jueves, 5 de febrero de 2026

ASESINADO HIJO DE GADAFI, ¿QUÉ PASARÁ EN LIBIA?

  
El 3 de febrero, Saif al-Islam Gadafi (foto), segundo hijo y probable heredero del derrocado líder Muamar Gadafi, fue asesinado en Libia por cuatro hombres armados. Su muerte marcó otro capítulo sangriento en el caos que azota el país desde 2011. Para muchos libios, Saif es el símbolo de la nostalgia por la estabilidad perdida, y su regreso a la arena política lo convirtió en una figura clave y muy controvertida.
  
El asesinato ocurrió en Zintán (200 kilómetros al oeste de la capital, Trípoli), donde Saif al-Islam vivía bajo la protección de grupos armados locales. Los atacantes, al entrar en la casa de Ajmeri at-Atiri (líder de la milicia Abu Bakr Al-Siddiq), neutralizaron a los guardias y mataron al joven Gadafi en un tiroteo antes de huir sin dejar rastro. Poco después, los atacantes asesinaron a at-Atiri y su hijo Mohamed. La escolta de Saif calificó este acto como «cobarde y traicionero», y su ejecución como muy profesional.
   
La hermana de Saif, Aisha, presentó una teoría alternativa sobre su muerte cerca de la frontera argelina, pero esta información no ha sido confirmada.

El silencio de las autoridades oficiales tanto en Trípoli (Gobierno de Unidad Nacional) como en Tobruk (Cámara de Representantes, vinculada a Haftar) es significativo, lo que resalta la profundidad de las divisiones en el país.

En el vacío informativo resultante, se difunden teorías sobre posibles organizadores del atentado. La sospechosa “Brigada de Infantería 444”, leal al primer ministro Abdulhamid Dbeibé (respaldado por Turquía y Catar), niega cualquier implicación. Mustafá Gaderbooh, periodista cercano a la víctima, acusa a las fuerzas del mariscal de campo Jalifa Haftar (apoyado por Egipto y Emiratos Árabes Unidos).

Otra teoría es que el atentado está relacionado con una reunión secreta en París el pasado 28 de Enero, donde Saddam Haftar e Ibrahim Dbeibé (hijos de Jalifa y Abdulhamid respectivamente) con la mediación de Francia y Estados Unidos (cuyo representante, el empresario libanés Massad Fares Boulos –cosuegro del presidente Trump– había estado los dos días anteriores en Túnez y Argelia), discutieron el futuro del país, y Saif, como “tercer príncipe”, podría haber frustrado el acuerdo. También hay especulaciones sobre el posible papel de los Emiratos Árabes Unidos o agencias de inteligencia occidentales (especialmente la CIA), para quienes Gadafi Jr. seguía siendo una amenaza.
  
Saddam Haftar (izquierda), hijo del mariscal Jalifa Haftar y jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Terrestres del Ejército Nacional Libio y comandante de la Brigada “Tariq ibn Ziyad”; e Ibrahim Dbeibé, asesor en Seguridad Nacional de su padre el primer ministro Abdulhamid.

Según expertos, el motivo clave podría haber sido la amenaza que Saif representaba para otros actores. Apoyándose en el respaldo de las principales tribus (Gadaf y Warfalla), históricamente leales a la dinastía Gadafi, logró consolidar sus votos y convertirse en favorito en las próximas elecciones.

«Este asesinato podría convertirlo en un mártir a los ojos de parte de la población y cambiar completamente la dinámica política», dice el analista Emadeddin Badie.

Las consecuencias podrían ser controvertidas. Por un lado, la eliminación de Saif desmoraliza a los partidarios del régimen anterior, pero también elimina un factor incómodo para otros grupos.

Por otro lado, priva a la dividida Libia de una de las pocas personalidades que tenían un peso simbólico en ambos lados del conflicto. El ex portavoz del régimen, Musa Ibrahim, declaró:
«Fue asesinado de manera traicionera. Luchó por una Libia unida y soberana».
Se prevén protestas en las zonas tribales, la alteración del frágil equilibrio intertribal y un aumento de la influencia de actores externos como Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Egipto.

A largo plazo, el país podría enfrentarse a una nueva ola de violencia, aunque no se puede descartar el efecto contrario: la consolidación forzada de las élites.

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