Tomado de INFOVATICANA.
Desde hace años, María del Mar Sánchez Sierra es una de las figuras más influyentes —y menos visibles— del Partido Popular. Miembro del Opus Dei con compromiso de celibato [= numeraria], su poder no procede del foco mediático ni del protagonismo parlamentario, sino de algo mucho más eficaz: la continuidad, la confianza personal y el control interno. Sánchez Sierra acompaña a Alberto Núñez Feijóo desde hace décadas, primero en Galicia y después en su desembarco en la política nacional. Hoy, es una de las personas clave en la estructura real del partido.
Ese poder no es abstracto. Sánchez Sierra es la encargada de la relación con los medios de comunicación, un ámbito decisivo para cualquier liderazgo político contemporáneo. Desde esa posición, gestiona accesos, marca límites y decide quién habla y cuándo. En el PP es conocida —y muy temida— precisamente por eso: por su capacidad para cerrar filas en torno a Feijóo y por la dureza con la que neutraliza a cualquiera que pretenda hacerle sombra. No es una portavoz visible; es quien controla el circuito. Y en política, quien controla el circuito, manda.
Diversas fuentes coinciden en señalar que Mar Sánchez Sierra es miembro célibe del Opus Dei, una pertenencia que, sin ser pública ni institucional, resulta relevante para entender determinadas dinámicas de poder. El Opus Dei no actúa como partido político, y sus miembros gozan de libertad, algo que hace posible que estén presentes en distintos centros de decisión, tanto en la administración como en las grandes organizaciones. No a base de consignas, sino de personas fiables, disciplinadas y formadas para el largo plazo.
En este contexto, la figura de Sánchez Sierra adquiere una dimensión que va más allá de lo orgánico. No se trata solo de una dirigente veterana, sino de una mujer con enorme ascendencia sobre el liderazgo del PP, precisamente por su relación prolongada y estable con Feijóo. La experiencia demuestra que, en política, quien permanece cuando otros pasan, manda. Y quien permanece, además, controlando la comunicación y los equilibrios internos, manda doblemente.
La presencia de miembros del Opus Dei en espacios ideológicos muy diversos no es una novedad. Baste recordar el caso de Rafael “Rafa” Larreina Valderrama, numerario del Opus Dei que llegó a ejercer un papel relevante en Sortu, una formación situada en las antípodas ideológicas del Partido Popular [“Nacer”, “Surgir” o “Crear” en euskera, el partido separatista Sortu es considerado heredero del ilegalizado Batasuna, N. del E.]. El denominador común no es el programa político, sino la disciplina interna, la formación intelectual y la capacidad de gestión que “La Obra” ha sabido cultivar.
Este dato resulta especialmente llamativo si se observa el recorrido político de Feijóo en Galicia. Bajo su presidencia, la comunidad fue pionera en la aprobación de legislación LGTB, adelantándose a otras autonomías y consolidando un marco normativo ampliamente celebrado por el progresismo. Este hecho desmonta lecturas simplistas que asocian automáticamente Opus Dei con una agenda política confesional o reaccionaria. La realidad es más compleja: libertad personal en lo político, coherencia interna en lo organizativo y eficacia en la gestión. Los miembros del Opus Dei trabajan de manera habitual en entornos hostiles a la identidad cristiana, pues la libertad profesional es seña de identidad de la todavía prelatura.
La declaración de bienes presentada por Sánchez Sierra al tomar posesión como diputada refuerza esa imagen de perfil consolidado y estructural. El documento refleja un patrimonio inmobiliario muy amplio, con pisos, locales comerciales, oficinas, naves industriales, fincas urbanas y rústicas repartidas entre Galicia, Madrid y Castilla y León, así como participaciones societarias y activos financieros de elevado valor. No constan deudas ni cargas, lo que apunta a una posición económica sólidamente asentada desde hace años.
No hay en ello ilegalidad alguna. Pero sí un dato relevante: Mar Sánchez Sierra no es una figura emergente ni coyuntural, sino alguien que pertenece desde hace tiempo a las élites administrativas, económicas y políticas del país. Y desde esa posición, ejerce una influencia discreta pero determinante, reforzada por el miedo interno que despierta su capacidad para proteger al líder y ajustar cuentas políticas sin exponerse.
En un Partido Popular en proceso de redefinición ideológica, y liderazgo cuestionado, la consolidación de perfiles como el de Mar Sánchez alimentan a los que achacan al Opus Dei la búsqueda de una presencia efectiva en los centros de decisión, no mediante siglas ni declaraciones, sino a través de personas concretas, leales, formadas y con poder real.
Y hay gente en Génova que no está contenta con ello.

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