domingo, 5 de julio de 2026

EL GENOCIDIO Y EL MEMORICIDIO DE LA VANDEA

Tomado de INFOVATICANA.

  

El historiador francés Reynald Secher, uno de los principales especialistas en las guerras de la Vandea, sostiene que el exterminio llevado a cabo por el régimen jacobino contra la población católica de esta región durante la Revolución Francesa constituye «el primer genocidio moderno» y el antecedente de los grandes totalitarismos de los siglos XIX y XX.

En una entrevista concedida al diario italiano Il Sussidiario, Secher defiende que la represión desencadenada entre 1793 y 1794 no puede interpretarse como una simple guerra civil, sino como un plan deliberado del Estado revolucionario para eliminar a una parte de su propia población por razones ideológicas.

«La libertad o la muerte».
Autor de varios estudios sobre la Vandea, Secher explica que sus investigaciones comenzaron a raíz de Le genocide franco-français: la Vendeé-Vengé (El genocidio franco-francés: La Vandea Vengada), el trabajo desarrollado junto al historiador Jean Meyer, y de la recopilación de documentos oficiales, testimonios y archivos que, a su juicio, revelan la existencia de una cadena de mando perfectamente estructurada desde el Comité de Salvación Pública hasta las tropas encargadas de ejecutar las órdenes sobre el terreno.

Según el historiador, las autoridades revolucionarias consideraban a los habitantes de la Vandea un grupo «irrecuperable» por su fidelidad a la fe católica y a la monarquía, lo que llevó a adoptar una política de exterminio.

«Por primera vez en la historia un Estado soberano intentó conscientemente exterminar a una parte de su propio pueblo, no por lo que había hecho, sino por lo que representaba», afirma Secher.

El historiador considera que la definición de genocidio elaborada por el jurista Raphaël Lemkin —quien acuñó el término tras la Segunda Guerra Mundial— permite comprender jurídicamente lo sucedido en la Vandea.

La Constitución Civil del Clero y el origen de la insurrección
Aunque la leva obligatoria decretada por la Convención Nacional en 1793 suele señalarse como el detonante inmediato de la rebelión, el conflicto tenía raíces más profundas. Desde los primeros años de la Revolución, buena parte de la población de la Vandea había rechazado la Constitución Civil del Clero, aprobada en 1790, que subordinaba la Iglesia al nuevo Estado revolucionario.

La norma obligaba a obispos y sacerdotes a prestar juramento de fidelidad al régimen. Quienes aceptaron ese compromiso fueron conocidos como «sacerdotes juramentados», mientras que quienes permanecieron fieles al Papa fueron apartados de sus parroquias, perseguidos, deportados o ejecutados. En la Vandea, la población continuó respaldando mayoritariamente a estos sacerdotes «refractarios», convirtiendo la defensa de la fe y de la libertad religiosa en uno de los principales motores del levantamiento.

La persecución de la Iglesia, en el centro del conflicto
Para Secher, la dimensión religiosa resulta inseparable de la insurrección vandeana. Aunque recuerda que en otras regiones de Francia existieron levantamientos motivados también por razones políticas o territoriales, sostiene que en la Vandea la defensa de la fe católica y de la libertad religiosa constituyó el núcleo de la resistencia frente al poder revolucionario.

La implantación de la leva obligatoria fue el detonante inmediato de la rebelión, pero el historiador considera que la oposición a la persecución contra la Iglesia y el rechazo de las políticas anticristianas impulsadas por los jacobinos fueron elementos decisivos para explicar la movilización popular.

«Aquí están las raíces de los totalitarismos».
Secher sostiene que el proyecto revolucionario contenía desde sus orígenes una lógica totalitaria.

«Quien pretende crear un hombre nuevo no puede tolerar ninguna forma de desacuerdo con la ideología oficial», afirma, antes de asegurar que el lema revolucionario «la libertad o la muerte» sintetiza esa concepción política.

A su juicio, la voluntad de eliminar a quienes rechazaban el nuevo orden revolucionario convirtió a la Vandea en un precedente histórico de los regímenes totalitarios posteriores.

Un debate aún abierto en Francia
Más de dos siglos después de aquellos acontecimientos, el historiador considera que la Revolución Francesa continúa siendo un tema especialmente sensible en la vida pública francesa.

Aunque reconoce que en las últimas décadas varios investigadores han contribuido a revisar la interpretación tradicional de la guerra de la Vandea, lamenta que los manuales escolares y buena parte de los medios de comunicación sigan presentando aquellos hechos desde una perspectiva que, en su opinión, minimiza la persecución sufrida por la población vandeana.

Secher sostiene además que la fractura cultural surgida durante la Revolución no ha desaparecido por completo y que todavía persiste una confrontación entre quienes reivindican el legado revolucionario y quienes defienden las raíces cristianas de Francia.

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