para hoy, y viene de día en día. Porque ἔπειμι significa, entre otra cosas, venir después, suceder, seguir, y así leemos en Demóstenes ἕπιον μήν el mes que entra.
[15] La palabra soberana mírese como si fuera del texto; porque realmente así lo exige la rigorosa y exacta significacion de la voz griega ἐξουςία, que en la Vulgata se traduce potéstas.

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