Reflexión por João Christian Franco. Traducción propia, excepto las citas, que son originales.
EL ODIO A LA SANTA CRUZ EN EL JUDAÍSMO Y EL PROTESTANTISMO
El odio a la Cruz destilado por los protestantes es más una prueba de la influencia talmúdica heredada por intermedio de la masonería que enfrento con la doctrina oral de la secta bautista y sus distintas ramificaciones, como también la táctica maliciosa de comparar la imagen con un ídolo.
Es la Shulján Arúj (שֻׂלְחָן עָרוּךְ, La mesa preparada) que compara las imágenes con ídolos, inclusive la Cruz: «Está prohibido hacer reverencias ante la imagen de una cruz, que es un ídolo» (tratado Yoré Deá 141, 1).
«Deshonrar símbolos Cristianos es un antiguo deber religioso en el judaísmo. Escupir a la cruz, y especialmente al crucifijo, y escupir cuando un judío pasa por una iglesia, se volvieron obligatorios desde alrededor del año 200 d.C.» (Declaración del profesor Israel Shahak/Himmelstaub sobre el rencor judaico a la Cristiandad).
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No es saludable hacer un estudio apologético y dejar brechas interpretativas con opciones múltiples de discordias, sino que hemos de cerrar esta laguna mostrando que en las Escrituras como también en la interpretación de los Santos Padres, muchos Santos vieron en la Bestia la imagen del Anticristo, y así lo describe San Ireneo: «la bestia que ha de venir recapitulará en sí toda la iniquidad y todo crimen a fin de que, agrupando y encerrando en ella toda la fuerza de la apostasía, sea en ella arrojada al horno de fuego (Apoc. 19, 20)» (Contra las Herejías, libro V, cap. 29, 2).
Sabemos que el pueblo judío espera un Mesías que ha de venir; por consecuencia, si ellos aún esperan el primer advenimiento de su Mesías, ellos no creen que este sea el Cristo. No creer que Jesús sea el Mesías esperado es la máxima señal de que en esa doctrina se encuentra la morada del Anticristo.
1.ª Jn. 4, 2-3: «En esto se conoce el espíritu de Dios, todo espíritu, que confiesa que Jesucristo vino al mundo en carne verdadera, es de Dios; y TODO ESPÍRITU QUE DESUNE A JESÚS negando su divinidad o su verdadera humanidad, no es de Dios; ANTES ÉSTE ES ESPÍRITU DEL ANTICRISTO, de quien tenéis oído que viene, y ya desde ahora está en el mundo».
- Paulo Leitão de Gregório, 30 de Julio de 2014.
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1. El odio y la prohibición a la Cruz y a los símbolos cristianos en el judaísmo
«La persistencia del anticristianismo judío acaba de manifestarse públicamente en términos bien elocuentes. En un breve discurso a la Asociación de la Prensa Extranjera, el presidente de la Corte Rabínica de Israel, el Gran Rabino asquenazí Meir Lau, declaró que “la cruz es contraria a la religión judía” y que —según informa el diario LA NACIÓN, de Buenos Aires— “la vista de una cruz o de un árbol de Navidad está prohibida para un judío”. Lau afirmó además que los crucifijos y los arbolitos de Navidad estarán prohibidos en los vestíbulos de los hoteles israelíes durante la temporada de celebración del milenio, porque son ofensivos a los judíos» (RIVANERA CARLÉS, Federico. La judaización del cristianismo y la ruina de la civilización, vol. I. Buenos Aires: Instituto de Historia S. S. Paulo IV, 2004, págs. 39 - 40).
«SE DEBE HABLAR CON DESPRECIO DE SUS ÍDOLOS [Refiriéndose a Cristo y a los símbolos cristianos]
En el tratado Yoré Deá (146, 15) se dice: “Sus ídolos deben ser destruidos, o dárseles nombres despectivos”. Ibídem (147, 5): “Está permitido burlarse de los ídolos, y está prohibido decirle a un goi ‘Que vuestro Dios os ayude’ o ‘Espero que tengáis un buen éxito’”. El rabino Bahya ben Asher, al explicar el texto del Deuteronomio sobre el odio a la idolatría, dice lo siguiente [citando Avodá Zará 46a, 3]: “La escritura nos enseña a odiar a los ídolos y darles nombres ignominiosos. De este modo, si el nombre de una iglesia es Bet Galía (בֵּית גַּלְיָא, Casa de Magnificencia), debería ser llamada Bet Karía (בֵּית כַּרְיָא, casa insignificante, chiquero, letrina)”. [...] A una iglesia cristiana no la llaman Bet haTefilá (בַּיִת תְּפִילָּה, Casa de oración), sino Bet haTiflá (בַּיִת תִּפְלָה), [que significa] Casa de vanidad, Casa del Mal. Igualmente Bet haTurpa (בַּיִת תּוֹרְפָה), Casa de inmundicia» (PRANAITIS, Justino Buenaventura. El Talmud desenmascarado, Editorial Milicia 1976, págs. 70-71).
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2. El protestantismo (y sectas pre-protestantes) heredaron la iconoclasia y el odio a la Cruz.
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«También los valdenses hallábanse en relación con los israelitas [que siempre fueron los creadores últimos de las herejías y los patrocinadores de los herejes], se nutrían de la literatura rabínica y eran instruidos por judíos públicos y conversos. […] En su credo, saltan a la vista los elementos judaicos: […] En el rechazo de las imágenes y la Cruz, “no es sorprendente que los valdenses buscasen su sanción en el Antiguo Testamento [...] La actitud de los herejes valdenses estaba en entera conformidad con el punto de vista judío sobre la ‘adoración de imágenes’ y, en consecuencia, puede ser calificada de ‘judaica’” (NEWMAN, pág. 232)» (RIVANERA CARLÉS, Federico. La judaización del cristianismo y la ruina de la civilización, vol. I. Buenos Aires: Instituto de Historia S. S. Paulo IV, 2004, pág. 83).
«La doctrina iconoclasta es, desde luego, judía: “Era natural, por consiguiente, que los iconoclastas son apodados ‘judíos’, porque los principios antiidolátricos del judaísmo estaban en consonancia con su propia actitud […] En nuestro estudio del desarrollo del iconoclasmo en la Iglesia occidental [en la pre-Reforma y en la Reforma] hemos encontrado igualmente rastros de la influencia judaica emanada de un estudio del Antiguo Testamento y de las actividades, tanto de grupos cristianos judaizantes como de los mismos judíos [...] en vista del mandamiento hebraico contra la confección de imágenes grabadas, el partido iconoclasta estaba más verdaderamente en conformidad con la opinión judía y, por lo tanto, en un sentido merecía con justicia el epíteto de ‘judaizante’”» (Idem, pág. 53).
3. La masonería como transmisora de la doctrina judía (cabalista).
«Es indudable que la Masonería constituye actualmente uno de los principales soportes del poder sionista en el mundo. La organización y los ritos masónicos son por completo judaicos, como demostraremos a lo largo de este capítulo.. [...] en la Historia ha habido dos masonerías, la operativa y la especulativa. Cuando nosotros hablamos de Sionismo y Masonería, nos estamos refiriendo a la segunda. La primera, que es la Masonería auténtica, no tiene nada que ver con la conspiración política, y mucho menos con los judíos. Pero desgraciadamente, esta Masonería desapareció en el siglo XVIII, siendo sustituida por la otra» (FERRARO, Leo. El último protocolo. Las claves secretas del dominio sionista mundial. Vassallo de Mumbert – Arca de la Alianza Cultural, 1986, pág. 79).
«Al margen de la influencia de la Cábala cristiana en ciertos ritos francmasónicos, la Cábala judía como tal es un elemento básico del esoterismo masónico, más visibles en unos ritos que en otros. Oswald Wirth afirma que “el simbolismo masónico concuerda con la Cábala en aquello que tiene de esencial” (El libro del Maestro. Manual de instrucción iniciática editado para el uso de los francmasones del tercer grado, pág. 159. Talleres gráficos Guillermo Grundwalt. Santiago de Chile 1929)» (RIVANERA CARLÉS, Federico. La judaización del cristianismo y la ruina de la civilización, vol. I. Buenos Aires: Instituto de Historia S. S. Paulo IV, 2004, pág. 180, nota al pie).
4. La negación de Jesús como el Mesías y la equivalencia con el Anticristo
«EL ÚNICO PROPÓSITO DE TODAS LAS ACCIONES Y ORACIONES DE LOS JUDÍOS DEBE SER LA DESTRUCCIÓN DE LA RELIGIÓN CRISTIANA.
«Así es como los judíos retratan a su Mesías y Libertador a quien esperan: como a un perseguidor que infligirá grandes calamidades sobre los no judíos. El Talmud enumera tres grandes males que caerán sobre el mundo cuando el Mesías venga. En el tratado Sabat (118 a, 7) dice: “[El rabino Simón ben Pazi dijo que el rabino Josué ben Leví dijo en nombre del rabino Simon bar Kappara:] Cualquiera que coma tres comidas en el Sabbat será salvado de los tres males: de los castigos del Mesías, de las penas del infierno, y de la guerra de Gog y Magog […]; pues está escrito: ‘Mirad que enviaré a Elías el profeta antes de la venida del día del Señor’ (Malaquías 3, 23)”» (PRANAITIS, Justino Buenaventura. El Talmud desenmascarado, Editorial Milicia 1976, pág. 82).
«Durante ese cuarto de siglo crucial (604–630), los judíos apoyaron activamente las campañas persas [contra los cristianos]. El Apocalipsis de Elías [texto apócrifo judeocristiano de los siglos III o IV, atribuido al profeta Elías] constituyó un buen ejemplo de sus cálidas esperanzas en la redención cada vez más próxima. El homilista citaba, según la costumbre, a algunas de las autoridades antiguas reconocidas y traicionaba su propósito mesiánico com alusiones obvias a los diversos nombres del “último rey de Persia”. Al monarca no solo se le designaba con el nombre tradicional, Armilo (ארמילוס), que es el equivalente del Anticristo en la terminología cristiana, sino que también se lo llamaba Ciro o Artajerjes, recordando visiblemente a los reyes aqueménidas que habían ayudado a reconstruir la Segunda Comunidad, o, de una forma más específica y definitiva, hakhasra (en una versión Khosri), lo que para los lectores de la época era sin duda una referencia suficientemente clara a Cosroes II […]» (BARON, Salo W. Historia social y religiosa del pueblo judío, vol. III. Buenos Aires: Paidós, 1968, págs. 32-33. En RIVANERA CARLÉS, Federico. La judaización del cristianismo y la ruina de la civilización, vol. I. Buenos Aires: Instituto de Historia S. S. Paulo IV, 2004, págs. 26-27).
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